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No quiero puré de verduras

Para entender el sentido de este post, sustituye puré de verduras por la comida que más odies, puede ser brócoli, lentejas, filete de hígado, sesos, merluza…

Es esa comida que tu madre te ponía encima de la mesa a la hora de comer y tú te negabas a tomar, luego te la ponía a la hora de cenar y también te negabas a tomar hasta que no quedaba más remedio. También es esa comida que tú a tu vez pones a tus hij@s a la hora de comer y se la vuelves a poner a la hora de cenar, hasta que al final tienes que acceder y ponerles otra cosa.

Y, a lo que vamos, es esa comida que ahora tú le pones a tus padres ya mayores a la hora de comer, a la hora de cenar y, si no se la toman, tienes que claudicar y cambiarla por otra cosa.

¿Puedes obligar a alguien a comer algo que no le gusta? Imagínate que esto se produce en un entorno de institucionalización, es decir, dentro de una residencia o de un hospital.

De pronto, podemos evocar imágenes de películas como Alguien voló sobre el nido del cuco, o El balneario de Battle Creek. Ese tipo de películas en las que una persona es obligada a tener ciertas conductas pasando por encima de su criterio adulto y autónomo.

El valle de lágrimas

Cuando elaboré toda mi metáfora del juego de los Sims, nunca pensé que tendría que enfrentarme a su lado más oscuro. Al fin y al cabo, cuando alguien juega a un juego, es para divertirse. Así que mi metáfora se queda corta o no funciona cuando el juego se convierte en algo sumamente desagradable por tiempo indefinido o hasta la muerte. En particular, algo que no puedo comprender es el dolor físico, pero tampoco la consciencia del sufrimiento, de estar limitado, de no poder valerse por uno mismo/a.

Quizá la vida sea algo parecido a la física cuántica: cuando crees que la entiendes, es que no entiendes nada.

¿Por qué? ¿Porque, Señor, por qué me haces esto y no me dejas ir? Cuál es el sentido de este sufrimiento, Señor? ¡Las calderas de Pedro Botero!

Esto gritaba una compañera de habitación cuando estuve ingresada. Era una mujer muy mayor, llamémosla Ana María, que había sido autónoma hasta que empezó con el Parkinson, que fue avanzando poco a poco hasta el punto de que llegó a estar en un grado de dependencia 3, que es el máximo. Este grado se otorga cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades básicas de la vida diaria varias veces al día y, por su pérdida total de autonomía física, mental, intelectual y/o sensorial, necesita el apoyo indispensable y continuo de otra persona o tiene necesidades de apoyo generalizado para su autonomía personal.

En la práctica, Ana María no podía moverse de la postura en que la dejaran y no se sostenía sentada, no podía comer por sí misma, ni ir al baño. Pero era plenamente consciente.

Esta pudo ser la cama donde yacía Ana María en el hospital.

En las corrientes místicas se dice que no debemos preguntar a dios sobre el cómo o el porqué. Justo son las preguntas que más nos apetece hacer.

¿Cuál es el motivo por el que esta mujer estaba sufriendo semejante tormento? Si esto es una especie de videojuego, ¿por qué tenemos que salir o entrar del con tanto dolor? ¿Por qué algunas personas se pasan años en la cárcel o son ejecutadas por un delito que no han cometido?

Yo tuve la ocasión de mirar a Ana María a los ojos y conseguir que me mirase cuando me acerqué a darle un poco de agua. Y vi la luz de su alma, del yo observador, que estaba dentro de ella atrapado en un cuerpo que no podía moverse. Su mirada era inteligente, aguda, amable… muy consciente. Sentí una conexión intensa, un momento de la verdad, desnudo de palabras.

Respuestas al límite de la vida

Algunas personas que han tenido una experiencia cercana a la muerte, como Anita Moorjani, encuentran sentido a su enfermedad previa, la que les ha conducido a pisar el otro lado, mientras que otras no llegan a descubrir la razón, por ejemplo, el neurocirujano Eben Alexander, cuya experiencia cercana a la muerte es excepcional porque no recordaba a nada de sí mismo ni de sus familiares.

Cuando Eben Alexander se recuperó por completo, buscó formas de revivir su experiencia y, como ya hemos comentado en alguna ocasión en este blog, lo más parecido era el estado de consciencia que se alcanza al escuchar sonidos binaurales con auriculares. En el siguiente vídeo, puedes escuchar estos sonidos:

De esta manera, Eben podía experimentar una serie de viajes y de situaciones similares o cercanas, pero nunca con la intensidad de la experiencia que él tuvo, que es de las más ricas que he leído (en su libro La prueba del cielo). Este neurocirujano se recuperó totalmente de una encefalitis muy grave debido a que la bacteria E. Coli se coló en su cerebro. Esta recuperación es inexplicable desde el punto de vista de la ciencia.

Quizá no nos es dado conocer los motivos de lo que nos va ocurriendo, solamente nos es permitido aceptarlo o rechazarlo. Esto para la mente, y más en el siglo XXI, es un ejercicio bastante difícil.

El puré de verdura

Volvamos al puré de verdura. Ana María no quería comer puré de verdura por una razón muy sencilla: era el único aspecto de su vida actual que podía controlar. Claro que ella había obligado a sus hijo a comerlo, al igual que le habían obligado a ella de pequeña. Pero ahora, totalmente incapaz de valerse por sí misma, solo tenía la potestad de decir: «No quiero puré de verdura y no lo voy a comer».

Y de la misma manera, por eso nuestros mayores ven programas horrorosos en la tele y no van a hacer otra cosa. Es muy fácil decir que la tele es poco motivadora, que te posiciona en una actitud pasiva, que no estimula tu desarrollo cognitivo, ni tampoco te ayuda a hacer ejercicio, precisamente. Pero ¿qué haces tú cuando llegas a casa agotado y sin ganas de nada? Pues ellos llegaron al final de su vida de esa misma manera. Y solo les queda una cosa fácilmente controlable sin esfuerzo: el mando de la tele.

A burro regalado

A burro regalado no le mires el diente. Ese es el refrán con su significado: https://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=58047&Lng=0

Y este refrán se utiliza para explicar que si la cabalgadura es regalada no debe comprobarse el estado del animal (edad y salud).

De la misma manera, cuando recibimos un regalo, se espera que lo aceptemos sin reservas, de forma incondicional, sin poner pegas a sus detalles, puesto que es eso: un regalo.

Me gustaría que se detectara la diferencia entre lo que os voy a contar en este post y las tazas de Mr Wonderful. Voy a hablaros de regalos de la vida, pero no son chorradas positivistas, es una forma de vivir desde la aceptación.

El burro regalado va más allá de regalos que nos dan las personas, es lo que recibimos cada día desde que nos despertamos, de forma constante y de las maneras más insospechadas. Lo que pasa es que es más fácil detectar que has recibido un regalo cuando es agradable, como por ejemplo:

  • Ver amanecer
  • Desayunar en una cafetería
  • Pasar al lado de unas flores en un parque
  • Que alguien en el trabajo te agradezca a tu labor
  • Encontrar lo que necesitas en tu supermercado
  • Ver a tus compañeras en la clase de zumba

Lo que vamos recibiendo muchas veces lo damos por hecho y no nos paramos a pensar que no tiene por qué ser así, que la vida no es justa y que podrías no recibir nada de ello. Nada de ello. No des nada por hecho porque no está escrito en ninguna parte que te correspondan estos regalos.

Ver amanecer es un regalo.

El regalo que parece algo malo

Lo que no te mata, te hace más fuerte. Pues todo lo que no te mata son regalos.

Esto es algo que descubrí la primera vez que estuve ingresada en un hospital, hace veinte años. Me di cuenta de que poder dejar de trabajar y pararme era en sí mismo un regalo, muy necesitado en ese momento de máximo estrés.

Lo que ocurre es que, cuando nos llega algo que nosotros valoramos como negativo, no podemos deducir que sea un regalo. Es más, si acaso encontramos algo positivo, es en otras consecuencias que pueda tener un acontecimiento, como en el refrán de «no hay mal que por bien no venga». Buscamos consecuencias positivas de un fenómeno negativo.

Va en la línea del cuento sufí «¿Buena suerte o mala suerte?», en el que a una persona le empiezan a pasar cosas que pueden ser buenas o malas dependiendo de consecuencias posteriores y sobre todo de cómo se viven.

Podéis ver la narración del cuento en el siguiente vídeo:

Vivir con intensidad un regalo de los negativos conlleva ponerse en un plano superior al del día a día, en el que algo te fastidia o te molesta porque no es de tu agrado. Supone humildad y una aceptación plena de lo que te llega y, esto que te llega, contiene semillas positivas y negativas, sin prejuzgarlas desde un punto de vista estrecho. Desde un punto de vista más amplio no hay juicios de valor, como dice el cuento, solo Alá sabe.

Los regalos negativos son, entre otros:

  • Un accidente
  • La ruina, perder el trabajo y similares
  • Una enfermedad seria
  • Una segunda enfermedad cuando ya tienes otra
  • Las personas difíciles de tu vida: las personas difíciles te muestran lo que necesitas saber de ti, tanto aquello tuyo que rechazas como aquello que te gustaría tener y no tienes.

¿Qué hacemos ante cualquier regalo? Eso es: dar las gracias. Las gracias abren la puerta a recibir realmente las bondades de los regalos, los positivos y los negativos.

Y hablando de regalos de la vida, dedico esta entrada a mis dos nuevas suscriptoras, Begoña hija (recuerdos a tu madre) y Mari Carmen. Gracias por vuestra compañía en estos días.

La rendición activa

Podríamos escribir ríos de tinta sobre qué determina que un suceso o una situación sea positivo o negativo. Porque, probablemente, casi todo lo que se nos ocurra será positivo y negativo a la vez, según la perspectiva desde la que se enfoque. Puede que lo único «positivo» de un suceso terrible sea «aprender sobre él».

Vayamos a situaciones personales como esta que estoy viviendo y que espero sirva a los lector@s de este blog para sus vidas. Una situación de empeoramiento de la calidad de vida y de la autonomía debida a la enfermedad.

Ante una circunstancia negativa que se prolonga, existen cuatro formas de reaccionar:

  • Luchando contra la circunstancia negativa.
  • Resignándose a vivir con la circunstancia negativa, de forma pasiva.
  • Ignorando la circunstancia negativa y haciendo como si no existiera.
  • Rindiéndose ante la circunstancia negativa, de forma activa.

La que está de moda es la primera, la lucha: todo es lucha. Está muy bien vista y tiene su emoticono del brazo doblado, sacando músculo y cerrando el puño. Es la que he descrito al contaros que sigo yendo a clase de zumba. Es la que sale en las películas y la que sirve de ilustración en los cursos de Tony Robins: las historias de superación. Es la que, sin ánimo de molestar, sino buscando motivar, te relatan distintas personas, sobre aquel deportista paralímpico al que le faltan extremidades y, aun así, es capaz de lograr x, y, z.

Las dos siguientes son denostadas y consideradas lo opuesto a la lucha. Resignarse es el resultado de la indefensión aprendida, la persona se percibe a sí misma como incapaz de hacer nada ante la circunstancia, que vive como totalmente externa. Se encoge de hombros, baja la cabeza, se conforma, se lo traga, con mansedumbre. La circunstancia hunde a la persona, porque la vive desde su estado de Niño sumiso, el cual no tiene recursos.

Hacer como si la situación adversa no existiese también proviene del estado de Niño, es una especie de juego de percepción, el cucú-trastrás, ni lo ves, ni lo verás (si no miras, no ves y, a veces, mirar es muy duro).

La última opción es muy interesante y merece la pena desarrollarla para que no se confunda con la resignación.

Rendirse ante la circunstancia negativa, de forma activa

La vida te presenta estas circunstancias extraordinarias, a veces sin previo aviso. Te puede fulminar con ellas, tipo dios bíblico, con lo que es en extremo difícil no reaccionar desde la lucha, desde el victimismo o desde la evasión. Pero resulta que cada persona tiene una libertad que se antoja extraña: decir sí. Decir sí lo primero, reconociendo lo que es, no lo que se querría que fuera. Esto es fundamental. ¿Quién, ante un semáforo en rojo, se dedica a decir «no, está en verde»? ¿No parece puro sentido común empezar por decir sí?

Una vez se ha dicho sí, la persona debe «rendirse de forma activa». Se le ha presentado una situación dura y es lo que toca, es lo que hay que mirar y aceptar de forma plena. Solo así se puede luego actuar, entrar en la acción que requiere la situación. Y esa acción puede ser «hacer nada», viviendo plenamente la circunstancia. Y esta rendición activa se pone a prueba cuando una persona siente un dolor insoportable (no es mi caso).

¿Por qué esto no es resignación? Porque se da la aceptación de lo que es. La persona que se resigna no acepta, sino que traga con la situación. El sí y la aceptación son actuaciones desde el estado Adulto del yo, plenamente presente, consciente, con las riendas en la mano. Este Adulto claro que va a aceptar los tratamientos disponibles, las ayudas y apoyos que alivien sus síntomas. A diferencia del que «lucha», va a contemplar la posibilidad de incorporar en su vida productos de apoyo, ayuda externa. Porque está mirando a los ojos a la situación, con templanza.

En palabras de Bert Hellinger: «A través de las pérdidas, los errores, las decepciones y también de los encuentros verdaderos, uno empieza a entender que lo más valioso no es tener razón ni aparentar fortaleza, sino aprender a mirar con más compasión, a perdonar y a quedarse con lo esencial. Al final, después de todo lo vivido, lo que realmente permanece es la capacidad de amar y de dejarse tocar profundamente por la vida».

Si abres un libro de filosofía oriental, te vas a encontrar esta forma de vivir la vida desde la primera página. Es la actitud «yin» frente a la actitud «yang» de la lucha. En el Tao te ching, de Lao Tse, leemos en distintos poemas:

(…) el sabio, situándose detrás,
se coloca delante.
Desprendiéndose de su yo,
su yo se conserva.
¿No es acaso porque renuncia a su individualidad
por lo que su individualidad se realiza?

(…) el buen guerrero se adapta a las situaciones
y no intenta conquistar nada por la fuerza.

Es el no hacer haciendo, que tiene un eco especial en las situaciones extraordinarias.

El papel de la ayuda

La ayuda es algo muy delicado. Cuando una persona se encuentra en una situación propia del santo Job, quienes están a su alrededor van a tratar de ayudar, de corazón. Pero, a veces, la ayuda lo que trata es de «salvar» a la persona, evitándole el dolor y reduciendo su autonomía. En otras palabras, puede producirse una «intervención», un mangoneo, un tratar de tomar el control. Veamos cómo reacciona cada perfil a la ayuda.

El que lucha contra la circunstancia negativa no va a pedir mucha ayuda, porque está luchando y se siente grande. Va a aceptar cierta cantidad de ayuda siempre que no se limite su autonomía. Todavía está en la creencia de que debe seguir haciendo lo mismo (al precio que sea), de que debe sobreadaptarse, lograr todo, casi como si no se encontrase en esa circunstancia.

El que se resigna a vivir con la circunstancia negativa de forma pasiva tiene las papeletas de ir a peor. Desde la posición de víctima, va a tomar «ayuda de más», que le limita y le mantiene en ese estado de necesidad. Al tomar la circunstancia de forma pasiva, se deja caer en brazos de personas que van de salvadoras. Y estar en brazos de otra persona es, por momentos, confortable y agradable. Lo que pasa es que no permite la acción adulta. La persona debe renunciar a los beneficios secundarios de ser salvada si quiere salir adelante.

El que ignora la circunstancia negativa y hace como si no existiera, tampoco se va a abrir a pedir o aceptar ayuda. ¿Ayuda para qué, si a mí no me pasa nada? Esta fantasía acabará cayendo, como una venda en los ojos, quizá tarde, o cuando la vida recrudezca la situación para que la persona la mire con valentía.

El que se rinde ante la circunstancia negativa, de forma activa, aceptará la ayuda justa. No permitirá que las personas que van de salvadoras se entrometan, porque eso atenta contra su cualidad de Adulto, pero, igual que se rinde a la circunstancia extraordinaria, se rendirá también ante la necesidad de ayudas y apoyos.

El humor, el terror y la catarsis

Una forma de digerir las circunstancias extraordinarias es utilizando el humor. Igual que todo lo humano, ese humor puede ser Adulto, aligerando el peso de lo que se vive y quitando hierro al asunto, o puede ser «la risa del ahorcado«, en la que la persona bromea sobre «su muerte» cada vez que repite una conducta de guion que el resto aplaude, fuerza, o trata de evitar desde el salvador.

Generada por Gemini a partir del texto. Le parece que todos son zombis, y que el cuerpo escombro es tener sobrepeso.

Centrándome en la circunstancia que estoy viviendo, reflexiono sobre el terror. La historia que me viene a la mente es la de La mosca, en la que, según explica la sinopsis de Filmaffinity: «Un científico se utiliza a sí mismo como cobaya en la realización de un complejo experimento de teletransportación. La prueba es un éxito, pero empieza a sufrir unos extraños cambios en su cuerpo». Descubre al poco que una mosca se introdujo dentro de la cápsula donde realizó el experimento. Se está convirtiendo en mosca y está perdiendo el control de su cuerpo. Y esto produce terror. También evoco las historias de zombis que andan lento (ya sabéis que los zombis pueden andar muy lento o muy rápido, y ambas cosas dan miedo). Cuando voy por la calle, yo soy la zombi que anda lento, veo esas miradas, lo dicen todo. Es un estudio digno de realizar.

La catarsis aristotélica se produce cuando se plasman tanto el humor como el terror en una obra representada, que permite a los espectadores «liberar los humos» al verse reflejados en acciones fuera de sí mismos. Yo he escuchado a El Langui en una entrevista afirmar que no le permitían reírse de sus propios males, de sí mismo, creo recordar que era sobre la película Cuerpo escombro. Quizá esto habría facilitado a otras personas desdramatizar su situación.

Vicente Aleixandre, desde su cama

Quien hace, vive, y no por estar «lisiado, tullido o loco» hay excusa para no hacer. A raíz de la emisión en La 2 del documental de Imprescindibles Velintonia, 3, sobre Vicente Aleixandre, recupero la olvidada costumbre de leer alta poesía, esta poesía de la generación del 27, para mí, no superada por autores posteriores.

Yo había determinado en algún momento que Aleixandre era mi poeta preferido. De colecciones que regalan los periódicos había leído una muestra de su obra en unos libros muy finitos y de edición modesta. Ahora, al volver, tengo que recordar que leer poesía requiere habilidades distintas a cualquier otra lectura. La poesía se lee una vez, en la que el intelecto hace el esfuerzo de juntar palabras que no suelen ir juntas, de adivinar significados en su multiplicidad. Y luego se lee varias otras veces, dejando que las imágenes se creen en la mente, que el alma acceda a lugares recónditos donde estas imágenes y las sensaciones que evocan son posibles.

Mis libros de Aleixandre. El de la izquierda, con un grosor de 4 mm y un total de 64 páginas, contiene una selecta antología.

Salud frágil, alma fuerte

Aleixandre escribía en la cama. Tenía una rutina férrea que combinaba tres elementos: soledad, reuniones de intelectuales y la escritura. A esta última la atendía en su lecho, como él mismo explicaba en el documental. Había llegado a la conclusión de que tenía que escribir así. Cuesta combinar este conocimiento de la salud frágil del Premio Nobel con la fuerza de sus versos:

Ven, ven, ven como el carbón extinto oscuro que encierra una muerte;
ven como la noche ciega que me acerca su rostro;
ven como los dos labios marcados por el rojo,
por esa línea larga que funde los metales.

Estos versos son del poema Ven siempre, ven, de La destrucción o el amor.

O, por ejemplo, estos:

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Son del poema Se querían, de La destrucción o el amor.

Paremos un momento para deleitarnos con la fuerza y la pasión de las imágenes que transmiten estos versos. Por ejemplo, «el carbón extinto oscuro que encierra una muerte» ¿qué te evoca? ¿Qué visualizas al leer esto? ¿Qué es «venir como el carbón extinto oscuro»? La pluralidad de significados se concreta en cada lector de forma distinta. Y, cada vez que el mismo lector vuelve a un verso, este verso le entrega otro mensaje. Así que Aleixandre puede estar contento, pues su deseo de trascender, mismo que sentía Francisco Brines, se ha cumplido.

En la estrofa del segundo poema, me detuve largo tiempo. El mar altísimo y joven. El mar como una intimidad extensa: en solo dos palabras se contiene la inmensidad del mar junto con su intimidad, su cualidad misteriosa, de secreto. Esa soledad de lo vivo, donde cada ser parece estar incomunicado del resto. Ese horizonte remoto, no puede estar más lejos, pero los amantes íntimos, como horizontes remotos, están ligados y están cantando. Sensualidad, elegancia, pasión, potencia.

Con esta robustez de los elementos, juegos de luces, vida y muerte, contrasta la vida real del poeta, confinado en una casa, en una cama muchas de las horas, otras en un sillón. Los ojos del poeta se posan sobre paredes blancas, sobre un reloj de pie, pero están viendo el mar y el amante, evocando la juventud en Málaga como viendo en una pared los reflejos bailables de la luz del sol en el mar.

Para paliar la soledad, convive con su hermana, mantiene reuniones, escribe y recibe cartas, habla por teléfono. Las largas horas, casi indistinguibles, se concretan a veces en potentes imágenes, que dejan una sombra sobre la verticalidad de las estancias:

Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.
Colgada del imponente monte, apenas detenida
en tu vertical caída a las ondas azules,
pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,
intermedia en los aires, como si una mano dichosa
te hubiera retenido, un momento de gloria, antes de
hundirte para siempre en las olas amantes.

Es del poema Ciudad del paraíso, de Sombra del paraíso. Permítete detenerte en estos versos que se mueven como las olas del mar, estáticos.

Soledades que se acompañan

Un escritor percibe a otro escritor como un colega fuera del espacio y del tiempo. Para mí, ya lo sabréis los más asiduos, Galdós está vivo, pero también Brines, Aleixandre y muchos otros escritores y escritoras que despiertan cada vez que abres un libro suyo. También mantengo amistad con escritores vivos, de vez en cuando estamos en contacto, intercambiamos información sobre qué está haciendo cada cual, respetamos como a lo más sagrado la actividad creativa del otro. Somos como ese mar, soledades de lo vivo.

Se siente al escritor «frente a la hoja en blanco» en soledad: forzosamente, ha de ser así. La soledad y el silencio, o la soledad y el bullicio, la necesidad de suspender el pensamiento lógico y dejar que la mano reciba las coordenadas y las plasme. Sentir con el alma y convertir aquello que no puede decirse en palabras preñadas de significados, que juguetean cada vez con el escritor y con el lector. Unos escritores son más hábiles en esto que otros. Pero todos vivimos ese acto intimísimo de creación, incluso si lo que estamos escribiendo es un manual de formación reglada. Siempre hay momentos de inspiración, en los que, de pronto, una idea aparece como un rayo de luz y nos informa sobre algo que debemos recoger en nuestra obra.

Esta vez, además de la comunión inevitable entre escritores, sentí la afinidad «en la desgracia», en esa necesidad de vivir en cierto confinamiento, con cierto ritmo, el que permite la enfermedad, acoplándose a los espacios que esta define, porque es la que manda. Acaso no sea un regalo de la vida la perentoria necesidad de retirarse, de dedicarse a la contemplación. Surge una empatía especial y una valoración más profunda de la obra del autor que se sabe está enfermo, limitado y sin límites. Por eso, quizá, es tan importante el poema Quien hace, vive, que Aleixandre tomó como lema personal:

La memoria de un hombre está en sus besos.
Pero nunca es verdad memoria extinta.
Contar la vida por los besos dados
no es alegre. Pero más triste es darlos sin memoria.
Por lo que un hombre hizo cuenta el tiempo.
Hacer es vivir más, o haber vivido,
o ir a vivir. Quien muere vive, y dura.

Personas como Aleixandre, como Milton Erikson, o como Stephen Hawking nos recuerdan que, incluso en circunstancias muy adversas, es posible hacer, actuar, cualidades del Adulto en la persona. Hacer es vivir más.

Si quieres ver a Aleixandre hablando por sí mismo, te recomiendo el documental de Imprescindibles.

La campaña del Maestrazgo

En este episodio nacional de Galdós, cobra protagonismo el personaje estimable de don Beltrán de Urdaneta, del que ya os he hablado un par de veces. Este personaje es un señor de unos setenta años. Le ha gustado disfrutar de la vida y sigue queriendo hacerlo. Pero se está quedando ciego y se va sintiendo cansado de ir de un lado para otro. Que esté acercándose a la última costa no significa que no pueda estar sometido a las circunstancias del destino, del azar. Como decía Francisco Brines, somos hijos del azar: cuando llega, hay que agarrarlo, aunque nos aparte de un golpe.

El paso del tiempo, con la propia observación de un cuerpo que «el tiempo ha empezado a corroer», es doloroso cuando se atisba la muerte, el final, la otra cara de la moneda de la vida. Don Beltrán de Urdaneta se siente cercano a la muerte, por edad, pero cuando se ve apresado por un regimiento de facciosos (soldados carlistas) liderado por Cabrera, y es sometido a todo tipo de trabajos duros, se prepara aún más para este final: en cualquier momento puede ser fusilado por orden del general Cabrera, personaje histórico, apodado «el tigre del Maestrazgo».

La historia es dura: los liberales fusilan a la madre de Cabrera, María Griñó. Desde ese momento, Cabrera promete que la sangre de los liberales llenará los valles y subirá por las montañas. Y fusila a todo el que encuentra, sean mujeres, sean niños, o sean personas que pasaban por ahí, como el propio Urdaneta, que es capturado y llevado como preso a través de montes y valles, la mayor parte del tiempo a pie.

A pesar de su edad y su nobleza (el primer noble de Aragón), a Urdaneta le encargan talar árboles (con un hacha) para despejar una zona, o enterrar a los fusilados, a los que se desnudaba antes.

Terrible duelo y consternación produjo a don Beltrán la vista de los dieciséis cadáveres ya desnudos, rígidos en sus violentas contorsiones (…). Eran jóvenes, lozanas existencias destruidas bárbaramente en la plenitud del vigor (…). [Pensó:] «¡Pobres muchachos! ¿Por qué se les ha quitado la vida? España se desangra, España se aniquila. Asisto al suicidio de una nación. Sepultémosla en su propia tierra…»

La campaña del Maestrazgo
Hecho de Burjasot. M. Molina. Biblioteca Nacional. Madrid.

Contrasta la edad de los cuerpos con el rigor de la muerte. Contrasta la vejez de Urdaneta con la juventud de los muertos a los que se ve obligado a enterrar. Galdós no omite la dureza de la guerra, más bien crea imágenes claras de aquellos sucesos. En la época que escribió esta tercera serie, Galdós tenía entre 55 y 57 años. Aún había de vivir unos 20 más, pero ya era sensible a los achaques de la edad, especialmente el que le tocaría a él: la progresiva pérdida de la visión.

La zumbera coja

Es tiempo de la verdad. Es hora de trocar mis eufemismos e insinuaciones habituales por explicaciones francas. Y esto ya ocurrió una vez, cuando escribí el extinto libro Humedades en el desván. Porque aquella escritura me resultó liberadora, me quité un peso de encima, y ahí quedó eso. Fue como salir del armario.

El 16 de mayo de 2026 se cumplen 20 años desde que tengo esclerosis múltiple. Esa es «mi señora Danvers«, la esclerosis múltiple, una enfermedad en la que la persona se ataca a sí misma. No sé si la señora Danvers está de celebración, pero me ha regalado un brote, una recaída de las chungas. Hacía 8 años que no tenía una recaída y 4 que no tenía un solo síntoma. Les estaba pidiendo el alta a los neurólogos, con altivez, como diciendo:

Esto no va conmigo, yo ya no pertenezco a este club.

Y ellos y ellas me respondían que probablemente se debía a que mi tratamiento es muy potente [doy gracias al sistema de salud pública], no a que mi «elevación» me hubiese librado de la señora Danvers. Su sombra seguía ahí, yendo detrás de mí por cada habitación de la casa, sigilosa como un gato.

Justo antes de empezar a pensar que lo que sentía era algo más que cansancio por un entrenamiento, hace 2 meses, estaba yendo al gimnasio 3 veces por semana: a zumba, a spinning y a circuit training. De hecho, en mi arrogancia, me había apuntado para participar en la marcha cicloturista La Perico, de Pedro Delgado, con Bea, mi compi de zumba y otra fan declarada de Perico.

Y ahora, aún con tratamiento con corticoides, estoy declaradamente coja, inestable, en el club de lisiados, tullidos y locos. ¿Por qué uso este vocabulario «en plata»? Porque si empiezo a decir eufemismos, la realidad de estos destinos se aplana, se minimiza y pierde el dolor que hay detrás. Hay expresiones como «distintas capacidades» y «trastornos mentales»: esto se queda flojo y aguado.

Cuando voy por la calle, la gente me mira de una manera distinta. La gente se aparta al verme oscilando. Además, yo tampoco puedo mirarles mucho, porque me mareo. Y pienso que, cuando era pequeña, los lisiados, tullidos y locos eran más visibles, estaban en la calle, te los cruzabas, y estaban en la tele también. En la época actual, en la que se supone que todo es diversidad e inclusión, ¿dónde están los de mi club? Solo veo a gente guapa en la tele y en las redes. Para mí, la diversidad y la inclusión deberían tratarse como al personaje del hijo de Walter White en Breaking Bad, que tiene una discapacidad que, ni es dramática, ni va a más, ni nada, simplemente es. Por cierto, se trata de una situación real del actor, R. J. Mitte.

Sigo bailando zumba. Claro, las sensaciones son otras. Antes, en primera fila y sintiéndome muy bien, en una experiencia tipo estado de flujo (flow), ahora, filas medias o atrás, buscando un espacio donde no pueda chocarme con otra compi y caerme, moviéndome siempre con los dos pies en el suelo, o a pasitos, sin florituras de pasos latinos. Me dirás: pero ¿qué zumba es ese? Y yo te digo:

El de la zumbera coja.

Esa forma de practicarlo es suficiente para movilizar el cuerpo y mi fisio dice que va muy bien que yo trate de seguir los pasos y mi cerebro envíe la orden a la pierna, para que el sistema nervioso recuerde.

Los tullidos, los lisiados y los locos encontramos dificultades para movernos (a veces es literal) en el mundo físico, pero tenemos que seguir adelante. No nos podemos confinar en casa. Nos cuesta todo mucho más. Nunca te planteas que, por el simple hecho de cojear, vayas a acabar con la rodilla de la otra pierna machacada, o con la espalda y las cervicales sobrecargadas. Ves pasar una persona que anda raro y no te planteas que, el mínimo desnivel en el suelo, la mínima irregularidad, puede hacer que se caiga o le va a costar un esfuerzo superarla. Que no va a poder bajar las escaleras del metro ni subirse a un autobús. Y esto es «solo una cojera».

Hacía poco, dos meses o así, que mi madre conoció a una mujer con esclerosis múltiple. Mi madre le contó que yo también lo tengo y que había escrito un libro sobre mi experiencia los primeros años. La mujer quiso leer mi libro. Yo, con la misma petulancia, le dije que era imposible, que el libro se había perdido en el pasado y que nunca lo iba a volver a editar. Además, una persona que ya tiene la enfermedad no puede aprender mucho de otra, pues es «la enfermedad de las mil caras», a cada uno le afecta de una manera. Aquel libro estaba dirigido a personas a las que acaban de diagnosticar y no saben qué hacer. Varios profesionales sanitarios, tanto de La Paz como del Clínico de Madrid, lo han leído. Pero, realmente, yo dejé ese libro atrás porque no quería vivir de mi enfermedad. Si tú vives de algo, dependes de ese algo para vivir.

Ahora quiero recuperar para vosotr@s, lectores y lectoras, la presentación de aquel libro, que compartí con la experta en medicina china tradicional Alicia Lorduy, para acabar de despojarme de esta altivez que mi amiga la esclerosis me ha revelado:

Ya estoy fuera del armario otra vez. Invito a tullidos, lisiados y locos que salgan también. Se está mejor fuera. Recuerda siempre esto:

Amarte a ti mism@ es donde comienza la verdadera sanación.

El corazón tiene razones que la razón no entiende

Hay estudios científicos sobre un sistema neuronal situado en el corazón, capaz de enviar información al cerebro y de tomar decisiones. Y los hay desde los años 90, en que se creó el HeartMath Institute, una organización sin ánimo de lucro dedicada a este tipo de estudios. Sin embargo, este conocimiento no parece haberse extendido más allá de ámbitos esotéricos o alternativos. Se sigue hablando mayoritariamente del cerebro como sede de la mente y lugar de interés para comprender la psique. Y creo que se debe a que los autores que tratan este tema suelen dar un salto entre conclusiones científicas y lo que pueden ser deseos o deducciones no científicas. Pasan de la explicación racional a la explicación esotérica. Y eso perjudica su idea inicial. Pero, al escribir este post, me he dado cuenta de que no hay manera de evitar este salto. Si se quieren ver aspectos de la ciencia desde un punto de vista nuevo, es necesario romper los huevos (para hacer la tortilla).

Otros especialistas, como el doctor José Ángel Cabrera, jefe del Servicio de Cardiología Hospital Universitario Quirón Madrid, entrevistado el 3 de mayo en Cuarto Milenio, no dan este salto porque no lo ven seguro, sino que se atienen a resultados de estudios más conservadores. Pues bien, incluso estos defienden la relación clara entre emociones y salud cardiovascular, reconociendo un papel del corazón que va más allá de ser el músculo que bombea la sangre.

Y otras personas, aún, nos seguimos remitiendo a saberes ancestrales, como la medicina china. En la época actual, la medicina china tradicional está denostada, a pesar de que hay también numerosos estudios científicos que la validan. De hecho, ha habido clases de medicina china en facultades de medicina occidental, y una combinación de ambas podría ser de mucha ayuda. Sea como sea, es interesante comprobar cómo esta medicina ya tenía resuelto el tema de la mente en el corazón de una manera que se deriva naturalmente de otra forma de ver el cuerpo humano y su funcionamiento: siguiendo esta corriente, la mente está en el corazón y el cerebro no es más que un ordenador que la mente utiliza.

Imagen creada con ChatGPT 5.5 con un solo prompt.

El diagnóstico

Wong Kiew Kit, en El gran libro de la medicina china, explica que, en la medicina china tradicional

Los trastornos neurológicos y psiquiátricos se conocen en general como «enfermedades del corazón», ya que en el corazón (…) residen tanto la mente como la emoción.

Siempre me pareció llamativo que los profesionales sanitarios que tratan lo neurológico fuesen distintos a los que tratan lo psiquiátrico. ¿No son dos aspectos de lo mismo? Sea el cerebro o sea el corazón donde reside todo esto, parecen dos caras de la misma moneda. No hay otro órgano o sistema que sea tratado de dos formas diferentes por profesionales completamente distintos.

En la medicina china no hay separación entre el cuerpo y la mente, forman una unidad inseparable: «el cuerpo está vivo por la mente y la mente funciona a través del cuerpo». En esta unidad, el corazón es la sede de la mente y de la emoción. En cualquier caso, está demostrado que la mente influye de forma directa en los procesos de recuperación de una enfermedad. El tan denostado efecto placebo debería estar muy ensalzado: la sola creencia de que algo va a funcionar potencia su acción.

También hace muchos años que autores como Daniel Goleman o David Servan-Schreiber destacaron la importancia de la coherencia del corazón como estado óptimo para el funcionamiento de la mente. Se hablaba de estos estudios en los que la persona está con su mascota y proyecta sentimientos de agradecimiento y amor hacia el animal, cosa que crea un estado de coherencia cardiaca en ambos. Igual, eso se perdió poco a poco en los prometedores años 90 y ahora despunta aquí y allá en medio del ruido.

También, el doctor José Ángel Cabrera destacó el síndrome de Tako-Tsubo, o síndrome del corazón roto, una miocardiopatía provocada por un golpe emocional severo, como la noticia de la muerte de un hijo, causando un abombamiento en la punta del corazón. En otras palabras: un shock emocional intenso puede deformar físicamente el corazón, el órgano de las emociones.

El tratamiento

Cómo se curen estos síndromes o enfermedades tendrá en consideración su origen. Si el origen es uno y si la mente reside en el corazón, su curación tiene relación con las emociones. Este es el programa que se propone desde la medicina china para curar la mente (en su doble dimensión psicológica y neurológica):

  1. Tranquilizar la mente: se cultiva la mente a través de la meditación, de manera que el paciente pueda aceptar los problemas que antes no era capaz de asumir.
  2. Abrir el corazón: se trata de que el paciente sienta alegría, de levantar su ánimo. Y para esto viene muy bien la coherencia cardiaca que se observa al estar en contacto con una mascota o tener sentimientos de profundo agradecimiento o de amor.
  3. Superar la desconfianza: se ayuda al paciente a confiar más en las personas que le rodean y en sí mism@ (vivir el presente con confianza).
  4. Centrarse en otra cosa: se trata de cambiar el centro de atención del paciente a cualquier otra cosa. Cuando se está pasando por una enfermedad, la situación puede vivirse con dramatismo y victimismo. Pero, si se cambia la atención, se añaden otros estímulos a la vida. Esto incluye ver la enfermedad de otra manera, pensando en la recuperación y no en la gravedad del asunto.

Por otro lado, el cardiólogo José Ángel Cabrera mencionó varias veces la importancia de vivir sin estrés (o solo con una cierta cantidad de estrés, el llamado «eustrés»). Parece que las medidas que acabamos de revisar pueden apoyar a un menor estrés, dando a la persona herramientas emocionales para gestionar su estrés.

Sea como sea, la cooperación entre ambos tipos de medicinas llevaría a apoyar un tratamiento convencional y probado con técnicas que contemplan la dimensión emocional del paciente y su enfermedad.

La interconexión

Si antes hablábamos de la relación entre cerebro y corazón, otros científicos están estudiando la relación entre el cerebro y el intestino, el eje intestino-cerebro. ¿A ver si es que todo va a estar interconectado en nuestro cuerpo? (pregunta retórica).

Diego Bohórquez, neurocientífico de la Universidad Duke, descubrió que el intestino se comunica con el cerebro en milisegundos a través de células neurópodo (neuropod cells). Estas células sensoriales actúan como «pies neuronales», formando sinapsis con el nervio vago y convirtiendo señales químicas de nutrientes en impulsos eléctricos. Esta «conexión directa» explica cómo el intestino detecta alimentos y guía el comportamiento alimentario.

En un estudio, él y su equipo se preguntan qué significa estar vivo, observando que la ciencia mecanicista o materialista, aunque ha ayudado a descubrimientos de gran importancia, se queda corta para explicar muchos fenómenos. Se puede entender cómo se elige un alimento gracias a los circuitos neuronales, pero no la importancia de tomar una tarta de cumpleaños alrededor de una mesa. Investigando la «muerte por vudú», observaron hasta qué punto las creencias de la persona (miedo extremo y angustia emocional) pueden llegar a provocar su muerte. De nuevo, el efecto placebo.

Cómo acceder a la sabiduría del corazón

Aquí es donde creo que Annie Marquier y otras corrientes de tipo espiritual se equivocan en plantear muchas condiciones complejas para crear estados meditativos que por fin permitan acceder a ese conocimiento o sabiduría alternativa del corazón. Parece que hay que seguir un camino arduo y lleno de obstáculos, haciendo un esfuerzo titánico, para lograr un estado «más avanzado», más cercano a la «iluminación». Pero aquí siempre nos topamos con la sencillez de San Juan de la Cruz: hacer nada. Eso es todo lo que hay que hacer. Conecta directamente con la idea siempre defendida por Anita Moorjani de que ya somos seres espirituales y no hay que cumplir con rituales absurdos para ganarnos lo que ya somos.

Sea como sea, en momentos de estrés o dolor emocional, puede servir conocer alguna técnica que ayude a recuperar la coherencia cardiaca, para, al tiempo, recuperar la claridad mental. La más sencilla es la técnica Heart Lock-In de HeartMath, que consiste en:

  • Sentir que se respira desde la zona del corazón
  • Evocar un sentimiento de cariño, gratitud o compasión
  • Irradiar esta sensación a todo el cuerpo y a las demás personas

Los sentimientos de gratitud están entre los que provocan mayor coherencia cardiaca, un estado que permite volver la atención al momento presente, apagando la alarma que ha encendido la amígdala al detectar un peligro potencial. Por eso, se recomienda llevar diarios de gratitud. Cómo describes tu día a día influye mucho en cómo ves tu vida. Y no se trata de tener «pensamientos positivos», yo tuve esa creencia durante años y llegué a escribir un libro basado en ella, Estar mejor que bien. Se trata de identificar en tu vida real, presente y adulta, qué puedes agradecer. Veamos dos ejemplos del mismo día:

  1. Hoy amanece lloviendo, otra vez. Estoy harta del coche y del tráfico. En el trabajo, no he recibido respuesta del cliente estrella, y encima me ha tocado resolver otras mierdas de los clientes que casi no dejan dinero. Ramón no me contesta al WhatsApp, ¿por qué será, se habrá enfadado? Y esta tarde, me toca llevar al niño a piano. Pero ¡si ni siquiera le gusta!
  2. Agradezco ver la luz de un nuevo día, una luz diferente. Cuando estoy en el atasco, puedo escuchar más tiempo mi programa de radio favorito. También me entretengo en ver nuevos modelos de coche. Voy a aprovechar que el cliente estrella no ha respondido para tomarme la mañana con más calma y servir bien al resto de clientes. Ramón no me contesta, voy a pasar un poco del móvil y a centrarme en lo que estoy haciendo ahora. Estoy agradecida de tener a Ramón a mi lado. Daniel es un poco desastre con el piano, esto me hace sonreír: ¡qué suerte tengo de tener un hijo así! ¡Le quiero mucho!

Desprenderse del resultado

Quizá parezca que lo que digo aquí es una panacea para las enfermedades psiquiátricas, neurólogicas o cualquier otra. Pero no.

Todo esto sirve para sentirse mejor dentro del destino que te ha tocado vivir. A veces, puede aliviarse un poco ese destino, pesa menos. A veces, no. Se trata de adoptar prácticas que hagan que la persona se sienta mejor y más conectada con su naturaleza interna, su yo observador, y viva la vida desde ahí, sabiendo que la vida es injusta e incomprensible y que va a ir por su camino, no por el tuyo.

Sí a lo que me toca

Recientemente, he terminado de escribir otro libro. Y, por primera vez en muchos meses, me levanté por la mañana en un día de diario sin un libro al que dedicar unas horas de mi jornada (aunque en el horizonte hay nuevos libros, ya con fecha de entrega). Entonces, contemplo la pantalla en blanco que proporciona el blog. Tengo una idea leve de lo que quiero escribir, pero no ha surgido el torrente de palabras. He releído algunos de mis post donde menciono algo que quiero traer a este y en ellos he leído consejos que yo escribo para otras personas, los he leído como consejos de otra persona para mí.

Porque a veces se siente como si se hubiera alcanzado un cierto nivel de desarrollo personal, de conocimiento de la vida, de sabiduría y, de repente, algo de la vida te dice: «pues no, no estabas ahí» y tira para abajo. Es como si hubieras volado con alas prestadas, como Ícaro, que se acercó a los dioses, pero las alas de cera se derritieron expuestas al calor del sol y se dio una buena hostia. Por lo menos, cayó en el mar.

Las tres frases

Lo que he buscado en el archivo de este blog son las tres frases que extractan una parte de la gran sabiduría de Brigitte Champetier de Ribes. Ante situaciones de cambio brusco de la vida, ante esa caída libre porque las alas que parecían fiables se han derretido, hay tres respuestas:

Estas frases hablan de pasado, presente y futuro. De pasado, porque se desautomatizan los aprendizajes, aquello que se creía entender. La vida trae nuevos desafíos ante los que ya no valen los esquemas mentales que nos habíamos montado. O bien, muestran hasta qué punto (nuestras alas) eran frágiles. De presente, porque la única forma de andar es paso a paso y la única forma de atreverse a dar esos pasos es la confianza en la vida. Y de futuro, porque no se trata únicamente de asentir a lo que se tiene delante, que ya es todo un reto, sino de asentir a lo desconocido, a lo que está por formarse ante tus ojos (a ciegas). Exige valentía, ya que el siguiente paso puede fallarte el suelo y hacerte caer en el vacío.

La señora Danvers

¿Y si percibes los reveses de la vida como si fueran el ama de llaves de Rebeca?

Imagen tomada de: https://creyconfe.com/blog/los-uniformes-mas-terrorificos-de-la-historia-del-cine-un-viaje-a-traves-del-horror/

Esta es la señora Danvers, el ama de llaves de Manderley, la mansión donde vive Maximiliam de Winter y a donde este lleva a una joven humilde con la que se casa, la «segunda señora de Winter», que no tiene nombre, porque la única que tiene nombre en esa casa es la primera señora de Winter: Rebeca.

La señora Danvers ve llegar a la segunda señora de Winter y decide mostrarle la inmensa sombra que dejó el fantasma de Rebeca, cómo es insuperable en cualquier aspecto: elegancia, belleza, forma de conducirse, de resolver asuntos de la casa… La asedia como otra sombra, siniestra y oscura, mientras que la joven se va sintiendo cada vez más encogida y achuchada por este perro guardián. En la vida, la señora Danvers es una enfermedad, un accidente, la pérdida de un trabajo, la pérdida de tu poder adquisitivo, por ejemplo.

Pero ¿y si la señora Danvers no existe? ¿Y si es una proyección que crea la joven en su cabeza para justificar de qué forma siente no estar a la altura y siente el síndrome del impostor?

La señora Danvers eres tú.

No hay una señora Danvers que te da reveses de la vida como la hostia de Ícaro. Sino que tú mism@ te das la leche contra el sistema de creencias que te has montado, con las historias que te cuentas. Si la segunda señora de Winter se siente apabullada por la fuerte presencia que dejó esa R que encuentra por todas partes, puede que en su mente conciba un personaje malvado, la señora Danvers, que la persigue para restregarle por la cara todo lo que no es, hasta el punto de sugerirle el suicidio como vía de escape. En realidad, es la escasa capacidad de la joven en adaptarse a este brusco cambio en su vida (supuestamente para bien) lo que produce todo el drama.

Si la joven suelta lo que creía entender, dejará atrás sus creencias sobre lo que puede alcanzar una persona como ella, sin necesidad de que se le suba a la cabeza el haber pillado a este partidazo del señor de Winter, simplemente, tomando serenamente todo lo que se le ofrece. Si la segunda señora de Winter dice sí sin saber a qué y se hace dueña de la casa, identificará todo lo que lleve una R y lo irá cambiando poco a poco por su inicial, sin dejar de dar las gracias a esa Rebeca por haber hecho sitio para ella, sin dejar de reconocerle su lugar como primera señora de Winter: «siempre serás la primera, Rebeca». Si además vive el presente con confianza, no se moverá por la mansión sobrecogida por los fantasmas del pasado, sino con firmeza y determinación. ¿Que Rebeca escribía cartas en este despacho? Muy bien, yo las escribiré en este otro, o también lo usaré, o yo paso de escribir cartas. Si la segunda mujer de Winter hubiera hecho esto desde el minuto uno, la señora Danvers habría perdido toda su fuerza, no existiría (ni habría novela ni película, claro).

Normalmente, lo que te plantea la vida no es que empieces a vivir en una lujosa mansión llena de criados a tu servicio con un marido rico y atractivo, no. A veces, te quita el suelo de debajo de los pies. A veces, tus alas se derriten. A veces, el cambio de vida es totalmente injusto (porque la vida no es justa). Y entonces, a las tres frases anteriores se le añade otra que es muy poderosa, porque las condensa:

Sí a lo que me toca.

Esta aceptación incondicional de los giros inesperados de la vida es la que los suaviza. Es lo que trae grandeza en medio de situaciones adversas. Es la que desactiva la fuerza aparentemente poderosa de la señora Danvers. Si abrazas a esa señora, pierde toda su energía, se desintegra.

El homínido y el monolito

Entras al juego de los Sims y te ocurre algo importante: se te olvida tu existencia. Te identificas tanto con el avatar que no recuerdas qué te trajo al juego de la gran ilusión.

Entonces, tampoco te das mucha cuenta de que tú no eres el avatar. Digamos que están el homínido y el monolito. Tú eres el monolito.

Sin embargo, el avatar tiene su propio yo: toma decisiones y puede conducirse en el juego de los Sims sin tu asistencia. Es más: entra en conflicto con tus intereses. A este homínido le han llamado ego y diferentes corrientes tratan de erradicarlo. Pero no es posible:

Sin el ego, no puedes sobrevivir al videojuego.

Por si alguien no sabe a qué se refiere lo del mono y el monolito, os dejo este fotograma de la película 2001: Una odisea en el espacio, de Stanley Kubrick. Visto en: https://www.elcineenlasombra.com/2001-una-odisea-del-espacio-el-monolito-y-el-hueso/

Tu primer amigo eres tú

Igual has visto por ahí que algunas personas sabias dicen que lo primero es amarse a sí mismo. Y eso es una cosa muy rara, como mínimo, sospechosa, contraria a todas las convenciones religiosas y muchas creencias morales.

Por otro lado, no queda claro en qué consiste eso de amarse a uno mismo, es decir, ¿qué aspectos? Por ejemplo:

  • El físico: ¿tengo que afirmar que mi físico es perfecto cuando no lo es? Si acepto mi físico, ¿dejo de ir al gimnasio?
  • La edad, el estado de salud: ¿tengo que hacer como si fuese un ser de luz sin edad, que fluye por la vida sin considerar su estado de salud?
  • Lo mental o intelectual: ¿tengo que apreciar que mis cualidades mentales, intelectuales o artísticas son «lo más»?
  • Los errores: si miento, siento envidia, deseo el mal a otras personas, soy muy egoísta, no agradezco favores, exploto el trabajo de otras personas, ¿eso lo tengo que amar incondicionalmente? Esta es la sección «pecados», que va de lo más «inocente» a lo más horrible que puede hacer el ser humano.

Pues la respuesta es: «Sí a todo».

Miguel Ángel Ruiz Macías explica en Los cuatro acuerdos que la forma de amarse a sí mismo es verse como si se fuera un pequeño cachorro. Si piensas en tu gato, en tu perro, en un bebé, ¿no sientes que, hagan lo que hagan, los vas a amar y te van a hacer sonreír? ¿No te van a parecer los más bonitos del mundo, con una belleza sin igual? Siéntelo.

Qué mono es el mono

Aquí retomamos al homínido avatar poseído por el yo observador en este videojuego.

Vernos como un cachorro es ver al homínido como un cachorro. El mono, por usar una palabra más cómoda, tiene limitaciones. Es muy listo, pero carece de las capacidades mágicas del yo, como la intuición, la experiencia directa de la realidad, la inspiración artística o científica y una muy bonita: ese amor incondicional por otros seres, incluso por el mono.

Es el ser que habita el avatar el que es capaz de amar, el mono hace 2 cosas: supervivencia y reproducción. Y lo hace estupendamente: cada vez hay más seres humanos en la tierra. El mono tiene sus objetivos y el monolito los suyos. ¿Pueden convivir objetivos contradictorios? Más vale, para poder «acabarse el juego» de los Sims.

Los maestros espirituales habitualmente han optado por retirarse del mundo, dejando al mono «a pan y agua»: alimentos y agua y poco más. Han querido así destruir el ego para trascender a otros niveles en esta vida y no tener que volver a ella. Pero, como decía al principio, no se puede permanecer en el mundo de los Sims sin el ego. El ego, el mono, es totalmente necesario para sobrevivir, pues las condiciones y leyes que rigen en este mundo requieren de esa doble pulsión de sobrevivir y reproducirse. En el momento en el que se quiere matar de hambre al mono, este se crece por oposición, ya que se ve amenazado.

Si, en cambio, se considera que el mono es muy mono y se le ve con cariño, incluso con amor incondicional, ocurren varias cosas:

  • se quita hierro al asunto,
  • se da al mono lo que necesita,
  • el yo observador puede dedicar sus ratos a rollos meditativos del tipo que prefiera, pues el mono está tranquilo,
  • la «realidad» percibida por el mono se va modificando, adaptada a las sensaciones de abundancia (frente a escasez) que le proporciona el yo,
  • se compatibiliza el disfrute de la vida, que va a través de los sentidos y las cualidades homínidas, con experiencias de elevación.

Curiosamente, el acceso más rápido del yo, o del que juega al juego, al mundo es a través de la vivencia total del momento presente, el único en el que se puede experimentar el «tiempo sin tiempo», en que todo es a la vez en todas partes, como la película.

El robot fontanero

Hoy he llamado para pedir cita para revisar el coche. Me ha saltado el típico asistente automático, pero «he mantenido» la conversación con «él». ¿Por qué? Porque era un poco como Joseba, de Carglass. Hablaba como un señor del taller que se trabara un poco de vez en cuando. Tenía un acento como de Arguiñano explicándote una receta. Solo por ciertos lapsos, sobre todo en el tiempo entre mis respuestas y su siguiente pregunta, podía darme cuenta de que no era una persona. Pero dentro de poco, esos tiempos se acortarán y acabarán siendo «tiempos humanos». Habrá un momento en el que no sabremos si hablamos con una persona o con una máquina. Creo que eso está muy cerca.

Hace unos tres años, me hacía gracia pensar en robots que bailaran flamenco, como uno de los claros reductos en los que las máquinas no podrían entrar. Pero en el año nuevo chino este 2026 vi esa exhibición de robots haciendo movimientos perfectos y el reducto se redujo aún más, hasta un nivel en el que no tengo claro que haya nada, absolutamente nada de lo que llamamos humano que no pueda llegar a hacer una máquina.

Ofertas de trabajos de risa… muy tristes

El que daba en llamar «mi sector», que es la formación online o «e-learning», ya lo doy por muerto. Todo empezó cuando traducía los textos y las aplicaciones de la principal herramienta de autor del mercado. Cada vez más, los textos de marketing decían que no hacía falta saber hacer mi trabajo (el de experta en formación online), porque «cualquier persona» podía copiar y pegar en esa herramienta un texto plano y te devolvía una interactividad de botones, tarjetas, acordeón, pestañas… la que fuera la más adecuada a tu texto. Lo mismo con la creación de las temidas preguntas de test (temidas tanto por quien las redacta como por quien las sufre, el alumnado).

Las ofertas de proyectos de este sector son de risa, es decir, dan muchas ganas de llorar. Ya no se busca que las personas expertas en formación diseñen cursos espectaculares basados en la detección de necesidades del alumnado. Básicamente, muchas empresas extranjeras están buscando desde hace pocos meses (y durante pocos meses también) personas expertas en x, y, z que revisen lo que genera una IA, para ver si es adecuado. Hay ofertas para validar todo tipo de materiales: revisar test, revisar la adaptación pedagógica a un nivel educativo, revisar actividades de ampliación… Por lo que el papel del experto queda hacer una revisión, lo que, además de aburrido, está pagado muy por debajo de la creación de estos materiales.

En la siguiente oferta real de un proyecto, se busca a profesorado acreditado en dar clases a alumnado de 11 a 18 años para revisar contenido creado por la IA. No solo tiene que estar acreditado y tener experiencia de al menos 3 años, sino que tiene que estar dispuesto a cobrar unos 19,92 € brutos/hora por ese proyecto.

Oferta de un proyecto.

Hace un par de meses me quejaba de que la IA no hiciera los formatos en los documentos tipo Word, que es una parte del trabajo «penosa» con relación a la motivación de escribir, de investigar sobre un tema, de crear una actividad interesante. Pues bien: ahora sí lo hace. Las numeraciones y niveles de títulos las lleva regular, pero lo hace bastante decente. Mejor que muchísimas personas.

Tengo que reconocer que llevo unos meses trabajando en un proyecto que hace la IA en un 80 %. La IA genera una serie de actividades relacionadas con la educación, las cuales se trasladan a un revisor experto en esa materia para que las valide. Las actividades salen directamente en un formato con estilos, listo para enviar al alumnado o para subirlo a una plataforma. Estas actividades pueden tener 10, 20 páginas y están perfectamente planteadas, son variadas y podríamos decir que imaginativas.

Futuros imperfectos

Desde luego, tengo en mente al bloguero Sergio Rozalén y los futuros imperfectos que refleja en su blog, así que me permito el lujo de titular esta sección como se llama su primer libro. En cualquier momento, podría empezar a haber robots fontaneros. Al principio, generarían rechazo y desconfianza. La gente mayor seguiría recurriendo a Pepe Gotera y Otilio. Lo mismo con pintores, electricistas, peluqueros… «los oficios».

Pero en las siguientes generaciones, contratar a esos nuevos robots fontaneros sería lo normal, totalmente aceptado. La gente joven sería reacia a que una persona real entrase en su casa a reparar algo, ya que es mucho más «confiable» un robot.


Yo me percibo a mí misma como «alguien (que está) mayor» al leer lo que estoy escribiendo aquí. Esto se parece mucho a cuando mi padre tuvo que tirar a la basura maquinaria que costó millones (de pesetas) porque la tecnología de la información la había hecho inútil al poco de comprarla. Traté con poco éxito de reconducir a mi padre al diseño de páginas web, en una época en la que ese campo estaba abierto y accesible (finales de los años 90). Pero a él le sonaba a chino, así que no le dio mucha importancia.

No me resisto a este nuevo campo que es la IA, de hecho, muchos trabajos que me han encargado en los últimos tiempos han tenido relación con la formación básica sobre IA, robótica, big data, blockchain, ciberseguridad… Lo que sí ocurre es que no me está dando tiempo a «hacer el duelo», porque va tan rápido que, cuando te estás familiarizando con una nueva forma de trabajo, ya no sirve. Curiosamente, otros sectores más tradicionales siguen funcionando como antes, un poco al margen de la IA o usándola puntualmente. Y de esos otros sectores también tengo proyectos, algunos tan curiosos como conocer el pastoreo rotacional y cómo se forma a nuevas generaciones en tecnologías que hacen el trabajo ganadero mucho más agradable y eficiente.

Sea como sea, encontrar tesoros como la siguiente captura de pantalla me hace sonreír y recordar una noticia que oí hace poco, sobre una cafetería en japón totalmente regentada por robots en la que las cucarachas campaban a sus anchas. Esos pequeños fallos, aún…

Texto generado por la IA en el que pone: «Fragmento Reescribido» en lugar de «Fragmento reescrito».