Todo el mundo escribe

Crítica de la obra Dafne desvanecida

Dafne desvanecida, escrita por José Carlos Somoza, es una novela de suspense que fue finalista del Premio Nadal en 2000. Recomendamos su lectura por ser divertida, misteriosa y breve: una lectura estupenda para el verano.

En Dafne desvanecida, todo el mundo escribe

El universo de Dafne desvanecida

Se trata de un mundo alternativo que juega con ser posible o imposible, situándose en la dualidad ficción-realidad, verdad-mentira, buscando el contraste entre persona y personaje.

Su ritmo es ágil, la novela engancha, no permite al lector alejarse mucho, y se resuelve de forma original como es habitual en el autor.

Contiene una serie de tesis muy interesantes, y que adelantan incluso la situación actual: todo el mundo escribe, por tanto, todo el mundo puede contribuir a la creación de la novela como un vasto conjunto de perspectivas sobre la realidad, todas ciertas y todas falsas, pues la literatura es mentira.

Narrador en primera persona

El narrador en primera persona es una elección que aporta credibilidad a lo narrado. A diferencia del narrador omnisciente, una voz casi divina que incluso conoce el pensamiento de todos los personajes, el narrador en primera persona es un personaje más, normalmente el protagonista, y que interviene en todas las escenas que se describen, bien de forma directa, bien porque otro personaje le cuenta algo.

Existen otros tipos de narrador también interesantes, como la falsa tercera persona, en que un narrador que aparentemente es omnisciente solo conoce el mundo interior del protagonista, o el narrador cinematográfico, que actúa como una cámara y por tanto solo ve de los personajes sus acciones, palabras y gestos, nunca sus pensamientos o intenciones.

Espacio y tiempo

La novela se desarrolla en el Madrid actual, en un tiempo secuencial y corto (días) que además se precipita hacia una conclusión al tiempo que se ralentiza en el transcurso de las horas, como suele ocurrir en las novelas de suspense.

Cabe destacar como espacio La Floresta Invisible, el restaurante donde ocurren varias acciones importantes. Se trata de un restaurante para escritores, donde cada noche se ofrece a los comensales unas carpetas con hojas en blanco donde pueden escribir lo que quieran mientras comen o cenan. Es un concepto original y creativo, siempre en el mundo de lo posible.

Personajes

El personaje principal, el narrador, es un escritor de éxito, Juan Cabo, que ha sufrido un accidente de tráfico y sufre de amnesia, por tanto, tiene que volver a construirse una realidad. Para ello cuenta con un breve texto que escribió la noche del accidente y que está incompleto, con una libreta que le proporcionan en el hospital donde debe apuntar Sucesos y Personas, y con las reacciones de otros personajes que le conocen y le van diciendo quién es.

El resto de personajes gira en torno a Juan Cabo, lo construyen y al tiempo forman un conjunto en que el lector llega a dudar de la “realidad” en que actúan y sin embargo se ve arrastrado a suspender su incredulidad. Los nombres de algunos personajes son: Virgilio, Horacio, Ovidio… que coinciden con el mundo académico del narrador.


En esta obra nada es verdad ni es mentira, los autores no consiguen deshacerse de sus personajes, los escritores se inspiran en personas y las transforman en otras, las musas trabajan por horas y la creación literaria puede ser un juego donde la solapa indicará cuáles son las reglas que rigen en él. El texto se desdobla para reflexionar sobre la propia literatura, así que es una propuesta muy divertida para todos aquellos a quienes gusta escribir. Y como decíamos al principio, todo el mundo escribe.

Descarga la tabla de personas y sucesos con la que Juan Cabo va reconstruyendo su mundo.

Lee aquí la crítica de otra obra clave de Somoza, Clara y la penumbra.

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Basura tecnológica

En el post anterior sobre cuándo algo empieza a ser basura reflexionábamos sobre las categorías del método KonMari y algunas otras más inquietantes, como el hecho de que depositar cualquier elemento sobre un plato de comida la convierte en basura.

La mejor opción según las políticas de reciclaje es la prevención: evitar generar residuos al fabricar, lo que trasladado a la persona de la calle es evitar comprar lo que no vamos a consumir o vamos a desechar pronto.

¿Qué ocurre cuando no prevemos que vamos a desechar lo que compramos? ¿Qué ocurre cuando los cambios tecnológicos son tan rápidos que nuestras amadas posesiones dejan de ser útiles sin darnos tiempo a disfrutarlas?

Las cintas son ahora basura tecnológica

Las antiguallas: basura tecnológica

Hay una serie de objetos en las casas de aquellos que no somos nativos digitales que quizá nos resistamos a “dejar ir” porque no se pueden reciclar y porque se han convertido en pocos años en auténticas piezas de museo. Repasemos algunas, con aires de abuela cebolleta:

Los discos de vinilo

Los que fuimos adolescentes en los ochenta, acumulábamos los discos de vinilo (LP y singles) de nuestros artistas favoritos. Lo que hacíamos era grabar una vez el disco a una cinta y escuchar la cinta para que el disco no se rayara. Si la cinta se estropeaba (lo que ocurría cuando se enganchaba y se salía de su carcasa) volvíamos a grabar el disco. Los discos de vinilo se sacaban de su funda con aire reverencial y con muchísimo cuidado. Se limpiaba el polvo del disco con delicadeza y se situaba, con la liviandad de una bailarina de ballet, la aguja de diamante del tocadiscos sobre los primeros surcos grabados.

Entonces aparecieron poco a poco los CDs. Los discos y las cintas, como hemos visto, cooperaban entre sí, no eran sustitutos perfectos: se prefería el disco, tenía más glamour, era más grande, a veces se abría en dos y dentro contenía las letras, mientras que la cinta era demasiado pequeña y si contenía las letras era en un papel que parecía un acordeón o un pai-pai.

Al principio creímos que los CDs no se rayaban. Creímos que eran “perdurables”. Y muchos fuimos pasando penosamente la colección del artista favorito a CD, a un precio similar al del disco de vinilo, pero con la ingenua creencia de que perdurarían por siempre. Creo que los CDs son mucho menos resistentes que los vinilos.

¿Qué hacemos ahora con estas colecciones de discos de vinilo y de cintas? Hay quien dice que los discos de vinilo se oyen mejor, que tienen otra calidad de sonido, etc.

Pero no podemos comprobarlo fácilmente: apuesto a que en la mayoría de las casas donde todavía hay discos de vinilo ya no hay dónde escucharlos, porque los tocadiscos se estropearon antes.

Las cintas de vídeo

Algo parecido pasa con las cintas de vídeo. Al principio había un sistema, el vídeo 2000, después el Betamax y después el VHS. Quien no acumulaba películas en un formato lo hacía en dos o tres de estos. Al igual que pasaba con las casetes, las cintas de vídeo podían grabarse, con lo cual quien más quien menos grababa todas las películas de la tele que quería, cortando manualmente los anuncios, etc.

¿Qué ha pasado con estas colecciones de cintas de vídeo? Pues que los vídeos reproductores se fueron estropeando, los cabezales dejaban de funcionar, pero las cintas siguieron ahí, con un mensaje indescifrable ahora.

Hay quien no consigue dejar ir su gran colección de cintas de vídeo, en la que invirtió mucho tiempo y dinero.

CDs y DVDs, la nueva vieja basura

En efecto, muchos creímos que el DVD era el sustituto duradero de la cinta de vídeo. Y también pronto descubrimos que se rayaban con facilidad. Las carcasas de las cintas de vídeo les daban un empaque, un aspecto de ser productos de cierto nivel. Las carcasas de DVD empezaron ya siendo más finas y blanduchas, fueron enflaqueciendo y ahora es fácil que los DVDs tengan carcasas como las de un CD.

La erosión del envoltorio fue pareja con la erosión del valor que le dábamos al contenido. Antes, lograr alquilar el VHS de una película era un gran reto, ahora, lograr bajar una película es tan sencillo que la gente las colecciona por miles. Y no las ve.

Vemos ya un indicador interesante: antes, la música y las películas entraban en el concepto de escasez, no estaban disponibles, había que grabarlas de la radio o de la tele o pagar un precio por su versión original, fuese alquilada o comprada.

En cuanto a los libros y su supuesto sucesor electrónico, la conversión no ha tenido lugar: se siguen vendiendo libros de papel, y muchos lectores argumentan que prefieren pasar páginas, notar su tacto, su olor, tener una guía visual del avance en su lectura, poder subrayar… Placeres que desaparecen con el libro electrónico. Por otra parte, hay quien acumula miles de libros incluso en su teléfono móvil, pero, ¿los lee? ¿Y tú, te has pasado al libro electrónico?

Cámaras de fotos… con carrete

Cuando una tecnología cambia, no se sabe el arraigo que va a tener. Al principio, hay adoptantes tempranos que se pasan pronto a esta tecnología, y cuando se abandona sin que alcance la masa crítica, se dan cuenta de que han adquirido piezas de museo a un alto precio. Ocurrió con el mini-disc o con unos “maxi-discs” que aparecieron y duraron muy  poco.

Esto creí yo que pasaría cuando aparecieron las primeras cámaras de fotos digitales, que no durarían. Desde luego, como adivina del futuro no tengo precio. Me regalaron una cámara de fotos con carrete, que yo pedí, y que muy pronto tuvo que quedar relegada a este apartado de piezas de museo precisamente por lo contrario: lo digital se impuso a gran velocidad y, junto con los carretes, desaparecieron miles de negocios basados en el revelado fotográfico.

Las cámaras de vídeo, otro tanto. Durante años existió el súper-8, después, durante otros muchos años, aparecieron cámaras de vídeo de cinta (una cinta pequeña) en las que las familias grababan sus vacaciones, luego las cámaras de vídeo digitales, y luego los teléfonos móviles, que arrasaron con las cámaras de fotos, las de vídeo, los walkman, los discman, los contadores de pasos y todo lo demás que podías portar contigo.

La inversión en basura

Y ahora, el contraste es saber que, compres lo que compres en cuanto a tecnología se refiere, se quedará obsoleto tan rápido que no podrás amortizarlo, no podrás haber disfrutado de su vida útil. Ya es costumbre que un teléfono móvil dure dos años, pero es que un teléfono móvil cuesta mucho dinero como para tener una vida útil tan corta. Es como si estuviésemos invirtiendo en basura.

Los nostálgicos guardan sus Nokia, aquellos que no se rompen de ninguna manera y cuya batería sorprendentemente sigue funcionando y sigue durando.

También están las impresoras. Un histórico tan nostálgico como hemos hecho con los discos o las cintas lo podríamos hacer con las impresoras, porque una impresora con escáner, impresión a color y fotocopias a doble cara podía costar 6.000 euros, y ahora cuesta 60. ¿Cómo has podido amortizar algo así? En los últimos veinte años hemos asistido al abaratamiento progresivo de la tecnología, hasta el punto en que llega a ser Gratis. Y si es gratis, las inversiones se han trasladado a otra parte.

Lo cierto es que llevamos años invirtiendo en una “basura” que nunca habíamos considerado así: los coches. Un coche es un gasto, no es una inversión. Al día siguiente de comprarlo, su valor se deprecia hasta casi la mitad. Sin embargo, seguimos comprando coches…


Volviendo al principio, lo cierto es que veo complicado no invertir en basura tecnológica cuando no sabes qué es lo que se va a convertir en basura. No generar basura es fácil cuando controlas lo que gastas en alimentos perecederos o cuando eres consciente de lo que no necesitas. Lo que pasa es que a veces necesitas algo (una impresora) y al poco tiempo, el objeto se ha transformado en residuo sin darte tiempo a pensar… ¿Te ha ocurrido? ¿Qué “basura tecnológica” acumulas en casa?

¿Cuándo algo empieza a ser basura?

¿Te has preguntado alguna vez cuándo algo deja de tener utilidad y comienza a ser basura? Yo sí, muchas veces.

Paseo con mi perra por el campo y, por lejos que vayamos, siempre encuentro basura. No es que yo la vaya buscando, pero mi perra sí, porque para mi perra todavía hay utilidad en la basura, principalmente, para ella es comida que huele muy bien. También lo es para urracas, hormigas, avispas…

Existen varios tipos de bienes que tienen formas diferentes de convertirse en basura, algunos de ellos a una velocidad increíble. Aquí algunos ejemplos, siguiendo parcialmente las categorías de objetos del método KonMari:

Cuándo un objeto comienza a ser basura, esa es la cuestión

La comida en el plato

En el momento en que una persona echa un envoltorio de cualquier tipo sobre la comida de un plato, la convierte en basura. Sucede todos los días en los restaurantes. Incluso hay una forma más fina de convertir la comida en basura: cruzar los cubiertos sobre el plato. Automáticamente, incluso si el plato está intacto, se convierte en desecho.

Ropa

Cuando cambias de talla, la ropa deja de serte útil. Puede que la guardes con la esperanza de recuperar tu talla anterior, y puede que cuando puedas volver a llevarla, esté desfasada. ¿Puede esta ropa ser basura colgada en tu armario?

Lo que sí es cierto es que justo cuando una prenda se engancha y se le hace un agujero o se rasga, incluso aunque la estrenes ese día, se convierte en basura. También sucede cuando le cae aceite o grasa y se forma un lamparón formidable que no se consigue quitar al lavarla. A veces, incluso cuando la ropa se descose, puede convertirse en basura, dependiendo del descosido y de la pereza o inhabilidad de su dueño/a.

Aparatos y electrodomésticos

El talón de Aquiles de los aparatos es la batería. En el momento en que la batería de cualquier aparato deja de cargarse bien, ese aparato va a la basura. Anteriormente fueron los cables: cada aparato tenía un cable distinto, y si se dejaba de fabricar el cable del tuyo, a la basura.

Si se trata de un electrodoméstico, cuando su rendimiento baja, va a la basura. Deshacerse de todos estos aparatos es correoso porque no hay contenedores en las zonas habituales, sino que hay que acercarse a un punto limpio. Como estos aparatos pesan, en muchas casas grandes languidecen frigoríficos y lavadoras que una vez fueron el esplendor de la casa.

Los ordenadores son caso aparte. Lo que los convierte en basura es que no tengan capacidad para manejar los archivos, cada vez mayores, o que no soporten un sistema operativo más actual. Las aplicaciones en sí son basura cuando aparece la siguiente versión. Algunas aplicaciones no pueden volver a abrirse jamás, y los documentos creados con ellas se convierten también en una basura extraña, porque pasado un tiempo ni siquiera se sabe lo que contienen.

Las cámaras de fotos (¿qué son ya?) y otros aparatos que de pronto cayeron en desuso también pertenecen a esta categoría.

Con las impresoras sucede que es más barato comprarse una nueva que comprar los cartuchos de tinta de la anterior. Impresoras que hace pocos años costaban 6.000 euros, ahora están a unos 60.

Y los dispositivos son basura cuando adquirimos uno más potente, lo cual es fácil, ya que se quedan obsoletos o dejan de ser “el más” potente en cuestión de meses.

En esta categoría, se genera tantísima basura que no sabemos qué hacer con ella y la enviamos a otros países.

Libros

Quizá los libros sean la categoría que más se resiste a convertirse en basura, por eso en cada casa se pueden encontrar libros que nunca fueron leídos o que solo fueron leídos una vez. Los libros pesan mucho y cuesta deshacerse de ellos. Además, hay un gran sentimiento de culpabilidad por tirar libros a la basura, aunque sea a un contenedor para papel y cartón. Especialmente ocurre si estos libros están dedicados. Algo muy gordo tiene que haber ocurrido para que un libro sea basura, como que le haya caído encima una taza de café, o se haya mojado en la lluvia: el líquido los deja con un aspecto deslustrado, si bien pueden ser todavía legibles.

El libro de texto sería el caso más frágil: una vez terminado el curso, el libro de texto se convierte en una momia polvorienta de la que hay que deshacerse.

En la misma línea van los apuntes. Por bien encuadernados que estén, por bonita que fuese la presentación de PowerPoint en que te los pasaron, los apuntes son basura al día siguiente de la prueba final. Todos los subrayados en diferentes colores, los esquemas, los apuntes de los apuntes que los parafrasean… Todo eso se va. Incluso hay quien desea fervientemente quemarlos en la hoguera de San Juan de su pueblo.

Cualquier objeto depositado al lado de un contenedor de basura

Incluso si no lo tiras dentro porque lo que buscas es que alguien le dé una vida más prolongada, cuando pones cualquier objeto al lado de la basura, automáticamente es también basura.

Cuando dejas de practicar un deporte o afición, todos los aperos relacionados con ella van a la basura: bicicletas, ropa de deporte, cañas de pescar, lienzos y témperas, telescopios…

¿Cuál es el objeto más curioso que has visto en la basura?

El punto limpio

Por curiosidad, os animo a que visitéis un punto limpio. Hay una sección, un contenedor gigante como los de las obras, en el que hay “todo lo demás”, principalmente adornos y juguetes. Son esos objetos que no se pueden reciclar en ninguna de las otras categorías. Miles de recuerdos. Muchos con aspecto de estar intactos. Objetos de colores, objetos que, simplemente sacados de ese contenedor, dejarían de ser desechos.


Así que la basura no es algo que podamos definir objetivamente, sino que depende de costumbres de cada uno. Lo que sí es cierto es que la basura realmente se genera “en el origen”, al fabricar. Aquí es donde entra el concepto de jerarquía de residuos de la UE:

  1. La prevención: evitar los residuos con distintos métodos de gestión.
  2. La preparación para la reutilización: por ejemplo, llevar la ropa a Cáritas, o los libros a la biblioteca.
  3. El reciclado: si no se ha podido reutilizar, depositar en el cubo correspondiente.
  4. Otros tipos de valorización: por ejemplo, la tela de la ropa históricamente se ha rasgado en trapos. Los libros calzan mesas cojas. Algunos elevan pantallas de ordenador.
  5. La eliminación sin riesgos y compatible con el medio ambiente: de otra forma, todo acaba en el vertedero, que es el peor lugar donde pueden acabar nuestras posesiones, por su impacto medioambiental. Incluso tiramos basura al espacio exterior.

Si quieres saber más sobre cómo reciclar, echa un vistazo a estos consejos de Ecoembes.

Los INFJ aman escribir, pero les cuesta mucho

3 razones por las que los INFJ tienen problemas al escribir, a pesar de que les encanta

Por Lauren Sapala

(Nota: INFJ es un tipo de personalidad, significa Introvertido Intuitivo, basado en Sensaciones y en Juicios.)

Los INFJ son introvertidos intuitivos muy especiales

Según varias fuentes de Internet, a los INFJ nos encanta practicar la escritura creativa. Ahora, sé que la información que se encuentra online puede ir hacia cualquier lado en el espectro de la precisión, pero me inclino a estar de acuerdo con esta afirmación. Yo misma soy INFJ, y de hecho tengo un par de amigos escritores que también lo son, así que aporto alguna experiencia personal al respecto. Pero esa no es la única razón por la que opino así. También tengo un blog. Y como autora de este blog, puedo ver los términos que la gente busca cuando se topan con mis entradas de blog. Cada día me suele llegar alguna forma de “INFJ” emparejada con “problemas al escribir”, o “dificultad para escribir”, o “lo paso mal al escribir”.

(¿Cuál es tu tipo de personalidad? Puedes averiguarlo en este test de personalidad gratuito.)

Está claro que hay una población de INFJ ahí fuera buscando respuestas a las razones por las que nos cuesta tanto poner nuestros pensamientos creativos sobre el papel. Y la escritura creativa significa tanto para los INFJ que están buscando obstinadamente esas respuestas.

Yo personalmente me esforcé durante años hasta que fui capaz de completar una historia, y durante mucho de ese tiempo, no estaba escribiendo nada en absoluto. Y, siendo la INFJ que soy, siempre he estado intensamente interesada en las razones tras mis bloqueos al escribir. Irónicamente, todavía me esfuerzo por escribir, a pesar de que es la única cosa en el mundo que más me apasiona. Pero tras leer una buena cantidad de información sobre los introvertidos y los INFJ, he identificado tres obstáculos en mi camino. E incluso si tú no eres un INFJ, también podrías verte congelado en tu creatividad por algunas de estas cosas:

1) Los INFJ tienden a situarse al margen

Los extrovertidos se sumergen en las situaciones novedosas para adquirir experiencia práctica. Como contraste, cuando los introvertidos necesitan aprender algo nuevo, prefieren situarse al margen y observar a otros hasta que su cerebro ha analizado la situación y la comprenden. Con la intensidad callada de una pantera agazapada, los INFJ pueden llevar esta actitud de observar y esperar hasta un nivel ridículo antes de que realmente entren en acción.

Por ejemplo: yo sabía que quería ser escritora en 1996. En lugar de ponerme a escribir, leía libros a mansalva, buscaba historias en cada persona con la que entraba en contacto, me saqué un título de literatura, trabajé en una librería, y finalmente empecé a escribir mi primera novela en 2006, diez años después. No lamento ninguna de aquellas experiencias que adquirí por el camino, pero si hubiera empezado a escribir mucho antes, me podría haber ahorrado un montón de preocupaciones sobre si mi sueño de escribir se haría realidad.

2) Los INFJ suelen pensar en imágenes, no en palabras

Los INFJ nos relacionamos con el mundo principalmente a través de nuestra intuición. Lo comunicamos externamente diciendo que tenemos “una sensación”, o “una corazonada” sobre la personalidad de alguien o sobre la forma en que una situación puede desarrollarse, y lo que pasa internamente es que “vemos” cosas en flashes súbitos de intuición. Estos flashes se manifiestan en imágenes que se siguen una a otra rápidamente en nuestra mente, y cada imagen contiene datos en ella. Por eso a veces es tan difícil explicar a otros nuestras sensaciones viscerales.

Por ejemplo, cuando estaba escribiendo el final de mi segunda novela, seguía viendo imágenes en mi mente de un toro gigante, y luego una arpía, y luego un manto de encaje. Estas imágenes venían con fuerza, y se repetían en un ciclo. Cuando era más joven y tenía menos experiencia conmigo misma y con la escritura, rechazaba estas “imágenes mentales” como extrañas o irrelevantes. Pero en este caso, me senté y escribí, dejando que estas imágenes me llevaran donde fuese. Resultó que mi historia terminaba con el villano transformado en una criatura monstruosa que era mitad minotauro y mitad arpía. ¿Y adivinas qué llevaba este monstruo cuando el héroe lo tumbó? Un manto de encaje salpicado de sangre. Raro, sí. Pero definitivamente creativo.

3) Los INFJ quieren ir hasta el fondo o irse a casa

Es casi imposible para un INFJ pensar en algo de manera superficial. Esto también se aplica a la mayoría de introvertidos. Si nos interesa algo, lo analizamos. Si somos INFJ, seguimos cada hilo de nuestro análisis por separado hacia el futuro y hacia el pasado. Tenemos un talento para hacer predicciones. Calcular docenas de posibles resultados diferentes, y después hacer malabarismos con todos ellos simultáneamente en nuestra mente, es algo tan natural para nosotros como respirar. Traducir esto a un texto escrito es espinoso, como mínimo.

Por ejemplo, escribir una simple conversación entre dos de mis personajes puede llevar páginas y páginas en mi primer borrador poco riguroso. En mi mente, cada puñado de palabras que intercambian contiene un pozo profundo de historia pasada, sentimientos no hablados y motivaciones psicológicas subconscientes. Me puedo quedar atrapada fácilmente al intentar comunicar todo esto al lector, y entonces pierdo el hilo de la trama real de mi historia. Pero para eso sirven los borradores poco rigurosos, para poner todo en un solo lugar de forma que luego podamos volver y hacer revisiones para pulirlo.


Si tú eres un INFJ, un introvertido o simplemente un escritor que se esfuerza por hacer progresos reales en su escritura, la respuesta está en la simple práctica justo delante de ti. Tienes que escribir. Incluso si te encoges mientras lo haces, o estás disgustado/a porque no logras que responda a lo que tienes en mente, o no puedes encontrar las palabras perfectas, tienes que insistir. Cuanto más escribas, mejor te conocerás y conocerás tu práctica de escritura. Tu confianza en el proceso y tu propia creatividad crecerán.

Si no conoces tu tipo de personalidad, pero te interesaría conocerlo, puedes hacer un test online aquí. Para aquellos que sean INFJ o INFP, podéis leer por qué lo pasamos tan mal con la crítica de nuestra escritura aquí.

Y seas o no un INFJ, si estás leyendo esto, ha llegado tu momento de entrar completamente en ti mismo y reclamar la confianza en tu escritura. La única forma de hacer esto es conocerte mejor a través de tu práctica de escritura.

Y para hacer esto, tienes que escribir.

Y si estás interesado en aprender más sobre INFJ escritores y cómo trabajamos, echa un vistazo a mi libro, The INFJ Writer.


(Este artículo fue publicado originalmente en LaurenSapala.com. Está traducido y publicado con su permiso.)

 

Método KonMari: deja ir lo que no te hace feliz

¿No te has ido de vacaciones en agosto? Ordena tu casa

La mesa del salón antes de leer sobre el método KonMari

Es posible que te preguntes qué hacemos hablando de organizar el hogar en un blog sobre desarrollo personal. No, no he cambiado de tercio, simplemente el método KonMari ha llegado a mis manos gracias a una gran amiga (gracias, Beatriz) y me gustaría compartir lo que he encontrado en él que puede servir para crecer.

Y es que la clave no está en ordenar, está en dejar ir. Tengo la sensación de que dejar ir objetos vacía el apego al pasado y quizá también la mente, al tiempo que permite que entre lo nuevo, esencialmente lo que aquí y ahora importa.

Agosto es un mes estupendo para realizar este ejercicio si no estás de vacaciones: se ha ido todo el mundo, tú sigues trabajando, y es el momento idóneo para cerrar una etapa (de años quizá) y abrir otra nueva.

¿Cuál es el criterio?

Simplemente uno: “Me gusta y me da alegría”. Si es así, el objeto se queda. Me parece un criterio fulminante.

Hay dos sencillas preguntas:

  1. ¿Esto me hace feliz? ¿Lo conservo o lo dejo ir?
  2. Si lo conservo, ¿cuál es su sitio?

Otros métodos

Había oído hablar de otros métodos, como tirar lo que llevas 1 o 2 años sin usar, tirar una cosa un día, al día siguiente dos, luego tres, y así hasta completar el mes o tirar en función de la utilidad y lo que es razonable. Creo que lo que falla de estos métodos es que no hacen distinción entre objetos, o no al menos esta distinción fundamental de “me gusta y me hace feliz”.

Además, ordenar de golpe, de una vez y de forma drástica no es algo que se suela sugerir, más bien parecía que había que ordenar cada cierto tiempo o siempre que la ley de la entropía se cumple.

Con la palma de la mano

La clave está en el cuerpo: la reacción ante los objetos que nos encantan no es igual que la que tenemos ante los objetos que nos son indiferentes o no nos gustan.

El ejercicio que propone Marie Kondo es tocar cada prenda, cada libro, cada adorno, sopesar el objeto, sentir “qué te dice”, cómo te hace sentir, en un proceso que puede prolongarse hasta seis meses.

“Guarda las cosas que hablan a tu corazón. Luego da el siguiente paso y desecha todo lo demás”.

¿En qué orden se hace?

Para Marie Kondo, el orden es fundamental: primero dejar ir, después ordenar.

Solo cuando se ha eliminado todo se ordena lo restante. Por eso el matiz no está en guardar las cosas mejor, es decir, no se trata de hábiles métodos de almacenamiento o de tener una casa más grande.

De hecho, el que todo esté perfectamente guardado no significa que necesitemos todo lo almacenado. ¿Acaso hemos construido un búnker?

Ordenar por categorías me parece otro acierto de este método. Es la forma de detectar cuánto de lo mismo acumulamos. Podemos tener ropa en varios armarios, y podemos tener libros en varias habitaciones. Si no lo vemos todo junto, no nos damos cuenta de la cantidad de objetos que hemos podido acumular. Es necesario enfrentarse a toda la ropa a la vez, o a todos los libros, no a las ubicaciones (salón, dormitorio…) donde se encuentran.

El orden que propone Marie Kondo es de las categorías que suponen menor apego a las que más, dejando para el final los objetos sentimentales. Por eso sí pienso que este orden se puede alterar en los casos en que se es especialista en un área muy concreta, por ejemplo en moda (ropa) o investigando, dando clase, etc. (libros y apuntes). Este es el orden propuesto:

  1. Ropa.
  2. Libros (yo añado aquí el material de estudio, que ella añade en el siguiente punto).
  3. Papeles.
  4. Komono. Lo que yo llamo barrusilla (palabra que no existe). Incluye algunos electrodomésticos y sus cajas.
  5. Objetos sentimentales y fotos.

Visualizar el objetivo

Tampoco había oído que la organización pudiera tener un fin distinto a la propia organización. Sin embargo, el método nos invita a imaginar con el máximo detalle cómo es el resultado que esperamos. “La pregunta de qué quieres poseer es la pregunta de cómo quieres vivir tu vida”.

Por eso, Marie Kondo nos habla de un “clic”, un momento en que sientes claramente que ya no necesitas desechar más, y que las cosas que se han quedado son las que necesitas para vivir. En el libro nos da varios ejemplos de cómo las personas a las que ayuda se dieron cuenta de cuál era su verdadera vocación o de cómo imaginaban que sería su casa tras ordenarla.

Mejora tu toma de decisiones

El no poder deshacerse del pasado te dificulta ver lo que de verdad necesitas en tu vida ahora.

Otro aspecto de crecimiento personal es saber elegir. Si tiendes a acumular objetos es porque te cuesta elegir con cuáles te quedas, o lo quieres todo, o sientes pena o culpa por deshacerte de cada uno de ellos.

Pienso que el método KonMari ayuda a afinar la toma de decisiones, a entender qué te gusta y cuándo algo ha dejado de servirte, aunque en el pasado fuese algo muy importante o útil.

Como dice repetidamente la autora, “algún día significa nunca”, y mucho de lo que acumulas por si lo utilizas alguna vez, seguirá sin ser utilizado. Si es verdad que llega ese “algún día”, siempre puedes volver a adquirir el objeto, quizá de tecnología más avanzada, o más barato, o más a tu gusto.

“Desecha todo lo que no te inspire alegría.”

Un lugar para cada cosa

Al leer esta expresión, un lugar para cada cosa, me vino a la mente el perfeccionismo cargante de Mary Poppins.

Creo que se pueden relajar los criterios que propone el método KonMari y adaptarlos a una vida cómoda. Es verdad que muchos objetos rondan por la casa porque no sabes dónde ponerlos, y en este sentido la ordenación por categorías ayuda. Pero también es verdad que algunas propuestas rayan lo obsesivo, y en mi caso no me convencen.

El mensaje global, tener un sitio donde guardar cada cosa, sí me parece necesario.

Puntos a tener en cuenta

Encuentro en este método algunos puntos que hay que tener en cuenta:

  1. Acabar obsesionado/a por el orden.
  2. Ponerte a organizar cosas que no son tuyas, sino de tu familia, lo que muestra una gran falta de respeto.
  3. Creer que si tienes un espacio grande, no importa que acumules objetos.
  4. Esperar que tu vida se transforme radicalmente.
  5. Centrarse tanto en la basura y en la cantidad de bolsas que sacas que acabes viviendo para detectar basura.
  6. No tener en cuenta la necesidad de reciclar o de buscar que los objetos puedan reutilizarse (libros a la biblioteca, ropa a la iglesia, etc.) o incluso venderse.

 


Me gustaría saber qué opinas sobre el orden. ¿Crees que influye en cómo te sientes en tu vida? ¿Compartes el significado de dejar ir el pasado? Me encantaría continuar la conversación en los comentarios. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, agradezco profundamente a mis lectores que se tomen el tiempo para leer el blog y unirse a la reflexión.

 

El escritor es como una vaca – José Luis Sampedro

Escribir es vivir, conferencias de José Luis Sampedro

Escribir es vivir es la recopilación de Olga Lucas de unas conferencias de José Luis Sampedro. Se enmarcó dentro del ciclo “El autor y su obra” de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Se impartió del 21 al 15 de julio de 2003.

De este texto hemos extraído consejos para aquellos que se dedican a la escritura, y especialmente para los que todavía no han logrado el éxito con ella. Veamos qué nos dijo Sampedro sobre ser escritor/a:

El escritor es como una vaca

Como una vaca, el escritor rumia lo que ha visto, tocado y oído.

Particularmente, José Luis Sampedro llevaba un cuaderno de notas siempre encima, apuntando todo lo que veía y oía, y en casa ordenaba sus notas.

Para Octubre, octubre, Sampedro coloca en la pared un cartel con el término transubstanciación, que consiste en coger algo, rumiarlo y transformarlo, como la vaca. En la novela, hay un personaje que es al mismo tiempo el autor de Octubre, octubre, que también toma elementos de su realidad y los trasforma para su novela.

“Escribo porque no puedo evitarlo”

Escribir es un esfuerzo, pero no es un trabajo. De Octubre, octubre, el autor hizo cuatro versiones en 19 años. Apiladas medían 1,26 metros.

“Me veía obligado a ganar dinero para comer. Con la literatura no ganaba un duro, pero me esforzaba en ello porque era y es mi propia vida. Sin ella no podría vivir. No concibo un día sin pensar en ideas literarias, sin tomar notas, sin llevar un cuadernito…”

El propio Sampedro apunta dos consejos fundamentales:

  1. La escritura ha de responder a una necesidad interior.
  2. Hay que creerse lo que se escribe: documentarse.

¿El escritor nace o se hace?

A lo largo de las conferencias, José Luis Sampedro explica que los distintos acontecimientos de su vida le han hecho como escritor, y al mismo tiempo, la necesidad de escribir le acompañó desde que descubrió un baúl lleno de libros cuando era pequeño.

Aquí aplica su “concepción de la vida como una obligación de hacerse lo que se es”: uno tiene intuiciones por las que se va guiando.

“En efecto, uno hace la obra, pero la obra le hace a uno”.

La perseverancia es clave

Al igual que para Murakami, para Sampedro la perseverancia es una capacidad clave para un escritor:

“Yo he escrito con tesón y perseverancia durante cuarenta años sin ser reconocido como escritor”.

“Además de ganarme la vida como economista, me levantaba a las cuatro de la mañana para escribir novelas”.

Y es que, en línea con lo que otros artistas afirman, la inspiración ha de encontrarte trabajando, o en palabras de Sampedro, cuando pasan las ideas hay que estar ahí, o las coges, o se pierden.

“En la vida es importante no dejar pasar las oportunidades”.

Llaneza, muchacho, y no te encumbres

Sampedro coincide también con Murakami en que hay muy pocos grandes genios, y fija su objetivo en llegar a ser algún día “un buen escritor de segunda”. Es una lección de humildad de las muchas que nos da el autor.

José Luis Sampedro cuenta que un periodista joven preguntó a Ignacio Zuloaga: “¿Cuáles son sus preocupaciones estéticas actuales, maestro?”, tratando de darse importancia. La respuesta fue: “Pues trabajar mucho”.

Aquí cita la frase de maese Pedro (de Cervantes) y también nos habla de la diferencia entre iluminar y deslumbrar.

Creación de personajes

El autor comenta su necesidad de documentarse muy bien para creerse su propia historia. De la misma manera, al crear personajes Sampedro se pone en la piel de cada uno de ellos, incluso de los secundarios. Nos dice:

“…a todos los personajes importantes de mis novelas les he escrito previamente la biografía”.

Al final del libro explica también dos tablas, una de cada personaje y sus rasgos (edad, signo, creencias…) y otra que cruza personajes con capítulos, para controlar la aparición de estos personajes a lo largo de la novela.

Proceso de comienzo de escritura

En su proceso de escritura, Sampedro sigue unos pasos sencillos: primero, la técnica de la esponja, luego analizar las notas, y después acopiar el material del tema predominante:

Técnica de la esponja

Es la técnica que utilizaba el autor para buscar información, es “la necesidad de ser permeables a la verdad de los demás”, es dejarse penetrar por el exterior, por lo que le traspase, incluso sentado quieto en un banco, sin tomar notas.

El autor cuenta cómo se agracia con el camarero de un bar, con un grupo de albañiles a los que invita a una ronda, se pone como “el mayor cotilla”, y también en otra ocasión cómo finge ser sordo para sentarse al lado de un grupo de señoras que toman el café, y así tener material para crear un personaje, doña Flora, que era mucho mayor que él.

Selección del tema

Al cabo del tiempo, el autor observa en sus notas que un tema es recurrente, es de lo que más toma notas.

Documentarse

El tema “recurrente” es el elegido para trabajar sobre él. Sampedro hacía acopio de planos, mapas, textos, fotografías, etc. durante años, “porque para construir un edificio hay que acarrear material a pie de obra”. Por ejemplo, para escribir La vieja sirena, tardó tres años en documentarse y dos años en escribirla.

Tipos de novelas

Para Sampedro hay tres tipos de novelas:

  • Novelas situación: un ejemplo es Congreso en Estocolmo. En ellas, la acción transcurre en un momento puntual y casi no existe el elemento tiempo.
  • Novelas río: por ejemplo, El río que nos lleva. El tiempo transcurre con la narración, que muestra un proceso.
  • Novelas mundo: su ejemplo es Octubre, octubre. En estas novelas, se dan varias dimensiones temporales.

El reconocimiento, al fin

Con Octubre, octubre, “la gente” reconoce al fin a Sampedro como escritor, y él conoce por primera vez la “satisfacción externa de la escritura, es decir, la respuesta del público a los mensajes del náufrago”. Hay que decir que Sampedro ya había tenido éxitos parciales, algunas de sus obras de teatro se habían representado, pero siempre prevalecía su trabajo como Economista, hasta el reconocimiento del escritor con esta novela que le llevó tanto trabajo.


Escribir es vivir no es solo una serie de consejos para escritores, supone un conjunto de memorias del autor, nos habla también de la Economía, de la enseñanza, de la sociedad, de las decisiones que tomamos como individuos de una comunidad, de un país. Recomendamos su lectura, que llega a vivirse como un diálogo con el propio Sampedro.

Simbiosis, la base de la dependencia

Cuando escucho la palabra simbiosis, me viene a la mente esa relación entre dos organismos que se benefician mutuamente:

El musgo y los líquenes viven en simbiosis con las plantas

La simbiosis en el ser humano no es tan beneficiosa.

Dos mitades que se unen

En muchas parejas se da un tipo de relación basada en que “dos mitades” se unen, y por tanto, cada uno de los individuos era un ser incompleto antes de entrar en esa relación. Estas dos mitades han ido emitiendo señales verbales y no verbales sobre lo que tienen y lo que les falta. En general, uno de los dos es un niño/a que busca a una madre o padre que se haga cargo de él. Si ambos lucharan por el mismo puesto, por ejemplo el de padre/madre, uno de los dos acabaría por rendirse.

En Análisis Transaccional, esto se llama simbiosis, una relación de dependencia en la que uno de los miembros de la pareja solo se permite ser el Padre y en ocasiones el Adulto y el otro solo consigue ser el Niño, formando entre ambos un ser “completo”.

Cuando el niño crece

Conozco casos en que la persona que hacía de hijo “creció”, y entonces se buscó una igual, es decir, una nueva pareja. La que hacía de madre, despechada, me explicaba o bien que su ex pareja no sabe lo que es el amor, pero ella sí, o bien que no sabe lo que hace, o que no va a estar bien (fuera de su magnánima protección), o que ya volverá (pero no vuelve). Por supuesto, también existe lo contrario: niñas en busca de padres. Igualmente, una mujer se muestra desvalida, insegura, o bien se dedica a jugar y divertirse, mientras el hombre se responsabiliza por los dos, haciendo de padre protector o de padre crítico.

¡Doctor, doctor! ¿Qué tengo?

Otro caso habitual es el modelo doctor-enfermo. Uno de los dos en la pareja hace de médico: prescribe medicamentos y cambios en los hábitos, los supervisa, y los corrige si ve desviaciones. El enfermo se limita a pedir su medicamento, tomarlo o tratar de burlar al médico, seguir las órdenes y supervisiones, y seguir estando enfermo para poder disfrutar de este trato, a poder ser de por vida.

Ambas partes necesitan cambiar

Ocurre en estos binomios que ninguna de las dos personas está bien desarrollada. Por un lado, parece obvio que quien hace de hijo tiene que madurar y necesita responsabilizarse, crecer, ser autónomo, etc. Sin embargo, es menos evidente, pero igual de importante, el hecho de que, quien hace de padre o madre tiene totalmente reprimido su estado niño, es incapaz de disfrutar, reírse, aflojar, tener aficiones, ilusionarse. Ambas personas son “cojas” y buscan el apoyo complementario. Socialmente es maravilloso: “¡Oh, cómo se complementan!”. Lo ideal sería que cada uno de ellos fuese capaz de desarrollar sus tres estados del yo, y de mantenerse el mayor tiempo posible en el Adulto. Ni lo hace el que va de niño, ni lo hace el que va de padre.

¿Qué hacer entonces?

La solución siempre es la misma, aparentemente fácil, pero que lleva una vida:

  1. Tomar conciencia del rol que se está jugando.
  2. Dejar de jugarlo. Dos no juegan si uno no quiere.

Cuando esta toma de conciencia y renuncia al juego ocurre en una pareja de este tipo, se dan grandes inestabilidades, ambos tienen un miedo infantil a perder al otro. Pierden así el equilibrio que les proporciona no tener que desarrollar la parte de sí mismos que rechazan o que tanto les pesa. Es probable que la pareja se rompa.

A veces, no es posible mantenerse consciente mucho tiempo, y se acaba en una relación exactamente igual, con el mismo rol. Bueno, tampoco hay que dramatizar. Como en el final de Con faldas y a lo loco, te diría: “Nadie es perfecto”.