El éxito de los que fracasaron

Es bastante curioso: existen muchos libros que venden la fórmula del éxito. Incluso mucha formación está orientada a que tengamos éxito. En estos materiales, aparecen ejemplos de personas y empresas que han tenido éxito con ideas novedosas, con inversión en innovación, con su anticipación a los mercados, etc.

Sin embargo, parece que nadie se dedica a explicar el éxito de los que fracasaron en vida, a explicar por qué estudiamos las obras de los artistas que en vida eran casi vagabundos, llevando vidas sórdidas que acabaron en suicidio o sufriendo trastornos mentales que por momentos les incapacitaban.

Algunos de estos fracasados con éxito post mortem pertenecen al club de marcianos que inauguré en un post anterior, por ello les resultó especialmente difícil en vida vender sus ideas, vivir de su creatividad, hacer valer sus obras.

Otros fracasados no tuvieron el éxito suficiente como para que ahora se les recuerde, lo más probable es que se pierdan en el olvido, a menos que alguien muestre interés por contar sus vidas…

El loco del pelo rojo

Retrato de Vincent Van Gogh

Vincent van Gogh es uno de estos fracasados. A pesar de su forma inusual, novedosa y bella de expresión plástica, aquel loco apasionado no pudo ni imaginar lo que se valorarían sus pinturas más adelante.

Un hombre obsesionado con plasmar la luz del sol, la acción de trabajar en el campo, el movimiento del viento en los trigales, que trabajó intensamente cuadro tras cuadro. Recomendaría ver aquí la película El loco del pelo rojo, un gran homenaje a este pintor, estéticamente trabajada. ¿Alguien utiliza a van Gogh como ejemplo de éxito? Parece que no. Lo que hizo en vida no le sirvió de mucho.

Vincent llevaba el nombre de un hermano que nació un año antes que él y murió de forma prematura. Tal como dice el tomo “Vincent van Gogh y la melancolía” de la colección This is Art  de El País,

…el segundo Vincent llegó al mundo con esa lápida sobre el pecho, la piedra de su melancolía. Los padres no se lo pusieron fácil: le hicieron sentir que era una copia y no el original, un sustituto imperfecto.

SIVAINVI (VALIS)

Fotografía de Philip K. Dick

Philip K. Dick tuvo reconocimiento en vida: fue admirado tanto por autores coetáneos de ciencia ficción (por ejemplo, Robert A. Heinlein) como premiado numerosas veces y publicado en distintas revistas. Su producción fue vasta, tanto en novelas como en relatos cortos.

Sin embargo, no conseguía salir adelante, vivió con dificultades económicas y necesitando ayuda toda su vida. Además, comparte con Van Gogh el caminar por el filo entre la cordura y la locura, tenía visiones y posiblemente brotes psicóticos. Como podéis leer en el completo artículo de Wikipedia:

Dick aceptó estas visiones como reales, buscando otras explicaciones racionales y religiosas, creyendo que había establecido contacto con una entidad divina de algún tipo, a la que se refería como Cebra, Dios, o más frecuentemente SIVAINVI. SIVAINVI es el acrónimo de SIstema de VAsta INteligencia VIva (en inglés VALIS: Vast Active Living Intelligence System).

Ahora, todos conocemos sus historias por las adaptaciones cinematográficas que se han hecho de ellas, por ejemplo, Blade Runner, adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? o Desafío total, adaptación de Podemos recordarlo por usted al por mayor, por citar las más conocidas.

¿Se sabe si en alguna escuela de negocios o en algún libro sobre el éxito se pone como ejemplo a Philip K. Dick? Parece dudoso.

Este escritor comparte con van Gogh la carga de un hermano muerto, en este caso, el fallecimiento de su hermana melliza a las pocas semanas de nacer.

The Biograph Girl

Florence Lawrence en su coche

Florence Lawrence fue una actriz de cine mudo que comenzó su vida artística de niña, actuando junto a su madre. Tuvo mucho éxito y se la conoce como la primera actriz de la que se supo su nombre (hasta entonces, los actores no aparecían en los títulos de crédito).

Fue una mujer entusiasmada con la mecánica. En 1912 se compró un automóvil, algo bastante peculiar para una mujer de esa época. Florence inventó un mecanismo que funcionaba como una señal de intermitente. Al apretar un botón, se levantaba o bajaba una bandera en el parachoques trasero, indicando la dirección. Además, también desarrolló un invento para avisar a los motoristas de un stop próximo. Al pisar el freno, aparecía una pequeña señal que decía “Stop” en la parte trasera del coche. Además de esto, inventó el primer limpiaparabrisas eléctrico, que se comercializó en 1917. No fue hasta 1925 que se patentó algo parecido al invento de Florence.

Si ahora sabemos esto es porque se ha escrito sobre ello, pero es probable que en su época el hecho del invento pasase bastante desapercibido.

Su historia no acabó bien… Tras un accidente de trabajo, quedó desfigurada y con la espalda rota. Le empezó a ser más difícil trabajar, ya no le daban papeles protagonistas. En su vida personal, fue enlazando matrimonios desastrosos y empezó a sufrir de una enfermedad de los huesos. Acabó suicidándose.

El caso 112

Fotografía de Rosa Pérez Lema, también fue conocida como Rosita Lerma

En 1991 vi un documental sobre una vagabunda que había muerto al caer por las escaleras del metro y que había sido actriz cuando era joven. La historia me dejó muy impactada. He logrado localizar este documental sobre Rosa Pérez Lema y recomiendo encarecidamente que lo veáis, porque ilustra a la perfección la vida de una persona que parece triunfar y que luego se hunde en el fracaso más absoluto.

Rosa Pérez Lema comparte algunos hechos biográficos con Florence Lawrence. Como ella, procede de una familia artística, en este caso, acróbatas de circo, por lo que muy temprano aparece ya en espectáculos.

Si ves el documental, observarás que ella lo intentó una y otra vez, como actriz y después como rejoneadora, ella quiere triunfar, se lo cuenta a todo el mundo, llega a compartir foto con Francisco Rabal o con El Cordobés

112 es el número de la tumba de persona no identificada en la que fue enterrada hasta que aquel equipo de televisión se interesó en saber más sobre ella, en una investigación ardua y profunda.

¿Cuántos de estos fracasados con éxito habrá a nuestro alrededor?

No sabemos nada. Están ocultos. Puede que tengan un cierto éxito, no vamos a negar que van Gogh vendió algunos cuadros, que Phillip K. Dick ganó varios premios y publicaba regularmente, que Florence Lawrence hizo más de 300 películas y llegó a tener mucho dinero, que Rosita Lerma destacó como rejoneadora…

Pero, ¿quién sabe dónde están ahora las personas como ellos? ¿Saben ellos/ellas que podrían ser especiales para generaciones futuras? ¿Cómo vivirán el fracaso? ¿Intuirán la genialidad de su obra, de sus inventos, y verán cómo no les es posible persuadir a casi nadie de su importancia?

Si siguen estas trayectorias atormentadas y horribles, seguiremos sin saber nada, solo algunos privilegiados estarán cerca de sus capacidades, y serán otras generaciones las que los descubran. Son como los cisnes negros, fenómenos atípicos que no se pueden predecir…

El capital pesado y el capital liviano

¿Qué implicaciones tiene crecer en un mundo de apps?

Un mundo hardware

Yo crecí en un “mundo hardware”.

Una ferretería americana puede tener un cartel que reza: “Hardware”. Porque eso es lo que significa esta palabra, la ferretería, las herramientas, las cerraduras, los cacharros, la cubertería… Lo que en este post hago ampliable a lo que es de metal.

Hace unos días necesité escribir y echar una carta (de verdad, de papel) al buzón de Correos. Me di cuenta de que en mi mente no había ningún buzón de correos en las calles que suelo frecuentar. Empecé a dudar incluso de su existencia en el mundo actual: quizá ahora las cartas se envían directamente desde las oficinas de Correos y han desaparecido los buzones, al igual que la mayoría de cabinas telefónicas.

Era un fenómeno contrario al que se dice que sucedió cuando las naves de Colón no eran percibidas por los nativos indianos, al no coincidir con nada que hubieran visto antes. Según esta página, pensaron que eran casas. Pues mi vivencia era haber dejado de ver buzones por haber dejado de necesitarlos.

Mi aprendizaje ocurrió en un mundo lleno de “hardware”, tanto en el exterior, la cabina, el buzón, los bancos de sentarse (están en extinción en las plazas modernas), como en el interior, el teléfono fijo, la cámara de fotos y su carrete, el vídeo VHS o el Betamax, la máquina de coser o incluso los libros…

Hay otro fenómeno igualmente curioso: en mi mente existen aún cabinas telefónicas “fantasma”. Paso por una calle y veo la cabina desde la que llamaba a mi amiga del instituto, solo que la cabina ya no está y no hay rastro de que hubiera estado jamás. ¿Dónde está? ¿Acaso ha corrido el mismo destino que la cabina que albergó a José Luis López Vázquez?

Cartel de la película La cabina, de Antonio Mercero

Mi aventura con el envío de la carta continuó con la siguiente duda: ¿se seguían vendiendo sellos en los estancos? Y, de ser así, ¿dónde hay un estanco? Igualmente, el estanco era un lugar que frecuentaba cuando adquiría el abono transportes y también los sellos, esos que ahora no tenía ni idea de cuánto podrían costar.

Un mundo software

Los llamados nativos digitales son eso, personas nacidas entre el “software”, en un mundo que realmente es plano (texto + imagen), que no pesa aunque ocupe y que, como ya nos contaba Zygmunt Bauman, es líquido, en lugar de un mundo en el que el capital es sólido, tangible y muy denso, pesado.

¿Reconoce un niño de primaria el buzón como objeto? ¿Sabe lo que es una cabina telefónica? ¿Le serviría de algo? Es posible que no lo sepa, pero señale con rapidez cómo buscar un vídeo en YouTube o qué aplicaciones usar para jugar gratis.

Al pensar en un mundo liviano, de cristal líquido, me viene a la cabeza una distopía futurista que vi hace años, es un corto de Eran May-raz y Daniel Lazo:

Como vemos en este corto, la realidad aumentada y las aplicaciones que el protagonista ve con sus lentillas completan el mundo real y lo gamifican (añaden elementos de juego).

Me da la sensación de que la vivencia de un “mundo software” oscurece la realidad tangible, haciéndola más apagada y gris. Puede que esta sea la razón por la que el cine es cada vez más mortecino en sus imágenes, algunas películas son casi en blanco y negro. Los que crecimos en el “mundo hardware” lo hicimos viendo películas de colores vivos, emociones alegres y amor, sexo. Hasta las películas que no tenían como fin hacer reír (las de aventuras, acción, ciencia ficción) tenían en general una buena dosis de humor y otra de romanticismo.

El humor y el amor han desaparecido del cine.

Este cambio en la forma de ver el entorno tal vez se deba a la sensación de que el mundo está oscuro frente a lo luminoso de las pantallas de nuestros dispositivos, o a que simplemente no prestemos atención a lo que nos rodea y por eso lo veamos como apagado, o que lo que nos rodea no sea fuente alguna de satisfacción sino de sufrimiento (cambio climático, crisis económica y política, precariedad, distancia entre ricos y pobres…) y volvamos la vista a las divertidas, superficiales y vacías apps y redes sociales.

Quizá cabe una reflexión: ¿qué fue antes, el oscurecimiento del mundo tangible o la aparición del mundo intangible?

Esas actividades para las que el hardware seguirá siendo hardware

A pesar de la cantidad de distopías que se filman, tipo Black Mirror, en las que parece que vivimos ya inmersos en ese mundo líquido, en ese espejo negro, hay una serie de actividades para las que parece necesario seguir contando con el capital pesado… y con la ferretería. Se me ocurren:

  • Cocinar. La olla, la cacerola, los cacharros en general. Ninguna app puede hacernos prescindir de ellos. El microondas es igualmente aparatoso.
  • Fabricar. Cualquier objeto que necesite un proceso de fabricación necesita o se convierte en hardware.
  • Dormir. Sin colchón, sillón, sofá, jergón… no somos nadie. A ver quién duerme en el mundo líquido.
  • Amueblar. Tanto espacios de consumo como bares, restaurantes, hoteles, etc. como la propia casa. Por muchas Alexas que tengamos distribuidas, nos harán falta unos muebles para sentirnos a gusto.
  • Viajar. A pesar de los avances en inteligencia artificial y otras tecnologías similares, lo cierto es que no se han inventado los viajes que vendía Rekal, Incorporated en el relato que dio lugar a Desafío total. Así, hay que viajar de verdad en objetos complejos y pesados: coches, autobuses, trenes, barcos, aviones…

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

La locura de Kurtz

Cuando leí El corazón de las tinieblas hace 16 años o más, me sonaba vagamente el nombre de Kurtz, tenía la noción de que la película Apocalypse Now se había inspirado “un poco” en este libro.

Al volver a ver la película recientemente y al volver sobre el libro, compruebo que la película es una adaptación de la novela de Conrad, una adaptación tan brillante que supera al libro, o más bien diría que lo amplifica, aumenta su realidad, para usar una expresión moderna.

A partir de un punto, alrededor de la mitad del libro (capítulo 2), ocurre algo mágico que recomiendo que compruebe cualquier admirador de la película de Coppola. Cada párrafo del libro encuentra una imagen de la película a la que asociarse. Ocurre como en esos libros de niños que despliegan un dibujo en tres dimensiones que se levanta del libro al abrir la página. Esa es la sensación que me da: sobre cada párrafo sobrevuela desplegada, brillante e inmensa la escena de la película.

A partir de aquí puedes encontrar spoiler

Voy a poner algunos ejemplos de cómo leer a Conrad a través de la narración de Marlow trae automáticamente imágenes de Apocalyse Now:

Cuando salió el sol había una niebla blanca, muy cálida y pegajosa, y más cegadora que la noche. Ni se movía ni avanzaba, simplemente estaba allí, rodeándole a uno como algo sólido.

También aparece el ataque con flechas y más adelante la muerte del timonel negro, que en la película es Laurence Fishburne.

La vivencia onírica, la sensación de que todo es una especie de sueño que se convierte en pesadilla, está brillantemente expresada en algunas frases, que automáticamente nos traen al capitán Willard (Martin Sheen) a la mente:

Lo único que lográbamos ver era el vapor sobre el que nos hallábamos…

… el estado onírico que impregnaba todos mis días en aquella época.

El peligro, si existía, se derivaba de nuestra proximidad a una gran pasión humana desatada.

Una imagen de la selva que de pronto se transforma en un conjunto de miembros humanos aparece un par de veces también en la película:

… y de repente, como si me hubieran retirado un velo de los ojos, descubrí en lo profundo de la enmarañada tenebrosidad, pechos desnudos, brazos, piernas, ojos brillantes: la maleza bullía de miembros humanos en movimiento, resplandecientes, del color del bronce.

Kurtz, el destino, el secreto, la locura, la clarividencia

Sin duda, Kurtz parece el motor de toda la historia, tanto en el libro como en la película.

La primera mitad de ambos es diferente: en el libro, Marlow quería viajar a algún país lejano y encuentra financiación a través de una tía suya. Sin embargo, cambiará varias veces de barco (uno de los vapores que iba a llevar se hunde). En la película, ambientada en la guerra de Vietnam, al capitán Willard le encomiendan entrar a Camboya para eliminar a Kurtz, un coronel que se ha vuelto loco.

Por tanto, aquí tenemos la primera gran diferencia: en la película, Kurtz se revela desde el principio como el motivo fundamental del viaje, mientras que en el libro solo al final nos damos cuenta de la importancia de Kurtz en la vivencia de Marlow. Al comienzo solo se le menciona de pasada: se comenta que es un comerciante de marfil que está en lo profundo de la selva.

Sin embargo, en ambas obras la imagen de Kurtz antecede a su aparición en escena, nos hablan de él, nos dan indicios de cómo es, nos envuelven en ese halo de curiosidad y posterior admiración que siente el protagonista. Marlow lo describe desde el recuerdo, antes de su encuentro con él:

¡Y el altanero hueso frontal del señor Kurtz! Dicen que el pelo continúa creciendo a veces, pero este espécimen estaba impresionantemente calvo. La selva le había pasado la mano por la cabeza y, ¡ya veis!, quedó como una bola, una bola de marfil (…)

¿No te viene automáticamente a la mente la imagen de Marlon Brando entre las sombras?

Marlon Brando como Kurtz en Apocalypse Now

Kurtz “se había colocado en un alto sitial entre los demonios de la tierra”.

Este tipo de frases nos hace ver a Kurtz antes de ver a Kurtz.

En la película, la forma en que vemos a Kurtz antes de verlo es la revisión que hace el capitán Willard de un dosier que se le entrega al principio. En él comprueba cómo la hoja de servicios de Kurtz era brillante, cómo se trataba ya de un personaje enigmático, complejo y válido hasta que se volvió loco en la selva.

En la novela, antes del encuentro con Kurtz se cuenta que se le ha encargado escribir un informe para la Sociedad Internacional para la Supresión de las Costumbres Salvajes. Un informe elocuente, tenso, lleno de benevolencia y sentimientos altruistas… en el que al final, Kurtz anota un garabato a mano que “le deslumbraba a uno como un relámpago”:

¡Exterminar a todos los salvajes!

Es algo que en la película el capitán Willard descubre al final.

El fotógrafo arlequín

La antesala de Kurtz es el extraño individuo que sale a recibir al barco, una especie de arlequín, que en la película es un fotógrafo (Dennis Hopper), un admirador de Kurtz, un discípulo occidental que muestra hasta qué punto el influjo de Kurtz no se detiene en los salvajes ignorantes, sino que puede alcanzar a una mentalidad menos impresionable.

El fotógrafo en Apocalyse Now despliega los brazos

Lo que dice el fotógrafo es lo que dice el arlequín:

A Kurtz no se le habla, se le escucha. (…) No se puede juzgar a Kurtz.

El capitán Willard/Marlow argumenta: “¡Ese hombre está loco!”

El señor Kurtz no podía estar loco. Si le hubiera oído hablar dos días antes…

Este personaje vuelve a presentarnos a Kurtz, nos habla de un gurú clarividente, lleno de sabiduría, que se hace adorar, pero también peligroso, despótico. Todavía desde el barco, Marlow utiliza unos gemelos para ver la casa donde está Kurtz y se encuentra con que los postes que la rodean no están adornados de “pomos redondos”, tienen cabezas ensartadas en ellos…

El horror

Si algo está magníficamente aumentado y utilizado en Apocalypse Now es el momento en el que Kurtz grita en susurros (atención a la expresión, un grito susurrado):

¡El horror! ¡El horror!

Realmente, la mención del horror en la novela nos abre un abanico de posibilidades, nos invita a unir retales, como que Kurtz apuntó “¡Exterminar a los salvajes!” en su informe, el hecho de se hiciera adorar por los salvajes o que el arlequín le tenga miedo.

Pero el horror alcanza las dimensiones más inimaginables en la obra de Coppola, cuando Kurtz, hablando al capitán Willard sobre el horror, describe una escena concreta de lo que significa: una serie de soldados eficientes, con altas cualidades morales, con mujeres e hijos, soldados nobles, que de pronto cortan los brazos a cientos de niños salvajes a los que se había vacunado. Y la montaña de esos brazos. Aunque esta imagen no se ve en la película, se abre de nuevo un gran desplegable en el libro, una figura de tres dimensiones que es exactamente eso, el horror puro.

Es un punto de inflexión en el que la película vuelve a separarse de la novela y, en mi opinión, vuelve a superarla. El capitán Willard se convierte él mismo en el horror, es tomado por la selva, mata a Kurtz como los salvajes matan a un gran toro, a hachazos y sin miramientos. Una sucesión de imágenes muy difícil de olvidar. En la novela, Kurtz muere a bordo del barco, es un ser enclenque y enfermo. En la película, no se lo ponen tan fácil al protagonista, tiene que cumplir su destino, que es matar a Kurtz, algo que el propio Kurtz sabe.

La separación de ambas obras continúa. En la novela, Marlow se ha llevado consigo todo lo que pertenecía a Kurtz, y se lo va entregando a distintos interesados, hasta que al final entrega unas cartas a la novia de Kurtz. Cuando ella pregunta por sus últimos momentos, Marlow le dice que Kurtz dijo su nombre. ¿Cómo le va a decir lo que realmente pronunció Kurtz? Así, siente que no le hace justicia.

En la película, no aparece la novia de Kurtz, en el dosier se indica que estaba casado y con hijos y Kurtz mismo encarga al capitán Willard que hable a su hijo sobre su verdad. Cuando acaba la misión de Willard, acaba la película, con el grito susurrado evocado en su recuerdo:

¡El horror! ¡El horror!

De manera que la película omite dos mujeres importantes: la novia de Kurtz y la mujer salvaje y poderosa que les contempla desde la orilla, llena de adornos metálicos.

Aun así, el regusto que queda es el mismo. Nos dice Marlow:

Y después estuvieron a punto de enterrarme a mí.

No obstante, como veis, yo no fui a unirme con Kurtz allí y entonces. No lo hice. Me quedé para soñar la pesadilla hasta el final y para demostrar mi lealtad hacia Kurtz una vez más.

Así, se cierra el círculo: Kurtz es el destino, el secreto, la locura, la clarividencia… Marlow es capaz de señalar la locura de Kurtz pero no es capaz de escapar a su influjo, acaba siéndole leal, acaba conquistado por este ser que habitó el corazón de las tinieblas.

El apego a las costumbres

Los grandes gurús suelen decir que el apego es malo, por ejemplo, dicen:

El apego corrompe.

El apego es el origen del sufrimiento.

Y yo me pregunto: si no hay apego, ¿seguimos siendo humanos? ¿Cómo reacciona una persona sin apego cuando pierde a un ser querido?

¿Apego a las costumbres?

 

Una pareja pasea a su perro por el campo

Pienso que una buena parte del apego no está dirigido a los seres queridos sino a las costumbres, rituales o rutinas relacionados con ellos.

De esta manera, es fácil comprender por qué una persona puede echar más de menos a su perro que a un familiar, ya que sus costumbres, rituales o rutinas están asociados a su mascota con una frecuencia diaria y de forma intensa: se levanta pronto porque tiene que sacar al perro, cuando vuelve a su casa es el primero que le recibe y el que más alegremente lo hace, está pendiente de la hora que es para sacar de nuevo a su perro por la tarde o por la noche… Algunos rituales son muy sutiles (y frecuentes), como dirigir la mirada al cacharro del agua a ver si hay que rellenarlo o recorrer con la mirada el salón a ver dónde está durmiendo el animal.

Hay entonces dos factores en el apego a las costumbres: la frecuencia y la intensidad.

Una pareja que los primeros meses tiene muchas relaciones sexuales luego puede observar que la intensidad va disminuyendo y con ella la frecuencia, con lo que el ritual se desdibuja, el hábito se pierde.

Incomodarse para explorar el mundo

Cualquier costumbre, aunque no esté relacionada con nuestros seres queridos, nos produce el mismo apego y por tanto la misma incomodidad cuando nos vemos obligados a abandonarla. Por ejemplo, cuando se viaja, cuanto más apegado se esté a las rutinas diarias, peor se pasará estando fuera de casa, incluso sin salir del país.

Sin embargo, nuestra facilidad para estar cómodos en la incomodidad es asombrosa: simplemente se trata de repetir una conducta durante unos segundos. En seguida nos acomodamos a esa conducta, por molesta que pareciese en un principio. Con el tiempo, automatizamos rutinas que hacen más fácil la vida.

Incomodarse renueva y refresca las vivencias. Si retomamos la pareja que los primeros meses hacía el amor apasionadamente, veremos cómo pronto establecen una serie de rutinas muy cómodas y agradables. Estas mismas rutinas, poco a poco, sustituyen la creatividad de improvisar a cada momento, se va perdiendo “la chispa”, lo que era agradable se convierte en la primera objeción que se les viene a la mente cuando piensan en el otro. En seguida afirmamos:

Es que siempre (hace/dice) esto o lo otro…

…mientras que la otra persona está pensando exactamente lo mismo de nosotros/as. Nos convertimos en personas muy aburridas cuando nos apegamos a la rutina.

A mi perro le gusta la rutina

Es una afirmación que puede hacer cualquiera que tenga mascotas: su perro o su gato hacen siempre lo mismo, a las mismas horas. Los rituales se repiten, el perro oye “¡Vamos a calle!” y salta y hace las mismas manifestaciones de alegría cada vez.

Así que nos podemos sentir tranquilos: otros mamíferos también repiten sus conductas. En el caso de estos animales, no parece que les aburra o les irrite, al revés, parece que les gusta. Viven por rutinas, de manera robótica, y parecen felices con ello.

Debe de ser que no somos perros después de todo… A la pareja que se conoció en el primer bloque, le diremos que procure seguir incomodándose, sorprendiéndose mutuamente, explorando cosas nuevas, variando las costumbres que son tan agradables, recomenzando cada día como si hubiera que conquistar a esa persona de nuevo.

Y al dueño del perro/gato le digo que disfrute de las costumbres asociadas a su mascota mientras explora el mundo en otros momentos, en esos momentos especiales que nos distinguen un poco del resto de animales.

Los ricos también lloran

Se ven dos embarcaciones de recreo, probablemente de ricos... que también lloran

Siempre puede haber alguien a quien le vaya peor que a ti. Se tenga el problema que se tenga, no estamos solos, los que nos rodean tienen problemas iguales o mucho peores. A esto lo llamo yo “los ricos también lloran”, que para mí significa que no importa lo bien que te vaya en la vida (salud, dinero, amor, trabajo), algo te puede caer en cualquier momento que empañe tu felicidad.

Relativizar

Lo mejor: relativizar, desdramatizar, quitar hierro al asunto. Lo que nos pasa a cada uno de nosotros es común a lo que le pasa a otros. Cuando nos ensimismamos en nuestro propio ombligo se nos olvida el sufrimiento ajeno. Conocerlo y tener compasión por los demás ayuda bastante a relativizar nuestros propios problemas, que al final resulta que no son tan graves… O que, si lo son, tienen cierto consuelo en compartirlos.

Cuando te apetece quejarte

Si lo que necesitas es quejarte, plantea tu problema en un grupo. Espera las respuestas. Seguramente escucharás muchas desgracias que harán tu problema mucho más pequeño y te ayudarán a olvidar la queja por un tiempo.

Lo cierto es que, sea lo que sea aquello de lo que te quieras quejar, siempre encontrarás a alguien al que le ocurre algo mucho peor. Los lugares habituales para encontrar quejas peores que las tuyas son la oficina, la puerta del colegio, el gimnasio o las actividades de ocio.

Es como el mus

Lo cierto es que compartir quejas puede convertirse en un juego al que juega la gente adulta, que quizá esté descrito por Eric Berne.

Parece el mus.

Tras la ronda de descarte, se empieza a envidar a la grande. La grande son por ejemplo enfermedades crónicas, no tener trabajo, perder a la pareja, estar en quiebra.

Luego se envida a la chica. La chica es tener una uña rota o un padrastro, tener un constipado, haberse tenido que duchar con agua fría porque no había gas, etc.

Pares puede ser un juego de padres: cuántos hijos tienes (pareja, trío…), qué problemas tienes con cada uno, con sus colegios, con sus profesores, con sus actividades…

Y el órdago es cuando uno de los jugadores de pronto suelta una bomba. Están todos jugando a grande, o a chica, y de pronto un jugador dice: “con metástasis”. O dice “y se murió”. O peor aún: “se mató”.

Por si hay dudas, este es el espíritu

 

O este:


Fuera ya de la descripción del juego, en la que he querido ser un poco irónica a la manera de Berne, lo cierto es que compartir nuestros problemas ayuda a ponerlos en su sitio, a conocer y comprender problemas mayores y a sentirse escuchado/a y acogido/a.

(*)Me ha faltado encontrar un símil para “juego” en el mus, para sumar 31 con las cartas. Sería algo que acumule puntos… O quizá las cosas que se me han ocurrido son oscuras y he decidido no compartirlas.

Mis queridos marcianos

Este puede ser el primero de una serie de posts o quedarse en un único post sobre aquellas personas que, en algún momento social, nos sentimos como marcianos y nos cuesta adecuarnos a lo que está pasando.

Como no sé si esto continuará, voy a hacer un resumen de lo que tengo en mente cuando hablo de mis queridos marcianos.

Retrato fotográfico de Nikola Tesla, uno de mis marcianos queridos

Marcianos famosos

El origen de esta idea fue observar que hay marcianos que, a pesar de su extraña personalidad, llegaron a hacerse famosos. Se han hecho varias películas que tienen un protagonista marciano, porque son seres muy peculiares, con cierto magnetismo pero ningún carisma. Algunos ejemplos:

La característica común es que estas personas tienen muchas dificultades de relación, son diferentes y tienen una forma de ver el mundo muy particular. Esto les puede llevar tanto a grandes descubrimientos como al aislamiento, pero siempre experimentan la incomprensión y una cierta desconfianza por parte de los demás.

Marcianos en Twitter

Llevo un tiempo valorando dejar otra de las redes sociales habituales, Twitter. Se debe a lo siguiente: yo sigo alrededor de 300 cuentas, sin embargo, Twitter me presenta contenidos de unas 10.

A mí me gustaría leer a los otros 290 individuos que también tienen algo que decir. No es que los otros 290 no publiquen nada, es que Twitter no me lo muestra. Si sigo bajando la pantalla buscando otros tuits, sigo encontrando tuits de las mismas personas, esos 10, y escasamente algún tuit de otro que no esté en esa lista misteriosa que Twitter ha considerado “de mis amigos”.

Pues bien, los “amiguitos” que me ha buscado Twitter son muy interesantes; sin duda, muchos de ellos son también marcianos. Y me pregunto:

¿Se ha dado cuenta Twitter de que yo soy marciana también? ¿Quién diseñó esos algoritmos, otros marcianos?

Marcianos por test de personalidad

Hace un tiempo descubrí un test de personalidad que clasificaba a las personas en 16 personalidades. Yo resulté ser una de las menos frecuentes, la INFJ. Luego encontré que había personas y grupos que dedicaban bastante tiempo a explicar por qué la vida de un INFJ es tan especial, qué dificultades tenemos, cómo comprendernos, etc.

Es parecido al test de personalidad altamente sensible (PAS), otro grupo de marcianos interesantes. O también a las clasificaciones como el test VAKO de la PNL o el eneagrama cuando no se encaja claramente en ninguno de los tipos.

En definitiva, existen varias herramientas que te pueden ayudar a “certificar” y constatar que eres un marciano. Una vez lo has descubierto (si es que no lo sabías ya), puedes relajarte y decir:

Me permito ser como soy, paso ya de intentar parecer “normal” cuando en realidad es aburrido y, por definición, mediocre.

Por otro lado, no por ser marciano eres “más especial” que otro que no lo es. Algunos marcianos de los mencionados dedican mucho tiempo a una forma de razonamiento que no es beneficiosa, del tipo:

Como yo soy especial, el resto del mundo debe conocer mi diferencia y, de algún modo, ponerla en un pedestal. Soy una persona única.

En realidad, pienso que es mejor quitarse importancia, no aferrarse a los rasgos de personalidad atípicos para blandirlos contra otras personas que no los tienen o para justificar quién se es y dónde se está. No somos tan importantes… Tan solo un poco marcianos/as.

Marcianos en un entorno que en otro no lo son

Es posible que tus cualidades marcianas se revelen más en un entorno que en otro.

Por ejemplo, en mi segundo trabajo estuve en un departamento de proceso de datos. Frente a una pantalla en negro con letras blancas en la que preparas unos programas para explotar datos, lo cierto es que no se te nota si eres marciano o eres normal, o incluso si eres extraordinariamente extrovertido y divertido. A los pocos minutos, cada mañana, se te pone cara de acelga y no se puede remediar.

En cambio, desde que empecé a hacer teatro, me di cuenta de hasta qué punto mi marcianismo me hacía diferente a los que suelen hacer teatro. Varias veces los profesores nos han pedido “reacciones orgánicas” (lo que el resto llamamos naturales) a las situaciones, pero a mí me han parecido reacciones exageradas y totalmente alejadas de mi forma de ser.

Por ejemplo, no se me olvidará lo que ocurrió en una escena en un curso intensivo de improvisación:

Un compañero que se hacía pasar por botones del hotel entraba a mi habitación y me atracaba a punta de pistola. Mi reacción normal en una situación así es quedarme totalmente paralizada y, es más, hacer como si no me importara lo que está pasando. Pero no. Se esperaba que reaccionara de forma melodramática.

Yo me he visto en situaciones de peligro y sé que reacciono con parálisis e indiferencia. Y no de la forma dramática, exagerada y gritona (pero muy orgánica) que se esperaba.

¿Somos todos marcianos?

Finalmente diré que, en cuanto empiezas a rascar, cualquier persona del rango “normal” se puede convertir en un marciano en algún aspecto. Por tanto, creo que es importante admitir el marcianismo de cada uno/a y vivir con él no como si fuera una lacra que hay que ocultar, ni tampoco como si fuera un rasgo que hay que esgrimir con furia, sino aceptando cómo se es y siguiendo adelante.


¿Qué opinas? ¿Cuál es tu grado de marcianismo? ¿Te ha servido este post? Cuenta, cuenta. ¡Y gracias por leer! 🙂

El futuro nunca llega

Hace poco comencé un curso en Coursera que me parecía prometedor: Futures Thinking, pensamiento de futuro. En él, Jane McGonigal presenta las unidades y explica en qué consiste tener una mentalidad de “futurista“.

Lo cierto es que pronto perdí el interés: por un lado, las connotaciones de la palabra “futurista” en español son totalmente diferentes que en inglés; en otras palabras, los recursos que se pueden encontrar en Internet son básicamente norteamericanos. Por otro lado, y esta fue la razón fundamental para dejar el curso:

El método sugerido para captar tendencias de futuro a diez años era hacer búsquedas en Google con distintas palabras clave…

¿Perdona?

Pues sí, en un navegador totalmente sesgado y que ofrece resultados patrocinados en primer lugar, si encontramos algo relacionado con “el futuro” será información del pasado, de cómo en el pasado hemos hablado del futuro. El futuro, por definición, no está escrito en ninguna página web.

Un robot en primer plano con un fondo de tipo futurista

Lo que en el pasado decíamos del futuro

En línea con esto, hace unos días di con una revista “del pasado” que estaba en casa de mis padres, una edición de la revista Quo del año 1995. En ella, había varios artículos que hablaban de cómo sería el futuro. En general, había muy pocos aciertos. Por ejemplo, en un reportaje de las casas del futuro, se explicaban todas las comodidades que existirían en nuestro hogar y que, 25 años después, siguen sin existir.

Me llamó la atención que sí se mencionaba un atisbo del Internet de las cosas (IoT), explicando que los elementos del hogar estarían comunicados con el exterior a través de fibra óptica, y que de esta manera se pedirían los productos de la compra que faltaban y similares. Aun así, esto no está extendido a la mayoría de los hogares occidentales ni sabemos si ocurrirá así.

Vivir en la incertidumbre

Como ya sabéis los lectores asiduos, nuestro Nassim Taleb no hace más que repetirnos que no podemos predecir, y que básicamente todas las predicciones acaban siendo erróneas. Esto se debe al fenómeno de los cisnes negros y al hecho de que la distribución de los sucesos de la vida no suele ser la Normal, en contra de lo que nos gustaría.

Puede ser muy interesante acostumbrarse a vivir en la incertidumbre, abrirse a lo que va sucediendo sin tener un plan previo, aceptar el presente y lo que sucede, abarcando con la vista tanto lo que nos gusta como lo que no nos gusta.

Es lo que propone el Instituto de constelaciones de Brigitte Champetier de Ribes, con un ciclo de vídeos en directo hablando de esta cuestión.

La herencia del pasado, vivir el presente, caminar hacia el futuro

Yo me preguntaba de dónde venía mi necesidad de convertirme en una escritora de éxito, una necesidad que hace poco tiempo, quizá dos años, descubrí que no era mía y que debía dejar aparcada para poder dedicarme a lo que sí es mi misión, claramente relacionada con la formación online.

Esta necesidad venía de mi abuelo paterno. El abuelo Mariano, que de joven había deseado ser escritor, que llegó a ser doctor en Filología Hispánica, que fue director de un colegio y que finalmente se dedicó a la enseñanza.

Es como si del pasado viniera un chorro de información con la que comienzas a vivir en el presente hasta que en un momento dado dices:

No, espera, que lo mío no es exactamente esto.

Ya en la madurez, te dejas llevar por lo que te va sucediendo, olvidas lo que te gustaría que te sucediese, y de ahí procede una fuerza muy grande que te permite caminar hacia el futuro.

Yo este año me lo planteo así: estoy en varios proyectos de investigación e innovación relacionados con la formación online.


Pienso que podemos hacer muchas cosas interesantes cuando dejamos de aferramos a lo que debería ser. ¿Y tú, qué piensas? ¿Algún ejemplo de lo que se esperaba que sucediese en el futuro y que no ha sucedido? ¿Algo que te gustaría que pasase? Como siempre, gracias por leer y por vuestros comentarios. 🙂