Cómo decir “Hola”

Foca saludando

[Imagen de Taken en Pixabay]

Eric Berne escribió un libro titulado ¿Qué dice usted después de decir “Hola”?

Esta es una pregunta muy rara. Y el médico psiquiatra que la formuló lo sabía. Por eso explica:

Esta pregunta pueril, aparentemente tan tonta y falta de profundidad que es de esperar en una investigación científica, en realidad contiene en sí misma todas las cuestiones básicas de la vida humana y todos los problemas fundamentales de las ciencias sociales.

Es más, después de decir “Hola”, las personas se involucran en distintas formas de comunicación que evitan toda intimidad: rituales, procedimientos y juegos.

Estas formas de comunicación se basan en algo que ya hemos visto en el blog: los estados del yo: Padre, Adulto y Niño. Solo la relación de Adulto a Adulto puede llegar a una comunicación real y a una intimidad. El resto sirve para justificar la posición existencial, una posición que se relaciona con el guion de vida que se representa y los personajes que se escogen para participar en él.

Pues bien, antes de entrar en todo este análisis que llevó al autor a la práctica clínica con grupos durante varios años, se comienza con algo tan sencillo como un “Hola”.

¿Cómo dices “Hola”?

En una época en la que hasta varias compañías grandes se apropian del “Hola” como “imagen de marca”, en la que la mayoría de las veces que decimos “Hola” a lo largo del día es a través de whatsapp, en la que el saludo en persona se ha vuelto incómodo porque hemos tenido que desautomatizar los besos, los abrazos y el darse la mano, este “Hola” debería ser sagrado.

La importancia que le damos es tan alta como la que damos a memorizar el nombre de una persona que nos presentan: normalmente ninguna.

No nos planteamos a quién estamos saludando. Si la persona es conocida, asumimos que “es la misma”. Pero las personas cambiamos a cada momento, nos suceden cosas, nos influyen acontecimientos externos e internos…

Decir “Hola” correctamente es ver a la otra persona, ser consciente de ella como fenómeno, hacérsele presente y estar dispuesto a que ella se te haga presente.

Una vez leemos esta descripción de lo que Eric Berne considera un “Hola” real, nos damos cuenta quizá de que, la mayoría de las veces, preferimos no ver a la otra persona, no ser consciente de ella y por tanto no hacernos presentes ni permitir que la persona se haga presente. Más bien es un trámite, una caricia de bajo nivel para saltar a continuación a dar al Play de nuestro disco-rollo que llevamos preparado.

Este “Hola” real se engloba en las experiencias de consciencia y espontaneidad sencillas, como ver los árboles o escuchar el canto de los pájaros.

Bueno, quizá no hay por qué abrirse a una experiencia real en cada “Hola” que se comparte. Pero si se quiere hacer en algún caso, pueden seguirse estos pasos:

Pasos para decir “Hola”

Creo que merece la pena citar de forma casi literal a Eric Berne en este punto. Lo que tienen estos genios es que han expresado cada idea de forma tan clara que reescribirla es empeorarla.

Paso 1

Primero, deshazte de toda la basura que se ha acumulado en tu cabeza y reconoce que este “Hola” en particular ya nunca volverá a darse.

Paso 2

Para devolver el “Hola”, deshazte de toda la basura que tienes en la cabeza y date cuenta de que ahí hay una persona esperando a que le devuelvas el “Hola”.

Paso 3

Después de decir “Hola”, deshazte de toda la basura que se está volviendo a meter en tu cabeza, en particular, los residuos de los agravios sufridos y los anticipos de los líos en que piensas meterte. Entonces te quedarás sin habla.

Nota: los pasos 1, 2 y 3 pueden llevar años. En el paso 3, una vez pasados estos años, es posible que se te ocurra algo ingenioso que añadir.

¿Qué es eso de la basura?

Esa basura consiste en todas las estrategias que hemos ido aprendiendo con el fin de confirmar una visión de la vida que hemos formado a partir de lo que los padres nos han transmitido y de lo que cada persona ha ido interiorizando como respuesta emocional. Es lo que la gente hace en lugar de decir “Hola”. Y de algo de ello hemos hablado varias veces en este blog. A modo de resumen:


¿Cómo dices tú “Hola”? ¿Qué dices después? 

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. Y estoy encantada de que te guste tanto este tema que te suscribas a mi blog. 🙂

Go with the flow

Quieres hacer un regalo X a alguien, pero ese X no se encuentra en ninguna tienda. Lo buscas online y no hay stock. O bien lo pides por Internet y lo que llega no es lo que pedías. En cambio, ves anuncios de Y, o varias personas te hablan de Y, o incluso un Y llega a tus manos fácilmente: tal vez Y es el regalo.

¿Cómo sería tu vida si no cuentas con nada y te abres a todo?

La vida es eso que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes. John Lennon

Parece ser que John Lennon dijo esta frase. Puede que se diera cuenta de que la vida va ofreciendo un camino sobre el que podemos intervenir poco, ya que estos planes que nos ocupamos en hacer no suelen ir alineados con lo que  sucede.

No contar con nada significa no hacer otros planes, no anticipar, no agarrarse. Abrirse a todo permite ver el movimiento real de la vida, de lo que realmente sucede, soltando el agarre y dejándose llevar.

Podemos tener un objetivo, comprar X, y eso es compatible con dejar que las cosas sucedan. Al final, puede que acabemos comprando Y, o también es posible que comprar X sea acertado, pero que no sea el momento. Entonces la vida pide un ejercicio de espera, es decir, de paciencia.

¿Y cómo se rellena el tiempo mientras las cosas ocurren?

Si te das cuenta, la pregunta está mal planteada. El tiempo no se rellena, se vive. Las cosas están ocurriendo ahora. Pero mucha gente vive con esa sensación de estar esperando algo futuro mientras el presente es una mierda. No hay camino más directo para la infelicidad.

Por ello, es importante dejar de lado aquello que se espera hasta que pueda ocurrir, si es que va a ocurrir. Y esto permite dar el foco a lo que está ocurriendo en el presente, que es la única verdad. Ojo, no a lo que según nuestras ideas debería estar ocurriendo pero no está ocurriendo. No. Eso es una pérdida de energía por un lado y por otro una presión sobre la realidad que es imposible ejercer, entonces se vuelve contra la persona que trata de controlar lo que está más allá de su control. Es atender a lo que sí está pasando “como si no hubiera nada más”, porque en realidad no lo hay.

Por ello a veces es interesante pararse a observar una sombra avanzar sobre una roca. Eso ocurre en el presente.

¿Por qué la mente se fija en lo que falta?

Tal vez el origen de fijarse en lo que falta esté en el mundo animal: un animal mapea el territorio buscando dos cosas, sobrevivir y reproducirse. Sobrevivir a través de encontrar alimentos y reproducirse a través de encontrar parejas sexuales.

Cuando se quita la supervivencia de la ecuación, “lo que falta” responde a creencias: falta según lo que crees que debería estar ahí y no está. Así, podemos contrastar fácilmente que “lo que falta” no es algo universal para todas las personas, sino que a cada cual le falta algo diferente, e incluso le falta lo que al otro le sobra. Lo vimos especialmente en el confinamiento, cuando quien estaba en soledad deseaba desesperadamente compañía y quien estaba en compañía quizá anhelaba tener soledad.

Pero lo que hay es lo que hay: eso es todo. Y si es todo, no falta nada.

La mente percibe “lo que falta” como una pieza de un puzle que no está en “su sitio”. Pero si miras un paisaje, ¿podrías afirmar que falta una roca, un árbol o una rosa? ¿Cuál es el sitio de las cosas, las personas y los acontecimientos? ¿Lo tienen? ¿Lo podemos controlar?

Árboles, montaña rocosa al fondo y rosas rosas en primer plano

Solo en el momento en el que se pone la mirada en lo que se tiene delante aceptándolo como es, comienzan a surgir opciones nuevas e inesperadas en ese paisaje que al principio parecía árido.

  • La mirada en lo que no está ahí causa sufrimiento.
  • La mirada en un futuro por llegar impide recoger los frutos del ahora.
  • La mirada en el pasado solo repite lo que ya se sabía.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Sientes que falta algo en tu vida? ¿Cómo haces para adaptarte a lo que sí está en ella?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Palabras grandes, palabras pequeñas

Hace tiempo que el tema revelación para mí es “todo es más prosaico”, o también “nada es tan importante”. Por ello, voy dando pasos en quitar el exceso de importancia, empezando por mí misma.

Esto está muy bien reflejado en el final de La vida de Brian: ¿se puede desdramatizar más una situación?

El camino de lo prosaico consiste a mi entender en deshacerse de “la gravedad” de los asuntos que realmente no son graves. No poner peso. Un peso que muchas veces procede de las creencias, los prejuicios, las tradiciones… es decir, del pasado.

Uno de los personajes que inspiró muchos post de este blog, Ernie J. Zelinski, es un experto en desdramatizar, en convertir las palabras grandes en palabras pequeñas. Así, es capaz de escribir un libro titulado El placer de no trabajar u otro llamado Éxito real sin un trabajo real.

Dejar de prestar tanta atención

Reunión desenfadada en oficina

[¿Has visto qué felices están estos mientras trabajan? Seguro que han visto el vídeo de Meetings, Bloody Meetings]

Puede que el primer paso para quitar la carga de ideas, situaciones, personas o creencias sea dejar de prestar (tanta) atención. Y una manera de conseguirlo sea cambiar el lenguaje.

En el ejemplo de La vida de Brian, la situación cambia totalmente de código cuando los personajes, en lugar de prestar atención a dónde se encuentran y lo que significa, convierten el cuadro en un número musical con su pequeño baile incluido. 

El lenguaje que intensifica la atención en algo es muy categórico:

  • Siempre me pasa lo mismo.
  • Estoy totalmente sola.
  • Nadie me ayuda.
  • Todo el mundo sabe que…

Es la generalización, ya estudiada muy de cerca por la PNL.

Y luego están las palabras grandes y graves. Cada uno que escoja cuáles le suenan a grandes y a graves y que busque otras que le parezcan más cercanas, livianas, suaves.

El papel del humor

Para salir de las palabras grandes y dramáticas, como por ejemplo “enfermedad degenerativa”, hace falta una dosis de humorismo, un planteamiento del mismo tema dando un paso atrás que permita verlo y relativizar.

Eso es lo que los Monty Python hacían. John Cleese, por ejemplo, fundó una compañía de formación mediante vídeos, VideoArts, de la que ya hemos hablado en alguna ocasión, en la que se regían por un planteamiento muy simple:

La gente no aprende nada si está dormida y muy poco si está aburrida.

Así que producían vídeos tan inolvidables como Meetings, Bloody Meetings (Reuniones, malditas reuniones): si una reunión no tiene un objetivo claro y no se organiza bien, resulta una pesadilla. Esto, que parece cultura popular, se puede explicar de muchas maneras, ninguna comparable a esta:

Me gusta el apunte que hace Carlo M. Cipolla en Allegro ma non troppo:

El humorismo es la capacidad de entender, apreciar y expresar lo cómico.

No se trata de humor chabacano, ni de ironía o sarcasmo. No se basa por tanto en reírse de otras personas, sino en captar el aspecto cómico de la vida y practicarlo en el momento oportuno.

Pues dentro del camino de lo prosaico, que va de las palabras grandes a las pequeñas, está el humorismo como un gran acompañante.


¿Qué opinas? ¿Cuáles son las palabras grandes que te gustaría sustituir? ¿Cómo haces para quitar hierro a los asuntos? 

Como siempre, agradezco que me leas y compartas. ¡Grazie mille!

Mirando a la parra

Una mujer sentada en un banco en un parque mira hacia el lago
Imagen de Olya Adamovich en Pixabay

Estaba sentada en un banco del paseo, con el sol detrás, mirando cómo la sombra de un edificio iba llegando a una piedra. Realmente se mueve rápido, en un momento la piedra está al sol y al siguiente está en la sombra, pero el ojo no llega a percibir lo que pasa. Este cambio rápido y a la vez imperceptible también me estaba pareciendo una alegoría de la vida, de la necesidad de agarrar el momento porque se va silencioso pero rápido.

Casi no me di cuenta de que pasaba un hombre con tres perros. Pasó por delante de mí y siguió andando, hasta que se paró. Lo noté porque había seguido el sonido de sus pasos, siempre mirando la piedra. De forma inconsciente giré la cabeza hacia él. Me miraba.

«¿Te pasa algo?», dijo, con sincera preocupación.

Yo me vi como sorprendida en algo. Le dije «¡No!» con el gesto de la muñequita de whatsapp, es decir, palmas hacia arriba y encogimiento de hombros. También sonreí, pero eso no se vio.

Se alejó poco a poco.

Me vino a la mente algo que escribió Zygmunt Bauman en Modernidad líquida: no podemos simplemente estar en el espacio público. Tenemos que actuar y, además, con prisa. Estar sin actuar en un espacio público es propio de vagos y maleantes.

Ese reposo meditativo no parece propio de alguien en edad de producir. Pararse para reflexionar es cada vez más extraño. Lo alarmante es que alarme que alguien simplemente esté.

Suelo salir a este paseo del parque en busca de inspiración. Puede estar en el agitarse de los sauces o en la inmovilidad silenciosa de los abetos, o puede estar en las formas cambiantes de las nubes, o en las luces de las farolas, o en un viento muy frío o en el trinar de muchos pájaros. Salgo, observo y escucho. No me había parado a observarme desde fuera:

Una señora sentada en un banco mirando a un punto fijo, no sé qué le pasa.

Pensé: «¿qué cara pondré yo cuando miro concentradamente una piedra a la que le daba el sol y ya no?»

Es posible que mirar a la parra o contemplar las musarañas (o hacer mindfulness, que suena mejor) sea ahora un acto íntimo que debe ser realizado en entornos controlados: la propia casa o un espacio “de bienestar” en el que todos los demás estén haciendo lo mismo. Es más, puede que algunas personas no logren hacer esto ni en su propia casa si conviven con otras personas que lo consideran mal (propio de vagos y maleantes).

Como ya nos ha dicho John Cleese otras veces en este blog, dejar la mente “en blanco” sin hacer aparentemente nada es lo que dispara la creatividad, lo que permite tanto tener ideas originales como recuperar ideas que se tuvieron en el pasado, pero que se perdieron o no se llegaron a utilizar.


¿Y tú? ¿Cómo desconectas del día a día? ¿Consigues tener momentos de no hacer nada? ¿Dónde encuentras la inspiración?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

La urgencia del tiempo

Hace poco se emitió un programa de Imprescindibles TVE sobre Eduard Punset. En él, se habló varias veces de la sensación de urgencia con la que vivía Punset, la necesidad imperiosa de aprovechar cada minuto de su tiempo. Daba la sensación de que le faltaban horas para descubrir el mundo, algo que podía ser agobiante para los que lo rodeaban. 

«Hay vida antes de la muerte». Eduard Punset

Esta misma frase es una forma positiva de ver esta urgencia por vivir.

“Aprovecha el tiempo” es uno de los mandatos del mundo actual, el de la modernidad líquida. El tiempo jamás puede ser ocioso, no queda bien confesar que se está, simplemente, viviendo. Ni siquiera ha sido así cuando la pandemia del coronavirus ha detenido nuestras vidas: había que justificar los minutos y las horas haciendo pan, tartas, rutinas de ejercicio, compartiendo canciones…

Cuando un extraño le pregunta a un zulú, que aparentemente no hace nada: "¿No te aburres?", este le responde: "¡Pero si estoy viviendo!". No le falta nada que tuviera que dar más contenido o sentido a su vida.

Aprovechar el tiempo es también el mensaje de dos películas habituales de este blog: “Di que sí” y “Atrapado en el tiempo“.

Aceptar cada experiencia que se presenta

En “Di que sí“, el protagonista comienza diciendo que no a todo tipo de compromisos aparentemente molestos. Cambia de forma de actuar gracias a un gurú en un seminario en el que se dice que la respuesta a todo es “sí”. Es un sí a la vida ciego, más parecido a la resignación que al asentimiento consciente y adulto.

¿De qué manera cambia la vivencia del tiempo al decir a todo que sí? Como hemos visto varias veces, en improvisación decir sí equivale a permitir que la aventura continúe. En la vida, decir sí puede contribuir a llenar el tiempo, si no con urgencia, sí con riqueza o variedad (recordemos que el protagonista de esta película aprende el idioma coreano, a tocar la guitarra, da todo su dinero y su móvil a un indigente y esto le lleva a conocer a una chica…).

El protagonista cree que le ha caído una especie de maldición: piensa que si no dice que sí a todo lo que se le presenta, le va mal o muy mal. Hacer muchas cosas enriquece el tiempo del protagonista y mejora sus amistades, le abre la mente cuando dice sí a algo aparentemente horrible que se transforma en algo placentero.

Cambiar la rutina conocida por la compasión

En “Atrapado en el tiempo“, el hecho de no poder escapar del día de la marmota, hace que el protagonista primero luche y trate de cambiar los acontecimientos, después se intente suicidar varias veces y, finalmente, asuma que se ha quedado atrapado. A partir de ese momento, aprende a tocar el piano, salva la vida de varias personas y, en general, se dedica a labores filantrópicas. Además, se dedica a descubrir mediante ensayo y error cómo es la chica que le gusta y cómo conquistarla.

En esta otra película, decir que sí a esa circunstancia de vivir cada día el mismo día, lleva al protagonista a fijarse en sus semejantes y hacer algo por ellos. Elige dar, y recibe mucho a cambio.

¿Cómo se vive en el propio tiempo? 

En un caso por sentir urgencia, en otro por creer que no tiene más remedio que asentir y en el tercero por estar atrapado, los tres personajes se dedican a llenar su tiempo de una forma un tanto compulsiva.

La vivencia del tiempo es totalmente subjetiva. Tuve un profesor de universidad que decía que, en una pareja, ambos deben tener la misma percepción del tiempo para que la relación funcione (sí, lo decía en clase). Para algunas personas, el tiempo pasa como debe de pasar para una mosca: muy muy lento. Para otras, el tiempo va muy rápido, se apresuran en él como si un cronómetro les empujase a la acción frenética.

Quizá se trata de tomar conciencia del espacio-tiempo en el que vivimos. Esto implica aceptar sus límites: en qué momento hemos nacido, en qué país, qué tipo de actividades se realizan en nuestra época para llenar el tiempo y de qué forma podemos abrirnos al vacío y al silencio

En la época actual, si “te sobra” el tiempo, tienes que: aprender o perfeccionar idiomas, trabajar más, ir al gimnasio, hacer cosas más divertidas, creativas y complicadas, con y sin tu familia, etc. Es como si viviésemos en el día de la marmota: atrapados/as, solo podemos huir hacia adelante cumpliendo con miles de actividades. Esto hace que realmente a nadie “le sobre” el tiempo, y esto me lleva a los hombres grises, los de Momo, otro de los clásicos que he citado más de una vez.

No se puede ahorrar tiempo, por tanto, el tiempo que sobra “se pierde”. Pero tampoco se puede “rentabilizar” el tiempo. Lo que sí se puede es vivirlo plenamente. Y esto no significa vivirlo con urgencia, angustia o velocidad. Se puede estar viviendo plenamente mientras se hace ganchillo. Lo que pasa es que las actividades no dinámicas cada vez parecen más alejadas de nuestra vida: leer un libro (de papel), tejer, hacer una receta que lleva mucho tiempo y horas de espera, montar una maqueta… Parecen actividades propias de la jubilación. Se podrían hacer “en los huecos”, pero el ritmo que llevamos el resto del tiempo contrasta plenamente con los ritmos tan bajos de estas actividades, más propias de la vivencia de esa mosca que decíamos.

Esta urgencia del vivir actual trae enseguida su opuesto: el aumento de las prácticas de meditación, por ejemplo el mindfulness, que nos ayuda a acallar la mente si quiera media hora para tomar consciencia de la respiración, de las sensaciones corporales, del mundo que nos rodea aquí y ahora… Es posible que nos acerquemos a estas prácticas desde la urgencia: otro hueco más en la agenda para rellenarlo, vivirlo al máximo y no tener un minuto de vacío ni de silencio.

En cambio, otra forma de experimentar el tiempo es vivirlo según esta afirmación:

Tengo exactamente el tiempo que necesito.

Una frase así nos permite respirar profundamente, quizá acometer las responsabilidades con un enfoque optimista: lo voy a poder hacer en el tiempo que tengo. Esta frase también puede llevar a dejar de pensar en negativo: “nunca tengo tiempo para nada”, dedicando la energía que iba a esos pensamientos a la acción. Si una persona se compromete completamente con la acción que está llevando a cabo, probablemente la haga de forma más eficiente.

¿Has pensado probarlo? Decirte: tengo el tiempo que necesito. O, como dice Brigitte Champetier de Ribes: el tiempo es mi amigo. Ya contarás tus experiencias. Como siempre, ¡muchas gracias por leer!

El equilibrio entre dar y recibir

En los últimos posts hemos visto la fuerza de la pertenencia y la fuerza del orden en el contexto de las nuevas constelaciones familiares. Esta semana os hablo de mi comprensión de la fuerza de la compensación, o el equilibrio entre dar y recibir.

Cuando pienso en esta fuerza, recuerdo el dilema del prisionero iterado, muy bien resumido en la entrada de Wikipedia. El dilema del prisionero es un problema de teoría de juegos que explica por qué dos personas podrían no cooperar entre sí incluso cuando la solución mejor para ambos es cooperar.

Toma y daca

Si la interacción entre dos personas se prolonga indefinidamente, en cambio, la solución óptima es la cooperación. Esto lo explica Robert Axelrod en La evolución de la cooperación: el dilema del prisionero y la teoría de juegos. Este es un libro que descubrí gracias al profesor Fernando Esteve Mora.

Para resumirlo mucho, la estrategia ganadora en la interacción entre dos personas cuando va a repetirse de forma indefinida es el toma y daca. Esta estrategia comienza cooperando y, después, imitando la conducta de la otra persona. Si coopera, se sigue cooperando. Si no lo hace, se deja de cooperar. La única estrategia que mejora incluso a la de toma y daca es toma y daca dos veces: el primer jugador coopera las dos primeras veces, independientemente de lo que haga el otro. Después, de nuevo, imita la conducta de la otra persona.

Tal como nos cuenta Axelrod, estas estrategias se escribieron en lenguaje informático. Sin embargo, son estrategias que ponemos en juego cada vez que interactuamos con otras personas, sean amistades, clientes, proveedores, jefes, colaboradores…

La ley de equilibrio entre dar y recibir

La ley sistémica de equilibrar el dar y recibir se parece a ese intercambio indefinido entre personas. Contempla además un momento de desequilibrio, ese tiempo en el que una persona ha dado pero la otra aún no ha agradecido. Este momento “inconcluso” (tal como lo denomina Brigitte Champetier de Ribes) es el tejido de todas las relaciones sociales.

Dar

Dar es agradecer, es devolver. Produce la mayor alegría. El que da se siente libre (y se siente más grande). Se dice que la mayoría de la gente prefiere regalar a recibir un regalo.

Es cierto que el que da recibe de forma automática, siempre que respete profundamente a la otra persona como para permitirle agradecer o devolver.

Puede darse el caso de personas que solo quieren dar, sin recibir nada a cambio. Esto puede mostrarnos conductas que en realidad son egoístas: la persona solo se ve a sí misma y a su necesidad de dar, no ve al otro ni se pregunta si necesita de su ayuda. Así, pone en peligro el intercambio de toma y daca, está siguiendo una estrategia de solo dar (que hemos visto que no es óptima).

Recibir

Cuando recibimos algo, automáticamente estamos en deuda. Por ello, recibir nos hace sentir un poco más pequeños, hasta que podemos devolver, si quiera con el agradecimiento por lo recibido.

Si no se nos permite devolver o agradecer lo recibido, perdemos la dignidad al perder nuestra independencia. Si solo se recibe, se entra en una situación degradante, puesto que nos posiciona en el niño. Una estrategia de solo recibir tampoco es óptima, no hay intercambio.

Compensación

Podemos explicar la vida como opuestos o polaridades que se compensan para crear algo mayor. Podemos ver la ley sistémica del equilibrio entre dar y tomar como la ley de la compensación, una regulación automática de todo, en la que lo que estaba por exceso se compensa con lo que está por defecto.

Si vemos la ley de la compensación desde un sistema familiar, puede darse una compensación arcaica en la que los miembros posteriores del clan quieren compensar algo por sus ancestros, lo que se llama buena conciencia. Se toma partido y, automáticamente, se pierde el estado adulto, entrando en una conducta de repetición del pasado o poniendo demasiado entusiasmo en algo.

Sin embargo, es más interesante la compensación adulta, la decisión consciente de reconciliar los opuestos, de no quedarse solo con una visión parcial de una dinámica, sino ampliar la perspectiva para incluir un movimiento y su opuesto. Así, la actitud que lo incluye todo es: “Todo está bien como es, aunque no lo entienda”.

La rendición

En la compensación adulta entra en juego la rendición. Implica renunciar a tomar parte, a identificarse solo con una visión parcial de una dinámica, normalmente la que mejor nos va y la que las creencias heredadas nos indican que es la buena. Al soltar nuestros deseos de que las cosas sean una forma, es cuando dejamos el espacio suficiente para siquiera concebir que sean de otra, de una manera que no imaginamos (o que tememos profundamente).

En nuestra cultura la palabra rendición se asimila con resignación y se opone a dejar de luchar por los objetivos, algo que realmente está muy mal visto. Sin embargo, esta rendición del adulto está más en línea con la renuncia, con dejar de agarrarse a algo que es parcial, asintiendo a la totalidad.

Hablamos de la fuerza de la compensación en nuestro próximo curso de constelaciones familiares:

Curso de constelaciones familiares Las fuerzas del amor. 9 y 10 de enero, curso online abierto a todos.

La ley del orden

En el post anterior os hablaba de la ley de pertenencia, pero hay una ley previa, que va antes incluso del amor: la ley sistémica del orden. 

«Aceptar la vida como es implica aceptarla con sus límites». Brigitte Champetier de Ribes

Uno de los límites de la vida es el orden: los elementos llegan a un sistema en un orden. Si hablamos de sistemas formados por personas, los abuelos fueron antes que los padres, los padres fueron antes que los hijos. Respetar este orden implica aceptar que los más antiguos tienen prioridad sobre los nuevos. ¿Por qué tienen prioridad? Porque los antiguos entregaron sus vidas para abrir camino a los siguientes.

La dimensión espaciotemporal

Entramos en nuestro sistema familiar al nacer. Nacemos en una época muy concreta, en un país determinado. No elegimos nada de esto. Esa es nuestra dimensión, nuestro único lugar, muy preciso. Limitado, ya que no podemos variar la fecha ni el lugar y, al mismo tiempo, infinito, una vez aceptamos por completo esta fecha y este lugar: es cuando realmente nos abrimos a ver lo que tenemos alrededor, a vivir el tiempo que nos toca.

Al respetar el orden, respetamos nuestro momento. En lugar de repetir el pasado, elegimos vivir plenamente conscientes en el presente. Esto exige darnos cuenta de que, cada día, todo es completamente nuevo, la incertidumbre nos acompaña, decimos sí sin saber a qué, con la confianza en que las cosas son como tienen que ser. Explico a continuación esta última frase.

Espacio tiempo

Cuando pensamos en el movimiento del universo y en sus leyes, no señalamos defectos y fallos de funcionamiento: parece una máquina bien engrasada, de la que entendemos algunas características e ignoramos muchas otras. ¿Por qué iba a tener defectos y fallos de funcionamiento lo que nos acontece a cada segundo? ¿Qué diferencia habría con el resto del universo? ¿Por qué iban a aplicarse otras leyes? Cuando vemos defectos, se trata más bien de nuestro juicio, siempre subjetivo, filtrado por creencias inconscientes, formas de pensar y actuar que se arrastran desde el pasado pero no se miran a la luz de la realidad.

El tiempo solo se mueve hacia adelante. Muchas veces, inconscientemente, elegimos vivir en el pasado. Cuando esto ocurre, nos estamos anclando, ya no vemos lo que tenemos delante. Y solo podemos dar dos tipos de paso: hacia adelante, con el flujo de todo lo que hay, o hacia atrás. Hacia más vida o hacia la muerte. Hacia la creación constante de lo nuevo, o hacia la repetición de rutinas.

Como comenta Bert Hellinger, el paso decisivo es mirar, pensar, vivir solo hacia delante y hacia la lejanía, hacia más vida, salud, placer, amor realizado.

La ley del orden en una organización

En una organización, igual que en una familia, cada profesional tiene un único lugar correcto. Cabe pensar que el orden en una organización deriva de la jerarquía, sin embargo, no es así: primero hay que tener en cuenta la antigüedad. Solo después se mira la contribución de una persona por su función. 

Cuando se incorpora a alguien en un puesto por encima de personas más antiguas, si el nuevo no respeta a los antiguos, le va a ir mal y va a provocar desorden e incomodidad. Es posible que incluso se trate de una persona más joven que, muy segura de sus conocimientos, va a despreciar por completo la experiencia de las personas que van a estar a su cargo teniendo más edad. El resultado de este tipo de situación hace perder energía al equipo: en lugar de centrarse en cumplir objetivos, sus integrantes están centrados en luchar para mantener su posición.

¿Cómo nos ponemos en consonancia con algo más grande? Con la mirada hacia delante al servicio de la vida. 

¿Cómo trabajar esta ley sistémica?

Es posible que esta ley sistémica del orden no esté bien en nuestras vidas y ni siquiera lo sepamos, solo estamos viviendo las consecuencias negativas que conlleva no aceptar las cosas como son, empezando por uno mismo/a. Sin orden, no es posible el amor. Esto significa que, sin respetar a los anteriores, ¿cómo vamos a amarlos o recibir amor de ellos? El amor implica ese respeto por el lugar que ocupa cada uno.

Una forma práctica y experiencial de tomar conciencia de esto y cambiarlo es asistir a nuestro próximo curso sobre Las fuerzas del amor, abierto a tod@s. Aquí dejo la información para apuntarte.

Cartel del curso online Las fuerzas del amor, 12 y 13 de diciembre.

Para saber más:

La ley de pertenencia

Buckminster Fuller, diseñador, arquitecto e inventor norteamericano, tuvo un momento de revelación cuando se iba a suicidar. Una voz interior le indica que no se puede quitar la vida porque no le pertenece a él, sino al universo. Tiene una epifanía, dedicarse a:

«un experimento, para descubrir si un individuo puede contribuir a cambiar el mundo y beneficiar a toda la humanidad».

Desde la máxima humildad, considerándose un individuo cualquiera sin condiciones superiores, se plantea qué puede hacer para mejorar la vida de toda la humanidad, en la “nave espacial Tierra”.

Fuller se da cuenta de que todo está conectado, de que los sistemas son mayores que la suma de sus partes: es quien comienza a emplear el término sinergia. En lugar de trabajar desde las partes al todo, propone hacer lo contrario, ir del todo a los detalles, de manera que surgen partes del sistema que no se habían identificado. Al estar todos los elementos en relación:

«No hay nada de lo que hacemos que no afecte a los demás en mayor o menor medida. Por supuesto, esto también se aplica a toda forma de vida».

La idea de sinergia se aplica a su famoso diseño de cúpulas geodésicas, de las que se llenó el mundo y que aún son un símbolo de futuro:

Cúpula geodésica de

Puedes ver varios diseños de cúpulas geodésicas y muchos otros inventos de Fuller en la exposición temporal en Espacio Fundación Telefónica, muy recomendable.

La pertenencia a un sistema

Estamos todos conectados, todos en relación. En cada sistema, cada elemento que lo compone pertenece a él por igual, no se puede excluir uno de ellos. Como descubrió Bert Hellinger, todos los integrantes de un sistema familiar pertenecen a él, simplemente por haber nacido en ese sistema, hayan hecho lo que hayan hecho.

Lo más fácil es excluir, especialmente lo que no nos gusta mirar o admitir. Sin embargo, la ley sistémica de pertenencia contiene un movimiento de inclusión de la diferencia, que implica que todas las personas del sistema tienen el mismo derecho a pertenecer.

Esta pertenencia es grande si es adulta, de lo contrario hablamos de conciencia moral: incluimos a los de nuestro clan, excluimos al resto, que son “el enemigo”. 

A cada persona le ha tocado un rol en la vida, y algunos roles son despreciados. Si recordáis cuando hablábamos del camarero Moustache, de la película “Irma la dulce“, los diferentes roles se relacionan de manera que el sistema está en equilibrio, por desagradable que nos pueda parecer la conducta de muchos de ellos (o de todos, todos al final acaban implicados en un juego paralelo a las normas pero que tiene otras normas que todos aceptan). Es Patou, con la mejor de las intenciones, el que trata de estar por encima de ese sistema diciendo cómo deberían ser las cosas.

Pertenecemos a muchos sistemas

La dirección de la vida es hacia delante, los sistemas se van equilibrando y compensando, todos en relación. Pertenecemos a muchos sistemas, no solo el familiar: las empresas, los países, las organizaciones internacionales… 

La ley de pertenencia es una de las fuerzas del amor que trabajaremos en el próximo curso que imparto como aspirante a formadora homologada en las nuevas constelaciones familiares, tutelado por Insconsfa. Este curso es válido para la formación como Especialista en constelaciones familiares. 

Esta formación está abierta a tod@s, es una gran oportunidad para soltar resistencias y tomar la decisión consciente de estar aquí y disfrutarlo.

Cartel del curso online Las fuerzas del amor, 12 y 13 de diciembre.

Antagonistas y conflictos

Empieza una película, presentan a los personajes, se identifica al personaje principal, se tiene una idea de quiénes son y qué tipo de vida llevan. Al cabo de unos cuantos minutos, estos personajes siguen haciendo su vida normal y el espectador empieza a aburrirse. Si la situación continúa igual, la película no enganchará. ¿Por qué? Porque no hay conflicto, no hay giro de guion, no hay cambio de la situación de los personajes de mejor a peor.

Esto ya lo planteó Aristóteles en su Poética, pero no voy a hablar de Literatura, sino de la vida misma.

Entrada para el cine: antagonistas y conflictos

El antagonista

El antagonista es aquel personaje que se opone a los objetivos del protagonista. Aparece y empieza a plantear frenos y zancadillas al protagonista. Y los espectadores empezamos a divertirnos. 

¿Quiénes son en nuestra vida los antagonistas? Se trata de las personas difíciles para cada uno de nosotros/as. Si nos fijamos bien, estas personas tienen una característica, o varias, que condenamos abiertamente en la otra persona. Puede deberse a que también tenemos estas características pero no queremos darnos cuenta (ver la paja en el ojo ajeno). O bien, tienen características que nos encantaría tener, pero no nos las permitimos.

Cuando compartimos características con los antagonistas, podemos agradecer que nos las estén señalando: tanto esas personas como nosotros estamos sufriendo lo mismo y reaccionamos de la misma manera ante ello.

Cuando no es así, nos podemos preguntar: 

¿Envidio yo lo que tiene esta persona, me gustaría tener lo mismo o ser de esa manera?

Los conflictos

Avanza la película aburrida y, no solo el protagonista no encuentra a nadie que persiga un objetivo contrario o simplemente frustrar sus objetivos, sino que todo le va bien en todas las áreas: trabajo, dinero, salud, amor… Si algún espectador continúa mirando, va a agradecer que en la vida de este protagonista surja un conflicto: que le echen del trabajo, que le deje su marido, que lo pierda todo en la bolsa… ¿Acaso somos sádicos que nos regodeamos en la desgracia ajena?

No, se trata otra vez de lo mismo. Lo que observó Aristóteles es que disfrutamos cuando los personajes de una historia tienen que superar obstáculos, cuando sufren, cuando su suerte cambia.

En la vida, ocurre algo parecido. Una vida sin dificultades puede ser agradable de vivir pero muy plana y aburrida, vacía de aprendizaje y crecimiento. Las dificultades que se nos plantean son las que nos permiten desarrollar formas creativas de resolverlas. Es cuando se ponen en marcha mecanismos de supervivencia, cuando acudimos a nuestro máximo potencial.

Rechazar el conflicto

El protagonista de la película aburrida encuentra por fin un conflicto, allá por el minuto 60 y, en lugar de vivirlo, lo huye. Coge un avión y se va a la otra punta del mundo, donde continúa viviendo una vida apacible y enormemente aburrida.

Cuando se rechaza el conflicto, lo más habitual es que este crezca, porque no está resuelto. La dificultad atraerá otras dificultades, la vida se irá complicando hasta que se decida vivirla con todo lo que conlleva.

Por tanto, puede ser interesante entrar de lleno en las dificultades, saber apreciar lo que luego proporcionan. La forma más fácil de admitir que las dificultades nos ayudan es mirar atrás y revisar las que ya se han superado.


Los próximos 12 y 13 de diciembre hablaremos de las dificultades en el curso de constelaciones familiares Las fuerzas del amor, abierto a tod@s. 

Cartel del curso online Las fuerzas del amor, 12 y 13 de diciembre.

Salvar la magia

El pasado sábado pude ir a un show de magia en A toda magia, con la actuación de Edu el mago. Este “mago de altura” (como él mismo dice) es un mago excelente, humorista y bailarín de danza urbana. Es un animador nato, con una capacidad increíble de recordar los nombres de todas las personas con las que interactúa y de manejar la información de una manera desenvuelta e ingeniosa.

Edu el Mago en una actuación en A toda Magia con dos personas del público

Conocí este centro de magia a través de uno de sus alumnos aventajados y compañero de teatro. Fui a verlo el 8 de febrero y me apunté mentalmente ir de vez en cuando a ver el show: un espacio acogedor, el público distribuido en mesas, se puede pedir un picoteo a buen precio y el show también tiene un buen precio.

Kiko del Show lleva el negocio desde hace 12 años de forma entusiasta y apasionada, le gusta lo que hace y lo transmite. Su sofisticación llega al nivel de tener una cortina automatizada que se cierra o abre con un mando a distancia.

Después vino el confinamiento.

Y volví al mismo lugar el sábado 7 de noviembre.

Kiko del Show había tenido que cerrar su negocio durante 7 meses y había empezado a abrir tímidamente, con el aforo reducido y todas las medidas de seguridad posibles. Aun así, ¿es posible mantener el negocio?

La pasión de Kiko del Show sigue ahí tantos meses después, pero su voz se quiebra cuando cuenta a su público que se está planteando seriamente, después de 12 años, cerrar su espectáculo. Cerrar lo que es su vida porque no cuadran las cuentas.

Cuando pensamos en locales a pie de calle, solemos quedarnos en los bares y poco más, también porque es de lo que más se habla. Además de los bares, hay muchos negocios que dependen de particulares: la formación presencial, las escuelas de danza, música, teatro, pintura, etc., las librerías, las tiendas de juguetes, los bolos, los teatros, los magos, improvisadores, monologuistas, clowns…

Es comprensible que no se quiera volver al confinamiento total para no acabar de hundir negocios como estos, si bien el confinamiento empieza a ser “mental”. Se nos van olvidando las opciones todavía disponibles porque nos vamos habituando a un tipo de vida más enclaustrado y monótono. Así, los negocios agonizan, la gente tiene miedo de acudir o simplemente no se acuerda de que eso estaba ahí.

Es un paso muy duro para muchos. Hasta ahora, hemos hablado de las alternativas online a la formación presencial. Y el propio Kiko del Show hace espectáculos en vivo a través de su cuenta de Instagram. Pero un espectáculo visto en una pequeña pantalla no tiene nada que ver con un espectáculo visto en persona. Ni se puede cobrar lo mismo. Un espectáculo online no sirve para mantenerse.

En la carrera (Económicas) estudié que esto era el mercado: las empresas que se adapten, continúan, las que no se puedan adaptar, caen. Surgen nuevas empresas que responden a nuevas necesidades. Cuando se ve así, parece un proceso muy limpio: la Economía es amoral.

Y verdaderamente, nuestro destino colectivo actual parece indicar que esto tiene que ocurrir así, que unos van a caer y otros no y que los que nos vamos quedando tenemos que seguir caminando hacia adelante, aunque nuestra mirada se dirija con compasión a los que caen.

Aun así, no puedo evitar tratar de salvar a alguno por el camino, salvar el teatro, salvar el cine, salvar la magia.

Salvar la magia es como salvar a las hadas en Peter Pan, se consigue mediante aplausos. Y el mago los tiene que escuchar.

Te animo a informarte del siguiente espectáculo de A toda magia, creo que lo disfrutarás mucho.