Antagonistas y conflictos

Empieza una película, presentan a los personajes, se identifica al personaje principal, se tiene una idea de quiénes son y qué tipo de vida llevan. Al cabo de unos cuantos minutos, estos personajes siguen haciendo su vida normal y el espectador empieza a aburrirse. Si la situación continúa igual, la película no enganchará. ¿Por qué? Porque no hay conflicto, no hay giro de guion, no hay cambio de la situación de los personajes de mejor a peor.

Esto ya lo planteó Aristóteles en su Poética, pero no voy a hablar de Literatura, sino de la vida misma.

Entrada para el cine: antagonistas y conflictos

El antagonista

El antagonista es aquel personaje que se opone a los objetivos del protagonista. Aparece y empieza a plantear frenos y zancadillas al protagonista. Y los espectadores empezamos a divertirnos. 

¿Quiénes son en nuestra vida los antagonistas? Se trata de las personas difíciles para cada uno de nosotros/as. Si nos fijamos bien, estas personas tienen una característica, o varias, que condenamos abiertamente en la otra persona. Puede deberse a que también tenemos estas características pero no queremos darnos cuenta (ver la paja en el ojo ajeno). O bien, tienen características que nos encantaría tener, pero no nos las permitimos.

Cuando compartimos características con los antagonistas, podemos agradecer que nos las estén señalando: tanto esas personas como nosotros estamos sufriendo lo mismo y reaccionamos de la misma manera ante ello.

Cuando no es así, nos podemos preguntar: 

¿Envidio yo lo que tiene esta persona, me gustaría tener lo mismo o ser de esa manera?

Los conflictos

Avanza la película aburrida y, no solo el protagonista no encuentra a nadie que persiga un objetivo contrario o simplemente frustrar sus objetivos, sino que todo le va bien en todas las áreas: trabajo, dinero, salud, amor… Si algún espectador continúa mirando, va a agradecer que en la vida de este protagonista surja un conflicto: que le echen del trabajo, que le deje su marido, que lo pierda todo en la bolsa… ¿Acaso somos sádicos que nos regodeamos en la desgracia ajena?

No, se trata otra vez de lo mismo. Lo que observó Aristóteles es que disfrutamos cuando los personajes de una historia tienen que superar obstáculos, cuando sufren, cuando su suerte cambia.

En la vida, ocurre algo parecido. Una vida sin dificultades puede ser agradable de vivir pero muy plana y aburrida, vacía de aprendizaje y crecimiento. Las dificultades que se nos plantean son las que nos permiten desarrollar formas creativas de resolverlas. Es cuando se ponen en marcha mecanismos de supervivencia, cuando acudimos a nuestro máximo potencial.

Rechazar el conflicto

El protagonista de la película aburrida encuentra por fin un conflicto, allá por el minuto 60 y, en lugar de vivirlo, lo huye. Coge un avión y se va a la otra punta del mundo, donde continúa viviendo una vida apacible y enormemente aburrida.

Cuando se rechaza el conflicto, lo más habitual es que este crezca, porque no está resuelto. La dificultad atraerá otras dificultades, la vida se irá complicando hasta que se decida vivirla con todo lo que conlleva.

Por tanto, puede ser interesante entrar de lleno en las dificultades, saber apreciar lo que luego proporcionan. La forma más fácil de admitir que las dificultades nos ayudan es mirar atrás y revisar las que ya se han superado.


Los próximos 12 y 13 de diciembre hablaremos de las dificultades en el curso de constelaciones familiares Las fuerzas del amor, abierto a tod@s. 

Cartel del curso online Las fuerzas del amor, 12 y 13 de diciembre.

Salvar la magia

El pasado sábado pude ir a un show de magia en A toda magia, con la actuación de Edu el mago. Este “mago de altura” (como él mismo dice) es un mago excelente, humorista y bailarín de danza urbana. Es un animador nato, con una capacidad increíble de recordar los nombres de todas las personas con las que interactúa y de manejar la información de una manera desenvuelta e ingeniosa.

Edu el Mago en una actuación en A toda Magia con dos personas del público

Conocí este centro de magia a través de uno de sus alumnos aventajados y compañero de teatro. Fui a verlo el 8 de febrero y me apunté mentalmente ir de vez en cuando a ver el show: un espacio acogedor, el público distribuido en mesas, se puede pedir un picoteo a buen precio y el show también tiene un buen precio.

Kiko del Show lleva el negocio desde hace 12 años de forma entusiasta y apasionada, le gusta lo que hace y lo transmite. Su sofisticación llega al nivel de tener una cortina automatizada que se cierra o abre con un mando a distancia.

Después vino el confinamiento.

Y volví al mismo lugar el sábado 7 de noviembre.

Kiko del Show había tenido que cerrar su negocio durante 7 meses y había empezado a abrir tímidamente, con el aforo reducido y todas las medidas de seguridad posibles. Aun así, ¿es posible mantener el negocio?

La pasión de Kiko del Show sigue ahí tantos meses después, pero su voz se quiebra cuando cuenta a su público que se está planteando seriamente, después de 12 años, cerrar su espectáculo. Cerrar lo que es su vida porque no cuadran las cuentas.

Cuando pensamos en locales a pie de calle, solemos quedarnos en los bares y poco más, también porque es de lo que más se habla. Además de los bares, hay muchos negocios que dependen de particulares: la formación presencial, las escuelas de danza, música, teatro, pintura, etc., las librerías, las tiendas de juguetes, los bolos, los teatros, los magos, improvisadores, monologuistas, clowns…

Es comprensible que no se quiera volver al confinamiento total para no acabar de hundir negocios como estos, si bien el confinamiento empieza a ser “mental”. Se nos van olvidando las opciones todavía disponibles porque nos vamos habituando a un tipo de vida más enclaustrado y monótono. Así, los negocios agonizan, la gente tiene miedo de acudir o simplemente no se acuerda de que eso estaba ahí.

Es un paso muy duro para muchos. Hasta ahora, hemos hablado de las alternativas online a la formación presencial. Y el propio Kiko del Show hace espectáculos en vivo a través de su cuenta de Instagram. Pero un espectáculo visto en una pequeña pantalla no tiene nada que ver con un espectáculo visto en persona. Ni se puede cobrar lo mismo. Un espectáculo online no sirve para mantenerse.

En la carrera (Económicas) estudié que esto era el mercado: las empresas que se adapten, continúan, las que no se puedan adaptar, caen. Surgen nuevas empresas que responden a nuevas necesidades. Cuando se ve así, parece un proceso muy limpio: la Economía es amoral.

Y verdaderamente, nuestro destino colectivo actual parece indicar que esto tiene que ocurrir así, que unos van a caer y otros no y que los que nos vamos quedando tenemos que seguir caminando hacia adelante, aunque nuestra mirada se dirija con compasión a los que caen.

Aun así, no puedo evitar tratar de salvar a alguno por el camino, salvar el teatro, salvar el cine, salvar la magia.

Salvar la magia es como salvar a las hadas en Peter Pan, se consigue mediante aplausos. Y el mago los tiene que escuchar.

Te animo a informarte del siguiente espectáculo de A toda magia, creo que lo disfrutarás mucho.

El vacío creador

La amenaza del confinamiento sobrevuela nuestras cabezas. Puede que no llegue a ocurrir, pero la situación de aislamiento vivida por unos meses ha dejado una huella profunda, que hace que tengamos (más) horror al vacío.

Agujero negro

Se acaba un proyecto, se acaba una relación, se acaba un trabajo, se restringe una actividad… y no hay nada en el horizonte. Se anticipa el hueco que esa actividad va a dejar y la primera reacción es rellenarlo como sea.

Cuando se trata de trabajo, es cuestión de supervivencia, pero incluso en este caso, hay un componente de miedo ante el abismo que se abre, miedo a las situaciones de incertidumbre.

¿Qué va a pasar? ¿Dónde voy a ir? ¿Qué voy a hacer esas horas libres?

El vacío forma parte de ti

Desde luego, no nos planteamos que el vacío forma parte de nosotros/as, incluso en nuestro propio cuerpo. Está en cada célula, en cada átomo. El vacío es lo que más abunda en el Universo: ausencia de.

Tampoco nos planteamos que tiene que quedar un hueco para que otra cosa lo llene. La tendencia es a hacer malabarismos, incluyendo de más, superponiendo actividades, proyectos y vidas para que en ningún minuto del día se produzca un silencio.

Ese silencio se parece demasiado a la muerte.

El vacío es creador

Pero el vacío no es la muerte. El vacío es creador. Es la condición para que haya creatividad, para que algo que no estaba antes allí pueda surgir.

Por ejemplo, John Cleese habla de la necesidad de reservar un tiempo en “aislamiento” para permitir que la creatividad surja. En general, los grandes artistas tienen muchas horas “vacías” en su día a día, en las que de pronto se inspiran y dan con una idea que les lleva a la acción, a un trabajo frenético para reflejar esa idea en algo material.

Cleese también resalta la importancia de jugar como parte de la creatividad. Este jugar es saber volver al Niño libre, saber salir momentáneamente de las normas y permitir que el vacío del momento presente se llene de formas nuevas, ideas nuevas, una mirada nueva.

Vacío y lleno, dos polaridades

Las polaridades de vacío y lleno están muy bien reflejadas en la tradición oriental: yin y yang. Al hacer Tai Chi, la maestra china nos podía decir: “eso ya está vacío”. Estaba “lleno” cuando todavía había un potencial de desarrollo de un movimiento. Estaba “vacío” cuando el movimiento se había completado y no se podía continuar.

Esto me recuerda a algo de lo que ya hemos hablado: el camino es la meta. El camino está “lleno”, la meta está “vacía”. El mundo actual parece consistir en alcanzar metas y no permitir un vacío necesario antes de seguir “llenando”. Esto también lo señalaba Zygmunt Bauman en Modernidad líquida: el individuo nunca está completo, nunca puede descansar ni darse por satisfecho; por tanto, está obligado a ir siempre a más.

Así que, cuando la vida te obliga a parar, experimentas de forma muy clara el vacío. Es posible que esta experiencia venga acompañada de ansiedad o tristeza. A continuación, si se resiste la mirada a ese abismo infinito, surge la posibilidad de crear. Y esa es la creación más satisfactoria.

Los convivientes

La situación actual nos invita a permanecer el máximo tiempo posible con “los convivientes”.

Me gustaría analizar esto. Tengo la sensación de que este consejo se limita a la versión ideal de la familia nuclear. Así, los convivientes son los padres y sus hijos y son felices conviviendo juntos.

Una familia de madre, padre e hijos ju

Permanezca el máximo tiempo con nadie

Desde hace años, el concepto de familia se ha abierto y ha incorporado muchas otras realidades, tal vez más frecuentes: 

  • Una persona que vive sola.
  • Una persona divorciada que vive con sus hijos una parte del tiempo.
  • Una persona que tiene pareja de hecho, pero no vive con ella.
  • Una persona mayor sola.
  • Una persona mayor en una residencia, rodeada de “convivientes” pero no de familiares cercanos.

En estos casos, los convivientes son en el mejor de los casos los hijos, y en la mayoría, nadie. No hay convivientes. De manera que la situación de prevención nos plantea “permanecer con nadie”.

Hay una mujer de 104 años en una residencia que pide ver a sus hijos. ¿Qué sentido tiene que permanezca encerrada “a salvo” con esa edad? Esta mujer debió de nacer en 1916, ya lo ha visto todo. Está claro que ella prefiere estar con sus seres queridos el tiempo que le queda.

Permanezca el máximo tiempo con los que no soporta

Otra situación no contemplada es que haya convivientes y la persona necesite dejar de verlos por periodos más o menos largos a lo largo del día. Estos convivientes pueden ser sus familiares, pero también pueden ser compañer@s de piso a los que no se siente especialmente unida.

Muchas personas en esta situación pueden desear intercambiarse por esas otras personas que viven solas o que solo están con sus hijos en casa, mientras su pareja está en otra.

En la situación anterior a la pandemia, podían:

  • Volver mucho más tarde del trabajo.
  • Salir a tomar algo con amig@s.
  • Salir, precisamente, para ver a sus familiares.
  • Tener todo tipo de actividades en el exterior: gimnasio, bici, correr, baile, teatro…

La situación actual, no de confinamiento pero sí de restricciones, pone a prueba los lazos familiares y las relaciones con simples compañer@s de piso… o de residencia. Esto obliga a hacer un trabajo de aceptación de las personas con las que se convive.

La mirada a todos

Creo que en las medidas que se toman se puede incluir la mirada a todos, a los que conviven y a los que no conviven. Dentro de la mirada a los que conviven, incluir a quienes conviven con personas con las que comparten el espacio, pero no los vínculos de afecto. Dentro de la mirada a los que no conviven, incluir las casuísticas más complejas hoy en día, en que las personas de apego no comparten casa pero sí tienen una vida en común.

Mientras esto sucede, mientras se cae en la cuenta, quienes escuchan la frase “permanecer con los convivientes” con una mezcla de resignación y amargura, podemos trabajar para tomar esta situación de otra manera.

La situación es la que es. La persona está con nadie o está con los que no soporta o está con los que no conoce. Por tanto, el asentir a su situación es el primer paso para llevarla mejor.

Además, una vez se abraza la situación que se tenga, se pueden encontrar ventajas y formas de vivirla de manera activa y con confianza, en lugar de vivir de forma reactiva o pasiva.

Y ahora un poquito de humor

Estaría gracioso que se nos diese a elegir si queremos cambiar nuestra situación durante la pandemia, como en un juego. ¿Te imaginas? Estas serían las condiciones:

  1. Puedes cambiar solo una vez, es decir, una vez elijas tu nueva situación, debes permanecer en ella hasta el fin de las restricciones (duren lo que duren).
  2. Tienes que cambiar ahora. No vale con tratar de cambiar cuando las cosas se compliquen más, sino que tu elección ha de ser previa a la situación más restrictiva que se nos presente.
  3. Los nuevos convivientes, si los hay, deben estar de acuerdo con el cambio: también te tienen que elegir para convivir.
  4. La elección de la soledad prima: si no hay nuevos convivientes porque eliges la soledad, los antiguos convivientes pueden a su vez buscar otros convivientes, pero no te pueden elegir a ti.

Con estas reglas del juego, ¿cambiarías de situación? Me gustaría conocer tu respuesta.

Como siempre, agradezco enormemente que leas lo que escribo, gracias a vosotr@s, lectores y lectoras, seguimos al pie del cañón 12 años después. 🙂

¿Cuándo llega el éxito?

¿Sientes que hay éxito en tu vida? ¿Sí? ¿No? ¿Quizá estás esperando a que llegue el momento?

Solemos situar el éxito en el futuro. Y por eso, nunca llega.

De pequeños y de jóvenes colaba: quiero ser astronauta. Esa era la ilusión infantil, que pudo mantenerse, por ejemplo, hasta comprobar la dureza de la carrera de Aeronáutica, si no fue antes.

O quiero ser deportista de alto nivel. Pero no nos seleccionaron para el equipo.

Algunas ilusiones no las para la vida con tanta claridad, así que las podemos seguir manteniendo, por ejemplo, la ilusión de llegar a ser una escritora consagrada.

Renunciar a esta ilusión infantil y juvenil es muy difícil, pero es lo único que permite situar el éxito en el presente, abandonando tanto la mirada hacia el pasado como la esperanza de un futuro que no llega.

En el presente está la acción

No se puede actuar en un momento diferente al presente. Si se siguen alimentando las ilusiones del pasado, lo único que se logra es frustración: al comparar las expectativas con la realidad, encontramos el gran escalón entre ambas.

Por otro lado, no se puede actuar en el futuro. Hoy en día, con la situación actual de la pandemia, es muy importante recordarlo. La mayoría de nosotros acabamos utilizando la coletilla:

Esperemos que esto pase pronto y…

Se pase pronto o tarde, el momento presente es el que es, esto está ocurriendo: hay que vivir con ello. El momento presente se caracteriza por ser radicalmente distinto al pasado que hay que despedir y a un futuro que escribimos justo ahora.

No sabemos qué vendrá, ni cuándo. Situar la mirada en esa esperanza de que todo pase y se solucione y que haya sido “como si nada” solo puede generar sufrimiento.

Es más, al hacerlo, perdemos de vista los puntos positivos que ha traído esta situación insospechada. Y sobre todo, perdemos la posibilidad de actuar en esta realidad, tal como es, frente a estarla comparando con lo ideal desde la pasividad.

Situar el éxito en el presente

Situar el éxito en el presente supone cambiar la concepción de éxito que tenemos. Porque solemos identificar el éxito con aquello que le pasa a unos pocos, que suelen ser principalmente ricos y famosos.

Merece la pena preguntarse:

¿Necesito yo ser rica y famosa? ¿Forma eso parte de mi camino?

Porque igual tienes éxito en tu vida y no te has dado cuenta. Si lo piensas, ahora mismo estás con vida: eso es un éxito. Ahora mismo tienes las necesidades básicas cubiertas: eso es un éxito. Si tienes un trabajo, es un éxito. Si tienes hijos, es un éxito. Si tienes pareja, es un éxito. Si tienes seres queridos cerca, es un éxito.

Lo cual no significa que si no tienes trabajo, hijos o pareja, etc. sea un fracaso. Sigue siendo un éxito lo que vas logrando a cada paso que das, por pequeño que sea.

La meta es el camino

Hay un libro de Chögyam Trungpa que se titula El camino es la meta. Verdaderamente, el paso que estoy dando ahora en el presente es la meta. Es importante tener objetivos, claro está: permiten trazar una trayectoria. Sin embargo, con frecuencia los objetivos se convierten en fuente de fracaso porque nos ocultan el paso que doy hoy, es más, nos ocultan la necesidad de rectificar un camino equivocado.

Por ejemplo, si mi objetivo es llegar a ser una gran actriz de Hollywood, es posible que invierta muchos recursos en estudiar en las mejores escuelas de arte dramático, de inglés, de claqué… A saber. Y es posible que, durante las clases, olvide estar totalmente involucrada en lo que está ocurriendo si no veo una relación directa con mi objetivo. Sin embargo, es interesante prestar atención a lo que está ocurriendo en la clase, y quizá darme cuenta de que no es mi camino, no disfruto de esas clases, las sufro.

El éxito es ahora

Si en lugar de preguntarte cuándo llega el éxito decides ver el éxito ahora, quizá ese cambio de perspectiva provoque un gran cambio en tu vida. Y es posible que la única forma de verlo sea experimentarlo.

Eso es lo que vamos a hacer en el curso online El éxito, la fuerza del asentimiento este fin de semana: experimentar dónde están mis expectativas, qué es lo esencial para mí, cómo me relaciono con el pasado, dónde sitúo mi éxito y qué es lo que rechazo o me da miedo.

Elegir vivir en el presente y asentir a lo que toca son decisiones que solo se pueden tomar desde el adulto. Te invito a tomarlas y a dejar de vivir desde la queja y el victimismo.

Curso online abierto a todos

Sí, y además…

El concepto clave del próximo curso que imparto es el asentimiento. En palabras sencillas: decir sí.

Decir sí “a huevo” (como dice Lolo Diego de Jamming) es algo aparentemente sencillo. Es una de las pocas reglas del teatro de improvisación.

En el escenario, el compañero plantea una situación y, la forma de que el juego continúe, es construir a partir de esta situación. Por ello, se dice:

Sí, y además…

Parece sencillo, sin embargo, muchos nos resistimos al planteamiento del compañero: ¿cómo que somos saltamontes fucsias que saben hablar? La resistencia a lo que nos proponen suele deberse a tener un esquema ya planteado en nuestra mente de por dónde debe ir la historia, normalmente por caminos lógicos para nuestro razonamiento. Así que, respondemos:

Sí, éramos saltamontes, pero en realidad éramos azules, porque…

Al negar la historia del otro, tratamos de reconducirla por nuestro camino. Esto no funciona, desde fuera, el espectador ya había visualizado saltamontes fucsias y ahora son azules, y además, tiene que “comprar” la nueva explicación.

Decir sí a lo que nos propone la vida

Si ya es difícil decir sí a un compañero/a de improvisación, más aún decir sí a lo que nos propone la vida. Si te das cuenta, nos pasamos la mayoría del tiempo diciendo:

Sí, pero…

Sin embargo, la vida no es un compañero de impro. La vida continúa su avance y volverá a proponer el camino que te toca, quieras tú o no.

Sabiendo esto, ¿no sería interesante comprender por qué nos estamos negando a esta propuesta?

Decir sí es lo que nos lleva al siguiente paso, la aceptación de las cosas tal como son, no tal como nos gustaría que fueran, es lo único que nos permite transformarlas.

Yo lo visualizo como un semáforo en rojo.

Si quiero hacerme la ilusión de que está en verde, no me va a ir muy bien si a continuación acelero y continúo por la carretera. No está en verde, está en rojo. Claro que prefiero el semáforo en verde, es lo ideal, así no tengo que reducir, frenar, parar. Pero el hecho incontestable es que está en rojo.

Pues las propuestas de la vida van por ahí. Es el compañer@ de impro que propone un color y ese es el color con el que vamos a jugar.

Lo más curioso de todo es que, una vez aceptamos la propuesta, todo se aligera, se hace más fácil (algo que por otro lado tiene bastante lógica: si yo me empeño en que el semáforo en rojo está en verde y comienzo a circular, no me va a ir demasiado bien, precisamente). Si acepto que está en rojo, puedo respirar hondo y observar a los transeúntes cruzar, por ejemplo.

Aceptar la propuesta de la vida es lo que trae el éxito, un éxito paso a paso, instalado en el presente, en lo que hay, no en el futuro, en lo que nos gustaría que pasara.

Es posible que cada persona haya tomado decisiones que le alejan de poder decir sí a las propuestas de la vida, a la vida misma y, por tanto, al éxito. Y es posible que estas decisiones sean inconscientes.

Curso El éxito: la fuerza del asentimiento

Eso es lo que vamos a ver en el curso sobre el éxito: la fuerza del asentimiento tutelado por Insconsfa. Y lo veremos de forma práctica. Por mucho que yo afirme aquí que decir sí incluso a un semáforo en rojo es el camino, hasta que la persona no lo experimenta, no tiene por qué creerlo. Es más, es bastante sano que dude. Obsérvalo por ti mism@ y verás cómo cambia el curso de la historia y del juego cuando dices sí frente a cuando cuando dices no, pero en realidad está en verde para mí.

Curso online abierto a todos

Este curso está abierto a tod@s. Puedes saber más y reservar tu plaza aquí.

El destino colectivo

Cada uno de nosotros/as hemos nacido en una época y en un país. Por tanto, estamos inmersos, junto a todos los demás, en unas circunstancias concretas. No solo eso, sino que estamos todos interrelacionados.

Pudimos comprobar durante el confinamiento cómo unos pocos “servicios esenciales” estaban conectados en realidad con otros muchos servicios: transporte, almacenamiento, producción de distintos alimentos, producción de plásticos, atención telefónica… En realidad “tiras del hilo” y surgen una y otra vez otras profesiones igualmente esenciales.

Todos estamos, también, en la situación actual de la pandemia, en el mundo entero. No es posible salirse de ella. Al revés, únicamente podemos atravesarla viviéndola, viviendo el dolor que implica, por la pérdida de vidas, de trabajo, de seguridad… En el destino de todos estaba el coronavirus.

El destino de todos

El destino de todos es el destino colectivo.

Ante el cual, solo cabe una cosa: decir sí.

El concepto de destino colectivo nos invita a formar parte de un todo con el resto de personas. Por eso, no se puede separar en compartimentos estancos las actividades individuales de cada persona, por ejemplo:

  • Una persona va al gimnasio dos o tres veces a la semana. Está unida a la evolución de ese negocio, a las medidas de seguridad que se tomen desde los gobiernos, a las otras personas que asisten a él…
  • Una persona se queda en paro. Está unida a sus familiares, que también “se quedan en paro”, unida a la empresa que lo tuvo que despedir, unida a las razones por las que tuvo que hacerlo.
  • Un trabajador/a con dos hijos, confinan la clase de uno de ellos, automáticamente, tanto esta persona como el otro hijo están afectados, así como su trabajo.
  • Alguien que empezó el confinamiento sin pareja y sigue igual. Ahora vive en una zona con restricciones y escucha en los medios que es mejor no ver a personas con las que no se convive. Solo convive con su mascota. Se siente separado/a, a pesar de la gran cantidad de personas en el mismo caso: unidas en ese sentimiento de soledad.

Escapar al destino colectivo

Como el destino no parece halagüeño, el impulso es escapar de él, cambiarlo, hacer todo lo posible para luchar y evitarlo. Pero esto no es posible.

La pregunta: “¿Cómo podríamos haber impedido esto?” hace pensar que se tenía poder para evitarlo y aleja de la capacidad de actuar.

Bert Hellinger

Muchos hemos pretendido hacer como si nada hubiera pasado, muchos hemos creído que la “nueva normalidad” era la “normalidad de antes”, que la pesadilla se acababa con el calorcito y dejábamos atrás todo aquello que ni siquiera nos ha dado tiempo a digerir.

Pero no, todo eso ha ocurrido y sigue ocurriendo, y lo que era coyuntural poco a poco se hace estructural. Tantos meses después necesitamos asumir esta gran incertidumbre como parte de nuestra vida actual, la gran inseguridad, el avanzar a ciegas por la vida, pero avanzar con confianza en el momento presente.

En los atentados del 11 de marzo de 2004 murieron 193 personas. El pánico nos inundó. Recuerdo perfectamente las colas de gente para donar sangre. Había muerto mucha gente.

¿Cómo hacernos una idea si quiera de lo que significan los miles y miles de muertos en España por coronavirus? Creo que no nos es posible y, en parte, por ello negamos este destino colectivo o nos rebelamos contra él.

Pero creo que necesitamos ver lo que ha pasado, asumirlo, atravesar el dolor, que no termina porque las cifras continúan subiendo y, a pesar de todo, seguir mirando hacia adelante, hacia la vida, viviendo en el presente.

Esto “nos ha tocado”, es lo que hay. Se puede tomar una actitud pasiva, la resignación, o se puede tomar una actitud activa desde el adulto, la aceptación de las circunstancias.

Rendirse al destino colectivo y entregarse al servicio a la vida a través de todo lo que podamos hacer: trabajo, cuidado de personas, actividades… Entregarnos a nuestra misión en la vida.

Curso El éxito: la fuerza del asentimiento

El destino colectivo es uno de los conceptos que veremos en el próximo curso sobre el éxito tutelado por Insconsfa que imparto como aspirante a formadora homologada en las nuevas constelaciones familiares.

Finalmente, este curso se ofrece por videoconferencia los próximos 24 y 25 de octubre en horario de 16 a 20 ambos días.

Te animo a participar, este curso dará mucha fuerza a todos sus participantes.

El éxito: la fuerza del asentimiento

Los próximos días 24 y 25 de octubre imparto el curso: El éxito. La fuerza del asentimiento.

El éxito, la fuerza del asentimiento, curso tutelado por Insconsfa

Imparto este curso como aspirante a formadora homologada del Instituto de Constelaciones Familiares, Insconsfa, de Brigitte Champetier de Ribes, por lo que está tutelado directamente por este Instituto.

Los aspirantes a formadores homologados vamos a impartir una serie de cursos que conforman a su vez la formación como Especialista en las nuevas constelaciones familiares. Esto significa que los certificados y documentación son proporcionados por Insconsfa y que, al finalizar esta formación, nuestros alumnos/as podrán tener el título de Especialista.

Qué

Este curso trata de expandir la filosofía y el amor a la vida de las Constelaciones Familiares de Bert Hellinger, y en particular de las Nuevas Constelaciones.

Bert Hellinger estudió filosofía, teología y pedagogía y trabajó como misionero durante 16 años, en los que tuvo la oportunidad de estudiar al ser humano en entornos tribales. Posteriormente, Hellinger se hizo psicoanalista y desarrolló su propia terapia sistémica y familiar a través de la dinámica de grupos.

En España y Latinoamérica, las Nuevas Constelaciones han experimentado una gran expansión gracias a Brigitte Champetier de Ribes, a través del Instituto de Constelaciones Familiares (Insconsfa). Brigitte se formó con Bert Hellinger y continuó su metodología de trabajo.

Las Constelaciones Familiares permiten transformar la vida a través de una práctica fenomenológica y vivencial, llevando a cada participante hacia su máxima fuerza y su realización personal y profesional, dejando atrás el pasado.

Dónde

El curso se imparte online y voy de la mano con un sitio muy especial para mí: la escuela Arteluna Teatro, un espacio donde experimentar, crear y crecer juntos. Esta escuela ofrece clases de teatro, impro, clown, teatro musical… con el objetivo de buscar el desarrollo personal, la escucha, el respeto a la individualidad…

Cuándo

Sábado 24 y domingo 25 de octubre de 2020.

El curso dura 8 horas, cuesta 65 € y tiene este horario:

  • Sábado 24 de 16:00 a 20:00.
  • Domingo 25 de 16:00 a 20:00.

Cómo

Este curso es en directo, teórico y vivencial.

Se practican varios ejercicios sistémicos que muestran a la persona cómo se está impidiendo vivir con éxito la vida que le toca. Estos ejercicios permiten tomar nuevas decisiones como soltar el pasado, agradecer lo que no se había agradecido hasta ahora, empezar a comprender cómo resonar con el éxito. Después, cada persona hará su constelación para iniciar una nueva etapa en su vida.

Por qué

Su meta es iniciar a los participantes en las nuevas constelaciones familiares, que sanan nuestra relación con el pasado familiar.

El taller va a dirigido a personas que deseen iniciarse en la filosofía de las constelaciones familiares, la filosofía del amor en acción, de la vida al servicio. Porque es lo que hoy en día tiene más eficacia para vivir una vida plena. No se necesitan conocimientos previos pero sí ganas de autoconocerse, trabajar en grupo y curiosidad.

Y qué hago yo aquí

Yo sigo trabajando como diseñadora instruccional (guionista y maquetadora) en el sector de la formación online. Sigo “arengando a las masas” de seguidores de este blog sobre temas de aprendizaje, comunicación, literatura, realidad digital…

Quería compartir con vosotros/as este nuevo camino que se abre, ya que está en línea con mi interés en el desarrollo personal y en temas que hemos tratado ampliamente en este blog, como el análisis transaccional, el guion de vida, el estar en el presente… Realmente es lo mismo y yo soy la misma, tan solo es otra faceta mía que se muestra ahora.

Si quieres más información, echa un vistazo al dossier que mis compis de Arteluna han preparado o pregúntame.

Sin más, estoy a tu disposición.

Se está yendo…

… y no va a volver a corto plazo. Y cuando vuelva, será de otra manera.

Entro en la clase de baile activo, algo parecido al zumba.

Antes de entrar, he pasado por una alfombra húmeda a la entrada del gimnasio, me han tomado la temperatura, me he enjuagado las manos con gel hidroalcohólico.

Por supuesto, llevo una mascarilla, que deberé tener puesta toda la clase.

Una vez dentro, el aforo está completo. Es el máximo permitido: 20 personas y el profesor.

Hemos reservado la clase por una aplicación. He tenido suerte, alguien ha cancelado, esta mañana a las 7.35 ya no había huecos.

El profesor está muy lejos. Tengo unas cuatro filas delante. Tenemos dibujado en el suelo el área que podemos ocupar, es como la rayuela.

A pesar de las pocas asistentes a la clase, casi no veo al profesor, en parte por la distancia, en parte por la alineación de esta rayuela.

Y puedo notar cómo el profesor hace todos sus esfuerzos por motivarnos. Seguramente nos está sonriendo. No entiendo todo lo que dice, a pesar de que habla bastante alto.

Tampoco me veo reflejada en el espejo. No solo está lejos, sino que quedo detrás de otras dos compañeras. Y si me asomo, sé que soy yo pero realmente no me sirve para lo que he hecho toda mi vida: corregir el movimiento en el espejo.

Creo reconocer a alguna compañera, pero es un poco difícil arriesgarse a saludar, ya que realmente no puedo asegurar que sea ella.

Suena la música. El profesor ya ha diseñado una clase más simple en los pasos y más ligera, para que no nos ahoguemos con la mascarilla. Nos recomendó mascarilla de tela, pero compruebo que me estoy ahogando igualmente.

Varias veces durante la clase escucho mi desmotivación interna.

Esto no es lo mismo.

Estamos simulando que no ha pasado nada y que en realidad siempre habíamos bailado a esta distancia, con esta sencillez en los pasos y con la mascarilla puesta.

Una y otra vez acallo esa voz de desmotivación y saco otra de alegría por poder seguir haciendo esto: hace unos pocos meses no se podía, salvo en casa y en soledad.

Todo va bien y parece que el balance de la clase va a ser positivo.

Entonces, justo al final de la clase, suena:

First when there’s nothing
But a slow glowing dream…

Y me vengo abajo. Toda la tristeza por la pérdida de libertad, de contacto social, aparece de golpe al escuchar la canción de Flashdance, What a Feeling.

Es una canción que realmente no tengo asociada a ningún recuerdo, ni siquiera de baile.

Pero de pronto, esa canción procede de otra época, los ochenta, la época de la libertad, desde mi visión subjetiva y contando con la edad que tenía entonces. Esa canción destapa como un bote a presión el contraste entre aquella vida y esta vida, que parece otra.

Por un momento, me dejo llevar por la emoción, pero luego me recompongo. Sé que la mascarilla favorece que nadie vaya a ver mi disgusto. Yo creo que ni siquiera nos hemos mirado a los ojos entre compañeras.

La clase finaliza. Salgo con sentimientos encontrados. Y reflexiono.

No podemos retener ese pasado que se está retirando.

Me doy cuenta de que trato de retener al menos la libertad de ir y venir y poder relacionarme con gente en distintas actividades que no son trabajar ni estudiar… Y pienso que esto es justo lo que se está retirando de nuestras vidas.

Para poder seguir adelante, para que esto que se va dé paso a algo nuevo, necesitamos rendirnos ante lo que estamos perdiendo, aceptar soltar lo que se está yendo.

La letra con sangre entra

Desde hace tiempo, he observado el ensañamiento que producen las discusiones sobre la corrección en la escritura, la ira quizá desmedida que produce la visión de faltas de ortografía. Como es algo que me ha pasado a mí también, me pregunto qué hay detrás.

Buena parte de mi trabajo con contenidos incluye la revisión ortotipográfica. A lo largo de los años, he pasado por varias fases:

  1. La postura de ensañamiento con los que cometían estos errores: sí, yo era uno de ellos/as.
  2. El enfrentamiento con otras formas de corrección: es la mejor forma de darse cuenta de que no se está en posesión de la verdad.
  3. La aceptación de que existen varias formas de tratar un texto y de que todas ellas son correctas.
  4. La aceptación incluso de que hay personas que cometen errores y aun así, merecen mucho la pena como personas, porque estos errores son despreciables en relación a su grandeza como seres humanos.

Así, ahora soy capaz de hablarme con personas que escriben:

Haber si nos vemos.

1. El ensañamiento

Hace no demasiado tiempo podría haber escrito uno de estos tuits, y puedo comprenderlos:

Han corrido ríos de tinta sobre la eliminación de la tilde de la palabra solo. Los que hacemos mi trabajo, hemos tenido discusiones con los clientes que prefieren mantener la tilde, a pesar de que oficialmente se eliminó en 2010. Puedes comprobarlo en el corrector de ortografía de MyStilus.

Claro que, si los propios académicos de la RAE la siguen utilizando, poco podemos decir los redactores de a pie.

Tengo que decir que, por lo que he observado, la asociación de inteligencia o de cultura con ortografía no siempre se cumple. Por ejemplo, conozco casos cercanos de personas que leen y cometen faltas de ortografía; también de lo contrario.

Sea como fuere, a mí me sigue llamando la atención la desproporción de la ira que provoca el asunto.

2. El enfrentamiento

Cuando he dado con la horma de mi zapato, esto es, cuando me han corregido por el uso de expresiones o me han cambiado comas, yo también he reaccionado con ira desproporcionada. ¿Corregirme a mí? Hay detrás un sentimiento como de “perfección” y superioridad. También parecen verse heridos los valores y creencias más fundamentales del individuo.

Por ejemplo, yo utilizo habitualmente la expresión “aterrizar las ideas”, pero parece ser que no es muy correcta.

Otra cosa que hago es poner comas separando frases complejas que están unidas por una conjunción, por ejemplo:

Fueron al campo a pasar el día y comer tortilla, y después se fueron a echarse la siesta.

Otra cosa que hago es distinguir un inciso de una información relevante. Si es relevante, no la acoto entre comas.

3. La aceptación

El tema es el siguiente: cada uno de nosotros/as aprendió unas normas distintas. Mi abuelo paterno era catedrático de Filología Hispánica, por lo que mi padre conoce muy bien las normas y nos las ha transmitido. Se reciben por tanto informaciones tanto del colegio como de la familia de cómo hablar y escribir. Lo malo es que las normas que se aprendieron van cambiando y lo que era correcto deja de serlo.

Un ejemplo: el dequeísmo. En mi época de estudiante se hacía mucho hincapié en evitar el dequeísmo, porque muchas personas decían cosas como:

El pescadero me dijo de que no le quedaban gallos.

Algo así, porque esto casi ha desaparecido y no lo recuerdo bien. En cambio, en mi época era correcto decir:

Le advertimos de que está prohibido estacionar en esa zona.

Actualmente, para evitar el dequeísmo, lo que se hace es evitar todas las formas “de que”, incluso las correctas.

Algo que se suele olvidar es que las normas de la lengua son, en un primer momento, arbitrarias. Los nombres que se utilizan no se corresponden con los objetos que denotan, la formación de estructuras oracionales es distinta en cada idioma, la Lengua está viva y va cambiando, palabras que eran incorrectas se incorporan al diccionario, etc.

Si se acepta la propia Lengua como algo cambiante, variable y ajustable, como algo que se actualiza entre todos sus hablantes cada vez que se utiliza, es posible que se deje de sentir tanta ira cuando se cometen esos pequeños pecadillos que son las faltas de ortografía.

Además, la Lengua española se habla en muchos lugares del mundo, en los que las normas son diferentes.

Hace poco, mi hermano me llamó para que le confirmase a su pareja argentina que en España la c con la e se dice “ze” y no “se”. Ellos estudian en el colegio que la c con la e se dice “se”, y les es inconcebible otra pronunciación. Ella me preguntó varias veces:

¿De verdad que ustedes en el colegio aprenden a decir la c con la e como “ze”? ¿De verdad estudian eso?

Gracias a la Lengua

No habríamos alcanzado estos niveles de sofisticación en el pensamiento sin tener una Lengua rica que utilizar. Nos sería más difícil relacionarnos si esta Lengua no tuviese unas normas. Es de agradecer que se haya mantenido, cuidado y también actualizado a lo largo de los siglos.

Solo hay que recordar que quizá no sea tan grave escribir con ciertos fallos. Fallar es humano y nos hace más humildes.