Se está yendo…

… y no va a volver a corto plazo. Y cuando vuelva, será de otra manera.

Entro en la clase de baile activo, algo parecido al zumba.

Antes de entrar, he pasado por una alfombra húmeda a la entrada del gimnasio, me han tomado la temperatura, me he enjuagado las manos con gel hidroalcohólico.

Por supuesto, llevo una mascarilla, que deberé tener puesta toda la clase.

Una vez dentro, el aforo está completo. Es el máximo permitido: 20 personas y el profesor.

Hemos reservado la clase por una aplicación. He tenido suerte, alguien ha cancelado, esta mañana a las 7.35 ya no había huecos.

El profesor está muy lejos. Tengo unas cuatro filas delante. Tenemos dibujado en el suelo el área que podemos ocupar, es como la rayuela.

A pesar de las pocas asistentes a la clase, casi no veo al profesor, en parte por la distancia, en parte por la alineación de esta rayuela.

Y puedo notar cómo el profesor hace todos sus esfuerzos por motivarnos. Seguramente nos está sonriendo. No entiendo todo lo que dice, a pesar de que habla bastante alto.

Tampoco me veo reflejada en el espejo. No solo está lejos, sino que quedo detrás de otras dos compañeras. Y si me asomo, sé que soy yo pero realmente no me sirve para lo que he hecho toda mi vida: corregir el movimiento en el espejo.

Creo reconocer a alguna compañera, pero es un poco difícil arriesgarse a saludar, ya que realmente no puedo asegurar que sea ella.

Suena la música. El profesor ya ha diseñado una clase más simple en los pasos y más ligera, para que no nos ahoguemos con la mascarilla. Nos recomendó mascarilla de tela, pero compruebo que me estoy ahogando igualmente.

Varias veces durante la clase escucho mi desmotivación interna.

Esto no es lo mismo.

Estamos simulando que no ha pasado nada y que en realidad siempre habíamos bailado a esta distancia, con esta sencillez en los pasos y con la mascarilla puesta.

Una y otra vez acallo esa voz de desmotivación y saco otra de alegría por poder seguir haciendo esto: hace unos pocos meses no se podía, salvo en casa y en soledad.

Todo va bien y parece que el balance de la clase va a ser positivo.

Entonces, justo al final de la clase, suena:

First when there’s nothing
But a slow glowing dream…

Y me vengo abajo. Toda la tristeza por la pérdida de libertad, de contacto social, aparece de golpe al escuchar la canción de Flashdance, What a Feeling.

Es una canción que realmente no tengo asociada a ningún recuerdo, ni siquiera de baile.

Pero de pronto, esa canción procede de otra época, los ochenta, la época de la libertad, desde mi visión subjetiva y contando con la edad que tenía entonces. Esa canción destapa como un bote a presión el contraste entre aquella vida y esta vida, que parece otra.

Por un momento, me dejo llevar por la emoción, pero luego me recompongo. Sé que la mascarilla favorece que nadie vaya a ver mi disgusto. Yo creo que ni siquiera nos hemos mirado a los ojos entre compañeras.

La clase finaliza. Salgo con sentimientos encontrados. Y reflexiono.

No podemos retener ese pasado que se está retirando.

Me doy cuenta de que trato de retener al menos la libertad de ir y venir y poder relacionarme con gente en distintas actividades que no son trabajar ni estudiar… Y pienso que esto es justo lo que se está retirando de nuestras vidas.

Para poder seguir adelante, para que esto que se va dé paso a algo nuevo, necesitamos rendirnos ante lo que estamos perdiendo, aceptar soltar lo que se está yendo.

La letra con sangre entra

Desde hace tiempo, he observado el ensañamiento que producen las discusiones sobre la corrección en la escritura, la ira quizá desmedida que produce la visión de faltas de ortografía. Como es algo que me ha pasado a mí también, me pregunto qué hay detrás.

Buena parte de mi trabajo con contenidos incluye la revisión ortotipográfica. A lo largo de los años, he pasado por varias fases:

  1. La postura de ensañamiento con los que cometían estos errores: sí, yo era uno de ellos/as.
  2. El enfrentamiento con otras formas de corrección: es la mejor forma de darse cuenta de que no se está en posesión de la verdad.
  3. La aceptación de que existen varias formas de tratar un texto y de que todas ellas son correctas.
  4. La aceptación incluso de que hay personas que cometen errores y aun así, merecen mucho la pena como personas, porque estos errores son despreciables en relación a su grandeza como seres humanos.

Así, ahora soy capaz de hablarme con personas que escriben:

Haber si nos vemos.

1. El ensañamiento

Hace no demasiado tiempo podría haber escrito uno de estos tuits, y puedo comprenderlos:

Han corrido ríos de tinta sobre la eliminación de la tilde de la palabra solo. Los que hacemos mi trabajo, hemos tenido discusiones con los clientes que prefieren mantener la tilde, a pesar de que oficialmente se eliminó en 2010. Puedes comprobarlo en el corrector de ortografía de MyStilus.

Claro que, si los propios académicos de la RAE la siguen utilizando, poco podemos decir los redactores de a pie.

Tengo que decir que, por lo que he observado, la asociación de inteligencia o de cultura con ortografía no siempre se cumple. Por ejemplo, conozco casos cercanos de personas que leen y cometen faltas de ortografía; también de lo contrario.

Sea como fuere, a mí me sigue llamando la atención la desproporción de la ira que provoca el asunto.

2. El enfrentamiento

Cuando he dado con la horma de mi zapato, esto es, cuando me han corregido por el uso de expresiones o me han cambiado comas, yo también he reaccionado con ira desproporcionada. ¿Corregirme a mí? Hay detrás un sentimiento como de “perfección” y superioridad. También parecen verse heridos los valores y creencias más fundamentales del individuo.

Por ejemplo, yo utilizo habitualmente la expresión “aterrizar las ideas”, pero parece ser que no es muy correcta.

Otra cosa que hago es poner comas separando frases complejas que están unidas por una conjunción, por ejemplo:

Fueron al campo a pasar el día y comer tortilla, y después se fueron a echarse la siesta.

Otra cosa que hago es distinguir un inciso de una información relevante. Si es relevante, no la acoto entre comas.

3. La aceptación

El tema es el siguiente: cada uno de nosotros/as aprendió unas normas distintas. Mi abuelo paterno era catedrático de Filología Hispánica, por lo que mi padre conoce muy bien las normas y nos las ha transmitido. Se reciben por tanto informaciones tanto del colegio como de la familia de cómo hablar y escribir. Lo malo es que las normas que se aprendieron van cambiando y lo que era correcto deja de serlo.

Un ejemplo: el dequeísmo. En mi época de estudiante se hacía mucho hincapié en evitar el dequeísmo, porque muchas personas decían cosas como:

El pescadero me dijo de que no le quedaban gallos.

Algo así, porque esto casi ha desaparecido y no lo recuerdo bien. En cambio, en mi época era correcto decir:

Le advertimos de que está prohibido estacionar en esa zona.

Actualmente, para evitar el dequeísmo, lo que se hace es evitar todas las formas “de que”, incluso las correctas.

Algo que se suele olvidar es que las normas de la lengua son, en un primer momento, arbitrarias. Los nombres que se utilizan no se corresponden con los objetos que denotan, la formación de estructuras oracionales es distinta en cada idioma, la Lengua está viva y va cambiando, palabras que eran incorrectas se incorporan al diccionario, etc.

Si se acepta la propia Lengua como algo cambiante, variable y ajustable, como algo que se actualiza entre todos sus hablantes cada vez que se utiliza, es posible que se deje de sentir tanta ira cuando se cometen esos pequeños pecadillos que son las faltas de ortografía.

Además, la Lengua española se habla en muchos lugares del mundo, en los que las normas son diferentes.

Hace poco, mi hermano me llamó para que le confirmase a su pareja argentina que en España la c con la e se dice “ze” y no “se”. Ellos estudian en el colegio que la c con la e se dice “se”, y les es inconcebible otra pronunciación. Ella me preguntó varias veces:

¿De verdad que ustedes en el colegio aprenden a decir la c con la e como “ze”? ¿De verdad estudian eso?

Gracias a la Lengua

No habríamos alcanzado estos niveles de sofisticación en el pensamiento sin tener una Lengua rica que utilizar. Nos sería más difícil relacionarnos si esta Lengua no tuviese unas normas. Es de agradecer que se haya mantenido, cuidado y también actualizado a lo largo de los siglos.

Solo hay que recordar que quizá no sea tan grave escribir con ciertos fallos. Fallar es humano y nos hace más humildes.

Clase presencial online

La falta de innovación en el sector e-learning

Lo nuevo es raro, lo nuevo toma cierto tiempo, lo nuevo por definición no reutiliza “esto que ya teníamos por aquí”. No buscar nuevos caminos, no pararse a pensar… suponen un claro peligro de obsolescencia en cualquier industria.

Pues bien, es bastante curioso que los intervinientes en el proceso de creación de un curso online sigan pidiendo “más de lo mismo” en un sector que pertenece al mundo digital, el de los avances y las innovaciones. A pesar de esto, los cursos no se trabajan demasiado en su concepción, no se aplican estrategias de pensamiento de diseño u otras estrategias creativas. Desde luego, no se tiene en cuenta al alumnado.

Circula la expresión:

…y luego añadimos el típico test.

Los habituales del blog ya sabéis que el test es, sin duda, el punto débil de la formación online. Creo que el motivo principal es que “hay que” poner un test a toda costa, porque si no, ¿cómo vamos a medir que los alumnos/as “han aprendido”?

Los que formamos parte del sector tenemos ya una serie de códigos en mente de lo que hay que hacer para crear un curso online, incluido ese test, lo que puede limitarnos a la hora de considerar otras opciones.

El saber muchas veces entorpece el cambio.

Bert Hellinger

Clase presencial online

Recordemos el artículo de Ryan Tracey, cuya versión original tuvo bastante repercusión: la mayoría de expertos preguntados por la evolución de la formación online a partir de la pandemia apuestan por más recursos e-learning y no por más recursos de adaptación del cara a cara al online.

Y sin embargo… esto último es lo que está ocurriendo, instrumentado en largas videoconferencias que resulta que funcionan. Y es lo nuevo, nos guste o no a los que creíamos conocer este sector. Pues bien, ese formato “pseudo presencial” no tiene contenidos o son lo de menos… Así que una de esas piezas que tan bien conocemos los del sector, el contenido, parece perder importancia frente a un intento por hacer como si una videoconferencia fuese una clase presencial.

Y es que algunos centros quieren ofrecer a toda costa una alternativa “presencial online” (oxímoron) a la clase magistral: si un alumno/a debe permanecer en cuarentena, puede ver la clase desde casa, como si estuviese participando en ella. Así, los profesores han de ser grabados y deben hablar por micrófono, teniendo en cuenta a esos alumnos que les ven gracias a una cámara. ¿Cómo participa ese alumno que se ha quedado en casa? ¿Realmente está siendo parte de lo mismo?

Tal vez funcione mejor que todos los alumnos estén en sus casas y que el profesor imparta una tutorización/facilitación online típica: no se trata de que el alumnado tenga que permanecer sentado delante de una pantalla cinco horas. Se trata de que el profesorado sepa manejar las herramientas que existen desde hace ya muchos años para crear grupos, generar debates en foros o por chat, proponer tareas que los alumnos suben y que pueden hacer en grupo…

¿Qué hace memorable una experiencia de aprendizaje?

Mi primera experiencia de aprendizaje online fue sin duda la mejor. Se trata del curso de Experto en e-Learning 2.0 de la Cátedra de Toledo, de la UNED. ¿Por qué fue la mejor experiencia? Los tutores eran y son profesionales universitarios reputados en este sector: Germán Ruipérez, Mª Dolores Castrillo, José Carlos García Cabrero, o Esperanza Román, entre otros. Estos tutores no nos impartieron ninguna clase por videoconferencia. Sin embargo, nos entregaron materiales muy bien documentados (el contenido) en PDF y en formato papel (no “virtualizados” ni en formato SCORM, por cierto). Y, principalmente, moderaron foros, prácticas y actividades de manera que se les sentía cercanos, se reconocía “su voz” y se disfrutaba de sus conocimientos.

Repito: ninguna clase por videoconferencia. Ningún contenido virtualizado.

Ventajas de la videoconferencia

Aun así, vuelvo al artículo de Ryan Tracey: en él, yo defendí la tendencia hacia lo síncrono y hacia la utilización de la videoconferencia. ¿Por qué? Porque durante el confinamiento ha demostrado tener unas ventajas que no tienen los consabidos recursos online:

  • Cercanía: la sensación de ver y ser visto, en contraste con la sensación de soledad frente a una pantalla. El curso tiene que ser muy bueno en su tutorización para que el alumnado a distancia no se sienta solo y no abandone por desmotivación.
  • Ver a otras personas: de nuevo, si las actividades online no fomentan el trabajo en grupos o el debate de todo el alumnado, son poco motivadoras, especialmente si el curso es masivo (MOOC) y el alumno/a no va a recibir una respuesta personalizada.
  • Participar de algo que se está creando en ese momento: la formación online necesita una planificación y una elaboración previas a la impartición. Por muy novedosa que sea, siempre tiene un regusto enlatado. Además, su preparación cada vez se acorta más, lo que lleva a cursos con errores y poco motivadores. En el caso de la sesión síncrona por videoconferencia, cada participante es parte de la creación en ese momento de algo nuevo, asiste a algo que ocurre “en directo”, lo cual tiene un potencial mayor de enganchar al alumnado.

Inconvenientes de la videoconferencia

No todo iban a ser ventajas. Como hablaba con otro experto del sector, el diseñador gráfico Iván Lezcano, el principal inconveniente de la videoconferencia es la falta de estructura. Además:

  • No se puede ir a un punto concreto del contenido, porque no está diferenciado ni por apartados, ni por secciones, ni por temas.
  • No se puede discernir entre información esencial e información adicional: no hay niveles de contenido.
  • Todo es lineal y secuencial, el alumno/a no puede navegar libremente por el contenido, tampoco se pueden diseñar caminos alternativos para distintos ritmos de aprendizaje o niveles de conocimiento.
  • Si el alumno/a atiende la sesión en directo, todavía es posible que resista una cierta duración, pero si no ha podido atenderla y tiene que ver la grabación, esto es bastante más desmotivador. Recordemos que los vídeos formativos no suelen durar más de 4-5 minutos.
  • Requiere dedicar mucho más tiempo: en las horas de videoconferencia, un curso online puede ofrecer distintos vídeos de prácticas, foros, tareas individuales, tareas en grupo, elaboración de wikis… Diversidad de actividades que involucran al alumnado y le permiten experimentar con el contenido de diversas formas y, sobre todo, cuando y donde deseen.

Conclusiones

Si los cursos no se hacen bien, si lo que importa es “que vean todas las pantallas” y cubrir unos expedientes, si el curso no se diseña con el alumnado en el centro de su diseño (que no se hace), si la retroalimentación se queda en “sí, es correcto”, “no, incorrecto”, pues es posible que la videoconferencia siga ganando puntos.

Lo que me lleva a pensar que el sector se tiene que reinventar. Dejemos atrás lo que creíamos conocer tan bien, vayamos hacia algo que no sabemos cómo va a ser y confiemos en que un cambio de enfoque dará lugar a una mayor adhesión a nuestros cursos.

Recursos adicionales

Estas son a grandes rasgos las herramientas que puede utilizar cualquier tutor online, incluso si basa su impartición principalmente en la “clase presencial online”:

(Fuente: adaptado de E-Learning by Design. William Horton. 2012)

Puedes saber más sobre e-learning leyendo a estos grandes:

La importancia del contenido

El contenido es todo aquello que no estaba ahí antes.

El contenido es lo menos valorado en el sector de la formación privada (lo que importa es el continente). Y sin embargo, el contenido es toda la miga, el sello, la marca. 

Es un gran esfuerzo crear desde cero, consultando fuentes, redactando frases que salen de las manos en ese momento. Es un trabajo creativo, artesano y muy poco valorado.

Por eso, cuando se habla de películas los guionistas no se mencionan, se desconocen, parece que el trabajo lo han hecho el director y los actores. Sin embargo, la historia es del guionista, es quien se ha imaginado a los personajes, los ha puesto en un contexto, les ha dado una vida, y les ha hecho hablar.

 

El contenido en el sector de la formación online

La mayoría de empresas de e-learning subcontratan al diseñador instruccional, que es el guionista de la formación online. 

Otra opción muy habitual es que el diseñador instruccional sea el jefe de proyecto, con lo que no puede hacer bien ninguno de los dos trabajos. Y en todo caso, el trabajo “principal” es el de jefe de proyecto.

El contenido es la comunicación directa con el alumno en los cursos de autoestudio. Es como decir: “mira, esto es lo que te doy”. Y a veces lo que se da al alumno tiene un nivel tan bajo que, por mucho diseño gráfico que lo disfrace, produce un efecto de rechazo, aburrimiento y abandono de la formación.

Contenidos de baja calidad

Cuando el contenido no es original o no ha sido elaborado por un experto en la elaboración de contenidos, incluso si es experto en la materia de la que habla, lo más habitual es encontrar:

  • Contenido plagiado. Sí, en Wikipedia da gusto lo bien explicados que están algunos artículos.
  • Dobles y triples espacios. Muy habitual, se resuelve rápidamente.
  • Frases que no tienen sentido. Obligan a releer varias veces hasta que se descubre que se han fusionado ideas sin la presencia de nexos, verbos o adjetivos que las organicen.
  • Erratas. Las hay de todo tipo. La lengua es cambiante, por lo que algo que antes no era una errata puede serlo ahora. Puede ser interesante comprobar los textos en MyStilus. Las más difíciles de detectar son palabras que existen pero que no son las que corresponden a ese contexto. Un clásico son los bailes de tilde según contexto, por ejemplo: “continúa, continua”, “dialogo, diálogo”, “páginas, paginas”, etc.
  • Cambios en el tono. El contenido transmite de forma directa una imagen corporativa, por lo que el tono debe definirse previamente y mantenerse con coherencia en toda la documentación que se desarrolle. Es habitual encontrar un tono impersonal y de pronto frases como: “Cuando tú entras en el vehículo, debes…”, o bien “En nuestra profesión tenemos que tener en cuenta…”.
  • Confundir información y opinión. Cuanto más alejado está el contenido del estudio científico, más fácil es encontrar en él una mezcla de informaciones contrastadas y basadas en fuentes con opiniones personales de todo tipo.
  • Ninguna intención: no se adivina un hilo argumental, una metáfora de base, una estrategia de comunicación.

La doble revisión: edición y control de calidad

Los autores solemos tener coletillas. No nos damos cuenta, pero para el lector del contenido son evidentes. Por ello, ganan puntos aquellas empresas que incorporan un revisor de la calidad del contenido.

Como la redacción de contenidos y guiones no es una ciencia exacta, la opinión del revisor y del creador pueden ser distintas. El revisor puede querer imponer sus propias manías al texto. Y es un proceso doloroso para el creador. Aun así, de estos dos opuestos nace un producto nuevo y mejorado; merece la pena que un contenido pase por este filtro.

El contenido con el alumnado en mente

Muchos cursos están perfectamente redactados, son visualmente atractivos, han pasado todas las revisiones y… aburren a las ovejas. Curiosamente, en la formación online no hay una fase de testeo de usuarios. No, los usuarios solo sufren el curso. Por ejemplo:

Tuit de Sientificleta: Cuatro cursos de prevención de riesgos en lo que va de Agosto, que se resumen en: ten cuidao Antoña

Este es el control de calidad más importante.

Y todavía te extraña…

Hace unos cuantos años me pidieron que impartiera un curso de comunicación escrita eficaz.

Mujer escribe notas mientras toma un café

Así lo hice, me basé en distintas fuentes y teorías de la comunicación, e incluso utilicé las dos cartas del libro Cómo ganar amigos e influir en las personas, de Dale Carnegie, las que se eliminaron en versiones posteriores del libro.

El curso fue un éxito, en la empresa estaban encantados con el resultado que había tenido. Sin embargo, mi impresión mientras impartía era que no necesitaban un curso de comunicación escrita eficaz, sino simplemente un curso de comunicación empática, unas guías de cómo ponerse en el lugar del otro.

En el mundo actual, en el que mucha de la comunicación es escrita, me da la sensación de que falta un punto, o a veces un gran espacio, de acercamiento a la otra persona, a la que va a recibir el mensaje.

Las cartas eliminadas de Dale Carnegie hacían hincapié en ese matiz empático, en ese ponerse en el lugar de la otra persona:

¿Qué haría yo si recibiera un mensaje como este?

El mundo de la comunicación escrita

Un mensaje no es únicamente un email. Un mensaje es un tuit, un whatsapp, un Skype, un post en un blog o una lección multimedia en una plataforma de formación, entre otras opciones.

Nos podemos acercar a la teoría de comunicación que más nos guste. Yo menciono varias en el Manual de comunicación que escribí: la percepción, el análisis transaccional, la PNL, los estilos sociales, la asertividad, la empatía, la escucha activa y el coaching.

Incluso es posible que en una organización haya cursos sobre alguna de estas técnicas, o de varias, a disposición de los profesionales. Pero esta formación es inútil si no hay un cambio de cultura centrado en la mejora de la comunicación. Como mucho, puede aumentar el resentimiento del que hace el curso y lee sobre mundos ideales.

Características de la comunicación ineficaz

El listado que siempre se hace es el otro, las características de la comunicación eficaz. Sin embargo, a veces nos reconocemos mejor en los posibles fallos:

  • Escribir correos electrónicos utilizando formas impersonales o infinitivos de los verbos, como si no fuesen dirigidos a una persona, sino a un sabio robot. Por ejemplo: “Abrir incidencia y escalar el caso al departamento X”.
  • Escribir en mayúsculas: hace ya bastantes años QUE ESCRIBIR EN MAYÚSCULAS SIGNIFICA GRITAR.
  • Asaltar a la otra persona en un sistema de mensajería instantánea o chat como whatsapp: “Mira esto, haz lo otro”.
  • En un curso, no se explica al alumno con qué criterios se le va a evaluar (falta una rúbrica), con quién contactar en caso de incidencia, quién es su tutor/a, etc.
  • Personas del mismo nivel jerárquico (o inferior) utilizan formas imperativas en su comunicación: “Cuando termines, me avisas”.

Cuando el fallo de comunicación es que no hay comunicación

Es conocido el deseo de muchas organizaciones de evitar “silos de información”, esto es, que el conocimiento de la empresa esté en manos de unos pocos y no esté recogido en ningún sitio. Este es un fallo importante de comunicación, porque deposita una gran responsabilidad en las personas que poseen este conocimiento. Si estas personas desaparecen por cualquier motivo, se pierde lo que saben.

El correveidile o teléfono escacharrado

Otro rasgo de la comunicación ineficaz es no hablar con la persona a la que se quiere comunicar algo, sino hablar con otra, que preferentemente no sepa demasiado de qué va el tema. La confusión está asegurada, la mala transmisión del mensaje también, la ineficiencia es bienvenida.

Si el mensaje implica a cuatro personas, es casi como un gag cómico:

Me ha dicho Manuel que le digas a Ana que deje lo que esté haciendo y se ponga con los contratos.

Aquí, el verdadero emisor del mensaje utiliza un cierto sadismo porque parece disfrutar creando confusión y haciendo parecer tontos al mensajero, a Ana y al receptor. ¿Sabe el emisor qué es “lo que está haciendo” Ana? ¿Sabe si lo puede dejar para ponerse con los contratos?

Al no especificar qué hace falta hacer en relación a los contratos, es posible que la tarea se haga mal, se haga a destiempo o no se haga.

La comunicación hablada

Una amiga me lo decía con frecuencia: si el tema es difícil, mejor hablarlo. La mayoría de la gente no controla bien el tono de sus escritos. Y la mayoría de textos pueden interpretarse de muchas formas. Por eso hay tantos malentendidos en redes sociales, whatsapp, Skype, mensajerías varias… e incluso en largos correos electrónicos.

Tras recibir un email seco, duro o robótico, llama a esa persona. Verás cómo el tono es otro, mucho más suave, incluso sonriente y desenfadado. Es mucho más fácil perder el respeto al otro cuando se lanza el mensaje a una interfaz, por eso los insultos y el odio desmedido en redes sociales.

¿Cómo evitar la escalada de violencia?

Para impedir el tono imperativo, robótico o directamente insultante, imagina delante de ti a la persona que va a recibir el mensaje. ¿Cómo lo siente? ¿Qué cara pone? ¿Reacciona como si le dieras una patada en el estómago?

Luego, ponte en su lugar, imagina que tú recibes tu propio mensaje. Si eres una persona dura, que ha hecho callo y que se protege con esa forma de comunicación, puede que te parezca un mensaje muy correcto y que encuentres ridículo comenzar un mensaje con “Buenos días”, “Hola” o despedirte con “Un saludo”, “Saludos cordiales”. Vale, pues ponle voz. Si llamas a una persona, ¿no le saludas antes de empezar a hablar?


Las organizaciones se gastan mucho dinero en cursos para mejorar la productividad, la eficiencia e incluso la comunicación. Y todavía se extrañan cuando estos cursos no tienen ningún resultado. El cambio de cultura corporativa requiere un cambio profundo de mentalidad que va desde arriba (fundadores) hacia abajo. Si esto no se da, no hay solución.

De vacaciones en un docu de La 2

Visto lo visto, habría que plantearse sustituir las vacaciones habituales por otras, que consisten en ver documentales de La 2, DMAX, Discovery Channel… y deducir que se han visitado lugares increíbles.

Castillo en Japón con cerezos en flor y cielo azul

Se trata de la batalla:

Viajes vs. documentales

Realmente, no hay color, es una batalla perdida para los viajes. Veamos por qué:

  • En los documentales, la visualización del lugar de destino incluye varios puntos de vista, imposibles de lograr en un viaje habitual: a vista de pájaro, en lugares sagrados, en monumentos vacíos de gente, en lugares inaccesibles a pie…
  • La meteorología siempre es favorable. Esto a su vez tiene dos ventajas: todo se ve más bonito, con un cielo azul, despejado y de día, y no se tienen que sufrir las inclemencias del tiempo.
  • Un narrador crea un hilo argumental, una historia que seguir, nos va contando lo que vemos, no nos enfrentamos al paisaje o al monumento a pelo. A veces, en lugar de narrador hay un personaje real, una persona que se desplaza al lugar elegido e interactúa con los lugareños. Narrador y personaje pueden o no coincidir.
  • En todo caso, uno de ell@s o ambos acceden a unos “guías” únicos, que les dan abren las puertas de lugares no accesibles para el turistilla medio: hablan con el encargado en el horno de una panadería, hablan con un historiador en una cocina kosher, hablan con un cocinero experto en un restaurante de la guía Michelín, hablan con una vieja en su casa de un pueblo remoto de alta montaña y se descubre que en realidad es alpinista…
  • Por muy remoto que sea el lugar visitado, el personaje consigue mantener conversaciones fluidas con los lugareños. Ambos están doblados, pero por debajo puede intuirse que no están hablando el mismo idioma. Sin embargo, ocurre una magia especial y se comprenden perfectamente.
  • El personaje o la cámara tienen acceso a esos lugares que nos gustaría ver, y verlos sin gente: en el interior de las Pirámides de Egipto, en las cuevas de Altamira, en un pecio hundido a 50-60 metros, en una biblioteca de incunables…
  • Curiosamente, ese personaje sabe a dónde ir, y va. Es decir, tiene un plan muy estructurado que siempre es posible, aunque en la vida real implicaría varias semanas de viajes, largos traslados, incómodas noches en un hostal, cancelaciones por temas climatológicos… El personaje no sufre nada de esto, aparece en los sitios y siempre hace sol. Y si a lo que va es a ver la aurora boreal, aparece de noche despejada y la aurora se muestra en su esplendor. Aquí de pronto la filmación se acelera y se puede ver el movimiento de las luces verdes en el cielo.
  • Algunos de los protagonistas de estos documentales son además expertos en algo: la mayoría de las veces, en temas de naturaleza, pero también puede ser que escalen, sean cocineros, meteorólogos,… De esta manera, pueden interlocutar al mismo nivel con homólogos suyos en el país de destino, y nos muestran todo lo que no sabíamos.
  • La inversión de tiempo es mucho menor: un viaje que en la vida real tomaría 3 o 4 semanas se convierte en 1 hora de apretado documental lleno de color; quizá en una serie.

Con todas estas ventajas, es indudable que nos decantemos por unos cuantos viajes televisivos que llenarán nuestro verano.


Wait a minute… 

Fue Galdós quien en una de sus novelas, creo que en uno de los Episodios Nacionales, explicó que, por mucho que te describan a qué sabe un filete, nunca sustituirá la experiencia de comer un filete. Es imposible comprender las sensaciones diversas de comer un filete sin experimentarlas en primera persona.

En una tarde, puedes dar la vuelta al mundo en un viaje que tomaría varios meses en la vida real. Pero no has movido tu culo del asiento («Mueve el culo a Marte»).

Qué chasco, ¿no?

Cuando realmente te tomas las molestias de ir a uno de esos lugares es probable que la experiencia visual sea mucho más pobre, que no logres hablar con la vieja, que comas en un restaurante para guiris… Pero entonces, comes esa ensalada griega y el feta tiene sabor, no es solo unos cuadrados blancos que ves en la tele.

Te cansas muchísimo y en vez de ver los 20 monumentos de tu lista, ves 7. En tu odisea, te acercas a hablar con los lugareños y resulta que tienen otro idioma y que hay que entenderse por gestos. Pero has interactuado con ellos, no te has quedado de espectador, te has “manchado las manos” al acercarte al lugar, te has puesto al nivel de los otros humanos.

En estos tiempos inciertos, he tomado una decisión: en cuanto se pueda viajar con total seguridad, en cuanto nos hayamos adaptado de verdad a lo que hay, quiero ver el nuevo museo arqueológico de El Cairo (cuya apertura se ha retrasado a 2021). Eso y las pirámides. Rodeada de otros turistas, todos haciendo las mismas fotos chorra.

Traduttore, traditore

La traducción es un trabajo difícil, porque no basta con traducir palabras de un idioma a otro. La traducción literal puede traer frases como estas de un manual de instrucciones de un ventilador:

Saque el tanque de agua de la parte inferior de la parte posterior (enfriador de aire) y escape un tercio del tanque de agua mientras inyecta agua corriente en él.

Las cajas de hielo congelado (o helados) se colocan en el tanque de agua cuando el cliente desea obtener el viento más frío.

De la traducción automática como esta a las traducciones de obras de literatura clásica que consiguen una calidad literaria similar a la del texto original, va un mundo, como la Odisea de José Manuel Pabón para la editorial Gredos.

Por muy buena que sea una traducción, siempre se van a perder matices, como explica este artículo para traductores: muchos términos de un idioma no tienen una traducción que suene bien en otro idioma.

Traducción en el cine

Adaptación del guion

Los guiones de las películas necesitan de muchas adaptaciones para ajustarlos a nuestra cultura manteniendo la fidelidad al significado original.

Un ejemplo: muchas películas norteamericanas hacen alusión a personajes célebres que aquí desconocemos. En la traducción se sustituyen por personajes más conocidos, como en Top secret, que se habla de “Julito Iglesias”.

Hablando de películas del humor absurdo, su traducción es realmente difícil y un trabajo muy respetable. Salvo los gags visuales, la mayoría de lo que se dice hay que reinventarlo con referencias equivalentes a las del chiste original. Por ejemplo, en la segunda y tercera películas de Austin Powers, el doblaje de Mike Myers lo hace Florentino Fernández, y se añaden en él incluso imitaciones de Chiquito de la Calzada.

Invención de los títulos

Mención aparte merecen las traducciones de títulos de películas. Algunas de ellas ciertamente responden a la expresión “traductor: traidor”, como es el caso de “La semilla del diablo”, gran spoiler que consigue desvelar el final de la película ya en el título. El título original, “El bebé de Rosemary”, es más conservador con respecto al contenido de la película.

Cartel de La semilla del diablo, que en inglés se titula Rosemary's Baby

A veces, la inventiva no está muy justificada. Por ejemplo, en “La invasión de los ultracuerpos”, la palabra ultracuerpos es inventada y sustituye a “ladrones de cuerpos”, una expresión perfectamente utilizable. Hay una película magnífica de Billy Wilder que en inglés se titula “El fin de semana perdido”, un título perfecto para lo que ocurre en la película, y que en español se titula “Días sin huella”.

Otro ejemplo es una película francesa que se titula “Tout por plaire” (Todo para complacer) traducido como “¿Por qué las mujeres siempre queremos más?”. Quizá se piensa que así es más vendible, sin embargo, el mensaje de la película no solo es el contrario al que da a entender el título en español, sino que cuadra perfectamente con el título en francés.

El doblaje de las películas

En el doblaje de películas, se añade una dificultad a la traducción: el texto tiene que coincidir más o menos con el movimiento de los labios de los actores. Por lo que a veces la traducción está lejos de la frase original, aunque el sentido sea el mismo.

En Terminator 2, en un momento dado en que se arma una explosiva escena de acción en una fábrica, uno de los trabajadores dice:

Get the hell out of here!

Lo que en subtítulos aparece como:

Evacuad la fábrica.

Sí, el sentido es el mismo, pero creo que se han perdido ciertos matices… La traducción literal no es posible, pero una traducción más aproximada podría ser:

¡Salid a la puta calle ya!

El doblaje tapa por completo no solo lo que los actores dicen, sino su tono de voz, inflexiones,… y el sonido ambiente, ese reverberar de las palabras en una catedral, el eco en una nave industrial, el sonido quedo de una sala muy pequeña…

Al ver una película doblada, ¿estamos disfrutando de la obra original? ¿O estamos disfrutando de una obra derivada? ¿El guion es equivalente? ¿El trabajo del actor de doblaje es equivalente?

Se suele decir que el doblaje en España es muy bueno. Lo cierto es que las voces de doblaje son muy profesionales y experimentadas, y como decíamos antes, nos acercan la película al adaptarla a nuestra cultura.

Aun así, me parece un error que un mismo actor/actriz doble a más de un actor original. ¿Por qué? Cuando es el asesino, lo sabes por la voz, cuando no estás mirando, sabes que está hablando Al Pacino, Stallone o Robert De Niro, entre muchos otros. O si es una mujer, estás oyendo a Diane Keaton, Kim Basinger o Kate Capshaw entre muchísimas otras. Leonardo Di Caprio  tiene la voz de Jim Carrey, que a su vez dobló al primer Austin Powers pero no a los siguientes, Harrison Ford habla como George Clooney, y cuando De Niro y Pacino se encuentran en una película, uno de los dos tiene que perder su voz por otra.

Alteración de la obra de arte

Al margen de que la traducción sea más o menos fiel al original, está la consideración de si altera la obra de arte.

Si leo un libro traducido, ¿estoy leyendo el libro que escribió su autor? ¿O se trata de otro libro?

Las versiones bilingües de los libros nos muestran el fino trabajo que se ha realizado en su traducción, que no puede evitar perder matices por el camino. Sin embargo, también se añaden matices que provienen de las palabras escogidas por el traductor. Podemos hablar de obra derivada, o podemos hablar de la creación de una obra “nueva” a partir de una obra existente, con un mérito que tiene escaso reconocimiento.

En definitiva, tengo sensaciones encontradas con la traducción y el doblaje, porque pienso que la traducción es imprescindible para la difusión de las obras escritas (incluyendo los guiones cinematográficos) y al mismo tiempo pienso que se pierde parte del trabajo tanto del escritor/guionista como de los actores e incluso director en el caso del cine.


¿Qué opinas? ¿Hay películas que prefieres ver dobladas? ¿Eres de los amantes de la V.O.? ¿Consideras que la traducción de un libro equivale al original? Cuenta, cuenta.

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

 

 

Desescalarse o aislarse, esa es la cuestión

Una de las decisiones que la vida nos pide tomar ahora es cómo vivir la nueva normalidad. Hay una serie de consejos (medidas de seguridad) y también un amplio campo de incertidumbre e interrogantes.

A la izquierda una mujer árabe con velo, a la derecha, personaje femenino del planeta de los simios

¿Me desescalo o no me desescalo?

Tal como cuando dividíamos el mundo en dos, podemos pensar que hay dos formas de vivir la nueva normalidad. 

Están los que siguen las recomendaciones al pie de la letra y se mantienen todavía prudencialmente distantes de su familia y no digamos de sus amigos. Esta forma de vivir la nueva normalidad puede implicar la creencia de que nada ha cambiado, por tanto eligen el aislamiento y la seguridad.

Ya habíamos mencionado algo de esto al revisar algunas preguntas sin respuesta, como de dónde salen los expertos, cuando hablábamos del síndrome de la cabaña.

Otras personas eligen desescalarse, se relacionan como antes de la pandemia, caminan por la calle sin la mascarilla (o la mascarilla como babero) y en general no guardan las distancias de seguridad. Esta forma de vivir la nueva realidad implica la creencia de que ya no hay riesgo, por tanto eligen abrirse y volver a actividades de antes del confinamiento.

Meme: AVISO IMPORTANTE: a partir de hoy desaparece el estado de alarma, NO el coronavirus
Meme que surge el 21 de junio

 

¿No hay punto medio?

Antes o después, la persona se encuentra ante una elección que corresponde con una de las dos opciones: tras presentarse en una terraza con mascarilla y saludar a sus amigos con el codo, se sientan todos cerca unos de otros (lo que la mesa y el espacio permiten) y se quitan la mascarilla para tomar lo que han pedido.

Si una persona elige permanecer confinada, sencillamente no puede quedar con sus amigos en un entorno social. Podrá quizá quedar en casa de alguno de ellos y sentarse todos a metro y medio del resto. Para tomar algo, lo tendrán que repartir en raciones individuales.

Es posible que la misma persona siga las dos formas de vivir esta situación. Podemos ver a alguien hacer la compra con mascarilla y guantes y mantener las distancias de seguridad en Mercadona, y salir por la tarde con un grupo de amigos con los que olvida las distancias y resto de medidas.

Las personas que eligen desescalarse están viviendo una nueva normalidad casi igual que la antigua normalidad y las personas que eligen protegerse están viviendo una nueva normalidad muy parecida a la fase 1 de la desescalada.

En los grupos que conozco y que estuvieron muy activos durante el confinamiento, por ejemplo dedicándose canciones mutuamente, hay personas que ya se reencuentran y otras que deciden esperar.

¿Entonces qué hago?

La combinación de ambas, realizada de forma consciente, puede ser un camino a seguir.

Así, es posible volver a salir a la calle con plena libertad… llevando la mascarilla puesta.  Es posible tomar algo en una terraza… quedando con pocas personas y de confianza. Es posible volver a la oficina… siempre que se nos ofrezcan las medidas de seguridad necesarias.

Lo que no parece tan fácil es conocer gente nueva: todas las iniciativas para crear grupos y hacer amistades o ligar implican riesgo. Parece que las personas que estaban solas y que han pasado un confinamiento duro lo van a tener más difícil también tras esa etapa, porque tratar de conocer gente y relacionarse pasa por acercarse de nuevo a las otras personas y confiar, a veces a ciegas, en que no nos van a contagiar. Así que esos viajes de singles de los que hemos hablado alguna vez están en riesgo de no producirse este año.


¿Cuál es tu caso? ¿Te has desescalado? ¿Sigues en confinamiento? ¿Crees que las situaciones de la nueva normalidad son seguras?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Florence Lawrence

Hace un tiempo os hablé de la historia de Florence Lawrence, que conocí hace 3 años. A raíz de lo que descubrí, escribí un relato que presenté a varios concursos literarios sin éxito. He pensado que es el momento de que vea la luz. Para todos vosotros/as, mis lectores:

Llama al Doctor Wilson

Fotografía de la actriz de cine mudo Florence Lawrence

Me miro en el espejo de mi tocador y reparo en la vieja fotografía que está enganchada en su marco. En ella aparecemos mi madre y yo actuando en el teatro, yo tendría unos seis años. Sé que por detrás de la fotografía pone “Baby Flo, la niña prodigio, 1893”, aun así, tomo la foto y observo la bella caligrafía de mi madre. ¡Mamá, cómo te echo de menos!

Dejo la fotografía en el marco del espejo y veo mi reflejo en él. Mi aspecto me sobresalta como el sonido de una alarma. Es cuando me doy cuenta de cómo estoy ahora, de quién soy ahora, o de quién no soy. Ya no soy ella, ya no soy Florence Lawrence, ni siquiera soy Florence Annie Bridwood, si es que alguna vez lo fui. Soy una vieja pobre y desfigurada que va a acudir esta tarde a la M-G-M para hacer un papel secundario que no va a tener ningún reconocimiento.

No, no voy a ir.

Telefoneo a Mike y le digo que me encuentro indispuesta y que no podré asistir al rodaje. Desde luego, no he mentido, no me encuentro bien. No se trata solo de que ya no sea la estrella de cine mudo que llegué a ser hace más de veinte años. Se trata de que estoy enferma, me duelen los huesos, me encuentro muy cansada y ya no quiero seguir adelante.

Esto ya lo he sentido más veces en mi vida, en especial desde que me separé de mi tercer marido, Henry Bolton. ¡Ese cerdo! Pero no seguir adelante en aquel momento habría sido darle la razón.

Lo cierto es que yo no soy quien fui, lo he perdido todo. Todo.

Me siento en la silla del tocador y repaso algunas viejas fotos de mi álbum preferido.

¡Ah, la foto de Harry! Yo te amaba, Harry Solter. Fuiste el gran amor de mi vida. Por eso todavía no puedo comprender cómo me pusiste en riesgo en aquel escenario en llamas. Recuerdo cómo nos conocimos, mucho antes de aquello. Me buscaste, sin conocerme, para hacer un papel de amazona. Buscabas a una mujer joven y guapa que supiese montar a caballo, ¡esa era yo! Estaba ganándome la vida en Vitagraph por veinte dólares a la semana y me tenían de costurera. Gracias a ti pude colaborar con Biograph Studios, mi sueldo subió y pude dedicarme en exclusiva a actuar.

Eran tiempos tan diferentes… En un solo año podíamos rodar sesenta películas. Parece increíble. No dejábamos de trabajar. Los fans me llamaban la Chica Biograph.

Mira, aquí está la foto de Carl Laemmle. Fue gracias a ti, Carl: hiciste una campaña muy ingeniosa para hacer creer a los fans que había muerto, para después «resucitarme» e invitarles a ver mi nueva película. ¡Fue increíble! ¡Funcionó! A los veintiséis años de edad estaba ganando quinientos dólares a la semana como actriz principal. Eso era en 1912, hace ya demasiado tiempo. Con ese dinero pude cumplir mi sueño de toda la vida, comprarme un terreno de cincuenta acres.

Un terreno de cincuenta acres, mi sueño.

Ese terreno, aquella vida, mi sueño…

Solía sentarme en el camerino del estudio y me preguntaba cuánto tiempo más podría seguir haciendo creer.

Lo que yo realmente deseaba era retirarme, tener una vida hogareña al lado de Harry, tener hijos. Habríamos vivido en el campo con mi madre. Habríamos sido felices.

Florence Lawrence en su coche

¡Ah, el Lozier! Esta foto siempre me gustó. Fue también en 1912, si no recuerdo mal, cuando compré este Lozier descapotable. Los hombres se sorprendían con mi habilidad para manejar un automóvil, pero mucho más con mi capacidad para repararlo. En efecto, conocía toda la mecánica, su funcionamiento, para mí era una afición que me llenaba tanto como actuar. ¡Qué joven era! Se me ve tan pequeña al mando de esta máquina tan bella.

Mi viejo auto… ¿Dónde estarás ahora? Quizá desguazado… Desguazado como yo.

Y todavía algunos dicen que mis inventos de las señales para indicar la dirección y la frenada, y el del limpiaparabrisas eléctrico, tenía que haberlos registrado en aquel momento y no dejar que las grandes compañías automovilísticas los patentasen como suyos. Yo no le di tanta importancia a aquello. Era ingenioso, sí, pero solo me parecía un divertimento.

Vivía la vida que nunca había pensado que podría vivir, y que siempre había soñado. Y me persuadieron para que volviera a trabajar… Quizá mi ambición fue lo que me perdió. El momento decisivo fue renunciar a mi vida en el campo y volver a Hollywood.

No pude tener hijos con Harry Solter. Tenía un corazón delicado, su salud fue empeorando y al final se fue. Su pérdida fue muy dolorosa para mí, aunque lo habría sido más antes de la tragedia. Algo se rompió entre nosotros aquel día.

Matt Moore. Ver tu foto me produce dolor. Solo un año después de volver a mi carrera como actriz, ocurrió aquello. Fue durante el rodaje de “Peones del destino”. Estábamos rodando una escena en la que nos tenían que rescatar de un edificio en llamas. El fuego se descontroló. Yo siempre había hecho escenas arriesgadas, sobre todo montando a caballo, pero culpé a Harry de habernos obligado a rodar aquella escena. Matt, sin duda habrías muerto de no ser por mí, estabas tirado en el suelo, inconsciente. Quemarme la cara y el pelo y quebrarme la espalda cuando se derrumbó la escalera, creo que es un precio demasiado alto. Mi vida cinematográfica murió en aquel incendio en 1915, aunque yo me empeñase en continuarla. Ese, desde luego, fue otro de los momentos decisivos de mi vida. ¿Cómo me sentiría ahora si en lugar de volverme para ayudar a Matt hubiese seguido corriendo? Quizá la culpa no me habría permitido continuar con mi vida. Pero al menos habría sido una lacra que nadie más habría podido ver reflejada en mi rostro o en mi cuerpo, como sí lo fue el fuego.

Mi vida entera se desmoronó después del incendio. ¡Tantos meses de recuperación! En el fondo, nunca llegué a restablecerme por completo. La cirugía plástica… Reparó, pero no como para permitirme hacer un papel principal, y más con la nueva moda del primer plano. Y esta espalda nunca se ha curado, no ha dejado de doler.

Ah, esta foto es de la película “Elusiva Isabel”. Para mí fue un esfuerzo excesivo volver a estar en activo tan solo un año después del incendio. La tensión del trabajo me hizo recaer; estuve paralizada cuatro meses, la espalda… Intenté regresar a Hollywood unos años después, pero no tuve mucho éxito, ya era mayor y ya no era la misma.

Al año siguiente de morir Harry me casé contigo, Charles. En esta foto estamos guapos a pesar de todo. Compartíamos el amor por los automóviles. Contigo tampoco tuve hijos. Nuestro matrimonio empezó algo tarde para ello, yo tenía treinta y cinco años, pero todavía albergaba la esperanza de tener una hija y hacer de ella lo que mi madre hizo de mí: una estrella. Mi madre me había dado una profesión y siempre habíamos estado muy unidas, cosa que a Harry no le gustaba, y a ti, Charles, tampoco.

Cierro el álbum y lo dejo sobre la cómoda.

¿Por qué nunca he acabado de comprender a los hombres? Quizá sea porque mi padre murió cuando yo tenía doce años, pero ya estaba separado de mi madre desde mucho antes, así que para mí era como si no existiera. Yo adopté el apellido artístico de mi madre, y así borré a mi padre de mi realidad.

Mi madre… Mi madre murió en agosto de 1929, hace ya nueve años. No me acostumbro a estar sin ella, me defendió siempre, me abrió carrera, incluso luchó por aquellas ridículas patentes del automóvil. 1929 fue para mí un año maldito. Ya tenía cuarenta y tres años y Charles me abandonó. ¿Me abandonó por vieja? ¿Me abandonó por la tristeza en que me sumí a la muerte de mi madre? No lo sé, lo cierto es que continuamos con nuestra tienda Hollywood Cosmetics a pesar de estar separados, pero al final tuvimos que cerrar por la gran crisis… En ella perdí buena parte de mi fortuna. Me habían aconsejado invertir en acciones, y de hecho durante un tiempo estuve ganando bastante dinero. Pero de pronto todo se desplomó. Una vez más, mi vida se derrumbaba de golpe dejándome caer al vacío, como aquella escalera en el incendio.

Me casé de nuevo por ver si un hombre me mantenía. Pero aquel animal de Henry Bolton era alcohólico y un maltratador, así que le aguanté cinco meses penosos. Aquello fue muy doloroso, ya entonces contemplé la opción de no seguir adelante, y dejé todo preparado.

Ahora me veo obligada a hacer papeles menores por 75 dólares a la semana, y aun tengo que estar agradecida de que la M-G-M nos haya acogido, a los actores del cine mudo, como quien acoge a los niños harapientos de las calles.

Seguir adelante ya es un absurdo. No soy Florence Lawrence, no soy la Chica Biograph, soy una vieja desfigurada y enferma. Lo último que se ha añadido a mi carrera hacia el infierno es esta afección que me tiene tan cansada. El doctor Laurian dice que es una enfermedad de los huesos que produce depresión y que es incurable. Yo diría que la depresión comenzó en mi vida con aquellos hijos que no tuve, creció en aquel fuego que dejó su sello en mi rostro y se consolidó cuando perdí todo, hasta mi terreno soñado, en el crac de la Bolsa. Pero es solo desde que estuve con mi último marido, con el animal, que guardo conmigo los ingredientes que me van a ayudar a decir adiós: el jarabe para la tos y el insecticida para hormigas. No quiero hablar de cómo llegué al conocimiento de esta combinación. El insecticida es veneno, claro, pero sé que combinado con el jarabe va a ser menos doloroso porque el jarabe adormece, o es lo que espero.

Esos ilusos de la M-G-M me van a esperar para otro rodaje mañana, pero ya no va a haber un mañana.

Cojo de la cocina el insecticida y el jarabe. No se me puede olvidar dejar una nota para Bob. Hace poco tiempo que estoy viviendo con Bob Brinlow y su hermana. Ellos no tienen la culpa de nada. Me da pena hacerle esto a Bob, es un compañero de trabajo que se ha portado muy bien conmigo, me quiere como a una madre. ¿Y si lo dejo?

No, estoy decidida. He visto la alarma al mirarme en el espejo. Por primera vez en mi vida, voy a responder a un aviso del destino. Lo siento mucho, Bob, es mejor así. Podéis quedaros a vivir aquí.

Cojo papel de la libreta de la cocina, y escribo:

Querido Bob,

Llama al Doctor Wilson. Estoy cansada. Espero que esto funcione. Adiós, querido. No pueden curarme, así que dejémoslo así.

Con cariño, Florence.

P.D. Habéis sido todos estupendos. Todo es vuestro.

* * *

Miércoles 28 de diciembre de 1938

Marian Menzer, vecina de Florence Lawrence, escucha gritos de agonía procedentes de la casa de Florence y acude rápidamente a su auxilio. La señora Menzer encuentra a la señora Lawrence retorciéndose en el suelo. En la mesa de la cocina puede ver el bote de jarabe para la tos y el insecticida para hormigas.

– Pero, ¡qué ha hecho usted, señora Lawrence!

Marian Menzer telefonea al servicio médico. Se arrodilla en el suelo y toma a Florence Lawrence de la mano. La mano está fría, los ojos de la señora Lawrence están entrecerrados, su gesto es de dolor, su otra mano agarra la ropa en la zona del estómago.

Una ambulancia acude a la casa poco después. Se llevan a la antigua estrella del cine mudo en camilla.

Florence Lawrence fallece en el Beverly Hills Emergency Hospital a las 14:45.


Fuentes:

Quien no recuerda nombres

¿Existen las cosas si no tienen nombre?

Es un tipo de reflexión a la que se dedican los lingüistas, existe un amplio campo para el estudio de los significados, la semiótica, la semiología, los límites de la interpretación, etc.

Algunas personas tenemos dificultades en recordar nombres propios. Al mismo tiempo, nos cuesta poner un nombre distinto a algo que ya llevaba una etiqueta, una marca.

No recordar nombres propios

Cuando alguien que no recuerda nombres propios quiere hablar de una película, no recuerda su título. Prueba a hablar de sus actores, pero no recuerda cómo se llaman. Acaba haciendo frases muy largas que provocan pérdida de interés:

Sí, esa película en la que aparece el actor que también salía en otra película en la que son presos y les empiezan a perseguir porque se han escapado de un furgón que ha tenido un accidente y…

Cuando se habla de música, el que no recuerda los nombres pierde el prestigio con rapidez. Si afirma: “Me gusta la música heavy”, le pueden preguntar: “¿Qué grupos, qué canciones?” Aquí las referencias son más difíciles de encontrar, haciendo un esfuerzo se consigue recordar algún grupo, los más nombrados: Iron Maiden, Guns N’ Roses… Y los títulos de las canciones quizá los adivina por el estribillo.

Cuando quien no recuerda los nombres viaja, lo hace cada vez por primera vez. Sabe que en una ciudad concreta había un restaurante muy bueno que… Pero no recuerda cómo se llama, por lo que no lo puede buscar ni reservar. Quizá alguno sabe orientarse y lo encuentra deambulando por las calles de esa ciudad. Puede describir en detalle ese restaurante, pero el nombre no ha quedado registrado en su memoria.

Recordar etiquetas y marcas

Curiosamente, quien no recuerda los nombres propios sí suele quedarse con nombres de etiquetas y marcas comerciales, hasta el punto de olvidar o desconocer el nombre genérico.

Cuando quiere hablar de esa crema de chocolate que se unta, tiene que decir Nocilla y, los menos antiguos, Nutella. Necesita decir la marca para estar seguro/a de que habla de lo mismo.

Para decir café de sobre, dice Nescafé.

En un bar, pide una Coca-Cola. Cuando le responden: “Solo tenemos Pepsi”, vive unos microsegundos de perplejidad, pues en su mente responde: “Es lo mismo, Coca-cola es el refresco marrón”. Además, en España este refresco no ha conseguido un nombre genérico rápido de decir.

En la farmacia, pide Gelocatil, de vez en cuando recuerda decir el nombre “más barato”, paracetamol.

Y no sabe qué hacer con las denominaciones sucesivas del corona virus, coronavirus, el covid-19, la covid-10, la covid sin más…

Hablando en indio

Forma parte del discurso de autoridad la capacidad de mencionar los nombres propios y específicos de aquello de lo que se está hablando.

Los que no recuerdan los nombres propios, hablan parecido a los indios americanos en las películas y parecen menos capaces:

  • El que vive cerca del parque grande.
  • La que va muy arreglada y es mayor y simpática.
  • El señor mayor que anda como cojeando.
  • La hija de la señora que vende el pan (“panadera” a veces no viene a la mente).
  • Un pueblo que está en la provincia de Badajoz, que es pequeño.
  • Un grupo heavy que su cantante es rubio y tiene el pelo largo.
  • Un programa para recortar imágenes y hacer una edición sencilla.

Lo que dijo Dale Carnegie

Fotografía retrato de Dale Carnegie

En Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, Dale Carnegie dedica muchas páginas a destacar la importancia de recordar el nombre de la persona con la que estás hablando.

Para cada uno de nosotros/as, nuestro propio nombre es el más importante de la tierra. Para influir en una persona, debemos al menos recordar su nombre, como signo de que nos interesa.

Una vez que llamamos a otro por su nombre, si queremos mostrarle interés, hablemos de lo que le interesa. La mayoría intentamos interesar a otra persona contándole lo que nos sucede y nos ha sucedido. Sin embargo, lo más aburrido para una persona es que otra le cuente su vida.

Mostrar interés genuino es reconocer la importancia del otro, reconocer que somos iguales, que tenemos muchas cosas en común. Y reconocer quizá que nos parecemos más de lo que querríamos reconocer, o incluso que nos gustaría ser como la otra persona pero no nos lo permitimos.

En Estrella doble, Robert Heinlein habla de cómo el político Bonforte recuerda los datos de cada persona con la que se entrevista, comenzando por su nombre, a través de los ficheros Farley.

Un mundo más pequeño

Las palabras crean el mundo en el que vivimos. Sin palabras, el mundo se limita a aquello que podemos señalar, pero no podemos elaborar discursos complejos, abstractos, específicos…

Cuando una persona empieza a olvidar palabras, parece estar perdida y tener menos conocimientos, parece desubicada, en un mundo impreciso y vago. Cuando no somos capaces de recordar nombres propios, en nuestro pensamiento todo parece bastante claro, pero su construcción se viene abajo cuando queremos comunicarlo a otra persona.


Las cosas que no tienen nombre o que no puedo mencionar parecen no existir. Parece que la existencia de algo, aun si no es tangible, viene en nuestro mundo humano a través de su nombre.