Muñoz Molina en un andar no solitario

El martes 27 de febrero asistí a la presentación del libro Un andar solitario entre la gente, de Antonio Muñoz Molina en Espacio Fundación Telefónica.

Y es que forma parte del oficio de escribir, y creo que cada vez más, tener que promocionar el libro, presentarlo, explicarlo y firmarlo a los potenciales y actuales lectores.

Antonio Muñoz Molina presenta su último libro

Me gusta asistir a las presentaciones de los libros porque crean una primera comunicación autor-lector que abre la puerta a la que es la habitual.

Me gusta también porque muchas veces un buen actor es escogido para leer fragmentos de la obra, como en este caso ocurrió con Javier Cámara.

Javier Cámara lee fragmentos del libro de Muñoz Molina

En la presentación, el autor se hace más pequeño. Quizá nos permite darnos cuenta de que es tan solo otra persona, una persona dotada de un talento diferencial, pero una persona. En este caso, un talento de poder mostrar el amor a las palabras, a las historias, a los personajes que las construyen.

Un libro caminado

Parece que Un andar solitario entre la gente es un libro construido en el andar, en el caminar por la ciudad actual, la que nos hace anónimos. Este caminar abre una nueva ciencia, la deambulología, a la que rápidamente nos adherimos los que estábamos presentes en la charla. El andar entre la gente, en medio del ruido, y con muchos “consejos” que se muestran a la altura de nuestros ojos, consejos que nos invitan a sentir que somos soberanos de nuestra vida.

El individuo libre… y solo

Cómo no, la publicidad explota el lenguaje del deseo, como comentó Muñoz Molina. Es un lenguaje además dirigido a ti, tú eres el protagonista único de este “ego-tour”. Esta y muchas otras referencias me hicieron pensar en la Modernidad líquida de Bauman. Ahora en la posmodernidad, o en la post-post-crisis, como decía un estudiante hace poco en Salvados, somos todos libres, y esta libertad se apoya en la individualización: cada uno de nosotros puede hacer lo que quiera asumiendo entonces toda la responsabilidad y las consecuencias de lo que haga. De alguna manera, esta libertad está encajonada entre las paredes de una serie de normas que hacen la vida “más segura”, enfocados quizá por cámaras de vigilancia panóptica que nos pueden mirar desde arriba porque nosotros queremos.

A mí también me llama la atención que “un andar solitario entre la gente” sea un verso de Quevedo, porque parece concebido en la época actual. El que el andar sea “solitario” refuerza la idea de individualidad, de egocentrismo: caminas solo, y los caminares solitarios no se agregan, no suman, no existe ahí lo colectivo o la sociedad.

Entre una montaña de basura

A pesar de que las reflexiones de Muñoz Molina fueron cálidas y en un tono de humor o ligereza, lo cierto es que describen un mundo distópico en el que no apetece estar. De hecho, fue a raíz de esta entrevista que decidí acercarme a la presentación, en la que el autor habla de nuestro legado como una montaña de basura.


¿Puedo recomendar una lectura sin haberla comenzado? Bueno, al menos me la recomiendo a mí misma, y si surge, os contaré lo que me ha parecido.

 

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Has leído el libro? ¿Leíste quizá Todo lo que era sólido?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

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Limpio, fijo, doy esplendor

Ordenador en el que se proyectaría un curso

Quería hablar de la parte de mi trabajo que consiste en limpiar, fijar y dar esplendor, exactamente igual que la RAE. La frase completa es:

Limpio, fijo y doy esplendor cuando me dejan.

Lo que pasa es que la RAE tiene prestigio y a veces hasta les hacen caso.

Y un guionista, un diseñador instruccional o un formador, prestigio tenemos poco (pero algo).

Lo cierto es que, cada vez con más frecuencia, los textos de base que utilizo en mi trabajo vienen con errores ortográficos y gramaticales. Si hace unos años teníamos que revisar que los cursos estuvieran a la última en cuanto a ortografía y gramática, ahora lo que tenemos que hacer es tragarnos las sugerencias de corrección, porque no parece importar a nadie que algo esté mal redactado.

Hace unos años

Hace unos años, los guionistas de cursos por ordenador (diseñadores instruccionales e-learning) fuimos los primeros en adaptar los cambios que propuso la RAE:

  • La palabra solo deja de acentuarse.
  • Las palabras esta, este, estas… dejan de acentuarse cuando son pronombres.
  • La palabra guion deja de acentuarse para reconocer su pronunciación en los países latinoamericanos.
  • La palabra video se acepta, ya que es la correcta en Latinoamérica.

Como se puede apreciar, hacíamos mucho por la RAE. Como ellos, pero en un ámbito local, oscuro y sin reconocimiento de autoría, limpiábamos, fijábamos y dábamos esplendor.

Ahora

Ahora, las cosas han cambiado. Los cursos han de contener errores de todos los tipos si así lo decide el cliente, y no sirve de mucho indicárselo. Ejemplos:

  • Palabras del inglés pasadas a español y que no existen cuando sí existe una palabra en español.
  • Errores en las expresiones. Recuerdo un caso que suscitó discusiones: “palabras clave”. Alguien sugirió que debíamos escribir “palabras claves”. Realmente, esta persona sí estaba en lo cierto según la RAE. En otro caso, se escribía “conflictos de interés” por “conflictos de intereses”, y esto no es correcto según Fundéu. Por último, el caso de “así mismo” frente a “asimismo” genera mucho debate pero al final nos agarramos a que significan lo mismo cuando queremos decir “también”. Y en e-learning, es mejor decir “también”, más llano.
  • Vuelta atrás a las tildes de solo y esta, este, etc. Como si aquello que cambió la RAE nunca hubiera ocurrido.

Hace unos años, y ahora también

Las reglas de la comunicación escrita no hacen mucha mella en los cursos por ordenador. Puede que la hagan en los que los escribimos, no tanto en los que quieren que su mensaje “resuene” más.

Así, pudiendo utilizar una economía de palabras que es fundamental para mantener la atención del alumno, se opta por formas más complicadas, muchas perífrasis y palabras largas sobre palabras cortas (como lo de asimismo). Ejemplos:

  • Debemos procurar por procuramos, o perífrasis de 4 verbos como “estamos expuestos a vernos afectados”.
  • Tenemos que tener en cuenta por Tengamos en cuenta o Consideremos.
  • Frases muy largas, a veces de cuatro líneas o más.
  • Frases mal redactadas, oscuras, compuestas de varias subordinadas.

Conclusiones

Ninguna. Es lo que hay ahora. Simplemente, hay que adaptarse. Si ahora no importa tanto la corrección de la palabra escrita es porque el foco está en otra parte.

Es evidente que cada uno, según su generación, ha aprendido diferentes reglas del lenguaje (han ido cambiando), o bien han retenido reglas mal entendidas. No podemos hacer nada más que sugerir y esperar a ser escuchados. A veces ocurre y el disfrute es máximo. Otras veces, se sigue considerando que los alumnos no son adultos y que necesitan que se les hable con muchos “debes”, “tienes que”, frases muy largas y repeticiones por activa y por pasiva de lo que se comprende a la primera.

 

Continuidad

No vives la vida igual si consideras que lo que te rodea tiene una continuidad, si crees que todo está en marcha y va hacia adelante. No es igual que si consideras que lo que te rodea va a terminar, que todo tiene fin y que no hay futuro. Claro que no lo es.

La ilusión de continuidad

Hasta existe un principio contable de empresa en funcionamiento o empresa en marcha, porque no se valoran igual los activos y los pasivos si la empresa está en liquidación y hay que venderlo todo cuanto antes, que si la empresa está en marcha y sus activos sirven para producir, apoyados por sus pasivos.

Pero esto no va de contabilidad. Va de ilusiones perceptuales. ¿Realmente existe la continuidad? Eso es lo que nuestro cerebro demanda desesperadamente. No vivimos igual de tranquilos ni con la misma sensación de seguridad si pensamos que la empresa en la que trabajamos al día siguiente no va a existir. Claro que no, viviríamos atrapados en el miedo.

Y sin embargo, la realidad se ajusta más al hecho de que la continuidad no existe, de que en cualquier momento puede aparecer un cisne negro y echar por tierra aquello que era cotidiano.

También existe un principio de continuidad en la Gestalt, es algo cuyo nombre he descubierto al indagar sobre esto para el artículo, pero que me resultaba familiar porque lo estudié en filosofía en el bachillerato: cuando vemos una serie de puntos, tendemos a considerar que crean una forma continua (y cerrada). Es también lo que hace el cerebro con los fotogramas de una película o con las gotas de un chorro continuado de agua.

De nuevo, es un autoengaño. La forma no es continua, la forma no se cierra, el chorro sigue estando compuesto de gotas independientes.

Fondo de pantalla de Windows

El mundo se va destruyendo y construyendo de una forma mágica, es más parecido a la segunda parte de La historia interminable. Yo he trabajado en muchas empresas que ya no existen. Digamos que la mayoría de las empresas en las que he trabajado ya no existe, a pesar de que por ley aplicaban el principio de empresa en funcionamiento. Unas han sido compradas por holdings extranjeros, otras se han fusionado varias veces con otras empresas del mismo sector, otras se han dividido al separarse sus socios, otras han cerrado. Alguna que otra sigue ahí con su mismo nombre, eso sí que ha sido un milagro.

La continuidad de las relaciones

En las relaciones nos pasa lo mismo. Para nuestra tranquilidad, las construimos pensando en un “principio de relación en funcionamiento”. Pensamos que van a durar siempre, como nuestra propia vida, quizá, y esto es lo que hace que avancen… y lo que hace que se destruyan.

¿Cómo puede un principio “virtuoso” y positivo hacer que una relación se destruya?

Bueno, si todo va a seguir ahí al día siguiente, tampoco tengo que hacer ningún esfuerzo especial por mantenerlo.

Y así, con todo lo demás: si mi trabajo va a seguir ahí al día siguiente, o si me pagan lo mismo independientemente de mi esfuerzo, entonces me esforzaré lo mínimo e incluso daré por hecho que tengo este trabajo, que “es mío”, ya está conquistado, cero estrés.

Continuidad de la energía

Sí, la vida sigue. Es como el principio de conservación de la energía, nada se crea ni se destruye… pero todo se transforma. Se transforma tanto que de un día para otro no reconoces el paisaje que te rodea. Todo intento de agarrarse a un elemento del paisaje es tan inútil como lo opuesto, relajarse tanto que llegues a creer que nada cambiará.


¿Tú cómo lo ves? ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post? Muchas gracias por leer el artículo y por compartir tus comentarios. 🙂

Si supieras lo que he vivido, te admiraría lo que soy capaz de hacer

En una clase de zumba, unas veinte o treinta mujeres se sitúan en diferentes zonas del espacio. Unas buscan verse en el espejo, otras buscan ver bien al profesor, otras buscan ocultarse del espejo y del profesor, etc.

Hay pasos más suaves, pasos más rítmicos. Algunas mujeres realizan los movimientos con mucha fidelidad con respecto a lo que marca el profesor, tienen incluso una gracia especial. Otras mujeres no levantan casi los pies del suelo o los brazos por el aire, parece que estuvieran muy cansadas o que les pesase mucho el cuerpo. Hacen lo que se llama “marcar” el movimiento, siguiéndolo de forma muy básica pero sin dar grandes saltos o grandes pasos.

Algunos movimientos solo los consigue hacer de forma excelente el profesor, aunque alguna que otra mujer se acerca a ese nivel en el movimiento de sus caderas.

Bien.


Estamos acostumbrados a valorar a las personas por lo que son capaces de hacer, por tanto nos parecerá que las mujeres más gráciles lo hacen mejor, se esfuerzan más, y hay que ser como ellas. Piensa en cualquier deportista reconocido: es el mismo ejemplo. Ese deportista tiene una combinación de factores que lo hacen único, es preciso, es poderoso, se adelanta a su contrincante, sabe centrarse y dominar sus emociones.

Bien.


Si supieras lo que he vivido, te admiraría lo que soy capaz de hacer.

Si supiéramos lo que algunas personas han sufrido o están sufriendo, si supiéramos la edad exacta que tienen, si supiéramos cómo es su carga genética, si supiéramos la enfermedad con la que conviven… Entonces quizá nos admiraría ver cómo son capaces de marcar los pasos en una clase de zumba, mientras al lado una mujer se mueve grácilmente porque no tiene todos estos condicionantes.

¿Qué es lo que admiramos? ¿La lotería genética?

Phineas Gage sufrió un accidente que cambió su comportamiento.
Photograph by Jack and Beverly Wilgus of daguerreotype originally from their collection, and now in the Warren Anatomical Museum, Center for the History of Medicine, Francis A. Countway Library of Medicine, Harvard Medical School. – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=7436957

En un comportamiento físico hay condicionantes que no están directamente en el cuerpo (brazos, piernas…) sino en el cerebro. ¿Qué hay de aquello que se ha sabido, eso de que la estructura del cerebro puede conllevar comportamientos antisociales, o que un accidente que daña parte del cerebro puede provocar la pérdida de la voluntad como el famoso caso de Phineas Gage?

Y pienso también que esto se aplica no solo a la forma física, sino también a la capacidad intelectual, a la capacidad para emprender, a las actitudes frente a la vida. Entonces igual deja de tener sentido calificar a las personas con un mismo baremo. Yo tenía una profesora que decía que valoraba más el esfuerzo de un alumno que obtenía un 6 que el del alumno que siempre sacaba 10. Bueno, a mí su comentario me molestó (era de las del 10), porque si yo no me esforzaba, el diez dejaba de ser un diez y se convertía en un 8. Más adelante, en la carrera, pude ver a esas personas del 6, cómo se esfuerzan, cómo trabajan, hasta obtener la misma calificación que otra persona con más capacidad de partida.

Si supieras lo que he vivido, te admiraría lo que soy capaz de hacer.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Cómo lo percibes tú? ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

La tele se mira a sí misma

Chance se maravilló de que la televisión pudiese representarse a sí misma; las cámaras se observaban a sí mismas y, al mirarse, televisaban el programa. Este autorretrato era transmitido a las pantallas de televisión colocadas frente al escenario y que el público del estudio observaba. De las incontables cosas que existían en el mundo –árboles, césped, flores, teléfonos, radios, ascensores– solo la televisión sostenía constantemente un espejo frente a su rostro, ni sólido ni fluido.

Portada de la película Being There
Imagen de http://canitbeallsosimple.com/2015/04/19/bienvenido-mr-chance-peter-sellers-y-la-grandeza-de-ser-pequeno/

Desde el jardín o Bienvenido Mr. Chance (Being There, por Jerzy Kosinski) es una obra muy curiosa: nos presenta a un personaje llamado Chance que ha vivido toda su vida cuidando de un jardín. Al parecer, no conoce nada más. Sin embargo, Chance será capaz de abrirse paso en la alta sociedad y entrará en política, gracias a una serie de circunstancias que solemos llamar estar en el lugar adecuado en el momento adecuado (“being there”…).

Ayer estuve en la grabación de un programa de televisión y vinieron a mi mente esas reflexiones de Chance (en un falso narrador en tercera persona).

La tele se observa a sí misma, se mira al espejo.

Como público me vi “jaleada”, más que animada, a mostrar un nivel muy alto de entusiasmo. He estado en la grabación de 4 programas en 4 cadenas distintas, a lo largo de muchos años. Cuanto más actual la grabación, más ha habido una “preparación previa” para que el público se muestre rendido ante lo que va a suceder después, te guste o no. Al acordarme de Chance, pensé que este personaje muestra una total independencia de sus interlocutores; el público no puede comportarse como Chance.

Por cierto, si te apetece ver la película en lugar de leer el libro, se llama igual, Bienvenido Mr. Chance, y está protagonizada por Peter Sellers. El hecho de haber visto la película antes, hizo que me fuese imposible poner a Chance otra cara; quizá me lo habría imaginado mucho más atractivo a juzgar por lo que describe el libro. Por lo demás, Sellers hace un Chance inolvidable.

Volviendo a la tele: Chance se comporta en ella y en todas partes como un adulto totalmente independiente, aunque no se trata realmente de esto. Quiero decir que Chance no es influenciable ni manipulable porque no entiende las intenciones de sus interlocutores. Cuando a Chance le preguntan si ha leído tal o cual artículo, dice claramente que no, luego admite con tranquilidad que no lee periódicos. Esta independencia total de las intenciones de las preguntas le hace ganar puntos ante personajes tan importantes como el mismo presidente de los Estados Unidos.

Si la sinceridad y la respuesta directa no a la intención sino a la pregunta o afirmación que oímos provocan admiración en el resto, ¿por qué la tele nos jalea para que mostremos otra cara? La tele, como espectadores, nos necesita niños. Los niños se ríen, aplauden, celebran, saltan, se ponen de pie… La “única” gran diferencia es que además, la tele pretende que toda esta “actuación” sea “espontánea”. Recordemos que no se puede obligar a nadie a ser espontáneo, es una contradicción.

Termino como empiezo. La tele se observa, se mira en múltiples espejos repetidos para comprobar cómo está quedando. La tele ha de ser mentira para parecer verdad, y todo lo que salga por ella ha de estar perfectamente orquestado (incluso las aparentemente espontáneas reacciones de los concursantes). Y esto no es más que un juego que llega a ser muy divertido… siempre que no tengas la sensación de que te “jalean” para que muestres “entusiasmo”.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Has estado en algún programa de televisión? ¿Qué te parece en general el tipo de diversión que ofrece?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

 

Esos camareros

Ese camarero que atiende los pedidos con plena atención
By Miguel Angel Chong (Own work) 

Llevo un tiempo queriendo hablar de esos camareros que te saludan cuando entras al bar, ya desde la barra, y cuando llegas a ella ya saben lo que necesitas y te lo están preparando.

Estos camareros que no dan la espalda al cliente en ningún momento, que detectan el mínimo gesto de cada cliente y al que atienden de inmediato.

Estos camareros que recuerdan perfectamente el pedido de ocho personas en que cada una pide algo diferente.

Los estás viendo. Suelen ser hombres(*) de unos cincuenta años o más, se les ve muy cómodos realizando su trabajo. Ves el bar lleno de gente, ves que estos camareros no paran de moverse para atender a todos, y ves que lo logran.

Puedo poner hasta algún ejemplo de Madrid. Observa cómo trabajan los camareros en el Brillante en Atocha o en Las Bravas del centro.

(*)También hay mujeres, por supuesto, aunque los que he observado con estas características eran bares atendidos en su mayoría por hombres.

¿Qué se puede aprender de estos camareros?

Aparte de que otros camareros menos avispados puedan tomar nota, creo que cualquiera que tenga un trato con clientes (es decir, cualquiera que trabaje) puede beneficiarse de observar a estos camareros y aprender de ellos. Por ejemplo:

  • A estar totalmente presente, con la atención plena en lo que realmente se está haciendo, que no es fregar platos, ni hacer cafés, ni preparar un bocadillo, es atender a los clientes.
  • A no dar la espalda, a mirar a los ojos. En lugar de ningunear a sus clientes o de hacer como que no ven un gesto insistente de “por favor, cóbrame, que tengo prisa”, estos camareros miran, observan y están la mayoría del tiempo de frente. Incluso cuando están preparando el café o abriendo la caja, se están volviendo para ver si hay “cambios de estado” en sus clientes.

Me llama la atención que camarero en inglés se diga “waiter”, es decir, el que espera.

  • Estar en la aceptación. Estos camareros destilan aceptación de todo lo que llega, de cualquier tipo de cliente, de cualquier circunstancia adversa. No se ponen a mirar el móvil, a suspirar, a abstraerse o evadirse. Mírales, te están mirando.

Mi admiración por esta forma de trabajo viene de muy lejos, en particular porque reconozco que soy la primera que tiene mucho que aprender de ellos. Así que no es de extrañar mi fascinación por el camarero Moustache de la que ya os hablé.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Les has observado? ¿Has observado otras profesiones que te fascinen?

Como siempre, muchas gracias por leer el artículo y por compartir tus pensamientos en comentarios.

¡Felices Fiestas!

Tanta luz

Hace poco leí a un escritor español que se quejaba de que ahora todo el que sabe leer y escribir publica una novela. Escribir una novela, un trabajo que para muchos escritores supone años de documentación, redacción y corrección, parece ahora al alcance “de cualquiera”.

Al alcance de cualquiera

La mala noticia es que esto es cierto. No se trata tanto de que cualquiera pueda escribir una novela, se trata de que hay muchísimas más personas capacitadas para hacerlo con respecto a épocas anteriores. No es que sepan leer y escribir, es que tienen dos másteres.

Carlos Saura afirmó que no podía distinguir qué es lo bueno entre tanta luz.

En un documental de Imprescindibles sobre Carlos Saura, el genial director dijo algo como:

“Yo antes sí sabía qué era bueno y qué no, podía señalarlo. Ahora hay miles de publicaciones, de películas, y no puedo decir qué es lo bueno, no puedo distinguirlo”.

Este es “el problema”: hay tanta luz que ya no se distingue entre unas luces y otras.

Cuando sucede un acontecimiento importante, entro en Twitter y leo los tuits al respecto, porque encuentro genialidad, talento, creatividad, originalidad, muy por encima de la ingeniosa frase que se me habría podido ocurrir a mí.

El cementerio de las letras

¿Habría destacado Balzac en nuestra época de tanta luz?

En El cisne negro, Nassim Taleb ilustra este tema con un ejemplo: Honoré de Balzac. En un capítulo con el descriptivo y a la vez poético nombre de “El cementerio de las letras”, Taleb explica que pueden haber existido cientos de autores tan buenos como Balzac cuyas obras hubieran desaparecido: entonces Balzac ya no sería tan singular, solo tuvo mucha suerte.

Su talento es menos exclusivo de lo que pensamos, puesto que no vemos las toneladas de originales rechazados por las editoriales.

El tema es que ahora no hay que pasar por el rechazo de una editorial, todo se publica en el océano inconmensurable de Internet, y por tanto tengo la sensación de que Balzac (por decir) y muchos otros quizá no habrían sido conocidos en esta época, más que por unos cuantos.

Luz efímera

Al mismo tiempo, la luz ahora es efímera. Por sonoro que sea un acontecimiento virtual, desaparece al poco tiempo, como el caso del “cara anchoa” o el hilo de suspense de Manuel Bartual. Todo se diluye, por eso se habla de sociedad líquida. Las gotas, por originales y únicas que sean, desaparecen en cuanto caen al océano y nadie ya se acuerda porque siguen cayendo, cada vez más, en un crecimiento exponencial que parece no tener fin.

Lo global vuelve a ser local

Yo cumplo hoy 43 años, y me doy cuenta de que, ante tanta luz, la batalla global acaba de nuevo siendo local, y que las aspiraciones han de ser más modestas, como llegar a hacer muy bien tu trabajo, que verán unos pocos, y que quedará obsoleto y olvidado en muy poco tiempo.

Cuando andaba por los veintitantos, tuve mucho contacto con personas que rondaban los 40 que decían cosas similares a lo que te estoy diciendo ahora: habían aceptado su mediocridad. Yo me rebelaba:

“¡No, no puede ser! ¡Tienes que seguir luchando!”

Pero parece ser que es algo que te dan los años, junto con una cara más seria que a veces no reconoces, presbicia y otra perspectiva de la vida, más calmada.

¿Luchando?

Entonces cada vez soy más escéptica con todos estos trucos que hay que hacer para que un artículo sea leído, una página web se posicione alto, una cuenta de Facebook o Twitter crezca en usuarios e interacciones. Porque, de nuevo, todo el mundo que conoce los trucos hace lo mismo. Resultado: si todo es lo mismo, nada destaca, y volvemos a caer de lo global a lo local.

Creo que el desafío real para todos, y más incluso para los que vivieron mejores épocas, es aceptar la esfera a la que se puede influir, llegar, con la que te puedes relacionar, aceptar que es más pequeña de lo que habrías supuesto.

El siguiente paso es saber darse a esta esfera más modesta.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Cómo lo vives tú? ¿Eres de los que todavía alberga esperanzas de trascender? ¿Te sientes realista y conoces tu ámbito de influencia?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.