La locura de Kurtz

Cuando leí El corazón de las tinieblas hace 16 años o más, me sonaba vagamente el nombre de Kurtz, tenía la noción de que la película Apocalypse Now se había inspirado “un poco” en este libro.

Al volver a ver la película recientemente y al volver sobre el libro, compruebo que la película es una adaptación de la novela de Conrad, una adaptación tan brillante que supera al libro, o más bien diría que lo amplifica, aumenta su realidad, para usar una expresión moderna.

A partir de un punto, alrededor de la mitad del libro (capítulo 2), ocurre algo mágico que recomiendo que compruebe cualquier admirador de la película de Coppola. Cada párrafo del libro encuentra una imagen de la película a la que asociarse. Ocurre como en esos libros de niños que despliegan un dibujo en tres dimensiones que se levanta del libro al abrir la página. Esa es la sensación que me da: sobre cada párrafo sobrevuela desplegada, brillante e inmensa la escena de la película.

A partir de aquí puedes encontrar spoiler

Voy a poner algunos ejemplos de cómo leer a Conrad a través de la narración de Marlow trae automáticamente imágenes de Apocalyse Now:

Cuando salió el sol había una niebla blanca, muy cálida y pegajosa, y más cegadora que la noche. Ni se movía ni avanzaba, simplemente estaba allí, rodeándole a uno como algo sólido.

También aparece el ataque con flechas y más adelante la muerte del timonel negro, que en la película es Laurence Fishburne.

La vivencia onírica, la sensación de que todo es una especie de sueño que se convierte en pesadilla, está brillantemente expresada en algunas frases, que automáticamente nos traen al capitán Willard (Martin Sheen) a la mente:

Lo único que lográbamos ver era el vapor sobre el que nos hallábamos…

… el estado onírico que impregnaba todos mis días en aquella época.

El peligro, si existía, se derivaba de nuestra proximidad a una gran pasión humana desatada.

Una imagen de la selva que de pronto se transforma en un conjunto de miembros humanos aparece un par de veces también en la película:

… y de repente, como si me hubieran retirado un velo de los ojos, descubrí en lo profundo de la enmarañada tenebrosidad, pechos desnudos, brazos, piernas, ojos brillantes: la maleza bullía de miembros humanos en movimiento, resplandecientes, del color del bronce.

Kurtz, el destino, el secreto, la locura, la clarividencia

Sin duda, Kurtz parece el motor de toda la historia, tanto en el libro como en la película.

La primera mitad de ambos es diferente: en el libro, Marlow quería viajar a algún país lejano y encuentra financiación a través de una tía suya. Sin embargo, cambiará varias veces de barco (uno de los vapores que iba a llevar se hunde). En la película, ambientada en la guerra de Vietnam, al capitán Willard le encomiendan entrar a Camboya para eliminar a Kurtz, un coronel que se ha vuelto loco.

Por tanto, aquí tenemos la primera gran diferencia: en la película, Kurtz se revela desde el principio como el motivo fundamental del viaje, mientras que en el libro solo al final nos damos cuenta de la importancia de Kurtz en la vivencia de Marlow. Al comienzo solo se le menciona de pasada: se comenta que es un comerciante de marfil que está en lo profundo de la selva.

Sin embargo, en ambas obras la imagen de Kurtz antecede a su aparición en escena, nos hablan de él, nos dan indicios de cómo es, nos envuelven en ese halo de curiosidad y posterior admiración que siente el protagonista. Marlow lo describe desde el recuerdo, antes de su encuentro con él:

¡Y el altanero hueso frontal del señor Kurtz! Dicen que el pelo continúa creciendo a veces, pero este espécimen estaba impresionantemente calvo. La selva le había pasado la mano por la cabeza y, ¡ya veis!, quedó como una bola, una bola de marfil (…)

¿No te viene automáticamente a la mente la imagen de Marlon Brando entre las sombras?

Marlon Brando como Kurtz en Apocalypse Now

Kurtz “se había colocado en un alto sitial entre los demonios de la tierra”.

Este tipo de frases nos hace ver a Kurtz antes de ver a Kurtz.

En la película, la forma en que vemos a Kurtz antes de verlo es la revisión que hace el capitán Willard de un dosier que se le entrega al principio. En él comprueba cómo la hoja de servicios de Kurtz era brillante, cómo se trataba ya de un personaje enigmático, complejo y válido hasta que se volvió loco en la selva.

En la novela, antes del encuentro con Kurtz se cuenta que se le ha encargado escribir un informe para la Sociedad Internacional para la Supresión de las Costumbres Salvajes. Un informe elocuente, tenso, lleno de benevolencia y sentimientos altruistas… en el que al final, Kurtz anota un garabato a mano que “le deslumbraba a uno como un relámpago”:

¡Exterminar a todos los salvajes!

Es algo que en la película el capitán Willard descubre al final.

El fotógrafo arlequín

La antesala de Kurtz es el extraño individuo que sale a recibir al barco, una especie de arlequín, que en la película es un fotógrafo (Dennis Hopper), un admirador de Kurtz, un discípulo occidental que muestra hasta qué punto el influjo de Kurtz no se detiene en los salvajes ignorantes, sino que puede alcanzar a una mentalidad menos impresionable.

El fotógrafo en Apocalyse Now despliega los brazos

Lo que dice el fotógrafo es lo que dice el arlequín:

A Kurtz no se le habla, se le escucha. (…) No se puede juzgar a Kurtz.

El capitán Willard/Marlow argumenta: “¡Ese hombre está loco!”

El señor Kurtz no podía estar loco. Si le hubiera oído hablar dos días antes…

Este personaje vuelve a presentarnos a Kurtz, nos habla de un gurú clarividente, lleno de sabiduría, que se hace adorar, pero también peligroso, despótico. Todavía desde el barco, Marlow utiliza unos gemelos para ver la casa donde está Kurtz y se encuentra con que los postes que la rodean no están adornados de “pomos redondos”, tienen cabezas ensartadas en ellos…

El horror

Si algo está magníficamente aumentado y utilizado en Apocalypse Now es el momento en el que Kurtz grita en susurros (atención a la expresión, un grito susurrado):

¡El horror! ¡El horror!

Realmente, la mención del horror en la novela nos abre un abanico de posibilidades, nos invita a unir retales, como que Kurtz apuntó “¡Exterminar a los salvajes!” en su informe, el hecho de se hiciera adorar por los salvajes o que el arlequín le tenga miedo.

Pero el horror alcanza las dimensiones más inimaginables en la obra de Coppola, cuando Kurtz, hablando al capitán Willard sobre el horror, describe una escena concreta de lo que significa: una serie de soldados eficientes, con altas cualidades morales, con mujeres e hijos, soldados nobles, que de pronto cortan los brazos a cientos de niños salvajes a los que se había vacunado. Y la montaña de esos brazos. Aunque esta imagen no se ve en la película, se abre de nuevo un gran desplegable en el libro, una figura de tres dimensiones que es exactamente eso, el horror puro.

Es un punto de inflexión en el que la película vuelve a separarse de la novela y, en mi opinión, vuelve a superarla. El capitán Willard se convierte él mismo en el horror, es tomado por la selva, mata a Kurtz como los salvajes matan a un gran toro, a hachazos y sin miramientos. Una sucesión de imágenes muy difícil de olvidar. En la novela, Kurtz muere a bordo del barco, es un ser enclenque y enfermo. En la película, no se lo ponen tan fácil al protagonista, tiene que cumplir su destino, que es matar a Kurtz, algo que el propio Kurtz sabe.

La separación de ambas obras continúa. En la novela, Marlow se ha llevado consigo todo lo que pertenecía a Kurtz, y se lo va entregando a distintos interesados, hasta que al final entrega unas cartas a la novia de Kurtz. Cuando ella pregunta por sus últimos momentos, Marlow le dice que Kurtz dijo su nombre. ¿Cómo le va a decir lo que realmente pronunció Kurtz? Así, siente que no le hace justicia.

En la película, no aparece la novia de Kurtz, en el dosier se indica que estaba casado y con hijos y Kurtz mismo encarga al capitán Willard que hable a su hijo sobre su verdad. Cuando acaba la misión de Willard, acaba la película, con el grito susurrado evocado en su recuerdo:

¡El horror! ¡El horror!

De manera que la película omite dos mujeres importantes: la novia de Kurtz y la mujer salvaje y poderosa que les contempla desde la orilla, llena de adornos metálicos.

Aun así, el regusto que queda es el mismo. Nos dice Marlow:

Y después estuvieron a punto de enterrarme a mí.

No obstante, como veis, yo no fui a unirme con Kurtz allí y entonces. No lo hice. Me quedé para soñar la pesadilla hasta el final y para demostrar mi lealtad hacia Kurtz una vez más.

Así, se cierra el círculo: Kurtz es el destino, el secreto, la locura, la clarividencia… Marlow es capaz de señalar la locura de Kurtz pero no es capaz de escapar a su influjo, acaba siéndole leal, acaba conquistado por este ser que habitó el corazón de las tinieblas.

Día mundial del teatro

¡Feliz día mundial del teatro!

Si te apetece leer un poco sobre nuestras incursiones en el apasionante mundo del teatro, te recomiendo:

No sabes lo que es el teatro hasta que no lo vives desde dentro. Desde fuera, tal vez se pueda decir que es como ver una película que cada noche de actuación es ligeramente diferente. Desde dentro, todo lo que se trabaja antes de “la proyección” de esta película única es tan interesante o más que el resultado. Con el teatro se crece.

Teatro romano de Mérida, vista desde las gradas

¿Por qué acercarse al teatro desde dentro?

  • Te hace sentir más viv@
  • Vuelves a jugar como cuando eras pequeño
  • Te ríes a carcajadas
  • Sales (mucho) de tu zona de confort
  • Conoces a mucha gente
  • Vives emociones intensas

¿Has probado el teatro desde dentro? ¿Qué te parece? ¿Qué otros aspectos destacarías de esta experiencia? Te animo a comentar, ya sabes que tus comentarios son muy bienvenidos. 🙂

¿Puedes escribir una novela en un mes?

Desde hace algunos años, sigo con interés creciente una iniciativa de Estados Unidos que se llama National Novel Writing Month, mes nacional de escritura de novela, y se abrevia como #NaNoWriMo.

Se trata de escribir una novela completa de 50.000 palabras en un mes. Esto equivale a unas 163 páginas en Arial 12 y espacio 1,5. Algunos incluso comparten calendarios como este para distribuir el número de palabras y dar ánimos:

La imagen muestra un calendario con los días de noviembre para distribuir la escritura de la novela
Imagen creada por @Kiriska, participante de NaNoWriMo con este usuario: http://nanowrimo.org/participants/kiriska

Como ves, el mes elegido para esta iniciativa es noviembre, por lo que miles de personas de todo el mundo se están preparando ya para acometer el desafío.

Si lo tuyo no es la novela pero sí te gusta escribir, existe una variante, los #NaNoRebel, que se dedican a escribir “otra cosa”: poesía, guiones, ensayo, revisión de una novela anterior, etc.

¿Te parece un reto demasiado difícil?

A Laura Bradley, una profesora de Lengua inglesa de un instituto en Petaluma, California, no le parece así: propone a sus estudiantes que escriban una novela completa participando a su manera en el NaNoWriMo, eso sí, en lugar de 50.000 palabras, sus alumnos solo tienen que escribir entre 10.000 y 25.000 palabras, como puedes ver en este artículo de MindShift.

El resto es igual: identificar el género, creación de estructura, desarrollo de personajes, incorporación de situaciones de conflicto, etc.

En el plazo de un mes hacen el grueso del trabajo, si bien se trata de un trabajo que se planifica con antelación. La misma profesora les acompaña creando su propia novela.

Ok, me interesa, ¿qué tengo que hacer?

Si te ha picado el gusanillo, puedes visitar la página de la organización, National Novel Writing Month, y conocer más detalles. Aquí apunto algunos:

  1. Comienzas con tu compromiso de escribir 50.000 palabras en un mes. Yo particularmente pienso que puedes centrarte más en la idea de proyecto, en lugar del número de palabras, y decir: “voy a escribir una novela corta en un mes”.
  2. Das de alta tu perfil en la página de referencia.
  3. Das de alta el título de la novela con antelación, y después comienzas a escribirla.

Yo no entiendo el inglés

Es posible que desde el principio te haya echado para atrás tanto el nombre de la iniciativa como el idioma en el que está la página. Tengo buenas noticias: existe un grupo en España, con foros en nuestro idioma y grupos de distintas comunidades.

El mapa muestra las zonas del mundo donde hay grupos que se han apuntado al NaNoWriMo de 2018
Imagen de la web de National Novel Writing Month

Yo no entiendo lo de hacer grupos

Yo tampoco. Si eres del tipo introvertido, probablemente prefieras escribir a tu bola y en soledad. En todo caso, puede interesarte investigar estos grupos, concebidos para darse apoyo mutuo a lo largo del duro mes de escritura, y quizá compartir recursos y experiencias. Además, he visto que hay grupos por géneros, como ciencia ficción, biografías, novela histórica, etc.

Si quieres hacer un grupo o formar parte de alguno que exista, puedes buscarlos en los foros de la página de NaNoWrimo, en Twitter, o en Facebook, donde van publicando necesidades de grupos o grupos existentes.

Yo no aguanto la presión de un plazo tan corto

Puede que este sea tu caso, y entonces el NaNoWriMo no es para ti. Hay escritores que necesitan mucho tiempo en blanco, y que tienen unos plazos de entrega más largos. Es el caso de Eduardo Mendoza, según explicó en la presentación de su último libro, El rey recibe, en el Espacio Fundación Telefónica. Si necesita adaptarse a unos plazos, lo hace, pero no está cómodo

Puedes encontrar algunos consejos adicionales sobre esto (en inglés) en este artículo de Lauren Sapala. Lauren es escritora y coach de escritores, y en su artículo explica importantes aspectos a tener en cuenta durante este tipo de reto, por ejemplo:

  • Por mucho que lo planifiques, la escritura de tu libro no saldrá como esperas. Siempre surgirán contratiempos, por lo que es muy posible no lograr el objetivo. Por ejemplo, Nassim Nicholas Taleb reconoce en una nota al pie de Cisne Negro que su escritura se retrasó aproximada e “inesperadamente” quince meses.
  • No puedes ejercer un control total sobre tu plan. Es una meta bonita, un número redondo (50.000 palabras), un desafío grande. Pero no todo está en tus manos, existen los llamados “imponderables”.
  • Un aspecto positivo del reto es que se trata de un compromiso contigo mismo/a para dedicar tu valioso tiempo a escribir, para sacrificar horas de ocio en un trabajo intelectual que llega a ser físico (si tenemos en cuenta lo que opina Haruki Murakami).
  • Si no puedes seguir el plan, déjate llevar por el estado de flujo, ábrete a tu creatividad, a los personajes inesperados que se presenten, a los giros inesperados de la historia que no habías recogido en la trama.

¿Qué más necesitas para convencerte?

Sea al #NaNoWriMo o al #NaNoRebel, que no te eche para atrás el nombrecito. Lo cierto es que puede ser toda una experiencia retarse a escribir de forma constante, a un ritmo alto, para luego corregir lo ya escrito más adelante.

Me gustaría conocer tu opinión: ¿te gustaría aceptar este reto? ¿Sientes que no tienes tiempo para ello? ¿Lo has intentado ya pero no te funcionó? Cuéntanos, tus opiniones aportan mucho.

¿Otra vez la misma canción, Sam?

En Casablanca, Sam tocaba una canción que Rick le había prohibido

Seguro que la tensión y dinamismo del guion de Casablanca decaerían si, en el momento en que Rick descubre a Sam volviendo a tocar “As time goes by” le hubiese dicho:

¿Otra vez la misma canción, Sam?

Y es que, ¿cuántas veces como máximo puede escucharse una canción? ¿Dónde está el límite más allá del cual la “utilidad marginal decreciente” comienza a ser negativa y el bien se convierte en un mal? Lo creáis o no, este tipo de preguntas se analizan en Microeconomía y se representan en ejes de coordenadas…

Pero no, no quería entrar en el terreno analítico, sino en el del arte.

¿Existe un límite en el disfrute de una obra de arte?

Mi grupo preferido es Queen. Puedo asegurar que la mayoría de las canciones ya no las soporto. No solo me las sé de memoria, es que ya no me proporcionan ninguna “utilidad” o satisfacción.

Hablemos de obras universales, por si a alguien no le gusta Queen: ¿qué me decís de La Gioconda? Una vez estuve en el Louvre, y vi a la Mona Lisa. La vi, sí. Creo que había cincuenta metros de distancia, cubiertos por gente tratando de ver lo mismo que yo. El tamaño del cuadro era menor al esperado (las reproducciones no nos dicen el tamaño original), y a la distancia a la que pude avistar esta obra, no me dijo absolutamente nada: ya la había visto, aunque no fuera la original, un número demasiado alto de veces.

¿Y qué ocurre con un libro? Pues creo que en este caso es más difícil agotar la “utilidad” o el disfrute de la obra, porque rara vez se lee un libro dos veces, o quizá sí, uno muy concreto. Yo he releído algún libro muy puntualmente, pero en general, el libro es un objeto cuya utilidad desaparece una vez se sitúa, ya leído, en la estantería.

El espesor

Yo no hago más que acordarme del concepto de “espesor”. Se nos explicó en Teoría de la Literatura, como la dimensión de peso o grandeza que adquiere una obra por la cantidad de receptores que tiene y ha tenido a lo largo de la historia, algunos de los cuales la han estudiado a conciencia.

Por ejemplo, Las Meninas. Otro cuadro que si te lo menciono tienes de él una imagen mental rápida, porque es ciertamente difícil no haber visto nunca una reproducción. Quizá no recuerdes que es la familia de Felipe IV o la ubicación concreta de los personajes, pero sí que te viene a la cabeza un “manchurrón” de Las Meninas.

Usar, usar, usar, despacito, y luego tirar

La tendencia es, precisamente, a agotar cuanto antes el número de veces que puedes disfrutar de una obra antes de empezar a odiarla. Ocurre con las canciones que son número uno en las listas, como Despacito.

Algo hace que te sea totalmente imposible escapar al uso reiterado de algunas canciones: están en el supermercado, en el gimnasio, en la tele, en la radio… Hasta que son agotadas. Ojo, que la canción que he tomado como ejemplo a mí me gusta. Y también tengo que decir que cuando la escuché en más de un sitio en Atenas… Pues ya me gustó menos.

¿Otra vez el mismo libro, Sam?

Esto, por tanto, es lo que nunca oiremos, ya que un libro es lo suficientemente gordo como para evitar el queme por exposición reiterada al producto.


¿Tú cómo lo ves? ¿Hay alguna película, canción, libro, cuadro, escultura… que no te canses nunca de disfrutar? ¿Crees que existe un número finito de veces en que puedes estar en contacto con una obra? Me gustaría conocer tus opiniones, ¡gracias! 🙂

Soy sauce

 

Soy sauce



De pronto hay poesía en un bote de salsa china.

Bote de salsa de soja soy sauce

Me ha traído a la memoria la canción Alma de cantaora, de Amparo Sánchez:

Soy mañana

Soy aurora

Soy la luz

Soy la sombra

Soy la tierra

Soy el cielo

Soy la luna

En un espejo

Soy sauce.

Y no pretendo hacer aquí un Ecos de pentagrama, ya quisiéramos tener su poder poético… Bueno, en realidad es como un homenaje.

Sí pretendo hacer notar cómo la poesía se abre paso, te pasa por delante, te mira desde los rincones más insospechados. Solo podrás verla si le concedes aire, un espacio, un tiempo. La poesía no se presenta en medio del estrés.

Soy el poder dentro de mí.

Cuando perseguía el sueño de ser lo que ya era tuve la oportunidad de preguntar a Francisco Brines cómo logró dedicarse a la poesía. Me dijo:

La poesía requiere espacio.

Hace unos años, buscando planes, encontré un concierto en un pueblo de la Sierra, puede que fuese Lozoya. Era un concierto de Amparo Sánchez, a quien descubrí directamente en directo, con su guitarra azul y dibujada. Y desde entonces, varias de las canciones que nos ofreció me acompañan. Esta es una de ellas.

Soy gran espíritu, y soy eterna.

Las imágenes del vídeo son exactamente lo que me evoca la canción, una sensualidad de la tierra, femenina, de cuerpos disfrutones, de baile, belleza… Las edades, la sensualidad de cada edad, la sensualidad del presente, del ahora.

Y cantaré como una bendición la libertad de ser lo que soy.

Una buena canción para estos días, ¿no? Para escuchar mañana mismo, día 8 de marzo.

Como siempre, gracias por leerme y por compartir.

Muñoz Molina en un andar no solitario

El martes 27 de febrero asistí a la presentación del libro Un andar solitario entre la gente, de Antonio Muñoz Molina en Espacio Fundación Telefónica.

Y es que forma parte del oficio de escribir, y creo que cada vez más, tener que promocionar el libro, presentarlo, explicarlo y firmarlo a los potenciales y actuales lectores.

Antonio Muñoz Molina presenta su último libro

Me gusta asistir a las presentaciones de los libros porque crean una primera comunicación autor-lector que abre la puerta a la que es la habitual.

Me gusta también porque muchas veces un buen actor es escogido para leer fragmentos de la obra, como en este caso ocurrió con Javier Cámara.

Javier Cámara lee fragmentos del libro de Muñoz Molina

En la presentación, el autor se hace más pequeño. Quizá nos permite darnos cuenta de que es tan solo otra persona, una persona dotada de un talento diferencial, pero una persona. En este caso, un talento de poder mostrar el amor a las palabras, a las historias, a los personajes que las construyen.

Un libro caminado

Parece que Un andar solitario entre la gente es un libro construido en el andar, en el caminar por la ciudad actual, la que nos hace anónimos. Este caminar abre una nueva ciencia, la deambulología, a la que rápidamente nos adherimos los que estábamos presentes en la charla. El andar entre la gente, en medio del ruido, y con muchos “consejos” que se muestran a la altura de nuestros ojos, consejos que nos invitan a sentir que somos soberanos de nuestra vida.

El individuo libre… y solo

Cómo no, la publicidad explota el lenguaje del deseo, como comentó Muñoz Molina. Es un lenguaje además dirigido a ti, tú eres el protagonista único de este “ego-tour”. Esta y muchas otras referencias me hicieron pensar en la Modernidad líquida de Bauman. Ahora en la posmodernidad, o en la post-post-crisis, como decía un estudiante hace poco en Salvados, somos todos libres, y esta libertad se apoya en la individualización: cada uno de nosotros puede hacer lo que quiera asumiendo entonces toda la responsabilidad y las consecuencias de lo que haga. De alguna manera, esta libertad está encajonada entre las paredes de una serie de normas que hacen la vida “más segura”, enfocados quizá por cámaras de vigilancia panóptica que nos pueden mirar desde arriba porque nosotros queremos.

A mí también me llama la atención que “un andar solitario entre la gente” sea un verso de Quevedo, porque parece concebido en la época actual. El que el andar sea “solitario” refuerza la idea de individualidad, de egocentrismo: caminas solo, y los caminares solitarios no se agregan, no suman, no existe ahí lo colectivo o la sociedad.

Entre una montaña de basura

A pesar de que las reflexiones de Muñoz Molina fueron cálidas y en un tono de humor o ligereza, lo cierto es que describen un mundo distópico en el que no apetece estar. De hecho, fue a raíz de esta entrevista que decidí acercarme a la presentación, en la que el autor habla de nuestro legado como una montaña de basura.


¿Puedo recomendar una lectura sin haberla comenzado? Bueno, al menos me la recomiendo a mí misma, y si surge, os contaré lo que me ha parecido.

 

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Has leído el libro? ¿Leíste quizá Todo lo que era sólido?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

¿Qué discurso narrativo elegir?

¿Cómo construir un relato?

El discurso narrativo en Lolita, de Navokov

Se utilice el tipo de discurso que se utilice, lo fundamental es que el lector entre de lleno en él sin cuestionarse nada, que “lo compre”, que siga leyendo.

El discurso elegido es solo un medio para tus fines. Si lo que estás escribiendo es una novela, has de captar al lector en el primer capítulo. Si se trata de un relato, el primer párrafo ha de invitar a seguir leyendo. Y si es un microrrelato, la primera frase ha de ser extraordinaria.

Si haces el camino inverso, mejor: trata el comienzo de tu texto, sea un relato o una novela de mil páginas, como si fuese un microrrelato. Desde la primera frase, cuéntale la historia al lector sin dar explicaciones, arrástrale hacia el mundo ficcional que has creado.

El discurso narrativo es polifónico, no se limita al narrador y los personajes, también incluye cartas, diarios, documentos… que se incorporan al relato y le dan riqueza.

Lo interesante es que, sea como sea este discurso, no cumple todas las leyes del uso del lenguaje, ya que más bien se disfraza “como si” fuese real, pero con un acuerdo tácito con el lector de suspensión de la incredulidad. No se busca la verdad, de hecho, no interesa.

Tipos de discurso narrativo

Siendo polifónico, el discurso narrativo puede clasificarse de multitud de formas, agrupadas en dos grandes categorías:

Discurso impersonal

Se trata del mensaje que no se instrumenta en la primera persona. A su vez puede tratarse de un discurso directo o indirecto, es decir, su rango va desde la narración en tercera persona hasta el puro diálogo. Veamos unos ejemplos:

“Hace ya muchos cientos de años hubo un viejo pescador que estaba sentado una tarde ante la puerta de su casa ocupado en remendar sus redes. Vivía en un lugar maravilloso. La hierba verde sobre la cual estaba construida su cabaña extendíase hasta el centro de un gran lago, y parecía como si un sentimiento amoroso hubiera atraído aquella península hacia las aguas claras y azules del lago, y asimismo que el lago hubiera tendido amorosamente sus brazos hacia aquel bello prado sembrado de flores y de tallos que se mecían al viento y hacia la agradable sombra de sus árboles.”

 

—Sois un personaje singular  —respondió el sacerdote—. Y quisiera saber quién sois. ¿De dónde venís?
—¿Y quién sois vos?, ¿podríais decírmelo? —preguntó el forastero.
—Me llaman padre Heilmann —dijo el sacerdote—. Vengo del convento de la Visitación, del otro lado del lago…

Ondina, Barón de La Motte Fouqué. Este libro está descatalogado, por ello ofrezco el enlace al PDF.

Discurso personal

En este caso, el discurso se realiza en primera persona y también puede ser directo o indirecto. Veamos los ejemplos:

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

“Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita”.

 

—¿De dónde diablos la ha sacado?
—¿Cómo?
—Decía que el tiempo está mejorando.
—Así parece.
—¿Quién es la chiquilla?
—Mi hija.
—Miente, no es su hija.
—¿Cómo?
—Decía que hemos tenido mucho calor en julio. ¿Qué es de su madre?
—Ha muerto.
—Lo siento. A propósito, ¿no quieren ustedes almorzar conmigo mañana? Esta multitud espantosa ya se habrá retirado.
—Y nosotros también. Adiós.

Lolita, Vladimir Nabokov

El comienzo: fundamental

En los ejemplos anteriores, se muestra la narración del comienzo de cada una de las obras, y después un diálogo que ocurre en el transcurso del relato.

Un ejercicio interesante es leer el principio de tus relatos y novelas preferidos. ¿Qué es lo que hace que sigas leyendo? ¿Se ha utilizado un narrador en primera o tercera persona? ¿A través de quién hablan los personajes?

Comprobarás lo importante que es el comienzo. ¿Acaso no te has sorprendido diciendo “Lo.Li.Ta.” en voz alta?

Para saber más:

GARRIDO DOMÍNGUEZ, A. El texto narrativo. Editorial Síntesis. 2014