¿Cuándo llega el éxito?

¿Sientes que hay éxito en tu vida? ¿Sí? ¿No? ¿Quizá estás esperando a que llegue el momento?

Solemos situar el éxito en el futuro. Y por eso, nunca llega.

De pequeños y de jóvenes colaba: quiero ser astronauta. Esa era la ilusión infantil, que pudo mantenerse, por ejemplo, hasta comprobar la dureza de la carrera de Aeronáutica, si no fue antes.

O quiero ser deportista de alto nivel. Pero no nos seleccionaron para el equipo.

Algunas ilusiones no las para la vida con tanta claridad, así que las podemos seguir manteniendo, por ejemplo, la ilusión de llegar a ser una escritora consagrada.

Renunciar a esta ilusión infantil y juvenil es muy difícil, pero es lo único que permite situar el éxito en el presente, abandonando tanto la mirada hacia el pasado como la esperanza de un futuro que no llega.

En el presente está la acción

No se puede actuar en un momento diferente al presente. Si se siguen alimentando las ilusiones del pasado, lo único que se logra es frustración: al comparar las expectativas con la realidad, encontramos el gran escalón entre ambas.

Por otro lado, no se puede actuar en el futuro. Hoy en día, con la situación actual de la pandemia, es muy importante recordarlo. La mayoría de nosotros acabamos utilizando la coletilla:

Esperemos que esto pase pronto y…

Se pase pronto o tarde, el momento presente es el que es, esto está ocurriendo: hay que vivir con ello. El momento presente se caracteriza por ser radicalmente distinto al pasado que hay que despedir y a un futuro que escribimos justo ahora.

No sabemos qué vendrá, ni cuándo. Situar la mirada en esa esperanza de que todo pase y se solucione y que haya sido “como si nada” solo puede generar sufrimiento.

Es más, al hacerlo, perdemos de vista los puntos positivos que ha traído esta situación insospechada. Y sobre todo, perdemos la posibilidad de actuar en esta realidad, tal como es, frente a estarla comparando con lo ideal desde la pasividad.

Situar el éxito en el presente

Situar el éxito en el presente supone cambiar la concepción de éxito que tenemos. Porque solemos identificar el éxito con aquello que le pasa a unos pocos, que suelen ser principalmente ricos y famosos.

Merece la pena preguntarse:

¿Necesito yo ser rica y famosa? ¿Forma eso parte de mi camino?

Porque igual tienes éxito en tu vida y no te has dado cuenta. Si lo piensas, ahora mismo estás con vida: eso es un éxito. Ahora mismo tienes las necesidades básicas cubiertas: eso es un éxito. Si tienes un trabajo, es un éxito. Si tienes hijos, es un éxito. Si tienes pareja, es un éxito. Si tienes seres queridos cerca, es un éxito.

Lo cual no significa que si no tienes trabajo, hijos o pareja, etc. sea un fracaso. Sigue siendo un éxito lo que vas logrando a cada paso que das, por pequeño que sea.

La meta es el camino

Hay un libro de Chögyam Trungpa que se titula El camino es la meta. Verdaderamente, el paso que estoy dando ahora en el presente es la meta. Es importante tener objetivos, claro está: permiten trazar una trayectoria. Sin embargo, con frecuencia los objetivos se convierten en fuente de fracaso porque nos ocultan el paso que doy hoy, es más, nos ocultan la necesidad de rectificar un camino equivocado.

Por ejemplo, si mi objetivo es llegar a ser una gran actriz de Hollywood, es posible que invierta muchos recursos en estudiar en las mejores escuelas de arte dramático, de inglés, de claqué… A saber. Y es posible que, durante las clases, olvide estar totalmente involucrada en lo que está ocurriendo si no veo una relación directa con mi objetivo. Sin embargo, es interesante prestar atención a lo que está ocurriendo en la clase, y quizá darme cuenta de que no es mi camino, no disfruto de esas clases, las sufro.

El éxito es ahora

Si en lugar de preguntarte cuándo llega el éxito decides ver el éxito ahora, quizá ese cambio de perspectiva provoque un gran cambio en tu vida. Y es posible que la única forma de verlo sea experimentarlo.

Eso es lo que vamos a hacer en el curso online El éxito, la fuerza del asentimiento este fin de semana: experimentar dónde están mis expectativas, qué es lo esencial para mí, cómo me relaciono con el pasado, dónde sitúo mi éxito y qué es lo que rechazo o me da miedo.

Elegir vivir en el presente y asentir a lo que toca son decisiones que solo se pueden tomar desde el adulto. Te invito a tomarlas y a dejar de vivir desde la queja y el victimismo.

Curso online abierto a todos

Sí, y además…

El concepto clave del próximo curso que imparto es el asentimiento. En palabras sencillas: decir sí.

Decir sí “a huevo” (como dice Lolo Diego de Jamming) es algo aparentemente sencillo. Es una de las pocas reglas del teatro de improvisación.

En el escenario, el compañero plantea una situación y, la forma de que el juego continúe, es construir a partir de esta situación. Por ello, se dice:

Sí, y además…

Parece sencillo, sin embargo, muchos nos resistimos al planteamiento del compañero: ¿cómo que somos saltamontes fucsias que saben hablar? La resistencia a lo que nos proponen suele deberse a tener un esquema ya planteado en nuestra mente de por dónde debe ir la historia, normalmente por caminos lógicos para nuestro razonamiento. Así que, respondemos:

Sí, éramos saltamontes, pero en realidad éramos azules, porque…

Al negar la historia del otro, tratamos de reconducirla por nuestro camino. Esto no funciona, desde fuera, el espectador ya había visualizado saltamontes fucsias y ahora son azules, y además, tiene que “comprar” la nueva explicación.

Decir sí a lo que nos propone la vida

Si ya es difícil decir sí a un compañero/a de improvisación, más aún decir sí a lo que nos propone la vida. Si te das cuenta, nos pasamos la mayoría del tiempo diciendo:

Sí, pero…

Sin embargo, la vida no es un compañero de impro. La vida continúa su avance y volverá a proponer el camino que te toca, quieras tú o no.

Sabiendo esto, ¿no sería interesante comprender por qué nos estamos negando a esta propuesta?

Decir sí es lo que nos lleva al siguiente paso, la aceptación de las cosas tal como son, no tal como nos gustaría que fueran, es lo único que nos permite transformarlas.

Yo lo visualizo como un semáforo en rojo.

Si quiero hacerme la ilusión de que está en verde, no me va a ir muy bien si a continuación acelero y continúo por la carretera. No está en verde, está en rojo. Claro que prefiero el semáforo en verde, es lo ideal, así no tengo que reducir, frenar, parar. Pero el hecho incontestable es que está en rojo.

Pues las propuestas de la vida van por ahí. Es el compañer@ de impro que propone un color y ese es el color con el que vamos a jugar.

Lo más curioso de todo es que, una vez aceptamos la propuesta, todo se aligera, se hace más fácil (algo que por otro lado tiene bastante lógica: si yo me empeño en que el semáforo en rojo está en verde y comienzo a circular, no me va a ir demasiado bien, precisamente). Si acepto que está en rojo, puedo respirar hondo y observar a los transeúntes cruzar, por ejemplo.

Aceptar la propuesta de la vida es lo que trae el éxito, un éxito paso a paso, instalado en el presente, en lo que hay, no en el futuro, en lo que nos gustaría que pasara.

Es posible que cada persona haya tomado decisiones que le alejan de poder decir sí a las propuestas de la vida, a la vida misma y, por tanto, al éxito. Y es posible que estas decisiones sean inconscientes.

Curso El éxito: la fuerza del asentimiento

Eso es lo que vamos a ver en el curso sobre el éxito: la fuerza del asentimiento tutelado por Insconsfa. Y lo veremos de forma práctica. Por mucho que yo afirme aquí que decir sí incluso a un semáforo en rojo es el camino, hasta que la persona no lo experimenta, no tiene por qué creerlo. Es más, es bastante sano que dude. Obsérvalo por ti mism@ y verás cómo cambia el curso de la historia y del juego cuando dices sí frente a cuando cuando dices no, pero en realidad está en verde para mí.

Curso online abierto a todos

Este curso está abierto a tod@s. Puedes saber más y reservar tu plaza aquí.

El destino colectivo

Cada uno de nosotros/as hemos nacido en una época y en un país. Por tanto, estamos inmersos, junto a todos los demás, en unas circunstancias concretas. No solo eso, sino que estamos todos interrelacionados.

Pudimos comprobar durante el confinamiento cómo unos pocos “servicios esenciales” estaban conectados en realidad con otros muchos servicios: transporte, almacenamiento, producción de distintos alimentos, producción de plásticos, atención telefónica… En realidad “tiras del hilo” y surgen una y otra vez otras profesiones igualmente esenciales.

Todos estamos, también, en la situación actual de la pandemia, en el mundo entero. No es posible salirse de ella. Al revés, únicamente podemos atravesarla viviéndola, viviendo el dolor que implica, por la pérdida de vidas, de trabajo, de seguridad… En el destino de todos estaba el coronavirus.

El destino de todos

El destino de todos es el destino colectivo.

Ante el cual, solo cabe una cosa: decir sí.

El concepto de destino colectivo nos invita a formar parte de un todo con el resto de personas. Por eso, no se puede separar en compartimentos estancos las actividades individuales de cada persona, por ejemplo:

  • Una persona va al gimnasio dos o tres veces a la semana. Está unida a la evolución de ese negocio, a las medidas de seguridad que se tomen desde los gobiernos, a las otras personas que asisten a él…
  • Una persona se queda en paro. Está unida a sus familiares, que también “se quedan en paro”, unida a la empresa que lo tuvo que despedir, unida a las razones por las que tuvo que hacerlo.
  • Un trabajador/a con dos hijos, confinan la clase de uno de ellos, automáticamente, tanto esta persona como el otro hijo están afectados, así como su trabajo.
  • Alguien que empezó el confinamiento sin pareja y sigue igual. Ahora vive en una zona con restricciones y escucha en los medios que es mejor no ver a personas con las que no se convive. Solo convive con su mascota. Se siente separado/a, a pesar de la gran cantidad de personas en el mismo caso: unidas en ese sentimiento de soledad.

Escapar al destino colectivo

Como el destino no parece halagüeño, el impulso es escapar de él, cambiarlo, hacer todo lo posible para luchar y evitarlo. Pero esto no es posible.

La pregunta: “¿Cómo podríamos haber impedido esto?” hace pensar que se tenía poder para evitarlo y aleja de la capacidad de actuar.

Bert Hellinger

Muchos hemos pretendido hacer como si nada hubiera pasado, muchos hemos creído que la “nueva normalidad” era la “normalidad de antes”, que la pesadilla se acababa con el calorcito y dejábamos atrás todo aquello que ni siquiera nos ha dado tiempo a digerir.

Pero no, todo eso ha ocurrido y sigue ocurriendo, y lo que era coyuntural poco a poco se hace estructural. Tantos meses después necesitamos asumir esta gran incertidumbre como parte de nuestra vida actual, la gran inseguridad, el avanzar a ciegas por la vida, pero avanzar con confianza en el momento presente.

En los atentados del 11 de marzo de 2004 murieron 193 personas. El pánico nos inundó. Recuerdo perfectamente las colas de gente para donar sangre. Había muerto mucha gente.

¿Cómo hacernos una idea si quiera de lo que significan los miles y miles de muertos en España por coronavirus? Creo que no nos es posible y, en parte, por ello negamos este destino colectivo o nos rebelamos contra él.

Pero creo que necesitamos ver lo que ha pasado, asumirlo, atravesar el dolor, que no termina porque las cifras continúan subiendo y, a pesar de todo, seguir mirando hacia adelante, hacia la vida, viviendo en el presente.

Esto “nos ha tocado”, es lo que hay. Se puede tomar una actitud pasiva, la resignación, o se puede tomar una actitud activa desde el adulto, la aceptación de las circunstancias.

Rendirse al destino colectivo y entregarse al servicio a la vida a través de todo lo que podamos hacer: trabajo, cuidado de personas, actividades… Entregarnos a nuestra misión en la vida.

Curso El éxito: la fuerza del asentimiento

El destino colectivo es uno de los conceptos que veremos en el próximo curso sobre el éxito tutelado por Insconsfa que imparto como aspirante a formadora homologada en las nuevas constelaciones familiares.

Finalmente, este curso se ofrece por videoconferencia los próximos 24 y 25 de octubre en horario de 16 a 20 ambos días.

Te animo a participar, este curso dará mucha fuerza a todos sus participantes.

El éxito: la fuerza del asentimiento

Los próximos días 24 y 25 de octubre imparto el curso: El éxito. La fuerza del asentimiento.

El éxito, la fuerza del asentimiento, curso tutelado por Insconsfa

Imparto este curso como aspirante a formadora homologada del Instituto de Constelaciones Familiares, Insconsfa, de Brigitte Champetier de Ribes, por lo que está tutelado directamente por este Instituto.

Los aspirantes a formadores homologados vamos a impartir una serie de cursos que conforman a su vez la formación como Especialista en las nuevas constelaciones familiares. Esto significa que los certificados y documentación son proporcionados por Insconsfa y que, al finalizar esta formación, nuestros alumnos/as podrán tener el título de Especialista.

Qué

Este curso trata de expandir la filosofía y el amor a la vida de las Constelaciones Familiares de Bert Hellinger, y en particular de las Nuevas Constelaciones.

Bert Hellinger estudió filosofía, teología y pedagogía y trabajó como misionero durante 16 años, en los que tuvo la oportunidad de estudiar al ser humano en entornos tribales. Posteriormente, Hellinger se hizo psicoanalista y desarrolló su propia terapia sistémica y familiar a través de la dinámica de grupos.

En España y Latinoamérica, las Nuevas Constelaciones han experimentado una gran expansión gracias a Brigitte Champetier de Ribes, a través del Instituto de Constelaciones Familiares (Insconsfa). Brigitte se formó con Bert Hellinger y continuó su metodología de trabajo.

Las Constelaciones Familiares permiten transformar la vida a través de una práctica fenomenológica y vivencial, llevando a cada participante hacia su máxima fuerza y su realización personal y profesional, dejando atrás el pasado.

Dónde

El curso se imparte online y voy de la mano con un sitio muy especial para mí: la escuela Arteluna Teatro, un espacio donde experimentar, crear y crecer juntos. Esta escuela ofrece clases de teatro, impro, clown, teatro musical… con el objetivo de buscar el desarrollo personal, la escucha, el respeto a la individualidad…

Cuándo

Sábado 24 y domingo 25 de octubre de 2020.

El curso dura 8 horas, cuesta 65 € y tiene este horario:

  • Sábado 24 de 16:00 a 20:00.
  • Domingo 25 de 16:00 a 20:00.

Cómo

Este curso es en directo, teórico y vivencial.

Se practican varios ejercicios sistémicos que muestran a la persona cómo se está impidiendo vivir con éxito la vida que le toca. Estos ejercicios permiten tomar nuevas decisiones como soltar el pasado, agradecer lo que no se había agradecido hasta ahora, empezar a comprender cómo resonar con el éxito. Después, cada persona hará su constelación para iniciar una nueva etapa en su vida.

Por qué

Su meta es iniciar a los participantes en las nuevas constelaciones familiares, que sanan nuestra relación con el pasado familiar.

El taller va a dirigido a personas que deseen iniciarse en la filosofía de las constelaciones familiares, la filosofía del amor en acción, de la vida al servicio. Porque es lo que hoy en día tiene más eficacia para vivir una vida plena. No se necesitan conocimientos previos pero sí ganas de autoconocerse, trabajar en grupo y curiosidad.

Y qué hago yo aquí

Yo sigo trabajando como diseñadora instruccional (guionista y maquetadora) en el sector de la formación online. Sigo “arengando a las masas” de seguidores de este blog sobre temas de aprendizaje, comunicación, literatura, realidad digital…

Quería compartir con vosotros/as este nuevo camino que se abre, ya que está en línea con mi interés en el desarrollo personal y en temas que hemos tratado ampliamente en este blog, como el análisis transaccional, el guion de vida, el estar en el presente… Realmente es lo mismo y yo soy la misma, tan solo es otra faceta mía que se muestra ahora.

Si quieres más información, echa un vistazo al dossier que mis compis de Arteluna han preparado o pregúntame.

Sin más, estoy a tu disposición.

Se está yendo…

… y no va a volver a corto plazo. Y cuando vuelva, será de otra manera.

Entro en la clase de baile activo, algo parecido al zumba.

Antes de entrar, he pasado por una alfombra húmeda a la entrada del gimnasio, me han tomado la temperatura, me he enjuagado las manos con gel hidroalcohólico.

Por supuesto, llevo una mascarilla, que deberé tener puesta toda la clase.

Una vez dentro, el aforo está completo. Es el máximo permitido: 20 personas y el profesor.

Hemos reservado la clase por una aplicación. He tenido suerte, alguien ha cancelado, esta mañana a las 7.35 ya no había huecos.

El profesor está muy lejos. Tengo unas cuatro filas delante. Tenemos dibujado en el suelo el área que podemos ocupar, es como la rayuela.

A pesar de las pocas asistentes a la clase, casi no veo al profesor, en parte por la distancia, en parte por la alineación de esta rayuela.

Y puedo notar cómo el profesor hace todos sus esfuerzos por motivarnos. Seguramente nos está sonriendo. No entiendo todo lo que dice, a pesar de que habla bastante alto.

Tampoco me veo reflejada en el espejo. No solo está lejos, sino que quedo detrás de otras dos compañeras. Y si me asomo, sé que soy yo pero realmente no me sirve para lo que he hecho toda mi vida: corregir el movimiento en el espejo.

Creo reconocer a alguna compañera, pero es un poco difícil arriesgarse a saludar, ya que realmente no puedo asegurar que sea ella.

Suena la música. El profesor ya ha diseñado una clase más simple en los pasos y más ligera, para que no nos ahoguemos con la mascarilla. Nos recomendó mascarilla de tela, pero compruebo que me estoy ahogando igualmente.

Varias veces durante la clase escucho mi desmotivación interna.

Esto no es lo mismo.

Estamos simulando que no ha pasado nada y que en realidad siempre habíamos bailado a esta distancia, con esta sencillez en los pasos y con la mascarilla puesta.

Una y otra vez acallo esa voz de desmotivación y saco otra de alegría por poder seguir haciendo esto: hace unos pocos meses no se podía, salvo en casa y en soledad.

Todo va bien y parece que el balance de la clase va a ser positivo.

Entonces, justo al final de la clase, suena:

First when there’s nothing
But a slow glowing dream…

Y me vengo abajo. Toda la tristeza por la pérdida de libertad, de contacto social, aparece de golpe al escuchar la canción de Flashdance, What a Feeling.

Es una canción que realmente no tengo asociada a ningún recuerdo, ni siquiera de baile.

Pero de pronto, esa canción procede de otra época, los ochenta, la época de la libertad, desde mi visión subjetiva y contando con la edad que tenía entonces. Esa canción destapa como un bote a presión el contraste entre aquella vida y esta vida, que parece otra.

Por un momento, me dejo llevar por la emoción, pero luego me recompongo. Sé que la mascarilla favorece que nadie vaya a ver mi disgusto. Yo creo que ni siquiera nos hemos mirado a los ojos entre compañeras.

La clase finaliza. Salgo con sentimientos encontrados. Y reflexiono.

No podemos retener ese pasado que se está retirando.

Me doy cuenta de que trato de retener al menos la libertad de ir y venir y poder relacionarme con gente en distintas actividades que no son trabajar ni estudiar… Y pienso que esto es justo lo que se está retirando de nuestras vidas.

Para poder seguir adelante, para que esto que se va dé paso a algo nuevo, necesitamos rendirnos ante lo que estamos perdiendo, aceptar soltar lo que se está yendo.

La letra con sangre entra

Desde hace tiempo, he observado el ensañamiento que producen las discusiones sobre la corrección en la escritura, la ira quizá desmedida que produce la visión de faltas de ortografía. Como es algo que me ha pasado a mí también, me pregunto qué hay detrás.

Buena parte de mi trabajo con contenidos incluye la revisión ortotipográfica. A lo largo de los años, he pasado por varias fases:

  1. La postura de ensañamiento con los que cometían estos errores: sí, yo era uno de ellos/as.
  2. El enfrentamiento con otras formas de corrección: es la mejor forma de darse cuenta de que no se está en posesión de la verdad.
  3. La aceptación de que existen varias formas de tratar un texto y de que todas ellas son correctas.
  4. La aceptación incluso de que hay personas que cometen errores y aun así, merecen mucho la pena como personas, porque estos errores son despreciables en relación a su grandeza como seres humanos.

Así, ahora soy capaz de hablarme con personas que escriben:

Haber si nos vemos.

1. El ensañamiento

Hace no demasiado tiempo podría haber escrito uno de estos tuits, y puedo comprenderlos:

Han corrido ríos de tinta sobre la eliminación de la tilde de la palabra solo. Los que hacemos mi trabajo, hemos tenido discusiones con los clientes que prefieren mantener la tilde, a pesar de que oficialmente se eliminó en 2010. Puedes comprobarlo en el corrector de ortografía de MyStilus.

Claro que, si los propios académicos de la RAE la siguen utilizando, poco podemos decir los redactores de a pie.

Tengo que decir que, por lo que he observado, la asociación de inteligencia o de cultura con ortografía no siempre se cumple. Por ejemplo, conozco casos cercanos de personas que leen y cometen faltas de ortografía; también de lo contrario.

Sea como fuere, a mí me sigue llamando la atención la desproporción de la ira que provoca el asunto.

2. El enfrentamiento

Cuando he dado con la horma de mi zapato, esto es, cuando me han corregido por el uso de expresiones o me han cambiado comas, yo también he reaccionado con ira desproporcionada. ¿Corregirme a mí? Hay detrás un sentimiento como de “perfección” y superioridad. También parecen verse heridos los valores y creencias más fundamentales del individuo.

Por ejemplo, yo utilizo habitualmente la expresión “aterrizar las ideas”, pero parece ser que no es muy correcta.

Otra cosa que hago es poner comas separando frases complejas que están unidas por una conjunción, por ejemplo:

Fueron al campo a pasar el día y comer tortilla, y después se fueron a echarse la siesta.

Otra cosa que hago es distinguir un inciso de una información relevante. Si es relevante, no la acoto entre comas.

3. La aceptación

El tema es el siguiente: cada uno de nosotros/as aprendió unas normas distintas. Mi abuelo paterno era catedrático de Filología Hispánica, por lo que mi padre conoce muy bien las normas y nos las ha transmitido. Se reciben por tanto informaciones tanto del colegio como de la familia de cómo hablar y escribir. Lo malo es que las normas que se aprendieron van cambiando y lo que era correcto deja de serlo.

Un ejemplo: el dequeísmo. En mi época de estudiante se hacía mucho hincapié en evitar el dequeísmo, porque muchas personas decían cosas como:

El pescadero me dijo de que no le quedaban gallos.

Algo así, porque esto casi ha desaparecido y no lo recuerdo bien. En cambio, en mi época era correcto decir:

Le advertimos de que está prohibido estacionar en esa zona.

Actualmente, para evitar el dequeísmo, lo que se hace es evitar todas las formas “de que”, incluso las correctas.

Algo que se suele olvidar es que las normas de la lengua son, en un primer momento, arbitrarias. Los nombres que se utilizan no se corresponden con los objetos que denotan, la formación de estructuras oracionales es distinta en cada idioma, la Lengua está viva y va cambiando, palabras que eran incorrectas se incorporan al diccionario, etc.

Si se acepta la propia Lengua como algo cambiante, variable y ajustable, como algo que se actualiza entre todos sus hablantes cada vez que se utiliza, es posible que se deje de sentir tanta ira cuando se cometen esos pequeños pecadillos que son las faltas de ortografía.

Además, la Lengua española se habla en muchos lugares del mundo, en los que las normas son diferentes.

Hace poco, mi hermano me llamó para que le confirmase a su pareja argentina que en España la c con la e se dice “ze” y no “se”. Ellos estudian en el colegio que la c con la e se dice “se”, y les es inconcebible otra pronunciación. Ella me preguntó varias veces:

¿De verdad que ustedes en el colegio aprenden a decir la c con la e como “ze”? ¿De verdad estudian eso?

Gracias a la Lengua

No habríamos alcanzado estos niveles de sofisticación en el pensamiento sin tener una Lengua rica que utilizar. Nos sería más difícil relacionarnos si esta Lengua no tuviese unas normas. Es de agradecer que se haya mantenido, cuidado y también actualizado a lo largo de los siglos.

Solo hay que recordar que quizá no sea tan grave escribir con ciertos fallos. Fallar es humano y nos hace más humildes.

Clase presencial online

La falta de innovación en el sector e-learning

Lo nuevo es raro, lo nuevo toma cierto tiempo, lo nuevo por definición no reutiliza “esto que ya teníamos por aquí”. No buscar nuevos caminos, no pararse a pensar… suponen un claro peligro de obsolescencia en cualquier industria.

Pues bien, es bastante curioso que los intervinientes en el proceso de creación de un curso online sigan pidiendo “más de lo mismo” en un sector que pertenece al mundo digital, el de los avances y las innovaciones. A pesar de esto, los cursos no se trabajan demasiado en su concepción, no se aplican estrategias de pensamiento de diseño u otras estrategias creativas. Desde luego, no se tiene en cuenta al alumnado.

Circula la expresión:

…y luego añadimos el típico test.

Los habituales del blog ya sabéis que el test es, sin duda, el punto débil de la formación online. Creo que el motivo principal es que “hay que” poner un test a toda costa, porque si no, ¿cómo vamos a medir que los alumnos/as “han aprendido”?

Los que formamos parte del sector tenemos ya una serie de códigos en mente de lo que hay que hacer para crear un curso online, incluido ese test, lo que puede limitarnos a la hora de considerar otras opciones.

El saber muchas veces entorpece el cambio.

Bert Hellinger

Clase presencial online

Recordemos el artículo de Ryan Tracey, cuya versión original tuvo bastante repercusión: la mayoría de expertos preguntados por la evolución de la formación online a partir de la pandemia apuestan por más recursos e-learning y no por más recursos de adaptación del cara a cara al online.

Y sin embargo… esto último es lo que está ocurriendo, instrumentado en largas videoconferencias que resulta que funcionan. Y es lo nuevo, nos guste o no a los que creíamos conocer este sector. Pues bien, ese formato “pseudo presencial” no tiene contenidos o son lo de menos… Así que una de esas piezas que tan bien conocemos los del sector, el contenido, parece perder importancia frente a un intento por hacer como si una videoconferencia fuese una clase presencial.

Y es que algunos centros quieren ofrecer a toda costa una alternativa “presencial online” (oxímoron) a la clase magistral: si un alumno/a debe permanecer en cuarentena, puede ver la clase desde casa, como si estuviese participando en ella. Así, los profesores han de ser grabados y deben hablar por micrófono, teniendo en cuenta a esos alumnos que les ven gracias a una cámara. ¿Cómo participa ese alumno que se ha quedado en casa? ¿Realmente está siendo parte de lo mismo?

Tal vez funcione mejor que todos los alumnos estén en sus casas y que el profesor imparta una tutorización/facilitación online típica: no se trata de que el alumnado tenga que permanecer sentado delante de una pantalla cinco horas. Se trata de que el profesorado sepa manejar las herramientas que existen desde hace ya muchos años para crear grupos, generar debates en foros o por chat, proponer tareas que los alumnos suben y que pueden hacer en grupo…

¿Qué hace memorable una experiencia de aprendizaje?

Mi primera experiencia de aprendizaje online fue sin duda la mejor. Se trata del curso de Experto en e-Learning 2.0 de la Cátedra de Toledo, de la UNED. ¿Por qué fue la mejor experiencia? Los tutores eran y son profesionales universitarios reputados en este sector: Germán Ruipérez, Mª Dolores Castrillo, José Carlos García Cabrero, o Esperanza Román, entre otros. Estos tutores no nos impartieron ninguna clase por videoconferencia. Sin embargo, nos entregaron materiales muy bien documentados (el contenido) en PDF y en formato papel (no “virtualizados” ni en formato SCORM, por cierto). Y, principalmente, moderaron foros, prácticas y actividades de manera que se les sentía cercanos, se reconocía “su voz” y se disfrutaba de sus conocimientos.

Repito: ninguna clase por videoconferencia. Ningún contenido virtualizado.

Ventajas de la videoconferencia

Aun así, vuelvo al artículo de Ryan Tracey: en él, yo defendí la tendencia hacia lo síncrono y hacia la utilización de la videoconferencia. ¿Por qué? Porque durante el confinamiento ha demostrado tener unas ventajas que no tienen los consabidos recursos online:

  • Cercanía: la sensación de ver y ser visto, en contraste con la sensación de soledad frente a una pantalla. El curso tiene que ser muy bueno en su tutorización para que el alumnado a distancia no se sienta solo y no abandone por desmotivación.
  • Ver a otras personas: de nuevo, si las actividades online no fomentan el trabajo en grupos o el debate de todo el alumnado, son poco motivadoras, especialmente si el curso es masivo (MOOC) y el alumno/a no va a recibir una respuesta personalizada.
  • Participar de algo que se está creando en ese momento: la formación online necesita una planificación y una elaboración previas a la impartición. Por muy novedosa que sea, siempre tiene un regusto enlatado. Además, su preparación cada vez se acorta más, lo que lleva a cursos con errores y poco motivadores. En el caso de la sesión síncrona por videoconferencia, cada participante es parte de la creación en ese momento de algo nuevo, asiste a algo que ocurre “en directo”, lo cual tiene un potencial mayor de enganchar al alumnado.

Inconvenientes de la videoconferencia

No todo iban a ser ventajas. Como hablaba con otro experto del sector, el diseñador gráfico Iván Lezcano, el principal inconveniente de la videoconferencia es la falta de estructura. Además:

  • No se puede ir a un punto concreto del contenido, porque no está diferenciado ni por apartados, ni por secciones, ni por temas.
  • No se puede discernir entre información esencial e información adicional: no hay niveles de contenido.
  • Todo es lineal y secuencial, el alumno/a no puede navegar libremente por el contenido, tampoco se pueden diseñar caminos alternativos para distintos ritmos de aprendizaje o niveles de conocimiento.
  • Si el alumno/a atiende la sesión en directo, todavía es posible que resista una cierta duración, pero si no ha podido atenderla y tiene que ver la grabación, esto es bastante más desmotivador. Recordemos que los vídeos formativos no suelen durar más de 4-5 minutos.
  • Requiere dedicar mucho más tiempo: en las horas de videoconferencia, un curso online puede ofrecer distintos vídeos de prácticas, foros, tareas individuales, tareas en grupo, elaboración de wikis… Diversidad de actividades que involucran al alumnado y le permiten experimentar con el contenido de diversas formas y, sobre todo, cuando y donde deseen.

Conclusiones

Si los cursos no se hacen bien, si lo que importa es “que vean todas las pantallas” y cubrir unos expedientes, si el curso no se diseña con el alumnado en el centro de su diseño (que no se hace), si la retroalimentación se queda en “sí, es correcto”, “no, incorrecto”, pues es posible que la videoconferencia siga ganando puntos.

Lo que me lleva a pensar que el sector se tiene que reinventar. Dejemos atrás lo que creíamos conocer tan bien, vayamos hacia algo que no sabemos cómo va a ser y confiemos en que un cambio de enfoque dará lugar a una mayor adhesión a nuestros cursos.

Recursos adicionales

Estas son a grandes rasgos las herramientas que puede utilizar cualquier tutor online, incluso si basa su impartición principalmente en la “clase presencial online”:

(Fuente: adaptado de E-Learning by Design. William Horton. 2012)

Puedes saber más sobre e-learning leyendo a estos grandes:

La importancia del contenido

El contenido es todo aquello que no estaba ahí antes.

El contenido es lo menos valorado en el sector de la formación privada (lo que importa es el continente). Y sin embargo, el contenido es toda la miga, el sello, la marca. 

Es un gran esfuerzo crear desde cero, consultando fuentes, redactando frases que salen de las manos en ese momento. Es un trabajo creativo, artesano y muy poco valorado.

Por eso, cuando se habla de películas los guionistas no se mencionan, se desconocen, parece que el trabajo lo han hecho el director y los actores. Sin embargo, la historia es del guionista, es quien se ha imaginado a los personajes, los ha puesto en un contexto, les ha dado una vida, y les ha hecho hablar.

 

El contenido en el sector de la formación online

La mayoría de empresas de e-learning subcontratan al diseñador instruccional, que es el guionista de la formación online. 

Otra opción muy habitual es que el diseñador instruccional sea el jefe de proyecto, con lo que no puede hacer bien ninguno de los dos trabajos. Y en todo caso, el trabajo “principal” es el de jefe de proyecto.

El contenido es la comunicación directa con el alumno en los cursos de autoestudio. Es como decir: “mira, esto es lo que te doy”. Y a veces lo que se da al alumno tiene un nivel tan bajo que, por mucho diseño gráfico que lo disfrace, produce un efecto de rechazo, aburrimiento y abandono de la formación.

Contenidos de baja calidad

Cuando el contenido no es original o no ha sido elaborado por un experto en la elaboración de contenidos, incluso si es experto en la materia de la que habla, lo más habitual es encontrar:

  • Contenido plagiado. Sí, en Wikipedia da gusto lo bien explicados que están algunos artículos.
  • Dobles y triples espacios. Muy habitual, se resuelve rápidamente.
  • Frases que no tienen sentido. Obligan a releer varias veces hasta que se descubre que se han fusionado ideas sin la presencia de nexos, verbos o adjetivos que las organicen.
  • Erratas. Las hay de todo tipo. La lengua es cambiante, por lo que algo que antes no era una errata puede serlo ahora. Puede ser interesante comprobar los textos en MyStilus. Las más difíciles de detectar son palabras que existen pero que no son las que corresponden a ese contexto. Un clásico son los bailes de tilde según contexto, por ejemplo: “continúa, continua”, “dialogo, diálogo”, “páginas, paginas”, etc.
  • Cambios en el tono. El contenido transmite de forma directa una imagen corporativa, por lo que el tono debe definirse previamente y mantenerse con coherencia en toda la documentación que se desarrolle. Es habitual encontrar un tono impersonal y de pronto frases como: “Cuando tú entras en el vehículo, debes…”, o bien “En nuestra profesión tenemos que tener en cuenta…”.
  • Confundir información y opinión. Cuanto más alejado está el contenido del estudio científico, más fácil es encontrar en él una mezcla de informaciones contrastadas y basadas en fuentes con opiniones personales de todo tipo.
  • Ninguna intención: no se adivina un hilo argumental, una metáfora de base, una estrategia de comunicación.

La doble revisión: edición y control de calidad

Los autores solemos tener coletillas. No nos damos cuenta, pero para el lector del contenido son evidentes. Por ello, ganan puntos aquellas empresas que incorporan un revisor de la calidad del contenido.

Como la redacción de contenidos y guiones no es una ciencia exacta, la opinión del revisor y del creador pueden ser distintas. El revisor puede querer imponer sus propias manías al texto. Y es un proceso doloroso para el creador. Aun así, de estos dos opuestos nace un producto nuevo y mejorado; merece la pena que un contenido pase por este filtro.

El contenido con el alumnado en mente

Muchos cursos están perfectamente redactados, son visualmente atractivos, han pasado todas las revisiones y… aburren a las ovejas. Curiosamente, en la formación online no hay una fase de testeo de usuarios. No, los usuarios solo sufren el curso. Por ejemplo:

Tuit de Sientificleta: Cuatro cursos de prevención de riesgos en lo que va de Agosto, que se resumen en: ten cuidao Antoña

Este es el control de calidad más importante.

Y todavía te extraña…

Hace unos cuantos años me pidieron que impartiera un curso de comunicación escrita eficaz.

Mujer escribe notas mientras toma un café

Así lo hice, me basé en distintas fuentes y teorías de la comunicación, e incluso utilicé las dos cartas del libro Cómo ganar amigos e influir en las personas, de Dale Carnegie, las que se eliminaron en versiones posteriores del libro.

El curso fue un éxito, en la empresa estaban encantados con el resultado que había tenido. Sin embargo, mi impresión mientras impartía era que no necesitaban un curso de comunicación escrita eficaz, sino simplemente un curso de comunicación empática, unas guías de cómo ponerse en el lugar del otro.

En el mundo actual, en el que mucha de la comunicación es escrita, me da la sensación de que falta un punto, o a veces un gran espacio, de acercamiento a la otra persona, a la que va a recibir el mensaje.

Las cartas eliminadas de Dale Carnegie hacían hincapié en ese matiz empático, en ese ponerse en el lugar de la otra persona:

¿Qué haría yo si recibiera un mensaje como este?

El mundo de la comunicación escrita

Un mensaje no es únicamente un email. Un mensaje es un tuit, un whatsapp, un Skype, un post en un blog o una lección multimedia en una plataforma de formación, entre otras opciones.

Nos podemos acercar a la teoría de comunicación que más nos guste. Yo menciono varias en el Manual de comunicación que escribí: la percepción, el análisis transaccional, la PNL, los estilos sociales, la asertividad, la empatía, la escucha activa y el coaching.

Incluso es posible que en una organización haya cursos sobre alguna de estas técnicas, o de varias, a disposición de los profesionales. Pero esta formación es inútil si no hay un cambio de cultura centrado en la mejora de la comunicación. Como mucho, puede aumentar el resentimiento del que hace el curso y lee sobre mundos ideales.

Características de la comunicación ineficaz

El listado que siempre se hace es el otro, las características de la comunicación eficaz. Sin embargo, a veces nos reconocemos mejor en los posibles fallos:

  • Escribir correos electrónicos utilizando formas impersonales o infinitivos de los verbos, como si no fuesen dirigidos a una persona, sino a un sabio robot. Por ejemplo: “Abrir incidencia y escalar el caso al departamento X”.
  • Escribir en mayúsculas: hace ya bastantes años QUE ESCRIBIR EN MAYÚSCULAS SIGNIFICA GRITAR.
  • Asaltar a la otra persona en un sistema de mensajería instantánea o chat como whatsapp: “Mira esto, haz lo otro”.
  • En un curso, no se explica al alumno con qué criterios se le va a evaluar (falta una rúbrica), con quién contactar en caso de incidencia, quién es su tutor/a, etc.
  • Personas del mismo nivel jerárquico (o inferior) utilizan formas imperativas en su comunicación: “Cuando termines, me avisas”.

Cuando el fallo de comunicación es que no hay comunicación

Es conocido el deseo de muchas organizaciones de evitar “silos de información”, esto es, que el conocimiento de la empresa esté en manos de unos pocos y no esté recogido en ningún sitio. Este es un fallo importante de comunicación, porque deposita una gran responsabilidad en las personas que poseen este conocimiento. Si estas personas desaparecen por cualquier motivo, se pierde lo que saben.

El correveidile o teléfono escacharrado

Otro rasgo de la comunicación ineficaz es no hablar con la persona a la que se quiere comunicar algo, sino hablar con otra, que preferentemente no sepa demasiado de qué va el tema. La confusión está asegurada, la mala transmisión del mensaje también, la ineficiencia es bienvenida.

Si el mensaje implica a cuatro personas, es casi como un gag cómico:

Me ha dicho Manuel que le digas a Ana que deje lo que esté haciendo y se ponga con los contratos.

Aquí, el verdadero emisor del mensaje utiliza un cierto sadismo porque parece disfrutar creando confusión y haciendo parecer tontos al mensajero, a Ana y al receptor. ¿Sabe el emisor qué es “lo que está haciendo” Ana? ¿Sabe si lo puede dejar para ponerse con los contratos?

Al no especificar qué hace falta hacer en relación a los contratos, es posible que la tarea se haga mal, se haga a destiempo o no se haga.

La comunicación hablada

Una amiga me lo decía con frecuencia: si el tema es difícil, mejor hablarlo. La mayoría de la gente no controla bien el tono de sus escritos. Y la mayoría de textos pueden interpretarse de muchas formas. Por eso hay tantos malentendidos en redes sociales, whatsapp, Skype, mensajerías varias… e incluso en largos correos electrónicos.

Tras recibir un email seco, duro o robótico, llama a esa persona. Verás cómo el tono es otro, mucho más suave, incluso sonriente y desenfadado. Es mucho más fácil perder el respeto al otro cuando se lanza el mensaje a una interfaz, por eso los insultos y el odio desmedido en redes sociales.

¿Cómo evitar la escalada de violencia?

Para impedir el tono imperativo, robótico o directamente insultante, imagina delante de ti a la persona que va a recibir el mensaje. ¿Cómo lo siente? ¿Qué cara pone? ¿Reacciona como si le dieras una patada en el estómago?

Luego, ponte en su lugar, imagina que tú recibes tu propio mensaje. Si eres una persona dura, que ha hecho callo y que se protege con esa forma de comunicación, puede que te parezca un mensaje muy correcto y que encuentres ridículo comenzar un mensaje con “Buenos días”, “Hola” o despedirte con “Un saludo”, “Saludos cordiales”. Vale, pues ponle voz. Si llamas a una persona, ¿no le saludas antes de empezar a hablar?


Las organizaciones se gastan mucho dinero en cursos para mejorar la productividad, la eficiencia e incluso la comunicación. Y todavía se extrañan cuando estos cursos no tienen ningún resultado. El cambio de cultura corporativa requiere un cambio profundo de mentalidad que va desde arriba (fundadores) hacia abajo. Si esto no se da, no hay solución.

De vacaciones en un docu de La 2

Visto lo visto, habría que plantearse sustituir las vacaciones habituales por otras, que consisten en ver documentales de La 2, DMAX, Discovery Channel… y deducir que se han visitado lugares increíbles.

Castillo en Japón con cerezos en flor y cielo azul

Se trata de la batalla:

Viajes vs. documentales

Realmente, no hay color, es una batalla perdida para los viajes. Veamos por qué:

  • En los documentales, la visualización del lugar de destino incluye varios puntos de vista, imposibles de lograr en un viaje habitual: a vista de pájaro, en lugares sagrados, en monumentos vacíos de gente, en lugares inaccesibles a pie…
  • La meteorología siempre es favorable. Esto a su vez tiene dos ventajas: todo se ve más bonito, con un cielo azul, despejado y de día, y no se tienen que sufrir las inclemencias del tiempo.
  • Un narrador crea un hilo argumental, una historia que seguir, nos va contando lo que vemos, no nos enfrentamos al paisaje o al monumento a pelo. A veces, en lugar de narrador hay un personaje real, una persona que se desplaza al lugar elegido e interactúa con los lugareños. Narrador y personaje pueden o no coincidir.
  • En todo caso, uno de ell@s o ambos acceden a unos “guías” únicos, que les dan abren las puertas de lugares no accesibles para el turistilla medio: hablan con el encargado en el horno de una panadería, hablan con un historiador en una cocina kosher, hablan con un cocinero experto en un restaurante de la guía Michelín, hablan con una vieja en su casa de un pueblo remoto de alta montaña y se descubre que en realidad es alpinista…
  • Por muy remoto que sea el lugar visitado, el personaje consigue mantener conversaciones fluidas con los lugareños. Ambos están doblados, pero por debajo puede intuirse que no están hablando el mismo idioma. Sin embargo, ocurre una magia especial y se comprenden perfectamente.
  • El personaje o la cámara tienen acceso a esos lugares que nos gustaría ver, y verlos sin gente: en el interior de las Pirámides de Egipto, en las cuevas de Altamira, en un pecio hundido a 50-60 metros, en una biblioteca de incunables…
  • Curiosamente, ese personaje sabe a dónde ir, y va. Es decir, tiene un plan muy estructurado que siempre es posible, aunque en la vida real implicaría varias semanas de viajes, largos traslados, incómodas noches en un hostal, cancelaciones por temas climatológicos… El personaje no sufre nada de esto, aparece en los sitios y siempre hace sol. Y si a lo que va es a ver la aurora boreal, aparece de noche despejada y la aurora se muestra en su esplendor. Aquí de pronto la filmación se acelera y se puede ver el movimiento de las luces verdes en el cielo.
  • Algunos de los protagonistas de estos documentales son además expertos en algo: la mayoría de las veces, en temas de naturaleza, pero también puede ser que escalen, sean cocineros, meteorólogos,… De esta manera, pueden interlocutar al mismo nivel con homólogos suyos en el país de destino, y nos muestran todo lo que no sabíamos.
  • La inversión de tiempo es mucho menor: un viaje que en la vida real tomaría 3 o 4 semanas se convierte en 1 hora de apretado documental lleno de color; quizá en una serie.

Con todas estas ventajas, es indudable que nos decantemos por unos cuantos viajes televisivos que llenarán nuestro verano.


Wait a minute… 

Fue Galdós quien en una de sus novelas, creo que en uno de los Episodios Nacionales, explicó que, por mucho que te describan a qué sabe un filete, nunca sustituirá la experiencia de comer un filete. Es imposible comprender las sensaciones diversas de comer un filete sin experimentarlas en primera persona.

En una tarde, puedes dar la vuelta al mundo en un viaje que tomaría varios meses en la vida real. Pero no has movido tu culo del asiento («Mueve el culo a Marte»).

Qué chasco, ¿no?

Cuando realmente te tomas las molestias de ir a uno de esos lugares es probable que la experiencia visual sea mucho más pobre, que no logres hablar con la vieja, que comas en un restaurante para guiris… Pero entonces, comes esa ensalada griega y el feta tiene sabor, no es solo unos cuadrados blancos que ves en la tele.

Te cansas muchísimo y en vez de ver los 20 monumentos de tu lista, ves 7. En tu odisea, te acercas a hablar con los lugareños y resulta que tienen otro idioma y que hay que entenderse por gestos. Pero has interactuado con ellos, no te has quedado de espectador, te has “manchado las manos” al acercarte al lugar, te has puesto al nivel de los otros humanos.

En estos tiempos inciertos, he tomado una decisión: en cuanto se pueda viajar con total seguridad, en cuanto nos hayamos adaptado de verdad a lo que hay, quiero ver el nuevo museo arqueológico de El Cairo (cuya apertura se ha retrasado a 2021). Eso y las pirámides. Rodeada de otros turistas, todos haciendo las mismas fotos chorra.