¿Puedes escribir una novela en un mes?

Desde hace algunos años, sigo con interés creciente una iniciativa de Estados Unidos que se llama National Novel Writing Month, mes nacional de escritura de novela, y se abrevia como #NaNoWriMo.

Se trata de escribir una novela completa de 50.000 palabras en un mes. Esto equivale a unas 163 páginas en Arial 12 y espacio 1,5. Algunos incluso comparten calendarios como este para distribuir el número de palabras y dar ánimos:

La imagen muestra un calendario con los días de noviembre para distribuir la escritura de la novela
Imagen creada por @Kiriska, participante de NaNoWriMo con este usuario: http://nanowrimo.org/participants/kiriska

Como ves, el mes elegido para esta iniciativa es noviembre, por lo que miles de personas de todo el mundo se están preparando ya para acometer el desafío.

Si lo tuyo no es la novela pero sí te gusta escribir, existe una variante, los #NaNoRebel, que se dedican a escribir “otra cosa”: poesía, guiones, ensayo, revisión de una novela anterior, etc.

¿Te parece un reto demasiado difícil?

A Laura Bradley, una profesora de Lengua inglesa de un instituto en Petaluma, California, no le parece así: propone a sus estudiantes que escriban una novela completa participando a su manera en el NaNoWriMo, eso sí, en lugar de 50.000 palabras, sus alumnos solo tienen que escribir entre 10.000 y 25.000 palabras, como puedes ver en este artículo de MindShift.

El resto es igual: identificar el género, creación de estructura, desarrollo de personajes, incorporación de situaciones de conflicto, etc.

En el plazo de un mes hacen el grueso del trabajo, si bien se trata de un trabajo que se planifica con antelación. La misma profesora les acompaña creando su propia novela.

Ok, me interesa, ¿qué tengo que hacer?

Si te ha picado el gusanillo, puedes visitar la página de la organización, National Novel Writing Month, y conocer más detalles. Aquí apunto algunos:

  1. Comienzas con tu compromiso de escribir 50.000 palabras en un mes. Yo particularmente pienso que puedes centrarte más en la idea de proyecto, en lugar del número de palabras, y decir: “voy a escribir una novela corta en un mes”.
  2. Das de alta tu perfil en la página de referencia.
  3. Das de alta el título de la novela con antelación, y después comienzas a escribirla.

Yo no entiendo el inglés

Es posible que desde el principio te haya echado para atrás tanto el nombre de la iniciativa como el idioma en el que está la página. Tengo buenas noticias: existe un grupo en España, con foros en nuestro idioma y grupos de distintas comunidades.

El mapa muestra las zonas del mundo donde hay grupos que se han apuntado al NaNoWriMo de 2018
Imagen de la web de National Novel Writing Month

Yo no entiendo lo de hacer grupos

Yo tampoco. Si eres del tipo introvertido, probablemente prefieras escribir a tu bola y en soledad. En todo caso, puede interesarte investigar estos grupos, concebidos para darse apoyo mutuo a lo largo del duro mes de escritura, y quizá compartir recursos y experiencias. Además, he visto que hay grupos por géneros, como ciencia ficción, biografías, novela histórica, etc.

Si quieres hacer un grupo o formar parte de alguno que exista, puedes buscarlos en los foros de la página de NaNoWrimo, en Twitter, o en Facebook, donde van publicando necesidades de grupos o grupos existentes.

Yo no aguanto la presión de un plazo tan corto

Puede que este sea tu caso, y entonces el NaNoWriMo no es para ti. Hay escritores que necesitan mucho tiempo en blanco, y que tienen unos plazos de entrega más largos. Es el caso de Eduardo Mendoza, según explicó en la presentación de su último libro, El rey recibe, en el Espacio Fundación Telefónica. Si necesita adaptarse a unos plazos, lo hace, pero no está cómodo

Puedes encontrar algunos consejos adicionales sobre esto (en inglés) en este artículo de Lauren Sapala. Lauren es escritora y coach de escritores, y en su artículo explica importantes aspectos a tener en cuenta durante este tipo de reto, por ejemplo:

  • Por mucho que lo planifiques, la escritura de tu libro no saldrá como esperas. Siempre surgirán contratiempos, por lo que es muy posible no lograr el objetivo. Por ejemplo, Nassim Nicholas Taleb reconoce en una nota al pie de Cisne Negro que su escritura se retrasó aproximada e “inesperadamente” quince meses.
  • No puedes ejercer un control total sobre tu plan. Es una meta bonita, un número redondo (50.000 palabras), un desafío grande. Pero no todo está en tus manos, existen los llamados “imponderables”.
  • Un aspecto positivo del reto es que se trata de un compromiso contigo mismo/a para dedicar tu valioso tiempo a escribir, para sacrificar horas de ocio en un trabajo intelectual que llega a ser físico (si tenemos en cuenta lo que opina Haruki Murakami).
  • Si no puedes seguir el plan, déjate llevar por el estado de flujo, ábrete a tu creatividad, a los personajes inesperados que se presenten, a los giros inesperados de la historia que no habías recogido en la trama.

¿Qué más necesitas para convencerte?

Sea al #NaNoWriMo o al #NaNoRebel, que no te eche para atrás el nombrecito. Lo cierto es que puede ser toda una experiencia retarse a escribir de forma constante, a un ritmo alto, para luego corregir lo ya escrito más adelante.

Me gustaría conocer tu opinión: ¿te gustaría aceptar este reto? ¿Sientes que no tienes tiempo para ello? ¿Lo has intentado ya pero no te funcionó? Cuéntanos, tus opiniones aportan mucho.

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Las cosas líquidas

En un post anterior os hablé de Las cosas, una novela de Georges Perec.

Algo que me ha llamado la atención de esta novela es encontrar ya indicios de la modernidad líquida descrita por Zygmunt Bauman. No hacía falta llegar a las “pantallas líquidas” para empezar a vivir una “vida líquida”, donde todo es frágil y confuso, la trayectoria de vida ya no es clara, ya nada asegura que siguiendo los pasos tradicionales se logre una posición fija, un hueco.

Modernidad líquida

El ejemplo más común es comparar la producción tipo Henry Ford con la de Bill Gates. Si entras en Ford, puedes esperar acabar allí tu carrera profesional. Si entras en Microsoft, puedes esperar que al año siguiente estés en un sitio completamente distinto. El futuro no está garantizado, cada individuo tiene que abrirse paso sin poder apoyarse en la colectividad. Las normas las impone el mercado, caracterizado por la relación directa entre productor y consumidor, en que el trabajo queda relegado a ser una materia prima más.

Ya en los 60, época en que está ambientada Las cosas, sus protagonistas se dedicaban a los estudios de mercado. Es la época de Mad Men, cuando el mercadeo comienza a profesionalizarse con estudios de mercado cada vez más rigurosos. Sylvie y Jérôme tenían un trabajo de campo, entrevistaban a personas y muchas veces viajaban para ello:

¿Le gusta el puré preparado y por qué? ¿Porque es ligero? ¿Porque es untuoso? ¿Porque es tan fácil de hacer: un gesto y hala? (…)

¿A qué se presta antes atención al comer un yogur?: ¿al color?, ¿a la consistencia?, ¿al sabor?, ¿al perfume natural? (…)

¿Qué piensa de su lavadora? ¿Está contento con ella? ¿No hace demasiada espuma? ¿Lava bien? ¿Rompe la ropa? ¿Seca la ropa? ¿Preferiría una lavadora que secara también su ropa?

 

Los deseos nunca se agotan

Una muestra de varias cosas sólidas y líquidas

Estos personajes de la novela viven en una angustia constante porque sus deseos superan a sus posibilidades de una forma abrumadora. Es más, confunden deseo y necesidad, ya que los objetos que se mencionan no son necesarios para vivir, aunque sean muy deseables. Es la época en que los términos de oferta y demanda se invierten; ahora la oferta genera su propia demanda (Ley de Say).

En el mundo en que vivían, era casi de rigor desear siempre más de lo que se podía adquirir.

…el dinero –semejante afirmación es forzosamente trivial– suscitaba necesidades nuevas.

Lo que sí es muy diferente es el tipo de anhelos del consumidor. Jérôme y Sylvie recorren los anticuarios de París buscando objetos valiosos y admirándolos desde fuera del escaparate, porque no se los pueden permitir: alfombras, candelabros, cojines, libros encuadernados en piel, divanes Chesterfield, floreros, tapices, armarios de roble… Son objetos sólidos frente a los objetos líquidos actuales.

[Existían en las calles] las ofertas falaces, y sin embargo tan cálidas, de los anticuarios, los tenderos, los libreros.

Los paralizaba la inmensidad de sus deseos.

Los deseos de ahora son tan inmensos o más que los de los años sesenta, con una diferencia: que ahora parecen cubrirse con cosas líquidas, o incluso con cosas “gaseosas” (por diluir un poco más las cosas), cosas que ni siquiera son tangibles, como los “me gusta” de las redes sociales.

En nuestros tiempos, Sylvie y Jérôme quizá habrían deseado tener un iPhone última generación (para qué mencionar cuál si me va a dejar obsoleta esta entrada en 5 minutos), una tableta iPad, pero también muchos miles de seguidores en las principales redes sociales, muchos miles de “Me gusta”, un prestigio digital que, al pasar después por una de las plazas modernas, desierta, sin bancos, sin árboles y abiertamente hostil, nadie les reconocería. “Ah, ¿pero tú eres @satanica74?”

La transformación del mercado

La transformación del mercado hacia lo estético sí comienza en aquella época:

…no era raro ver a un antiguo detallista muerto de hambre convertirse en especialista en quesos, con un delantal azul que daba un tono de muy entendido y un local de vigas y mimbres…

Y ahora continúa, porque este antiguo especialista en quesos se convierte en un bloguero influencer que incluso puede conseguir un espacio en televisión tras haber generado miles de seguidores en Youtube.

Siempre más abajo de lo que sería deseable

Lo que es fundamental, lo que se creó ya en esa época en que la oferta busca generar la demanda y que es cada vez más acusado, es crear en el consumidor la sensación continua de insatisfacción: siempre más abajo en la escala de lo que sería deseable, sin saber muy bien cómo acceder a las capas más altas, soñando con la riqueza pero no trabajando para lograrla porque se sabe de antemano que es inútil, que la riqueza viene por otro lado, quizá heredada, quizá de la falta de escrúpulos, quizá de explotarse a sí mismo/a:

Y ellos comprendían, porque por todas partes, a su alrededor, todo se lo hacía comprender, porque se lo metían en la cabeza de la mañana a la noche, a fuerza de eslóganes, de carteles, de anuncios luminosos, de escaparates iluminados, que estaban siempre un poco más abajo en la escalera, siempre un poco demasiado abajo. Y aún tenían la suerte de no estar entre los más desfavorecidos.

Ahora, como en los sesenta en Francia, aún nos alegramos de tener la suerte de no estar entre los más desfavorecidos, de los que tratamos de distinguirnos a toda costa. Las diferencias sociales entre ricos y el resto van en aumento, la clase media adelgaza a buen ritmo y, con el tiempo, parece como que nos acercamos a esa franja de desfavorecidos a la que nadie, nadie, quiere pertenecer, por lo que, compremos entonces un iPhone de imitación o unas Nike que den el pego, todo menos “parecer” uno de esos que están fuera del club del «universo espejeante de la civilización mercantil, las prisiones de la abundancia, las trampas fascinantes de la dicha.»


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post? ¿Te identificas con Sylvie y Jérôme?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

¿Otra vez la misma canción, Sam?

En Casablanca, Sam tocaba una canción que Rick le había prohibido

Seguro que la tensión y dinamismo del guion de Casablanca decaerían si, en el momento en que Rick descubre a Sam volviendo a tocar “As time goes by” le hubiese dicho:

¿Otra vez la misma canción, Sam?

Y es que, ¿cuántas veces como máximo puede escucharse una canción? ¿Dónde está el límite más allá del cual la “utilidad marginal decreciente” comienza a ser negativa y el bien se convierte en un mal? Lo creáis o no, este tipo de preguntas se analizan en Microeconomía y se representan en ejes de coordenadas…

Pero no, no quería entrar en el terreno analítico, sino en el del arte.

¿Existe un límite en el disfrute de una obra de arte?

Mi grupo preferido es Queen. Puedo asegurar que la mayoría de las canciones ya no las soporto. No solo me las sé de memoria, es que ya no me proporcionan ninguna “utilidad” o satisfacción.

Hablemos de obras universales, por si a alguien no le gusta Queen: ¿qué me decís de La Gioconda? Una vez estuve en el Louvre, y vi a la Mona Lisa. La vi, sí. Creo que había cincuenta metros de distancia, cubiertos por gente tratando de ver lo mismo que yo. El tamaño del cuadro era menor al esperado (las reproducciones no nos dicen el tamaño original), y a la distancia a la que pude avistar esta obra, no me dijo absolutamente nada: ya la había visto, aunque no fuera la original, un número demasiado alto de veces.

¿Y qué ocurre con un libro? Pues creo que en este caso es más difícil agotar la “utilidad” o el disfrute de la obra, porque rara vez se lee un libro dos veces, o quizá sí, uno muy concreto. Yo he releído algún libro muy puntualmente, pero en general, el libro es un objeto cuya utilidad desaparece una vez se sitúa, ya leído, en la estantería.

El espesor

Yo no hago más que acordarme del concepto de “espesor”. Se nos explicó en Teoría de la Literatura, como la dimensión de peso o grandeza que adquiere una obra por la cantidad de receptores que tiene y ha tenido a lo largo de la historia, algunos de los cuales la han estudiado a conciencia.

Por ejemplo, Las Meninas. Otro cuadro que si te lo menciono tienes de él una imagen mental rápida, porque es ciertamente difícil no haber visto nunca una reproducción. Quizá no recuerdes que es la familia de Felipe IV o la ubicación concreta de los personajes, pero sí que te viene a la cabeza un “manchurrón” de Las Meninas.

Usar, usar, usar, despacito, y luego tirar

La tendencia es, precisamente, a agotar cuanto antes el número de veces que puedes disfrutar de una obra antes de empezar a odiarla. Ocurre con las canciones que son número uno en las listas, como Despacito.

Algo hace que te sea totalmente imposible escapar al uso reiterado de algunas canciones: están en el supermercado, en el gimnasio, en la tele, en la radio… Hasta que son agotadas. Ojo, que la canción que he tomado como ejemplo a mí me gusta. Y también tengo que decir que cuando la escuché en más de un sitio en Atenas… Pues ya me gustó menos.

¿Otra vez el mismo libro, Sam?

Esto, por tanto, es lo que nunca oiremos, ya que un libro es lo suficientemente gordo como para evitar el queme por exposición reiterada al producto.


¿Tú cómo lo ves? ¿Hay alguna película, canción, libro, cuadro, escultura… que no te canses nunca de disfrutar? ¿Crees que existe un número finito de veces en que puedes estar en contacto con una obra? Me gustaría conocer tus opiniones, ¡gracias! 🙂

Soy sauce

 

Soy sauce



De pronto hay poesía en un bote de salsa china.

Bote de salsa de soja soy sauce

Me ha traído a la memoria la canción Alma de cantaora, de Amparo Sánchez:

Soy mañana

Soy aurora

Soy la luz

Soy la sombra

Soy la tierra

Soy el cielo

Soy la luna

En un espejo

Soy sauce.

Y no pretendo hacer aquí un Ecos de pentagrama, ya quisiéramos tener su poder poético… Bueno, en realidad es como un homenaje.

Sí pretendo hacer notar cómo la poesía se abre paso, te pasa por delante, te mira desde los rincones más insospechados. Solo podrás verla si le concedes aire, un espacio, un tiempo. La poesía no se presenta en medio del estrés.

Soy el poder dentro de mí.

Cuando perseguía el sueño de ser lo que ya era tuve la oportunidad de preguntar a Francisco Brines cómo logró dedicarse a la poesía. Me dijo:

La poesía requiere espacio.

Hace unos años, buscando planes, encontré un concierto en un pueblo de la Sierra, puede que fuese Lozoya. Era un concierto de Amparo Sánchez, a quien descubrí directamente en directo, con su guitarra azul y dibujada. Y desde entonces, varias de las canciones que nos ofreció me acompañan. Esta es una de ellas.

Soy gran espíritu, y soy eterna.

Las imágenes del vídeo son exactamente lo que me evoca la canción, una sensualidad de la tierra, femenina, de cuerpos disfrutones, de baile, belleza… Las edades, la sensualidad de cada edad, la sensualidad del presente, del ahora.

Y cantaré como una bendición la libertad de ser lo que soy.

Una buena canción para estos días, ¿no? Para escuchar mañana mismo, día 8 de marzo.

Como siempre, gracias por leerme y por compartir.

Muñoz Molina en un andar no solitario

El martes 27 de febrero asistí a la presentación del libro Un andar solitario entre la gente, de Antonio Muñoz Molina en Espacio Fundación Telefónica.

Y es que forma parte del oficio de escribir, y creo que cada vez más, tener que promocionar el libro, presentarlo, explicarlo y firmarlo a los potenciales y actuales lectores.

Antonio Muñoz Molina presenta su último libro

Me gusta asistir a las presentaciones de los libros porque crean una primera comunicación autor-lector que abre la puerta a la que es la habitual.

Me gusta también porque muchas veces un buen actor es escogido para leer fragmentos de la obra, como en este caso ocurrió con Javier Cámara.

Javier Cámara lee fragmentos del libro de Muñoz Molina

En la presentación, el autor se hace más pequeño. Quizá nos permite darnos cuenta de que es tan solo otra persona, una persona dotada de un talento diferencial, pero una persona. En este caso, un talento de poder mostrar el amor a las palabras, a las historias, a los personajes que las construyen.

Un libro caminado

Parece que Un andar solitario entre la gente es un libro construido en el andar, en el caminar por la ciudad actual, la que nos hace anónimos. Este caminar abre una nueva ciencia, la deambulología, a la que rápidamente nos adherimos los que estábamos presentes en la charla. El andar entre la gente, en medio del ruido, y con muchos “consejos” que se muestran a la altura de nuestros ojos, consejos que nos invitan a sentir que somos soberanos de nuestra vida.

El individuo libre… y solo

Cómo no, la publicidad explota el lenguaje del deseo, como comentó Muñoz Molina. Es un lenguaje además dirigido a ti, tú eres el protagonista único de este “ego-tour”. Esta y muchas otras referencias me hicieron pensar en la Modernidad líquida de Bauman. Ahora en la posmodernidad, o en la post-post-crisis, como decía un estudiante hace poco en Salvados, somos todos libres, y esta libertad se apoya en la individualización: cada uno de nosotros puede hacer lo que quiera asumiendo entonces toda la responsabilidad y las consecuencias de lo que haga. De alguna manera, esta libertad está encajonada entre las paredes de una serie de normas que hacen la vida “más segura”, enfocados quizá por cámaras de vigilancia panóptica que nos pueden mirar desde arriba porque nosotros queremos.

A mí también me llama la atención que “un andar solitario entre la gente” sea un verso de Quevedo, porque parece concebido en la época actual. El que el andar sea “solitario” refuerza la idea de individualidad, de egocentrismo: caminas solo, y los caminares solitarios no se agregan, no suman, no existe ahí lo colectivo o la sociedad.

Entre una montaña de basura

A pesar de que las reflexiones de Muñoz Molina fueron cálidas y en un tono de humor o ligereza, lo cierto es que describen un mundo distópico en el que no apetece estar. De hecho, fue a raíz de esta entrevista que decidí acercarme a la presentación, en la que el autor habla de nuestro legado como una montaña de basura.


¿Puedo recomendar una lectura sin haberla comenzado? Bueno, al menos me la recomiendo a mí misma, y si surge, os contaré lo que me ha parecido.

 

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Has leído el libro? ¿Leíste quizá Todo lo que era sólido?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

¿Qué discurso narrativo elegir?

¿Cómo construir un relato?

El discurso narrativo en Lolita, de Navokov

Se utilice el tipo de discurso que se utilice, lo fundamental es que el lector entre de lleno en él sin cuestionarse nada, que “lo compre”, que siga leyendo.

El discurso elegido es solo un medio para tus fines. Si lo que estás escribiendo es una novela, has de captar al lector en el primer capítulo. Si se trata de un relato, el primer párrafo ha de invitar a seguir leyendo. Y si es un microrrelato, la primera frase ha de ser extraordinaria.

Si haces el camino inverso, mejor: trata el comienzo de tu texto, sea un relato o una novela de mil páginas, como si fuese un microrrelato. Desde la primera frase, cuéntale la historia al lector sin dar explicaciones, arrástrale hacia el mundo ficcional que has creado.

El discurso narrativo es polifónico, no se limita al narrador y los personajes, también incluye cartas, diarios, documentos… que se incorporan al relato y le dan riqueza.

Lo interesante es que, sea como sea este discurso, no cumple todas las leyes del uso del lenguaje, ya que más bien se disfraza “como si” fuese real, pero con un acuerdo tácito con el lector de suspensión de la incredulidad. No se busca la verdad, de hecho, no interesa.

Tipos de discurso narrativo

Siendo polifónico, el discurso narrativo puede clasificarse de multitud de formas, agrupadas en dos grandes categorías:

Discurso impersonal

Se trata del mensaje que no se instrumenta en la primera persona. A su vez puede tratarse de un discurso directo o indirecto, es decir, su rango va desde la narración en tercera persona hasta el puro diálogo. Veamos unos ejemplos:

“Hace ya muchos cientos de años hubo un viejo pescador que estaba sentado una tarde ante la puerta de su casa ocupado en remendar sus redes. Vivía en un lugar maravilloso. La hierba verde sobre la cual estaba construida su cabaña extendíase hasta el centro de un gran lago, y parecía como si un sentimiento amoroso hubiera atraído aquella península hacia las aguas claras y azules del lago, y asimismo que el lago hubiera tendido amorosamente sus brazos hacia aquel bello prado sembrado de flores y de tallos que se mecían al viento y hacia la agradable sombra de sus árboles.”

 

—Sois un personaje singular  —respondió el sacerdote—. Y quisiera saber quién sois. ¿De dónde venís?
—¿Y quién sois vos?, ¿podríais decírmelo? —preguntó el forastero.
—Me llaman padre Heilmann —dijo el sacerdote—. Vengo del convento de la Visitación, del otro lado del lago…

Ondina, Barón de La Motte Fouqué. Este libro está descatalogado, por ello ofrezco el enlace al PDF.

Discurso personal

En este caso, el discurso se realiza en primera persona y también puede ser directo o indirecto. Veamos los ejemplos:

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

“Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita”.

 

—¿De dónde diablos la ha sacado?
—¿Cómo?
—Decía que el tiempo está mejorando.
—Así parece.
—¿Quién es la chiquilla?
—Mi hija.
—Miente, no es su hija.
—¿Cómo?
—Decía que hemos tenido mucho calor en julio. ¿Qué es de su madre?
—Ha muerto.
—Lo siento. A propósito, ¿no quieren ustedes almorzar conmigo mañana? Esta multitud espantosa ya se habrá retirado.
—Y nosotros también. Adiós.

Lolita, Vladimir Nabokov

El comienzo: fundamental

En los ejemplos anteriores, se muestra la narración del comienzo de cada una de las obras, y después un diálogo que ocurre en el transcurso del relato.

Un ejercicio interesante es leer el principio de tus relatos y novelas preferidos. ¿Qué es lo que hace que sigas leyendo? ¿Se ha utilizado un narrador en primera o tercera persona? ¿A través de quién hablan los personajes?

Comprobarás lo importante que es el comienzo. ¿Acaso no te has sorprendido diciendo “Lo.Li.Ta.” en voz alta?

Para saber más:

GARRIDO DOMÍNGUEZ, A. El texto narrativo. Editorial Síntesis. 2014

El hilo de Manuel Bartual: un fenómeno literario

Para Criteria Literata, el fenómeno literario Manuel Bartual se engloba en la escritura de la mediación, en la llamada paraliteratura. La paraliteratura se compone de géneros paralelos a los canónicos literarios, que son híbridos, bien por la cercanía estructural, bien por el canal o la forma de producirse.

Analizamos el fenómeno Manuel Bartual

La diferencia: el canal

En este caso, lo más interesante ha sido el canal de transmisión: un hilo de Twitter que puedes leer completo aquí. Hasta ahora, los fenómenos literarios en la red se habían producido mayoritariamente en blogs, por lo que la utilización de una red social es una elección novedosa y adaptada a los tiempos.

Este canal permite además la inclusión de imágenes y vídeos. Siguiendo el hilo, se pueden ver varias fotografías que el escritor fue aportando a su narración, así como vídeos de los personajes.

Comunicación inmediata

En este tipo de fenómenos, el lector, tercer elemento de la teoría de la recepción, cobra importancia al convertir la escritura en una comunicación inmediata, en lugar de ser mediata como hasta ahora. No solo eso, el lector comenta, comparte y da forma al relato que se está produciendo ante sus ojos. Es muy interesante cuando Bartual recibe un mensaje desordenado y los seguidores le ayudan a ordenarlo:

“Gracias a todos los que me escribisteis anoche en público y por privado para ayudarme a resolver el mensaje. ¡Fuisteis mucha gente!”

Otro ejemplo es cuando recibe sugerencias de los lectores para entender el mensaje:

“Algunos me habéis comentado que quizá “la otra habitación” sea una con el mismo número que la mía en este mismo hotel. No lo había pensado.”

En este sentido, es fundamental que el escritor recoja la interacción con los lectores, incluso si tiene un guion preestablecido. Aquí estaríamos hablando de la capacidad de improvisar del emisor.

Cambio del estatus del lector

Todo escritor necesita lectores, y en este caso, los lectores son a su vez escritores al mismo nivel que quien inicia el hilo de comunicación. Y esto también es novedoso, porque en la literatura tradicional el lector está subordinado al escritor, el emisor deja un mensaje muy claro y el lector lo toma o no, sin poder intervenir en él. En un fenómeno como el de Bartual, el estatus del receptor se iguala al del emisor. Así, el escritor puede aclarar dudas, por ejemplo:

“Lo aclaro porque me lo habéis preguntado: el lápiz ni es mío ni es como los que utilizo habitualmente.”

“Para los que estáis preocupados por mí: ¡sigo vivo!”

Vivir el momento presente

La creación de Manuel Bartual se extendió desde el 21 de agosto de 2017 a las 21:46 hasta el 27 de agosto a las 14:04. El último día se dedica a explicar que tan solo era una ficción, por lo que ya no está escrito por el narrador, sino por el escritor.

Su narración se basa en describir el momento presente al minuto, y explican los intervalos de ausencia. La red social Twitter se caracteriza precisamente por esto, por reflejar el momento presente y la opinión de lo que está sucediendo en cada instante. El lenguaje utilizado es acorde con la narración: un lenguaje a pie de calle, muy claro, que llega y que utiliza la economía de palabras a la que obliga Twitter.

El punto débil: usar y tirar

El punto débil de este tipo de creación es su volatilidad, se crea para ser consumida en el acto, y en el acto se queda atrás. Puede que haya análisis como el de David Jiménez o artículos como este, pero al final, el fenómeno se convierte pronto en algo pasado.

Mediación cultural

Se da también una mediación cultural: existe un hilo semejante, mencionado por Pepo Jiménez en este artículo, en el que un tuitero norteamericano cuenta una historia de terror también muy interesante, quizá menos creíble.

No tiene sentido hablar de plagio aquí, sí de influencia y de mediación, de estar viviendo la misma época de disrupción con todo lo anterior en pos de una tecnología que cambia cada minuto. En todo caso,

“No es obligatorio creer todo lo que se lee en internet.”