Mis cuarenta y cuatro: 2 patitos x 2

Esta semana he cumplido los 2 patitos… 2 veces. Es decir, 44.

Una bañera con cuatro patitos de goma que simbolizan el número 44 = 22 por 2

 

Es posible que me encuentre en la mitad de mi vida, es posible que me queden por vivir tantos años como he vivido, lo cual parece muchísimo, ¡y puede que hasta más!

Las tendencias “abuela Cebolleta” aumentan cuando se es más vieja que la Constitución española del 78. ¿Tanto? Yesssss…

Por otro lado, este blog cumple ya 10 años, y pienso que continuará adelante, es ya como una agradable rutina.

Y mi perra Kira cumple 12, que en términos humanos corresponde a 84: ella sí que es una abuela, con su osteoartritis y con una motivación por la vida que se contagia.

Un golden retriever color canela olisqueando la nieve
Kira en la nieve

Tener o no tener un plan de vida: esa es la cuestión

Cuando era pequeña, para mí existían tres tipos de personas: niños y niñas, señoras y señores y viejos y viejas. Es decir, iguales a mí, iguales a mis padres, iguales a mis abuelos. Por mucho que uno proyecte su vida cuando es pequeño, “de mayor quiero ser…”, no puede imaginarse la cantidad de años para los que no tenía ningún plan y ningún vislumbre. De hecho, parte de mi crisis de los 40 comenzó con la sensación de que ya estaba todo hecho y de que a partir de ahí todo iba a ser una aburrida repetición.

Ahora tengo que decir que cada vez estoy mejor. No cambiaría mi vida de ahora por ninguna etapa de mi pasado. Como decía sobre cumplir años, cada vez estoy más segura de mí misma y de lo que hago, y cada vez están más igualadas mis actividades reales con mis aspiraciones.

Conocerse a sí misma: sabiduría superior (puede que dijera o no Confucio)

Me he quitado un gran peso de encima desde que no trato de demostrar cuánto sé al redactar artículos para este blog. Esto se debe a que cada vez me parece más interesante el conocimiento personal, subjetivo, la verdadera comprensión y toma de conciencia al ir avanzando en la vida que la opinión también personal y subjetiva que puedan tener ciertos autores y que no deja de ser ajena a lo que una misma vive. Aquí estoy de acuerdo con Kris Gage.

Así que también he descubierto que, si bien puede parecerte interesante lo que lees aquí, nada va a transformar tu vida como tu propia experiencia real.

Lo que sí espero es que los lectores aprecien esta escritura más centrada: más sosegada, más fluida, menos forzada.

Todo esto ilustra un punto fundamental que he nombrado: igualar las actividades reales con las aspiraciones. Me preguntaron hace poco qué haría si me tocara el gordo de Navidad. En ese momento me di cuenta de que no tenía ni idea, y de que, cuando trabajaba en oficinas ajenas sí que me dedicaba a fantasear con lo que haría con mucho dinero, tipo dejar todo e irme a viajar, o a vivir cerca de la playa, etc.

Viviendo el día a día, sin más

No se trata de que ya no tenga ilusiones, sino que me siento a gusto con mi vida, suelo pensar a muy corto plazo, porque estoy convencida, como Nassim Taleb, de que no se puede predecir el futuro y de que se pierde un tiempo precioso al proyectar sobre aquello que está fuera de nuestro alcance. Así que disfruto de las pequeñas cosas y a veces se me olvidan los grandes anhelos de antaño.

Tampoco estoy diciendo que haya alcanzado algún estado de iluminación que me ponga por encima de esto; todo lo contrario. De hecho, hay muchas cosas que me molestan, que critico, de las que me quejo. Esas mismas que suelo omitir en este blog porque pienso que no aportan mucho, a pesar de que suelen ser buenas para conseguir seguidores que se quejan de lo mismo.

Felicitaciones varias

Ha sido interesante, como cada año, que me felicite Google. Si además una empresa se toma la molestia de crear un vídeo que te hace sonreír, pues es un gusto compartirlo:

Carátula del vídeo con que ING felicita a sus clientes

Ver vídeo de felicitación

Y quizá lo que he echado de menos han sido las llamadas de felicitación: cercanos, amigos y conocidos me han felicitado por Whatsapp y otras redes sociales, y la única llamada, claro, ha sido de mis padres, cantando el Cumpleaños feliz, porque ellos también son de la generación analógica.

En todo caso, me alegro mucho de celebrar virtual y asíncronamente mi cumpleaños con vosotros/as, y de contar con tantos sufridos lectores. 🙂

¡Gracias por leer!

 

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Otro camino para solucionar problemas

He observado que para resolver un problema existen dos caminos:

  1. Mirar al problema, verlo, estudiarlo, reflexionar sobre él, hablar a la gente del problema, describir y detallar el problema, etc.
  2. Hacer otra cosa, en otra área que no tiene relación aparente, y que curiosamente resuelve o minimiza el problema.

Y he llegado a la conclusión de que el número 2 suele ser más eficiente, aunque aparentemente sea una distracción o una pérdida de tiempo.

Una mujer joven reflexiona sobre sus problemas mientras mira unas flores

Ejemplo 1: una persona se queja de su trabajo y lo soluciona ampliando su círculo de amistades

Cuando la persona quiere resolver el problema a la antigua usanza, puede describirlo y detallarlo hasta un nivel alto de complejidad: factores que influyen (jefe, sueldo, contenido del trabajo…) , en qué medida (mucho, poco, nada), por qué este problema también se daría en otro trabajo, qué soluciones están al alcance de la persona y cuáles no…

Cuando la misma persona decide invertir su energía en otra cosa, alguien le habla de una página web donde se unen grupos de personas con intereses comunes. Se apunta, empieza a salir con un grupo de fotografía, que es lo que más le gusta hacer en su tiempo libre, y la carga de atención que tenía en su trabajo disminuye progresivamente, mientras que su tiempo libre es cada vez más enriquecedor.

Ejemplo 2: una persona siente un vacío interior y lo resuelve apuntándose a teatro

La persona de nuestro ejemplo trata primero de resolver el problema de la forma que la lógica le dicta: acude a un grupo de meditación, se apunta a un curso de mindfulness, comienza a estudiar asignaturas de psicología, se compra varios libros de diferentes psicólogos influyentes… En todas estas actividades, reflexiona sobre su vacío interior, lo describe, conecta este vacío con la actividad realizada, encuentra la descripción del vacío interior de otras personas…

Mientras tanto, en su escaso tiempo libre decide apuntarse a teatro o a improvisación. Esta persona se sorprende mucho cuando ve que, mucho de lo que ha trabajado con gran esfuerzo en las otras actividades que ha probado, se trabaja también en esta actividad, y además se divierte bastante más.

Ejemplo 3: una persona piensa que los demás no reparan en ella y se olvida de esta idea bailando

Esta persona tiene una amplia información sobre la multitud de formas en que los demás no reparan en ella: no le escuchan cuando habla, no le responden a los whatsapps, no le devuelven las llamadas, los dependientes parecen querer deshacerse de ella, por la calle nadie la mira…

En su tiempo libre, va a clases de flamenco, y luego lo practica en casa. Y cuando está bailando, le importa muy poco si alguien repara o no en ella, sin embargo, todavía no se ha dado cuenta de este hecho. Solo sabe que cuando baila se siente más grande y más “ella misma”.


 

Al final, parece que el secreto es dejar de poner tanta atención en lo que hemos llamado “problema” y empezar a ponerla en actividades enriquecedoras que parecen reducir la importancia y el dramatismo que hemos dado antes a un tema.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Sientes que cuando te dedicas a otra cosa, tus problemas son menores? ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías esta entrada?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

Cuando tu enemigo eres tú

Siguiendo con la idea de que albergamos dentro a un verdugo capaz de tratarnos como el peor Torquemada, este artículo trata de aquell@s que encuentran fuera de sí mismos/as la confirmación de un pensamiento interno bastante destructivo:

Yo no soy capaz.

Timothy Galwey, entrenador deportivo y antecesor del coaching, descubrió que es más importante vencer al contrincante interno que al externo. El contrincante interno es el depredador natural de la psique, y vamos a tomar para su descripción al depredador que describe Clarissa Pinkola Estés en relación al cuento de Barba Azul.

Recordemos el cuento:

Barba Azul se casa con la menor de cuatro hermanas, una jovencita que se siente atraída por esa extraña barba azul, que al mismo tiempo le da cierto reparo. La condición única para la recién casada es que jamás utilice una de las llaves de la casa, que corresponde a una habitación siempre cerrada. Pero ella, movida por la curiosidad, consigue encontrar esa habitación, y descubre con horror que contiene los cadáveres de las anteriores esposas de Barba Azul.

La imagen muestra un hombre con barba en tonos azuladosEs interesante destacar la fuerza del depredador natural en nuestra mente, dado que es innato, es inherente a todos los seres humanos desde que nacemos. Tanto fuera de nosotros/as (en forma de personas críticas y reprobadoras) como dentro, existe una fuerza negativa que se contrapone a nuestro yo, al deseo de alcanzar metas, de llegar lejos, de crecer como personas. Para frenar al contrincante interno es necesario conservar las facultades instintivas: perspicacia, intuición, resistencia, percepción, etc.

Lo primero es reconocer la figura de este saboteador de nuestros proyectos. Es común saber identificarla fuera de nosotros/as en personas que nos limitan, nos imponen restricciones, nos recuerdan de continuo nuestros puntos débiles. Lo importante es tomar consciencia de que, si hemos asumido a estas personas como jueces o autoridades sobre nuestra persona, es que algo dentro de nuestra mente, el depredador, se alinea con esas voces y les da la razón, echando por tierra nuestro poder.

¿Qué es lo que nos convierte en vulnerables a esta figura negativa?

Según Clarissa Pinkola Estés, son elementos clave la falta de consciencia junto con cierto hábito adquirido de no ver aquello que nos es perjudicial. Si en nuestro aprendizaje de niños/as se nos enseñó a no estar alerta ante figuras que nos saboteaban, e incluso se nos enseñó a respetarlas y a verlas «bonitas», es muy posible que de adultos desarrollemos una indefensión ante la vida. Es una pauta destructiva, puesto que buscamos fuera estar en consonancia con personas, creencias e ideologías que están de acuerdo con nuestro contrincante interno.

¿Cómo mantenemos al depredador a raya?

Siguiendo a Pinkola Estés:

Formular la pregunta adecuada constituye la acción central de la transformación. (…) La pregunta clave da lugar a la germinación de la consciencia. La pregunta debidamente formulada siempre emana de una curiosidad esencial acerca de lo que hay detrás. Las preguntas son las llaves que permiten abrir las puertas secretas de la psique.

Esta pregunta, en el cuento de Barba Azul, hace referencia a la habitación a la que la nueva esposa del depredador tiene prohibida la entrada. «¿Dónde crees que está la puerta y qué crees que habrá detrás de ella?». De la misma forma, necesitamos preguntarnos por la puerta que está encerrando la evidencia del autosabotaje, de la indefensión, de la incapacidad psicológica, del miedo. Otras preguntas en esta misma línea son:

  • «¿Qué hay detrás? ¿Qué es lo que no parece?»
  • «¿Qué sé en lo más hondo de mí y no quiero saber?»
  • «¿Qué parte de mí ha sido “asesinada” o yace moribunda?»

Responder a estas preguntas puede ser doloroso. Supone el acceso a aquello que ha sido descartado, reprimido o eliminado de la propia vida por el saboteador. Supone tomar consciencia de lo perdido, de las oportunidades dejadas atrás, y tal vez de estar viviendo un presente acorde con los instintos del depredador. Sin embargo, si no nos enfrentamos a nuestro contrincante interno (y al externo), es seguro que no alcanzaremos nuestros objetivos, abandonaremos ante el primer obstáculo, nos convenceremos de lo que creemos que es una limitación.

Se puede destruir al depredador replicando sus afirmaciones, que siempre serán distorsiones:

DEPREDADOR: «Nunca terminas lo que empiezas»

YO POSITIVO: «Eso es falso. A veces lo termino, y a veces no»


DEPREDADOR: «No tienes talento, no tienes tiempo, no vales para nada, no sabes cómo se hace…»

YO POSITIVO: «Encontremos la manera. Tengo mucha fuerza interior, yo puedo con ello. ¿Por qué no?»

Por tanto, no busques a quien confirme tus debilidades, a quien te haga ser menos, a quien limite tu capacidad infinita. Empieza a buscar el amor con tu parte positiva, con tu parte creativa y consciente. En otro sitio no podrás hallar amor, sino dependencia, y muy insana.


¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Este artículo es un extracto del originalmente publicado en el Boletín de la Asociación Española de Tai Chi Xin Yi en marzo de 2010.

La Mujer Salvaje

Hoy traemos a la Mujer Salvaje, esa parte instintiva animal y femenina que se esconde “allá abajo”, que nace de los ovarios y que, cuando está sana, nos permite vivir la vida con profundidad, sirviéndonos de lo intuitivo, lo sexual y lo cíclico. Es la voz que dice «¡por aquí, por aquí!», o más bien, lo canta.

También se la conoce con otros nombres: La Loba, la que sabe, la huesera, la vieja…

(Seguimos en todo caso a Clarissa Pinkola Estés)

En la imagen aparece una loba, uno de los nombres alternativos de la Mujer Salvaje

No identifico a la Mujer Salvaje en mí

Es posible que tu acceso a esta potencia creativa se haya perdido, pero la Mujer Salvaje nunca muere, simplemente puede estar apartada, arrinconada, escondida en una cueva… esperando a su oportunidad para volver a cantar con su canción única: algo como “decir cuatro verdades”.

El nombre que Clarissa Pinkola Estés ha elegido, “Mujer Salvaje”, busca llamar a la puerta de estas profundidades que se han ido quedando enterradas cuando no las visitamos.

Otra experta en estos temas es Miranda Gray, a quien ya hemos tenido de invitada en este blog hablando de los tabúes alrededor del ciclo menstrual.

En su libro Luna roja, Miranda Gray ahonda en el arquetipo de la Mujer Salvaje describiendo cuáles son sus riquezas en cada fase del ciclo menstrual, un ciclo de Vida/Muerte/Vida que conlleva una serie de sensaciones, vivencias y comportamientos si se deja que nos influya y nos lleve.

Luna roja comienza de una forma muy significativa:

En la sociedad moderna, el ciclo menstrual se experimenta como un fenómeno pasivo del que solo se admite su “aparición”, ya que todo el proceso restante se ignora o bien se oculta.

Cuando se pierden los instintos, cuando nos separamos de nuestros ciclos, ocupan su lugar el trabajo intelectual excesivo, la agresividad, la domesticidad, la inercia o el aburrimiento. Todos ellos son indicadores de que La Loba se ha retirado a su cueva y se nos ha hecho más inaccesible.

Esto puede ocurrir cuando nos enfrentamos a las rigideces de una sociedad demasiado civilizadora, cuando nos dejamos llevar por prohibiciones heredadas en lugar de por permisos que nos abren a más vida o cuando nos acomodamos en la rutina al precio de perder el contacto con lo más espontáneo que llevamos dentro.

La potencia de la Mujer Salvaje

En cambio, cuando una mujer está en la salud y en la vida, es robusta, poderosa, consciente de su propio territorio, plena en su propio cuerpo, con acceso a su creatividad y a sus instintos, en constante movimiento para adaptarse a los cambios constantes.

La Mujer Salvaje es la vida, incluso esa vida que en algunas mujeres es secreta, y que corre como un “río bajo el río” de pensamientos y sentimientos lujuriosos y salvajes.

Uno de los nombres de la Mujer Salvaje es la huesera: ella reúne los huesos que han ido quedando aquí y allá hasta formar un todo, un esqueleto, y entonces canta la canción que lo devolverá a la vida. Los huesos representan la fuerza indestructible. Es una imagen potente: por perdida que esté una facultad, por desconectadas que estemos del arquetipo que mora en nuestro interior, existe una manera de reunir los huesos y devolverles la vida.

La Mujer Salvaje está en contacto con la tierra, le gusta hundir sus manos en la tierra para plantar semillas o trasplantar cepas, o bien para crear una figura; a muchas les gusta pisar la tierra descalzas, en contacto con la Madre Tierra.

El camino hacia la Mujer Salvaje

¿Cuándo se está manifestando la Mujer Salvaje en nosotras? Existen tres caminos para encontrarla:

Creación

Todas las tareas de creación de algo nuevo, especialmente la de tener hijos, son de la Mujer Salvaje. La creación se extiende a las tareas que yo llamo “desestructuradas” por tener componentes descontrolados, de improvisación o inesperados, como bailar, escribir, leer, dibujar, pintar, hacer collage, hacer teatro, cantar, tocar un instrumento, hacer cerámica…

Introspección

Clarissa Pinkola Estés propone una serie de preguntas de reflexión que pueden conducir hacia su poderosa fuerza instintiva a una mujer que se siente como desdibujada. Son estas:

  • ¿Qué ha ocurrido con la voz de mi alma?
  • ¿Cuáles son los huesos enterrados de mi vida?
  • ¿Cuál es mi relación con el Yo instintivo?
  • ¿Cuándo fue la última vez que corrí libremente?
  • ¿Cómo conseguiré que la vida vuelva a cobrar vida?
  • ¿Adónde se fue La Loba?

Relatos

Además, un camino muy rico de información está en los relatos. Los cuentos y relatos que más nos han influido de pequeñas pueden ser muy significativos para explicar la historia “de los huesos” que nos hemos ido dejando enterrados más atrás.

Algunos de los cuentos más estudiados en este sentido son Barba Azul, Las zapatillas rojas, El patito feo, Cenicienta, Blancanieves, Hansel y Grettel… por citar tan solo algunos.

¿Cuál es el tuyo?


Miranda Gray organiza meditaciones del útero con frecuencia. Aquí tienes una página en español sobre el tema.

Una versión más extendida de este artículo se va a publicar en el boletín de la Asociación Española de Taichí Xin Yi.

Normalizar la locura

Hace poco volví a ver Misery, y ahora estoy releyendo este best-seller de Stephen King. Si no conoces la historia (alguien habrá) te aviso de que esto es en parte un spoiler.

Libro Misery de Stephen King sobre una máquina de escribir "Royal", sin la letra N en su teclado.

Bien, estoy como a mitad del libro, cuando el escritor Paul Sheldon se ha adaptado a la vida con Annie Wilkes… Es decir, el escritor, que está preso y sin posibilidad de huida en casa de una paranoica, lo que parece ser que ahora se llama tener un “trastorno delirante“, se ha acostumbrado a vivir con ella. Y la pregunta es: ¿cuántas veces nos acostumbramos a vivir situaciones inadmisibles y nos hacemos a ellas? 

Esto es lo que describe la novela al respecto:

A las cinco, ella le servía una cena ligera y veían M*A*S*H y WKRP en Cincinnati. Cuando terminaban, Paul escribía. Luego, rodaba la silla lentamente hasta la cama. Podía ir más deprisa, pero era mejor que Annie no lo supiera. Ella le oía, entraba y le ayudaba a acostarse. Más medicina y puf, apagado como una luz. Al día siguiente, lo mismo. Y al otro igual. Y al otro.

Parece describir la cotidianidad de un matrimonio que lleva unos cuantos años de pacífica convivencia…

¿Cómo se mide si una situación es normal o no?

Por otro lado, ¿dónde está la franja de lo que deja de ser normal? Cualquiera que conozca la estadística, te dirá: “allá donde se sitúan los fenómenos raros en la campana de Gauss, es decir, a los lados”. Y el que no la conozca, te dirá: lo que se aleja demasiado de lo que es “normal”.

Esto, que está perfectamente estudiado, puede resultar sin embargo un poco subjetivo, delicado o sujeto a modas…

Si buscas la definición de “delirio“, lees:

En psicopatología se define delirio como una creencia que se vive con una profunda convicción a pesar de que la evidencia demuestra lo contrario.

Es una definición especial: ¿una creencia que se vive con una profunda convicción? ¿Una creencia que no pasa el filtro de la evidencia? Si le damos la vuelta a esto, podríamos pensar que ninguna creencia firme pasa el filtro de la evidencia. Las creencias son casi lo contrario a la realidad, son lo que elegimos ver para protegernos de lo que realmente está sucediendo, son la forma de codificar lo que experimentamos… ¿Quién entonces está libre del delirio?

Personas raras

Un poco más adelante en la novela, lo que podían ser sospechas del escritor secuestrado por su fan número uno se convierte en evidencias, en manifestaciones homicidas del trastorno de Annie Wilkes. Hasta ese momento, podrías pensar que se trata de una persona “rara”, o “muy rara”, o incluso “realmente rara”, sin que llegase a la descripción de un trastorno mental.

Y podrías, como Paul Sheldon, acostumbrarte a sus especiales rutinas, tacos inventados para no decir palabras malsonantes, exigencias, intromisión, maltrato…

Parece del todo posible acostumbrarse a vivir situaciones inadmisibles con “personas raras” y adaptarse a ellas. Me viene a la mente la historia de la rana que está en un recipiente con agua, agua que se va calentando poco a poco y sin que la rana lo perciba, de manera que la rana puede morir cocida sin darse cuenta.

Estas “personas raras” pueden ser tus compañer@s de trabajo, tus jef@s, tus proveedores, tus clientes… Puede ser, sí. ¿Y entonces qué haces?

Pues escribes un novelorrio, El retorno de Misery, de casi 1.000 páginas, aprovechando que esa situación especial te permite bastante tiempo de calma, tranquilidad… y ninguna otra opción. Es como Einstein escribiendo la Teoría de la relatividad en una oficina de patentes. Desde luego, la dificultad agudiza el ingenio.


¿Has leído Misery? ¿Has visto la película? ¿Qué te parece esta historia? ¿Crees que hay “personas raras” a tu alrededor? ¿Te sientes tú mism@ una persona rara? 🙂

Cuando te excluyes de tu propia bondad

En el artículo anterior comenté que los autónomos pueden estar sufriendo inconscientemente la dualidad de ser al mismo tiempo el jefe y el empleado.

Sin embargo, pienso que muchas más personas se excluyen de su propia bondad, llevan dentro una lucha entre un torturador inquisitorial y una víctima desamparada que está privada de sueño, descanso, comida… y bondad.

Un verdugo con una espada amenaza con decapitar a un ángel arrodillado.

¿Cómo detectar que te excluyes de tu propia bondad?

Un empleado/a puede estar identificando los rasgos más sádicos de su verdugo interno en su propio jefe/a, por lo que le es mucho más difícil darse cuenta de que, si esa figura de autoridad tiene tanto poder, es porque secretamente una parte interna suya está de acuerdo con ella.

Ejemplo 1: “yo trabajo más que nadie”

Sin que te lo pidan, eres el primero en llegar a la oficina y el último en salir, te responsabilizas de más temas de los que te corresponden y puedes llegar a hacer más trabajo que tu propio jefe/a.

Ejemplo 2: “yo soy perfecta”

Cuando se hacen varias versiones de un documento en cuya elaboración intervienen distintas personas, hay quien “se ve obligado” a tachar con saña lo escrito, a corregir en rojo, o incluso a corregir lo ya corregido escribiendo lo mismo. Detrás, dentro, se puede adivinar la figura de un Torquemada de “la lengua con sangre entra” que va a machacar a su víctima con correcciones, y esta a su vez a los que trabajan con ella.

También ocurre fuera de la oficina

Identificar fuera al torturador que se lleva por dentro también puede ocurrir con relaciones no laborales: se puede caer en el influjo de la dominación de la madre, el padre, el marido o la mujer, o incluso de los propios hijos: basta con que una parte inconsciente de la persona opine que la otra parte se merece el despotismo con el que ese tercero le trata.

En todo caso, si aislamos nuestros comportamientos “autoesclavizantes”, podemos detectar mejor nuestra tendencia, en lugar de centrarnos sobre quien la proyectamos. Algunos ejemplos:

Ejemplo 1: “mi casa es la más limpia y ordenada”

Puedes observar a una persona tratar la limpieza y el orden de su hogar como si en vez de ser quien vive allí fuese una persona “del servicio” que puede recibir una gran bronca o el despido si hay una sola cosa fuera de su sitio o si “no se puede comer en el suelo” de su cocina.

Ejemplo 2: “soy la mejor madre”

Puedes ser una madre agotada con complejo de mala madre que aun así: asiste a todas las reuniones, confecciona los disfraces de sus hijos, acude a todos los cumpleaños, está al tanto de los últimos cambios en el currículum, etc. Desde fuera se ve a esta persona totalmente agotada, sobresaturada, estresada, y se percibe que no está disfrutando en absoluto de la fiesta.

¿Qué es lo que tu verdugo te prohíbe hacer?

Es conocido que, cuando alguien planta cara a otra persona muy dominante, las relaciones entre ambas cambian, y normalmente mejoran. La persona no dominante descubre que “no es tan fiero el león como lo pintan” y se empieza a relajar, respira hondo y toma las riendas. ¿Cómo? Desde el adulto, sin reaccionar a lo que la otra persona dice o hace, respondiendo a la propia dignidad.

Se trata de plantar cara, precisamente, a este perpetrador interiorizado e inconsciente. Se detecta su inquietud cuando se rompe la norma a propósito: no seguir un horario previamente planificado, pisar un suelo recién fregado, irse del trabajo a la hora, no barrer una pelusa que se ve en el suelo…


Me encantaría conocer vuestras opiniones: ¿cómo tratarías tú a otra persona? ¿Qué libertades le permitirías que tú no te permites? ¿Puede salir a fumar durante su jornada laboral? ¿Puede estar cinco o diez minutos “en la parra”, mirando al infinito? ¿Puede ir a un spa? ¿Puede permitirse la imperfección? ¿Puedes tú?

No te prepararon para envejecer

Por mucho que te hayan contado, por mucho que hayas visto a tus propios padres envejecer, lo cierto es que no te prepararon para recorrer ese camino. Un buen día te miras al espejo y ves a una señora o a un señor, en lugar de verte a ti. Es impactante.

La forma del cuerpo cambia al envejecer, el abdomen se expande

Hay otras señales más allá del espejo que te van haciendo sospechar: por ejemplo, la edad de los protagonistas de la mayoría de películas clásicas es menor que la tuya. Piénsalo, recuerda Gilda, Irma la dulce, o también Regreso al futuro, Superman… Todos los protagonistas tienen unos veintitantos años, y de pronto te parecen demasiado jóvenes, incluso para resultarte atractivos: lo peor de todo es tener la sensación de que podrían ser tus hijos.

Vas por la calle, y te das cuenta de que los hombres o mujeres que se fijan en ti te parecen muy mayores… y quizá tienen tu misma edad. Ves en ellos lo que quizá no veías tan claro en ti: canas, arrugas, barriguita, lentitud de movimientos…

Quedas con tus amigas y las conversaciones han cambiado de forma radical. Antes eran picantes, graciosas, variadas, y de pronto te haces consciente de que habláis sobre dolencias y achaques, o sobre operaciones de estética, todo es un poco más serio y apagado, y el encuentro acaba mucho antes.

Cambios físicos

Hay muchos elementos que te hacen reconocer que no eres la misma persona. Es como si algunas cosas se superpusieran sobre tu yo real, o bien, como si tu yo real se descolgase o churripringase hacia abajo.

Zara lo sabe muy bien: cuando buscas ropa en su página web, te hacen algunas preguntas que te hacen comprender por qué midiendo y pesando lo mismo ya no te sirve la misma ropa:

La edad influye en la forma del cuerpo

Recuerdo a una profesora de gym jazz que rondaba los 40 y lo decía:

Mi cuerpo ya no es el mismo. Entreno las mismas horas, hago muchísimo ejercicio, pero ya se me descuelga “el músculo de la sal” y noto que mi cuerpo es otro.

Por esto es tan difícil envejecer, por la sensación tipo invasión de los ultracuerpos de estar metido o abducido en un cuerpo que no es el tuyo.

Cambios mentales

Si todo acabara en el cuerpo… Lo cierto es que algo que tampoco te contaron es que tu capacidad mental no va a ser la misma. Es un conocimiento menos extendido, porque estamos acostumbrados a ver intelectuales brillantes en edades más allá de la madurez, como Eduard Punset, Marguerite Duras, José Luis Sampedro o Ana María Matute, por citar algunos.

Con la edad notas más dificultades para realizar cálculos o deducciones lógicas y matemáticas. Además, el alejamiento definitivo de las aulas hace que comprender cualquier información (o simplemente leerla) lleve más tiempo, incluso sin tener en cuenta la presbicia, algo que imaginabas que tendrías a partir de los 55 y que sin embargo aparece a partir de los 40…

Las ventajas de la madurez

A pesar de todo esto, si hablas con personas que hemos pasado de los 40, la mayoría te dirán que prefieren su vida actual a su vida de juventud. ¿Por qué?

Algunas respuestas:

  • Cumplir años, sin más, es positivo. Imagina la alternativa…
  • Tu autoestima es mayor.
  • Tienes una vida más estable, más asentada.
  • Sientes mayor tranquilidad, menos desasosiego.
  • No te dejas llevar tan fácilmente por las pasiones.
  • Tus ambiciones están más alineadas con la realidad y menos con las ilusiones.
  • Dejas de tener que mostrar tus títulos y formación, y tu experiencia habla por ti.
  • Ya no tienes que tomar decisiones vitales sobre tu carrera.
  • En tu vida hay más elementos que merecen la pena, en general tu nueva familia (pareja, hijos/as…).
  • Tus decisiones son más sopesadas y racionales, los riesgos que tomas son más calculados.
  • Tienes una mayor resistencia a circunstancias adversas, porque ya has vivido muchas situaciones de todo tipo.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Cómo llevas tú la madurez? ¿Qué otras ventajas encuentras a cumplir años?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.