Disfruta como puedas

Si una persona se propone disfrutar de la vida, al menos debe saber qué significa esto.

Definición de disfrutar según la RAE.

Parece ser que el disfrute pertenece al presente, sin embargo, pienso que se puede estructurar en tres tiempos:

  1. Antes: la planificación, imaginar lo que va a venir, comenzar a disfrutar de la expectación.
  2. Durante: la experiencia, vivir el momento con plena atención, poner el foco en el presente, no perderse ni un resquicio de lo que sucede ni de las emociones que provoca.
  3. Después: el recuerdo, evocar aquello que se vivió y volver a disfrutarlo.

Antes de disfrutar

En la planificación del disfrute, hay que evitar las expectativas. Una cosa es esperar un suceso con expectación y otra cosa es crearse expectativas al respecto: la realidad siempre va a diferir de lo imaginado.

Aquí, planificando el finde. Imagen de Karolina Grabowska en Pixabay

Por ejemplo, si compramos unas entradas de cine y empezamos a crear grandes expectativas sobre la película, es posible que acabemos sintiendo frustración. Es posible que la película sea mejor de lo que esperamos, pero, al ser distinta, podemos concluir que no cumple los requisitos de lo planificado y tener una sensación de pérdida que no nos permite disfrutar. Ocurrió con el peliculón Drácula de Bram Stoker, de Coppola. A mucha gente le decepcionó porque no era de miedo.

Yo tenía un jefe que decía:

Lo importante es la calidad percibida por el cliente.

Un jefe

Y este jefe tenía bastante razón: cuando algo está por encima de nuestras expectativas, nos parece que tiene calidad. Si las expectativas son muy altas, todo es una m.

Durante el disfrute

Durante la experiencia, hay que evitar irse a otro sitio. Esto es muy difícil, no solo porque estemos rodeados de elementos vivos e inertes que reclaman nuestra atención y la dividen, sino porque prestar atención completa a una experiencia es más aburrido y difícil para el cerebro. Por ejemplo, te pones a comer un plato suculento que has preparado y lo saboreas al principio. En cuanto te has habituado, estás pensando en cualquier otra cosa, engullendo casi sin masticar y olvidando el disfrute de la experiencia directa.

Así, en cualquier momento y lugar se puede prestar atención a los sentidos. Imagina que estás dando un paseo por un parque. Puedes ir mirando tu móvil, puedes ir pensando en mil cosas, o puedes ir tomando nota de lo que percibes:

  • Mira los árboles, cómo el viento mece las ramas, cómo están brotando las hojas.
  • Escucha el viento, los pájaros, los coches, las personas que pasan a tu lado.
  • Nota en tu piel el roce del viento, la temperatura que hace.
  • Inspira profundamente, huele el césped recién cortado, la humedad del estanque, el aroma de las flores.

(No esperes poesía, no es lo mío)

Un paisaje digno de prestar atención a los sentidos. Imagen de JamesDeMers en Pixabay

Después de disfrutar

En el recuerdo, es fácil caer en melancolía de lo que pudo ser y no fue, de nuevo al comparar un ideal con lo que pasó realmente. También es posible sentir nostalgia porque aquel momento de máximo disfrute no volverá, por ser irrepetible o por algún cambio a peor de las circunstancias. Sin embargo, recordar con gratitud y con nuevo gozo, permite obtener una segunda fuente de alegría. Por ejemplo, te has ido de vacaciones a un sitio muy caro y sabes que es difícil que vuelvas. Bueno, pero al menos has ido. Quédate con lo que has vivido y disfrutado.

Una abuela. Imagen de Benjamin Balazs en Pixabay

Con la edad, lo vivido parece superponerse al presente por vivir. Eso puede ocultártelo. En cuanto el cerebro te hace llegar a «esto ya lo he vivido», entras en «el día de la marmota» y ya no vas a tomar nota de aquello que sea nuevo. Es cierto que la experiencia sirve para no repetir errores y para llegar antes a los objetivos que se quieren alcanzar. Pero también ocurre que, por evitar «pérdidas» (errores, pero también dolor, perder el tiempo, una sensación desagradable) evitas descubrir qué trae de nuevo la experiencia presente.

Una receta para disfrutar

Teniendo en cuenta estos tres tiempos, para planificar el disfrute, vivirlo y dejarlo atrás con gratitud podemos seguir una receta como esta:

  • Decir sí sin saber a qué; a ciegas: esto nos abre a la planificación desde la expectación, con total incertidumbre de lo que pueda pasar.
  • Vivir el presente con confianza: esto nos permite una relajación necesaria para experimentar cada acontecimiento con conciencia plena.
  • Soltar lo que creías entender: esto nos ayuda a agradecer lo anterior y dejarlo ir.

Esta receta, por cierto, es un extracto de algunas de las enseñanzas de Brigitte Champetier de Ribes, otra habitual de nuestro blog.


Espero que disfrutes de estos días festivos incluso si te toca trabajar. Como siempre, muchas gracias por leer.

Javier Meléndez

Un día comenté en este blog que hablaría alguna vez de esos tuiteros que Twitter considera que me interesan más. Desde entonces ha llovido mucho y mi Twitter se ha convertido en una convención de chistes, lo cual ha hecho que cada vez entre menos y que entre únicamente a leer chistes… confirmando así lo que sus algoritmos buscaron para mí.

Yorokobu

Pues mucho antes de que todo eso ocurriera, descubrí en Internet a Javier Meléndez. Por esa época leía con cierta asiduidad la revista Yorokobu. Poco a poco me fui fijando en que los artículos que más me llamaban la atención eran los de Javier Meléndez. Sus artículos hablan de creatividad, de futuro, de mundos postpandemia… Echa un vistazo. O date el placer de leer su última entrada sobre el significado del color verde en el cine.

Así que, al poco de darme cuenta de que me gustaban sus artículos en esta revista, empecé a seguirle en su cuenta de Twitter.

Sus tuits explicaban la geometría de los planos cinematográficos, por ejemplo, por qué un plano ligeramente torcido te introduce en el mundo distorsionado de un psicópata, o cómo se muestra el estatus (poder) de un personaje con respecto a otro por el espacio relativo que ocupa, etc.

O bien hablaban de cómo comunicar una idea, o de cómo estructurar un guion. También habla de talleres de guion y, en general, es muy didáctico.

La solución elegante

Javier Meléndez tiene una página web, La solución elegante, donde se trata (casi) todo sobre guion, según reza en su página principal. La verdad es que tiene muchísimo contenido interesante, es una página con solera y él un profesional con muchos años de experiencia. Tal vez te interese saber lo básico de cómo escribir un guion. En esta página encontrarás otros recursos, como plantillas, manuales de redacción, temas legislativos, cómo gestionar tu tiempo…

Además, Javi tiene un libro de mucho éxito, Antilista de guion. Según su propio autor:

Con Antilista de guion quiero mostrarte que los errores en guion son relativos. Quizá lo que sea un recurso erróneo en un guion, es un recurso necesario e incluso genial en otro.

Javier Meléndez

Por último, hasta la fecha ha estado enviando un boletín llamado Caramelos de guion, que hace poco ha decidido cerrar. Se trata de un boletín Guadiana sobre temas de todo tipo, muy interesantes. Y justo antes de que mis circunstancias vitales me llevaran a dejar de escribir aquí, Javi incluyó una de mis entradas en su boletín. Creo que no se lo agradecí lo suficiente y ahora que desaparece este boletín, siento cierta nostalgia.

Tú escribe

Si pudiéramos condensar toda la sabiduría que Javier Meléndez va dejando en sus tuits y en su blog, dejando al margen las cuestiones más técnicas, la extractaríamos en estas dos palabras que invitan a la acción:

Tú escribe.

Dicho directa o indirectamente por Javi Meléndez

En efecto, si no entras en acción no vas a elaborar nada que luego se pueda mejorar, pulir o comparar con otra creación. Hay miles de manuales, miles de listas, muchos gurús y grandes directores y guionistas. Como hemos visto con su libro Antilista de guion: deja de buscar errores basados en los dogmas que aparecen en diferentes libros y escribe, crea tu propio mundo, ponte en marcha.


Ya sea escribir guiones cinematográficos o para series, sea escribir tu blog particular o sea pintar un cuadro, lo cierto es que no puedes mejorar si no te pones a ello. Estoy de acuerdo con Stephen King en que no todo el mundo tiene el talento. Pero ni siquiera eso significa que no puedas disfrutar de una actividad. Yo por ejemplo disfruto muchísimo haciendo teatro, sin embargo no tengo el talento ni la intención de convertirme en una actriz profesional.

Si estas palabras no te animan, sigue a Javi Meléndez.

Escribe, haz, crea, disfruta.

Un día en el gimnasio

Voy al gimnasio dos veces a la semana por recomendación de la fisio. Así, hace más o menos un año me lancé a visitar la parte del gimnasio que tiene máquinas, espalderas, bolas de pilates, gomas elásticas, pesas… Esa parte que viene a la cabeza cuando te preguntan: «¿Vas al gimnasio?». Y es que yo antes de eso había ido en general a la otra parte, la de clases colectivas, normalmente a algo de baile: gym jazz, danza contemporánea, zumba, baile activo…

Imagen de Scott Webb en Pixabay, esta, definitivamente, no soy yo.

El caso es que en la parte de los aparatos, parte que llamaremos «gym», no me siento del todo como pez en el agua después de este tiempo. Me siento más bien como en un universo paralelo: un universo que existe a la vez que el nuestro pero al que normalmente no accedemos… hasta atravesar la puerta, los tornos y la «sala de musculación».

Donde fueres, haz lo que vieres

Con este panorama como de visitar tierras extranjeras, me adentro allí cada vez con bastante curiosidad y sigilo, imitando las conductas observadas, las entienda o no. Hay varios elementos que no había visto en épocas de juventud y que me llaman la atención.

Por ejemplo, la mayoría de la gente en cualquiera de los espacios del gym tiene constantemente a mano su teléfono móvil. Creo que les sirve para contar tiempo, pero también se les ve chatear.

Otra conducta extendida es poner cara de póker. Es una expresión neutra, nadie mira a nadie, es una cara como de concentración e indiferencia a la vez, dirigiendo la mirada preferentemente hacia el suelo o al móvil. Se hace cualquier actividad «con dignidad», como haciendo algo muy profesional o que requiere mucha seriedad. Cada persona da así a entender que sabe utilizar la máquina en cuestión y que no duda en que su postura, el peso añadido y el número de repeticiones son los correctos. Así que yo leo disimuladamente las escasas instrucciones en el lateral del aparato, imito al resto en ese gesto de dignidad y expertise y a continuación bajo el peso al mínimo.

Imagen de karabulakastan en Pixabay. Nótese la cara de absoluta indiferencia. «¡No hay dolor!»

Aquí es interesante percatarse de cómo se enfrenta cada persona a esos aparatos en los que la postura adoptada sería ridícula y risible en cualquier otro entorno, por ejemplo, a cuatro patas. Se hace, por supuesto, con ese gesto indiferente y de dominio absoluto de la situación. Yo hago en la esterilla un par de ejercicios un tanto ridículos que me recomendó uno de los monitores.

Imagen de karabulakastan en Pixabay. Una de estas podría ser yo.

Hay también unas reglas no escritas sobre la posesión temporal del aparato. Y es que estos profesionales del gym dedican distintos días a trabajar distintos grupos de músculos, de manera que si les toca brazos, van a tomar posesión de la máquina correspondiente, sentándose en ella y/o poniendo su toalla, y quedándose en ella entre ciclos de repetición, mirando el whatsapp. Esto significa que esa máquina está tomada y no se puede osar usarla durante la posesión temporal.

Luego están las «ligas»: la liga profesional y la liga amateur, que es la mía. A ver, yo voy allí, hago siempre los mismos ejercicios de todos los grupos musculares y mis series no duran en total más de 30-40 minutos. No levanto mucho peso y la mayoría de los ejercicios que hago los podría hacer en mi casa. Los y las de la liga profesional hacen ejercicios por partes del cuerpo, levantan muchísimo peso (de hecho, cuando lo dejan caer retumba el suelo de todo el gym) y se esfuerzan mucho. La mayoría de lo que hacen requiere de uno u otro aparato, además de un «octógono» que son unas columnas de hierro con unas barras que las atraviesan y de las que se cuelgan llevando grandes pesas colgando de la cintura, y cosas así.

Pues bien, en todo momento, hay unas reglas no escritas de dónde se pone la liga amateur para no estorbar a la liga profesional. Hay unos espacios donde las cabezas de la gente ya presentan canas en los que tranquilamente puedes poner tu esterilla y empezar a hacer el indio. Pero hay otros en los que esas miradas bajas e indiferentes de pronto notas que van a ti, y es porque te estás poniendo donde no es, o bien, estás utilizando un aparato o espacio que estaba «tomado temporalmente» pero tú no te habías enterado.

En el gimnasio al que voy, la zona amateur está separada de la profesional por una fila interminable de cintas de correr, bicis estáticas, elípticas y unas escaleras mecánicas. Las personas que usan esto son normalmente otras, las que buscan un ejercicio aeróbico.

Un espectáculo para los sentidos

Como ya vamos teniendo una edad, me es llamativo comprobar que hay más mujeres en el área de musculación de las que había en la época en la que yo tenía su edad. Además, levantan grandes pesos y hacen ejercicios a un nivel similar al de los hombres. Ahora, las chicas se arreglan bastante para ir al gym, con los ojos perfectamente pintados, la ropa ajustada y atractiva y el pelo normalmente recogido en una o dos trenzas. En mi época no nos pintábamos para ir al gimnasio, llevábamos camisetas anchas y «cualquier cosa» que anduviera por el armario. A mí particularmente me agrada ver tanto a chicas como a chicos más cuidados, con una imagen más sexy y cultivando su cuerpo. Yo, siguiendo la regla anteriormente citada de «donde fueres haz lo que vieres», me arreglo también y trato de actualizar mi ropa de gym con cierta frecuencia.

De fondo, se oye una música machacona. Un día es heavy, al otro es reguetón, al otro, los más, es música disco, pero siempre machacando, pienso que porque ayuda a hacer las repeticiones a un ritmo más bien vivo, además de levantar el ánimo. Esta música no impide escuchar los gemidos de esfuerzo, que en todo caso son asépticos.

En cuanto a lo kinestésico, las sensaciones de cómo trabajan los músculos se intensifican. También se siente lo mullido o no de la esterilla o del banco del aparato en cuestión, la frialdad del metal de las barras, la suavidad resbalosa de la bola de Pilates… Lo que ya no hay es «olores» diversos, los espacios están bastante bien ventilados y la gente tiene más higiene.


Después de todo lo descrito, se podrá dudar que guste este espacio. A mí sí me gusta. Yo vivo los ejercicios de gimnasia como una especie de meditación o mindfulness, es decir, me permiten estar presente, ya que estoy contando las repeticiones de cada serie, estoy consciente de la respiración para acompasarla al ejercicio y estoy pendiente de tener una postura correcta en cada ejercicio. Me gusta también la sensación de soledad acompañada, mucha gente sola compartiendo un espacio, cada uno haciendo lo suyo pero todos juntos. Y como decía, me gusta ver cuerpos cultivados. Además, los instructores siempre ayudan y proponen ejercicios adaptados a cualquier estado físico o de salud.

Así que… ¿te animas a ir al gym? ¿Ya lo haces habitualmente? Cuéntame lo que te apetezca en comentarios. Una vez más, muchas gracias por leer y compartir.

La sabiduría de Ehrmantraut

¿Sigues siendo de moral flexible?

Mike Ehrmantraut a Jimmy McGill en Better Call Saul
Visto en https://www.wallpaperbetter.com/es/hd-wallpaper-urpzn

Si James McGill no fuese de moral flexible, la serie Better Call Saul no existiría. De hecho, el fundamento de la serie es esperar al momento en que el abogado James McGill se convierta en Jimmy Resbalones. Y eso ocurre cuando traspasa la línea de la moral rígida a la moral flexible, cuando se le ocurre una idea colorida fuera de las normas y que le expone a ser atrapado.

Muchas películas y series tienen este tema de fondo. Por ejemplo, Irma la dulce. El protagonista de esta película es un joven policía que quiere seguir las normas escritas, mientras que el resto de personajes, incluidos el sargento y resto de policías, siguen las normas no escritas. Es fundamental conocer estas para abrirse paso en el mundo descrito en esta película, que tiene muchas coincidencias con el mundo real.

Otro ejemplo de moral flexible es este:

Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.

Atribuida a Groucho Marx

Adaptarse al entorno es una de las características fundamentales de los seres que prevalecen, así que en un momento dado, cambiar de principios puede ser una forma de adaptación. En situaciones de ambigüedad, en las que no hay descrita una forma de proceder, puede justificarse con más facilidad este cambio de principios. En sistemas fuertemente jerárquicos como el ejército y similares, un soldado sigue las órdenes que se le dan, sean las que sean, y su conducta se justifica porque solo estaba cumpliendo órdenes.

Aquí y allá, cada persona se ve en situaciones en las que parece fácil dejar de seguir las normas. Ejemplos de normas que se rompen de forma muy habitual son:

  • Ir a más velocidad de la permitida en una carretera.
  • Conducir habiendo bebido alcohol.
  • Hacer cosas personales en el tiempo de trabajo (llamadas, visitar páginas web, entrar en redes sociales…).
  • Copiar contenidos ajenos.
  • Descargar películas o series de una fuente ilegal.
  • Instalar un software que es copia ilegal del genuino.
  • Defraudar a Hacienda.
  • Poner a nombre de otra persona propiedades que usas.
  • Llevarse algo de una tienda sin pagarlo.

Cuando rompemos la norma, buscamos siempre una justificación. Las más comunes:

  • Todo el mundo lo hace.
  • Tenía que hacerlo porque lo necesitaba para… (no llegar tarde, reservar las vacaciones, un trabajo del máster…).
  • A grandes males, grandes remedios.

Aquí vendría la frase:

Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Jesucristo

Alguien puede decir: «no es lo mismo entrar en negocios ilegales que estas pequeñas interpretaciones de la norma». Pero nuestro amigo Mike Ehrmantraut nos lo aclara. En una ocasión, este personaje es contratado para proteger a un hombre torpe que quiere vender de forma ilegal medicamentos que fabrica la empresa en la que trabaja. En una conversación, Ehrmantraut da a entender al hombre torpe que es un delincuente. El hombre protesta, pero Ehrmantraut lo sentencia:

Si haces una actividad ilegal, eres un delincuente: debes saberlo.

Mike Ehrmantraut

Es probable que no utilizase estas palabras, aunque sí parecidas. En todo caso, al hombre torpe le quedó claro, si bien se resistía a aceptar que había traspasado la línea y se había puesto del lado de aquellos a los que vendía los medicamentos.

¿Naturaleza humana?

Tendemos a pensar que ciertos «trucos» son propios de la picaresca española, pero al ver series como esta podemos constatar que más bien está en la naturaleza humana el reinterpretar la norma. Es cierto que esto es más frecuente en unos países que en otros. Según Geert Hofstede, un psicólogo social que se dedicó a estudiar y comparar las culturas de los países, hay una variable que define cuánto se ajusta un país a una norma. Se trata del espectro indulgencia frente a contención, y también se refleja en la distancia jerárquica.

La pregunta es si esta moral flexible es un rasgo que forma parte de la evolución. Y si vamos más allá e incluimos a otros animales en el recuento, podemos deducir que sí: cucos robando el nido a otros pájaros, animales adoptando la forma del alimento de otro para engañarlo, robo del alimento de una especie por otra, etc.

Jugar a policías y ladrones

Policías y ladrones es un juego descrito por nuestro amigo Eric Berne, dentro de una categoría que llamó «los bajos fondos». Berne explica que hay dos tipos de criminales: los que buscan el beneficio y los que buscan (inconscientemente) entrar en este juego (y ser atrapados). Los que buscan el beneficio son «profesionales» y rara vez son atrapados. En cambio, la persona que juega a policías y ladrones está jugando a una versión adulta del escondite, donde el no ser atrapado arruina el juego. Así, es interesante encontrar un lugar muy bueno para esconderse y que se tarde en descubrir, pero si no se descubre nunca, o si se descubre en unos segundos, de pronto es muy aburrido jugar.

El sobrenombre de «Jimmy Resbalones» ya nos hace pensar en una persona que mete la pata con facilidad y acaba siendo descubierta. De hecho, muchas de las «ideas felices» que tiene este personaje a lo largo de la serie ya nos dan a entender que solo es cuestión de tiempo que le atrapen.

En el caso del hombre torpe que vendía los medicamentos, igualmente comete un error garrafal gastando el dinero que le pagan los traficantes en un objeto grande y ostentoso, que parece una exclamación: «¡Soy un camello, atrapadme!».


Una última reflexión: Berne habla de esa «voz del diablo» que hace a una persona entrar en alguna dinámica de guion perdedor, algo como: «¡Venga, atrévete!». Esa voz se opone a la otra (el ángel), que te sugiere: «Me parece que esto no está bien, esto no es correcto». Entonces, cuando hacemos esas pequeñas (o no tan pequeñas) ilegalidades, ¿buscamos secretamente que nos descubran? Si te apetece, responde en comentarios. Como siempre, agradezco mucho que te tomes el tiempo de leer estas reflexiones. Espero que te sirvan.

Lucky Star

Una vieja maldición china dice:

Que vivas en tiempos interesantes (May you live in interesting times).

Maldición china

Igual pensabas, como yo, que no nos iba a tocar, pero ya ves…

Hace unos días tuve la suerte de ver la película Lucky Star en un centro cultural. Es una joya de 1929, una obra maestra. En el centro cultural la presentaron: «Esta película es muda y el primer minuto es en silencio». Bajón. Lo primero que pensé es: «Vaya fósil nos vamos a tragar». Y esta idea se mantuvo cuando apareció el primer plano, una casa en el campo al lado de un camino. Se veía como difuso, casi parecía un cuadro poco luminoso en escala de grises.

Comienzo de la película Lucky Star. Captura de pantalla.

Al tiempo que surgió esta difusa imagen, comenzó una música por momentos un tanto molesta. Pensé: «Así, 90 minutos. ¿Aguantaremos?».

Y pronto cambió totalmente mi percepción. Los actores se comportaban de una forma natural, no de la forma teatralizada del primer cine mudo: no hacían gestos exagerados ni se movían por espasmos. Varias veces me acordé de Florence Lawrence, la actriz inventora del intermitente. Supongo que ese sería el aspecto de las películas que hacía The biograph girl.

La historia era sencilla pero con fuerza, una historia que se comprende sin necesitar diálogos. En su lugar, aparecían de vez en cuando los intertítulos en inglés que se han recuperado, y es que esta película estuvo desaparecida durante años, y se pudo recuperar después. Además de su sencillez aparente, la película muestra un juego de planos muy moderno, dinámico, acompañados siempre por la música.

La historia es preciosa, es una historia de amor tierna, en la que el amor va creciendo con pequeños gestos románticos, partiendo de una situación hoy impensable. Esta historia es idea de Tristam Tupper, que ya había publicado partes de la vida del personaje principal, Tim Osborne. El guion es de Sonya Levien.

La vida en guerra

La época en la que se sitúa Lucky Star es la Primera Guerra Mundial, concretamente en 1917 (hace más de un siglo…); desde luego, en «tiempos interesantes». Una época de carencias que en la película no se perciben como tales: simplemente, la vida era así. Una viuda con cinco hijos vive de vender y repartir lo que produce en su pequeña granja familiar. Un hombre vuelve de la guerra y pasa la vida arreglando objetos antiguos en su casa, alejada del pueblo, donde no hay, claro, ni tele, ni radio, ni ningún elemento que le distraiga o le conecte con «los sucesos de actualidad». Destacaré una frase que dijo (a través de un intertítulo) este hombre, Tim Osborne, porque me llegó al alma:

Yo no había tenido en cuenta los objetos rotos hasta que yo mismo estuve roto (smashed up).

Tim Osborne

Me sorprendió la calidad de las escenas de guerra, escenas creíbles, modernas, que transcurren durante la noche: una noche mucho mejor lograda que la de bastantes películas de los años 60-70 en las que las escenas nocturnas estaban rodadas a la luz del día y luego filtradas.

Por cierto, cada vez que recuerdo el título de esta película, la banda sonora que me viene a la cabeza es la canción «You Are My Lucky Star», de Gene Kelly y Debbie Reynolds, en otra joya del cine, Cantando bajo la lluvia:

Pero volvamos a la película de 1929.

Mary, la pequeña y desaliñada Mary

Mary es la protagonista femenina, la hija mayor de esa viuda de cinco hijos. Su vida es muy dura: se levanta, ordeña la vaca, recoge los huevos de las gallinas, cuida a sus hermanos pequeños, vende estos productos llevándolos con su carromato… Lleva ropa raída y desaliñada, está sucia, es pícara, engaña.

Su madre es rígida y antipática, centrada en las ventajas económicas que pueda obtener. Su papel se justifica: «Lo hago por tu bien». Esa madre viuda con aspecto de Doña Rogelia debía de tener mi edad, si no era más joven…

Igual que el resto de personajes, Mary vive su vida como la única realidad que existe, simplemente actúa, hace lo que tiene que hacer y, si puede rapiñar algo más, mejor.

Es muy interesante la transformación que cada personaje provoca en el otro. Mary se transforma y crece.

Wenn, el burlador

Y luego está Martin Wenn, un donjuan en toda ocasión: antes de la guerra, durante la guerra y después de la guerra. Sabe que, pidiendo matrimonio a las mujeres, las va a «burlar». En el pueblo, todos saben como es Wenn («He’s not good»), saben que engaña a las mujeres y sus madres, es otro personaje que saca la ventaja que puede de las situaciones que se le plantean.


Creo que esta película me sirvió para atisbar cómo se vive en tiempos muy duros, en «tiempos interesantes», cómo se sale adelante y cómo lo más humano, lo más compasivo, se abre paso en medio de la dureza.

Tienes esta película en FilmAffinity y en YouTube, aquí. Sé que no es lo mismo que verla en la gran pantalla, pero te aseguro que no te dejará indiferente:

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. Si ves la película, ya contarás qué te parece.

¿De vuelta?

Hace 9 meses dejé de escribir este blog. ¿Por qué? Varios motivos, el principal, la carga de trabajo.

Ahora leo mi última entrada, del 2 de julio del 2021, y veo que lo dejé «en todo lo alto» (modestamente).

No es que no se me hayan ocurrido nuevas ideas para «arengar a las masas», sino que las he ido descartando, a veces a la vista de los titulares: ¿cómo ponerme a hablar sobre teorías psicológicas cuando hay un volcán en erupción, una nueva ola de Covid-19 o una guerra? Creo que alguna vez he explicado que este blog se propuso desde el principio (2008) ser atemporal, hablar de lo que no cambia, ser filosófico. Esto solo dejó de ser así durante el confinamiento duro.

Por otro lado, las ideas que se me iban ocurriendo estos meses daban vueltas sobre lo ya comentado en este blog. Hay ya muchísima información aquí sobre análisis transaccional, constelaciones familiares, desarrollo personal, aprendizaje… Debido a esa gran carga de trabajo, tampoco he leído demasiado, lo que influye en la tendencia a la repetición en las batallitas que cuento en este blog.

Mientras volvía sobre mis viejas ideas, que no transcribía, trabajaba con intensidad y disfrutando mucho creando contenidos. Al final, como dice un ex compañero guionista, Javier Ródenas, «yo soy un mercenario». Pues yo soy una mercenaria, escribo lo que el cliente necesita, buscando caminos a la creatividad entre los huecos de sus instrucciones, siempre con la mente en el «cliente final», que en mi caso es un alumn@.

Imagen de https://www.cinemascomics.com/rambo-5-imagen-sylvester-stallone/ (lo que me imagino con la palabra «mercenario»)

¿Y qué hay de nuevo, vieja?

En esos tiempos de mucho trabajo he leído poco, pero sí he visto series. A veces estás viendo un capítulo prestando una atención difusa, medio adormecida, con el sano objetivo de pasar el rato. Y entonces escuchas algo como:

La incomodidad de la incertidumbre es la parte más rica de la experiencia.

Un profesor en un capítulo de Dawson’s Creek

Y te quedas ahí, pensando que ese personaje te ha dado una respuesta a cómo llevar lo que estás viviendo en ese momento. Yo le di a la pausa y lo apunté. Es una frase que me acompaña desde ese día, hace unas semanas. Cuando percibo caos en mi vida, traigo a mi mente esta frase.

O bien, en otra serie, escuchas:

It’s not a bug; it’s a feature. (No es un error, es una característica).

James McGill citando una frase que parece ser de Silicon Valey, en Better Call Saul

Las implicaciones de esta frase pueden ser tan amplias como las de un océano. De pronto, tus errores son solo características: puedes respirar hondo. De pronto, en cualquier aspecto de la vida, «esto es así», no es que esté mal hecho, sino que es como es. De vez en cuando, cuando algo está lejos de ser perfecto, pero está «pasable» o «potable», traigo a mi mente esta frase: es solo una característica más de ese algo.

Son pequeñas perlas que tampoco pretendo que sirvan para toda circunstancia y ocasión, pero de vez en cuando parece que dan un cierto alivio. ¿Te servirán a ti, lector@?

¿Qué hago ahora?

Hace poco he emprendido un nuevo camino laboral, muy motivador, y me he embarcado en algún que otro curso. Pienso que este cambio en mi vida pueda traer aires renovados a este «antiguo blog», que es como un abuelete ya. Lo veremos con el tiempo.

En conclusión…

En resumen, no sé si estoy o no estoy de vuelta aquí. Sea como sea, muchas gracias por leer. Un blog sin lectores es una voz clamando en el desierto.

No todo el oro reluce

¿Cómo valoramos a una persona? ¿En qué nos fijamos? ¿Qué es lo que nos abre puertas? Comenzamos con una frase de una canción de Manu Chao, «Me gustas tú»: no todo el oro reluce.

Que se mueran los feos

Seguimos con otra canción, «Que se mueran los feos», de Los Sirex.

Vamos a fijarnos en los autores que habitualmente cito en este blog. Desde Eric Berne hasta los Monty Python, lo cierto es que no son ejemplos de belleza áurea.

Eric Berne en 1969, autor desconocido.

Sin embargo, pronto nos olvidamos de esto ante su ingenio. Pero entonces, ¿hace falta ser ingenioso, muy brillante o con una personalidad arrolladora cuando no se es agraciado? ¿Quién determina esto de ser agraciado? ¿Y cuál es nuestra percepción de los demás cuando sus imperfecciones destacan?

Como el mismo Berne explica, cuando somos pequeños miramos libre y abiertamente a otras personas, en especial a las que tienen defectos o características llamativas. Después, rápidamente aprendemos que «ver no está bien visto». El análisis rápido que hacemos de una persona lo tenemos que hacer disimuladamente, porque la mirada fija es o puede verse como ofensiva.

El problema de dejar de mirar abiertamente, sobre todo aquello que no nos cuadra, es que puede llevarnos a dar por bueno algo que potencialmente puede ser un peligro. Voy a rescatar esta parte del post sobre Barba Azul:

Barba Azul se casa con la menor de cuatro hermanas, una jovencita que se siente atraída por esa extraña barba azul, que al mismo tiempo le da cierto reparo.

Clarissa Pinkola Estés

El aprendizaje consiste en ignorar las señales de alarma que provoca eso que nos da cierto reparo y que suele ser una mezcla de rasgos físicos y de personalidad.

Me duele la cara de ser tan guapo

Seguimos con otra canción, «Me duele la cara de ser tan guapo», con una letra aguda y un vídeo muy divertido:

Los guapos también nos pueden dar reparos. Una persona muy guapa puede provocar rechazo por muchas razones, la más habitual es la envidia, pero también puede deberse a leer en su rostro gestos de superioridad, de falta de empatía o de estar encantado/a de conocerse. Por tanto, ser una persona bella no es un carnet que nos coloque por encima del resto. Lo que sí es cierto es que hay estudios que demuestran que a la gente físicamente agradable le es más fácil conseguir puestos de trabajo y tener éxito, ya que llegan a obtener una «prima de belleza».

Además de la guapura innata, vivimos en una época donde hasta la clase política viste de forma elegante y atractiva, tipo Reservoir dogs, cuando no son dechados de belleza. Cuando era pequeña parecía existir una elección: «o eres guapa o eres inteligente». Ahora se dan mezclas interesantes de ambas cosas, gente agradable físicamente y que además es un portento en su campo. ¿Es esto más exigente? Porque antes, cuando te decantabas por uno de estos caminos a la vista de la información que recibías del exterior, podías descartar cómodamente el otro.

Pero estamos hablando de gente guapa y no estamos aclarando qué es ser una persona bella. Y esto lo rescato de un documental muy bueno que vi una vez y me dejó impactada: creando una máscara con las proporciones áureas, esta máscara se aplica a la cara de todas esas personas consideradas guapas y no a la cara de las que se considera menos guapas. Lo puedes ver entero aquí:

Uno de estos guapos es, por supuesto, Tom Cruise. En el documental también se dice que una cierta imperfección añade atractivo a estas caras. Podríamos pensar que Tom Cruise, con su nariz o sus dientes grandes, no es tan guapo, sin embargo, su cara encaja en la máscara áurea y puede permitirse sus pequeñas imperfecciones, que lo hacen más ¿humano? Utilizo esta palabra porque las caras generadas por inteligencia artificial crean una cierta tensión cuando se comparan con una cara humana real. Son tan perfectas que son siniestras.

Por el contrario, resulta imposible distinguir el deepfake de Tom Cruise del actor real. De lo siniestro pasamos a lo escalofriante:

Jeder se mira al espejo

Entonces, ¿hay que ser Tom Cruise y tener las proporciones áureas o generarlas con inteligencia artificial? Si es así, ¿cómo nos explicamos que la gente «fea» logre posiciones de éxito en la vida? Pienso que no se trata tanto de belleza objetiva como de irradiar autoestima. Y esto Eric Berne lo sabía muy bien.

Para referirse a una persona cualquiera, Berne inventó el nombre «Jeder». En varios textos de Berne he leído que Jeder ignora lo feo que se pone cuando se pasa la lengua por los dientes. Para Jeder, es un gesto inofensivo y, sobre todo, muy disimulado. Para un observador externo, Jeder se afea mucho haciendo este gesto. La propuesta revolucionaria para la época de Berne es que la persona se grabe en vídeo y se vea haciendo distintos gestos.

En una época en la que, además de vestir mejor y pintarnos más, nos vemos constantemente en fotos y vídeos, puede pensarse que este ejercicio ha perdido su sentido. Sin embargo, puede que sea al contrario: la imagen que publicamos está filtrada, alisada, photoshopeada, seleccionada de entre varias… hasta el punto de que podemos llegar a pensar que tenemos una cara distinta a la que tenemos. Al principio, el Photoshop quedaba al alcance de los famosos en revistas y anuncios. Ahora, hay que decirle al móvil que no te filtre para poder ver la realidad.

El otro día tuve la suerte de asistir como público a una clase magistral de Antonio Canales. Él explicó que lee en el cuerpo de un bailarín si es diestro o zurdo, sus años de experiencia, si tiene hijos… Realmente, lo que transmitimos con la postura, el tono físico, la mirada, la posición de la cabeza… es casi todo. Y se puede entrenar. Por eso suelo insistir en lo bien que viene hacer teatro, o en general artes escénicas.

Volviendo al tema de la guapura y sumándolo a una postura que denote autoestima, recuerdo un detalle del documental Love, Marilyn. Norma Jeane va andando por la calle con una amiga. De pronto, le dice: «voy a transformarme en «ella»». Cambiando la postura, la forma de andar y la mirada, de pronto la gente a su alrededor se da cuenta de que Marilyn Monroe está ahí, surgida como de la nada. Hasta un símbolo sexual como «ella» cambia la percepción de los que la rodean cambiando la actitud. Lo que puede dar para otro post futuro… o no.


¿Qué opinas? ¿Piensas que en general le va mejor a la gente guapa? ¿Piensas que la autoestima está asociada con la belleza? Ya sabes, deja un comentario, comparte libremente y gracias por leer. 🙂

Solo personas

Cuando empiezas a trabajar con una organización o institución muy grande, o multinacional, puede que te sobrecoja por su tamaño e importancia. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que al final, hasta la organización más grande está formada por personas. Son personas normales y corrientes, se trata de tener enfrente a otro ser humano.

Mujer joven negra mirando a cámara
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En muchos talleres de habilidades hay un ejercicio en el que los participantes caminan por la sala y buscan a alguien. Entonces, ambas personas se miran a los ojos durante tres minutos. Cuando se experimenta esto, se da una comunicación no verbal con el otro que permite comprobar algo de sentido común:

Somos iguales.

Esto es algo que destaca frecuentemente Brigitte Champetier des Ribes en sus talleres.

Pues eso mismo puede hacerse con las personas de las grandes instituciones. En realidad no te relacionas con todas las personas de la organización, eso no sería manejable; te relacionas con una o varias personas, no demasiadas. Y se descubre que, mirándose a los ojos, la naturaleza humana de ambas se revela.

Como esto no siempre es posible, podemos hacerlo internamente, imaginando a esa persona delante.

Esto ayuda enormemente a varias cosas: a darse cuenta de que el tipo de males que nos asolan son similares, que los ricos también lloran, que tenemos frustraciones parecidas y el mismo tipo de sueños, que el malo no es tan malo ni el bueno es tan bueno. Al fin y al cabo, solo somos dos personas, dos seres humanos imperfectos, que se relacionan.

Cuando el otro es igual que tú

Verse igual a otra persona permite:

  • Dejar de lado el exceso de importancia que cada persona trata de darse
  • Dejar de creer ser el ombligo del mundo
  • Sentir compasión por las circunstancias del otro, que podrían ser las propias
  • Relativizar los errores que comete la persona a la que miro: yo también podría cometerlos, yo también soy imperfecta

Eric Berne señala cómo en un primer momento dos personas se ven con claridad, en los primeros diez segundos, para después hacer una actuación de Oscar superponiendo una careta sobre la propia esencia. Cada persona hace lo mismo: primero ve al otro y se deja ver, después se oculta y se olvida de lo que ha sabido sobre la otra persona. Por eso el ejercicio que se hace en los talleres es sin hablar, solo mirada, porque ahí no hay careta posible, salvo en algunos grandes artistas de la Academia.

El protocolo y la tele

Quizá lo que más me impone a mí es el protocolo. Veo estas series como The Crown o House of Cards y es el protocolo, las formas y los uniformes lo que establece las relaciones y jerarquías entre las personas en ese contexto, de manera que el ejercicio de mirar a los ojos es difícil o está prohibido. Y puede que incluso si se pudiera hacer con personas como la Reina de Inglaterra, ahí estaríamos ante una persona tan entrenada en ocultarse que no la podríamos ver. En todo caso, no dejaríamos de estar ante un semejante, otro ser humano, otra persona.

Otra cosa que puede pasar es que el aura o carisma de una persona muy famosa nos impida verla como persona. Los grandes famosos que vemos siempre en pantallas también son personas, son seres humanos muy parecidos a cualquiera. Pero si los vemos fuera de las pantallas, si nos los cruzamos por la calle, su aura nos puede obnubilar, su carisma nos puede impresionar tanto como si fuesen seres superiores. Ya he contado alguna vez que yo he conocido a una persona muy famosa cuando no lo era y luego lo empezó a ser. Ya tenía ese carisma que atraía las miradas sobre ella, ya era un poco diferente al resto. Pero no dejaba de ser otra persona más, otro ser humano.


En definitiva, sea por pertenecer a una gran institución o de mucho prestigio, sea por tener una jerarquía muy alta que obliga a un protocolo o sea por ser «famosa», una persona nos puede parecer «otra cosa» mientras no hagamos o visualicemos el ejercicio de mirarla a los ojos, hasta poder ver, simplemente a «uno cualquiera».

¿Qué opinas? ¿Hay personas o situaciones que te imponen mucho? ¿Cómo te sientes ante grandes organizaciones o instituciones? Como siempre, te agradezco mucho que leas y compartas libremente.

Hablar en plata

Eric Berne procuró que los conceptos del análisis transaccional fuesen claros e inequívocos. Por ejemplo, los estados del yo del Padre, Adulto y Niño, dar caricias o dar descuentos, jugar a juegos o tener un guion de vida.

Berne observaba todo lo que decían y hacían las personas que acudían a sus grupos. Pero no se dedicaba a apuntar, grababa las conversaciones y estaba más interesado en las palabras que destacaban que en todo el discurso que las rodeaba, ocultando su importancia. También Bert Hellinger huía de los monólogos de los asistentes a sus sesiones:

Descríbeme el problema en tres frases.

Bert Hellinger

Si solo tengo tres frases, no voy a decir:

«Todo se remonta a hace cinco años, cuando por primera vez observé… Y entonces, en 2017, también ocurrió que… Le pasa también a mi prima que…»

Porque entonces no habré llegado a definir lo que quiero tratar hoy. Probablemente utilizaré frases cortas y palabras claras.

Por su parte, Eric Berne utilizaba el humor para narrar esos acercamientos a la realidad que se quedan tan lejos, por ejemplo, esos libros que se titulan:

«En el camino hacia la introducción de una teoría sobre la personalidad»

El libro, de 500 páginas, tan solo se ha encaminado a la introducción, pero no de unos hechos o datos, de una teoría.

Según comenta Berne, algunas personas tienen prohibido acabar nada o ir al grano, de manera que hablan con conjunciones:

«Fui al mercado y… y entonces… y esto… y además…»

Otras personas no acaban sus frases, sino que las terminan con expresiones como «y todo eso», «etcétera», «y lo demás». Por ejemplo: «Nos besamos y todo eso».

La cuestión es preguntarse qué hay detrás de las expresiones que decimos y que no están diciendo nada. Parece que ocurre en temas tradicionalmente tabú, como el sexo, y también en prohibiciones familiares: «de eso no se habla».

Y me lo pones por escrito

Es habitual escribir de forma retórica en los ámbitos formales, pero incluso se cuela en otros ámbitos donde el uso de la palabra podría ser mucho más libre, como un guion cinematográfico. Hace poco, Javi Meléndez escribía:

https://twitter.com/javiguion

¿Cuál tiene más fuerza y se comprende mejor, «cagado de miedo» o «tiene cara de miedo»? La frase entera es ese estilo norteamericano tan claro que no da lugar a dudas sobre lo que quiere decir:

«John pisa frenéticamente el pedal de su moto, está cagado de miedo y la maldita cosa no arranca».

James Cameron

Es también la forma de escribir de Stephen King y de Chuck Palaniuk.

Vemos que, junto con los temas tabú, la expresión de las emociones es otro campo que da lugar a sustituciones de palabras claras por expresiones vagas y circunloquios.

A la hora de escribir, pesan mucho expresiones tradicionales como las de aquellas cartas que ya hace 20 años estaban obsoletas y que empezaban con algo como:

«Muy señor mío»

Es un lenguaje lleno de perífrasis verbales. Pienso que la perífrasis es una manera clara de huir de la acción. En lugar de actuar, «se procede a realizar la acción».

Todo lo que no es hablar claro es de alguna manera «descontar» la realidad, es decir, descalificarla, haciendo que no exista. Se pasa por encima de lo que se tiene delante o lo que se siente, y se dice una cosa que se parece mucho, algo o poco. En palabras de Berne,

Decir las cosas como son puede significar que el paciente está preparado para ponerse bien.

Eric Berne

Me parece importante parar aquí para decir: hablar con claridad no significa hablar de forma cruel a otras personas.

Sigamos. Berne pone algunos ejemplos de esta forma de hablar que oculta la realidad detrás de giros un tanto rimbombantes:

«Iniciamos la entrevista intercambiando saludos positivos. Luego el paciente explicó que había expresado su hostilidad llevando a cabo un acto de agresión física contra su compañero»

frente a

«El paciente me dijo hola y me contó que había pegado a su compañero».

Recapitulando

Parece ser que damos rodeos con el lenguaje en al menos tres casos:

  • Cuando evitamos un tema tabú.
  • Cuando estaba prohibido hablar del tema en nuestra familia de origen.
  • Cuando evitamos expresar emociones genuinas y su grado de intensidad.

A veces, las tres cosas pueden ser la misma: por ejemplo, en una familia puede estar prohibida la emoción de la ira, es por tanto un tema tabú y del que no se puede hablar. O puede ocurrir con la tristeza. O con la alegría.

Propuesta: escucha cómo hablas, lee lo que escribes y empieza a quitar paja. Vas eliminando los rodeos que utilizas y llegas a decir las cosas como son. Si te apetece, deja comentario sobre cómo te fue o cuáles son tus rodeos del lenguaje más habituales. ¡Gracias por leer!

Referencias

BERNE, E. (2014) Más allá de juegos y guiones. Editorial Jeder. Sevilla.

Artículos y conferencias de Bert Hellinger.

Pequeños trucos

El otro día leí un tuit que me gustó y me dio que pensar:

Tuit de Bea (@bvlba) que dice: La vida es como usar excel, crees que sabes pero no.

Después de muchos años aprendiendo sobre habilidades, empatía, asertividad, emociones, Tai Chi y Chi Kung, gestión del estrés, mindfulness, constelaciones familiares, análisis transaccional… no puedo estar más de acuerdo con el tuit de Bea: crees que sabes sobre la vida, pero no.

Incluso a veces escucho en mi pensamiento eso de:

Solo sé que no sé nada.

Sócrates

Es un efecto curioso, ¿verdad? Es como la biblioteca de libros no leídos de Umberto Eco que menciona Nassim Taleb: es claramente mayor que la de libros leídos y, cuanto más se sabe de un tema, más títulos sin leer se encuentran sobre él. Sobre esta «antibiblioteca» podéis leer un artículo muy bueno de Cristian Vázquez aquí.

A los 25-30 años pensaba que tenía todo muy claro. Impartía formación presencial en habilidades de todo tipo, e incluso impartía taichí, y me parecía que comprendía de qué va la vida y qué teclas apretar para que todo fuese bien.

Titulación frente a experiencia

Después, a partir de los 31 y debido a una crisis vital importante, o mejor lo llamamos por su nombre, a una enfermedad crónica importante, fui dándome cuenta de que no sabía lo suficiente. Empecé a prepararme más en las áreas que he citado, principalmente en constelaciones familiares y gracias a Insconsfa. Fui descubriendo mucho sobre mí, aquello que obvias porque parece estar escrito en un lenguaje ajeno, pero que un observador externo agudo puede ver.

Y ahora que ando por los 46, veo que gran parte de la preparación teórica sirve de muy poco, que lo que ha contado realmente ha sido lo experiencial, tanto en constelaciones, sí, como en actividades «lúdicas» de las que también se aprende sobre la vida, y sobre todo viviendo, enfrentándose a lo que la vida propone. Experiencial y preverbal: mucha «sabiduría» no está verbalizada, no son frases y sentencias grandilocuentes, es un saber que está ahí, una especie de intuición sin palabras.

Se sigue valorando la titulación, puede que cada vez más. Y también es verdad que se valora la experiencia: es la única que realmente demuestra que una persona puede hacer una tarea concreta con destreza. Seguramente, la persona que ha ascendido por su experiencia conoce la teoría de su sector, sin embargo, no necesariamente ha tenido que leerla en cientos de libros, sino que la ha ido adquiriendo a través de su acción.

En la vida me ha sorprendido encontrarme con personas que saben mucho de lo que he estudiado, pero lo saben porque lo han observado en la realidad: yo me inclino ante eso. Son personas prácticas, que tienen los ojos abiertos, que ante las incógnitas de la vida lo que hacen es tomar el presente y seguir adelante, sin preocuparse demasiado por no saber las teorías que pueden estar detrás, pero sacando conclusiones que solo pueden derivarse de vivir el presente intensamente.

Un ejemplo cinematográfico es el personaje de Moustache en Irma la dulce, del que ya hemos hablado antes. Moustache observa la realidad desde detrás de la barra de su bar, conoce cómo funciona la vida, no juzga, simplemente comprende que el mundo es imperfecto y tiene un saber intuitivo sobre lo que va a funcionar y lo que no. Es verdad que este personaje tiene mucho bagaje, constantemente pone ejemplos de lo que experimentó en distintas profesiones, algunas de mucho prestigio: son esos pequeños trucos que se aprenden por estar ahí.

Camarero Moustache, personaje de la película Irma la dulce

Pequeños atajos

No sabemos Excel, pero sí conocemos pequeños atajos, trucos que sirven para manejar este software y conseguir lo que necesitamos de él, en ocasiones con grandes esfuerzos intelectuales. No sé si esto nos permite hacer tablas dinámicas, pero al menos nos defendemos.

Con la vida creo que pasa lo mismo, que aprendemos trucos o pequeños saberes, humildes, que incluso pueden aplicarse en varias áreas distintas. Así, nos damos cuenta de que los grandes y transformadores eventos de nuestra vida nos marcan temporalmente. Con el tiempo, nos adaptamos a la nueva realidad y volvemos a los viejos hábitos. Pero por ese duro camino hemos adquirido algunas herramientas que podemos utilizar para situaciones distintas.

Aquí algunos consejos de Moustache (el vídeo está en inglés): el mundo está lleno de oportunidades.