Guion ganador perdedor

O.J. Simpson

Hace unos meses, vi una serie documental sobre O.J. Simpson. Desde aquel momento, he venido reflexionando: ¿cuándo un guion de vida ganador se convierte en un guion perdedor? ¿O es que siempre había sido perdedor y estaba esperando «la ocasión»?

Es ya materia conocida: el brillante deportista O.J. Simpson, tan correcto y adecuado que «parecía blanco» (y las implicaciones de esta forma de ver el tema sabemos que son muchas), «de un día para otro» se convierte en el asesino violento O.J. Simpson, que ya se ve que «es negro».

La serie documental tiene 5 capítulos. Hasta que la vi, para mí O.J. Simpson era un personaje secundario de la saga Agárralo como puedas, que habré visto unas cuantas veces y seguiré viendo. Resulta que no, que O.J. era una estrella del deporte en su país, su intervención en esta película o en anuncios de televisión era como si aquí sale uno de los grandes deportistas que tenemos (que de hecho, salen, al menos en anuncios).

Vale. Pues este tío, completamente integrado en la «sociedad blanca», aceptado como persona sin atender a su color, un día «se vuelve loco» y asesina a su exmujer y al nuevo amante de esta. Su exmujer, por supuesto, blanca. Entonces, de golpe y como si fuera un telón, toda la persona (el personaje), la máscara, construida por O.J. Simpson se cae y aparece debajo el monstruo, la sombra.

El ganador, el deportista brillante, el tío majete que hace bromas y se presta a colaborar en unas películas muy locas, pasa a ser el loco asesino. Lo que pasa es que, dada la muy trabajada máscara que había creado, al jurado le fue imposible condenarle: no es posible, hay una disonancia aquí, este tío majete no puede ser ese asesino violento. No, no lo es.

O.J. Simpson. Foto de Gerald Johnson.

Marilyn Monroe

Marilyn Monroe era otra de estas personas-personaje, máscara construida hábilmente por Norma Jeane, que, por su historia de vida, podía ser una perdedora de libro. En el documental Love, Marilyn, se cuenta que se transformaba a voluntad en esa otra, según andaba por la calle, y de pronto la gente alrededor reparaba en que allí estaba el gran ídolo sexual. La trayectoria de éxito estaba marcada, el trabajo diario en técnicas de actuación y aun de canto y baile asumido como parte de este camino.

Y de pronto, «de un día para otro», esta mujer cae en la desgracia y encuentra un final que, desde el punto de vista de los guiones de vida, es casi indiferente que sea suicidio o asesinato: es un guion harmático o de muerte.

Cierto que la actriz no estaba del todo contenta con el camino que tomó su carrera. Ese personaje tan erótico que había creado llevaba asociados todo tipo de tópicos: tonta, fácil, objeto… Y de alguna manera, ella interpretaba a la rubia tonta, fácil, objeto, pero sin darse cuenta de que se cerraba las puertas a interpretaciones más serias, a ser tomada ella misma en serio como persona. Quizá por ello, boicoteaba los rodajes, llegaba tarde, no se estudiaba el papel, hacía repetir las escenas una y otra vez… Porque el personaje creado realmente no le gustaba, pero no era capaz de desviar el rumbo ya tomado. Estaba atrapada y su laborioso trabajo para construir a Marilyn no la conducía al éxito que ella había imaginado.

Marilyn Monroe. Foto de Bert Parry.

Don Benito

Pérez Galdós fue un autor consagrado en vida, era un escritor muy apreciado y vivió ampliamente el éxito. Estuvo propuesto para el Premio Nobel de Literatura, aunque no lo consiguió por motivos políticos (de creencias). Sin embargo, murió ciego y pobre. Y, como os he comentado hace poco, ya alguno de sus personajes en distintas novelas se queda ciego, es como si él hubiese orquestado ese guion de final perdedor (como lo hacemos todos, inconscientemente).

No sé si Galdós había creado una máscara tan elaborada como las de O.J. Simpson y Marilyn Monroe. No sé si había la versión oficial de Galdós y la versión escondida de Benito.

Lo cierto es que Galdós ganó muchísimo dinero, pero no supo gestionarlo. Tomó varias decisiones económicas desacertadas que le fueron empobreciendo. Daba su dinero «al pueblo» con una generosidad acusada, pero con poca previsión de cómo le podía acabar afectando a él. Se endeudaba, de alguna manera, tiraba el dinero ganado con su gran trabajo, a veces creyendo que protegía su obra. Está muy bien explicado en Wikipedia, donde se mencionan sus problemas editoriales y su tendencia a endeudarse. Según escribe Ramón Pérez de Ayala:

…don Benito no solo no disponía jamás de un cuarto, sino que había contraído deudas enormes. (…) …don Benito tapaba con la mano izquierda el texto, sin querer leerlo, y firmaba resignadamente. Los intereses de la deuda ficticia así contraídos le llevaban casi todo lo que don Benito debía recibir por liquidaciones mensuales de la venta de sus libros.

Ramón Pérez de Ayala en Divagaciones literarias.
Benito Pérez Galdós. Foto de Pablo Audouard Deglaire.

Se puede salir del guion de vida marcado

¿Qué diferencia a estos ganadores-perdedores de los verdaderos ganadores? ¿Tal vez los ganadores genuinos ganan con una persona completa, no dividida entre el personaje público hecho para gustar y el personaje privado que tiene todas las debilidades? Tengo la sensación de que al menos O.J. y Marilyn debían de pensar que la creación, la máscara, acabaría con la sombra, la reduciría tanto que desaparecería. No solo no ocurrió eso, sino que la sombra, el lado más débil, el perdedor, la voz del diablo que les incitaba a echar todo por tierra se hacía más fuerte cuanto más trataban de ocultarlo.

Lo fundamental del concepto de guion de vida creado por Eric Berne es que se puede salir de él. Para ello, el primer paso es darse cuenta de que el guion es como una pianola automatizada, en que la música que se ejecuta está previamente escrita. El segundo paso es ser consciente de que la hemos escrito cada uno de nosotr@s a partir de los mandatos y contramandatos (creencias) recibidos en nuestra infancia. El tercero es reescribir. Y, tal como de una forma muy visual comenta Eric Berne, reescribir implica salir de la jaula una vez nos abren la puerta. No siempre es fácil. El guion conocido, incluso si es perdedor, es más cómodo de vivir que un guion nuevo, lleno de incertidumbre. Y, como hemos visto en estos tres casos, no basta con superponer una capa de personaje perfecto, simpático, atractivo, talentoso, que guste al público, porque detrás de la máscara continúa la música automatizada, continúa el mandato que susurra: «vuélvete loco, sé una borracha, no tengas éxito, mátate, mata a otros, muere pobre, muere ciego».

Disfruta como puedas

Si una persona se propone disfrutar de la vida, al menos debe saber qué significa esto.

Definición de disfrutar según la RAE.

Parece ser que el disfrute pertenece al presente, sin embargo, pienso que se puede estructurar en tres tiempos:

  1. Antes: la planificación, imaginar lo que va a venir, comenzar a disfrutar de la expectación.
  2. Durante: la experiencia, vivir el momento con plena atención, poner el foco en el presente, no perderse ni un resquicio de lo que sucede ni de las emociones que provoca.
  3. Después: el recuerdo, evocar aquello que se vivió y volver a disfrutarlo.

Antes de disfrutar

En la planificación del disfrute, hay que evitar las expectativas. Una cosa es esperar un suceso con expectación y otra cosa es crearse expectativas al respecto: la realidad siempre va a diferir de lo imaginado.

Aquí, planificando el finde. Imagen de Karolina Grabowska en Pixabay

Por ejemplo, si compramos unas entradas de cine y empezamos a crear grandes expectativas sobre la película, es posible que acabemos sintiendo frustración. Es posible que la película sea mejor de lo que esperamos, pero, al ser distinta, podemos concluir que no cumple los requisitos de lo planificado y tener una sensación de pérdida que no nos permite disfrutar. Ocurrió con el peliculón Drácula de Bram Stoker, de Coppola. A mucha gente le decepcionó porque no era de miedo.

Yo tenía un jefe que decía:

Lo importante es la calidad percibida por el cliente.

Un jefe

Y este jefe tenía bastante razón: cuando algo está por encima de nuestras expectativas, nos parece que tiene calidad. Si las expectativas son muy altas, todo es una m.

Durante el disfrute

Durante la experiencia, hay que evitar irse a otro sitio. Esto es muy difícil, no solo porque estemos rodeados de elementos vivos e inertes que reclaman nuestra atención y la dividen, sino porque prestar atención completa a una experiencia es más aburrido y difícil para el cerebro. Por ejemplo, te pones a comer un plato suculento que has preparado y lo saboreas al principio. En cuanto te has habituado, estás pensando en cualquier otra cosa, engullendo casi sin masticar y olvidando el disfrute de la experiencia directa.

Así, en cualquier momento y lugar se puede prestar atención a los sentidos. Imagina que estás dando un paseo por un parque. Puedes ir mirando tu móvil, puedes ir pensando en mil cosas, o puedes ir tomando nota de lo que percibes:

  • Mira los árboles, cómo el viento mece las ramas, cómo están brotando las hojas.
  • Escucha el viento, los pájaros, los coches, las personas que pasan a tu lado.
  • Nota en tu piel el roce del viento, la temperatura que hace.
  • Inspira profundamente, huele el césped recién cortado, la humedad del estanque, el aroma de las flores.

(No esperes poesía, no es lo mío)

Un paisaje digno de prestar atención a los sentidos. Imagen de JamesDeMers en Pixabay

Después de disfrutar

En el recuerdo, es fácil caer en melancolía de lo que pudo ser y no fue, de nuevo al comparar un ideal con lo que pasó realmente. También es posible sentir nostalgia porque aquel momento de máximo disfrute no volverá, por ser irrepetible o por algún cambio a peor de las circunstancias. Sin embargo, recordar con gratitud y con nuevo gozo, permite obtener una segunda fuente de alegría. Por ejemplo, te has ido de vacaciones a un sitio muy caro y sabes que es difícil que vuelvas. Bueno, pero al menos has ido. Quédate con lo que has vivido y disfrutado.

Una abuela. Imagen de Benjamin Balazs en Pixabay

Con la edad, lo vivido parece superponerse al presente por vivir. Eso puede ocultártelo. En cuanto el cerebro te hace llegar a «esto ya lo he vivido», entras en «el día de la marmota» y ya no vas a tomar nota de aquello que sea nuevo. Es cierto que la experiencia sirve para no repetir errores y para llegar antes a los objetivos que se quieren alcanzar. Pero también ocurre que, por evitar «pérdidas» (errores, pero también dolor, perder el tiempo, una sensación desagradable) evitas descubrir qué trae de nuevo la experiencia presente.

Una receta para disfrutar

Teniendo en cuenta estos tres tiempos, para planificar el disfrute, vivirlo y dejarlo atrás con gratitud podemos seguir una receta como esta:

  • Decir sí sin saber a qué; a ciegas: esto nos abre a la planificación desde la expectación, con total incertidumbre de lo que pueda pasar.
  • Vivir el presente con confianza: esto nos permite una relajación necesaria para experimentar cada acontecimiento con conciencia plena.
  • Soltar lo que creías entender: esto nos ayuda a agradecer lo anterior y dejarlo ir.

Esta receta, por cierto, es un extracto de algunas de las enseñanzas de Brigitte Champetier de Ribes, otra habitual de nuestro blog.


Espero que disfrutes de estos días festivos incluso si te toca trabajar. Como siempre, muchas gracias por leer.

La sabiduría de Ehrmantraut

¿Sigues siendo de moral flexible?

Mike Ehrmantraut a Jimmy McGill en Better Call Saul
Visto en https://www.wallpaperbetter.com/es/hd-wallpaper-urpzn

Si James McGill no fuese de moral flexible, la serie Better Call Saul no existiría. De hecho, el fundamento de la serie es esperar al momento en que el abogado James McGill se convierta en Jimmy Resbalones. Y eso ocurre cuando traspasa la línea de la moral rígida a la moral flexible, cuando se le ocurre una idea colorida fuera de las normas y que le expone a ser atrapado.

Muchas películas y series tienen este tema de fondo. Por ejemplo, Irma la dulce. El protagonista de esta película es un joven policía que quiere seguir las normas escritas, mientras que el resto de personajes, incluidos el sargento y resto de policías, siguen las normas no escritas. Es fundamental conocer estas para abrirse paso en el mundo descrito en esta película, que tiene muchas coincidencias con el mundo real.

Otro ejemplo de moral flexible es este:

Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.

Atribuida a Groucho Marx

Adaptarse al entorno es una de las características fundamentales de los seres que prevalecen, así que en un momento dado, cambiar de principios puede ser una forma de adaptación. En situaciones de ambigüedad, en las que no hay descrita una forma de proceder, puede justificarse con más facilidad este cambio de principios. En sistemas fuertemente jerárquicos como el ejército y similares, un soldado sigue las órdenes que se le dan, sean las que sean, y su conducta se justifica porque solo estaba cumpliendo órdenes.

Aquí y allá, cada persona se ve en situaciones en las que parece fácil dejar de seguir las normas. Ejemplos de normas que se rompen de forma muy habitual son:

  • Ir a más velocidad de la permitida en una carretera.
  • Conducir habiendo bebido alcohol.
  • Hacer cosas personales en el tiempo de trabajo (llamadas, visitar páginas web, entrar en redes sociales…).
  • Copiar contenidos ajenos.
  • Descargar películas o series de una fuente ilegal.
  • Instalar un software que es copia ilegal del genuino.
  • Defraudar a Hacienda.
  • Poner a nombre de otra persona propiedades que usas.
  • Llevarse algo de una tienda sin pagarlo.

Cuando rompemos la norma, buscamos siempre una justificación. Las más comunes:

  • Todo el mundo lo hace.
  • Tenía que hacerlo porque lo necesitaba para… (no llegar tarde, reservar las vacaciones, un trabajo del máster…).
  • A grandes males, grandes remedios.

Aquí vendría la frase:

Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Jesucristo

Alguien puede decir: «no es lo mismo entrar en negocios ilegales que estas pequeñas interpretaciones de la norma». Pero nuestro amigo Mike Ehrmantraut nos lo aclara. En una ocasión, este personaje es contratado para proteger a un hombre torpe que quiere vender de forma ilegal medicamentos que fabrica la empresa en la que trabaja. En una conversación, Ehrmantraut da a entender al hombre torpe que es un delincuente. El hombre protesta, pero Ehrmantraut lo sentencia:

Si haces una actividad ilegal, eres un delincuente: debes saberlo.

Mike Ehrmantraut

Es probable que no utilizase estas palabras, aunque sí parecidas. En todo caso, al hombre torpe le quedó claro, si bien se resistía a aceptar que había traspasado la línea y se había puesto del lado de aquellos a los que vendía los medicamentos.

¿Naturaleza humana?

Tendemos a pensar que ciertos «trucos» son propios de la picaresca española, pero al ver series como esta podemos constatar que más bien está en la naturaleza humana el reinterpretar la norma. Es cierto que esto es más frecuente en unos países que en otros. Según Geert Hofstede, un psicólogo social que se dedicó a estudiar y comparar las culturas de los países, hay una variable que define cuánto se ajusta un país a una norma. Se trata del espectro indulgencia frente a contención, y también se refleja en la distancia jerárquica.

La pregunta es si esta moral flexible es un rasgo que forma parte de la evolución. Y si vamos más allá e incluimos a otros animales en el recuento, podemos deducir que sí: cucos robando el nido a otros pájaros, animales adoptando la forma del alimento de otro para engañarlo, robo del alimento de una especie por otra, etc.

Jugar a policías y ladrones

Policías y ladrones es un juego descrito por nuestro amigo Eric Berne, dentro de una categoría que llamó «los bajos fondos». Berne explica que hay dos tipos de criminales: los que buscan el beneficio y los que buscan (inconscientemente) entrar en este juego (y ser atrapados). Los que buscan el beneficio son «profesionales» y rara vez son atrapados. En cambio, la persona que juega a policías y ladrones está jugando a una versión adulta del escondite, donde el no ser atrapado arruina el juego. Así, es interesante encontrar un lugar muy bueno para esconderse y que se tarde en descubrir, pero si no se descubre nunca, o si se descubre en unos segundos, de pronto es muy aburrido jugar.

El sobrenombre de «Jimmy Resbalones» ya nos hace pensar en una persona que mete la pata con facilidad y acaba siendo descubierta. De hecho, muchas de las «ideas felices» que tiene este personaje a lo largo de la serie ya nos dan a entender que solo es cuestión de tiempo que le atrapen.

En el caso del hombre torpe que vendía los medicamentos, igualmente comete un error garrafal gastando el dinero que le pagan los traficantes en un objeto grande y ostentoso, que parece una exclamación: «¡Soy un camello, atrapadme!».


Una última reflexión: Berne habla de esa «voz del diablo» que hace a una persona entrar en alguna dinámica de guion perdedor, algo como: «¡Venga, atrévete!». Esa voz se opone a la otra (el ángel), que te sugiere: «Me parece que esto no está bien, esto no es correcto». Entonces, cuando hacemos esas pequeñas (o no tan pequeñas) ilegalidades, ¿buscamos secretamente que nos descubran? Si te apetece, responde en comentarios. Como siempre, agradezco mucho que te tomes el tiempo de leer estas reflexiones. Espero que te sirvan.

Hablar en plata

Eric Berne procuró que los conceptos del análisis transaccional fuesen claros e inequívocos. Por ejemplo, los estados del yo del Padre, Adulto y Niño, dar caricias o dar descuentos, jugar a juegos o tener un guion de vida.

Berne observaba todo lo que decían y hacían las personas que acudían a sus grupos. Pero no se dedicaba a apuntar, grababa las conversaciones y estaba más interesado en las palabras que destacaban que en todo el discurso que las rodeaba, ocultando su importancia. También Bert Hellinger huía de los monólogos de los asistentes a sus sesiones:

Descríbeme el problema en tres frases.

Bert Hellinger

Si solo tengo tres frases, no voy a decir:

«Todo se remonta a hace cinco años, cuando por primera vez observé… Y entonces, en 2017, también ocurrió que… Le pasa también a mi prima que…»

Porque entonces no habré llegado a definir lo que quiero tratar hoy. Probablemente utilizaré frases cortas y palabras claras.

Por su parte, Eric Berne utilizaba el humor para narrar esos acercamientos a la realidad que se quedan tan lejos, por ejemplo, esos libros que se titulan:

«En el camino hacia la introducción de una teoría sobre la personalidad»

El libro, de 500 páginas, tan solo se ha encaminado a la introducción, pero no de unos hechos o datos, de una teoría.

Según comenta Berne, algunas personas tienen prohibido acabar nada o ir al grano, de manera que hablan con conjunciones:

«Fui al mercado y… y entonces… y esto… y además…»

Otras personas no acaban sus frases, sino que las terminan con expresiones como «y todo eso», «etcétera», «y lo demás». Por ejemplo: «Nos besamos y todo eso».

La cuestión es preguntarse qué hay detrás de las expresiones que decimos y que no están diciendo nada. Parece que ocurre en temas tradicionalmente tabú, como el sexo, y también en prohibiciones familiares: «de eso no se habla».

Y me lo pones por escrito

Es habitual escribir de forma retórica en los ámbitos formales, pero incluso se cuela en otros ámbitos donde el uso de la palabra podría ser mucho más libre, como un guion cinematográfico. Hace poco, Javi Meléndez escribía:

https://twitter.com/javiguion

¿Cuál tiene más fuerza y se comprende mejor, «cagado de miedo» o «tiene cara de miedo»? La frase entera es ese estilo norteamericano tan claro que no da lugar a dudas sobre lo que quiere decir:

«John pisa frenéticamente el pedal de su moto, está cagado de miedo y la maldita cosa no arranca».

James Cameron

Es también la forma de escribir de Stephen King y de Chuck Palaniuk.

Vemos que, junto con los temas tabú, la expresión de las emociones es otro campo que da lugar a sustituciones de palabras claras por expresiones vagas y circunloquios.

A la hora de escribir, pesan mucho expresiones tradicionales como las de aquellas cartas que ya hace 20 años estaban obsoletas y que empezaban con algo como:

«Muy señor mío»

Es un lenguaje lleno de perífrasis verbales. Pienso que la perífrasis es una manera clara de huir de la acción. En lugar de actuar, «se procede a realizar la acción».

Todo lo que no es hablar claro es de alguna manera «descontar» la realidad, es decir, descalificarla, haciendo que no exista. Se pasa por encima de lo que se tiene delante o lo que se siente, y se dice una cosa que se parece mucho, algo o poco. En palabras de Berne,

Decir las cosas como son puede significar que el paciente está preparado para ponerse bien.

Eric Berne

Me parece importante parar aquí para decir: hablar con claridad no significa hablar de forma cruel a otras personas.

Sigamos. Berne pone algunos ejemplos de esta forma de hablar que oculta la realidad detrás de giros un tanto rimbombantes:

«Iniciamos la entrevista intercambiando saludos positivos. Luego el paciente explicó que había expresado su hostilidad llevando a cabo un acto de agresión física contra su compañero»

frente a

«El paciente me dijo hola y me contó que había pegado a su compañero».

Recapitulando

Parece ser que damos rodeos con el lenguaje en al menos tres casos:

  • Cuando evitamos un tema tabú.
  • Cuando estaba prohibido hablar del tema en nuestra familia de origen.
  • Cuando evitamos expresar emociones genuinas y su grado de intensidad.

A veces, las tres cosas pueden ser la misma: por ejemplo, en una familia puede estar prohibida la emoción de la ira, es por tanto un tema tabú y del que no se puede hablar. O puede ocurrir con la tristeza. O con la alegría.

Propuesta: escucha cómo hablas, lee lo que escribes y empieza a quitar paja. Vas eliminando los rodeos que utilizas y llegas a decir las cosas como son. Si te apetece, deja comentario sobre cómo te fue o cuáles son tus rodeos del lenguaje más habituales. ¡Gracias por leer!

Referencias

BERNE, E. (2014) Más allá de juegos y guiones. Editorial Jeder. Sevilla.

Artículos y conferencias de Bert Hellinger.

Estás haciendo el ridículo

¿Te han dicho alguna vez, siendo una persona adulta, que estás haciendo el ridículo? ¿Y cómo has reaccionado? ¿Te han dicho «haz lo que quieras, pero…»? ¿Y cómo te has sentido?

En este post vamos a identificar al crítico interno, que en lenguaje de análisis transaccional se llama Padre Crítico. Lo vamos a identificar y no, no vamos a luchar contra este estado del yo: vamos a desarmarlo viendo las cosas desde el estado que nos libera de todo: el Adulto. Si quieres recordar qué es esto de los estados, lee esta entrada: Padre – Adulto – Niño.

Darth Vader
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¿Por qué te afecta tanto la crítica?

Si te afecta la crítica de otra persona, probablemente tienes a un crítico interno que está de acuerdo con ella; el Padre Crítico. Sus expresiones verbales toman la forma de «debería/debo/se debe», es decir, de norma absoluta e indiscutible, que ha de cumplirse siempre. O también: «nunca», «siempre», «no olvides jamás», así como formas del tipo «¿Cuántas veces te lo he dicho?» «Yo lo que haría…».

Tu estado de Padre Crítico encuentra su eco en otras personas que influyen sobre ti. Existen varios juegos sociales en que los estados Padre de las personas que hablan se ponen de acuerdo en lo horrible que es algo, ya sea la juventud, la pérdida de valores, la política, el comportamiento de alguien…

Las mismas personas con las que podemos disfrutar mucho en estos juegos sociales son las que te criticarían si dejas de jugar desde el estado Padre y empiezas a actuar de otra manera. Sobre todo si te tomas las cosas con humor, ya que el humor es propio del Niño Libre.

¿Cómo escapar del crítico interno?

Claude Steiner defiende que podemos eliminar al Padre Crítico de la ecuación, porque no tiene ninguna ventaja. Esa voz es capaz de quitarnos la autoestima, de hundirnos, de mantenernos dentro de una jaula. Algunas personas viven en su propio infierno, como esclavas de su estado Padre.

Hay un par de herramientas muy potentes que nos da el análisis transaccional para escapar de esta figura interiorizada. Una de ellas son las caricias y la otra son los permisos.

Caricias

Aunque de caricias y descuentos ya hemos hablado anteriormente, podemos recordar ahora que la caricia es la unidad mínima de reconocimiento de una persona. Una caricia puede ser condicional o incondicional, positiva o negativa, pero siempre «alimenta la médula» de la persona porque implica que se la reconoce como tal.

  • Caricia incondicional: me gustas tal y como eres.
  • Caricia condicional: estás muy guapo cuando llevas ropa formal.
  • Caricia negativa: tus zapatos son horribles. Otro tipo de caricia negativa es la caricia positiva no deseada, por ejemplo, una alabanza que está fuera de lugar y que sientes que te humilla.

Pues bien, las caricias positivas, sobre todo las incondicionales, nos ayudan a escapar del crítico interno. Y estas caricias nos las podemos dar, no necesitamos que lo haga alguien desde fuera. A cada frase del Padre Crítico podemos responder con una caricia y con algo de humor, por ejemplo:

  • Estás haciendo el ridículo -> Es verdad, y así me lo estoy pasando muy bien
  • No te enteras de nada -> Es posible, también es posible que sea mi capacidad para seleccionar información importante
  • Eres idiota -> ¿De verdad? Bueno, también tengo otras virtudes

Permisos

A veces, una persona no es capaz de darse permiso a sí misma para hacer la cosa más sencilla: hablar en público, hacer el ridículo, descansar, ver la tele varias horas, salir a tomar el sol, vaguear, enfadarse, poner la calefacción a un nivel confortable… Las voces del Padre Crítico son tan duras y severas que le impiden actuar. Entonces puede necesitar ayuda de alguien externo. Los permisos hacen que una persona se sienta con derecho a disfrutar de algo. Por ejemplo:

Tengo permiso para dormir hasta tarde los fines de semana.

El trabajo es tan fácil y tan difícil como darse permiso y reconocerse derechos. Estos permisos y derechos tienen que ir en relación con esas voces categóricas que tenemos tan interiorizadas. Por ejemplo:

  • Estás haciendo el ridículo -> Me doy permiso para hacer el ridículo
  • No te enteras de nada -> Tengo derecho a no enterarme de nada
  • Eres idiota -> Me doy permiso para ser idiota de vez en cuando

Si buscas los derechos asertivos, verás que hay muchas más opciones que quizá antes no contemplabas, como tener derecho a equivocarte, a cambiar de opinión, a decir lo que piensas, a pedir lo que necesitas…


¿Reconoces a tu crítico interno? ¿Qué te sueles decir a ti mismo/a desde el estado Padre Crítico? ¿Qué permiso te vas a dar a partir de hoy?

Como siempre, agradezco que hayas leído esta entrada y que compartas libremente.

De sapos y princesas

En el cuento, el sapo besado se convierte en príncipe. En la realidad, el que tiene algo de sapo o de rana, tendrá pocas probabilidades de recibir el beso que lo transforme en príncipe o en princesa a menos que sea capaz de reconocerse como sapo.

Estos nombres, príncipes y ranas, son los que utiliza Eric Berne para hablar de los guiones ganadores y de todos los demás. El guion ganador es el del príncipe o princesa, el resto de guiones, ya sean no-ganadores o perdedores, tienen algo o mucho de rana, y la rana saldrá por algún lado antes o después.

Con esta primera descripción puede pensarse que el guion principesco es propio de familias adineradas, de la nobleza, sagas de grandes empresarios… y da lugar a vástagos rubios y de ojos azules. Sin embargo, personas con un destino de vida bastante duro y que físicamente distan mucho del príncipe azul pueden tener un guion ganador y llevarlo a cabo.

Rana con corona de príncipe en una roca al lado de un río

¿Qué puedes esperar?

Milton Erickson, el impulsor de la hipnosis terapéutica, nació con una serie de dificultades: era disléxico, daltónico y sordo. Estas limitaciones permitieron que desarrollara otras capacidades. Por ejemplo, se fijaba en el lenguaje no verbal de sus hermanas, lo que le permitió conocer aspectos de la comunicación que suelen pasar desapercibidos. Milton Erikson enfermó de polio a los 17 años y esta enfermedad lo dejó postrado durante un año. Pero no se conformó, sino que fue trabajando mentalmente con sus músculos y se fue recuperando, hasta el punto de que salió de la cama para embarcarse en una canoa en un viaje de mil millas que acabó de fortalecerlo. Durante este viaje escribió un diario que ahora está a la venta.

https://www.louiscauffman.com/louis-cauffman/the-canoe-diary-publication/

Este es el guion de un príncipe: se fija un objetivo, lo comunica y lo logra. Si por el contrario Erickson se hubiese agarrado a su discapacidad y a su enfermedad, podría haber jugado a «pata de palo» y haber vivido como un «tullido».

Eric Berne habla del juego «pata de palo», que se detecta a través de una simple pregunta que hace la persona que lo juega:

¿Qué puedes esperar de una persona con una pata de palo?

Sustitúyase pata de palo por cualquier tipo de limitación. ¿Qué esperas de una persona disléxica, daltónica y sorda? ¿Qué esperas de una persona que ha contraído la polio y se ha quedado totalmente paralizada?

La respuesta benevolente del Padre Nutricio es: «Claro, no espero nada». Entonces la persona que juega a pata de palo tampoco espera nada y construye su vida en torno a su enfermedad o su discapacidad. Y no es necesario que la queja describa una limitación física, ni siquiera una limitación real. Puede también decirse: ¿Qué esperas de una persona que…

  • …vive en esta sociedad?
  • …tiene síntomas psicosomáticos?
  • …proviene de un hogar roto?

La respuesta de Berne para desafiar este juego y el guion de vida correspondiente es:

No espero nada. ¿Qué espera usted de sí mismo?

Eric Berne

Parece que Milton Erickson esperaba mucho de sí mismo, por lo que nada le impidió graduarse en medicina y psicología, casarse, tener ocho hijos y vivir 78 años.

No tienes que ser como Erickson. Lo más habitual es que el guion de vida contenga poco o mucho de rana, de manera que los objetivos se quiebran para poder cumplir con mandatos e impulsores transmitidos por los padres. Por ejemplo:

  • Esfuérzate… pero no lo consigas.
  • Puedes ser feliz, pero… ¿quién te crees que eres?
  • Está bien que tengas éxito… mientras no me superes.
  • Puedes existir… siempre que me complazcas.

La voz del demonio

¿Qué haces entonces cuando en tu guion hay algo o mucho de rana y poco de príncipe? ¿Obvias a tu rana? ¿Justificas tu vida porque tienes parte de rana? ¿Das voz a la rana?

Si te fijas, muchas de las comedias se basan en personas que tratan de ocultar su parte de rana. Aquella parte de su persona que es fea, débil, necesitada, miedosa, muy agresiva, sádica, viciosa, loca… esa parte se disimula hasta que surge en el peor momento y eso es gracioso (en la comedia). De hecho, esta parte es la que se utiliza para trabajar el payaso interior: el fracaso, la torpeza, la vulnerabilidad, lo irracional.

En la vida real, reprimir a la rana hace que se revuelva en la sombra, que explote de pronto con las peores consecuencias, que son las temidas. Muchas personas actúan socialmente como si fuesen príncipes y princesas, quizá más las personas que piensan que los demás no están bien pero ellas sí, ya que se sienten superiores. Hasta que de pronto se da el fracaso sorpresivo, que provoca rechazo, que muestra que en realidad eran unos inadaptados.

Eric Berne habla de «la voz del demonio», esa voz que da el empujón decisivo hacia el abismo. Es esa voz que dice: «Apuesta todo al negro», «Solo una copa», «Atácale ahora», «Di esa frase que estabas reprimiendo», «Vuélvete loco», «No acabes la carrera»…

Para enfrentar a esta voz, una persona necesita que se le den dos permisos:

  1. Permiso para escuchar sus voces interiores (así también se aprende a reconocer el estado Niño y el estado Padre)
  2. Permiso para no seguir las directrices que lleva en su estado Padre

Una alternativa

Como reprimir a la rana no funciona, una alternativa es mirarla a los ojos, escucharla, abrazarla. La rana está ahí y no se diluye. Es posible que con mucho trabajo terapéutico una persona logre que su rana, de verdad, se convierta en príncipe o en princesa. ¿Y cómo era eso? Pues era besándola.

Besa a tu rana.

Más de una vez, claro. Puedes reconocer a esta parte de tu personalidad cuando trabajas directamente con ella. Como ya hemos dicho, una forma es asistir a cursos de clown y teatro. Estos cursos permiten escuchar «la voz del diablo» en un espacio seguro: hacer el ridículo, fracasar, comportarse de manera irracional y mostrar la propia vulnerabilidad.

No esperes que otra persona identifique tu parte rana y la bese. Empieza tú besando a tu rana. Así serás capaz de besar la rana ajena. Precisamente esa es la caricia positiva incondicional: ser capaz de aceptar de una persona lo imperfecto, sus debilidades, su capacidad limitada de dar.

Cómo decir «Hola»

Foca saludando

[Imagen de Taken en Pixabay]

Eric Berne escribió un libro titulado ¿Qué dice usted después de decir «Hola»?

Esta es una pregunta muy rara. Y el médico psiquiatra que la formuló lo sabía. Por eso explica:

Esta pregunta pueril, aparentemente tan tonta y falta de profundidad que es de esperar en una investigación científica, en realidad contiene en sí misma todas las cuestiones básicas de la vida humana y todos los problemas fundamentales de las ciencias sociales.

Es más, después de decir «Hola», las personas se involucran en distintas formas de comunicación que evitan toda intimidad: rituales, procedimientos y juegos.

Estas formas de comunicación se basan en algo que ya hemos visto en el blog: los estados del yo: Padre, Adulto y Niño. Solo la relación de Adulto a Adulto puede llegar a una comunicación real y a una intimidad. El resto sirve para justificar la posición existencial, una posición que se relaciona con el guion de vida que se representa y los personajes que se escogen para participar en él.

Pues bien, antes de entrar en todo este análisis que llevó al autor a la práctica clínica con grupos durante varios años, se comienza con algo tan sencillo como un «Hola».

¿Cómo dices «Hola»?

En una época en la que hasta varias compañías grandes se apropian del «Hola» como «imagen de marca», en la que la mayoría de las veces que decimos «Hola» a lo largo del día es a través de whatsapp, en la que el saludo en persona se ha vuelto incómodo porque hemos tenido que desautomatizar los besos, los abrazos y el darse la mano, este «Hola» debería ser sagrado.

La importancia que le damos es tan alta como la que damos a memorizar el nombre de una persona que nos presentan: normalmente ninguna.

No nos planteamos a quién estamos saludando. Si la persona es conocida, asumimos que «es la misma». Pero las personas cambiamos a cada momento, nos suceden cosas, nos influyen acontecimientos externos e internos…

Decir «Hola» correctamente es ver a la otra persona, ser consciente de ella como fenómeno, hacérsele presente y estar dispuesto a que ella se te haga presente.

Una vez leemos esta descripción de lo que Eric Berne considera un «Hola» real, nos damos cuenta quizá de que, la mayoría de las veces, preferimos no ver a la otra persona, no ser consciente de ella y por tanto no hacernos presentes ni permitir que la persona se haga presente. Más bien es un trámite, una caricia de bajo nivel para saltar a continuación a dar al Play de nuestro disco-rollo que llevamos preparado.

Este «Hola» real se engloba en las experiencias de consciencia y espontaneidad sencillas, como ver los árboles o escuchar el canto de los pájaros.

Bueno, quizá no hay por qué abrirse a una experiencia real en cada «Hola» que se comparte. Pero si se quiere hacer en algún caso, pueden seguirse estos pasos:

Pasos para decir «Hola»

Creo que merece la pena citar de forma casi literal a Eric Berne en este punto. Lo que tienen estos genios es que han expresado cada idea de forma tan clara que reescribirla es empeorarla.

Paso 1

Primero, deshazte de toda la basura que se ha acumulado en tu cabeza y reconoce que este «Hola» en particular ya nunca volverá a darse.

Paso 2

Para devolver el «Hola», deshazte de toda la basura que tienes en la cabeza y date cuenta de que ahí hay una persona esperando a que le devuelvas el «Hola».

Paso 3

Después de decir «Hola», deshazte de toda la basura que se está volviendo a meter en tu cabeza, en particular, los residuos de los agravios sufridos y los anticipos de los líos en que piensas meterte. Entonces te quedarás sin habla.

Nota: los pasos 1, 2 y 3 pueden llevar años. En el paso 3, una vez pasados estos años, es posible que se te ocurra algo ingenioso que añadir.

¿Qué es eso de la basura?

Esa basura consiste en todas las estrategias que hemos ido aprendiendo con el fin de confirmar una visión de la vida que hemos formado a partir de lo que los padres nos han transmitido y de lo que cada persona ha ido interiorizando como respuesta emocional. Es lo que la gente hace en lugar de decir «Hola». Y de algo de ello hemos hablado varias veces en este blog. A modo de resumen:


¿Cómo dices tú «Hola»? ¿Qué dices después? 

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. Y estoy encantada de que te guste tanto este tema que te suscribas a mi blog. 🙂

El equilibrio entre dar y recibir

En los últimos posts hemos visto la fuerza de la pertenencia y la fuerza del orden en el contexto de las nuevas constelaciones familiares. Esta semana os hablo de mi comprensión de la fuerza de la compensación, o el equilibrio entre dar y recibir.

Cuando pienso en esta fuerza, recuerdo el dilema del prisionero iterado, muy bien resumido en la entrada de Wikipedia. El dilema del prisionero es un problema de teoría de juegos que explica por qué dos personas podrían no cooperar entre sí incluso cuando la solución mejor para ambos es cooperar.

Toma y daca

Si la interacción entre dos personas se prolonga indefinidamente, en cambio, la solución óptima es la cooperación. Esto lo explica Robert Axelrod en La evolución de la cooperación: el dilema del prisionero y la teoría de juegos. Este es un libro que descubrí gracias al profesor Fernando Esteve Mora.

Para resumirlo mucho, la estrategia ganadora en la interacción entre dos personas cuando va a repetirse de forma indefinida es el toma y daca. Esta estrategia comienza cooperando y, después, imitando la conducta de la otra persona. Si coopera, se sigue cooperando. Si no lo hace, se deja de cooperar. La única estrategia que mejora incluso a la de toma y daca es toma y daca dos veces: el primer jugador coopera las dos primeras veces, independientemente de lo que haga el otro. Después, de nuevo, imita la conducta de la otra persona.

Tal como nos cuenta Axelrod, estas estrategias se escribieron en lenguaje informático. Sin embargo, son estrategias que ponemos en juego cada vez que interactuamos con otras personas, sean amistades, clientes, proveedores, jefes, colaboradores…

La ley de equilibrio entre dar y recibir

La ley sistémica de equilibrar el dar y recibir se parece a ese intercambio indefinido entre personas. Contempla además un momento de desequilibrio, ese tiempo en el que una persona ha dado pero la otra aún no ha agradecido. Este momento «inconcluso» (tal como lo denomina Brigitte Champetier de Ribes) es el tejido de todas las relaciones sociales.

Dar

Dar es agradecer, es devolver. Produce la mayor alegría. El que da se siente libre (y se siente más grande). Se dice que la mayoría de la gente prefiere regalar a recibir un regalo.

Es cierto que el que da recibe de forma automática, siempre que respete profundamente a la otra persona como para permitirle agradecer o devolver.

Puede darse el caso de personas que solo quieren dar, sin recibir nada a cambio. Esto puede mostrarnos conductas que en realidad son egoístas: la persona solo se ve a sí misma y a su necesidad de dar, no ve al otro ni se pregunta si necesita de su ayuda. Así, pone en peligro el intercambio de toma y daca, está siguiendo una estrategia de solo dar (que hemos visto que no es óptima).

Recibir

Cuando recibimos algo, automáticamente estamos en deuda. Por ello, recibir nos hace sentir un poco más pequeños, hasta que podemos devolver, si quiera con el agradecimiento por lo recibido.

Si no se nos permite devolver o agradecer lo recibido, perdemos la dignidad al perder nuestra independencia. Si solo se recibe, se entra en una situación degradante, puesto que nos posiciona en el niño. Una estrategia de solo recibir tampoco es óptima, no hay intercambio.

Compensación

Podemos explicar la vida como opuestos o polaridades que se compensan para crear algo mayor. Podemos ver la ley sistémica del equilibrio entre dar y tomar como la ley de la compensación, una regulación automática de todo, en la que lo que estaba por exceso se compensa con lo que está por defecto.

Si vemos la ley de la compensación desde un sistema familiar, puede darse una compensación arcaica en la que los miembros posteriores del clan quieren compensar algo por sus ancestros, lo que se llama buena conciencia. Se toma partido y, automáticamente, se pierde el estado adulto, entrando en una conducta de repetición del pasado o poniendo demasiado entusiasmo en algo.

Sin embargo, es más interesante la compensación adulta, la decisión consciente de reconciliar los opuestos, de no quedarse solo con una visión parcial de una dinámica, sino ampliar la perspectiva para incluir un movimiento y su opuesto. Así, la actitud que lo incluye todo es: «Todo está bien como es, aunque no lo entienda».

La rendición

En la compensación adulta entra en juego la rendición. Implica renunciar a tomar parte, a identificarse solo con una visión parcial de una dinámica, normalmente la que mejor nos va y la que las creencias heredadas nos indican que es la buena. Al soltar nuestros deseos de que las cosas sean una forma, es cuando dejamos el espacio suficiente para siquiera concebir que sean de otra, de una manera que no imaginamos (o que tememos profundamente).

En nuestra cultura la palabra rendición se asimila con resignación y se opone a dejar de luchar por los objetivos, algo que realmente está muy mal visto. Sin embargo, esta rendición del adulto está más en línea con la renuncia, con dejar de agarrarse a algo que es parcial, asintiendo a la totalidad.

Hablamos de la fuerza de la compensación en nuestro próximo curso de constelaciones familiares:

Curso de constelaciones familiares Las fuerzas del amor. 9 y 10 de enero, curso online abierto a todos.

La ley del orden

En el post anterior os hablaba de la ley de pertenencia, pero hay una ley previa, que va antes incluso del amor: la ley sistémica del orden. 

«Aceptar la vida como es implica aceptarla con sus límites». Brigitte Champetier de Ribes

Uno de los límites de la vida es el orden: los elementos llegan a un sistema en un orden. Si hablamos de sistemas formados por personas, los abuelos fueron antes que los padres, los padres fueron antes que los hijos. Respetar este orden implica aceptar que los más antiguos tienen prioridad sobre los nuevos. ¿Por qué tienen prioridad? Porque los antiguos entregaron sus vidas para abrir camino a los siguientes.

La dimensión espaciotemporal

Entramos en nuestro sistema familiar al nacer. Nacemos en una época muy concreta, en un país determinado. No elegimos nada de esto. Esa es nuestra dimensión, nuestro único lugar, muy preciso. Limitado, ya que no podemos variar la fecha ni el lugar y, al mismo tiempo, infinito, una vez aceptamos por completo esta fecha y este lugar: es cuando realmente nos abrimos a ver lo que tenemos alrededor, a vivir el tiempo que nos toca.

Al respetar el orden, respetamos nuestro momento. En lugar de repetir el pasado, elegimos vivir plenamente conscientes en el presente. Esto exige darnos cuenta de que, cada día, todo es completamente nuevo, la incertidumbre nos acompaña, decimos sí sin saber a qué, con la confianza en que las cosas son como tienen que ser. Explico a continuación esta última frase.

Espacio tiempo

Cuando pensamos en el movimiento del universo y en sus leyes, no señalamos defectos y fallos de funcionamiento: parece una máquina bien engrasada, de la que entendemos algunas características e ignoramos muchas otras. ¿Por qué iba a tener defectos y fallos de funcionamiento lo que nos acontece a cada segundo? ¿Qué diferencia habría con el resto del universo? ¿Por qué iban a aplicarse otras leyes? Cuando vemos defectos, se trata más bien de nuestro juicio, siempre subjetivo, filtrado por creencias inconscientes, formas de pensar y actuar que se arrastran desde el pasado pero no se miran a la luz de la realidad.

El tiempo solo se mueve hacia adelante. Muchas veces, inconscientemente, elegimos vivir en el pasado. Cuando esto ocurre, nos estamos anclando, ya no vemos lo que tenemos delante. Y solo podemos dar dos tipos de paso: hacia adelante, con el flujo de todo lo que hay, o hacia atrás. Hacia más vida o hacia la muerte. Hacia la creación constante de lo nuevo, o hacia la repetición de rutinas.

Como comenta Bert Hellinger, el paso decisivo es mirar, pensar, vivir solo hacia delante y hacia la lejanía, hacia más vida, salud, placer, amor realizado.

La ley del orden en una organización

En una organización, igual que en una familia, cada profesional tiene un único lugar correcto. Cabe pensar que el orden en una organización deriva de la jerarquía, sin embargo, no es así: primero hay que tener en cuenta la antigüedad. Solo después se mira la contribución de una persona por su función. 

Cuando se incorpora a alguien en un puesto por encima de personas más antiguas, si el nuevo no respeta a los antiguos, le va a ir mal y va a provocar desorden e incomodidad. Es posible que incluso se trate de una persona más joven que, muy segura de sus conocimientos, va a despreciar por completo la experiencia de las personas que van a estar a su cargo teniendo más edad. El resultado de este tipo de situación hace perder energía al equipo: en lugar de centrarse en cumplir objetivos, sus integrantes están centrados en luchar para mantener su posición.

¿Cómo nos ponemos en consonancia con algo más grande? Con la mirada hacia delante al servicio de la vida. 

¿Cómo trabajar esta ley sistémica?

Es posible que esta ley sistémica del orden no esté bien en nuestras vidas y ni siquiera lo sepamos, solo estamos viviendo las consecuencias negativas que conlleva no aceptar las cosas como son, empezando por uno mismo/a. Sin orden, no es posible el amor. Esto significa que, sin respetar a los anteriores, ¿cómo vamos a amarlos o recibir amor de ellos? El amor implica ese respeto por el lugar que ocupa cada uno.

Una forma práctica y experiencial de tomar conciencia de esto y cambiarlo es asistir a nuestro próximo curso sobre Las fuerzas del amor, abierto a tod@s. Aquí dejo la información para apuntarte.

Cartel del curso online Las fuerzas del amor, 12 y 13 de diciembre.

Para saber más:

La ley de pertenencia

Buckminster Fuller, diseñador, arquitecto e inventor norteamericano, tuvo un momento de revelación cuando se iba a suicidar. Una voz interior le indica que no se puede quitar la vida porque no le pertenece a él, sino al universo. Tiene una epifanía, dedicarse a:

«un experimento, para descubrir si un individuo puede contribuir a cambiar el mundo y beneficiar a toda la humanidad».

Desde la máxima humildad, considerándose un individuo cualquiera sin condiciones superiores, se plantea qué puede hacer para mejorar la vida de toda la humanidad, en la «nave espacial Tierra».

Fuller se da cuenta de que todo está conectado, de que los sistemas son mayores que la suma de sus partes: es quien comienza a emplear el término sinergia. En lugar de trabajar desde las partes al todo, propone hacer lo contrario, ir del todo a los detalles, de manera que surgen partes del sistema que no se habían identificado. Al estar todos los elementos en relación:

«No hay nada de lo que hacemos que no afecte a los demás en mayor o menor medida. Por supuesto, esto también se aplica a toda forma de vida».

La idea de sinergia se aplica a su famoso diseño de cúpulas geodésicas, de las que se llenó el mundo y que aún son un símbolo de futuro:

Cúpula geodésica de

Puedes ver varios diseños de cúpulas geodésicas y muchos otros inventos de Fuller en la exposición temporal en Espacio Fundación Telefónica, muy recomendable.

La pertenencia a un sistema

Estamos todos conectados, todos en relación. En cada sistema, cada elemento que lo compone pertenece a él por igual, no se puede excluir uno de ellos. Como descubrió Bert Hellinger, todos los integrantes de un sistema familiar pertenecen a él, simplemente por haber nacido en ese sistema, hayan hecho lo que hayan hecho.

Lo más fácil es excluir, especialmente lo que no nos gusta mirar o admitir. Sin embargo, la ley sistémica de pertenencia contiene un movimiento de inclusión de la diferencia, que implica que todas las personas del sistema tienen el mismo derecho a pertenecer.

Esta pertenencia es grande si es adulta, de lo contrario hablamos de conciencia moral: incluimos a los de nuestro clan, excluimos al resto, que son «el enemigo». 

A cada persona le ha tocado un rol en la vida, y algunos roles son despreciados. Si recordáis cuando hablábamos del camarero Moustache, de la película «Irma la dulce«, los diferentes roles se relacionan de manera que el sistema está en equilibrio, por desagradable que nos pueda parecer la conducta de muchos de ellos (o de todos, todos al final acaban implicados en un juego paralelo a las normas pero que tiene otras normas que todos aceptan). Es Patou, con la mejor de las intenciones, el que trata de estar por encima de ese sistema diciendo cómo deberían ser las cosas.

Pertenecemos a muchos sistemas

La dirección de la vida es hacia delante, los sistemas se van equilibrando y compensando, todos en relación. Pertenecemos a muchos sistemas, no solo el familiar: las empresas, los países, las organizaciones internacionales… 

La ley de pertenencia es una de las fuerzas del amor que trabajaremos en el próximo curso que imparto como aspirante a formadora homologada en las nuevas constelaciones familiares, tutelado por Insconsfa. Este curso es válido para la formación como Especialista en constelaciones familiares. 

Esta formación está abierta a tod@s, es una gran oportunidad para soltar resistencias y tomar la decisión consciente de estar aquí y disfrutarlo.

Cartel del curso online Las fuerzas del amor, 12 y 13 de diciembre.