Método KonMari: deja ir lo que no te hace feliz

¿No te has ido de vacaciones en agosto? Ordena tu casa

La mesa del salón antes de leer sobre el método KonMari

Es posible que te preguntes qué hacemos hablando de organizar el hogar en un blog sobre desarrollo personal. No, no he cambiado de tercio, simplemente el método KonMari ha llegado a mis manos gracias a una gran amiga (gracias, Beatriz) y me gustaría compartir lo que he encontrado en él que puede servir para crecer.

Y es que la clave no está en ordenar, está en dejar ir. Tengo la sensación de que dejar ir objetos vacía el apego al pasado y quizá también la mente, al tiempo que permite que entre lo nuevo, esencialmente lo que aquí y ahora importa.

Agosto es un mes estupendo para realizar este ejercicio si no estás de vacaciones: se ha ido todo el mundo, tú sigues trabajando, y es el momento idóneo para cerrar una etapa (de años quizá) y abrir otra nueva.

¿Cuál es el criterio?

Simplemente uno: “Me gusta y me da alegría”. Si es así, el objeto se queda. Me parece un criterio fulminante.

Hay dos sencillas preguntas:

  1. ¿Esto me hace feliz? ¿Lo conservo o lo dejo ir?
  2. Si lo conservo, ¿cuál es su sitio?

Otros métodos

Había oído hablar de otros métodos, como tirar lo que llevas 1 o 2 años sin usar, tirar una cosa un día, al día siguiente dos, luego tres, y así hasta completar el mes o tirar en función de la utilidad y lo que es razonable. Creo que lo que falla de estos métodos es que no hacen distinción entre objetos, o no al menos esta distinción fundamental de “me gusta y me hace feliz”.

Además, ordenar de golpe, de una vez y de forma drástica no es algo que se suela sugerir, más bien parecía que había que ordenar cada cierto tiempo o siempre que la ley de la entropía se cumple.

Con la palma de la mano

La clave está en el cuerpo: la reacción ante los objetos que nos encantan no es igual que la que tenemos ante los objetos que nos son indiferentes o no nos gustan.

El ejercicio que propone Marie Kondo es tocar cada prenda, cada libro, cada adorno, sopesar el objeto, sentir “qué te dice”, cómo te hace sentir, en un proceso que puede prolongarse hasta seis meses.

“Guarda las cosas que hablan a tu corazón. Luego da el siguiente paso y desecha todo lo demás”.

¿En qué orden se hace?

Para Marie Kondo, el orden es fundamental: primero dejar ir, después ordenar.

Solo cuando se ha eliminado todo se ordena lo restante. Por eso el matiz no está en guardar las cosas mejor, es decir, no se trata de hábiles métodos de almacenamiento o de tener una casa más grande.

De hecho, el que todo esté perfectamente guardado no significa que necesitemos todo lo almacenado. ¿Acaso hemos construido un búnker?

Ordenar por categorías me parece otro acierto de este método. Es la forma de detectar cuánto de lo mismo acumulamos. Podemos tener ropa en varios armarios, y podemos tener libros en varias habitaciones. Si no lo vemos todo junto, no nos damos cuenta de la cantidad de objetos que hemos podido acumular. Es necesario enfrentarse a toda la ropa a la vez, o a todos los libros, no a las ubicaciones (salón, dormitorio…) donde se encuentran.

El orden que propone Marie Kondo es de las categorías que suponen menor apego a las que más, dejando para el final los objetos sentimentales. Por eso sí pienso que este orden se puede alterar en los casos en que se es especialista en un área muy concreta, por ejemplo en moda (ropa) o investigando, dando clase, etc. (libros y apuntes). Este es el orden propuesto:

  1. Ropa.
  2. Libros (yo añado aquí el material de estudio, que ella añade en el siguiente punto).
  3. Papeles.
  4. Komono. Lo que yo llamo barrusilla (palabra que no existe). Incluye algunos electrodomésticos y sus cajas.
  5. Objetos sentimentales y fotos.

Visualizar el objetivo

Tampoco había oído que la organización pudiera tener un fin distinto a la propia organización. Sin embargo, el método nos invita a imaginar con el máximo detalle cómo es el resultado que esperamos. “La pregunta de qué quieres poseer es la pregunta de cómo quieres vivir tu vida”.

Por eso, Marie Kondo nos habla de un “clic”, un momento en que sientes claramente que ya no necesitas desechar más, y que las cosas que se han quedado son las que necesitas para vivir. En el libro nos da varios ejemplos de cómo las personas a las que ayuda se dieron cuenta de cuál era su verdadera vocación o de cómo imaginaban que sería su casa tras ordenarla.

Mejora tu toma de decisiones

El no poder deshacerse del pasado te dificulta ver lo que de verdad necesitas en tu vida ahora.

Otro aspecto de crecimiento personal es saber elegir. Si tiendes a acumular objetos es porque te cuesta elegir con cuáles te quedas, o lo quieres todo, o sientes pena o culpa por deshacerte de cada uno de ellos.

Pienso que el método KonMari ayuda a afinar la toma de decisiones, a entender qué te gusta y cuándo algo ha dejado de servirte, aunque en el pasado fuese algo muy importante o útil.

Como dice repetidamente la autora, “algún día significa nunca”, y mucho de lo que acumulas por si lo utilizas alguna vez, seguirá sin ser utilizado. Si es verdad que llega ese “algún día”, siempre puedes volver a adquirir el objeto, quizá de tecnología más avanzada, o más barato, o más a tu gusto.

“Desecha todo lo que no te inspire alegría.”

Un lugar para cada cosa

Al leer esta expresión, un lugar para cada cosa, me vino a la mente el perfeccionismo cargante de Mary Poppins.

Creo que se pueden relajar los criterios que propone el método KonMari y adaptarlos a una vida cómoda. Es verdad que muchos objetos rondan por la casa porque no sabes dónde ponerlos, y en este sentido la ordenación por categorías ayuda. Pero también es verdad que algunas propuestas rayan lo obsesivo, y en mi caso no me convencen.

El mensaje global, tener un sitio donde guardar cada cosa, sí me parece necesario.

Puntos a tener en cuenta

Encuentro en este método algunos puntos que hay que tener en cuenta:

  1. Acabar obsesionado/a por el orden.
  2. Ponerte a organizar cosas que no son tuyas, sino de tu familia, lo que muestra una gran falta de respeto.
  3. Creer que si tienes un espacio grande, no importa que acumules objetos.
  4. Esperar que tu vida se transforme radicalmente.
  5. Centrarse tanto en la basura y en la cantidad de bolsas que sacas que acabes viviendo para detectar basura.
  6. No tener en cuenta la necesidad de reciclar o de buscar que los objetos puedan reutilizarse (libros a la biblioteca, ropa a la iglesia, etc.) o incluso venderse.

 


Me gustaría saber qué opinas sobre el orden. ¿Crees que influye en cómo te sientes en tu vida? ¿Compartes el significado de dejar ir el pasado? Me encantaría continuar la conversación en los comentarios. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, agradezco profundamente a mis lectores que se tomen el tiempo para leer el blog y unirse a la reflexión.

 

“Me gusta”, caricia estándar en las redes

"Me gusta", la caricia estándar de las redes sociales

En este post analizamos las redes sociales desde el punto de vista del Análisis Transaccional, el campo que venimos trabajando en artículos como los de proceso de guion o los del triángulo dramático de Karpman.

Eric Berne definió el concepto de “caricia” como unidad mínima de reconocimiento que responde a nuestra hambre de estímulos. Necesitamos caricias, y si no las obtenemos, sentimos su carencia.

La palabra caricia proviene del tipo de reconocimiento que obtenemos en la etapa infantil, que es normalmente físico y no verbal: besos y abrazos. Pero también una sonrisa o un saludo con la mano son caricias, y también lo son las palabras que intercambiamos.

Trasladado a las redes sociales, una caricia es un “Me gusta”.

La ausencia de caricias puede llevar a tener dificultades de crecimiento y emocionales, se han realizado varios estudios en hogares infantiles sobre esto.

Así que todos los seres humanos preferimos tener caricias negativas a no tener ninguna: cuando somos niños, preferimos que los padres se enfaden con nosotros a que nos ignoren del todo.

Tipos de caricias

Hay varios tipos de caricias: verbales y no verbales, como hemos mencionado antes, y condicionales frente a incondicionales.

Las caricias condicionales son las que muestran reconocimiento positivo o negativo por lo que hacemos:

“No me gusta el cuadro que has pintado”

Las caricias incondicionales son las que reconocen lo que somos, sea de forma positiva o negativa:

“Me gusta tenerte a mi lado”

¿Qué tipo de caricias son las que damos y recibimos en las redes sociales? Los emoticonos son imitación de caricias no verbales (gestos), mientras que los comentarios serían las caricias verbales. De nuevo, cualquiera de nosotros prefiere recibir comentarios negativos o “No me gusta” a que nadie muestre haber visto o leído lo que publicamos.

La economía de las caricias

Claude Steiner hizo una aportación bastante interesante a la teoría sobre las caricias, y es que, por diferentes razones, vivimos una escasez de caricias basada en las creencias que nos transmiten de pequeños:

  1. No des caricias cuando tengas para dar.
  2. No pidas caricias cuando las necesites.
  3. No aceptes caricias si las quieres.
  4. No rechaces caricias cuando no las quieras.
  5. No te des caricias a ti mism@.

Observa la lista: ¿cuántas veces te guardas un elogio? ¿Por qué piensas que una caricia que has pedido vale menos que una que te dan sin pedirla?

Si seguimos las creencias de este listado, viviremos en la escasez cuando existe en realidad una abundancia de caricias.

Puedes darle la vuelta al listado y aplicarlo a las redes sociales:

La economía de caricias en las redes sociales

  1. Da “Me gusta” si algo te gusta, los “Me gusta”, “Me encanta”, etc. son gratis.
  2. Si quieres que tus amigos visiten tu blog, díselo, no dejes el enlace ralo esperando a que todos entiendan qué es lo que esperabas.
  3. Si buscas reconocimiento, acéptalo cuando llegue.
  4. Si no quieres caricias en la red, no publiques…
  5. Autocaricias: uno mism@ siempre puede darse caprichos y placeres sin tener que estar esperando el reconocimiento de los demás. Eso sí: esto no puede ocurrir online. Deja el dispositivo a un lado, y date un baño, o cómprate un bollo, o empieza con ese libro que querías leer.

Filtro de caricias

A veces, recibimos una caricia, incluso positiva, que no coincide con lo esperado. Entonces la filtramos, “descontándola”, es decir, no recibiéndola.

Por ejemplo, si lo que esperas en una publicación en Facebook es que tus amigos la comenten, no le darás tanto valor a los “Me gusta”.

O si en Twitter lo que esperas es que retuiteen una noticia que has publicado, tampoco le darás demasiado valor a los comentarios.

La riqueza está en dar valor a cada caricia recibida, ampliando el abanico de opciones que esperamos.

Hablaremos más adelante de los descuentos.

¿En cuánto valoras los “Me gusta”?

Probablemente hay caricias de mucha más calidad que recibir un “Me gusta” en las redes sociales.

Lo cierto es que damos más valor a unas caricias que a otras, según de quién vengan y cuál sea su contenido. La intensidad de las caricias es por tanto variable, tanto en su espectro positivo como en el negativo.

Para reflexionar

  1. Piensa en caricias de más calidad que las que puedas recibir en las redes sociales.
  2. Busca esas caricias, pídelas o proporciónatelas tú: esas siempre están disponibles.

 

¡Que me quiten lo bailao!

Disfrutemos ahora, que siempre hay tiempo para todo lo demás.

Es una sentencia aparentemente positiva, y que tiene prescriptores al menos desde el carpe diem. Coger la rosa antes de que se marchite es buena filosofía de vida mientras no responda a mandatos inconscientes que pueden alejar a la persona que la sigue de objetivos más altos. Lo es mientras no se sienta al mismo tiempo que más tarde tocará pagar la cuenta.

El patrón de vida basado en el guion “después”

Se trata del guion “después”, que se opone al guion “hasta”; son exactamente lo contrario. El guion “hasta” nunca llega al momento del disfrute, pues está ocupado en obligaciones. El guion “después” lamentará luego el disfrute, pero por ahora se refugia en él no queriendo la responsabilidad resultado de posponer el deleite. Sabe que sus lujos actuales (comprarse muchos bienes materiales, por ejemplo) le llevarán a obligaciones futuras nada agradables (la cuenta en números rojos, la tarjeta de crédito sin saldo).

El guion después vive con la espada de Damocles sobre su cabezaEl guion “después” se ilustra con el mito de Damocles. Este personaje envidiaba los lujos de la vida del rey Dionisio, y este le invita a intercambiarse por él una noche. Los manjares a su alrededor se le apagan como secados por el fuego cuando advierte sobre su cabeza una afilada espada que pende de una sola crin de caballo. Así lo refleja Horacio en sus Odas:

Para aquel que ve una espada desenvainada sobre su impía cabeza, los festines de Sicilia, con su refinamiento, no tendrán dulce sabor, y el canto de los pájaros, y los acordes de la cítara, no le devolverán el sueño, el dulce sueño que no desdeña las humildes viviendas de los campesinos ni una umbrosa ribera ni las enramadas de Tempe acariciada por los céfiros.

Horacio, Odas III, 1

 

El esquema del guion “después”, por tanto, no es tan agradable como aparenta, ya que hoy hay diversión pero mañana caerá la espada sobre su cabeza. Sin perder de vista la espada, el disfrute se vuelve amargo.

En la base de este guion de vida de fiesta aguada está el mandato “complace a los demás”, que ya vimos en el guion “casi”. Y el desarrollo de la idea de complacer a los demás es que solo estarás bien si agradas a la gente. Por ello, cuando dejas de tener energías para agradar, cuando te cansas de ser “amable”, ves caer la espada sobre tu cabeza: solo pueden pasar cosas malas a partir de ese momento.

¿Cómo salir del guion “después”?

Partimos siempre de tomar conciencia, es decir, de darse cuenta de cómo se está actuando, para elegir agradarse a uno mismo. En apariencia, esto es lo que hacía el guion “después”, se agradaba a sí mismo, pero lo hacía “en exceso”, bebiendo de más en la fiesta, gastando de más en la tienda de ropa o de aparatos electrónicos, buscando su propia ruina, creando su propia espada de Damocles.

Al hacerse consciente, el guion “después” se desactiva porque se reparte el disfrute entre hoy y mañana: ya no hay que (des)gastar el dinero, la energía y la vida hoy para lamentarlo mañana, ahora cuido de mí y reparto mi placer a lo largo del tiempo.

Jamming!

Hace cuatro años vi por primera vez un espectáculo de improvisación de teatro, y tuve la suerte de que fue Jamming.

Los espectadores teníamos que escribir un texto en una tarjeta, tarjeta que ellos podían leer y a partir de la cual harían una improvisación. Hicieron mucho más que eso: se leyeron muchas tarjetas a partir de las cuales surgieron muchísimas historias absurdas y divertidas, y los actores recordaban las tarjetas que habían leído al principio. Además, mezclaban las historias de las distintas tarjetas y con mucha elegancia dejaban de lado aspectos más soeces, sin dejar por ello de actuar la tarjeta que habían leído.

Tengo que decir que no fue la vez que más disfruté del espectáculo de Jamming, pienso que cada vez me ha ido gustando más. En aquel momento tomé nota de que tenían una escuela de improvisación de teatro.

La última vez que vi un espectáculo de Jamming fue La Golfa, con Alex O’Dogherty de invitado. img_20161207_232806

Era la unión en un solo espacio de varios grandes artistas: Joaquín Tejada, Lolo Diego, Juanma Díez, Alex O’Dogherty y dos buenos músicos tocando en directo. En esta ocasión no estaba Paula Galimberti, también fundadora.

¿Y qué hubo entre la primera vez que vi Jamming y la última?

Ha habido muchas risas, y ha habido un interés retomado.

El espectáculo es nuevo cada vez, surgen historias absurdas, personajes estrambóticos, equívocos hilarantes, y textos del público que hacen enrojecer a los más puritanos. Así que todas las veces que he asistido como espectadora, he disfrutado mucho.

Esto me animó a probar un primer intensivo de impro en noviembre de 2015, seguido del segundo nivel poco después, y de clases regulares que comencé este año, porque me di cuenta de que hacer cursos esporádicos no me era suficiente.

Me pareció que todos los ejercicios que se hacen son tan importantes que se deberían enseñar en el colegio: escucha activa, atención plena, estar presente. Solo en ese estado totalmente abierto a lo que sucede se puede lograr la genialidad que vemos cada viernes y sábado en el Teatro Maravillas.

Como alumna, casi que más que teatro me pareció terapia, porque en todos los casos, lo que te impide estar en ese estado de apertura en el presente es el miedo. ¿Miedo a qué? Miedo a hacer el ridículo, miedo a la crítica, miedo a ese abismo que se abre hacia lo desconocido. Reformulado se trata más bien de un auto-juicio negativo enorme, un “contrincante interno” que continuamente trata de cerrar las puertas para que no estemos expuestos.

Así que no dudo en afirmar que la impro de teatro es para valientes.

Pero, ¿qué es “la impro”?

Sucede una interacción entre dos o más personas en la que los improvisadores crean todo un mundo de la nada.

Lo crean con unas reglas específicas: siempre di que sí, siempre añade algo más. Piensa en cómo muchas personas nos relacionamos: escuchamos algo y a continuación decimos:

No, pero…

O lo que es peor, decimos:

Sí, pero…

Con el “pero” estamos negando la afirmación anterior. Y es un mecanismo de defensa que sale tan automático como cruzarse de brazos al escuchar algo que no cuadra con nuestras creencias. Obsérvalo a partir de ahora. ¿Cuántas veces niegas la historia que te está contando el otro?

En los ejercicios de impro se trata de establecer desde el primer momento quién es el otro, quién eres tú para el otro y en qué espacio estamos. Además, no se trata de ser bustos parlantes que se relacionan con un cuerpo rígido e inexpresivo, sino que la relación ocurre dentro de una acción, en la que el cuerpo interviene de forma muy activa.

Si además eres capaz de crear un conflicto y de crear una historia con su introducción, nudo y desenlace, es porque ya estás en un nivel avanzado.

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¿Por qué Jamming y no Improvisaciones a porrillo?

En este artículo se explica la razón del nombre, y se amplía la información sobre este espectáculo de éxito.

¿Nos vemos entonces en Jamming?

 

Vacaciones de verano… ¿para ti?

Vacaciones es sinónimo de playa para muchosDentro de poco comienza el verano. Ya quien más quien menos, todos tenemos en mente las vacaciones. Quizá algunos (o muchos), desde hace unos meses, ya que el calendario laboral se ha secado de festivos hasta el 15 de agosto, al menos en Madrid.

A pesar de la crisis, todos intentaremos irnos. Sí, ese “todos” generalizado que suele tener excepciones. La crisis ya no es solo la crisis; es una gran depresión. Pero “el pueblo de los padres” está ahí. Y los que no solemos ver la playa durante el año, queremos ver “cualquier” playa. Esto sí que es curioso, me comentó una persona de una zona de costa que aquí usamos la expresión “a la playa” para responder a “¿Dónde te vas de vacaciones?”. Y que en la costa eso es como decir: “al parque”. Ya pero ¿qué parque? ¿Dónde? A los de interior nos da igual qué parque, realmente.

Antes de irnos, sin embargo, ya estamos pensando en la vuelta
. Conozco mucha gente que dice: “ya verás a la vuelta, el contraste, el choque”. Y todavía no se han ido. Esto lo nombra Osho en el Libro de la nada. Llevamos un cierto tiempo pensando en un futuro idílico, esas vacaciones en la playa, y al tiempo pensamos ya en la vuelta.

Y lo peor, estando allí, estando en el lugar soñado, deseado, y sabiendo que permaneceremos tan solo unos días, unas semanas el más afortunado, pensamos ya en volver. Quizá incluso empiezan las peleas familiares/conyugales, y se está “deseando” volver para recuperar la normalidad, lo que yo llamo el estado vegetativo.

Vamos que, teniendo una oportunidad de estar despiertos, de vivir la vida intensamente, de disfrutar de aquello que durante el año nos parece tan difícil (aire libre, sol, agua, excursiones, buceo, juegos, siestas interminables, salidas nocturnas al raso…) llegamos allí y no sabemos.

Parece que, al no tener entrenamiento en el ocio, se nos muere la capacidad de gozar. Y esto sí que me parece triste. Gozar, reír, sentir. De tanto tiempo en estado vegetativo se nos escurre la espontaneidad, se nos oxidan las ideas, y se nos acartona el cuerpo.

Bueno, pues este año, en lugar de permitir este desastre, ¿por qué no nos centramos en disfrutar de lo que podamos? Incluso aquellos que no tengan medios de ir a ningún sitio, ni playa ni pueblo ni dios que lo fundó, ¿por qué no aprovechan el tremendo calor para vivirlo a fondo, despertar, ser conscientes?

Ánimo, yo lo voy a probar.

¿Qué piensas? ¿Dónde te vas este verano? ¿Te quedas?

¡Cuenta, cuenta!

6 buenas razones para estar mejor que bien

¿Qué es Estar Mejor que Bien?

Es un ensayo sobre la felicidad y cómo conseguirla. Libro de recetas para encontrarnos no solo bien, sino «mejor que bien». Ofrece una serie de recursos totalmente prácticos para el desarrollo personal.

1. ¿Cuál es su objetivo?

El objetivo es ayudar a la persona que lo lea a SER FELIZ, a reírse, a cambiar de paradigma, a ver las cosas de otra forma, a coger las riendas de su vida, a no dejarse caer en el estrés, en la depresión, en la desesperación.

2. ¿A quién va dirigido?

Este libro está dirigido a personas como tú, razonablemente satisfechas con su vida, que valoran su felicidad, y que quieren mimarla y cuidarla, porque la felicidad es buena no solo para nosotros mismos/as, sino también para aquellos que nos rodean.

Es un libro perfecto para regalar.

Cualquier asociación dedicada al desarrollo personal, así como los psicólogos, profesionales de RR.HH. y coaches pueden recomendar este libro. También asociaciones de mujeres, pues suelen ser temas de nuestro interés.

Ya está a la venta en formato papel y electrónico.

3. ¿Qué es lo más especial de este libro?

Se trata de un libro «circular», el lector puede elegir leerlo secuencialmente o puede jugar y elegir su propia aventura de desarrollo personal.

4. ¿Qué historia hay detrás?

La obra Estar mejor que bien comenzó hace cinco años como una serie de apuntes tomados de uno de los libros más importantes en la literatura empresarial. Un problema de salud que parecía puntual, pero que ha resultado ser crónico, hizo que buscara lecturas de motivación, positivismo y proactividad.

Un libro llevó a otro, y a otro, todos empezaron a conectarse entre sí, y observé que podía sacarse un extracto interesante de todos ellos, que fuese de ayuda, práctico, dirigido a los diferentes estilos de aprendizaje que se dan. En vez de tener que leer los al menos veinte libros con los que trabajé estos temas, el lector de Estar mejor que bien solo tiene que aprovechar su jugo, como un zumo de sabiduría de grandes autores.

Al mismo tiempo, las nuevas realidades que surgen de tener una enfermedad crónica con treinta y tantos años, pienso que ayudan a ver con más perspectiva y serenidad la vida, y a saber qué es lo realmente importante. Espero haber destilado también algo de este aprendizaje en el ensayo.

5. ¿Qué piensan sus primeros lectores?

Su primera lectora, una directora de recursos humanos con amplia experiencia en la formación, y buena amiga mía, me comentó que Estar mejor que bien es «de lectura muy ligera y aporta herramientas reales para conseguir estar “mejor que bien”»

6. Entonces, ¿estás mejor que bien?

Te invito a conocer el mundo de Estar Mejor Que Bien. El título pretende decir esto con una expresión alegre y desenfadada: no se trata solo de estar bien, sino de estar incluso mejor. Y no a toda costa, sino con prácticas fáciles de hacer y aplicables en el día a día.
Ahora puedes conseguir tanto en formato papel como digital el libro Estar Mejor Que Bien (EMQB).

Esa es tu película

Hace tiempo que no escribo, algunos de vosotros/as me lo habéis comentado.
Y es que no hay nada como la autocensura para que el chorro de la creatividad se seque en el acto. Esta autocensura me ha surgido al poner nombre y apellidos a alguno de mis lectores, y ha ido en aumento cuando todo lo que se me ocurre comentar aquí es demasiado fuerte, fuera del hilo simpático e inocente de Estar Mejor Que Bien (EMQB).

Corren tiempos difíciles y creo que irán a peor, por lo que es más que probable que surja otro blog más acorde con todo esto. Pero mientras se gesta, aún puedo seguir regalando contenidos afables y de buen rollo en línea de EMQB.

Me he dado cuenta de que todos nosotros protagonizamos nuestra película personal y vamos por la vida siendo el centro de nuestro universo. Esto le pasa hasta a mi perra, que va por la calle creyendo que todos los que hablan se dirigen a ella y quieren saludarla y acariciarla.

Es divertido tener tu propia película, aunque a algunos les encanta que sea un relato de proporciones melodramáticas. Sin embargo, cuando nos encontramos con otras personas, tratamos de encajarlas en ella dándoles un papel prefijado, toma, apréndete esto que tú haces de novio/a. He visto que tenemos la asombrosa capacidad de darle un papel a todo el mundo con el que nos encontramos, toma, tú eres mi amiga de confianza, toma, tú eres mi vecina cotilla, toma, tú eres…

Y resulta que esos personajes principales o secundarios de nuestra película son, a su vez, el protagonista de la suya, de forma que les va a costar aceptar un papel elaborado por nosotros en nuestras mentes. Al mismo tiempo, ¿cómo vamos a perder el papel de estrella para pasar a formar parte del elenco de secundarios de otra persona? Así, muchos no llegan a un entendimiento, porque protagonista solo puede haber uno, como mucho dos, y esos papeles ya están repartidos.

Hay personas capaces de hacer realmente que el universo gire en torno a ellas. Reparten por ahí papeles principales y secundarios y consiguen hacer olvidar a más de uno/a cuál era su película personal. Cuando alguien deja de ser la estrella y comienza a seguir un papel impuesto por otro, comienza a sentirse muy desgraciado/a, incluso si ese papel es “bueno” desde fuera: la esposa ama de casa, el marido bonachón, la amante sin compromiso…

Observo que la mayoría de la gente juega a este juego sin darse cuenta. Tanto si es para su propia súper producción de Hollywood como si es para su papel de víctima de las circunstancias, en lugar de levantar la vista del papel que se le ha adjudicado o se ha buscado por sí mismo/a, prefieren seguir por ese camino, en que al menos ya saben lo que tienen que hacer.

Observo además que poca gente acepta que cada uno/a sea la estrella principal de su propia vida y, por tanto, poca gente respeta el sueño peliculero de los demás, si bien todo el mundo desea que se respete el suyo propio.

Y observo que, según pasan los años, las personas nos endurecemos y nos aferramos a nuestra película, cada vez más elaborada, más acartonada y más bloqueada, y cada vez es más difícil que dejemos entrar a otros co-protagonistas, o incluso secundarios, en ella. Los papeles para los demás están tan prefijados que nadie cuadra en ellos. Toda la frescura que pueden aportar otras personas está censurada de antemano. O cuadras en el papel, o estás fuera.

Si tiras el guion a la papelera y vuelves a abrir las puertas y ventanas, tal vez tu vida se ventile un poco y pueda volver a caber en ella cierta espontaneidad.