No todo el oro reluce

¿Cómo valoramos a una persona? ¿En qué nos fijamos? ¿Qué es lo que nos abre puertas? Comenzamos con una frase de una canción de Manu Chao, “Me gustas tú”: no todo el oro reluce.

Que se mueran los feos

Seguimos con otra canción, “Que se mueran los feos”, de Los Sirex.

Vamos a fijarnos en los autores que habitualmente cito en este blog. Desde Eric Berne hasta los Monty Python, lo cierto es que no son ejemplos de belleza áurea.

Eric Berne en 1969, autor desconocido.

Sin embargo, pronto nos olvidamos de esto ante su ingenio. Pero entonces, ¿hace falta ser ingenioso, muy brillante o con una personalidad arrolladora cuando no se es agraciado? ¿Quién determina esto de ser agraciado? ¿Y cuál es nuestra percepción de los demás cuando sus imperfecciones destacan?

Como el mismo Berne explica, cuando somos pequeños miramos libre y abiertamente a otras personas, en especial a las que tienen defectos o características llamativas. Después, rápidamente aprendemos que “ver no está bien visto”. El análisis rápido que hacemos de una persona lo tenemos que hacer disimuladamente, porque la mirada fija es o puede verse como ofensiva.

El problema de dejar de mirar abiertamente, sobre todo aquello que no nos cuadra, es que puede llevarnos a dar por bueno algo que potencialmente puede ser un peligro. Voy a rescatar esta parte del post sobre Barba Azul:

Barba Azul se casa con la menor de cuatro hermanas, una jovencita que se siente atraída por esa extraña barba azul, que al mismo tiempo le da cierto reparo.

Clarissa Pinkola Estés

El aprendizaje consiste en ignorar las señales de alarma que provoca eso que nos da cierto reparo y que suele ser una mezcla de rasgos físicos y de personalidad.

Me duele la cara de ser tan guapo

Seguimos con otra canción, “Me duele la cara de ser tan guapo”, con una letra aguda y un vídeo muy divertido:

Los guapos también nos pueden dar reparos. Una persona muy guapa puede provocar rechazo por muchas razones, la más habitual es la envidia, pero también puede deberse a leer en su rostro gestos de superioridad, de falta de empatía o de estar encantado/a de conocerse. Por tanto, ser una persona bella no es un carnet que nos coloque por encima del resto. Lo que sí es cierto es que hay estudios que demuestran que a la gente físicamente agradable le es más fácil conseguir puestos de trabajo y tener éxito, ya que llegan a obtener una “prima de belleza”.

Además de la guapura innata, vivimos en una época donde hasta la clase política viste de forma elegante y atractiva, tipo Reservoir dogs, cuando no son dechados de belleza. Cuando era pequeña parecía existir una elección: “o eres guapa o eres inteligente”. Ahora se dan mezclas interesantes de ambas cosas, gente agradable físicamente y que además es un portento en su campo. ¿Es esto más exigente? Porque antes, cuando te decantabas por uno de estos caminos a la vista de la información que recibías del exterior, podías descartar cómodamente el otro.

Pero estamos hablando de gente guapa y no estamos aclarando qué es ser una persona bella. Y esto lo rescato de un documental muy bueno que vi una vez y me dejó impactada: creando una máscara con las proporciones áureas, esta máscara se aplica a la cara de todas esas personas consideradas guapas y no a la cara de las que se considera menos guapas. Lo puedes ver entero aquí:

Uno de estos guapos es, por supuesto, Tom Cruise. En el documental también se dice que una cierta imperfección añade atractivo a estas caras. Podríamos pensar que Tom Cruise, con su nariz o sus dientes grandes, no es tan guapo, sin embargo, su cara encaja en la máscara áurea y puede permitirse sus pequeñas imperfecciones, que lo hacen más ¿humano? Utilizo esta palabra porque las caras generadas por inteligencia artificial crean una cierta tensión cuando se comparan con una cara humana real. Son tan perfectas que son siniestras.

Por el contrario, resulta imposible distinguir el deepfake de Tom Cruise del actor real. De lo siniestro pasamos a lo escalofriante:

Jeder se mira al espejo

Entonces, ¿hay que ser Tom Cruise y tener las proporciones áureas o generarlas con inteligencia artificial? Si es así, ¿cómo nos explicamos que la gente “fea” logre posiciones de éxito en la vida? Pienso que no se trata tanto de belleza objetiva como de irradiar autoestima. Y esto Eric Berne lo sabía muy bien.

Para referirse a una persona cualquiera, Berne inventó el nombre “Jeder”. En varios textos de Berne he leído que Jeder ignora lo feo que se pone cuando se pasa la lengua por los dientes. Para Jeder, es un gesto inofensivo y, sobre todo, muy disimulado. Para un observador externo, Jeder se afea mucho haciendo este gesto. La propuesta revolucionaria para la época de Berne es que la persona se grabe en vídeo y se vea haciendo distintos gestos.

En una época en la que, además de vestir mejor y pintarnos más, nos vemos constantemente en fotos y vídeos, puede pensarse que este ejercicio ha perdido su sentido. Sin embargo, puede que sea al contrario: la imagen que publicamos está filtrada, alisada, photoshopeada, seleccionada de entre varias… hasta el punto de que podemos llegar a pensar que tenemos una cara distinta a la que tenemos. Al principio, el Photoshop quedaba al alcance de los famosos en revistas y anuncios. Ahora, hay que decirle al móvil que no te filtre para poder ver la realidad.

El otro día tuve la suerte de asistir como público a una clase magistral de Antonio Canales. Él explicó que lee en el cuerpo de un bailarín si es diestro o zurdo, sus años de experiencia, si tiene hijos… Realmente, lo que transmitimos con la postura, el tono físico, la mirada, la posición de la cabeza… es casi todo. Y se puede entrenar. Por eso suelo insistir en lo bien que viene hacer teatro, o en general artes escénicas.

Volviendo al tema de la guapura y sumándolo a una postura que denote autoestima, recuerdo un detalle del documental Love, Marilyn. Norma Jeane va andando por la calle con una amiga. De pronto, le dice: «voy a transformarme en “ella”». Cambiando la postura, la forma de andar y la mirada, de pronto la gente a su alrededor se da cuenta de que Marilyn Monroe está ahí, surgida como de la nada. Hasta un símbolo sexual como “ella” cambia la percepción de los que la rodean cambiando la actitud. Lo que puede dar para otro post futuro… o no.


¿Qué opinas? ¿Piensas que en general le va mejor a la gente guapa? ¿Piensas que la autoestima está asociada con la belleza? Ya sabes, deja un comentario, comparte libremente y gracias por leer. 🙂

Solo personas

Cuando empiezas a trabajar con una organización o institución muy grande, o multinacional, puede que te sobrecoja por su tamaño e importancia. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que al final, hasta la organización más grande está formada por personas. Son personas normales y corrientes, se trata de tener enfrente a otro ser humano.

Mujer joven negra mirando a cámara
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En muchos talleres de habilidades hay un ejercicio en el que los participantes caminan por la sala y buscan a alguien. Entonces, ambas personas se miran a los ojos durante tres minutos. Cuando se experimenta esto, se da una comunicación no verbal con el otro que permite comprobar algo de sentido común:

Somos iguales.

Esto es algo que destaca frecuentemente Brigitte Champetier des Ribes en sus talleres.

Pues eso mismo puede hacerse con las personas de las grandes instituciones. En realidad no te relacionas con todas las personas de la organización, eso no sería manejable; te relacionas con una o varias personas, no demasiadas. Y se descubre que, mirándose a los ojos, la naturaleza humana de ambas se revela.

Como esto no siempre es posible, podemos hacerlo internamente, imaginando a esa persona delante.

Esto ayuda enormemente a varias cosas: a darse cuenta de que el tipo de males que nos asolan son similares, que los ricos también lloran, que tenemos frustraciones parecidas y el mismo tipo de sueños, que el malo no es tan malo ni el bueno es tan bueno. Al fin y al cabo, solo somos dos personas, dos seres humanos imperfectos, que se relacionan.

Cuando el otro es igual que tú

Verse igual a otra persona permite:

  • Dejar de lado el exceso de importancia que cada persona trata de darse
  • Dejar de creer ser el ombligo del mundo
  • Sentir compasión por las circunstancias del otro, que podrían ser las propias
  • Relativizar los errores que comete la persona a la que miro: yo también podría cometerlos, yo también soy imperfecta

Eric Berne señala cómo en un primer momento dos personas se ven con claridad, en los primeros diez segundos, para después hacer una actuación de Oscar superponiendo una careta sobre la propia esencia. Cada persona hace lo mismo: primero ve al otro y se deja ver, después se oculta y se olvida de lo que ha sabido sobre la otra persona. Por eso el ejercicio que se hace en los talleres es sin hablar, solo mirada, porque ahí no hay careta posible, salvo en algunos grandes artistas de la Academia.

El protocolo y la tele

Quizá lo que más me impone a mí es el protocolo. Veo estas series como The Crown o House of Cards y es el protocolo, las formas y los uniformes lo que establece las relaciones y jerarquías entre las personas en ese contexto, de manera que el ejercicio de mirar a los ojos es difícil o está prohibido. Y puede que incluso si se pudiera hacer con personas como la Reina de Inglaterra, ahí estaríamos ante una persona tan entrenada en ocultarse que no la podríamos ver. En todo caso, no dejaríamos de estar ante un semejante, otro ser humano, otra persona.

Otra cosa que puede pasar es que el aura o carisma de una persona muy famosa nos impida verla como persona. Los grandes famosos que vemos siempre en pantallas también son personas, son seres humanos muy parecidos a cualquiera. Pero si los vemos fuera de las pantallas, si nos los cruzamos por la calle, su aura nos puede obnubilar, su carisma nos puede impresionar tanto como si fuesen seres superiores. Ya he contado alguna vez que yo he conocido a una persona muy famosa cuando no lo era y luego lo empezó a ser. Ya tenía ese carisma que atraía las miradas sobre ella, ya era un poco diferente al resto. Pero no dejaba de ser otra persona más, otro ser humano.


En definitiva, sea por pertenecer a una gran institución o de mucho prestigio, sea por tener una jerarquía muy alta que obliga a un protocolo o sea por ser “famosa”, una persona nos puede parecer “otra cosa” mientras no hagamos o visualicemos el ejercicio de mirarla a los ojos, hasta poder ver, simplemente a “uno cualquiera”.

¿Qué opinas? ¿Hay personas o situaciones que te imponen mucho? ¿Cómo te sientes ante grandes organizaciones o instituciones? Como siempre, te agradezco mucho que leas y compartas libremente.

Estás haciendo el ridículo

¿Te han dicho alguna vez, siendo una persona adulta, que estás haciendo el ridículo? ¿Y cómo has reaccionado? ¿Te han dicho “haz lo que quieras, pero…”? ¿Y cómo te has sentido?

En este post vamos a identificar al crítico interno, que en lenguaje de análisis transaccional se llama Padre Crítico. Lo vamos a identificar y no, no vamos a luchar contra este estado del yo: vamos a desarmarlo viendo las cosas desde el estado que nos libera de todo: el Adulto. Si quieres recordar qué es esto de los estados, lee esta entrada: Padre – Adulto – Niño.

Darth Vader
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¿Por qué te afecta tanto la crítica?

Si te afecta la crítica de otra persona, probablemente tienes a un crítico interno que está de acuerdo con ella; el Padre Crítico. Sus expresiones verbales toman la forma de «debería/debo/se debe», es decir, de norma absoluta e indiscutible, que ha de cumplirse siempre. O también: «nunca», «siempre», «no olvides jamás», así como formas del tipo «¿Cuántas veces te lo he dicho?» «Yo lo que haría…».

Tu estado de Padre Crítico encuentra su eco en otras personas que influyen sobre ti. Existen varios juegos sociales en que los estados Padre de las personas que hablan se ponen de acuerdo en lo horrible que es algo, ya sea la juventud, la pérdida de valores, la política, el comportamiento de alguien…

Las mismas personas con las que podemos disfrutar mucho en estos juegos sociales son las que te criticarían si dejas de jugar desde el estado Padre y empiezas a actuar de otra manera. Sobre todo si te tomas las cosas con humor, ya que el humor es propio del Niño Libre.

¿Cómo escapar del crítico interno?

Claude Steiner defiende que podemos eliminar al Padre Crítico de la ecuación, porque no tiene ninguna ventaja. Esa voz es capaz de quitarnos la autoestima, de hundirnos, de mantenernos dentro de una jaula. Algunas personas viven en su propio infierno, como esclavas de su estado Padre.

Hay un par de herramientas muy potentes que nos da el análisis transaccional para escapar de esta figura interiorizada. Una de ellas son las caricias y la otra son los permisos.

Caricias

Aunque de caricias y descuentos ya hemos hablado anteriormente, podemos recordar ahora que la caricia es la unidad mínima de reconocimiento de una persona. Una caricia puede ser condicional o incondicional, positiva o negativa, pero siempre “alimenta la médula” de la persona porque implica que se la reconoce como tal.

  • Caricia incondicional: me gustas tal y como eres.
  • Caricia condicional: estás muy guapo cuando llevas ropa formal.
  • Caricia negativa: tus zapatos son horribles. Otro tipo de caricia negativa es la caricia positiva no deseada, por ejemplo, una alabanza que está fuera de lugar y que sientes que te humilla.

Pues bien, las caricias positivas, sobre todo las incondicionales, nos ayudan a escapar del crítico interno. Y estas caricias nos las podemos dar, no necesitamos que lo haga alguien desde fuera. A cada frase del Padre Crítico podemos responder con una caricia y con algo de humor, por ejemplo:

  • Estás haciendo el ridículo -> Es verdad, y así me lo estoy pasando muy bien
  • No te enteras de nada -> Es posible, también es posible que sea mi capacidad para seleccionar información importante
  • Eres idiota -> ¿De verdad? Bueno, también tengo otras virtudes

Permisos

A veces, una persona no es capaz de darse permiso a sí misma para hacer la cosa más sencilla: hablar en público, hacer el ridículo, descansar, ver la tele varias horas, salir a tomar el sol, vaguear, enfadarse, poner la calefacción a un nivel confortable… Las voces del Padre Crítico son tan duras y severas que le impiden actuar. Entonces puede necesitar ayuda de alguien externo. Los permisos hacen que una persona se sienta con derecho a disfrutar de algo. Por ejemplo:

Tengo permiso para dormir hasta tarde los fines de semana.

El trabajo es tan fácil y tan difícil como darse permiso y reconocerse derechos. Estos permisos y derechos tienen que ir en relación con esas voces categóricas que tenemos tan interiorizadas. Por ejemplo:

  • Estás haciendo el ridículo -> Me doy permiso para hacer el ridículo
  • No te enteras de nada -> Tengo derecho a no enterarme de nada
  • Eres idiota -> Me doy permiso para ser idiota de vez en cuando

Si buscas los derechos asertivos, verás que hay muchas más opciones que quizá antes no contemplabas, como tener derecho a equivocarte, a cambiar de opinión, a decir lo que piensas, a pedir lo que necesitas…


¿Reconoces a tu crítico interno? ¿Qué te sueles decir a ti mismo/a desde el estado Padre Crítico? ¿Qué permiso te vas a dar a partir de hoy?

Como siempre, agradezco que hayas leído esta entrada y que compartas libremente.

De sapos y princesas

En el cuento, el sapo besado se convierte en príncipe. En la realidad, el que tiene algo de sapo o de rana, tendrá pocas probabilidades de recibir el beso que lo transforme en príncipe o en princesa a menos que sea capaz de reconocerse como sapo.

Estos nombres, príncipes y ranas, son los que utiliza Eric Berne para hablar de los guiones ganadores y de todos los demás. El guion ganador es el del príncipe o princesa, el resto de guiones, ya sean no-ganadores o perdedores, tienen algo o mucho de rana, y la rana saldrá por algún lado antes o después.

Con esta primera descripción puede pensarse que el guion principesco es propio de familias adineradas, de la nobleza, sagas de grandes empresarios… y da lugar a vástagos rubios y de ojos azules. Sin embargo, personas con un destino de vida bastante duro y que físicamente distan mucho del príncipe azul pueden tener un guion ganador y llevarlo a cabo.

Rana con corona de príncipe en una roca al lado de un río

¿Qué puedes esperar?

Milton Erickson, el impulsor de la hipnosis terapéutica, nació con una serie de dificultades: era disléxico, daltónico y sordo. Estas limitaciones permitieron que desarrollara otras capacidades. Por ejemplo, se fijaba en el lenguaje no verbal de sus hermanas, lo que le permitió conocer aspectos de la comunicación que suelen pasar desapercibidos. Milton Erikson enfermó de polio a los 17 años y esta enfermedad lo dejó postrado durante un año. Pero no se conformó, sino que fue trabajando mentalmente con sus músculos y se fue recuperando, hasta el punto de que salió de la cama para embarcarse en una canoa en un viaje de mil millas que acabó de fortalecerlo. Durante este viaje escribió un diario que ahora está a la venta.

https://www.louiscauffman.com/louis-cauffman/the-canoe-diary-publication/

Este es el guion de un príncipe: se fija un objetivo, lo comunica y lo logra. Si por el contrario Erickson se hubiese agarrado a su discapacidad y a su enfermedad, podría haber jugado a “pata de palo” y haber vivido como un “tullido”.

Eric Berne habla del juego “pata de palo”, que se detecta a través de una simple pregunta que hace la persona que lo juega:

¿Qué puedes esperar de una persona con una pata de palo?

Sustitúyase pata de palo por cualquier tipo de limitación. ¿Qué esperas de una persona disléxica, daltónica y sorda? ¿Qué esperas de una persona que ha contraído la polio y se ha quedado totalmente paralizada?

La respuesta benevolente del Padre Nutricio es: “Claro, no espero nada”. Entonces la persona que juega a pata de palo tampoco espera nada y construye su vida en torno a su enfermedad o su discapacidad. Y no es necesario que la queja describa una limitación física, ni siquiera una limitación real. Puede también decirse: ¿Qué esperas de una persona que…

  • …vive en esta sociedad?
  • …tiene síntomas psicosomáticos?
  • …proviene de un hogar roto?

La respuesta de Berne para desafiar este juego y el guion de vida correspondiente es:

No espero nada. ¿Qué espera usted de sí mismo?

Eric Berne

Parece que Milton Erickson esperaba mucho de sí mismo, por lo que nada le impidió graduarse en medicina y psicología, casarse, tener ocho hijos y vivir 78 años.

No tienes que ser como Erickson. Lo más habitual es que el guion de vida contenga poco o mucho de rana, de manera que los objetivos se quiebran para poder cumplir con mandatos e impulsores transmitidos por los padres. Por ejemplo:

  • Esfuérzate… pero no lo consigas.
  • Puedes ser feliz, pero… ¿quién te crees que eres?
  • Está bien que tengas éxito… mientras no me superes.
  • Puedes existir… siempre que me complazcas.

La voz del demonio

¿Qué haces entonces cuando en tu guion hay algo o mucho de rana y poco de príncipe? ¿Obvias a tu rana? ¿Justificas tu vida porque tienes parte de rana? ¿Das voz a la rana?

Si te fijas, muchas de las comedias se basan en personas que tratan de ocultar su parte de rana. Aquella parte de su persona que es fea, débil, necesitada, miedosa, muy agresiva, sádica, viciosa, loca… esa parte se disimula hasta que surge en el peor momento y eso es gracioso (en la comedia). De hecho, esta parte es la que se utiliza para trabajar el payaso interior: el fracaso, la torpeza, la vulnerabilidad, lo irracional.

En la vida real, reprimir a la rana hace que se revuelva en la sombra, que explote de pronto con las peores consecuencias, que son las temidas. Muchas personas actúan socialmente como si fuesen príncipes y princesas, quizá más las personas que piensan que los demás no están bien pero ellas sí, ya que se sienten superiores. Hasta que de pronto se da el fracaso sorpresivo, que provoca rechazo, que muestra que en realidad eran unos inadaptados.

Eric Berne habla de “la voz del demonio”, esa voz que da el empujón decisivo hacia el abismo. Es esa voz que dice: “Apuesta todo al negro”, “Solo una copa”, “Atácale ahora”, “Di esa frase que estabas reprimiendo”, “Vuélvete loco”, “No acabes la carrera”…

Para enfrentar a esta voz, una persona necesita que se le den dos permisos:

  1. Permiso para escuchar sus voces interiores (así también se aprende a reconocer el estado Niño y el estado Padre)
  2. Permiso para no seguir las directrices que lleva en su estado Padre

Una alternativa

Como reprimir a la rana no funciona, una alternativa es mirarla a los ojos, escucharla, abrazarla. La rana está ahí y no se diluye. Es posible que con mucho trabajo terapéutico una persona logre que su rana, de verdad, se convierta en príncipe o en princesa. ¿Y cómo era eso? Pues era besándola.

Besa a tu rana.

Más de una vez, claro. Puedes reconocer a esta parte de tu personalidad cuando trabajas directamente con ella. Como ya hemos dicho, una forma es asistir a cursos de clown y teatro. Estos cursos permiten escuchar “la voz del diablo” en un espacio seguro: hacer el ridículo, fracasar, comportarse de manera irracional y mostrar la propia vulnerabilidad.

No esperes que otra persona identifique tu parte rana y la bese. Empieza tú besando a tu rana. Así serás capaz de besar la rana ajena. Precisamente esa es la caricia positiva incondicional: ser capaz de aceptar de una persona lo imperfecto, sus debilidades, su capacidad limitada de dar.

La vista en las oportunidades

Cuando ya tenía escrito el esqueleto del post para esta semana, sobre un tema totalmente distinto, me di cuenta de que los tres autores de los que hablaba se han dedicado a algo muy parecido desde distintas perspectivas: a deshacer la programación de vida instaurada en nuestro cerebro y que nos impide ver lo que tenemos delante.

Tres hombres que podrían ser Berne, Watzlawick y Taleb, pero no lo son
Imagen de John R Perry en Pixabay

Estos tres hombres podrían ser Watzlawick, Taleb y Berne (en ese orden)… pero no lo son.

Dejar de aferrarse a las creencias

Este es el párrafo de Nassim Taleb que me llevó a conectar las ideas de los tres autores:

Cuando nos formamos nuestras opiniones a partir de pruebas poco sólidas, tenemos dificultades para interpretar la posterior información que contradice tales opiniones, incluso si esta nueva información es claramente más exacta.

Como buscamos confirmar nuestras creencias, solo tomamos de la realidad los datos que cuadran con ellas, obviando lo demás.

Paul Watzlawick podría continuar el texto de Taleb así:

(…) una información adicional, contraria a la primera explicación, no da lugar a correcciones, sino a una ulterior reelaboración y refinamiento de la primera explicación.

Podemos dar explicaciones innecesariamente complicadas y hasta absurdas que justifiquen nuestra primera opinión, sin darnos cuenta de que hay que tirarla por tierra y volver a empezar.

La hipótesis fundamental de Watzlawick es que la percepción de la realidad se da a través de la comunicación, pero es una percepción alejada de los hechos. Esto se produce a través de la confusión, la desinformación y distintas concepciones del mundo. Al comunicarnos, utilizamos palabras que definen la realidad según nuestras creencias, por lo que dejamos fuera otras palabras (conceptos, ideas, posibilidades) que pueden ampliar nuestra visión del mundo.

Y es que, según Watzlawick:

Todo lenguaje se apoya en la concepción de la realidad de quienes lo utilizan y a su vez determina y perpetúa esa realidad.

Pasando de nuevo el testigo a Taleb, este autor describe muy bien las falacias en las que solemos caer fácilmente.

  • La falacia de confirmación, que en programación neurolingüística (PNL) se llama generalización. Muchas personas confunden la afirmación “casi todos los terroristas son musulmanes” con la de “casi todos los musulmanes son terroristas”. Si el 99% de los terroristas son musulmanes, esto significa que un 0,001% de musulmanes son terroristas, ya que hay más de mil millones de musulmanes y quizá unos diez mil terroristas.
  • La falacia narrativa, que en PNL se llama simplificación. Tenemos una habilidad limitada para ver las secuencias de acontecimientos sin añadirles una explicación o buscarles un sentido. Al revés, nuestra mente está preparada para retener información comunicada a través de historias. La falacia narrativa hace que forcemos vínculos entre los hechos, aumentando nuestra impresión de comprender.
  • La falacia lúdica: lo que se enseña sobre probabilidad en las universidades está basado en el juego: tirar un dado o una moneda un número de veces. Pero, como nos cuenta Taleb, «los atributos de la incertidumbre a los que nos enfrentamos en la vida real guardan poca relación con los rasgos esterilizados con que nos encontramos en los exámenes y los juegos».

De los guiones de Eric Berne hemos vuelto a hablar hace poco cuando explicábamos la importancia de saber decir “Hola”.

Según Berne, las conductas responden a guiones o argumentos que las personas han creado en sus primeros cinco años de vida. Este guion se revisa entre los cinco y los once años y se refina durante la pre-adolescencia. Los padres refuerzan determinadas conductas verbalmente y, cuando lo hacen con determinación, esto queda grabado en el guion de vida de una persona. Los padres enseñan no solo a cómo ponerse de pie, sentarse o hablar, sino también cómo sentir, cómo pensar, qué creer, quiénes son los malos…

La descripción que hace a veces Berne de cómo está programado el guion en una persona es desalentadora. Lo asimila a tener en la mente una pianola con un rollo perforado que ya tiene una melodía escrita. La persona cree estar tocando las teclas, incluso con entusiasmo y fuerza, cuando en realidad está siguiendo lo ya escrito en su guion en los primeros años de vida. Los demás también piensan que la melodía se está creando en ese momento. Podría dejar de esforzarse y sonaría la misma música. O podría introducir pequeñas variaciones sobre el mismo tema…

Abrirse al futuro

…así que hay sitio para la esperanza. Los tres autores contemplan la posibilidad de que las personas tomemos conciencia y dejemos de filtrar la realidad a través del férreo sistema de creencias y prejuicios que tenemos programado.

Esto se hace a través de la experimentación, con la vista puesta en las oportunidades, abriéndose a lo nuevo que pueda venir, sin definirlo, en lugar de buscar algo concreto, porque entonces la mirada se sesga y se estrecha.

Aprovechemos cualquier oportunidad, o cualquier cosa que parezca serlo.

Esto nos dice Taleb, para quien es más importante trabajar en perseguir oportunidades y exponerse a ellas, que quedarse en algo repetitivo o mecánico. La repetición es lo más cómodo del mundo, pues pone en funcionamiento mecanismos ya aprendidos. Lo malo es que, además de aburrir soberanamente, deja la mirada en el pasado e impide captar nuevos aires.

Por su lado, Watzlawick busca que el lector tome conciencia a través de “justo lo contrario”: explica cómo no cambiar nunca de opinión, la escalada de inferencias, la profecía autocumplida, espantar elefantes dando palmadas o cuidarse mucho de alcanzar las propias metas. También lista una serie de frases que las personas se dicen unas a otras que podrían ser un catálogo de análisis transaccional escrito por Berne:

  • «Sé espontáneo». ¿Quién puede cumplir esta frase?
  • «Si me amases de verdad, comerías ajo de buen grado».
  • «El ser humano debe ser noble, dispuesto a ayudar y bondadoso»
  • «Todo es culpa de los extranjeros (o cualesquiera otros que no pertenezcan a mi grupo)»

Berne ve una posibilidad de salir del guion a través de la improvisación y el humor. La forma de hacerlo es pasar cada vez más tiempo en el estado adulto del yo, en la acción y en el presente, sin prejuicios ni creencias. Se logra trabajando, meditando, abriéndose a ver la realidad, aceptando a los demás, especialmente a las personas difíciles, y asintiendo a lo que es tal y como es.

Watzlawick también nos habla de una profecía autocumplida que puede ser positiva:

Si sé el futuro, en el presente actuaré dirigiéndome a ese futuro.

¿Qué hace una persona con un guion ganador? Se fija un objetivo, comunica este objetivo a los demás y lo alcanza. El ganador sabe lo que hará a continuación si pierde, pero no habla de ello: normalmente, buscará vías alternativas de acción hacia su objetivo. El ganador tiene la vista puesta en su plan de acción futuro.

¿Criticas, sugieres o haces?

Has podido leer en este blog unos cuantos artículos sobre Análisis Transaccional y sin embargo no hemos hablado de lo primero de todo: los estados del yo.

Lo primero que observó Eric Berne, y de donde nace el Análisis Transaccional, es que los pacientes le hablaban utilizando palabras, gestos y tonos muy distintos según lo que le estuviesen refiriendo. Observó que podían agruparse y aislarse claramente, es decir, cada grupo de lenguaje verbal, paraverbal y no verbal era característico de un estado distinto del yo. Estos estados son: el Padre, el Adulto y el Niño.

Los tres estados del yo: el P-A-N

El modelo P-A-N es la base del Análisis Transaccional

En esta ilustración vemos a la perfección los tres estados definidos por la forma de actuar de cada uno:

Niño

A la izquierda, la fila interminable para criticar. En esta fila también esperan los que se quieren quejar. La mayoría de ellos está en el estado Niño. A veces, también se critica desde el estado Padre, lo veremos a continuación.

Padre

En el centro, está la fila de los que les dicen a los demás lo que deben hacer. Los que se ponen esta fila se sienten muy bien consigo mismos, e incluso son percibidos por todos los demás como personas que hacen algo. No, no hacen nada, solo señalan a otros lo que hay que hacer. La mayoría de los de esta fila están en el estado Padre.

Adulto

Finalmente, en la fila para hacer pintaría yo la clásica mosca que pasaba volando en Mortadelo y Filemón cuando había un silencio. Hay menos de cuatro gatos ahí, dispuestos realmente a hacer, no a criticar desde la barrera ni a indicar lo que está bien o mal. Dispuestos a entrar en acción hay muy pocos, porque esto requiere estar en el momento presente. En la fila del hacer, están las personas en el estado Adulto.

Estos tres estados forman el modelo P-A-N (Padre-Adulto-Niño).

¿Entonces cada persona está en un solo estado del yo?

No. Cada persona adopta los tres estados a lo largo del día, teniendo preferencia por permanecer en uno u otro. Esto lo advertimos en la forma en que las personas se comunican, y también en su postura física (no es posible no comunicar). Lo que sí es cierto es que el lugar en el que es más difícil permanecer es en la tercera fila, la de la acción, en la que, desde el estado Adulto y en el presente, realizamos, trabajamos, sacamos algo adelante.

¿Por qué es tan difícil permanecer en el Adulto?

Aquí aplican todos estos posts que te mencionaba al principio: solemos caer en comportamientos que traen continuamente conflictos del pasado sin resolver o buscan anticiparse al futuro. Según el A.T., desde pequeños hemos ido confeccionando un guion (averigua cuál es tu guion) para enfrentarnos a la vida, y este guion está lleno de creencias que nos ciegan con respecto a la realidad. Es más, como ya vimos, en cada guion hemos interiorizado unos mandatos y permisos a partir de lo que nos dijeron nuestros padres y educadores, y esta es, precisamente, la voz del estado Padre. Nuestra reacción emocional a estas normas es el estado Niño. El Adulto solo responde al entorno presente, libre de cargas.

También hay una cierta relación entre los tres estados del yo y el triángulo de Karpman, ya que podemos identificar al victimista como el estado Niño, al perseguidor como el Padre Normativo y al salvador como el Padre Nutricio. Solo en el triángulo del amor podemos entrar en el estado Adulto.

¿Por qué es importante permanecer en el Adulto?

Solo desde tu Adulto vives el momento presente y reaccionas a él de forma proporcionada. Solo en el Adulto eres capaz de actuar, de ejecutar, realizar las acciones oportunas.

El Adulto no es cualquiera de nosotros mayor de 18 años. Tambien suele confundirse fácilmente con el estado Padre. Incluso muchos de los que se dedican a decir a otros qué deben hacer, creen estar en un estado Adulto.

El Adulto es todas tus capacidades puestas al servicio de lo que ocurre ahora, sea el trabajo, sea hacer tareas del hogar o sea distraerte y disfrutar de tus hobbies preferidos.


Esto solo es una breve introducción al tema, que tiene mucha más miga.

Me gustaría saber qué opinas sobre el modelo P-A-N. ¿Te identificas con estos estados? ¿Se te ocurre qué palabras utilizas en cada uno, qué posturas? ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Agradezco que te hayas tomado el tiempo para leerme, siéntete libre de dejar tu granito de arena en los comentarios.

 

Descuentos: atajos para no solucionar problemas

En los últimos posts hemos hablado de caricias y de cómo a veces nos negamos a recibirlas, “descontando” o filtrando la información recibida. También hicimos una distinción entre una caricia negativa y un descuento: la caricia negativa es objetiva y constructiva, puedo hacer algo con la información que se me ofrece. Con el descuento no puedo hacer nada, ya que conlleva una distorsión de la realidad.

El descuento ignora la realidad y no resuelve problemas

¿Qué es un descuento?

Un descuento es ignorar inconscientemente parte de la realidad con el fin de no resolver un problema. Es una reacción de pasividad, tal como definieron los Schiffs (la familia Schiff desarrolló esta área de conocimiento del Análisis Transaccional).

¿Por qué ignoramos información relevante? Porque seguimos las decisiones tomadas en nuestro guion de vida, a muy temprana edad, por lo que son decisiones de “pensamiento mágico”, que no tienen en cuenta lo que está ocurriendo, pero sí nuestras creencias, los mandatos recibidos, etc.

La manera en la que se instrumenta un descuento es siempre la de darse un exceso de importancia, incluso de forma negativa: hacer una montaña de un grano de arena, viviéndonos con dramatismo (y egocentrismo).

Esta manera de no resolver problemas se instrumenta según alguna de las siguientes conductas pasivas:

No hacer nada

Se trata de evitar actuar. La persona no reacciona, simplemente se queda paralizada y en silencio, como si no pudiera pensar. Es como si su inconsciente bloquease toda la información que está recibiendo y que le puede permitir resolver la situación. Lo que se descuenta aquí es la propia capacidad de actuar.

Sobreadaptación

Es una reacción a lo que se cree que son los deseos de los demás, sin comprobarlos y sin valorar tampoco los propios deseos. Así, una respuesta de sobreadaptación es decir lo que se piensa que la otra persona quiere oír, sin valorar realmente la información que nos ha proporcionado. Otra opción es escuchar algo que no nos gusta y hacer como si no pasara nada, pero quedarse con un gran enfado que quedará apuntado para tomarse la revancha más adelante.

Una respuesta sobreadaptada es muy valorada en sociedad:

“Mira qué persona tan amable, qué complaciente, todo le va bien, es que no da una queja”.

Por ello, también es difícil de detectar y de modificar.

La persona que se sobreadapta descuenta sus propias opciones, asumiendo las de los demás.

Agitación

¿Eres de esas personas que mientras escuchan hablar no pueden parar de mover sus piernas o sus pies? ¿O de las que tamborilean con los dedos sobre una mesa, o de las que se muerden las uñas?

Con estas conductas, lo que hacemos es desviar la necesidad de actuar hacia una actividad improductiva, que es esa repetición compulsiva de un hábito. En lugar de decir a la persona lo que estamos pensando, o de pedirle que hable más despacio, más bajo o lo que sea que ha disparado la conducta, descontamos nuestra capacidad para responder.

Violencia

Se trata de un grado alto de agitación que resulta en una acción agresiva, pero que no soluciona el problema que se ha planteado. Por ejemplo, dos personas tienen una discusión, y una de ellas sale airada de la sala, da un portazo, y después encuentra un cubo de basura y lo vuelca, o se lía a palos con un coche, o rompe una ventana con una piedra.

Es una conducta “pasiva” porque ha desviado toda la energía a una salida que no solo no soluciona el problema original, sino que tal vez provoca otros.

Para saber más:

STEWART, I., JOINES, V. AT Hoy. Una nueva introducción al Análisis Transaccional. Editorial CCS

BERNE, E. ¿Qué dice usted después de decir hola? Editorial Mondadori

My time with Jacqui Lee Schiff

 

“Me gusta”, caricia estándar en las redes

"Me gusta", la caricia estándar de las redes sociales

En este post analizamos las redes sociales desde el punto de vista del Análisis Transaccional, el campo que venimos trabajando en artículos como los de proceso de guion o los del triángulo dramático de Karpman.

Eric Berne definió el concepto de “caricia” como unidad mínima de reconocimiento que responde a nuestra hambre de estímulos. Necesitamos caricias, y si no las obtenemos, sentimos su carencia.

La palabra caricia proviene del tipo de reconocimiento que obtenemos en la etapa infantil, que es normalmente físico y no verbal: besos y abrazos. Pero también una sonrisa o un saludo con la mano son caricias, y también lo son las palabras que intercambiamos.

Trasladado a las redes sociales, una caricia es un “Me gusta”.

La ausencia de caricias puede llevar a tener dificultades de crecimiento y emocionales, se han realizado varios estudios en hogares infantiles sobre esto.

Así que todos los seres humanos preferimos tener caricias negativas a no tener ninguna: cuando somos niños, preferimos que los padres se enfaden con nosotros a que nos ignoren del todo.

Tipos de caricias

Hay varios tipos de caricias: verbales y no verbales, como hemos mencionado antes, y condicionales frente a incondicionales.

Las caricias condicionales son las que muestran reconocimiento positivo o negativo por lo que hacemos:

“No me gusta el cuadro que has pintado”

Las caricias incondicionales son las que reconocen lo que somos, sea de forma positiva o negativa:

“Me gusta tenerte a mi lado”

¿Qué tipo de caricias son las que damos y recibimos en las redes sociales? Los emoticonos son imitación de caricias no verbales (gestos), mientras que los comentarios serían las caricias verbales. De nuevo, cualquiera de nosotros prefiere recibir comentarios negativos o “No me gusta” a que nadie muestre haber visto o leído lo que publicamos.

La economía de las caricias

Claude Steiner hizo una aportación bastante interesante a la teoría sobre las caricias, y es que, por diferentes razones, vivimos una escasez de caricias basada en las creencias que nos transmiten de pequeños:

  1. No des caricias cuando tengas para dar.
  2. No pidas caricias cuando las necesites.
  3. No aceptes caricias si las quieres.
  4. No rechaces caricias cuando no las quieras.
  5. No te des caricias a ti mism@.

Observa la lista: ¿cuántas veces te guardas un elogio? ¿Por qué piensas que una caricia que has pedido vale menos que una que te dan sin pedirla?

Si seguimos las creencias de este listado, viviremos en la escasez cuando existe en realidad una abundancia de caricias.

Puedes darle la vuelta al listado y aplicarlo a las redes sociales:

La economía de caricias en las redes sociales

  1. Da “Me gusta” si algo te gusta, los “Me gusta”, “Me encanta”, etc. son gratis.
  2. Si quieres que tus amigos visiten tu blog, díselo, no dejes el enlace ralo esperando a que todos entiendan qué es lo que esperabas.
  3. Si buscas reconocimiento, acéptalo cuando llegue.
  4. Si no quieres caricias en la red, no publiques…
  5. Autocaricias: uno mism@ siempre puede darse caprichos y placeres sin tener que estar esperando el reconocimiento de los demás. Eso sí: esto no puede ocurrir online. Deja el dispositivo a un lado, y date un baño, o cómprate un bollo, o empieza con ese libro que querías leer.

Filtro de caricias

A veces, recibimos una caricia, incluso positiva, que no coincide con lo esperado. Entonces la filtramos, “descontándola”, es decir, no recibiéndola.

Por ejemplo, si lo que esperas en una publicación en Facebook es que tus amigos la comenten, no le darás tanto valor a los “Me gusta”.

O si en Twitter lo que esperas es que retuiteen una noticia que has publicado, tampoco le darás demasiado valor a los comentarios.

La riqueza está en dar valor a cada caricia recibida, ampliando el abanico de opciones que esperamos.

Hablaremos más adelante de los descuentos.

¿En cuánto valoras los “Me gusta”?

Probablemente hay caricias de mucha más calidad que recibir un “Me gusta” en las redes sociales.

Lo cierto es que damos más valor a unas caricias que a otras, según de quién vengan y cuál sea su contenido. La intensidad de las caricias es por tanto variable, tanto en su espectro positivo como en el negativo.

Para reflexionar

  1. Piensa en caricias de más calidad que las que puedas recibir en las redes sociales.
  2. Busca esas caricias, pídelas o proporciónatelas tú: esas siempre están disponibles.

 

El triángulo del amor

Puedes elegir dejar de jugar al juego que justifica tu rol victimista, salvador, o perseguidor.

En el anterior post describimos la forma en la que los tres roles no adultos se relacionan en un juego dramático que nunca termina bien, que hace sentir mal a los que lo juegan. Pues bien:

“Dos no juegan si uno no quiere”

Es lo que dice el refrán, y desde luego es el “truco” para salir del triángulo dramático de Karpman, y comenzar a vivir otra forma de relación, consciente y desde el adulto: solo depende de ti continuar en una relación de juego con los demás, o dejar de jugar y comunicarte desde otra posición.

Salir de un rol no adulto

Como vimos, cada rol individualmente puede decidir dejar de actuar según el guion que se había marcado y responder realmente al aquí y ahora que está viviendo, moviéndose desde el rol que desempeñaba a una posición de adulto:

  • El victimista puede: actuar por sí mismo/a, encontrar su fortaleza interna y su poder, responsabilizarse y amarse a sí mismo/a.
  • El salvador puede: conectar con sus necesidades y sentimientos, permitir a los demás hacerse cargo de sí mismos, conectar con su enfado y sacarlo y divertirse más.
  • El perseguidor puede: gestionar su ira y ser más asertivo, permitir que cada uno piense y actúe como quiera, trabajar su lado más vulnerable y liberarlo.

Entrar en el estado adulto

Sea cual sea tu rol predominante, dar “un paso hacia afuera” del triángulo dramático te acerca a una forma de relación de verdadera intimidad, en un “triángulo del amor”.

Esta forma de relación es totalmente ajena a los mecanismos automatizados que utilizabas. En ella, las relaciones no te dejan una sensación de pérdida y malestar, y tú eres una persona más auténtica, más parecida a quien eres internamente, detrás de la máscara. Así, te relacionas con los demás sin perder tu individualidad y sin invadir el espacio del otro.

Digamos que los tres aspectos negativos que hemos analizado en los últimos posts y que todos tenemos en alguna medida, tienen su lado positivo y de energía:

  • Frente al perseguidor, un lado más racional y movido por la búsqueda de eficiencia.
  • Frente al salvador, un lado más emocional, intuitivo y cariñoso.
  • Frente al victimista, un lado más niño, movido por la curiosidad, la imaginación y el juego sano.

La idea es reconocer desde dónde estás actuando y salir del automatismo, volver a conectar con lo que tienes delante y abandonar el campo de batalla. Se trata de dejar de actuar desde el miedo, la obligación o la culpa.

Entrenamiento en el triángulo del amor

El triángulo del amor, relacionarse desde el adulto

Puedes entrenarte a vivir fuera del triángulo dramático de varias formas:

1) Relacionándote con otras personas

Cuando eres más consciente y te comunicas de una forma más conectada con tu interior, puede que otra persona en un rol del triángulo dramático te invite a salir de tu equilibrio: ¡bienvenida sea! Esta persona te está dando una oportunidad de crecimiento, al permitirte darte cuenta de que has caído en una conducta antigua, y al reforzar tu nueva forma de ver el mundo. Por ello, en cualquier interacción con los demás, puedes elegir entre el automatismo anterior y una experiencia nueva, probar tu adulto. Es como un entrenamiento, como una gimnasia. Puede que tú ya te relaciones desde una posición más adulta, y que la respuesta del otro siga enganchada al juego anterior: no es asunto tuyo. Un ejemplo:

– Gracias por fregar los platos.

– Pues me he cortado con el cuchillo y me sigue sangrando la herida (respuesta Victimista).

2) Leyendo novelas y viendo la tele

Este entrenamiento puede lograrse no solo con las relaciones con otras personas, también al leer novelas y ver la televisión: continuamente te invitarán a entrar en el juego dramático, a identificarte con los Perseguidores, los Salvadores o los Victimistas del mundo. A veces, entras en el triángulo de una forma tan simple como unirte a una queja de “cómo está el mundo”.

3) Con técnicas de relajación

Otra forma de entrenamiento es cualquier forma de relajación. Si estás relajado, si estás conectado con tu respiración, con el momento presente, es más difícil que entres en juegos que están fuera del aquí y ahora.

Recuerda: todo esto se trata de ti. En el momento que decides que los demás están equivocados y son los demás los que deberían salir del triángulo dramático, estás provocando un nuevo juego dramático.

Fuentes:

EDWARDS, G. El triángulo dramático de Karpman. Editorial Gaia

STEWART, I., JOINES, V. AT Hoy. Una nueva introducción al Análisis Transaccional. Editorial CCS

BERNE, E. ¿Qué dice usted después de decir hola? Editorial Mondadori

El triángulo dramático de Karpman

En las últimas entradas hemos analizado tres roles: víctima, salvador y perseguidor, tres maneras de enfrentar la vida que no responden al aquí y ahora del presente, sino a un guion preestablecido. Si quieres recordar en qué consiste cada rol, aquí tienes los enlaces:

Los tres roles interactúan en un juego psicológico, siguiendo la definición de juego de Eric Berne: los juegos son una forma de relacionarse que se basa en la manipulación abierta del otro, y en los que los jugadores, al final, terminan con una sensación incómoda de pérdida.

Estos juegos psicológicos tienen unas reglas, tal como el resto de juegos: son repetitivos, se juegan desde una posición fuera del Adulto presente, acaban mal para todos los jugadores y suponen intercambios ocultos y contrarios al intercambio que se da a nivel verbal.

El triángulo dramático en acción

Los tres roles comienzan justificando su rol, y van cambiando de uno a otro según se desarrolla la dinámica. Puede que tengas una tendencia clara a actuar según uno de los roles, pero la interacción con otro de ellos puede hacerte pasar a un rol distinto.

La forma en la que victimista, salvador y perseguidor se persiguen fue descrita por Stephen Karpman: los tres roles se posicionan en un triángulo “dramático” y van pasando por los otros roles, “persiguiéndose”:

El triángulo de Karpman describe un juego dramático de Eric Berne

 

Cambio de rol en el victimista

El rol victimista se convierte fácilmente en perseguidor, por ejemplo al final de un juego “sí, pero…”: el victimista habrá ido echando por tierra cada propuesta de solución a un problema, hasta que se dé el giro dramático del juego, en que dirá: “¿Ves? ¡No eres capaz de ayudarme!”.

También puede escabullirse hacia el rol salvador, dedicándose a atender las necesidades de los demás para quizá reforzar su lado débil.

Cambio de rol en el salvador

A veces un salvador puede adoptar el tono victimista cuando se siente mártir: “Después de todo lo que he hecho por ti…”.

Otras veces, puede entrar en la dinámica del perseguidor, con tonos más agresivos: “¡Es la última vez que te ayudo!”

Cambio de rol en el perseguidor

El perseguidor se hace pasar por salvador cuando se presenta como el “ángel vengador” o cuando aparenta haber claudicado, diciendo: “Haz lo que quieras”, pero en un tono en el que se conserva la ira manifiesta de su rol.

También puede justificar su conducta presentándose como víctima de acontecimientos o personas de las que no tiene más remedio que defenderse (porque están equivocados).

No hay solución a este juego

Las interacciones que se dan en el triángulo no acaban en una solución, sino que refuerzan el rol que ha adoptado cada participante:

  • El perseguidor humilla y reduce al victimista.
  • El salvador cede y deja de lado sus necesidades.
  • El victimista se doblega a las órdenes del perseguidor o a la “ayuda” del salvador.

También pueden ocurrir manipulaciones en el sentido contrario:

  • El victimista manipula al salvador para que haga todo por él.
  • El salvador recorta terreno al perseguidor haciendo tareas en su lugar.
  • El perseguidor manipula al salvador presentándose como víctima de la sociedad.

Y es que, en resumen:

  1. Los victimistas buscan seguridad, y se ocultan tras el temor.
  2. Los salvadores buscan la aprobación, y se apoyan en el sacrificio.
  3. Los perseguidores buscan el control, y lo refuerzan con ira.

Uso equivocado de la ira

De alguna manera, los tres roles giran en torno a un uso equivocado de la ira, ya que los victimistas la tienen como emoción negada, a la que no acceden conscientemente, los salvadores no se permiten mostrarla, la reprimen detrás de su fachada de ayuda, y los perseguidores utilizan un exceso de ira para ocultar emociones y sensaciones de vulnerabilidad o debilidad.

El triángulo dramático de Karpman es una manera muy hábil de no entrar en la intimidad. Otras formas de lograrlo están descritas en este artículo de Criteria Literata.

La buena noticia es que se puede dejar de jugar a este juego destructivo, y en el próximo post veremos cómo.