Hay dos tipos de personas

Llevo un tiempo dándole vueltas a estas divisiones del ser humano en dos categorías totalmente antagónicas, estas clasificaciones que conducen al “conmigo o contra mí”.

Dos tipos de persona saltan con un fondo de un atardecer en la playa, de manera que se ve su silueta.

Comencemos por mi preferida:

Hay dos tipos de personas: extrovertidos e introvertidos.

El mundo se divide entonces entre los dos tipos de personas: aquellas sociales, habladoras, abiertas a nuevas experiencias, amantes del sonido y la conversación y que hacen actividades de relación. Y aquellas observadoras, que escuchan, que analizan desde la posición del espectador, amantes del silencio y que huyen de relaciones sociales.

Y ya está. No hay cabida para la escala de grises, es decir, para tonos más apagados de extroversión o introversión. Por tanto, no hay cabida para personas con rasgos de ambos estilos. ¿Es posible ser una persona extrovertida e introvertida a la vez? Pues sí.

Sigamos:

Hay dos tipos de personas: los que son como los gatos y los que son como los perros.

Así, hay personas que van por el mundo explicando que son como los gatos, por tanto vendrán a ti cuando les apetezca, necesitarán espacio y distancia, si te acercas cuando no les apetece te arañan… Mientras que otras personas se conducen como los perros (aunque no suelen presumir de ello) y van por el mundo complaciendo a todos, sonriendo aun cuando estén viviendo las peores circunstancias, buscando cercanía y alegrándose mucho de verte cada vez.

Se acabó. Nadie quizá se planteó que puede haber personas que son como los ornitorrincos… Es decir, las polaridades como perro-gato son demasiado simplistas y convierten en un espacio de 2 dimensiones una riqueza que no tiene cabida en él.

Hay más:

Hay dos tipos de personas: los que te hablan claramente y los que van por detrás/mosquitas muertas. Visto desde el otro lado, hay dos tipos de personas: los agresivos y los que rehuyen el conflicto.

Así, las personas con esta creencia se posicionan en uno de los dos extremos y ponen al otro lado a cualquiera que muestre un rasgo diferente al suyo. Se confunde la agresividad verbal con la sinceridad, o bien se confunde la pasividad y el miedo con la discreción.

Esta escala deja fuera de ella a las personas asertivas, que hablan con claridad cuidando de no hacer daño a la otra persona. ¿Será porque hay pocas personas asertivas en este mundo?

Otra más, una clasificación a partir del análisis transaccional que vas a comprender enseguida:

Hay dos tipos de personas: los que van de Niño (victimistas) y los que van de Padre (perseguidores/salvadores).

Hay personas que están la mayoría del tiempo en el estado Niño. Se les reconoce porque juegan, no asumen responsabilidades, no se comprometen, dejan tareas por hacer, buscan que otros les resuelvan sus asuntos, piden mucho más de lo que dan…

Otras personas están la mayoría del tiempo en el estado Padre. Se les identifica porque critican, juzgan o van de salvadores de los demás, hablan de normas, les encanta el “se debe”, “hay que”, buscan acaparar la responsabilidad de otros, dan y luego piden o exigen…

En varios artículos hemos hablado de la que sería la figura intermedia entre ambos estados, el estado Adulto, que asume responsabilidades pero sin juzgar a los demás, da y recibe en la misma proporción, huye de creencias y valores y vive en la autonomía.

Sin embargo, quiero recordaros que tod@s tenemos los tres estados, por lo que en determinadas situaciones me comportaré como el Niño, en otras como el Padre y en otras estaré centrada en el Adulto.


De momento, son estas las que me rondaban por la cabeza. ¿Se te ocurren otras clasificaciones de personas? ¿Hay alguna que te guste en particular? ¿Hay alguna que odies profundamente? Cuéntame, me gustaría conocer tu opinión.

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

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La grandeza de los que aceptan sus circunstancias

Creo que te he podido dejar con mal cuerpo cuando te he hablado del guerrero Mandika Kunta Kinte convertido en un Toby que va contestando a todo “sí, amo”.

Y sin embargo voy a seguir por ahí un poquito más.

Para calmar la ansiedad y el dolor que produce aceptar circunstancias adversas, recuerda que hace unos años llegamos a la fórmula para poder decir “Me llamo Kunta” y aun así, seguir insertado de lleno en esta sociedad. Fue gracias al gran Moustache.

Una tribu de cazadores recolectores ajena a las incomodidades

Crecer en la adversidad

Y es que las dificultades nos hacen grandes.

Vamos a profundizar un poco en esto: si un bebé nunca tiene que pedir nada porque unos padres ultra perfectos le proporcionan todo a tiempo, nunca sentirá hambre, sed, ganas de orinar, los pañales mojados… Nunca se sentirá incómodo y nunca tendrá que reclamar atención: ya la tiene.

Si este bebé de padres aparentemente ideales crece con las necesidades cubiertas antes de que sean sentidas como carencias, considerando un mundo en que nadie externo le frustrase, de mayor sería una especie de ameba: no habría tenido que ingeniárselas para conseguir nada.

Todo le ha sido dado, no ha tenido dificultades ni traumas, no ha tenido que desarrollar estrategias para enfrentar las dificultades, los conflictos. ¿Cómo se va a relacionar con sus semejantes? Quizá dando por supuesto que todo se le debe, desconociendo la posibilidad de darse.

Al contrario, cualquiera de nosotros/as no ha necesitado ser Kunta Kinte para encontrar muchas dificultades por el camino y superar diversos traumas. Y gracias a las dificultades hemos puesto en marcha la creatividad para salir de ellas.

Los beneficios secundarios

Ya hemos hablado alguna vez de los beneficios secundarios aquí, aquí y aquí.

¿Qué beneficios secundarios puede extraer Kunta Kinte de insistir en sus creencias anteriores? Pues quizá justificar su falta de adaptación a la realidad. La realidad en Estados Unidos donde es un esclavo y no un guerrero. No hay otra cosa.

También le permite seguir sintiéndose grande, alguien de ascendencia guerrera, alguien con un nombre por escudo. Más grande que los que le rodean, que simplemente se han sometido. Más grande también es por encima.

Incluso puede buscar ser perseguido, con el fin de mostrar sus excelentes capacidades como guerrero. Un guerrero que siempre va a perder la batalla porque está en clara desventaja.

La aceptación

A través de la aceptación de esta nueva condición de esclavo Kunta Kinte podría aprender nuevas estrategias para salir adelante: ofrecer sus capacidades como jinete, formar una familia en su nuevo entorno, aprender nuevas habilidades que le puedan hacer más fácil la vida como esclavo.

Nada de esto es deseable, son estrategias de supervivencia para adaptarse a las circunstancias reales y presentes, estrategias que pueden hacer su vida más amable, en lugar de estar en continua lucha fútil contra un sistema que no le reconoce por quien es.

Estar cómodo en la incomodidad

Pablo Motos preguntó a Will Smith en El hormiguero cómo se enfrentaba a situaciones que provocan miedo (estaban hablando de que Will Smith celebró su 50 cumpleaños descolgándose de un helicóptero sobre el cañón del Colorado…). Y Will Smith dijo algo tan sencillo como esto, se trata de

Estar cómodo en la incomodidad.

¿Puede estar alguien más incómodo que un guerrero Mandika tumbado en la bodega de un barco de esclavos rodeado de personas como él que de pronto son tratadas como mercancía? ¿Puede alguien estar más incómodo que Kunta Kinte teniendo que aprender a decir “sí, mi amo” y a escuchar cómo le llaman Toby?

Y sin embargo, la comodidad quizá sea el mayor enemigo de la creatividad, del ingenio, del buscarse las castañas. La comodidad es pasiva, está parada, nada fluye y se parece un poco a la muerte. El exceso de comodidad apaga la atención, el estado de alerta.

Por increíble que parezca, el instinto de supervivencia hace que los seres vivos se sientan rápidamente cómodos en la incomodidad. Esto les puede llevar a aceptar situaciones inadmisibles que sí se pueden cambiar. De esto hablaremos en otra ocasión.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

My name is Kunta

En línea con el artículo anterior, a veces no es posible mantener la autonomía:

Es necesario claudicar para sobrevivir.

Esto me vino a la cabeza mientras veía la miniserie Raíces, la famosa historia de Kunta Kinte y su descendencia.

Se muestra la carátula de la serie Raíces, en la que aparece Kunta Kinte con una frase sobre su rostro: I am Kunta.

Sin ánimo de hacer spoiler, podemos explicar que la tribu de los Mandika pone el nombre a los recién nacidos con un ritual ceremonioso, pues “tu nombre es tu escudo“. Así, cuando Kunta Kinte, entrenado para ser guerrero en su tribu, es llevado como esclavo a los Estados Unidos, no es capaz de renunciar a su propio nombre. 

En varias escenas, algunas realmente duras, se le repite: “Tu nombre es Toby”. Ha entrado como esclavo en una casa donde lo primero que hacen es cambiarle el nombre por uno muy manejable, como de perro.

Pero le hemos visto antes en su tribu, en sus orígenes, en sus raíces, siguiendo una vida “libre” dentro de otras convenciones.

Siento un enorme respeto por los que tuvieron que ser esclavos y sus descendientes, al ver de qué manera tan fácil se puede tratar de reducir a un ser humano a un objeto, comenzando por cambiar su nombre y borrar así sus raíces. Su grandeza no es vista. Incluso el más avispado, capaz de tocar el violín, tiene que hacer un papel como de bufón ante esos blancos.

Pues bien, después de todo esto…

No seas Kunta Kinte

No. Es el momento de comer ajo, te siente como te siente. En determinadas situaciones que no tienen una fácil vuelta atrás (a ver cómo se va Kunta Kinte de Estados Unidos sin tener ningún medio ni autonomía) es mejor decir: “Me llamo Toby”.

Doloroso.

Humillante.

Contrario a las propias raíces.

Decir “Me llamo Toby” (el equivalente a comer ajo del artículo anterior) es la estrategia de supervivencia necesaria en muchos casos. Por muy alto que les digas a todos “My name is Kunta”, no solo no es apreciado que reveles tu esencia interior, sino que puedes llegar a morir por ello.

No confundas tu esencia con tus valores

Es importante aclarar esta diferencia. Y es difícil reconocer el límite entre la propia esencia y los valores que tenemos insertados en ella. La esencia no se puede cambiar, pero los valores sí. Creencias y valores se pueden actualizar para adaptarse al momento y lugar presentes, ya que fueron adoptados de forma inconsciente en momentos y lugares diferentes.

“Me llamo Kunta Kinte” es tu esencia.

“Mi nombre es mi escudo” es tu creencia.

Los valores de Kunta Kinte son los de la tribu Mandika. Serían igual de incómodos para un blanco que se hubiera esclavizado y llevado a la tribu.

Vale, volvamos al occidente del siglo XXI y digamos de qué estamos hablando: en determinadas situaciones es necesario sacrificar tus valores para conservar un bien mayor (un trabajo, la libertad). Recuerda que tu esencia quedará intacta.

Ejemplos donde más vale ser “Toby”

  • Sabes más que tus jefes. Sabes que algo se podría hacer mucho mejor. Cuando lo has expuesto, esto ha chocado con la cultura corporativa. De hecho, desde entonces te miran “raro”. Algunos de tus superiores pueden sentirse amenazados. Si no tienes un plan claro de salida, una alternativa, puedes tener que decir: “Me llamo Toby”.
  • No aceptas una norma arbitraria. Eres capaz de señalar de forma inteligente por qué es absurdo seguir cierta norma, cierto proceso, cumplimentar cierta información… Esta habilidad tuya puede ser lo peor para la organización en la que te encuentras: puede que estés identificando tareas innecesarias que dan trabajo a mucha gente, sin las cuales habría que reconocer que sobra personal. En estas ocasiones, te puede convenir reconocer: “Me llamo Toby”.
  • Todos se ponen de acuerdo sobre algo. Desde el principio te parece que el “algo” es falso o no está basado en datos o evidencias. Observas que el grupo es feliz elaborando sobre ese algo que no es cierto. Cuando planteas tus opiniones al respecto el grupo entiende que estás en contra de ellos y no de la afirmación falsa. Es el momento de decir: “Me llamo Toby”.
  • Las cosas se hacían de una manera. Cambia el signo de la dirección. De pronto, las cosas se hacen de otra. Tú recuerdas perfectamente que antes se hacían de forma más eficiente. Al exponerlo, te das cuenta de que defender el antiguo modelo te puede poner en el grupo de los que van a ser despedidos. Necesitas afirmar: “Me llamo Toby”.

¿Te llamas Toby? ¿Se te ocurren más ejemplos en los que defender tus valores puede salirte muy caro? Se admiten comentarios y sugerencias. ¡Gracias por leer!

Cuestión de estómago

¿Tienes ardor? Tómate este antiácido. ¿Tienes gases? Tómate este comprimido de simeticona. ¿Te sienta mal el ajo? Tómate una sal de frutas después de comer.

El mensaje es:

¿No eres capaz de tragar con esto? Pues tienes que tragar, así que te tomas esto otro para poder comer lo mismo que los demás y ser uno de los nuestros.

El mensaje no es: ¿no te entra esto? Pues no lo comas, busca aquello que sí te sienta bien y come de eso. ¿Por qué? Porque si cambias de alimento te vas por otro camino.

Un hombre se pone las manos sobre la zona abdominal en señal de que le duele el estómago

Tienes que ser uno más

Todo esto es un símil para hablar de los mensajes que recibimos continuamente, en especial en entornos corporativos. Estos mensajes toman un formato de “tienes que”, “debes”, “procura”…

Tienes que ser exactamente como los demás, debes abandonar tus diferencias, procura no dar la nota, tienes que destacar pero siendo igual al resto.

Por ejemplo, los criterios de clasificación de tipos de líder, estilos de aprendizaje o tipos de personalidad primero etiquetan a los individuos a través de un cuestionario para después señalar sus “flaquezas”, que son los rasgos que aparecen destacados en ese cuestionario y que distinguen a esa persona de otras con otros rasgos. Estos criterios dicen a la persona:

Según tus respuestas, eres color amarillo, procura dejar de ser tan amarillo y parecerte un poco más al rojo, el estilo opuesto al tuyo.

Es lo mismo que lo del estómago: no importa cuáles son tus rasgos, tienes que cambiarlos (al rojo le están diciendo que se tiene que parecer un poco más al amarillo).

El objetivo final de no diferenciarse es favorecer la pertenencia (sumisa) al grupo, lo que se llama alinear los objetivos personales con los de la corporación que sea.

No estás bien

La mayoría de las personas, al recibir un bombardeo constante de mensajes “no estás bien” acaba por creerlo. Acaba por justificarse: “Es que a mí no me sienta muy bien el ajo, no debería comerlo, pero bueno, haré una excepción, luego me tomo un antiácido”. Esta justificación es muy bien acogida por el resto.

Nadie que se salga de los criterios comunes de un grupo “está bien” para ese grupo.

Los mensajes “no estás bien” los recibimos desde la infancia y aseguran la pertenencia al grupo. Dejar de pertenecer siendo un niño equivale a la muerte: un niño abandonado en medio de la jungla. Entonces, las intenciones de grupo al señalar “no estás bien” ante conductas no aprobadas son buenas. El resultado es como esa frase:

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

De manera que “Mira Juanito cómo hace caso a su madre y come ajo” acaba por interiorizarse y convertirse en una creencia propia “es bueno comer ajo… y el que no come ajo no es bueno”. A partir de ahí, y hasta que consigamos ser conscientes de cuáles son estas creencias, este mantra forma parte de la persona y le parece lo más razonable.

¿Y quiénes son esos del grupo?

Cuando hablamos del grupo que come ajo parece que hablamos de una personalidad colectiva, global e indistinta. Pues algo así. Cada individuo por separado puede tener sus estar o no estar bien, sus opiniones con respecto al ajo, y al mismo tiempo formar parte de cualquier colectivo.

Este colectivo se comporta como un individuo adicional, englobando en él al resto, un poco arrastrándolos a unos valores y creencias que suelen estar por debajo del nivel consciente. Es casi como una tribu con sus rituales. De pronto los ves ahí, haciendo la fogata, bailando en torno al fuego con unas máscaras.

Los que se dan cuenta

Aunque el grupo se comporte como una sola masa inconsciente, podemos distinguir varios personajes en él.

  • Hay personas a las que el ajo les sienta estupendamente, pueden comerse una cabeza de ajos crudos y quedarse tan a gusto. Estas personas son ejemplo para todos los demás: son los héroes del grupo. Se debate si ser comedor de ajo se nace o se hace, aun así, se estudian las conductas del comedor nato de ajo para extenderlas al resto.
  • Otras personas no tienen tanta suerte, el ajo no les sienta muy bien, pero se esfuerzan. Los que se esfuerzan mucho para encajar en el grupo come ajos suelen ser los que imponen a las nuevas incorporaciones (generaciones) el comer ajo. El esfuerzo está premiado y también se pone como ejemplo a los demás: aunque no te siente bien, debes esforzarte.
  • Por otro lado, hay una serie de personas que se dan cuenta de todo esto y deciden abandonar el grupo para poder “estar bien” fuera de él. Esto es un camino de crecimiento: siempre que te apartas de una tendencia común estás caminando hacia tu propia autonomía, y puede que hacia tu propia soledad.
  • Otras personas también se dan cuenta pero deciden permanecer en el grupo a costa de fingir que les sienta bien el ajo. Saben que no les sienta bien, procuran evitarlo, pero si hay una prueba o ritual de grupo en la que hay que comer ajo, son capaces de comerlo crudo con tal de no mostrar una distonía con el resto. Ya se tomarán después lo que haga falta. Ya son conscientes, pero no son capaces de salir o no les compensa perder los beneficios secundarios de la pertenencia.
  • Finalmente, otro grupo de personas se dan cuenta de cómo son, deciden honrarlo y continúan en el grupo ¡sin comer ajo! ¿Cómo lo hacen? Son capaces de defender su autonomía y permanecer en el grupo, respetando al grupo y al tiempo ganándose el respeto de los demás, que acaba por admitir que “Pepita no come ajo. Sí, es una rareza, pero no la tenemos en cuenta porque… (coopera, colabora, está muy metida en el grupo…)”.

¿Cuál es el camino?

1) Ser consciente

El primer paso para cualquier cambio es ser consciente. Esta conciencia puede nacer al ver una película o leer un libro, puede surgir al reflexionar sobre algo de nuestra vida que no funciona, puede aparecer como una chispa en una conversación con una amiga… Ser consciente es como despertar, es como quitarse unas gafas de sol muy oscuras.

2) Elegir estar bien

Después de ser consciente, es necesario hacer una elección. Elegir que “estás bien”. Que, a pesar de todos los mensajes que recibes y seguirás recibiendo, resulta que tu estómago funciona a la perfección y que simplemente no toleras el ajo y no lo vas a comer, y eso está bien. Para que la elección sea firme, es necesario tener una cierta autoestima, con el fin de que la elección prevalezca sobre cualquier nuevo comentario con respecto a comer ajo.

3) El enfrentamiento

Una vez respetas tu propia elección de “estar bien” llega una fase de batalla campal, sobre todo si has sido una persona que comía ajo sin rechistar. Ahora, de pronto, no quieres. De pronto, decides que estás bien así, sin comer ajo, y que incluso prefieres (¡qué osadía!) tomar jengibre, qué sé yo. Sorprendente. Puede que te echen de algún grupo, sin esperar al siguiente paso por tu parte. A veces, el precio de la propia autonomía puede ser alto.

4) Decidir tu camino

El siguiente paso es volver a decidir; esta vez decides si te quedas en el grupo al tiempo que te haces autónomo o si te vas porque una persona autónoma no puede permanecer en ese grupo.

Si se hace desde la apertura y total aceptación de los demás, estén en la fase que estén, incluso de aquellos que defienden la bondad de comer ajo por encima de todas las cosas, es posible que te permitan continuar en el grupo.

Si se hace desde la negación del resto o la superioridad, surgirá el conflicto y podrán expulsarte sin miramientos.

En cualquier caso, la novedad es la decisión consciente, adulta y autónoma de estar bien en el grupo o fuera de él a pesar de no comer ajo.


Existe una versión algo más larga de este artículo en el boletín en papel de la Asociación Española de Taichi Xin Yi.

¿Y tú? ¿Comes ajos?

Pero, ¿es saludable?

He observado que en los tiempos que corren ya no se trata de disfrutar de comer ni del placer de hacer ejercicio, tanto como de la utilidad, del ser “sano y saludable”.

La comida y el ejercicio son dos elementos que se engloban en los “hábitos de vida saludables”. Es decir, ahora se hace hincapié en que los alimentos alimentan y en que el ejercicio ejercita… Lo que importa es que todo sirva para algo y arroje utilidad, una utilidad siempre relacionada con la salud.

La imagen muestra una bolsa con nueces, uno de los alimentos sanos y saludables

Alimentación sana y saludable

Se distribuyen a través de las redes sociales informaciones sobre las propiedades de los alimentos, tanto de los que se anuncian (alimentos procesados y/o que tienen una marca) como de los que no (alimentos frescos y genéricos).

Te prometo que hoy, teniendo el artículo escrito, he recibido unas cuantas:

Aparece una serie de frutas con sus propiedades saludables
Desconozco la fuente de estas imágenes.

Por ejemplo, es fácil encontrarse con un mensaje que destaca las propiedades del dátil, los beneficios de tomar un yogur al día o las razones por las que debes comer pescado. Además, la publicidad de los alimentos se asimila a la de los fármacos, explicando cuántas dosis al día hay que tomar de algo para tener una vida más saludable, sin contemplar la posibilidad de que no lo tomes en absoluto.

Así, el alimento alimenta, y es más, te ayuda “a ser mejor”.

Ejercicio sano y saludable

Ya no basta con que practiques un deporte que te guste. A nadie le importa si disfrutas nadando, si te lo pasas pipa haciendo zumba o si estás deseando que llegue el fin de semana para tu partido de tenis o tu ecstatic dance.

Lo que importa es que los beneficios para tu cuerpo estén listados apropiadamente y demostrados científicamente, por lo que dirás:

Practico running porque está comprobado que mejora la capacidad pulmonar, aumenta la capacidad cardio-respiratoria y es un antidepresivo natural.

Te será entonces imprescindible que un aparato externo a ti te indique si tu corazón late demasiado deprisa o si te has cansado.

La carrera del consumidor

Alguien tan prestigioso como Zygmunt Bauman, un habitual de nuestras páginas, ya describió esto en su libro Modernidad líquida, cuando hablaba de la “carrera del consumidor”:

«Es un estado de perpetuo autoescrutinio, autorreproche y autodesaprobación y, por tanto, de ansiedad constante.»

Según explica Bauman, la definición tradicional de salud era la de ausencia de enfermedad, mientras que ahora, la idea de estar en forma y llevar una vida de hábitos sanos y saludables no tiene medida ni límites: “Estar en forma ha de ser un esfuerzo constante”.

No importa si es cierto… Ya lo será

Un aspecto interesante de todo esto es que no importa demasiado el tipo de argumento “sano y saludable” que se nos ofrezca, especialmente en los alimentos procesados.

Por oleadas incomprensibles, a veces unos alimentos son satánicos mientras que en otras ocasiones son imprescindibles para tener unos hábitos saludables. Por ejemplo:

  • Durante muchos años los huevos estuvieron condenados por contribuir al colesterol “malo”, así como las sardinas y todos los pescados azules. Ahora es todo lo contrario.
  • Antiguamente, la margarina era lo bueno, ya que era una grasa obtenida de los vegetales, frente a la perniciosa mantequilla, de origen animal. Ahora es al contrario, ya que la margarina es el producto de solidificar aceites vegetales, un proceso que lo convierte en grasa “trans”.
  • Otro ejemplo es que los lácteos van alternativamente encontrando argumentos de “sano y saludable” y estudios y ejemplos que recomiendan disminuir su consumo.

En lo que respecta al ejercicio, oleadas similares han recomendado distintos tipos de ejercicio o los han desaconsejado. Aquí lo tengo menos claro, pero creo recordar que:

  • El tenis se ha visto alternativamente como un deporte muy completo en que se ejercita todo el cuerpo y un deporte perjudicial porque provoca muchas lesiones.
  • Correr se ve como un ejercicio natural porque los músculos de nuestras piernas están preparados para ello, o bien como un ejercicio perjudicial porque “machaca” las rodillas.

Conclusiones

En definitiva, pienso que si algo lleva el nombre de “alimento” es porque cumple su función de “alimentar”, y que es interesante conocer las propiedades de lo que comemos, sin llegar a la ansiedad de no comer nunca lo suficientemente bien. Estoy de acuerdo con hacer una dieta rica y variada, es además mucho más divertido.

Y por otro lado, también pienso que es interesante hacer ejercicio porque se disfruta, sin tener que estar midiendo cómo repercute en las constantes vitales, el peso, las calorías… De manera que simplemente dejarse llevar por la actividad y su disfrute sean el objetivo.


¿Qué opinas? ¿Cómo vives esto? ¿Te parece que estos hábitos son una especie de obligación o te sirven para apoyarte en ellos y llevar una vida que te gusta más?

Ya sabes que me encanta que me leáis y que dejéis comentarios si os apetece. 🙂

Mis cuarenta y cuatro: 2 patitos x 2

Esta semana he cumplido los 2 patitos… 2 veces. Es decir, 44.

Una bañera con cuatro patitos de goma que simbolizan el número 44 = 22 por 2

 

Es posible que me encuentre en la mitad de mi vida, es posible que me queden por vivir tantos años como he vivido, lo cual parece muchísimo, ¡y puede que hasta más!

Las tendencias “abuela Cebolleta” aumentan cuando se es más vieja que la Constitución española del 78. ¿Tanto? Yesssss…

Por otro lado, este blog cumple ya 10 años, y pienso que continuará adelante, es ya como una agradable rutina.

Y mi perra Kira cumple 12, que en términos humanos corresponde a 84: ella sí que es una abuela, con su osteoartritis y con una motivación por la vida que se contagia.

Un golden retriever color canela olisqueando la nieve
Kira en la nieve

Tener o no tener un plan de vida: esa es la cuestión

Cuando era pequeña, para mí existían tres tipos de personas: niños y niñas, señoras y señores y viejos y viejas. Es decir, iguales a mí, iguales a mis padres, iguales a mis abuelos. Por mucho que uno proyecte su vida cuando es pequeño, “de mayor quiero ser…”, no puede imaginarse la cantidad de años para los que no tenía ningún plan y ningún vislumbre. De hecho, parte de mi crisis de los 40 comenzó con la sensación de que ya estaba todo hecho y de que a partir de ahí todo iba a ser una aburrida repetición.

Ahora tengo que decir que cada vez estoy mejor. No cambiaría mi vida de ahora por ninguna etapa de mi pasado. Como decía sobre cumplir años, cada vez estoy más segura de mí misma y de lo que hago, y cada vez están más igualadas mis actividades reales con mis aspiraciones.

Conocerse a sí misma: sabiduría superior (puede que dijera o no Confucio)

Me he quitado un gran peso de encima desde que no trato de demostrar cuánto sé al redactar artículos para este blog. Esto se debe a que cada vez me parece más interesante el conocimiento personal, subjetivo, la verdadera comprensión y toma de conciencia al ir avanzando en la vida que la opinión también personal y subjetiva que puedan tener ciertos autores y que no deja de ser ajena a lo que una misma vive. Aquí estoy de acuerdo con Kris Gage.

Así que también he descubierto que, si bien puede parecerte interesante lo que lees aquí, nada va a transformar tu vida como tu propia experiencia real.

Lo que sí espero es que los lectores aprecien esta escritura más centrada: más sosegada, más fluida, menos forzada.

Todo esto ilustra un punto fundamental que he nombrado: igualar las actividades reales con las aspiraciones. Me preguntaron hace poco qué haría si me tocara el gordo de Navidad. En ese momento me di cuenta de que no tenía ni idea, y de que, cuando trabajaba en oficinas ajenas sí que me dedicaba a fantasear con lo que haría con mucho dinero, tipo dejar todo e irme a viajar, o a vivir cerca de la playa, etc.

Viviendo el día a día, sin más

No se trata de que ya no tenga ilusiones, sino que me siento a gusto con mi vida, suelo pensar a muy corto plazo, porque estoy convencida, como Nassim Taleb, de que no se puede predecir el futuro y de que se pierde un tiempo precioso al proyectar sobre aquello que está fuera de nuestro alcance. Así que disfruto de las pequeñas cosas y a veces se me olvidan los grandes anhelos de antaño.

Tampoco estoy diciendo que haya alcanzado algún estado de iluminación que me ponga por encima de esto; todo lo contrario. De hecho, hay muchas cosas que me molestan, que critico, de las que me quejo. Esas mismas que suelo omitir en este blog porque pienso que no aportan mucho, a pesar de que suelen ser buenas para conseguir seguidores que se quejan de lo mismo.

Felicitaciones varias

Ha sido interesante, como cada año, que me felicite Google. Si además una empresa se toma la molestia de crear un vídeo que te hace sonreír, pues es un gusto compartirlo:

Carátula del vídeo con que ING felicita a sus clientes

Ver vídeo de felicitación

Y quizá lo que he echado de menos han sido las llamadas de felicitación: cercanos, amigos y conocidos me han felicitado por Whatsapp y otras redes sociales, y la única llamada, claro, ha sido de mis padres, cantando el Cumpleaños feliz, porque ellos también son de la generación analógica.

En todo caso, me alegro mucho de celebrar virtual y asíncronamente mi cumpleaños con vosotros/as, y de contar con tantos sufridos lectores. 🙂

¡Gracias por leer!

 

Otro camino para solucionar problemas

He observado que para resolver un problema existen dos caminos:

  1. Mirar al problema, verlo, estudiarlo, reflexionar sobre él, hablar a la gente del problema, describir y detallar el problema, etc.
  2. Hacer otra cosa, en otra área que no tiene relación aparente, y que curiosamente resuelve o minimiza el problema.

Y he llegado a la conclusión de que el número 2 suele ser más eficiente, aunque aparentemente sea una distracción o una pérdida de tiempo.

Una mujer joven reflexiona sobre sus problemas mientras mira unas flores

Ejemplo 1: una persona se queja de su trabajo y lo soluciona ampliando su círculo de amistades

Cuando la persona quiere resolver el problema a la antigua usanza, puede describirlo y detallarlo hasta un nivel alto de complejidad: factores que influyen (jefe, sueldo, contenido del trabajo…) , en qué medida (mucho, poco, nada), por qué este problema también se daría en otro trabajo, qué soluciones están al alcance de la persona y cuáles no…

Cuando la misma persona decide invertir su energía en otra cosa, alguien le habla de una página web donde se unen grupos de personas con intereses comunes. Se apunta, empieza a salir con un grupo de fotografía, que es lo que más le gusta hacer en su tiempo libre, y la carga de atención que tenía en su trabajo disminuye progresivamente, mientras que su tiempo libre es cada vez más enriquecedor.

Ejemplo 2: una persona siente un vacío interior y lo resuelve apuntándose a teatro

La persona de nuestro ejemplo trata primero de resolver el problema de la forma que la lógica le dicta: acude a un grupo de meditación, se apunta a un curso de mindfulness, comienza a estudiar asignaturas de psicología, se compra varios libros de diferentes psicólogos influyentes… En todas estas actividades, reflexiona sobre su vacío interior, lo describe, conecta este vacío con la actividad realizada, encuentra la descripción del vacío interior de otras personas…

Mientras tanto, en su escaso tiempo libre decide apuntarse a teatro o a improvisación. Esta persona se sorprende mucho cuando ve que, mucho de lo que ha trabajado con gran esfuerzo en las otras actividades que ha probado, se trabaja también en esta actividad, y además se divierte bastante más.

Ejemplo 3: una persona piensa que los demás no reparan en ella y se olvida de esta idea bailando

Esta persona tiene una amplia información sobre la multitud de formas en que los demás no reparan en ella: no le escuchan cuando habla, no le responden a los whatsapps, no le devuelven las llamadas, los dependientes parecen querer deshacerse de ella, por la calle nadie la mira…

En su tiempo libre, va a clases de flamenco, y luego lo practica en casa. Y cuando está bailando, le importa muy poco si alguien repara o no en ella, sin embargo, todavía no se ha dado cuenta de este hecho. Solo sabe que cuando baila se siente más grande y más “ella misma”.


 

Al final, parece que el secreto es dejar de poner tanta atención en lo que hemos llamado “problema” y empezar a ponerla en actividades enriquecedoras que parecen reducir la importancia y el dramatismo que hemos dado antes a un tema.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Sientes que cuando te dedicas a otra cosa, tus problemas son menores? ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías esta entrada?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂