El eslabón más débil

Sigo a vueltas con el guion de vida. Otro tema del que he cobrado conciencia es que el guion de vida puede ser ganador, banal o perdedor en distintas facetas de la vida que son como eslabones de una cadena, y será el eslabón más débil el que determine la trayectoria vital. Por ejemplo, una persona puede tener un guion ganador en el trabajo, llegar muy lejos, ascender, asumir riesgos, ser reconocida… y, mientras, tener un guion perdedor en las relaciones de pareja, no logrando mantener una relación estable con vínculos seguros. Es la misma persona y sin embargo no es capaz de trasladar sus estrategias ganadoras en un área a otra en la que las cosas no funcionan tan bien.

Este devenir tan distinto en las distintas áreas vitales puede explicar esos guiones aparentemente ganadores que luego acaban perdiendo de la peor forma. Es interesante analizar esto. ¿Cómo es posible que una persona no sea capaz de utilizar sus fortalezas de un área en otra?

Cómo fortalecer el eslabón más débil

La buena noticia es que existen formas de trasladar las habilidades a otra faceta de la vida. Por ejemplo, la programación neurolingüística (PNL) tiene ejercicios en los que se visualiza una experiencia ganadora, se ancla en una parte del cuerpo con un gesto que normalmente no se realice y se entrena a la mente para recurrir a las capacidades de esa experiencia ganadora siempre que se repite el gesto de anclaje.

Por otro lado, técnicas como el coaching permiten ampliar el campo de visión con el fin de detectar hábitos y creencias que limitan las capacidades en un área concreta. Por ejemplo, una persona quiere ir al gimnasio, se apunta pero no consigue ir nunca: siente que no tiene tiempo. Con ayuda de un coach puede detectar que el entorno no facilita que acuda al gimnasio. Si se prepara una mochila con todo lo necesario, solo tendrá que cogerla y salir, o meterla en el maletero y sacarla cuando la necesite. Así, el objetivo grande (hacer ejercicio) se trocea en al menos 2, preparar la bolsa y acudir al gimnasio.

Imagen de Jarda Šma en Pixabay.

La detección de creencias es fundamental para aplicar habilidades y capacidades de un área que funciona a otra que no. Una forma de hacerlo es analizar el propio lenguaje, algo a lo que la PNL dedica mucho tiempo: generalizaciones, eliminaciones, suposiciones… Por ejemplo, se puede tener la creencia de que toda la gente con dinero roba o que el dinero es sucio. Se puede creer que todos los hombres son unos cerdos, o que tratan siempre de engañarte. Tanto la PNL como el análisis transaccional (AT) ayudan a detectar este tipo de creencia, desafiándola.

El AT va más allá: describe la conducta automatizada que hace que una persona represente su guion de vida en secciones cortas. Creo que Eric Berne llega a la excelencia con la descripción de los juegos a los que jugamos para evitar una verdadera intimidad. En estos juegos, el protagonista busca a las personas que pueden representar los papeles, comienza la escenificación y logra su objetivo: una sensación de pérdida para todos los jugadores, incluido el protagonista. Una vez detectada la representación, se puede cambiar por otra que no reproduzca el comportamiento perdedor en el área «más débil». Uno de los juegos más fáciles de describir es «sí, pero…»:

El protagonista plantea un problema aparentemente irresoluble. El resto de jugadores se ponen en el papel del padre nutricio y empiezan a dar soluciones al problema. La respuesta del protagonista siempre será: «sí, pero…» echando por tierra cada solución. Al final «gana» (perdiendo) porque demuestra que su problema no tiene solución.

Juegos que la gente juega.

Por último, las constelaciones familiares permiten liberar temas que provienen de generaciones anteriores y que se reproducen de forma inconsciente. Buena parte son estas creencias y conductas automatizadas que comentaba. Por eso se da tanta importancia a estar en el estado adulto del yo y a tomar conciencia de lo que se hace, de lo que no se hace, y de las consecuencias que tiene cada decisión.

¿Y si paso del tema?

No existe ninguna necesidad de «mejorar» la parte más débil de nuestra personalidad, ni de «arreglar» algo que se presupone roto. Cada persona sentirá qué es lo que le conviene en cada momento. Y hay momentos en los que, por mucho que se sepa que se tiene esa parte más débil, ese ángulo muerto por el que vienen los golpes de la vida, no es posible invertir la energía suficiente en cambiarla, o no merece la pena.

Precisamente, de esto va actuar desde el estado adulto: tomar conciencia de las acciones y de sus consecuencias. Nada más. Nada menos. No se trata de torturarse o excluirse de la propia bondad.

De hecho, pasar del problema que te inquieta estando aquí y ahora, consciente de lo que se hace y no se hace, sin automatizar conductas, es una forma como otra cualquiera de llevarlo, rindiéndose a lo que es, sin más.

Más sobre el estado adulto

En el estado adulto es mucho más difícil que otra persona te involucre en sus juegos. También es más difícil iniciarlos tú, porque enseguida te das cuenta de que se trata de una conducta automatizada que no te lleva a ninguna parte.

Si quieres leer más sobre esta parte de tu personalidad con la que estar a gusto siendo tú, visita estas otras entradas del blog:


¿Cuál es tu caso? ¿Sientes que todas las áreas de tu vida están más o menos igual? ¿Sientes por el contrario que un aspecto te resulta más difícil y es el que te frena? Como siempre, muchas gracias por leer y por compartir.

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