Florence Lawrence

Hace un tiempo os hablé de la historia de Florence Lawrence, que conocí hace 3 años. A raíz de lo que descubrí, escribí un relato que presenté a varios concursos literarios sin éxito. He pensado que es el momento de que vea la luz. Para todos vosotros/as, mis lectores:

Llama al Doctor Wilson

Fotografía de la actriz de cine mudo Florence Lawrence

Me miro en el espejo de mi tocador y reparo en la vieja fotografía que está enganchada en su marco. En ella aparecemos mi madre y yo actuando en el teatro, yo tendría unos seis años. Sé que por detrás de la fotografía pone “Baby Flo, la niña prodigio, 1893”, aun así, tomo la foto y observo la bella caligrafía de mi madre. ¡Mamá, cómo te echo de menos!

Dejo la fotografía en el marco del espejo y veo mi reflejo en él. Mi aspecto me sobresalta como el sonido de una alarma. Es cuando me doy cuenta de cómo estoy ahora, de quién soy ahora, o de quién no soy. Ya no soy ella, ya no soy Florence Lawrence, ni siquiera soy Florence Annie Bridwood, si es que alguna vez lo fui. Soy una vieja pobre y desfigurada que va a acudir esta tarde a la M-G-M para hacer un papel secundario que no va a tener ningún reconocimiento.

No, no voy a ir.

Telefoneo a Mike y le digo que me encuentro indispuesta y que no podré asistir al rodaje. Desde luego, no he mentido, no me encuentro bien. No se trata solo de que ya no sea la estrella de cine mudo que llegué a ser hace más de veinte años. Se trata de que estoy enferma, me duelen los huesos, me encuentro muy cansada y ya no quiero seguir adelante.

Esto ya lo he sentido más veces en mi vida, en especial desde que me separé de mi tercer marido, Henry Bolton. ¡Ese cerdo! Pero no seguir adelante en aquel momento habría sido darle la razón.

Lo cierto es que yo no soy quien fui, lo he perdido todo. Todo.

Me siento en la silla del tocador y repaso algunas viejas fotos de mi álbum preferido.

¡Ah, la foto de Harry! Yo te amaba, Harry Solter. Fuiste el gran amor de mi vida. Por eso todavía no puedo comprender cómo me pusiste en riesgo en aquel escenario en llamas. Recuerdo cómo nos conocimos, mucho antes de aquello. Me buscaste, sin conocerme, para hacer un papel de amazona. Buscabas a una mujer joven y guapa que supiese montar a caballo, ¡esa era yo! Estaba ganándome la vida en Vitagraph por veinte dólares a la semana y me tenían de costurera. Gracias a ti pude colaborar con Biograph Studios, mi sueldo subió y pude dedicarme en exclusiva a actuar.

Eran tiempos tan diferentes… En un solo año podíamos rodar sesenta películas. Parece increíble. No dejábamos de trabajar. Los fans me llamaban la Chica Biograph.

Mira, aquí está la foto de Carl Laemmle. Fue gracias a ti, Carl: hiciste una campaña muy ingeniosa para hacer creer a los fans que había muerto, para después «resucitarme» e invitarles a ver mi nueva película. ¡Fue increíble! ¡Funcionó! A los veintiséis años de edad estaba ganando quinientos dólares a la semana como actriz principal. Eso era en 1912, hace ya demasiado tiempo. Con ese dinero pude cumplir mi sueño de toda la vida, comprarme un terreno de cincuenta acres.

Un terreno de cincuenta acres, mi sueño.

Ese terreno, aquella vida, mi sueño…

Solía sentarme en el camerino del estudio y me preguntaba cuánto tiempo más podría seguir haciendo creer.

Lo que yo realmente deseaba era retirarme, tener una vida hogareña al lado de Harry, tener hijos. Habríamos vivido en el campo con mi madre. Habríamos sido felices.

Florence Lawrence en su coche

¡Ah, el Lozier! Esta foto siempre me gustó. Fue también en 1912, si no recuerdo mal, cuando compré este Lozier descapotable. Los hombres se sorprendían con mi habilidad para manejar un automóvil, pero mucho más con mi capacidad para repararlo. En efecto, conocía toda la mecánica, su funcionamiento, para mí era una afición que me llenaba tanto como actuar. ¡Qué joven era! Se me ve tan pequeña al mando de esta máquina tan bella.

Mi viejo auto… ¿Dónde estarás ahora? Quizá desguazado… Desguazado como yo.

Y todavía algunos dicen que mis inventos de las señales para indicar la dirección y la frenada, y el del limpiaparabrisas eléctrico, tenía que haberlos registrado en aquel momento y no dejar que las grandes compañías automovilísticas los patentasen como suyos. Yo no le di tanta importancia a aquello. Era ingenioso, sí, pero solo me parecía un divertimento.

Vivía la vida que nunca había pensado que podría vivir, y que siempre había soñado. Y me persuadieron para que volviera a trabajar… Quizá mi ambición fue lo que me perdió. El momento decisivo fue renunciar a mi vida en el campo y volver a Hollywood.

No pude tener hijos con Harry Solter. Tenía un corazón delicado, su salud fue empeorando y al final se fue. Su pérdida fue muy dolorosa para mí, aunque lo habría sido más antes de la tragedia. Algo se rompió entre nosotros aquel día.

Matt Moore. Ver tu foto me produce dolor. Solo un año después de volver a mi carrera como actriz, ocurrió aquello. Fue durante el rodaje de “Peones del destino”. Estábamos rodando una escena en la que nos tenían que rescatar de un edificio en llamas. El fuego se descontroló. Yo siempre había hecho escenas arriesgadas, sobre todo montando a caballo, pero culpé a Harry de habernos obligado a rodar aquella escena. Matt, sin duda habrías muerto de no ser por mí, estabas tirado en el suelo, inconsciente. Quemarme la cara y el pelo y quebrarme la espalda cuando se derrumbó la escalera, creo que es un precio demasiado alto. Mi vida cinematográfica murió en aquel incendio en 1915, aunque yo me empeñase en continuarla. Ese, desde luego, fue otro de los momentos decisivos de mi vida. ¿Cómo me sentiría ahora si en lugar de volverme para ayudar a Matt hubiese seguido corriendo? Quizá la culpa no me habría permitido continuar con mi vida. Pero al menos habría sido una lacra que nadie más habría podido ver reflejada en mi rostro o en mi cuerpo, como sí lo fue el fuego.

Mi vida entera se desmoronó después del incendio. ¡Tantos meses de recuperación! En el fondo, nunca llegué a restablecerme por completo. La cirugía plástica… Reparó, pero no como para permitirme hacer un papel principal, y más con la nueva moda del primer plano. Y esta espalda nunca se ha curado, no ha dejado de doler.

Ah, esta foto es de la película “Elusiva Isabel”. Para mí fue un esfuerzo excesivo volver a estar en activo tan solo un año después del incendio. La tensión del trabajo me hizo recaer; estuve paralizada cuatro meses, la espalda… Intenté regresar a Hollywood unos años después, pero no tuve mucho éxito, ya era mayor y ya no era la misma.

Al año siguiente de morir Harry me casé contigo, Charles. En esta foto estamos guapos a pesar de todo. Compartíamos el amor por los automóviles. Contigo tampoco tuve hijos. Nuestro matrimonio empezó algo tarde para ello, yo tenía treinta y cinco años, pero todavía albergaba la esperanza de tener una hija y hacer de ella lo que mi madre hizo de mí: una estrella. Mi madre me había dado una profesión y siempre habíamos estado muy unidas, cosa que a Harry no le gustaba, y a ti, Charles, tampoco.

Cierro el álbum y lo dejo sobre la cómoda.

¿Por qué nunca he acabado de comprender a los hombres? Quizá sea porque mi padre murió cuando yo tenía doce años, pero ya estaba separado de mi madre desde mucho antes, así que para mí era como si no existiera. Yo adopté el apellido artístico de mi madre, y así borré a mi padre de mi realidad.

Mi madre… Mi madre murió en agosto de 1929, hace ya nueve años. No me acostumbro a estar sin ella, me defendió siempre, me abrió carrera, incluso luchó por aquellas ridículas patentes del automóvil. 1929 fue para mí un año maldito. Ya tenía cuarenta y tres años y Charles me abandonó. ¿Me abandonó por vieja? ¿Me abandonó por la tristeza en que me sumí a la muerte de mi madre? No lo sé, lo cierto es que continuamos con nuestra tienda Hollywood Cosmetics a pesar de estar separados, pero al final tuvimos que cerrar por la gran crisis… En ella perdí buena parte de mi fortuna. Me habían aconsejado invertir en acciones, y de hecho durante un tiempo estuve ganando bastante dinero. Pero de pronto todo se desplomó. Una vez más, mi vida se derrumbaba de golpe dejándome caer al vacío, como aquella escalera en el incendio.

Me casé de nuevo por ver si un hombre me mantenía. Pero aquel animal de Henry Bolton era alcohólico y un maltratador, así que le aguanté cinco meses penosos. Aquello fue muy doloroso, ya entonces contemplé la opción de no seguir adelante, y dejé todo preparado.

Ahora me veo obligada a hacer papeles menores por 75 dólares a la semana, y aun tengo que estar agradecida de que la M-G-M nos haya acogido, a los actores del cine mudo, como quien acoge a los niños harapientos de las calles.

Seguir adelante ya es un absurdo. No soy Florence Lawrence, no soy la Chica Biograph, soy una vieja desfigurada y enferma. Lo último que se ha añadido a mi carrera hacia el infierno es esta afección que me tiene tan cansada. El doctor Laurian dice que es una enfermedad de los huesos que produce depresión y que es incurable. Yo diría que la depresión comenzó en mi vida con aquellos hijos que no tuve, creció en aquel fuego que dejó su sello en mi rostro y se consolidó cuando perdí todo, hasta mi terreno soñado, en el crac de la Bolsa. Pero es solo desde que estuve con mi último marido, con el animal, que guardo conmigo los ingredientes que me van a ayudar a decir adiós: el jarabe para la tos y el insecticida para hormigas. No quiero hablar de cómo llegué al conocimiento de esta combinación. El insecticida es veneno, claro, pero sé que combinado con el jarabe va a ser menos doloroso porque el jarabe adormece, o es lo que espero.

Esos ilusos de la M-G-M me van a esperar para otro rodaje mañana, pero ya no va a haber un mañana.

Cojo de la cocina el insecticida y el jarabe. No se me puede olvidar dejar una nota para Bob. Hace poco tiempo que estoy viviendo con Bob Brinlow y su hermana. Ellos no tienen la culpa de nada. Me da pena hacerle esto a Bob, es un compañero de trabajo que se ha portado muy bien conmigo, me quiere como a una madre. ¿Y si lo dejo?

No, estoy decidida. He visto la alarma al mirarme en el espejo. Por primera vez en mi vida, voy a responder a un aviso del destino. Lo siento mucho, Bob, es mejor así. Podéis quedaros a vivir aquí.

Cojo papel de la libreta de la cocina, y escribo:

Querido Bob,

Llama al Doctor Wilson. Estoy cansada. Espero que esto funcione. Adiós, querido. No pueden curarme, así que dejémoslo así.

Con cariño, Florence.

P.D. Habéis sido todos estupendos. Todo es vuestro.

* * *

Miércoles 28 de diciembre de 1938

Marian Menzer, vecina de Florence Lawrence, escucha gritos de agonía procedentes de la casa de Florence y acude rápidamente a su auxilio. La señora Menzer encuentra a la señora Lawrence retorciéndose en el suelo. En la mesa de la cocina puede ver el bote de jarabe para la tos y el insecticida para hormigas.

– Pero, ¡qué ha hecho usted, señora Lawrence!

Marian Menzer telefonea al servicio médico. Se arrodilla en el suelo y toma a Florence Lawrence de la mano. La mano está fría, los ojos de la señora Lawrence están entrecerrados, su gesto es de dolor, su otra mano agarra la ropa en la zona del estómago.

Una ambulancia acude a la casa poco después. Se llevan a la antigua estrella del cine mudo en camilla.

Florence Lawrence fallece en el Beverly Hills Emergency Hospital a las 14:45.


Fuentes:

La locura de Kurtz

Cuando leí El corazón de las tinieblas hace 16 años o más, me sonaba vagamente el nombre de Kurtz, tenía la noción de que la película Apocalypse Now se había inspirado “un poco” en este libro.

Al volver a ver la película recientemente y al volver sobre el libro, compruebo que la película es una adaptación de la novela de Conrad, una adaptación tan brillante que supera al libro, o más bien diría que lo amplifica, aumenta su realidad, para usar una expresión moderna.

A partir de un punto, alrededor de la mitad del libro (capítulo 2), ocurre algo mágico que recomiendo que compruebe cualquier admirador de la película de Coppola. Cada párrafo del libro encuentra una imagen de la película a la que asociarse. Ocurre como en esos libros de niños que despliegan un dibujo en tres dimensiones que se levanta del libro al abrir la página. Esa es la sensación que me da: sobre cada párrafo sobrevuela desplegada, brillante e inmensa la escena de la película.

A partir de aquí puedes encontrar spoiler

Voy a poner algunos ejemplos de cómo leer a Conrad a través de la narración de Marlow trae automáticamente imágenes de Apocalyse Now:

Cuando salió el sol había una niebla blanca, muy cálida y pegajosa, y más cegadora que la noche. Ni se movía ni avanzaba, simplemente estaba allí, rodeándole a uno como algo sólido.

También aparece el ataque con flechas y más adelante la muerte del timonel negro, que en la película es Laurence Fishburne.

La vivencia onírica, la sensación de que todo es una especie de sueño que se convierte en pesadilla, está brillantemente expresada en algunas frases, que automáticamente nos traen al capitán Willard (Martin Sheen) a la mente:

Lo único que lográbamos ver era el vapor sobre el que nos hallábamos…

… el estado onírico que impregnaba todos mis días en aquella época.

El peligro, si existía, se derivaba de nuestra proximidad a una gran pasión humana desatada.

Una imagen de la selva que de pronto se transforma en un conjunto de miembros humanos aparece un par de veces también en la película:

… y de repente, como si me hubieran retirado un velo de los ojos, descubrí en lo profundo de la enmarañada tenebrosidad, pechos desnudos, brazos, piernas, ojos brillantes: la maleza bullía de miembros humanos en movimiento, resplandecientes, del color del bronce.

Kurtz, el destino, el secreto, la locura, la clarividencia

Sin duda, Kurtz parece el motor de toda la historia, tanto en el libro como en la película.

La primera mitad de ambos es diferente: en el libro, Marlow quería viajar a algún país lejano y encuentra financiación a través de una tía suya. Sin embargo, cambiará varias veces de barco (uno de los vapores que iba a llevar se hunde). En la película, ambientada en la guerra de Vietnam, al capitán Willard le encomiendan entrar a Camboya para eliminar a Kurtz, un coronel que se ha vuelto loco.

Por tanto, aquí tenemos la primera gran diferencia: en la película, Kurtz se revela desde el principio como el motivo fundamental del viaje, mientras que en el libro solo al final nos damos cuenta de la importancia de Kurtz en la vivencia de Marlow. Al comienzo solo se le menciona de pasada: se comenta que es un comerciante de marfil que está en lo profundo de la selva.

Sin embargo, en ambas obras la imagen de Kurtz antecede a su aparición en escena, nos hablan de él, nos dan indicios de cómo es, nos envuelven en ese halo de curiosidad y posterior admiración que siente el protagonista. Marlow lo describe desde el recuerdo, antes de su encuentro con él:

¡Y el altanero hueso frontal del señor Kurtz! Dicen que el pelo continúa creciendo a veces, pero este espécimen estaba impresionantemente calvo. La selva le había pasado la mano por la cabeza y, ¡ya veis!, quedó como una bola, una bola de marfil (…)

¿No te viene automáticamente a la mente la imagen de Marlon Brando entre las sombras?

Marlon Brando como Kurtz en Apocalypse Now

Kurtz “se había colocado en un alto sitial entre los demonios de la tierra”.

Este tipo de frases nos hace ver a Kurtz antes de ver a Kurtz.

En la película, la forma en que vemos a Kurtz antes de verlo es la revisión que hace el capitán Willard de un dosier que se le entrega al principio. En él comprueba cómo la hoja de servicios de Kurtz era brillante, cómo se trataba ya de un personaje enigmático, complejo y válido hasta que se volvió loco en la selva.

En la novela, antes del encuentro con Kurtz se cuenta que se le ha encargado escribir un informe para la Sociedad Internacional para la Supresión de las Costumbres Salvajes. Un informe elocuente, tenso, lleno de benevolencia y sentimientos altruistas… en el que al final, Kurtz anota un garabato a mano que “le deslumbraba a uno como un relámpago”:

¡Exterminar a todos los salvajes!

Es algo que en la película el capitán Willard descubre al final.

El fotógrafo arlequín

La antesala de Kurtz es el extraño individuo que sale a recibir al barco, una especie de arlequín, que en la película es un fotógrafo (Dennis Hopper), un admirador de Kurtz, un discípulo occidental que muestra hasta qué punto el influjo de Kurtz no se detiene en los salvajes ignorantes, sino que puede alcanzar a una mentalidad menos impresionable.

El fotógrafo en Apocalyse Now despliega los brazos

Lo que dice el fotógrafo es lo que dice el arlequín:

A Kurtz no se le habla, se le escucha. (…) No se puede juzgar a Kurtz.

El capitán Willard/Marlow argumenta: “¡Ese hombre está loco!”

El señor Kurtz no podía estar loco. Si le hubiera oído hablar dos días antes…

Este personaje vuelve a presentarnos a Kurtz, nos habla de un gurú clarividente, lleno de sabiduría, que se hace adorar, pero también peligroso, despótico. Todavía desde el barco, Marlow utiliza unos gemelos para ver la casa donde está Kurtz y se encuentra con que los postes que la rodean no están adornados de “pomos redondos”, tienen cabezas ensartadas en ellos…

El horror

Si algo está magníficamente aumentado y utilizado en Apocalypse Now es el momento en el que Kurtz grita en susurros (atención a la expresión, un grito susurrado):

¡El horror! ¡El horror!

Realmente, la mención del horror en la novela nos abre un abanico de posibilidades, nos invita a unir retales, como que Kurtz apuntó “¡Exterminar a los salvajes!” en su informe, el hecho de se hiciera adorar por los salvajes o que el arlequín le tenga miedo.

Pero el horror alcanza las dimensiones más inimaginables en la obra de Coppola, cuando Kurtz, hablando al capitán Willard sobre el horror, describe una escena concreta de lo que significa: una serie de soldados eficientes, con altas cualidades morales, con mujeres e hijos, soldados nobles, que de pronto cortan los brazos a cientos de niños salvajes a los que se había vacunado. Y la montaña de esos brazos. Aunque esta imagen no se ve en la película, se abre de nuevo un gran desplegable en el libro, una figura de tres dimensiones que es exactamente eso, el horror puro.

Es un punto de inflexión en el que la película vuelve a separarse de la novela y, en mi opinión, vuelve a superarla. El capitán Willard se convierte él mismo en el horror, es tomado por la selva, mata a Kurtz como los salvajes matan a un gran toro, a hachazos y sin miramientos. Una sucesión de imágenes muy difícil de olvidar. En la novela, Kurtz muere a bordo del barco, es un ser enclenque y enfermo. En la película, no se lo ponen tan fácil al protagonista, tiene que cumplir su destino, que es matar a Kurtz, algo que el propio Kurtz sabe.

La separación de ambas obras continúa. En la novela, Marlow se ha llevado consigo todo lo que pertenecía a Kurtz, y se lo va entregando a distintos interesados, hasta que al final entrega unas cartas a la novia de Kurtz. Cuando ella pregunta por sus últimos momentos, Marlow le dice que Kurtz dijo su nombre. ¿Cómo le va a decir lo que realmente pronunció Kurtz? Así, siente que no le hace justicia.

En la película, no aparece la novia de Kurtz, en el dosier se indica que estaba casado y con hijos y Kurtz mismo encarga al capitán Willard que hable a su hijo sobre su verdad. Cuando acaba la misión de Willard, acaba la película, con el grito susurrado evocado en su recuerdo:

¡El horror! ¡El horror!

De manera que la película omite dos mujeres importantes: la novia de Kurtz y la mujer salvaje y poderosa que les contempla desde la orilla, llena de adornos metálicos.

Aun así, el regusto que queda es el mismo. Nos dice Marlow:

Y después estuvieron a punto de enterrarme a mí.

No obstante, como veis, yo no fui a unirme con Kurtz allí y entonces. No lo hice. Me quedé para soñar la pesadilla hasta el final y para demostrar mi lealtad hacia Kurtz una vez más.

Así, se cierra el círculo: Kurtz es el destino, el secreto, la locura, la clarividencia… Marlow es capaz de señalar la locura de Kurtz pero no es capaz de escapar a su influjo, acaba siéndole leal, acaba conquistado por este ser que habitó el corazón de las tinieblas.

Día mundial del teatro

¡Feliz día mundial del teatro!

Si te apetece leer un poco sobre nuestras incursiones en el apasionante mundo del teatro, te recomiendo:

No sabes lo que es el teatro hasta que no lo vives desde dentro. Desde fuera, tal vez se pueda decir que es como ver una película que cada noche de actuación es ligeramente diferente. Desde dentro, todo lo que se trabaja antes de “la proyección” de esta película única es tan interesante o más que el resultado. Con el teatro se crece.

Teatro romano de Mérida, vista desde las gradas

¿Por qué acercarse al teatro desde dentro?

  • Te hace sentir más viv@
  • Vuelves a jugar como cuando eras pequeño
  • Te ríes a carcajadas
  • Sales (mucho) de tu zona de confort
  • Conoces a mucha gente
  • Vives emociones intensas

¿Has probado el teatro desde dentro? ¿Qué te parece? ¿Qué otros aspectos destacarías de esta experiencia? Te animo a comentar, ya sabes que tus comentarios son muy bienvenidos. 🙂

¿Puedes escribir una novela en un mes?

Desde hace algunos años, sigo con interés creciente una iniciativa de Estados Unidos que se llama National Novel Writing Month, mes nacional de escritura de novela, y se abrevia como #NaNoWriMo.

Se trata de escribir una novela completa de 50.000 palabras en un mes. Esto equivale a unas 163 páginas en Arial 12 y espacio 1,5. Algunos incluso comparten calendarios como este para distribuir el número de palabras y dar ánimos:

La imagen muestra un calendario con los días de noviembre para distribuir la escritura de la novela
Imagen creada por @Kiriska, participante de NaNoWriMo con este usuario: http://nanowrimo.org/participants/kiriska

Como ves, el mes elegido para esta iniciativa es noviembre, por lo que miles de personas de todo el mundo se están preparando ya para acometer el desafío.

Si lo tuyo no es la novela pero sí te gusta escribir, existe una variante, los #NaNoRebel, que se dedican a escribir “otra cosa”: poesía, guiones, ensayo, revisión de una novela anterior, etc.

¿Te parece un reto demasiado difícil?

A Laura Bradley, una profesora de Lengua inglesa de un instituto en Petaluma, California, no le parece así: propone a sus estudiantes que escriban una novela completa participando a su manera en el NaNoWriMo, eso sí, en lugar de 50.000 palabras, sus alumnos solo tienen que escribir entre 10.000 y 25.000 palabras, como puedes ver en este artículo de MindShift.

El resto es igual: identificar el género, creación de estructura, desarrollo de personajes, incorporación de situaciones de conflicto, etc.

En el plazo de un mes hacen el grueso del trabajo, si bien se trata de un trabajo que se planifica con antelación. La misma profesora les acompaña creando su propia novela.

Ok, me interesa, ¿qué tengo que hacer?

Si te ha picado el gusanillo, puedes visitar la página de la organización, National Novel Writing Month, y conocer más detalles. Aquí apunto algunos:

  1. Comienzas con tu compromiso de escribir 50.000 palabras en un mes. Yo particularmente pienso que puedes centrarte más en la idea de proyecto, en lugar del número de palabras, y decir: “voy a escribir una novela corta en un mes”.
  2. Das de alta tu perfil en la página de referencia.
  3. Das de alta el título de la novela con antelación, y después comienzas a escribirla.

Yo no entiendo el inglés

Es posible que desde el principio te haya echado para atrás tanto el nombre de la iniciativa como el idioma en el que está la página. Tengo buenas noticias: existe un grupo en España, con foros en nuestro idioma y grupos de distintas comunidades.

El mapa muestra las zonas del mundo donde hay grupos que se han apuntado al NaNoWriMo de 2018
Imagen de la web de National Novel Writing Month

Yo no entiendo lo de hacer grupos

Yo tampoco. Si eres del tipo introvertido, probablemente prefieras escribir a tu bola y en soledad. En todo caso, puede interesarte investigar estos grupos, concebidos para darse apoyo mutuo a lo largo del duro mes de escritura, y quizá compartir recursos y experiencias. Además, he visto que hay grupos por géneros, como ciencia ficción, biografías, novela histórica, etc.

Si quieres hacer un grupo o formar parte de alguno que exista, puedes buscarlos en los foros de la página de NaNoWrimo, en Twitter, o en Facebook, donde van publicando necesidades de grupos o grupos existentes.

Yo no aguanto la presión de un plazo tan corto

Puede que este sea tu caso, y entonces el NaNoWriMo no es para ti. Hay escritores que necesitan mucho tiempo en blanco, y que tienen unos plazos de entrega más largos. Es el caso de Eduardo Mendoza, según explicó en la presentación de su último libro, El rey recibe, en el Espacio Fundación Telefónica. Si necesita adaptarse a unos plazos, lo hace, pero no está cómodo

Puedes encontrar algunos consejos adicionales sobre esto (en inglés) en este artículo de Lauren Sapala. Lauren es escritora y coach de escritores, y en su artículo explica importantes aspectos a tener en cuenta durante este tipo de reto, por ejemplo:

  • Por mucho que lo planifiques, la escritura de tu libro no saldrá como esperas. Siempre surgirán contratiempos, por lo que es muy posible no lograr el objetivo. Por ejemplo, Nassim Nicholas Taleb reconoce en una nota al pie de Cisne Negro que su escritura se retrasó aproximada e “inesperadamente” quince meses.
  • No puedes ejercer un control total sobre tu plan. Es una meta bonita, un número redondo (50.000 palabras), un desafío grande. Pero no todo está en tus manos, existen los llamados “imponderables”.
  • Un aspecto positivo del reto es que se trata de un compromiso contigo mismo/a para dedicar tu valioso tiempo a escribir, para sacrificar horas de ocio en un trabajo intelectual que llega a ser físico (si tenemos en cuenta lo que opina Haruki Murakami).
  • Si no puedes seguir el plan, déjate llevar por el estado de flujo, ábrete a tu creatividad, a los personajes inesperados que se presenten, a los giros inesperados de la historia que no habías recogido en la trama.

¿Qué más necesitas para convencerte?

Sea al #NaNoWriMo o al #NaNoRebel, que no te eche para atrás el nombrecito. Lo cierto es que puede ser toda una experiencia retarse a escribir de forma constante, a un ritmo alto, para luego corregir lo ya escrito más adelante.

Me gustaría conocer tu opinión: ¿te gustaría aceptar este reto? ¿Sientes que no tienes tiempo para ello? ¿Lo has intentado ya pero no te funcionó? Cuéntanos, tus opiniones aportan mucho.

¿Otra vez la misma canción, Sam?

En Casablanca, Sam tocaba una canción que Rick le había prohibido

Seguro que la tensión y dinamismo del guion de Casablanca decaerían si, en el momento en que Rick descubre a Sam volviendo a tocar “As time goes by” le hubiese dicho:

¿Otra vez la misma canción, Sam?

Y es que, ¿cuántas veces como máximo puede escucharse una canción? ¿Dónde está el límite más allá del cual la “utilidad marginal decreciente” comienza a ser negativa y el bien se convierte en un mal? Lo creáis o no, este tipo de preguntas se analizan en Microeconomía y se representan en ejes de coordenadas…

Pero no, no quería entrar en el terreno analítico, sino en el del arte.

¿Existe un límite en el disfrute de una obra de arte?

Mi grupo preferido es Queen. Puedo asegurar que la mayoría de las canciones ya no las soporto. No solo me las sé de memoria, es que ya no me proporcionan ninguna “utilidad” o satisfacción.

Hablemos de obras universales, por si a alguien no le gusta Queen: ¿qué me decís de La Gioconda? Una vez estuve en el Louvre, y vi a la Mona Lisa. La vi, sí. Creo que había cincuenta metros de distancia, cubiertos por gente tratando de ver lo mismo que yo. El tamaño del cuadro era menor al esperado (las reproducciones no nos dicen el tamaño original), y a la distancia a la que pude avistar esta obra, no me dijo absolutamente nada: ya la había visto, aunque no fuera la original, un número demasiado alto de veces.

¿Y qué ocurre con un libro? Pues creo que en este caso es más difícil agotar la “utilidad” o el disfrute de la obra, porque rara vez se lee un libro dos veces, o quizá sí, uno muy concreto. Yo he releído algún libro muy puntualmente, pero en general, el libro es un objeto cuya utilidad desaparece una vez se sitúa, ya leído, en la estantería.

El espesor

Yo no hago más que acordarme del concepto de “espesor”. Se nos explicó en Teoría de la Literatura, como la dimensión de peso o grandeza que adquiere una obra por la cantidad de receptores que tiene y ha tenido a lo largo de la historia, algunos de los cuales la han estudiado a conciencia.

Por ejemplo, Las Meninas. Otro cuadro que si te lo menciono tienes de él una imagen mental rápida, porque es ciertamente difícil no haber visto nunca una reproducción. Quizá no recuerdes que es la familia de Felipe IV o la ubicación concreta de los personajes, pero sí que te viene a la cabeza un “manchurrón” de Las Meninas.

Usar, usar, usar, despacito, y luego tirar

La tendencia es, precisamente, a agotar cuanto antes el número de veces que puedes disfrutar de una obra antes de empezar a odiarla. Ocurre con las canciones que son número uno en las listas, como Despacito.

Algo hace que te sea totalmente imposible escapar al uso reiterado de algunas canciones: están en el supermercado, en el gimnasio, en la tele, en la radio… Hasta que son agotadas. Ojo, que la canción que he tomado como ejemplo a mí me gusta. Y también tengo que decir que cuando la escuché en más de un sitio en Atenas… Pues ya me gustó menos.

¿Otra vez el mismo libro, Sam?

Esto, por tanto, es lo que nunca oiremos, ya que un libro es lo suficientemente gordo como para evitar el queme por exposición reiterada al producto.


¿Tú cómo lo ves? ¿Hay alguna película, canción, libro, cuadro, escultura… que no te canses nunca de disfrutar? ¿Crees que existe un número finito de veces en que puedes estar en contacto con una obra? Me gustaría conocer tus opiniones, ¡gracias! 🙂

Soy sauce

 

Soy sauce



De pronto hay poesía en un bote de salsa china.

Bote de salsa de soja soy sauce

Me ha traído a la memoria la canción Alma de cantaora, de Amparo Sánchez:

Soy mañana

Soy aurora

Soy la luz

Soy la sombra

Soy la tierra

Soy el cielo

Soy la luna

En un espejo

Soy sauce.

Y no pretendo hacer aquí un Ecos de pentagrama, ya quisiéramos tener su poder poético… Bueno, en realidad es como un homenaje.

Sí pretendo hacer notar cómo la poesía se abre paso, te pasa por delante, te mira desde los rincones más insospechados. Solo podrás verla si le concedes aire, un espacio, un tiempo. La poesía no se presenta en medio del estrés.

Soy el poder dentro de mí.

Cuando perseguía el sueño de ser lo que ya era tuve la oportunidad de preguntar a Francisco Brines cómo logró dedicarse a la poesía. Me dijo:

La poesía requiere espacio.

Hace unos años, buscando planes, encontré un concierto en un pueblo de la Sierra, puede que fuese Lozoya. Era un concierto de Amparo Sánchez, a quien descubrí directamente en directo, con su guitarra azul y dibujada. Y desde entonces, varias de las canciones que nos ofreció me acompañan. Esta es una de ellas.

Soy gran espíritu, y soy eterna.

Las imágenes del vídeo son exactamente lo que me evoca la canción, una sensualidad de la tierra, femenina, de cuerpos disfrutones, de baile, belleza… Las edades, la sensualidad de cada edad, la sensualidad del presente, del ahora.

Y cantaré como una bendición la libertad de ser lo que soy.

Una buena canción para estos días, ¿no? Para escuchar mañana mismo, día 8 de marzo.

Como siempre, gracias por leerme y por compartir.

Muñoz Molina en un andar no solitario

El martes 27 de febrero asistí a la presentación del libro Un andar solitario entre la gente, de Antonio Muñoz Molina en Espacio Fundación Telefónica.

Y es que forma parte del oficio de escribir, y creo que cada vez más, tener que promocionar el libro, presentarlo, explicarlo y firmarlo a los potenciales y actuales lectores.

Antonio Muñoz Molina presenta su último libro

Me gusta asistir a las presentaciones de los libros porque crean una primera comunicación autor-lector que abre la puerta a la que es la habitual.

Me gusta también porque muchas veces un buen actor es escogido para leer fragmentos de la obra, como en este caso ocurrió con Javier Cámara.

Javier Cámara lee fragmentos del libro de Muñoz Molina

En la presentación, el autor se hace más pequeño. Quizá nos permite darnos cuenta de que es tan solo otra persona, una persona dotada de un talento diferencial, pero una persona. En este caso, un talento de poder mostrar el amor a las palabras, a las historias, a los personajes que las construyen.

Un libro caminado

Parece que Un andar solitario entre la gente es un libro construido en el andar, en el caminar por la ciudad actual, la que nos hace anónimos. Este caminar abre una nueva ciencia, la deambulología, a la que rápidamente nos adherimos los que estábamos presentes en la charla. El andar entre la gente, en medio del ruido, y con muchos “consejos” que se muestran a la altura de nuestros ojos, consejos que nos invitan a sentir que somos soberanos de nuestra vida.

El individuo libre… y solo

Cómo no, la publicidad explota el lenguaje del deseo, como comentó Muñoz Molina. Es un lenguaje además dirigido a ti, tú eres el protagonista único de este “ego-tour”. Esta y muchas otras referencias me hicieron pensar en la Modernidad líquida de Bauman. Ahora en la posmodernidad, o en la post-post-crisis, como decía un estudiante hace poco en Salvados, somos todos libres, y esta libertad se apoya en la individualización: cada uno de nosotros puede hacer lo que quiera asumiendo entonces toda la responsabilidad y las consecuencias de lo que haga. De alguna manera, esta libertad está encajonada entre las paredes de una serie de normas que hacen la vida “más segura”, enfocados quizá por cámaras de vigilancia panóptica que nos pueden mirar desde arriba porque nosotros queremos.

A mí también me llama la atención que “un andar solitario entre la gente” sea un verso de Quevedo, porque parece concebido en la época actual. El que el andar sea “solitario” refuerza la idea de individualidad, de egocentrismo: caminas solo, y los caminares solitarios no se agregan, no suman, no existe ahí lo colectivo o la sociedad.

Entre una montaña de basura

A pesar de que las reflexiones de Muñoz Molina fueron cálidas y en un tono de humor o ligereza, lo cierto es que describen un mundo distópico en el que no apetece estar. De hecho, fue a raíz de esta entrevista que decidí acercarme a la presentación, en la que el autor habla de nuestro legado como una montaña de basura.


¿Puedo recomendar una lectura sin haberla comenzado? Bueno, al menos me la recomiendo a mí misma, y si surge, os contaré lo que me ha parecido.

 

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Has leído el libro? ¿Leíste quizá Todo lo que era sólido?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

¿Qué discurso narrativo elegir?

¿Cómo construir un relato?

El discurso narrativo en Lolita, de Navokov

Se utilice el tipo de discurso que se utilice, lo fundamental es que el lector entre de lleno en él sin cuestionarse nada, que “lo compre”, que siga leyendo.

El discurso elegido es solo un medio para tus fines. Si lo que estás escribiendo es una novela, has de captar al lector en el primer capítulo. Si se trata de un relato, el primer párrafo ha de invitar a seguir leyendo. Y si es un microrrelato, la primera frase ha de ser extraordinaria.

Si haces el camino inverso, mejor: trata el comienzo de tu texto, sea un relato o una novela de mil páginas, como si fuese un microrrelato. Desde la primera frase, cuéntale la historia al lector sin dar explicaciones, arrástrale hacia el mundo ficcional que has creado.

El discurso narrativo es polifónico, no se limita al narrador y los personajes, también incluye cartas, diarios, documentos… que se incorporan al relato y le dan riqueza.

Lo interesante es que, sea como sea este discurso, no cumple todas las leyes del uso del lenguaje, ya que más bien se disfraza “como si” fuese real, pero con un acuerdo tácito con el lector de suspensión de la incredulidad. No se busca la verdad, de hecho, no interesa.

Tipos de discurso narrativo

Siendo polifónico, el discurso narrativo puede clasificarse de multitud de formas, agrupadas en dos grandes categorías:

Discurso impersonal

Se trata del mensaje que no se instrumenta en la primera persona. A su vez puede tratarse de un discurso directo o indirecto, es decir, su rango va desde la narración en tercera persona hasta el puro diálogo. Veamos unos ejemplos:

“Hace ya muchos cientos de años hubo un viejo pescador que estaba sentado una tarde ante la puerta de su casa ocupado en remendar sus redes. Vivía en un lugar maravilloso. La hierba verde sobre la cual estaba construida su cabaña extendíase hasta el centro de un gran lago, y parecía como si un sentimiento amoroso hubiera atraído aquella península hacia las aguas claras y azules del lago, y asimismo que el lago hubiera tendido amorosamente sus brazos hacia aquel bello prado sembrado de flores y de tallos que se mecían al viento y hacia la agradable sombra de sus árboles.”

 

—Sois un personaje singular  —respondió el sacerdote—. Y quisiera saber quién sois. ¿De dónde venís?
—¿Y quién sois vos?, ¿podríais decírmelo? —preguntó el forastero.
—Me llaman padre Heilmann —dijo el sacerdote—. Vengo del convento de la Visitación, del otro lado del lago…

Ondina, Barón de La Motte Fouqué. Este libro está descatalogado, por ello ofrezco el enlace al PDF.

Discurso personal

En este caso, el discurso se realiza en primera persona y también puede ser directo o indirecto. Veamos los ejemplos:

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

“Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita”.

 

—¿De dónde diablos la ha sacado?
—¿Cómo?
—Decía que el tiempo está mejorando.
—Así parece.
—¿Quién es la chiquilla?
—Mi hija.
—Miente, no es su hija.
—¿Cómo?
—Decía que hemos tenido mucho calor en julio. ¿Qué es de su madre?
—Ha muerto.
—Lo siento. A propósito, ¿no quieren ustedes almorzar conmigo mañana? Esta multitud espantosa ya se habrá retirado.
—Y nosotros también. Adiós.

Lolita, Vladimir Nabokov

El comienzo: fundamental

En los ejemplos anteriores, se muestra la narración del comienzo de cada una de las obras, y después un diálogo que ocurre en el transcurso del relato.

Un ejercicio interesante es leer el principio de tus relatos y novelas preferidos. ¿Qué es lo que hace que sigas leyendo? ¿Se ha utilizado un narrador en primera o tercera persona? ¿A través de quién hablan los personajes?

Comprobarás lo importante que es el comienzo. ¿Acaso no te has sorprendido diciendo “Lo.Li.Ta.” en voz alta?

Para saber más:

GARRIDO DOMÍNGUEZ, A. El texto narrativo. Editorial Síntesis. 2014

El hilo de Manuel Bartual: un fenómeno literario

Para Criteria Literata, el fenómeno literario Manuel Bartual se engloba en la escritura de la mediación, en la llamada paraliteratura. La paraliteratura se compone de géneros paralelos a los canónicos literarios, que son híbridos, bien por la cercanía estructural, bien por el canal o la forma de producirse.

Analizamos el fenómeno Manuel Bartual

La diferencia: el canal

En este caso, lo más interesante ha sido el canal de transmisión: un hilo de Twitter que puedes leer completo aquí. Hasta ahora, los fenómenos literarios en la red se habían producido mayoritariamente en blogs, por lo que la utilización de una red social es una elección novedosa y adaptada a los tiempos.

Este canal permite además la inclusión de imágenes y vídeos. Siguiendo el hilo, se pueden ver varias fotografías que el escritor fue aportando a su narración, así como vídeos de los personajes.

Comunicación inmediata

En este tipo de fenómenos, el lector, tercer elemento de la teoría de la recepción, cobra importancia al convertir la escritura en una comunicación inmediata, en lugar de ser mediata como hasta ahora. No solo eso, el lector comenta, comparte y da forma al relato que se está produciendo ante sus ojos. Es muy interesante cuando Bartual recibe un mensaje desordenado y los seguidores le ayudan a ordenarlo:

“Gracias a todos los que me escribisteis anoche en público y por privado para ayudarme a resolver el mensaje. ¡Fuisteis mucha gente!”

Otro ejemplo es cuando recibe sugerencias de los lectores para entender el mensaje:

“Algunos me habéis comentado que quizá “la otra habitación” sea una con el mismo número que la mía en este mismo hotel. No lo había pensado.”

En este sentido, es fundamental que el escritor recoja la interacción con los lectores, incluso si tiene un guion preestablecido. Aquí estaríamos hablando de la capacidad de improvisar del emisor.

Cambio del estatus del lector

Todo escritor necesita lectores, y en este caso, los lectores son a su vez escritores al mismo nivel que quien inicia el hilo de comunicación. Y esto también es novedoso, porque en la literatura tradicional el lector está subordinado al escritor, el emisor deja un mensaje muy claro y el lector lo toma o no, sin poder intervenir en él. En un fenómeno como el de Bartual, el estatus del receptor se iguala al del emisor. Así, el escritor puede aclarar dudas, por ejemplo:

“Lo aclaro porque me lo habéis preguntado: el lápiz ni es mío ni es como los que utilizo habitualmente.”

“Para los que estáis preocupados por mí: ¡sigo vivo!”

Vivir el momento presente

La creación de Manuel Bartual se extendió desde el 21 de agosto de 2017 a las 21:46 hasta el 27 de agosto a las 14:04. El último día se dedica a explicar que tan solo era una ficción, por lo que ya no está escrito por el narrador, sino por el escritor.

Su narración se basa en describir el momento presente al minuto, y explican los intervalos de ausencia. La red social Twitter se caracteriza precisamente por esto, por reflejar el momento presente y la opinión de lo que está sucediendo en cada instante. El lenguaje utilizado es acorde con la narración: un lenguaje a pie de calle, muy claro, que llega y que utiliza la economía de palabras a la que obliga Twitter.

El punto débil: usar y tirar

El punto débil de este tipo de creación es su volatilidad, se crea para ser consumida en el acto, y en el acto se queda atrás. Puede que haya análisis como el de David Jiménez o artículos como este, pero al final, el fenómeno se convierte pronto en algo pasado.

Mediación cultural

Se da también una mediación cultural: existe un hilo semejante, mencionado por Pepo Jiménez en este artículo, en el que un tuitero norteamericano cuenta una historia de terror también muy interesante, quizá menos creíble.

No tiene sentido hablar de plagio aquí, sí de influencia y de mediación, de estar viviendo la misma época de disrupción con todo lo anterior en pos de una tecnología que cambia cada minuto. En todo caso,

“No es obligatorio creer todo lo que se lee en internet.”

Todo el mundo escribe

Crítica de la obra Dafne desvanecida

Dafne desvanecida, escrita por José Carlos Somoza, es una novela de suspense que fue finalista del Premio Nadal en 2000. Recomendamos su lectura por ser divertida, misteriosa y breve: una lectura estupenda para el verano.

En Dafne desvanecida, todo el mundo escribe

El universo de Dafne desvanecida

Se trata de un mundo alternativo que juega con ser posible o imposible, situándose en la dualidad ficción-realidad, verdad-mentira, buscando el contraste entre persona y personaje.

Su ritmo es ágil, la novela engancha, no permite al lector alejarse mucho, y se resuelve de forma original como es habitual en el autor.

Contiene una serie de tesis muy interesantes, y que adelantan incluso la situación actual: todo el mundo escribe, por tanto, todo el mundo puede contribuir a la creación de la novela como un vasto conjunto de perspectivas sobre la realidad, todas ciertas y todas falsas, pues la literatura es mentira.

Narrador en primera persona

El narrador en primera persona es una elección que aporta credibilidad a lo narrado. A diferencia del narrador omnisciente, una voz casi divina que incluso conoce el pensamiento de todos los personajes, el narrador en primera persona es un personaje más, normalmente el protagonista, y que interviene en todas las escenas que se describen, bien de forma directa, bien porque otro personaje le cuenta algo.

Existen otros tipos de narrador también interesantes, como la falsa tercera persona, en que un narrador que aparentemente es omnisciente solo conoce el mundo interior del protagonista, o el narrador cinematográfico, que actúa como una cámara y por tanto solo ve de los personajes sus acciones, palabras y gestos, nunca sus pensamientos o intenciones.

Espacio y tiempo

La novela se desarrolla en el Madrid actual, en un tiempo secuencial y corto (días) que además se precipita hacia una conclusión al tiempo que se ralentiza en el transcurso de las horas, como suele ocurrir en las novelas de suspense.

Cabe destacar como espacio La Floresta Invisible, el restaurante donde ocurren varias acciones importantes. Se trata de un restaurante para escritores, donde cada noche se ofrece a los comensales unas carpetas con hojas en blanco donde pueden escribir lo que quieran mientras comen o cenan. Es un concepto original y creativo, siempre en el mundo de lo posible.

Personajes

El personaje principal, el narrador, es un escritor de éxito, Juan Cabo, que ha sufrido un accidente de tráfico y sufre de amnesia, por tanto, tiene que volver a construirse una realidad. Para ello cuenta con un breve texto que escribió la noche del accidente y que está incompleto, con una libreta que le proporcionan en el hospital donde debe apuntar Sucesos y Personas, y con las reacciones de otros personajes que le conocen y le van diciendo quién es.

El resto de personajes gira en torno a Juan Cabo, lo construyen y al tiempo forman un conjunto en que el lector llega a dudar de la “realidad” en que actúan y sin embargo se ve arrastrado a suspender su incredulidad. Los nombres de algunos personajes son: Virgilio, Horacio, Ovidio… que coinciden con el mundo académico del narrador.


En esta obra nada es verdad ni es mentira, los autores no consiguen deshacerse de sus personajes, los escritores se inspiran en personas y las transforman en otras, las musas trabajan por horas y la creación literaria puede ser un juego donde la solapa indicará cuáles son las reglas que rigen en él. El texto se desdobla para reflexionar sobre la propia literatura, así que es una propuesta muy divertida para todos aquellos a quienes gusta escribir. Y como decíamos al principio, todo el mundo escribe.

Descarga la tabla de personas y sucesos con la que Juan Cabo va reconstruyendo su mundo.

Lee aquí la crítica de otra obra clave de Somoza, Clara y la penumbra.