No todo el oro reluce

¿Cómo valoramos a una persona? ¿En qué nos fijamos? ¿Qué es lo que nos abre puertas? Comenzamos con una frase de una canción de Manu Chao, “Me gustas tú”: no todo el oro reluce.

Que se mueran los feos

Seguimos con otra canción, “Que se mueran los feos”, de Los Sirex.

Vamos a fijarnos en los autores que habitualmente cito en este blog. Desde Eric Berne hasta los Monty Python, lo cierto es que no son ejemplos de belleza áurea.

Eric Berne en 1969, autor desconocido.

Sin embargo, pronto nos olvidamos de esto ante su ingenio. Pero entonces, ¿hace falta ser ingenioso, muy brillante o con una personalidad arrolladora cuando no se es agraciado? ¿Quién determina esto de ser agraciado? ¿Y cuál es nuestra percepción de los demás cuando sus imperfecciones destacan?

Como el mismo Berne explica, cuando somos pequeños miramos libre y abiertamente a otras personas, en especial a las que tienen defectos o características llamativas. Después, rápidamente aprendemos que “ver no está bien visto”. El análisis rápido que hacemos de una persona lo tenemos que hacer disimuladamente, porque la mirada fija es o puede verse como ofensiva.

El problema de dejar de mirar abiertamente, sobre todo aquello que no nos cuadra, es que puede llevarnos a dar por bueno algo que potencialmente puede ser un peligro. Voy a rescatar esta parte del post sobre Barba Azul:

Barba Azul se casa con la menor de cuatro hermanas, una jovencita que se siente atraída por esa extraña barba azul, que al mismo tiempo le da cierto reparo.

Clarissa Pinkola Estés

El aprendizaje consiste en ignorar las señales de alarma que provoca eso que nos da cierto reparo y que suele ser una mezcla de rasgos físicos y de personalidad.

Me duele la cara de ser tan guapo

Seguimos con otra canción, “Me duele la cara de ser tan guapo”, con una letra aguda y un vídeo muy divertido:

Los guapos también nos pueden dar reparos. Una persona muy guapa puede provocar rechazo por muchas razones, la más habitual es la envidia, pero también puede deberse a leer en su rostro gestos de superioridad, de falta de empatía o de estar encantado/a de conocerse. Por tanto, ser una persona bella no es un carnet que nos coloque por encima del resto. Lo que sí es cierto es que hay estudios que demuestran que a la gente físicamente agradable le es más fácil conseguir puestos de trabajo y tener éxito, ya que llegan a obtener una “prima de belleza”.

Además de la guapura innata, vivimos en una época donde hasta la clase política viste de forma elegante y atractiva, tipo Reservoir dogs, cuando no son dechados de belleza. Cuando era pequeña parecía existir una elección: “o eres guapa o eres inteligente”. Ahora se dan mezclas interesantes de ambas cosas, gente agradable físicamente y que además es un portento en su campo. ¿Es esto más exigente? Porque antes, cuando te decantabas por uno de estos caminos a la vista de la información que recibías del exterior, podías descartar cómodamente el otro.

Pero estamos hablando de gente guapa y no estamos aclarando qué es ser una persona bella. Y esto lo rescato de un documental muy bueno que vi una vez y me dejó impactada: creando una máscara con las proporciones áureas, esta máscara se aplica a la cara de todas esas personas consideradas guapas y no a la cara de las que se considera menos guapas. Lo puedes ver entero aquí:

Uno de estos guapos es, por supuesto, Tom Cruise. En el documental también se dice que una cierta imperfección añade atractivo a estas caras. Podríamos pensar que Tom Cruise, con su nariz o sus dientes grandes, no es tan guapo, sin embargo, su cara encaja en la máscara áurea y puede permitirse sus pequeñas imperfecciones, que lo hacen más ¿humano? Utilizo esta palabra porque las caras generadas por inteligencia artificial crean una cierta tensión cuando se comparan con una cara humana real. Son tan perfectas que son siniestras.

Por el contrario, resulta imposible distinguir el deepfake de Tom Cruise del actor real. De lo siniestro pasamos a lo escalofriante:

Jeder se mira al espejo

Entonces, ¿hay que ser Tom Cruise y tener las proporciones áureas o generarlas con inteligencia artificial? Si es así, ¿cómo nos explicamos que la gente “fea” logre posiciones de éxito en la vida? Pienso que no se trata tanto de belleza objetiva como de irradiar autoestima. Y esto Eric Berne lo sabía muy bien.

Para referirse a una persona cualquiera, Berne inventó el nombre “Jeder”. En varios textos de Berne he leído que Jeder ignora lo feo que se pone cuando se pasa la lengua por los dientes. Para Jeder, es un gesto inofensivo y, sobre todo, muy disimulado. Para un observador externo, Jeder se afea mucho haciendo este gesto. La propuesta revolucionaria para la época de Berne es que la persona se grabe en vídeo y se vea haciendo distintos gestos.

En una época en la que, además de vestir mejor y pintarnos más, nos vemos constantemente en fotos y vídeos, puede pensarse que este ejercicio ha perdido su sentido. Sin embargo, puede que sea al contrario: la imagen que publicamos está filtrada, alisada, photoshopeada, seleccionada de entre varias… hasta el punto de que podemos llegar a pensar que tenemos una cara distinta a la que tenemos. Al principio, el Photoshop quedaba al alcance de los famosos en revistas y anuncios. Ahora, hay que decirle al móvil que no te filtre para poder ver la realidad.

El otro día tuve la suerte de asistir como público a una clase magistral de Antonio Canales. Él explicó que lee en el cuerpo de un bailarín si es diestro o zurdo, sus años de experiencia, si tiene hijos… Realmente, lo que transmitimos con la postura, el tono físico, la mirada, la posición de la cabeza… es casi todo. Y se puede entrenar. Por eso suelo insistir en lo bien que viene hacer teatro, o en general artes escénicas.

Volviendo al tema de la guapura y sumándolo a una postura que denote autoestima, recuerdo un detalle del documental Love, Marilyn. Norma Jeane va andando por la calle con una amiga. De pronto, le dice: «voy a transformarme en “ella”». Cambiando la postura, la forma de andar y la mirada, de pronto la gente a su alrededor se da cuenta de que Marilyn Monroe está ahí, surgida como de la nada. Hasta un símbolo sexual como “ella” cambia la percepción de los que la rodean cambiando la actitud. Lo que puede dar para otro post futuro… o no.


¿Qué opinas? ¿Piensas que en general le va mejor a la gente guapa? ¿Piensas que la autoestima está asociada con la belleza? Ya sabes, deja un comentario, comparte libremente y gracias por leer. 🙂

Solo personas

Cuando empiezas a trabajar con una organización o institución muy grande, o multinacional, puede que te sobrecoja por su tamaño e importancia. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que al final, hasta la organización más grande está formada por personas. Son personas normales y corrientes, se trata de tener enfrente a otro ser humano.

Mujer joven negra mirando a cámara
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En muchos talleres de habilidades hay un ejercicio en el que los participantes caminan por la sala y buscan a alguien. Entonces, ambas personas se miran a los ojos durante tres minutos. Cuando se experimenta esto, se da una comunicación no verbal con el otro que permite comprobar algo de sentido común:

Somos iguales.

Esto es algo que destaca frecuentemente Brigitte Champetier des Ribes en sus talleres.

Pues eso mismo puede hacerse con las personas de las grandes instituciones. En realidad no te relacionas con todas las personas de la organización, eso no sería manejable; te relacionas con una o varias personas, no demasiadas. Y se descubre que, mirándose a los ojos, la naturaleza humana de ambas se revela.

Como esto no siempre es posible, podemos hacerlo internamente, imaginando a esa persona delante.

Esto ayuda enormemente a varias cosas: a darse cuenta de que el tipo de males que nos asolan son similares, que los ricos también lloran, que tenemos frustraciones parecidas y el mismo tipo de sueños, que el malo no es tan malo ni el bueno es tan bueno. Al fin y al cabo, solo somos dos personas, dos seres humanos imperfectos, que se relacionan.

Cuando el otro es igual que tú

Verse igual a otra persona permite:

  • Dejar de lado el exceso de importancia que cada persona trata de darse
  • Dejar de creer ser el ombligo del mundo
  • Sentir compasión por las circunstancias del otro, que podrían ser las propias
  • Relativizar los errores que comete la persona a la que miro: yo también podría cometerlos, yo también soy imperfecta

Eric Berne señala cómo en un primer momento dos personas se ven con claridad, en los primeros diez segundos, para después hacer una actuación de Oscar superponiendo una careta sobre la propia esencia. Cada persona hace lo mismo: primero ve al otro y se deja ver, después se oculta y se olvida de lo que ha sabido sobre la otra persona. Por eso el ejercicio que se hace en los talleres es sin hablar, solo mirada, porque ahí no hay careta posible, salvo en algunos grandes artistas de la Academia.

El protocolo y la tele

Quizá lo que más me impone a mí es el protocolo. Veo estas series como The Crown o House of Cards y es el protocolo, las formas y los uniformes lo que establece las relaciones y jerarquías entre las personas en ese contexto, de manera que el ejercicio de mirar a los ojos es difícil o está prohibido. Y puede que incluso si se pudiera hacer con personas como la Reina de Inglaterra, ahí estaríamos ante una persona tan entrenada en ocultarse que no la podríamos ver. En todo caso, no dejaríamos de estar ante un semejante, otro ser humano, otra persona.

Otra cosa que puede pasar es que el aura o carisma de una persona muy famosa nos impida verla como persona. Los grandes famosos que vemos siempre en pantallas también son personas, son seres humanos muy parecidos a cualquiera. Pero si los vemos fuera de las pantallas, si nos los cruzamos por la calle, su aura nos puede obnubilar, su carisma nos puede impresionar tanto como si fuesen seres superiores. Ya he contado alguna vez que yo he conocido a una persona muy famosa cuando no lo era y luego lo empezó a ser. Ya tenía ese carisma que atraía las miradas sobre ella, ya era un poco diferente al resto. Pero no dejaba de ser otra persona más, otro ser humano.


En definitiva, sea por pertenecer a una gran institución o de mucho prestigio, sea por tener una jerarquía muy alta que obliga a un protocolo o sea por ser “famosa”, una persona nos puede parecer “otra cosa” mientras no hagamos o visualicemos el ejercicio de mirarla a los ojos, hasta poder ver, simplemente a “uno cualquiera”.

¿Qué opinas? ¿Hay personas o situaciones que te imponen mucho? ¿Cómo te sientes ante grandes organizaciones o instituciones? Como siempre, te agradezco mucho que leas y compartas libremente.

Pequeños trucos

El otro día leí un tuit que me gustó y me dio que pensar:

Tuit de Bea (@bvlba) que dice: La vida es como usar excel, crees que sabes pero no.

Después de muchos años aprendiendo sobre habilidades, empatía, asertividad, emociones, Tai Chi y Chi Kung, gestión del estrés, mindfulness, constelaciones familiares, análisis transaccional… no puedo estar más de acuerdo con el tuit de Bea: crees que sabes sobre la vida, pero no.

Incluso a veces escucho en mi pensamiento eso de:

Solo sé que no sé nada.

Sócrates

Es un efecto curioso, ¿verdad? Es como la biblioteca de libros no leídos de Umberto Eco que menciona Nassim Taleb: es claramente mayor que la de libros leídos y, cuanto más se sabe de un tema, más títulos sin leer se encuentran sobre él. Sobre esta “antibiblioteca” podéis leer un artículo muy bueno de Cristian Vázquez aquí.

A los 25-30 años pensaba que tenía todo muy claro. Impartía formación presencial en habilidades de todo tipo, e incluso impartía taichí, y me parecía que comprendía de qué va la vida y qué teclas apretar para que todo fuese bien.

Titulación frente a experiencia

Después, a partir de los 31 y debido a una crisis vital importante, o mejor lo llamamos por su nombre, a una enfermedad crónica importante, fui dándome cuenta de que no sabía lo suficiente. Empecé a prepararme más en las áreas que he citado, principalmente en constelaciones familiares y gracias a Insconsfa. Fui descubriendo mucho sobre mí, aquello que obvias porque parece estar escrito en un lenguaje ajeno, pero que un observador externo agudo puede ver.

Y ahora que ando por los 46, veo que gran parte de la preparación teórica sirve de muy poco, que lo que ha contado realmente ha sido lo experiencial, tanto en constelaciones, sí, como en actividades “lúdicas” de las que también se aprende sobre la vida, y sobre todo viviendo, enfrentándose a lo que la vida propone. Experiencial y preverbal: mucha “sabiduría” no está verbalizada, no son frases y sentencias grandilocuentes, es un saber que está ahí, una especie de intuición sin palabras.

Se sigue valorando la titulación, puede que cada vez más. Y también es verdad que se valora la experiencia: es la única que realmente demuestra que una persona puede hacer una tarea concreta con destreza. Seguramente, la persona que ha ascendido por su experiencia conoce la teoría de su sector, sin embargo, no necesariamente ha tenido que leerla en cientos de libros, sino que la ha ido adquiriendo a través de su acción.

En la vida me ha sorprendido encontrarme con personas que saben mucho de lo que he estudiado, pero lo saben porque lo han observado en la realidad: yo me inclino ante eso. Son personas prácticas, que tienen los ojos abiertos, que ante las incógnitas de la vida lo que hacen es tomar el presente y seguir adelante, sin preocuparse demasiado por no saber las teorías que pueden estar detrás, pero sacando conclusiones que solo pueden derivarse de vivir el presente intensamente.

Un ejemplo cinematográfico es el personaje de Moustache en Irma la dulce, del que ya hemos hablado antes. Moustache observa la realidad desde detrás de la barra de su bar, conoce cómo funciona la vida, no juzga, simplemente comprende que el mundo es imperfecto y tiene un saber intuitivo sobre lo que va a funcionar y lo que no. Es verdad que este personaje tiene mucho bagaje, constantemente pone ejemplos de lo que experimentó en distintas profesiones, algunas de mucho prestigio: son esos pequeños trucos que se aprenden por estar ahí.

Camarero Moustache, personaje de la película Irma la dulce

Pequeños atajos

No sabemos Excel, pero sí conocemos pequeños atajos, trucos que sirven para manejar este software y conseguir lo que necesitamos de él, en ocasiones con grandes esfuerzos intelectuales. No sé si esto nos permite hacer tablas dinámicas, pero al menos nos defendemos.

Con la vida creo que pasa lo mismo, que aprendemos trucos o pequeños saberes, humildes, que incluso pueden aplicarse en varias áreas distintas. Así, nos damos cuenta de que los grandes y transformadores eventos de nuestra vida nos marcan temporalmente. Con el tiempo, nos adaptamos a la nueva realidad y volvemos a los viejos hábitos. Pero por ese duro camino hemos adquirido algunas herramientas que podemos utilizar para situaciones distintas.

Aquí algunos consejos de Moustache (el vídeo está en inglés): el mundo está lleno de oportunidades.

Cuestión de tiempo

La semana pasada hablábamos de lo que se experimenta en el momento presente, el ahora. Y recibí un vídeo relacionado con ello, está más abajo. El vídeo añade la variable del espacio, describiendo el continuo espacio-tiempo, el “ahora y aquí”. Introduce la teoría de la relatividad dando distintos ejemplos. También muestra cómo el cerebro trata de anticiparse a lo que va a suceder, pero no siempre acierta.

Os recomiendo ver el vídeo, es interesante y está muy bien contado. Además, utiliza el humor, algo que valoro mucho porque no es necesario ser mortalmente aburrido para explicar un concepto (de hecho, es contraproducente):

Una de las cosas con las que no estoy de acuerdo con el vídeo es que el momento presente, el “ahora”, sea poco importante en relación con otros momentos anteriores o posteriores. Según vemos en el vídeo, el ahora de cada persona es ligeramente distinto según su punto de referencia. Además, el cerebro crea un “ahora” a partir de los estímulos recibidos y por tanto en realidad es un ahora pasado. Vale, esto es física, esto es neurociencia, no se puede cambiar.

Además de lo anterior, también es verdad que si una persona quiere hacer cualquier cosa, es decir, quiere actuar sobre su vida, solo puede hacerlo en el momento presente, incluso si es un presente con retardo. Desde luego, no puede actuar sobre su pasado: puede que la información del pasado esté intacta en el universo, pero el humilde mortal no accede a ella. ¿O sí puede? Una persona puede actuar sobre su pasado desde el presente, por ejemplo, deshaciéndose de mandatos inscritos en su guion de vida a una edad muy temprana. Tampoco puede actuar sobre el futuro. Puede proyectar, desear o planear, pero la acción solo se puede producir ahora.

Distintas percepciones del tiempo

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El vídeo habla de cómo percibe el tiempo el cerebro humano, pero no compara percepciones subjetivas del tiempo. Esto me interesa más. Los ritmos de cada persona son distintos, no solo hay personas más diurnas o más nocturnas, sino que hay personas que se mueven más lento y personas que se mueven más rápido por la vida. Hay personas que necesitan reposar, otras personas necesitan desconectar del mundo viendo la tele durante horas, otras personas se involucran en una actividad intensa tras otra y otras se lo pasan bien haciendo varias cosas a la vez… Unas personas duermen mucho, otras duermen poco. Para unas personas, los días se pasan muy lento, para otras, demasiado rápido.

Conozco personas que afirman que nunca se acostumbrarán a madrugar para ir a trabajar, tras años y años de hacerlo, mientras que otras personas “no son nadie” a partir de las 4 de la tarde.

El estado de flujo

El aspecto que más me ha atraído siempre sobre la percepción del tiempo es la vivencia subjetiva de la repetición. Hemos hablado más de una vez del día de la marmota, por ejemplo. O de la urgencia del tiempo con la que viven algunas personas, como vivía Punset.

En realidad, el ser humano oscila entre la tensión y el aburrimiento. A la estrecha franja entre ambos le han llamado flow, estado de flujo, o fluir. ¿Puede provocarse la vivencia de estas experiencias en las que todo parece fluir? ¿De qué depende? El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi ha estudiado la composición de estas experiencias autotélicas o de flujo (flow).

«Son situaciones en las que la atención puede emplearse libremente para lograr las metas de una persona, porque no hay ningún desorden que corregir ni ninguna amenaza para la personalidad de la que haya que defenderse».

Mihály Csíkszentmihályi

Estas experiencias de flujo se dan cuatro veces más cuando se está trabajando que en actividades pasivas de ocio, ya que el flujo es el resultado de combinar habilidades y desafíos de forma proporcionada. Otro ejemplo es que es más fácil entrar en estado de flujo cantando o bailando que solo escuchando una música. En otras palabras: el estado de flujo se produce en el momento presente (aquí y ahora) y en la acción (no en la pasividad).

Si los desafíos son desproporcionados, surge la ansiedad. Si por el contrario las habilidades superan a los desafíos, surgirá el aburrimiento. En medio de ambos está el canal de flujo, que para Csikszentmihalyi refleja el disfrute, y por ende la felicidad.

¿Cuáles son los elementos que caracterizan el estado de flujo?

Los individuos que lo han experimentado lo describen de la siguiente forma:

  • Tienen metas claras durante la actividad, saben qué tienen que hacer en cada momento. Y saben si lo están haciendo bien, reciben información o feedback de forma continua.
  • Ni fácil ni difícil: no existe ansiedad por desconocer la tarea o encontrarla difícil, y sin embargo no es lo suficientemente fácil como para resultarnos aburrida.
  • Tienen toda la atención en la tarea, por lo que su consciencia está dedicada únicamente a esta actividad. Así, disminuye la autoconsciencia, es decir, son menos conscientes de la propia existencia, de su yo. De alguna manera el yo se hace más universal al diluirse en la actividad. Además, existen pocas posibilidades de ser distraídos, ya que, al estar concentrados en el presente, en el aquí y ahora, el cerebro funciona al máximo con un mínimo de energía, de forma eficiente.
  • No tienen miedo al fracaso. La preocupación por fracasar en la tarea nos sacaría de forma inmediata del estado de flujo. Centrados en la tarea, no cabe pensar en que salga mal.
  • La actividad es un fin en sí misma, es decir, tiene sentido en sí, aunque luego pueda utilizarse su fruto para otras actividades. Si conseguimos que todas las actividades que realizamos tengan sentido por sí mismas, podremos sentir que merece la pena el tiempo que les dedicamos.
  • Se distorsiona su sentido del tiempo. ¿Cuántas veces nos ha parecido que el tiempo pasaba volando, justo cuando mejor lo estamos pasando? En el estado de experiencia óptima, el tiempo deja de ser el del reloj para cobrar una dimensión subjetiva en la que se percibe un transcurso del tiempo más rápido del habitual. En ocasiones, también se describe en el estado de flujo lo contrario: una acción que dura segundos parece hacerse eterna. Por ejemplo, le ocurre a un bailarín que realiza una pirueta.

De nuevo el tiempo… No solo cada persona percibe el tiempo de una forma distinta y esto se puede medir, sino que la misma persona puede percibir el tiempo de forma distinta según la actividad que esté realizando.

Entonces, ¿fue real?

Si analizo desde el punto de vista del estado de flujo mi encuentro con Darth Vader en la RV (realidad virtual), diría que la experiencia cumplió todas las características del estado de flujo. ¿Fue real? ¿Qué opinas?


Agradezco a mi hermano que me enviase el vídeo sobre “¿Cuándo es ahora?” y, como hoy es su cumpleaños, le regalo esta reflexión. ¡Felicidades, Luis!

¿Es real la realidad?

Voy a utilizar el agudo título de una de las obras de Paul Watzlawick para hablar de esto: qué es “real” y qué no lo es. En concreto, me gustaría contraponer la experiencia directa con las experiencias “no directas”: imaginadas, soñadas o vividas en un mundo virtual.

Varios maestros espirituales, autores de mindfulness y gurús ponen el mismo ejemplo: si eres capaz de imaginar vívidamente cómo chupas o muerdes un limón, salivarás a pesar de que no hay un limón real. La experiencia es imaginada pero tu cuerpo responde a ella como si fuese real. Pues bien, lo que dicen los místicos es que esta forma de vivencia nos aleja de despertar a la realidad, a la experiencia directa de lo que es.

Por poner un ejemplo, Osho dice que para caminar hacia la iluminación has de empezar a estar más alerta de tus acciones, tus relaciones, tus movimientos y tu respiración. Observar la respiración puede ayudar a entender la confianza: confías en que vas a continuar respirando, recibiendo vida al inspirar. La confianza es parte de la vida, del amor, está en cada una de tus células. Al estar más alerta, te haces consciente del hecho de que solo hay una cosa que puedas llamar tuya, y es el hecho de observar, el observador. Cuando te haces consciente del observador, desaparece el “yo” y solo queda el hecho de observar. Esa observación es la meta del camino de iluminación.

Imagen de 4144132 en Pixabay

Por otro lado, en el post anterior hablábamos de cómo Milton Erickson se había estimulado a sí mismo por medio de autohipnosis para trabajar sus músculos cuando quedó paralizado por la poliomielitis. Lo que hizo fue evocar recuerdos de la actividad muscular de su cuerpo. De esta manera, poco a poco ajustó sus músculos y fue recuperando el control de partes de su cuerpo, hasta que pudo hablar y usar sus brazos (puedes leer esto en la página de Wikipedia sobre Erickson en inglés). Estos recuerdos eran de experiencias reales, pero evocar un recuerdo no es lo mismo que tener la experiencia en el momento presente. Aun así, vemos que este trabajo funcionó.

Por tanto, cabe preguntarse por qué la experiencia directa es superior o más deseable que la “indirecta” para el conocimiento de la realidad. Es más, ¿es posible tener una experiencia directa de la realidad?

Percepciones

¿Percibimos las cosas tal y como son? ¿Por qué algunas cosas llaman nuestra atención y otras no? ¿Percibe el ser humano solo lo que es necesario para su supervivencia?

La percepción es algo muy diferente a un fenómeno pasivo en que nuestros sentidos captan elementos de la realidad que después se procesan en la mente. Al contrario, las características de cada persona harán que perciba unos estímulos u otros, que preste más atención a determinados estímulos, o que minimice otros.

En este sentido, la percepción es un proceso activo, en que la mente realiza un trabajo que va más allá del papel de espectador. Para el neurólogo Antonio Damasio, cuando llegamos a la edad adulta todos los estímulos provocan alguna emoción (estímulos emocionalmente competentes).

Así, más que percibir la realidad, creamos en la mente copias de ella acordes con la agudeza de nuestros sentidos. Cabe aquí uno de los pilares básicos de la programación neurolingüística (PNL), que afirma que «el mapa no es el territorio», puesto que recoger en un mapa todos los accidentes del terreno, nos llevaría a usar un mapa de escala 1:1, o al menos tan grande que resultaría inservible.

Percibir es un proceso de supervivencia: percibimos porque esto ha servido evolutivamente para asegurarse la supervivencia. El hecho de que lo percibido sea filtrado de forma inevitable por nuestras estructuras cerebrales es algo que también es adaptativo. Los seres vivos más simples también perciben, pues cuentan con dispositivos para encontrar fuentes de energía, mantener su equilibrio químico, conservar su organismo o reparar los daños físicos.

Además, percibir es un proceso selectivo, no solo por la limitación de nuestros sentidos o por la subjetividad de cada individuo, sino porque realizamos una selección activa de determinados estímulos por medio de la atención. Prestamos atención a unos estímulos e inhibimos otros en función de factores externos, como la cercanía al estímulo, su tamaño, color, o movimiento, y factores internos, como el interés o la motivación que tenemos en él.

Creencias y prejuicios

Hace poco decíamos aquí que nos aferramos a las creencias para seguir explicando la realidad de manera que responda a ellas. Estas creencias están instauradas en nuestra mente como si fuesen programas de ordenador. Limitan lo que se percibe o hacen que se interprete de una forma concreta. Desde este punto de vista, lo que entendemos de la realidad con unas creencias puede ser exactamente lo contrario de lo que entiende otra persona con otras creencias. ¿Quién tiene razón? Tiendo a pensar que ambas tienen parte de razón y ambas están equivocadas. Es como mirar un cilindro desde dos perspectivas distintas y no tener la habilidad de ver en 3 dimensiones. Proyectado en el plano, un cilindro es un círculo o es un rectángulo: ambas cosas son parcialmente ciertas para explicar la realidad del cilindro.

Realidad virtual

Hace unos días me puse por primera vez unas gafas de realidad virtual. Y me quedé impresionada. Porque estaba en otro mundo que yo sabía perfectamente que no era “real”, sin embargo, no podía evitar reaccionar a él como si lo fuese. En particular, “pude volar”. Estaba de pie, pero la sensación de estar sobrevolando una ciudad era muy intensa. De hecho, cuando me choqué un par de veces contra los edificios, eso también fue bastante real.

También vi a Darth Vader. De pronto apareció a lo lejos y se fue acercando, se acercaba y yo retrocedía: Darth Vader, ese señor oscuro, altísimo, grande y con un casco que tapa su cara. Ese señor se acercaba y me habló, creo, me alargó una caja y yo con unas manos virtuales que se veían en este mundo alternativo cogí esa caja. En ese momento estaba tan absorbida por la situación que Darth Vader mismo me habría podido tirar al suelo sin empujarme. Otros personajes de ese juego también estaban demasiado cerca, en un espacio cerrado tipo nave, y empecé a sentir claustrofobia. La principal diferencia con el cine en 3D era que me miraban, me hablaban a mí y respondían a lo que yo hacía en ese entorno.

¿Eso era real? Estaba ocurriendo en el presente, un presente alternativo, una especie de sueño vívido. Como también apuntamos hace poco, la realidad virtual se utiliza para hacer simulaciones y aprender a reaccionar en situaciones que es muy caro o complicado producir. En este sentido, el cerebro no solamente responde a los estímulos que proceden de un entorno simulado, sino que las redes neuronales refuerzan aprendizajes prácticos a partir de estas situaciones.


Yo concluiría que, si la experiencia sirve, se englobe dentro de las herramientas tan variadas que tiene nuestra mente. Si sirve para relajarse, para visualizar una meta, para jugar o para entrenarse en una habilidad, esta experiencia merece ser vivida. Si la experiencia nos aleja de los demás, nos impide tener contacto con “la otra realidad del cilindro”, entonces la podemos modificar. Por último, si realmente buscamos tomar la pastilla roja, como en Matrix, es otro camino para el que lo mejor es hacer nada, tal como reflejó San Juan de la Cruz en la subida del Monte Carmelo.

Y los sueños ¿sueños son?

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Las ruinas circulares. Borges

Alguien me sugirió que escribiese sobre los sueños en este blog. No había pensado que pudiera formar parte de lo que estoy tratando últimamente, pero de pronto recibí un regalo: Fundación Telefónica daba una conferencia sobre los sueños como parte de su ciclo Repensando el mañana: ¿Para qué soñamos?

Mujer durmiendo en la cama, tal vez soñando
Imagen de Claudio_Scott en Pixabay

Sidarta Ribeiro y Mariano Sigman mantuvieron una charla con la periodista Pampa García Molina sobre el tema, tomando como base el libro El oráculo de la noche, de Sidarta Ribeiro. Y lo que hablaron en ella los neurocientíficos invitados me acabó de convencer de tratar sobre los sueños ahora.

Comienzo por el final: me sorprendió positivamente cómo el autor del libro, un neurocientífico, daba valor a toda la tradición ancestral, esotérica y psicoanalítica del análisis de los sueños.

Recuerdos y proyección de futuro: los dos componentes de los sueños

Los sueños son producto de la actividad de las neuronas. No son solo recuerdos, sino que se involucra al sistema de recompensa del cerebro (deseos y miedos). Sirven para forjar lo que somos y preparar el día siguiente. De esta manera, se podría decir que quien sueña menos es menos sí mismo (en palabras de Mario Sigman).

La actividad eléctrica del cerebro durante la noche es tan alta como durante el día. Es, sin embargo “otra fiesta”. Una de las explicaciones de la necesidad de soñar es que nos permite ordenar “en silencio” y asimilar lo que se vive en el día. Tiene una parte de reactivación de memorias y consolidación de lo importante, descartando el resto.

Además de ese “revivir el día”, tiene el componente de tratar de ensayar o adivinar lo que va a pasar al día siguiente, es decir, en el futuro. Esto lleva a Sidarta Ribeiro a llamarlo “oráculo probabilístico”: con el ayer imaginamos el mañana. Por tanto, hay algo de premonitorio en los sueños, se generan nuevas ideas y se juega con distintos futuros.

Vadim Zeland va más allá, afirma que los sueños reflejan acontecimientos reales que podrían suceder en el pasado o en el futuro. Así, las imágenes que vemos parecen pertenecer a un mundo aparte, lo que descartaría que los sueños imiten la realidad. En ese caso, la mente no inventaría sueños, los “vería”.

Volviendo a la conferencia, el sueño es una parte importante de la vida y su origen se remonta millones de años atrás. No le damos el valor que tiene, no lo ponemos al nivel de la vigilia. Aquí, Mariano Sigman mencionó Las ruinas circulares, de Borges: un hombre se propone crear a otro hombre durante el sueño, por lo que se consagra a dormir y soñar, mientras que en la vigilia tan solo se alimenta frugalmente.

Sidarta Ribeiro no olvidó mencionar a Freud y Jung, que ya trabajaron sobre los sueños.

El sueño prepara al soñador para el día siguiente. Carl Jung

Estos estudios se abandonaron por tener el enfoque subjetivo del psicoanálisis, mientras que ahora es posible retomar el tema desde el punto de vista neurocientífico.

Soñar… jugar

Los patrones cerebrales del sueño se pueden analizar, y estamos en el camino de poder ver y grabar las imágenes que se producen en la corteza visual del soñador.

Por otro lado, en el sueño, el cuerpo se separa de la cognición. Podemos volar, saltar, respirar bajo el agua, morir… Es en muchos sentidos como un juego, como una realidad virtual en la que ensayamos mientras el cuerpo se queda quieto.

Personal de la armada de los Estados Unidos usando un sistema de realidad virtual para entrenarse
021115-N-5862D-001 NAS PENSACOLA–“Virtual Reality” Navy and Marine Corps aviators receive state of the art training at the Naval Survival Training Institute aboard NAS Pensacola Fla. (Photo by PHC(NAO) Chris Desmond COMNAVCRUITCOM)

En este sentido, los sueños lúcidos son un interesante campo de ensayo: el soñador controla el sueño, es su guionista. De esta manera, tiene una actitud activa hacia el sueño, va a cazar sueños, no a ser cazado.

Pensamientos y sueños están alojados en una “malla” de neuronas. Uno de los experimentos que se han realizado es evocar un aprendizaje a partir de un olor. Primero, la persona durante la vigilia aprende una información y se relaciona con un olor, por ejemplo a rosas. Después, durante el sueño, ese olor a rosas hará que la persona trabaje sobre esa información y al día siguiente recuerde más que antes del sueño.

Interpretación de los sueños

En cuanto a la interpretación de los sueños, de nuevo Sidarta Ribeiro nos indica que no hemos de desdeñar la interpretación que se viene haciendo de forma ancestral. Lo cierto es que un catálogo de significados no resulta útil, sino que el sueño solo puede ser interpretado por la propia persona, alguien cercano o su psicoanalista. Aunque esto también se abandonó por no tener base científica, ahora se sabe que hay neuronas especializadas en personajes o entidades imaginarias, que se activan cuando los evocamos o soñamos con ellos.

Desde el punto de vista de las constelaciones familiares, el sueño utiliza símbolos, la metáfora es su lenguaje. Por tanto, solo se interpretan aquellos símbolos que piden ser escuchados, por ejemplo, sueños repetitivos o desagradables. El resto de sueños hacen un trabajo sin nuestra intervención consciente. También es interesante el análisis del insomnio, cuya causa estaría en una culpa no asumida, propia o que puede venir de muy lejos.

Puede ser interesante crear un “sueñario” para conocernos mejor. Cuando tenía 15 años pasé un verano en Irlanda. Tuve unos sueños muy extraños, y se me ocurrió llevar un diario de los sueños; no sabía que se podía llamar sueñario. Lo que sí sé desde entonces es que, cuando se experimentan circunstancias novedosas, los sueños cambian y se vuelven más creativos y apartados de la realidad. Yo los llamo “sueños siniestros“. Y esto lo estamos viviendo también en esta época.

Sueños Covid

¿Recuerdas haber soñado con las mascarillas, con las restricciones, con las personas que han enfermado, las que han muerto?

Se han hecho varios estudios sobre los sueños a partir del confinamiento del año pasado y de la situación que continúa. Lo que se ve es que se tarda un tiempo en incorporar a los sueños algo que nos resulta desagradable: se llama “represión de memorias”.

Es posible que colectivamente estemos teniendo sueños siniestros o pesadillas, esas que también reflejan el síndrome de estrés post traumático. Los sueños colectivos buscan predecir un futuro impredecible. Tal vez podamos resolver, también colectivamente, el significado de lo que soñamos, devolviendo a los sueños su importante estatus. Es justo la pretensión de Sidarta Ribeiro.


Se nos quedan muchos temas en el tintero: ¿Cuándo se sueña? ¿Cuánto dura un sueño? ¿Qué tipo de patologías pueden revelar las disfunciones en los sueños?

La visión humanística, integradora y respetuosa de este neurocientífico sobre la historia de los sueños en la humanidad me lleva a indagar más. Es posible que sigamos tratando este tema más adelante.

Go with the flow

Quieres hacer un regalo X a alguien, pero ese X no se encuentra en ninguna tienda. Lo buscas online y no hay stock. O bien lo pides por Internet y lo que llega no es lo que pedías. En cambio, ves anuncios de Y, o varias personas te hablan de Y, o incluso un Y llega a tus manos fácilmente: tal vez Y es el regalo.

¿Cómo sería tu vida si no cuentas con nada y te abres a todo?

La vida es eso que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes. John Lennon

Parece ser que John Lennon dijo esta frase. Puede que se diera cuenta de que la vida va ofreciendo un camino sobre el que podemos intervenir poco, ya que estos planes que nos ocupamos en hacer no suelen ir alineados con lo que  sucede.

No contar con nada significa no hacer otros planes, no anticipar, no agarrarse. Abrirse a todo permite ver el movimiento real de la vida, de lo que realmente sucede, soltando el agarre y dejándose llevar.

Podemos tener un objetivo, comprar X, y eso es compatible con dejar que las cosas sucedan. Al final, puede que acabemos comprando Y, o también es posible que comprar X sea acertado, pero que no sea el momento. Entonces la vida pide un ejercicio de espera, es decir, de paciencia.

¿Y cómo se rellena el tiempo mientras las cosas ocurren?

Si te das cuenta, la pregunta está mal planteada. El tiempo no se rellena, se vive. Las cosas están ocurriendo ahora. Pero mucha gente vive con esa sensación de estar esperando algo futuro mientras el presente es una mierda. No hay camino más directo para la infelicidad.

Por ello, es importante dejar de lado aquello que se espera hasta que pueda ocurrir, si es que va a ocurrir. Y esto permite dar el foco a lo que está ocurriendo en el presente, que es la única verdad. Ojo, no a lo que según nuestras ideas debería estar ocurriendo pero no está ocurriendo. No. Eso es una pérdida de energía por un lado y por otro una presión sobre la realidad que es imposible ejercer, entonces se vuelve contra la persona que trata de controlar lo que está más allá de su control. Es atender a lo que sí está pasando “como si no hubiera nada más”, porque en realidad no lo hay.

Por ello a veces es interesante pararse a observar una sombra avanzar sobre una roca. Eso ocurre en el presente.

¿Por qué la mente se fija en lo que falta?

Tal vez el origen de fijarse en lo que falta esté en el mundo animal: un animal mapea el territorio buscando dos cosas, sobrevivir y reproducirse. Sobrevivir a través de encontrar alimentos y reproducirse a través de encontrar parejas sexuales.

Cuando se quita la supervivencia de la ecuación, “lo que falta” responde a creencias: falta según lo que crees que debería estar ahí y no está. Así, podemos contrastar fácilmente que “lo que falta” no es algo universal para todas las personas, sino que a cada cual le falta algo diferente, e incluso le falta lo que al otro le sobra. Lo vimos especialmente en el confinamiento, cuando quien estaba en soledad deseaba desesperadamente compañía y quien estaba en compañía quizá anhelaba tener soledad.

Pero lo que hay es lo que hay: eso es todo. Y si es todo, no falta nada.

La mente percibe “lo que falta” como una pieza de un puzle que no está en “su sitio”. Pero si miras un paisaje, ¿podrías afirmar que falta una roca, un árbol o una rosa? ¿Cuál es el sitio de las cosas, las personas y los acontecimientos? ¿Lo tienen? ¿Lo podemos controlar?

Árboles, montaña rocosa al fondo y rosas rosas en primer plano

Solo en el momento en el que se pone la mirada en lo que se tiene delante aceptándolo como es, comienzan a surgir opciones nuevas e inesperadas en ese paisaje que al principio parecía árido.

  • La mirada en lo que no está ahí causa sufrimiento.
  • La mirada en un futuro por llegar impide recoger los frutos del ahora.
  • La mirada en el pasado solo repite lo que ya se sabía.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Sientes que falta algo en tu vida? ¿Cómo haces para adaptarte a lo que sí está en ella?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Palabras grandes, palabras pequeñas

Hace tiempo que el tema revelación para mí es “todo es más prosaico”, o también “nada es tan importante”. Por ello, voy dando pasos en quitar el exceso de importancia, empezando por mí misma.

Esto está muy bien reflejado en el final de La vida de Brian: ¿se puede desdramatizar más una situación?

El camino de lo prosaico consiste a mi entender en deshacerse de “la gravedad” de los asuntos que realmente no son graves. No poner peso. Un peso que muchas veces procede de las creencias, los prejuicios, las tradiciones… es decir, del pasado.

Uno de los personajes que inspiró muchos post de este blog, Ernie J. Zelinski, es un experto en desdramatizar, en convertir las palabras grandes en palabras pequeñas. Así, es capaz de escribir un libro titulado El placer de no trabajar u otro llamado Éxito real sin un trabajo real.

Dejar de prestar tanta atención

Reunión desenfadada en oficina

[¿Has visto qué felices están estos mientras trabajan? Seguro que han visto el vídeo de Meetings, Bloody Meetings]

Puede que el primer paso para quitar la carga de ideas, situaciones, personas o creencias sea dejar de prestar (tanta) atención. Y una manera de conseguirlo sea cambiar el lenguaje.

En el ejemplo de La vida de Brian, la situación cambia totalmente de código cuando los personajes, en lugar de prestar atención a dónde se encuentran y lo que significa, convierten el cuadro en un número musical con su pequeño baile incluido. 

El lenguaje que intensifica la atención en algo es muy categórico:

  • Siempre me pasa lo mismo.
  • Estoy totalmente sola.
  • Nadie me ayuda.
  • Todo el mundo sabe que…

Es la generalización, ya estudiada muy de cerca por la PNL.

Y luego están las palabras grandes y graves. Cada uno que escoja cuáles le suenan a grandes y a graves y que busque otras que le parezcan más cercanas, livianas, suaves.

El papel del humor

Para salir de las palabras grandes y dramáticas, como por ejemplo “enfermedad degenerativa”, hace falta una dosis de humorismo, un planteamiento del mismo tema dando un paso atrás que permita verlo y relativizar.

Eso es lo que los Monty Python hacían. John Cleese, por ejemplo, fundó una compañía de formación mediante vídeos, VideoArts, de la que ya hemos hablado en alguna ocasión, en la que se regían por un planteamiento muy simple:

La gente no aprende nada si está dormida y muy poco si está aburrida.

Así que producían vídeos tan inolvidables como Meetings, Bloody Meetings (Reuniones, malditas reuniones): si una reunión no tiene un objetivo claro y no se organiza bien, resulta una pesadilla. Esto, que parece cultura popular, se puede explicar de muchas maneras, ninguna comparable a esta:

Me gusta el apunte que hace Carlo M. Cipolla en Allegro ma non troppo:

El humorismo es la capacidad de entender, apreciar y expresar lo cómico.

No se trata de humor chabacano, ni de ironía o sarcasmo. No se basa por tanto en reírse de otras personas, sino en captar el aspecto cómico de la vida y practicarlo en el momento oportuno.

Pues dentro del camino de lo prosaico, que va de las palabras grandes a las pequeñas, está el humorismo como un gran acompañante.


¿Qué opinas? ¿Cuáles son las palabras grandes que te gustaría sustituir? ¿Cómo haces para quitar hierro a los asuntos? 

Como siempre, agradezco que me leas y compartas. ¡Grazie mille!

La urgencia del tiempo

Hace poco se emitió un programa de Imprescindibles TVE sobre Eduard Punset. En él, se habló varias veces de la sensación de urgencia con la que vivía Punset, la necesidad imperiosa de aprovechar cada minuto de su tiempo. Daba la sensación de que le faltaban horas para descubrir el mundo, algo que podía ser agobiante para los que lo rodeaban. 

«Hay vida antes de la muerte». Eduard Punset

Esta misma frase es una forma positiva de ver esta urgencia por vivir.

“Aprovecha el tiempo” es uno de los mandatos del mundo actual, el de la modernidad líquida. El tiempo jamás puede ser ocioso, no queda bien confesar que se está, simplemente, viviendo. Ni siquiera ha sido así cuando la pandemia del coronavirus ha detenido nuestras vidas: había que justificar los minutos y las horas haciendo pan, tartas, rutinas de ejercicio, compartiendo canciones…

Cuando un extraño le pregunta a un zulú, que aparentemente no hace nada: "¿No te aburres?", este le responde: "¡Pero si estoy viviendo!". No le falta nada que tuviera que dar más contenido o sentido a su vida.

Aprovechar el tiempo es también el mensaje de dos películas habituales de este blog: “Di que sí” y “Atrapado en el tiempo“.

Aceptar cada experiencia que se presenta

En “Di que sí“, el protagonista comienza diciendo que no a todo tipo de compromisos aparentemente molestos. Cambia de forma de actuar gracias a un gurú en un seminario en el que se dice que la respuesta a todo es “sí”. Es un sí a la vida ciego, más parecido a la resignación que al asentimiento consciente y adulto.

¿De qué manera cambia la vivencia del tiempo al decir a todo que sí? Como hemos visto varias veces, en improvisación decir sí equivale a permitir que la aventura continúe. En la vida, decir sí puede contribuir a llenar el tiempo, si no con urgencia, sí con riqueza o variedad (recordemos que el protagonista de esta película aprende el idioma coreano, a tocar la guitarra, da todo su dinero y su móvil a un indigente y esto le lleva a conocer a una chica…).

El protagonista cree que le ha caído una especie de maldición: piensa que si no dice que sí a todo lo que se le presenta, le va mal o muy mal. Hacer muchas cosas enriquece el tiempo del protagonista y mejora sus amistades, le abre la mente cuando dice sí a algo aparentemente horrible que se transforma en algo placentero.

Cambiar la rutina conocida por la compasión

En “Atrapado en el tiempo“, el hecho de no poder escapar del día de la marmota, hace que el protagonista primero luche y trate de cambiar los acontecimientos, después se intente suicidar varias veces y, finalmente, asuma que se ha quedado atrapado. A partir de ese momento, aprende a tocar el piano, salva la vida de varias personas y, en general, se dedica a labores filantrópicas. Además, se dedica a descubrir mediante ensayo y error cómo es la chica que le gusta y cómo conquistarla.

En esta otra película, decir que sí a esa circunstancia de vivir cada día el mismo día, lleva al protagonista a fijarse en sus semejantes y hacer algo por ellos. Elige dar, y recibe mucho a cambio.

¿Cómo se vive en el propio tiempo? 

En un caso por sentir urgencia, en otro por creer que no tiene más remedio que asentir y en el tercero por estar atrapado, los tres personajes se dedican a llenar su tiempo de una forma un tanto compulsiva.

La vivencia del tiempo es totalmente subjetiva. Tuve un profesor de universidad que decía que, en una pareja, ambos deben tener la misma percepción del tiempo para que la relación funcione (sí, lo decía en clase). Para algunas personas, el tiempo pasa como debe de pasar para una mosca: muy muy lento. Para otras, el tiempo va muy rápido, se apresuran en él como si un cronómetro les empujase a la acción frenética.

Quizá se trata de tomar conciencia del espacio-tiempo en el que vivimos. Esto implica aceptar sus límites: en qué momento hemos nacido, en qué país, qué tipo de actividades se realizan en nuestra época para llenar el tiempo y de qué forma podemos abrirnos al vacío y al silencio

En la época actual, si “te sobra” el tiempo, tienes que: aprender o perfeccionar idiomas, trabajar más, ir al gimnasio, hacer cosas más divertidas, creativas y complicadas, con y sin tu familia, etc. Es como si viviésemos en el día de la marmota: atrapados/as, solo podemos huir hacia adelante cumpliendo con miles de actividades. Esto hace que realmente a nadie “le sobre” el tiempo, y esto me lleva a los hombres grises, los de Momo, otro de los clásicos que he citado más de una vez.

No se puede ahorrar tiempo, por tanto, el tiempo que sobra “se pierde”. Pero tampoco se puede “rentabilizar” el tiempo. Lo que sí se puede es vivirlo plenamente. Y esto no significa vivirlo con urgencia, angustia o velocidad. Se puede estar viviendo plenamente mientras se hace ganchillo. Lo que pasa es que las actividades no dinámicas cada vez parecen más alejadas de nuestra vida: leer un libro (de papel), tejer, hacer una receta que lleva mucho tiempo y horas de espera, montar una maqueta… Parecen actividades propias de la jubilación. Se podrían hacer “en los huecos”, pero el ritmo que llevamos el resto del tiempo contrasta plenamente con los ritmos tan bajos de estas actividades, más propias de la vivencia de esa mosca que decíamos.

Esta urgencia del vivir actual trae enseguida su opuesto: el aumento de las prácticas de meditación, por ejemplo el mindfulness, que nos ayuda a acallar la mente si quiera media hora para tomar consciencia de la respiración, de las sensaciones corporales, del mundo que nos rodea aquí y ahora… Es posible que nos acerquemos a estas prácticas desde la urgencia: otro hueco más en la agenda para rellenarlo, vivirlo al máximo y no tener un minuto de vacío ni de silencio.

En cambio, otra forma de experimentar el tiempo es vivirlo según esta afirmación:

Tengo exactamente el tiempo que necesito.

Una frase así nos permite respirar profundamente, quizá acometer las responsabilidades con un enfoque optimista: lo voy a poder hacer en el tiempo que tengo. Esta frase también puede llevar a dejar de pensar en negativo: “nunca tengo tiempo para nada”, dedicando la energía que iba a esos pensamientos a la acción. Si una persona se compromete completamente con la acción que está llevando a cabo, probablemente la haga de forma más eficiente.

¿Has pensado probarlo? Decirte: tengo el tiempo que necesito. O, como dice Brigitte Champetier de Ribes: el tiempo es mi amigo. Ya contarás tus experiencias. Como siempre, ¡muchas gracias por leer!

Antagonistas y conflictos

Empieza una película, presentan a los personajes, se identifica al personaje principal, se tiene una idea de quiénes son y qué tipo de vida llevan. Al cabo de unos cuantos minutos, estos personajes siguen haciendo su vida normal y el espectador empieza a aburrirse. Si la situación continúa igual, la película no enganchará. ¿Por qué? Porque no hay conflicto, no hay giro de guion, no hay cambio de la situación de los personajes de mejor a peor.

Esto ya lo planteó Aristóteles en su Poética, pero no voy a hablar de Literatura, sino de la vida misma.

Entrada para el cine: antagonistas y conflictos

El antagonista

El antagonista es aquel personaje que se opone a los objetivos del protagonista. Aparece y empieza a plantear frenos y zancadillas al protagonista. Y los espectadores empezamos a divertirnos. 

¿Quiénes son en nuestra vida los antagonistas? Se trata de las personas difíciles para cada uno de nosotros/as. Si nos fijamos bien, estas personas tienen una característica, o varias, que condenamos abiertamente en la otra persona. Puede deberse a que también tenemos estas características pero no queremos darnos cuenta (ver la paja en el ojo ajeno). O bien, tienen características que nos encantaría tener, pero no nos las permitimos.

Cuando compartimos características con los antagonistas, podemos agradecer que nos las estén señalando: tanto esas personas como nosotros estamos sufriendo lo mismo y reaccionamos de la misma manera ante ello.

Cuando no es así, nos podemos preguntar: 

¿Envidio yo lo que tiene esta persona, me gustaría tener lo mismo o ser de esa manera?

Los conflictos

Avanza la película aburrida y, no solo el protagonista no encuentra a nadie que persiga un objetivo contrario o simplemente frustrar sus objetivos, sino que todo le va bien en todas las áreas: trabajo, dinero, salud, amor… Si algún espectador continúa mirando, va a agradecer que en la vida de este protagonista surja un conflicto: que le echen del trabajo, que le deje su marido, que lo pierda todo en la bolsa… ¿Acaso somos sádicos que nos regodeamos en la desgracia ajena?

No, se trata otra vez de lo mismo. Lo que observó Aristóteles es que disfrutamos cuando los personajes de una historia tienen que superar obstáculos, cuando sufren, cuando su suerte cambia.

En la vida, ocurre algo parecido. Una vida sin dificultades puede ser agradable de vivir pero muy plana y aburrida, vacía de aprendizaje y crecimiento. Las dificultades que se nos plantean son las que nos permiten desarrollar formas creativas de resolverlas. Es cuando se ponen en marcha mecanismos de supervivencia, cuando acudimos a nuestro máximo potencial.

Rechazar el conflicto

El protagonista de la película aburrida encuentra por fin un conflicto, allá por el minuto 60 y, en lugar de vivirlo, lo huye. Coge un avión y se va a la otra punta del mundo, donde continúa viviendo una vida apacible y enormemente aburrida.

Cuando se rechaza el conflicto, lo más habitual es que este crezca, porque no está resuelto. La dificultad atraerá otras dificultades, la vida se irá complicando hasta que se decida vivirla con todo lo que conlleva.

Por tanto, puede ser interesante entrar de lleno en las dificultades, saber apreciar lo que luego proporcionan. La forma más fácil de admitir que las dificultades nos ayudan es mirar atrás y revisar las que ya se han superado.


Los próximos 12 y 13 de diciembre hablaremos de las dificultades en el curso de constelaciones familiares Las fuerzas del amor, abierto a tod@s. 

Cartel del curso online Las fuerzas del amor, 12 y 13 de diciembre.