Buscando una pareja corriente

Continúa el entrenamiento

Continúa el entrenamiento para convertirte en una persona común: buscando una pareja normal y corriente.

Tras invitarte a dejar de destacarte como ser único e inimitable, viviendo una vida tan normal que no podría salir en la tele a menos que fueses Roseanne, y aparentando la edad que tienes sin más artificio, ahora viene la búsqueda de pareja.

Una pareja heterosexual muy atractiva va en bici por el campo en un día soleado.
Una foto de pareja de lo más creíble

Ya hemos apuntado algunos hechos sobre cómo parece que hay que mostrarse en las redes de búsqueda de pareja: como un ser extraordinario, que tiene unas aficiones espectaculares (y caras), que además viaja a los lugares más remotos, que a la vuelta tiene un trabajo muy interesante aunque difuso (empresario, consultor…) y al que solo le falta en su vida una pequeña chispa que es el amor.

Y vivieron felices, y comieron perdices.

Está claro que estos perfiles son mucho más atractivos que los de “soy amigo de mis amigos“.

Se podría hacer un experimento: con la misma foto de perfil, uno en el que se describiese esa vida extraordinaria de no parar y otro en el que se describiese una vida común viendo la tele, yendo al cine y a cenar, etc. ¿Cuál de los dos triufaría?

Por otro lado, en el tema de búsqueda de pareja también hay un factor de “belleza innata” que tiene mucho peso, porque en estas aplicaciones se suele aceptar o descartar a la vista de una serie de imágenes.

¿Quién es, realmente, extraordinario?

Lo cierto es que ves estas imágenes, estos perfiles, y hay personas verdaderamente bellas. ¿Son, al final, extraordinarias? Y en todo caso, ¿son esas sus fotos no profesionales hechas con el móvil? ¿Es modelo profesional? O lo contrario: ¿realmente esa es su mejor foto?

Al final, a la hora de quedar y ver a esa persona en persona, los viajes a Nepal y a los Alpes se diluyen como por arte de magia en cuanto empieza a hablar. Puede ocurrir de todo:

  • Al gesticular, este tío no parece el de las fotos. De hecho, si hago memoria, resulta que se parece a la foto en la que salía más feo y más viejo.
  • ¿Por qué no deja de hablar? ¿Acaso no tiene interés en saber lo que yo pienso? En fin, está claro que el viaje a la India para meditar en un ashram le marcó…
  • No habla. Quizá piensa que no tiene nada más que decir: ya se vio en sus veinticinco fotos que es muy interesante, ¿por qué va a tener que explicar más?
  • ¿Por qué se corta el aire con cuchillo? Al chatear, parecía que había mucho feeling, y ahora… ¡Madre mía, solo han pasado cinco minutos!

La persona normal y corriente

Recuerdo hace muchos años a Cristina Almeida explicar en un programa que la persona que acaba siendo tu pareja es un señor normal y corriente, un señor que se llama Pepe, por ejemplo.

Las probabilidades de dejar pasar un perfil bueno por una mala foto son muy altas. La persona normal y corriente, como Pepe, tiene fotos normales y corrientes. Es posible que conozcas a alguien en persona que te parezca interesante, y que si solo vieses fotos suyas, te parecería un horror. Piensa en amigos/as tuyos que incluso encuentras atractivos, pero que si vieras solo en foto, descartarías al momento.

Parece mejor ligar de otra manera, quizá en un evento de citas rápidas en que puedas ver el careto a cada uno/a y puedas ver si te sientes a gusto o no, independientemente del tipo de vida, fantástico o no, que lleve.

Pienso que la persona normal y corriente es como Sancho Panza, y que la persona que no te va a hacer muy feliz es como Don Quijote: está buscando lo que no existe, así que no lo puede encontrar en ti.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué tal te ha ido en esto de la búsqueda de pareja? ¿Te identificas más con Sancho Panza o con don Quijote?

Como siempre, agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

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Por ti sí pasan los años

¿Qué pasa, todavía quieres más?

Tras “haz lo común” y “vive la vida sin más“, aquí llega otro capítulo de la contra-moda de la vida ordinaria, el más escalofriante: por ti pasan los años…

La vida después de los 40 (hay vida después de los 40, afirmo) resulta ser un continuo interrogante, dado que nadie la describió en ningún sitio.

Al no tener referencias de cómo sería, desde un poco antes de los 40 comienza una especie de vuelta atrás en un intento de re-vivir lo ya vivido y sobre todo, lo no vivido en profundidad o lo que se dejó pasar. Lo llaman, precisamente, crisis de los cuarenta, y tiene algunas tendencias como:

  • Volver a ponerse minifaldas.
  • Comprarse un coche muy caro.
  • Cortar con una pareja para comenzar con otra diez años más joven.
  • Volver a ir a discotecas (ups, estaba cerrada), bares (ups, son todo adolescentes)… y volver a beber, pero con otro hígado ya.

Y es que por ti y por mí sí pasan los años pero no logramos hacernos a la idea.

¿Qué mensajes recibimos de la sociedad?

  • Fueron felices y comieron perdices: a partir de aquí, el cuento no cuenta nada, se acabó la magia, y comenzó otra cosa que no se sabe lo que es ni está contada en ninguna parte.
  • Veamos una peli, entonces: fueron felices y comieron perdices. Las actrices de cuarenta a sesenta, ¿dónde se han metido? O bien eres una mujer en edad fértil que por tanto puede ligar con el protagonista (de cualquier edad siempre que pueda andar) o bien eres ya la madre o suegra de la protagonista. ¿Dónde mirarse? Salieron algunas opciones: Mujeres deseperadas, por ejemplo. Ok, haremos algunos cup cakes mientras planeamos el asesinato del marido…

La mujer retro sí sabía lo que tenía que hacer

  • Hay que operarse. Si acudimos a la tele, las redes sociales y las revistas, encontraremos a esas personas por las que “parece” que no pasan los años. Se nos olvida que esas personas viven de su imagen, por tanto en su caso quizá tenga sentido operarse, ponerse tetas, labios, quitarse arrugas, bolsas, teñirse, trasplantarse pelo, quitarse todos los dientes y cambiarlos por otros relucientes, etc.
  • Mejor, no cuelgues esa foto. Entonces, nuestro simpático móvil nos pone un filtro que ni a Sara Montiel en sus tiempos, haciendo que una mujer de, digamos, 45, aparente 18, porque el filtro es brutal.
  • Ten hijos. Porque lo único que te podemos mostrar es qué hacen los que tienen hijos: múltiples actividades que conozco de refilón, que incluyen visitas a parques exteriores, interiores y de bolas, películas infantiles, piscinas, otros.
  • No tengas hijos PERO entonces tienes la obligación de seguir pareciendo joven, la obligación o la esclavitud. Es decir, ¿en qué ocupas tu tiempo? Como decía en otro post, tendrás que mostrar cómo viajas a lo loco, cómo te lo pasas gastando ese dinero que no inviertes en tu descendencia, cómo te haces selfies en una terraza, etc.

Algunas pinceladas

Yo hace un año o así hice un máster en que la mayoría de mis compañer@s pertenecían a esta cultura de la imagen, y tenían la edad correspondiente, entre 20-25 años. Digo yo que me verían como a una señora. Ya dije en una ocasión que te haces señora no cuando te lo llaman por la calle, sino cuando te das por aludida.

Un señor y una señora, de entre 40 y 60, son esas personas que están en transición entre el fueron felices y la vejez. En esa transición tienen algunos cometidos:

  • Están, como decíamos, criando a sus hijos.
  • Además, trabajan, ya tienen bastante experiencia y todavía no están en la actitud de “a ver si me dan la cuenta y me voy de viaje con el IMSERSO”.
  • Se les permite ya tener cierta barriga, calvicie e incluso canas mal teñidas o sin teñir. Por favor, sin presiones que estamos en una época delicada.
  • Seguir físicamente activos notando ya los primeros achaques como: cierta incontinencia, dolor de piernas y espalda, digestiones cada vez peores, etc. Por tanto, coetáneos míos, no os machaquéis.
  • Salir de tarde y no de noche. Incluso los que no estamos criando hijos, ya no tenemos la resistencia de antes.
  • Por cierto, no tener pareja a esta edad aumenta las dificultades, porque tampoco está explicado en ningún sitio qué hacer, y las viejas consignas de ir a un bar y beber ya no funcionan. Así, se recurre a aplicaciones de todo tipo: ligoteo directo, indirecto, hacer como que es todo por un interés cultural, etc. Es duro buscar pareja a estas edades; no se sabe dónde están “los otros”.

Hay algo de especial en aquellas personas (pocas hoy día, yo no soy una) que aceptan el paso del tiempo con naturalidad. Dedicado a vosotr@s.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué edad tienes? ¿Te has identificado con lo que digo?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

Vivir la vida, sin más

Como continuación del post anterior, hago ahora unas reflexiones sobre la tele (y cualquier otro dispositivo en el que veas “contenidos” en formato vídeo:

Ver mucho la tele, incluidas las series y las películas, hace que acabes pensando que el género humano es más bello de lo que es.

Solo tienes que acudir a un lugar en el que se reúna mucha gente a la luz del día (concierto, playa, carreras) para darte cuenta de la realidad.

Un salón con tele

Los de la tele pasaron por un casting

Piénsalo: la gente que sale por la tele, aun los que hacen de feos, han superado un duro casting, se les ha “arreglado”, pulido y maquillado y se les fotografía con la mejor luz posible o con la peor si quieren que parezcan muy malos. Únicamente los políticos no han seguido ese proceso de selección, sino otros, y quizá no sean tan vistosos como los personajes de ficción y los presentadores.

Los de la tele actúan: están en acción

Además, hay otro factor muy interesante: la gente de la tele (ya me estoy recordando a mí misma a Caroline, de Poltergeist) siempre está en acción. Puede que estén sentados en sillas, pero esa situación dura poco. La mayoría del tiempo, los que salen en programas, películas y series están en acción, algo que definitivamente NO sucede en tu día a día oficinesco.

Hay un tipo de escena muy habitual sobre todo en las series: varios personajes van discutiendo un tema complejo mientras andan por los pasillos. Lo he observado en El ministerio del tiempo, The Good Wife y House of Cards, por citar algunas. En la realidad, ese tipo de conversación suele mantenerse a puerta cerrada y en sillas, de una manera bastante estática que acaba siendo soporífera.

¿Acaso nos invitan desde las series a dinamizar nuestras habituales reuniones aburridas?

Quizá. Sería bastante curioso y raro mantener reuniones andando, sobre todo si son en las oficinas desconocidas de un cliente, cuyos pasillos de pronto terminan en un ángulo muerto detrás del cual no hay más que una triste máquina de café. ¿Qué hacer en ese momento? ¿Dar torpemente la vuelta? Digamos que en esa escena hay ahí como cuatro o cinco personas, en un pasillo de algo más de un metro de ancho, chocando con una máquina de café.

La contra-moda de vivir la vida sin más

Si de verdad te apuntas a la contra-moda de “hacer lo común” y “vivir la vida, sin más”, entonces deja de ver la tele porque te va a parecer todo un rollo (fuera de ella).

En efecto, cuando prestas atención a lo que sucede en tu día a día y observas con detalle a las personas que pueblan el mundo, el glamour desaparece: la mayoría del tiempo vas a estar en una escena plomífera en la que una persona (tú) está sentada ante un ordenador (él o ella) durante muuuuchas horas. Tras esta escena, aparece una escena de una persona (tú) sentada en su coche (él o ella) o bien en un transporte público durante muuuuchos minutos. Y por último, aparece una escena de una persona (tú) acompañada o no por otras personas (ellos o ellas) sentada en un sillón viendo en una pantalla a otras personas moverse, caminar por largos pasillos, siendo en todo momento muy bellas y conservando el maquillaje intacto (incluso cuando se despiertan por la mañana).

No quería desincentivar tu intento de seguir este arduo camino. Creo que al dejar ir “lo extraordinario” y las “experiencias” puede que de pronto puedas tomar conciencia de las personas más cercanas, cómo son, cómo te quieren, cuál es su calidez, dónde están, qué hacen… Incluso si lo que hacen es estar sentadas en el sillón viendo la tele.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Sueles ver mucho la tele? ¿Qué reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Haz lo común

“Haz lo común” no es el mensaje que recibes desde que tienes uso de razón. El mensaje que recibes es:

Haz lo extraordinario

Se trata de destacar. Hay mucha competencia ahí fuera, ¿qué es lo que te distingue de los demás? ¿Por qué te vamos a contratar a ti y no a otra persona?

Bien, pues hacer lo extraordinario es fuente de todo tipo de desdichas.

Estos mensajes empiezan realmente antes de tener que incorporarte al mercado laboral, empiezan de pequeños. Puede que de pequeño entrases en competición con los de tu clase, con tus hermanos o con el mundo.

Si además eres como yo, con un tipo de personalidad menos frecuente de lo habitual, en mi caso INFJ, tienes más papeletas para pensar que estás destinado a ser alguien especial en el mundo.

La mentalidad de la escasez

La competitividad se enmarca en una mentalidad de la escasez: no hay para todos, por lo que has de luchar. En las empresas, el mensaje es el mismo, o te diferencias por calidad o te diferencias por precio. Y ahora que cada uno de nosotros es una empresa (un emprendedor), pues necesitamos que algo nos haga extraordinarios.

Otro mensaje que se mueve en la sociedad y en línea con el anterior es que debemos estar en mejora continua, por siempre, no hay final. Las empresas siempre tienen que crecer, los individuos siempre tienen que perfeccionarse, ya no te puedes relajar ni acomodar a ninguna edad, simplemente debes tratar de ser mejor (no eres lo suficientemente bueno).

Foto de Rafael Nadal
“Foto de DAVID ILIFF. Licencia: CC-BY-SA 3.0”

El ejemplo clásico, y toda mi admiración para él, es Rafa Nadal. No en pocos cursos sobre liderazgo para directivos se pone como ejemplo a Nadal. Lo que pasa es que Nadal es una persona extraordinaria, fuera de lo común, fuera de “la normal” estadística. Por eso es el número uno y por eso solo hay un Nadal. En términos estadísticos, es un atípico.

¿Demasiado talento?

Existe un problema hoy en día: el mundo se ha hecho muy grande, está muy lleno de gente muy extraordinaria, y como el talento rebosa por todas partes, destacar (ser un atípico) es todavía más difícil. Esto hace que tu gota de originalidad, creatividad, ingenio y diferenciación caiga en el piélago del mundo digital y desaparezca. ¿Y entonces qué haces?

Hay dos opciones: aceptar que tu “yoidad” (como decían en una película) es tan exótica como la de cualquier otro y seguir con tu vida, o bien seguir dándole vueltas y buscando las formas de ser diferente.

En El centro se distingue por su levedad, Bert Hellinger cuenta la historia del gran Orfeo, famoso y desdichado, y el pequeño Orfeo, desconocido, con una vida corriente pero que murió “viejo y saciado de vida”. Ambos se dedicaban a la música, el gran Orfeo atrayendo masas y el pequeño Orfeo cantando con su guitarra en pequeños bares. Algo así.

Hay más historias en este mismo libro, todas ilustran la idea de que la felicidad es paradójica, y a veces está en un sitio diferente a aquél en que estamos buscando.


Te deseo un fin de semana común, en el que no necesites crear una imagen de éxito para las redes sociales y las aplicaciones de ligar, en la que tengas que aparecer escalando, esquiando, buceando, en Nepal, en la muralla china, en un bazar árabe, sobre un camello, en fin, algo un poco más ordinario.

Política de privacidad: RGPD

Reglamento General de Protección de Datos

Hola suscriptores,

Quería comentaros que estoy al corriente del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Sé que se publicó en mayo de 2016 y es aplicable a partir del 25 de mayo de 2018, es decir, mañana.

Quizá os quedéis mucho más a gusto si sabéis que este es un blog personal, sin ningún ánimo de lucro, que no recoge tus datos, ni los trata de ninguna de las maneras.

La nueva ley de protección de datos, RGPD

¿Qué es eso del tratamiento de datos?

Por si tienes curiosidad, el tratamiento de datos consiste en:

Recogida de datos, registro, organización, estructuración, conservación, adaptación o modificación, extracción, consulta, utilización, comunicación por transmisión, difusión o cualquier otra forma de habilitación de acceso, cotejo o interconexión, limitación, supresión o destrucción.

Mi humilde blog no hace nada de eso, y si lo hace, no me lo comunica.

Empresas que deben controlar el tratamiento de datos

También quería informarte de que solo estas empresas deben controlar el tratamiento de los datos:

  • Las que empleen a más de 250 personas (y esto es un blog que no emplea ni a su autora).
  • Las que traten datos de forma frecuente y que puedan entrañar riesgos para los derechos y libertades personales (nada que ver…).
  • Las que incluyen datos especialmente protegidos o relativos a condenas e infracciones penales.

Datos sensibles

Te diré que los datos especialmente protegidos son los datos sensibles, que exponen los derechos y libertades fundamentales, como las opiniones políticas, las creencias religiosas, datos de salud y biométricos… Al no saber ni quién me sigue, es complicado que sepa todo esto de vosotr@s…


Y es que realmente me sigue gustando la romántica idea de que los lectores son seres anónimos con los que no es posible mantener ningún tipo de contacto.

Lo siento, chic@s

Hay dos tipos de post en este blog: los que provienen de una investigación de algo externo, como este de Osho o este otro sobre Análisis transaccional, y los hay de una “investigación interna”, como este del agente Patou o este sobre capacidades (y zumba).

Pues este post es del segundo tipo: procede de mis reflexiones cuando estoy creando un curso de formación online.

Lo siento, chic@s.

Esta es la frase que me viene a la mente cuando los requisitos del cliente difieren mucho de los míos, y entonces me imagino a los futuros alumnos que nunca conoceré navegando por un curso incómodo, mal escrito, lleno de “debes/tienes que”, con animaciones rimbombantes, con tests insultantes o una mezcla de todo esto.

Digamos que en este blog me he llenado la boca hablando de cómo tiene que ser el e-learning (en general en la categoría Aprendizaje), pero no suelo decir que yo no hago ese tipo de cursos ideales: normalmente no puedo por diversas circunstancias.

A pesar de que me acojo por completo al Manifiesto de Cathy Moore, tengo que admitir que en general no puedo realizar ese tipo de formación y soy co-responsable de ello.

Si el cliente me pide que limite la navegación y convierta el curso en una agonía de clics hasta llegar a su test final, yo lo hago. Yo, la misma persona que tradujo este artículo de Tom Kuhlmann sobre motivar a los alumnos o este otro con 10 estupendas reglas para crear cursos atractivos.

De hecho, es el propio Tom Kuhlmann, alguien muy respetado en el sector, quien afirma que el cliente siempre tiene la razón. Y así es.

A los diseñadores instruccionales nos encantaría que el cliente fuese el alumno, pero el cliente no es el alumno, y mientras mantenemos pequeños guiños hacia quien realmente hará el curso al final, nos tenemos que atener a lo que desea quien encarga la formación (el que paga).

Pienso que esto es como un guion de una película: notas que el guionista ha tenido una gran idea, notas que sabe desarrollar buenos diálogos y que los giros de guion son coherentes con la historia. Y de pronto todo se da la vuelta y la película se convierte en una absurda locura. ¿Quizá porque su final no está decidido por ese guionista?

Simplemente quería deciros esto: a veces, cuando te apuntan a ciertos cursos online que tienen tintes de pesadilla, piensa que esa pesadilla primero la vivió un diseñador instruccional que tuvo que acogerse a ese sentimiento subyacente en muchos decisores, por el cual los alumnos son niños, la letra con sangre entra, “tienen que” ver TODO y el disfrute es ajeno al aprendizaje…

Wild Wild Osho

¿Has oído hablar del documental en seis capítulos Wild Wild Country, emitido en Netflix?

Osho pasa con su Cadillac saludando a cientos de sanyasins

Yo lo he visto, y he leído varios artículos sobre él. El documental desgrana la creación de una gran comuna en Oregón, Rajneeshpuram, y los crecientes conflictos con los lugareños. Esta comuna estaba aparentemente liderada por Bhagwan Shree Rajneesh, posteriormente rebautizado como Osho.

El sueño de Osho, tal como transmiten algunos de los entrevistados para el documental, era crear otro tipo de sociedad y un nuevo ser humano.

Mi objetivo es hablar de los gurús como Osho y de la trascendencia de su mensaje, aspectos en los que quizá he cambiado de opinión a raíz de ver el documental: mi alarma saltó cuando vi a esos sanyasins (discípulos de Osho) portando fusiles AK-47. La propia líder real del grupo, Ma Anand Sheela, llevaba una pistolera como si fuera un sheriff.

Bhagwan Shree Rajneesh: Osho

Yo había leído varios libros de Osho y además le he citado varias veces en mis artículos del blog. Conocía la polémica que rodeaba a su figura y la atribuía a su forma valiente y provocadora de hablar sobre todo: el dinero, el amor, el sexo… Sobre todo del sexo. Además, se criticaba a Osho por su gran colección de Rolls Royces, su reloj de diamantes, su gusto general por el lujo…

En todo caso, por lo que decía y cómo lo decía yo le tenía por un maestro iluminado.

Los contenidos de sus charlas y libros son lugares comunes entre los que llamamos iluminados: aceptación, dejar ir, presencia aquí y ahora, gozo continuo, observación directa de la realidad, o más bien, ausencia del observador…

Tras ver la serie documental completa tengo que decir que no solo dudo abiertamente de que Osho fuera un iluminado, sino que estoy dejando de creer en el concepto mismo de iluminación.

Maestros iluminados

La RAE define iluminación como:

“Esclarecimiento interior místico experimental o racional” y también “conocimiento intuitivo de algo”.

Ahora que la práctica de mindfulness está a la orden del día y que se nos esclarecen cada vez más conocimientos interiores místicos, ¿hay más iluminados?

Iluminados son o eran para mí hasta ahora: San Juan de la Cruz, Buda, también se dice de Jesucristo y Mahoma, también se dice de Krishnamurti, Gurdjieff… A veces se cita a Santa Teresa. ¿No hay muchas mujeres iluminadas? Tal vez se deba a que estaban ocupadas en otra cosa. O bien las hay, pero no “saltaron a la fama”. Y luego está la serie de conocidos budistas, desde el Dalai Lama hasta Matthieu Ricard (el francés que además es biólogo molecular y el hombre más feliz del mundo) o Pema Chödrön (que sí es mujer).

Iluminados ¿imperfectos?

¿El que un individuo haya alcanzado este “esclarecimiento” le deja fuera de cometer ciertos “errores”?

Pondré algunos ejemplos que se muestran en el documental que citaba al principio: dejar la comuna en manos de una psicópata (Ma Anand Sheela) que intoxica a un pueblo entero con salmonela, dejar que en la comuna se entrene a los sanyasins para disparar rifles contra personas, dejar que se planee el asesinato de un político… mientras se está en silencio y retiro.

No creo que Osho sea el único “maestro iluminado” que haya cometido errores basados en sus creencias de cómo debe ser el mundo.

Lo que sí creo es que ese estado de “esclarecimiento” no puede ser compatible con determinadas conductas. Es esto lo que me ha animado a escribir este artículo.

¿Qué decía Osho?

Si bien el documental entra pormenorizadamente en todos los detalles al respecto de la comuna de Oregón, Osho se presenta como un personaje no ya secundario, sino anecdótico. De los seis capítulos, aparece hablando en el primero algunas frases y en el quinto sale en programas de televisión criticando abiertamente a Ma Anand Sheela y sus actuaciones. Lo que ocurre en el sexto no os lo cuento: es mejor verlo.

De sus libros y charlas había deducido que era un personaje muy elocuente, sin embargo, en el documental no se accede a su elocuencia, quizá porque en aquellos años eligió ese silencio y aislamiento. Tampoco se intenta explicar en qué consistía pertenecer a esa comuna, cuáles eran los beneficios para los sanyasins.

Por ello, y para ilustrar de qué manera el documental contrasta con los mensajes de Osho, copio aquí algunos de ellos:

Una vida seguirá es peor que la muerte.

Responde a las situaciones con todo tu corazón.

Para estar totalmente libre, has de estar despierto.

Valentía es adentrarse en lo desconocido a pesar de todos los miedos.

La vida no escucha tus razonamientos; tú tienes que escuchar a la vida.

Escucha atentamente, muy conscientemente, y nunca te equivocarás.

Estar en un estado de no-saber es inteligencia y no es acumulativo. Lo que sucede desaparece y no deja rastro.

No intentes comprender la vida. ¡Vívela!

Lo conocido es lo muerto, lo desconocido es lo vivo. Agarrarse a lo conocido es agarrarse a un cadáver.

El miedo a equivocarse mantiene a la gente maniatada, imposibilitada para lo nuevo. Solo se puede vivir la vida peligrosamente.

Reconfortante en grado máximo… y altamente chocante si evoco de nuevo la imagen de dos sanyasins vestidos de rojo escoltando a Osho con esos rifles AK-47 o si le recuerdo tirándose los trastos con Sheela en la tele como en un Sálvame cualquiera.

La última frase, “Solo se puede vivir la vida peligrosamente” resonaba en mi mente mientras veía a Osho ocultarse tras la parafernalia y dejándose ver únicamente dentro de uno de sus Cadillacs. No me pareció que hiciese honor a sus propios mensajes.

En todo caso, ¿beneficia a alguien?

También he reflexionado sobre por qué todos esos sanyasins accedían a vestirse únicamente de rojo o colores rojizos, por qué dejaban en la puerta su sentido común y cómo era tan fácil convencerlos para hacer casi cualquier cosa.

Incluso si no hubiera habido ningún tipo de “lavado de cerebro”, ¿qué es lo que los seguidores de un maestro obtienen de él? ¿Los seguidores de un maestro pueden alcanzar la iluminación?

Esta reflexión también incluye a los cientos de miles de personas que han leído y leen a Osho después de su muerte. ¿Pueden sus palabras beneficiar a alguien incluso si realmente no alcanzó ese nivel de “entendimiento”?

En distintos misticismos se reconoce que la mayoría de discípulos se quedan mirando el dedo del maestro mientras este trata de señalar inútilmente a la luna. No parece fácil que los discípulos se iluminen (si tal cosa existe) siguiendo tan de cerca a un maestro.

Conclusión

Mi conclusión principal es que cuando etiquetamos a alguien de maestro, gurú o iluminado, le sobreponemos características sobrehumanas. Dicha persona no deja de ser igual que nosotros, uno más, otro humano (otro homínido) con sus imperfecciones.

Creo que si somos capaces de aprovechar la inspiración que pueden producir sus palabras, sus prácticas y en algunos casos su modo de vida, hay beneficio. El resto, la adoración, el no filtrar, y el deducir que el maestro es perfecto en todo, quizá eso es lo que no beneficia a nadie.

¿Cómo lo ves?


Si quieres saber más sobre el documental:

Si quieres saber más sobre Osho: