El eslabón más débil

Sigo a vueltas con el guion de vida. Otro tema del que he cobrado conciencia es que el guion de vida puede ser ganador, banal o perdedor en distintas facetas de la vida que son como eslabones de una cadena, y será el eslabón más débil el que determine la trayectoria vital. Por ejemplo, una persona puede tener un guion ganador en el trabajo, llegar muy lejos, ascender, asumir riesgos, ser reconocida… y, mientras, tener un guion perdedor en las relaciones de pareja, no logrando mantener una relación estable con vínculos seguros. Es la misma persona y sin embargo no es capaz de trasladar sus estrategias ganadoras en un área a otra en la que las cosas no funcionan tan bien.

Este devenir tan distinto en las distintas áreas vitales puede explicar esos guiones aparentemente ganadores que luego acaban perdiendo de la peor forma. Es interesante analizar esto. ¿Cómo es posible que una persona no sea capaz de utilizar sus fortalezas de un área en otra?

Cómo fortalecer el eslabón más débil

La buena noticia es que existen formas de trasladar las habilidades a otra faceta de la vida. Por ejemplo, la programación neurolingüística (PNL) tiene ejercicios en los que se visualiza una experiencia ganadora, se ancla en una parte del cuerpo con un gesto que normalmente no se realice y se entrena a la mente para recurrir a las capacidades de esa experiencia ganadora siempre que se repite el gesto de anclaje.

Por otro lado, técnicas como el coaching permiten ampliar el campo de visión con el fin de detectar hábitos y creencias que limitan las capacidades en un área concreta. Por ejemplo, una persona quiere ir al gimnasio, se apunta pero no consigue ir nunca: siente que no tiene tiempo. Con ayuda de un coach puede detectar que el entorno no facilita que acuda al gimnasio. Si se prepara una mochila con todo lo necesario, solo tendrá que cogerla y salir, o meterla en el maletero y sacarla cuando la necesite. Así, el objetivo grande (hacer ejercicio) se trocea en al menos 2, preparar la bolsa y acudir al gimnasio.

Imagen de Jarda Šma en Pixabay.

La detección de creencias es fundamental para aplicar habilidades y capacidades de un área que funciona a otra que no. Una forma de hacerlo es analizar el propio lenguaje, algo a lo que la PNL dedica mucho tiempo: generalizaciones, eliminaciones, suposiciones… Por ejemplo, se puede tener la creencia de que toda la gente con dinero roba o que el dinero es sucio. Se puede creer que todos los hombres son unos cerdos, o que tratan siempre de engañarte. Tanto la PNL como el análisis transaccional (AT) ayudan a detectar este tipo de creencia, desafiándola.

El AT va más allá: describe la conducta automatizada que hace que una persona represente su guion de vida en secciones cortas. Creo que Eric Berne llega a la excelencia con la descripción de los juegos a los que jugamos para evitar una verdadera intimidad. En estos juegos, el protagonista busca a las personas que pueden representar los papeles, comienza la escenificación y logra su objetivo: una sensación de pérdida para todos los jugadores, incluido el protagonista. Una vez detectada la representación, se puede cambiar por otra que no reproduzca el comportamiento perdedor en el área «más débil». Uno de los juegos más fáciles de describir es «sí, pero…»:

El protagonista plantea un problema aparentemente irresoluble. El resto de jugadores se ponen en el papel del padre nutricio y empiezan a dar soluciones al problema. La respuesta del protagonista siempre será: «sí, pero…» echando por tierra cada solución. Al final «gana» (perdiendo) porque demuestra que su problema no tiene solución.

Juegos que la gente juega.

Por último, las constelaciones familiares permiten liberar temas que provienen de generaciones anteriores y que se reproducen de forma inconsciente. Buena parte son estas creencias y conductas automatizadas que comentaba. Por eso se da tanta importancia a estar en el estado adulto del yo y a tomar conciencia de lo que se hace, de lo que no se hace, y de las consecuencias que tiene cada decisión.

¿Y si paso del tema?

No existe ninguna necesidad de «mejorar» la parte más débil de nuestra personalidad, ni de «arreglar» algo que se presupone roto. Cada persona sentirá qué es lo que le conviene en cada momento. Y hay momentos en los que, por mucho que se sepa que se tiene esa parte más débil, ese ángulo muerto por el que vienen los golpes de la vida, no es posible invertir la energía suficiente en cambiarla, o no merece la pena.

Precisamente, de esto va actuar desde el estado adulto: tomar conciencia de las acciones y de sus consecuencias. Nada más. Nada menos. No se trata de torturarse o excluirse de la propia bondad.

De hecho, pasar del problema que te inquieta estando aquí y ahora, consciente de lo que se hace y no se hace, sin automatizar conductas, es una forma como otra cualquiera de llevarlo, rindiéndose a lo que es, sin más.

Más sobre el estado adulto

En el estado adulto es mucho más difícil que otra persona te involucre en sus juegos. También es más difícil iniciarlos tú, porque enseguida te das cuenta de que se trata de una conducta automatizada que no te lleva a ninguna parte.

Si quieres leer más sobre esta parte de tu personalidad con la que estar a gusto siendo tú, visita estas otras entradas del blog:


¿Cuál es tu caso? ¿Sientes que todas las áreas de tu vida están más o menos igual? ¿Sientes por el contrario que un aspecto te resulta más difícil y es el que te frena? Como siempre, muchas gracias por leer y por compartir.

¿Crees en la magia?

Lo que Peter Pan pregunta a los niños perdidos para salvar a Campanilla es muy similar: ¿Creéis en las hadas?

Si creéis, aplaudid: no dejéis que Campanilla se muera.

Peter Pan.

Hay un tipo de personas que quiere creer en la magia. Y esto implica no querer conocer el truco (o, como diría un mago, el juego).

Esto es lo que hace el protagonista de Big Fish. Durante buena parte de la película, vemos la forma de vivir (o de narrar su vida) de este personaje. Cabe preguntarse si él acaba de creer en sus historias. Lo que está claro es que muestra un fuerte deseo de creer o hacer creer en la magia. Creer en la magia es pensar que no hay truco, que aquello es un fenómeno inexplicable, lleno de misterio.

Lo mágico tiene algo de sueño, algo de siniestro. Imagen de Stefan Keller en Pixabay.

Pero detrás de toda la magia que inventa el ser humano, siempre hay un «truco»: el mecanismo que la hace posible. Así, hay magia en una construcción, en una fórmula química, en una maquinaria, en una novela, en una película…

Personas como Tim Burton o Steven Spielberg seguramente han creído en la magia durante mucho tiempo, o al menos han tratado de trasladar esa idea en muchas de sus películas. En otro ámbito, puede que Iker Jiménez sea otro del club, especialmente cuando se deja llevar por la exploración de lo misterioso en su programa de Cuarto milenio.

Cuando acabé de estudiar Teoría de la Literatura, estuve varios años sin poder leer un libro: había descubierto el mecanismo detrás de la magia. Cambié el placer del lector por el placer del crítico literario. Nada que ver. Con el paso de muchos años, he recuperado parte del placer lector, pero me temo que no hay vuelta atrás.

Con base en esta experiencia, decidí hace mucho tiempo no descubrir, no indagar, el mecanismo que hace posible el cine. Y eso que muchos trabajos que he hecho y hago lo rozan, por ejemplo, escribir guiones de vídeo para un programa de televisión ya te está revelando parte del truco. Y acabas por conocer cuál es la estructura de un guion, de cualquier guion cinematográfico, y qué ocurre en el minuto tal o cual. Saber esto, tener la estructura en la mente, comprobar que la mayoría de las películas responden a ella, crea una cierta distancia con el placer cinéfilo. Y no quiero más distancia.

Esta creencia naïve tiene el riesgo de ver magia allí donde no la hay ni debe haberla, aceptar el engaño en ciertas situaciones de la vida, o vivirlas como si perteneciesen a un cuento, sin tener plena consciencia de lo que está pasando y de las consecuencias de nuestras acciones. Por ejemplo, la propia boda, la compra de un bien de mucho valor (coche, casa, vacaciones), la decisión de migrar a otro país en busca de nuevas oportunidades… Es decir, hay que tener muy claro cuándo dejarse engañar, engatusar, llevar por una historia, y cuándo mantener los ojos abiertos y utilizar el razonamiento lógico.

Protagonistas ingenuos

Gustándome la magia, me gustan mucho los protagonistas que creen en ella. Ya he hablado alguna vez del agente Patou (Jack Lemon) en Irma la dulce, que piensa que la prostituta está simplemente paseando a su perrito, o de Sam Lowry (Jonathan Pryce) en Brazil. Me gustaría detenerme en el comportamiento de este protagonista antihéroe. Sam vive en una sociedad distópica muy controlada por el Estado. Es funcionario público y tiene un empleo en un lugar gris, oscuro y con recursos escasos. Vive solo en un apartamento estándar, bastante poco acogedor. Pero Sam sueña. Se pasa las noches soñando con una bella y desconocida mujer a la que él ama. Él se sueña a sí mismo como un ser alado, un héroe con armadura y alas que rescata a la mujer de diferentes situaciones, que lucha de forma caballeresca con distintos monstruos.

Según avanza la película, los sueños de Sam van tornándose en pesadillas, pues elementos de la realidad irrumpen en ellos, afeándolos. Tiene sueños premonitorios, porque después llega a conocer a esa mujer de sus sueños en una versión real mucho menos dulce, una superviviente, Jill Layton. Y también ve otras cosas, objetos, situaciones, que después aparecen en la película.

El ingenuo de Sam piensa que puede: indagar sobre la vida de la mujer real que tanto se parece a la de sus sueños, no informar sobre la destrucción de un vehículo por parte de unos niños gamberros, entregar un talón por medios no adecuados… Pero no, Sam no puede. Y todo lo que hace este ingenuo personaje en su vida real, va quedando apuntado y notificado y se vuelve después en su contra. No cuento más: mejor verla.

Así, me da pena quitarle a Sam sus sueños, sus ilusiones. Cuando dejas de aplaudir, Campanilla se debilita, se muere. A cambio, la realidad se muestra tal como es: una gran maestra (como diría Brigitte Champetier de Ribes). Siempre quedarán espacios y lugares en los que podamos aplaudir y revivir al hada: uno de ellos, el teatro, una de las mejores prácticas que conozco, hacer clown (sí, el payaso).


¿Crees en la magia? ¿Te dejas llevar por las ensoñaciones? ¿Tienes ilusiones que no parecen concordar con la vida real que llevas? Como siempre, muchas gracias por leer y por compartir.

La mejor versión de ti mismo

He visto en el cine Todo a la vez en todas partes. La película plantea la conexión de las personas con diferentes versiones de ellas mismas en los diferentes universos (multiverso) que se han generado en cada toma de decisión, a partir del resto de opciones que en ese momento se descartaron. No hablaré mucho más del argumento para no hacer spoiler.

Universos paralelos con versiones distintas de cada persona. Imagen de Gerd Altmann en Pixabay.

Mucho de lo que expone esta película yo lo veo con otra perspectiva. Por ejemplo, la protagonista, para acceder a las habilidades que ha desarrollado en universos paralelos, tiene que hacer algo inusual (la mayoría de las veces absurdo) para «conectar» con esos otros universos y que el aprendizaje venga «de allí». Sin embargo, pienso que las capacidades están en cada persona aquí y ahora, no hay que traerlas de ningún sitio. Asumimos que la persona es la misma, por tanto, si tienes potencial para el canto, aunque no lo hayas desarrollado, el potencial sigue ahí y en cualquier momento que te dé la gana puedes trabajarlo. Pero solo lo puedes hacer aquí y ahora.

Cada uno de nosotros porta todas sus potenciales capacidades. Cada persona puede cambiar su guion de vida y ampliar sus horizontes. Existen muchas maneras, una de ellas es la programación neurolingüística o PNL. La PNL tiene una potencia demostrada para cambiar la trayectoria vital. La finalidad de muchos de sus ejercicios es abrir el ángulo con el que se está mirando la realidad. De hecho, algunos ejercicios se llaman «reencuadre» (reframing) y muchos otros buscan completar frases que ocultan creencias o mandatos, esos mismos mandatos de los que habla el A.T. Puedes leer un poco más sobre PNL en esta entrada: son lentejas.

Si la idea de actuar de forma inesperada es buena como base para introducir un cambio en la vida, no creo que esté bien planteada en la película y al final me ha resultado ridícula. En realidad, sí se necesita actuar distinto, hablar distinto, cambiar el enfoque, pero son formas de actuar relacionadas con la capacidad que se quiere poner en juego. Así, pienso que la película ha desperdiciado dar este mensaje: aquí y ahora desde luego que puedes actuar de una forma inesperada: puedes leer un periódico en inglés, puedes apuntarte a clases de chino, puedes coger una mochila y empezar a ir al gimnasio.

¿La mejor versión de ti mismo?

En la película, se habla de mejores y peores versiones de la protagonista. La que está viviendo en el momento de empezar a contactar con esos otros universos es «la peor». Pero eso ¿qué significa? ¿Por qué va a ser peor vivir una vida en la que no se han explotado ciertas habilidades o en la que se ha elegido como pareja a un hombre de lo más común? ¿Quién determina que esa vida es peor que las otras? ¿Qué significa eso de peor o mejor?

Quizá no significa nada. No es más que una creencia que las personas tengamos que desarrollar al máximo nuestros potenciales. Puede ser hasta un mandato del guion de vida.

No hay nada más liberador que decir:

Sí, así fue. Sí, así es: esta es mi vida.

Y luego con ella haces lo que te da la gana (lo que puedes, en el lugar y momento que te ha tocado vivir), que incluye no hacer nada, echarse la siesta, no apuntarse al gimnasio ni tomar clases de canto ni leer textos en inglés ni aprender chino. Eso en sí no es «peor» que las versiones de ti en las que sí haces todas estas actividades.

¿Tú estás en paz?

Yo creo que se trata más de estar en paz. Estar en paz conlleva mucha aceptación, mucho: «sí, así es; sí, así fue». Si una persona percibe que podría sentirse mejor explotando alguno de sus potenciales, pues genial, lo hace y entonces se siente mejor y más cerca de estar en paz. Recordemos que el guion de vida ganador no necesariamente es el de una persona rica, famosa o con alto estatus. El guion de vida ganador es el más parecido a los anhelos de la persona: si alguien se planteó que sería feliz en un piso humilde y con un trabajo normalito y lo alcanza, se siente en paz, su guion es ganador. Si alguien escala social y económicamente y se siente desgraciado, su guion es perdedor.

El destino colectivo

Algo que no aparece en la película ni en el curso de nuestros pensamientos habituales es el destino colectivo. No olvidemos que lo que hacemos se enmarca en un acontecer común, el destino colectivo, que es más grande que cada cual y ante el que solo se puede decir: «sí, así es».

Por ejemplo, independientemente de las capacidades propias que se trabajen, ocurren acontecimientos fuera de nuestro alcance y que nos influyen directamente: guerras, atentados, catástrofes naturales, crisis económicas… Estos «contextos» son destinos para cada uno de nosotros con los que no contamos, pero que pueden cambiar el curso de muchas vidas a la vez. Ante el destino colectivo solo nos podemos rendir, es decir, solo podemos aceptar lo que hay, las circunstancias que configuran la realidad. Eso sí, podemos actuar frente a ellas desde nuestra plena capacidad: el estado adulto.


Tus capacidades del multiverso están accesibles ya. Elegir y, sobre todo, dejar atrás, son potestades de tu estado adulto que puedes poner en práctica en cada decisión de la vida. Hay muchísimas variables que una persona no puede cambiar. Aun así, siempre puedes seguir actuando desde el adulto «pese a» este destino, esto que estamos todos viviendo. El adulto también se echa la siesta.

El camino al infierno…

Mucho de lo que se decide con muy buenas intenciones acaba convirtiéndose en un camino al infierno. Por tanto, el ser humano, que es avispado a veces, obedece, pero no cumple. Y cuando cumple, puede encontrarse en el infierno casi sin darse cuenta.

Por ejemplo, llegas a un área de carretera donde encuentras un sistema «optimizado» para pedir el desayuno: coges una bandeja, la pones en un camino de bandejas y vas «eligiendo» el desayuno. En algunas partes, alguien del personal te pregunta qué quieres y te trae tu pedido personalizado. Hay una larga cola y solo en el último paso consigues el café. Justo después, puedes pagar.

En Momo, una fantasía con tintes distópicos infravalorada por estar dirigida a niños (en teoría) y por la horrible película que se basó en el libro, hay un capítulo en el que también aparece este camino «optimizado»: Demasiadas comidas y muy pocas respuestas. Momo trata de hablar con su amigo Nino, pero su local se ha convertido en un local de comida rápida en el que hay que esperar esta larga cola, ir cogiendo los productos y llegar a la caja donde Nino cobra. Así, averiguar qué les ha pasado a sus amigos le cuesta a Momo pasar 3 veces por el sistema «optimizado».

Imagen de StockSnap en Pixabay. Todos son muy felices esperando su turno.

¿Por qué entrecomillo optimizado? Porque en un bar de toda la vida, según entras por la puerta el camarero te está saludando y cuando llegas a la barra ya tienes el café, y en pocos segundos consigues el resto del desayuno. Una sola persona te ha atendido a ti y a otros tantos que más o menos llegáis a la vez. Esto sí que está optimizado. La división del trabajo en estas colas de comida rápida está pensada con buenas intenciones, pero no funciona. Y probablemente, a cada persona que forma parte de ese proceso, le parecerá muy poco motivador hacer todo el rato lo mismo, de manera robótica.

Se dice, se hace

Cuando lo que se establece como norma de comportamiento no cuela, no cuadra y no funciona, se obedece, pero no se cumple. Encontré primero esta expresión en el libro ¿Es real la realidad? de Paul Watzlawick, libro que ya hemos citado varias veces. Y la volví a encontrar en uno de los episodios nacionales de Galdós. Parece ser que en la España de Felipe II, los funcionarios de la Corona de las posesiones ultramarinas no podían cumplir las órdenes que se enviaban de Madrid por varios motivos: no reconocían las circunstancias locales y, cuando llegaban, estaban totalmente desfasadas.

Sigue contando Watzlawick que la emperatriz María Teresa, dos siglos más tarde:

…concedía una distinción a aquellos oficiales que por iniciativa propia, y desobedeciendo las órdenes recibidas, decidían cambiar el curso de una batalla y conducían a sus soldados a la victoria.

Paul Watzlawick, ¿Es real la realidad?

Lo mejor de todo era que si su decisión les llevaba al fracaso, no se libraban del tribunal militar. Lo llama ejemplo de «contraparadoja oficial», de las que vemos muchas.

En definitiva, lo que se dice, lo que se anuncia, lo que se pone por escrito, muchas veces se abandona en pos de acciones con más sentido común, lo cual aleja, precisamente, del camino al infierno.

Se dice que el cliente es el centro de la actividad de cualquier empresa. Curiosamente, la forma en la que se ejecuta este pilar en muchas empresas es evitar todo contacto directo con la clientela. Así, se crean largas páginas de FAQ con el objetivo bienintencionado de solucionar el problema al cliente. Sin embargo, el cliente no encuentra ni la solución a su problema ni los medios de contactar directamente. La organización de la larga cola del desayuno, pensada (entiendo) para que el cliente tenga la sensación de estar escogiendo entre una amplia variedad, acaba convirtiéndose una pesadilla no solo para el cliente, también para el personal.

Se dice que una camiseta está hecha con algodón orgánico, es respetuosa con el medioambiente. Curiosamente, la camiseta sigue fabricándose en un país en vías de desarrollo, en unas condiciones pésimas. Se realiza con unos materiales que aseguran que al tercer lavado hay que tirarla a la basura (con mucho cuidado) y buscar otra de la misma calidad (porque no hay más opciones).

En los centros comerciales hay fotos gigantescas de familias felices, todos sonríen, están en el exterior y puede que sea primavera. Mientras, hay que ver los caretos de la gente que compra. Desde luego, consumir no da la felicidad, o al menos el paso previo de la búsqueda. Es como si esas fotos fuesen la declaración de intenciones buenas y las caras del personal paseante su resultado en el infierno.

Se dice que vivimos en el estado del bienestar… Bueno, eso ya no se dice.


Amigo lector, qué pena me acaba de dar buscar el enlace al libro de Momo y encontrarme que los primeros enlaces son «Momo resumen», «Momo rincón del vago», etc. ¡Por favor, leed este libro, es muy bueno!

¿Qué otras conductas has observado en las que se afirma una cosa pero se hace la contraria? Muchas gracias como siempre por leer y por compartir.

Disfruta como puedas

Si una persona se propone disfrutar de la vida, al menos debe saber qué significa esto.

Definición de disfrutar según la RAE.

Parece ser que el disfrute pertenece al presente, sin embargo, pienso que se puede estructurar en tres tiempos:

  1. Antes: la planificación, imaginar lo que va a venir, comenzar a disfrutar de la expectación.
  2. Durante: la experiencia, vivir el momento con plena atención, poner el foco en el presente, no perderse ni un resquicio de lo que sucede ni de las emociones que provoca.
  3. Después: el recuerdo, evocar aquello que se vivió y volver a disfrutarlo.

Antes de disfrutar

En la planificación del disfrute, hay que evitar las expectativas. Una cosa es esperar un suceso con expectación y otra cosa es crearse expectativas al respecto: la realidad siempre va a diferir de lo imaginado.

Aquí, planificando el finde. Imagen de Karolina Grabowska en Pixabay

Por ejemplo, si compramos unas entradas de cine y empezamos a crear grandes expectativas sobre la película, es posible que acabemos sintiendo frustración. Es posible que la película sea mejor de lo que esperamos, pero, al ser distinta, podemos concluir que no cumple los requisitos de lo planificado y tener una sensación de pérdida que no nos permite disfrutar. Ocurrió con el peliculón Drácula de Bram Stoker, de Coppola. A mucha gente le decepcionó porque no era de miedo.

Yo tenía un jefe que decía:

Lo importante es la calidad percibida por el cliente.

Un jefe

Y este jefe tenía bastante razón: cuando algo está por encima de nuestras expectativas, nos parece que tiene calidad. Si las expectativas son muy altas, todo es una m.

Durante el disfrute

Durante la experiencia, hay que evitar irse a otro sitio. Esto es muy difícil, no solo porque estemos rodeados de elementos vivos e inertes que reclaman nuestra atención y la dividen, sino porque prestar atención completa a una experiencia es más aburrido y difícil para el cerebro. Por ejemplo, te pones a comer un plato suculento que has preparado y lo saboreas al principio. En cuanto te has habituado, estás pensando en cualquier otra cosa, engullendo casi sin masticar y olvidando el disfrute de la experiencia directa.

Así, en cualquier momento y lugar se puede prestar atención a los sentidos. Imagina que estás dando un paseo por un parque. Puedes ir mirando tu móvil, puedes ir pensando en mil cosas, o puedes ir tomando nota de lo que percibes:

  • Mira los árboles, cómo el viento mece las ramas, cómo están brotando las hojas.
  • Escucha el viento, los pájaros, los coches, las personas que pasan a tu lado.
  • Nota en tu piel el roce del viento, la temperatura que hace.
  • Inspira profundamente, huele el césped recién cortado, la humedad del estanque, el aroma de las flores.

(No esperes poesía, no es lo mío)

Un paisaje digno de prestar atención a los sentidos. Imagen de JamesDeMers en Pixabay

Después de disfrutar

En el recuerdo, es fácil caer en melancolía de lo que pudo ser y no fue, de nuevo al comparar un ideal con lo que pasó realmente. También es posible sentir nostalgia porque aquel momento de máximo disfrute no volverá, por ser irrepetible o por algún cambio a peor de las circunstancias. Sin embargo, recordar con gratitud y con nuevo gozo, permite obtener una segunda fuente de alegría. Por ejemplo, te has ido de vacaciones a un sitio muy caro y sabes que es difícil que vuelvas. Bueno, pero al menos has ido. Quédate con lo que has vivido y disfrutado.

Una abuela. Imagen de Benjamin Balazs en Pixabay

Con la edad, lo vivido parece superponerse al presente por vivir. Eso puede ocultártelo. En cuanto el cerebro te hace llegar a «esto ya lo he vivido», entras en «el día de la marmota» y ya no vas a tomar nota de aquello que sea nuevo. Es cierto que la experiencia sirve para no repetir errores y para llegar antes a los objetivos que se quieren alcanzar. Pero también ocurre que, por evitar «pérdidas» (errores, pero también dolor, perder el tiempo, una sensación desagradable) evitas descubrir qué trae de nuevo la experiencia presente.

Una receta para disfrutar

Teniendo en cuenta estos tres tiempos, para planificar el disfrute, vivirlo y dejarlo atrás con gratitud podemos seguir una receta como esta:

  • Decir sí sin saber a qué; a ciegas: esto nos abre a la planificación desde la expectación, con total incertidumbre de lo que pueda pasar.
  • Vivir el presente con confianza: esto nos permite una relajación necesaria para experimentar cada acontecimiento con conciencia plena.
  • Soltar lo que creías entender: esto nos ayuda a agradecer lo anterior y dejarlo ir.

Esta receta, por cierto, es un extracto de algunas de las enseñanzas de Brigitte Champetier de Ribes, otra habitual de nuestro blog.


Espero que disfrutes de estos días festivos incluso si te toca trabajar. Como siempre, muchas gracias por leer.

El equilibrio entre dar y recibir

En los últimos posts hemos visto la fuerza de la pertenencia y la fuerza del orden en el contexto de las nuevas constelaciones familiares. Esta semana os hablo de mi comprensión de la fuerza de la compensación, o el equilibrio entre dar y recibir.

Cuando pienso en esta fuerza, recuerdo el dilema del prisionero iterado, muy bien resumido en la entrada de Wikipedia. El dilema del prisionero es un problema de teoría de juegos que explica por qué dos personas podrían no cooperar entre sí incluso cuando la solución mejor para ambos es cooperar.

Toma y daca

Si la interacción entre dos personas se prolonga indefinidamente, en cambio, la solución óptima es la cooperación. Esto lo explica Robert Axelrod en La evolución de la cooperación: el dilema del prisionero y la teoría de juegos. Este es un libro que descubrí gracias al profesor Fernando Esteve Mora.

Para resumirlo mucho, la estrategia ganadora en la interacción entre dos personas cuando va a repetirse de forma indefinida es el toma y daca. Esta estrategia comienza cooperando y, después, imitando la conducta de la otra persona. Si coopera, se sigue cooperando. Si no lo hace, se deja de cooperar. La única estrategia que mejora incluso a la de toma y daca es toma y daca dos veces: el primer jugador coopera las dos primeras veces, independientemente de lo que haga el otro. Después, de nuevo, imita la conducta de la otra persona.

Tal como nos cuenta Axelrod, estas estrategias se escribieron en lenguaje informático. Sin embargo, son estrategias que ponemos en juego cada vez que interactuamos con otras personas, sean amistades, clientes, proveedores, jefes, colaboradores…

La ley de equilibrio entre dar y recibir

La ley sistémica de equilibrar el dar y recibir se parece a ese intercambio indefinido entre personas. Contempla además un momento de desequilibrio, ese tiempo en el que una persona ha dado pero la otra aún no ha agradecido. Este momento «inconcluso» (tal como lo denomina Brigitte Champetier de Ribes) es el tejido de todas las relaciones sociales.

Dar

Dar es agradecer, es devolver. Produce la mayor alegría. El que da se siente libre (y se siente más grande). Se dice que la mayoría de la gente prefiere regalar a recibir un regalo.

Es cierto que el que da recibe de forma automática, siempre que respete profundamente a la otra persona como para permitirle agradecer o devolver.

Puede darse el caso de personas que solo quieren dar, sin recibir nada a cambio. Esto puede mostrarnos conductas que en realidad son egoístas: la persona solo se ve a sí misma y a su necesidad de dar, no ve al otro ni se pregunta si necesita de su ayuda. Así, pone en peligro el intercambio de toma y daca, está siguiendo una estrategia de solo dar (que hemos visto que no es óptima).

Recibir

Cuando recibimos algo, automáticamente estamos en deuda. Por ello, recibir nos hace sentir un poco más pequeños, hasta que podemos devolver, si quiera con el agradecimiento por lo recibido.

Si no se nos permite devolver o agradecer lo recibido, perdemos la dignidad al perder nuestra independencia. Si solo se recibe, se entra en una situación degradante, puesto que nos posiciona en el niño. Una estrategia de solo recibir tampoco es óptima, no hay intercambio.

Compensación

Podemos explicar la vida como opuestos o polaridades que se compensan para crear algo mayor. Podemos ver la ley sistémica del equilibrio entre dar y tomar como la ley de la compensación, una regulación automática de todo, en la que lo que estaba por exceso se compensa con lo que está por defecto.

Si vemos la ley de la compensación desde un sistema familiar, puede darse una compensación arcaica en la que los miembros posteriores del clan quieren compensar algo por sus ancestros, lo que se llama buena conciencia. Se toma partido y, automáticamente, se pierde el estado adulto, entrando en una conducta de repetición del pasado o poniendo demasiado entusiasmo en algo.

Sin embargo, es más interesante la compensación adulta, la decisión consciente de reconciliar los opuestos, de no quedarse solo con una visión parcial de una dinámica, sino ampliar la perspectiva para incluir un movimiento y su opuesto. Así, la actitud que lo incluye todo es: «Todo está bien como es, aunque no lo entienda».

La rendición

En la compensación adulta entra en juego la rendición. Implica renunciar a tomar parte, a identificarse solo con una visión parcial de una dinámica, normalmente la que mejor nos va y la que las creencias heredadas nos indican que es la buena. Al soltar nuestros deseos de que las cosas sean una forma, es cuando dejamos el espacio suficiente para siquiera concebir que sean de otra, de una manera que no imaginamos (o que tememos profundamente).

En nuestra cultura la palabra rendición se asimila con resignación y se opone a dejar de luchar por los objetivos, algo que realmente está muy mal visto. Sin embargo, esta rendición del adulto está más en línea con la renuncia, con dejar de agarrarse a algo que es parcial, asintiendo a la totalidad.

Hablamos de la fuerza de la compensación en nuestro próximo curso de constelaciones familiares:

Curso de constelaciones familiares Las fuerzas del amor. 9 y 10 de enero, curso online abierto a todos.

La ley del orden

En el post anterior os hablaba de la ley de pertenencia, pero hay una ley previa, que va antes incluso del amor: la ley sistémica del orden. 

«Aceptar la vida como es implica aceptarla con sus límites». Brigitte Champetier de Ribes

Uno de los límites de la vida es el orden: los elementos llegan a un sistema en un orden. Si hablamos de sistemas formados por personas, los abuelos fueron antes que los padres, los padres fueron antes que los hijos. Respetar este orden implica aceptar que los más antiguos tienen prioridad sobre los nuevos. ¿Por qué tienen prioridad? Porque los antiguos entregaron sus vidas para abrir camino a los siguientes.

La dimensión espaciotemporal

Entramos en nuestro sistema familiar al nacer. Nacemos en una época muy concreta, en un país determinado. No elegimos nada de esto. Esa es nuestra dimensión, nuestro único lugar, muy preciso. Limitado, ya que no podemos variar la fecha ni el lugar y, al mismo tiempo, infinito, una vez aceptamos por completo esta fecha y este lugar: es cuando realmente nos abrimos a ver lo que tenemos alrededor, a vivir el tiempo que nos toca.

Al respetar el orden, respetamos nuestro momento. En lugar de repetir el pasado, elegimos vivir plenamente conscientes en el presente. Esto exige darnos cuenta de que, cada día, todo es completamente nuevo, la incertidumbre nos acompaña, decimos sí sin saber a qué, con la confianza en que las cosas son como tienen que ser. Explico a continuación esta última frase.

Espacio tiempo

Cuando pensamos en el movimiento del universo y en sus leyes, no señalamos defectos y fallos de funcionamiento: parece una máquina bien engrasada, de la que entendemos algunas características e ignoramos muchas otras. ¿Por qué iba a tener defectos y fallos de funcionamiento lo que nos acontece a cada segundo? ¿Qué diferencia habría con el resto del universo? ¿Por qué iban a aplicarse otras leyes? Cuando vemos defectos, se trata más bien de nuestro juicio, siempre subjetivo, filtrado por creencias inconscientes, formas de pensar y actuar que se arrastran desde el pasado pero no se miran a la luz de la realidad.

El tiempo solo se mueve hacia adelante. Muchas veces, inconscientemente, elegimos vivir en el pasado. Cuando esto ocurre, nos estamos anclando, ya no vemos lo que tenemos delante. Y solo podemos dar dos tipos de paso: hacia adelante, con el flujo de todo lo que hay, o hacia atrás. Hacia más vida o hacia la muerte. Hacia la creación constante de lo nuevo, o hacia la repetición de rutinas.

Como comenta Bert Hellinger, el paso decisivo es mirar, pensar, vivir solo hacia delante y hacia la lejanía, hacia más vida, salud, placer, amor realizado.

La ley del orden en una organización

En una organización, igual que en una familia, cada profesional tiene un único lugar correcto. Cabe pensar que el orden en una organización deriva de la jerarquía, sin embargo, no es así: primero hay que tener en cuenta la antigüedad. Solo después se mira la contribución de una persona por su función. 

Cuando se incorpora a alguien en un puesto por encima de personas más antiguas, si el nuevo no respeta a los antiguos, le va a ir mal y va a provocar desorden e incomodidad. Es posible que incluso se trate de una persona más joven que, muy segura de sus conocimientos, va a despreciar por completo la experiencia de las personas que van a estar a su cargo teniendo más edad. El resultado de este tipo de situación hace perder energía al equipo: en lugar de centrarse en cumplir objetivos, sus integrantes están centrados en luchar para mantener su posición.

¿Cómo nos ponemos en consonancia con algo más grande? Con la mirada hacia delante al servicio de la vida. 

¿Cómo trabajar esta ley sistémica?

Es posible que esta ley sistémica del orden no esté bien en nuestras vidas y ni siquiera lo sepamos, solo estamos viviendo las consecuencias negativas que conlleva no aceptar las cosas como son, empezando por uno mismo/a. Sin orden, no es posible el amor. Esto significa que, sin respetar a los anteriores, ¿cómo vamos a amarlos o recibir amor de ellos? El amor implica ese respeto por el lugar que ocupa cada uno.

Una forma práctica y experiencial de tomar conciencia de esto y cambiarlo es asistir a nuestro próximo curso sobre Las fuerzas del amor, abierto a tod@s. Aquí dejo la información para apuntarte.

Cartel del curso online Las fuerzas del amor, 12 y 13 de diciembre.

Para saber más:

La ley de pertenencia

Buckminster Fuller, diseñador, arquitecto e inventor norteamericano, tuvo un momento de revelación cuando se iba a suicidar. Una voz interior le indica que no se puede quitar la vida porque no le pertenece a él, sino al universo. Tiene una epifanía, dedicarse a:

«un experimento, para descubrir si un individuo puede contribuir a cambiar el mundo y beneficiar a toda la humanidad».

Desde la máxima humildad, considerándose un individuo cualquiera sin condiciones superiores, se plantea qué puede hacer para mejorar la vida de toda la humanidad, en la «nave espacial Tierra».

Fuller se da cuenta de que todo está conectado, de que los sistemas son mayores que la suma de sus partes: es quien comienza a emplear el término sinergia. En lugar de trabajar desde las partes al todo, propone hacer lo contrario, ir del todo a los detalles, de manera que surgen partes del sistema que no se habían identificado. Al estar todos los elementos en relación:

«No hay nada de lo que hacemos que no afecte a los demás en mayor o menor medida. Por supuesto, esto también se aplica a toda forma de vida».

La idea de sinergia se aplica a su famoso diseño de cúpulas geodésicas, de las que se llenó el mundo y que aún son un símbolo de futuro:

Cúpula geodésica de

Puedes ver varios diseños de cúpulas geodésicas y muchos otros inventos de Fuller en la exposición temporal en Espacio Fundación Telefónica, muy recomendable.

La pertenencia a un sistema

Estamos todos conectados, todos en relación. En cada sistema, cada elemento que lo compone pertenece a él por igual, no se puede excluir uno de ellos. Como descubrió Bert Hellinger, todos los integrantes de un sistema familiar pertenecen a él, simplemente por haber nacido en ese sistema, hayan hecho lo que hayan hecho.

Lo más fácil es excluir, especialmente lo que no nos gusta mirar o admitir. Sin embargo, la ley sistémica de pertenencia contiene un movimiento de inclusión de la diferencia, que implica que todas las personas del sistema tienen el mismo derecho a pertenecer.

Esta pertenencia es grande si es adulta, de lo contrario hablamos de conciencia moral: incluimos a los de nuestro clan, excluimos al resto, que son «el enemigo». 

A cada persona le ha tocado un rol en la vida, y algunos roles son despreciados. Si recordáis cuando hablábamos del camarero Moustache, de la película «Irma la dulce«, los diferentes roles se relacionan de manera que el sistema está en equilibrio, por desagradable que nos pueda parecer la conducta de muchos de ellos (o de todos, todos al final acaban implicados en un juego paralelo a las normas pero que tiene otras normas que todos aceptan). Es Patou, con la mejor de las intenciones, el que trata de estar por encima de ese sistema diciendo cómo deberían ser las cosas.

Pertenecemos a muchos sistemas

La dirección de la vida es hacia delante, los sistemas se van equilibrando y compensando, todos en relación. Pertenecemos a muchos sistemas, no solo el familiar: las empresas, los países, las organizaciones internacionales… 

La ley de pertenencia es una de las fuerzas del amor que trabajaremos en el próximo curso que imparto como aspirante a formadora homologada en las nuevas constelaciones familiares, tutelado por Insconsfa. Este curso es válido para la formación como Especialista en constelaciones familiares. 

Esta formación está abierta a tod@s, es una gran oportunidad para soltar resistencias y tomar la decisión consciente de estar aquí y disfrutarlo.

Cartel del curso online Las fuerzas del amor, 12 y 13 de diciembre.

El vacío creador

La amenaza del confinamiento sobrevuela nuestras cabezas. Puede que no llegue a ocurrir, pero la situación de aislamiento vivida por unos meses ha dejado una huella profunda, que hace que tengamos (más) horror al vacío.

Agujero negro

Se acaba un proyecto, se acaba una relación, se acaba un trabajo, se restringe una actividad… y no hay nada en el horizonte. Se anticipa el hueco que esa actividad va a dejar y la primera reacción es rellenarlo como sea.

Cuando se trata de trabajo, es cuestión de supervivencia, pero incluso en este caso, hay un componente de miedo ante el abismo que se abre, miedo a las situaciones de incertidumbre.

¿Qué va a pasar? ¿Dónde voy a ir? ¿Qué voy a hacer esas horas libres?

El vacío forma parte de ti

Desde luego, no nos planteamos que el vacío forma parte de nosotros/as, incluso en nuestro propio cuerpo. Está en cada célula, en cada átomo. El vacío es lo que más abunda en el Universo: ausencia de.

Tampoco nos planteamos que tiene que quedar un hueco para que otra cosa lo llene. La tendencia es a hacer malabarismos, incluyendo de más, superponiendo actividades, proyectos y vidas para que en ningún minuto del día se produzca un silencio.

Ese silencio se parece demasiado a la muerte.

El vacío es creador

Pero el vacío no es la muerte. El vacío es creador. Es la condición para que haya creatividad, para que algo que no estaba antes allí pueda surgir.

Por ejemplo, John Cleese habla de la necesidad de reservar un tiempo en «aislamiento» para permitir que la creatividad surja. En general, los grandes artistas tienen muchas horas «vacías» en su día a día, en las que de pronto se inspiran y dan con una idea que les lleva a la acción, a un trabajo frenético para reflejar esa idea en algo material.

Cleese también resalta la importancia de jugar como parte de la creatividad. Este jugar es saber volver al Niño libre, saber salir momentáneamente de las normas y permitir que el vacío del momento presente se llene de formas nuevas, ideas nuevas, una mirada nueva.

Vacío y lleno, dos polaridades

Las polaridades de vacío y lleno están muy bien reflejadas en la tradición oriental: yin y yang. Al hacer Tai Chi, la maestra china nos podía decir: «eso ya está vacío». Estaba «lleno» cuando todavía había un potencial de desarrollo de un movimiento. Estaba «vacío» cuando el movimiento se había completado y no se podía continuar.

Esto me recuerda a algo de lo que ya hemos hablado: el camino es la meta. El camino está «lleno», la meta está «vacía». El mundo actual parece consistir en alcanzar metas y no permitir un vacío necesario antes de seguir «llenando». Esto también lo señalaba Zygmunt Bauman en Modernidad líquida: el individuo nunca está completo, nunca puede descansar ni darse por satisfecho; por tanto, está obligado a ir siempre a más.

Así que, cuando la vida te obliga a parar, experimentas de forma muy clara el vacío. Es posible que esta experiencia venga acompañada de ansiedad o tristeza. A continuación, si se resiste la mirada a ese abismo infinito, surge la posibilidad de crear. Y esa es la creación más satisfactoria.

¿Cuándo llega el éxito?

¿Sientes que hay éxito en tu vida? ¿Sí? ¿No? ¿Quizá estás esperando a que llegue el momento?

Solemos situar el éxito en el futuro. Y por eso, nunca llega.

De pequeños y de jóvenes colaba: quiero ser astronauta. Esa era la ilusión infantil, que pudo mantenerse, por ejemplo, hasta comprobar la dureza de la carrera de Aeronáutica, si no fue antes.

O quiero ser deportista de alto nivel. Pero no nos seleccionaron para el equipo.

Algunas ilusiones no las para la vida con tanta claridad, así que las podemos seguir manteniendo, por ejemplo, la ilusión de llegar a ser una escritora consagrada.

Renunciar a esta ilusión infantil y juvenil es muy difícil, pero es lo único que permite situar el éxito en el presente, abandonando tanto la mirada hacia el pasado como la esperanza de un futuro que no llega.

En el presente está la acción

No se puede actuar en un momento diferente al presente. Si se siguen alimentando las ilusiones del pasado, lo único que se logra es frustración: al comparar las expectativas con la realidad, encontramos el gran escalón entre ambas.

Por otro lado, no se puede actuar en el futuro. Hoy en día, con la situación actual de la pandemia, es muy importante recordarlo. La mayoría de nosotros acabamos utilizando la coletilla:

Esperemos que esto pase pronto y…

Se pase pronto o tarde, el momento presente es el que es, esto está ocurriendo: hay que vivir con ello. El momento presente se caracteriza por ser radicalmente distinto al pasado que hay que despedir y a un futuro que escribimos justo ahora.

No sabemos qué vendrá, ni cuándo. Situar la mirada en esa esperanza de que todo pase y se solucione y que haya sido «como si nada» solo puede generar sufrimiento.

Es más, al hacerlo, perdemos de vista los puntos positivos que ha traído esta situación insospechada. Y sobre todo, perdemos la posibilidad de actuar en esta realidad, tal como es, frente a estarla comparando con lo ideal desde la pasividad.

Situar el éxito en el presente

Situar el éxito en el presente supone cambiar la concepción de éxito que tenemos. Porque solemos identificar el éxito con aquello que le pasa a unos pocos, que suelen ser principalmente ricos y famosos.

Merece la pena preguntarse:

¿Necesito yo ser rica y famosa? ¿Forma eso parte de mi camino?

Porque igual tienes éxito en tu vida y no te has dado cuenta. Si lo piensas, ahora mismo estás con vida: eso es un éxito. Ahora mismo tienes las necesidades básicas cubiertas: eso es un éxito. Si tienes un trabajo, es un éxito. Si tienes hijos, es un éxito. Si tienes pareja, es un éxito. Si tienes seres queridos cerca, es un éxito.

Lo cual no significa que si no tienes trabajo, hijos o pareja, etc. sea un fracaso. Sigue siendo un éxito lo que vas logrando a cada paso que das, por pequeño que sea.

La meta es el camino

Hay un libro de Chögyam Trungpa que se titula El camino es la meta. Verdaderamente, el paso que estoy dando ahora en el presente es la meta. Es importante tener objetivos, claro está: permiten trazar una trayectoria. Sin embargo, con frecuencia los objetivos se convierten en fuente de fracaso porque nos ocultan el paso que doy hoy, es más, nos ocultan la necesidad de rectificar un camino equivocado.

Por ejemplo, si mi objetivo es llegar a ser una gran actriz de Hollywood, es posible que invierta muchos recursos en estudiar en las mejores escuelas de arte dramático, de inglés, de claqué… A saber. Y es posible que, durante las clases, olvide estar totalmente involucrada en lo que está ocurriendo si no veo una relación directa con mi objetivo. Sin embargo, es interesante prestar atención a lo que está ocurriendo en la clase, y quizá darme cuenta de que no es mi camino, no disfruto de esas clases, las sufro.

El éxito es ahora

Si en lugar de preguntarte cuándo llega el éxito decides ver el éxito ahora, quizá ese cambio de perspectiva provoque un gran cambio en tu vida. Y es posible que la única forma de verlo sea experimentarlo.

Eso es lo que vamos a hacer en el curso online El éxito, la fuerza del asentimiento este fin de semana: experimentar dónde están mis expectativas, qué es lo esencial para mí, cómo me relaciono con el pasado, dónde sitúo mi éxito y qué es lo que rechazo o me da miedo.

Elegir vivir en el presente y asentir a lo que toca son decisiones que solo se pueden tomar desde el adulto. Te invito a tomarlas y a dejar de vivir desde la queja y el victimismo.

Curso online abierto a todos