Suspendiste el examen

Lo reconozco, era una prueba difícil. El test de normalidad comenzaba con 7 preguntas que podías más o menos ir pasando, pero al llegar a las pruebas de fuego te viniste abajo… sobre todo con la última.

Sara Carbonero, Mozart, Penélope Cruz

Sara Carbonero

Se ha hecho viral la carta de una periodista que estudió con Sara Carbonero. No sé si ya se nota la comparación odiosa: “una periodista” frente a “Sara Carbonero”. Entiendo que esta periodista es María Jiménez, por una etiqueta que aparece al pie del artículo. Pero ya el texto es anónimo y solo refleja la fama y el éxito de Sara Carbonero.

La periodista se pregunta qué ha hecho mal. Nosotr@s, en la escuela de lo común, pensamos que no has hecho nada mal. Pensamos que eres única, y pensamos que no eres Sara Carbonero ni tienes por qué serlo.

Por razones que se escapan a nuestro entendimiento, Sara Carbonero fue por el camino de la fama y la periodista anónima no.

Ningún famoso ni héroe ni ser extraordinario pasaría las pruebas de la normalidad: ellos y ellas se ven obligados a hacerse muchas fotos, a publicarlas, a ir de vacaciones a sitios especiales, a controlar de continuo sus tiempos, a describir en ocasiones su trabajo con términos en inglés, a no cometer errores, a saberlo todo, a tener una pareja también extra-ordinaria y a no pasar de la franja de 30 a 40 años, si es que han llegado a ella. Por eso tantas operaciones de estética…

¿No parece una esclavitud vivir así?

Nuestra periodista, los que habéis suspendido y yo misma compartimos algo con Antonio Salieri: no hemos superado la prueba de fuego 4: batalla final, que consiste en aceptar los límites propios y entender por dónde va en realidad nuestra vida, alejándose a marchas forzadas de la fama.

Mozart

Mozart era un ser extraordinario, un verdadero genio.

 

Wolfgang Amadeus Mozart, un genio extraordinario

Si bien la película Amadeus parece no ser fiel a la realidad, es probable que a todo genio como Mozart le rodeen varios personajes no tan brillantes, como Antonio Salieri. El genio parece producir de forma natural su rasgo atípico, su diferencia, su originalidad, mientras que el resto a su alrededor hace grandes esfuerzos por poder si quiera compararse a él.

Es mucho más duro ver triunfar a un genio en el área en el que nos encantaría destacar que observar el triunfo sin tener ninguna cualidad comparable.

Alguien como el Antonio Salieri que magistralmente retrata la película se retuerce de dolor al ver a otro triunfar con tanta facilidad en su mismo elemento.

(Hemos de decir en el descargo de Mozart que se tomaba muy en serio su música y que no era un personaje tan frívolo como se muestra en la película).

Penélope Cruz

Penélope Cruz es mi Sara Carbonero en cierto sentido.

Yo hacía ballet clásico en una academia en Alcobendas, y a los diez años irrumpió en ella Penélope Cruz (tenemos la misma edad). Reconozco que a esa edad todavía creía que podía ser bailarina, pero no era consciente de que no tenía la capacidad para ello. Aparece Penélope (es cierto que cuando conoces a alguien le llamas por su nombre de pila) y de pronto la presentan al conservatorio y se lleva papeles importantes en el festival de fin de curso, ¿por qué?

Al igual que cuenta la periodista sobre Sara Carbonero, Penélope atraía la atención. Ya a esa edad llenaba el escenario. Su carisma hacía que en el vestuario se hiciese con la atención en unos segundos, era como un imán irresistible de espontaneidad y fuerza que ya despertaba ciertas envidias. Si la veías por la calle te llamaba la atención, parecía haber un halo a su alrededor, un halo de distinción, de estilo, de originalidad.

No sentí nunca una sensación de rivalidad con ella, en muy pocos años fui plenamente consciente de que no iba a ser bailarina, y lo dejé (a los 14). Ella por entonces estaba en 3º de conservatorio, creo recordar. Penélope fue a veces mi pareja de baile, por altura. Y una vez me maquilló cuando hicimos un espectáculo en una plaza de la ciudad. Ya está, esa es toda la relación.

Ya que ella estaba triunfando por todo lo alto (en esa época siendo modelo de catálogo y muy pronto haciendo el vídeo de Mecano La fuerza del destino, del álbum Descanso dominical), muchas otras adolescentes se apuntaron a la agencia de modelos en que estaba ella. Chicas más guapas. Chicas con mejor cuerpo. Daba igual: lo que tenía Penélope no lo tenía ninguna otra a su alrededor.

Y esto, amig@s míos, creo que es algo que escapa a nuestro control. Por eso nadie da con la fórmula de por qué Penélope sí y la chica de al lado no: porque no hay fórmula.


¿Cómo te fue a ti? ¿Conoces a algún famos@ que creció a tu lado como uno más? ¿O a alguno que ya apuntaba maneras del éxito absoluto? ¿Eres tú mismo un famos@ al que le gustaría dar su punto de vista? (Esto nos ayudaría mucho en la escuela de la normalidad). ¡Gracias por compartir!

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Test final: pon a prueba tu normalidad

Es hora de practicar

Hemos estado estudiando la manera de llevar una vida común, haciendo cosas normales, renunciando a ser extraordinarios, porque:

Por definición, si todos somos extraordinarios, nadie lo es.

"No sientas vergüenza de usar la misma ropa, no tener un gran celular o andar en un auto viejo. Vergüenza es aparentar algo que no eres": una frase que se atribuye a José Mújica.

Aquí proponemos una serie de pruebas o prácticas para que compruebes tus avances en esta contra-moda:

Pruebas normalitas

  1. Prueba a reconocer que no lo sabes. Decir “no lo sé” está muy mal visto hoy día: parece que todo el mundo ha de tener una opinión y saberlo todo, y si no lo sabe, lo busca en Google. Serás una persona normal que “no lo sabe”, como el resto, y además tú lo reconocerás con sencillez.
  2. Prueba a entregar un trabajo con algún error, por ejemplo, una errata o la falta de ortografía que más odies: haber qué pasa, todos tenemos derecho a cometer errores. Deja que Word te subraye las faltas, y las dejas ahí, en rojo. ¿Podrás soportar algo asín?
  3. Prueba a no utilizar términos en inglés para describir lo guay de tu actividad. Te puede servir este inspirador artículo citado por Javier Meléndez. Por cierto, tendré que rectificar mi descripción de a qué me dedico. Lo dejaré en “hago cursos”.
  4. Prueba a ir de vacaciones y no hacer ni una sola auto-foto. Si esto te parece muy duro, prueba a no subir a ninguna red social ninguna de las cientos de auto-fotos que te has hecho.
  5. Prueba a ir de vacaciones a un sitio muy normal y corriente, como cualquier ciudad española de cuyo nombre no nos haremos eco, y eso sí, sube todas las fotos a todas las redes sociales, para demostrar lo normal que eres.
  6. Prueba a salir a la calle y dar un paseo. Luego vuelves a casa y la prueba está finalizada. Normas para esta prueba:
  • No llevar reloj, ni smart watch, ni teléfono, ni smart phone, ni podómetro… Nada medirá tus tiempos.
  • Como no llevas smart phone, no puedes hacer ninguna foto ni subirla a ninguna red social.
  • Tampoco puedes comentar en redes sociales lo que estás haciendo: “Ey, estoy dando un paseo por mi barrio, ¿qué pasa?”
  • Puedes hablar con quien quieras. Pero con la voz, directamente, con la persona físicamente delante. A esta(s) persona(s) sí les puedes decir que estás dando un paseo. Nota especial si escuchas lo que te cuentan.

Pruebas de fuego

Prueba de fuego 1:

Queda con esa persona de la aplicación de ligar que no te atrae especialmente, que parece maja pero que jamás te liarías con ella.

Prueba de fuego 2:

Di la edad que tienes. La nota sube con la edad:

  • De 30-40: bien
  • De 40-50: notable
  • De 50-60: sobresaliente
  • De 60-70: ¿te sigue importando?
  • +70: seguro que nos puedes dar muchos consejos en esto de convertirse en una persona normal.

Prueba de fuego 3:

Prueba a no tener razón. En cualquier discusión que se te presente, mantén tu postura poco tiempo y luego reconoce que nadie está en posesión de la verdad. Si quieres subir nota, discute sobre algo que te dispare la adrenalina. Matrícula de honor si consigues no tener razón en tus creencias más arraigadas.

Prueba de fuego 4: “batalla final”

Se trata de reconocer que tu camino no va por donde te gustaría, y de reconducirlo a caminos que funcionen mejor, más rentables. Tus habilidades artísticas pueden utilizarse en trabajos mucho más mundanos de lo que tu ilusión indicaba. Si bien gente como Ken Robinson nos dice que todos tenemos nuestro elemento, lo que no dice quizá es hasta dónde podemos llegar con él…


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Cuál ha sido para ti la prueba más difícil? ¿Apruebas el test de normalidad?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

 

Quitarse importancia

Nuestro curso sobre hacer lo común y ser una persona normal y corriente está llegando a su fin, pero aún quedan un par de temas en el tintero. Por si no lo habías notado, el objetivo global del curso “haz lo común” es “quitarse importancia“, primo hermano de “desdramatizar”. Estos son los temas que ya hemos tratado:

Es posible que tú seas más como don Quijote que como Sancho Panza. No te preocupes, para eso precisamente tenemos aquí este post.

Portada del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha

Yo soy diferente

Hay seres que sin saber bien por qué se sienten sin raíces en este mundo. Lo que los demás llaman realidad les parece un espejismo, un sueño confuso y a menudo angustioso. Se sienten condenados a vivir en este mundo como si se tratara de un exilio en tierra hostil. Con nostalgia incurable añoran otra realidad que creen recordar como una patria lejana, sin poder formular nada concreto sobre ella.

¿Te sientes identificado/a? Este texto es del cuento La leyenda de Indicavía, dentro del libro de cuentos La prisión de la libertad, de Michael Ende.

Puede que, como a Jerónimo en este cuento, te parezca que estás en un mundo extraño, ajeno a ti, y que deberías estar en otro, que es el real. La mayoría de las personas se sienten diferentes (y mejores) y la mayoría de las personas son muy iguales entre sí. Podemos sacar estadísticas de todo tipo en las que hay unos valores medios, unas desviaciones respecto a esos valores y unos atípicos, que son los casos fuera de lo común.

Por muy especial que sea una persona, no deja de ser una persona. No hay una persona tan especial tan especial tan especial que sea un dios. Como mucho, podemos decir que es un héroe o una heroína, según sus hazañas.

Quitarse importancia

La modestia es una virtud del ya nombrado en este curso Rafa Nadal, una persona de la que podemos aprender cómo quitarse importancia. Él valora sus grandes hazañas en su justa medida o por debajo de lo que debería.

Es cierto que la autoestima es muy importante para salir adelante en este mundo, y también es cierto que cada vez hay más personas en él, con más acceso a los recursos y a la educación, lo que da como resultado más personas más o menos brillantes, que a su vez lleva a menos personas que destaquen por encima de los demás. En otras palabras, la autoestima no te salva de la dura comparación con los otros miles de millones de humanos.

A los grandes autores, artistas, etc. de antes les habría costado mucho abrirse paso en el mundo actual, donde no es que el de al lado sepa leer y escribir, es que tiene dos másteres y habla tres idiomas. A veces me imagino algunas de las grandes obras universales de los griegos, o de las que tuvimos que leer en el instituto, ahogada en este maremágnum de personas tratando de destacar con sus propias creaciones.

Yo soy como todo el mundo

Tal vez tu caso sea el contrario, en lugar de sentirte como Jerónimo, el niño del cuento que se sentía en tierra hostil, te sientes como pez en el agua siguiendo la corriente. Entonces, es probable que dediques tu tiempo a, como todo el mundo, tratar de recibir caricias (likes) virtuales al publicar auto fotos (selfies) muy semejantes a las de la mayoría. Acaso lo fundamental sea no sentirse obligado/a a publicar fotos semejantes a las de la mayoría, o visitar las redes sociales que visita la mayoría, para seguir siendo igual que la mayoría.

Desdramatizar

Por último, quitar hierro a nuestros propios asuntos es un reto que proponemos desde el curso “haz lo común”. Lo cierto es que el drama está a la orden del día: es una buena forma de hacer que nuestro tema destaque un poco por encima del resto. Estamos deseando compartir dramas de todo tipo. Cuanto más nos obsesionamos con estos dramas, más grandes se hacen. Es curioso, pero si una persona afirma que cuando va por la calle le miran mal y con odio, por alguna razón acaba recibiendo ese tipo de miradas.


En conclusión, cada uno sale adelante como puede, va haciendo aquello que considera que toca, y a veces logra unos “likes” de aliento para continuar su camino. El mundo de hoy día no permite mucho más, y elevarse sobre la media te convierte en un atípico, cada vez menos probable, un bicho raro de la estadística, y que sigue siendo una persona más, como decíamos.

Buscando una pareja corriente

Continúa el entrenamiento

Continúa el entrenamiento para convertirte en una persona común: buscando una pareja normal y corriente.

Tras invitarte a dejar de destacarte como ser único e inimitable, viviendo una vida tan normal que no podría salir en la tele a menos que fueses Roseanne, y aparentando la edad que tienes sin más artificio, ahora viene la búsqueda de pareja.

Una pareja heterosexual muy atractiva va en bici por el campo en un día soleado.
Una foto de pareja de lo más creíble

Ya hemos apuntado algunos hechos sobre cómo parece que hay que mostrarse en las redes de búsqueda de pareja: como un ser extraordinario, que tiene unas aficiones espectaculares (y caras), que además viaja a los lugares más remotos, que a la vuelta tiene un trabajo muy interesante aunque difuso (empresario, consultor…) y al que solo le falta en su vida una pequeña chispa que es el amor.

Y vivieron felices, y comieron perdices.

Está claro que estos perfiles son mucho más atractivos que los de “soy amigo de mis amigos“.

Se podría hacer un experimento: con la misma foto de perfil, uno en el que se describiese esa vida extraordinaria de no parar y otro en el que se describiese una vida común viendo la tele, yendo al cine y a cenar, etc. ¿Cuál de los dos triufaría?

Por otro lado, en el tema de búsqueda de pareja también hay un factor de “belleza innata” que tiene mucho peso, porque en estas aplicaciones se suele aceptar o descartar a la vista de una serie de imágenes.

¿Quién es, realmente, extraordinario?

Lo cierto es que ves estas imágenes, estos perfiles, y hay personas verdaderamente bellas. ¿Son, al final, extraordinarias? Y en todo caso, ¿son esas sus fotos no profesionales hechas con el móvil? ¿Es modelo profesional? O lo contrario: ¿realmente esa es su mejor foto?

Al final, a la hora de quedar y ver a esa persona en persona, los viajes a Nepal y a los Alpes se diluyen como por arte de magia en cuanto empieza a hablar. Puede ocurrir de todo:

  • Al gesticular, este tío no parece el de las fotos. De hecho, si hago memoria, resulta que se parece a la foto en la que salía más feo y más viejo.
  • ¿Por qué no deja de hablar? ¿Acaso no tiene interés en saber lo que yo pienso? En fin, está claro que el viaje a la India para meditar en un ashram le marcó…
  • No habla. Quizá piensa que no tiene nada más que decir: ya se vio en sus veinticinco fotos que es muy interesante, ¿por qué va a tener que explicar más?
  • ¿Por qué se corta el aire con cuchillo? Al chatear, parecía que había mucho feeling, y ahora… ¡Madre mía, solo han pasado cinco minutos!

La persona normal y corriente

Recuerdo hace muchos años a Cristina Almeida explicar en un programa que la persona que acaba siendo tu pareja es un señor normal y corriente, un señor que se llama Pepe, por ejemplo.

Las probabilidades de dejar pasar un perfil bueno por una mala foto son muy altas. La persona normal y corriente, como Pepe, tiene fotos normales y corrientes. Es posible que conozcas a alguien en persona que te parezca interesante, y que si solo vieses fotos suyas, te parecería un horror. Piensa en amigos/as tuyos que incluso encuentras atractivos, pero que si vieras solo en foto, descartarías al momento.

Parece mejor ligar de otra manera, quizá en un evento de citas rápidas en que puedas ver el careto a cada uno/a y puedas ver si te sientes a gusto o no, independientemente del tipo de vida, fantástico o no, que lleve.

Pienso que la persona normal y corriente es como Sancho Panza, y que la persona que no te va a hacer muy feliz es como Don Quijote: está buscando lo que no existe, así que no lo puede encontrar en ti.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué tal te ha ido en esto de la búsqueda de pareja? ¿Te identificas más con Sancho Panza o con don Quijote?

Como siempre, agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

Por ti sí pasan los años

¿Qué pasa, todavía quieres más?

Tras “haz lo común” y “vive la vida sin más“, aquí llega otro capítulo de la contra-moda de la vida ordinaria, el más escalofriante: por ti pasan los años…

La vida después de los 40 (hay vida después de los 40, afirmo) resulta ser un continuo interrogante, dado que nadie la describió en ningún sitio.

Al no tener referencias de cómo sería, desde un poco antes de los 40 comienza una especie de vuelta atrás en un intento de re-vivir lo ya vivido y sobre todo, lo no vivido en profundidad o lo que se dejó pasar. Lo llaman, precisamente, crisis de los cuarenta, y tiene algunas tendencias como:

  • Volver a ponerse minifaldas.
  • Comprarse un coche muy caro.
  • Cortar con una pareja para comenzar con otra diez años más joven.
  • Volver a ir a discotecas (ups, estaba cerrada), bares (ups, son todo adolescentes)… y volver a beber, pero con otro hígado ya.

Y es que por ti y por mí sí pasan los años pero no logramos hacernos a la idea.

¿Qué mensajes recibimos de la sociedad?

  • Fueron felices y comieron perdices: a partir de aquí, el cuento no cuenta nada, se acabó la magia, y comenzó otra cosa que no se sabe lo que es ni está contada en ninguna parte.
  • Veamos una peli, entonces: fueron felices y comieron perdices. Las actrices de cuarenta a sesenta, ¿dónde se han metido? O bien eres una mujer en edad fértil que por tanto puede ligar con el protagonista (de cualquier edad siempre que pueda andar) o bien eres ya la madre o suegra de la protagonista. ¿Dónde mirarse? Salieron algunas opciones: Mujeres deseperadas, por ejemplo. Ok, haremos algunos cup cakes mientras planeamos el asesinato del marido…

La mujer retro sí sabía lo que tenía que hacer

  • Hay que operarse. Si acudimos a la tele, las redes sociales y las revistas, encontraremos a esas personas por las que “parece” que no pasan los años. Se nos olvida que esas personas viven de su imagen, por tanto en su caso quizá tenga sentido operarse, ponerse tetas, labios, quitarse arrugas, bolsas, teñirse, trasplantarse pelo, quitarse todos los dientes y cambiarlos por otros relucientes, etc.
  • Mejor, no cuelgues esa foto. Entonces, nuestro simpático móvil nos pone un filtro que ni a Sara Montiel en sus tiempos, haciendo que una mujer de, digamos, 45, aparente 18, porque el filtro es brutal.
  • Ten hijos. Porque lo único que te podemos mostrar es qué hacen los que tienen hijos: múltiples actividades que conozco de refilón, que incluyen visitas a parques exteriores, interiores y de bolas, películas infantiles, piscinas, otros.
  • No tengas hijos PERO entonces tienes la obligación de seguir pareciendo joven, la obligación o la esclavitud. Es decir, ¿en qué ocupas tu tiempo? Como decía en otro post, tendrás que mostrar cómo viajas a lo loco, cómo te lo pasas gastando ese dinero que no inviertes en tu descendencia, cómo te haces selfies en una terraza, etc.

Algunas pinceladas

Yo hace un año o así hice un máster en que la mayoría de mis compañer@s pertenecían a esta cultura de la imagen, y tenían la edad correspondiente, entre 20-25 años. Digo yo que me verían como a una señora. Ya dije en una ocasión que te haces señora no cuando te lo llaman por la calle, sino cuando te das por aludida.

Un señor y una señora, de entre 40 y 60, son esas personas que están en transición entre el fueron felices y la vejez. En esa transición tienen algunos cometidos:

  • Están, como decíamos, criando a sus hijos.
  • Además, trabajan, ya tienen bastante experiencia y todavía no están en la actitud de “a ver si me dan la cuenta y me voy de viaje con el IMSERSO”.
  • Se les permite ya tener cierta barriga, calvicie e incluso canas mal teñidas o sin teñir. Por favor, sin presiones que estamos en una época delicada.
  • Seguir físicamente activos notando ya los primeros achaques como: cierta incontinencia, dolor de piernas y espalda, digestiones cada vez peores, etc. Por tanto, coetáneos míos, no os machaquéis.
  • Salir de tarde y no de noche. Incluso los que no estamos criando hijos, ya no tenemos la resistencia de antes.
  • Por cierto, no tener pareja a esta edad aumenta las dificultades, porque tampoco está explicado en ningún sitio qué hacer, y las viejas consignas de ir a un bar y beber ya no funcionan. Así, se recurre a aplicaciones de todo tipo: ligoteo directo, indirecto, hacer como que es todo por un interés cultural, etc. Es duro buscar pareja a estas edades; no se sabe dónde están “los otros”.

Hay algo de especial en aquellas personas (pocas hoy día, yo no soy una) que aceptan el paso del tiempo con naturalidad. Dedicado a vosotr@s.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué edad tienes? ¿Te has identificado con lo que digo?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

Vivir la vida, sin más

Como continuación del post anterior, hago ahora unas reflexiones sobre la tele (y cualquier otro dispositivo en el que veas “contenidos” en formato vídeo:

Ver mucho la tele, incluidas las series y las películas, hace que acabes pensando que el género humano es más bello de lo que es.

Solo tienes que acudir a un lugar en el que se reúna mucha gente a la luz del día (concierto, playa, carreras) para darte cuenta de la realidad.

Un salón con tele

Los de la tele pasaron por un casting

Piénsalo: la gente que sale por la tele, aun los que hacen de feos, han superado un duro casting, se les ha “arreglado”, pulido y maquillado y se les fotografía con la mejor luz posible o con la peor si quieren que parezcan muy malos. Únicamente los políticos no han seguido ese proceso de selección, sino otros, y quizá no sean tan vistosos como los personajes de ficción y los presentadores.

Los de la tele actúan: están en acción

Además, hay otro factor muy interesante: la gente de la tele (ya me estoy recordando a mí misma a Caroline, de Poltergeist) siempre está en acción. Puede que estén sentados en sillas, pero esa situación dura poco. La mayoría del tiempo, los que salen en programas, películas y series están en acción, algo que definitivamente NO sucede en tu día a día oficinesco.

Hay un tipo de escena muy habitual sobre todo en las series: varios personajes van discutiendo un tema complejo mientras andan por los pasillos. Lo he observado en El ministerio del tiempo, The Good Wife y House of Cards, por citar algunas. En la realidad, ese tipo de conversación suele mantenerse a puerta cerrada y en sillas, de una manera bastante estática que acaba siendo soporífera.

¿Acaso nos invitan desde las series a dinamizar nuestras habituales reuniones aburridas?

Quizá. Sería bastante curioso y raro mantener reuniones andando, sobre todo si son en las oficinas desconocidas de un cliente, cuyos pasillos de pronto terminan en un ángulo muerto detrás del cual no hay más que una triste máquina de café. ¿Qué hacer en ese momento? ¿Dar torpemente la vuelta? Digamos que en esa escena hay ahí como cuatro o cinco personas, en un pasillo de algo más de un metro de ancho, chocando con una máquina de café.

La contra-moda de vivir la vida sin más

Si de verdad te apuntas a la contra-moda de “hacer lo común” y “vivir la vida, sin más”, entonces deja de ver la tele porque te va a parecer todo un rollo (fuera de ella).

En efecto, cuando prestas atención a lo que sucede en tu día a día y observas con detalle a las personas que pueblan el mundo, el glamour desaparece: la mayoría del tiempo vas a estar en una escena plomífera en la que una persona (tú) está sentada ante un ordenador (él o ella) durante muuuuchas horas. Tras esta escena, aparece una escena de una persona (tú) sentada en su coche (él o ella) o bien en un transporte público durante muuuuchos minutos. Y por último, aparece una escena de una persona (tú) acompañada o no por otras personas (ellos o ellas) sentada en un sillón viendo en una pantalla a otras personas moverse, caminar por largos pasillos, siendo en todo momento muy bellas y conservando el maquillaje intacto (incluso cuando se despiertan por la mañana).

No quería desincentivar tu intento de seguir este arduo camino. Creo que al dejar ir “lo extraordinario” y las “experiencias” puede que de pronto puedas tomar conciencia de las personas más cercanas, cómo son, cómo te quieren, cuál es su calidez, dónde están, qué hacen… Incluso si lo que hacen es estar sentadas en el sillón viendo la tele.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Sueles ver mucho la tele? ¿Qué reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Haz lo común

“Haz lo común” no es el mensaje que recibes desde que tienes uso de razón. El mensaje que recibes es:

Haz lo extraordinario

Se trata de destacar. Hay mucha competencia ahí fuera, ¿qué es lo que te distingue de los demás? ¿Por qué te vamos a contratar a ti y no a otra persona?

Bien, pues hacer lo extraordinario es fuente de todo tipo de desdichas.

Estos mensajes empiezan realmente antes de tener que incorporarte al mercado laboral, empiezan de pequeños. Puede que de pequeño entrases en competición con los de tu clase, con tus hermanos o con el mundo.

Si además eres como yo, con un tipo de personalidad menos frecuente de lo habitual, en mi caso INFJ, tienes más papeletas para pensar que estás destinado a ser alguien especial en el mundo.

La mentalidad de la escasez

La competitividad se enmarca en una mentalidad de la escasez: no hay para todos, por lo que has de luchar. En las empresas, el mensaje es el mismo, o te diferencias por calidad o te diferencias por precio. Y ahora que cada uno de nosotros es una empresa (un emprendedor), pues necesitamos que algo nos haga extraordinarios.

Otro mensaje que se mueve en la sociedad y en línea con el anterior es que debemos estar en mejora continua, por siempre, no hay final. Las empresas siempre tienen que crecer, los individuos siempre tienen que perfeccionarse, ya no te puedes relajar ni acomodar a ninguna edad, simplemente debes tratar de ser mejor (no eres lo suficientemente bueno).

Foto de Rafael Nadal
“Foto de DAVID ILIFF. Licencia: CC-BY-SA 3.0”

El ejemplo clásico, y toda mi admiración para él, es Rafa Nadal. No en pocos cursos sobre liderazgo para directivos se pone como ejemplo a Nadal. Lo que pasa es que Nadal es una persona extraordinaria, fuera de lo común, fuera de “la normal” estadística. Por eso es el número uno y por eso solo hay un Nadal. En términos estadísticos, es un atípico.

¿Demasiado talento?

Existe un problema hoy en día: el mundo se ha hecho muy grande, está muy lleno de gente muy extraordinaria, y como el talento rebosa por todas partes, destacar (ser un atípico) es todavía más difícil. Esto hace que tu gota de originalidad, creatividad, ingenio y diferenciación caiga en el piélago del mundo digital y desaparezca. ¿Y entonces qué haces?

Hay dos opciones: aceptar que tu “yoidad” (como decían en una película) es tan exótica como la de cualquier otro y seguir con tu vida, o bien seguir dándole vueltas y buscando las formas de ser diferente.

En El centro se distingue por su levedad, Bert Hellinger cuenta la historia del gran Orfeo, famoso y desdichado, y el pequeño Orfeo, desconocido, con una vida corriente pero que murió “viejo y saciado de vida”. Ambos se dedicaban a la música, el gran Orfeo atrayendo masas y el pequeño Orfeo cantando con su guitarra en pequeños bares. Algo así.

Hay más historias en este mismo libro, todas ilustran la idea de que la felicidad es paradójica, y a veces está en un sitio diferente a aquél en que estamos buscando.


Te deseo un fin de semana común, en el que no necesites crear una imagen de éxito para las redes sociales y las aplicaciones de ligar, en la que tengas que aparecer escalando, esquiando, buceando, en Nepal, en la muralla china, en un bazar árabe, sobre un camello, en fin, algo un poco más ordinario.