Lo que me ha dado el teatro

Poned sobre los campos
un carbonero, un sabio y un poeta.
Veréis cómo el poeta admira y calla,
el sabio mira y piensa…
Seguramente, el carbonero busca
las moras o las setas.
Llevadlos al teatro
y sólo el carbonero no bosteza.
Quien prefiere lo vivo a lo pintado
es el hombre que piensa, canta o sueña.
El carbonero tiene
llena de fantasías la cabeza

Machado. Proverbios y cantares. Campos de Castilla.

Puedes encontrar el poema aquí. ¡Gracias Juanje!

Ya hemos hablado en varias ocasiones del teatro en este blog y, probablemente, hablemos muchas más:

  • Hemos tocado la improvisación hablando de sus orígenes y de Jamming.
  • Hemos repasado su historia desde Mérida recordando las claves de Aristóteles: disfrutamos viendo imitar la vida y disfrutamos imitando la vida.
  • Hemos trabajado una obra concreta, La cantante calva, analizándola desde el punto de vista del análisis transaccional.
  • Incluso hemos apuntado ya algunas razones por las que vivir el teatro desde dentro, con motivo del día mundial del teatro.

Con el teatro se crece

Me gustaría describir con más detalle qué es lo que aporta el mundo del teatro, un mundo en el que nunca llegas a la meta porque siempre puedes ir más allá.

Un mundo en el que hay un trabajo previo que no es posible imaginar a partir de lo que ves en una representación en el escenario. Este trabajo incluye dinámicas con las que se juega, se ríe, se sale de la zona de confort, se entra en contacto físico con los compañeros, se viven emociones intensas…

El objetivo de todo este trabajo es doble: por un lado, dar salida a lo que se tiene dentro, de manera que puedes conocerte muy profundamente. Por otro, conectar con los compañeros a un nivel muy profundo de escucha y empatía.

Vamos a ver más detalles:

Dejar salir lo que llevas dentro

Trabajas en una oficina. Los rituales de relación están definidos, descritos y constreñidos a una serie de “pasos” de los que es mejor no salir. Luego ves a la familia extendida y política y tienes que seguir otra serie de rituales aparentemente más cercanos. Si tienes alguna necesidad de contacto real fuera de los rituales de relación, la tienes que reprimir.

El teatro, a través de dinámicas sobre todo corporales, permite desinhibir lo que antes se ha inhibido, silenciado, guardado tras una especie de cinturón de seguridad. Todo eso que se guarda en el cuerpo en forma de contracturas se libera para dejar salir al Niño libre (concepto del análisis transaccional).

El resultado es la autenticidad: por fin puedes ser tú mism@, explorar posturas y gestos que no tienen cabida en el serio mundo de “los adultos” (en realidad, del estado Padre que se representa en muchas oficinas).

Conectar, escuchar, empatizar

Una vez has conectado con tu esencia, puedes abrir la mirada y dirigirla a tus compañeros, conectando con ellos de una manera que solo es posible en relaciones de intimidad: familiares, de amistad, de pareja.

Esta conexión es la que permite una escucha profunda, que en los juegos permite continuar en el juego en un estado de atención, y en el escenario sirve para sacar a un compañero de un charco cuando ves que no recuerda el texto, por ejemplo.

Todo ello conlleva empatía, la capacidad de ponerse en la piel de los otros. Es el disfrute de la diferencia: cada persona es diferente y el teatro potencia las diferencias que tenemos y que solemos rechazar u ocultar para no dar la nota discordante, las que nos hacen un personaje único, las que nos ayudan a crear un personaje distinto o un payaso interior.

Trabajar distintas técnicas

El teatro es en sí un género literario y además comprende dentro de sí técnicas de todo tipo: se puede representar una misma obra en tono de humor, cabaret, bufón, musical, clown, dramático, absurdo…

Para cada género existe una serie de técnicas que ayudan a trabajarlo y crecer, siempre ampliando la zona de confort, siempre teniendo momentos en los que te dices:

¿Pero quién me mete a mí en este lío? ¿Pero qué hago yo aquí, qué necesidad tengo de pasarlo mal?

Porque fuera de la zona de confort siempre se pasa un poco mal: es lo que tiene crecer.

Y luego está la representación

Escenario de un teatro con las cortinas echadas

Después de todo el trabajo realizado, de conocerte mejor y comprender hasta qué punto sueles evitar intimar con la gente o simplemente escucharla y entenderla mejor, hay una representación que vuelve a tener dos partes: todo lo que ocurre dentro y todo lo que ocurre fuera.

Esa representación está viva: es única.

No se va a volver a ver una igual, aunque los mismos actores la repitan unas horas después o la semana siguiente. El espectador, en un nivel de activación mucho más bajo que el de los actores, no puede llegar a experimentar la vida que se destila de representar una obra.

Por dentro, entre bambalinas, los actores están nerviosos, repasan el texto, se cambian de ropa, se dan suerte, toman la postura de su personaje para meterse en él, pierden y recuperan objetos, entran sonriendo porque la escena ha salido bien…

La representación permite trabajar el hablar en público, pero es mucho más que eso: compañerismo, gestión consciente de las emociones, apertura, trabajo de la memoria mental, memoria espacial…


Todo esto lo estoy viviendo en una escuela muy especial, Arteluna teatro, donde he encontrado a grandes profesionales del teatro y de la enseñanza (que no tiene por qué ir parejo) y a un grupo de personas con las que podría ir al fin del mundo porque sé que nos apoyaríamos mutuamente y hasta el final.

Hay dos tipos de personas

Llevo un tiempo dándole vueltas a estas divisiones del ser humano en dos categorías totalmente antagónicas, estas clasificaciones que conducen al “conmigo o contra mí”.

Dos tipos de persona saltan con un fondo de un atardecer en la playa, de manera que se ve su silueta.

Comencemos por mi preferida:

Hay dos tipos de personas: extrovertidos e introvertidos.

El mundo se divide entonces entre los dos tipos de personas: aquellas sociales, habladoras, abiertas a nuevas experiencias, amantes del sonido y la conversación y que hacen actividades de relación. Y aquellas observadoras, que escuchan, que analizan desde la posición del espectador, amantes del silencio y que huyen de relaciones sociales.

Y ya está. No hay cabida para la escala de grises, es decir, para tonos más apagados de extroversión o introversión. Por tanto, no hay cabida para personas con rasgos de ambos estilos. ¿Es posible ser una persona extrovertida e introvertida a la vez? Pues sí.

Sigamos:

Hay dos tipos de personas: los que son como los gatos y los que son como los perros.

Así, hay personas que van por el mundo explicando que son como los gatos, por tanto vendrán a ti cuando les apetezca, necesitarán espacio y distancia, si te acercas cuando no les apetece te arañan… Mientras que otras personas se conducen como los perros (aunque no suelen presumir de ello) y van por el mundo complaciendo a todos, sonriendo aun cuando estén viviendo las peores circunstancias, buscando cercanía y alegrándose mucho de verte cada vez.

Se acabó. Nadie quizá se planteó que puede haber personas que son como los ornitorrincos… Es decir, las polaridades como perro-gato son demasiado simplistas y convierten en un espacio de 2 dimensiones una riqueza que no tiene cabida en él.

Hay más:

Hay dos tipos de personas: los que te hablan claramente y los que van por detrás/mosquitas muertas. Visto desde el otro lado, hay dos tipos de personas: los agresivos y los que rehuyen el conflicto.

Así, las personas con esta creencia se posicionan en uno de los dos extremos y ponen al otro lado a cualquiera que muestre un rasgo diferente al suyo. Se confunde la agresividad verbal con la sinceridad, o bien se confunde la pasividad y el miedo con la discreción.

Esta escala deja fuera de ella a las personas asertivas, que hablan con claridad cuidando de no hacer daño a la otra persona. ¿Será porque hay pocas personas asertivas en este mundo?

Otra más, una clasificación a partir del análisis transaccional que vas a comprender enseguida:

Hay dos tipos de personas: los que van de Niño (victimistas) y los que van de Padre (perseguidores/salvadores).

Hay personas que están la mayoría del tiempo en el estado Niño. Se les reconoce porque juegan, no asumen responsabilidades, no se comprometen, dejan tareas por hacer, buscan que otros les resuelvan sus asuntos, piden mucho más de lo que dan…

Otras personas están la mayoría del tiempo en el estado Padre. Se les identifica porque critican, juzgan o van de salvadores de los demás, hablan de normas, les encanta el “se debe”, “hay que”, buscan acaparar la responsabilidad de otros, dan y luego piden o exigen…

En varios artículos hemos hablado de la que sería la figura intermedia entre ambos estados, el estado Adulto, que asume responsabilidades pero sin juzgar a los demás, da y recibe en la misma proporción, huye de creencias y valores y vive en la autonomía.

Sin embargo, quiero recordaros que tod@s tenemos los tres estados, por lo que en determinadas situaciones me comportaré como el Niño, en otras como el Padre y en otras estaré centrada en el Adulto.


De momento, son estas las que me rondaban por la cabeza. ¿Se te ocurren otras clasificaciones de personas? ¿Hay alguna que te guste en particular? ¿Hay alguna que odies profundamente? Cuéntame, me gustaría conocer tu opinión.

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

La grandeza de los que aceptan sus circunstancias

Creo que te he podido dejar con mal cuerpo cuando te he hablado del guerrero Mandika Kunta Kinte convertido en un Toby que va contestando a todo “sí, amo”.

Y sin embargo voy a seguir por ahí un poquito más.

Para calmar la ansiedad y el dolor que produce aceptar circunstancias adversas, recuerda que hace unos años llegamos a la fórmula para poder decir “Me llamo Kunta” y aun así, seguir insertado de lleno en esta sociedad. Fue gracias al gran Moustache.

Una tribu de cazadores recolectores ajena a las incomodidades

Crecer en la adversidad

Y es que las dificultades nos hacen grandes.

Vamos a profundizar un poco en esto: si un bebé nunca tiene que pedir nada porque unos padres ultra perfectos le proporcionan todo a tiempo, nunca sentirá hambre, sed, ganas de orinar, los pañales mojados… Nunca se sentirá incómodo y nunca tendrá que reclamar atención: ya la tiene.

Si este bebé de padres aparentemente ideales crece con las necesidades cubiertas antes de que sean sentidas como carencias, considerando un mundo en que nadie externo le frustrase, de mayor sería una especie de ameba: no habría tenido que ingeniárselas para conseguir nada.

Todo le ha sido dado, no ha tenido dificultades ni traumas, no ha tenido que desarrollar estrategias para enfrentar las dificultades, los conflictos. ¿Cómo se va a relacionar con sus semejantes? Quizá dando por supuesto que todo se le debe, desconociendo la posibilidad de darse.

Al contrario, cualquiera de nosotros/as no ha necesitado ser Kunta Kinte para encontrar muchas dificultades por el camino y superar diversos traumas. Y gracias a las dificultades hemos puesto en marcha la creatividad para salir de ellas.

Los beneficios secundarios

Ya hemos hablado alguna vez de los beneficios secundarios aquí, aquí y aquí.

¿Qué beneficios secundarios puede extraer Kunta Kinte de insistir en sus creencias anteriores? Pues quizá justificar su falta de adaptación a la realidad. La realidad en Estados Unidos donde es un esclavo y no un guerrero. No hay otra cosa.

También le permite seguir sintiéndose grande, alguien de ascendencia guerrera, alguien con un nombre por escudo. Más grande que los que le rodean, que simplemente se han sometido. Más grande también es por encima.

Incluso puede buscar ser perseguido, con el fin de mostrar sus excelentes capacidades como guerrero. Un guerrero que siempre va a perder la batalla porque está en clara desventaja.

La aceptación

A través de la aceptación de esta nueva condición de esclavo Kunta Kinte podría aprender nuevas estrategias para salir adelante: ofrecer sus capacidades como jinete, formar una familia en su nuevo entorno, aprender nuevas habilidades que le puedan hacer más fácil la vida como esclavo.

Nada de esto es deseable, son estrategias de supervivencia para adaptarse a las circunstancias reales y presentes, estrategias que pueden hacer su vida más amable, en lugar de estar en continua lucha fútil contra un sistema que no le reconoce por quien es.

Estar cómodo en la incomodidad

Pablo Motos preguntó a Will Smith en El hormiguero cómo se enfrentaba a situaciones que provocan miedo (estaban hablando de que Will Smith celebró su 50 cumpleaños descolgándose de un helicóptero sobre el cañón del Colorado…). Y Will Smith dijo algo tan sencillo como esto, se trata de

Estar cómodo en la incomodidad.

¿Puede estar alguien más incómodo que un guerrero Mandika tumbado en la bodega de un barco de esclavos rodeado de personas como él que de pronto son tratadas como mercancía? ¿Puede alguien estar más incómodo que Kunta Kinte teniendo que aprender a decir “sí, mi amo” y a escuchar cómo le llaman Toby?

Y sin embargo, la comodidad quizá sea el mayor enemigo de la creatividad, del ingenio, del buscarse las castañas. La comodidad es pasiva, está parada, nada fluye y se parece un poco a la muerte. El exceso de comodidad apaga la atención, el estado de alerta.

Por increíble que parezca, el instinto de supervivencia hace que los seres vivos se sientan rápidamente cómodos en la incomodidad. Esto les puede llevar a aceptar situaciones inadmisibles que sí se pueden cambiar. De esto hablaremos en otra ocasión.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

My name is Kunta

En línea con el artículo anterior, a veces no es posible mantener la autonomía:

Es necesario claudicar para sobrevivir.

Esto me vino a la cabeza mientras veía la miniserie Raíces, la famosa historia de Kunta Kinte y su descendencia.

Se muestra la carátula de la serie Raíces, en la que aparece Kunta Kinte con una frase sobre su rostro: I am Kunta.

Sin ánimo de hacer spoiler, podemos explicar que la tribu de los Mandika pone el nombre a los recién nacidos con un ritual ceremonioso, pues “tu nombre es tu escudo“. Así, cuando Kunta Kinte, entrenado para ser guerrero en su tribu, es llevado como esclavo a los Estados Unidos, no es capaz de renunciar a su propio nombre. 

En varias escenas, algunas realmente duras, se le repite: “Tu nombre es Toby”. Ha entrado como esclavo en una casa donde lo primero que hacen es cambiarle el nombre por uno muy manejable, como de perro.

Pero le hemos visto antes en su tribu, en sus orígenes, en sus raíces, siguiendo una vida “libre” dentro de otras convenciones.

Siento un enorme respeto por los que tuvieron que ser esclavos y sus descendientes, al ver de qué manera tan fácil se puede tratar de reducir a un ser humano a un objeto, comenzando por cambiar su nombre y borrar así sus raíces. Su grandeza no es vista. Incluso el más avispado, capaz de tocar el violín, tiene que hacer un papel como de bufón ante esos blancos.

Pues bien, después de todo esto…

No seas Kunta Kinte

No. Es el momento de comer ajo, te siente como te siente. En determinadas situaciones que no tienen una fácil vuelta atrás (a ver cómo se va Kunta Kinte de Estados Unidos sin tener ningún medio ni autonomía) es mejor decir: “Me llamo Toby”.

Doloroso.

Humillante.

Contrario a las propias raíces.

Decir “Me llamo Toby” (el equivalente a comer ajo del artículo anterior) es la estrategia de supervivencia necesaria en muchos casos. Por muy alto que les digas a todos “My name is Kunta”, no solo no es apreciado que reveles tu esencia interior, sino que puedes llegar a morir por ello.

No confundas tu esencia con tus valores

Es importante aclarar esta diferencia. Y es difícil reconocer el límite entre la propia esencia y los valores que tenemos insertados en ella. La esencia no se puede cambiar, pero los valores sí. Creencias y valores se pueden actualizar para adaptarse al momento y lugar presentes, ya que fueron adoptados de forma inconsciente en momentos y lugares diferentes.

“Me llamo Kunta Kinte” es tu esencia.

“Mi nombre es mi escudo” es tu creencia.

Los valores de Kunta Kinte son los de la tribu Mandika. Serían igual de incómodos para un blanco que se hubiera esclavizado y llevado a la tribu.

Vale, volvamos al occidente del siglo XXI y digamos de qué estamos hablando: en determinadas situaciones es necesario sacrificar tus valores para conservar un bien mayor (un trabajo, la libertad). Recuerda que tu esencia quedará intacta.

Ejemplos donde más vale ser “Toby”

  • Sabes más que tus jefes. Sabes que algo se podría hacer mucho mejor. Cuando lo has expuesto, esto ha chocado con la cultura corporativa. De hecho, desde entonces te miran “raro”. Algunos de tus superiores pueden sentirse amenazados. Si no tienes un plan claro de salida, una alternativa, puedes tener que decir: “Me llamo Toby”.
  • No aceptas una norma arbitraria. Eres capaz de señalar de forma inteligente por qué es absurdo seguir cierta norma, cierto proceso, cumplimentar cierta información… Esta habilidad tuya puede ser lo peor para la organización en la que te encuentras: puede que estés identificando tareas innecesarias que dan trabajo a mucha gente, sin las cuales habría que reconocer que sobra personal. En estas ocasiones, te puede convenir reconocer: “Me llamo Toby”.
  • Todos se ponen de acuerdo sobre algo. Desde el principio te parece que el “algo” es falso o no está basado en datos o evidencias. Observas que el grupo es feliz elaborando sobre ese algo que no es cierto. Cuando planteas tus opiniones al respecto el grupo entiende que estás en contra de ellos y no de la afirmación falsa. Es el momento de decir: “Me llamo Toby”.
  • Las cosas se hacían de una manera. Cambia el signo de la dirección. De pronto, las cosas se hacen de otra. Tú recuerdas perfectamente que antes se hacían de forma más eficiente. Al exponerlo, te das cuenta de que defender el antiguo modelo te puede poner en el grupo de los que van a ser despedidos. Necesitas afirmar: “Me llamo Toby”.

¿Te llamas Toby? ¿Se te ocurren más ejemplos en los que defender tus valores puede salirte muy caro? Se admiten comentarios y sugerencias. ¡Gracias por leer!

Cuestión de estómago

¿Tienes ardor? Tómate este antiácido. ¿Tienes gases? Tómate este comprimido de simeticona. ¿Te sienta mal el ajo? Tómate una sal de frutas después de comer.

El mensaje es:

¿No eres capaz de tragar con esto? Pues tienes que tragar, así que te tomas esto otro para poder comer lo mismo que los demás y ser uno de los nuestros.

El mensaje no es: ¿no te entra esto? Pues no lo comas, busca aquello que sí te sienta bien y come de eso. ¿Por qué? Porque si cambias de alimento te vas por otro camino.

Un hombre se pone las manos sobre la zona abdominal en señal de que le duele el estómago

Tienes que ser uno más

Todo esto es un símil para hablar de los mensajes que recibimos continuamente, en especial en entornos corporativos. Estos mensajes toman un formato de “tienes que”, “debes”, “procura”…

Tienes que ser exactamente como los demás, debes abandonar tus diferencias, procura no dar la nota, tienes que destacar pero siendo igual al resto.

Por ejemplo, los criterios de clasificación de tipos de líder, estilos de aprendizaje o tipos de personalidad primero etiquetan a los individuos a través de un cuestionario para después señalar sus “flaquezas”, que son los rasgos que aparecen destacados en ese cuestionario y que distinguen a esa persona de otras con otros rasgos. Estos criterios dicen a la persona:

Según tus respuestas, eres color amarillo, procura dejar de ser tan amarillo y parecerte un poco más al rojo, el estilo opuesto al tuyo.

Es lo mismo que lo del estómago: no importa cuáles son tus rasgos, tienes que cambiarlos (al rojo le están diciendo que se tiene que parecer un poco más al amarillo).

El objetivo final de no diferenciarse es favorecer la pertenencia (sumisa) al grupo, lo que se llama alinear los objetivos personales con los de la corporación que sea.

No estás bien

La mayoría de las personas, al recibir un bombardeo constante de mensajes “no estás bien” acaba por creerlo. Acaba por justificarse: “Es que a mí no me sienta muy bien el ajo, no debería comerlo, pero bueno, haré una excepción, luego me tomo un antiácido”. Esta justificación es muy bien acogida por el resto.

Nadie que se salga de los criterios comunes de un grupo “está bien” para ese grupo.

Los mensajes “no estás bien” los recibimos desde la infancia y aseguran la pertenencia al grupo. Dejar de pertenecer siendo un niño equivale a la muerte: un niño abandonado en medio de la jungla. Entonces, las intenciones de grupo al señalar “no estás bien” ante conductas no aprobadas son buenas. El resultado es como esa frase:

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

De manera que “Mira Juanito cómo hace caso a su madre y come ajo” acaba por interiorizarse y convertirse en una creencia propia “es bueno comer ajo… y el que no come ajo no es bueno”. A partir de ahí, y hasta que consigamos ser conscientes de cuáles son estas creencias, este mantra forma parte de la persona y le parece lo más razonable.

¿Y quiénes son esos del grupo?

Cuando hablamos del grupo que come ajo parece que hablamos de una personalidad colectiva, global e indistinta. Pues algo así. Cada individuo por separado puede tener sus estar o no estar bien, sus opiniones con respecto al ajo, y al mismo tiempo formar parte de cualquier colectivo.

Este colectivo se comporta como un individuo adicional, englobando en él al resto, un poco arrastrándolos a unos valores y creencias que suelen estar por debajo del nivel consciente. Es casi como una tribu con sus rituales. De pronto los ves ahí, haciendo la fogata, bailando en torno al fuego con unas máscaras.

Los que se dan cuenta

Aunque el grupo se comporte como una sola masa inconsciente, podemos distinguir varios personajes en él.

  • Hay personas a las que el ajo les sienta estupendamente, pueden comerse una cabeza de ajos crudos y quedarse tan a gusto. Estas personas son ejemplo para todos los demás: son los héroes del grupo. Se debate si ser comedor de ajo se nace o se hace, aun así, se estudian las conductas del comedor nato de ajo para extenderlas al resto.
  • Otras personas no tienen tanta suerte, el ajo no les sienta muy bien, pero se esfuerzan. Los que se esfuerzan mucho para encajar en el grupo come ajos suelen ser los que imponen a las nuevas incorporaciones (generaciones) el comer ajo. El esfuerzo está premiado y también se pone como ejemplo a los demás: aunque no te siente bien, debes esforzarte.
  • Por otro lado, hay una serie de personas que se dan cuenta de todo esto y deciden abandonar el grupo para poder “estar bien” fuera de él. Esto es un camino de crecimiento: siempre que te apartas de una tendencia común estás caminando hacia tu propia autonomía, y puede que hacia tu propia soledad.
  • Otras personas también se dan cuenta pero deciden permanecer en el grupo a costa de fingir que les sienta bien el ajo. Saben que no les sienta bien, procuran evitarlo, pero si hay una prueba o ritual de grupo en la que hay que comer ajo, son capaces de comerlo crudo con tal de no mostrar una distonía con el resto. Ya se tomarán después lo que haga falta. Ya son conscientes, pero no son capaces de salir o no les compensa perder los beneficios secundarios de la pertenencia.
  • Finalmente, otro grupo de personas se dan cuenta de cómo son, deciden honrarlo y continúan en el grupo ¡sin comer ajo! ¿Cómo lo hacen? Son capaces de defender su autonomía y permanecer en el grupo, respetando al grupo y al tiempo ganándose el respeto de los demás, que acaba por admitir que “Pepita no come ajo. Sí, es una rareza, pero no la tenemos en cuenta porque… (coopera, colabora, está muy metida en el grupo…)”.

¿Cuál es el camino?

1) Ser consciente

El primer paso para cualquier cambio es ser consciente. Esta conciencia puede nacer al ver una película o leer un libro, puede surgir al reflexionar sobre algo de nuestra vida que no funciona, puede aparecer como una chispa en una conversación con una amiga… Ser consciente es como despertar, es como quitarse unas gafas de sol muy oscuras.

2) Elegir estar bien

Después de ser consciente, es necesario hacer una elección. Elegir que “estás bien”. Que, a pesar de todos los mensajes que recibes y seguirás recibiendo, resulta que tu estómago funciona a la perfección y que simplemente no toleras el ajo y no lo vas a comer, y eso está bien. Para que la elección sea firme, es necesario tener una cierta autoestima, con el fin de que la elección prevalezca sobre cualquier nuevo comentario con respecto a comer ajo.

3) El enfrentamiento

Una vez respetas tu propia elección de “estar bien” llega una fase de batalla campal, sobre todo si has sido una persona que comía ajo sin rechistar. Ahora, de pronto, no quieres. De pronto, decides que estás bien así, sin comer ajo, y que incluso prefieres (¡qué osadía!) tomar jengibre, qué sé yo. Sorprendente. Puede que te echen de algún grupo, sin esperar al siguiente paso por tu parte. A veces, el precio de la propia autonomía puede ser alto.

4) Decidir tu camino

El siguiente paso es volver a decidir; esta vez decides si te quedas en el grupo al tiempo que te haces autónomo o si te vas porque una persona autónoma no puede permanecer en ese grupo.

Si se hace desde la apertura y total aceptación de los demás, estén en la fase que estén, incluso de aquellos que defienden la bondad de comer ajo por encima de todas las cosas, es posible que te permitan continuar en el grupo.

Si se hace desde la negación del resto o la superioridad, surgirá el conflicto y podrán expulsarte sin miramientos.

En cualquier caso, la novedad es la decisión consciente, adulta y autónoma de estar bien en el grupo o fuera de él a pesar de no comer ajo.


Existe una versión algo más larga de este artículo en el boletín en papel de la Asociación Española de Taichi Xin Yi.

¿Y tú? ¿Comes ajos?

Día mundial del teatro

¡Feliz día mundial del teatro!

Si te apetece leer un poco sobre nuestras incursiones en el apasionante mundo del teatro, te recomiendo:

No sabes lo que es el teatro hasta que no lo vives desde dentro. Desde fuera, tal vez se pueda decir que es como ver una película que cada noche de actuación es ligeramente diferente. Desde dentro, todo lo que se trabaja antes de “la proyección” de esta película única es tan interesante o más que el resultado. Con el teatro se crece.

Teatro romano de Mérida, vista desde las gradas

¿Por qué acercarse al teatro desde dentro?

  • Te hace sentir más viv@
  • Vuelves a jugar como cuando eras pequeño
  • Te ríes a carcajadas
  • Sales (mucho) de tu zona de confort
  • Conoces a mucha gente
  • Vives emociones intensas

¿Has probado el teatro desde dentro? ¿Qué te parece? ¿Qué otros aspectos destacarías de esta experiencia? Te animo a comentar, ya sabes que tus comentarios son muy bienvenidos. 🙂

Cuando puedes conocer a los que admiras

Articulate Day en Madrid

El próximo 10 de abril tendrá lugar un evento de un solo día, el Articulate Day, organizado por Actua Solutions.

Articulate es para mí sinónimo de e-learning

Son una importante empresa que ha desarrollado varias herramientas de autor específicas para los que nos dedicamos a hacer cursos online. Estas herramientas se caracterizan desde hace muchos años por ser fáciles de usar, rápidas, y por primar el resultado profesional y amigable para el alumno.

Lo último es Articulate 360, una herramienta online que permite combinar perfectamente cursos con más características hechos en Storyline con otros totalmente responsivos y fluidos hechos en Rise. Contiene una herramienta de revisiones que permite al cliente enviar comentarios de una forma muy cómoda, Review, y una biblioteca de medios con más de 2 millones de recursos, la Content Library.

Si solo fuera esto…

¡Ellos aquí!

Imagina que en tu sector admiras mucho a unas cuantas personas, son tus gurús, les sigues en redes sociales y te fijas en lo que dicen y en lo que hacen porque son muy buenos.

Pues bien, dos de estas personas, las dos que citaría primero, son quienes estarán en el evento: Tom Kuhlmann y David Anderson.

A lo largo de los años, he recurrido en muchas ocasiones a Tom Kuhlmann y su excelente blog para conocer su punto de vista, lleno de sentido común, miles de consejos prácticos y útiles, una visión clara de cómo el e-learning debe apoyar al negocio del cliente.

Además, he seguido con detalle los desafíos de e-learning que propone David Anderson en la comunidad de Articulate, un espacio lleno de descargables gratuitos, formas diferentes de solucionar una dificultad, tutoriales de las herramientas de Articulate…

Veníamos traduciendo a Tom Kuhlmann

Lo cierto es que nuestra sección de aprendizaje se ha enriquecido directamente de la amabilidad de Tom Kuhlmann al permitirnos traducir varios de sus artículos, gracias a lo cual conseguí escribir su apellido sin equivocarme (tengo que decir que, una vez más, he dudado en el orden entre la “h” y la “l”). Estos son algunos de los artículos de Tom:

El estilo desenfadado que es altamente profesional

Estoy estrechamente ligada a la marca Articulate y al estilo de comunicación que tiene. Su estilo es desenfadado: al traducirlo, Articulate habla de tú, con palabras llanas y un estilo directo. Esto no significa que sea un estilo informal o demasiado coloquial. Al contrario, la marca destila mucha profesionalidad, como puedes ver en cualquier mensaje que leas en su comunidad o cualquier plantilla o descargable que busques.

Puedes verlo también en la forma en la que hablan Tom y David:

 

Que el inglés no te frene

El gran obstáculo que he encontrado cuando trato de compartir mi entusiasmo por Articulate es el idioma: mucha gente no puede beneficiarse de la mayoría de contenidos en inglés. Más aún, Tom y David van a hablar en inglés durante este evento, y es una barrera que no todo el mundo puede sortear.

Aun así, Articulate está haciendo un gran esfuerzo por traducir contenidos de su página web, sus comunicaciones por email y las propias herramientas de autor, esfuerzo en el que colaboro humildemente.

Espero que la magia que pueden desplegar estos gurús llegue a la mayor parte de gente posible: su visita es un honor.