Política de privacidad: RGPD

Reglamento General de Protección de Datos

Hola suscriptores,

Quería comentaros que estoy al corriente del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Sé que se publicó en mayo de 2016 y es aplicable a partir del 25 de mayo de 2018, es decir, mañana.

Quizá os quedéis mucho más a gusto si sabéis que este es un blog personal, sin ningún ánimo de lucro, que no recoge tus datos, ni los trata de ninguna de las maneras.

La nueva ley de protección de datos, RGPD

¿Qué es eso del tratamiento de datos?

Por si tienes curiosidad, el tratamiento de datos consiste en:

Recogida de datos, registro, organización, estructuración, conservación, adaptación o modificación, extracción, consulta, utilización, comunicación por transmisión, difusión o cualquier otra forma de habilitación de acceso, cotejo o interconexión, limitación, supresión o destrucción.

Mi humilde blog no hace nada de eso, y si lo hace, no me lo comunica.

Empresas que deben controlar el tratamiento de datos

También quería informarte de que solo estas empresas deben controlar el tratamiento de los datos:

  • Las que empleen a más de 250 personas (y esto es un blog que no emplea ni a su autora).
  • Las que traten datos de forma frecuente y que puedan entrañar riesgos para los derechos y libertades personales (nada que ver…).
  • Las que incluyen datos especialmente protegidos o relativos a condenas e infracciones penales.

Datos sensibles

Te diré que los datos especialmente protegidos son los datos sensibles, que exponen los derechos y libertades fundamentales, como las opiniones políticas, las creencias religiosas, datos de salud y biométricos… Al no saber ni quién me sigue, es complicado que sepa todo esto de vosotr@s…


Y es que realmente me sigue gustando la romántica idea de que los lectores son seres anónimos con los que no es posible mantener ningún tipo de contacto.

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Lo siento, chic@s

Hay dos tipos de post en este blog: los que provienen de una investigación de algo externo, como este de Osho o este otro sobre Análisis transaccional, y los hay de una “investigación interna”, como este del agente Patou o este sobre capacidades (y zumba).

Pues este post es del segundo tipo: procede de mis reflexiones cuando estoy creando un curso de formación online.

Lo siento, chic@s.

Esta es la frase que me viene a la mente cuando los requisitos del cliente difieren mucho de los míos, y entonces me imagino a los futuros alumnos que nunca conoceré navegando por un curso incómodo, mal escrito, lleno de “debes/tienes que”, con animaciones rimbombantes, con tests insultantes o una mezcla de todo esto.

Digamos que en este blog me he llenado la boca hablando de cómo tiene que ser el e-learning (en general en la categoría Aprendizaje), pero no suelo decir que yo no hago ese tipo de cursos ideales: normalmente no puedo por diversas circunstancias.

A pesar de que me acojo por completo al Manifiesto de Cathy Moore, tengo que admitir que en general no puedo realizar ese tipo de formación y soy co-responsable de ello.

Si el cliente me pide que limite la navegación y convierta el curso en una agonía de clics hasta llegar a su test final, yo lo hago. Yo, la misma persona que tradujo este artículo de Tom Kuhlmann sobre motivar a los alumnos o este otro con 10 estupendas reglas para crear cursos atractivos.

De hecho, es el propio Tom Kuhlmann, alguien muy respetado en el sector, quien afirma que el cliente siempre tiene la razón. Y así es.

A los diseñadores instruccionales nos encantaría que el cliente fuese el alumno, pero el cliente no es el alumno, y mientras mantenemos pequeños guiños hacia quien realmente hará el curso al final, nos tenemos que atener a lo que desea quien encarga la formación (el que paga).

Pienso que esto es como un guion de una película: notas que el guionista ha tenido una gran idea, notas que sabe desarrollar buenos diálogos y que los giros de guion son coherentes con la historia. Y de pronto todo se da la vuelta y la película se convierte en una absurda locura. ¿Quizá porque su final no está decidido por ese guionista?

Simplemente quería deciros esto: a veces, cuando te apuntan a ciertos cursos online que tienen tintes de pesadilla, piensa que esa pesadilla primero la vivió un diseñador instruccional que tuvo que acogerse a ese sentimiento subyacente en muchos decisores, por el cual los alumnos son niños, la letra con sangre entra, “tienen que” ver TODO y el disfrute es ajeno al aprendizaje…

Wild Wild Osho

¿Has oído hablar del documental en seis capítulos Wild Wild Country, emitido en Netflix?

Osho pasa con su Cadillac saludando a cientos de sanyasins

Yo lo he visto, y he leído varios artículos sobre él. El documental desgrana la creación de una gran comuna en Oregón, Rajneeshpuram, y los crecientes conflictos con los lugareños. Esta comuna estaba aparentemente liderada por Bhagwan Shree Rajneesh, posteriormente rebautizado como Osho.

El sueño de Osho, tal como transmiten algunos de los entrevistados para el documental, era crear otro tipo de sociedad y un nuevo ser humano.

Mi objetivo es hablar de los gurús como Osho y de la trascendencia de su mensaje, aspectos en los que quizá he cambiado de opinión a raíz de ver el documental: mi alarma saltó cuando vi a esos sanyasins (discípulos de Osho) portando fusiles AK-47. La propia líder real del grupo, Ma Anand Sheela, llevaba una pistolera como si fuera un sheriff.

Bhagwan Shree Rajneesh: Osho

Yo había leído varios libros de Osho y además le he citado varias veces en mis artículos del blog. Conocía la polémica que rodeaba a su figura y la atribuía a su forma valiente y provocadora de hablar sobre todo: el dinero, el amor, el sexo… Sobre todo del sexo. Además, se criticaba a Osho por su gran colección de Rolls Royces, su reloj de diamantes, su gusto general por el lujo…

En todo caso, por lo que decía y cómo lo decía yo le tenía por un maestro iluminado.

Los contenidos de sus charlas y libros son lugares comunes entre los que llamamos iluminados: aceptación, dejar ir, presencia aquí y ahora, gozo continuo, observación directa de la realidad, o más bien, ausencia del observador…

Tras ver la serie documental completa tengo que decir que no solo dudo abiertamente de que Osho fuera un iluminado, sino que estoy dejando de creer en el concepto mismo de iluminación.

Maestros iluminados

La RAE define iluminación como:

“Esclarecimiento interior místico experimental o racional” y también “conocimiento intuitivo de algo”.

Ahora que la práctica de mindfulness está a la orden del día y que se nos esclarecen cada vez más conocimientos interiores místicos, ¿hay más iluminados?

Iluminados son o eran para mí hasta ahora: San Juan de la Cruz, Buda, también se dice de Jesucristo y Mahoma, también se dice de Krishnamurti, Gurdjieff… A veces se cita a Santa Teresa. ¿No hay muchas mujeres iluminadas? Tal vez se deba a que estaban ocupadas en otra cosa. O bien las hay, pero no “saltaron a la fama”. Y luego está la serie de conocidos budistas, desde el Dalai Lama hasta Matthieu Ricard (el francés que además es biólogo molecular y el hombre más feliz del mundo) o Pema Chödrön (que sí es mujer).

Iluminados ¿imperfectos?

¿El que un individuo haya alcanzado este “esclarecimiento” le deja fuera de cometer ciertos “errores”?

Pondré algunos ejemplos que se muestran en el documental que citaba al principio: dejar la comuna en manos de una psicópata (Ma Anand Sheela) que intoxica a un pueblo entero con salmonela, dejar que en la comuna se entrene a los sanyasins para disparar rifles contra personas, dejar que se planee el asesinato de un político… mientras se está en silencio y retiro.

No creo que Osho sea el único “maestro iluminado” que haya cometido errores basados en sus creencias de cómo debe ser el mundo.

Lo que sí creo es que ese estado de “esclarecimiento” no puede ser compatible con determinadas conductas. Es esto lo que me ha animado a escribir este artículo.

¿Qué decía Osho?

Si bien el documental entra pormenorizadamente en todos los detalles al respecto de la comuna de Oregón, Osho se presenta como un personaje no ya secundario, sino anecdótico. De los seis capítulos, aparece hablando en el primero algunas frases y en el quinto sale en programas de televisión criticando abiertamente a Ma Anand Sheela y sus actuaciones. Lo que ocurre en el sexto no os lo cuento: es mejor verlo.

De sus libros y charlas había deducido que era un personaje muy elocuente, sin embargo, en el documental no se accede a su elocuencia, quizá porque en aquellos años eligió ese silencio y aislamiento. Tampoco se intenta explicar en qué consistía pertenecer a esa comuna, cuáles eran los beneficios para los sanyasins.

Por ello, y para ilustrar de qué manera el documental contrasta con los mensajes de Osho, copio aquí algunos de ellos:

Una vida seguirá es peor que la muerte.

Responde a las situaciones con todo tu corazón.

Para estar totalmente libre, has de estar despierto.

Valentía es adentrarse en lo desconocido a pesar de todos los miedos.

La vida no escucha tus razonamientos; tú tienes que escuchar a la vida.

Escucha atentamente, muy conscientemente, y nunca te equivocarás.

Estar en un estado de no-saber es inteligencia y no es acumulativo. Lo que sucede desaparece y no deja rastro.

No intentes comprender la vida. ¡Vívela!

Lo conocido es lo muerto, lo desconocido es lo vivo. Agarrarse a lo conocido es agarrarse a un cadáver.

El miedo a equivocarse mantiene a la gente maniatada, imposibilitada para lo nuevo. Solo se puede vivir la vida peligrosamente.

Reconfortante en grado máximo… y altamente chocante si evoco de nuevo la imagen de dos sanyasins vestidos de rojo escoltando a Osho con esos rifles AK-47 o si le recuerdo tirándose los trastos con Sheela en la tele como en un Sálvame cualquiera.

La última frase, “Solo se puede vivir la vida peligrosamente” resonaba en mi mente mientras veía a Osho ocultarse tras la parafernalia y dejándose ver únicamente dentro de uno de sus Cadillacs. No me pareció que hiciese honor a sus propios mensajes.

En todo caso, ¿beneficia a alguien?

También he reflexionado sobre por qué todos esos sanyasins accedían a vestirse únicamente de rojo o colores rojizos, por qué dejaban en la puerta su sentido común y cómo era tan fácil convencerlos para hacer casi cualquier cosa.

Incluso si no hubiera habido ningún tipo de “lavado de cerebro”, ¿qué es lo que los seguidores de un maestro obtienen de él? ¿Los seguidores de un maestro pueden alcanzar la iluminación?

Esta reflexión también incluye a los cientos de miles de personas que han leído y leen a Osho después de su muerte. ¿Pueden sus palabras beneficiar a alguien incluso si realmente no alcanzó ese nivel de “entendimiento”?

En distintos misticismos se reconoce que la mayoría de discípulos se quedan mirando el dedo del maestro mientras este trata de señalar inútilmente a la luna. No parece fácil que los discípulos se iluminen (si tal cosa existe) siguiendo tan de cerca a un maestro.

Conclusión

Mi conclusión principal es que cuando etiquetamos a alguien de maestro, gurú o iluminado, le sobreponemos características sobrehumanas. Dicha persona no deja de ser igual que nosotros, uno más, otro humano (otro homínido) con sus imperfecciones.

Creo que si somos capaces de aprovechar la inspiración que pueden producir sus palabras, sus prácticas y en algunos casos su modo de vida, hay beneficio. El resto, la adoración, el no filtrar, y el deducir que el maestro es perfecto en todo, quizá eso es lo que no beneficia a nadie.

¿Cómo lo ves?


Si quieres saber más sobre el documental:

Si quieres saber más sobre Osho:

 

Adiós, Facebook, adiós

Me he dado de baja de la red social Facebook.

Este no es otro de mis experimentos como el de dejar de ver la tele o una búsqueda de apagón digital.

La diferencia fundamental es que no se trata de una prueba, es algo definitivo.

¿Por qué he eliminado mi cuenta de Facebook?

Sencillamente, ya no me aportaba el placer que obtenía de esta red social.

Imagen del icono de "Me gusta" hacia abajo.

¿Cómo era antes?

Allá por 2008, empecé a oír hablar de Facebook (también algunos decían “Caralibro”) y no lo comprendía muy bien. ¿El muro? ¿Qué es eso?

Pronto me hice de la red, y durante estos diez años estuve compartiendo fotos personales, estados de ánimo, álbumes de fotos de vacaciones y estos artículos.

Lo que más me entretenía de Facebook era ver lo que publicaban El Mundo Today y otras páginas de humor. También me gustaba estar en contacto con personas conocidas que viven en las islas o incluso más lejos, en Japón. Además, estaba al día de lo que se contaban amigos más cercanos e incluso familiares.

Felizmente.

Entonces estudié un máster de marketing digital y social media

Había mantenido mis “amigos” de Facebook en unas 50 personas, y al estudiar el máster me di cuenta de que en realidad estaba “compartiendo” mis fotos personales, mis viajes y mi historia con los amigos de los amigos de mis amigos, digamos.

Pasé a un uso diferente de la red social, creando páginas profesionales y realizando campañas para que distintos públicos vieran mis artículos del blog en diferentes momentos. Puse en qué trabajaba, en lugar del típico chiste de “soy mi propia jefa” y aumenté el número de “amigos” a unos 160. El éxito fue tan discreto que yo diría que fue nulo.

También supe que compartía mis datos e información con el propio Facebook, una entidad oscura que hasta ese momento era una “aplicación” como pueda ser Microsoft Word, y que de pronto mostraba sus tentáculos formados por algoritmos que eligen lo que yo veo en ella y por su recopilación silenciosa de toda mi “vida digital”, propia y ajena.

Tentáculos en la oscuridad

El asunto de los tentáculos en la oscuridad me fue calando cada vez más.

“Antiguamente”, cuando comenzó Internet en España (yo estaba allí y con uso de razón) se hablaba de un nuevo sistema democrático que nos permitiría comunicarnos con personas de todo el mundo. Fui una usuaria bastante temprana de foros y chats, me parecía mágico poder chatear en tiempo real con personas de otros sitios, a través del “icq”.

Internet era entonces “auditivo”, primaba el texto y los alias o nicks sobre la imagen. No importaba tu nombre real o tu careto, sino tu alias, a cual más ingenioso, y qué tenías que decir.

Poco a poco, Internet se ha ido haciendo “visual”, cada vez más estético, y la imagen que mostramos digitalmente está cada vez más cuidada en lo superficial, al tiempo que cada vez oculta menos a la persona que hay detrás, que quedaba perfectamente parapetada tras un “magnolia_77”.

El potencial que supone que todos estemos deseando “compartir” nuestra historia con “los demás” (¿quiénes, quiénes?) es el que ha producido que los algoritmos se hayan hecho cada vez más complejos, y que ya ninguno tengamos claro de cómo funcionan estas redes o las búsquedas de Google, por qué nos muestran esto y no aquello, y qué hacer para seguir en la inocencia de reírse un poco de cuatro chistes de El Mundo Today.

Si antes el “enemigo” era Bill Gates, con su imitación barata de Apple, ahora el enemigo es Mark Zuckelberg, que empezó siendo un “chico majo” que recogía los perfiles de sus compañeros de la universidad en un programa informático.


No. Ya no quiero que Mark Zuckelberg himself ni cualquier otro de su macro-multinacional posean mis imágenes. Por más que me haga feliz recibir “Me gustas” y comentarios sobre ellas, lo cierto es que pertenecen al ámbito privado.

Ya no quiero que Facebook me recuerde que sabe cuál es mi ubicación, que tiene guardaditas todas las imágenes que he compartido para enseñármelas de cuando en cuando como un ex novio despechado, o que tiene todas mis historias y lamentos. El sitio de mis historias y lamentos (públicos) es este.

Ya no quiero que Facebook conozca mi estado civil, quiénes son mis “amigos” y a quién dejo de “ajuntar”.

La diversión se terminó además, porque resulta que con sus nuevos algoritmos ya no me muestra El Mundo Today a menos que lo fuerce para que aparezca siempre primero. En su lugar, me salen mis familiares, a quienes tengo la suerte de poder ver en persona o llamar por teléfono.

Procedimiento

He repasado mi lista de esos 160 contactos para escribir a aquellos con los que no podría contactar si no fuera a través de Facebook y con quienes tengo la cercanía suficiente. ¿Sabes cuántos? En mi caso, dos. El amigo de Japón, a quien nunca he visto, y una amiga de una de las islas.

Después, es fácil: solicitas eliminar la cuenta, la ponen en cuarentena 15 días y después eres “libre”.


Por el momento, no quiero pensar que WhatsApp pertenece a Facebook. Eso, si no te parece mal, lo dejo para el día en que piense en los tentáculos oscuros del resto de redes sociales y del propio Google… Ya me dices cómo vives tú esta y otras redes sociales, y si te apetece, añade algún comentario.

Artistas en la sombra

Alfeizar 2, ilustrado por un artista en la sombraPodría decir artesanos.

Podría decir que están a la vista pero tú no ves sus nombres.

Son, somos, las personas que trabajamos en tareas creativas que quedan “por detrás”, sumidas en el anonimato, por las que no nos pueden elogiar en abierto ya que no llevan nuestra firma.

El primer artista

El primer artista así que quiero nombrar es mi propio padre. Mi padre ha sido un diseñador gráfico con su propia empresa de publicidad. Puede que sea fácilmente el único dibujante en España capaz de ilustrar libros de anatomía forense y fisioterapia, con una técnica artesanal que comienza con el dibujo en papel, incluso con una pintura, que luego es escaneada y tratada digitalmente en Photoshop.

Las ilustraciones de mi padre aparecen en muchos libros de medicina. Nunca verás su nombre en ellos. Es como si el ilustrador no existiera.

Rellenar lo que hacen otros

Los artistas en la sombra “rellenan” el contenido de lo que lleva el nombre de otro. A veces no de una persona, sino de una organización.

Pueden ser diseñadores gráficos como mi padre, traductores, guionistas, fotógrafos, programadores, desarrolladores, escritores como yo…

Tenemos en común que contribuimos con lo mejor de nosotr@s a una obra final en la que no habrá títulos de crédito.

Los títulos de crédito

Antes Hollywood era así. Una vez me documenté sobre una actriz de Hollywood que tuvo su esplendor en los años veinte. En esa época, las películas no llevaban los nombres de actores y actrices para evitar que cobraran más. El cambio se produjo en vida de esta actriz, que pasó de cobrar 25 dólares por semana a cobrar 500 dólares. En los años veinte…

Actualizo este artículo con más información sobre los títulos de crédito: ¿alguien se fija en quién es el guionista? Aquel o aquellos que inventan la historia, que la crean, y que quizá la adaptan a las exigencias de quien la produce, ellos parece ser, también son artistas en la sombra, como comenta aquí Natxo López.

Las obras creadas por artistas en la sombra

Una obra así, con artistas en la sombra, puede ser un anuncio publicitario, un curso online, un calendario, un libro de texto…

Y aquí quiero mencionar uno de mis libros de texto preferidos: Alféizar de 2º (de E.G.B., es decir, de primaria).

Alféizar de 2º es un libro de Anaya que consiste en una serie de textos adaptados, ilustraciones bellísimas y actividades para niñ@s de 7 años. Le debemos este libro a Gonzalo Abril Curto, Mercedes Gómez-Carrillo Carrasco, María Teresa Sancho Castiello y la coordinación de Benjamín Aragón González. Los tres primeros “han colaborado en la redacción de este libro”. Mi profundo agradecimiento porque es un libro mágico, lleno de obras de grandes escritores muy bien adaptadas.

Pero, ¿quién lo ilustró? No lo sé.

Me pasé las horas muertas observando cada uno de los dibujos que tiene este libro. Para algunas obras como El burro flautista o El lagarto está llorando, la imagen mental que tengo es el dibujo de este libro.

Alfeizar 2, El lagarto está llorando, artistas en la sombra

En todo caso, el orgullo de artista por delante

Yo no me siento mal por dedicarme a redactar o recrear textos que nunca llevarán mi firma. Al contrario, me siento orgullosa de poder participar en grandes proyectos con compañías de primera línea, porque son los que permiten hacer algunas formaciones muy interesantes: recursos de alto nivel (como fotografías de buenos fotógrafos, imágenes diseñadas por buenos diseñadores gráficos, ilustraciones de buenos ilustradores), gamificación, planteamientos novedosos, respeto por el alumno adulto…

Solo a veces tengo cierta “mistalgia” de reconocimiento con nombre y apellidos, ese que sí tienen los artistas que trabajan en el cine o teatro, los que escriben libros que se venden, los que exponen sus cuadros o fotografías… Mistalgia o melancolía por el recuerdo de una dicha que no tuve. O solo tuve brevemente.

Solo un poco de mistalgia.


Nota final: ¿acaso los introvertidos (INFJ y otros) no buscamos este tipo de trabajos que nos permiten trabajar en solitario y sin tener que exponernos? Si hay algun@ leyéndome, me gustaría conocer tu opinión.

Luego está este otro tema que menciona Dibujando con palabras… Quizá otro día nos unamos a su reflexión.

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones

Si solo hubiera aprendido esta frase cuando hice la carrera de Económicas, habría sido suficiente:

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Esta es una frase que pronunció al menos una vez Fernando Esteve Mora, profesor que tuve de Macro y Microeconomía. No solo la pronunció, claro, la ilustró con la comparación entre dar a un pobre del tercer mundo pescado o enseñarle a pescar. Darle pescado es bien intencionado pero no resuelve el problema de su hambre; quizá lo agrava porque convierte al pobre en un dependiente.

Esta frase se me viene a la cabeza siempre que se habla de “ayuda”, “compasión”, “bondad” y “perdón”. Parece ser que parte del aprendizaje de mindfulness, directamente heredada del budismo, es la “compasión bondadosa” por los demás. Me temo que en la mayoría de los casos lleve al infierno.

¿De dónde parte la ayuda?

No hemos puesto en duda que el ser humano ha evolucionado a partir de la cooperación, se ha nutrido de la empatía, ha avanzado gracias al apoyo de otros. El ser humano es compasivo por naturaleza.

Quizá el matiz sea encontrar desde dónde se ayuda, qué empuja a ayudar, cuál es ese sentimiento y cuál es el resultado de la “transacción” de dar algo sin recibir nada a cambio.

  • Puede que estés caminando por la calle y veas que a la persona que está delante se le ha caído algo. En un impulso no pensado, te agachas a recogerlo y se lo ofreces. Ni siquiera ha mediado el pensamiento.
  • Puede que sientas culpa al ver que grandes grupos de personas sufren, puede que te parezca intolerable esta desigualdad en que tú estás tan bien y ellos están tan mal. Entonces has pensado que te sentirías mucho mejor contig@ mism@ si les enviases ayuda.
  • Puede que observes uno o muchos casos de algo que no te gusta y veas muy clara la solución, puede que sientas que sabes lo que las personas que están en ese caso necesitan. Por ejemplo, alguien pidiendo en la calle, alguien pidiendo en la puerta de un supermercado, alguien que está en el mundo de las drogas.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué sientes ante cada caso? ¿Es compasión? ¿Es pena? ¿Es culpabilidad? ¿Es amor?

La subida al Monte Carmelo: nada

Todo este tema, y en especial la frase “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones” me evoca la imagen de la subida al Monte Carmelo que San Juan de la Cruz ilustró. Tomamos esta y recomendamos visitar la página por la explicación tan pormenorizada de la imagen:

La subida al Monte Carmelo de San Juan de la Cruz
Imagen vista en: http://oratoriocarmelitano.blogspot.com.es/2017/10/explicacion-de-la-subida-al-monte.html

Las buenas intenciones pueden muy bien ser el pavimento de uno de los caminos torcidos, aparentemente acertados, que parecen ascender pero que terminan perdidos.

El único camino cierto es el vacío de estar centrado “en el centro de tu humildad”, la nada, ni esto ni esto otro. ¿Cómo sería esto? Viendo realmente al que tenemos delante. Viéndolo sin interponer creencias, juicios ni esquemas culturales. Viéndolo de tú a tú, como un igual. Siendo capaz de decirle: “yo soy como tú”. Y después de eso, valorando si realmente necesita nuestra ayuda.


Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo de leerme y compartir tus pensamientos en comentarios.

 

Soy sauce

 

Soy sauce



De pronto hay poesía en un bote de salsa china.

Bote de salsa de soja soy sauce

Me ha traído a la memoria la canción Alma de cantaora, de Amparo Sánchez:

Soy mañana

Soy aurora

Soy la luz

Soy la sombra

Soy la tierra

Soy el cielo

Soy la luna

En un espejo

Soy sauce.

Y no pretendo hacer aquí un Ecos de pentagrama, ya quisiéramos tener su poder poético… Bueno, en realidad es como un homenaje.

Sí pretendo hacer notar cómo la poesía se abre paso, te pasa por delante, te mira desde los rincones más insospechados. Solo podrás verla si le concedes aire, un espacio, un tiempo. La poesía no se presenta en medio del estrés.

Soy el poder dentro de mí.

Cuando perseguía el sueño de ser lo que ya era tuve la oportunidad de preguntar a Francisco Brines cómo logró dedicarse a la poesía. Me dijo:

La poesía requiere espacio.

Hace unos años, buscando planes, encontré un concierto en un pueblo de la Sierra, puede que fuese Lozoya. Era un concierto de Amparo Sánchez, a quien descubrí directamente en directo, con su guitarra azul y dibujada. Y desde entonces, varias de las canciones que nos ofreció me acompañan. Esta es una de ellas.

Soy gran espíritu, y soy eterna.

Las imágenes del vídeo son exactamente lo que me evoca la canción, una sensualidad de la tierra, femenina, de cuerpos disfrutones, de baile, belleza… Las edades, la sensualidad de cada edad, la sensualidad del presente, del ahora.

Y cantaré como una bendición la libertad de ser lo que soy.

Una buena canción para estos días, ¿no? Para escuchar mañana mismo, día 8 de marzo.

Como siempre, gracias por leerme y por compartir.