Normalizar la locura

Hace poco volví a ver Misery, y ahora estoy releyendo este best-seller de Stephen King. Si no conoces la historia (alguien habrá) te aviso de que esto es en parte un spoiler.

Libro Misery de Stephen King sobre una máquina de escribir "Royal", sin la letra N en su teclado.

Bien, estoy como a mitad del libro, cuando el escritor Paul Sheldon se ha adaptado a la vida con Annie Wilkes… Es decir, el escritor, que está preso y sin posibilidad de huida en casa de una paranoica, lo que parece ser que ahora se llama tener un “trastorno delirante“, se ha acostumbrado a vivir con ella. Y la pregunta es: ¿cuántas veces nos acostumbramos a vivir situaciones inadmisibles y nos hacemos a ellas? 

Esto es lo que describe la novela al respecto:

A las cinco, ella le servía una cena ligera y veían M*A*S*H y WKRP en Cincinnati. Cuando terminaban, Paul escribía. Luego, rodaba la silla lentamente hasta la cama. Podía ir más deprisa, pero era mejor que Annie no lo supiera. Ella le oía, entraba y le ayudaba a acostarse. Más medicina y puf, apagado como una luz. Al día siguiente, lo mismo. Y al otro igual. Y al otro.

Parece describir la cotidianidad de un matrimonio que lleva unos cuantos años de pacífica convivencia…

¿Cómo se mide si una situación es normal o no?

Por otro lado, ¿dónde está la franja de lo que deja de ser normal? Cualquiera que conozca la estadística, te dirá: “allá donde se sitúan los fenómenos raros en la campana de Gauss, es decir, a los lados”. Y el que no la conozca, te dirá: lo que se aleja demasiado de lo que es “normal”.

Esto, que está perfectamente estudiado, puede resultar sin embargo un poco subjetivo, delicado o sujeto a modas…

Si buscas la definición de “delirio“, lees:

En psicopatología se define delirio como una creencia que se vive con una profunda convicción a pesar de que la evidencia demuestra lo contrario.

Es una definición especial: ¿una creencia que se vive con una profunda convicción? ¿Una creencia que no pasa el filtro de la evidencia? Si le damos la vuelta a esto, podríamos pensar que ninguna creencia firme pasa el filtro de la evidencia. Las creencias son casi lo contrario a la realidad, son lo que elegimos ver para protegernos de lo que realmente está sucediendo, son la forma de codificar lo que experimentamos… ¿Quién entonces está libre del delirio?

Personas raras

Un poco más adelante en la novela, lo que podían ser sospechas del escritor secuestrado por su fan número uno se convierte en evidencias, en manifestaciones homicidas del trastorno de Annie Wilkes. Hasta ese momento, podrías pensar que se trata de una persona “rara”, o “muy rara”, o incluso “realmente rara”, sin que llegase a la descripción de un trastorno mental.

Y podrías, como Paul Sheldon, acostumbrarte a sus especiales rutinas, tacos inventados para no decir palabras malsonantes, exigencias, intromisión, maltrato…

Parece del todo posible acostumbrarse a vivir situaciones inadmisibles con “personas raras” y adaptarse a ellas. Me viene a la mente la historia de la rana que está en un recipiente con agua, agua que se va calentando poco a poco y sin que la rana lo perciba, de manera que la rana puede morir cocida sin darse cuenta.

Estas “personas raras” pueden ser tus compañer@s de trabajo, tus jef@s, tus proveedores, tus clientes… Puede ser, sí. ¿Y entonces qué haces?

Pues escribes un novelorrio, El retorno de Misery, de casi 1.000 páginas, aprovechando que esa situación especial te permite bastante tiempo de calma, tranquilidad… y ninguna otra opción. Es como Einstein escribiendo la Teoría de la relatividad en una oficina de patentes. Desde luego, la dificultad agudiza el ingenio.


¿Has leído Misery? ¿Has visto la película? ¿Qué te parece esta historia? ¿Crees que hay “personas raras” a tu alrededor? ¿Te sientes tú mism@ una persona rara? 🙂

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Cuando te excluyes de tu propia bondad

En el artículo anterior comenté que los autónomos pueden estar sufriendo inconscientemente la dualidad de ser al mismo tiempo el jefe y el empleado.

Sin embargo, pienso que muchas más personas se excluyen de su propia bondad, llevan dentro una lucha entre un torturador inquisitorial y una víctima desamparada que está privada de sueño, descanso, comida… y bondad.

Un verdugo con una espada amenaza con decapitar a un ángel arrodillado.

¿Cómo detectar que te excluyes de tu propia bondad?

Un empleado/a puede estar identificando los rasgos más sádicos de su verdugo interno en su propio jefe/a, por lo que le es mucho más difícil darse cuenta de que, si esa figura de autoridad tiene tanto poder, es porque secretamente una parte interna suya está de acuerdo con ella.

Ejemplo 1: “yo trabajo más que nadie”

Sin que te lo pidan, eres el primero en llegar a la oficina y el último en salir, te responsabilizas de más temas de los que te corresponden y puedes llegar a hacer más trabajo que tu propio jefe/a.

Ejemplo 2: “yo soy perfecta”

Cuando se hacen varias versiones de un documento en cuya elaboración intervienen distintas personas, hay quien “se ve obligado” a tachar con saña lo escrito, a corregir en rojo, o incluso a corregir lo ya corregido escribiendo lo mismo. Detrás, dentro, se puede adivinar la figura de un Torquemada de “la lengua con sangre entra” que va a machacar a su víctima con correcciones, y esta a su vez a los que trabajan con ella.

También ocurre fuera de la oficina

Identificar fuera al torturador que se lleva por dentro también puede ocurrir con relaciones no laborales: se puede caer en el influjo de la dominación de la madre, el padre, el marido o la mujer, o incluso de los propios hijos: basta con que una parte inconsciente de la persona opine que la otra parte se merece el despotismo con el que ese tercero le trata.

En todo caso, si aislamos nuestros comportamientos “autoesclavizantes”, podemos detectar mejor nuestra tendencia, en lugar de centrarnos sobre quien la proyectamos. Algunos ejemplos:

Ejemplo 1: “mi casa es la más limpia y ordenada”

Puedes observar a una persona tratar la limpieza y el orden de su hogar como si en vez de ser quien vive allí fuese una persona “del servicio” que puede recibir una gran bronca o el despido si hay una sola cosa fuera de su sitio o si “no se puede comer en el suelo” de su cocina.

Ejemplo 2: “soy la mejor madre”

Puedes ser una madre agotada con complejo de mala madre que aun así: asiste a todas las reuniones, confecciona los disfraces de sus hijos, acude a todos los cumpleaños, está al tanto de los últimos cambios en el currículum, etc. Desde fuera se ve a esta persona totalmente agotada, sobresaturada, estresada, y se percibe que no está disfrutando en absoluto de la fiesta.

¿Qué es lo que tu verdugo te prohíbe hacer?

Es conocido que, cuando alguien planta cara a otra persona muy dominante, las relaciones entre ambas cambian, y normalmente mejoran. La persona no dominante descubre que “no es tan fiero el león como lo pintan” y se empieza a relajar, respira hondo y toma las riendas. ¿Cómo? Desde el adulto, sin reaccionar a lo que la otra persona dice o hace, respondiendo a la propia dignidad.

Se trata de plantar cara, precisamente, a este perpetrador interiorizado e inconsciente. Se detecta su inquietud cuando se rompe la norma a propósito: no seguir un horario previamente planificado, pisar un suelo recién fregado, irse del trabajo a la hora, no barrer una pelusa que se ve en el suelo…


Me encantaría conocer vuestras opiniones: ¿cómo tratarías tú a otra persona? ¿Qué libertades le permitirías que tú no te permites? ¿Puede salir a fumar durante su jornada laboral? ¿Puede estar cinco o diez minutos “en la parra”, mirando al infinito? ¿Puede ir a un spa? ¿Puede permitirse la imperfección? ¿Puedes tú?

No te prepararon para envejecer

Por mucho que te hayan contado, por mucho que hayas visto a tus propios padres envejecer, lo cierto es que no te prepararon para recorrer ese camino. Un buen día te miras al espejo y ves a una señora o a un señor, en lugar de verte a ti. Es impactante.

La forma del cuerpo cambia al envejecer, el abdomen se expande

Hay otras señales más allá del espejo que te van haciendo sospechar: por ejemplo, la edad de los protagonistas de la mayoría de películas clásicas es menor que la tuya. Piénsalo, recuerda Gilda, Irma la dulce, o también Regreso al futuro, Superman… Todos los protagonistas tienen unos veintitantos años, y de pronto te parecen demasiado jóvenes, incluso para resultarte atractivos: lo peor de todo es tener la sensación de que podrían ser tus hijos.

Vas por la calle, y te das cuenta de que los hombres o mujeres que se fijan en ti te parecen muy mayores… y quizá tienen tu misma edad. Ves en ellos lo que quizá no veías tan claro en ti: canas, arrugas, barriguita, lentitud de movimientos…

Quedas con tus amigas y las conversaciones han cambiado de forma radical. Antes eran picantes, graciosas, variadas, y de pronto te haces consciente de que habláis sobre dolencias y achaques, o sobre operaciones de estética, todo es un poco más serio y apagado, y el encuentro acaba mucho antes.

Cambios físicos

Hay muchos elementos que te hacen reconocer que no eres la misma persona. Es como si algunas cosas se superpusieran sobre tu yo real, o bien, como si tu yo real se descolgase o churripringase hacia abajo.

Zara lo sabe muy bien: cuando buscas ropa en su página web, te hacen algunas preguntas que te hacen comprender por qué midiendo y pesando lo mismo ya no te sirve la misma ropa:

La edad influye en la forma del cuerpo

Recuerdo a una profesora de gym jazz que rondaba los 40 y lo decía:

Mi cuerpo ya no es el mismo. Entreno las mismas horas, hago muchísimo ejercicio, pero ya se me descuelga “el músculo de la sal” y noto que mi cuerpo es otro.

Por esto es tan difícil envejecer, por la sensación tipo invasión de los ultracuerpos de estar metido o abducido en un cuerpo que no es el tuyo.

Cambios mentales

Si todo acabara en el cuerpo… Lo cierto es que algo que tampoco te contaron es que tu capacidad mental no va a ser la misma. Es un conocimiento menos extendido, porque estamos acostumbrados a ver intelectuales brillantes en edades más allá de la madurez, como Eduard Punset, Marguerite Duras, José Luis Sampedro o Ana María Matute, por citar algunos.

Con la edad notas más dificultades para realizar cálculos o deducciones lógicas y matemáticas. Además, el alejamiento definitivo de las aulas hace que comprender cualquier información (o simplemente leerla) lleve más tiempo, incluso sin tener en cuenta la presbicia, algo que imaginabas que tendrías a partir de los 55 y que sin embargo aparece a partir de los 40…

Las ventajas de la madurez

A pesar de todo esto, si hablas con personas que hemos pasado de los 40, la mayoría te dirán que prefieren su vida actual a su vida de juventud. ¿Por qué?

Algunas respuestas:

  • Cumplir años, sin más, es positivo. Imagina la alternativa…
  • Tu autoestima es mayor.
  • Tienes una vida más estable, más asentada.
  • Sientes mayor tranquilidad, menos desasosiego.
  • No te dejas llevar tan fácilmente por las pasiones.
  • Tus ambiciones están más alineadas con la realidad y menos con las ilusiones.
  • Dejas de tener que mostrar tus títulos y formación, y tu experiencia habla por ti.
  • Ya no tienes que tomar decisiones vitales sobre tu carrera.
  • En tu vida hay más elementos que merecen la pena, en general tu nueva familia (pareja, hijos/as…).
  • Tus decisiones son más sopesadas y racionales, los riesgos que tomas son más calculados.
  • Tienes una mayor resistencia a circunstancias adversas, porque ya has vivido muchas situaciones de todo tipo.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Cómo llevas tú la madurez? ¿Qué otras ventajas encuentras a cumplir años?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

¿De qué te quejas?

Hace más de un mes leí un tuit de Justin Tarte, y todavía me acuerdo.

El hecho de que recuerde un tuit me hace pensar que es importante y puede servirle a más gente. Este director ejecutivo de recursos humanos escribió:

Las dos cosas de las que la gente se queja más:

  1. De cómo son las cosas.
  2. Del cambio.

(Anónimo)

Podríamos añadir una combinación de ambas: quejarse de que las cosas estén en continuo cambio.

Justin Tarte destaca que la gente se queja de cómo son las cosas y del cambio.

Algunos ejemplos

Nos quejamos de cómo son las cosas:

  • Hace calor, hace más calor, no llueve, ¡qué calor! (en verano).
  • Hace frío, qué frío hace, no soporto el viento, no aguanto la lluvia (en invierno).
  • No quiero madrugar.
  • No me gusta este trabajo.
  • No aguanto a X (X = mi jefe, mi madre/padre, mi hermano/a, la compañera de al lado…)
  • No aguanto a Y (Y = político/a en el poder o en la oposición, artista, famoso/a).

Nos quejamos de los cambios:

  • ¡Con lo a gusto que se está en invierno! (cuando llega el verano).
  • Cambiar la frase de arriba invirtiendo invierno por verano.
  • Con el nuevo horario no puedo ir a la clase de zumba del jueves.
  • Me gusta menos el nuevo trabajo que el anterior, que ya es decir.
  • Ahora, en vez de a X, tengo que aguantar a Z, ¡imagínate!
  • Vaya, así que cambia el partido en el poder… ¡Pues no los puedo ni ver!

De luchar contra a convivir con

Tanto si una persona se queja de cómo son las cosas como si se queja de que las cosas cambien, su actitud es de lucha contra eso que no le guste. Una lucha pasiva, quizá, porque quejarse es no estar en la acción, sino señalando pasivamente algo que no se acepta.

Últimamente me estoy dando cuenta de que es más fácil y agradable vivir si, en lugar de luchar contra lo que no me gusta, me dedico a convivir con ello. Esto puede realizarse cómodamente de la siguiente manera:

  • Hace calor, sí, es verdad, convivo con el calor. Además, tiene una ventaja: puedo ir a la piscina.
  • Hace frío, sí, y normalmente no lo soporto. Al convivir con el frío, estoy usando unos guantes y una bufanda que me encantan.
  • No me gusta madrugar ni el horario. Voy a dar menos importancia a estos factores que vienen dados por el trabajo que hago.
  • He decido convivir con la existencia de X, Y y Z. Estas personas tienen sus propios problemas, quizá les ha tocado vivir a su vez cosas que no soportan o cambios para los que no estaban preparadas. ¿Qué hay en X, Y y Z que me molesta tanto? Quizá me parezco más a ellos de lo que me gustaría… O quizá me gustaría parecerme a ellos y… ¿les tengo cierta envidia? Puede ser. He decidido convivir también con ello.

¿Qué es lo que más te molesta de cómo son las cosas? ¿Qué es lo que más te molesta que cambie? Me encantaría conocer vuestros puntos de vista. ¡Muchas gracias por leer!

¿Miras o te miran?

Si hacemos esto de dividir el mundo en dos, hay dos tipos de personas, las que miran y las que son miradas: introvertidos y extrovertidos. Es como si muy pronto en la vida se tomase una decisión:

“Yo miro”

“Yo soy mirado”

Yo miro

El que mira es un observador. Se posiciona frente al mundo como un espectador, toma nota de lo que sucede, se interesa por los cambios en lo que observa, sean personas, animales, objetos… o ideas. Por tanto, suele estar fuera de la acción, como si sucediese incluso si él/ella no estuviera ahí.

También podemos hablar de una mirada de dentro afuera, la persona toma nota del medio ambiente y lo clasifica.

 

Yo soy mirado

Yo soy mirado incluye: “Yo soy admirado”. Es un perfil que se da cuenta de que otras personas reaccionan a su aspecto, sus gestos y a lo que dice. Se motiva entonces por mostrar una imagen. Es uno de los personajes de la película, forma parte de la acción.

En este caso, la mirada va de fuera a dentro: el medio ambiente reconoce a la persona, que clasifica sus propias reacciones (gestos, mirada, etc.) frente a lo que recibe.

Una mujer se mira en el espejo, de forma que es al mismo tiempo quien mira y quien es mirada

Nota: al elegir esta imagen, me doy cuenta de que, cuando te miras al espejo, eres al mismo tiempo de los que miran y de los que son mirados…

Yo miro y soy mirado: sabiduría superior

Algunas personas no tienen una tendencia tan marcada, y otras aprenden a ver el mundo desde el otro punto de vista.

La persona que mira y es mirada, es capaz de apreciar los detalles a su alrededor, de tener en cuenta personas, animales, objetos y conceptos y al mismo tiempo se sabe un personaje dentro de la acción, por lo que interactúa con otras personas mostrando una imagen.

De esta manera, se mantiene un equilibrio entre el mundo exterior y el interior que es enriquecedor.

 

¿Cómo alcanzar la sabiduría superior?

Paso 1:

Conócete a ti mismo.

Esto lo dijo Confucio. Parece muy simple, pero no lo es, porque la mayoría tendemos a conocernos de una manera amable, pasando por alto los aspectos negativos que no queremos admitir.

Para saber si eres de los que miran o de los que son mirados, puedes hacer un test de personalidad que recoja el rasgo de introversión/extroversión.

 

Paso 2:

Emprende el camino hacia el equilibrio. Si resultas ser una persona muy introvertida o muy extrovertida, tendrás que hacer un esfuerzo mayor para incorporar a tu personalidad los rasgos del tipo que no eres.

Otra opción muy loable es quedarte como estás, al fin y al cabo, tu perfil tiene en sí muchos rasgos positivos.

 

Paso 3a: pruebas para introvertidos

Pon a prueba tu aprendizaje. Si por ejemplo eres de las personas a las que les gusta mirar, prueba a:

  • Llamar la atención sobre ti en un grupo.
  • Ensayar gestos en el espejo.
  • Elegir con cuidado la ropa según la imagen que quieras proyectar.
  • Acércate a hablar con alguien.

 

Paso 3b: pruebas para extrovertidos

Si eres una persona a la que le gusta ser mirada, incluso admirada, prueba a:

  • Observar las plantas de tu entorno, o la forma de los edificios.
  • Escuchar plenamente a alguien sin fijarte en tus reacciones.
  • Mirar lo que está ocurriendo con cierto distanciamiento.
  • Sacar conclusiones sobre los datos observados.

 


¿Y tú? ¿Cuál es tu tipo? ¿Eres capaz de tener un equilibrio entre ambos tipos de mirada? Ya sabes que tus comentarios son muy valorados. 🙂

Suspendiste el examen

Lo reconozco, era una prueba difícil. El test de normalidad comenzaba con 7 preguntas que podías más o menos ir pasando, pero al llegar a las pruebas de fuego te viniste abajo… sobre todo con la última.

Sara Carbonero, Mozart, Penélope Cruz

Sara Carbonero

Se ha hecho viral la carta de una periodista que estudió con Sara Carbonero. No sé si ya se nota la comparación odiosa: “una periodista” frente a “Sara Carbonero”. Entiendo que esta periodista es María Jiménez, por una etiqueta que aparece al pie del artículo. Pero ya el texto es anónimo y solo refleja la fama y el éxito de Sara Carbonero.

La periodista se pregunta qué ha hecho mal. Nosotr@s, en la escuela de lo común, pensamos que no has hecho nada mal. Pensamos que eres única, y pensamos que no eres Sara Carbonero ni tienes por qué serlo.

Por razones que se escapan a nuestro entendimiento, Sara Carbonero fue por el camino de la fama y la periodista anónima no.

Ningún famoso ni héroe ni ser extraordinario pasaría las pruebas de la normalidad: ellos y ellas se ven obligados a hacerse muchas fotos, a publicarlas, a ir de vacaciones a sitios especiales, a controlar de continuo sus tiempos, a describir en ocasiones su trabajo con términos en inglés, a no cometer errores, a saberlo todo, a tener una pareja también extra-ordinaria y a no pasar de la franja de 30 a 40 años, si es que han llegado a ella. Por eso tantas operaciones de estética…

¿No parece una esclavitud vivir así?

Nuestra periodista, los que habéis suspendido y yo misma compartimos algo con Antonio Salieri: no hemos superado la prueba de fuego 4: batalla final, que consiste en aceptar los límites propios y entender por dónde va en realidad nuestra vida, alejándose a marchas forzadas de la fama.

Mozart

Mozart era un ser extraordinario, un verdadero genio.

 

Wolfgang Amadeus Mozart, un genio extraordinario

Si bien la película Amadeus parece no ser fiel a la realidad, es probable que a todo genio como Mozart le rodeen varios personajes no tan brillantes, como Antonio Salieri. El genio parece producir de forma natural su rasgo atípico, su diferencia, su originalidad, mientras que el resto a su alrededor hace grandes esfuerzos por poder si quiera compararse a él.

Es mucho más duro ver triunfar a un genio en el área en el que nos encantaría destacar que observar el triunfo sin tener ninguna cualidad comparable.

Alguien como el Antonio Salieri que magistralmente retrata la película se retuerce de dolor al ver a otro triunfar con tanta facilidad en su mismo elemento.

(Hemos de decir en el descargo de Mozart que se tomaba muy en serio su música y que no era un personaje tan frívolo como se muestra en la película).

Penélope Cruz

Penélope Cruz es mi Sara Carbonero en cierto sentido.

Yo hacía ballet clásico en una academia en Alcobendas, y a los diez años irrumpió en ella Penélope Cruz (tenemos la misma edad). Reconozco que a esa edad todavía creía que podía ser bailarina, pero no era consciente de que no tenía la capacidad para ello. Aparece Penélope (es cierto que cuando conoces a alguien le llamas por su nombre de pila) y de pronto la presentan al conservatorio y se lleva papeles importantes en el festival de fin de curso, ¿por qué?

Al igual que cuenta la periodista sobre Sara Carbonero, Penélope atraía la atención. Ya a esa edad llenaba el escenario. Su carisma hacía que en el vestuario se hiciese con la atención en unos segundos, era como un imán irresistible de espontaneidad y fuerza que ya despertaba ciertas envidias. Si la veías por la calle te llamaba la atención, parecía haber un halo a su alrededor, un halo de distinción, de estilo, de originalidad.

No sentí nunca una sensación de rivalidad con ella, en muy pocos años fui plenamente consciente de que no iba a ser bailarina, y lo dejé (a los 14). Ella por entonces estaba en 3º de conservatorio, creo recordar. Penélope fue a veces mi pareja de baile, por altura. Y una vez me maquilló cuando hicimos un espectáculo en una plaza de la ciudad. Ya está, esa es toda la relación.

Ya que ella estaba triunfando por todo lo alto (en esa época siendo modelo de catálogo y muy pronto haciendo el vídeo de Mecano La fuerza del destino, del álbum Descanso dominical), muchas otras adolescentes se apuntaron a la agencia de modelos en que estaba ella. Chicas más guapas. Chicas con mejor cuerpo. Daba igual: lo que tenía Penélope no lo tenía ninguna otra a su alrededor.

Y esto, amig@s míos, creo que es algo que escapa a nuestro control. Por eso nadie da con la fórmula de por qué Penélope sí y la chica de al lado no: porque no hay fórmula.


¿Cómo te fue a ti? ¿Conoces a algún famos@ que creció a tu lado como uno más? ¿O a alguno que ya apuntaba maneras del éxito absoluto? ¿Eres tú mismo un famos@ al que le gustaría dar su punto de vista? (Esto nos ayudaría mucho en la escuela de la normalidad). ¡Gracias por compartir!

Test final: pon a prueba tu normalidad

Es hora de practicar

Hemos estado estudiando la manera de llevar una vida común, haciendo cosas normales, renunciando a ser extraordinarios, porque:

Por definición, si todos somos extraordinarios, nadie lo es.

"No sientas vergüenza de usar la misma ropa, no tener un gran celular o andar en un auto viejo. Vergüenza es aparentar algo que no eres": una frase que se atribuye a José Mújica.

Aquí proponemos una serie de pruebas o prácticas para que compruebes tus avances en esta contra-moda:

Pruebas normalitas

  1. Prueba a reconocer que no lo sabes. Decir “no lo sé” está muy mal visto hoy día: parece que todo el mundo ha de tener una opinión y saberlo todo, y si no lo sabe, lo busca en Google. Serás una persona normal que “no lo sabe”, como el resto, y además tú lo reconocerás con sencillez.
  2. Prueba a entregar un trabajo con algún error, por ejemplo, una errata o la falta de ortografía que más odies: haber qué pasa, todos tenemos derecho a cometer errores. Deja que Word te subraye las faltas, y las dejas ahí, en rojo. ¿Podrás soportar algo asín?
  3. Prueba a no utilizar términos en inglés para describir lo guay de tu actividad. Te puede servir este inspirador artículo citado por Javier Meléndez. Por cierto, tendré que rectificar mi descripción de a qué me dedico. Lo dejaré en “hago cursos”.
  4. Prueba a ir de vacaciones y no hacer ni una sola auto-foto. Si esto te parece muy duro, prueba a no subir a ninguna red social ninguna de las cientos de auto-fotos que te has hecho.
  5. Prueba a ir de vacaciones a un sitio muy normal y corriente, como cualquier ciudad española de cuyo nombre no nos haremos eco, y eso sí, sube todas las fotos a todas las redes sociales, para demostrar lo normal que eres.
  6. Prueba a salir a la calle y dar un paseo. Luego vuelves a casa y la prueba está finalizada. Normas para esta prueba:
  • No llevar reloj, ni smart watch, ni teléfono, ni smart phone, ni podómetro… Nada medirá tus tiempos.
  • Como no llevas smart phone, no puedes hacer ninguna foto ni subirla a ninguna red social.
  • Tampoco puedes comentar en redes sociales lo que estás haciendo: “Ey, estoy dando un paseo por mi barrio, ¿qué pasa?”
  • Puedes hablar con quien quieras. Pero con la voz, directamente, con la persona físicamente delante. A esta(s) persona(s) sí les puedes decir que estás dando un paseo. Nota especial si escuchas lo que te cuentan.

Pruebas de fuego

Prueba de fuego 1:

Queda con esa persona de la aplicación de ligar que no te atrae especialmente, que parece maja pero que jamás te liarías con ella.

Prueba de fuego 2:

Di la edad que tienes. La nota sube con la edad:

  • De 30-40: bien
  • De 40-50: notable
  • De 50-60: sobresaliente
  • De 60-70: ¿te sigue importando?
  • +70: seguro que nos puedes dar muchos consejos en esto de convertirse en una persona normal.

Prueba de fuego 3:

Prueba a no tener razón. En cualquier discusión que se te presente, mantén tu postura poco tiempo y luego reconoce que nadie está en posesión de la verdad. Si quieres subir nota, discute sobre algo que te dispare la adrenalina. Matrícula de honor si consigues no tener razón en tus creencias más arraigadas.

Prueba de fuego 4: “batalla final”

Se trata de reconocer que tu camino no va por donde te gustaría, y de reconducirlo a caminos que funcionen mejor, más rentables. Tus habilidades artísticas pueden utilizarse en trabajos mucho más mundanos de lo que tu ilusión indicaba. Si bien gente como Ken Robinson nos dice que todos tenemos nuestro elemento, lo que no dice quizá es hasta dónde podemos llegar con él…


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Cuál ha sido para ti la prueba más difícil? ¿Apruebas el test de normalidad?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.