¿Qué puedes encontrar en este blog?

¿No tienes nada que leer? ¿Comienzas novelas, pero luego te quedas a la mitad? No te preocupes, aquí tienes una solución. Este blog lo puedes leer en cualquier sitio y a cualquier hora y dejar de leer en cualquier momento. Echa un vistazo a los artículos de las categorías que tienes al alcance. Suele girar en torno al desarrollo personal, pero hay otros temas que también trato de cuando en cuando.

Mujer leyendo en la playa. Imagen generada con LexicaAperture.

Desarrollo personal

En esta categoría puedes leer sobre los siguientes temas:

Aprendizaje

Como profesional del sector de la enseñanza desde 2001 y del elearning desde 2010, he podido reflexionar sobre el significado de aprender y cómo se aprende mejor. Aquí encontrarás artículos sobre aprendizaje que incluyen traducciones de un gran diseñador instruccional como es Tom Kuhlmann.

Economía

Como economista, también he desarrollado contenidos y he dado formación a lo largo de los años sobre temas financieros. En esta categoría encontrarás artículos sobre la economía en general, sobre los autónomos y sobre el mundo laboral.

Literatura

Otro gran bloque de este blog es la Literatura, algo que me apasiona y que me llevó a estudiar la carrera de Teoría de la literatura y literatura comparada. Aquí puedes leer todo lo que te apetezca sobre los siguientes temas:

Realidad digital

Por último, reflexiono bastante sobre la realidad digital, como el contexto en el que nos ha tocado vivir, con avances tan prometedores como la inteligencia artificial, junto con otros que nos llevan a desconectarnos de los demás cuanto más conectados estamos.

Entradas populares

Algunas de las entradas más populares de este blog (según esas estadísticas que pocas veces miro) son, por orden de popularidad:

Además, incluyo los que son mis artículos preferidos, o los que más suelo recordar:


Seguro que entre todas estas opciones encuentras algo que te entretiene, te divierte o te lleva a reflexionar. Si es así, siéntete libre de compartir y de comentar. ¡Gracias por leer!

El «observamiento»

Ayer, paseando distraídamente por una exposición de pintura, una amiga me dijo que su padre había tenido mucho talento para la pintura, talento que ella no había heredado, por lo que admiraba la capacidad de algunas personas de plasmar imágenes realistas en cuadros. Describió cómo pintaba su padre:

Como en esa época no tenían tele, escuchaba la radio de fondo y se dedicaba a pintar.

Mi amiga hablando de su padre.

Entonces me imaginé una escena plácida y calmada: el hombre dibujando sus bocetos, su mujer leyendo una revista, cosiendo o dormitando, la radio emitiendo una música de antaño. Se podían pasar horas así, la mesa camilla entre medias, acompañados y solos, disfrutando de esos ratos de paz. Y me pregunté si alguien de nuestros tiempos que no supere los 70 años vive escenas tranquilas y agradables como estas. Porque yo no.

Hombre pintando. Imagen generada por LexicaAperture, la mano derecha en el valle inquietante.

No hay un impedimento de apagar la tele, poner el móvil en modo avión, encender una radio (si aún se tiene tal objeto) y, relajadamente, comenzar a deslizar un lápiz por un papel. Es más, probablemente la mayoría puede permitirse unos cuantos rotuladores, témperas o carboncillos, papel específico para cada tipo de pintura, un caballete… Lo que la mayoría quizá no puede permitirse es dejar de mirar el reloj, de comprobar el móvil, de estar permanentemente atento a las novedades y cambios de los tiempos tumultuosos, reaccionando a todo sin tiempo para sopesar qué acciones tomar.

Otra imagen: la gente de los pueblos sentada a la puerta de su casa, fuera. Unos en un poyete, otros en unas sillas que han sacado. Salen, se sientan, miran al infinito. O bien, hablan entre ellos. La actividad no puede ser más barata. Pero ya no la vemos en pueblos más grandes o en ciudades, porque «estar» no es suficiente, tienes que estar por alguna razón, hacer algo. La mayoría justifican su «estar fuera» observando a sus hijos o nietos jugando en los columpios: «¡Ah, qué bien!, ya tengo una excusa para estar apaciblemente sentado fuera de casa». Si no, es posible que pensemos que la persona que está como una seta es «rara». O aún peor: un vago o un maleante.

El «observamiento»

Hace poco he oído hablar de Jorge Rey, un chaval de 16 años que predice el tiempo de forma «tradicional», acientífica, fijándose en la naturaleza, si bien también está al corriente de los modelos meteorológicos. Es el que en su día predijo la Filomena. Vi la entrevista que le hizo Iker Jiménez, en la que este chico cuenta que ha acuñado el término «observamiento», mezcla de observación y pensamiento. JR, como él se llama a sí mismo, combina varias técnicas para sus predicciones: por un lado, observa la naturaleza a su alrededor y saca conclusiones sobre ella. Por otro, escucha los refranes de los mayores, pregunta a unos y a otros sobre métodos tradicionales como las cabañuelas o las témporas, y saca conclusiones.

Por ejemplo, en el vídeo a continuación, comienza con un refrán:

De San Quilicio a Santa Lucía, lo más fresco, la sandía.

Refranero español.

La parte que más me interesa de lo que cuenta este chico es la observación de la naturaleza. Ese vivir un poco más contemplativo, sosegado, en el que se puede parar a analizar el comportamiento de las hormigas, o las aves. Es un modo de conducirse por la vida ajeno al ajetreo, a la distracción constante, a la búsqueda de notificaciones y «me gusta», si bien no es incompatible con vivir en el mundo actual: como veis, el propio JR es youtuber y es activo en redes sociales.

La niña que sobrevive a la jungla

La hermana mayor de los 4 niños perdidos 40 días en la jungla es otro ejemplo de cuidadoso «observamiento» de la naturaleza y de los peligros y amenazas que pueden presentarse, incluidos, o especialmente, otros humanos. Estos niños son indígenas y tenían un conocimiento previo de la jungla: sus condiciones, qué se puede comer, cómo ocultarse y cómo permanecer en absoluto silencio. La hermana mayor añade a esta sabiduría tomas de decisiones muy maduras, propias de un adulto, para actuar con calma, calculando, sopesando. Indudablemente, sabe observar la naturaleza a su alrededor y piensa sobre lo observado, saca conclusiones y actúa.

Podemos pensar dos cosas: quizá estos niños en la gran ciudad no habrían sobrevivido: sus conocimientos se circunscriben a la selva. O podemos pensar que cualquiera de los que vivimos en la gran ciudad sí saldríamos adelante 40 días en ella por nuestro gran conocimiento, nuestro «observamiento» de… ¿de qué? ¿Del tráfico? ¿De que todo tiene un precio? ¿De que da la sensación de que a nadie le importan las penurias de otro cuando lo tiene «demasiado cerca»?

Desde que los hombres grises nos robaron el tiempo, nos conducimos como zombis por la vida: muertos vivientes. Es claramente una generalización, pero seguramente mucha gente se sienta identificada con esta sensación: no le da tiempo a pararse, respirar, observar, conducirse con tranquilidad, «perder el tiempo». Paradójicamente, cuanto más lento nos conducimos, cuanto más nos aburrimos, cuanto más nos dedicamos a esbozar figuras en un papel mientras suena la radio, más lento parece ir el tiempo y más completa se siente la experiencia.


¿Cuál es tu caso? ¿Consigues la paz necesaria para simplemente «estar»? ¿»Pierdes el tiempo» felizmente charlando con alguien o mirando cómo una hormiga arrastra una miga de pan? Me encantará leer tu punto de vista en Comentarios. ¡Gracias por leer!

Las cabezas blancas

Hace poco estuve en un concierto de rock de un grupo amateur, pero bastante experimentado. Al mirar hacia el público, vi una buena proporción de cabezas canosas. Después me fijé en que también las había entre los integrantes del grupo. Entonces me di cuenta de la edad: los que estábamos allí rondábamos o habíamos pasado los 50 años, éramos «señoras y señores». Y sentí nostalgia, porque me pareció que ese grupo de rock, ese tipo de concierto, tenían los días contados. Antes, ir a un concierto como este era ser joven. El concierto de pronto cambia de significado y se convierte en una actividad para gente «de edad madura».

Cuando «era joven», creo que era bastante consciente de la edad que tenía. Sabía identificarme «con los de mi edad». Había niños, jóvenes y mayores. Pero a partir de los 40 más o menos, hay un largo periodo en el que muchas personas como yo se identifican erróneamente con gente más joven: vas por la calle, se cruza «un señor», y no te das cuenta de que tiene tu edad. O se cruza «un chico de mi edad» y no te das cuenta de que tiene diez años menos. Ahora entiendo eso que decían mis padres:

Tú siempre eres la misma persona, por dentro no envejeces, te sientes igual, no puedes percibir la edad porque [tu espíritu, tu alma, tu mente, lo que sea] no envejece.

Mis padres.
Imagen de 박유정 Alex park en Pixabay. Dejé Midjourney: ya no es gratuito y sigue siendo complicado usarlo.

Cuando el esfuerzo no compensa

Entre el público del concierto de rock había otros que una vez pertenecieron a un grupo, pero ya se sienten cansados. Comentan que no compensa tener que llegar con antelación, cargar todo el peso, especialmente de la batería, montar el escenario, actuar y luego desmontar todo a las tantas, llevarlo a los coches… Todo este esfuerzo por unos 300-400 euros para repartir entre los componentes del grupo. Este es el punto de inflexión: cuando el esfuerzo de un disfrute no compensa.

Mi forma de medir la juventud de espíritu de una persona que ya ha pasado los cuarenta es comprobar si habla de jubilarse. Una persona joven puede hablar de «ojalá me toque la lotería y me retire a un país tropical», pero de jubilación, del concepto de dejar de ser útil a la sociedad y dedicarse a cultivar las aficiones, solo hablan personas que empiezan a sentirse cansadas, que ven más grande el esfuerzo que la recompensa.

Otra manera de medirlo es cuánto se sacrifica una persona por ver a otras: los abuelos están en su casa y sus familiares van a verlos. Cuesta que salgan, que hagan un esfuerzo por ir a un sitio muy alejado. Solo algunos muy animados se apuntan a viajes y tienen una agenda como de persona joven. He observado que estos últimos puede que vivan muchos más años. Pues bien, ya a partir de los 40-50, escucho a las personas decir que ya no van a tal sitio o no quieren conocer a alguien que esté a más de 20 Km de su casa: demasiado lejos. ¿Lejos? Tú, que has querido recorrer el mundo, tú que te has querido retirar en un país tropical, ¿me dices que no recorres más de 20 Km? Pues sí, aceptémoslo: a partir de una edad, independientemente de la salud, se empieza a sentir un cierto cansancio, se está a gusto sentado viendo la tele, se olvidan grandes aventuras que conllevan grandes sacrificios.

Esta canción de Queen habla de la nostalgia de aquellos días que ya se han ido.

¿Qué es «joven»?

Recientemente leía los materiales de una autora sobre público objetivo en marketing y hablaba de «mujeres de edad avanzada» para referirse a la franja de 40 a 60 años. Le comenté que eso eran mujeres maduras, la edad avanzada está más allá. Claro, la persona que lo había escrito es joven.

Cuando te preguntan cómo es alguien y empiezas a describirlo, puede que digas: «es joven». Ser joven es algo muy relativo, ahora que se ha alargado bastante la edad de la juventud. Así que quien dice «joven» establece el punto de referencia con su propia edad. «Sentirse joven» no vale tanto como «ser joven», en el sentido de que muchos nos sentimos jóvenes pero no lo somos ya desde ningún punto de vista. Por ejemplo, hace pocos meses iba andando por la calle y se me cayeron las gafas de sol, pero no me di cuenta. Un señor de unos 85 años decía detrás de mí: «¡Señora, señora! ¡Se le han caído las gafas!». Yo no me daba por aludida porque no esperaba que un señor mayor que mis propios padres me pudiera ver como a una señora. Pero así era.

Hay un periodo de los 40 a los 60, realmente largo, en el que se empieza a estar más cerca del final que del principio, pero no se quiere ser consciente de esto. Un periodo de «persona madura», con la cabeza encanecida, blanca, en el que todavía se lleva un ritmo de vida «joven» pero que ya va haciendo mella cuando es muy ajetreado. Un periodo en el que nos identificamos con personas más jóvenes porque no podemos creer que nos hayamos hecho tan mayores tan pronto. Un periodo en el que vas a un concierto y de pronto descubres que tú eres una de esas personas de cabeza blanca, pero no habías querido ser consciente de ello.


Dedicado a FHF.

La ducha de agua fría

Hace poco que sigo en Twitter a un neurobiólogo profesor de Stanford, Andrew D. Huberman. He leído tuits suyos de temas que ya conocía desde hace tiempo, por ejemplo, la importancia de (idealmente) despertar con luz natural, o al menos ver luz natural por la mañana, o, como mínimo, tener bombillas de espectro total. Es algo de lo que hablaba el fallecido David Servan-Schreiber, médico autor de Curación emocional y de Anticáncer, libro que hemos mencionado en este blog.

Pues bien, el doctor Huberman también propone ducharse o bañarse con agua fría de 1 a 3 minutos nada más levantarse por la mañana, incluso antes de ver luz natural. Es curioso porque resulta que hay una corriente al respecto. Y como dice el mismísimo Galdós:

…no hay colectividad, por mala que sea, en la cual no haya algo bueno.

Galdós en Los ayacuchos.

El propio Pedro Ruiz aparece hace pocos días bañándose en una piscina, con 6º de temperatura. Realmente recomiendo verlo porque no solo se mete en agua fría, sino que lo hace como un nadador profesional.

Imagen de Ryan McGuire en Pixabay.

¿Cuáles son los beneficios de bañarse en agua fría? ¿Es una moda o realmente interesa añadir esta práctica a nuestros hábitos?

Beneficios de ducharse con agua fría

Si tecleas en Google «beneficios de ducharse con agua fría», encontrarás varias páginas que listan casi los mismos beneficios. Muestro un compendio a continuación:

  • Activa la circulación sanguínea.
  • Activa el sistema de alerta del cerebro (libera noradrenalina y dopamina), lo que hace que la persona esté más despierta.
  • Produce una aceleración cardiovascular.
  • Fortalece el sistema inmune.
  • Mejora la recuperación tras el ejercicio.
  • Tiene un efecto antiinflamatorio.
  • Favorece la concentración y el ánimo, aliviando los síntomas de la depresión.
  • Acelera el metabolismo.
  • Alivia las piernas cansadas y ayuda a combatir las varices.
  • Activa las terminaciones nerviosas de la piel, tonificándola.
  • Previene la caída del cabello.

Desde luego, con este listado de beneficios, merece la pena plantearse la práctica. Aquí puedes leer la explicación completa de Andrew Huberman.

Sin embargo, el neurobiólogo da más importancia a ver la luz solar, incluso en días nublados, recalcando que no se trata de mirar al Sol fijamente. Y yendo más allá, Andrew Huberman habla mucho, mucho, de meditación.

La importancia de la meditación

Existen técnicas de meditación que son milenarias. Las más conocidas son el yoga, el zen, el tai chi, el chi kung… Hace unos años se despojó a estas técnicas de todo componente religioso o esotérico y se les añadió evidencia científica. De ahí nació el mindfulness. El mindfulness o conciencia plena, ha tenido un esplendor mucho más corto, de manera que seguimos encontrando las técnicas de meditación ancestrales pero no tanto esta nueva.

El doctor Huberman tiene muchísimos materiales relativos a la meditación en su página web, tanto entrevistas a otros profesionales como podcast que él mismo publica (es un «youtuber pro», como diría mi sobrina). Puedes escuchar un ejemplo aquí.

El guía interno

Cualquiera que sea la evidencia científica de los beneficios o los inconvenientes de un hábito, afortunadamente seguimos teniendo libertad de elección, como adultos autónomos. Ya Zygmunt Bauman habló en Modernidad líquida de ese humano que se tenía que ganar cada día el derecho a ser y estar. A pesar de esto, cada adulto tiene el criterio suficiente para comprobar en sí mismo si un hábito nuevo le funciona, o para decidir no ponerlo en práctica en absoluto.

En los días que vivimos, parece ser que, si un científico no confirma lo que ya se sabía, deja de saberse. Tengo una sensación de empobrecimiento de la cultura y el conocimiento, por este filtro obligatorio de la ciencia. De nuevo, solo si el mensaje viene de un «experto» es lícito. Y creo que esto limita mucho las habilidades de la intuición, el descubrimiento por casualidad (el ¡eureka!), la creación loca… Pensar que todo, incluso las películas y las novelas, tiene que estar filtrado por la ciencia, reduce el producto final, lo hace aséptico y mucho más aburrido.

Así que es interesante recordar la autonomía que como adultos tenemos, que no se ha tenido históricamente y que se puede perder en sistemas más restrictivos en el futuro.

Una vez considerado esto, ¿te animas a probar esa ducha de agua fría? Puedes contar tu experiencia en Comentarios. Como siempre, muchas gracias por leer.

15 cumpleaños de este blog

Este año (2023), el blog que estás leyendo cumple 15 años. Quince años escribiendo sobre temas diversos, como:

con el denominador común del desarrollo personal.

Este año me propongo organizar todo lo que he ido recogiendo, quizá en menos categorías, o bien presentar una página de inicio estática para que cada internauta (esta palabra ya me suena antigua) vaya directamente al tema que más le interese.

tarjeta de cumpleaños de este blog

Aún se valora la especialización

He observado que los blogs y las cuentas de Twitter que más éxito tienen son los que hablan de un único tema, por ejemplo, el conocido blog de 20 minutos Yo soy tu profe, de Miguel Ángel Ruiz, con quien he tenido la enorme suerte de trabajar para el programa Aprendemos en Clan, con Training Wheels. Otro ejemplo es mi guionista de referencia, Javi Meléndez, que tanto en Yorokobu como en su propio blog, La solución elegante, destila sus «caramelos» de sabiduría sobre los guiones, con una alta capacidad pedagógica. En Twitter, tenemos a Peli de tarde, totalmente especializado en las películas de sobremesa de los principales canales y sus siestas asociadas, o Modelos con ciática, que muestra las posturas totalmente ridículas que tienen que hacer en muchas ocasiones las modelos de ropa.

Aún así, ha habido y hay personas que se pueden permitir, por su prestigio, comentar sobre temas que no son su especialización. Un ejemplo claro era Eduard Punset, economista que tenía un gran interés en la ciencia y poco a poco se dirigió a su área de interés, presentando un programa de entrevistas a científicos y llegando a escribir libros sobre lo que descubría gracias a ellos. Si sigo por los economistas, otro que era claramente versátil y brillante era José Luis Sampedro, quien hacía su «trabajo de economista» como fuente de ingresos principal y se levantaba todos los días a las cuatro de la mañana para escribir, su «segundo trabajo». En esta línea, un tercer economista (y ya me va pareciendo que no es casualidad), Nassim Taleb, tiene una rica cultura, y lo mismo habla de su área de experiencia, que es la estadística y la predicción en Economía, que de sucesos históricos de las culturas mediterráneas (y de muchas, muchas cosas más).

Soy un hombre del Renacimiento

Encuentro cómodo decir esto. Si dijera que soy una mujer del Renacimiento, quizá no me estaría dedicando a tratar de conocer el mundo por todas sus esquinas. Que alguien sea «un hombre del Renacimiento» significa que toca varias áreas y en todas hace sus pinitos. Un ejemplo claro es Leonardo da Vinci, que fue pintor, escultor, inventor, anatomista… Si viviera en esta época, ¿aceptaríamos que tuviera palabra en tantos campos del conocimiento?

Así, este blog es todo menos especializado. Puede que tenga una tendencia, puede que los temas que trato estén relacionados entre sí, puede que pierda lectores cuando dejo de lado el desarrollo personal puro y entro en otros campos, pero creo que al final se forma un puzzle interesante en el que hay un sentido, una imagen global.

Pienso que cuando alguien se pone a buscar en un camino, en otro, en dos a la vez, en tres a la vez, etc. es porque tiene sed de conocimiento, quiere explicarse el mundo y explicarse el comportamiento humano y los investiga de una y mil maneras. Creo que este era el caso de da Vinci y, salvando las distancias, el mío propio.

Y es que, cada vez que trato de enfocarme en un solo tema, acabo atendiendo a varios de ellos, conectándolos, cruzando información, viendo semejanzas en lo diferente y diferencias en lo similar. Y esta es una de las capacidades humanas que no se valoran lo suficiente. Pienso que la especialización debe quedar atrás, porque la especialización es cosa de robots, tal como se explica en la segunda parte de Mi empleo, mi futuro:

Te recomiendo ver también la primera parte de #miempleomifuturo.

Lo que nos hace humanos

Si has visto el vídeo, lo que nos hace humanos son esas capacidades «anti-robóticas», como conectar información, responder de forma creativa en la incertidumbre, trabajar con emociones y tener un pensamiento crítico. Frente a ellas, nos han educado en la especialización, la repetición de la misma tarea, trabajar bien con datos y cumplir órdenes. En bachillerato (finales de 2º de BUP en mi época, con 15-16 años) obligaban a la gente a elegir un camino: ciencias o letras. Mientras que algunas personas estaban encantadas de librarse por fin de lo que no les gustaba nada, otras como yo tuvimos un gran sufrimiento para decidir entre dos cosas que nos apasionaban por igual.

«¿Cómo voy a elegir matemáticas o literatura? ¡Yo quiero matemáticas y literatura!»

Yo en 2º de BUP.

Desde entonces, el agobio por tener que decantarme por las ciencias o por las letras fue en aumento. Llegué a un COU «científico-tecnológico» que me obligó (y es así) a estudiar una carrera a la que se pudiera acceder desde ese COU, a pesar de que mi primera opción fue Periodismo. Acabé en Económicas, que, precisamente, tiene esta curiosa mezcla entre ciencias y letras (es una ciencia social), suficiente para mí cuando se completó con la parte más interesante: la que explica el comportamiento humano en sus decisiones económicas.

Me he ido resistiendo a la especialización, aun así, he acabado siendo una profesional especializada, lo soy en la formación online, en la que llevo desde 2010 y de la que de vez en cuando hablo en el blog en la categoría «Aprendizaje». Claro, puede que fuese una persona más prestigiosa en mi sector si solo escribiese sobre esto, y estuviese dedicando sesudas palabras a «los entornos de aprendizaje», «las situaciones de aprendizaje», «las rúbricas», «el aprendizaje constructivista», etc.

Sea como fuere, en mi tiempo libre he seguido dedicándome «a todo lo demás», con ese comportamiento humano de conectar saberes, de indagar más, de leer aquí y allá e irme formando una idea del mundo y de la vida. Y por eso, este blog es «aprendizaje y todo lo demás», con ese subtítulo de «desarrollo personal» tan denostado.

Somos complementarios

El último rasgo que se menciona en el vídeo es que los robots no cobran ni descansan, mientras que los humanos, sí. La educación tradicionalmente se ha basado en un sistema competitivo que compara notas (de hecho, uno de los elementos de juego que se introduce en la gamificación es un listado comparativo de la puntuación del grupo, para «picarse»). Es humano competir y es humano complementarse y cooperar. Según la teoría de juegos, la estrategia ganadora de un juego es empezar cooperando y después responder a la estrategia del otro jugador. La cooperación y el trabajo en equipo hacen que el todo sea mayor que la suma de las partes, no somos individuos aislados, sino interconectados: todos con el mismo destino colectivo.

Esta última faceta humana la contemplo cada vez más en el blog, y seguiréis leyendo sobre ella.


En resumen, este año me propongo que el blog quede más claro y que cada lector pueda encontrar más fácilmente los temas que le interesan. Además, me propongo organizar mejor las categorías y enfocarlas hacia algo, conectarlas, o englobarlas en algo mayor. Ya veremos, porque, siguiendo el manejo de lo impredecible, será algo que «surgirá». Muchas gracias por leer un año más.

La tendencia a la entropía

Puedes pensar que todo tiende al equilibrio y las aguas vuelven a su cauce y puedes pensar que todo tiende al caos y el desorden es siempre creciente.

Un buen amigo mío decía justo lo segundo: un profesor de Teleco, de Campos electromagnéticos, veía claramente cómo todo tiende al desorden, que es lo que mide la entropía, según la segunda ley de la termodinámica.

La cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse en el tiempo.

H. Callen

Así, voy paseando por las calles de una ciudad que antes fue pueblo y encuentro el desorden creciente, la tendencia al caos, el cómo unas construcciones se juntan con las anteriores sin parecerse, sin existir armonía entre ellas, con distintas alturas, diseños, colores, épocas. Los edificios más altos parece que engullen a casas bajas encaladas, que resisten empujándolos por los lados.

Otras casas se vienen abajo venciéndose por el tejado y mostrando sus secretos azulejos de la cocina o del baño, algunas más están simplemente en un claro estado de abandono, aderezado o no por cartones, por pises, por ratas.

Pero ¿qué es eso de la entropía?

Me puse a averiguar qué es la entropía y hasta qué punto describe esto que le sucede a una ciudad, a las obras de arte físicas, a las plantas, que crecen sin orden ni concierto, pero también al cuerpo humano. Encontré distintas definiciones de este concepto, que ha ido cambiando a lo largo del tiempo, lo que encontré me pareció fascinante.

La palabra entropía procede del griego, denota un movimiento de giro o de cambio. Lo interesante es que se trata de un cambio irreversible. Este concepto lo tomó un físico y matemático alemán, Rudolf Clausius, que se puso a pensar en la transformación de un sistema, revisando el ciclo de Carnot.

Rudolf Clausius. Imagen de dominio público.

Por lo que he entendido de mis lecturas, un sistema termodinámico va cambiando, la entropía va aumentando cada vez que se dan intercambios de calor entre un cuerpo y otro. En estas reacciones, en estos intercambios de energía de los cuerpos, hay una parte de energía que se pierde: no todo el calor del cuerpo A pasa al cuerpo B. Esa parte se disipa o se pierde por fricción, por lo que no se transforma en energía útil (trabajo). La entropía entonces es medida de este «desorden» asociado a esa pérdida de trabajo. Está además en relación con los «microestados» que pueda adoptar un sistema.

Al ser el universo mismo un sistema termodinámico, puede llegar un momento en el que el flujo termodinámico se acabe, no haya más calor y el universo muera. Al pensar en esto, se te queda la cara que se le quedó a Rudolf Clausius cuando se lo planteó.

También he leído que la entropía puede ser una forma de observar el transcurso del tiempo en una sola dirección.

…de los dos únicos sentidos en que puede evolucionar un sistema, el espontáneo es el que corresponde al estado del universo con una igual o mayor entropía. (…)  A modo tanto de cuestión filosófica como de cuestión científica, este concepto recae inevitablemente en la paradoja del origen del universo: si el tiempo llevara pasando infinitamente, la entropía del universo no tendría sentido, siendo esta un concepto finito creciente en el tiempo y el tiempo un concepto infinito y eterno.

Artículo de Wikipedia relacionado

La entropía solo puede aumentar con el tiempo, nunca disminuir. El ejemplo que he leído es curioso: se puede ir pasando pintura de un bote de pintura blanca a uno de pintura negra y viceversa, hasta llegar a un punto en el que se tienen dos botes de pintura gris. Pero este proceso no se puede revertir, de los botes de pintura gris no se puede volver al blanco, ni al negro.

Por otro lado, cuando ya tenía claro que entropía y desorden iban de la mano, leo que la entropía puede ser la medida del orden del sistema termodinámico, la medida de su equilibrio.

El desorden perfecto

Vuelvo a utilizar la entropía como metáfora de la decadencia de las ciudades, o de los cuerpos. Ese desorden, esa mezcla variopinta de edificios, esas plantas que brotan de entre las rocas sin apenas nutrientes, forman un mosaico de realidad: es lo que hay, no parece que el universo tenga un mal funcionamiento, al revés, parece que se arregla muy bien sin ninguna teoría que lo reduzca. El universo es, de esta manera, perfecto, la realidad misma. Y el desorden, entonces, forma parte de él.

En las calles, en las casas, vamos mezclando sin darnos cuenta el bote de pintura blanca con el de pintura negra. Al principio no se nota, una gota de un color sumergida en el otro no se ve. Con el tiempo, ambos son grises, se han equilibrado. Quizá este momento de equilibrio sea el de una ciudad completamente en ruinas, ya no sin tejados, ya sin paredes, sin calles, un conjunto de piedras y materiales que descansan cómodamente en la tierra y de ahí no se van a levantar.

O bien se intenta evitar esta heterogeneidad que lleva al desorden y se planifican y estructuran calles nuevas, vacías, que se irán llenando con los años con edificios nuevos, más uniformes entre sí, casi iguales. La zona está mejor organizada, aparentemente, los edificios son homogéneos, tienen alturas similares. Todo parece mejor. Pero el asfalto comienza a deteriorarse. Además, se detecta que faltan pasos de cebra, o sobran, o faltan cambios de sentido en esas largas avenidas planificadas. Porque la entropía se abre paso con la flecha del tiempo y no vuelve atrás. Nunca vuelve atrás: es irreversible.

El pasado que se arrastra

Si estás en tu casa, mira a tu alrededor: te rodea el pasado que arrastras. Una buena proporción de los objetos que tenemos en casa son recuerdos que nos hemos ido trayendo del pasado, pero que ya no tienen un uso (o nunca lo tuvieron y son simples adornos). Y la parte restante son los objetos del pasado que se utilizan en el presente: vajilla o batería de cocina, ordenador, teléfono móvil… En cambio, los alimentos que ingerimos no vienen de un pasado muy lejano. Y el agua es lo más presente: es corriente.

Todo esto se pone de manifiesto cuando se hace una mudanza. De pronto, aparecen un montón de trastos de todas partes, escondidos en armarios, aquí y allá, o en el temible trastero. La primera acepción de trasto en el diccionario de la RAE es:

Trasto: Cosa inútil, estropeada, vieja o que estorba.

RAE

La sexta acepción es más positiva, simplemente se trata de:

Trasto: Muebles o utensilios de una casa.

RAE

Entonces, ¿de qué naturaleza son los trastos que acumulamos en una casa? Un poco de ambas. Hace tiempo reflexioné en este blog sobre qué es la basura, cuándo un objeto o un alimento se convierte en basura. El tema de los trastos es similar: están en casa legítimamente como «muebles o utensilios» y de pronto pasan a ser «cosas inútiles o que estorban». ¿Y cuándo ocurre esto? Cuando el pasado los vence.

O como diría un economista, cuando el bien se deprecia. El pasado vence a los trastos cuando dejan de ser útiles o son viejos (agotan su vida útil), cuando se estropean (dejan de funcionar) o cuando se quedan obsoletos (y estorban).

Cuando escucho hablar de la obsolescencia de los aparatos, recuerdo cómo mis padres, que tenían un negocio de publicidad y diseño gráfico, tuvieron que depositar en la calle, como trastos, máquinas que unos pocos años antes eran el último modelo para producir sus diseños, un modelo bastante caro, por cierto.

Cuando el pasado te vence

Por pura lógica, llega un momento en la vida en que hay más pasado que futuro. La mirada hacia atrás cubre cada vez más años, los trastos que nos acompañan pueden relumbrar brevemente con un recuerdo de aquella persona que nos los regaló, pero luego vuelven a apagarse con desidia. Es posible que estos trastos acaben dentro de vitrinas, el sumun para sentir la propia casa como un museo lleno de reliquias.

Las fotografías son un tipo especial de pasado: traen al presente a personas que ya no están, o que ya no son como aparecen en ese registro puntual. Siempre es sorprendente y extraño ver fotos de los propios padres siendo mucho más jóvenes que una misma, incluso siendo niños.

Pasado, presente y futuro se encuentran. Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

El pasado que se arrastra, pesa. El peso te arquea la espalda. El pasado no se va. El pasado conforma a la persona, su cerebro, su cuerpo. Por esto, cada vez dudo más de la existencia de lo que llaman «iluminación», la experiencia directa de la realidad, lo que San Juan buscaba detrás de la tela que había que rasgar. Porque cualquier experiencia de la realidad va a estar siempre mediada por los sentidos y por la estructura previa del cerebro (memorias, conexiones cerebrales). Y si no fuese así, no se podría comprender.

El pasado es un entrenamiento para el presente

Sin embargo, sí pienso que se puede vivir el presente (más o menos rodeados de objetos del pasado), cuando se busca una respuesta no automatizada a los desafíos que se nos presentan. El pasado nos ha servido para conocer qué es lo que puede ocurrir, para tener experiencias y conocer las consecuencias de nuestras respuestas. El pasado que se arrastra, esos objetos, libros y cachivaches, nos han servido para aprender algo de ellos, nos han enseñado un idioma que ahora sabemos hablar para más o menos lidiar con lo que toca.

Que vivimos una época sin precedentes para la mayoría de nosotros, es un hecho. Aun así, es posible dar respuesta a esto que no conocíamos extrayendo la semilla de lo que el pasado nos dio: la filosofía, las habilidades, los resultados.


¿Guardas muchas cosas de tu pasado? ¿Tu casa te parece un museo? ¿Eres más de tirar trastos y renovar los espacios que habitas? Me gustaría conocer tu perspectiva. Como en cada ocasión, muchas gracias por leer y por compartir.

El lugar del humor

El 9 de julio de 2021 dejé preparado un borrador de una entrada para el blog. Acabé descartándola: hablaba del humor y no era tiempo de «reírse». Resulta que ha pasado más de un año, y la entrada seguía en dique seco: desde marzo de 2020 nunca parece tiempo de hablar del humor, o al menos no me lo ha parecido a mí.

El humor se ha transformado a lo largo de mi vida: de irreverente e incorrecto ha pasado a aséptico y controlado. Ya no son posibles las comedias de humor del absurdo, el humor solo puede ahora escaparse de entre la autocensura y la crítica despiadada a todo lo que no sea evitar ofender. Y lo que era más gracioso «en mi época» (aquí la abuela Cebolleta) era todo ofensivo. Pero las personas aludidas no solían ofenderse.

Por cierto, el humor no es únicamente el reino de humoristas, monologuistas, improvisadores o payasos, el humor se extiende a «personas muy serias» y muy inteligentes. Un ejemplo claro: Mozart. En sus cartas, juega a decir todo tipo de payasadas y a hacer bromas escatológicas, al tiempo que habla muy en serio sobre su música, sus pianos, etc. Y de esto iba aquella entrada que yo iba a publicar hace más de un año y que reproduzco ahora, porque me temo que, si esperamos al «momento idóneo» para reírnos de algo, nos vamos a ir a la tumba con el rigor mortis ya puesto en vida.

El camino del humor

Hace poco [antes de julio de 2021] comentaba la importancia del humor. Me gustaría mostrar aquí algunos ejemplos de los autores que cito con más frecuencia. Veréis cómo han integrado el humor en escritos bastante serios y respetables.

Vamos a empezar por Eric Berne, quien no solo utiliza el humor sino que lo propone como camino terapéutico para salir de los guiones que tenemos automatizados desde la infancia. En uno de sus textos, Berne dice:

Es mejor ser un mártir que ser un troglodita, es decir, un hombre que se niega a creer que ha ascendido de criaturas simiescas porque aún no lo ha hecho, pero conocerse a sí mismo es aún mejor.

Berne también menciona la improvisación y la incertidumbre como caminos de crecimiento, cuando se pregunta sobre si él mismo está siguiendo un guion, que equivale a estar tocando una pianola con el rollo perforado hace mucho tiempo, o si realmente compone su música por sí mismo. Dice que en este caso:

…soy un improvisador valiente que se enfrenta al mundo solo. Pero (…) la canción de mi vida está igualmente llena de incertidumbre y de sorpresas a medida que se despliega el palpitante y sonoro teclado del destino (…).

En realidad, sus escritos son bastante humorísticos, a veces sarcásticos también.

Eric Berne. Foto de dominio público, Wikipedia.

Por su parte, Paul Watzlawick escribió varios libros en los que ya vemos su disposición al humor desde el título, como El arte de amargarse la vida, un pequeño gran libro del que hemos hablado (por cierto, el post que acabo de citar habla realmente de guiones de vida no ganadores o perdedores).

Uno de sus libros más importantes, ¿Es real la realidad? está escrito por entero en tono de humor. Por ejemplo, cuando hace «una breve alusión al único aspecto divertido de una cosa tan mortalmente seria como es el psicoanálisis». Watzlawick explica que el psicoanálisis basa su técnica en que el paciente advierta lo menos posible la presencia del psiquiatra, de manera que se entregue a asociaciones libres de ideas. Pero ocurre lo contrario, el paciente agudiza el oído y comienza a relacionar las señales con las asociaciones adecuadas o no adecuadas, como es el rasgueo de la pluma sobre el papel del doctor, el crujido de la silla…

…hasta que un cierto tipo de respiración rítmica y acompasada indicará al paciente que, por fin, el terapeuta se ha dormido.

Paul Watzlawick. Foto de Martin Gertler, CC BY 3.0.

Nassim Taleb en su Cisne negro es tan sarcástico a cada palabra como lo es en su propia cuenta de Twitter.

A Ernie J. Zelinski ya le habíamos mencionado cuando introduje el tema del humor, diciendo que había escrito un libro titulado El placer de no trabajar. Lo que hace Zelinski es mostrar qué normas absurdas sobre el trabajo se han ido imponiendo y qué otras formas hay de trabajar y de disfrutar del ocio.

Unamuno se dio cuenta de que el ser humano es poco más que un cerebro a un estómago pegado, quizá haciendo eco de la famosa rima de Quevedo.

¿Hay que ser así de gracioso?

Hay muchísimos autores muy respetables que no incluyen el humor en sus escritos. Esto no significa que no fueran graciosos en su vida privada, o quizá no lo eran en absoluto y dejaban hablar a la brillantez de sus ideas.

No, no hay que ser una persona graciosa, solo que, si es un camino hacia una posición sana, si es de ayuda para quitar hierro a los asuntos que más nos preocupan, pues bienvenido sea el humor.


Aquí termina aquel borrador de julio del 21 y así se publica. Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Desarrollo personal

La mayoría de las secciones que tiene este blog se refieren al desarrollo personal. Esto es, hablan de una serie de herramientas psicológicas para mejorar las habilidades en ciertas áreas. El desarrollo personal puede incluir distintas estrategias: va de hacer un curso de programación neurolingüística (PNL) o análisis transaccional (AT) hasta asistir a una sesión con un coach, pasando por terapia breve en psicología clínica o por la meditación en cualquiera de sus formas.

Hacer cosas normales

Sin embargo, cada vez estoy más convencida de que el verdadero crecimiento personal se da participando en actividades sociales y cotidianas. Ya he destacado varias veces cómo el teatro hace desarrollar el trabajo en equipo, la escucha, el estar presente y tener atención plena. Estas habilidades son especialmente relevantes en la improvisación teatral. Entiendo que se da el mismo tipo de aprendizaje en deportes de equipo como el ciclismo, el fútbol, el baloncesto e incluso en deportes individuales como el tenis.

Estos tíos parecen estar felices. Imagen de Keith Johnston en Pixabay.

¿Quiere esto decir que las herramientas de desarrollo no sirven para nada?

En realidad, las herramientas son eso, herramientas, ni más, ni menos. Sirven de mucha ayuda para enfrentar las dificultades de la vida y para conocer las propias reacciones ante ella: ansiedad, miedo, pereza, agresividad, angustia… En este sentido, igual que el teatro, ayudan a conocer las propias emociones.

En mi opinión, se confunde el dedo que señala la Luna con la misma Luna. Las herramientas son medios, no fines. Ayudan a la vida, no la sustituyen. El fin no es la herramienta, es lo que se consigue con ella.

De qué hablo cuando hablo de desarrollo personal

Para mí, el crecimiento personal es el camino que se transita desde el comportamiento automatizado, reactivo y basado en creencias (patrones del Niño y del Padre interiorizados), a la autonomía y desautomatización propias del estado Adulto del yo.

En otras palabras, se trata de ser consciente de la conducta y decidir, en cada circunstancia, una respuesta plenamente basada en lo que está ocurriendo, sin estar condicionada por creencias.

Muchas personas que se sienten «iluminadas» confunden su estado Padre con su estado Adulto. Siguen respondiendo a una reglas de cómo deberían ser las cosas y se sienten por encima de los demás. Y esto también me ha pasado y me pasa a mí, trato de ser consciente y quitarme importancia (si no lo hago, la vida lo hace por mí). Todo lo que escribo va encaminado a mostrar cómo pienso yo que se toma conciencia y se «crece».

¿Son mejores las personas que han hecho un trabajo personal? No lo creo, y es otra creencia en la que es fácil caer. El valor de la persona es el mismo siempre. No hay que emprender un camino de crecimiento personal ni de otro tipo para ser valorado como persona. De hecho, pienso que viviendo la vida y enfrentándose a sus desafíos también se produce un crecimiento personal.

Las dificultades estimulan la creatividad

Cada vez comprendo mejor la afirmación de Brigitte Champetier; en mis palabras: son las dificultades las que impulsan el crecimiento, el paso de un estado más infantil a otro más adulto. En este sentido, creo que se crece más cuando se enfrentan las dificultades que cuando se hace una actividad asociada al desarrollo personal, como pueda ser la meditación. En la vida, en la batalla diaria, en el encaje de bolillos que se hace para cumplir con cada responsabilidad, es cuando se crece.

Por eso, cada vez me motivan menos las conversaciones basadas en la queja. Y en estos tiempos y los que vienen, vamos a encontrar cada vez más motivos de queja. Desde luego, hablar de lo que no funciona permite un gran desahogo. Es una forma de confirmar la pertenencia a un grupo. Y puedes quejarte prácticamente de todo: del calor, del frío, de la política, de la economía, del ruido, del silencio… De todo. Mientras hablas y te quejas, no actúas, no haces nada por mejorar tu situación ni por adaptarte a ella.

Como expresaría Bert Hellinger, hay grandeza en abrazar las dificultades. Hay también aceptación (que no resignación), y una predisposición a actuar, a resolver, a vivir con lo que toca, aceptando que la perfección es una aspiración un tanto rígida, que afea lo logrado.

Las dificultades pueden ser de todo tipo: un jefe difícil, una mudanza, el dinero no llega a fin de mes, una enfermedad crónica, peleas con hermanos, no tener tiempo para descansar… Gracias a ese jefe, a ese cambio de casa, a esa falta de dinero, etc., se activan los recursos de estar despierto y responder de forma activa y desautomatizada al momento presente.


¿Cuál es tu caso? ¿Haces alguna actividad de crecimiento personal? ¿Cómo aplicas lo que aprendes de ella?

Muchas gracias por leer y por compartir.

La vida te lleva

Quizá has observado que en los últimos tiempos este blog ha cambiado. Y es así. Hay dos tipos de cambio: la forma de escribir y el contenido. En cuanto a la primera, algún lector avezado ya me ha comentado que alguna entrada no tiene el mismo nivel de maduración y desarrollo que las anteriores. Y tiene razón: tengo mucho menos tiempo para dedicar al blog. En cuanto a la segunda, me está pasando como con la primera época del covid: los acontecimientos actuales no me permiten seguir adelante con mi línea de escribir sobre lo atemporal y universal, sino que constantemente me piden escribir sobre lo que está pasando, sobre lo que estamos viviendo; sobre el destino colectivo. Y por eso me he enfocado en temas económicos, que de lo presente, es de lo que sé algo.

Esta podría ser yo escribiendo, reflexionando sobre esto. Imagen de StockSnap en Pixabay.

Vivir la vida…

Estoy viviendo al máximo lo que me propone la vida. ¿Y qué pide? Acción, acción, acción. Resolver, avanzar sin conocer el camino, solo atisbando el siguiente paso, con una idea general y poco definida del objetivo, que además cambia y se remodela a cada paso.

No hay una forma mejor de estar en el adulto que actuar. Y cada línea de actuación se abre en muchas otras líneas, muchos pasos que dar. Es cansado. Y motivador.

…con lo que toca

Creo que ahora mismo, el nivel de incertidumbre y ambigüedad es máximo. Escucho a unos, leo a otros, tomo nota con reserva. Un experto financiero que aconseja mantener dinero en efectivo (en casa, en el calcetín) como para cubrir un mes de gastos. Un gurú que cuelga en YouTube vídeos perturbadores sobre cómo nos están manipulando. Iker Jiménez y lo que va mostrando en Horizonte gracias a distintos expertos. Europa y mi sensación de que no saben controlar la situación ni reparan en las consecuencias de sus decisiones. Esos telediarios que dan por hecho que ya no nos llega el dinero.

Todo eso es lo que vivimos de forma global, mientras surgen ideas peregrinas de todo tipo porque ya no hay donde agarrarse y ya nada es verdad, ni la tierra es redonda, ni fuimos a la Luna, ni existe el covid. Pues con todo este escenario de confusión, de desinformación, la vida nos demanda (no solo a mí, claro) estar en la acción, en el presente, seguir adelante con todo tal y como es, imperfecto, mejorable.


Que no me vengan con expertos. Estos escenarios tan inciertos, impredecibles y extraordinarios no los hemos vivido. La humanidad sí, ha vivido de todo. Los que estamos aquí y ahora, Fulanito de Tal y Peranganita de Cual, no: no conocíamos una pandemia, las guerras siempre estaban muy lejos, en el espacio o en el tiempo, hemos vivido alguna que otra crisis, pero no tan grave como las que salen en los libros. También hemos leído sobre la caída del Imperio romano. Y evoca la sensación como de derrumbe de lo que hasta ahora funcionaba, de pérdida absoluta de las referencias «de siempre». Y esto no es malo. Normalmente, la despedida de lo viejo da lugar a algo nuevo. La vida siempre va hacia adelante, nos obliga a despedir el pasado casi a cada respiración. Solo que a veces cuesta seguirle el ritmo.

Gracias por leer. Gracias por compartir.