Estar cómodos en la incomodidad

De esto ya he hablado, ¿verdad? Es una de esas ideas que se me quedan en la cabeza por tiempo, voy viendo ejemplos de cómo aplicarla, voy entendiendo su importancia.

Lo cierto es que, desde que Will Smith dijo esta expresión en el Hormiguero, algo que ya hemos citado en este blog, se me han ocurrido muchas situaciones donde merece la pena probar a estar cómodo/a en la incomodidad.

Haciendo frente a los miedos cotidianos

No hay nada más incómodo que enfrentarse “desamparado” a miedos cotidianos como:

  • No llevar suficiente abrigo y pasar frío.
  • Pasar calor y sudar.
  • Ir por la calle y tener la sensación de ser mirado de forma insistente y juzgadora.
  • No llevar paraguas y mojarse.
  • Que los zapatos aprieten.
  • Observar que nuestro whatsapp no ha sido leído.
  • Quedarse con el bañador mojado.
  • Observar que nuestro whatsap ha sido leído hace horas y no contestado.
  • Tener que seguir andando con una ampolla en un pie.
  • Esperar una llamada que no llega.
  • Estar en el atasco de cada mañana.

En todas estas situaciones y similares, lo que interesa es aprender a estar cómodo en esa incomodidad, esa pequeña ansiedad que estamos sintiendo porque algo no encaja con nuestra definición de la comodidad y el confort.

Una vez se logra esto, una vez se es capaz de afirmar: “Aunque me esté mojando porque no llevo paraguas y esto me molesta, soy capaz de seguir andando o de esperar a que escampe”.

Quitar hierro al asunto

No se trata más que de quitar hierro al asunto, de dejar de dar importancia a pequeñas molestias que, si miramos fijamente, parece que las hacemos crecer, que poco a poco van siendo más grandes hasta convertirse en insoportables.

Lo contrario es dramatizar, crear una gran montaña del pequeño grano de arena que se nos metió en el zapato. Y luego contárselo a otras personas, señalando lo desgraciados que nos sentimos por tener esta piedrecita en el zapato. En ocasiones, movemos a la compasión. En la mayoría, el otro puede estar pensando:

“Yo también tengo una piedra en un zapato y otras cosas peores que se ve que no te puedo contar, porque no pareces capaz de soportarlas…”

De quitar hierro al asunto y prestar atención a otras cosas se va formando callo, y de esto trata la vida, quizá, de ir haciendo callo e ir siendo capaz de vivir en entornos incómodos; lo que se llama crecer.

¿A qué prestas atención?

Aquello a lo que prestas atención es lo que está en tu conciencia. No es sabiduría oriental ni esotérica, es sentido común y funcionamiento del cerebro: nuestra atención es bastante limitada, podemos atender a un número de estímulos y no más, y durante un cierto tiempo (minutos) y no más.

¿Cómo es posible que esta pequeña atención se la estén llevando esas situaciones que subjetivamente nos parecen incómodas?

Eduard Punset, en uno de sus programas, habló de cómo nos habituamos a una sensación hasta dejar de sentirla. Por ejemplo, nos ponemos unos calcetines que al principio presionan en la parte de la goma elástica que llevan arriba. Al poco rato, dejamos de sentir esta leve presión. Si en cambio nos dedicáramos a “mantener viva” la sensación de presión, estaríamos añadiendo ruido a cómo percibimos el mundo.


Por tanto, estar cómodos en la incomodidad supone dos cosas: hacer frente a las sensaciones “negativas” que tenemos y ponerlas en su lugar para poder prestar atención a lo que de verdad nos interesa que componga nuestra vida.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

 

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De belleza y de dolor

Lo que embellece a una persona es la grandeza con la que asume sus cargas

Cuando era adolescente tenía fotos de Tom Cruise y de Michael J. Fox en la pared y en la carpeta. ¡Cómo no! ¡Qué guapos! En esa época y durante muchos años no tenía ninguna duda de que la belleza es algo físico y que enamorarse de la belleza es solo cuestión de mirarla. En comparación, yo no me sentía muy bella y para mí era totalmente imposible que un tío con ese aspecto se fijase en mí.

Una vez, por esa época, Cristina Almeida dijo en la tele que te das cuenta de que el hombre de tu vida no es uno de esos guapos, sino un señor normal, quizá calvo, quizá con barriga, quizá no muy alto, digamos Pepe Pérez, con un aspecto que habrías rechazado sin duda antes de madurar.

Y yo recordaba esto y decía: “eso es tirar la toalla”.

Y vas caminando por la vida y, sin darte cuenta, notas que el guapo aquél resulta que por dentro no es nada guapo, que sigue siendo un niño porque no ha tenido que enfrentarse a dificultades. Y ves a aquel otro, guapo o no, que lleva una carga muy dura, que asume con grandeza, que tiene un destino difícil, y lo abraza. Y de ese te enamoras.

Una mujer y un hombre se abrazan y sonríen

Lo repito porque esto es un hallazgo:

Lo que embellece a una persona es la grandeza con la que asume sus cargas.

Lo que quita luz a una persona es la manera en que lleva sus miedos

El miedo paraliza, encoge, congela, oprime, encierra, encarcela a la persona.

Lo miras y ves a su alrededor un muro impenetrable, te chocas con él, notas una distancia que te hace alejarte. No puede ser de otra manera: por más que una persona llena de miedo esté deseando ser vista, tocada y querida, muestra todo lo contrario.

Es una carga también, sin duda: algo hay en la trayectoria personal de quien tiene mucho miedo, algo o muchas cosas, que le han llevado a construir un muro defensivo del que a veces no es consciente pero que desde fuera se ve con claridad. Como no es consciente, es una carga no asumida. Un trauma no superado. Un bloqueo que se va a deshacer cuando haya alguien tan valiente como para tocar a la puerta.

El trabajo que da el miedo es grande. Para cultivarlo hay que tener un listado de reglas que se saca cuando surge una situación que dispara las alarmas. Hay que echarle horas a espantar fantasmas:

  • Llevando un aspecto impecable, no sea que alguien vea alguna imperfección.
  • Pasando la noche a base de zumos, no sea que alguien me vea borracha y empiece yo a hacer cosas de las que luego podría arrepentirme.
  • Midiendo las palabras y los gestos, no sea que en un descuido toque a otra persona u otra persona me toque a mí.
  • Instalando alarmas reales y figuradas en todas partes: la casa y el cuerpo.
  • Desinfectando todo para alejar “bichos”, ya sean bacterias, insectos o personas.

Y lo contrario de todo esto es volver al punto 1: asumir el propio destino, los propios traumas, entrar en “las cloacas” propias a ver lo que realmente hay, saberlo y moverse entre la gente con ello puesto, trabajando con uno mismo/a para ir soltando lastre, comprendiendo que tocar el alma de otro solo es posible a través de la rendición ante quien se es, con todo, especialmente con aquello de lo que quisiéramos huir.


Tal vez la carga y el miedo sean dos caras de una misma moneda: hubo dolor, hubo sufrimiento, ahora me construyo el parapeto del miedo para no volver a sufrir. Lo que pasa es que si no vuelves a sufrir, no vuelves a vivir, nada te llega, no estás aquí.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

 

Recuerda

Mujer tumbada sobre hojas secas en un parque recordando el pasado

¿Recuerdas haber estudiado un montón de información de diverso tipo cuando estabas en el colegio? ¿Recuerdas el detalle de alguna de esta información ahora? Se suele poner como ejemplo resolver raíces cuadradas: ¿quién puede recordar semejante cosa si no la utiliza?

Otro ejemplo son las fechas: ¿alguien recuerda las fecha de nacimiento y muerte de, digamos, Quevedo? Salvo fechas muy notorias como el descubrimiento de América, ¿qué fechas de las que estudiaste recuerdas ahora?

¿Recordar es bueno o es malo?

Recordar es bueno

En nuestra historia académica se nos ha premiado por recordar. Lamentablemente, no solo en el colegio: casi toda la formación de adultos basa sus evaluaciones en que el alumno haya memorizado partes del curso, más que en que sepa utilizar la información que recibe (porque en la mayoría de los casos no se le enseña a ello). En todo caso, recordar sería “bueno”.

Además, se dice que quien no conoce su historia, está condenado a repetirla. En este caso, recordar también es “bueno”, no solo recordar lo que hemos vivido, sino también lo que ocurrió antes y nos han contado, a ser posible recordando también fechas, nombres y lugares, porque si no, esa información ya no tiene el mismo valor.

Antes todo esto era campo

Por otro lado, recordar calles o edificios que ya no existen, puentes que se han tirado, campos que se han convertido en bloques de pisos… Esto parece nostálgico y supuestamente no sirve para nada más que para anclarse en el pasado. Es un pasado que habría que meter en cajas de mudanza y llevar discretamente a la basura.

Además, no sabemos hasta qué punto reinventamos un recuerdo cada vez que lo traemos a la mente, de manera que podemos magnificar o minimizar objetos, emociones o acciones que no fueron así.

En estos casos, recordar es “malo”.

Recordar haber tenido más derechos laborales, recordar que antes de la crisis de 2008 se ganaba lo mismo en términos absolutos que en 2019, recordar que de pequeños parecíamos tener talento y observar que no dio lugar al éxito… eso no es bueno, porque nos convierte en el ratón que se queda atrapado en una zona del laberinto donde antes obtenía queso y ya no.

Así, recordar también es “malo”.

El recuerdo de normas, creencias y saberes

El “peor” recuerdo es el de normas, creencias y saberes que en la época actual están prohibidos, censurados o altamente criticados. Eso hay que borrarlo, tacharlo, eliminarlo y, a ser posible, reescribirlo.

No hay que tener una historia vital muy larga para recordar creencias y saberes demostrados científicamente hace unos años que ahora no se pueden mencionar sin alterar los ánimos. Muchas de estas creencias y saberes llevaban consigo una serie de publicaciones serias, cursos, carreras universitarias, negocios y puestos de trabajo.

Todo eso se tiene que ir a la basura y recordarlo es “lamentable”.

Una oveja en primer plano y al fondo un rebaño

Es un poco como los Mandamientos que se inscriben en la pared en Rebelión en la granja. Al principio, siete mandamientos bienintencionados, claramente redactados.

Después, estos mandamientos se van transformando: mientras que las ovejas repiten las nuevas consignas borrando automáticamente de sus mentes las anteriores, el caballo (o yegua, no recuerdo) cree recordar que “ahí antes ponía otra cosa”. Este es un recuerdo no solo lamentable, sino “peligroso”.

El único mandamiento que queda al final en la obra de Orwell vuelve a traerme a la mente esta frase que digo yo mucho por aquí:

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Se ve que el olvido de creencias, saberes y normas anteriores es bienintencionado, que sirve para “avanzar”. El avance en Rebelión en la granja es circular: se acaba en el mismo sitio del que se partió/huyó.

Soltera se dice single

Se va marcando la diferencia entre lo que se supone que era la solución esperada y tradicional (familia con hijos) y lo que está siendo la solución inesperada y novedosa (todo lo demás).

En particular me refiero al número creciente de personas solteras o divorciadas que llevan un estilo de vida que hasta hace muy poco era accesible únicamente a los hombres y, aun así, tampoco muy apetecible.

Estar soltero sigue siendo caso aparte

La sociedad no se acaba de adaptar a este nuevo estilo de vida a la velocidad necesaria. Hace ya muchos años que existen familias monoparentales y tanto mujeres como hombres que permanecen solteros o divorciados a edades en las que hace bien poco se estaba “felizmente” casado con hijos.

¿A qué me refiero con la falta de adaptación?

  • Por ejemplo, no se edifican viviendas para esta realidad, se siguen construyendo pisos de 2-4 dormitorios, como si el objetivo de todos tuviese que ser formar una familia numerosa.
  • O por ejemplo, no se destina ninguna política social que contemple las necesidades de estas personas, a menos que sean de la tercera edad. La soledad de los solteros se piensa que es buscada, como se puede deducir de lo que cuenta Judith Duportail en este artículo sobre ligar en la era Tinder de Beatriz Serrano.

Antes también había solteros y solteras, y aquí hago la separación de géneros porque antes no era lo mismo un soltero que una solter(on)a: un soltero vivía solo y hacía una vida de crápula (se supone, se espera o se atribuye) y una solter(on)a vivía con la familia y ayudaba al cuidado de los hijos de otras. Había hasta un refrán:

El buey suelto, bien se lame [porque no tiene yugo…].

Pero no quiero volver atrás en el tiempo, más bien describir lo que sucede ahora pero no se acaba de digerir, el creciente número de personas que viven solas y que son como calcetines desparejados, que permanecen al margen de lo que hacen “las familias” (todo aquello que gira en torno a los niños), que se van buscando la vida y la van inventando, porque no estaba descrita en ninguna tradición.

Soltera se dice single

Para eliminar la carga de la palabra soltera, ahora se usa la palabra single.

Los singles son gente que principalmente se divierte en actividades para singles, en las que pueden conocer a otros singles y potencialmente ligar con ellos para dejar de ser singles.

Un velero en el agua con muchos singles abordo

En esto sí hay una adaptación del ocio: hay viajes para singles, salidas para singles, encuentros para singles… Porque se entiende que los singles no tienen nada que ver con “las familias”, son entes que “han elegido” estar solos en su vida aunque bien pudieran en cualquier momento llevar una vida “tradicional”, solo que no quieren (no pueden).

La descripción de un single suele conllevar un comentario que en el fondo parece describir las obligaciones de este tipo de vida:

No te creas que se queda en casa: sale, se divierte, viaja… ¡no para!

Antes (el antes de la época de mis padres y abuelos) las familias eran versiones extendidas: en una casa se juntaban los padres y los hijos, pero también los abuelos y un tío abuelo que andaba por ahí, o una hermanastra de la madre, etc.

Ahora, las familias son versiones exiguas de la familia nuclear: uno o dos de los padres y el hijo, o los dos hijos. Y por supuesto, muchas variaciones sobre el tema.

Antes entonces en la familia estaban incluidos todos aquellos miembros que, por la razón que fuese, se habían quedado solteros o eran viudos. Si había que ir a algún sitio, iban todos juntos. Era un grupo variopinto y tenían que trabajar por llevarse bien porque compartían espacios reducidos.

Y ahora, de “las familias” estamos excluidos todos los que no tenemos nuestra propia familia, idealmente formada por dos adultos que son pareja y uno o dos niños. Y todos los demás, fuera, que se las apañen.

Así, lo que antes se resolvía con una casa no muy grande pero con varias “estancias” o literas o sofás-cama, ahora se resuelve con varias casas, a veces una por persona. Y esto hay que responderlo en el mercado inmobiliario, pero sospecho que no con esas cápsulas de procedencia japonesa, sino con un estudio realista de cómo se distribuyen ahora las familias extendidas y qué soluciones se les pueden ofrecer.

No se tiene en cuenta en ningún momento la carga económica de ser soltero, fundamentalmente compuesta por los gastos de vivir en soledad,

…porque tú lo has elegido.

Soltera de soledad

Esto no va exactamente de casas, tampoco va de actividades de ocio, no va siquiera de lo caro que puede resultar no seguir el modelo de “las familias”. Esto va de soledad, la misma soledad que se revelaba en esa mujer que sale a sentarse al banco frente a su casa para poder ver gente. La soledad del que se ve obligado a crear un escaparate virtual en Instagram tras el que parapetarse. La soledad de la que insta vehementemente a sus amigas a acudir a fiestas en terrazas de moda. La soledad de la que se alimentan entonces las redes sociales y muchas de las soluciones de ocio, y si se alimentan de ella la tienen que potenciar, como también explicaba Judith Duportail en el artículo mencionado.

No importa que estés sola mientras demuestres que lo has elegido y que eres muy feliz así. Mejor usemos palabras en inglés para alejar connotaciones y cargas de significado de viejas épocas:

No importa que seas single mientras que muestres llevar una vida muy cool.

¿La puerta está abierta?

A veces [los seres humanos] son metidos en jaulas y tratados como ratas, manipulados y sacrificados a voluntad por sus amos. Pero muchas veces la jaula tiene una puerta abierta, y un hombre no tiene más que salir si lo desea. Si no lo hace, normalmente es su guion el que le mantiene allí.

Eric Berne

La historia

Una mujer mayor sentada en un jardín con hortensias

Hay una vecina mayor a la que veo muchos días sentada en un banco en la acera de enfrente de su casa. Debe de haber unos 5 o 10 metros entre el banco y la casa. Desde ahí ve pasar gentes y coches a la sombra de unos árboles.

Desde fuera, veo una cadena invisible que ata a la señora a la casa, como si fuese un perro, como si fuese un pájaro dentro de una jaula abierta.

Quizá hay otra vecina mayor que no consigue ni eso: está siempre dentro de su casa y no la vemos. Está totalmente sola y engaña al silencio con la tele y la radio. No tiene ninguna dolencia grave pero no es capaz de salir.

¿Cuál es la historia de estas mujeres?

Los límites

Siempre que afirmes que no eres capaz de hacer algo, habrá una persona que te dirá que alguien con tu mismo límite (enfermedad física, enfermedad mental, edad, condición, situación económica…) lo ha logrado y ha hecho muchísimo más. Se lo pueden contar a esa señora a menos de diez metros de su casa y también a la otra, a la que solo mira al exterior corriendo un poco el visillo.

¿Hay o no hay límites? Parece ser que muchos seres humanos son capaces de lograr lo extraordinario y también parece ser que muchos otros encuentran límites tan duros como paredes y, cuando tratan de empujarlos y ampliarlos, lo único que consiguen son golpes. Y aun otros que no encuentran esos límites porque no los buscan.

No tengo claro si los límites son impuestos desde fuera o desde dentro, si se nace con ellos o si surgen como respuesta a un acontecimiento traumático. Si seguimos la cita de Berne, pensaremos que los hemos forjado entre los 5 y los 7 años como un guion de vida.

En cualquier caso, no tengo claro si hay que “luchar” contra los límites que se perciben.

La mejora continua

En particular, pienso en todos aquellos trabajos de crecimiento o “mejora”. ¿Mejora? Cuando se piensa en mejorar algo se piensa que no está bien tal cual está.

Ya, ya, me diréis: pero si una gran sección de tu blog trata sobre el desarrollo personal. Pues es así. Quizá el matiz sea que pienso que una persona puede desarrollarse y seguir siendo tal y como es.

Por ejemplo, seguir teniendo un guion “hasta” (hasta no terminar las obligaciones no puedes disfrutar) pero que este guion sea más amable, menos dramático.

O por ejemplo, desarrollar una nueva habilidad y trabajarla “creciendo”, pero sin dejar de ser quien se es; es más, aceptando, apreciando y llevando con dignidad aquellas características que nos hacen ser personas únicas.

Aceptar la diferencia

Pienso que las “ayudas” a “mejorar” que no funcionan son aquellas que se basan en lo siguiente: identifican los límites de una persona y a continuación buscan que desaparezcan a partir de “nuevos hábitos” que la persona abandonará pronto, porque no los ha podido integrar y porque son un ataque directo a esa persona tal cual es.

La ayuda que acepta la diferencia comienza por uno mism@. Primero dices: yo soy así, incluso aunque no le guste a los demás, incluso si me dicen x (que soy aburrida, autoindulgente, dependiente, procrastinadora, que tengo un trastorno, que debería salir y divertirme y viajar e irme lejos…).

A esas mujeres, la que no puede avanzar más allá del banco frente a su casa, la que no puede si quiera pisar la calle, les podemos reconocer su diferencia, comprender su dolor con compasión, quizá decir: si algún día te animas a dar un paso, yo te acompaño.

Lo que me ha dado el teatro

Poned sobre los campos
un carbonero, un sabio y un poeta.
Veréis cómo el poeta admira y calla,
el sabio mira y piensa…
Seguramente, el carbonero busca
las moras o las setas.
Llevadlos al teatro
y sólo el carbonero no bosteza.
Quien prefiere lo vivo a lo pintado
es el hombre que piensa, canta o sueña.
El carbonero tiene
llena de fantasías la cabeza

Machado. Proverbios y cantares. Campos de Castilla.

Puedes encontrar el poema aquí. ¡Gracias Juanje!

Ya hemos hablado en varias ocasiones del teatro en este blog y, probablemente, hablemos muchas más:

  • Hemos tocado la improvisación hablando de sus orígenes y de Jamming.
  • Hemos repasado su historia desde Mérida recordando las claves de Aristóteles: disfrutamos viendo imitar la vida y disfrutamos imitando la vida.
  • Hemos trabajado una obra concreta, La cantante calva, analizándola desde el punto de vista del análisis transaccional.
  • Incluso hemos apuntado ya algunas razones por las que vivir el teatro desde dentro, con motivo del día mundial del teatro.

Con el teatro se crece

Me gustaría describir con más detalle qué es lo que aporta el mundo del teatro, un mundo en el que nunca llegas a la meta porque siempre puedes ir más allá.

Un mundo en el que hay un trabajo previo que no es posible imaginar a partir de lo que ves en una representación en el escenario. Este trabajo incluye dinámicas con las que se juega, se ríe, se sale de la zona de confort, se entra en contacto físico con los compañeros, se viven emociones intensas…

El objetivo de todo este trabajo es doble: por un lado, dar salida a lo que se tiene dentro, de manera que puedes conocerte muy profundamente. Por otro, conectar con los compañeros a un nivel muy profundo de escucha y empatía.

Vamos a ver más detalles:

Dejar salir lo que llevas dentro

Trabajas en una oficina. Los rituales de relación están definidos, descritos y constreñidos a una serie de “pasos” de los que es mejor no salir. Luego ves a la familia extendida y política y tienes que seguir otra serie de rituales aparentemente más cercanos. Si tienes alguna necesidad de contacto real fuera de los rituales de relación, la tienes que reprimir.

El teatro, a través de dinámicas sobre todo corporales, permite desinhibir lo que antes se ha inhibido, silenciado, guardado tras una especie de cinturón de seguridad. Todo eso que se guarda en el cuerpo en forma de contracturas se libera para dejar salir al Niño libre (concepto del análisis transaccional).

El resultado es la autenticidad: por fin puedes ser tú mism@, explorar posturas y gestos que no tienen cabida en el serio mundo de “los adultos” (en realidad, del estado Padre que se representa en muchas oficinas).

Conectar, escuchar, empatizar

Una vez has conectado con tu esencia, puedes abrir la mirada y dirigirla a tus compañeros, conectando con ellos de una manera que solo es posible en relaciones de intimidad: familiares, de amistad, de pareja.

Esta conexión es la que permite una escucha profunda, que en los juegos permite continuar en el juego en un estado de atención, y en el escenario sirve para sacar a un compañero de un charco cuando ves que no recuerda el texto, por ejemplo.

Todo ello conlleva empatía, la capacidad de ponerse en la piel de los otros. Es el disfrute de la diferencia: cada persona es diferente y el teatro potencia las diferencias que tenemos y que solemos rechazar u ocultar para no dar la nota discordante, las que nos hacen un personaje único, las que nos ayudan a crear un personaje distinto o un payaso interior.

Trabajar distintas técnicas

El teatro es en sí un género literario y además comprende dentro de sí técnicas de todo tipo: se puede representar una misma obra en tono de humor, cabaret, bufón, musical, clown, dramático, absurdo…

Para cada género existe una serie de técnicas que ayudan a trabajarlo y crecer, siempre ampliando la zona de confort, siempre teniendo momentos en los que te dices:

¿Pero quién me mete a mí en este lío? ¿Pero qué hago yo aquí, qué necesidad tengo de pasarlo mal?

Porque fuera de la zona de confort siempre se pasa un poco mal: es lo que tiene crecer.

Y luego está la representación

Escenario de un teatro con las cortinas echadas

Después de todo el trabajo realizado, de conocerte mejor y comprender hasta qué punto sueles evitar intimar con la gente o simplemente escucharla y entenderla mejor, hay una representación que vuelve a tener dos partes: todo lo que ocurre dentro y todo lo que ocurre fuera.

Esa representación está viva: es única.

No se va a volver a ver una igual, aunque los mismos actores la repitan unas horas después o la semana siguiente. El espectador, en un nivel de activación mucho más bajo que el de los actores, no puede llegar a experimentar la vida que se destila de representar una obra.

Por dentro, entre bambalinas, los actores están nerviosos, repasan el texto, se cambian de ropa, se dan suerte, toman la postura de su personaje para meterse en él, pierden y recuperan objetos, entran sonriendo porque la escena ha salido bien…

La representación permite trabajar el hablar en público, pero es mucho más que eso: compañerismo, gestión consciente de las emociones, apertura, trabajo de la memoria mental, memoria espacial…


Todo esto lo estoy viviendo en una escuela muy especial, Arteluna teatro, donde he encontrado a grandes profesionales del teatro y de la enseñanza (que no tiene por qué ir parejo) y a un grupo de personas con las que podría ir al fin del mundo porque sé que nos apoyaríamos mutuamente y hasta el final.

Hay dos tipos de personas

Llevo un tiempo dándole vueltas a estas divisiones del ser humano en dos categorías totalmente antagónicas, estas clasificaciones que conducen al “conmigo o contra mí”.

Dos tipos de persona saltan con un fondo de un atardecer en la playa, de manera que se ve su silueta.

Comencemos por mi preferida:

Hay dos tipos de personas: extrovertidos e introvertidos.

El mundo se divide entonces entre los dos tipos de personas: aquellas sociales, habladoras, abiertas a nuevas experiencias, amantes del sonido y la conversación y que hacen actividades de relación. Y aquellas observadoras, que escuchan, que analizan desde la posición del espectador, amantes del silencio y que huyen de relaciones sociales.

Y ya está. No hay cabida para la escala de grises, es decir, para tonos más apagados de extroversión o introversión. Por tanto, no hay cabida para personas con rasgos de ambos estilos. ¿Es posible ser una persona extrovertida e introvertida a la vez? Pues sí.

Sigamos:

Hay dos tipos de personas: los que son como los gatos y los que son como los perros.

Así, hay personas que van por el mundo explicando que son como los gatos, por tanto vendrán a ti cuando les apetezca, necesitarán espacio y distancia, si te acercas cuando no les apetece te arañan… Mientras que otras personas se conducen como los perros (aunque no suelen presumir de ello) y van por el mundo complaciendo a todos, sonriendo aun cuando estén viviendo las peores circunstancias, buscando cercanía y alegrándose mucho de verte cada vez.

Se acabó. Nadie quizá se planteó que puede haber personas que son como los ornitorrincos… Es decir, las polaridades como perro-gato son demasiado simplistas y convierten en un espacio de 2 dimensiones una riqueza que no tiene cabida en él.

Hay más:

Hay dos tipos de personas: los que te hablan claramente y los que van por detrás/mosquitas muertas. Visto desde el otro lado, hay dos tipos de personas: los agresivos y los que rehuyen el conflicto.

Así, las personas con esta creencia se posicionan en uno de los dos extremos y ponen al otro lado a cualquiera que muestre un rasgo diferente al suyo. Se confunde la agresividad verbal con la sinceridad, o bien se confunde la pasividad y el miedo con la discreción.

Esta escala deja fuera de ella a las personas asertivas, que hablan con claridad cuidando de no hacer daño a la otra persona. ¿Será porque hay pocas personas asertivas en este mundo?

Otra más, una clasificación a partir del análisis transaccional que vas a comprender enseguida:

Hay dos tipos de personas: los que van de Niño (victimistas) y los que van de Padre (perseguidores/salvadores).

Hay personas que están la mayoría del tiempo en el estado Niño. Se les reconoce porque juegan, no asumen responsabilidades, no se comprometen, dejan tareas por hacer, buscan que otros les resuelvan sus asuntos, piden mucho más de lo que dan…

Otras personas están la mayoría del tiempo en el estado Padre. Se les identifica porque critican, juzgan o van de salvadores de los demás, hablan de normas, les encanta el “se debe”, “hay que”, buscan acaparar la responsabilidad de otros, dan y luego piden o exigen…

En varios artículos hemos hablado de la que sería la figura intermedia entre ambos estados, el estado Adulto, que asume responsabilidades pero sin juzgar a los demás, da y recibe en la misma proporción, huye de creencias y valores y vive en la autonomía.

Sin embargo, quiero recordaros que tod@s tenemos los tres estados, por lo que en determinadas situaciones me comportaré como el Niño, en otras como el Padre y en otras estaré centrada en el Adulto.


De momento, son estas las que me rondaban por la cabeza. ¿Se te ocurren otras clasificaciones de personas? ¿Hay alguna que te guste en particular? ¿Hay alguna que odies profundamente? Cuéntame, me gustaría conocer tu opinión.

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.