El verdadero test

Crees que eres una persona muy elevada, que has tenido comprensiones importantes sobre la vida y, por tanto, eres más capaz de tomártela con filosofía.

Y luego llega la cena de Navidad con tu familia política, o con la propia. Entonces descubres, con humildad, pero también con cierta decepción, que no eres ese ser avanzado y un poco por encima de todo: te encuentras dolorosamente en un barro pegajoso y maloliente, el que describe tu total incapacidad para hacer frente al momento presente. Por más que lo intentas, no consigues descifrar los códigos que rigen, o, si lo haces, se hace patente que no son los tuyos, sino que están tan alejados que te preguntas cómo saldrás adelante. Precisamente el darte cuenta de que no encajas en esa otra familia, o en la tuya propia, como una pieza de juguete con forma circular no encaja en el hueco cuadrangular, por más que la quieras empujar, eso hace que se te ponga poco a poco, sin poder evitarlo, una cara de acelga, de desánimo, de absoluto cansancio, de dolor de muelas. Hasta puedes llegar a tener un buen dolor de cabeza, provocado por tu capacidad aumentada de escuchar los tonos disonantes que se pierde cuando estás integrado en una fiesta a tu gusto, es decir, dolor provocado por tu incapacidad para encajar tu circunferencia en ese hueco cuadrangular, de encajar en esa otra fiesta, la que realmente está teniendo lugar.

Soy fan de las imágenes generadas por IA con fallos, en este caso, esa doble mano izquierda de la chica de la derecha. Aquí, nadie se mira a los ojos, no hay comida sobre la mesa y la felicidad que muestran varios personajes parece no tener que ver con quienes tienen delante. La titularé «En la parra».

Las posibilidades de huida han aumentado desde que existe el teléfono móvil: una persona siempre puede fingir estar consultando algo o chateando con alguien, pero es todo inútil, si el ruido, la luz, o ambos, se imponen.

Así, puedo citar ahora las palabras de Brigitte Champetier:

La realidad es una gran maestra.

Y tanto: te baja de cualquier supuesta altura de un plumazo. Ningún mal, ningún dolor, ningún miedo se van ni se huyen, sino que toca atravesarlos, vivirlos, es cuando su fuerza se aplaca: ir hacia aquello que más desagrada es justo lo que lo apaga.

Mención especial merecen las personas introvertidas, para las que las fiestas son como los petardos para algunos perros y gatos. La persona introvertida, acostumbrada a pasar varias horas de su día a día dedicadas a digerir lo que ha vivido las otras horas, con silencio e iluminación suave que permiten sus reflexiones y diálogos consigo misma, de pronto no tiene escapatoria: todo el lugar está tomado por la música demasiado alta, la luz demasiado fuerte, las voces discordantes, la sensación de que se pide su punto de vista, cuando preferiría permanecer en absoluto silencio.

Esto también acabará.

Es lo que decía en un anillo de un gran rey en un cuento, pero vaya, se hace bien largo.

Tal vez entras en X tras visitar vomitivas felicitaciones de Instagram o buenos deseos de Facebook y entonces encuentras a otros en situaciones más difíciles: aquellas personas con un cuñado insoportable que se les sienta al lado, aquellas que pasan las fiestas en soledad, aquellas que no tienen con qué celebrar, aquellas que ni siquiera cuentan con un techo, aquellas que están inmersas en una guerra. Todo es relativo.

El test se repite al año siguiente, cada año, pillando mejor o peor a cada cual, y ¿hay evolución? ¿Dedica alguien su año a preparar técnicas para que las situaciones navideñas le afecten menos y para de verdad compartir estos momentos con esas personas que otros identificarían como «los suyos»? Normalmente, no. Porque es un periodo muy corto del año, rigurosamente, no pasa de 6 días no completos, puede alargarse a 2 semanas, pero eso es cada vez menos común.


El verdadero test se da cuando entras en contacto con las personas más cercanas. Ocurre especialmente en estas fiestas, pero también en cualquier otra situación familiar, en el día a día en la empresa, en un viaje con familia o amistades… Es muy fácil albergar sentimientos fraternales y compasivos por la especie humana cuando se la ve de lejos, idealmente por la tele, y es muy difícil ser empático y amoroso cuando se tienen cerca personas que nos resultan difíciles: esa es la prueba de fuego.

El cine oscuro

El avezado lector ya sabe que en este blog hay muchos artículos que hablan de películas, aunque no se hable específicamente de cine. Algunos de los más visitados están relacionados con estas películas:

Sin embargo, las menciones al cine han disminuido bastante. Y es que no voy: de un tiempo a esta parte tengo la sensación de que el cine y las series son oscuros. Oscuros literalmente, vamos, que no se ve. Y para muestra, un botón:

Autofotus viendo una escena larga de Immaculate, una película con varias escenas totalmente en negro.

Total, que si tienes astigmatismo, como yo, pues no es que veas poco, es que no logras engancharte a esa película o serie porque no ves nada, nada te llama la atención, no ves el color de los ojos de los personajes, no sabes si es de día o de noche, o por qué todo se rueda de noche, directamente.

¿Por qué esta oscuridad?

Yo crecí con los colores ingenuos de Superman, Indiana Jones, La guerra de las galaxias (incluso en el oscuro espacio había más luz que en la mayoría de las películas actuales), Regreso al futuro… Esa era una época optimista, el cine estadounidense nos transmitía cierta ingenuidad, las películas siempre tenían una dosis de humor desenfadado aunque fueran «serias».

Con el tiempo, empezó el filtrado a negro, la saturación de luces y sombras, hasta llegar a la oscuridad en la que nos movemos ahora, fuera de todo candor, en la que es normal y casi aburrido (por exagerar) ver a una persona degollar a otra, o ver cómo le corta los miembros. Por ejemplo, he dejado de ver la serie Goliath sin acabarla. Es una serie buena, se deduce por el número de temporadas, pero en cada episodio me parecía estar viendo una pesadilla.

La oferta de las plataformas (Netflix, Amazon Prime, HBO…) parece que tiene que ofrecer esa dosis de oscuridad y sangre, esa sensación de que la realidad es hostil, que te rodea la violencia y no puedes fiarte de nadie. ¿Por qué? Para ir con los tiempos, en los que hay constantes noticias oscuras sobre cómo está el mundo.

No son sólo noticias. Recientemente hemos podido ver una entrevista de Gonzo en Salvados (La Sexta) a «moderadores de contenido» que lo que hacen es calificar vídeos en función de unos parámetros. Y para calificarlos, tienen que verlos: ver a dónde puede llegar el ser humano cuando pierde el control, lo que les deja unas secuelas importantes y síndrome de estrés postraumático. Acaso la sombra que se había ido reprimiendo en otra época más benigna ahora está desatada.

La sombra se combate aceptándola: cada persona tiene su sombra y es época de mirarla a los ojos. Así, en lugar de creer que la sombra está «ahí fuera» y que cada persona que se te acerca trae una posible amenaza, en lugar de aumentar el miedo a que te ocurra lo que ves en series y películas, pero también en horribles vídeos que circulan por las redes, se trata de ver y asumir la propia sombra, la propia agresividad, la capacidad de hacer daño, la negatividad, la capacidad de hundirse, las propias perversiones, los desvíos de lo que se considera normal.


No se trata de obviar la realidad humana. Se trata de compensarla con esa otra parte de luz, la mejor versión de cada persona, aquello de lo que somos capaces cuando ponemos la atención y la pasión en una acción concreta. Ambas partes son humanas.

Dicen los sufíes que la vida es como un jardín de rosas. Podemos fijarnos en sus colores, su aroma, la riqueza y belleza del jardín. O podemos fijarnos en sus espinas, cómo pinchan y cómo dificultan acercarse a ellas. Ambas cosas forman parte del todo y ambas son necesarias.

La consciencia

En este blog tenemos una categoría completa sobre la consciencia a tu disposición. Sin embargo, nunca hemos entrado a definir qué es. El propio diccionario de la RAE tiene 4 acepciones, mientras que el panhispánico de dudas nos aclara las diferencias entre conciencia y consciencia. Más allá de la discusión lingüística, un artículo de The Economist ha definido la consciencia desde un enfoque científico. Vamos a partir de este enfoque y tratar de desentrañar de qué hablamos realmente.

El artículo de The Economist comienza con la famosa frase de Descartes:

Pienso, luego existo.

René Descartes.

La afirmación de Descartes solo incluye la propia consciencia: ningún individuo puede asegurar de otro que sea consciente de sí mismo (que es de lo que habla el artículo mencionado). Tampoco sabemos a ciencia cierta si un animal es consciente de sí mismo. Se han hecho estudios, como poner un espejo frente a distintas especies, para comprobar si se reconocen. Algunas especies como delfines, chimpancés o elefantes parecen reconocerse, otras como gorilas, perros o monos, no.

El artículo también distingue dos estados: estar despierto como evidencia de consciencia y estar dormido como ausencia de la consciencia. También se indaga, a partir de distintos descubrimientos científicos, dónde podría alojarse la consciencia en el cerebro, y se propone el claustrum, una zona del córtex cerebral. Esta estructura, que existe en cada uno de los hemisferios, conecta varias partes de la corteza.

Aumentar la consciencia

Los artículos de este blog, sin embargo, tratan de la consciencia como algo que se puede aumentar, no como una variable binaria (o se está consciente o se está inconsciente). Así, artículos como el que mencionaba Lograr el milagro de estar atento, derivan el concepto de consciencia de estar atento o no («awareness»). Por tanto, habría un rango de matices desde vivir sin prestar atención a lo que nos rodea hasta vivir intensamente el presente, la acción, con una atención plena (mindfulness) a lo que nos rodea.

En diferentes místicas, se habla de un «despertar» desde el estado consciente que aún no está atento a la realidad presente. Es un segundo despertar, el que han buscado durante siglos (quizá miles de años) distintas filosofías. Es ese camino en el que no hay camino, en el que la meta es el camino, o en el que la forma de alcanzar «el monte Carmelo» es hacer nada.

Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

Conocidos versos de Antonio Machado.
Mujer contemplando el mar, en aparente consciencia plena. Imagen de Alejandro Piñero Amerio en Pixabay.

Atención plena

Esta consciencia de atención plena tiene dos componentes: una parte de autoconocimiento, en la que la persona observa sus pensamientos, emociones y estado físico, y una parte de conocimiento hacia fuera, en la que la persona presta atención a lo que le rodea desde una posición calmada, como si se tratase de una cámara de vídeo que grabase la realidad, registrando todos los sonidos, colores, olores… Esta división hacia dentro y hacia fuera no la hacen los budistas: todo es lo mismo, son entidades indivisibles; el yo se observa a sí mismo.

Generalmente, la consciencia plena se describe como un estado contemplativo, en el que la persona es un receptor de informaciones, pero también incluye la vivencia completa del presente, en la acción, sin filtros de creencias, emociones o automatizaciones del pasado. En este estado, cada segundo es totalmente nuevo y original, no ha ocurrido nunca antes ni volverá a ocurrir. Sin tener la vista empañada por creencias, rituales o emociones secundarias con un origen en un momento anterior, se accede a la vivencia en el momento presente.


¿Sientes que eres consciente de tu día a día, de cómo discurre tu mente? ¿Sientes por el contrario que cada día es el día de la marmota y te vas dejando llevar sin prestar mucha atención? ¿Tienes momentos de mayor claridad, en los que pareces estar experimentando la realidad sin ningún «filtro»? Como siempre, muchas gracias por leer, comentar si te apetece y compartir también.

Hipnosis

Llevaba largo tiempo queriendo asistir a un espectáculo de hipnosis, pero el tema atrae a mucha gente y enseguida se completaba el aforo. Por fin, pude ir hace pocos días en A toda magia, donde Max Verdié fue el mentalista que llevó a cabo el show. Pues bien, tuve la suerte de ser una de las personas hipnotizadas, disfrutando del espectáculo desde un punto de vista completamente desconocido.

¿Qué es la hipnosis?

Se trata de un estado alterado de conciencia en el que la persona está sometida a una profunda relajación que le permite tanto mantener una atención muy enfocada como acceder a los rincones de su imaginación.

Definición de hipnosis.

En ese estado, yo era consciente de lo que decía el mago; de hecho, era fundamental escuchar sus palabras. Estaba y no estaba en aquel espacio con público, en el sentido de que sabía que había personas mirando o riéndose de las situaciones, pero lo vivía como algo ajeno a mí. El propio Max Verdié explica 5 hechos sobre la hipnosis:

  • 1) Todo el mundo puede ser hipnotizado.
  • 2) Algunas personas son más sensibles a la hipnosis.
  • 3) Nadie hace nada en contra de su voluntad.
  • 4) La hipnosis no consiste en imponer tu voluntad sobre otro, porque…
  • 5) … la hipnosis no existe: solo existe la autohipnosis.

Así, aunque las palabras del mentalista eran para mí en ese estado «lo más importante del mundo», cuando algo no encajaba con mi forma de ver las cosas, no lo hacía. Él solo invitó a subir al escenario a aquellas personas que mostraron más sensibilidad a la hipnosis, y luego parece ser que fue descartando personas. Esto realmente no lo vi; como decía, estaba y no estaba allí.

Una vez hipnotizada, la persona puede dormir con un simple apretón de manos. Imagen generada con Lexica Aperture.

Las posibilidades que abre la hipnosis

De los hechos sobre la hipnosis, el que más me llama la atención es que solo existe la autohipnosis. La persona es quien accede a entrar en ese estado alterado de conciencia, quien en todo momento mantiene encendido el piloto de dónde está, quién es y qué hace. Decide adentrarse en esa relajación profunda de atención focalizada que resulta placentera. Entiendo que con un buen entrenamiento, una persona puede autoinducirse un estado similar, quizá menos profundo, en el que accede a habilidades que conscientemente considera que no tiene.

Según leemos en la página web del Instituto Erickson de Madrid, la hipnosis se utiliza de forma terapéutica para muchas dolencias: ansiedad, estrés, depresión, dolores crónicos… Es conocida esta intervención para dejar de fumar.

Aún seguimos hipnotizados

Cuando ya estuve sentada entre el público, sabía que seguía hipnotizada. Me acordé de la película La maldición del escorpión de Jade, en la que el mentalista llama por teléfono a los hipnotizados y con decir «Constantinopla» les sume de nuevo en un sueño profundo. Pues bien, sabía que si Max Verdié lo quería, volvería a «dormir» profundamente. Y así fue, hizo la prueba de dormir de nuevo a todas las personas a las que había hipnotizado, para después «deshacer el hechizo» contando del 1 al 5. Después de esto, había diferencia: volvía a ser yo y a tener el estado de conciencia habitual.


En el espectáculo, Kiko del Show, propietario de A toda magia, compartió una triste noticia: cierra las puertas de este lugar lleno de magia en el que he podido ver a todo tipo de magos. Kiko ha visto que la vida es breve, que los suyos le necesitan, que hay gente que muere de forma fulminante, y quiere aprovechar bien el tiempo. Hay aún dos fines de semana (10 y 17 de junio) en los que puedes disfrutar de estos mágicos espectáculos si te pilla bien San Sebastián de los Reyes (Madrid). Anímate, la magia te da un poquito de vitalidad juguetona de la que solo tenemos cuando somos niñ@s. Aún puedes:

Solo me queda dar las gracias a Kiko del Show por facilitar el disfrute de tantos espectáculos de magia en su local.

Regalos de la vida

Según el budismo, no puedes separar una mesa del carpintero que la fabricó, de las personas que extrajeron el metal para los tornillos, de los madereros, transportistas, tenderos… De todas aquellas personas que han hecho posible su existencia. Esto cuenta Thich Nhat Hanh en El milagro de estar atento. Porque el gran cuerpo de la realidad es indivisible, no se puede seccionar en partes que tengan cada una su propia existencia independiente. La separación, categorización y distinción es la que nos lleva a no apreciar esta interdependencia de todo con todo, de todos con todos.

Pues bien: podemos apreciar mejor los regalos que nos da la vida si tenemos en cuenta todo lo que hizo falta para que podamos disfrutar de ellos. Cuando echas la vista atrás, tomas conciencia de que algo que aprendiste fue un gran regalo para ti. Solo falta observar qué lo hizo posible.

Uno de mis regalos: el taichí

En 1999, tenía 25 años y un trabajo que me resultaba estresante. Me apunté a unas clases de taichí porque escuché que ayudaba a bajar los niveles de estrés.

Mi primer profesor se llamaba Ricardo Ortega, era pedagogo y se notaba en sus explicaciones. Gracias a él, aprendí los primeros movimientos, era muy didáctico. El profesor hablaba frecuentemente de su profesora Elena, que le había enseñado a él. Ricardo dejó la enseñanza para seguir otros rumbos de la vida y a sus alumnos nos remitió a su profesora.

Elena Frías nos acogió en el Centro Tai San, su espacio de Tai Chi estilo Xin Yi (corazón-mente). Con ella, aprendí mucho más, perfeccionando la tabla corta y conociendo la tabla larga y la de espada.

Artículo sobre el centro Tai San de José Luis Iáñez Galán, en Norte Noticias.

Con los años, gracias a Elena, me hice ayudante de instructora en la Asociación Española de Taichí Xin Yi, lo que me permitió conocer a la profesora china que le daba clase a mi profesora: Shao Hui Fang. También aprendí, de la mano de Alicia Lorduy, los fundamentos básicos de la medicina china tradicional, de la que el taichí forma parte como «gimnasia curativa».

En un momento dado, por un cambio profundo en mi vida, dejé de impartir taichí. Sin embargo, no dejé de practicarlo ni de asistir a distintos cursos relacionados. Aun así, es ahora, muchos años después, cuando he llegado a interiorizar el valor de la práctica de taichí y chi kung. Estas disciplinas combinan respiración abdominal, movimientos que activan la circulación de la energía por los meridianos y atención plena a ambas cosas, por lo que resultan una meditación en movimiento. Ha sido necesario el paso del tiempo y la práctica continuada para que sus beneficios hayan ido calando, se hayan notado. También para que yo tuviera más edad y viera la práctica desde otro punto de vista.

Gracias por el regalo

Doy entonces las gracias a las personas e instituciones que he citado por este gran regalo, una herramienta única para lograr la relajación y la atención plena. Todos ellos, como mínimo, contribuyeron a mi disfrute de esta práctica. Pero va mucho más allá: a todas las personas que colaboran en la asociación, a los centros y espacios en los que nos han permitido practicar, a China por exportar esta práctica…

Cada regalo que recibes, del que no eres consciente, viene facilitado por muchas personas, te conecta a distintos lugares, organizaciones y personas. Darse cuenta de esto equivale a desenvolver por completo tu regalo. Ya solo queda dar las gracias a todos los que lo han hecho posible.


¿Cuál es tu regalo? ¿Qué has ido recibiendo de la vida que estaba conectado a muchas más personas y circunstancias de las que te habías planteado? Como siempre, gracias por leer y por compartir. Además:

Las cabezas blancas

Hace poco estuve en un concierto de rock de un grupo amateur, pero bastante experimentado. Al mirar hacia el público, vi una buena proporción de cabezas canosas. Después me fijé en que también las había entre los integrantes del grupo. Entonces me di cuenta de la edad: los que estábamos allí rondábamos o habíamos pasado los 50 años, éramos «señoras y señores». Y sentí nostalgia, porque me pareció que ese grupo de rock, ese tipo de concierto, tenían los días contados. Antes, ir a un concierto como este era ser joven. El concierto de pronto cambia de significado y se convierte en una actividad para gente «de edad madura».

Cuando «era joven», creo que era bastante consciente de la edad que tenía. Sabía identificarme «con los de mi edad». Había niños, jóvenes y mayores. Pero a partir de los 40 más o menos, hay un largo periodo en el que muchas personas como yo se identifican erróneamente con gente más joven: vas por la calle, se cruza «un señor», y no te das cuenta de que tiene tu edad. O se cruza «un chico de mi edad» y no te das cuenta de que tiene diez años menos. Ahora entiendo eso que decían mis padres:

Tú siempre eres la misma persona, por dentro no envejeces, te sientes igual, no puedes percibir la edad porque [tu espíritu, tu alma, tu mente, lo que sea] no envejece.

Mis padres.
Imagen de 박유정 Alex park en Pixabay. Dejé Midjourney: ya no es gratuito y sigue siendo complicado usarlo.

Cuando el esfuerzo no compensa

Entre el público del concierto de rock había otros que una vez pertenecieron a un grupo, pero ya se sienten cansados. Comentan que no compensa tener que llegar con antelación, cargar todo el peso, especialmente de la batería, montar el escenario, actuar y luego desmontar todo a las tantas, llevarlo a los coches… Todo este esfuerzo por unos 300-400 euros para repartir entre los componentes del grupo. Este es el punto de inflexión: cuando el esfuerzo de un disfrute no compensa.

Mi forma de medir la juventud de espíritu de una persona que ya ha pasado los cuarenta es comprobar si habla de jubilarse. Una persona joven puede hablar de «ojalá me toque la lotería y me retire a un país tropical», pero de jubilación, del concepto de dejar de ser útil a la sociedad y dedicarse a cultivar las aficiones, solo hablan personas que empiezan a sentirse cansadas, que ven más grande el esfuerzo que la recompensa.

Otra manera de medirlo es cuánto se sacrifica una persona por ver a otras: los abuelos están en su casa y sus familiares van a verlos. Cuesta que salgan, que hagan un esfuerzo por ir a un sitio muy alejado. Solo algunos muy animados se apuntan a viajes y tienen una agenda como de persona joven. He observado que estos últimos puede que vivan muchos más años. Pues bien, ya a partir de los 40-50, escucho a las personas decir que ya no van a tal sitio o no quieren conocer a alguien que esté a más de 20 Km de su casa: demasiado lejos. ¿Lejos? Tú, que has querido recorrer el mundo, tú que te has querido retirar en un país tropical, ¿me dices que no recorres más de 20 Km? Pues sí, aceptémoslo: a partir de una edad, independientemente de la salud, se empieza a sentir un cierto cansancio, se está a gusto sentado viendo la tele, se olvidan grandes aventuras que conllevan grandes sacrificios.

Esta canción de Queen habla de la nostalgia de aquellos días que ya se han ido.

¿Qué es «joven»?

Recientemente leía los materiales de una autora sobre público objetivo en marketing y hablaba de «mujeres de edad avanzada» para referirse a la franja de 40 a 60 años. Le comenté que eso eran mujeres maduras, la edad avanzada está más allá. Claro, la persona que lo había escrito es joven.

Cuando te preguntan cómo es alguien y empiezas a describirlo, puede que digas: «es joven». Ser joven es algo muy relativo, ahora que se ha alargado bastante la edad de la juventud. Así que quien dice «joven» establece el punto de referencia con su propia edad. «Sentirse joven» no vale tanto como «ser joven», en el sentido de que muchos nos sentimos jóvenes pero no lo somos ya desde ningún punto de vista. Por ejemplo, hace pocos meses iba andando por la calle y se me cayeron las gafas de sol, pero no me di cuenta. Un señor de unos 85 años decía detrás de mí: «¡Señora, señora! ¡Se le han caído las gafas!». Yo no me daba por aludida porque no esperaba que un señor mayor que mis propios padres me pudiera ver como a una señora. Pero así era.

Hay un periodo de los 40 a los 60, realmente largo, en el que se empieza a estar más cerca del final que del principio, pero no se quiere ser consciente de esto. Un periodo de «persona madura», con la cabeza encanecida, blanca, en el que todavía se lleva un ritmo de vida «joven» pero que ya va haciendo mella cuando es muy ajetreado. Un periodo en el que nos identificamos con personas más jóvenes porque no podemos creer que nos hayamos hecho tan mayores tan pronto. Un periodo en el que vas a un concierto y de pronto descubres que tú eres una de esas personas de cabeza blanca, pero no habías querido ser consciente de ello.


Dedicado a FHF.

Comerse el filete

En una de sus novelas, Galdós explica que, por mucho que se describa lo que se siente al comerse un filete, ese conocimiento teórico no puede sustituir a la experiencia real de comerse el filete.

Igualmente, por mucho que se lea o escuche sobre la atención plena, nada sustituye prestar está atención. Ninguna otra persona puede ser consciente en su cuerpo de tu respiración, solo de la propia.

ChatGPT parece comprender perfectamente qué es la meditación. Conoce el cuento Las tres preguntas, de Tolstói, mencionado por Thich Nhat Hahn, sabe resumirlo y sabe relacionarlo con la meditación:

«Las Tres Preguntas» es un cuento de León Tolstói que plantea las preguntas fundamentales de la vida: ¿Cuál es el momento adecuado para hacer algo?, ¿Quiénes son las personas más importantes?, y ¿Qué es lo que se debe hacer en cualquier momento? Un rey decide buscar respuestas a estas preguntas, consultando a un sabio, pero no logra obtener las respuestas que esperaba. Sin embargo, después de experimentar situaciones difíciles, descubre que el momento adecuado para hacer algo es siempre el presente, las personas más importantes son aquellas que están a su alrededor, y que lo que debe hacer es ayudar a los demás.

El cuento de Tolstói se relaciona con la meditación en varios aspectos. En primer lugar, la historia invita a reflexionar sobre preguntas profundas y universales, lo cual es similar al proceso de introspección y autoconocimiento que se busca en la meditación. Además, el rey en la historia se da cuenta de que las respuestas que buscaba estaban siempre presentes en el momento actual, lo cual es una idea central en la meditación, donde se busca estar presente en el momento actual y aceptarlo tal como es. También se destaca la importancia de la ayuda a los demás, lo cual puede ser visto como una forma de practicar la compasión y la bondad amorosa, que son valores importantes en muchas prácticas de meditación. En resumen, el cuento de Tolstói puede inspirar una reflexión profunda y conectarse con los valores y prácticas de la meditación.

Imagen de Adelia Rosalinda en Pixabay.

La meditación es humana, unipersonal y aburrida

Lo que no puede hacer ChatGPT es respirar. No puede darse cuenta del momento presente. Tampoco se logra a través de la lectura un libro. Ni sirve escucharlo de una persona que practica la meditación. Solo lo puedes hacer tú.

La gran dificultad de la meditación no es, claro, respirar. Su gran dificultad es mantener la atención en un objeto «tan aburrido». El cerebro enseguida busca otros estímulos, necesita nueva información.

Es más, en los tiempos que corren, la nueva información constante está garantizada: más redes sociales, más notificaciones que atender. He observado que a la gente le resulta irresistible esperar a contestar un chat como WhatsApp o Teams, es mucho más adictivo que el email. Reaccionar a notificaciones es parecido a jugar a un videojuego en el que se dispara a objetos que caen o se colocan bloques que bajan. Atender a la respiración, ralentizarla y estar presente no es un videojuego, no divierte (es decir, no divide la atención, la concentra). Pasa lo mismo con atender a los movimientos automatizados que hacemos en labores cotidianas: la mente se va a otro estímulo más atractivo con facilidad.

Hace pocos días, un colega del sector de la formación online, Mike Taylor, comenzaba su newsletter semanal con una cita de Lao-Tse:

Conténtate con lo que tienes. Regocíjate en la forma en la que son las cosas. Cuando te das cuenta de que nada te falta, el mundo entero te pertenece.

Lao-Tse.

En su boletín, Mike cuenta que ha empezado a investigar sobre la importancia de la respiración por el impacto que tiene en el nivel de estrés, e incluso influye en las facciones de la cara. Los libros que ha leído y recomienda, son: Respira: la nueva ciencia de un arte olvidado, de James Nestor, y El poder del oxígeno, de Patrick McKeown. Estos libros son «científicos», por tanto, aprobados por la corriente imperante de validar el conocimiento milenario cuando se etiqueta de científico.

En una conversación con Mike, me preguntó:

¿Cómo empezaste con tu práctica de la respiración y qué has encontrado más útil?

Mike Taylor.

Tuve que echar la vista muy atrás: fue en 1999, cuando tenía un trabajo que consideraba estresante, y busqué un alivio de ese estrés. Me apunté a una escuela de Taichi y luego continué en el Centro Tai San de Tres Cantos, Madrid. El taichí incluye la respiración como parte de su práctica. Además, existen ejercicios específicos de respiración en el Chi Kung.

Para mí, lo más útil ha sido incorporar la atención a la respiración en cualquier tarea que esté haciendo, incluso trabajar. No es que esté constantemente atenta a cómo respiro, pero sí que detecto rápidamente cuándo estoy conteniendo la respiración o cuándo es superficial y está solo en la parte de arriba de los pulmones.


En resumen, dos ideas: la única persona que puede ser consciente del momento presente y de su respiración eres tú. Si olvidas practicar algún tipo de meditación, siempre puedes atender a tu respiración ahora, estés haciendo lo que estés haciendo. ¿Practicas meditación o mindfulness? ¿Cómo te va? Puedes opinar en la zona de comentarios. Te agradezco que hayas leído el post. Siéntete libre de compartirlo.

Un monje budista que friega los platos para fregar los platos

¿A qué prestas atención?

Recupero un libro que leí hace algunos años, Lograr el milagro de estar atento, de Thich Nhat Hanh. Este libro destila vitalidad, la voz suena joven y con energía. Sin embargo, este monje debía de tener unos 83 años cuando lo escribió. El objetivo del libro es prestar atención al momento presente, lo mismo que se practica en mindfulness. Y se logra de la misma manera: atendiendo a la respiración. A pesar de que se puede resumir el título a «Presta atención» y el texto a «Atiende a tu respiración», estos dos consejos parecen no casar con la vida moderna: «ya lo haré después». Por lo que voy a extraer algunas de las enseñanzas del monje budista zen que parecía tan vital a esa edad.

Fregar los platos para fregar los platos

El libro está escrito dirigido a Quang, un discípulo: el lector es Quang. Y Thich Nhat Hanh le habla de encontrar para cada tarea el fin en sí misma: friega los platos para fregar los platos. De aquí que el autor no comprenda el uso de lavavajillas, porque para él resulta placentera esta actividad de fregar los platos (y de lavar su ropa). Te imaginas al monje en un sitio muy agreste, lleno de árboles, sin los avances de la vida moderna, fregando en una fuente, sintiendo el agua fría en sus manos. Pero lo escribe en 2009. Tratas de trasladar esa realidad a la tuya, porque claro, no vas a dejar de usar el lavavajillas ni la lavadora. ¿Qué vida arrastrada llevaríamos si tuviéramos que fregar todo a mano?

Imágenes generadas en MidJourney. Pedí que el monje estuviera fregando, pero en realidad están cocinando. Aún aprendiendo a usar esta app espectacular de IA.

Por tanto, no miremos fijamente al dedo cuando el maestro señala la luna. La luna es la atención plena. Es inspirar y espirar con consciencia, prestando atención a cómo el aire entra y sale del cuerpo, permitiendo la conexión entre cuerpo y mente a través del mecanismo automático de la respiración, que sin embargo podemos ralentizar a voluntad.

Nuestro aliento es el puente entre nuestro cuerpo y nuestra mente, el elemento que los reconcilia y que hace posible la unidad cuerpo-mente. (….) Pero de lo que quiero hablarte, Quang, es de cómo la respiración es un instrumento y cómo la respiración es en sí misma atención mental.

Thich Nhat Hanh, El milagro de estar atento.

En cualquier actividad que se realice, incluida cualquier tarea del trabajo, «fregar los platos para fregar los platos» significa volcar la atención únicamente en esa tarea, siendo consciente de los movimientos que se realizan, consciente de la respiración que la acompaña, siendo uno con la tarea. Cuando surgen pensamientos o emociones, se trata de reconocer lo que ha surgido y seguir respirando hasta que se recupere la atención plena. Lo importante es darse cuenta.

Un día a la semana para ti

La vida es una vorágine. Curioso el origen etimológico de esta palabra: viene de devorar, tragar. Tendemos a pensar que es solo ahora, pero yo creo que ha sido siempre: la vida siempre nos requiere acción, está en movimiento, nos lleva y nos trae, nos presenta obstáculos. Por tanto, siempre es complicado buscar un tiempo de meditación. Tras muchos años en contacto con distintas técnicas de meditación, he llegado a la conclusión de que hay que integrar esta práctica como parte del resto de la vida. En lugar de necesitar reservar media hora para sentarse en silencio a observar cómo entra y sale el aire del cuerpo, la atención plena tiene que darse aquí y ahora, en cada actividad que se hace, a cada paso.

Esto también lo comenta el autor del libro, pero él añade no solo el hábito de sentarse a meditar un rato cada día, sino el buscar un día completo para uno mismo en el que hacer todas las tareas con consciencia. Ese trabajo de un día a la semana hará que el resto de los días sea más fácil tomar consciencia y prestar atención.

Ese día, Thich Nhat Hanh propone que todo sea consciencia plena desde el acto de levantarse: ser consciente de la postura, de la respiración, de cómo nos levantamos, nos vestimos, nos duchamos, desayunamos, nos lavamos los dientes… Todas las tareas observadas por el placer mismo de la observación, que esto es la meditación, respirando en cada una de ellas. Se trata también de cocinar con atención plena, de limpiar la casa o, claro, de fregar los platos. Estas actividades, realizadas de forma consciente, procuran un cierto bienestar que despierta una sonrisa interior, esa media sonrisa que surge de estar en paz o en calma.

Seamos realistas: según el tipo de vida de cada cual, lograr pasar un día entero así a la semana es poco menos que una fantasía. Sin embargo, se pueden reservar unas horas del domingo para practicar la atención plena, o bien un día al mes. También se puede distribuir a qué se presta atención cada día de la semana: un día a cómo te lavas los dientes, otro día a cómo comes, otro día a cómo barres, etc.

La mente se observa a sí misma

En esta atención, somos tanto el observador como el objeto observado. No se trata de la objetividad de un observador científico, se trata de la subjetividad de un observador que es sujeto y objeto de observación. Aquí entramos en el terreno filosófico de lo que sucede en la meditación. La mente no es diferente de los pensamientos y emociones que puedan surgir en ella. La mente es la misma cosa esté ajetreada o esté calmada. Pero el asunto va más allá:

Cuando el objeto de conocimiento (el algo) no está presente, no puede haber sujeto que reciba el conocimiento.

Thich Nhat Hanh.

Al leer esta frase del monje, de pronto la información me parece nueva. A pesar de llevar años escuchando hablar de esta disolución entre sujeto y objeto, de este desaparecer del sujeto en el mar de lo observado, ahora leo algo nuevo aquí. Me viene a la mente esa paradoja del árbol que se cae en medio de un bosque, pero que nadie oye caer. Si nadie lo oye, ¿ha hecho ruido? La frase del monje me parece lo contrario: sin árbol, sin mundo exterior, no hay sujeto, no hay mente. La mente es el árbol, la mente es el sonido, la luz, es las sensaciones internas. Esto es bastante complicado de aprehender. Se disuelve la diferencia entre el que bebe una taza de té y el té que está siendo bebido.

Así, no hay división, no hay objetos, no hay categorías. No podemos aislar una mesa de las personas y materiales que han contribuido a su creación: la mesa no existe sin el carpintero, sin el árbol del que sale la madera, sin los metales que componen los clavos, sin la tienda que la vende…

Esto también es científico

Afortunadamente, hay neurocientíficos dedicados a validar estas prácticas ancestrales y a darles el barniz científico que hoy día se reclama. Ya he mencionado alguna vez a Andrew D. Huberman, profesor de neurobiología en Stanford. Este neurocientífico es un youtuber bastante activo, tiene varias meditaciones en su canal y evidencias de cómo la meditación mejora la salud. Comparto aquí este vídeo sobre cómo respirar correctamente y lo que aporta a la salud:

https://hubermanlab.com/how-to-breathe-correctly-for-optimal-health-mood-learning-and-performance/.

Sin querer quitar peso al gran trabajo de este autor, si comparamos a Huberman con Nhat Hanh, este último destila una felicidad que permanece, una calma y una paz interior que se transmite en sus palabras vigorosas: es como ver luz a través de sus palabras, de tal manera que, de forma casi inmediata, consigue del lector que se adhiera a sus prácticas. Huberman es más un hombre de nuestros tiempos, práctico y prolífico, quizá otras personas se inspiren más con él. La meta en todo caso es la misma: a través de la respiración consciente, además de calmar la mente, tenemos acceso directo a la realidad, contacto directo con nuestras sensaciones, experiencias plenas.


¿Qué opinas? ¿Practicas la meditación? ¿Llegas a sentir que eres uno con el objeto observado? Como siempre, agradezco mucho que leas este blog y compartas libremente.

Si solo queda el recuerdo

Una mujer joven regresa al hogar familiar con su hermano y su madre, a la vuelta de una estancia en Suecia. Decide emprender el proyecto de convertir ese hogar caótico, anárquico y lleno de trastos en un espacio minimalista que acoja su propia oficina. Este es el argumento de Feliz año pasado, una película tailandesa que vi recientemente en una iniciativa cultural: Cine invisible V.O. Al principio, la protagonista hace lo fácil: qué mejor forma de dejar ir el pasado que meter rápidamente todo en bolsas, cerrarlas y desecharlas. Ella misma lo dice:

Ojos que no ven, corazón que no siente.

Conocido refrán.

En un momento dado, estando con su amiga Pink, que es quien va a ejecutar la reforma, decide tirar a la basura un CD porque ya no hay dónde escucharlo. Su amiga abre la caja del CD y le muestra la nota que hay dentro: una dedicatoria de la propia Pink. Ver cómo quiere tirar el regalo como si fuese basura ofende a su amiga y despierta en la protagonista aquello que deseaba evitar:

Antes de deshacerte del pasado, debes mirarlo y despedirte de él.

A partir de ahí, reabrir las bolsas de basura y mirar dentro, objeto por objeto, se convierte en un proceso doloroso en el que la protagonista tiene que enfrentarse a su propio dolor, cuando encuentra objetos que pertenecen a distintas personas. Entre ellos, están las fotos que se hizo con su exnovio, a quien dejó sin ninguna explicación al irse a Suecia. Y está el gran piano, la evidencia de la ausencia de su padre, el piano al que su madre se aferra porque es la última prueba, el último recuerdo tangible, de un pasado mejor, de un hogar feliz.

Por momentos, se superponen imágenes del resultado final, el espacio blanco, aséptico y minimalista, a imágenes del estado actual, sucio, desordenado, incómodo… pero cercano y conocido. Qué duda cabe: el salón sin el piano queda mucho más despejado que con el piano, el piano «no pega» con el nuevo estilo minimalista; hay que deshacerse de él.

El hermano de la protagonista (cuyo nombre no recuerdo, todo eran nombres muy cortos, como Nim, Nao, Aim…) ve unos vídeos de Marie Kondo, y se fija en la frase que más repite:

Deja ir aquello que no despierta tu alegría (doesn’t spark joy).

Marie Kondo.

Pero para el hermano, todos los objetos que ve despiertan su alegría. En ese momento, muestra a su hermana una foto en la que se ve a la familia feliz que fueron, o que al menos fueron en el momento de la foto: el padre al piano, la madre cantando, los niños felices. Era el cumpleaños de la protagonista, pero ella no lo recuerda, se ha ocupado de ocultarse ese recuerdo que ahora es doloroso.

Cuando hay más pasado que futuro

El proceso que a la chica y a su hermano les es necesario, dejar ir el pasado y abrirse al presente, a la luz y a lo funcional, es perjudicial para su madre, porque ya solo le queda eso. Pasa los días cantando con un viejo karaoke al lado del piano que solo sabía tocar su exmarido, anclada en un pasado sin presente ni futuro. Cuando las personas alcanzamos ese momento de la vida en que empieza a haber más pasado que presente, ¿qué culpa podemos tener en tratar de aferrar aquello que fue, lo viejo conocido? Cada vez es más difícil abrirse a lo nuevo, acoger la incertidumbre, cada vez nos encuentra con un cuerpo más cansado, con una mente más saturada, con una sensación mayor de extrañeza ante lo desconocido. Quizá a esa mujer solo le quedaba ese piano. Quizá a otra mujer, que se calienta en su casa con una estufa de butano, solo le quedan las fotos en blanco y negro de muertos, junto con unos adornos anacrónicos y heterogéneos de los que no puede deshacerse, porque entonces corre el riesgo de olvidar quién era y qué hacía.

https://www.insconsfa.com/

Cada día, dejar ir

El pasado no solo está en los objetos que nos rodean, en los recuerdos que aún despiertan sentimientos. El pasado está, sobre todo, en nuestra mente. El pasado nos permite comprender el presente: sería imposible reconocer lo que nos rodea si el cerebro no estuviese preparado para registrar memorias. Por tanto, el pasado es un gran guía. Pero también es lo que nos impide acoger lo que cambia, lo nuevo. La sensación de incertidumbre es frecuentemente desagradable. Es mucho más incómodo, cansado y duro estar en una situación constante de desconocimiento sobre el siguiente paso a dar; es mucho más estresante. Pero esto empeora y se convierte en inasumible cuando, consciente o inconscientemente, dejamos de mirar la realidad para acomodarnos en lo viejo conocido. Es una colección de pensamientos y recuerdos, que, al decidir soltarlos, serían equivalentes a llenar cientos de bolsas de basura física. Por tanto, es mucho más fácil, cada día, ir mirando a lo que fue pero ya no es, dándole las gracias (a lo Marie Kondo) y dejándolo ir. Son pequeñas despedidas, un pequeño trabajo diario: se va el tiempo, se van las oportunidades, se van personas, se van formas de hacer una tarea. En su lugar, tiempo nuevo, nuevas oportunidades, otras personas, formas distintas de trabajar. Sean mejores o peores, se acaban imponiendo. Tratar de permanecer en una ceguera elegida es un esfuerzo adicional.


De nuevo, cada persona es libre de elegir a qué se aferra. En ocasiones, los cambios chocan tanto con la propia forma de ver la vida que no se consiguen digerir. Y se puede seguir adelante en una especie de realidad paralela, apoyada en esos objetos de antaño. Por ejemplo, yo sigo teniendo muchos CD que no tengo dónde escuchar, incluso algunas cintas. Tengo libros que sé que no volveré a leer. Y tengo esos adornos inservibles que me siguen acompañando, cuyo valor es solo sentimental. ¿A ti también te pasa? ¿Te rodeas de pasado? ¿O eres de las personas a las que les es muy fácil dejar ir? ¿Estás a gusto en espacios minimalistas? Me encantaría leerte en comentarios. Comparte libremente. Muchas gracias por leer.

Los propósitos de año nuevo

En el fin de año de 2020, mi familia y yo comentamos que era imposible que el siguiente año fuese a ser peor. Pero 2021 fue un año tan duro o más que 2020. En el fin de año de 2021 ya no nos atrevíamos a afirmar nada: ¿podía, realmente, ser peor 2022? Lo cierto es que estamos a las puertas del fin de este año y sí, podía ser al menos tan malo. Cuando echas la vista atrás, te das cuenta de que, cosas que consideraste malas, comparadas con otras que sucedieron después, resultan ser hasta positivas por comparación. De manera que una forma de relativizar los sucesos de la vida es echar la vista atrás y ponerlos en perspectiva.

En Qué bello es vivir, George Bailey, cada vez que baja o sube la escalera, se queda con un pomo en la mano, un pomo que está mal ajustado, algo que acaba por hacerle perder los nervios. Pero en un momento dado, cuando ya está de vuelta de esa otra vida «sin él» que le muestra el ángel, al volver a pasar por la escalera y quedarse con el pomo, lo besa.

Imagen tomada de https://nestinteriordesign.net/blogs/news/building-the-baileys-its-a-wonderful-life-style.

Reparar en lo que fue bien

A finales del año pasado, recibí un meme en el que se aconsejaba apuntar en papeles lo bueno que se recibe de la vida e irlos metiendo en un bote. Al final del año, encontrarías todos esos regalos de la vida en los que en el día a día no reparas. Pues bien, me propuse recoger cada semana en una agenda tres regalos de la vida. La mayoría de las semanas, tenía más de 3 cosas por apuntar, mientras que muchas otras, me costó llegar a ver 3 cosas positivas.

Ahora recupero esas notas de un año completo y he sacado estas conclusiones:

  • La mayoría de «regalos de la vida» fueron acontecimientos con personas cercanas. Nada de grandes celebraciones, más bien, tardes tranquilas, conversaciones por teléfono, tomarse un aperitivo, ver un espectáculo de impro… Tener todo lo que se necesita suele ser lo menos valorado, o que haya personas en tu vida «que siempre están ahí»: ambas cosas se dan por hechas. Tomar conciencia sobre lo que ya se tiene hace más liviano un año duro.
  • Otros regalos fueron cuando salí de mi zona de confort para hacer algo que no había hecho nunca. De hecho, he tenido mucho de esto este año, en todas las áreas: ha sido para mí un cambio radical de forma de vida.
  • Algunos regalos muy grandes provienen de fuera y simplemente queda aceptarlos (o rechazarlos). Por ejemplo, uno de los momentos que me pareció un gran regalo fue el fin de las mascarillas en la mayoría de los espacios, el 20 de abril. Los meses anteriores de este año tuvimos que ir con mascarilla a todas partes, incluido el gimnasio.

Esta práctica de apuntar cada semana tres sucesos, acontecimientos, personas o desafíos que supusieron regalos, me ha llevado a tener más conciencia de que las cosas buenas de la vida se relacionan con el contacto con otras personas, principalmente las más cercanas, y con desafiar los propios límites. En menor medida, también, con aceptar lo que llega.

The world is a rich tapistry, my friends.

Saul en Better Call Saul.

Como os decía, hay semanas que «el Sol» (que haga sol o poder pasear al sol, o incluso ver el sol por la ventana) puede ser un regalo, sobre todo cuando ha habido varios días con niebla, o nublados, o lloviendo mucho. Es como ese pomo de la escalera de George Bailey: tras ver lo que habría pasado si él no hubiera nacido, que se desencaje el pomo es hasta gracioso.

Ser capaces de relativizar también ayuda a poner los sucesos en perspectiva, especialmente los negativos.

Yo misma.
Este es el meme que ha inspirado esta entrada de blog.

¿Te animas a tomar notas con lo bueno que te vaya sucediendo cada semana de 2023? ¿Qué reflexiones te surgieron al leer esta entrada? Como siempre, muchas gracias por leer y compartir. Feliz Año, querid@s lectores.