La mejor versión de ti mismo

He visto en el cine Todo a la vez en todas partes. La película plantea la conexión de las personas con diferentes versiones de ellas mismas en los diferentes universos (multiverso) que se han generado en cada toma de decisión, a partir del resto de opciones que en ese momento se descartaron. No hablaré mucho más del argumento para no hacer spoiler.

Universos paralelos con versiones distintas de cada persona. Imagen de Gerd Altmann en Pixabay.

Mucho de lo que expone esta película yo lo veo con otra perspectiva. Por ejemplo, la protagonista, para acceder a las habilidades que ha desarrollado en universos paralelos, tiene que hacer algo inusual (la mayoría de las veces absurdo) para «conectar» con esos otros universos y que el aprendizaje venga «de allí». Sin embargo, pienso que las capacidades están en cada persona aquí y ahora, no hay que traerlas de ningún sitio. Asumimos que la persona es la misma, por tanto, si tienes potencial para el canto, aunque no lo hayas desarrollado, el potencial sigue ahí y en cualquier momento que te dé la gana puedes trabajarlo. Pero solo lo puedes hacer aquí y ahora.

Cada uno de nosotros porta todas sus potenciales capacidades. Cada persona puede cambiar su guion de vida y ampliar sus horizontes. Existen muchas maneras, una de ellas es la programación neurolingüística o PNL. La PNL tiene una potencia demostrada para cambiar la trayectoria vital. La finalidad de muchos de sus ejercicios es abrir el ángulo con el que se está mirando la realidad. De hecho, algunos ejercicios se llaman «reencuadre» (reframing) y muchos otros buscan completar frases que ocultan creencias o mandatos, esos mismos mandatos de los que habla el A.T. Puedes leer un poco más sobre PNL en esta entrada: son lentejas.

Si la idea de actuar de forma inesperada es buena como base para introducir un cambio en la vida, no creo que esté bien planteada en la película y al final me ha resultado ridícula. En realidad, sí se necesita actuar distinto, hablar distinto, cambiar el enfoque, pero son formas de actuar relacionadas con la capacidad que se quiere poner en juego. Así, pienso que la película ha desperdiciado dar este mensaje: aquí y ahora desde luego que puedes actuar de una forma inesperada: puedes leer un periódico en inglés, puedes apuntarte a clases de chino, puedes coger una mochila y empezar a ir al gimnasio.

¿La mejor versión de ti mismo?

En la película, se habla de mejores y peores versiones de la protagonista. La que está viviendo en el momento de empezar a contactar con esos otros universos es «la peor». Pero eso ¿qué significa? ¿Por qué va a ser peor vivir una vida en la que no se han explotado ciertas habilidades o en la que se ha elegido como pareja a un hombre de lo más común? ¿Quién determina que esa vida es peor que las otras? ¿Qué significa eso de peor o mejor?

Quizá no significa nada. No es más que una creencia que las personas tengamos que desarrollar al máximo nuestros potenciales. Puede ser hasta un mandato del guion de vida.

No hay nada más liberador que decir:

Sí, así fue. Sí, así es: esta es mi vida.

Y luego con ella haces lo que te da la gana (lo que puedes, en el lugar y momento que te ha tocado vivir), que incluye no hacer nada, echarse la siesta, no apuntarse al gimnasio ni tomar clases de canto ni leer textos en inglés ni aprender chino. Eso en sí no es «peor» que las versiones de ti en las que sí haces todas estas actividades.

¿Tú estás en paz?

Yo creo que se trata más de estar en paz. Estar en paz conlleva mucha aceptación, mucho: «sí, así es; sí, así fue». Si una persona percibe que podría sentirse mejor explotando alguno de sus potenciales, pues genial, lo hace y entonces se siente mejor y más cerca de estar en paz. Recordemos que el guion de vida ganador no necesariamente es el de una persona rica, famosa o con alto estatus. El guion de vida ganador es el más parecido a los anhelos de la persona: si alguien se planteó que sería feliz en un piso humilde y con un trabajo normalito y lo alcanza, se siente en paz, su guion es ganador. Si alguien escala social y económicamente y se siente desgraciado, su guion es perdedor.

El destino colectivo

Algo que no aparece en la película ni en el curso de nuestros pensamientos habituales es el destino colectivo. No olvidemos que lo que hacemos se enmarca en un acontecer común, el destino colectivo, que es más grande que cada cual y ante el que solo se puede decir: «sí, así es».

Por ejemplo, independientemente de las capacidades propias que se trabajen, ocurren acontecimientos fuera de nuestro alcance y que nos influyen directamente: guerras, atentados, catástrofes naturales, crisis económicas… Estos «contextos» son destinos para cada uno de nosotros con los que no contamos, pero que pueden cambiar el curso de muchas vidas a la vez. Ante el destino colectivo solo nos podemos rendir, es decir, solo podemos aceptar lo que hay, las circunstancias que configuran la realidad. Eso sí, podemos actuar frente a ellas desde nuestra plena capacidad: el estado adulto.


Tus capacidades del multiverso están accesibles ya. Elegir y, sobre todo, dejar atrás, son potestades de tu estado adulto que puedes poner en práctica en cada decisión de la vida. Hay muchísimas variables que una persona no puede cambiar. Aun así, siempre puedes seguir actuando desde el adulto «pese a» este destino, esto que estamos todos viviendo. El adulto también se echa la siesta.

El camino al infierno…

Mucho de lo que se decide con muy buenas intenciones acaba convirtiéndose en un camino al infierno. Por tanto, el ser humano, que es avispado a veces, obedece, pero no cumple. Y cuando cumple, puede encontrarse en el infierno casi sin darse cuenta.

Por ejemplo, llegas a un área de carretera donde encuentras un sistema «optimizado» para pedir el desayuno: coges una bandeja, la pones en un camino de bandejas y vas «eligiendo» el desayuno. En algunas partes, alguien del personal te pregunta qué quieres y te trae tu pedido personalizado. Hay una larga cola y solo en el último paso consigues el café. Justo después, puedes pagar.

En Momo, una fantasía con tintes distópicos infravalorada por estar dirigida a niños (en teoría) y por la horrible película que se basó en el libro, hay un capítulo en el que también aparece este camino «optimizado»: Demasiadas comidas y muy pocas respuestas. Momo trata de hablar con su amigo Nino, pero su local se ha convertido en un local de comida rápida en el que hay que esperar esta larga cola, ir cogiendo los productos y llegar a la caja donde Nino cobra. Así, averiguar qué les ha pasado a sus amigos le cuesta a Momo pasar 3 veces por el sistema «optimizado».

Imagen de StockSnap en Pixabay. Todos son muy felices esperando su turno.

¿Por qué entrecomillo optimizado? Porque en un bar de toda la vida, según entras por la puerta el camarero te está saludando y cuando llegas a la barra ya tienes el café, y en pocos segundos consigues el resto del desayuno. Una sola persona te ha atendido a ti y a otros tantos que más o menos llegáis a la vez. Esto sí que está optimizado. La división del trabajo en estas colas de comida rápida está pensada con buenas intenciones, pero no funciona. Y probablemente, a cada persona que forma parte de ese proceso, le parecerá muy poco motivador hacer todo el rato lo mismo, de manera robótica.

Se dice, se hace

Cuando lo que se establece como norma de comportamiento no cuela, no cuadra y no funciona, se obedece, pero no se cumple. Encontré primero esta expresión en el libro ¿Es real la realidad? de Paul Watzlawick, libro que ya hemos citado varias veces. Y la volví a encontrar en uno de los episodios nacionales de Galdós. Parece ser que en la España de Felipe II, los funcionarios de la Corona de las posesiones ultramarinas no podían cumplir las órdenes que se enviaban de Madrid por varios motivos: no reconocían las circunstancias locales y, cuando llegaban, estaban totalmente desfasadas.

Sigue contando Watzlawick que la emperatriz María Teresa, dos siglos más tarde:

…concedía una distinción a aquellos oficiales que por iniciativa propia, y desobedeciendo las órdenes recibidas, decidían cambiar el curso de una batalla y conducían a sus soldados a la victoria.

Paul Watzlawick, ¿Es real la realidad?

Lo mejor de todo era que si su decisión les llevaba al fracaso, no se libraban del tribunal militar. Lo llama ejemplo de «contraparadoja oficial», de las que vemos muchas.

En definitiva, lo que se dice, lo que se anuncia, lo que se pone por escrito, muchas veces se abandona en pos de acciones con más sentido común, lo cual aleja, precisamente, del camino al infierno.

Se dice que el cliente es el centro de la actividad de cualquier empresa. Curiosamente, la forma en la que se ejecuta este pilar en muchas empresas es evitar todo contacto directo con la clientela. Así, se crean largas páginas de FAQ con el objetivo bienintencionado de solucionar el problema al cliente. Sin embargo, el cliente no encuentra ni la solución a su problema ni los medios de contactar directamente. La organización de la larga cola del desayuno, pensada (entiendo) para que el cliente tenga la sensación de estar escogiendo entre una amplia variedad, acaba convirtiéndose una pesadilla no solo para el cliente, también para el personal.

Se dice que una camiseta está hecha con algodón orgánico, es respetuosa con el medioambiente. Curiosamente, la camiseta sigue fabricándose en un país en vías de desarrollo, en unas condiciones pésimas. Se realiza con unos materiales que aseguran que al tercer lavado hay que tirarla a la basura (con mucho cuidado) y buscar otra de la misma calidad (porque no hay más opciones).

En los centros comerciales hay fotos gigantescas de familias felices, todos sonríen, están en el exterior y puede que sea primavera. Mientras, hay que ver los caretos de la gente que compra. Desde luego, consumir no da la felicidad, o al menos el paso previo de la búsqueda. Es como si esas fotos fuesen la declaración de intenciones buenas y las caras del personal paseante su resultado en el infierno.

Se dice que vivimos en el estado del bienestar… Bueno, eso ya no se dice.


Amigo lector, qué pena me acaba de dar buscar el enlace al libro de Momo y encontrarme que los primeros enlaces son «Momo resumen», «Momo rincón del vago», etc. ¡Por favor, leed este libro, es muy bueno!

¿Qué otras conductas has observado en las que se afirma una cosa pero se hace la contraria? Muchas gracias como siempre por leer y por compartir.

Disfruta como puedas

Si una persona se propone disfrutar de la vida, al menos debe saber qué significa esto.

Definición de disfrutar según la RAE.

Parece ser que el disfrute pertenece al presente, sin embargo, pienso que se puede estructurar en tres tiempos:

  1. Antes: la planificación, imaginar lo que va a venir, comenzar a disfrutar de la expectación.
  2. Durante: la experiencia, vivir el momento con plena atención, poner el foco en el presente, no perderse ni un resquicio de lo que sucede ni de las emociones que provoca.
  3. Después: el recuerdo, evocar aquello que se vivió y volver a disfrutarlo.

Antes de disfrutar

En la planificación del disfrute, hay que evitar las expectativas. Una cosa es esperar un suceso con expectación y otra cosa es crearse expectativas al respecto: la realidad siempre va a diferir de lo imaginado.

Aquí, planificando el finde. Imagen de Karolina Grabowska en Pixabay

Por ejemplo, si compramos unas entradas de cine y empezamos a crear grandes expectativas sobre la película, es posible que acabemos sintiendo frustración. Es posible que la película sea mejor de lo que esperamos, pero, al ser distinta, podemos concluir que no cumple los requisitos de lo planificado y tener una sensación de pérdida que no nos permite disfrutar. Ocurrió con el peliculón Drácula de Bram Stoker, de Coppola. A mucha gente le decepcionó porque no era de miedo.

Yo tenía un jefe que decía:

Lo importante es la calidad percibida por el cliente.

Un jefe

Y este jefe tenía bastante razón: cuando algo está por encima de nuestras expectativas, nos parece que tiene calidad. Si las expectativas son muy altas, todo es una m.

Durante el disfrute

Durante la experiencia, hay que evitar irse a otro sitio. Esto es muy difícil, no solo porque estemos rodeados de elementos vivos e inertes que reclaman nuestra atención y la dividen, sino porque prestar atención completa a una experiencia es más aburrido y difícil para el cerebro. Por ejemplo, te pones a comer un plato suculento que has preparado y lo saboreas al principio. En cuanto te has habituado, estás pensando en cualquier otra cosa, engullendo casi sin masticar y olvidando el disfrute de la experiencia directa.

Así, en cualquier momento y lugar se puede prestar atención a los sentidos. Imagina que estás dando un paseo por un parque. Puedes ir mirando tu móvil, puedes ir pensando en mil cosas, o puedes ir tomando nota de lo que percibes:

  • Mira los árboles, cómo el viento mece las ramas, cómo están brotando las hojas.
  • Escucha el viento, los pájaros, los coches, las personas que pasan a tu lado.
  • Nota en tu piel el roce del viento, la temperatura que hace.
  • Inspira profundamente, huele el césped recién cortado, la humedad del estanque, el aroma de las flores.

(No esperes poesía, no es lo mío)

Un paisaje digno de prestar atención a los sentidos. Imagen de JamesDeMers en Pixabay

Después de disfrutar

En el recuerdo, es fácil caer en melancolía de lo que pudo ser y no fue, de nuevo al comparar un ideal con lo que pasó realmente. También es posible sentir nostalgia porque aquel momento de máximo disfrute no volverá, por ser irrepetible o por algún cambio a peor de las circunstancias. Sin embargo, recordar con gratitud y con nuevo gozo, permite obtener una segunda fuente de alegría. Por ejemplo, te has ido de vacaciones a un sitio muy caro y sabes que es difícil que vuelvas. Bueno, pero al menos has ido. Quédate con lo que has vivido y disfrutado.

Una abuela. Imagen de Benjamin Balazs en Pixabay

Con la edad, lo vivido parece superponerse al presente por vivir. Eso puede ocultártelo. En cuanto el cerebro te hace llegar a «esto ya lo he vivido», entras en «el día de la marmota» y ya no vas a tomar nota de aquello que sea nuevo. Es cierto que la experiencia sirve para no repetir errores y para llegar antes a los objetivos que se quieren alcanzar. Pero también ocurre que, por evitar «pérdidas» (errores, pero también dolor, perder el tiempo, una sensación desagradable) evitas descubrir qué trae de nuevo la experiencia presente.

Una receta para disfrutar

Teniendo en cuenta estos tres tiempos, para planificar el disfrute, vivirlo y dejarlo atrás con gratitud podemos seguir una receta como esta:

  • Decir sí sin saber a qué; a ciegas: esto nos abre a la planificación desde la expectación, con total incertidumbre de lo que pueda pasar.
  • Vivir el presente con confianza: esto nos permite una relajación necesaria para experimentar cada acontecimiento con conciencia plena.
  • Soltar lo que creías entender: esto nos ayuda a agradecer lo anterior y dejarlo ir.

Esta receta, por cierto, es un extracto de algunas de las enseñanzas de Brigitte Champetier de Ribes, otra habitual de nuestro blog.


Espero que disfrutes de estos días festivos incluso si te toca trabajar. Como siempre, muchas gracias por leer.

El vacío creador

La amenaza del confinamiento sobrevuela nuestras cabezas. Puede que no llegue a ocurrir, pero la situación de aislamiento vivida por unos meses ha dejado una huella profunda, que hace que tengamos (más) horror al vacío.

Agujero negro

Se acaba un proyecto, se acaba una relación, se acaba un trabajo, se restringe una actividad… y no hay nada en el horizonte. Se anticipa el hueco que esa actividad va a dejar y la primera reacción es rellenarlo como sea.

Cuando se trata de trabajo, es cuestión de supervivencia, pero incluso en este caso, hay un componente de miedo ante el abismo que se abre, miedo a las situaciones de incertidumbre.

¿Qué va a pasar? ¿Dónde voy a ir? ¿Qué voy a hacer esas horas libres?

El vacío forma parte de ti

Desde luego, no nos planteamos que el vacío forma parte de nosotros/as, incluso en nuestro propio cuerpo. Está en cada célula, en cada átomo. El vacío es lo que más abunda en el Universo: ausencia de.

Tampoco nos planteamos que tiene que quedar un hueco para que otra cosa lo llene. La tendencia es a hacer malabarismos, incluyendo de más, superponiendo actividades, proyectos y vidas para que en ningún minuto del día se produzca un silencio.

Ese silencio se parece demasiado a la muerte.

El vacío es creador

Pero el vacío no es la muerte. El vacío es creador. Es la condición para que haya creatividad, para que algo que no estaba antes allí pueda surgir.

Por ejemplo, John Cleese habla de la necesidad de reservar un tiempo en «aislamiento» para permitir que la creatividad surja. En general, los grandes artistas tienen muchas horas «vacías» en su día a día, en las que de pronto se inspiran y dan con una idea que les lleva a la acción, a un trabajo frenético para reflejar esa idea en algo material.

Cleese también resalta la importancia de jugar como parte de la creatividad. Este jugar es saber volver al Niño libre, saber salir momentáneamente de las normas y permitir que el vacío del momento presente se llene de formas nuevas, ideas nuevas, una mirada nueva.

Vacío y lleno, dos polaridades

Las polaridades de vacío y lleno están muy bien reflejadas en la tradición oriental: yin y yang. Al hacer Tai Chi, la maestra china nos podía decir: «eso ya está vacío». Estaba «lleno» cuando todavía había un potencial de desarrollo de un movimiento. Estaba «vacío» cuando el movimiento se había completado y no se podía continuar.

Esto me recuerda a algo de lo que ya hemos hablado: el camino es la meta. El camino está «lleno», la meta está «vacía». El mundo actual parece consistir en alcanzar metas y no permitir un vacío necesario antes de seguir «llenando». Esto también lo señalaba Zygmunt Bauman en Modernidad líquida: el individuo nunca está completo, nunca puede descansar ni darse por satisfecho; por tanto, está obligado a ir siempre a más.

Así que, cuando la vida te obliga a parar, experimentas de forma muy clara el vacío. Es posible que esta experiencia venga acompañada de ansiedad o tristeza. A continuación, si se resiste la mirada a ese abismo infinito, surge la posibilidad de crear. Y esa es la creación más satisfactoria.

Desescalarse o aislarse, esa es la cuestión

Una de las decisiones que la vida nos pide tomar ahora es cómo vivir la nueva normalidad. Hay una serie de consejos (medidas de seguridad) y también un amplio campo de incertidumbre e interrogantes.

A la izquierda una mujer árabe con velo, a la derecha, personaje femenino del planeta de los simios

¿Me desescalo o no me desescalo?

Tal como cuando dividíamos el mundo en dos, podemos pensar que hay dos formas de vivir la nueva normalidad. 

Están los que siguen las recomendaciones al pie de la letra y se mantienen todavía prudencialmente distantes de su familia y no digamos de sus amigos. Esta forma de vivir la nueva normalidad puede implicar la creencia de que nada ha cambiado, por tanto eligen el aislamiento y la seguridad.

Ya habíamos mencionado algo de esto al revisar algunas preguntas sin respuesta, como de dónde salen los expertos, cuando hablábamos del síndrome de la cabaña.

Otras personas eligen desescalarse, se relacionan como antes de la pandemia, caminan por la calle sin la mascarilla (o la mascarilla como babero) y en general no guardan las distancias de seguridad. Esta forma de vivir la nueva realidad implica la creencia de que ya no hay riesgo, por tanto eligen abrirse y volver a actividades de antes del confinamiento.

Meme: AVISO IMPORTANTE: a partir de hoy desaparece el estado de alarma, NO el coronavirus
Meme que surge el 21 de junio

 

¿No hay punto medio?

Antes o después, la persona se encuentra ante una elección que corresponde con una de las dos opciones: tras presentarse en una terraza con mascarilla y saludar a sus amigos con el codo, se sientan todos cerca unos de otros (lo que la mesa y el espacio permiten) y se quitan la mascarilla para tomar lo que han pedido.

Si una persona elige permanecer confinada, sencillamente no puede quedar con sus amigos en un entorno social. Podrá quizá quedar en casa de alguno de ellos y sentarse todos a metro y medio del resto. Para tomar algo, lo tendrán que repartir en raciones individuales.

Es posible que la misma persona siga las dos formas de vivir esta situación. Podemos ver a alguien hacer la compra con mascarilla y guantes y mantener las distancias de seguridad en Mercadona, y salir por la tarde con un grupo de amigos con los que olvida las distancias y resto de medidas.

Las personas que eligen desescalarse están viviendo una nueva normalidad casi igual que la antigua normalidad y las personas que eligen protegerse están viviendo una nueva normalidad muy parecida a la fase 1 de la desescalada.

En los grupos que conozco y que estuvieron muy activos durante el confinamiento, por ejemplo dedicándose canciones mutuamente, hay personas que ya se reencuentran y otras que deciden esperar.

¿Entonces qué hago?

La combinación de ambas, realizada de forma consciente, puede ser un camino a seguir.

Así, es posible volver a salir a la calle con plena libertad… llevando la mascarilla puesta.  Es posible tomar algo en una terraza… quedando con pocas personas y de confianza. Es posible volver a la oficina… siempre que se nos ofrezcan las medidas de seguridad necesarias.

Lo que no parece tan fácil es conocer gente nueva: todas las iniciativas para crear grupos y hacer amistades o ligar implican riesgo. Parece que las personas que estaban solas y que han pasado un confinamiento duro lo van a tener más difícil también tras esa etapa, porque tratar de conocer gente y relacionarse pasa por acercarse de nuevo a las otras personas y confiar, a veces a ciegas, en que no nos van a contagiar. Así que esos viajes de singles de los que hemos hablado alguna vez están en riesgo de no producirse este año.


¿Cuál es tu caso? ¿Te has desescalado? ¿Sigues en confinamiento? ¿Crees que las situaciones de la nueva normalidad son seguras?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Preguntas sin respuesta

Me rondan por la cabeza preguntas sin respuesta, retazos de pensamiento, reflexiones, inspiraciones de lo que se ha leído en otros blogs… Comparto algunas:

¿Cómo sentirse bien con la mascarilla?

Lo cierto es que nadie parece sentirse cómodo/a con la mascarilla. Hay un contraste claro entre cómo nos gustaría sentirnos y cómo nos sentimos realmente. Algo como esto:

A la izquierda una mujer árabe con velo, a la derecha, personaje femenino del planeta de los simios

En este escenario digno de El Planeta de los simios, resulta mucho más fácil relacionarse con personas conocidas de las que ya se sabe cómo son sus expresiones y cambios emocionales que relacionarse con personas desconocidas.

Da la sensación de que no te oyen o que no les oyes, quizá porque inconscientemente recurríamos a mirar el movimiento de los labios al hablar. Nos falta información visual y esto empeora claramente la comunicación.

¿Por qué ese rango del grifo monomando?

Me gustaría saber por qué si el grifo monomando puede girar unos 135 º, la diferencia entre congelarse y escaldarse se encuentra en un punto infinitesimal.

Es una reflexión que hago cada día, preguntándome por la gran imprecisión de los 135 grados comparada con la extrema precisión del punto en el que el agua está a la temperatura tolerable.

La imagen muestra un grifo monomando

¿Esto quién lo ha escrito?

Encontré un texto muy motivador, parece una traducción del inglés (por lo de jodido), busqué referencias en Google y no encuentro a su autor. Eso sí, hay muchas citas de este texto:

Ama tu jodida vida. Toma fotos de todo. Dile a las personas lo que sientes por ellas. habla con extraños. Viaja. Haz cosas que te den miedo hacer. Y si alguien dice algo, ¡que se joda! Al final estaremos muertos y nadie recordará lo que hicimos; así que toma tu vida y conviértela en la mejor historia de este mundo. No desperdicies esto.

Este blog es uno de los sitios en que lo he visto. Si haces una búsqueda del texto, todo o por partes, encontrarás varias páginas que lo citan literalmente, pero ninguna que explique su origen.

También puedes buscarlo en inglés, en caso de aburrirte mucho:

Love your fucking life. Take pictures of everything. Tell people you love them. Talk to random strangers. Do things that you’re scared to do. Fuck it, because so many of us die and no one remembers a thing we did. Take your life and make it the best story in the world. Don’t waste that shit.

Por cierto, el estilo me recuerda al de Bukowski (Make it).

¿De dónde salen los expertos?

Ya hemos hablado anteriormente de la casa como un refugio, una cabaña en la que el ermitaño está aislado del mundo, una sensación que hemos podido tener durante la etapa más cruda del confinamiento.

Por lo visto, ahora se está empezando a hablar del «síndrome de la cabaña» como una consecuencia de haber estado dos meses en confinamiento estricto y al menos otro más en que la mayoría del tiempo muchos de nosotros/as permanecemos en casa. Consiste en no querer salir, no querer cambiar de fase, preferir permanecer en este estado de monje en su celda.

Pero leo este artículo de Isaac Rosa en el diario.es y estoy de acuerdo en que en parte se trata de no querer volver a la vida de mierda… da la sensación de que todos los avances y ventajas que implicaba esta situación van a ser arrasados y eliminados en el momento en el que se pueda “volver” (también dijimos que no se puede volver) a la normalidad.

En todo caso, vuelvo a la pregunta de esta sección. En una situación desconocida, inesperada y nueva en la que cada persona y organización ha respondido como buenamente ha podido, ¿de dónde salen los expertos que ya sabían todo sobre todo?

¿Por qué la inteligencia artificial no es empática?

De pronto, Google Fotos te recuerda una fecha aniversario. Se ha programado a esta inteligencia artificial para que te traiga «bonitos recuerdos» de aquel día. Sin embargo, es muy probable que no tengas el menor interés en recordar acontecimientos que fueron felices pero que ahora son dolorosos: cumpleaños de personas que ya no están, bodas a las que han sucedido divorcios, excursiones con amistades que has perdido, celebraciones que ahora no pueden hacerse…

Alguien humano está siempre detrás del funcionamiento de cualquier sistema artificial. Por ello, habría que pedir a esos humanos un poco de empatía en sus programaciones.


¿Tienes alguna respuesta a nuestros interrogantes? ¿Te gustaría añadir alguna otra reflexión que te asalte cada día? Cuéntame. 🙂

¿Y si hacemos como si…?

Hace poco leí un tuit del que me he venido acordando y que motiva este post:

Tuitero se pregunta qué pasaría si mañana salimos todos con la ropa sin planchar y hacemos como si siempre hubiera sido así

La cuestión es que la «nueva normalidad» parece conllevar únicamente aspectos negativos: formas de comprar más incómodas, formas de reunirse más frías, espacios exteriores e interiores más asépticos, organizaciones en la playa más robóticas… Todo como si de pronto viviéramos una situación de película, tipo La invasión de los ultracuerpos, en que los que todavía no han sido abducidos tienen que comportarse con frialdad para pasar desapercibidos entre «las vainas».

Sin embargo, la nueva normalidad trae aspectos muy positivos y que pueden dar lugar a nuevas formas de organizarse que son más eficientes, más ecológicas y más lógicas. Ya habíamos hablado de los posibles aspectos positivos de la pandemia, y ahora hablaremos de cuáles podemos mantener porque han resultado funcionar (sorpresivamente).

Y no planchar la ropa podría ser un buen ejemplo…

Cuestionarse todo

Esta situación nos ha permitido cuestionarnos todo: la organización del trabajo, la educación, el ritmo de vida, la contribución diaria a la contaminación, la importancia de unas profesiones sobre otras, el significado de la imagen personal, el valor de la introspección…

Parece posible extraer conclusiones sobre el funcionamiento de casi todo y pensar en adaptaciones y mejoras en cada esfera.

Seguir teletrabajando

Este es, a mi juicio, el aprendizaje fundamental: se ha demostrado que se puede teletrabajar en miles de casos en los que la empresa había sido muy reticente a enviar a sus trabajadores a casa. Ahora que no era posible otra solución, se ha visto que los profesionales son responsables, se encargan de buscar el espacio físico y el hueco horario, se organizan como pueden para atender a los niños y continúan trabajando desde sus casas.

¿Y si hacemos como si el teletrabajo siempre hubiera existido? Recordemos brevemente algunas de sus ventajas por orden cronológico en un día de trabajo cualquiera:

  • Hay que madrugar menos. El descanso repercute positivamente en la productividad.
  • No hay que vestirse raro, es más, se puede estar con ropa cómoda, no plancharla (como dice el tuit) y, aun así, mantener una videollamada… porque el resto de los asistentes tienen el mismo aspecto.
  • No hay que tragarse un atasco que crispa los nervios y desgasta parte de la energía que teníamos para trabajar. Y esto incide, evidentemente, en la limpieza del aire de las grandes ciudades.
  • No hay ladrones de tiempo como: visitas imprevistas, ¿nos tomamos otro café?, el otro día me crucé con… y demás batallitas que dan mucha vida en el trabajo pero que, reconozcámoslo, quitan mucho tiempo. Esto no significa que no haya otros ladrones de tiempo en casa.
  • Hay mayores posibilidades de conciliar la vida personal con la laboral, ya que todo está «más a mano». Evita ir a la carrera de un sitio a otro, durante todo el día. Es una organización que parece más lógica.
  • Facilita la entrada en el trabajo a personas con dificultades de movilidad y enfermedades crónicas para las que el desplazamiento resulta muy difícil, pero que pueden ser perfectamente productivas trabajando desde su casa. Esas personas con factores médicos no visibles de las que hablábamos en otro tuit.
  • Es más fácil también combinar la actividad pasiva y cerebral con el ejercicio físico, haciendo algunos estiramientos o paseos cortos, algo que no suele hacerse en una oficina porque te van a mirar como a un ser extraño.
  • Ahorra dinero en viajes y eventos de todo tipo, ya que también se ha demostrado que se pueden mantener reuniones internacionales desde casa y que se pueden realizar eventos de forma virtual.
  • No hay que volver a tragarse el atasco a la salida, con el cansancio de toda la jornada, y yendo con hora a los múltiples compromisos que van después del  trabajo.
  • Se llega antes a casa… Esto parece una tontería, pero si la jornada acaba a las 18.00, a las 18.01 estás en casa, con lo que tienes bastante más tiempo para hacer otras actividades. Volvemos, de nuevo, a una organización con más sentido común.

La imagen personal

Han corrido ríos de tinta virtual en los grupos de whatsapp sobre si teñirse ya las raíces o esperar a la reapertura de las peluquerías. Ha habido de todo, pero ciertamente hemos podido sobrevivir con las raíces sin teñir y el pelo sin cortar.

Al cuidado del pelo se añaden otros aspectos de estética, como la depilación, el uso de maquillaje o la ropa.

Me han hablado de reuniones por videollamada en multinacionales en las que el CEO se presenta en chándal ante la cámara, y no hace como si le hubieran pillado así, de improviso, sino que explica abiertamente que piensa que esta nueva forma de interactuar se va a imponer.

La ropa ha sido considerada como no esencial y durante las fases más crudas del confinamiento no ha sido posible comprarla, ni siquiera en un hipermercado que tuviera este producto además de la alimentación. No se ha tenido en cuenta que algunas prendas se van desgastando por el uso y hay que reponerlas con cierta frecuencia. Y, en todo caso, con el tiempo y el uso, toda la ropa acaba necesitando reposición.

La cuestión es qué tipo de ropa se utiliza y por qué. Y, siguiendo el tuit del comienzo, cuál es la necesidad de plancharla.

Si la gente estuviera cómoda con la ropa que lleva a la oficina, ¿no se la pondrían para estar en su casa?

Por último, un cambio que ha ido a más en vez de limitarse es la higiene personal, algo muy de agradecer.

Entonces, ¿y si hacemos como si los criterios de vestimenta siempre hubieran sido más relajados? Ya de paso, los criterios de más higiene también podemos hacer como si siempre hubiesen estado ahí.

Mirar hacia adentro

Este periodo que puede que se alargue o que se convierta en parte de la nueva normalidad ha permitido a muchas personas dejar de correr en la rueda de hámster y poder reflexionar sobre su propia vida.

Si se pudiera reactivar todo de golpe, como apretando un botón, esta introspección desaparecería. Es posible que mucha gente esté «deseando volver a…».

Hay que recordar que no es posible volver atrás, eso es como retroceder en el tiempo. «Volver» no es posible, no hay «dónde». La vida avanza hacia adelante, es lo único que se puede hacer, avanzar hacia lo nuevo y lo desconocido, lo cual incluye cambios drásticos en la forma de organizar la vida.

Siendo así, ¿y si hacemos como si la vida ya hubiese sido más lenta y relajada, más casera y personal desde antes? Quizá esto nos permita mantener esta reflexión sobre nosotros mismos/as.


¿Se te ocurren más cosas que podríamos hacer como si siempre hubieran sido así? ¿Qué aspectos te gustaría que volviesen a ser como antes? Gracias por leer y compartir 😉

Duelo por la pérdida de tanto

Cada vez más, voy teniendo sensaciones de los veranos largos después del colegio, días en que el tiempo no estaba estructurado. O de temporadas en la casa del pueblo, en pleno invierno, en la que estábamos dentro la mayoría del tiempo. Momentos en que el aburrimiento daba paso a la creatividad. El momento presente se alarga hasta el infinito en la espera. Ahora puedo contemplar a los paseadores de perros y a los pájaros.

La creatividad primera ha podido ser compulsiva, ansiosa. Después, el inevitable vacío, un hueco cada vez más grande. Y este hueco da paso a la lectura reflexiva, en que se puede releer un párrafo, subrayarlo, apartar la vista del libro para dejar que las palabras se posen. Este espacio permite también escuchar una canción tras otra, prestando atención, sin otro fin que escucharlas, sin que sean el ruido de fondo de otra actividad. Permite ver películas de tres horas de duración.

Así, algunas personas hemos pasado de buscar frenéticamente llenar el tiempo con actividades online (cursos, conciertos, comprobación continua de tendencias y noticias y mensajes) a buscar la introspección.

Atrapados en un espacio

Al principio me acordaba de Atrapado en el tiempo, atrapada en el espacio de cuatro paredes que pueden albergar un mundo. Las similitudes son muchas, el protagonista no puede tampoco salir del espacio en que se encuentra, el pueblo de Punxsutawney. Solo puede explorar al máximo todo lo que hay disponible en ese espacio en ese tiempo.

También están las evocaciones a las historias de náufragos, Robinson Crusoe por antonomasia. Náufragos de islas y náufragos del espacio, esos astronautas que están solos en una nave gigante por la que se ejercitan corriendo.

Los escritores salen en la tele, dicen: «mi vida no ha cambiado tanto, hago más o menos lo mismo». Los que ya pasábamos largo tiempo en casa y trabajábamos en ella, no notamos tanto la diferencia. Quizá nos hemos podido adaptar mejor. Quizá nuestras actividades introspectivas se han hecho más intensas. No dejan de estar descompensadas, falta lo social, el contacto con familia y amigos, los largos paseos que estimulan la conexión de ideas, las charlas con otros en los cafés.

Las personas extrovertidas, de acción, o cuyas vidas consistieran en viajar, hacer deporte, reunirse, etc. han debido de sentir un cambio doloroso, radical. Las personas que necesitan salir o hacer deporte para sentirse vivas, que tienen cierta claustrofobia, tendencias nómadas… ¿Qué pueden hacer ahora? Ahí hay un duelo.

Duelo por la pérdida de tanto

La gente llora. A pesar de que tratamos de tapar lo que hay, de vez en cuando no podemos sino dar paso al duelo por la pérdida de tanto en tan poco tiempo. Vi este tuit:

Captura de pantalla de un tuit que reza:

Hay mucha pérdida en todo esto, hay dolor, nuestros familiares nos dejan o enferman, o somos nosotros mismos/as. Y para frenarlo, perdemos otra cosa, la libertad, perdemos el contacto humano, perdemos la necesidad de mirarnos al espejo para luego mostrarnos al mundo y perdemos las rutinas de las que nos quejábamos, pero que nos resultaban cómodas.

Vemos cómo se cierra un negocio tras otro, o es el propio, intuimos las consecuencias económicas de la situación, las que ya se están dando y las que se darán después. Como comentaba Iñaki Gabilondo en Late Motiv, esto no se va a acabar un cierto día a las 7 de la tarde, hay un después de reinicio que no es automático.

Después, nada será igual. A pesar del intento por continuar, las circunstancias se han puesto en contra: no se puede continuar, se ha acabado, esto es un precipicio, un corte abrupto del terreno de la continuidad, toca dar un salto. ¿Qué habrá al otro lado? No se sabe, es un salto a ciegas.

Lo de atrás, quedó atrás. Lo que vivimos ahora es lo único que hay, una situación totalmente extraordinaria, inesperada, inconcebible antes de que sucediera (un Cisne negro, diría nuestro Taleb). Y lo que vendrá después habrá de ser construido con la acción. No se podrá enlazar con lo anterior como si no hubiera pasado nada. Porque mucho y muchos se caen por el precipicio y allí quedan.

Por eso, a veces, se necesita llorar la pérdida constante, se necesita aceptar profundamente lo que hay, sin desviar la mirada hacia ningún otro sitio.

El contraste entre las emociones y el «hay que»

Trato de huir del «hay que» relativo a cómo vivir esta situación: hay que mantener una rutina, hay que hacer ejercicio, hay que animarse, hay que recordar que esto es una situación pasajera,… Los consejos contrastan con la sensación de pérdida o la necesidad de introspección, de dejar que el aburrimiento estimule un pensamiento más profundo, un contacto real con uno mismo/a.

Una de las tendencias es mostrar la intimidad al mundo, de manera que el refugio de introspección deja de serlo.

Los programas de televisión han de hacerse desde casa, salvo los telediarios, y entonces los presentadores se muestran con ropa cómoda en el salón de su casa, y a mí esto me cuesta aceptarlo. Yo llevo ya cuatro años trabajando desde casa y, por temporadas, lo había hecho antes. Y no, no atendía las videollamadas en chándal. A lo sumo, mi gata se colaba por delante de la cámara. Quizá haya algo interesante en haber dejado de fingir un aspecto profesional o formal, si es que esta tendencia se queda.

Como conclusión, no pienso que sea «malo» dejarse llevar por lo que se está sintiendo, ni tampoco que sea malo dejar de estructurar el tiempo como antes. La estructura y las rutinas no permiten ver. Y ahora hace falta mirar.

Viejas glorias que nunca lo fueron

En línea con los fracasados que tuvieron éxito, pero en un nivel más cercano a lo sórdido, están las viejas glorias que nunca lo fueron.

¿En qué consiste ser una vieja gloria sin gloria?

La vieja gloria sin gloria trató de destacar en alguna disciplina, avanzó y mejoró en ella, pero no alcanzó nunca un nivel lo suficientemente alto como para destacar. Sería ser el mejor entre los peores y el peor entre los mejores, un/a mediocre, el punto medio. Además, esta persona rememora aquellos tiempos como si fuese una vieja gloria consagrada, dándose importancia y viéndose por encima de la media.

Fotograma de la película Y entonces llegó ella, con Philip Seymour Hoffman en un papel de vieja gloria sin gloria

Esta forma de verse a sí mismo está muy bien retratada en la película Y entonces llegó ella, en el personaje que interpretó Philip Seymour Hoffman. Se trata de un actor aficionado que de joven había protagonizado un anuncio. Algunas personas le reconocían aún, y esto le ayudaba a seguir sintiéndose una vieja gloria. A pesar de que  tenía un papel menor en una representación amateur de Jesucristo Superstar, no tenía reparos en indicar a los demás (mucho más jóvenes) lo que debían hacer e incluso suplantar al protagonista dejándose llevar por su identidad con la gloria que nunca tuvo.

¿Cómo surge el fenómeno?

Hay dos componentes en las viejas glorias sin gloria, a los que llamaremos «los sin gloria»:

  • Un suceso del pasado en que estuvieron cerca de la gloria. Lo llamaremos el «suceso glorioso».
  • Un periodo de tiempo muy largo desde aquel suceso en el que no ha sucedido nada glorioso, lo que echa por tierra la posibilidad de consagrarse.

Verdaderamente, se trata de una situación triste. Los sin gloria se agarran al pasado fuertemente, lo que les impide alcanzar un nivel superior de destreza en otras disciplinas, y además lo distorsionan, dándole al suceso glorioso una importancia mayor de la que tuvo.

¿Y por qué no van a hacerlo? Hay que tener en cuenta que aquellos momentos fueron los únicos en los que tocaron algo parecido a la fama o al prestigio. Tuvieron la sensación de que podían llegar a más. Creyeron que el suceso glorioso era el primero de muchos. Pero se equivocaron.

Sucesos gloriosos

Los sucesos gloriosos pueden tomar muchas formas, y ser prolongados en el tiempo o tratarse de acontecimientos puntuales que son la culminación de un aprendizaje. En todo caso, están situados en un lejano pasado y no tienen continuidad:

  • Haber aprobado el examen del First Certificate o haber pasado un año en Inglaterra durante la carrera…. hace 25 años.
  • Haber sido elegida para actuar en un grupo selecto de bailarinas… en la adolescencia.
  • Haber estudiado piano durante los años de colegio.
  • Haber estado en contacto con famosos o con la tele: salir en un anuncio, ser entrevistado una vez (30 segundos), ser un extra en un capítulo de una serie, haber conocido a un famoso cuando no lo era, etc.
  • Haber dominado una «nueva» tecnología… que ya no está en uso.

¿Qué necesitan los sin gloria?

Sin duda, la evocación constante de aquellos tiempos donde se producían sucesos gloriosos se debe a una necesidad no cubierta de los sin gloria. Antes hemos mencionado alguna:

  • Necesidad de fama.
  • Necesidad de prestigio.
  • Necesidad de reconocimiento.
  • Necesidad de cariño.

En efecto, aquello que pareció poner a los sin gloria por encima de la cotidiana distribución normal, aquello que pareció alejarles de la mediocridad y prometerles un futuro de éxito, les hizo sentir que podían acariciar la fama, tener prestigio, ser reconocidos y amados… Y lo siguen evocando porque de aquel recuerdo tan manoseado se obtiene un halo de estos logros deseados.

¿Cómo poner el suceso glorioso en su sitio?

Los sucesos gloriosos tienen más atención y se les da más importancia de la que les corresponde. En términos de PNL, el suceso glorioso tiene más colorido, brilla más, se ve más grande, contiene sonidos y ruidos identificables, se siente incluso en las manos, en la piel…

Así que el primer paso para recuperar la fuerza del presente es apagar el suceso glorioso, bajarle el volumen, desconectarse de él, alinearlo con los recuerdos grises y remotos que lo rodean.

El segundo paso es prestar atención a la realidad presente, de manera que se le devuelva toda su intensidad. Puede ser necesario hacerse preguntas sobre aquello:

¿Con qué frecuencia hablo en inglés hoy en día? ¿Sigo estudiando piano? ¿Volví a aparecer en la tele alguna vez? ¿Se utiliza ahora el software xxx?

Lo cierto es que ya ni recuerdas la última vez que te pusiste las zapatillas de punta, o tu aparición en televisión está grabada en una cinta de vídeo VHS, o el software que dominabas cabía en un disquete… Con este frío enfrentamiento con la realidad, puedes por fin girar la cabeza hacia adelante y caminar hacia tu vida de ahora, la de verdad.


Como apunte final, quizá ya lo hayas pensado: sí, un sin gloria puede caer en el fenómeno «cuñadismo»…

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué reflexiones te surgieron mientras leías este post? Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

Puntos de vista sobre una realidad

Los posts de este blog procuran ser atemporales, pero de vez en cuando la actualidad te pide mucha atención. Me es imposible no tener en mente el coronavirus. La OMS ha elevado el riesgo a «muy alto» y los nuevos casos están cada vez más cerca de nosotros/as. ¿Cómo nos tomamos esto?

Pienso que lo fundamental es seguir los consejos de las autoridades y personal sanitario, por supuesto, son los conocedores más cercanos del tema.

Por otro lado, observo que se tiende a adoptar uno de los siguientes puntos de vista:

La desinformación y los fenómenos de masas

Mi forma de verlo hasta hace poco estaba alineada con una historia de histeria colectiva que cuenta Paul Watzlawick (uno de los habituales de este blog) en ¿Es real la realidad?, hablando de la desinformación.

En los años 50, en Seattle, se empezó a observar que los parabrisas de los coches estaban llenos de minúsculas hendiduras con forma de cráter. El asunto llegó hasta el presidente Eisenhower, que envió un grupo de expertos para aclarar el misterio. Entre los habitantes de la ciudad se habían creado dos posibles explicaciones:

  1. Las explosiones atómicas rusas habían contaminado la atmósfera y la lluvia radiactiva dañaba los cristales de los parabrisas.
  2. Los largos tramos de autopistas asfaltadas habían generado numerosas partículas ácidas que afectaban a los cristales.

Fotografía de un parabrisas de un coche antiguo

La explicación resultó ser mucho más aburrida que las teorías que habían creado los lugareños: todos los parabrisas tienen (o tenían en esa época) esos minúsculos cráteres, que son causados por el desgaste normal. Con una explicación tan poco llamativa, es fácil que se perpetúe el estado de desinformación, apoyado por los medios de comunicación (y hoy en día, por las redes sociales).

En realidad, lo que había aumentado de forma exponencial no eran los parabrisas dañados, sino el número de personas observando su parabrisas desde un ángulo distinto: desde fuera. Un cambio de percepción permite ver aspectos de la realidad que no habíamos tenido en cuenta.

Cuando ves cortar las barbas del vecino

Sin embargo, como bien sabéis, en este blog tenemos veneración por lo que pueda decir Nassim Nicholas Taleb, pues es un gran experto en estadística y desmonta de forma brillante cualquier falacia que se base en una mala interpretación de los datos.

He comprobado lo que dice Taleb sobre el coronavirus. Y lo que he encontrado no me ha dejado indiferente. Este es su tuit:

Cómo reaccionar a una pandemia

Publicación de Taleb sobre el coronavirus

Lo que cuenta este experto en un estudio realizado entre varios académicos, es que:

Fundamentalmente, los eventos de contagio viral dependen de la interacción de los agentes en el espacio físico y, con la incertidumbre prospectiva que necesariamente conllevan los nuevos brotes, reducir la conectividad temporalmente para disminuir los flujos de individuos potencialmente contagiosos es el único enfoque robusto contra las estimaciones erróneas en las propiedades de un virus u otro patógeno.

Su informe nos dice que:

  • Se subestima el ratio de reproducción del virus.
  • Se subestima la tasa de mortalidad.
  • La mejora de los transportes hace mucho más fácil que los virus se extiendan.
  • La existencia de portadores asintomáticos hace que medidas como tomar la temperatura sean insuficientes.
  • Si se asume que no puede hacerse nada, no se tomarán las medidas extraordinarias necesarias.

Por todo lo anterior, concluye que:

Un enfoque a escala individual, como el aislamiento, el seguimiento de contactos y el monitoreo, se ve rápidamente (computacionalmente) aplastado ante la infección en masa y, por lo tanto, no se puede confiar en él para detener una pandemia. Son esenciales los enfoques multi-escala, incluyendo cortar de forma drástica las redes de contacto usando fronteras colectivas y cambios en el comportamiento social.

Entonces, ¿qué posición tomamos?

Ambos puntos de vista son igualmente interesantes porque nos aportan perspectivas que podemos tener en cuenta.

Por un lado, la paranoia nunca es conveniente, pues lleva a soluciones ineficaces, como agotar las mascarillas en las farmacias, desinfectar productos que proceden de China, evitar negocios y personas chinas o acudir en masa a urgencias de los hospitales.

Por otro lado, parece que las medidas han de ser rigurosas para evitar una expansión como la que realmente se está dando. Es probable que sea mucho más barato tomar las medidas que propone Taleb ahora que continuar observando cómo se cancelan eventos, baja la bolsa o se recortan las previsiones de crecimiento del PIB.

Ver un fenómeno como este desde puntos de vista diferentes aporta una visión equilibrada de la realidad, menos apasionada, por tanto más imparcial, que permite comprender posiciones opuestas.

Y en todo caso, de nuevo, hagamos caso a los expertos sanitarios que están en primera línea en este asunto.