No todo el oro reluce

¿Cómo valoramos a una persona? ¿En qué nos fijamos? ¿Qué es lo que nos abre puertas? Comenzamos con una frase de una canción de Manu Chao, “Me gustas tú”: no todo el oro reluce.

Que se mueran los feos

Seguimos con otra canción, “Que se mueran los feos”, de Los Sirex.

Vamos a fijarnos en los autores que habitualmente cito en este blog. Desde Eric Berne hasta los Monty Python, lo cierto es que no son ejemplos de belleza áurea.

Eric Berne en 1969, autor desconocido.

Sin embargo, pronto nos olvidamos de esto ante su ingenio. Pero entonces, ¿hace falta ser ingenioso, muy brillante o con una personalidad arrolladora cuando no se es agraciado? ¿Quién determina esto de ser agraciado? ¿Y cuál es nuestra percepción de los demás cuando sus imperfecciones destacan?

Como el mismo Berne explica, cuando somos pequeños miramos libre y abiertamente a otras personas, en especial a las que tienen defectos o características llamativas. Después, rápidamente aprendemos que “ver no está bien visto”. El análisis rápido que hacemos de una persona lo tenemos que hacer disimuladamente, porque la mirada fija es o puede verse como ofensiva.

El problema de dejar de mirar abiertamente, sobre todo aquello que no nos cuadra, es que puede llevarnos a dar por bueno algo que potencialmente puede ser un peligro. Voy a rescatar esta parte del post sobre Barba Azul:

Barba Azul se casa con la menor de cuatro hermanas, una jovencita que se siente atraída por esa extraña barba azul, que al mismo tiempo le da cierto reparo.

Clarissa Pinkola Estés

El aprendizaje consiste en ignorar las señales de alarma que provoca eso que nos da cierto reparo y que suele ser una mezcla de rasgos físicos y de personalidad.

Me duele la cara de ser tan guapo

Seguimos con otra canción, “Me duele la cara de ser tan guapo”, con una letra aguda y un vídeo muy divertido:

Los guapos también nos pueden dar reparos. Una persona muy guapa puede provocar rechazo por muchas razones, la más habitual es la envidia, pero también puede deberse a leer en su rostro gestos de superioridad, de falta de empatía o de estar encantado/a de conocerse. Por tanto, ser una persona bella no es un carnet que nos coloque por encima del resto. Lo que sí es cierto es que hay estudios que demuestran que a la gente físicamente agradable le es más fácil conseguir puestos de trabajo y tener éxito, ya que llegan a obtener una “prima de belleza”.

Además de la guapura innata, vivimos en una época donde hasta la clase política viste de forma elegante y atractiva, tipo Reservoir dogs, cuando no son dechados de belleza. Cuando era pequeña parecía existir una elección: “o eres guapa o eres inteligente”. Ahora se dan mezclas interesantes de ambas cosas, gente agradable físicamente y que además es un portento en su campo. ¿Es esto más exigente? Porque antes, cuando te decantabas por uno de estos caminos a la vista de la información que recibías del exterior, podías descartar cómodamente el otro.

Pero estamos hablando de gente guapa y no estamos aclarando qué es ser una persona bella. Y esto lo rescato de un documental muy bueno que vi una vez y me dejó impactada: creando una máscara con las proporciones áureas, esta máscara se aplica a la cara de todas esas personas consideradas guapas y no a la cara de las que se considera menos guapas. Lo puedes ver entero aquí:

Uno de estos guapos es, por supuesto, Tom Cruise. En el documental también se dice que una cierta imperfección añade atractivo a estas caras. Podríamos pensar que Tom Cruise, con su nariz o sus dientes grandes, no es tan guapo, sin embargo, su cara encaja en la máscara áurea y puede permitirse sus pequeñas imperfecciones, que lo hacen más ¿humano? Utilizo esta palabra porque las caras generadas por inteligencia artificial crean una cierta tensión cuando se comparan con una cara humana real. Son tan perfectas que son siniestras.

Por el contrario, resulta imposible distinguir el deepfake de Tom Cruise del actor real. De lo siniestro pasamos a lo escalofriante:

Jeder se mira al espejo

Entonces, ¿hay que ser Tom Cruise y tener las proporciones áureas o generarlas con inteligencia artificial? Si es así, ¿cómo nos explicamos que la gente “fea” logre posiciones de éxito en la vida? Pienso que no se trata tanto de belleza objetiva como de irradiar autoestima. Y esto Eric Berne lo sabía muy bien.

Para referirse a una persona cualquiera, Berne inventó el nombre “Jeder”. En varios textos de Berne he leído que Jeder ignora lo feo que se pone cuando se pasa la lengua por los dientes. Para Jeder, es un gesto inofensivo y, sobre todo, muy disimulado. Para un observador externo, Jeder se afea mucho haciendo este gesto. La propuesta revolucionaria para la época de Berne es que la persona se grabe en vídeo y se vea haciendo distintos gestos.

En una época en la que, además de vestir mejor y pintarnos más, nos vemos constantemente en fotos y vídeos, puede pensarse que este ejercicio ha perdido su sentido. Sin embargo, puede que sea al contrario: la imagen que publicamos está filtrada, alisada, photoshopeada, seleccionada de entre varias… hasta el punto de que podemos llegar a pensar que tenemos una cara distinta a la que tenemos. Al principio, el Photoshop quedaba al alcance de los famosos en revistas y anuncios. Ahora, hay que decirle al móvil que no te filtre para poder ver la realidad.

El otro día tuve la suerte de asistir como público a una clase magistral de Antonio Canales. Él explicó que lee en el cuerpo de un bailarín si es diestro o zurdo, sus años de experiencia, si tiene hijos… Realmente, lo que transmitimos con la postura, el tono físico, la mirada, la posición de la cabeza… es casi todo. Y se puede entrenar. Por eso suelo insistir en lo bien que viene hacer teatro, o en general artes escénicas.

Volviendo al tema de la guapura y sumándolo a una postura que denote autoestima, recuerdo un detalle del documental Love, Marilyn. Norma Jeane va andando por la calle con una amiga. De pronto, le dice: «voy a transformarme en “ella”». Cambiando la postura, la forma de andar y la mirada, de pronto la gente a su alrededor se da cuenta de que Marilyn Monroe está ahí, surgida como de la nada. Hasta un símbolo sexual como “ella” cambia la percepción de los que la rodean cambiando la actitud. Lo que puede dar para otro post futuro… o no.


¿Qué opinas? ¿Piensas que en general le va mejor a la gente guapa? ¿Piensas que la autoestima está asociada con la belleza? Ya sabes, deja un comentario, comparte libremente y gracias por leer. 🙂

Solo personas

Cuando empiezas a trabajar con una organización o institución muy grande, o multinacional, puede que te sobrecoja por su tamaño e importancia. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que al final, hasta la organización más grande está formada por personas. Son personas normales y corrientes, se trata de tener enfrente a otro ser humano.

Mujer joven negra mirando a cámara
Photo by Dziana Hasanbekava on Pexels.com

En muchos talleres de habilidades hay un ejercicio en el que los participantes caminan por la sala y buscan a alguien. Entonces, ambas personas se miran a los ojos durante tres minutos. Cuando se experimenta esto, se da una comunicación no verbal con el otro que permite comprobar algo de sentido común:

Somos iguales.

Esto es algo que destaca frecuentemente Brigitte Champetier des Ribes en sus talleres.

Pues eso mismo puede hacerse con las personas de las grandes instituciones. En realidad no te relacionas con todas las personas de la organización, eso no sería manejable; te relacionas con una o varias personas, no demasiadas. Y se descubre que, mirándose a los ojos, la naturaleza humana de ambas se revela.

Como esto no siempre es posible, podemos hacerlo internamente, imaginando a esa persona delante.

Esto ayuda enormemente a varias cosas: a darse cuenta de que el tipo de males que nos asolan son similares, que los ricos también lloran, que tenemos frustraciones parecidas y el mismo tipo de sueños, que el malo no es tan malo ni el bueno es tan bueno. Al fin y al cabo, solo somos dos personas, dos seres humanos imperfectos, que se relacionan.

Cuando el otro es igual que tú

Verse igual a otra persona permite:

  • Dejar de lado el exceso de importancia que cada persona trata de darse
  • Dejar de creer ser el ombligo del mundo
  • Sentir compasión por las circunstancias del otro, que podrían ser las propias
  • Relativizar los errores que comete la persona a la que miro: yo también podría cometerlos, yo también soy imperfecta

Eric Berne señala cómo en un primer momento dos personas se ven con claridad, en los primeros diez segundos, para después hacer una actuación de Oscar superponiendo una careta sobre la propia esencia. Cada persona hace lo mismo: primero ve al otro y se deja ver, después se oculta y se olvida de lo que ha sabido sobre la otra persona. Por eso el ejercicio que se hace en los talleres es sin hablar, solo mirada, porque ahí no hay careta posible, salvo en algunos grandes artistas de la Academia.

El protocolo y la tele

Quizá lo que más me impone a mí es el protocolo. Veo estas series como The Crown o House of Cards y es el protocolo, las formas y los uniformes lo que establece las relaciones y jerarquías entre las personas en ese contexto, de manera que el ejercicio de mirar a los ojos es difícil o está prohibido. Y puede que incluso si se pudiera hacer con personas como la Reina de Inglaterra, ahí estaríamos ante una persona tan entrenada en ocultarse que no la podríamos ver. En todo caso, no dejaríamos de estar ante un semejante, otro ser humano, otra persona.

Otra cosa que puede pasar es que el aura o carisma de una persona muy famosa nos impida verla como persona. Los grandes famosos que vemos siempre en pantallas también son personas, son seres humanos muy parecidos a cualquiera. Pero si los vemos fuera de las pantallas, si nos los cruzamos por la calle, su aura nos puede obnubilar, su carisma nos puede impresionar tanto como si fuesen seres superiores. Ya he contado alguna vez que yo he conocido a una persona muy famosa cuando no lo era y luego lo empezó a ser. Ya tenía ese carisma que atraía las miradas sobre ella, ya era un poco diferente al resto. Pero no dejaba de ser otra persona más, otro ser humano.


En definitiva, sea por pertenecer a una gran institución o de mucho prestigio, sea por tener una jerarquía muy alta que obliga a un protocolo o sea por ser “famosa”, una persona nos puede parecer “otra cosa” mientras no hagamos o visualicemos el ejercicio de mirarla a los ojos, hasta poder ver, simplemente a “uno cualquiera”.

¿Qué opinas? ¿Hay personas o situaciones que te imponen mucho? ¿Cómo te sientes ante grandes organizaciones o instituciones? Como siempre, te agradezco mucho que leas y compartas libremente.

Hablar en plata

Eric Berne procuró que los conceptos del análisis transaccional fuesen claros e inequívocos. Por ejemplo, los estados del yo del Padre, Adulto y Niño, dar caricias o dar descuentos, jugar a juegos o tener un guion de vida.

Berne observaba todo lo que decían y hacían las personas que acudían a sus grupos. Pero no se dedicaba a apuntar, grababa las conversaciones y estaba más interesado en las palabras que destacaban que en todo el discurso que las rodeaba, ocultando su importancia. También Bert Hellinger huía de los monólogos de los asistentes a sus sesiones:

Descríbeme el problema en tres frases.

Bert Hellinger

Si solo tengo tres frases, no voy a decir:

«Todo se remonta a hace cinco años, cuando por primera vez observé… Y entonces, en 2017, también ocurrió que… Le pasa también a mi prima que…»

Porque entonces no habré llegado a definir lo que quiero tratar hoy. Probablemente utilizaré frases cortas y palabras claras.

Por su parte, Eric Berne utilizaba el humor para narrar esos acercamientos a la realidad que se quedan tan lejos, por ejemplo, esos libros que se titulan:

«En el camino hacia la introducción de una teoría sobre la personalidad»

El libro, de 500 páginas, tan solo se ha encaminado a la introducción, pero no de unos hechos o datos, de una teoría.

Según comenta Berne, algunas personas tienen prohibido acabar nada o ir al grano, de manera que hablan con conjunciones:

«Fui al mercado y… y entonces… y esto… y además…»

Otras personas no acaban sus frases, sino que las terminan con expresiones como “y todo eso”, “etcétera”, “y lo demás”. Por ejemplo: «Nos besamos y todo eso».

La cuestión es preguntarse qué hay detrás de las expresiones que decimos y que no están diciendo nada. Parece que ocurre en temas tradicionalmente tabú, como el sexo, y también en prohibiciones familiares: “de eso no se habla”.

Y me lo pones por escrito

Es habitual escribir de forma retórica en los ámbitos formales, pero incluso se cuela en otros ámbitos donde el uso de la palabra podría ser mucho más libre, como un guion cinematográfico. Hace poco, Javi Meléndez escribía:

https://twitter.com/javiguion

¿Cuál tiene más fuerza y se comprende mejor, “cagado de miedo” o “tiene cara de miedo”? La frase entera es ese estilo norteamericano tan claro que no da lugar a dudas sobre lo que quiere decir:

«John pisa frenéticamente el pedal de su moto, está cagado de miedo y la maldita cosa no arranca».

James Cameron

Es también la forma de escribir de Stephen King y de Chuck Palaniuk.

Vemos que, junto con los temas tabú, la expresión de las emociones es otro campo que da lugar a sustituciones de palabras claras por expresiones vagas y circunloquios.

A la hora de escribir, pesan mucho expresiones tradicionales como las de aquellas cartas que ya hace 20 años estaban obsoletas y que empezaban con algo como:

«Muy señor mío»

Es un lenguaje lleno de perífrasis verbales. Pienso que la perífrasis es una manera clara de huir de la acción. En lugar de actuar, «se procede a realizar la acción».

Todo lo que no es hablar claro es de alguna manera “descontar” la realidad, es decir, descalificarla, haciendo que no exista. Se pasa por encima de lo que se tiene delante o lo que se siente, y se dice una cosa que se parece mucho, algo o poco. En palabras de Berne,

Decir las cosas como son puede significar que el paciente está preparado para ponerse bien.

Eric Berne

Me parece importante parar aquí para decir: hablar con claridad no significa hablar de forma cruel a otras personas.

Sigamos. Berne pone algunos ejemplos de esta forma de hablar que oculta la realidad detrás de giros un tanto rimbombantes:

«Iniciamos la entrevista intercambiando saludos positivos. Luego el paciente explicó que había expresado su hostilidad llevando a cabo un acto de agresión física contra su compañero»

frente a

«El paciente me dijo hola y me contó que había pegado a su compañero».

Recapitulando

Parece ser que damos rodeos con el lenguaje en al menos tres casos:

  • Cuando evitamos un tema tabú.
  • Cuando estaba prohibido hablar del tema en nuestra familia de origen.
  • Cuando evitamos expresar emociones genuinas y su grado de intensidad.

A veces, las tres cosas pueden ser la misma: por ejemplo, en una familia puede estar prohibida la emoción de la ira, es por tanto un tema tabú y del que no se puede hablar. O puede ocurrir con la tristeza. O con la alegría.

Propuesta: escucha cómo hablas, lee lo que escribes y empieza a quitar paja. Vas eliminando los rodeos que utilizas y llegas a decir las cosas como son. Si te apetece, deja comentario sobre cómo te fue o cuáles son tus rodeos del lenguaje más habituales. ¡Gracias por leer!

Referencias

BERNE, E. (2014) Más allá de juegos y guiones. Editorial Jeder. Sevilla.

Artículos y conferencias de Bert Hellinger.

Pequeños trucos

El otro día leí un tuit que me gustó y me dio que pensar:

Tuit de Bea (@bvlba) que dice: La vida es como usar excel, crees que sabes pero no.

Después de muchos años aprendiendo sobre habilidades, empatía, asertividad, emociones, Tai Chi y Chi Kung, gestión del estrés, mindfulness, constelaciones familiares, análisis transaccional… no puedo estar más de acuerdo con el tuit de Bea: crees que sabes sobre la vida, pero no.

Incluso a veces escucho en mi pensamiento eso de:

Solo sé que no sé nada.

Sócrates

Es un efecto curioso, ¿verdad? Es como la biblioteca de libros no leídos de Umberto Eco que menciona Nassim Taleb: es claramente mayor que la de libros leídos y, cuanto más se sabe de un tema, más títulos sin leer se encuentran sobre él. Sobre esta “antibiblioteca” podéis leer un artículo muy bueno de Cristian Vázquez aquí.

A los 25-30 años pensaba que tenía todo muy claro. Impartía formación presencial en habilidades de todo tipo, e incluso impartía taichí, y me parecía que comprendía de qué va la vida y qué teclas apretar para que todo fuese bien.

Titulación frente a experiencia

Después, a partir de los 31 y debido a una crisis vital importante, o mejor lo llamamos por su nombre, a una enfermedad crónica importante, fui dándome cuenta de que no sabía lo suficiente. Empecé a prepararme más en las áreas que he citado, principalmente en constelaciones familiares y gracias a Insconsfa. Fui descubriendo mucho sobre mí, aquello que obvias porque parece estar escrito en un lenguaje ajeno, pero que un observador externo agudo puede ver.

Y ahora que ando por los 46, veo que gran parte de la preparación teórica sirve de muy poco, que lo que ha contado realmente ha sido lo experiencial, tanto en constelaciones, sí, como en actividades “lúdicas” de las que también se aprende sobre la vida, y sobre todo viviendo, enfrentándose a lo que la vida propone. Experiencial y preverbal: mucha “sabiduría” no está verbalizada, no son frases y sentencias grandilocuentes, es un saber que está ahí, una especie de intuición sin palabras.

Se sigue valorando la titulación, puede que cada vez más. Y también es verdad que se valora la experiencia: es la única que realmente demuestra que una persona puede hacer una tarea concreta con destreza. Seguramente, la persona que ha ascendido por su experiencia conoce la teoría de su sector, sin embargo, no necesariamente ha tenido que leerla en cientos de libros, sino que la ha ido adquiriendo a través de su acción.

En la vida me ha sorprendido encontrarme con personas que saben mucho de lo que he estudiado, pero lo saben porque lo han observado en la realidad: yo me inclino ante eso. Son personas prácticas, que tienen los ojos abiertos, que ante las incógnitas de la vida lo que hacen es tomar el presente y seguir adelante, sin preocuparse demasiado por no saber las teorías que pueden estar detrás, pero sacando conclusiones que solo pueden derivarse de vivir el presente intensamente.

Un ejemplo cinematográfico es el personaje de Moustache en Irma la dulce, del que ya hemos hablado antes. Moustache observa la realidad desde detrás de la barra de su bar, conoce cómo funciona la vida, no juzga, simplemente comprende que el mundo es imperfecto y tiene un saber intuitivo sobre lo que va a funcionar y lo que no. Es verdad que este personaje tiene mucho bagaje, constantemente pone ejemplos de lo que experimentó en distintas profesiones, algunas de mucho prestigio: son esos pequeños trucos que se aprenden por estar ahí.

Camarero Moustache, personaje de la película Irma la dulce

Pequeños atajos

No sabemos Excel, pero sí conocemos pequeños atajos, trucos que sirven para manejar este software y conseguir lo que necesitamos de él, en ocasiones con grandes esfuerzos intelectuales. No sé si esto nos permite hacer tablas dinámicas, pero al menos nos defendemos.

Con la vida creo que pasa lo mismo, que aprendemos trucos o pequeños saberes, humildes, que incluso pueden aplicarse en varias áreas distintas. Así, nos damos cuenta de que los grandes y transformadores eventos de nuestra vida nos marcan temporalmente. Con el tiempo, nos adaptamos a la nueva realidad y volvemos a los viejos hábitos. Pero por ese duro camino hemos adquirido algunas herramientas que podemos utilizar para situaciones distintas.

Aquí algunos consejos de Moustache (el vídeo está en inglés): el mundo está lleno de oportunidades.

Estás haciendo el ridículo

¿Te han dicho alguna vez, siendo una persona adulta, que estás haciendo el ridículo? ¿Y cómo has reaccionado? ¿Te han dicho “haz lo que quieras, pero…”? ¿Y cómo te has sentido?

En este post vamos a identificar al crítico interno, que en lenguaje de análisis transaccional se llama Padre Crítico. Lo vamos a identificar y no, no vamos a luchar contra este estado del yo: vamos a desarmarlo viendo las cosas desde el estado que nos libera de todo: el Adulto. Si quieres recordar qué es esto de los estados, lee esta entrada: Padre – Adulto – Niño.

Darth Vader
Photo by Lucas Ianiak on Pexels.com

¿Por qué te afecta tanto la crítica?

Si te afecta la crítica de otra persona, probablemente tienes a un crítico interno que está de acuerdo con ella; el Padre Crítico. Sus expresiones verbales toman la forma de «debería/debo/se debe», es decir, de norma absoluta e indiscutible, que ha de cumplirse siempre. O también: «nunca», «siempre», «no olvides jamás», así como formas del tipo «¿Cuántas veces te lo he dicho?» «Yo lo que haría…».

Tu estado de Padre Crítico encuentra su eco en otras personas que influyen sobre ti. Existen varios juegos sociales en que los estados Padre de las personas que hablan se ponen de acuerdo en lo horrible que es algo, ya sea la juventud, la pérdida de valores, la política, el comportamiento de alguien…

Las mismas personas con las que podemos disfrutar mucho en estos juegos sociales son las que te criticarían si dejas de jugar desde el estado Padre y empiezas a actuar de otra manera. Sobre todo si te tomas las cosas con humor, ya que el humor es propio del Niño Libre.

¿Cómo escapar del crítico interno?

Claude Steiner defiende que podemos eliminar al Padre Crítico de la ecuación, porque no tiene ninguna ventaja. Esa voz es capaz de quitarnos la autoestima, de hundirnos, de mantenernos dentro de una jaula. Algunas personas viven en su propio infierno, como esclavas de su estado Padre.

Hay un par de herramientas muy potentes que nos da el análisis transaccional para escapar de esta figura interiorizada. Una de ellas son las caricias y la otra son los permisos.

Caricias

Aunque de caricias y descuentos ya hemos hablado anteriormente, podemos recordar ahora que la caricia es la unidad mínima de reconocimiento de una persona. Una caricia puede ser condicional o incondicional, positiva o negativa, pero siempre “alimenta la médula” de la persona porque implica que se la reconoce como tal.

  • Caricia incondicional: me gustas tal y como eres.
  • Caricia condicional: estás muy guapo cuando llevas ropa formal.
  • Caricia negativa: tus zapatos son horribles. Otro tipo de caricia negativa es la caricia positiva no deseada, por ejemplo, una alabanza que está fuera de lugar y que sientes que te humilla.

Pues bien, las caricias positivas, sobre todo las incondicionales, nos ayudan a escapar del crítico interno. Y estas caricias nos las podemos dar, no necesitamos que lo haga alguien desde fuera. A cada frase del Padre Crítico podemos responder con una caricia y con algo de humor, por ejemplo:

  • Estás haciendo el ridículo -> Es verdad, y así me lo estoy pasando muy bien
  • No te enteras de nada -> Es posible, también es posible que sea mi capacidad para seleccionar información importante
  • Eres idiota -> ¿De verdad? Bueno, también tengo otras virtudes

Permisos

A veces, una persona no es capaz de darse permiso a sí misma para hacer la cosa más sencilla: hablar en público, hacer el ridículo, descansar, ver la tele varias horas, salir a tomar el sol, vaguear, enfadarse, poner la calefacción a un nivel confortable… Las voces del Padre Crítico son tan duras y severas que le impiden actuar. Entonces puede necesitar ayuda de alguien externo. Los permisos hacen que una persona se sienta con derecho a disfrutar de algo. Por ejemplo:

Tengo permiso para dormir hasta tarde los fines de semana.

El trabajo es tan fácil y tan difícil como darse permiso y reconocerse derechos. Estos permisos y derechos tienen que ir en relación con esas voces categóricas que tenemos tan interiorizadas. Por ejemplo:

  • Estás haciendo el ridículo -> Me doy permiso para hacer el ridículo
  • No te enteras de nada -> Tengo derecho a no enterarme de nada
  • Eres idiota -> Me doy permiso para ser idiota de vez en cuando

Si buscas los derechos asertivos, verás que hay muchas más opciones que quizá antes no contemplabas, como tener derecho a equivocarte, a cambiar de opinión, a decir lo que piensas, a pedir lo que necesitas…


¿Reconoces a tu crítico interno? ¿Qué te sueles decir a ti mismo/a desde el estado Padre Crítico? ¿Qué permiso te vas a dar a partir de hoy?

Como siempre, agradezco que hayas leído esta entrada y que compartas libremente.

Cuestión de tiempo

La semana pasada hablábamos de lo que se experimenta en el momento presente, el ahora. Y recibí un vídeo relacionado con ello, está más abajo. El vídeo añade la variable del espacio, describiendo el continuo espacio-tiempo, el “ahora y aquí”. Introduce la teoría de la relatividad dando distintos ejemplos. También muestra cómo el cerebro trata de anticiparse a lo que va a suceder, pero no siempre acierta.

Os recomiendo ver el vídeo, es interesante y está muy bien contado. Además, utiliza el humor, algo que valoro mucho porque no es necesario ser mortalmente aburrido para explicar un concepto (de hecho, es contraproducente):

Una de las cosas con las que no estoy de acuerdo con el vídeo es que el momento presente, el “ahora”, sea poco importante en relación con otros momentos anteriores o posteriores. Según vemos en el vídeo, el ahora de cada persona es ligeramente distinto según su punto de referencia. Además, el cerebro crea un “ahora” a partir de los estímulos recibidos y por tanto en realidad es un ahora pasado. Vale, esto es física, esto es neurociencia, no se puede cambiar.

Además de lo anterior, también es verdad que si una persona quiere hacer cualquier cosa, es decir, quiere actuar sobre su vida, solo puede hacerlo en el momento presente, incluso si es un presente con retardo. Desde luego, no puede actuar sobre su pasado: puede que la información del pasado esté intacta en el universo, pero el humilde mortal no accede a ella. ¿O sí puede? Una persona puede actuar sobre su pasado desde el presente, por ejemplo, deshaciéndose de mandatos inscritos en su guion de vida a una edad muy temprana. Tampoco puede actuar sobre el futuro. Puede proyectar, desear o planear, pero la acción solo se puede producir ahora.

Distintas percepciones del tiempo

Photo by Giallo on Pexels.com

El vídeo habla de cómo percibe el tiempo el cerebro humano, pero no compara percepciones subjetivas del tiempo. Esto me interesa más. Los ritmos de cada persona son distintos, no solo hay personas más diurnas o más nocturnas, sino que hay personas que se mueven más lento y personas que se mueven más rápido por la vida. Hay personas que necesitan reposar, otras personas necesitan desconectar del mundo viendo la tele durante horas, otras personas se involucran en una actividad intensa tras otra y otras se lo pasan bien haciendo varias cosas a la vez… Unas personas duermen mucho, otras duermen poco. Para unas personas, los días se pasan muy lento, para otras, demasiado rápido.

Conozco personas que afirman que nunca se acostumbrarán a madrugar para ir a trabajar, tras años y años de hacerlo, mientras que otras personas “no son nadie” a partir de las 4 de la tarde.

El estado de flujo

El aspecto que más me ha atraído siempre sobre la percepción del tiempo es la vivencia subjetiva de la repetición. Hemos hablado más de una vez del día de la marmota, por ejemplo. O de la urgencia del tiempo con la que viven algunas personas, como vivía Punset.

En realidad, el ser humano oscila entre la tensión y el aburrimiento. A la estrecha franja entre ambos le han llamado flow, estado de flujo, o fluir. ¿Puede provocarse la vivencia de estas experiencias en las que todo parece fluir? ¿De qué depende? El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi ha estudiado la composición de estas experiencias autotélicas o de flujo (flow).

«Son situaciones en las que la atención puede emplearse libremente para lograr las metas de una persona, porque no hay ningún desorden que corregir ni ninguna amenaza para la personalidad de la que haya que defenderse».

Mihály Csíkszentmihályi

Estas experiencias de flujo se dan cuatro veces más cuando se está trabajando que en actividades pasivas de ocio, ya que el flujo es el resultado de combinar habilidades y desafíos de forma proporcionada. Otro ejemplo es que es más fácil entrar en estado de flujo cantando o bailando que solo escuchando una música. En otras palabras: el estado de flujo se produce en el momento presente (aquí y ahora) y en la acción (no en la pasividad).

Si los desafíos son desproporcionados, surge la ansiedad. Si por el contrario las habilidades superan a los desafíos, surgirá el aburrimiento. En medio de ambos está el canal de flujo, que para Csikszentmihalyi refleja el disfrute, y por ende la felicidad.

¿Cuáles son los elementos que caracterizan el estado de flujo?

Los individuos que lo han experimentado lo describen de la siguiente forma:

  • Tienen metas claras durante la actividad, saben qué tienen que hacer en cada momento. Y saben si lo están haciendo bien, reciben información o feedback de forma continua.
  • Ni fácil ni difícil: no existe ansiedad por desconocer la tarea o encontrarla difícil, y sin embargo no es lo suficientemente fácil como para resultarnos aburrida.
  • Tienen toda la atención en la tarea, por lo que su consciencia está dedicada únicamente a esta actividad. Así, disminuye la autoconsciencia, es decir, son menos conscientes de la propia existencia, de su yo. De alguna manera el yo se hace más universal al diluirse en la actividad. Además, existen pocas posibilidades de ser distraídos, ya que, al estar concentrados en el presente, en el aquí y ahora, el cerebro funciona al máximo con un mínimo de energía, de forma eficiente.
  • No tienen miedo al fracaso. La preocupación por fracasar en la tarea nos sacaría de forma inmediata del estado de flujo. Centrados en la tarea, no cabe pensar en que salga mal.
  • La actividad es un fin en sí misma, es decir, tiene sentido en sí, aunque luego pueda utilizarse su fruto para otras actividades. Si conseguimos que todas las actividades que realizamos tengan sentido por sí mismas, podremos sentir que merece la pena el tiempo que les dedicamos.
  • Se distorsiona su sentido del tiempo. ¿Cuántas veces nos ha parecido que el tiempo pasaba volando, justo cuando mejor lo estamos pasando? En el estado de experiencia óptima, el tiempo deja de ser el del reloj para cobrar una dimensión subjetiva en la que se percibe un transcurso del tiempo más rápido del habitual. En ocasiones, también se describe en el estado de flujo lo contrario: una acción que dura segundos parece hacerse eterna. Por ejemplo, le ocurre a un bailarín que realiza una pirueta.

De nuevo el tiempo… No solo cada persona percibe el tiempo de una forma distinta y esto se puede medir, sino que la misma persona puede percibir el tiempo de forma distinta según la actividad que esté realizando.

Entonces, ¿fue real?

Si analizo desde el punto de vista del estado de flujo mi encuentro con Darth Vader en la RV (realidad virtual), diría que la experiencia cumplió todas las características del estado de flujo. ¿Fue real? ¿Qué opinas?


Agradezco a mi hermano que me enviase el vídeo sobre “¿Cuándo es ahora?” y, como hoy es su cumpleaños, le regalo esta reflexión. ¡Felicidades, Luis!

¿Es real la realidad?

Voy a utilizar el agudo título de una de las obras de Paul Watzlawick para hablar de esto: qué es “real” y qué no lo es. En concreto, me gustaría contraponer la experiencia directa con las experiencias “no directas”: imaginadas, soñadas o vividas en un mundo virtual.

Varios maestros espirituales, autores de mindfulness y gurús ponen el mismo ejemplo: si eres capaz de imaginar vívidamente cómo chupas o muerdes un limón, salivarás a pesar de que no hay un limón real. La experiencia es imaginada pero tu cuerpo responde a ella como si fuese real. Pues bien, lo que dicen los místicos es que esta forma de vivencia nos aleja de despertar a la realidad, a la experiencia directa de lo que es.

Por poner un ejemplo, Osho dice que para caminar hacia la iluminación has de empezar a estar más alerta de tus acciones, tus relaciones, tus movimientos y tu respiración. Observar la respiración puede ayudar a entender la confianza: confías en que vas a continuar respirando, recibiendo vida al inspirar. La confianza es parte de la vida, del amor, está en cada una de tus células. Al estar más alerta, te haces consciente del hecho de que solo hay una cosa que puedas llamar tuya, y es el hecho de observar, el observador. Cuando te haces consciente del observador, desaparece el “yo” y solo queda el hecho de observar. Esa observación es la meta del camino de iluminación.

Imagen de 4144132 en Pixabay

Por otro lado, en el post anterior hablábamos de cómo Milton Erickson se había estimulado a sí mismo por medio de autohipnosis para trabajar sus músculos cuando quedó paralizado por la poliomielitis. Lo que hizo fue evocar recuerdos de la actividad muscular de su cuerpo. De esta manera, poco a poco ajustó sus músculos y fue recuperando el control de partes de su cuerpo, hasta que pudo hablar y usar sus brazos (puedes leer esto en la página de Wikipedia sobre Erickson en inglés). Estos recuerdos eran de experiencias reales, pero evocar un recuerdo no es lo mismo que tener la experiencia en el momento presente. Aun así, vemos que este trabajo funcionó.

Por tanto, cabe preguntarse por qué la experiencia directa es superior o más deseable que la “indirecta” para el conocimiento de la realidad. Es más, ¿es posible tener una experiencia directa de la realidad?

Percepciones

¿Percibimos las cosas tal y como son? ¿Por qué algunas cosas llaman nuestra atención y otras no? ¿Percibe el ser humano solo lo que es necesario para su supervivencia?

La percepción es algo muy diferente a un fenómeno pasivo en que nuestros sentidos captan elementos de la realidad que después se procesan en la mente. Al contrario, las características de cada persona harán que perciba unos estímulos u otros, que preste más atención a determinados estímulos, o que minimice otros.

En este sentido, la percepción es un proceso activo, en que la mente realiza un trabajo que va más allá del papel de espectador. Para el neurólogo Antonio Damasio, cuando llegamos a la edad adulta todos los estímulos provocan alguna emoción (estímulos emocionalmente competentes).

Así, más que percibir la realidad, creamos en la mente copias de ella acordes con la agudeza de nuestros sentidos. Cabe aquí uno de los pilares básicos de la programación neurolingüística (PNL), que afirma que «el mapa no es el territorio», puesto que recoger en un mapa todos los accidentes del terreno, nos llevaría a usar un mapa de escala 1:1, o al menos tan grande que resultaría inservible.

Percibir es un proceso de supervivencia: percibimos porque esto ha servido evolutivamente para asegurarse la supervivencia. El hecho de que lo percibido sea filtrado de forma inevitable por nuestras estructuras cerebrales es algo que también es adaptativo. Los seres vivos más simples también perciben, pues cuentan con dispositivos para encontrar fuentes de energía, mantener su equilibrio químico, conservar su organismo o reparar los daños físicos.

Además, percibir es un proceso selectivo, no solo por la limitación de nuestros sentidos o por la subjetividad de cada individuo, sino porque realizamos una selección activa de determinados estímulos por medio de la atención. Prestamos atención a unos estímulos e inhibimos otros en función de factores externos, como la cercanía al estímulo, su tamaño, color, o movimiento, y factores internos, como el interés o la motivación que tenemos en él.

Creencias y prejuicios

Hace poco decíamos aquí que nos aferramos a las creencias para seguir explicando la realidad de manera que responda a ellas. Estas creencias están instauradas en nuestra mente como si fuesen programas de ordenador. Limitan lo que se percibe o hacen que se interprete de una forma concreta. Desde este punto de vista, lo que entendemos de la realidad con unas creencias puede ser exactamente lo contrario de lo que entiende otra persona con otras creencias. ¿Quién tiene razón? Tiendo a pensar que ambas tienen parte de razón y ambas están equivocadas. Es como mirar un cilindro desde dos perspectivas distintas y no tener la habilidad de ver en 3 dimensiones. Proyectado en el plano, un cilindro es un círculo o es un rectángulo: ambas cosas son parcialmente ciertas para explicar la realidad del cilindro.

Realidad virtual

Hace unos días me puse por primera vez unas gafas de realidad virtual. Y me quedé impresionada. Porque estaba en otro mundo que yo sabía perfectamente que no era “real”, sin embargo, no podía evitar reaccionar a él como si lo fuese. En particular, “pude volar”. Estaba de pie, pero la sensación de estar sobrevolando una ciudad era muy intensa. De hecho, cuando me choqué un par de veces contra los edificios, eso también fue bastante real.

También vi a Darth Vader. De pronto apareció a lo lejos y se fue acercando, se acercaba y yo retrocedía: Darth Vader, ese señor oscuro, altísimo, grande y con un casco que tapa su cara. Ese señor se acercaba y me habló, creo, me alargó una caja y yo con unas manos virtuales que se veían en este mundo alternativo cogí esa caja. En ese momento estaba tan absorbida por la situación que Darth Vader mismo me habría podido tirar al suelo sin empujarme. Otros personajes de ese juego también estaban demasiado cerca, en un espacio cerrado tipo nave, y empecé a sentir claustrofobia. La principal diferencia con el cine en 3D era que me miraban, me hablaban a mí y respondían a lo que yo hacía en ese entorno.

¿Eso era real? Estaba ocurriendo en el presente, un presente alternativo, una especie de sueño vívido. Como también apuntamos hace poco, la realidad virtual se utiliza para hacer simulaciones y aprender a reaccionar en situaciones que es muy caro o complicado producir. En este sentido, el cerebro no solamente responde a los estímulos que proceden de un entorno simulado, sino que las redes neuronales refuerzan aprendizajes prácticos a partir de estas situaciones.


Yo concluiría que, si la experiencia sirve, se englobe dentro de las herramientas tan variadas que tiene nuestra mente. Si sirve para relajarse, para visualizar una meta, para jugar o para entrenarse en una habilidad, esta experiencia merece ser vivida. Si la experiencia nos aleja de los demás, nos impide tener contacto con “la otra realidad del cilindro”, entonces la podemos modificar. Por último, si realmente buscamos tomar la pastilla roja, como en Matrix, es otro camino para el que lo mejor es hacer nada, tal como reflejó San Juan de la Cruz en la subida del Monte Carmelo.

De sapos y princesas

En el cuento, el sapo besado se convierte en príncipe. En la realidad, el que tiene algo de sapo o de rana, tendrá pocas probabilidades de recibir el beso que lo transforme en príncipe o en princesa a menos que sea capaz de reconocerse como sapo.

Estos nombres, príncipes y ranas, son los que utiliza Eric Berne para hablar de los guiones ganadores y de todos los demás. El guion ganador es el del príncipe o princesa, el resto de guiones, ya sean no-ganadores o perdedores, tienen algo o mucho de rana, y la rana saldrá por algún lado antes o después.

Con esta primera descripción puede pensarse que el guion principesco es propio de familias adineradas, de la nobleza, sagas de grandes empresarios… y da lugar a vástagos rubios y de ojos azules. Sin embargo, personas con un destino de vida bastante duro y que físicamente distan mucho del príncipe azul pueden tener un guion ganador y llevarlo a cabo.

Rana con corona de príncipe en una roca al lado de un río

¿Qué puedes esperar?

Milton Erickson, el impulsor de la hipnosis terapéutica, nació con una serie de dificultades: era disléxico, daltónico y sordo. Estas limitaciones permitieron que desarrollara otras capacidades. Por ejemplo, se fijaba en el lenguaje no verbal de sus hermanas, lo que le permitió conocer aspectos de la comunicación que suelen pasar desapercibidos. Milton Erikson enfermó de polio a los 17 años y esta enfermedad lo dejó postrado durante un año. Pero no se conformó, sino que fue trabajando mentalmente con sus músculos y se fue recuperando, hasta el punto de que salió de la cama para embarcarse en una canoa en un viaje de mil millas que acabó de fortalecerlo. Durante este viaje escribió un diario que ahora está a la venta.

https://www.louiscauffman.com/louis-cauffman/the-canoe-diary-publication/

Este es el guion de un príncipe: se fija un objetivo, lo comunica y lo logra. Si por el contrario Erickson se hubiese agarrado a su discapacidad y a su enfermedad, podría haber jugado a “pata de palo” y haber vivido como un “tullido”.

Eric Berne habla del juego “pata de palo”, que se detecta a través de una simple pregunta que hace la persona que lo juega:

¿Qué puedes esperar de una persona con una pata de palo?

Sustitúyase pata de palo por cualquier tipo de limitación. ¿Qué esperas de una persona disléxica, daltónica y sorda? ¿Qué esperas de una persona que ha contraído la polio y se ha quedado totalmente paralizada?

La respuesta benevolente del Padre Nutricio es: “Claro, no espero nada”. Entonces la persona que juega a pata de palo tampoco espera nada y construye su vida en torno a su enfermedad o su discapacidad. Y no es necesario que la queja describa una limitación física, ni siquiera una limitación real. Puede también decirse: ¿Qué esperas de una persona que…

  • …vive en esta sociedad?
  • …tiene síntomas psicosomáticos?
  • …proviene de un hogar roto?

La respuesta de Berne para desafiar este juego y el guion de vida correspondiente es:

No espero nada. ¿Qué espera usted de sí mismo?

Eric Berne

Parece que Milton Erickson esperaba mucho de sí mismo, por lo que nada le impidió graduarse en medicina y psicología, casarse, tener ocho hijos y vivir 78 años.

No tienes que ser como Erickson. Lo más habitual es que el guion de vida contenga poco o mucho de rana, de manera que los objetivos se quiebran para poder cumplir con mandatos e impulsores transmitidos por los padres. Por ejemplo:

  • Esfuérzate… pero no lo consigas.
  • Puedes ser feliz, pero… ¿quién te crees que eres?
  • Está bien que tengas éxito… mientras no me superes.
  • Puedes existir… siempre que me complazcas.

La voz del demonio

¿Qué haces entonces cuando en tu guion hay algo o mucho de rana y poco de príncipe? ¿Obvias a tu rana? ¿Justificas tu vida porque tienes parte de rana? ¿Das voz a la rana?

Si te fijas, muchas de las comedias se basan en personas que tratan de ocultar su parte de rana. Aquella parte de su persona que es fea, débil, necesitada, miedosa, muy agresiva, sádica, viciosa, loca… esa parte se disimula hasta que surge en el peor momento y eso es gracioso (en la comedia). De hecho, esta parte es la que se utiliza para trabajar el payaso interior: el fracaso, la torpeza, la vulnerabilidad, lo irracional.

En la vida real, reprimir a la rana hace que se revuelva en la sombra, que explote de pronto con las peores consecuencias, que son las temidas. Muchas personas actúan socialmente como si fuesen príncipes y princesas, quizá más las personas que piensan que los demás no están bien pero ellas sí, ya que se sienten superiores. Hasta que de pronto se da el fracaso sorpresivo, que provoca rechazo, que muestra que en realidad eran unos inadaptados.

Eric Berne habla de “la voz del demonio”, esa voz que da el empujón decisivo hacia el abismo. Es esa voz que dice: “Apuesta todo al negro”, “Solo una copa”, “Atácale ahora”, “Di esa frase que estabas reprimiendo”, “Vuélvete loco”, “No acabes la carrera”…

Para enfrentar a esta voz, una persona necesita que se le den dos permisos:

  1. Permiso para escuchar sus voces interiores (así también se aprende a reconocer el estado Niño y el estado Padre)
  2. Permiso para no seguir las directrices que lleva en su estado Padre

Una alternativa

Como reprimir a la rana no funciona, una alternativa es mirarla a los ojos, escucharla, abrazarla. La rana está ahí y no se diluye. Es posible que con mucho trabajo terapéutico una persona logre que su rana, de verdad, se convierta en príncipe o en princesa. ¿Y cómo era eso? Pues era besándola.

Besa a tu rana.

Más de una vez, claro. Puedes reconocer a esta parte de tu personalidad cuando trabajas directamente con ella. Como ya hemos dicho, una forma es asistir a cursos de clown y teatro. Estos cursos permiten escuchar “la voz del diablo” en un espacio seguro: hacer el ridículo, fracasar, comportarse de manera irracional y mostrar la propia vulnerabilidad.

No esperes que otra persona identifique tu parte rana y la bese. Empieza tú besando a tu rana. Así serás capaz de besar la rana ajena. Precisamente esa es la caricia positiva incondicional: ser capaz de aceptar de una persona lo imperfecto, sus debilidades, su capacidad limitada de dar.

La vista en las oportunidades

Cuando ya tenía escrito el esqueleto del post para esta semana, sobre un tema totalmente distinto, me di cuenta de que los tres autores de los que hablaba se han dedicado a algo muy parecido desde distintas perspectivas: a deshacer la programación de vida instaurada en nuestro cerebro y que nos impide ver lo que tenemos delante.

Tres hombres que podrían ser Berne, Watzlawick y Taleb, pero no lo son
Imagen de John R Perry en Pixabay

Estos tres hombres podrían ser Watzlawick, Taleb y Berne (en ese orden)… pero no lo son.

Dejar de aferrarse a las creencias

Este es el párrafo de Nassim Taleb que me llevó a conectar las ideas de los tres autores:

Cuando nos formamos nuestras opiniones a partir de pruebas poco sólidas, tenemos dificultades para interpretar la posterior información que contradice tales opiniones, incluso si esta nueva información es claramente más exacta.

Como buscamos confirmar nuestras creencias, solo tomamos de la realidad los datos que cuadran con ellas, obviando lo demás.

Paul Watzlawick podría continuar el texto de Taleb así:

(…) una información adicional, contraria a la primera explicación, no da lugar a correcciones, sino a una ulterior reelaboración y refinamiento de la primera explicación.

Podemos dar explicaciones innecesariamente complicadas y hasta absurdas que justifiquen nuestra primera opinión, sin darnos cuenta de que hay que tirarla por tierra y volver a empezar.

La hipótesis fundamental de Watzlawick es que la percepción de la realidad se da a través de la comunicación, pero es una percepción alejada de los hechos. Esto se produce a través de la confusión, la desinformación y distintas concepciones del mundo. Al comunicarnos, utilizamos palabras que definen la realidad según nuestras creencias, por lo que dejamos fuera otras palabras (conceptos, ideas, posibilidades) que pueden ampliar nuestra visión del mundo.

Y es que, según Watzlawick:

Todo lenguaje se apoya en la concepción de la realidad de quienes lo utilizan y a su vez determina y perpetúa esa realidad.

Pasando de nuevo el testigo a Taleb, este autor describe muy bien las falacias en las que solemos caer fácilmente.

  • La falacia de confirmación, que en programación neurolingüística (PNL) se llama generalización. Muchas personas confunden la afirmación “casi todos los terroristas son musulmanes” con la de “casi todos los musulmanes son terroristas”. Si el 99% de los terroristas son musulmanes, esto significa que un 0,001% de musulmanes son terroristas, ya que hay más de mil millones de musulmanes y quizá unos diez mil terroristas.
  • La falacia narrativa, que en PNL se llama simplificación. Tenemos una habilidad limitada para ver las secuencias de acontecimientos sin añadirles una explicación o buscarles un sentido. Al revés, nuestra mente está preparada para retener información comunicada a través de historias. La falacia narrativa hace que forcemos vínculos entre los hechos, aumentando nuestra impresión de comprender.
  • La falacia lúdica: lo que se enseña sobre probabilidad en las universidades está basado en el juego: tirar un dado o una moneda un número de veces. Pero, como nos cuenta Taleb, «los atributos de la incertidumbre a los que nos enfrentamos en la vida real guardan poca relación con los rasgos esterilizados con que nos encontramos en los exámenes y los juegos».

De los guiones de Eric Berne hemos vuelto a hablar hace poco cuando explicábamos la importancia de saber decir “Hola”.

Según Berne, las conductas responden a guiones o argumentos que las personas han creado en sus primeros cinco años de vida. Este guion se revisa entre los cinco y los once años y se refina durante la pre-adolescencia. Los padres refuerzan determinadas conductas verbalmente y, cuando lo hacen con determinación, esto queda grabado en el guion de vida de una persona. Los padres enseñan no solo a cómo ponerse de pie, sentarse o hablar, sino también cómo sentir, cómo pensar, qué creer, quiénes son los malos…

La descripción que hace a veces Berne de cómo está programado el guion en una persona es desalentadora. Lo asimila a tener en la mente una pianola con un rollo perforado que ya tiene una melodía escrita. La persona cree estar tocando las teclas, incluso con entusiasmo y fuerza, cuando en realidad está siguiendo lo ya escrito en su guion en los primeros años de vida. Los demás también piensan que la melodía se está creando en ese momento. Podría dejar de esforzarse y sonaría la misma música. O podría introducir pequeñas variaciones sobre el mismo tema…

Abrirse al futuro

…así que hay sitio para la esperanza. Los tres autores contemplan la posibilidad de que las personas tomemos conciencia y dejemos de filtrar la realidad a través del férreo sistema de creencias y prejuicios que tenemos programado.

Esto se hace a través de la experimentación, con la vista puesta en las oportunidades, abriéndose a lo nuevo que pueda venir, sin definirlo, en lugar de buscar algo concreto, porque entonces la mirada se sesga y se estrecha.

Aprovechemos cualquier oportunidad, o cualquier cosa que parezca serlo.

Esto nos dice Taleb, para quien es más importante trabajar en perseguir oportunidades y exponerse a ellas, que quedarse en algo repetitivo o mecánico. La repetición es lo más cómodo del mundo, pues pone en funcionamiento mecanismos ya aprendidos. Lo malo es que, además de aburrir soberanamente, deja la mirada en el pasado e impide captar nuevos aires.

Por su lado, Watzlawick busca que el lector tome conciencia a través de “justo lo contrario”: explica cómo no cambiar nunca de opinión, la escalada de inferencias, la profecía autocumplida, espantar elefantes dando palmadas o cuidarse mucho de alcanzar las propias metas. También lista una serie de frases que las personas se dicen unas a otras que podrían ser un catálogo de análisis transaccional escrito por Berne:

  • «Sé espontáneo». ¿Quién puede cumplir esta frase?
  • «Si me amases de verdad, comerías ajo de buen grado».
  • «El ser humano debe ser noble, dispuesto a ayudar y bondadoso»
  • «Todo es culpa de los extranjeros (o cualesquiera otros que no pertenezcan a mi grupo)»

Berne ve una posibilidad de salir del guion a través de la improvisación y el humor. La forma de hacerlo es pasar cada vez más tiempo en el estado adulto del yo, en la acción y en el presente, sin prejuicios ni creencias. Se logra trabajando, meditando, abriéndose a ver la realidad, aceptando a los demás, especialmente a las personas difíciles, y asintiendo a lo que es tal y como es.

Watzlawick también nos habla de una profecía autocumplida que puede ser positiva:

Si sé el futuro, en el presente actuaré dirigiéndome a ese futuro.

¿Qué hace una persona con un guion ganador? Se fija un objetivo, comunica este objetivo a los demás y lo alcanza. El ganador sabe lo que hará a continuación si pierde, pero no habla de ello: normalmente, buscará vías alternativas de acción hacia su objetivo. El ganador tiene la vista puesta en su plan de acción futuro.

Y los sueños ¿sueños son?

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Las ruinas circulares. Borges

Alguien me sugirió que escribiese sobre los sueños en este blog. No había pensado que pudiera formar parte de lo que estoy tratando últimamente, pero de pronto recibí un regalo: Fundación Telefónica daba una conferencia sobre los sueños como parte de su ciclo Repensando el mañana: ¿Para qué soñamos?

Mujer durmiendo en la cama, tal vez soñando
Imagen de Claudio_Scott en Pixabay

Sidarta Ribeiro y Mariano Sigman mantuvieron una charla con la periodista Pampa García Molina sobre el tema, tomando como base el libro El oráculo de la noche, de Sidarta Ribeiro. Y lo que hablaron en ella los neurocientíficos invitados me acabó de convencer de tratar sobre los sueños ahora.

Comienzo por el final: me sorprendió positivamente cómo el autor del libro, un neurocientífico, daba valor a toda la tradición ancestral, esotérica y psicoanalítica del análisis de los sueños.

Recuerdos y proyección de futuro: los dos componentes de los sueños

Los sueños son producto de la actividad de las neuronas. No son solo recuerdos, sino que se involucra al sistema de recompensa del cerebro (deseos y miedos). Sirven para forjar lo que somos y preparar el día siguiente. De esta manera, se podría decir que quien sueña menos es menos sí mismo (en palabras de Mario Sigman).

La actividad eléctrica del cerebro durante la noche es tan alta como durante el día. Es, sin embargo “otra fiesta”. Una de las explicaciones de la necesidad de soñar es que nos permite ordenar “en silencio” y asimilar lo que se vive en el día. Tiene una parte de reactivación de memorias y consolidación de lo importante, descartando el resto.

Además de ese “revivir el día”, tiene el componente de tratar de ensayar o adivinar lo que va a pasar al día siguiente, es decir, en el futuro. Esto lleva a Sidarta Ribeiro a llamarlo “oráculo probabilístico”: con el ayer imaginamos el mañana. Por tanto, hay algo de premonitorio en los sueños, se generan nuevas ideas y se juega con distintos futuros.

Vadim Zeland va más allá, afirma que los sueños reflejan acontecimientos reales que podrían suceder en el pasado o en el futuro. Así, las imágenes que vemos parecen pertenecer a un mundo aparte, lo que descartaría que los sueños imiten la realidad. En ese caso, la mente no inventaría sueños, los “vería”.

Volviendo a la conferencia, el sueño es una parte importante de la vida y su origen se remonta millones de años atrás. No le damos el valor que tiene, no lo ponemos al nivel de la vigilia. Aquí, Mariano Sigman mencionó Las ruinas circulares, de Borges: un hombre se propone crear a otro hombre durante el sueño, por lo que se consagra a dormir y soñar, mientras que en la vigilia tan solo se alimenta frugalmente.

Sidarta Ribeiro no olvidó mencionar a Freud y Jung, que ya trabajaron sobre los sueños.

El sueño prepara al soñador para el día siguiente. Carl Jung

Estos estudios se abandonaron por tener el enfoque subjetivo del psicoanálisis, mientras que ahora es posible retomar el tema desde el punto de vista neurocientífico.

Soñar… jugar

Los patrones cerebrales del sueño se pueden analizar, y estamos en el camino de poder ver y grabar las imágenes que se producen en la corteza visual del soñador.

Por otro lado, en el sueño, el cuerpo se separa de la cognición. Podemos volar, saltar, respirar bajo el agua, morir… Es en muchos sentidos como un juego, como una realidad virtual en la que ensayamos mientras el cuerpo se queda quieto.

Personal de la armada de los Estados Unidos usando un sistema de realidad virtual para entrenarse
021115-N-5862D-001 NAS PENSACOLA–“Virtual Reality” Navy and Marine Corps aviators receive state of the art training at the Naval Survival Training Institute aboard NAS Pensacola Fla. (Photo by PHC(NAO) Chris Desmond COMNAVCRUITCOM)

En este sentido, los sueños lúcidos son un interesante campo de ensayo: el soñador controla el sueño, es su guionista. De esta manera, tiene una actitud activa hacia el sueño, va a cazar sueños, no a ser cazado.

Pensamientos y sueños están alojados en una “malla” de neuronas. Uno de los experimentos que se han realizado es evocar un aprendizaje a partir de un olor. Primero, la persona durante la vigilia aprende una información y se relaciona con un olor, por ejemplo a rosas. Después, durante el sueño, ese olor a rosas hará que la persona trabaje sobre esa información y al día siguiente recuerde más que antes del sueño.

Interpretación de los sueños

En cuanto a la interpretación de los sueños, de nuevo Sidarta Ribeiro nos indica que no hemos de desdeñar la interpretación que se viene haciendo de forma ancestral. Lo cierto es que un catálogo de significados no resulta útil, sino que el sueño solo puede ser interpretado por la propia persona, alguien cercano o su psicoanalista. Aunque esto también se abandonó por no tener base científica, ahora se sabe que hay neuronas especializadas en personajes o entidades imaginarias, que se activan cuando los evocamos o soñamos con ellos.

Desde el punto de vista de las constelaciones familiares, el sueño utiliza símbolos, la metáfora es su lenguaje. Por tanto, solo se interpretan aquellos símbolos que piden ser escuchados, por ejemplo, sueños repetitivos o desagradables. El resto de sueños hacen un trabajo sin nuestra intervención consciente. También es interesante el análisis del insomnio, cuya causa estaría en una culpa no asumida, propia o que puede venir de muy lejos.

Puede ser interesante crear un “sueñario” para conocernos mejor. Cuando tenía 15 años pasé un verano en Irlanda. Tuve unos sueños muy extraños, y se me ocurrió llevar un diario de los sueños; no sabía que se podía llamar sueñario. Lo que sí sé desde entonces es que, cuando se experimentan circunstancias novedosas, los sueños cambian y se vuelven más creativos y apartados de la realidad. Yo los llamo “sueños siniestros“. Y esto lo estamos viviendo también en esta época.

Sueños Covid

¿Recuerdas haber soñado con las mascarillas, con las restricciones, con las personas que han enfermado, las que han muerto?

Se han hecho varios estudios sobre los sueños a partir del confinamiento del año pasado y de la situación que continúa. Lo que se ve es que se tarda un tiempo en incorporar a los sueños algo que nos resulta desagradable: se llama “represión de memorias”.

Es posible que colectivamente estemos teniendo sueños siniestros o pesadillas, esas que también reflejan el síndrome de estrés post traumático. Los sueños colectivos buscan predecir un futuro impredecible. Tal vez podamos resolver, también colectivamente, el significado de lo que soñamos, devolviendo a los sueños su importante estatus. Es justo la pretensión de Sidarta Ribeiro.


Se nos quedan muchos temas en el tintero: ¿Cuándo se sueña? ¿Cuánto dura un sueño? ¿Qué tipo de patologías pueden revelar las disfunciones en los sueños?

La visión humanística, integradora y respetuosa de este neurocientífico sobre la historia de los sueños en la humanidad me lleva a indagar más. Es posible que sigamos tratando este tema más adelante.