Pequeños trucos

El otro día leí un tuit que me gustó y me dio que pensar:

Tuit de Bea (@bvlba) que dice: La vida es como usar excel, crees que sabes pero no.

Después de muchos años aprendiendo sobre habilidades, empatía, asertividad, emociones, Tai Chi y Chi Kung, gestión del estrés, mindfulness, constelaciones familiares, análisis transaccional… no puedo estar más de acuerdo con el tuit de Bea: crees que sabes sobre la vida, pero no.

Incluso a veces escucho en mi pensamiento eso de:

Solo sé que no sé nada.

Sócrates

Es un efecto curioso, ¿verdad? Es como la biblioteca de libros no leídos de Umberto Eco que menciona Nassim Taleb: es claramente mayor que la de libros leídos y, cuanto más se sabe de un tema, más títulos sin leer se encuentran sobre él. Sobre esta “antibiblioteca” podéis leer un artículo muy bueno de Cristian Vázquez aquí.

A los 25-30 años pensaba que tenía todo muy claro. Impartía formación presencial en habilidades de todo tipo, e incluso impartía taichí, y me parecía que comprendía de qué va la vida y qué teclas apretar para que todo fuese bien.

Titulación frente a experiencia

Después, a partir de los 31 y debido a una crisis vital importante, o mejor lo llamamos por su nombre, a una enfermedad crónica importante, fui dándome cuenta de que no sabía lo suficiente. Empecé a prepararme más en las áreas que he citado, principalmente en constelaciones familiares y gracias a Insconsfa. Fui descubriendo mucho sobre mí, aquello que obvias porque parece estar escrito en un lenguaje ajeno, pero que un observador externo agudo puede ver.

Y ahora que ando por los 46, veo que gran parte de la preparación teórica sirve de muy poco, que lo que ha contado realmente ha sido lo experiencial, tanto en constelaciones, sí, como en actividades “lúdicas” de las que también se aprende sobre la vida, y sobre todo viviendo, enfrentándose a lo que la vida propone. Experiencial y preverbal: mucha “sabiduría” no está verbalizada, no son frases y sentencias grandilocuentes, es un saber que está ahí, una especie de intuición sin palabras.

Se sigue valorando la titulación, puede que cada vez más. Y también es verdad que se valora la experiencia: es la única que realmente demuestra que una persona puede hacer una tarea concreta con destreza. Seguramente, la persona que ha ascendido por su experiencia conoce la teoría de su sector, sin embargo, no necesariamente ha tenido que leerla en cientos de libros, sino que la ha ido adquiriendo a través de su acción.

En la vida me ha sorprendido encontrarme con personas que saben mucho de lo que he estudiado, pero lo saben porque lo han observado en la realidad: yo me inclino ante eso. Son personas prácticas, que tienen los ojos abiertos, que ante las incógnitas de la vida lo que hacen es tomar el presente y seguir adelante, sin preocuparse demasiado por no saber las teorías que pueden estar detrás, pero sacando conclusiones que solo pueden derivarse de vivir el presente intensamente.

Un ejemplo cinematográfico es el personaje de Moustache en Irma la dulce, del que ya hemos hablado antes. Moustache observa la realidad desde detrás de la barra de su bar, conoce cómo funciona la vida, no juzga, simplemente comprende que el mundo es imperfecto y tiene un saber intuitivo sobre lo que va a funcionar y lo que no. Es verdad que este personaje tiene mucho bagaje, constantemente pone ejemplos de lo que experimentó en distintas profesiones, algunas de mucho prestigio: son esos pequeños trucos que se aprenden por estar ahí.

Camarero Moustache, personaje de la película Irma la dulce

Pequeños atajos

No sabemos Excel, pero sí conocemos pequeños atajos, trucos que sirven para manejar este software y conseguir lo que necesitamos de él, en ocasiones con grandes esfuerzos intelectuales. No sé si esto nos permite hacer tablas dinámicas, pero al menos nos defendemos.

Con la vida creo que pasa lo mismo, que aprendemos trucos o pequeños saberes, humildes, que incluso pueden aplicarse en varias áreas distintas. Así, nos damos cuenta de que los grandes y transformadores eventos de nuestra vida nos marcan temporalmente. Con el tiempo, nos adaptamos a la nueva realidad y volvemos a los viejos hábitos. Pero por ese duro camino hemos adquirido algunas herramientas que podemos utilizar para situaciones distintas.

Aquí algunos consejos de Moustache (el vídeo está en inglés): el mundo está lleno de oportunidades.

Estás haciendo el ridículo

¿Te han dicho alguna vez, siendo una persona adulta, que estás haciendo el ridículo? ¿Y cómo has reaccionado? ¿Te han dicho “haz lo que quieras, pero…”? ¿Y cómo te has sentido?

En este post vamos a identificar al crítico interno, que en lenguaje de análisis transaccional se llama Padre Crítico. Lo vamos a identificar y no, no vamos a luchar contra este estado del yo: vamos a desarmarlo viendo las cosas desde el estado que nos libera de todo: el Adulto. Si quieres recordar qué es esto de los estados, lee esta entrada: Padre – Adulto – Niño.

Darth Vader
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¿Por qué te afecta tanto la crítica?

Si te afecta la crítica de otra persona, probablemente tienes a un crítico interno que está de acuerdo con ella; el Padre Crítico. Sus expresiones verbales toman la forma de «debería/debo/se debe», es decir, de norma absoluta e indiscutible, que ha de cumplirse siempre. O también: «nunca», «siempre», «no olvides jamás», así como formas del tipo «¿Cuántas veces te lo he dicho?» «Yo lo que haría…».

Tu estado de Padre Crítico encuentra su eco en otras personas que influyen sobre ti. Existen varios juegos sociales en que los estados Padre de las personas que hablan se ponen de acuerdo en lo horrible que es algo, ya sea la juventud, la pérdida de valores, la política, el comportamiento de alguien…

Las mismas personas con las que podemos disfrutar mucho en estos juegos sociales son las que te criticarían si dejas de jugar desde el estado Padre y empiezas a actuar de otra manera. Sobre todo si te tomas las cosas con humor, ya que el humor es propio del Niño Libre.

¿Cómo escapar del crítico interno?

Claude Steiner defiende que podemos eliminar al Padre Crítico de la ecuación, porque no tiene ninguna ventaja. Esa voz es capaz de quitarnos la autoestima, de hundirnos, de mantenernos dentro de una jaula. Algunas personas viven en su propio infierno, como esclavas de su estado Padre.

Hay un par de herramientas muy potentes que nos da el análisis transaccional para escapar de esta figura interiorizada. Una de ellas son las caricias y la otra son los permisos.

Caricias

Aunque de caricias y descuentos ya hemos hablado anteriormente, podemos recordar ahora que la caricia es la unidad mínima de reconocimiento de una persona. Una caricia puede ser condicional o incondicional, positiva o negativa, pero siempre “alimenta la médula” de la persona porque implica que se la reconoce como tal.

  • Caricia incondicional: me gustas tal y como eres.
  • Caricia condicional: estás muy guapo cuando llevas ropa formal.
  • Caricia negativa: tus zapatos son horribles. Otro tipo de caricia negativa es la caricia positiva no deseada, por ejemplo, una alabanza que está fuera de lugar y que sientes que te humilla.

Pues bien, las caricias positivas, sobre todo las incondicionales, nos ayudan a escapar del crítico interno. Y estas caricias nos las podemos dar, no necesitamos que lo haga alguien desde fuera. A cada frase del Padre Crítico podemos responder con una caricia y con algo de humor, por ejemplo:

  • Estás haciendo el ridículo -> Es verdad, y así me lo estoy pasando muy bien
  • No te enteras de nada -> Es posible, también es posible que sea mi capacidad para seleccionar información importante
  • Eres idiota -> ¿De verdad? Bueno, también tengo otras virtudes

Permisos

A veces, una persona no es capaz de darse permiso a sí misma para hacer la cosa más sencilla: hablar en público, hacer el ridículo, descansar, ver la tele varias horas, salir a tomar el sol, vaguear, enfadarse, poner la calefacción a un nivel confortable… Las voces del Padre Crítico son tan duras y severas que le impiden actuar. Entonces puede necesitar ayuda de alguien externo. Los permisos hacen que una persona se sienta con derecho a disfrutar de algo. Por ejemplo:

Tengo permiso para dormir hasta tarde los fines de semana.

El trabajo es tan fácil y tan difícil como darse permiso y reconocerse derechos. Estos permisos y derechos tienen que ir en relación con esas voces categóricas que tenemos tan interiorizadas. Por ejemplo:

  • Estás haciendo el ridículo -> Me doy permiso para hacer el ridículo
  • No te enteras de nada -> Tengo derecho a no enterarme de nada
  • Eres idiota -> Me doy permiso para ser idiota de vez en cuando

Si buscas los derechos asertivos, verás que hay muchas más opciones que quizá antes no contemplabas, como tener derecho a equivocarte, a cambiar de opinión, a decir lo que piensas, a pedir lo que necesitas…


¿Reconoces a tu crítico interno? ¿Qué te sueles decir a ti mismo/a desde el estado Padre Crítico? ¿Qué permiso te vas a dar a partir de hoy?

Como siempre, agradezco que hayas leído esta entrada y que compartas libremente.

Cuestión de tiempo

La semana pasada hablábamos de lo que se experimenta en el momento presente, el ahora. Y recibí un vídeo relacionado con ello, está más abajo. El vídeo añade la variable del espacio, describiendo el continuo espacio-tiempo, el “ahora y aquí”. Introduce la teoría de la relatividad dando distintos ejemplos. También muestra cómo el cerebro trata de anticiparse a lo que va a suceder, pero no siempre acierta.

Os recomiendo ver el vídeo, es interesante y está muy bien contado. Además, utiliza el humor, algo que valoro mucho porque no es necesario ser mortalmente aburrido para explicar un concepto (de hecho, es contraproducente):

Una de las cosas con las que no estoy de acuerdo con el vídeo es que el momento presente, el “ahora”, sea poco importante en relación con otros momentos anteriores o posteriores. Según vemos en el vídeo, el ahora de cada persona es ligeramente distinto según su punto de referencia. Además, el cerebro crea un “ahora” a partir de los estímulos recibidos y por tanto en realidad es un ahora pasado. Vale, esto es física, esto es neurociencia, no se puede cambiar.

Además de lo anterior, también es verdad que si una persona quiere hacer cualquier cosa, es decir, quiere actuar sobre su vida, solo puede hacerlo en el momento presente, incluso si es un presente con retardo. Desde luego, no puede actuar sobre su pasado: puede que la información del pasado esté intacta en el universo, pero el humilde mortal no accede a ella. ¿O sí puede? Una persona puede actuar sobre su pasado desde el presente, por ejemplo, deshaciéndose de mandatos inscritos en su guion de vida a una edad muy temprana. Tampoco puede actuar sobre el futuro. Puede proyectar, desear o planear, pero la acción solo se puede producir ahora.

Distintas percepciones del tiempo

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El vídeo habla de cómo percibe el tiempo el cerebro humano, pero no compara percepciones subjetivas del tiempo. Esto me interesa más. Los ritmos de cada persona son distintos, no solo hay personas más diurnas o más nocturnas, sino que hay personas que se mueven más lento y personas que se mueven más rápido por la vida. Hay personas que necesitan reposar, otras personas necesitan desconectar del mundo viendo la tele durante horas, otras personas se involucran en una actividad intensa tras otra y otras se lo pasan bien haciendo varias cosas a la vez… Unas personas duermen mucho, otras duermen poco. Para unas personas, los días se pasan muy lento, para otras, demasiado rápido.

Conozco personas que afirman que nunca se acostumbrarán a madrugar para ir a trabajar, tras años y años de hacerlo, mientras que otras personas “no son nadie” a partir de las 4 de la tarde.

El estado de flujo

El aspecto que más me ha atraído siempre sobre la percepción del tiempo es la vivencia subjetiva de la repetición. Hemos hablado más de una vez del día de la marmota, por ejemplo. O de la urgencia del tiempo con la que viven algunas personas, como vivía Punset.

En realidad, el ser humano oscila entre la tensión y el aburrimiento. A la estrecha franja entre ambos le han llamado flow, estado de flujo, o fluir. ¿Puede provocarse la vivencia de estas experiencias en las que todo parece fluir? ¿De qué depende? El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi ha estudiado la composición de estas experiencias autotélicas o de flujo (flow).

«Son situaciones en las que la atención puede emplearse libremente para lograr las metas de una persona, porque no hay ningún desorden que corregir ni ninguna amenaza para la personalidad de la que haya que defenderse».

Mihály Csíkszentmihályi

Estas experiencias de flujo se dan cuatro veces más cuando se está trabajando que en actividades pasivas de ocio, ya que el flujo es el resultado de combinar habilidades y desafíos de forma proporcionada. Otro ejemplo es que es más fácil entrar en estado de flujo cantando o bailando que solo escuchando una música. En otras palabras: el estado de flujo se produce en el momento presente (aquí y ahora) y en la acción (no en la pasividad).

Si los desafíos son desproporcionados, surge la ansiedad. Si por el contrario las habilidades superan a los desafíos, surgirá el aburrimiento. En medio de ambos está el canal de flujo, que para Csikszentmihalyi refleja el disfrute, y por ende la felicidad.

¿Cuáles son los elementos que caracterizan el estado de flujo?

Los individuos que lo han experimentado lo describen de la siguiente forma:

  • Tienen metas claras durante la actividad, saben qué tienen que hacer en cada momento. Y saben si lo están haciendo bien, reciben información o feedback de forma continua.
  • Ni fácil ni difícil: no existe ansiedad por desconocer la tarea o encontrarla difícil, y sin embargo no es lo suficientemente fácil como para resultarnos aburrida.
  • Tienen toda la atención en la tarea, por lo que su consciencia está dedicada únicamente a esta actividad. Así, disminuye la autoconsciencia, es decir, son menos conscientes de la propia existencia, de su yo. De alguna manera el yo se hace más universal al diluirse en la actividad. Además, existen pocas posibilidades de ser distraídos, ya que, al estar concentrados en el presente, en el aquí y ahora, el cerebro funciona al máximo con un mínimo de energía, de forma eficiente.
  • No tienen miedo al fracaso. La preocupación por fracasar en la tarea nos sacaría de forma inmediata del estado de flujo. Centrados en la tarea, no cabe pensar en que salga mal.
  • La actividad es un fin en sí misma, es decir, tiene sentido en sí, aunque luego pueda utilizarse su fruto para otras actividades. Si conseguimos que todas las actividades que realizamos tengan sentido por sí mismas, podremos sentir que merece la pena el tiempo que les dedicamos.
  • Se distorsiona su sentido del tiempo. ¿Cuántas veces nos ha parecido que el tiempo pasaba volando, justo cuando mejor lo estamos pasando? En el estado de experiencia óptima, el tiempo deja de ser el del reloj para cobrar una dimensión subjetiva en la que se percibe un transcurso del tiempo más rápido del habitual. En ocasiones, también se describe en el estado de flujo lo contrario: una acción que dura segundos parece hacerse eterna. Por ejemplo, le ocurre a un bailarín que realiza una pirueta.

De nuevo el tiempo… No solo cada persona percibe el tiempo de una forma distinta y esto se puede medir, sino que la misma persona puede percibir el tiempo de forma distinta según la actividad que esté realizando.

Entonces, ¿fue real?

Si analizo desde el punto de vista del estado de flujo mi encuentro con Darth Vader en la RV (realidad virtual), diría que la experiencia cumplió todas las características del estado de flujo. ¿Fue real? ¿Qué opinas?


Agradezco a mi hermano que me enviase el vídeo sobre “¿Cuándo es ahora?” y, como hoy es su cumpleaños, le regalo esta reflexión. ¡Felicidades, Luis!

¿Es real la realidad?

Voy a utilizar el agudo título de una de las obras de Paul Watzlawick para hablar de esto: qué es “real” y qué no lo es. En concreto, me gustaría contraponer la experiencia directa con las experiencias “no directas”: imaginadas, soñadas o vividas en un mundo virtual.

Varios maestros espirituales, autores de mindfulness y gurús ponen el mismo ejemplo: si eres capaz de imaginar vívidamente cómo chupas o muerdes un limón, salivarás a pesar de que no hay un limón real. La experiencia es imaginada pero tu cuerpo responde a ella como si fuese real. Pues bien, lo que dicen los místicos es que esta forma de vivencia nos aleja de despertar a la realidad, a la experiencia directa de lo que es.

Por poner un ejemplo, Osho dice que para caminar hacia la iluminación has de empezar a estar más alerta de tus acciones, tus relaciones, tus movimientos y tu respiración. Observar la respiración puede ayudar a entender la confianza: confías en que vas a continuar respirando, recibiendo vida al inspirar. La confianza es parte de la vida, del amor, está en cada una de tus células. Al estar más alerta, te haces consciente del hecho de que solo hay una cosa que puedas llamar tuya, y es el hecho de observar, el observador. Cuando te haces consciente del observador, desaparece el “yo” y solo queda el hecho de observar. Esa observación es la meta del camino de iluminación.

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Por otro lado, en el post anterior hablábamos de cómo Milton Erickson se había estimulado a sí mismo por medio de autohipnosis para trabajar sus músculos cuando quedó paralizado por la poliomielitis. Lo que hizo fue evocar recuerdos de la actividad muscular de su cuerpo. De esta manera, poco a poco ajustó sus músculos y fue recuperando el control de partes de su cuerpo, hasta que pudo hablar y usar sus brazos (puedes leer esto en la página de Wikipedia sobre Erickson en inglés). Estos recuerdos eran de experiencias reales, pero evocar un recuerdo no es lo mismo que tener la experiencia en el momento presente. Aun así, vemos que este trabajo funcionó.

Por tanto, cabe preguntarse por qué la experiencia directa es superior o más deseable que la “indirecta” para el conocimiento de la realidad. Es más, ¿es posible tener una experiencia directa de la realidad?

Percepciones

¿Percibimos las cosas tal y como son? ¿Por qué algunas cosas llaman nuestra atención y otras no? ¿Percibe el ser humano solo lo que es necesario para su supervivencia?

La percepción es algo muy diferente a un fenómeno pasivo en que nuestros sentidos captan elementos de la realidad que después se procesan en la mente. Al contrario, las características de cada persona harán que perciba unos estímulos u otros, que preste más atención a determinados estímulos, o que minimice otros.

En este sentido, la percepción es un proceso activo, en que la mente realiza un trabajo que va más allá del papel de espectador. Para el neurólogo Antonio Damasio, cuando llegamos a la edad adulta todos los estímulos provocan alguna emoción (estímulos emocionalmente competentes).

Así, más que percibir la realidad, creamos en la mente copias de ella acordes con la agudeza de nuestros sentidos. Cabe aquí uno de los pilares básicos de la programación neurolingüística (PNL), que afirma que «el mapa no es el territorio», puesto que recoger en un mapa todos los accidentes del terreno, nos llevaría a usar un mapa de escala 1:1, o al menos tan grande que resultaría inservible.

Percibir es un proceso de supervivencia: percibimos porque esto ha servido evolutivamente para asegurarse la supervivencia. El hecho de que lo percibido sea filtrado de forma inevitable por nuestras estructuras cerebrales es algo que también es adaptativo. Los seres vivos más simples también perciben, pues cuentan con dispositivos para encontrar fuentes de energía, mantener su equilibrio químico, conservar su organismo o reparar los daños físicos.

Además, percibir es un proceso selectivo, no solo por la limitación de nuestros sentidos o por la subjetividad de cada individuo, sino porque realizamos una selección activa de determinados estímulos por medio de la atención. Prestamos atención a unos estímulos e inhibimos otros en función de factores externos, como la cercanía al estímulo, su tamaño, color, o movimiento, y factores internos, como el interés o la motivación que tenemos en él.

Creencias y prejuicios

Hace poco decíamos aquí que nos aferramos a las creencias para seguir explicando la realidad de manera que responda a ellas. Estas creencias están instauradas en nuestra mente como si fuesen programas de ordenador. Limitan lo que se percibe o hacen que se interprete de una forma concreta. Desde este punto de vista, lo que entendemos de la realidad con unas creencias puede ser exactamente lo contrario de lo que entiende otra persona con otras creencias. ¿Quién tiene razón? Tiendo a pensar que ambas tienen parte de razón y ambas están equivocadas. Es como mirar un cilindro desde dos perspectivas distintas y no tener la habilidad de ver en 3 dimensiones. Proyectado en el plano, un cilindro es un círculo o es un rectángulo: ambas cosas son parcialmente ciertas para explicar la realidad del cilindro.

Realidad virtual

Hace unos días me puse por primera vez unas gafas de realidad virtual. Y me quedé impresionada. Porque estaba en otro mundo que yo sabía perfectamente que no era “real”, sin embargo, no podía evitar reaccionar a él como si lo fuese. En particular, “pude volar”. Estaba de pie, pero la sensación de estar sobrevolando una ciudad era muy intensa. De hecho, cuando me choqué un par de veces contra los edificios, eso también fue bastante real.

También vi a Darth Vader. De pronto apareció a lo lejos y se fue acercando, se acercaba y yo retrocedía: Darth Vader, ese señor oscuro, altísimo, grande y con un casco que tapa su cara. Ese señor se acercaba y me habló, creo, me alargó una caja y yo con unas manos virtuales que se veían en este mundo alternativo cogí esa caja. En ese momento estaba tan absorbida por la situación que Darth Vader mismo me habría podido tirar al suelo sin empujarme. Otros personajes de ese juego también estaban demasiado cerca, en un espacio cerrado tipo nave, y empecé a sentir claustrofobia. La principal diferencia con el cine en 3D era que me miraban, me hablaban a mí y respondían a lo que yo hacía en ese entorno.

¿Eso era real? Estaba ocurriendo en el presente, un presente alternativo, una especie de sueño vívido. Como también apuntamos hace poco, la realidad virtual se utiliza para hacer simulaciones y aprender a reaccionar en situaciones que es muy caro o complicado producir. En este sentido, el cerebro no solamente responde a los estímulos que proceden de un entorno simulado, sino que las redes neuronales refuerzan aprendizajes prácticos a partir de estas situaciones.


Yo concluiría que, si la experiencia sirve, se englobe dentro de las herramientas tan variadas que tiene nuestra mente. Si sirve para relajarse, para visualizar una meta, para jugar o para entrenarse en una habilidad, esta experiencia merece ser vivida. Si la experiencia nos aleja de los demás, nos impide tener contacto con “la otra realidad del cilindro”, entonces la podemos modificar. Por último, si realmente buscamos tomar la pastilla roja, como en Matrix, es otro camino para el que lo mejor es hacer nada, tal como reflejó San Juan de la Cruz en la subida del Monte Carmelo.

De sapos y princesas

En el cuento, el sapo besado se convierte en príncipe. En la realidad, el que tiene algo de sapo o de rana, tendrá pocas probabilidades de recibir el beso que lo transforme en príncipe o en princesa a menos que sea capaz de reconocerse como sapo.

Estos nombres, príncipes y ranas, son los que utiliza Eric Berne para hablar de los guiones ganadores y de todos los demás. El guion ganador es el del príncipe o princesa, el resto de guiones, ya sean no-ganadores o perdedores, tienen algo o mucho de rana, y la rana saldrá por algún lado antes o después.

Con esta primera descripción puede pensarse que el guion principesco es propio de familias adineradas, de la nobleza, sagas de grandes empresarios… y da lugar a vástagos rubios y de ojos azules. Sin embargo, personas con un destino de vida bastante duro y que físicamente distan mucho del príncipe azul pueden tener un guion ganador y llevarlo a cabo.

Rana con corona de príncipe en una roca al lado de un río

¿Qué puedes esperar?

Milton Erickson, el impulsor de la hipnosis terapéutica, nació con una serie de dificultades: era disléxico, daltónico y sordo. Estas limitaciones permitieron que desarrollara otras capacidades. Por ejemplo, se fijaba en el lenguaje no verbal de sus hermanas, lo que le permitió conocer aspectos de la comunicación que suelen pasar desapercibidos. Milton Erikson enfermó de polio a los 17 años y esta enfermedad lo dejó postrado durante un año. Pero no se conformó, sino que fue trabajando mentalmente con sus músculos y se fue recuperando, hasta el punto de que salió de la cama para embarcarse en una canoa en un viaje de mil millas que acabó de fortalecerlo. Durante este viaje escribió un diario que ahora está a la venta.

https://www.louiscauffman.com/louis-cauffman/the-canoe-diary-publication/

Este es el guion de un príncipe: se fija un objetivo, lo comunica y lo logra. Si por el contrario Erickson se hubiese agarrado a su discapacidad y a su enfermedad, podría haber jugado a “pata de palo” y haber vivido como un “tullido”.

Eric Berne habla del juego “pata de palo”, que se detecta a través de una simple pregunta que hace la persona que lo juega:

¿Qué puedes esperar de una persona con una pata de palo?

Sustitúyase pata de palo por cualquier tipo de limitación. ¿Qué esperas de una persona disléxica, daltónica y sorda? ¿Qué esperas de una persona que ha contraído la polio y se ha quedado totalmente paralizada?

La respuesta benevolente del Padre Nutricio es: “Claro, no espero nada”. Entonces la persona que juega a pata de palo tampoco espera nada y construye su vida en torno a su enfermedad o su discapacidad. Y no es necesario que la queja describa una limitación física, ni siquiera una limitación real. Puede también decirse: ¿Qué esperas de una persona que…

  • …vive en esta sociedad?
  • …tiene síntomas psicosomáticos?
  • …proviene de un hogar roto?

La respuesta de Berne para desafiar este juego y el guion de vida correspondiente es:

No espero nada. ¿Qué espera usted de sí mismo?

Eric Berne

Parece que Milton Erickson esperaba mucho de sí mismo, por lo que nada le impidió graduarse en medicina y psicología, casarse, tener ocho hijos y vivir 78 años.

No tienes que ser como Erickson. Lo más habitual es que el guion de vida contenga poco o mucho de rana, de manera que los objetivos se quiebran para poder cumplir con mandatos e impulsores transmitidos por los padres. Por ejemplo:

  • Esfuérzate… pero no lo consigas.
  • Puedes ser feliz, pero… ¿quién te crees que eres?
  • Está bien que tengas éxito… mientras no me superes.
  • Puedes existir… siempre que me complazcas.

La voz del demonio

¿Qué haces entonces cuando en tu guion hay algo o mucho de rana y poco de príncipe? ¿Obvias a tu rana? ¿Justificas tu vida porque tienes parte de rana? ¿Das voz a la rana?

Si te fijas, muchas de las comedias se basan en personas que tratan de ocultar su parte de rana. Aquella parte de su persona que es fea, débil, necesitada, miedosa, muy agresiva, sádica, viciosa, loca… esa parte se disimula hasta que surge en el peor momento y eso es gracioso (en la comedia). De hecho, esta parte es la que se utiliza para trabajar el payaso interior: el fracaso, la torpeza, la vulnerabilidad, lo irracional.

En la vida real, reprimir a la rana hace que se revuelva en la sombra, que explote de pronto con las peores consecuencias, que son las temidas. Muchas personas actúan socialmente como si fuesen príncipes y princesas, quizá más las personas que piensan que los demás no están bien pero ellas sí, ya que se sienten superiores. Hasta que de pronto se da el fracaso sorpresivo, que provoca rechazo, que muestra que en realidad eran unos inadaptados.

Eric Berne habla de “la voz del demonio”, esa voz que da el empujón decisivo hacia el abismo. Es esa voz que dice: “Apuesta todo al negro”, “Solo una copa”, “Atácale ahora”, “Di esa frase que estabas reprimiendo”, “Vuélvete loco”, “No acabes la carrera”…

Para enfrentar a esta voz, una persona necesita que se le den dos permisos:

  1. Permiso para escuchar sus voces interiores (así también se aprende a reconocer el estado Niño y el estado Padre)
  2. Permiso para no seguir las directrices que lleva en su estado Padre

Una alternativa

Como reprimir a la rana no funciona, una alternativa es mirarla a los ojos, escucharla, abrazarla. La rana está ahí y no se diluye. Es posible que con mucho trabajo terapéutico una persona logre que su rana, de verdad, se convierta en príncipe o en princesa. ¿Y cómo era eso? Pues era besándola.

Besa a tu rana.

Más de una vez, claro. Puedes reconocer a esta parte de tu personalidad cuando trabajas directamente con ella. Como ya hemos dicho, una forma es asistir a cursos de clown y teatro. Estos cursos permiten escuchar “la voz del diablo” en un espacio seguro: hacer el ridículo, fracasar, comportarse de manera irracional y mostrar la propia vulnerabilidad.

No esperes que otra persona identifique tu parte rana y la bese. Empieza tú besando a tu rana. Así serás capaz de besar la rana ajena. Precisamente esa es la caricia positiva incondicional: ser capaz de aceptar de una persona lo imperfecto, sus debilidades, su capacidad limitada de dar.

La vista en las oportunidades

Cuando ya tenía escrito el esqueleto del post para esta semana, sobre un tema totalmente distinto, me di cuenta de que los tres autores de los que hablaba se han dedicado a algo muy parecido desde distintas perspectivas: a deshacer la programación de vida instaurada en nuestro cerebro y que nos impide ver lo que tenemos delante.

Tres hombres que podrían ser Berne, Watzlawick y Taleb, pero no lo son
Imagen de John R Perry en Pixabay

Estos tres hombres podrían ser Watzlawick, Taleb y Berne (en ese orden)… pero no lo son.

Dejar de aferrarse a las creencias

Este es el párrafo de Nassim Taleb que me llevó a conectar las ideas de los tres autores:

Cuando nos formamos nuestras opiniones a partir de pruebas poco sólidas, tenemos dificultades para interpretar la posterior información que contradice tales opiniones, incluso si esta nueva información es claramente más exacta.

Como buscamos confirmar nuestras creencias, solo tomamos de la realidad los datos que cuadran con ellas, obviando lo demás.

Paul Watzlawick podría continuar el texto de Taleb así:

(…) una información adicional, contraria a la primera explicación, no da lugar a correcciones, sino a una ulterior reelaboración y refinamiento de la primera explicación.

Podemos dar explicaciones innecesariamente complicadas y hasta absurdas que justifiquen nuestra primera opinión, sin darnos cuenta de que hay que tirarla por tierra y volver a empezar.

La hipótesis fundamental de Watzlawick es que la percepción de la realidad se da a través de la comunicación, pero es una percepción alejada de los hechos. Esto se produce a través de la confusión, la desinformación y distintas concepciones del mundo. Al comunicarnos, utilizamos palabras que definen la realidad según nuestras creencias, por lo que dejamos fuera otras palabras (conceptos, ideas, posibilidades) que pueden ampliar nuestra visión del mundo.

Y es que, según Watzlawick:

Todo lenguaje se apoya en la concepción de la realidad de quienes lo utilizan y a su vez determina y perpetúa esa realidad.

Pasando de nuevo el testigo a Taleb, este autor describe muy bien las falacias en las que solemos caer fácilmente.

  • La falacia de confirmación, que en programación neurolingüística (PNL) se llama generalización. Muchas personas confunden la afirmación “casi todos los terroristas son musulmanes” con la de “casi todos los musulmanes son terroristas”. Si el 99% de los terroristas son musulmanes, esto significa que un 0,001% de musulmanes son terroristas, ya que hay más de mil millones de musulmanes y quizá unos diez mil terroristas.
  • La falacia narrativa, que en PNL se llama simplificación. Tenemos una habilidad limitada para ver las secuencias de acontecimientos sin añadirles una explicación o buscarles un sentido. Al revés, nuestra mente está preparada para retener información comunicada a través de historias. La falacia narrativa hace que forcemos vínculos entre los hechos, aumentando nuestra impresión de comprender.
  • La falacia lúdica: lo que se enseña sobre probabilidad en las universidades está basado en el juego: tirar un dado o una moneda un número de veces. Pero, como nos cuenta Taleb, «los atributos de la incertidumbre a los que nos enfrentamos en la vida real guardan poca relación con los rasgos esterilizados con que nos encontramos en los exámenes y los juegos».

De los guiones de Eric Berne hemos vuelto a hablar hace poco cuando explicábamos la importancia de saber decir “Hola”.

Según Berne, las conductas responden a guiones o argumentos que las personas han creado en sus primeros cinco años de vida. Este guion se revisa entre los cinco y los once años y se refina durante la pre-adolescencia. Los padres refuerzan determinadas conductas verbalmente y, cuando lo hacen con determinación, esto queda grabado en el guion de vida de una persona. Los padres enseñan no solo a cómo ponerse de pie, sentarse o hablar, sino también cómo sentir, cómo pensar, qué creer, quiénes son los malos…

La descripción que hace a veces Berne de cómo está programado el guion en una persona es desalentadora. Lo asimila a tener en la mente una pianola con un rollo perforado que ya tiene una melodía escrita. La persona cree estar tocando las teclas, incluso con entusiasmo y fuerza, cuando en realidad está siguiendo lo ya escrito en su guion en los primeros años de vida. Los demás también piensan que la melodía se está creando en ese momento. Podría dejar de esforzarse y sonaría la misma música. O podría introducir pequeñas variaciones sobre el mismo tema…

Abrirse al futuro

…así que hay sitio para la esperanza. Los tres autores contemplan la posibilidad de que las personas tomemos conciencia y dejemos de filtrar la realidad a través del férreo sistema de creencias y prejuicios que tenemos programado.

Esto se hace a través de la experimentación, con la vista puesta en las oportunidades, abriéndose a lo nuevo que pueda venir, sin definirlo, en lugar de buscar algo concreto, porque entonces la mirada se sesga y se estrecha.

Aprovechemos cualquier oportunidad, o cualquier cosa que parezca serlo.

Esto nos dice Taleb, para quien es más importante trabajar en perseguir oportunidades y exponerse a ellas, que quedarse en algo repetitivo o mecánico. La repetición es lo más cómodo del mundo, pues pone en funcionamiento mecanismos ya aprendidos. Lo malo es que, además de aburrir soberanamente, deja la mirada en el pasado e impide captar nuevos aires.

Por su lado, Watzlawick busca que el lector tome conciencia a través de “justo lo contrario”: explica cómo no cambiar nunca de opinión, la escalada de inferencias, la profecía autocumplida, espantar elefantes dando palmadas o cuidarse mucho de alcanzar las propias metas. También lista una serie de frases que las personas se dicen unas a otras que podrían ser un catálogo de análisis transaccional escrito por Berne:

  • «Sé espontáneo». ¿Quién puede cumplir esta frase?
  • «Si me amases de verdad, comerías ajo de buen grado».
  • «El ser humano debe ser noble, dispuesto a ayudar y bondadoso»
  • «Todo es culpa de los extranjeros (o cualesquiera otros que no pertenezcan a mi grupo)»

Berne ve una posibilidad de salir del guion a través de la improvisación y el humor. La forma de hacerlo es pasar cada vez más tiempo en el estado adulto del yo, en la acción y en el presente, sin prejuicios ni creencias. Se logra trabajando, meditando, abriéndose a ver la realidad, aceptando a los demás, especialmente a las personas difíciles, y asintiendo a lo que es tal y como es.

Watzlawick también nos habla de una profecía autocumplida que puede ser positiva:

Si sé el futuro, en el presente actuaré dirigiéndome a ese futuro.

¿Qué hace una persona con un guion ganador? Se fija un objetivo, comunica este objetivo a los demás y lo alcanza. El ganador sabe lo que hará a continuación si pierde, pero no habla de ello: normalmente, buscará vías alternativas de acción hacia su objetivo. El ganador tiene la vista puesta en su plan de acción futuro.

Y los sueños ¿sueños son?

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Las ruinas circulares. Borges

Alguien me sugirió que escribiese sobre los sueños en este blog. No había pensado que pudiera formar parte de lo que estoy tratando últimamente, pero de pronto recibí un regalo: Fundación Telefónica daba una conferencia sobre los sueños como parte de su ciclo Repensando el mañana: ¿Para qué soñamos?

Mujer durmiendo en la cama, tal vez soñando
Imagen de Claudio_Scott en Pixabay

Sidarta Ribeiro y Mariano Sigman mantuvieron una charla con la periodista Pampa García Molina sobre el tema, tomando como base el libro El oráculo de la noche, de Sidarta Ribeiro. Y lo que hablaron en ella los neurocientíficos invitados me acabó de convencer de tratar sobre los sueños ahora.

Comienzo por el final: me sorprendió positivamente cómo el autor del libro, un neurocientífico, daba valor a toda la tradición ancestral, esotérica y psicoanalítica del análisis de los sueños.

Recuerdos y proyección de futuro: los dos componentes de los sueños

Los sueños son producto de la actividad de las neuronas. No son solo recuerdos, sino que se involucra al sistema de recompensa del cerebro (deseos y miedos). Sirven para forjar lo que somos y preparar el día siguiente. De esta manera, se podría decir que quien sueña menos es menos sí mismo (en palabras de Mario Sigman).

La actividad eléctrica del cerebro durante la noche es tan alta como durante el día. Es, sin embargo “otra fiesta”. Una de las explicaciones de la necesidad de soñar es que nos permite ordenar “en silencio” y asimilar lo que se vive en el día. Tiene una parte de reactivación de memorias y consolidación de lo importante, descartando el resto.

Además de ese “revivir el día”, tiene el componente de tratar de ensayar o adivinar lo que va a pasar al día siguiente, es decir, en el futuro. Esto lleva a Sidarta Ribeiro a llamarlo “oráculo probabilístico”: con el ayer imaginamos el mañana. Por tanto, hay algo de premonitorio en los sueños, se generan nuevas ideas y se juega con distintos futuros.

Vadim Zeland va más allá, afirma que los sueños reflejan acontecimientos reales que podrían suceder en el pasado o en el futuro. Así, las imágenes que vemos parecen pertenecer a un mundo aparte, lo que descartaría que los sueños imiten la realidad. En ese caso, la mente no inventaría sueños, los “vería”.

Volviendo a la conferencia, el sueño es una parte importante de la vida y su origen se remonta millones de años atrás. No le damos el valor que tiene, no lo ponemos al nivel de la vigilia. Aquí, Mariano Sigman mencionó Las ruinas circulares, de Borges: un hombre se propone crear a otro hombre durante el sueño, por lo que se consagra a dormir y soñar, mientras que en la vigilia tan solo se alimenta frugalmente.

Sidarta Ribeiro no olvidó mencionar a Freud y Jung, que ya trabajaron sobre los sueños.

El sueño prepara al soñador para el día siguiente. Carl Jung

Estos estudios se abandonaron por tener el enfoque subjetivo del psicoanálisis, mientras que ahora es posible retomar el tema desde el punto de vista neurocientífico.

Soñar… jugar

Los patrones cerebrales del sueño se pueden analizar, y estamos en el camino de poder ver y grabar las imágenes que se producen en la corteza visual del soñador.

Por otro lado, en el sueño, el cuerpo se separa de la cognición. Podemos volar, saltar, respirar bajo el agua, morir… Es en muchos sentidos como un juego, como una realidad virtual en la que ensayamos mientras el cuerpo se queda quieto.

Personal de la armada de los Estados Unidos usando un sistema de realidad virtual para entrenarse
021115-N-5862D-001 NAS PENSACOLA–“Virtual Reality” Navy and Marine Corps aviators receive state of the art training at the Naval Survival Training Institute aboard NAS Pensacola Fla. (Photo by PHC(NAO) Chris Desmond COMNAVCRUITCOM)

En este sentido, los sueños lúcidos son un interesante campo de ensayo: el soñador controla el sueño, es su guionista. De esta manera, tiene una actitud activa hacia el sueño, va a cazar sueños, no a ser cazado.

Pensamientos y sueños están alojados en una “malla” de neuronas. Uno de los experimentos que se han realizado es evocar un aprendizaje a partir de un olor. Primero, la persona durante la vigilia aprende una información y se relaciona con un olor, por ejemplo a rosas. Después, durante el sueño, ese olor a rosas hará que la persona trabaje sobre esa información y al día siguiente recuerde más que antes del sueño.

Interpretación de los sueños

En cuanto a la interpretación de los sueños, de nuevo Sidarta Ribeiro nos indica que no hemos de desdeñar la interpretación que se viene haciendo de forma ancestral. Lo cierto es que un catálogo de significados no resulta útil, sino que el sueño solo puede ser interpretado por la propia persona, alguien cercano o su psicoanalista. Aunque esto también se abandonó por no tener base científica, ahora se sabe que hay neuronas especializadas en personajes o entidades imaginarias, que se activan cuando los evocamos o soñamos con ellos.

Desde el punto de vista de las constelaciones familiares, el sueño utiliza símbolos, la metáfora es su lenguaje. Por tanto, solo se interpretan aquellos símbolos que piden ser escuchados, por ejemplo, sueños repetitivos o desagradables. El resto de sueños hacen un trabajo sin nuestra intervención consciente. También es interesante el análisis del insomnio, cuya causa estaría en una culpa no asumida, propia o que puede venir de muy lejos.

Puede ser interesante crear un “sueñario” para conocernos mejor. Cuando tenía 15 años pasé un verano en Irlanda. Tuve unos sueños muy extraños, y se me ocurrió llevar un diario de los sueños; no sabía que se podía llamar sueñario. Lo que sí sé desde entonces es que, cuando se experimentan circunstancias novedosas, los sueños cambian y se vuelven más creativos y apartados de la realidad. Yo los llamo “sueños siniestros“. Y esto lo estamos viviendo también en esta época.

Sueños Covid

¿Recuerdas haber soñado con las mascarillas, con las restricciones, con las personas que han enfermado, las que han muerto?

Se han hecho varios estudios sobre los sueños a partir del confinamiento del año pasado y de la situación que continúa. Lo que se ve es que se tarda un tiempo en incorporar a los sueños algo que nos resulta desagradable: se llama “represión de memorias”.

Es posible que colectivamente estemos teniendo sueños siniestros o pesadillas, esas que también reflejan el síndrome de estrés post traumático. Los sueños colectivos buscan predecir un futuro impredecible. Tal vez podamos resolver, también colectivamente, el significado de lo que soñamos, devolviendo a los sueños su importante estatus. Es justo la pretensión de Sidarta Ribeiro.


Se nos quedan muchos temas en el tintero: ¿Cuándo se sueña? ¿Cuánto dura un sueño? ¿Qué tipo de patologías pueden revelar las disfunciones en los sueños?

La visión humanística, integradora y respetuosa de este neurocientífico sobre la historia de los sueños en la humanidad me lleva a indagar más. Es posible que sigamos tratando este tema más adelante.

Cómo decir “Hola”

Foca saludando

[Imagen de Taken en Pixabay]

Eric Berne escribió un libro titulado ¿Qué dice usted después de decir “Hola”?

Esta es una pregunta muy rara. Y el médico psiquiatra que la formuló lo sabía. Por eso explica:

Esta pregunta pueril, aparentemente tan tonta y falta de profundidad que es de esperar en una investigación científica, en realidad contiene en sí misma todas las cuestiones básicas de la vida humana y todos los problemas fundamentales de las ciencias sociales.

Es más, después de decir “Hola”, las personas se involucran en distintas formas de comunicación que evitan toda intimidad: rituales, procedimientos y juegos.

Estas formas de comunicación se basan en algo que ya hemos visto en el blog: los estados del yo: Padre, Adulto y Niño. Solo la relación de Adulto a Adulto puede llegar a una comunicación real y a una intimidad. El resto sirve para justificar la posición existencial, una posición que se relaciona con el guion de vida que se representa y los personajes que se escogen para participar en él.

Pues bien, antes de entrar en todo este análisis que llevó al autor a la práctica clínica con grupos durante varios años, se comienza con algo tan sencillo como un “Hola”.

¿Cómo dices “Hola”?

En una época en la que hasta varias compañías grandes se apropian del “Hola” como “imagen de marca”, en la que la mayoría de las veces que decimos “Hola” a lo largo del día es a través de whatsapp, en la que el saludo en persona se ha vuelto incómodo porque hemos tenido que desautomatizar los besos, los abrazos y el darse la mano, este “Hola” debería ser sagrado.

La importancia que le damos es tan alta como la que damos a memorizar el nombre de una persona que nos presentan: normalmente ninguna.

No nos planteamos a quién estamos saludando. Si la persona es conocida, asumimos que “es la misma”. Pero las personas cambiamos a cada momento, nos suceden cosas, nos influyen acontecimientos externos e internos…

Decir “Hola” correctamente es ver a la otra persona, ser consciente de ella como fenómeno, hacérsele presente y estar dispuesto a que ella se te haga presente.

Una vez leemos esta descripción de lo que Eric Berne considera un “Hola” real, nos damos cuenta quizá de que, la mayoría de las veces, preferimos no ver a la otra persona, no ser consciente de ella y por tanto no hacernos presentes ni permitir que la persona se haga presente. Más bien es un trámite, una caricia de bajo nivel para saltar a continuación a dar al Play de nuestro disco-rollo que llevamos preparado.

Este “Hola” real se engloba en las experiencias de consciencia y espontaneidad sencillas, como ver los árboles o escuchar el canto de los pájaros.

Bueno, quizá no hay por qué abrirse a una experiencia real en cada “Hola” que se comparte. Pero si se quiere hacer en algún caso, pueden seguirse estos pasos:

Pasos para decir “Hola”

Creo que merece la pena citar de forma casi literal a Eric Berne en este punto. Lo que tienen estos genios es que han expresado cada idea de forma tan clara que reescribirla es empeorarla.

Paso 1

Primero, deshazte de toda la basura que se ha acumulado en tu cabeza y reconoce que este “Hola” en particular ya nunca volverá a darse.

Paso 2

Para devolver el “Hola”, deshazte de toda la basura que tienes en la cabeza y date cuenta de que ahí hay una persona esperando a que le devuelvas el “Hola”.

Paso 3

Después de decir “Hola”, deshazte de toda la basura que se está volviendo a meter en tu cabeza, en particular, los residuos de los agravios sufridos y los anticipos de los líos en que piensas meterte. Entonces te quedarás sin habla.

Nota: los pasos 1, 2 y 3 pueden llevar años. En el paso 3, una vez pasados estos años, es posible que se te ocurra algo ingenioso que añadir.

¿Qué es eso de la basura?

Esa basura consiste en todas las estrategias que hemos ido aprendiendo con el fin de confirmar una visión de la vida que hemos formado a partir de lo que los padres nos han transmitido y de lo que cada persona ha ido interiorizando como respuesta emocional. Es lo que la gente hace en lugar de decir “Hola”. Y de algo de ello hemos hablado varias veces en este blog. A modo de resumen:


¿Cómo dices tú “Hola”? ¿Qué dices después? 

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. Y estoy encantada de que te guste tanto este tema que te suscribas a mi blog. 🙂

Go with the flow

Quieres hacer un regalo X a alguien, pero ese X no se encuentra en ninguna tienda. Lo buscas online y no hay stock. O bien lo pides por Internet y lo que llega no es lo que pedías. En cambio, ves anuncios de Y, o varias personas te hablan de Y, o incluso un Y llega a tus manos fácilmente: tal vez Y es el regalo.

¿Cómo sería tu vida si no cuentas con nada y te abres a todo?

La vida es eso que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes. John Lennon

Parece ser que John Lennon dijo esta frase. Puede que se diera cuenta de que la vida va ofreciendo un camino sobre el que podemos intervenir poco, ya que estos planes que nos ocupamos en hacer no suelen ir alineados con lo que  sucede.

No contar con nada significa no hacer otros planes, no anticipar, no agarrarse. Abrirse a todo permite ver el movimiento real de la vida, de lo que realmente sucede, soltando el agarre y dejándose llevar.

Podemos tener un objetivo, comprar X, y eso es compatible con dejar que las cosas sucedan. Al final, puede que acabemos comprando Y, o también es posible que comprar X sea acertado, pero que no sea el momento. Entonces la vida pide un ejercicio de espera, es decir, de paciencia.

¿Y cómo se rellena el tiempo mientras las cosas ocurren?

Si te das cuenta, la pregunta está mal planteada. El tiempo no se rellena, se vive. Las cosas están ocurriendo ahora. Pero mucha gente vive con esa sensación de estar esperando algo futuro mientras el presente es una mierda. No hay camino más directo para la infelicidad.

Por ello, es importante dejar de lado aquello que se espera hasta que pueda ocurrir, si es que va a ocurrir. Y esto permite dar el foco a lo que está ocurriendo en el presente, que es la única verdad. Ojo, no a lo que según nuestras ideas debería estar ocurriendo pero no está ocurriendo. No. Eso es una pérdida de energía por un lado y por otro una presión sobre la realidad que es imposible ejercer, entonces se vuelve contra la persona que trata de controlar lo que está más allá de su control. Es atender a lo que sí está pasando “como si no hubiera nada más”, porque en realidad no lo hay.

Por ello a veces es interesante pararse a observar una sombra avanzar sobre una roca. Eso ocurre en el presente.

¿Por qué la mente se fija en lo que falta?

Tal vez el origen de fijarse en lo que falta esté en el mundo animal: un animal mapea el territorio buscando dos cosas, sobrevivir y reproducirse. Sobrevivir a través de encontrar alimentos y reproducirse a través de encontrar parejas sexuales.

Cuando se quita la supervivencia de la ecuación, “lo que falta” responde a creencias: falta según lo que crees que debería estar ahí y no está. Así, podemos contrastar fácilmente que “lo que falta” no es algo universal para todas las personas, sino que a cada cual le falta algo diferente, e incluso le falta lo que al otro le sobra. Lo vimos especialmente en el confinamiento, cuando quien estaba en soledad deseaba desesperadamente compañía y quien estaba en compañía quizá anhelaba tener soledad.

Pero lo que hay es lo que hay: eso es todo. Y si es todo, no falta nada.

La mente percibe “lo que falta” como una pieza de un puzle que no está en “su sitio”. Pero si miras un paisaje, ¿podrías afirmar que falta una roca, un árbol o una rosa? ¿Cuál es el sitio de las cosas, las personas y los acontecimientos? ¿Lo tienen? ¿Lo podemos controlar?

Árboles, montaña rocosa al fondo y rosas rosas en primer plano

Solo en el momento en el que se pone la mirada en lo que se tiene delante aceptándolo como es, comienzan a surgir opciones nuevas e inesperadas en ese paisaje que al principio parecía árido.

  • La mirada en lo que no está ahí causa sufrimiento.
  • La mirada en un futuro por llegar impide recoger los frutos del ahora.
  • La mirada en el pasado solo repite lo que ya se sabía.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Sientes que falta algo en tu vida? ¿Cómo haces para adaptarte a lo que sí está en ella?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Palabras grandes, palabras pequeñas

Hace tiempo que el tema revelación para mí es “todo es más prosaico”, o también “nada es tan importante”. Por ello, voy dando pasos en quitar el exceso de importancia, empezando por mí misma.

Esto está muy bien reflejado en el final de La vida de Brian: ¿se puede desdramatizar más una situación?

El camino de lo prosaico consiste a mi entender en deshacerse de “la gravedad” de los asuntos que realmente no son graves. No poner peso. Un peso que muchas veces procede de las creencias, los prejuicios, las tradiciones… es decir, del pasado.

Uno de los personajes que inspiró muchos post de este blog, Ernie J. Zelinski, es un experto en desdramatizar, en convertir las palabras grandes en palabras pequeñas. Así, es capaz de escribir un libro titulado El placer de no trabajar u otro llamado Éxito real sin un trabajo real.

Dejar de prestar tanta atención

Reunión desenfadada en oficina

[¿Has visto qué felices están estos mientras trabajan? Seguro que han visto el vídeo de Meetings, Bloody Meetings]

Puede que el primer paso para quitar la carga de ideas, situaciones, personas o creencias sea dejar de prestar (tanta) atención. Y una manera de conseguirlo sea cambiar el lenguaje.

En el ejemplo de La vida de Brian, la situación cambia totalmente de código cuando los personajes, en lugar de prestar atención a dónde se encuentran y lo que significa, convierten el cuadro en un número musical con su pequeño baile incluido. 

El lenguaje que intensifica la atención en algo es muy categórico:

  • Siempre me pasa lo mismo.
  • Estoy totalmente sola.
  • Nadie me ayuda.
  • Todo el mundo sabe que…

Es la generalización, ya estudiada muy de cerca por la PNL.

Y luego están las palabras grandes y graves. Cada uno que escoja cuáles le suenan a grandes y a graves y que busque otras que le parezcan más cercanas, livianas, suaves.

El papel del humor

Para salir de las palabras grandes y dramáticas, como por ejemplo “enfermedad degenerativa”, hace falta una dosis de humorismo, un planteamiento del mismo tema dando un paso atrás que permita verlo y relativizar.

Eso es lo que los Monty Python hacían. John Cleese, por ejemplo, fundó una compañía de formación mediante vídeos, VideoArts, de la que ya hemos hablado en alguna ocasión, en la que se regían por un planteamiento muy simple:

La gente no aprende nada si está dormida y muy poco si está aburrida.

Así que producían vídeos tan inolvidables como Meetings, Bloody Meetings (Reuniones, malditas reuniones): si una reunión no tiene un objetivo claro y no se organiza bien, resulta una pesadilla. Esto, que parece cultura popular, se puede explicar de muchas maneras, ninguna comparable a esta:

Me gusta el apunte que hace Carlo M. Cipolla en Allegro ma non troppo:

El humorismo es la capacidad de entender, apreciar y expresar lo cómico.

No se trata de humor chabacano, ni de ironía o sarcasmo. No se basa por tanto en reírse de otras personas, sino en captar el aspecto cómico de la vida y practicarlo en el momento oportuno.

Pues dentro del camino de lo prosaico, que va de las palabras grandes a las pequeñas, está el humorismo como un gran acompañante.


¿Qué opinas? ¿Cuáles son las palabras grandes que te gustaría sustituir? ¿Cómo haces para quitar hierro a los asuntos? 

Como siempre, agradezco que me leas y compartas. ¡Grazie mille!