De vacaciones en un docu de La 2

Visto lo visto, habría que plantearse sustituir las vacaciones habituales por otras, que consisten en ver documentales de La 2, DMAX, Discovery Channel… y deducir que se han visitado lugares increíbles.

Castillo en Japón con cerezos en flor y cielo azul

Se trata de la batalla:

Viajes vs. documentales

Realmente, no hay color, es una batalla perdida para los viajes. Veamos por qué:

  • En los documentales, la visualización del lugar de destino incluye varios puntos de vista, imposibles de lograr en un viaje habitual: a vista de pájaro, en lugares sagrados, en monumentos vacíos de gente, en lugares inaccesibles a pie…
  • La meteorología siempre es favorable. Esto a su vez tiene dos ventajas: todo se ve más bonito, con un cielo azul, despejado y de día, y no se tienen que sufrir las inclemencias del tiempo.
  • Un narrador crea un hilo argumental, una historia que seguir, nos va contando lo que vemos, no nos enfrentamos al paisaje o al monumento a pelo. A veces, en lugar de narrador hay un personaje real, una persona que se desplaza al lugar elegido e interactúa con los lugareños. Narrador y personaje pueden o no coincidir.
  • En todo caso, uno de ell@s o ambos acceden a unos “guías” únicos, que les dan abren las puertas de lugares no accesibles para el turistilla medio: hablan con el encargado en el horno de una panadería, hablan con un historiador en una cocina kosher, hablan con un cocinero experto en un restaurante de la guía Michelín, hablan con una vieja en su casa de un pueblo remoto de alta montaña y se descubre que en realidad es alpinista…
  • Por muy remoto que sea el lugar visitado, el personaje consigue mantener conversaciones fluidas con los lugareños. Ambos están doblados, pero por debajo puede intuirse que no están hablando el mismo idioma. Sin embargo, ocurre una magia especial y se comprenden perfectamente.
  • El personaje o la cámara tienen acceso a esos lugares que nos gustaría ver, y verlos sin gente: en el interior de las Pirámides de Egipto, en las cuevas de Altamira, en un pecio hundido a 50-60 metros, en una biblioteca de incunables…
  • Curiosamente, ese personaje sabe a dónde ir, y va. Es decir, tiene un plan muy estructurado que siempre es posible, aunque en la vida real implicaría varias semanas de viajes, largos traslados, incómodas noches en un hostal, cancelaciones por temas climatológicos… El personaje no sufre nada de esto, aparece en los sitios y siempre hace sol. Y si a lo que va es a ver la aurora boreal, aparece de noche despejada y la aurora se muestra en su esplendor. Aquí de pronto la filmación se acelera y se puede ver el movimiento de las luces verdes en el cielo.
  • Algunos de los protagonistas de estos documentales son además expertos en algo: la mayoría de las veces, en temas de naturaleza, pero también puede ser que escalen, sean cocineros, meteorólogos,… De esta manera, pueden interlocutar al mismo nivel con homólogos suyos en el país de destino, y nos muestran todo lo que no sabíamos.
  • La inversión de tiempo es mucho menor: un viaje que en la vida real tomaría 3 o 4 semanas se convierte en 1 hora de apretado documental lleno de color; quizá en una serie.

Con todas estas ventajas, es indudable que nos decantemos por unos cuantos viajes televisivos que llenarán nuestro verano.


Wait a minute… 

Fue Galdós quien en una de sus novelas, creo que en uno de los Episodios Nacionales, explicó que, por mucho que te describan a qué sabe un filete, nunca sustituirá la experiencia de comer un filete. Es imposible comprender las sensaciones diversas de comer un filete sin experimentarlas en primera persona.

En una tarde, puedes dar la vuelta al mundo en un viaje que tomaría varios meses en la vida real. Pero no has movido tu culo del asiento («Mueve el culo a Marte»).

Qué chasco, ¿no?

Cuando realmente te tomas las molestias de ir a uno de esos lugares es probable que la experiencia visual sea mucho más pobre, que no logres hablar con la vieja, que comas en un restaurante para guiris… Pero entonces, comes esa ensalada griega y el feta tiene sabor, no es solo unos cuadrados blancos que ves en la tele.

Te cansas muchísimo y en vez de ver los 20 monumentos de tu lista, ves 7. En tu odisea, te acercas a hablar con los lugareños y resulta que tienen otro idioma y que hay que entenderse por gestos. Pero has interactuado con ellos, no te has quedado de espectador, te has “manchado las manos” al acercarte al lugar, te has puesto al nivel de los otros humanos.

En estos tiempos inciertos, he tomado una decisión: en cuanto se pueda viajar con total seguridad, en cuanto nos hayamos adaptado de verdad a lo que hay, quiero ver el nuevo museo arqueológico de El Cairo (cuya apertura se ha retrasado a 2021). Eso y las pirámides. Rodeada de otros turistas, todos haciendo las mismas fotos chorra.

Traduttore, traditore

La traducción es un trabajo difícil, porque no basta con traducir palabras de un idioma a otro. La traducción literal puede traer frases como estas de un manual de instrucciones de un ventilador:

Saque el tanque de agua de la parte inferior de la parte posterior (enfriador de aire) y escape un tercio del tanque de agua mientras inyecta agua corriente en él.

Las cajas de hielo congelado (o helados) se colocan en el tanque de agua cuando el cliente desea obtener el viento más frío.

De la traducción automática como esta a las traducciones de obras de literatura clásica que consiguen una calidad literaria similar a la del texto original, va un mundo, como la Odisea de José Manuel Pabón para la editorial Gredos.

Por muy buena que sea una traducción, siempre se van a perder matices, como explica este artículo para traductores: muchos términos de un idioma no tienen una traducción que suene bien en otro idioma.

Traducción en el cine

Adaptación del guion

Los guiones de las películas necesitan de muchas adaptaciones para ajustarlos a nuestra cultura manteniendo la fidelidad al significado original.

Un ejemplo: muchas películas norteamericanas hacen alusión a personajes célebres que aquí desconocemos. En la traducción se sustituyen por personajes más conocidos, como en Top secret, que se habla de “Julito Iglesias”.

Hablando de películas del humor absurdo, su traducción es realmente difícil y un trabajo muy respetable. Salvo los gags visuales, la mayoría de lo que se dice hay que reinventarlo con referencias equivalentes a las del chiste original. Por ejemplo, en la segunda y tercera películas de Austin Powers, el doblaje de Mike Myers lo hace Florentino Fernández, y se añaden en él incluso imitaciones de Chiquito de la Calzada.

Invención de los títulos

Mención aparte merecen las traducciones de títulos de películas. Algunas de ellas ciertamente responden a la expresión “traductor: traidor”, como es el caso de “La semilla del diablo”, gran spoiler que consigue desvelar el final de la película ya en el título. El título original, “El bebé de Rosemary”, es más conservador con respecto al contenido de la película.

Cartel de La semilla del diablo, que en inglés se titula Rosemary's Baby

A veces, la inventiva no está muy justificada. Por ejemplo, en “La invasión de los ultracuerpos”, la palabra ultracuerpos es inventada y sustituye a “ladrones de cuerpos”, una expresión perfectamente utilizable. Hay una película magnífica de Billy Wilder que en inglés se titula “El fin de semana perdido”, un título perfecto para lo que ocurre en la película, y que en español se titula “Días sin huella”.

Otro ejemplo es una película francesa que se titula “Tout por plaire” (Todo para complacer) traducido como “¿Por qué las mujeres siempre queremos más?”. Quizá se piensa que así es más vendible, sin embargo, el mensaje de la película no solo es el contrario al que da a entender el título en español, sino que cuadra perfectamente con el título en francés.

El doblaje de las películas

En el doblaje de películas, se añade una dificultad a la traducción: el texto tiene que coincidir más o menos con el movimiento de los labios de los actores. Por lo que a veces la traducción está lejos de la frase original, aunque el sentido sea el mismo.

En Terminator 2, en un momento dado en que se arma una explosiva escena de acción en una fábrica, uno de los trabajadores dice:

Get the hell out of here!

Lo que en subtítulos aparece como:

Evacuad la fábrica.

Sí, el sentido es el mismo, pero creo que se han perdido ciertos matices… La traducción literal no es posible, pero una traducción más aproximada podría ser:

¡Salid a la puta calle ya!

El doblaje tapa por completo no solo lo que los actores dicen, sino su tono de voz, inflexiones,… y el sonido ambiente, ese reverberar de las palabras en una catedral, el eco en una nave industrial, el sonido quedo de una sala muy pequeña…

Al ver una película doblada, ¿estamos disfrutando de la obra original? ¿O estamos disfrutando de una obra derivada? ¿El guion es equivalente? ¿El trabajo del actor de doblaje es equivalente?

Se suele decir que el doblaje en España es muy bueno. Lo cierto es que las voces de doblaje son muy profesionales y experimentadas, y como decíamos antes, nos acercan la película al adaptarla a nuestra cultura.

Aun así, me parece un error que un mismo actor/actriz doble a más de un actor original. ¿Por qué? Cuando es el asesino, lo sabes por la voz, cuando no estás mirando, sabes que está hablando Al Pacino, Stallone o Robert De Niro, entre muchos otros. O si es una mujer, estás oyendo a Diane Keaton, Kim Basinger o Kate Capshaw entre muchísimas otras. Leonardo Di Caprio  tiene la voz de Jim Carrey, que a su vez dobló al primer Austin Powers pero no a los siguientes, Harrison Ford habla como George Clooney, y cuando De Niro y Pacino se encuentran en una película, uno de los dos tiene que perder su voz por otra.

Alteración de la obra de arte

Al margen de que la traducción sea más o menos fiel al original, está la consideración de si altera la obra de arte.

Si leo un libro traducido, ¿estoy leyendo el libro que escribió su autor? ¿O se trata de otro libro?

Las versiones bilingües de los libros nos muestran el fino trabajo que se ha realizado en su traducción, que no puede evitar perder matices por el camino. Sin embargo, también se añaden matices que provienen de las palabras escogidas por el traductor. Podemos hablar de obra derivada, o podemos hablar de la creación de una obra “nueva” a partir de una obra existente, con un mérito que tiene escaso reconocimiento.

En definitiva, tengo sensaciones encontradas con la traducción y el doblaje, porque pienso que la traducción es imprescindible para la difusión de las obras escritas (incluyendo los guiones cinematográficos) y al mismo tiempo pienso que se pierde parte del trabajo tanto del escritor/guionista como de los actores e incluso director en el caso del cine.


¿Qué opinas? ¿Hay películas que prefieres ver dobladas? ¿Eres de los amantes de la V.O.? ¿Consideras que la traducción de un libro equivale al original? Cuenta, cuenta.

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

 

 

Desescalarse o aislarse, esa es la cuestión

Una de las decisiones que la vida nos pide tomar ahora es cómo vivir la nueva normalidad. Hay una serie de consejos (medidas de seguridad) y también un amplio campo de incertidumbre e interrogantes.

A la izquierda una mujer árabe con velo, a la derecha, personaje femenino del planeta de los simios

¿Me desescalo o no me desescalo?

Tal como cuando dividíamos el mundo en dos, podemos pensar que hay dos formas de vivir la nueva normalidad. 

Están los que siguen las recomendaciones al pie de la letra y se mantienen todavía prudencialmente distantes de su familia y no digamos de sus amigos. Esta forma de vivir la nueva normalidad puede implicar la creencia de que nada ha cambiado, por tanto eligen el aislamiento y la seguridad.

Ya habíamos mencionado algo de esto al revisar algunas preguntas sin respuesta, como de dónde salen los expertos, cuando hablábamos del síndrome de la cabaña.

Otras personas eligen desescalarse, se relacionan como antes de la pandemia, caminan por la calle sin la mascarilla (o la mascarilla como babero) y en general no guardan las distancias de seguridad. Esta forma de vivir la nueva realidad implica la creencia de que ya no hay riesgo, por tanto eligen abrirse y volver a actividades de antes del confinamiento.

Meme: AVISO IMPORTANTE: a partir de hoy desaparece el estado de alarma, NO el coronavirus
Meme que surge el 21 de junio

 

¿No hay punto medio?

Antes o después, la persona se encuentra ante una elección que corresponde con una de las dos opciones: tras presentarse en una terraza con mascarilla y saludar a sus amigos con el codo, se sientan todos cerca unos de otros (lo que la mesa y el espacio permiten) y se quitan la mascarilla para tomar lo que han pedido.

Si una persona elige permanecer confinada, sencillamente no puede quedar con sus amigos en un entorno social. Podrá quizá quedar en casa de alguno de ellos y sentarse todos a metro y medio del resto. Para tomar algo, lo tendrán que repartir en raciones individuales.

Es posible que la misma persona siga las dos formas de vivir esta situación. Podemos ver a alguien hacer la compra con mascarilla y guantes y mantener las distancias de seguridad en Mercadona, y salir por la tarde con un grupo de amigos con los que olvida las distancias y resto de medidas.

Las personas que eligen desescalarse están viviendo una nueva normalidad casi igual que la antigua normalidad y las personas que eligen protegerse están viviendo una nueva normalidad muy parecida a la fase 1 de la desescalada.

En los grupos que conozco y que estuvieron muy activos durante el confinamiento, por ejemplo dedicándose canciones mutuamente, hay personas que ya se reencuentran y otras que deciden esperar.

¿Entonces qué hago?

La combinación de ambas, realizada de forma consciente, puede ser un camino a seguir.

Así, es posible volver a salir a la calle con plena libertad… llevando la mascarilla puesta.  Es posible tomar algo en una terraza… quedando con pocas personas y de confianza. Es posible volver a la oficina… siempre que se nos ofrezcan las medidas de seguridad necesarias.

Lo que no parece tan fácil es conocer gente nueva: todas las iniciativas para crear grupos y hacer amistades o ligar implican riesgo. Parece que las personas que estaban solas y que han pasado un confinamiento duro lo van a tener más difícil también tras esa etapa, porque tratar de conocer gente y relacionarse pasa por acercarse de nuevo a las otras personas y confiar, a veces a ciegas, en que no nos van a contagiar. Así que esos viajes de singles de los que hemos hablado alguna vez están en riesgo de no producirse este año.


¿Cuál es tu caso? ¿Te has desescalado? ¿Sigues en confinamiento? ¿Crees que las situaciones de la nueva normalidad son seguras?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Florence Lawrence

Hace un tiempo os hablé de la historia de Florence Lawrence, que conocí hace 3 años. A raíz de lo que descubrí, escribí un relato que presenté a varios concursos literarios sin éxito. He pensado que es el momento de que vea la luz. Para todos vosotros/as, mis lectores:

Llama al Doctor Wilson

Fotografía de la actriz de cine mudo Florence Lawrence

Me miro en el espejo de mi tocador y reparo en la vieja fotografía que está enganchada en su marco. En ella aparecemos mi madre y yo actuando en el teatro, yo tendría unos seis años. Sé que por detrás de la fotografía pone “Baby Flo, la niña prodigio, 1893”, aun así, tomo la foto y observo la bella caligrafía de mi madre. ¡Mamá, cómo te echo de menos!

Dejo la fotografía en el marco del espejo y veo mi reflejo en él. Mi aspecto me sobresalta como el sonido de una alarma. Es cuando me doy cuenta de cómo estoy ahora, de quién soy ahora, o de quién no soy. Ya no soy ella, ya no soy Florence Lawrence, ni siquiera soy Florence Annie Bridwood, si es que alguna vez lo fui. Soy una vieja pobre y desfigurada que va a acudir esta tarde a la M-G-M para hacer un papel secundario que no va a tener ningún reconocimiento.

No, no voy a ir.

Telefoneo a Mike y le digo que me encuentro indispuesta y que no podré asistir al rodaje. Desde luego, no he mentido, no me encuentro bien. No se trata solo de que ya no sea la estrella de cine mudo que llegué a ser hace más de veinte años. Se trata de que estoy enferma, me duelen los huesos, me encuentro muy cansada y ya no quiero seguir adelante.

Esto ya lo he sentido más veces en mi vida, en especial desde que me separé de mi tercer marido, Henry Bolton. ¡Ese cerdo! Pero no seguir adelante en aquel momento habría sido darle la razón.

Lo cierto es que yo no soy quien fui, lo he perdido todo. Todo.

Me siento en la silla del tocador y repaso algunas viejas fotos de mi álbum preferido.

¡Ah, la foto de Harry! Yo te amaba, Harry Solter. Fuiste el gran amor de mi vida. Por eso todavía no puedo comprender cómo me pusiste en riesgo en aquel escenario en llamas. Recuerdo cómo nos conocimos, mucho antes de aquello. Me buscaste, sin conocerme, para hacer un papel de amazona. Buscabas a una mujer joven y guapa que supiese montar a caballo, ¡esa era yo! Estaba ganándome la vida en Vitagraph por veinte dólares a la semana y me tenían de costurera. Gracias a ti pude colaborar con Biograph Studios, mi sueldo subió y pude dedicarme en exclusiva a actuar.

Eran tiempos tan diferentes… En un solo año podíamos rodar sesenta películas. Parece increíble. No dejábamos de trabajar. Los fans me llamaban la Chica Biograph.

Mira, aquí está la foto de Carl Laemmle. Fue gracias a ti, Carl: hiciste una campaña muy ingeniosa para hacer creer a los fans que había muerto, para después «resucitarme» e invitarles a ver mi nueva película. ¡Fue increíble! ¡Funcionó! A los veintiséis años de edad estaba ganando quinientos dólares a la semana como actriz principal. Eso era en 1912, hace ya demasiado tiempo. Con ese dinero pude cumplir mi sueño de toda la vida, comprarme un terreno de cincuenta acres.

Un terreno de cincuenta acres, mi sueño.

Ese terreno, aquella vida, mi sueño…

Solía sentarme en el camerino del estudio y me preguntaba cuánto tiempo más podría seguir haciendo creer.

Lo que yo realmente deseaba era retirarme, tener una vida hogareña al lado de Harry, tener hijos. Habríamos vivido en el campo con mi madre. Habríamos sido felices.

Florence Lawrence en su coche

¡Ah, el Lozier! Esta foto siempre me gustó. Fue también en 1912, si no recuerdo mal, cuando compré este Lozier descapotable. Los hombres se sorprendían con mi habilidad para manejar un automóvil, pero mucho más con mi capacidad para repararlo. En efecto, conocía toda la mecánica, su funcionamiento, para mí era una afición que me llenaba tanto como actuar. ¡Qué joven era! Se me ve tan pequeña al mando de esta máquina tan bella.

Mi viejo auto… ¿Dónde estarás ahora? Quizá desguazado… Desguazado como yo.

Y todavía algunos dicen que mis inventos de las señales para indicar la dirección y la frenada, y el del limpiaparabrisas eléctrico, tenía que haberlos registrado en aquel momento y no dejar que las grandes compañías automovilísticas los patentasen como suyos. Yo no le di tanta importancia a aquello. Era ingenioso, sí, pero solo me parecía un divertimento.

Vivía la vida que nunca había pensado que podría vivir, y que siempre había soñado. Y me persuadieron para que volviera a trabajar… Quizá mi ambición fue lo que me perdió. El momento decisivo fue renunciar a mi vida en el campo y volver a Hollywood.

No pude tener hijos con Harry Solter. Tenía un corazón delicado, su salud fue empeorando y al final se fue. Su pérdida fue muy dolorosa para mí, aunque lo habría sido más antes de la tragedia. Algo se rompió entre nosotros aquel día.

Matt Moore. Ver tu foto me produce dolor. Solo un año después de volver a mi carrera como actriz, ocurrió aquello. Fue durante el rodaje de “Peones del destino”. Estábamos rodando una escena en la que nos tenían que rescatar de un edificio en llamas. El fuego se descontroló. Yo siempre había hecho escenas arriesgadas, sobre todo montando a caballo, pero culpé a Harry de habernos obligado a rodar aquella escena. Matt, sin duda habrías muerto de no ser por mí, estabas tirado en el suelo, inconsciente. Quemarme la cara y el pelo y quebrarme la espalda cuando se derrumbó la escalera, creo que es un precio demasiado alto. Mi vida cinematográfica murió en aquel incendio en 1915, aunque yo me empeñase en continuarla. Ese, desde luego, fue otro de los momentos decisivos de mi vida. ¿Cómo me sentiría ahora si en lugar de volverme para ayudar a Matt hubiese seguido corriendo? Quizá la culpa no me habría permitido continuar con mi vida. Pero al menos habría sido una lacra que nadie más habría podido ver reflejada en mi rostro o en mi cuerpo, como sí lo fue el fuego.

Mi vida entera se desmoronó después del incendio. ¡Tantos meses de recuperación! En el fondo, nunca llegué a restablecerme por completo. La cirugía plástica… Reparó, pero no como para permitirme hacer un papel principal, y más con la nueva moda del primer plano. Y esta espalda nunca se ha curado, no ha dejado de doler.

Ah, esta foto es de la película “Elusiva Isabel”. Para mí fue un esfuerzo excesivo volver a estar en activo tan solo un año después del incendio. La tensión del trabajo me hizo recaer; estuve paralizada cuatro meses, la espalda… Intenté regresar a Hollywood unos años después, pero no tuve mucho éxito, ya era mayor y ya no era la misma.

Al año siguiente de morir Harry me casé contigo, Charles. En esta foto estamos guapos a pesar de todo. Compartíamos el amor por los automóviles. Contigo tampoco tuve hijos. Nuestro matrimonio empezó algo tarde para ello, yo tenía treinta y cinco años, pero todavía albergaba la esperanza de tener una hija y hacer de ella lo que mi madre hizo de mí: una estrella. Mi madre me había dado una profesión y siempre habíamos estado muy unidas, cosa que a Harry no le gustaba, y a ti, Charles, tampoco.

Cierro el álbum y lo dejo sobre la cómoda.

¿Por qué nunca he acabado de comprender a los hombres? Quizá sea porque mi padre murió cuando yo tenía doce años, pero ya estaba separado de mi madre desde mucho antes, así que para mí era como si no existiera. Yo adopté el apellido artístico de mi madre, y así borré a mi padre de mi realidad.

Mi madre… Mi madre murió en agosto de 1929, hace ya nueve años. No me acostumbro a estar sin ella, me defendió siempre, me abrió carrera, incluso luchó por aquellas ridículas patentes del automóvil. 1929 fue para mí un año maldito. Ya tenía cuarenta y tres años y Charles me abandonó. ¿Me abandonó por vieja? ¿Me abandonó por la tristeza en que me sumí a la muerte de mi madre? No lo sé, lo cierto es que continuamos con nuestra tienda Hollywood Cosmetics a pesar de estar separados, pero al final tuvimos que cerrar por la gran crisis… En ella perdí buena parte de mi fortuna. Me habían aconsejado invertir en acciones, y de hecho durante un tiempo estuve ganando bastante dinero. Pero de pronto todo se desplomó. Una vez más, mi vida se derrumbaba de golpe dejándome caer al vacío, como aquella escalera en el incendio.

Me casé de nuevo por ver si un hombre me mantenía. Pero aquel animal de Henry Bolton era alcohólico y un maltratador, así que le aguanté cinco meses penosos. Aquello fue muy doloroso, ya entonces contemplé la opción de no seguir adelante, y dejé todo preparado.

Ahora me veo obligada a hacer papeles menores por 75 dólares a la semana, y aun tengo que estar agradecida de que la M-G-M nos haya acogido, a los actores del cine mudo, como quien acoge a los niños harapientos de las calles.

Seguir adelante ya es un absurdo. No soy Florence Lawrence, no soy la Chica Biograph, soy una vieja desfigurada y enferma. Lo último que se ha añadido a mi carrera hacia el infierno es esta afección que me tiene tan cansada. El doctor Laurian dice que es una enfermedad de los huesos que produce depresión y que es incurable. Yo diría que la depresión comenzó en mi vida con aquellos hijos que no tuve, creció en aquel fuego que dejó su sello en mi rostro y se consolidó cuando perdí todo, hasta mi terreno soñado, en el crac de la Bolsa. Pero es solo desde que estuve con mi último marido, con el animal, que guardo conmigo los ingredientes que me van a ayudar a decir adiós: el jarabe para la tos y el insecticida para hormigas. No quiero hablar de cómo llegué al conocimiento de esta combinación. El insecticida es veneno, claro, pero sé que combinado con el jarabe va a ser menos doloroso porque el jarabe adormece, o es lo que espero.

Esos ilusos de la M-G-M me van a esperar para otro rodaje mañana, pero ya no va a haber un mañana.

Cojo de la cocina el insecticida y el jarabe. No se me puede olvidar dejar una nota para Bob. Hace poco tiempo que estoy viviendo con Bob Brinlow y su hermana. Ellos no tienen la culpa de nada. Me da pena hacerle esto a Bob, es un compañero de trabajo que se ha portado muy bien conmigo, me quiere como a una madre. ¿Y si lo dejo?

No, estoy decidida. He visto la alarma al mirarme en el espejo. Por primera vez en mi vida, voy a responder a un aviso del destino. Lo siento mucho, Bob, es mejor así. Podéis quedaros a vivir aquí.

Cojo papel de la libreta de la cocina, y escribo:

Querido Bob,

Llama al Doctor Wilson. Estoy cansada. Espero que esto funcione. Adiós, querido. No pueden curarme, así que dejémoslo así.

Con cariño, Florence.

P.D. Habéis sido todos estupendos. Todo es vuestro.

* * *

Miércoles 28 de diciembre de 1938

Marian Menzer, vecina de Florence Lawrence, escucha gritos de agonía procedentes de la casa de Florence y acude rápidamente a su auxilio. La señora Menzer encuentra a la señora Lawrence retorciéndose en el suelo. En la mesa de la cocina puede ver el bote de jarabe para la tos y el insecticida para hormigas.

– Pero, ¡qué ha hecho usted, señora Lawrence!

Marian Menzer telefonea al servicio médico. Se arrodilla en el suelo y toma a Florence Lawrence de la mano. La mano está fría, los ojos de la señora Lawrence están entrecerrados, su gesto es de dolor, su otra mano agarra la ropa en la zona del estómago.

Una ambulancia acude a la casa poco después. Se llevan a la antigua estrella del cine mudo en camilla.

Florence Lawrence fallece en el Beverly Hills Emergency Hospital a las 14:45.


Fuentes:

Quien no recuerda nombres

¿Existen las cosas si no tienen nombre?

Es un tipo de reflexión a la que se dedican los lingüistas, existe un amplio campo para el estudio de los significados, la semiótica, la semiología, los límites de la interpretación, etc.

Algunas personas tenemos dificultades en recordar nombres propios. Al mismo tiempo, nos cuesta poner un nombre distinto a algo que ya llevaba una etiqueta, una marca.

No recordar nombres propios

Cuando alguien que no recuerda nombres propios quiere hablar de una película, no recuerda su título. Prueba a hablar de sus actores, pero no recuerda cómo se llaman. Acaba haciendo frases muy largas que provocan pérdida de interés:

Sí, esa película en la que aparece el actor que también salía en otra película en la que son presos y les empiezan a perseguir porque se han escapado de un furgón que ha tenido un accidente y…

Cuando se habla de música, el que no recuerda los nombres pierde el prestigio con rapidez. Si afirma: “Me gusta la música heavy”, le pueden preguntar: “¿Qué grupos, qué canciones?” Aquí las referencias son más difíciles de encontrar, haciendo un esfuerzo se consigue recordar algún grupo, los más nombrados: Iron Maiden, Guns N’ Roses… Y los títulos de las canciones quizá los adivina por el estribillo.

Cuando quien no recuerda los nombres viaja, lo hace cada vez por primera vez. Sabe que en una ciudad concreta había un restaurante muy bueno que… Pero no recuerda cómo se llama, por lo que no lo puede buscar ni reservar. Quizá alguno sabe orientarse y lo encuentra deambulando por las calles de esa ciudad. Puede describir en detalle ese restaurante, pero el nombre no ha quedado registrado en su memoria.

Recordar etiquetas y marcas

Curiosamente, quien no recuerda los nombres propios sí suele quedarse con nombres de etiquetas y marcas comerciales, hasta el punto de olvidar o desconocer el nombre genérico.

Cuando quiere hablar de esa crema de chocolate que se unta, tiene que decir Nocilla y, los menos antiguos, Nutella. Necesita decir la marca para estar seguro/a de que habla de lo mismo.

Para decir café de sobre, dice Nescafé.

En un bar, pide una Coca-Cola. Cuando le responden: “Solo tenemos Pepsi”, vive unos microsegundos de perplejidad, pues en su mente responde: “Es lo mismo, Coca-cola es el refresco marrón”. Además, en España este refresco no ha conseguido un nombre genérico rápido de decir.

En la farmacia, pide Gelocatil, de vez en cuando recuerda decir el nombre “más barato”, paracetamol.

Y no sabe qué hacer con las denominaciones sucesivas del corona virus, coronavirus, el covid-19, la covid-10, la covid sin más…

Hablando en indio

Forma parte del discurso de autoridad la capacidad de mencionar los nombres propios y específicos de aquello de lo que se está hablando.

Los que no recuerdan los nombres propios, hablan parecido a los indios americanos en las películas y parecen menos capaces:

  • El que vive cerca del parque grande.
  • La que va muy arreglada y es mayor y simpática.
  • El señor mayor que anda como cojeando.
  • La hija de la señora que vende el pan (“panadera” a veces no viene a la mente).
  • Un pueblo que está en la provincia de Badajoz, que es pequeño.
  • Un grupo heavy que su cantante es rubio y tiene el pelo largo.
  • Un programa para recortar imágenes y hacer una edición sencilla.

Lo que dijo Dale Carnegie

Fotografía retrato de Dale Carnegie

En Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, Dale Carnegie dedica muchas páginas a destacar la importancia de recordar el nombre de la persona con la que estás hablando.

Para cada uno de nosotros/as, nuestro propio nombre es el más importante de la tierra. Para influir en una persona, debemos al menos recordar su nombre, como signo de que nos interesa.

Una vez que llamamos a otro por su nombre, si queremos mostrarle interés, hablemos de lo que le interesa. La mayoría intentamos interesar a otra persona contándole lo que nos sucede y nos ha sucedido. Sin embargo, lo más aburrido para una persona es que otra le cuente su vida.

Mostrar interés genuino es reconocer la importancia del otro, reconocer que somos iguales, que tenemos muchas cosas en común. Y reconocer quizá que nos parecemos más de lo que querríamos reconocer, o incluso que nos gustaría ser como la otra persona pero no nos lo permitimos.

En Estrella doble, Robert Heinlein habla de cómo el político Bonforte recuerda los datos de cada persona con la que se entrevista, comenzando por su nombre, a través de los ficheros Farley.

Un mundo más pequeño

Las palabras crean el mundo en el que vivimos. Sin palabras, el mundo se limita a aquello que podemos señalar, pero no podemos elaborar discursos complejos, abstractos, específicos…

Cuando una persona empieza a olvidar palabras, parece estar perdida y tener menos conocimientos, parece desubicada, en un mundo impreciso y vago. Cuando no somos capaces de recordar nombres propios, en nuestro pensamiento todo parece bastante claro, pero su construcción se viene abajo cuando queremos comunicarlo a otra persona.


Las cosas que no tienen nombre o que no puedo mencionar parecen no existir. Parece que la existencia de algo, aun si no es tangible, viene en nuestro mundo humano a través de su nombre.

 

Preguntas sin respuesta

Me rondan por la cabeza preguntas sin respuesta, retazos de pensamiento, reflexiones, inspiraciones de lo que se ha leído en otros blogs… Comparto algunas:

¿Cómo sentirse bien con la mascarilla?

Lo cierto es que nadie parece sentirse cómodo/a con la mascarilla. Hay un contraste claro entre cómo nos gustaría sentirnos y cómo nos sentimos realmente. Algo como esto:

A la izquierda una mujer árabe con velo, a la derecha, personaje femenino del planeta de los simios

En este escenario digno de El Planeta de los simios, resulta mucho más fácil relacionarse con personas conocidas de las que ya se sabe cómo son sus expresiones y cambios emocionales que relacionarse con personas desconocidas.

Da la sensación de que no te oyen o que no les oyes, quizá porque inconscientemente recurríamos a mirar el movimiento de los labios al hablar. Nos falta información visual y esto empeora claramente la comunicación.

¿Por qué ese rango del grifo monomando?

Me gustaría saber por qué si el grifo monomando puede girar unos 135 º, la diferencia entre congelarse y escaldarse se encuentra en un punto infinitesimal.

Es una reflexión que hago cada día, preguntándome por la gran imprecisión de los 135 grados comparada con la extrema precisión del punto en el que el agua está a la temperatura tolerable.

La imagen muestra un grifo monomando

¿Esto quién lo ha escrito?

Encontré un texto muy motivador, parece una traducción del inglés (por lo de jodido), busqué referencias en Google y no encuentro a su autor. Eso sí, hay muchas citas de este texto:

Ama tu jodida vida. Toma fotos de todo. Dile a las personas lo que sientes por ellas. habla con extraños. Viaja. Haz cosas que te den miedo hacer. Y si alguien dice algo, ¡que se joda! Al final estaremos muertos y nadie recordará lo que hicimos; así que toma tu vida y conviértela en la mejor historia de este mundo. No desperdicies esto.

Este blog es uno de los sitios en que lo he visto. Si haces una búsqueda del texto, todo o por partes, encontrarás varias páginas que lo citan literalmente, pero ninguna que explique su origen.

También puedes buscarlo en inglés, en caso de aburrirte mucho:

Love your fucking life. Take pictures of everything. Tell people you love them. Talk to random strangers. Do things that you’re scared to do. Fuck it, because so many of us die and no one remembers a thing we did. Take your life and make it the best story in the world. Don’t waste that shit.

Por cierto, el estilo me recuerda al de Bukowski (Make it).

¿De dónde salen los expertos?

Ya hemos hablado anteriormente de la casa como un refugio, una cabaña en la que el ermitaño está aislado del mundo, una sensación que hemos podido tener durante la etapa más cruda del confinamiento.

Por lo visto, ahora se está empezando a hablar del “síndrome de la cabaña” como una consecuencia de haber estado dos meses en confinamiento estricto y al menos otro más en que la mayoría del tiempo muchos de nosotros/as permanecemos en casa. Consiste en no querer salir, no querer cambiar de fase, preferir permanecer en este estado de monje en su celda.

Pero leo este artículo de Isaac Rosa en el diario.es y estoy de acuerdo en que en parte se trata de no querer volver a la vida de mierda… da la sensación de que todos los avances y ventajas que implicaba esta situación van a ser arrasados y eliminados en el momento en el que se pueda “volver” (también dijimos que no se puede volver) a la normalidad.

En todo caso, vuelvo a la pregunta de esta sección. En una situación desconocida, inesperada y nueva en la que cada persona y organización ha respondido como buenamente ha podido, ¿de dónde salen los expertos que ya sabían todo sobre todo?

¿Por qué la inteligencia artificial no es empática?

De pronto, Google Fotos te recuerda una fecha aniversario. Se ha programado a esta inteligencia artificial para que te traiga “bonitos recuerdos” de aquel día. Sin embargo, es muy probable que no tengas el menor interés en recordar acontecimientos que fueron felices pero que ahora son dolorosos: cumpleaños de personas que ya no están, bodas a las que han sucedido divorcios, excursiones con amistades que has perdido, celebraciones que ahora no pueden hacerse…

Alguien humano está siempre detrás del funcionamiento de cualquier sistema artificial. Por ello, habría que pedir a esos humanos un poco de empatía en sus programaciones.


¿Tienes alguna respuesta a nuestros interrogantes? ¿Te gustaría añadir alguna otra reflexión que te asalte cada día? Cuéntame. 🙂

La próxima normalidad

Este artículo es una traducción de The next normal, escrito por el experto en e-learning Ryan Tracey y por otra serie de expertos de diferentes países.

He tratado de ser lo más fiel posible al texto y añadido notas aclaratorias cuando lo he visto necesario, si bien traduttore, traditore. He traducido Learning&Development como formación, el sinónimo más comprensible y utilizado en España.


La pandemia del COVID-19 marcó el comienzo de una nueva normalidad para los profesionales de formación, ya que se envió a millones de personas a sus casas a teletrabajar.

Si bien muchos de nosotros habíamos estado ofreciendo durante años cursos online y otras alternativas a la capacitación en persona, de repente nada se podía realizar en un aula tradicional; y, como colectivo, nos hemos visto obligados a trasladar la formación al entorno online.

Tuit que dice: "De pronto, la gerencia está interesada en el aprendizaje autodirigido digital"
[De pronto, la gerencia está interesada en el aprendizaje autodirigido digital]
Sin embargo, a pesar de mi tuit irónico, el aprendizaje autodirigido digital no se ha convertido en la norma. Por el contrario, la respuesta convencional a las circunstancias cambiantes parece haber sido convertir las clases presenciales en seminarios web (webinars). No soy anti-webinar per se, pero debo admitir que estoy un poco decepcionado por nuestra propensión a perpetuar ciegamente los viejos enfoques en otro medio.

Al igual que la capacitación presencial, los seminarios web tienen su lugar, pero me atreví a soñar que nuestro aislamiento masivo podría generar soluciones más creativas más allá del mismo hombre con un sombrero diferente.

O tal vez estoy siendo demasiado rápido en juzgar. Solo han pasado unos pocos meses desde el confinamiento, y todo el mundo ha estado luchando para mantener la continuidad del negocio. Quizás la “nueva normalidad” sea meramente a corto plazo; quizás con el tiempo nuestras soluciones se diversifiquen.

Mirando más hacia adelante, me pregunto qué sucederá cuando los gobiernos alivien las restricciones y regresemos a la oficina. ¿Volveremos a nuestras formas anteriores o el genio está fuera de la botella?

Por supuesto, nadie puede saberlo con certeza, así que hice lo siguiente mejor: inspirado por el experimento de las gominolas en el frasco [en el que invariablemente la estimación del grupo es superior a la gran mayoría de las conjeturas individuales], decidí someterlo a la sabiduría popular. Específicamente, invité a una lista restringida de profesionales de la formación de todo el mundo para responder la siguiente pregunta:

¿Cómo afectará la pandemia del COVID-19 a la formación a largo plazo?

Aquí están sus respuestas…

Una mano de un alumno mueve el ratón mientras deja su mascarila FFP2 sobre la mesa.

Taruna Goel (Canadá)

«Lo que despierta mi curiosidad es el impacto de la cuarentena, el distanciamiento social y el teletrabajo en la memoria, la cognición, el aprendizaje y el comportamiento. Por mucho que la tecnología nos esté ayudando a corto plazo, ya estamos viendo el impacto de demasiadas videollamadas sincrónicas en forma de “fatiga del Zoom”.

La formación necesitará explorar críticamente los desafíos del teletrabajo y el aprendizaje a distancia. La formación en el lugar de trabajo deberá guiarse por investigaciones basadas en la evidencia que consideren factores que incluyan la distracción en línea, la fatiga del portátil y la productividad laboral junto con la salud mental de los empleados, el bienestar emocional y los niveles de estrés en un mundo pospandémico impulsado por la tecnología.

Si trabajar de forma colaborativa, desde la distancia, es la nueva normalidad a largo plazo, requerirá de la adquisición de nuevas habilidades, actitudes y mentalidades para un rendimiento laboral óptimo. La formación necesitará tomar la iniciativa y permitir el desarrollo de estas habilidades, actitudes y mentalidades. La formación necesitará crear canales de aprendizaje, crecimiento, comunicación e intercambio y ayudar a los empleados a aprender nuevas formas de trabajar de manera eficiente y efectiva.

Esto no significa más e-learning (aprendizaje electrónico), seminarios web virtuales y videoconferencias. En su lugar, espero ver la formación intervenir como el curador del aprendizaje y el conector de experiencias compartidas, permitiendo a los empleados ser más autónomos y autodirigidos en sus viajes de aprendizaje continuo».

Mike Taylor (Estados Unidos)

«Después de pasar por la experiencia de esta pandemia, creo que uno de los aspectos positivos de la formación será que habremos intentado muchas nuevas formas de pensar. Realmente no hemos tenido otra opción, ¿verdad?

Uno de los cambios más importantes debería ser un cambio del enfoque tradicional en las existencias estáticas de conocimiento (una mentalidad de curso) a la consideración de los flujos de información. Los cursos requieren mucho tiempo, son caros y la mayoría de ellos comienzan a quedar obsoletos tan pronto como se crean.

Con la velocidad del mundo actual y la reducción de la vida útil del conocimiento, deberíamos permitir que nuestras organizaciones actualicen continuamente su conocimiento al participar en flujos relevantes de conocimiento nuevo. Para citar a Mark Britz, “la expectativa tiene que cambiar a donde muchas personas crean y consumen, aprendiendo juntos continuamente”.

Eso significa hacer más curación de contenidos por parte de expertos. Significa ayudar a los expertos a aprender formas eficientes de trabajar en voz alta (work out loud) y compartir lo que saben. Significa ayudar a todos a “aprender a aprender” y a apropiarse de su propio proceso de gestión del conocimiento.

Piensa en el conocimiento como en un virus. A diferencia del coronavirus, en realidad queremos que se propague rápidamente. Deberíamos ampliar los canales para ayudar a las personas a tener conversaciones sobre lo que están aprendiendo. ¿Cómo podemos usar la tecnología para poner a las personas en los mismos espacios digitales para ayudar a que el aprendizaje “se vuelva viral”?

En lugar de simplemente replicar las experiencias del aula en un entorno en línea, esta es una oportunidad para cambiar nuestro pensamiento y considerar un amplio espectro de alternativas. Nunca habrá una mejor oportunidad para aprovechar las herramientas sociales como Microsoft Teams, Yammer, Jive, etc. para desbloquear el conocimiento atrapado en las plataformas LMS (Learning Management System) y otros almacenes de información en toda la organización. Esa es solo una de las muchas posibilidades. Mira fuera de tu organización para ver lo que otros están haciendo. Lo importante es probar cosas nuevas… experimentar con ideas nuevas y mejores. Llámalo “piloto”, ¿no es todo ahora un piloto? Pide perdón en lugar de permiso. Simplemente hazlo.

En nuestro nuevo mundo, la habilidad de aprender se está volviendo más importante que nunca. Como dijo Jack Welch una vez, “la capacidad de una organización para aprender y traducir rápidamente ese aprendizaje en acción es la ventaja competitiva definitiva”».

Mayra Aixa Villar (Argentina)

«Soy una persona muy optimista y positiva, pero me temo que la COVID-19 se quedará con nosotros por mucho tiempo, desafortunadamente. Y esto afectará en gran medida a la formación y capacitación presencial.

El desafío para los profesionales de formación es comenzar a pensar en formas más creativas de ayudar a las organizaciones e instituciones a hacer que el aprendizaje digital no solo sea más atractivo sino también más accesible para todos a medida que nos adaptamos a esta nueva normalidad.

Sé que siempre hablamos de crear una experiencia en línea más atractiva, pero esta vez será más que un deseo. Piensa en todas las clases que solían ser cara a cara y estaban diseñadas de esa manera por una razón específica. Clases donde los alumnos necesitan hacer prácticas o clases donde la interacción cercana con un mentor o un tutor era absolutamente necesaria para que los alumnos completaran con éxito una tarea. Las organizaciones e instituciones ahora necesitan soluciones rápidas y creativas para poder ofrecer educación en línea y compensar de forma efectiva la falta de interacción entre los profesores y los alumnos.

Además, debemos comenzar a pensar más allá de los entornos de aprendizaje tradicionales y comenzar a considerar las condiciones y características de los alumnos en diferentes países. Cargar un documento en una plataforma o realizar un seminario web no es una solución. Los profesionales de la formación deben considerar, más que nunca antes, las restricciones que pueden enfrentar algunos alumnos. Hay personas que no tienen acceso a Internet, que no poseen una computadora, que no se sienten cómodas usando la tecnología. Aún así, debemos poder ofrecer recursos educativos a estos niños, adolescentes y adultos que no podrán asistir a clases presenciales.

Creo que los profesionales de formación tendrán que liderar el camino en términos de remodelar los métodos de difusión para hacer que la educación sea más efectiva, atractiva y accesible para todos».

Ger Driesen (Países Bajos)

«Creo que a la larga, no tanto. La crisis del COVID-19 será “solo un atípico” en la historia. Tendrá un gran impacto como un “marcador de generación” en la mente de aquellos que sí tienen la experiencia “dura” ahora. Será un gran evento “¿recuerdas 2020?” del que hablaremos durante muchos años. Pero desde un punto de vista práctico real tendrá un impacto menor en la formación.

Primero, habrá un “impulso” a todo el “aprendizaje en línea” como vemos ahora. Durante esta etapa de pánico, aceptaremos soluciones en línea que son lo suficientemente buenas por ahora, pero no a largo plazo. Los profesionales de la formación (incluidos los proveedores) que estaban “preparados” (ya pensaban y experimentaban con todo tipo de cosas en línea) se beneficiarán de la situación actual.

En parte, la formación que ya había pasado al entorno online, para temas y situaciones que tienen sentido, permanecerá online. Las empresas y los alumnos que dudaron ahora tendrán la experiencia de que puede funcionar “bien”, a veces incluso mejor, y se darán cuenta de que es más práctico y eficiente aprender en línea y querrán seguir haciéndolo de esa manera.

Pero también habrá una “recuperación”. Las personas eran, son y serán “animales sociales” y siempre apreciarán y valorarán los eventos cara a cara de la vida real relacionados con otros temas de aprendizaje. Mi predicción (que he compartido durante aproximadamente 2 años) de que la “formación tradicional en aula” será un tema “candente” en el futuro cercano podría recibir un impulso pronto.

Para recapitular: nos ayudará a lograr una distinción más clara y una elección deliberada sobre qué tipo de formación necesitamos/queremos hacer online y qué parte hacer presencial, y encontrar mejores y bien consideradas formaciones “mixtas” (blended) con el tiempo.

Hay una cosa más y de hecho un deseo que me gustaría añadir. Para muchas personas, la vida se ralentizó durante la crisis. Ir más despacio es genial para aprender. Espero que se aprecie más el ir más despacio de vez en cuando y también se convierta en un componente básico de las soluciones de aprendizaje. ¡Mantente saludable, cuídate, sigue aprendiendo!»

Belén Casado (España)

«Esa es una pregunta difícil, ya que nunca podemos decir cómo será el futuro. Pero creo que los profesionales tratarán de seguir trabajando desde casa y asistir a cursos a través de herramientas como Zoom.

Lo que he visto durante la pandemia del COVID-19 es que las personas valoran poder interactuar con los demás. Por lo tanto, los alumnos valoran la interacción tanto con sus profesores como con sus compañeros. Esto NO sucede en el típico curso de hacer clic y leer, es por eso que siempre tuvo una alta tasa de abandono.

Los alumnos también valoran mucho ver a sus profesores en vivo, incluso si la calidad de la imagen no es tan buena o si de fondo se ve su propia casa. Hemos gastado mucho dinero en el pasado creando vídeos profesionales que no eran tan atractivos, ya que estaban hechos con actores que solo leían un contenido.

No es solo que los cursos de hacer clic sean aburridos, o frustrantes si están bloqueados, es que los alumnos necesitan ver “personas” que estén “vivas” y se perciban como humanas, que los motiven a asistir a un curso. En cierto modo, ver a sus profesores los hace sentir “vistos”.

Entonces, si queremos tener éxito en el nuevo mundo del e-learning, creo que necesitamos añadir más interacción en vivo, especialmente poniendo a los alumnos en el centro de esta comunicación, es decir, con la entrega de tareas en vídeo o en forma de seminarios web. De esa manera, serán realmente vistos».

Gautam Ghosh (India)

«Hay dos aspectos: en el contexto empresarial más amplio, a medida que la mayoría de las empresas luchan por la supervivencia, muchas de las intervenciones tradicionales de aprendizaje a largo plazo quedarán en suspenso, especialmente aquellas que son presenciales y cuestan mucho dinero. Estas podrían desplazarse a una mayor oferta de contenido online, sin embargo, a corto plazo, esto podría llevar a una mala experiencia para el alumno, especialmente si el profesor es nuevo en la facilitación online y trata de replicar el modelo tradicional.

En segundo lugar, a largo plazo, espero que la función de la formación se transforme en una parte mucho más integrada del viaje de crecimiento del empleado y de la empresa. Muchos empleados están mejorando y elaborando sus viajes profesionales con sus propias manos y la formación necesita tener una conversación más profunda sobre cómo construir esta comunidad de alumnos dentro y fuera de los límites de la organización».

Ryan Tracey (Australia)

Y ahora volvemos a mí.

Estoy de acuerdo con mis colegas expertos en que la respuesta a corto plazo a la pandemia del COVID-19 ha sido una reacción instintiva. Pero eso es comprensible. El movimiento se demuestra andando(*), por lo que es perfectamente lógico que usemos las herramientas a nuestra disposición (como una plataforma de seminarios web) para satisfacer nuestras necesidades urgentes de formación.

También estoy de acuerdo con el consenso de mis colegas en que la sofisticación de nuestra oferta de servicios evolucionará. Para seguir siendo eficaces, nuestras soluciones deben ser más accesibles, mixtas (blended), seleccionadas (curadas), sociales, interactivas, reflexivas y auto navegables.

Y siento que es importante reconocer que los desafíos del aprendizaje a distancia no se disiparán cuando regresemos a la oficina. Habiendo detectado yo mismo el error de trabajar desde casa, estoy dispuesto a dividir mi semana más adelante, y estoy seguro de que no seré el único. Eso significa que, si bien volveremos a poner clases presenciales en la agenda, aún tendremos que atender a nuestro público objetivo desde la distancia.

Así, en medio de la tragedia humana, esta crisis puede generar un destello de bondad: una provocación para cambiar la formación para mejor.

La próxima normalidad.

(*) Benjamin Franklin dijo: “Bien hecho es mejor que bien dicho”. De ahí nace la expresión en inglés “Hecho es mejor que perfecto”, que hemos traducido como “el movimiento se demuestra andando”.

Una actitud ante la vida

Si empezamos con sentencias como: “la vida es cambio”, “todo cambia, nada permanece” o “no te puedes bañar dos veces en el mismo río”(*), al lector/a le va a sonar a: “ya me van a soltar el rollo”.

Porque durante años se han utilizado esas frases cuando se iba a producir un cambio en una organización, esperando predisponer positivamente a los profesionales, que sin embargo percibían el cambio invariablemente como algo negativo, lo fuese o no.

Esas afirmaciones del inicio siempre aplican, siempre son verdad, y a veces parecen serlo más, como en la época extraordinaria que nos ha tocado vivir.

Decir sí

Frente a la posible crítica a programas que tratan de imponer el agrado por un cambio que nos perjudica, está la aceptación de las cosas tal como son, con una actitud un poco más humilde. Se puede resumir como:

“Decir sí sin saber a qué; a ciegas”. (Brigitte Champetier des Ribes)

Una frase que alguien puede interpretar como: “bajarse los pantalones”, un tipo de expresión que llevo escuchando durante años en las organizaciones (he puesto, sin duda, la más fina).

La diferencia fundamental es distinguir entre resignación y aceptación, algo de lo que ya he hablado. Mientras que la resignación es una negación y una respuesta de ira o frustración, la aceptación implica una actitud más proactiva y adulta hacia lo que va apareciendo en nuestras vidas.

Para ello, es necesario reconocer la existencia inevitable del cambio. Reconocer que la vida avanza y las cosas ocurren con o sin nuestra “aprobación”. Entender que, para avanzar, deben darse situaciones de incertidumbre o ambigüedad, en las que no existen todas las respuestas. En estas situaciones caóticas y estresantes está la oportunidad de aplicar la creatividad, algo que desaparece en las situaciones predecibles y ancladas en el pasado.

Lo más difícil: decir sí a los demás

Este decir sí sin saber a qué incluye el paso más difícil: aceptar a otras personas, especialmente a las que no comprendemos o nos producen un gran rechazo.

La actitud de decir sí es esta:

¿Cuál es el secreto de la felicidad? No discutir con idiotas. No estoy de acuerdo. Tienes razón.

Desde que vi este chiste gráfico en un tuit, lo tengo muy en mente: verdaderamente, el secreto de la felicidad es la total aceptación de los demás. Una persona tiene sus razones para opinar y actuar como lo hace. Sus razones, tal como son, tienen un sentido. No hay una única verdad y, a veces, dos razonamientos aparentemente contrarios son igualmente correctos.

Lo que pasa es que, para la mayoría de las personas, los razonamientos verdaderos son los propios. Cada uno de nosotros se remite a sus valores, a su aprendizaje, a lo que considera que está bien. Y con base en todo ese pasado aprendido se siente en posesión de la verdad. Lo difícil es contemplar que la verdad de otra persona, para esa persona y con sus valores y bagaje es al menos tan válida como la nuestra.

Igual me equivocaba…

¿Cuál es entonces el secreto del gurú que dice que sí abiertamente y a todo: al cambio, a los demás, a lo nuevo y desconocido?

Supongo que parte de su secreto es reconocer que no entiende todo, no sabe de todo: reconocer su pequeñez. Hace unos meses me apunté brevemente a un curso de Coursera sobre un rol nuevo, “el Futurista” y me desapunté cuando se explicaba que la forma de identificar tendencias para los próximos 10 años era hacer búsquedas en Google. Estoy segura de que ninguno de esos futuristas pudo encontrar en Google ni tan siquiera un atisbo de lo que se nos venía encima.

En lugar de tratar de adivinar el futuro o de tener una actitud de rechazo a lo que cambia y a los demás, puede ser interesante soltar lo que creías entender, para centrarte en vivir con confianza el momento presente, el único en el que realmente puedes influir.


(*)En realidad, Heráclito dijo otra cosa, la frase que ha permanecido es una versión de Platón en Crátilo. Lo que realmente dijo Heráclito me parece muy interesante:

En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos].

¿Qué opinas? ¿Cómo te sientes con los cambios constantes que estamos viviendo? Te animo a que dejes comentarios. ¡Gracias por compartir!

Transformación digital y educación

Hace unos días os hablaba del prólogo de Clásicos para la vida, un libro de Nuccio Ordine, en el que el profesor da su opinión sobre distintos aspectos de la pedagogía.

Pues bien, sigamos dialogando con él, porque hemos dejado para este post todo lo relacionado con “transformación digital en la educación”: uso de dispositivos, creación de cursos online, evaluaciones automatizadas…

Vamos a ello.

Cómo se mide el aprendizaje

Imagen de una hoja de examen de matemáticas y una mano con un lápiz como resolviéndolo

Como bien indica el profesor Ordine, la recogida de datos cuantitativos no implica la comprobación del aprendizaje.

…no explica los efectos que la «escuela digital» produce realmente «en la mente de los estudiantes y en su capacidad de aprendizaje»

Sin embargo, el autor contrapone la educación en valores y la medición del éxito de los instrumentos didácticos a través de datos cuantitativos.

Pienso que la educación en valores puede hacerse a la vez que se mide el éxito de los instrumentos didácticos. Es verdad que la recogida de datos muchas veces no mide si los alumnos han aprendido, sino que mide:

  • Que hayan finalizado el curso.
  • Que hayan pasado el test.

Y creo que esto no ha cambiado por pasar a los entornos digitales. Se sigue midiendo que los alumnos aprueben el examen.

Medir el aprendizaje es algo realmente difícil, porque supone observar cambios de conducta que se han producido en el proceso aprendizaje-enseñanza. Cuando lo que se enseña son conceptos, ¿cómo medimos que se han interiorizado? La mayoría de preguntas que se hacen a los alumnos sobre conceptos está evaluando su memoria…

La transformación digital

Pienso que la educación tiene que ser parte de lo que ocurre en el mundo, y no quedarse en un limbo de musas y dioses clásicos. De otra manera, muy pronto se quedaría anclada en el pasado. La educación, como la lengua, ha de estar viva.

Es normal que el profesor Ordine critique la velocidad a la que cambian las innovaciones tecnológicas, un mal que se sufre en todos los sectores y que lleva a realizar inversiones constantes en la actualización:

…rapidísimas innovaciones del mercado (que vuelven en poco tiempo obsoleta, y a menudo inutilizable, gran parte de los materiales adquiridos)…

Esto es una realidad. No es algo ideal, no es quizá deseable, pero sí es un hecho. En todo caso, no implica la segunda parte de la afirmación del profesor:

…significa automáticamente dejar caer en el vacío otros posibles caminos: por ejemplo, el de la formación y selección de los profesores o el de la optimización de la ratio entre docentes y alumnos.

Desde mi punto de vista, la utilización de la tecnología no guarda relación con la selección de profesores ni con la ratio docentes/alumnos. Lo que tendría relación con esto último es la transformación del profesor en facilitador o en tutor, la creación de aulas virtuales y el uso de plataformas para intercambiar contenidos.

Entiendo que el profesor se refiere a la elección de en qué se invierten los recursos, pero la inversión en tecnología requiere en todo caso la formación de los docentes en ella.

Ordine dice:

La buena escuela no la hacen las tablets ni los programas digitales, sino los buenos profesores.

El uso de tabletas, plataformas o pizarras digitales es un tema relacionado con los materiales del aula: a grosso modo, se cambian cuadernos por tabletas y libros por plataformas virtuales. Por tanto, yo puntualizaría: la buena escuela la hacen los buenos profesores, redactores de contenidos y expertos en e-learning que saben optimizar el uso de los medios digitales.

El misterio de la evaluación de los alumnos

Pienso que la evaluación es siempre el escollo. Y que cuando pasamos a entornos virtuales, es la parte más descuidada, peor planteada y más frustrante para los alumnos. Como las preguntas abiertas requieren a un tutor que las lea, se suelen preferir preguntas cerradas de test, relacionar elementos, escoger de una lista, ordenar… Todo aquello cuya corrección se pueda automatizar.

Para una explicación completa de cómo redactar preguntas de evaluación, visita esta otra entrada.

Nuccio Ordine critica el

…restringir los objetivos de la enseñanza a la simple superación de las pruebas evaluadoras.

Y en este aspecto, estoy bastante de acuerdo con él… siempre que tengamos en mente las pruebas evaluadoras como test mal planteados.

Hay muchísimos tipos de pruebas que permiten evaluar a los alumnos, y que dependerán de si la formación está destinada a adquirir conocimientos teóricos (información) o si lo está a adquirir destreza en la ejecución de una tarea (desempeño).

Pruebas de evaluación colaborativas

Además, existen pruebas que no responden al modelo tradicional y que para los alumnos resultan bastante atractivas:

  • Opinión en foros: parecido a una discusión en clase, pero por escrito. En un foro de pregunta/respuesta todos los participantes pueden plantear preguntas y los estudiantes no pueden visualizar las respuestas de sus compañeros hasta después de haber contestado, lo que hace que pueda convertirse en una actividad evaluativa.
  • Evaluación entre pares: los alumnos presentan un trabajo y después evalúan el trabajo de varios compañeros, de forma anónima. De esta manera se reconoce la capacidad de los alumnos de identificar las pautas con las que van a ser evaluados.
  • Creación de documentos colaborativos: parecido al tradicional trabajo en el que los alumnos se reúnen en casa de uno para poner ideas en común, pero realizado a través de documentos digitales, con la potencialidad del acceso inmediato a más recursos.

Herramientas para el profesor

La inversión realizada en tecnología se puede amortizar si se utiliza en toda su potencia. A las pruebas de evaluación colaborativas, podemos sumar herramientas que el docente puede utilizar en entornos digitales:

  • Encuestas: el aula permite una encuesta a mano alzada, pero las herramientas digitales añaden también encuestas en que se vota entre varias opciones. Se puede por ejemplo preguntar a los alumnos qué explicación quieren primero, cuántas pausas prefieren hacer, qué parte prefieren repasar…
  • Elementos multimedia: el profesor puede utilizar vídeos, tutoriales, unidades interactivas… La cantidad de recursos que tiene a mano el profesor es mucho mayor, así como la facilidad de pasar de uno a otro.
  • Grabación de la clase: si un alumno no se entera de algo en la clase presencial, pedirá a sus compañeros los apuntes, normalmente, a alguno más “empollón” (yo era empollona, uso la palabra con orgullo y sin connotaciones peyorativas). Tendremos suerte si el otro alumno ha apuntado bien las cosas. En cambio, en entornos virtuales, el alumno puede ver la clase todas las veces que necesite y acceder a los apuntes redactados por el profesor (sin errores de interpretación).

Estos son algunos de los elementos que me llevan a defender la transformación digital en la enseñanza.


¿Cuál es tu experiencia? ¿Crees que los entornos virtuales para los alumnos están bien diseñados? ¿Prefieres el libro de texto? Gracias por leer y por comentar. 🙂

Para saber más, lee este artículo de Brenda PadillaCómo transformar tus clases presenciales a modalidad en línea sin sufrir en el proceso.

¿Y si hacemos como si…?

Hace poco leí un tuit del que me he venido acordando y que motiva este post:

Tuitero se pregunta qué pasaría si mañana salimos todos con la ropa sin planchar y hacemos como si siempre hubiera sido así

La cuestión es que la “nueva normalidad” parece conllevar únicamente aspectos negativos: formas de comprar más incómodas, formas de reunirse más frías, espacios exteriores e interiores más asépticos, organizaciones en la playa más robóticas… Todo como si de pronto viviéramos una situación de película, tipo La invasión de los ultracuerpos, en que los que todavía no han sido abducidos tienen que comportarse con frialdad para pasar desapercibidos entre “las vainas”.

Sin embargo, la nueva normalidad trae aspectos muy positivos y que pueden dar lugar a nuevas formas de organizarse que son más eficientes, más ecológicas y más lógicas. Ya habíamos hablado de los posibles aspectos positivos de la pandemia, y ahora hablaremos de cuáles podemos mantener porque han resultado funcionar (sorpresivamente).

Y no planchar la ropa podría ser un buen ejemplo…

Cuestionarse todo

Esta situación nos ha permitido cuestionarnos todo: la organización del trabajo, la educación, el ritmo de vida, la contribución diaria a la contaminación, la importancia de unas profesiones sobre otras, el significado de la imagen personal, el valor de la introspección…

Parece posible extraer conclusiones sobre el funcionamiento de casi todo y pensar en adaptaciones y mejoras en cada esfera.

Seguir teletrabajando

Este es, a mi juicio, el aprendizaje fundamental: se ha demostrado que se puede teletrabajar en miles de casos en los que la empresa había sido muy reticente a enviar a sus trabajadores a casa. Ahora que no era posible otra solución, se ha visto que los profesionales son responsables, se encargan de buscar el espacio físico y el hueco horario, se organizan como pueden para atender a los niños y continúan trabajando desde sus casas.

¿Y si hacemos como si el teletrabajo siempre hubiera existido? Recordemos brevemente algunas de sus ventajas por orden cronológico en un día de trabajo cualquiera:

  • Hay que madrugar menos. El descanso repercute positivamente en la productividad.
  • No hay que vestirse raro, es más, se puede estar con ropa cómoda, no plancharla (como dice el tuit) y, aun así, mantener una videollamada… porque el resto de los asistentes tienen el mismo aspecto.
  • No hay que tragarse un atasco que crispa los nervios y desgasta parte de la energía que teníamos para trabajar. Y esto incide, evidentemente, en la limpieza del aire de las grandes ciudades.
  • No hay ladrones de tiempo como: visitas imprevistas, ¿nos tomamos otro café?, el otro día me crucé con… y demás batallitas que dan mucha vida en el trabajo pero que, reconozcámoslo, quitan mucho tiempo. Esto no significa que no haya otros ladrones de tiempo en casa.
  • Hay mayores posibilidades de conciliar la vida personal con la laboral, ya que todo está “más a mano”. Evita ir a la carrera de un sitio a otro, durante todo el día. Es una organización que parece más lógica.
  • Facilita la entrada en el trabajo a personas con dificultades de movilidad y enfermedades crónicas para las que el desplazamiento resulta muy difícil, pero que pueden ser perfectamente productivas trabajando desde su casa. Esas personas con factores médicos no visibles de las que hablábamos en otro tuit.
  • Es más fácil también combinar la actividad pasiva y cerebral con el ejercicio físico, haciendo algunos estiramientos o paseos cortos, algo que no suele hacerse en una oficina porque te van a mirar como a un ser extraño.
  • Ahorra dinero en viajes y eventos de todo tipo, ya que también se ha demostrado que se pueden mantener reuniones internacionales desde casa y que se pueden realizar eventos de forma virtual.
  • No hay que volver a tragarse el atasco a la salida, con el cansancio de toda la jornada, y yendo con hora a los múltiples compromisos que van después del  trabajo.
  • Se llega antes a casa… Esto parece una tontería, pero si la jornada acaba a las 18.00, a las 18.01 estás en casa, con lo que tienes bastante más tiempo para hacer otras actividades. Volvemos, de nuevo, a una organización con más sentido común.

La imagen personal

Han corrido ríos de tinta virtual en los grupos de whatsapp sobre si teñirse ya las raíces o esperar a la reapertura de las peluquerías. Ha habido de todo, pero ciertamente hemos podido sobrevivir con las raíces sin teñir y el pelo sin cortar.

Al cuidado del pelo se añaden otros aspectos de estética, como la depilación, el uso de maquillaje o la ropa.

Me han hablado de reuniones por videollamada en multinacionales en las que el CEO se presenta en chándal ante la cámara, y no hace como si le hubieran pillado así, de improviso, sino que explica abiertamente que piensa que esta nueva forma de interactuar se va a imponer.

La ropa ha sido considerada como no esencial y durante las fases más crudas del confinamiento no ha sido posible comprarla, ni siquiera en un hipermercado que tuviera este producto además de la alimentación. No se ha tenido en cuenta que algunas prendas se van desgastando por el uso y hay que reponerlas con cierta frecuencia. Y, en todo caso, con el tiempo y el uso, toda la ropa acaba necesitando reposición.

La cuestión es qué tipo de ropa se utiliza y por qué. Y, siguiendo el tuit del comienzo, cuál es la necesidad de plancharla.

Si la gente estuviera cómoda con la ropa que lleva a la oficina, ¿no se la pondrían para estar en su casa?

Por último, un cambio que ha ido a más en vez de limitarse es la higiene personal, algo muy de agradecer.

Entonces, ¿y si hacemos como si los criterios de vestimenta siempre hubieran sido más relajados? Ya de paso, los criterios de más higiene también podemos hacer como si siempre hubiesen estado ahí.

Mirar hacia adentro

Este periodo que puede que se alargue o que se convierta en parte de la nueva normalidad ha permitido a muchas personas dejar de correr en la rueda de hámster y poder reflexionar sobre su propia vida.

Si se pudiera reactivar todo de golpe, como apretando un botón, esta introspección desaparecería. Es posible que mucha gente esté “deseando volver a…”.

Hay que recordar que no es posible volver atrás, eso es como retroceder en el tiempo. “Volver” no es posible, no hay “dónde”. La vida avanza hacia adelante, es lo único que se puede hacer, avanzar hacia lo nuevo y lo desconocido, lo cual incluye cambios drásticos en la forma de organizar la vida.

Siendo así, ¿y si hacemos como si la vida ya hubiese sido más lenta y relajada, más casera y personal desde antes? Quizá esto nos permita mantener esta reflexión sobre nosotros mismos/as.


¿Se te ocurren más cosas que podríamos hacer como si siempre hubieran sido así? ¿Qué aspectos te gustaría que volviesen a ser como antes? Gracias por leer y compartir 😉