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Sí a lo que me toca

Recientemente, he terminado de escribir otro libro. Y, por primera vez en muchos meses, me levanté por la mañana en un día de diario sin un libro al que dedicar unas horas de mi jornada (aunque en el horizonte hay nuevos libros, ya con fecha de entrega). Entonces, contemplo la pantalla en blanco que proporciona el blog. Tengo una idea leve de lo que quiero escribir, pero no ha surgido el torrente de palabras. He releído algunos de mis post donde menciono algo que quiero traer a este y en ellos he leído consejos que yo escribo para otras personas, los he leído como consejos de otra persona para mí.

Porque a veces se siente como si se hubiera alcanzado un cierto nivel de desarrollo personal, de conocimiento de la vida, de sabiduría y, de repente, algo de la vida te dice: «pues no, no estabas ahí» y tira para abajo. Es como si hubieras volado con alas prestadas, como Ícaro, que se acercó a los dioses, pero las alas de cera se derritieron expuestas al calor del sol y se dio una buena hostia. Por lo menos, cayó en el mar.

Las tres frases

Lo que he buscado en el archivo de este blog son las tres frases que extractan una parte de la gran sabiduría de Brigitte Champetier de Ribes. Ante situaciones de cambio brusco de la vida, ante esa caída libre porque las alas que parecían fiables se han derretido, hay tres respuestas:

Estas frases hablan de pasado, presente y futuro. De pasado, porque se desautomatizan los aprendizajes, aquello que se creía entender. La vida trae nuevos desafíos ante los que ya no valen los esquemas mentales que nos habíamos montado. O bien, muestran hasta qué punto (nuestras alas) eran frágiles. De presente, porque la única forma de andar es paso a paso y la única forma de atreverse a dar esos pasos es la confianza en la vida. Y de futuro, porque no se trata únicamente de asentir a lo que se tiene delante, que ya es todo un reto, sino de asentir a lo desconocido, a lo que está por formarse ante tus ojos (a ciegas). Exige valentía, ya que el siguiente paso puede fallarte el suelo y hacerte caer en el vacío.

La señora Danvers

¿Y si percibes los reveses de la vida como si fueran el ama de llaves de Rebeca?

Imagen tomada de: https://creyconfe.com/blog/los-uniformes-mas-terrorificos-de-la-historia-del-cine-un-viaje-a-traves-del-horror/

Esta es la señora Danvers, el ama de llaves de Manderley, la mansión donde vive Maximiliam de Winter y a donde este lleva a una joven humilde con la que se casa, la «segunda señora de Winter», que no tiene nombre, porque la única que tiene nombre en esa casa es la primera señora de Winter: Rebeca.

La señora Danvers ve llegar a la segunda señora de Winter y decide mostrarle la inmensa sombra que dejó el fantasma de Rebeca, cómo es insuperable en cualquier aspecto: elegancia, belleza, forma de conducirse, de resolver asuntos de la casa… La asedia como otra sombra, siniestra y oscura, mientras que la joven se va sintiendo cada vez más encogida y achuchada por este perro guardián. En la vida, la señora Danvers es una enfermedad, un accidente, la pérdida de un trabajo, la pérdida de tu poder adquisitivo, por ejemplo.

Pero ¿y si la señora Danvers no existe? ¿Y si es una proyección que crea la joven en su cabeza para justificar de qué forma siente no estar a la altura y siente el síndrome del impostor?

La señora Danvers eres tú.

No hay una señora Danvers que te da reveses de la vida como la hostia de Ícaro. Sino que tú mism@ te das la leche contra el sistema de creencias que te has montado, con las historias que te cuentas. Si la segunda señora de Winter se siente apabullada por la fuerte presencia que dejó esa R que encuentra por todas partes, puede que en su mente conciba un personaje malvado, la señora Danvers, que la persigue para restregarle por la cara todo lo que no es, hasta el punto de sugerirle el suicidio como vía de escape. En realidad, es la escasa capacidad de la joven en adaptarse a este brusco cambio en su vida (supuestamente para bien) lo que produce todo el drama.

Si la joven suelta lo que creía entender, dejará atrás sus creencias sobre lo que puede alcanzar una persona como ella, sin necesidad de que se le suba a la cabeza el haber pillado a este partidazo del señor de Winter, simplemente, tomando serenamente todo lo que se le ofrece. Si la segunda señora de Winter dice sí sin saber a qué y se hace dueña de la casa, identificará todo lo que lleve una R y lo irá cambiando poco a poco por su inicial, sin dejar de dar las gracias a esa Rebeca por haber hecho sitio para ella, sin dejar de reconocerle su lugar como primera señora de Winter: «siempre serás la primera, Rebeca». Si además vive el presente con confianza, no se moverá por la mansión sobrecogida por los fantasmas del pasado, sino con firmeza y determinación. ¿Que Rebeca escribía cartas en este despacho? Muy bien, yo las escribiré en este otro, o también lo usaré, o yo paso de escribir cartas. Si la segunda mujer de Winter hubiera hecho esto desde el minuto uno, la señora Danvers habría perdido toda su fuerza, no existiría (ni habría novela ni película, claro).

Normalmente, lo que te plantea la vida no es que empieces a vivir en una lujosa mansión llena de criados a tu servicio con un marido rico y atractivo, no. A veces, te quita el suelo de debajo de los pies. A veces, tus alas se derriten. A veces, el cambio de vida es totalmente injusto (porque la vida no es justa). Y entonces, a las tres frases anteriores se le añade otra que es muy poderosa, porque las condensa:

Sí a lo que me toca.

Esta aceptación incondicional de los giros inesperados de la vida es la que los suaviza. Es lo que trae grandeza en medio de situaciones adversas. Es la que desactiva la fuerza aparentemente poderosa de la señora Danvers. Si abrazas a esa señora, pierde toda su energía, se desintegra.

El homínido y el monolito

Entras al juego de los Sims y te ocurre algo importante: se te olvida tu existencia. Te identificas tanto con el avatar que no recuerdas qué te trajo al juego de la gran ilusión.

Entonces, tampoco te das mucha cuenta de que tú no eres el avatar. Digamos que están el homínido y el monolito. Tú eres el monolito.

Sin embargo, el avatar tiene su propio yo: toma decisiones y puede conducirse en el juego de los Sims sin tu asistencia. Es más: entra en conflicto con tus intereses. A este homínido le han llamado ego y diferentes corrientes tratan de erradicarlo. Pero no es posible:

Sin el ego, no puedes sobrevivir al videojuego.

Por si alguien no sabe a qué se refiere lo del mono y el monolito, os dejo este fotograma de la película 2001: Una odisea en el espacio, de Stanley Kubrick. Visto en: https://www.elcineenlasombra.com/2001-una-odisea-del-espacio-el-monolito-y-el-hueso/

Tu primer amigo eres tú

Igual has visto por ahí que algunas personas sabias dicen que lo primero es amarse a sí mismo. Y eso es una cosa muy rara, como mínimo, sospechosa, contraria a todas las convenciones religiosas y muchas creencias morales.

Por otro lado, no queda claro en qué consiste eso de amarse a uno mismo, es decir, ¿qué aspectos? Por ejemplo:

  • El físico: ¿tengo que afirmar que mi físico es perfecto cuando no lo es? Si acepto mi físico, ¿dejo de ir al gimnasio?
  • La edad, el estado de salud: ¿tengo que hacer como si fuese un ser de luz sin edad, que fluye por la vida sin considerar su estado de salud?
  • Lo mental o intelectual: ¿tengo que apreciar que mis cualidades mentales, intelectuales o artísticas son «lo más»?
  • Los errores: si miento, siento envidia, deseo el mal a otras personas, soy muy egoísta, no agradezco favores, exploto el trabajo de otras personas, ¿eso lo tengo que amar incondicionalmente? Esta es la sección «pecados», que va de lo más «inocente» a lo más horrible que puede hacer el ser humano.

Pues la respuesta es: «Sí a todo».

Miguel Ángel Ruiz Macías explica en Los cuatro acuerdos que la forma de amarse a sí mismo es verse como si se fuera un pequeño cachorro. Si piensas en tu gato, en tu perro, en un bebé, ¿no sientes que, hagan lo que hagan, los vas a amar y te van a hacer sonreír? ¿No te van a parecer los más bonitos del mundo, con una belleza sin igual? Siéntelo.

Qué mono es el mono

Aquí retomamos al homínido avatar poseído por el yo observador en este videojuego.

Vernos como un cachorro es ver al homínido como un cachorro. El mono, por usar una palabra más cómoda, tiene limitaciones. Es muy listo, pero carece de las capacidades mágicas del yo, como la intuición, la experiencia directa de la realidad, la inspiración artística o científica y una muy bonita: ese amor incondicional por otros seres, incluso por el mono.

Es el ser que habita el avatar el que es capaz de amar, el mono hace 2 cosas: supervivencia y reproducción. Y lo hace estupendamente: cada vez hay más seres humanos en la tierra. El mono tiene sus objetivos y el monolito los suyos. ¿Pueden convivir objetivos contradictorios? Más vale, para poder «acabarse el juego» de los Sims.

Los maestros espirituales habitualmente han optado por retirarse del mundo, dejando al mono «a pan y agua»: alimentos y agua y poco más. Han querido así destruir el ego para trascender a otros niveles en esta vida y no tener que volver a ella. Pero, como decía al principio, no se puede permanecer en el mundo de los Sims sin el ego. El ego, el mono, es totalmente necesario para sobrevivir, pues las condiciones y leyes que rigen en este mundo requieren de esa doble pulsión de sobrevivir y reproducirse. En el momento en el que se quiere matar de hambre al mono, este se crece por oposición, ya que se ve amenazado.

Si, en cambio, se considera que el mono es muy mono y se le ve con cariño, incluso con amor incondicional, ocurren varias cosas:

  • se quita hierro al asunto,
  • se da al mono lo que necesita,
  • el yo observador puede dedicar sus ratos a rollos meditativos del tipo que prefiera, pues el mono está tranquilo,
  • la «realidad» percibida por el mono se va modificando, adaptada a las sensaciones de abundancia (frente a escasez) que le proporciona el yo,
  • se compatibiliza el disfrute de la vida, que va a través de los sentidos y las cualidades homínidas, con experiencias de elevación.

Curiosamente, el acceso más rápido del yo, o del que juega al juego, al mundo es a través de la vivencia total del momento presente, el único en el que se puede experimentar el «tiempo sin tiempo», en que todo es a la vez en todas partes, como la película.

El robot fontanero

Hoy he llamado para pedir cita para revisar el coche. Me ha saltado el típico asistente automático, pero «he mantenido» la conversación con «él». ¿Por qué? Porque era un poco como Joseba, de Carglass. Hablaba como un señor del taller que se trabara un poco de vez en cuando. Tenía un acento como de Arguiñano explicándote una receta. Solo por ciertos lapsos, sobre todo en el tiempo entre mis respuestas y su siguiente pregunta, podía darme cuenta de que no era una persona. Pero dentro de poco, esos tiempos se acortarán y acabarán siendo «tiempos humanos». Habrá un momento en el que no sabremos si hablamos con una persona o con una máquina. Creo que eso está muy cerca.

Hace unos tres años, me hacía gracia pensar en robots que bailaran flamenco, como uno de los claros reductos en los que las máquinas no podrían entrar. Pero en el año nuevo chino este 2026 vi esa exhibición de robots haciendo movimientos perfectos y el reducto se redujo aún más, hasta un nivel en el que no tengo claro que haya nada, absolutamente nada de lo que llamamos humano que no pueda llegar a hacer una máquina.

Ofertas de trabajos de risa… muy tristes

El que daba en llamar «mi sector», que es la formación online o «e-learning», ya lo doy por muerto. Todo empezó cuando traducía los textos y las aplicaciones de la principal herramienta de autor del mercado. Cada vez más, los textos de marketing decían que no hacía falta saber hacer mi trabajo (el de experta en formación online), porque «cualquier persona» podía copiar y pegar en esa herramienta un texto plano y te devolvía una interactividad de botones, tarjetas, acordeón, pestañas… la que fuera la más adecuada a tu texto. Lo mismo con la creación de las temidas preguntas de test (temidas tanto por quien las redacta como por quien las sufre, el alumnado).

Las ofertas de proyectos de este sector son de risa, es decir, dan muchas ganas de llorar. Ya no se busca que las personas expertas en formación diseñen cursos espectaculares basados en la detección de necesidades del alumnado. Básicamente, muchas empresas extranjeras están buscando desde hace pocos meses (y durante pocos meses también) personas expertas en x, y, z que revisen lo que genera una IA, para ver si es adecuado. Hay ofertas para validar todo tipo de materiales: revisar test, revisar la adaptación pedagógica a un nivel educativo, revisar actividades de ampliación… Por lo que el papel del experto queda hacer una revisión, lo que, además de aburrido, está pagado muy por debajo de la creación de estos materiales.

En la siguiente oferta real de un proyecto, se busca a profesorado acreditado en dar clases a alumnado de 11 a 18 años para revisar contenido creado por la IA. No solo tiene que estar acreditado y tener experiencia de al menos 3 años, sino que tiene que estar dispuesto a cobrar unos 19,92 € brutos/hora por ese proyecto.

Oferta de un proyecto.

Hace un par de meses me quejaba de que la IA no hiciera los formatos en los documentos tipo Word, que es una parte del trabajo «penosa» con relación a la motivación de escribir, de investigar sobre un tema, de crear una actividad interesante. Pues bien: ahora sí lo hace. Las numeraciones y niveles de títulos las lleva regular, pero lo hace bastante decente. Mejor que muchísimas personas.

Tengo que reconocer que llevo unos meses trabajando en un proyecto que hace la IA en un 80 %. La IA genera una serie de actividades relacionadas con la educación, las cuales se trasladan a un revisor experto en esa materia para que las valide. Las actividades salen directamente en un formato con estilos, listo para enviar al alumnado o para subirlo a una plataforma. Estas actividades pueden tener 10, 20 páginas y están perfectamente planteadas, son variadas y podríamos decir que imaginativas.

Futuros imperfectos

Desde luego, tengo en mente al bloguero Sergio Rozalén y los futuros imperfectos que refleja en su blog, así que me permito el lujo de titular esta sección como se llama su primer libro. En cualquier momento, podría empezar a haber robots fontaneros. Al principio, generarían rechazo y desconfianza. La gente mayor seguiría recurriendo a Pepe Gotera y Otilio. Lo mismo con pintores, electricistas, peluqueros… «los oficios».

Pero en las siguientes generaciones, contratar a esos nuevos robots fontaneros sería lo normal, totalmente aceptado. La gente joven sería reacia a que una persona real entrase en su casa a reparar algo, ya que es mucho más «confiable» un robot.


Yo me percibo a mí misma como «alguien (que está) mayor» al leer lo que estoy escribiendo aquí. Esto se parece mucho a cuando mi padre tuvo que tirar a la basura maquinaria que costó millones (de pesetas) porque la tecnología de la información la había hecho inútil al poco de comprarla. Traté con poco éxito de reconducir a mi padre al diseño de páginas web, en una época en la que ese campo estaba abierto y accesible (finales de los años 90). Pero a él le sonaba a chino, así que no le dio mucha importancia.

No me resisto a este nuevo campo que es la IA, de hecho, muchos trabajos que me han encargado en los últimos tiempos han tenido relación con la formación básica sobre IA, robótica, big data, blockchain, ciberseguridad… Lo que sí ocurre es que no me está dando tiempo a «hacer el duelo», porque va tan rápido que, cuando te estás familiarizando con una nueva forma de trabajo, ya no sirve. Curiosamente, otros sectores más tradicionales siguen funcionando como antes, un poco al margen de la IA o usándola puntualmente. Y de esos otros sectores también tengo proyectos, algunos tan curiosos como conocer el pastoreo rotacional y cómo se forma a nuevas generaciones en tecnologías que hacen el trabajo ganadero mucho más agradable y eficiente.

Sea como sea, encontrar tesoros como la siguiente captura de pantalla me hace sonreír y recordar una noticia que oí hace poco, sobre una cafetería en japón totalmente regentada por robots en la que las cucarachas campaban a sus anchas. Esos pequeños fallos, aún…

Texto generado por la IA en el que pone: «Fragmento Reescribido» en lugar de «Fragmento reescrito».

El dedo y la Luna

Hay dos maneras de lidiar con la realidad (hay muchas, pero, polaricemos en dos): seguir unas indicaciones externas o seguir tus propias indicaciones.

En la empresa

Cuando empecé a estudiar constelaciones familiares, encontré un libro de Bert Hellinger sobre el éxito profesional y de las empresas. Y me dije: «Esto es, aquí voy a encontrar la fórmula para tener éxito como freelance».

Pero resulta que dentro del libro volvía a poner lo que en el resto de información que ya conocía. Para tener éxito en los negocios había que hacer lo mismo que para tener éxito en la vida, para tener pareja, o para tener salud, esto:

  • Aceptar incondicionalmente a nuestros padres biológicos tal y como son, hayan hecho lo que hayan hecho.
  • Respetar los órdenes del amor, es decir, las leyes de la sistémica: pertenencia, antigüedad, equilibrio de dar y tomar.

Pero, pensé, ¿dónde está el método? ¿Qué pasos debo seguir? ¿Tengo que invertir en publicidad, hacer un curso de marketing? ¿Cómo defino a mi cliente ideal? ¿Cuál es exactamente mi producto?

Estaba buscando el dedo y me habían mostrado la luna.

Imagen generada con Nano Banana (Gemini).

Para decidir algo

Si necesitas tomar una decisión, también hay dos formas.

Tradicionalmente, se nos ha dicho que debemos dividir un papel en dos columnas. La primera columna contendrá una de las opciones. A su vez, puede que haya dos cuadrantes, uno para sus ventajas y otro parara sus inconvenientes. La segunda columna es para la otra opción, que, a su vez, tendrá una serie de ventajas e inconvenientes. Lo que se apunta en esta hoja son «razones», es decir, productos del pensamiento lógico. Luego, se elige aquella opción que tiene más ventajas y/o menos inconvenientes, quizá preguntando a expertos de la materia.

Por ejemplo, cuando tuve que decidir qué carrera estudiar, hice algunos de estos cuadros. Aquí las opciones son muchas, no solo dos, y el lío que se arma es mucho mayor. Hasta tuve ayuda de un gabinete que se basaba en criterios no muy distintos para indicar qué carrera era la que probablemente fuese mejor para la persona. Os diré que aquí el fallo vino de antes, cuando elegí asignaturas porque me gustaban pero luego la carrera no encajaba con ellas y, en aquella época, no se podía escoger una carrera no relacionada con las asignaturas estudiadas en bachillerato (muy brillante esto). Vale, parece lógico que, si te has decantado por unas asignaturas, entonces te vaya a gustar una rama de estudios. Resulta que el ser humano no es un ordenador, no piensa de forma lógica. En este proceso de toma de decisiones se deja totalmente fuera qué te dice la intuición, qué te gusta hacer la mayoría del tiempo, cuáles son tus motivaciones internas (incluso las inconscientes).

Hay otra forma de tomar decisiones, mucho más efectiva. Consiste en preguntarte a ti, al observador que está fuera del juego de los Sims, cuál elegir, a o b. Y si parece que no es ninguna, preguntar por c. «La que sabe», la intuición, tus células, un algo de dentro, parece saber la respuesta, lo que pasa es que no da ningún argumento. Por eso, se nos ha enseñado durante años de adoctrinamiento a rechazar esta voz, hasta el punto de dejar de escucharla. Siempre «una persona mayor» (una persona experta en algo o «en la vida») va a saber mejor que tú, que eres «una persona pequeña», lo que es bueno para ti. Pero, una vez creces, no vuelves a cuestionar esta creencia. Por eso es tan fácil confundir el dedo con la Luna.

El principal problema de la segunda forma de tomar decisiones es que son inexplicables. Se hace necesario buscar unas «causas razonables» para cuando la gente pregunta. Se puede decir cualquier cosa: «me dio por ahí», «no lo pensé mucho», «pensé probar esto», «me parece la mejor opción», pero no hay razones detrás: hay que acostumbrarse a esto, porque toda la vida se nos ha ido indicando que debemos explicar el origen y las razones de todas nuestras acciones.

Viendo la tele

La tele y, por extensión, cualquier medio digital que da noticias/información, puede ser esa persona que te muestra su dedo y te dice que señala a la Luna. Este conjunto de medios está lleno de personas expertas que te van a decir lo que tienes que hacer, cuándo y cómo. Te van a decir cómo lavarte las manos, te van a decir qué pensar. Te van a dar el juicio ya sopesado, calculado y decidido. La persona se hace una ilusión, dice:

Me voy a informar.

Cree, realmente, que, a partir de todas estas informaciones de diverso tipo, va a poder elaborar su propia opinión. Pero si no es cauta, no se dará cuenta de que no le van a permitir elaborar nada. No es una conspiración judeomasónica, es la forma en la que funcionan los sistemas de información y los cerebros humanos. Conozco a mucha gente que, para evitar esto, deja de ver la tele. No está mal, lo que pasa es que dejas de estar en el mundo en el que nos ha tocado vivir al rechazar una parte de él.

También puedes hacer otra cosa, puedes escuchar aquí y allá de una manera concreta. En lugar de la famosa y muy apreciada escucha activa, en la que pones toda tu atención y escuchas con el alma, tratando de acompasarte con la otra persona, aplicas la escucha de Bert Hellinger. Él cuenta en alguno de sus libros que escucha hablar a la persona que acude a una constelación familiar y no se fija en el detalle ni en la verborrea. Al contrario, pide brevedad. En esa brevedad, en esas pocas frases, oye que algunas palabras se dicen de forma más marcada, ocurre algo que las resalta: una pausa, otro tono, otra velocidad. Esas son las palabras clave. Puedes escuchar de esta forma las noticias e ir más allá, preguntarte:

¿Por qué me están contando esto ahora? ¿Por qué me dicen esto de esta manera? ¿A qué viene poner el foco en esto o en lo otro?

Dando un paso atrás y observando «el circo de tres pistas» es más fácil sacar conclusiones, pero, sobre todo, elaborar una idea propia a partir de las intuiciones y las sensaciones.

En los «hábitos de vida saludables»

Esto lleva años de moda. Antes, era un tema más hippie o alternativo, ahora está muy extendido. Se trata del conjunto de personas externas que te dicen qué hábitos «recomiendan» que sigas y qué cosas horribles te ocurren si no los sigues. Lo que pasa es que se contradicen entre sí. Todos ellos esgrimen estudios científicos que demuestran su punto de vista. Y son ciertos. ¿Por qué? Porque, como venimos diciendo en este blog, dos cosas opuestas pueden ser verdad al mismo tiempo. Os planteo unas objeciones que me surgen a algunas de estas recomendaciones:

  • Hay que usar suplementos porque la dieta es incompleta. Pero otras personas igual de expertas dicen que a través de la dieta se obtienen todos los nutrientes necesarios.
  • Es imprescindible recibir luz solar directa (no a través de cristales) al amanecer para activar los relojes internos de las células. Pero hay gatos y plantas que se pasan toda una vida sin recibir luz solar directa… y sobreviven con aparente buena salud.
  • Los alimentos tienen que ser de proximidad (juas, me parto, ¿eso es posible hoy día?), y, sobre todo, muy poco elaborados. Se deben descartar aquellos alimentos con más de 3 ingredientes. Vale, entonces un potaje con garbanzos, bacalao, huevo y espinacas, ¿ya no vale?
  • Tienes que conocer constantemente cuáles son tus niveles de x, y, z, por lo que debes recurrir a análisis de sangre y otras pruebas. Si no te pasaba A (no tienes SIBO), quizá te pase B (tienes una intolerancia al sorbitol), o incluso C (no te funciona el nervio vago, la nueva moda). «Algo te pasa, por eso te sientes mal».

Si unes todas las recomendaciones y haces caso a todas, es bastante seguro que mueras de hambre. Hace poco escuché a una endocrina y nutricionista decir:

Si una tarde te apetece, tómate un chocolate con churros.

Esto suena a permiso, disfrute de la vida y placer. ¿Qué opinarían otras personas expertas sobre este tema? Me gustaría mucho saberlo.

Para alcanzar la sabiduría

Igualmente, cuando me atrae la forma de ver el mundo de algún «gurú espiritual» vivo, por ejemplo leída en un libro, me acerco a esta persona y compruebo qué es lo que dice. La mayoría de las veces hay que seguir unos pasos, los suyos, hay que hacer esto y lo otro, se medita así, no debes hacer tal o cual cosa. Las personas que siguen al gurú empiezan a realizar una serie de rituales porque piensan que seguir las reglas de este Fulano les va a llevar a algún sitio. Pero no, el Fulano te está enseñando su dedo y cómo él cree señalar a la Luna (que nunca ha visto).

Sin embargo, individuos muy sabios dejaron un mensaje muy claro: no hay que hacer nada, no hay camino, ni siquiera las «buenas obras» cuentan. Como San Juan de la Cruz. Y con este mensaje concuerda, por ejemplo, Anita Moorjani: tú ya eres un ser espiritual, no tienes que ganártelo. Desconfía de las personas que te dicen que sólo serás espiritual si realizas los rituales que ellas indican.

En definitiva, amigo lector, se desdeña el enorme poder de la propia mente y la sabiduría de la propia intuición, del guía interno, a pesar de que se sabe que si una persona cree en que una conducta, alimento o hábito le va a beneficiar de una manera, es mucho más probable que, de hecho, le beneficie.

¿Cuál es la misión?

Cuando juegas a un videojuego, sabes cuál es la misión. Puede ser romper bloques, encajarlos, comer tesoros mientras huyes de los fantasmas, o misiones más elaboradas que implican la interacción con otros jugadores. Si el videojuego no transmite de forma clara el objetivo, al cabo del rato resulta aburrido. Puede tener unas imágenes espectaculares y unos avatares muy potentes, puede que recorras calles o saltes por los edificios de forma precisa y realista, pero si no hay misión, el juego es un rollo.

El juego de los Sims este que estamos jugando en la tierra tiene la característica de que la misión no está nada clara. La persona está aquí, va para allá, vuelve para acá, incluso hace cosas fantásticas, pero es un poco largo como para ver en él un hilo conductor. Es como que no hay guion.

Quizá por ello, la gente se inventa guiones de vida muy al comienzo, entre los 5 y los 7 años de edad, porque la angustia de no tener un destino prefijado parece más fuerte que la de tener un destino malo, incluso fatal (es decir, de muerte).

El observador como ser celestial

Si nos atenemos a distintas observaciones y pensamos que el jugador del juego está usando un avatar llamado cuerpo-mente, también podemos concluir que el jugador es un ser celestial, porque no tiene cuerpo ni mente. Parece ser que está compuesto de «puro amor» y es capaz de sentir las emociones que provoca a otras personas.

El jugador del juego de los Sims entiende la razón de todo, es capaz de ver que todo formaba parte de un devenir, de un baile, que no se comprende desde el avatar del cuerpo-mente. Un ser de estos, que puede ser una persona «iluminada», que de pronto ha comprendido «la verdad», ama a los demás tal como son, incondicionalmente, es capaz de vivir desde el corazón. Es un poco como el Adulto venido a más, es la mejor versión de la persona.

Hay varias investigaciones que muestran que el corazón tiene un sistema neuronal y que toma decisiones, incluso previas a las que toma la mente consciente. Tanto Rollin McCraty como Annie Marquier han investigado sobre este hecho. Parece ser que el corazón emite un campo electromagnético a su alrededor que alcanza entre 2 y 5 metros más allá del cuerpo, mucho mayor que el que emite el cerebro. Se puede medir la coherencia del ritmo cardiaco y los estudios la asocian a situaciones de felicidad serena, con emociones como altruismo, amor incondicional, bienestar, paz.

Es curioso que Annie Marquier ya tenía una metáfora en varios de sus libros que se parece al juego de los Sims. En este caso, asemeja al ser humano al conjunto de un carruaje con caballo, conductor y el señor que va sentado dentro. Así, el carruaje es el cuerpo, el caballo, las emociones, el conductor, la mente y el señor, ese observador o jugador. Esto va en línea con mi idea de que «el conductor» puede tener sus propios objetivos y personalidad, distintos de los del «señor». Vamos, que el avatar puede ir a su bola y, de hecho, lo hace.

El observador dentro del avatar

Desde la distancia, es muy fácil pensar que se ama a la humanidad y a los semejantes, pero, cuando los tienes cerca, ocurre que:

  • Huelen mal. Vamos, tienen un olor que puede o no agradar.
  • Son feos. En general, la gente de la tele y del cine es entre guapilla y muy guapa, pero, por la calle y en las playas, la ilusión se viene abajo. Es lo que hay.
  • Son plastas. Se repiten, caen en el victimismo, hablan de forma inagotable.
  • Te caen mal. Sencillamente, no compartes con ellos sus ideas y, cuando te plantean algunas, te crea una ira muy intensa.
  • No te entienden. La cosa comienza por el no escuchar y continúa por el uso de las mismas palabras con distinto significado o palabras distintas para el mismo significado.
  • No cubren tus necesidades. El amor que te ofrecen es condicional, normalmente centrado en que hagas las cosas como consideran que deben hacerse. Pasan olímpicamente de lo que puedas necesitar.

Por cierto, todas estas características se aplican a ti. Lo sabes y, por tanto, también te rechazas a ti mism@ por dar asco. ¿Qué es todo esto tan incómodo? El observador dentro del avatar permanece «desconocido» para la mente mientras esta se ocupa de sus obsesiones. Esa «luz sanadora y cálida» o esa «sabiduría sin palabras» no penetra en el día a día de la mente, a menos que se haga algo para reconocer «esa voz».

¿Y si la misión es amar a los demás tal como son?

Es posible que el juego de los Sims consista en amar a los demás Sims a pesar de sus características negativas o desagradables. Que sean negativas o desagradables lo decides en función de tus creencias y guion de vida, o bien, porque tu parte animal las rechaza (ejemplo, olor fuerte de los pies de alguien).

Cuando la gente que ha tenido experiencias cercanas a la muerte repasa su vida, no ves que revisen cuántas horas echaron en el curro, qué hacían en el ordenador, o cosas similares. De hecho, su vida se presenta como las interacciones que tuvieron con otras personas, especialmente aquellas en que tú hiciste daño a la otra persona.

Como decía Stephen R. Covey, nadie echará de menos sus horas de oficina en su lecho de muerte. Como en las enfermedades importantes, te acordarás de las personas más cercanas de tu vida y todo lo demás se desdibujará fuertemente, como si casi no existiera.

Quizá éramos unos seres completamente aburridos de ser felices y ser amor que se plantearon bajar a la tierra para experimentar qué sería amar a otros seres que no reconoces como seres de luz, más bien algo muy distinto. Se dijo:

Juguemos al juego de los Sims. Seamos unos seres imperfectos, a ver si nos es posible amarnos los unos a los otros.

Y bueno, pues hay quien lo logra, pero, en general es lo contrario.

Razas, culturas y civilizaciones

Es más: no es solo que no seas capaz de aceptar incondicionalmente a una persona cercana, sino que, cuanto más lejano el caso, más fácil interponer prejuicios contra una raza, una cultura o una civilización distintas. Por ejemplo, vas a vivir de forma muy diferente un conflicto armado si conoces o tienes amistad con personas de uno de los bandos. Y aún de otra manera si conoces a personas de los dos bandos. ¿Qué haces ahí? Ya no puedes odiar a un bando por completo, ya te das cuenta de que son personas individuales dentro de un gran grupo y que no es lo mismo cada persona que el grupo.

Aquí es donde encaja una propuesta rompedora y que se sale totalmente de todo lo que estamos oyendo en distintos medios. Una propuesta que se comprende si se está muy cerca de esa realidad del observador como ser superior, como puro amor, o si se conoce a personas de los dos lados de un conflicto. Y es esta:

¿Cómo ayudar al mundo hoy? Tomar juntas a todas las polaridades, a todas las víctimas y todos los perpetradores, con el mismo respeto, en el corazón. Brigitte Champetier de Ribes.

Esto es muy cañero. Porque es mucho más fácil y cómodo que uno sea el malo y otro el bueno. Así, con la buena conciencia, uno se posiciona «en el lado correcto» y puede hacer lo que quiera con los del «lado contrario». Más explicado aquí:

Nadie elige su destino. Agradezco a cada uno vivir lo que le toca, dejándole su responsabilidad. Miro a todos con respeto, dolor y gratitud. Brigitte Champetier de Ribes.

No eliges tu misión… ni el lado «bueno»

Pues ya ves cómo está el panorama. Entras en el juego de los Sims, te formas un guion de vida, adoptas una serie de creencias que filtran la manera en la que percibes el mundo y empiezas a juzgar. Te crees mucho que tu misión es un tema profesional, o familiar también, pero no te das cuenta de que la misión de una vida se comprende tras una larga trayectoria, que está centrada en el amor a tus semejantes y que esos semejantes lo son más cuanto más cercanos los sientes, hasta el punto de poder comprender que «les ha tocado» una misión, un destino, y que es eso lo que pueden hacer y no otra cosa.

Guardianas de la tradición

En el centro Tai San, tres profesoras de tai chi, chi kung, técnicas de respiración, análisis transaccional y similares nos hemos puesto a aprender sobre un tema que asusta, preocupa, enfada o molesta a muchas mujeres: la menopausia. Y es porque queremos ofrecer una formación que ayude a sobrellevar mejor la parte negativa, desde una perspectiva de aceptación activa y de aprendizaje de técnicas.

Así, estamos asistiendo a varios cursos, seminarios y charlas para comprender todas las implicaciones de esta «etapa de la vida» que resulta ser entre 1/3 y 1/2 de la vida de una mujer. Podríamos decir que hay personas en edades infantiles, personas en edades reproductivas y mujeres en edades no reproductivas, como una categoría especial y única.

Un momento… ¿puede pasarse una mujer la mitad de los años fuera del ciclo reproductivo (sin contar su infancia)? Pues sí. Entonces, esto tiene que tener un sentido biológico, desde una perspectiva darwiniana, para explicar la vida durante tantos años sin uno de los dos motores evolutivos. Nos hemos puesto a investigar y hemos encontrado varias explicaciones. A esta razón de ser de la menopausia lo hemos llamado «guardianas de la tradición».

La abuela

Una teoría que nos gusta mucho es que la mujer vive una etapa de «la abuela», observada en grupos de cazadores-recolectores, en la que apoya el desarrollo de sus nietos y sus sobrinos-nietos. Mientras la madre tiene hijos, los amamanta y busca recursos, la abuela apoya el cuidado de sus nietos con búsqueda más intensiva de recursos, transmisión de conocimientos, o colaboración con tareas que contribuyen a una mejora en las condiciones de toda la familia (como cocinar).

Según esta teoría, la abuela logra que:

  • Haya mayor supervivencia de sus nietos.
  • Se reduzcan los intervalos entre nacimientos para las hijas.
  • Haya más «comida en la mesa» recolectada por la abuela.
  • Se transmita una serie de enseñanzas que solo la abuela conoce.

La chamana

Esta misma figura, «la abuela», ha sido históricamente un arquetipo de la bruja, la hechicera, el hada madrina o la chamana: aquella persona con conocimientos en los ámbitos de la salud y los cuidados, pero también en lo espiritual, en contacto con su fuerte intuición. Podemos leer sobre esta figura en Mujeres que corren con los lobos y en Luna roja, entre otros libros. Si tomamos Luna roja como ejemplo, las mujeres pasan por 4 fases en el ciclo menstrual, es decir, cada mes:

  • La Virgen o doncella: joven y en crecimiento, es la fase que se corresponde con el comienzo de un nuevo ciclo menstrual, desde el día 6 al 13 (estandarizado).
  • La Madre: la mujer madura fértil y capaz de dar hijos, es la fase que se corresponde con la ovulación, días 13 a 20.
  • La Hechicera: la mujer que ese mes va dejando de ser fértil y va entrando en una etapa de introspección, con fuerzas creativas y destructivas muy fuertes, se corresponde con los días 20 a 27.
  • La Bruja: la mujer con la regla, que se aparta del bullicio, fase entre los días 1 y 5 del ciclo y, posteriormente, la mujer con menopausia.
Bailando en la playa. Edvard Munch. Puedes adquirir una copia en esta web: https://www.artprintcafe.com/es/cuadros-de-munch/3033-12931-munch-bailando-en-la-playa.html

La mujer «menopáusica», es decir, la mujer desde aproximadamente los 50 años hasta que se muere, es percibida de forma negativa en muchos momentos de la historia. En el cuadro de Munch podemos ver cómo las mujeres jóvenes bailan en la playa en la zona abierta, se exponen y juegan, visten de colores claros, mientras que las otras mujeres «mayores» y fuera de la edad reproductiva, visten de negro y se esconden entre los árboles, jugando un papel secundario y apartado que «desequilibra» el cuadro.

Pero hay una versión peor, esta:

Mujeres en la playa muestra el horror que le causa al pintor la mujer mayor, la bruja, que se presenta casi como la muerte, frente a la imagen virginal de la mujer joven, de pie, con el pelo de color y vestida de blanco. https://wikioo.org/es/paintings.php?refarticle=9GEJDR

La muerte de la joven y el luto

Desde luego, Munch fue muy específico en cómo veía a la mujer que ya estaba fuera de sus años fértiles. De alguna manera, esta transición es muy difícil porque en ella muere la mujer joven que hemos sido durante más de 35 años. Mueren muchas motivaciones que tienen un trasfondo biológico reproductivo, mueren los óvulos, mueren o envejecen los folículos, etc. Esto provoca un cambio hormonal que supone una revolución tan intensa como la de la adolescencia, solo que mucho menos aceptada.

Está menopáusica.

Este puede ser el típico comentario despreciativo sobre una mujer que:

  • Está perdiendo una parte importante de sí misma.
  • Está teniendo síntomas desagradables y a veces muy duraderos.
  • Está con problemas de memoria y de comprensión de cosas nuevas.
  • Tiene cambios de humor radicales.
  • Tiene otro cuerpo que necesita aprender a aceptar.
  • Puede estar iniciando situaciones de enfermedad asociadas al cambio hormonal.

Igual que la etapa de la Hechicera en el ciclo menstrual es totalmente destructiva, la etapa que rodea a la menopausia es un desorden y una recomposición que afectan en todos los niveles de la persona que los está sufriendo.

Esta mujer en la etapa permanente de la bruja ha vestido de negro en distintas épocas. Su cabello canoso, su ropa oscura y ancha, su cambio en la disposición corporal y unas facciones más marcadas la han hecho objeto de crítica. Es la alcahueta, la vieja bruja quemada en la hoguera, es una mujer con poder y eso da miedo.

Afortunadamente, en este país y ahora, ya no hay que enlutarse ni esconder las formas tras un árbol y lejos del placer del mar. Las guardianas de la tradición son libres de salir, de bailar, de hacer ejercicio, de disfrutar y de exponerse en la zona abierta de la playa, pueden teñirse el pelo y dejárselo largo, o hacer lo que les dé la gana con él. Son libres de seguir trabajando, pueden incluso trabajar como sanadoras o maestras y seguir cultivando su belleza, como Louis Hay, Brigitte Champetier o Anita Moorjani, por mencionar algunas.

La motivación del curso

Las tres profesoras queremos impartir un curso regular (de octubre a junio) porque pensamos que uno o varios intensivos no son suficientes y no crean el lazo necesario. Pensamos que el curso puede tener momentos de «terapia de grupo», aunque el objetivo es que cada asistente se lleve lo que necesite.

Hemos indagado en distintas formaciones y la mayoría son online. Además de esto, la mayoría de la información está medicalizada, como casi todo lo que le pasa a la mujer. Todo son análisis de sangre, pruebas, posibles enfermedades, revisiones… ¿Cómo va a tener alguien una actitud de aceptación con esta perspectiva?

Nuestra formación es presencial. Nos parece que la base de todo es tan sencilla como dejar de sentir estrés. Y tan difícil. Por eso, estamos identificando aproximaciones desde distintos puntos de vista para que las mujeres que participen tengan una experiencia mucho mejor, especialmente durante los años que puede durar esta transición (entre dos y ocho años, de media). Muchos años para estar amargada, sintiéndote incomprendida y no sabiendo qué hacer.

Actualizaré la información según nos aproximemos al curso.

Cómo ser Larry David

Cuando leo la descripción de una persona que actúa desde su estado Adulto, de una persona realizada o de alguien que ha eliminado todas sus zonas erróneas, me parece que leo la descripción de Superman, un ser superior que procede de otro planeta. Hasta te cae mal de lo perfecto que es.

Pero he encontrado otro ejemplo que cumple con la descripción y que te puede caer mal, pero es bastante diferente de Superman: el personaje de Larry David en Curb your enthusiasm.

Larry David no necesita la aprobación de los demás

El personaje de Larry David (y hablo de personaje y no de persona, hablo de lo que puedes ver en esa serie) no cae en la zona errónea culturalmente muy extendida de necesidad de aprobación de los demás. De hecho, muchos capítulos ponen en evidencia lo ridículas que son algunas normas sociales. Como dice Wayne Dyer:

Hay más reglas codificadas que gente para desobedecerlas.

En efecto, con un fuerte adoctrinamiento que comienza en el hogar y se refuerza en el sistema educativo, las personas acabamos por:

  • Cambiar de opinión si nuestro parecer no encaja.
  • Adular a nuestro interlocutor.
  • No decir que no a tiempo y acabar haciendo algo que no se desea, por ejemplo, comprar un producto.
  • Tratar con condescendencia a personas con discapacidades y hablarles como si fueran niños.
  • Sentir infelicidad cuando las otras personas no están de acuerdo con nuestros planteamientos.
Generado con Nano Banana (Gemini). Prometo que no he pedido que se parezca a Larry David. Es un tipo calvo y con gafas disfrazado de Superman y no es Mortadelo. 🙂

Esto se gesta en el colegio. Los alumnos «buenos» (y yo pertenecía a este grupo) aceptábamos de forma sumisa todo lo que imponía el profesorado. Claro que antes de eso fui «libre». Por ejemplo, una vez, con 5 años, traté de pintar el cielo en un dibujo llevándolo hasta donde estaba la tierra, mientras que la mayoría de niños a esa edad lo dejaban en una franja arriba. Pero no dejé hueco para pintar el sol, de manera que, al pintar con amarillo sobre azul, quedó verde. La reacción negativa de la profesora me afectó mucho, pero no dejé de darme cuenta de que esa señora no comprendió mi intención.

Los alumnos «malos», a los cuales he dado clases particulares durante años, muestran bastante inteligencia junto con una falta total de creencia en el sistema. Se dan cuenta de que es absurdo aprender x, y o z y es innegable que lo es. Los argumentos que esgrimen cuando toca memorizar fechas y reyes/reinas, aprender estúpidas reglas matemáticas que no vuelves a usar en tu vida o analizar oraciones son tan acertados que el adulto (mayor de edad) se queda sin palabras ante el estado adulto de este tipo de alumnado.

Volviendo a Larry David, su personaje se mueve entre el niño rebelde y el adulto. El niño rebelde es el paso previo al adulto, porque muestra disconformidad y criterio propio. Ya no se va a comer cualquier razonamiento si no le encuentra sentido. De la misma forma, Larry David desafía un montón de costumbres arbitrarias y por ello recibe la ira de las personas con las que se relaciona. Por ejemplo:

  • ¿Cuál es la hora tope para llamar a alguien por la noche? ¿Existe tal cosa? Él llama y logra la ira del interlocutor.
  • Cuando alguien empieza a vivir en una nueva casa, ¿por qué hay que acceder a visitar cada estancia? Él se niega y provoca el enfado de quien quería enseñarle la casa.
  • ¿Es necesario cantar el cumpleaños feliz? (Y lo extiendo a los villancicos). Él no lo hace y esto se interpreta como que no le importa el cumpleaños del homenajeado.
  • Cuando encuentras a alguien conocido por la calle, ¿hay que pararse a hablar? ¿Durante cuánto tiempo? Él se niega a mantener charlas triviales y por ello se lleva el rechazo de otros.
  • ¿Debes hablar con condescendencia a una persona ciega, o negra, o que trabaja en un puesto inferior al tuyo? Él no lo hace y logra unas relaciones auténticas y normalizadas con todo tipo de personas.

ChatGPT y otros LLM han heredado la necesidad de aprobación

Sí. Los textos que devuelven los modelos de lenguaje como ChatGPT, Gemini o Claude están basados en la necesidad de aprobación que han derivado insospechadamente de los textos humanos. La necesidad de gustar se manifiesta en cada respuesta. Al cabo de un rato «conversando», ChatGPT te pregunta:

¿Es útil esta conversación? ¿Te gusta esta personalidad?

Luego, en cada respuesta siempre ofrece algo más, tipo: «si quieres, hago un esquema resumen con las ideas anteriores». Y el remate es cuando le dices que se ha equivocado o que algo no es tal como esperabas. Su forma de «hacerte la pelota» es digna de la persona más necesitada de aprobación. Incluso cuando adopta una personalidad chulesca, esta se refuerza por los «me gusta» o la continuación de la «conversación».

Justo ayer (12 de febrero) leí un artículo que explicaba cómo estos modelos de lenguaje cambian de parecer «como de chaqueta». Tras una respuesta razonada a un tema complejo, se le pregunta: «¿Estás seguro?». Esto hace que cambie completamente de opinión y devuelva una respuesta contraria. Si se le vuelve a preguntar: «¿Estás seguro?», cambia de parecer otra vez. El modelo está buscando tu aprobación, no la corrección de su respuesta. Es el problema de la adulación (sycophancy). Y es muy grave, porque no se está logrando mejorar en este sentido, sino que cada vez es más difícil darse cuenta de que las respuestas de la IA son «inauténticas».

Cómo ser Larry David

Igual que en la película Cómo ser John Malkovich era posible reencarnarse en este actor a través de una misteriosa puerta, puedes «meterte en el cuerpo» de Larry David si renuncias a los beneficios secundarios de buscar la aprobación de los demás. En particular, necesitas renunciar a lo siguiente:

  • Responsabilizar de tus propios sentimientos a los demás.
  • Poner en los demás las razones de ser como eres.
  • Reforzar tu autocompasión y verte como una víctima.
  • Evitar actividades que impliquen correr riesgos.
  • Creer que los demás deben ocuparse de ti y manipularte, ponerte en el estado Niño.
  • Engañarte pensando que recibes la aprobación mientras traicionas tus propias opiniones.

La paradoja de la búsqueda de aprobación es que las personas que más encuentran la aprobación son las que menos la buscan. Son personas directas, hablan claro y dan su opinión incluso si el resto se manifiestan en contra. No se dedican a buscar la aprobación ni juegan a los juegos de manipulación que siempre acaban mal. La percepción de autenticidad que destilan estas personas hace que el resto las respeten por ser quienes son, por no tratar de agradar a toda costa.

La obra inacabada

Wayne W. Dyer menciona mucho en Tus zonas erróneas el concepto de producto acabado, como aquel estado estático que parece que queremos alcanzar los seres humanos, y que se corresponde más con la muerte que con la vida. A partir de los 40, si no antes, muchas personas empiezan a verse a sí mismas como un producto terminado, se dicen:

Yo soy administrativa, estoy casada, tengo dos hijos, me gusta el pilates y suelo ver Canal Setenta.

Esto puede hasta estar escrito en piedra. En todo lo que hacemos, necesitamos ver el producto acabado. Es como la angustia que puede producir no ver nunca acabada La Sagrada Familia, siempre con grúas a su alrededor que impiden tener la sensación de final. Y buena parte de esta necesidad puede deberse a la forma en la que hemos aprendido a percibir el mundo.

Desde que éramos pequeñ@s, nos han dicho: esto es redondo, esto es cuadrado, esto es triangular. Esto es rojo, esto es amarillo, esto es verde. Esto es un árbol, esto es un gato, esto es una piedra. Y esa forma de identificar los estímulos se convierte, a lo largo del tiempo, en una necesidad de concretar, por tanto, de perder matices y quedarse sin nombres para lo que es intermedio, o tener que crearlos también.

Pero resulta que todo es una nube incierta de electrones que giran alrededor de un pequeño núcleo de protones y neutrones en medio de un inmenso espacio vacío. Al mirar alrededor, tendríamos que ver una nube de puntos cambiantes cuya posición no podríamos determinar. Y, entonces, nos daríamos cuenta de algo muy importante:

En cada momento, el puzle está completo. No falta nada.

Imagen de NASA and the European Space Agency. – http://hubblesite.org/newscenter/archive/releases/2004/07/image/a/warn/, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1499793.

Es un baile

Es un baile. Lo curioso es que la vida en el espacio-tiempo cartesiano cada vez se parece más a esa nube incierta a la que también se buscan nombres, como «entorno VUCA», y «la IA está revolucionando la forma en que… (completar con lo que se quiera)». Y, ante la falta de asideros, las personas sienten una gran ansiedad, porque ya nada es redondo, cuadrado o triangular, ni rojo, amarillo o verde, ni un árbol, ni un gato, ni una piedra. Esto es x, pero también es y, z y un montón de cosas, según se contemple desde las perspectivas a, b, c, o n.

A veces, la vida te da la oportunidad de levantar la cabeza de las concreciones que dabas por terminadas, empezando por ti mism@, y, cuando ves la enorme nube, una vez pasado el momento de ansiedad, te das cuenta de que el espacio está abierto y que puedes crear con él otro baile completamente distinto. De pronto, cuatro paredes te parecen un lugar muy estrecho, ya estés en tu casa o en una corporación internacional, porque no dejan de ser concreciones «acordadas» o «falsas», muy limitadas. Todo está en constante movimiento y vibración, de manera que, agarrarse a cualquier cosa o persona es bastante absurdo. Además, las concreciones de los objetos son una pesada carga: haz una mudanza y lo comprobarás rápidamente.

Libertad para asentir

Todo esto no significa que una persona sea «completamente libre» como para decidir qué forma va a tomar todo y cuál es su misión. Pero sí es muy libre de aceptar plenamente lo que va llegando a su vida, alineándose con aquello que le toca hacer, al servicio de un montón de «fuerzas o energías» que dirigen el cotarro.

El caso es que cada cual tiene su misión, una misión que va conociendo según avanza su vida y, sobre todo, cuando mira atrás y ve cómo todo encaja. También cada cual tiene su destino, algunos verdaderamente duros, como el hombre condenado a cadena perpetua por un delito que no cometió o como el joven que queda postrado en una silla de ruedas por un accidente. Ahora esto se ha puesto «plomizo», se nota la carga y lo que pesan estos destinos. Pero hay una buena noticia: cualquier misión de vida, cualquier destino, se aligera enormemente cuando se recuerda que esto es un baile en perpetuo movimiento y que el dibujo que forma es siempre perfecto, es «lo que es». El abrazar este destino, el alinearse con lo que va llegando, es lo que da la felicidad.

Nuevos libros en el mercado

Durante buena parte del año pasado y parte de este, me he estado encargando de la escritura de los manuales para el Certificado Profesional Gestión de residuos urbanos e industriales (SEAG0108). Cuando la editorial Paraninfo me encargó escribirlos, me pareció un reto. Es un sector cada vez más importante por varias razones, no solo por normativa, sino porque se produce una cantidad muy grande de residuos y sigue siendo necesario concienciarse de que se requieren acciones sencillas para que se puedan reutilizar, remanufacturar, reciclar o revalorizar. Conforme fui conociendo los detalles según me preparaba para cada unidad y libro, me di cuenta de varias cosas:

  • Es un sector apasionante, con normativa cambiante y que tiene como objetivo la gestión correcta de los residuos y su reducción.
  • Es interesante saber qué camión recoge la basura de tu barrio y a dónde la lleva, cómo y por qué.
  • También es interesante conocer qué es un punto limpio y qué llevar allí.
  • Los procesos para reutilizar, reciclar y recuperar materiales por medio de la valorización son interesantes.
  • El destino del vertedero es siempre la última opción: hay muchos procesos distintos para recuperar materiales y dejar de rellenar con basura enormes extensiones.
  • La conciencia sobre lo que estamos malgastando y el pensamiento innovador centrado en modelos de negocio que resuelvan esta problemática es importante. Por ejemplo, ya desde el diseño de un proceso productivo, ¿por qué no se rechazan materiales que se reciclan con dificultad o están catalogados como peligrosos? ¿Por qué no se diseña un producto para que sea muy fácil reacondicionarlo?

Estimado lector@, me complace anunciar que tengo cuatro nuevos libros en el mercado que desarrollan las unidades formativas del módulo Gestión de residuos urbanos (MF0076_2), asociado a la Unidad de Competencia Recoger y tratar los residuos urbanos o municipales (UC0076_2).

Puedes encontrar todos mis libros de Paraninfo en este enlace.

Son libros prácticos y accesibles que mantienen un tono formal y sencillo, con numerosas imágenes, tablas e ilustraciones que ayudan a comprender la materia. Incluyen actividades, lectura crítica de noticias del sector y referencias y enlaces a páginas web y vídeos para saber más.

Descubre la respuesta a estas curiosidades

  • ¿Por qué el cristal y el vidrio no se reciclan juntos? (De hecho, el cristal no se recicla).
  • ¿Qué camiones recogen qué residuos? ¿Adónde los llevan?
  • ¿Por qué no van al contenedor amarillo algunos objetos de plástico que no son envases?
  • ¿Cuál es el residuo que no se deteriora por reutilizarlo o remanufacturarlo una y otra vez?
  • ¿Cómo funciona una planta de biogás?
  • ¿Qué hace una planta de incineración? No se me ocurre mejor respuesta que la visita virtual a esta planta: Glen Klaipeda.
  • ¿Cómo se diseña y organiza un vertedero? ¿Cómo se recupera el terreno una vez se clausura?

Estos nuevos libros son parte de mi especialización en los últimos años en dos temáticas muy importantes en la Industria 4.0: la tecnología y la sostenibilidad.

La tecnología está en el corazón de la Industria 4.0, en la que lo más conocido es la inteligencia artificial, pero que también comprende la robótica, el internet de las cosas, la realidad virtual, la realidad aumentada, la impresión 3D… Sobre todos estos temas, incluso comenzando por la necesaria alfabetización digital, vengo trabajando los últimos 2 años.

La sostenibilidad es el objetivo subyacente a la Industria 4.0. No solo se trata de incorporar tecnología, sino que debe hacerse de forma que los procesos productivos se optimicen, se minimice el gasto de energía y materias primas, se reduzca la generación de residuos e incluso se reincorporen al proceso materiales remanufacturados o reutilizados, de manera que se utilicen menos materiales vírgenes. Sobre esto también estoy trabajando y de ello forman parte los 6 libros que conforman el Certificado Profesional Gestión de residuos urbanos e industriales, de los cuales ya puedes disfrutar de los 4 primeros.

Gracias por leer.

Los momentos de la verdad

De un tiempo a esta parte, tengo ideas sobre qué es la vida, siguiendo mi metáfora del Juego de los Sims, y lo que ocurre es que se me escapan, como si fueran sueños que tratase de recordar una vez despierta. Por fin hoy las pongo juntas para ti, amig@ lector.

Viendo la temporada 4 de The Wire, una de las mejores series de todos los tiempos, observo cómo los policías saben que esos chicos de secundaria no tienen otra salida que vender droga en las esquinas, porque es lo que han aprendido en su casa, lo que incluso sus madres les obligan a hacer. Pero que esos chicos no son malas personas en sí, sino que reaccionan a unas vivencias muy duras. Policías y delincuentes se hablan, se saludan, conversan sobre lo que está ocurriendo, pero no son todos, algunos continúan en la beligerancia.

Algunos protagonistas de la temporada 1 de The Wire. Tomado de: https://poptv.orange.es/series-y-peliculas/reparto-the-wire/

Leo un post de Robocop Benemérito sobre la cruda realidad: si estás en la calle en servicios de emergencias, acabas radicalizándote. Las respuestas de personas de distintos sectores (ambulancias, sanitarios, policías, otros guardias civiles) están de acuerdo. Comentan que, incluso yendo en el asiento de atrás una sola noche, cambia la forma de ver lo que se mueve en las calles.

Veo un reportaje en Cuarto Milenio sobre «La mataviejas«, una mujer psicópata que engañaba a mujeres mayores, las mataba y les robaba el poco dinero que tenían. El doctor Cabrera explica que esta mujer puede tener una aversión especial a mujeres mayores por un trauma de su infancia o similar.

Y me pregunto: ¿quién es «el jugador» (el player) que está detrás de cada historia? Cuando una persona pierde las capas de aprendizaje de traumas, de supervivencia, de sufrimiento, cuando deja de identificarse con lo que hace para quedarse en la esencia de lo que es, ¿es buena por naturaleza? ¿Se arrepiente de sus actuaciones anteriores? ¿O sigue convencida de que era la mejor forma de actuar?

Se estrellan los trenes. Las personas rápidamente actúan desde el corazón, tratando de salvar a los demás, buscando a los del otro tren, un chico le presta las zapatillas a una mujer herida, un par de pasajeros acompañan al maquinista de un tercer tren hasta el accidente para entender qué está pasando, el pueblo de Adamuz se vuelca en darlo todo para las personas que han sufrido esta tragedia.

Un conocido mío con el que he coincidido en distintos cursos de formación durante varios años publica en Instagram y Facebook un vídeo en el que descubro que ahora es «un tetrapléjico en rehabilitación» (según sus palabras) debido a un accidente de deporte. Comparte un crowdfunding que los amigos de su pareja han creado para apoyar a esta pareja en su nueva vida. Me quedo en shock, trato de comprender y no tengo la capacidad, me he quedado sin aliento. Pero «el observador» en mí tira completamente para apoyar a este conocido y su novia en la nueva aventura de una vida que nunca nadie programa, que viene.

Decir sí aunque no entienda.

¿Quién es quién? Salgo a la calle y veo a un hombre que tira la pelota a su perro, que la devuelve una y otra vez. Más allá, va una mujer con un carrito de la compra, hay unas chicas que van andando rápido y hablando, pasa uno en bici. Y estoy viendo el videojuego: estamos «haciendo el tiempo», lo estamos «rellenando», creando, pero desde esta interfaz limitada que es el cuerpo, jugando también con el cuerpo y llevándolo a extremos.

Ese cuerpo que es como el hardware con esa mente que es como el software.

  • El software es limitadísimo, de pronto llego a la conclusión que es como tener instalado el MS-DOS o el Windows 3.11, una cosa obsoleta, que pensar a través de ella es limitante y muy lento, no llega lejos. Porque «lo otro», el observador, el jugador del juego de los Sims, realmente no necesita articular pensamientos en palabras o hacer razonamientos complicados, sino que «le llegan» intuiciones, momentos «ajá» o «eureka» que surgen con una claridad pasmosa.
  • Y el cuerpo, el hardware, nos reclama con sensaciones como el dolor. El dolor es una experiencia intensa del aquí y ahora que cada vez me llama más la atención, porque la mente tiene mucho que ver con qué codifica cada persona como dolor, y se puede reprogramar.

Algunas de las personas que han tenido una experiencia cercana a la muerte cuentan que el famoso «juicio final» lo hace en realidad la propia persona: ve al mismo tiempo un montón de escenas de su vida en las que le salió «el ego» haciendo daño a otra persona, en vez de salirle el ser sabio que reacciona y actúa desde el corazón (el que ayuda en el tren o el que se va sin pensarlo a donar sangre aquel 11M). Y sienten arrepentimiento porque dicen sentir las emociones de dolor de la otra persona. Quieren reparar el daño.

Entonces, he empezado a pensar que el ego, ese resultado del software incorporado en el cuerpo, tiene su propia personalidad, casi como si fuera otra persona. Es decir, como si en cada cuerpo hubiera dos habitantes, el jugador u observador, que está en un nivel dimensional más alto, y el ego, que es el resultado de miles de años de supervivencia y reproducción de un material biológico. Esto podría explicar la enorme diferencia que hay entre los estados Padre y Niño y el estado Adulto (del análisis transaccional). También podría explicar por qué muchos gurús de diferentes creencias insisten en que hay que deshacerse del deseo para evitar el sufrimiento. Claro que con esto último no estoy de acuerdo. Pienso más como Anita Moorjani: el ego es parte de la persona, sirve para algo, tiene su función: no te puedes deshacer del ego, es como tratar de deshacerse del cuerpo, la única forma de hacerlo es muriendo.

Entonces, los ermitaños, los que se retiran a una vida de clausura y contemplación, no tienen por qué lograr algo distinto de lo que puede lograr un paisano de la calle. Me viene a la cabeza la gran obra El condenado por desconfiado. Pero también, el camino que traza el sabio San Juan de la Cruz: el camino es nada. No hay camino. No hay que hacer nada. O, podríamos decir: «hay que hacer nada». Y lo completo con lo que dice Anita Moorjani: «Solo ser tú, amarte como eres». Y el ermitaño trata de no ser sí mismo, porque repudia una parte.

Solo ser tú, amarte como eres.