Cuando puedes conocer a los que admiras

Articulate Day en Madrid

El próximo 10 de abril tendrá lugar un evento de un solo día, el Articulate Day, organizado por Actua Solutions.

Articulate es para mí sinónimo de e-learning

Son una importante empresa que ha desarrollado varias herramientas de autor específicas para los que nos dedicamos a hacer cursos online. Estas herramientas se caracterizan desde hace muchos años por ser fáciles de usar, rápidas, y por primar el resultado profesional y amigable para el alumno.

Lo último es Articulate 360, una herramienta online que permite combinar perfectamente cursos con más características hechos en Storyline con otros totalmente responsivos y fluidos hechos en Rise. Contiene una herramienta de revisiones que permite al cliente enviar comentarios de una forma muy cómoda, Review, y una biblioteca de medios con más de 2 millones de recursos, la Content Library.

Si solo fuera esto…

¡Ellos aquí!

Imagina que en tu sector admiras mucho a unas cuantas personas, son tus gurús, les sigues en redes sociales y te fijas en lo que dicen y en lo que hacen porque son muy buenos.

Pues bien, dos de estas personas, las dos que citaría primero, son quienes estarán en el evento: Tom Kuhlmann y David Anderson.

A lo largo de los años, he recurrido en muchas ocasiones a Tom Kuhlmann y su excelente blog para conocer su punto de vista, lleno de sentido común, miles de consejos prácticos y útiles, una visión clara de cómo el e-learning debe apoyar al negocio del cliente.

Además, he seguido con detalle los desafíos de e-learning que propone David Anderson en la comunidad de Articulate, un espacio lleno de descargables gratuitos, formas diferentes de solucionar una dificultad, tutoriales de las herramientas de Articulate…

Veníamos traduciendo a Tom Kuhlmann

Lo cierto es que nuestra sección de aprendizaje se ha enriquecido directamente de la amabilidad de Tom Kuhlmann al permitirnos traducir varios de sus artículos, gracias a lo cual conseguí escribir su apellido sin equivocarme (tengo que decir que, una vez más, he dudado en el orden entre la “h” y la “l”). Estos son algunos de los artículos de Tom:

El estilo desenfadado que es altamente profesional

Estoy estrechamente ligada a la marca Articulate y al estilo de comunicación que tiene. Su estilo es desenfadado: al traducirlo, Articulate habla de tú, con palabras llanas y un estilo directo. Esto no significa que sea un estilo informal o demasiado coloquial. Al contrario, la marca destila mucha profesionalidad, como puedes ver en cualquier mensaje que leas en su comunidad o cualquier plantilla o descargable que busques.

Puedes verlo también en la forma en la que hablan Tom y David:

 

Que el inglés no te frene

El gran obstáculo que he encontrado cuando trato de compartir mi entusiasmo por Articulate es el idioma: mucha gente no puede beneficiarse de la mayoría de contenidos en inglés. Más aún, Tom y David van a hablar en inglés durante este evento, y es una barrera que no todo el mundo puede sortear.

Aun así, Articulate está haciendo un gran esfuerzo por traducir contenidos de su página web, sus comunicaciones por email y las propias herramientas de autor, esfuerzo en el que colaboro humildemente.

Espero que la magia que pueden desplegar estos gurús llegue a la mayor parte de gente posible: su visita es un honor.

La cuarta restricción: lo inesperado

Uno de nuestros habituales es Nassim Taleb, ¿podría ser de otra forma?

En el capítulo 10 de El cisne negro, Taleb explica que es bastante difícil predecir, y por tanto, dar estimaciones fiables. Esto ocurre especialmente en la gestión de proyectos. Según comenta Taleb,

Somos ostensiblemente arrogantes en lo que creemos que sabemos, y esto tiene implicaciones para predecir.

Cuando aumenta nuestro conocimiento sobre algo, aumenta más nuestra confianza sobre lo que sabemos (lo sobreestimamos), lo que implica que aumente la confusión, la ignorancia y el engreimiento. Infravaloramos la incertidumbre del futuro.

La triple restricción en la gestión de proyectos

Es conocida la triple restricción en la gestión de proyectos: alcance, coste y tiempo. Cuando aumenta cualquiera de ellos, los otros dos varían y se adaptan, usualmente aumentando también.

La imagen muestra el triángulo de la triple restricción de un proyecto: alcance, coste y tiempo.

  • Si aumenta el alcance, es decir, si se contempla hacer más en ese proyecto, coste y tiempo aumentarán. Puede que solo aumente uno: es más caro pero se hace en el mismo tiempo, o es igual de caro pero lleva más tiempo. Lo habitual, sin embargo, es que sea más caro y además lleve más tiempo.
  • Si el plazo se alarga, entonces aumenta el coste de forma directa, porque suele implicar más horas invertidas, horas que no se pueden repercutir al cliente porque ya se le envió una estimación.
  • Distintos imprevistos pueden hacer que el coste aumente: todo aquello que no se tuvo en cuenta, que no se consideró que podía pasar, pero aun así, pasa.

«Yo quiero un presupuesto idealista»

Esto es lo que parecen querer decir tanto los comerciales como los clientes: “lo quiero más barato, lo quiero antes, y quiero que incluya todo y más”. Y es una petición respetable.

Para conservar las buenas relaciones, el presupuesto que se aprueba es consecuente con esta petición: más bajo, con un plazo más corto y con concesiones que se sabe que no se van a poder cumplir. Según Taleb:

Los planificadores de proyectos cometen errores sistemáticos en su predicción. Se debe a que nunca tienen en cuenta lo inesperado, lo “desconocido desconocido”, y que de todas formas no podrían considerar por no ser fácil de definir.

Se trata de las fuentes de incertidumbre ajenas o externas al propio plan, pero que casi siempre añaden más costes y tiempo a la consecución de cualquier proyecto.

Lo siguiente es de sobra conocido en todo tipo de proyectos (obras públicas, edificios, planificación de jardines, instalación de medidas de seguridad, ascensores… y el que conozco más de cerca, la formación). Lo que ocurre después es que esos molestos imprevistos siempre se presentan, dejando a todos los implicados un regusto amargo, porque nadie obtiene lo que deseaba.

La cuarta restricción: planificar imprevistos

Parece que lo ideal es planificar los imprevistos. Digamos, multiplicar los plazos por dos, por tres… Si la planificación fuese más realista, cuando llega el final del proyecto, la satisfacción del cliente sería mayor, porque las desviaciones serían menores, y probablemente, el producto sería de más calidad.

Como comenta Taleb, el ser humano tiene dificultades en planificar por la estrechez de miras que tenemos hacia lo que está fuera del plan, lo “desconocido desconocido”.

Las planificaciones saldrían bien si tuviéramos agallas para tener en cuenta nuestras propias limitaciones.

¿Cómo calcularlas entonces? Bien, no estamos hablando de causas de fuerza mayor como que haya un terremoto o que el perro se coma mis deberes. Hablamos más bien de todo lo que sí ocurre con mucha frecuencia. Planifiquemos entonces:

  • Bajas por enfermedad común
  • Sustituciones de personal que deja la empresa
  • Disconformidades con la calidad del trabajo de un proveedor
  • Cambios en la jefatura de proyectos
  • Cambios en la tecnología
  • Exploraciones y trabajos adicionales que surgen al ver el material
  • Diferencias sobre el gusto estético del producto final
  • Cambios en la interlocución con el cliente
  • Lo que era muy urgente deja de ser prioritario, o al revés

Una forma en la que esto podría hacerse es tomar proyectos similares que ya estén cerrados y comprobar cuánto tiempo llevaron, cuál fue el coste real y qué cambios de alcance se incluyeron.

Entonces, el proyecto presente será al menos tan “desastroso” como los anteriores, a menos que incluyamos estas desviaciones. Es decir, será más caro. Llevará más tiempo. A cambio, el cliente se lleva: más calidad. Menos disgustos.

El anclaje a una cifra de referencia

Otra ventaja de planificar conforme a los retrasos habituales en proyectos similares anteriores, es que nos anclaremos a cifras realistas, en lugar de a estimaciones.

Y es que, una vez tenemos una cifra de referencia, construimos creencias en torno a ella, algo que descubrieron Danny Kahneman y Amos Tversky.

Por un lado, ocurre que, cuando ponemos algo en un Excel, automáticamente cobra vida y parece que esa cifra es una verdad absoluta. Si se trata de una estimación “a ojímetro”, el fracaso está asegurado.

Por otro lado, el ser humano no interpreta bien la lógica de las grandes desviaciones de la norma. Como afirma Taleb, los proyectos humanos son escalables, y esto significa que, cuanto más se retrasa un proyecto, más se estima que se retrasará. Algo para lo que nuestros cerebros no están preparados.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Cómo haces para que tus proyectos se ajusten al plan?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Bandersnatch en la formación online

El año 2018 se cerró en Netflix con un interesante capítulo de Black Mirror: Bandersnatch.

La característica principal del capítulo es que el espectador puede elegir qué va a hacer el protagonista. La primera elección parece banal: se elige qué cereales va a tomar por la mañana. Después, elecciones igualmente poco trascendentes como qué música va a escuchar van dejando paso a opciones mucho más duras, que ponen al espectador en un aprieto.

Se ha dicho, en este artículo por ejemplo, que no existe una verdadera capacidad de elección por parte del espectador. Realmente es así, los caminos posibles están trazados en esquemas de elecciones binarias y al recorrerlos no se tiene la sensación de estar “eligiendo la propia aventura”.

La imagen muestra el esquema del árbol de decisiones de Bandersnatch
Visto en varios perfiles de Twitter, no conocemos la fuente

Sin embargo, la propuesta tuvo una gran acogida desde el minuto uno, como puede verse en el hashtag #Bandersnatch de Twitter, e incluso en el hashtag #Bandersnach, a través de los cuales supe de la existencia del episodio.

Trasladar las decisiones a la formación

En formación online, que es a lo que me dedico, hace muchísimos años (“muchísimos” en términos de realidad digital, son entre 7 y 10) tenemos la opción de crear árboles de decisiones, o branching scenarios en inglés, para que cada alumno tenga un recorrido distinto por el contenido. Los objetivos pueden ser diversos:

  • Ofrecer situaciones casi reales en un entorno seguro.
  • Permitir al alumno equivocarse y aprender mediante ensayo y error.
  • Dirigir la formación según niveles de conocimiento, ofreciendo a cada alumno solo la parte que necesita conocer.

Aquí podemos ver un ejemplo en que se ha utilizado un árbol de decisiones, combinado con cierta gamificación.

Sería bonito, pero…

A pesar de lo interesante de una propuesta así, y de comprobar cómo produce en el usuario el deseo de desvelar qué había en el resto de caminos no escogidos, los árboles de decisiones como el de Bandersnatch se utilizan muy poco en e-learning.

¿A qué se debe esto? A que, por más que se ofrezca la posibilidad de que cada alumno pueda experimentar un camino adaptado a su nivel, lo que se quiere es un “one size fits all”, una talla única de curso, en que el alumno tiene que estar expuesto al total del contenido, de la A a la Z.

Es un enfoque un poco ingenuo: en un mundo en que un vídeo de 4 minutos es un vídeo “muy largo”, no podemos esperar que exponer a un alumno a un contenido completo, sepa o no del tema, signifique que

  1. lo está absorbiendo como una esponja,
  2. lo está entendiendo,
  3. lo está mirando y/o escuchando o
  4. lo va a saber aplicar a su puesto de trabajo en cuanto finalice exitosamente el curso.

Por lo que sé, exponer a todos los alumnos a todo el contenido, suele significar que el alumno se entrene en “cómo salir de este curso lo antes posible, localizando rápidamente el botón ‘Siguiente’, quitándome los auriculares y consiguiendo de otros compañeros las respuestas a las preguntas de test”.

Conclusiones

Realmente, no puedo saber si un acontecimiento como Bandersnatch puede recuperar el interés por los árboles de decisiones en formación online, pero me gustaría mucho que así fuera.

Para ello, los que trabajamos diseñando los recorridos didácticos, tenemos que saber muy bien cómo hacerlo. Pongo aquí algunos enlaces que dan bastantes ideas:


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Viste el capítulo de Black Mirror? ¿Utilizas árboles de decisiones en tu formación o te gustaría hacerlo?

Como siempre, agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Lo siento, chic@s

Hay dos tipos de post en este blog: los que provienen de una investigación de algo externo, como este de Osho o este otro sobre Análisis transaccional, y los hay de una “investigación interna”, como este del agente Patou o este sobre capacidades (y zumba).

Pues este post es del segundo tipo: procede de mis reflexiones cuando estoy creando un curso de formación online.

Lo siento, chic@s.

Esta es la frase que me viene a la mente cuando los requisitos del cliente difieren mucho de los míos, y entonces me imagino a los futuros alumnos que nunca conoceré navegando por un curso incómodo, mal escrito, lleno de “debes/tienes que”, con animaciones rimbombantes, con tests insultantes o una mezcla de todo esto.

Digamos que en este blog me he llenado la boca hablando de cómo tiene que ser el e-learning (en general en la categoría Aprendizaje), pero no suelo decir que yo no hago ese tipo de cursos ideales: normalmente no puedo por diversas circunstancias.

A pesar de que me acojo por completo al Manifiesto de Cathy Moore, tengo que admitir que en general no puedo realizar ese tipo de formación y soy co-responsable de ello.

Si el cliente me pide que limite la navegación y convierta el curso en una agonía de clics hasta llegar a su test final, yo lo hago. Yo, la misma persona que tradujo este artículo de Tom Kuhlmann sobre motivar a los alumnos o este otro con 10 estupendas reglas para crear cursos atractivos.

De hecho, es el propio Tom Kuhlmann, alguien muy respetado en el sector, quien afirma que el cliente siempre tiene la razón. Y así es.

A los diseñadores instruccionales nos encantaría que el cliente fuese el alumno, pero el cliente no es el alumno, y mientras mantenemos pequeños guiños hacia quien realmente hará el curso al final, nos tenemos que atener a lo que desea quien encarga la formación (el que paga).

Pienso que esto es como un guion de una película: notas que el guionista ha tenido una gran idea, notas que sabe desarrollar buenos diálogos y que los giros de guion son coherentes con la historia. Y de pronto todo se da la vuelta y la película se convierte en una absurda locura. ¿Quizá porque su final no está decidido por ese guionista?

Simplemente quería deciros esto: a veces, cuando te apuntan a ciertos cursos online que tienen tintes de pesadilla, piensa que esa pesadilla primero la vivió un diseñador instruccional que tuvo que acogerse a ese sentimiento subyacente en muchos decisores, por el cual los alumnos son niños, la letra con sangre entra, “tienen que” ver TODO y el disfrute es ajeno al aprendizaje…

Limpio, fijo, doy esplendor

Ordenador en el que se proyectaría un curso

Quería hablar de la parte de mi trabajo que consiste en limpiar, fijar y dar esplendor, exactamente igual que la RAE. La frase completa es:

Limpio, fijo y doy esplendor cuando me dejan.

Lo que pasa es que la RAE tiene prestigio y a veces hasta les hacen caso.

Y un guionista, un diseñador instruccional o un formador, prestigio tenemos poco (pero algo).

Lo cierto es que, cada vez con más frecuencia, los textos de base que utilizo en mi trabajo vienen con errores ortográficos y gramaticales. Si hace unos años teníamos que revisar que los cursos estuvieran a la última en cuanto a ortografía y gramática, ahora lo que tenemos que hacer es tragarnos las sugerencias de corrección, porque no parece importar a nadie que algo esté mal redactado.

Hace unos años

Hace unos años, los guionistas de cursos por ordenador (diseñadores instruccionales e-learning) fuimos los primeros en adaptar los cambios que propuso la RAE:

  • La palabra solo deja de acentuarse.
  • Las palabras esta, este, estas… dejan de acentuarse cuando son pronombres.
  • La palabra guion deja de acentuarse para reconocer su pronunciación en los países latinoamericanos.
  • La palabra video se acepta, ya que es la correcta en Latinoamérica.

Como se puede apreciar, hacíamos mucho por la RAE. Como ellos, pero en un ámbito local, oscuro y sin reconocimiento de autoría, limpiábamos, fijábamos y dábamos esplendor.

Ahora

Ahora, las cosas han cambiado. Los cursos han de contener errores de todos los tipos si así lo decide el cliente, y no sirve de mucho indicárselo. Ejemplos:

  • Palabras del inglés pasadas a español y que no existen cuando sí existe una palabra en español.
  • Errores en las expresiones. Recuerdo un caso que suscitó discusiones: “palabras clave”. Alguien sugirió que debíamos escribir “palabras claves”. Realmente, esta persona sí estaba en lo cierto según la RAE. En otro caso, se escribía “conflictos de interés” por “conflictos de intereses”, y esto no es correcto según Fundéu. Por último, el caso de “así mismo” frente a “asimismo” genera mucho debate pero al final nos agarramos a que significan lo mismo cuando queremos decir “también”. Y en e-learning, es mejor decir “también”, más llano.
  • Vuelta atrás a las tildes de solo y esta, este, etc. Como si aquello que cambió la RAE nunca hubiera ocurrido.

Hace unos años, y ahora también

Las reglas de la comunicación escrita no hacen mucha mella en los cursos por ordenador. Puede que la hagan en los que los escribimos, no tanto en los que quieren que su mensaje “resuene” más.

Así, pudiendo utilizar una economía de palabras que es fundamental para mantener la atención del alumno, se opta por formas más complicadas, muchas perífrasis y palabras largas sobre palabras cortas (como lo de asimismo). Ejemplos:

  • Debemos procurar por procuramos, o perífrasis de 4 verbos como “estamos expuestos a vernos afectados”.
  • Tenemos que tener en cuenta por Tengamos en cuenta o Consideremos.
  • Frases muy largas, a veces de cuatro líneas o más.
  • Frases mal redactadas, oscuras, compuestas de varias subordinadas.

Conclusiones

Ninguna. Es lo que hay ahora. Simplemente, hay que adaptarse. Si ahora no importa tanto la corrección de la palabra escrita es porque el foco está en otra parte.

Es evidente que cada uno, según su generación, ha aprendido diferentes reglas del lenguaje (han ido cambiando), o bien han retenido reglas mal entendidas. No podemos hacer nada más que sugerir y esperar a ser escuchados. A veces ocurre y el disfrute es máximo. Otras veces, se sigue considerando que los alumnos no son adultos y que necesitan que se les hable con muchos “debes”, “tienes que”, frases muy largas y repeticiones por activa y por pasiva de lo que se comprende a la primera.

 

¿Cómo escribir un test de evaluación sin morir en el intento?

Si eres experto en un contenido y te han pedido escribir material para un curso, probablemente también te han pedido la redacción de algunas preguntas de test, puesto que sabes qué es lo relevante de tu especialidad.

Este artículo está escrito para ayudar a los expertos a redactar preguntas de test sin tener que sufrir especialmente por ello. Incluso los profesionales de la formación que llevamos años redactando evaluaciones iniciales y finales y actividades intermedias, sabemos que es la parte menos agradecida de la creación de cualquier contenido formativo.

Evitemos que al alumno le llegue nuestra incapacidad para redactar un test que sea realmente significativo.

La dificultad de redactar preguntas de test para una evaluación

Relaciona las preguntas con los objetivos

Redacta las preguntas de evaluación teniendo en mente los objetivos que se esperan alcanzar con esta formación. Los objetivos no son aquello que la entidad formadora pretende lograr (sorprende la cantidad de veces que esto se confunde), son lo que el alumno ha de ser capaz de saber o hacer con el contenido que se le imparte.

Cuando no se tienen en mente los objetivos que el alumno ha de alcanzar, se redactan preguntas demasiado triviales (insultantes) o muy difíciles (insultantes también), alejadas de lo que es relevante de la formación.

Preguntas muy fáciles

Se trata de las preguntas obvias, con respuestas  peregrinas y una claramente verdadera. El alumno/a percibe este tipo de test como una pérdida de tiempo.

Preguntas muy difíciles

Son aquellas preguntas que requieren ir más allá de la información expuesta o también una memoria de elefante. Cuidado, no estamos examinando la memoria del alumno. La idea es testar si ha comprendido y puede aplicar los conceptos, no si ha registrado los contenidos como si de una grabadora se tratase.

No se trata de “ir a pillar”.

¿Cómo redactar las preguntas?

Normalmente, en las evaluaciones se incluyen preguntas de respuesta simple, verdadero o falso o de respuesta múltiple. A veces también se incluyen preguntas de relacionar, ordenar o rellenar huecos, pero son menos frecuentes en una evaluación. En todo caso, la dinámica que se esconde detrás en la misma en todos los casos.

Una pregunta de respuesta simple está formada por un enunciado, afirmación o pregunta seguido de una serie de respuestas posibles, una de las cuales es correcta o claramente mejor que las otras opciones.

Para la correcta redacción de este tipo de pregunta, hemos de contemplar los tres elementos que la forman:

Cómo se redacta el enunciado de una pregunta de evaluación

Puede tratarse de una pregunta o de una afirmación incompleta, pero siempre precisa.

El enunciado ha de plantear un problema, la tarea o el objetivo que el alumno debe realizar, de una manera concreta y útil.

Si queremos preguntar por la altura del edificio Empire State:

Forma incorrecta Forma correcta
El edificio Empire State: ¿Cuántas plantas tiene el edificio Empire State?
a) tiene 102 plantas. (respuesta correcta) a) 25
b) se construyó en 1917. b) 57
c) es principalmente un edificio de viviendas. c) 72
d) se encuentra en Chicago. d) 102 (respuesta correcta).

El enunciado ha de poner foco en el conocimiento profundo que se desea evaluar del alumno, por ello, ha de ser concreto y detallado.

Tipo de pregunta a realizar

Deben utilizarse lo términos “por qué” (¿Por qué ocurre algo y no otra cosa?), y “cómo” (¿Cómo debe realizarse algo?) mejor que “quién”, “dónde” y “cuándo”, ya que estas últimas suelen preguntar nombres, fechas y lugares, datos que se aprenden de memoria o que se pueden consultar fácilmente.

Preguntar por definiciones

Las definiciones no deben utilizarse como enunciados, ya que resultan preguntas artificiales y no miden un logro útil. Es mucho mejor aportar el término en el enunciado y ofrecer posibles definiciones en las opciones.

Ejemplo:

¿Cuál de las siguientes afirmaciones describe el proceso de la migración de las aves?

  1. la invasión del territorio de un ave por otras especies
  2. el proceso de construcción de un nido
  3. la continuación de las especies
  4. el movimiento de una región a otra (correcta)
  5. el nivel de actividad creciente

Las opciones correctas

  • Proporcionan una respuesta clara y precisa al enunciado.
  • Deben ser lógica y gramaticalmente consistentes con el enunciado.
  • Procura evitar el “ninguno de los anteriores”, “todos los anteriores”. Este tipo de opción es pobre y el alumno la reconoce como una forma de rellenar un número de opciones predeterminado (por ejemplo, cuatro) cuando solo se tienen tres opciones válidas.

Los distractores

Se trata de las opciones que no son correctas o no son la mejor opción para responder a un enunciado. Han de ser respuestas que parecen posibles y que solo son detectadas por los alumnos que han trabajado los contenidos.

Han de utilizarse tres o cuatro distractores por cada enunciado. Menos distractores hacen más probable acertar la respuesta por azar.

Deben ser similares entre sí y con la respuesta correcta en cuanto a longitud, construcción y precisión.

Han de construirse a partir de errores de interpretación comunes y conclusiones posibles pero equivocadas.

No pueden solaparse entre sí ni con la respuesta correcta.

Ejemplo de forma incorrecta:

¿Dónde está situado Oslo?

  1. Al norte del Círculo Polar Ártico
  2. Al norte del Trópico de Cáncer (correcta)
  3. Al norte del Ecuador
  4. Al sur del Ecuador
  5. Al sur del Trópico de Capricornio

En esta pregunta, la respuesta c) también es correcta, lo que puede llevar a confusión y frustración a los alumnos.

¿Cómo controlar la dificultad de una pregunta?

Cuanto más parecidas son entre sí las posibles respuestas, más difícil es contestar a la pregunta. En el caso del número de plantas del Empire State, podemos ofrecer opciones alrededor de la respuesta correcta, 102: 101, 103, 104…

Algunas reflexiones finales

Todos los que redactamos preguntas de test cojeamos de algún pie:

  • La respuesta correcta de nuestras evaluaciones suele ser la c), o nunca es la a), o casi siempre es la de “todos los anteriores” o “ninguno de los anteriores”.
  • Algunos redactores tienen un gusto especial por preguntar en negativo, con lo que llevamos al alumno a confusión. También lo hacía el TomTom: “¿Desea evitar los peajes?”. Si digo no, ¿estoy diciendo que quiero peajes o que no? Hay que preguntar siempre en afirmativo.
  • Otros redactores son de hacer la respuesta correcta muy larga y completa y el resto de opciones cortas o sin sentido: el alumno avezado lo va a descubrir pronto.
  • Tampoco es muy rico el uso de “sí, siempre”, “sí, pero depende de…” porque aumenta la carga cognitiva y lleva a confusión.

Dejemos atrás los recuerdos de pesadilla de los exámenes que nos hicieron durante nuestros estudios y creemos el test de evaluación con la mente fresca.

Para saber más

SCANNELL, Dale P. TRACY, D.P. Testing and Measurement in the Classroom. Ed. Houghton Mifflin Company, 1975.

Formación online vs. marketing digital

La formación online puede optimizar sus contenidos

Tengo la suerte de trabajar en dos sectores aparentemente similares: la creación de cursos online y la redacción y traducción de textos de marketing. Ambos consisten en buscar la mejor forma de comunicar algo a alguien. Es una comunicación por escrito y el destinatario está identificado con el nombre de “alumno” o de “potencial cliente”.

Hasta ahí las características en común.

La forma en la que se redactan los contenidos para cursos online es totalmente diferente, yo diría contraria, a la forma en que se redactan para marketing online.

Cómo es la redacción de cursos

La formación online puede optimizar sus contenidos

Aun hoy día, y después de haber conocido la gamificación, el aprendizaje informal y la necesidad de distinguir los cursos de desempeño de los cursos de información con el fin de producir resultados, lo cierto es que la redacción de los cursos online es generalmente ineficiente.

Ineficiente quiere decir desconocer al destinatario del mensaje, creando cursos “talla única” para todos los posibles alumnos, incurrir en verborrea escrita, dirigirse al alumno como si no fuese adulto adoptando un molesto tono paternalista, arengar y añadir un exceso de información innecesaria.

Yo en ocasiones también hago esto. Que me perdonen los alumnos presentes y futuros, siempre desconocidos. Trato de aliviar al máximo su pesar, reduciendo el número de pantallas en el típico curso pasapáginas, en que además se tortura al alumno mostrando cuántas pantallas le quedan por ver y bloqueando su avance. Sin embargo, muchos clientes piden esto, porque están todavía centrados en medir los resultados de una formación por el número de horas que dura y por el número de alumnos que la realizan (sufren).

Cómo es la redacción de marketing online

La redacción de marketing digital va al grano, se dirige a un posible cliente muy segmentado, por ejemplo, es una mujer de entre 25 y 34 años, con gusto por lo saludable y hábitos de compra en páginas de comercio electrónico, se descarga apps para estar en forma, etc.

Si sabemos a quién nos dirigimos, podemos adaptar el mensaje a ese destinatario al máximo, ofreciéndole algo que le puede interesar en base a sus hábitos y aficiones.

Quitamos toda la posible verborrea, minimizamos el mensaje, tiene que ser suficiente pero no largo ni pesado, y ha de entenderse con claridad. La economía de palabras es clave. El cliente es soberano, se le habla como a un adulto.

¿Cuál es la buena?

Evidentemente, por su sensibilidad a las necesidades del receptor, la buena es la comunicación de marketing online, optimización SEO, campañas de email…

Compartimentos estanco

A pesar de que sería extremadamente fácil aplicar toda la sabiduría del marketing digital a la formación online, lo cierto es que son compartimentos estanco.

Ahora existen registros del aprendizaje que permiten analíticas mucho más precisas sobre los alumnos. El seguimiento puede realizarse incluso offline y de actividades de aprendizaje informal.

Sería muy interesante que la formación online fuese bebiendo poco a poco de los avances del marketing digital y de la analítica.

Vasos comunicantes

Si en lugar de ser compartimentos estanco fuesen vasos comunicantes, la formación online se caracterizaría por afectar positivamente a la cuenta de resultados de la empresa donde se imparte.

Además, si se analizara lo que los alumnos necesitan saber hacer, se ahorraría mucho dinero en iniciativas de formación que solo se realizan para cubrir el expediente.

En palabras de Nassim N. Taleb:

Esta incapacidad para transferir de forma automática el conocimiento o la complejidad de una situación a otra, o de la teoría a la práctica, es un atributo muy inquietante de la naturaleza humana.


A mí me encanta la formación, yo hago varios MOOCs al año y he finalizado este año un máster, tengo dos carreras… Vamos, yo no puedo decir que no me guste la formación. Y sin embargo sí puedo decir que la he “sufrido” repetidas veces cuando departamentos de formación y compañeros, todos ellos bienintencionados, me han hecho llegar algunos cursos que son un compendio de lo que significa “comunicación ineficaz”.

Y como decía, a veces yo misma lo hago…

¿Qué piensas? ¿Has hecho recientemente alguno de estos cursos? ¿Eres tú mismo/a un artífice de cursos de estas características? Los comentarios, ya sabes, son siempre bienvenidos, ¡gracias!