Duelo por la pérdida de tanto

Cada vez más, voy teniendo sensaciones de los veranos largos después del colegio, días en que el tiempo no estaba estructurado. O de temporadas en la casa del pueblo, en pleno invierno, en la que estábamos dentro la mayoría del tiempo. Momentos en que el aburrimiento daba paso a la creatividad. El momento presente se alarga hasta el infinito en la espera. Ahora puedo contemplar a los paseadores de perros y a los pájaros.

La creatividad primera ha podido ser compulsiva, ansiosa. Después, el inevitable vacío, un hueco cada vez más grande. Y este hueco da paso a la lectura reflexiva, en que se puede releer un párrafo, subrayarlo, apartar la vista del libro para dejar que las palabras se posen. Este espacio permite también escuchar una canción tras otra, prestando atención, sin otro fin que escucharlas, sin que sean el ruido de fondo de otra actividad. Permite ver películas de tres horas de duración.

Así, algunas personas hemos pasado de buscar frenéticamente llenar el tiempo con actividades online (cursos, conciertos, comprobación continua de tendencias y noticias y mensajes) a buscar la introspección.

Atrapados en un espacio

Al principio me acordaba de Atrapado en el tiempo, atrapada en el espacio de cuatro paredes que pueden albergar un mundo. Las similitudes son muchas, el protagonista no puede tampoco salir del espacio en que se encuentra, el pueblo de Punxsutawney. Solo puede explorar al máximo todo lo que hay disponible en ese espacio en ese tiempo.

También están las evocaciones a las historias de náufragos, Robinson Crusoe por antonomasia. Náufragos de islas y náufragos del espacio, esos astronautas que están solos en una nave gigante por la que se ejercitan corriendo.

Los escritores salen en la tele, dicen: “mi vida no ha cambiado tanto, hago más o menos lo mismo”. Los que ya pasábamos largo tiempo en casa y trabajábamos en ella, no notamos tanto la diferencia. Quizá nos hemos podido adaptar mejor. Quizá nuestras actividades introspectivas se han hecho más intensas. No dejan de estar descompensadas, falta lo social, el contacto con familia y amigos, los largos paseos que estimulan la conexión de ideas, las charlas con otros en los cafés.

Las personas extrovertidas, de acción, o cuyas vidas consistieran en viajar, hacer deporte, reunirse, etc. han debido de sentir un cambio doloroso, radical. Las personas que necesitan salir o hacer deporte para sentirse vivas, que tienen cierta claustrofobia, tendencias nómadas… ¿Qué pueden hacer ahora? Ahí hay un duelo.

Duelo por la pérdida de tanto

La gente llora. A pesar de que tratamos de tapar lo que hay, de vez en cuando no podemos sino dar paso al duelo por la pérdida de tanto en tan poco tiempo. Vi este tuit:

Captura de pantalla de un tuit que reza:

Hay mucha pérdida en todo esto, hay dolor, nuestros familiares nos dejan o enferman, o somos nosotros mismos/as. Y para frenarlo, perdemos otra cosa, la libertad, perdemos el contacto humano, perdemos la necesidad de mirarnos al espejo para luego mostrarnos al mundo y perdemos las rutinas de las que nos quejábamos, pero que nos resultaban cómodas.

Vemos cómo se cierra un negocio tras otro, o es el propio, intuimos las consecuencias económicas de la situación, las que ya se están dando y las que se darán después. Como comentaba Iñaki Gabilondo en Late Motiv, esto no se va a acabar un cierto día a las 7 de la tarde, hay un después de reinicio que no es automático.

Después, nada será igual. A pesar del intento por continuar, las circunstancias se han puesto en contra: no se puede continuar, se ha acabado, esto es un precipicio, un corte abrupto del terreno de la continuidad, toca dar un salto. ¿Qué habrá al otro lado? No se sabe, es un salto a ciegas.

Lo de atrás, quedó atrás. Lo que vivimos ahora es lo único que hay, una situación totalmente extraordinaria, inesperada, inconcebible antes de que sucediera (un Cisne negro, diría nuestro Taleb). Y lo que vendrá después habrá de ser construido con la acción. No se podrá enlazar con lo anterior como si no hubiera pasado nada. Porque mucho y muchos se caen por el precipicio y allí quedan.

Por eso, a veces, se necesita llorar la pérdida constante, se necesita aceptar profundamente lo que hay, sin desviar la mirada hacia ningún otro sitio.

El contraste entre las emociones y el “hay que”

Trato de huir del “hay que” relativo a cómo vivir esta situación: hay que mantener una rutina, hay que hacer ejercicio, hay que animarse, hay que recordar que esto es una situación pasajera,… Los consejos contrastan con la sensación de pérdida o la necesidad de introspección, de dejar que el aburrimiento estimule un pensamiento más profundo, un contacto real con uno mismo/a.

Una de las tendencias es mostrar la intimidad al mundo, de manera que el refugio de introspección deja de serlo.

Los programas de televisión han de hacerse desde casa, salvo los telediarios, y entonces los presentadores se muestran con ropa cómoda en el salón de su casa, y a mí esto me cuesta aceptarlo. Yo llevo ya cuatro años trabajando desde casa y, por temporadas, lo había hecho antes. Y no, no atendía las videollamadas en chándal. A lo sumo, mi gata se colaba por delante de la cámara. Quizá haya algo interesante en haber dejado de fingir un aspecto profesional o formal, si es que esta tendencia se queda.

Como conclusión, no pienso que sea “malo” dejarse llevar por lo que se está sintiendo, ni tampoco que sea malo dejar de estructurar el tiempo como antes. La estructura y las rutinas no permiten ver. Y ahora hace falta mirar.

Dándonos ánimos unos a otros

El coronavirus cada vez está más cerca, cada vez me provoca más respeto, cada vez siento más el dolor de los que dan positivo, de los muertos. Dedico por ello un tiempo a enterarme de las últimas noticias. Después, procuro compensarlo con las múltiples manifestaciones de creatividad y humor que produce una situación como esta.

Así, mi actividad social principal se ha convertido en escuchar y compartir canciones en grupos de whatsapp. Como os contaba en el post anterior, un compañero de teatro tuvo la iniciativa de proponer este juego: dedicar cada uno/a una canción al resto en el grupo. He replicado la iniciativa en otros dos grupos, así que paso bastante tiempo escuchando estas canciones que nos dedicamos unos a otros y dejándome llevar por las emociones que despiertan.

Una serie de discos de vinilo y unos auriculares, que dan la idea de la importancia de escuchar música durante el confinamiento

En este post os paso las que más me han gustado, de entre unas 60 canciones, en tres categorías:

Canciones para levantar el ánimo, bailar, reír…

Seguro que os han llegado unas cuantas, que incluso se han puesto en ventanas y balcones para darnos ánimos entre todos/as. Yo os dejo aquí las que más me han cambiado el estado de ánimo de la resignación a la sensación de alegría:

Sobreviviré, de Mónica Naranjo, gracias a mi madre:

Party Rock Anthem, LMFAO, gracias a Jorge:

La magonesa, una parodia de Harry Potter, de Trazzto, gracias a Laura:

Todos los días sale el sol, de Bongo Botrako, gracias a Bea:

 

Canciones para reflexionar

La mala costumbre, Pastora Soler, gracias a Ana:

A tu lado en casa, Los secretos, gracias a Antonio, el impulsor de esta idea:

Quédate junto a mí, Playing for Change, gracias a Alberto:

You’ve got a Friend, de Carole King, gracias a Javier:

 

Canciones con vídeos curiosos

La Revolución Sexual, de La casa azul, gracias a María:

Hoy toca ser feliz, Mago de Oz, gracias a Ceci:

Think, de Aretha Frankin, gracias a Alberto:

Tiny Desk Concert de Monsieur periné: NPR Music, gracias a Susana:

 

Y un poquito de ruido blanco

Es posible que estos días estés escuchando demasiado silencio, que te desveles como yo a las 4 o 5 de la mañana o que cualquier ruido de los vecinos empiece a quitarte el sueño. Para ello, recomiendo un poquito de ruido blanco. Este vídeo dura 10 horas, así que lo podrías tener puesto toda la noche. A mí me basta con un rato, no sé si llega a una hora, hasta que de repente lo apago entre sueños:


Tengo que admitir que no habría escuchado la mayoría de estas canciones en “otros tiempos”. De hecho, no veía vídeos que durasen más de 3 minutos, ni soportaba canciones de estilos musicales muy ajenos al rock o a la música de baile. Pues mira, “chúpate esa”, estoy descubriendo todo un mundo y ampliando mis estrechos horizontes musicales…

Gracias por leer.

En casa… separados se escribe junto

En casa, como la mayoría… Buscando formas de pasar el tiempo.

A cada uno de nosotros/as nos ha pillado esto de una forma: solos o acompañados, con trabajo o sin trabajo, o con cambios radicales en el ritmo de actividad hacia el exceso o hacia el defecto.

“Cualquier cosa” mejor que si lo que nos toca es pasar por el hospital o si las consecuencias son fatales, para nosotros o los más allegados.

Quería recoger aquí algunas iniciativas que me han ido llegando para pasar el tiempo y comunicarse con los demás.

Comparte tu canción preferida

Un compañero mío de teatro escribió hace dos días en el grupo de whatsapp el siguiente mensaje:

No sé si recordaréis el programa de radio, “peticiones del oyente”. Se dedicaban canciones a amigos y familiares en fechas señaladas. ¿Qué os parece si seguimos el hilo y cuando tod@s hayamos puesto una canción, votamos y elegimos la canción del día? Es una pequeña aportación para hacer más llevadero el confinamiento.

Y compartió una primera canción. A partir de ese momento, he podido conocer muchos artistas, canciones y vídeos que ignoraba y paso un buen rato escuchando las canciones, algunas de ellas muy emocionantes. Al final del día votamos las 3 que más nos han gustado y al día siguiente se listan los 3 ganadores.

He pedido permiso a este compañero para compartir su iniciativa. Desde entonces, funciona con éxito en otros dos grupos numerosos. Os animo a replicarla en vuestros grupos de whatsapp de gente cercana. 🙂

Tocando música para los demás

Desde hace días, los artistas se han volcado con el “quédate en casa” y comparten música que graban en casa, incluso entre varios.

Quería compartir esta canción de mi amigo Miguel Vigil, un artista de la música y de la letra. Me quedo con su “separados se escribe junto” que tan intensamente se siente estos días:

También he recibido esta otra canción en grupo que me ha parecido muy chula:

Hacer ejercicio

Se han compartido muchos vídeos y herramientas para seguir haciendo ejercicio en casa. No podemos pasear ni correr, quizá no tenemos en casa una bici estática, pero podemos mantenernos en forma. Yo me decanto por el baile, un tipo de ejercicio que me sube el ánimo, ya que combina escuchar música con mover el esqueleto.

Por poner algún ejemplo, aquí va un vídeo con coreografía tipo zumba pero fácil:

Hacer un curso… o continuar las actividades

Una amiga mía tiene un negocio de Tai Chi, yoga, etc. Hemos hablado sobre cómo podía continuar la actividad. A la idea de grabarse en vídeo y de tener un canal en YouTube, se añadió que los alumnos/as se graben haciendo el nuevo movimiento que les enseñe, con el fin de poder corregirlo.

Otras amigas tienen una escuela de artes escénicas. También hemos hablado de formas de verse en grupos grandes, como Google Hangouts o Skype, y se han decidido por esta última. La idea es reunirse con los alumn@s, trabajar el personaje que tiene cada uno asignado, etc.

Si lo que te ha tocado es poca actividad laboral y/o soledad, puedes apuntarte a uno de los cientos de miles de cursos gratuitos que hay online. He recibido este enlace de Fundación Telefónica y me he matriculado en este curso de Telefónica Educación Digital que juraría que gestionó un antiguo compañero de trabajo en esta empresa que ahora está en venta.

El curso dura 8 semanas. Incluso si estudio 2 módulos por semana, tengo para un mes de curso. Y así puedes estar hasta el infinito. Ya digo: la oferta es muy amplia, hay cursos muy buenos (como este) y sirve para pasar el rato y desconectar un poco del teléfono.


¿Cuál es tu forma de pasar el rato? ¿Cómo prefieres comunicarte? Comentarios siempre bienvenidos, y más en esta época.

No hay coronavirus que por bien no venga

Post actualizado con vuestras aportaciones. ¡Muchas gracias! 🙂

Voy a hablar más del coronavirus. ¿Por qué? Porque ha condicionado mi vida, como la vuestra, y me propongo buscarle las vueltas.

Trabajo desde casa desde hace cuatro años y estoy acostumbrada a ser bastante productiva en soledad, compensando esta forma de trabajar con actividades diversas: gimnasio, teatro, creatividad, cursos intensivos…

Así que me sentía muy preparada para afrontar un escenario apocalíptico y de estado de alarma como el que se está viviendo.

Pero no lo estaba.

Porque resulta que las actividades diversas han quedado canceladas por dos semanas (todo apunta a que estarán canceladas varios meses, adiós representaciones teatrales, adiós forma física, adiós socializar) y resulta que no es tan fácil manejar un aumento del aislamiento.

Me puedo imaginar las dificultades que están teniendo otras personas para teletrabajar. De hecho, conozco algunas: el ordenador de casa no es compatible con los sistemas del trabajo, en la empresa no disponen de portátiles para los profesionales, no hay un espacio adecuado en casa para teletrabajar, la gente se instala en la mesa del salón con una silla incómoda que pasará factura a espalda y cuello en pocas horas, no se puede rendir mucho con los niños en casa…

Lo que digo, escenario apocalíptico, deprimente y que va a llevarnos a una gran recesión, porque la recesión ya ha comenzado desde el momento en que se recortan las actividades que implican viajar o trasladarse en algún transporte. Por poner un ejemplo, uno de mis clientes ha visto cómo se han cancelado la mayoría de los cursos que iban a impartir en las próximas semanas.

Y con esto así, me he propuesto un reto: buscar lo positivo al coronavirus (des oeufs).

Esto, siempre con el máximo respeto a quienes lo están padeciendo de forma directa y a los familiares de aquellos que no lo han podido superar.

¿Qué es lo positivo del coronavirus?

Reflexionando sobre ello, he encontrado varios puntos positivos, y os animo a que me enviéis comentarios con más puntos positivos que le encontréis:

Imágenes del descenso de contaminación en China por el coronavirus
Fuente: BBC
  1. El descenso de la contaminación: la contaminación en China descendió de forma drástica como se ve en la imagen de Wuhan. Es presumible que pasará lo mismo en otros países. Ríete tú de la limitación a 70 Km/h de la M30 en Madrid…
  2. Mejor calidad de vida: los que pueden teletrabajar se ahorran atascos y madrugones, con lo que pueden organizar mejor su tiempo.
  3. El aumento de la creatividad de la gente: solo hay que ver los chistes y memes en Internet, así como las cuentas completas como @Coronavirus en Twitter.
  4. La capacidad de buscarse las castañas por donde sea, incluso aprovechando las circunstancias que se derivan del coronavirus. y es que: “La adversidad tiene el don de despertar talentos que en la comodidad hubieran permanecido dormidos”, como dijo Horacio.

  5. La oportunidad de hacer introspección y hablar con uno mismo/a. Al tener que estar en casa tanto tiempo, habrá momentos de soledad y silencio que se pueden aprovechar reflexionar sobre la propia vida… o para hacer maratones de series de Netflix.
  6. La comprensión de la importancia de un sistema de salud universal. A veces es necesario un todo mayor a la suma de las partes, un interés general que prevalezca sobre el interés individual.
  7. Saber que la enfermedad no entiende de famosos, ni signos políticos, ni nada de nada… La enfermedad nos iguala.
  8. Iniciativas solidarias como los estudiantes universitarios ofreciéndose a las familias con hijos para cuidarlos, o como los formadores que deciden apoyar a sus compañeros de presencial para continuar con cierta normalidad las clases. Sin mencionar la labor que están realizando los profesionales de salud, que están dejándose la piel.
  9. Se estrechan los lazos familiares, o bien se ponen a prueba. A la hora de la verdad, solo te atreves a acercarte a los tuyos, aunque acabes manteniendo con ellos la distancia de seguridad.
  10. Darse cuenta de hasta qué punto nos apoyamos en los mayores para todo y verlos ahora como los más vulnerables. Esto tuvo dos fases. Una, cruel, que rezaba: “No te preocupes, solo mueren los mayores”, como si no fuesen personas ni la mayoría de la población. La segunda, más consciente: “Vamos a dejar a los niños con el colectivo de riesgo”.
  11. La constatación de dónde nos encontramos realmente en cuanto a transformación digital: a las empresas les falta mucho recorrido cuando no pueden enviar a los profesionales a sus casas. Esto va a contribuir a acelerar la digitalización. Por otro lado, se suele olvidar que hay muchas profesiones que no se pueden realizar a distancia. Esto obliga a despertar de esa creencia de que “la vida digital es la vida real”.
  12. La introducción de la transformación digital en el hogar: muchos padres/madres me han comentado la dificultad de acceso a las plataformas de formación online para sus hijos/as. Esto nos invita a reflexionar sobre la formación online, quizá es más difícil acceder a ella de lo que pensamos los que trabajamos en el sector.
  13. La paralización de decisiones empresariales que se habían tomado antes y que empeoraban la situación de muchas personas, como por ejemplo una reestructuración de personal. Claro, que no me quiero imaginar el escenario post-apocalíptico. Ya se está viendo a las empresas solicitar EREs y ERTEs…
  14. La capacidad de reorganizar de nuevo la vida con esta dificultad, encontrando formas de actuar novedosas.
  15. La oportunidad única de poder vivir una distopía en primera persona, en lugar de verla en Netflix (o haber leído 1984, Rebelión en la granja, Un mundo feliz). Como comenta Javi Meléndez en Yorokobu, la realidad está lejos de los pasajes apocalípticos de la ficción.
  16. Darte cuenta de qué es lo más importante para ti: hemos visto cómo algunas personas consideran vital no quedarse sin papel higiénico mientras que otros arrasan con cualquier producto fresco, con una excepción: el brócoli no parece garantizar la supervivencia a nadie.
  17. No te tienes que arreglar tanto, ya que solo te van a ver los más cercanos… o gente desconocida en farmacias y supermercados.
  18. Puedes comenzar a leer ese libro que pediste por Amazon y quedó relegado al olvido en cuanto lo recibiste. Yo estoy con Cartero, de Bukowski.
  19. ¡Por fin llega el momento de limpiar los cristales! En efecto, puedes dejar la casa como los chorros del oro, limpiando cada habitación, cada rincón…
  20. Vuelves a usar el teléfono para hablar. Al estar en confinamiento, los whatsapps no son suficiente comunicación. Ya que no puedes ver, besar, abrazar ni tocar a otros que no estén ya en tu casa, puedes escuchar su voz.
  21. Cocinar como antaño. Ahora tienes más tiempo para preparar un guiso a fuego lento, total, no te vas a ir a ningún lado mientras se hace. Yo ayer me preparé un pollo al curry muy rico.
  22. Uso más responsable de los recursos. Junto a las estampidas hacia dentro de los supermercados que dirige la mentalidad de la escasez, también existe la conciencia de que algo puede acabarse y puedes no encontrarlo en la tienda. Ha pasado mucho con los huevos frescos y, cómo no, con el papel higiénico.
  23. Volver a escuchar los pájaros. Yo abro la ventana y ya no oigo el sonido de fondo del tráfico, y oigo muchos menos aviones. Lo que sí escucho son pájaros, parece que me he ido a vivir al campo.
  24. Volver a escuchar el silencio. En la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick habla varias veces del silencio que se escucha en las ciudades, prácticamente vacías (tras la guerra mundial, la mayoría de la población se ha ido a Marte). La gente pone la tele muy alta (en el único programa que existe, el del Amigable Buster y sus amigables amigos) para no escuchar el insoportable silencio que les rodea.
  25. Descubrir que hay otras formas de organizarse. A nuestras rutinas, instaladas en nuestra mente por sucesivas repeticiones, han sucedido otras que no han tenido tiempo de calar, pero que, en 15 o más días, van a rehacer nuestra forma de organizarnos la vida: trabajar en casa, hacer ejercicio en la alfombra del salón, quedarse uno de los padres con sus hijos, hacer turnos para sacar al perro cuando antes nadie quería…

Aquí os dejo uno de los miles de resultados de esta creatividad que nace de la dificultad:

Portada humorística de La casa de papel, añadiendo "higiénico"

 


He recibido por varios canales un texto con ideas similares a este post, el de Francesca Morelli, que seguramente habrás visto al menos en tu whatsapp. Aquí comparto el vídeo que han realizado a partir de sus reflexiones:

Gracias por leer.

 

Viejas glorias que nunca lo fueron

En línea con los fracasados que tuvieron éxito, pero en un nivel más cercano a lo sórdido, están las viejas glorias que nunca lo fueron.

¿En qué consiste ser una vieja gloria sin gloria?

La vieja gloria sin gloria trató de destacar en alguna disciplina, avanzó y mejoró en ella, pero no alcanzó nunca un nivel lo suficientemente alto como para destacar. Sería ser el mejor entre los peores y el peor entre los mejores, un/a mediocre, el punto medio. Además, esta persona rememora aquellos tiempos como si fuese una vieja gloria consagrada, dándose importancia y viéndose por encima de la media.

Fotograma de la película Y entonces llegó ella, con Philip Seymour Hoffman en un papel de vieja gloria sin gloria

Esta forma de verse a sí mismo está muy bien retratada en la película Y entonces llegó ella, en el personaje que interpretó Philip Seymour Hoffman. Se trata de un actor aficionado que de joven había protagonizado un anuncio. Algunas personas le reconocían aún, y esto le ayudaba a seguir sintiéndose una vieja gloria. A pesar de que  tenía un papel menor en una representación amateur de Jesucristo Superstar, no tenía reparos en indicar a los demás (mucho más jóvenes) lo que debían hacer e incluso suplantar al protagonista dejándose llevar por su identidad con la gloria que nunca tuvo.

¿Cómo surge el fenómeno?

Hay dos componentes en las viejas glorias sin gloria, a los que llamaremos “los sin gloria”:

  • Un suceso del pasado en que estuvieron cerca de la gloria. Lo llamaremos el “suceso glorioso”.
  • Un periodo de tiempo muy largo desde aquel suceso en el que no ha sucedido nada glorioso, lo que echa por tierra la posibilidad de consagrarse.

Verdaderamente, se trata de una situación triste. Los sin gloria se agarran al pasado fuertemente, lo que les impide alcanzar un nivel superior de destreza en otras disciplinas, y además lo distorsionan, dándole al suceso glorioso una importancia mayor de la que tuvo.

¿Y por qué no van a hacerlo? Hay que tener en cuenta que aquellos momentos fueron los únicos en los que tocaron algo parecido a la fama o al prestigio. Tuvieron la sensación de que podían llegar a más. Creyeron que el suceso glorioso era el primero de muchos. Pero se equivocaron.

Sucesos gloriosos

Los sucesos gloriosos pueden tomar muchas formas, y ser prolongados en el tiempo o tratarse de acontecimientos puntuales que son la culminación de un aprendizaje. En todo caso, están situados en un lejano pasado y no tienen continuidad:

  • Haber aprobado el examen del First Certificate o haber pasado un año en Inglaterra durante la carrera…. hace 25 años.
  • Haber sido elegida para actuar en un grupo selecto de bailarinas… en la adolescencia.
  • Haber estudiado piano durante los años de colegio.
  • Haber estado en contacto con famosos o con la tele: salir en un anuncio, ser entrevistado una vez (30 segundos), ser un extra en un capítulo de una serie, haber conocido a un famoso cuando no lo era, etc.
  • Haber dominado una “nueva” tecnología… que ya no está en uso.

¿Qué necesitan los sin gloria?

Sin duda, la evocación constante de aquellos tiempos donde se producían sucesos gloriosos se debe a una necesidad no cubierta de los sin gloria. Antes hemos mencionado alguna:

  • Necesidad de fama.
  • Necesidad de prestigio.
  • Necesidad de reconocimiento.
  • Necesidad de cariño.

En efecto, aquello que pareció poner a los sin gloria por encima de la cotidiana distribución normal, aquello que pareció alejarles de la mediocridad y prometerles un futuro de éxito, les hizo sentir que podían acariciar la fama, tener prestigio, ser reconocidos y amados… Y lo siguen evocando porque de aquel recuerdo tan manoseado se obtiene un halo de estos logros deseados.

¿Cómo poner el suceso glorioso en su sitio?

Los sucesos gloriosos tienen más atención y se les da más importancia de la que les corresponde. En términos de PNL, el suceso glorioso tiene más colorido, brilla más, se ve más grande, contiene sonidos y ruidos identificables, se siente incluso en las manos, en la piel…

Así que el primer paso para recuperar la fuerza del presente es apagar el suceso glorioso, bajarle el volumen, desconectarse de él, alinearlo con los recuerdos grises y remotos que lo rodean.

El segundo paso es prestar atención a la realidad presente, de manera que se le devuelva toda su intensidad. Puede ser necesario hacerse preguntas sobre aquello:

¿Con qué frecuencia hablo en inglés hoy en día? ¿Sigo estudiando piano? ¿Volví a aparecer en la tele alguna vez? ¿Se utiliza ahora el software xxx?

Lo cierto es que ya ni recuerdas la última vez que te pusiste las zapatillas de punta, o tu aparición en televisión está grabada en una cinta de vídeo VHS, o el software que dominabas cabía en un disquete… Con este frío enfrentamiento con la realidad, puedes por fin girar la cabeza hacia adelante y caminar hacia tu vida de ahora, la de verdad.


Como apunte final, quizá ya lo hayas pensado: sí, un sin gloria puede caer en el fenómeno “cuñadismo”…

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué reflexiones te surgieron mientras leías este post? Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

Puntos de vista sobre una realidad

Los posts de este blog procuran ser atemporales, pero de vez en cuando la actualidad te pide mucha atención. Me es imposible no tener en mente el coronavirus. La OMS ha elevado el riesgo a “muy alto” y los nuevos casos están cada vez más cerca de nosotros/as. ¿Cómo nos tomamos esto?

Pienso que lo fundamental es seguir los consejos de las autoridades y personal sanitario, por supuesto, son los conocedores más cercanos del tema.

Por otro lado, observo que se tiende a adoptar uno de los siguientes puntos de vista:

La desinformación y los fenómenos de masas

Mi forma de verlo hasta hace poco estaba alineada con una historia de histeria colectiva que cuenta Paul Watzlawick (uno de los habituales de este blog) en ¿Es real la realidad?, hablando de la desinformación.

En los años 50, en Seattle, se empezó a observar que los parabrisas de los coches estaban llenos de minúsculas hendiduras con forma de cráter. El asunto llegó hasta el presidente Eisenhower, que envió un grupo de expertos para aclarar el misterio. Entre los habitantes de la ciudad se habían creado dos posibles explicaciones:

  1. Las explosiones atómicas rusas habían contaminado la atmósfera y la lluvia radiactiva dañaba los cristales de los parabrisas.
  2. Los largos tramos de autopistas asfaltadas habían generado numerosas partículas ácidas que afectaban a los cristales.

Fotografía de un parabrisas de un coche antiguo

La explicación resultó ser mucho más aburrida que las teorías que habían creado los lugareños: todos los parabrisas tienen (o tenían en esa época) esos minúsculos cráteres, que son causados por el desgaste normal. Con una explicación tan poco llamativa, es fácil que se perpetúe el estado de desinformación, apoyado por los medios de comunicación (y hoy en día, por las redes sociales).

En realidad, lo que había aumentado de forma exponencial no eran los parabrisas dañados, sino el número de personas observando su parabrisas desde un ángulo distinto: desde fuera. Un cambio de percepción permite ver aspectos de la realidad que no habíamos tenido en cuenta.

Cuando ves cortar las barbas del vecino

Sin embargo, como bien sabéis, en este blog tenemos veneración por lo que pueda decir Nassim Nicholas Taleb, pues es un gran experto en estadística y desmonta de forma brillante cualquier falacia que se base en una mala interpretación de los datos.

He comprobado lo que dice Taleb sobre el coronavirus. Y lo que he encontrado no me ha dejado indiferente. Este es su tuit:

Cómo reaccionar a una pandemia

Publicación de Taleb sobre el coronavirus

Lo que cuenta este experto en un estudio realizado entre varios académicos, es que:

Fundamentalmente, los eventos de contagio viral dependen de la interacción de los agentes en el espacio físico y, con la incertidumbre prospectiva que necesariamente conllevan los nuevos brotes, reducir la conectividad temporalmente para disminuir los flujos de individuos potencialmente contagiosos es el único enfoque robusto contra las estimaciones erróneas en las propiedades de un virus u otro patógeno.

Su informe nos dice que:

  • Se subestima el ratio de reproducción del virus.
  • Se subestima la tasa de mortalidad.
  • La mejora de los transportes hace mucho más fácil que los virus se extiendan.
  • La existencia de portadores asintomáticos hace que medidas como tomar la temperatura sean insuficientes.
  • Si se asume que no puede hacerse nada, no se tomarán las medidas extraordinarias necesarias.

Por todo lo anterior, concluye que:

Un enfoque a escala individual, como el aislamiento, el seguimiento de contactos y el monitoreo, se ve rápidamente (computacionalmente) aplastado ante la infección en masa y, por lo tanto, no se puede confiar en él para detener una pandemia. Son esenciales los enfoques multi-escala, incluyendo cortar de forma drástica las redes de contacto usando fronteras colectivas y cambios en el comportamiento social.

Entonces, ¿qué posición tomamos?

Ambos puntos de vista son igualmente interesantes porque nos aportan perspectivas que podemos tener en cuenta.

Por un lado, la paranoia nunca es conveniente, pues lleva a soluciones ineficaces, como agotar las mascarillas en las farmacias, desinfectar productos que proceden de China, evitar negocios y personas chinas o acudir en masa a urgencias de los hospitales.

Por otro lado, parece que las medidas han de ser rigurosas para evitar una expansión como la que realmente se está dando. Es probable que sea mucho más barato tomar las medidas que propone Taleb ahora que continuar observando cómo se cancelan eventos, baja la bolsa o se recortan las previsiones de crecimiento del PIB.

Ver un fenómeno como este desde puntos de vista diferentes aporta una visión equilibrada de la realidad, menos apasionada, por tanto más imparcial, que permite comprender posiciones opuestas.

Y en todo caso, de nuevo, hagamos caso a los expertos sanitarios que están en primera línea en este asunto.

El éxito de los que fracasaron

Es bastante curioso: existen muchos libros que venden la fórmula del éxito. Incluso mucha formación está orientada a que tengamos éxito. En estos materiales, aparecen ejemplos de personas y empresas que han tenido éxito con ideas novedosas, con inversión en innovación, con su anticipación a los mercados, etc.

Sin embargo, parece que nadie se dedica a explicar el éxito de los que fracasaron en vida, a explicar por qué estudiamos las obras de los artistas que en vida eran casi vagabundos, llevando vidas sórdidas que acabaron en suicidio o sufriendo trastornos mentales que por momentos les incapacitaban.

Algunos de estos fracasados con éxito post mortem pertenecen al club de marcianos que inauguré en un post anterior, por ello les resultó especialmente difícil en vida vender sus ideas, vivir de su creatividad, hacer valer sus obras.

Otros fracasados no tuvieron el éxito suficiente como para que ahora se les recuerde, lo más probable es que se pierdan en el olvido, a menos que alguien muestre interés por contar sus vidas…

El loco del pelo rojo

Retrato de Vincent Van Gogh

Vincent van Gogh es uno de estos fracasados. A pesar de su forma inusual, novedosa y bella de expresión plástica, aquel loco apasionado no pudo ni imaginar lo que se valorarían sus pinturas más adelante.

Un hombre obsesionado con plasmar la luz del sol, la acción de trabajar en el campo, el movimiento del viento en los trigales, que trabajó intensamente cuadro tras cuadro. Recomendaría ver aquí la película El loco del pelo rojo, un gran homenaje a este pintor, estéticamente trabajada. ¿Alguien utiliza a van Gogh como ejemplo de éxito? Parece que no. Lo que hizo en vida no le sirvió de mucho.

Vincent llevaba el nombre de un hermano que nació un año antes que él y murió de forma prematura. Tal como dice el tomo “Vincent van Gogh y la melancolía” de la colección This is Art  de El País,

…el segundo Vincent llegó al mundo con esa lápida sobre el pecho, la piedra de su melancolía. Los padres no se lo pusieron fácil: le hicieron sentir que era una copia y no el original, un sustituto imperfecto.

SIVAINVI (VALIS)

Fotografía de Philip K. Dick

Philip K. Dick tuvo reconocimiento en vida: fue admirado tanto por autores coetáneos de ciencia ficción (por ejemplo, Robert A. Heinlein) como premiado numerosas veces y publicado en distintas revistas. Su producción fue vasta, tanto en novelas como en relatos cortos.

Sin embargo, no conseguía salir adelante, vivió con dificultades económicas y necesitando ayuda toda su vida. Además, comparte con Van Gogh el caminar por el filo entre la cordura y la locura, tenía visiones y posiblemente brotes psicóticos. Como podéis leer en el completo artículo de Wikipedia:

Dick aceptó estas visiones como reales, buscando otras explicaciones racionales y religiosas, creyendo que había establecido contacto con una entidad divina de algún tipo, a la que se refería como Cebra, Dios, o más frecuentemente SIVAINVI. SIVAINVI es el acrónimo de SIstema de VAsta INteligencia VIva (en inglés VALIS: Vast Active Living Intelligence System).

Ahora, todos conocemos sus historias por las adaptaciones cinematográficas que se han hecho de ellas, por ejemplo, Blade Runner, adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? o Desafío total, adaptación de Podemos recordarlo por usted al por mayor, por citar las más conocidas.

¿Se sabe si en alguna escuela de negocios o en algún libro sobre el éxito se pone como ejemplo a Philip K. Dick? Parece dudoso.

Este escritor comparte con van Gogh la carga de un hermano muerto, en este caso, el fallecimiento de su hermana melliza a las pocas semanas de nacer.

The Biograph Girl

Florence Lawrence en su coche

Florence Lawrence fue una actriz de cine mudo que comenzó su vida artística de niña, actuando junto a su madre. Tuvo mucho éxito y se la conoce como la primera actriz de la que se supo su nombre (hasta entonces, los actores no aparecían en los títulos de crédito).

Fue una mujer entusiasmada con la mecánica. En 1912 se compró un automóvil, algo bastante peculiar para una mujer de esa época. Florence inventó un mecanismo que funcionaba como una señal de intermitente. Al apretar un botón, se levantaba o bajaba una bandera en el parachoques trasero, indicando la dirección. Además, también desarrolló un invento para avisar a los motoristas de un stop próximo. Al pisar el freno, aparecía una pequeña señal que decía “Stop” en la parte trasera del coche. Además de esto, inventó el primer limpiaparabrisas eléctrico, que se comercializó en 1917. No fue hasta 1925 que se patentó algo parecido al invento de Florence.

Si ahora sabemos esto es porque se ha escrito sobre ello, pero es probable que en su época el hecho del invento pasase bastante desapercibido.

Su historia no acabó bien… Tras un accidente de trabajo, quedó desfigurada y con la espalda rota. Le empezó a ser más difícil trabajar, ya no le daban papeles protagonistas. En su vida personal, fue enlazando matrimonios desastrosos y empezó a sufrir de una enfermedad de los huesos. Acabó suicidándose.

El caso 112

Fotografía de Rosa Pérez Lema, también fue conocida como Rosita Lerma

En 1991 vi un documental sobre una vagabunda que había muerto al caer por las escaleras del metro y que había sido actriz cuando era joven. La historia me dejó muy impactada. He logrado localizar este documental sobre Rosa Pérez Lema y recomiendo encarecidamente que lo veáis, porque ilustra a la perfección la vida de una persona que parece triunfar y que luego se hunde en el fracaso más absoluto.

Rosa Pérez Lema comparte algunos hechos biográficos con Florence Lawrence. Como ella, procede de una familia artística, en este caso, acróbatas de circo, por lo que muy temprano aparece ya en espectáculos.

Si ves el documental, observarás que ella lo intentó una y otra vez, como actriz y después como rejoneadora, ella quiere triunfar, se lo cuenta a todo el mundo, llega a compartir foto con Francisco Rabal o con El Cordobés

112 es el número de la tumba de persona no identificada en la que fue enterrada hasta que aquel equipo de televisión se interesó en saber más sobre ella, en una investigación ardua y profunda.

¿Cuántos de estos fracasados con éxito habrá a nuestro alrededor?

No sabemos nada. Están ocultos. Puede que tengan un cierto éxito, no vamos a negar que van Gogh vendió algunos cuadros, que Phillip K. Dick ganó varios premios y publicaba regularmente, que Florence Lawrence hizo más de 300 películas y llegó a tener mucho dinero, que Rosita Lerma destacó como rejoneadora…

Pero, ¿quién sabe dónde están ahora las personas como ellos? ¿Saben ellos/ellas que podrían ser especiales para generaciones futuras? ¿Cómo vivirán el fracaso? ¿Intuirán la genialidad de su obra, de sus inventos, y verán cómo no les es posible persuadir a casi nadie de su importancia?

Si siguen estas trayectorias atormentadas y horribles, seguiremos sin saber nada, solo algunos privilegiados estarán cerca de sus capacidades, y serán otras generaciones las que los descubran. Son como los cisnes negros, fenómenos atípicos que no se pueden predecir…