En casa… separados se escribe junto

En casa, como la mayoría… Buscando formas de pasar el tiempo.

A cada uno de nosotros/as nos ha pillado esto de una forma: solos o acompañados, con trabajo o sin trabajo, o con cambios radicales en el ritmo de actividad hacia el exceso o hacia el defecto.

“Cualquier cosa” mejor que si lo que nos toca es pasar por el hospital o si las consecuencias son fatales, para nosotros o los más allegados.

Quería recoger aquí algunas iniciativas que me han ido llegando para pasar el tiempo y comunicarse con los demás.

Comparte tu canción preferida

Un compañero mío de teatro escribió hace dos días en el grupo de whatsapp el siguiente mensaje:

No sé si recordaréis el programa de radio, “peticiones del oyente”. Se dedicaban canciones a amigos y familiares en fechas señaladas. ¿Qué os parece si seguimos el hilo y cuando tod@s hayamos puesto una canción, votamos y elegimos la canción del día? Es una pequeña aportación para hacer más llevadero el confinamiento.

Y compartió una primera canción. A partir de ese momento, he podido conocer muchos artistas, canciones y vídeos que ignoraba y paso un buen rato escuchando las canciones, algunas de ellas muy emocionantes. Al final del día votamos las 3 que más nos han gustado y al día siguiente se listan los 3 ganadores.

He pedido permiso a este compañero para compartir su iniciativa. Desde entonces, funciona con éxito en otros dos grupos numerosos. Os animo a replicarla en vuestros grupos de whatsapp de gente cercana. 🙂

Tocando música para los demás

Desde hace días, los artistas se han volcado con el “quédate en casa” y comparten música que graban en casa, incluso entre varios.

Quería compartir esta canción de mi amigo Miguel Vigil, un artista de la música y de la letra. Me quedo con su “separados se escribe junto” que tan intensamente se siente estos días:

También he recibido esta otra canción en grupo que me ha parecido muy chula:

Hacer ejercicio

Se han compartido muchos vídeos y herramientas para seguir haciendo ejercicio en casa. No podemos pasear ni correr, quizá no tenemos en casa una bici estática, pero podemos mantenernos en forma. Yo me decanto por el baile, un tipo de ejercicio que me sube el ánimo, ya que combina escuchar música con mover el esqueleto.

Por poner algún ejemplo, aquí va un vídeo con coreografía tipo zumba pero fácil:

Hacer un curso… o continuar las actividades

Una amiga mía tiene un negocio de Tai Chi, yoga, etc. Hemos hablado sobre cómo podía continuar la actividad. A la idea de grabarse en vídeo y de tener un canal en YouTube, se añadió que los alumnos/as se graben haciendo el nuevo movimiento que les enseñe, con el fin de poder corregirlo.

Otras amigas tienen una escuela de artes escénicas. También hemos hablado de formas de verse en grupos grandes, como Google Hangouts o Skype, y se han decidido por esta última. La idea es reunirse con los alumn@s, trabajar el personaje que tiene cada uno asignado, etc.

Si lo que te ha tocado es poca actividad laboral y/o soledad, puedes apuntarte a uno de los cientos de miles de cursos gratuitos que hay online. He recibido este enlace de Fundación Telefónica y me he matriculado en este curso de Telefónica Educación Digital que juraría que gestionó un antiguo compañero de trabajo en esta empresa que ahora está en venta.

El curso dura 8 semanas. Incluso si estudio 2 módulos por semana, tengo para un mes de curso. Y así puedes estar hasta el infinito. Ya digo: la oferta es muy amplia, hay cursos muy buenos (como este) y sirve para pasar el rato y desconectar un poco del teléfono.


¿Cuál es tu forma de pasar el rato? ¿Cómo prefieres comunicarte? Comentarios siempre bienvenidos, y más en esta época.

El éxito de los que fracasaron

Es bastante curioso: existen muchos libros que venden la fórmula del éxito. Incluso mucha formación está orientada a que tengamos éxito. En estos materiales, aparecen ejemplos de personas y empresas que han tenido éxito con ideas novedosas, con inversión en innovación, con su anticipación a los mercados, etc.

Sin embargo, parece que nadie se dedica a explicar el éxito de los que fracasaron en vida, a explicar por qué estudiamos las obras de los artistas que en vida eran casi vagabundos, llevando vidas sórdidas que acabaron en suicidio o sufriendo trastornos mentales que por momentos les incapacitaban.

Algunos de estos fracasados con éxito post mortem pertenecen al club de marcianos que inauguré en un post anterior, por ello les resultó especialmente difícil en vida vender sus ideas, vivir de su creatividad, hacer valer sus obras.

Otros fracasados no tuvieron el éxito suficiente como para que ahora se les recuerde, lo más probable es que se pierdan en el olvido, a menos que alguien muestre interés por contar sus vidas…

El loco del pelo rojo

Retrato de Vincent Van Gogh

Vincent van Gogh es uno de estos fracasados. A pesar de su forma inusual, novedosa y bella de expresión plástica, aquel loco apasionado no pudo ni imaginar lo que se valorarían sus pinturas más adelante.

Un hombre obsesionado con plasmar la luz del sol, la acción de trabajar en el campo, el movimiento del viento en los trigales, que trabajó intensamente cuadro tras cuadro. Recomendaría ver aquí la película El loco del pelo rojo, un gran homenaje a este pintor, estéticamente trabajada. ¿Alguien utiliza a van Gogh como ejemplo de éxito? Parece que no. Lo que hizo en vida no le sirvió de mucho.

Vincent llevaba el nombre de un hermano que nació un año antes que él y murió de forma prematura. Tal como dice el tomo “Vincent van Gogh y la melancolía” de la colección This is Art  de El País,

…el segundo Vincent llegó al mundo con esa lápida sobre el pecho, la piedra de su melancolía. Los padres no se lo pusieron fácil: le hicieron sentir que era una copia y no el original, un sustituto imperfecto.

SIVAINVI (VALIS)

Fotografía de Philip K. Dick

Philip K. Dick tuvo reconocimiento en vida: fue admirado tanto por autores coetáneos de ciencia ficción (por ejemplo, Robert A. Heinlein) como premiado numerosas veces y publicado en distintas revistas. Su producción fue vasta, tanto en novelas como en relatos cortos.

Sin embargo, no conseguía salir adelante, vivió con dificultades económicas y necesitando ayuda toda su vida. Además, comparte con Van Gogh el caminar por el filo entre la cordura y la locura, tenía visiones y posiblemente brotes psicóticos. Como podéis leer en el completo artículo de Wikipedia:

Dick aceptó estas visiones como reales, buscando otras explicaciones racionales y religiosas, creyendo que había establecido contacto con una entidad divina de algún tipo, a la que se refería como Cebra, Dios, o más frecuentemente SIVAINVI. SIVAINVI es el acrónimo de SIstema de VAsta INteligencia VIva (en inglés VALIS: Vast Active Living Intelligence System).

Ahora, todos conocemos sus historias por las adaptaciones cinematográficas que se han hecho de ellas, por ejemplo, Blade Runner, adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? o Desafío total, adaptación de Podemos recordarlo por usted al por mayor, por citar las más conocidas.

¿Se sabe si en alguna escuela de negocios o en algún libro sobre el éxito se pone como ejemplo a Philip K. Dick? Parece dudoso.

Este escritor comparte con van Gogh la carga de un hermano muerto, en este caso, el fallecimiento de su hermana melliza a las pocas semanas de nacer.

The Biograph Girl

Florence Lawrence en su coche

Florence Lawrence fue una actriz de cine mudo que comenzó su vida artística de niña, actuando junto a su madre. Tuvo mucho éxito y se la conoce como la primera actriz de la que se supo su nombre (hasta entonces, los actores no aparecían en los títulos de crédito).

Fue una mujer entusiasmada con la mecánica. En 1912 se compró un automóvil, algo bastante peculiar para una mujer de esa época. Florence inventó un mecanismo que funcionaba como una señal de intermitente. Al apretar un botón, se levantaba o bajaba una bandera en el parachoques trasero, indicando la dirección. Además, también desarrolló un invento para avisar a los motoristas de un stop próximo. Al pisar el freno, aparecía una pequeña señal que decía “Stop” en la parte trasera del coche. Además de esto, inventó el primer limpiaparabrisas eléctrico, que se comercializó en 1917. No fue hasta 1925 que se patentó algo parecido al invento de Florence.

Si ahora sabemos esto es porque se ha escrito sobre ello, pero es probable que en su época el hecho del invento pasase bastante desapercibido.

Su historia no acabó bien… Tras un accidente de trabajo, quedó desfigurada y con la espalda rota. Le empezó a ser más difícil trabajar, ya no le daban papeles protagonistas. En su vida personal, fue enlazando matrimonios desastrosos y empezó a sufrir de una enfermedad de los huesos. Acabó suicidándose.

El caso 112

Fotografía de Rosa Pérez Lema, también fue conocida como Rosita Lerma

En 1991 vi un documental sobre una vagabunda que había muerto al caer por las escaleras del metro y que había sido actriz cuando era joven. La historia me dejó muy impactada. He logrado localizar este documental sobre Rosa Pérez Lema y recomiendo encarecidamente que lo veáis, porque ilustra a la perfección la vida de una persona que parece triunfar y que luego se hunde en el fracaso más absoluto.

Rosa Pérez Lema comparte algunos hechos biográficos con Florence Lawrence. Como ella, procede de una familia artística, en este caso, acróbatas de circo, por lo que muy temprano aparece ya en espectáculos.

Si ves el documental, observarás que ella lo intentó una y otra vez, como actriz y después como rejoneadora, ella quiere triunfar, se lo cuenta a todo el mundo, llega a compartir foto con Francisco Rabal o con El Cordobés

112 es el número de la tumba de persona no identificada en la que fue enterrada hasta que aquel equipo de televisión se interesó en saber más sobre ella, en una investigación ardua y profunda.

¿Cuántos de estos fracasados con éxito habrá a nuestro alrededor?

No sabemos nada. Están ocultos. Puede que tengan un cierto éxito, no vamos a negar que van Gogh vendió algunos cuadros, que Phillip K. Dick ganó varios premios y publicaba regularmente, que Florence Lawrence hizo más de 300 películas y llegó a tener mucho dinero, que Rosita Lerma destacó como rejoneadora…

Pero, ¿quién sabe dónde están ahora las personas como ellos? ¿Saben ellos/ellas que podrían ser especiales para generaciones futuras? ¿Cómo vivirán el fracaso? ¿Intuirán la genialidad de su obra, de sus inventos, y verán cómo no les es posible persuadir a casi nadie de su importancia?

Si siguen estas trayectorias atormentadas y horribles, seguiremos sin saber nada, solo algunos privilegiados estarán cerca de sus capacidades, y serán otras generaciones las que los descubran. Son como los cisnes negros, fenómenos atípicos que no se pueden predecir…

Los ricos también lloran

Se ven dos embarcaciones de recreo, probablemente de ricos... que también lloran

Siempre puede haber alguien a quien le vaya peor que a ti. Se tenga el problema que se tenga, no estamos solos, los que nos rodean tienen problemas iguales o mucho peores. A esto lo llamo yo “los ricos también lloran”, que para mí significa que no importa lo bien que te vaya en la vida (salud, dinero, amor, trabajo), algo te puede caer en cualquier momento que empañe tu felicidad.

Relativizar

Lo mejor: relativizar, desdramatizar, quitar hierro al asunto. Lo que nos pasa a cada uno de nosotros es común a lo que le pasa a otros. Cuando nos ensimismamos en nuestro propio ombligo se nos olvida el sufrimiento ajeno. Conocerlo y tener compasión por los demás ayuda bastante a relativizar nuestros propios problemas, que al final resulta que no son tan graves… O que, si lo son, tienen cierto consuelo en compartirlos.

Cuando te apetece quejarte

Si lo que necesitas es quejarte, plantea tu problema en un grupo. Espera las respuestas. Seguramente escucharás muchas desgracias que harán tu problema mucho más pequeño y te ayudarán a olvidar la queja por un tiempo.

Lo cierto es que, sea lo que sea aquello de lo que te quieras quejar, siempre encontrarás a alguien al que le ocurre algo mucho peor. Los lugares habituales para encontrar quejas peores que las tuyas son la oficina, la puerta del colegio, el gimnasio o las actividades de ocio.

Es como el mus

Lo cierto es que compartir quejas puede convertirse en un juego al que juega la gente adulta, que quizá esté descrito por Eric Berne.

Parece el mus.

Tras la ronda de descarte, se empieza a envidar a la grande. La grande son por ejemplo enfermedades crónicas, no tener trabajo, perder a la pareja, estar en quiebra.

Luego se envida a la chica. La chica es tener una uña rota o un padrastro, tener un constipado, haberse tenido que duchar con agua fría porque no había gas, etc.

Pares puede ser un juego de padres: cuántos hijos tienes (pareja, trío…), qué problemas tienes con cada uno, con sus colegios, con sus profesores, con sus actividades…

Y el órdago es cuando uno de los jugadores de pronto suelta una bomba. Están todos jugando a grande, o a chica, y de pronto un jugador dice: “con metástasis”. O dice “y se murió”. O peor aún: “se mató”.

Por si hay dudas, este es el espíritu

 

O este:


Fuera ya de la descripción del juego, en la que he querido ser un poco irónica a la manera de Berne, lo cierto es que compartir nuestros problemas ayuda a ponerlos en su sitio, a conocer y comprender problemas mayores y a sentirse escuchado/a y acogido/a.

(*)Me ha faltado encontrar un símil para “juego” en el mus, para sumar 31 con las cartas. Sería algo que acumule puntos… O quizá las cosas que se me han ocurrido son oscuras y he decidido no compartirlas.

Misión: vivir tu vida

Esa es la misión, parece simple: vivir tu vida.

Pero ojo, no pone “vivir la vida” sino “vivir tu vida”. ¿Por qué?

Por que de “vivir la vida” se pasa fácilmente a “disfrutar de la vida” y de ahí a “divertirse en la vida”.

No es que vivir tu vida no implique disfrutar y divertirse.

Es que en tu vida hay situaciones y personas que no tienen nada que ver con disfrutar y divertirse porque son difíciles y no te gustan.

Vivir tu vida plenamente es ir experimentando todo lo que te va llegando, o “te toca”, o “aparece en tu camino”, todo es lo bueno y lo malo. ¿Bueno y malo? Muchas veces no son más que etiquetas, ¿cómo determinamos que algo es bueno o algo es malo?

En cualquier caso, la misión es bastante más difícil de lo que a priori parecía, aunque no imposible.

Un camino en un bosque que implica cruzar un puente

¿Qué ocurre cuando no quieres vivir lo que te toca?

Por ejemplo, no quieres ni ver a una persona con la que te toca interactuar, sea tu jefe o jefa, sea un familiar, sea alguien en un grupo de amistades o de aficiones… Y lo que observas es que esa persona es demasiado visible, siempre está ahí, cuando menos la soportas más la ves, más chocas con ella.

Incluso si la persona es un personaje público con quien no interactúas pero que aparece en la tele, es posible que te dé la sensación de que “no hace más que salir”, “con lo que odio yo su cara, ¿de qué se está riendo?”, etc.

O si no quieres pasar por una situación, por ejemplo un pico de trabajo, te resistes a quedarte más horas, te resistes a hacerte cargo, y da la sensación de que cada vez tienes más trabajo, que cada vez es más difícil, que el trabajo te asfixia, te derrumba.

Es decir, que cuando no lo quieres vivir, aquello que no quieres vivir parece hacerse más grande. Y es posible que se deba a que le prestas más atención de la que merece, lo magnificas, le das un espacio que le quitas a otras cosas de tu vida que sí te apetece vivir.

¿Qué ocurre cuando confundes vivir tu vida con divertirte?

Propio de los escapistas profesionales. Se dicen:

Vale, voy a vivir mi vida por todo lo alto, a tope.

Esto significa salir de juerga, beber, trasnochar, o significa gastar el dinero que no se tiene, o incluso no parar quieto/a entre unas aficiones y otras, casi con la obligación de divertirse y disfrutar, huyendo de todo lo demás.

Es un modo de vida de la juventud, si estás entre los 18 y 23 años, más o menos, cuadra bastante: vives con tus padres, quieres quemarlo todo, darlo todo, recibirlo todo.

Cuanto más alejado de esas edades, más posible es que con este comportamiento te ocultes aspectos “negativos” de tu vida, que quieras hacer como si no tuvieras achaques, que quieras salir con gente más joven para creer que tú eres más joven o que te dé la sensación de que los de tu edad están amuermados.

Vale, puede que lo estén…

Pero te está faltando mirar de frente “la otra parte”, la cara oscura de tu vida, lo que tapas a base de actividad. Puede que la otra parte sea simplemente que has pasado de los 40 (o de los 50, etc.) y no puedes tolerar envejecer. Puede que sea una dolencia. Puede que sea una situación familiar difícil. Sea lo que sea, no lo estás viviendo y sin embargo permanece.

Entonces, ¿qué pasa? Hemos dicho antes que si prestábamos mucha atención a lo difícil lo hacíamos crecer y ahora decimos que si no le prestamos atención, lo difícil permanece ahí como si nada.

¿Cómo vivir lo difícil?

Pues realmente un poco de atención hay que darle: la suficiente para vivirlo, experimentarlo, darle paso y dejar que pase. Esto me recuerda a la escena de El club de la lucha en que Tyler Durden quema con ácido la mano del protagonista mientras le conmina a vivir el dolor, no apartarlo con imágenes mentales (a partir del minuto 0:50 más o menos):

 


En conclusión, ¿vives tu vida? Me gustaría conocer tu opinión.

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

De belleza y de dolor

Lo que embellece a una persona es la grandeza con la que asume sus cargas

Cuando era adolescente tenía fotos de Tom Cruise y de Michael J. Fox en la pared y en la carpeta. ¡Cómo no! ¡Qué guapos! En esa época y durante muchos años no tenía ninguna duda de que la belleza es algo físico y que enamorarse de la belleza es solo cuestión de mirarla. En comparación, yo no me sentía muy bella y para mí era totalmente imposible que un tío con ese aspecto se fijase en mí.

Una vez, por esa época, Cristina Almeida dijo en la tele que te das cuenta de que el hombre de tu vida no es uno de esos guapos, sino un señor normal, quizá calvo, quizá con barriga, quizá no muy alto, digamos Pepe Pérez, con un aspecto que habrías rechazado sin duda antes de madurar.

Y yo recordaba esto y decía: “eso es tirar la toalla”.

Y vas caminando por la vida y, sin darte cuenta, notas que el guapo aquél resulta que por dentro no es nada guapo, que sigue siendo un niño porque no ha tenido que enfrentarse a dificultades. Y ves a aquel otro, guapo o no, que lleva una carga muy dura, que asume con grandeza, que tiene un destino difícil, y lo abraza. Y de ese te enamoras.

Una mujer y un hombre se abrazan y sonríen

Lo repito porque esto es un hallazgo:

Lo que embellece a una persona es la grandeza con la que asume sus cargas.

Lo que quita luz a una persona es la manera en que lleva sus miedos

El miedo paraliza, encoge, congela, oprime, encierra, encarcela a la persona.

Lo miras y ves a su alrededor un muro impenetrable, te chocas con él, notas una distancia que te hace alejarte. No puede ser de otra manera: por más que una persona llena de miedo esté deseando ser vista, tocada y querida, muestra todo lo contrario.

Es una carga también, sin duda: algo hay en la trayectoria personal de quien tiene mucho miedo, algo o muchas cosas, que le han llevado a construir un muro defensivo del que a veces no es consciente pero que desde fuera se ve con claridad. Como no es consciente, es una carga no asumida. Un trauma no superado. Un bloqueo que se va a deshacer cuando haya alguien tan valiente como para tocar a la puerta.

El trabajo que da el miedo es grande. Para cultivarlo hay que tener un listado de reglas que se saca cuando surge una situación que dispara las alarmas. Hay que echarle horas a espantar fantasmas:

  • Llevando un aspecto impecable, no sea que alguien vea alguna imperfección.
  • Pasando la noche a base de zumos, no sea que alguien me vea borracha y empiece yo a hacer cosas de las que luego podría arrepentirme.
  • Midiendo las palabras y los gestos, no sea que en un descuido toque a otra persona u otra persona me toque a mí.
  • Instalando alarmas reales y figuradas en todas partes: la casa y el cuerpo.
  • Desinfectando todo para alejar “bichos”, ya sean bacterias, insectos o personas.

Y lo contrario de todo esto es volver al punto 1: asumir el propio destino, los propios traumas, entrar en “las cloacas” propias a ver lo que realmente hay, saberlo y moverse entre la gente con ello puesto, trabajando con uno mismo/a para ir soltando lastre, comprendiendo que tocar el alma de otro solo es posible a través de la rendición ante quien se es, con todo, especialmente con aquello de lo que quisiéramos huir.


Tal vez la carga y el miedo sean dos caras de una misma moneda: hubo dolor, hubo sufrimiento, ahora me construyo el parapeto del miedo para no volver a sufrir. Lo que pasa es que si no vuelves a sufrir, no vuelves a vivir, nada te llega, no estás aquí.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

 

Soltera se dice single

Se va marcando la diferencia entre lo que se supone que era la solución esperada y tradicional (familia con hijos) y lo que está siendo la solución inesperada y novedosa (todo lo demás).

En particular me refiero al número creciente de personas solteras o divorciadas que llevan un estilo de vida que hasta hace muy poco era accesible únicamente a los hombres y, aun así, tampoco muy apetecible.

Estar soltero sigue siendo caso aparte

La sociedad no se acaba de adaptar a este nuevo estilo de vida a la velocidad necesaria. Hace ya muchos años que existen familias monoparentales y tanto mujeres como hombres que permanecen solteros o divorciados a edades en las que hace bien poco se estaba “felizmente” casado con hijos.

¿A qué me refiero con la falta de adaptación?

  • Por ejemplo, no se edifican viviendas para esta realidad, se siguen construyendo pisos de 2-4 dormitorios, como si el objetivo de todos tuviese que ser formar una familia numerosa.
  • O por ejemplo, no se destina ninguna política social que contemple las necesidades de estas personas, a menos que sean de la tercera edad. La soledad de los solteros se piensa que es buscada, como se puede deducir de lo que cuenta Judith Duportail en este artículo sobre ligar en la era Tinder de Beatriz Serrano.

Antes también había solteros y solteras, y aquí hago la separación de géneros porque antes no era lo mismo un soltero que una solter(on)a: un soltero vivía solo y hacía una vida de crápula (se supone, se espera o se atribuye) y una solter(on)a vivía con la familia y ayudaba al cuidado de los hijos de otras. Había hasta un refrán:

El buey suelto, bien se lame [porque no tiene yugo…].

Pero no quiero volver atrás en el tiempo, más bien describir lo que sucede ahora pero no se acaba de digerir, el creciente número de personas que viven solas y que son como calcetines desparejados, que permanecen al margen de lo que hacen “las familias” (todo aquello que gira en torno a los niños), que se van buscando la vida y la van inventando, porque no estaba descrita en ninguna tradición.

Soltera se dice single

Para eliminar la carga de la palabra soltera, ahora se usa la palabra single.

Los singles son gente que principalmente se divierte en actividades para singles, en las que pueden conocer a otros singles y potencialmente ligar con ellos para dejar de ser singles.

Un velero en el agua con muchos singles abordo

En esto sí hay una adaptación del ocio: hay viajes para singles, salidas para singles, encuentros para singles… Porque se entiende que los singles no tienen nada que ver con “las familias”, son entes que “han elegido” estar solos en su vida aunque bien pudieran en cualquier momento llevar una vida “tradicional”, solo que no quieren (no pueden).

La descripción de un single suele conllevar un comentario que en el fondo parece describir las obligaciones de este tipo de vida:

No te creas que se queda en casa: sale, se divierte, viaja… ¡no para!

Antes (el antes de la época de mis padres y abuelos) las familias eran versiones extendidas: en una casa se juntaban los padres y los hijos, pero también los abuelos y un tío abuelo que andaba por ahí, o una hermanastra de la madre, etc.

Ahora, las familias son versiones exiguas de la familia nuclear: uno o dos de los padres y el hijo, o los dos hijos. Y por supuesto, muchas variaciones sobre el tema.

Antes entonces en la familia estaban incluidos todos aquellos miembros que, por la razón que fuese, se habían quedado solteros o eran viudos. Si había que ir a algún sitio, iban todos juntos. Era un grupo variopinto y tenían que trabajar por llevarse bien porque compartían espacios reducidos.

Y ahora, de “las familias” estamos excluidos todos los que no tenemos nuestra propia familia, idealmente formada por dos adultos que son pareja y uno o dos niños. Y todos los demás, fuera, que se las apañen.

Así, lo que antes se resolvía con una casa no muy grande pero con varias “estancias” o literas o sofás-cama, ahora se resuelve con varias casas, a veces una por persona. Y esto hay que responderlo en el mercado inmobiliario, pero sospecho que no con esas cápsulas de procedencia japonesa, sino con un estudio realista de cómo se distribuyen ahora las familias extendidas y qué soluciones se les pueden ofrecer.

No se tiene en cuenta en ningún momento la carga económica de ser soltero, fundamentalmente compuesta por los gastos de vivir en soledad,

…porque tú lo has elegido.

Soltera de soledad

Esto no va exactamente de casas, tampoco va de actividades de ocio, no va siquiera de lo caro que puede resultar no seguir el modelo de “las familias”. Esto va de soledad, la misma soledad que se revelaba en esa mujer que sale a sentarse al banco frente a su casa para poder ver gente. La soledad del que se ve obligado a crear un escaparate virtual en Instagram tras el que parapetarse. La soledad de la que insta vehementemente a sus amigas a acudir a fiestas en terrazas de moda. La soledad de la que se alimentan entonces las redes sociales y muchas de las soluciones de ocio, y si se alimentan de ella la tienen que potenciar, como también explicaba Judith Duportail en el artículo mencionado.

No importa que estés sola mientras demuestres que lo has elegido y que eres muy feliz así. Mejor usemos palabras en inglés para alejar connotaciones y cargas de significado de viejas épocas:

No importa que seas single mientras que muestres llevar una vida muy cool.

¿La puerta está abierta?

A veces [los seres humanos] son metidos en jaulas y tratados como ratas, manipulados y sacrificados a voluntad por sus amos. Pero muchas veces la jaula tiene una puerta abierta, y un hombre no tiene más que salir si lo desea. Si no lo hace, normalmente es su guion el que le mantiene allí.

Eric Berne

La historia

Una mujer mayor sentada en un jardín con hortensias

Hay una vecina mayor a la que veo muchos días sentada en un banco en la acera de enfrente de su casa. Debe de haber unos 5 o 10 metros entre el banco y la casa. Desde ahí ve pasar gentes y coches a la sombra de unos árboles.

Desde fuera, veo una cadena invisible que ata a la señora a la casa, como si fuese un perro, como si fuese un pájaro dentro de una jaula abierta.

Quizá hay otra vecina mayor que no consigue ni eso: está siempre dentro de su casa y no la vemos. Está totalmente sola y engaña al silencio con la tele y la radio. No tiene ninguna dolencia grave pero no es capaz de salir.

¿Cuál es la historia de estas mujeres?

Los límites

Siempre que afirmes que no eres capaz de hacer algo, habrá una persona que te dirá que alguien con tu mismo límite (enfermedad física, enfermedad mental, edad, condición, situación económica…) lo ha logrado y ha hecho muchísimo más. Se lo pueden contar a esa señora a menos de diez metros de su casa y también a la otra, a la que solo mira al exterior corriendo un poco el visillo.

¿Hay o no hay límites? Parece ser que muchos seres humanos son capaces de lograr lo extraordinario y también parece ser que muchos otros encuentran límites tan duros como paredes y, cuando tratan de empujarlos y ampliarlos, lo único que consiguen son golpes. Y aun otros que no encuentran esos límites porque no los buscan.

No tengo claro si los límites son impuestos desde fuera o desde dentro, si se nace con ellos o si surgen como respuesta a un acontecimiento traumático. Si seguimos la cita de Berne, pensaremos que los hemos forjado entre los 5 y los 7 años como un guion de vida.

En cualquier caso, no tengo claro si hay que “luchar” contra los límites que se perciben.

La mejora continua

En particular, pienso en todos aquellos trabajos de crecimiento o “mejora”. ¿Mejora? Cuando se piensa en mejorar algo se piensa que no está bien tal cual está.

Ya, ya, me diréis: pero si una gran sección de tu blog trata sobre el desarrollo personal. Pues es así. Quizá el matiz sea que pienso que una persona puede desarrollarse y seguir siendo tal y como es.

Por ejemplo, seguir teniendo un guion “hasta” (hasta no terminar las obligaciones no puedes disfrutar) pero que este guion sea más amable, menos dramático.

O por ejemplo, desarrollar una nueva habilidad y trabajarla “creciendo”, pero sin dejar de ser quien se es; es más, aceptando, apreciando y llevando con dignidad aquellas características que nos hacen ser personas únicas.

Aceptar la diferencia

Pienso que las “ayudas” a “mejorar” que no funcionan son aquellas que se basan en lo siguiente: identifican los límites de una persona y a continuación buscan que desaparezcan a partir de “nuevos hábitos” que la persona abandonará pronto, porque no los ha podido integrar y porque son un ataque directo a esa persona tal cual es.

La ayuda que acepta la diferencia comienza por uno mism@. Primero dices: yo soy así, incluso aunque no le guste a los demás, incluso si me dicen x (que soy aburrida, autoindulgente, dependiente, procrastinadora, que tengo un trastorno, que debería salir y divertirme y viajar e irme lejos…).

A esas mujeres, la que no puede avanzar más allá del banco frente a su casa, la que no puede si quiera pisar la calle, les podemos reconocer su diferencia, comprender su dolor con compasión, quizá decir: si algún día te animas a dar un paso, yo te acompaño.

La grandeza de los que aceptan sus circunstancias

Creo que te he podido dejar con mal cuerpo cuando te he hablado del guerrero Mandika Kunta Kinte convertido en un Toby que va contestando a todo “sí, amo”.

Y sin embargo voy a seguir por ahí un poquito más.

Para calmar la ansiedad y el dolor que produce aceptar circunstancias adversas, recuerda que hace unos años llegamos a la fórmula para poder decir “Me llamo Kunta” y aun así, seguir insertado de lleno en esta sociedad. Fue gracias al gran Moustache.

Una tribu de cazadores recolectores ajena a las incomodidades

Crecer en la adversidad

Y es que las dificultades nos hacen grandes.

Vamos a profundizar un poco en esto: si un bebé nunca tiene que pedir nada porque unos padres ultra perfectos le proporcionan todo a tiempo, nunca sentirá hambre, sed, ganas de orinar, los pañales mojados… Nunca se sentirá incómodo y nunca tendrá que reclamar atención: ya la tiene.

Si este bebé de padres aparentemente ideales crece con las necesidades cubiertas antes de que sean sentidas como carencias, considerando un mundo en que nadie externo le frustrase, de mayor sería una especie de ameba: no habría tenido que ingeniárselas para conseguir nada.

Todo le ha sido dado, no ha tenido dificultades ni traumas, no ha tenido que desarrollar estrategias para enfrentar las dificultades, los conflictos. ¿Cómo se va a relacionar con sus semejantes? Quizá dando por supuesto que todo se le debe, desconociendo la posibilidad de darse.

Al contrario, cualquiera de nosotros/as no ha necesitado ser Kunta Kinte para encontrar muchas dificultades por el camino y superar diversos traumas. Y gracias a las dificultades hemos puesto en marcha la creatividad para salir de ellas.

Los beneficios secundarios

Ya hemos hablado alguna vez de los beneficios secundarios aquí, aquí y aquí.

¿Qué beneficios secundarios puede extraer Kunta Kinte de insistir en sus creencias anteriores? Pues quizá justificar su falta de adaptación a la realidad. La realidad en Estados Unidos donde es un esclavo y no un guerrero. No hay otra cosa.

También le permite seguir sintiéndose grande, alguien de ascendencia guerrera, alguien con un nombre por escudo. Más grande que los que le rodean, que simplemente se han sometido. Más grande también es por encima.

Incluso puede buscar ser perseguido, con el fin de mostrar sus excelentes capacidades como guerrero. Un guerrero que siempre va a perder la batalla porque está en clara desventaja.

La aceptación

A través de la aceptación de esta nueva condición de esclavo Kunta Kinte podría aprender nuevas estrategias para salir adelante: ofrecer sus capacidades como jinete, formar una familia en su nuevo entorno, aprender nuevas habilidades que le puedan hacer más fácil la vida como esclavo.

Nada de esto es deseable, son estrategias de supervivencia para adaptarse a las circunstancias reales y presentes, estrategias que pueden hacer su vida más amable, en lugar de estar en continua lucha fútil contra un sistema que no le reconoce por quien es.

Estar cómodo en la incomodidad

Pablo Motos preguntó a Will Smith en El hormiguero cómo se enfrentaba a situaciones que provocan miedo (estaban hablando de que Will Smith celebró su 50 cumpleaños descolgándose de un helicóptero sobre el cañón del Colorado…). Y Will Smith dijo algo tan sencillo como esto, se trata de

Estar cómodo en la incomodidad.

¿Puede estar alguien más incómodo que un guerrero Mandika tumbado en la bodega de un barco de esclavos rodeado de personas como él que de pronto son tratadas como mercancía? ¿Puede alguien estar más incómodo que Kunta Kinte teniendo que aprender a decir “sí, mi amo” y a escuchar cómo le llaman Toby?

Y sin embargo, la comodidad quizá sea el mayor enemigo de la creatividad, del ingenio, del buscarse las castañas. La comodidad es pasiva, está parada, nada fluye y se parece un poco a la muerte. El exceso de comodidad apaga la atención, el estado de alerta.

Por increíble que parezca, el instinto de supervivencia hace que los seres vivos se sientan rápidamente cómodos en la incomodidad. Esto les puede llevar a aceptar situaciones inadmisibles que sí se pueden cambiar. De esto hablaremos en otra ocasión.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

My name is Kunta

En línea con el artículo anterior, a veces no es posible mantener la autonomía:

Es necesario claudicar para sobrevivir.

Esto me vino a la cabeza mientras veía la miniserie Raíces, la famosa historia de Kunta Kinte y su descendencia.

Se muestra la carátula de la serie Raíces, en la que aparece Kunta Kinte con una frase sobre su rostro: I am Kunta.

Sin ánimo de hacer spoiler, podemos explicar que la tribu de los Mandika pone el nombre a los recién nacidos con un ritual ceremonioso, pues “tu nombre es tu escudo“. Así, cuando Kunta Kinte, entrenado para ser guerrero en su tribu, es llevado como esclavo a los Estados Unidos, no es capaz de renunciar a su propio nombre. 

En varias escenas, algunas realmente duras, se le repite: “Tu nombre es Toby”. Ha entrado como esclavo en una casa donde lo primero que hacen es cambiarle el nombre por uno muy manejable, como de perro.

Pero le hemos visto antes en su tribu, en sus orígenes, en sus raíces, siguiendo una vida “libre” dentro de otras convenciones.

Siento un enorme respeto por los que tuvieron que ser esclavos y sus descendientes, al ver de qué manera tan fácil se puede tratar de reducir a un ser humano a un objeto, comenzando por cambiar su nombre y borrar así sus raíces. Su grandeza no es vista. Incluso el más avispado, capaz de tocar el violín, tiene que hacer un papel como de bufón ante esos blancos.

Pues bien, después de todo esto…

No seas Kunta Kinte

No. Es el momento de comer ajo, te siente como te siente. En determinadas situaciones que no tienen una fácil vuelta atrás (a ver cómo se va Kunta Kinte de Estados Unidos sin tener ningún medio ni autonomía) es mejor decir: “Me llamo Toby”.

Doloroso.

Humillante.

Contrario a las propias raíces.

Decir “Me llamo Toby” (el equivalente a comer ajo del artículo anterior) es la estrategia de supervivencia necesaria en muchos casos. Por muy alto que les digas a todos “My name is Kunta”, no solo no es apreciado que reveles tu esencia interior, sino que puedes llegar a morir por ello.

No confundas tu esencia con tus valores

Es importante aclarar esta diferencia. Y es difícil reconocer el límite entre la propia esencia y los valores que tenemos insertados en ella. La esencia no se puede cambiar, pero los valores sí. Creencias y valores se pueden actualizar para adaptarse al momento y lugar presentes, ya que fueron adoptados de forma inconsciente en momentos y lugares diferentes.

“Me llamo Kunta Kinte” es tu esencia.

“Mi nombre es mi escudo” es tu creencia.

Los valores de Kunta Kinte son los de la tribu Mandika. Serían igual de incómodos para un blanco que se hubiera esclavizado y llevado a la tribu.

Vale, volvamos al occidente del siglo XXI y digamos de qué estamos hablando: en determinadas situaciones es necesario sacrificar tus valores para conservar un bien mayor (un trabajo, la libertad). Recuerda que tu esencia quedará intacta.

Ejemplos donde más vale ser “Toby”

  • Sabes más que tus jefes. Sabes que algo se podría hacer mucho mejor. Cuando lo has expuesto, esto ha chocado con la cultura corporativa. De hecho, desde entonces te miran “raro”. Algunos de tus superiores pueden sentirse amenazados. Si no tienes un plan claro de salida, una alternativa, puedes tener que decir: “Me llamo Toby”.
  • No aceptas una norma arbitraria. Eres capaz de señalar de forma inteligente por qué es absurdo seguir cierta norma, cierto proceso, cumplimentar cierta información… Esta habilidad tuya puede ser lo peor para la organización en la que te encuentras: puede que estés identificando tareas innecesarias que dan trabajo a mucha gente, sin las cuales habría que reconocer que sobra personal. En estas ocasiones, te puede convenir reconocer: “Me llamo Toby”.
  • Todos se ponen de acuerdo sobre algo. Desde el principio te parece que el “algo” es falso o no está basado en datos o evidencias. Observas que el grupo es feliz elaborando sobre ese algo que no es cierto. Cuando planteas tus opiniones al respecto el grupo entiende que estás en contra de ellos y no de la afirmación falsa. Es el momento de decir: “Me llamo Toby”.
  • Las cosas se hacían de una manera. Cambia el signo de la dirección. De pronto, las cosas se hacen de otra. Tú recuerdas perfectamente que antes se hacían de forma más eficiente. Al exponerlo, te das cuenta de que defender el antiguo modelo te puede poner en el grupo de los que van a ser despedidos. Necesitas afirmar: “Me llamo Toby”.

¿Te llamas Toby? ¿Se te ocurren más ejemplos en los que defender tus valores puede salirte muy caro? Se admiten comentarios y sugerencias. ¡Gracias por leer!

Cuestión de estómago

¿Tienes ardor? Tómate este antiácido. ¿Tienes gases? Tómate este comprimido de simeticona. ¿Te sienta mal el ajo? Tómate una sal de frutas después de comer.

El mensaje es:

¿No eres capaz de tragar con esto? Pues tienes que tragar, así que te tomas esto otro para poder comer lo mismo que los demás y ser uno de los nuestros.

El mensaje no es: ¿no te entra esto? Pues no lo comas, busca aquello que sí te sienta bien y come de eso. ¿Por qué? Porque si cambias de alimento te vas por otro camino.

Un hombre se pone las manos sobre la zona abdominal en señal de que le duele el estómago

Tienes que ser uno más

Todo esto es un símil para hablar de los mensajes que recibimos continuamente, en especial en entornos corporativos. Estos mensajes toman un formato de “tienes que”, “debes”, “procura”…

Tienes que ser exactamente como los demás, debes abandonar tus diferencias, procura no dar la nota, tienes que destacar pero siendo igual al resto.

Por ejemplo, los criterios de clasificación de tipos de líder, estilos de aprendizaje o tipos de personalidad primero etiquetan a los individuos a través de un cuestionario para después señalar sus “flaquezas”, que son los rasgos que aparecen destacados en ese cuestionario y que distinguen a esa persona de otras con otros rasgos. Estos criterios dicen a la persona:

Según tus respuestas, eres color amarillo, procura dejar de ser tan amarillo y parecerte un poco más al rojo, el estilo opuesto al tuyo.

Es lo mismo que lo del estómago: no importa cuáles son tus rasgos, tienes que cambiarlos (al rojo le están diciendo que se tiene que parecer un poco más al amarillo).

El objetivo final de no diferenciarse es favorecer la pertenencia (sumisa) al grupo, lo que se llama alinear los objetivos personales con los de la corporación que sea.

No estás bien

La mayoría de las personas, al recibir un bombardeo constante de mensajes “no estás bien” acaba por creerlo. Acaba por justificarse: “Es que a mí no me sienta muy bien el ajo, no debería comerlo, pero bueno, haré una excepción, luego me tomo un antiácido”. Esta justificación es muy bien acogida por el resto.

Nadie que se salga de los criterios comunes de un grupo “está bien” para ese grupo.

Los mensajes “no estás bien” los recibimos desde la infancia y aseguran la pertenencia al grupo. Dejar de pertenecer siendo un niño equivale a la muerte: un niño abandonado en medio de la jungla. Entonces, las intenciones de grupo al señalar “no estás bien” ante conductas no aprobadas son buenas. El resultado es como esa frase:

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

De manera que “Mira Juanito cómo hace caso a su madre y come ajo” acaba por interiorizarse y convertirse en una creencia propia “es bueno comer ajo… y el que no come ajo no es bueno”. A partir de ahí, y hasta que consigamos ser conscientes de cuáles son estas creencias, este mantra forma parte de la persona y le parece lo más razonable.

¿Y quiénes son esos del grupo?

Cuando hablamos del grupo que come ajo parece que hablamos de una personalidad colectiva, global e indistinta. Pues algo así. Cada individuo por separado puede tener sus estar o no estar bien, sus opiniones con respecto al ajo, y al mismo tiempo formar parte de cualquier colectivo.

Este colectivo se comporta como un individuo adicional, englobando en él al resto, un poco arrastrándolos a unos valores y creencias que suelen estar por debajo del nivel consciente. Es casi como una tribu con sus rituales. De pronto los ves ahí, haciendo la fogata, bailando en torno al fuego con unas máscaras.

Los que se dan cuenta

Aunque el grupo se comporte como una sola masa inconsciente, podemos distinguir varios personajes en él.

  • Hay personas a las que el ajo les sienta estupendamente, pueden comerse una cabeza de ajos crudos y quedarse tan a gusto. Estas personas son ejemplo para todos los demás: son los héroes del grupo. Se debate si ser comedor de ajo se nace o se hace, aun así, se estudian las conductas del comedor nato de ajo para extenderlas al resto.
  • Otras personas no tienen tanta suerte, el ajo no les sienta muy bien, pero se esfuerzan. Los que se esfuerzan mucho para encajar en el grupo come ajos suelen ser los que imponen a las nuevas incorporaciones (generaciones) el comer ajo. El esfuerzo está premiado y también se pone como ejemplo a los demás: aunque no te siente bien, debes esforzarte.
  • Por otro lado, hay una serie de personas que se dan cuenta de todo esto y deciden abandonar el grupo para poder “estar bien” fuera de él. Esto es un camino de crecimiento: siempre que te apartas de una tendencia común estás caminando hacia tu propia autonomía, y puede que hacia tu propia soledad.
  • Otras personas también se dan cuenta pero deciden permanecer en el grupo a costa de fingir que les sienta bien el ajo. Saben que no les sienta bien, procuran evitarlo, pero si hay una prueba o ritual de grupo en la que hay que comer ajo, son capaces de comerlo crudo con tal de no mostrar una distonía con el resto. Ya se tomarán después lo que haga falta. Ya son conscientes, pero no son capaces de salir o no les compensa perder los beneficios secundarios de la pertenencia.
  • Finalmente, otro grupo de personas se dan cuenta de cómo son, deciden honrarlo y continúan en el grupo ¡sin comer ajo! ¿Cómo lo hacen? Son capaces de defender su autonomía y permanecer en el grupo, respetando al grupo y al tiempo ganándose el respeto de los demás, que acaba por admitir que “Pepita no come ajo. Sí, es una rareza, pero no la tenemos en cuenta porque… (coopera, colabora, está muy metida en el grupo…)”.

¿Cuál es el camino?

1) Ser consciente

El primer paso para cualquier cambio es ser consciente. Esta conciencia puede nacer al ver una película o leer un libro, puede surgir al reflexionar sobre algo de nuestra vida que no funciona, puede aparecer como una chispa en una conversación con una amiga… Ser consciente es como despertar, es como quitarse unas gafas de sol muy oscuras.

2) Elegir estar bien

Después de ser consciente, es necesario hacer una elección. Elegir que “estás bien”. Que, a pesar de todos los mensajes que recibes y seguirás recibiendo, resulta que tu estómago funciona a la perfección y que simplemente no toleras el ajo y no lo vas a comer, y eso está bien. Para que la elección sea firme, es necesario tener una cierta autoestima, con el fin de que la elección prevalezca sobre cualquier nuevo comentario con respecto a comer ajo.

3) El enfrentamiento

Una vez respetas tu propia elección de “estar bien” llega una fase de batalla campal, sobre todo si has sido una persona que comía ajo sin rechistar. Ahora, de pronto, no quieres. De pronto, decides que estás bien así, sin comer ajo, y que incluso prefieres (¡qué osadía!) tomar jengibre, qué sé yo. Sorprendente. Puede que te echen de algún grupo, sin esperar al siguiente paso por tu parte. A veces, el precio de la propia autonomía puede ser alto.

4) Decidir tu camino

El siguiente paso es volver a decidir; esta vez decides si te quedas en el grupo al tiempo que te haces autónomo o si te vas porque una persona autónoma no puede permanecer en ese grupo.

Si se hace desde la apertura y total aceptación de los demás, estén en la fase que estén, incluso de aquellos que defienden la bondad de comer ajo por encima de todas las cosas, es posible que te permitan continuar en el grupo.

Si se hace desde la negación del resto o la superioridad, surgirá el conflicto y podrán expulsarte sin miramientos.

En cualquier caso, la novedad es la decisión consciente, adulta y autónoma de estar bien en el grupo o fuera de él a pesar de no comer ajo.


Existe una versión algo más larga de este artículo en el boletín en papel de la Asociación Española de Taichi Xin Yi.

¿Y tú? ¿Comes ajos?