Hablar en plata

Eric Berne procuró que los conceptos del análisis transaccional fuesen claros e inequívocos. Por ejemplo, los estados del yo del Padre, Adulto y Niño, dar caricias o dar descuentos, jugar a juegos o tener un guion de vida.

Berne observaba todo lo que decían y hacían las personas que acudían a sus grupos. Pero no se dedicaba a apuntar, grababa las conversaciones y estaba más interesado en las palabras que destacaban que en todo el discurso que las rodeaba, ocultando su importancia. También Bert Hellinger huía de los monólogos de los asistentes a sus sesiones:

Descríbeme el problema en tres frases.

Bert Hellinger

Si solo tengo tres frases, no voy a decir:

«Todo se remonta a hace cinco años, cuando por primera vez observé… Y entonces, en 2017, también ocurrió que… Le pasa también a mi prima que…»

Porque entonces no habré llegado a definir lo que quiero tratar hoy. Probablemente utilizaré frases cortas y palabras claras.

Por su parte, Eric Berne utilizaba el humor para narrar esos acercamientos a la realidad que se quedan tan lejos, por ejemplo, esos libros que se titulan:

«En el camino hacia la introducción de una teoría sobre la personalidad»

El libro, de 500 páginas, tan solo se ha encaminado a la introducción, pero no de unos hechos o datos, de una teoría.

Según comenta Berne, algunas personas tienen prohibido acabar nada o ir al grano, de manera que hablan con conjunciones:

«Fui al mercado y… y entonces… y esto… y además…»

Otras personas no acaban sus frases, sino que las terminan con expresiones como “y todo eso”, “etcétera”, “y lo demás”. Por ejemplo: «Nos besamos y todo eso».

La cuestión es preguntarse qué hay detrás de las expresiones que decimos y que no están diciendo nada. Parece que ocurre en temas tradicionalmente tabú, como el sexo, y también en prohibiciones familiares: “de eso no se habla”.

Y me lo pones por escrito

Es habitual escribir de forma retórica en los ámbitos formales, pero incluso se cuela en otros ámbitos donde el uso de la palabra podría ser mucho más libre, como un guion cinematográfico. Hace poco, Javi Meléndez escribía:

https://twitter.com/javiguion

¿Cuál tiene más fuerza y se comprende mejor, “cagado de miedo” o “tiene cara de miedo”? La frase entera es ese estilo norteamericano tan claro que no da lugar a dudas sobre lo que quiere decir:

«John pisa frenéticamente el pedal de su moto, está cagado de miedo y la maldita cosa no arranca».

James Cameron

Es también la forma de escribir de Stephen King y de Chuck Palaniuk.

Vemos que, junto con los temas tabú, la expresión de las emociones es otro campo que da lugar a sustituciones de palabras claras por expresiones vagas y circunloquios.

A la hora de escribir, pesan mucho expresiones tradicionales como las de aquellas cartas que ya hace 20 años estaban obsoletas y que empezaban con algo como:

«Muy señor mío»

Es un lenguaje lleno de perífrasis verbales. Pienso que la perífrasis es una manera clara de huir de la acción. En lugar de actuar, «se procede a realizar la acción».

Todo lo que no es hablar claro es de alguna manera “descontar” la realidad, es decir, descalificarla, haciendo que no exista. Se pasa por encima de lo que se tiene delante o lo que se siente, y se dice una cosa que se parece mucho, algo o poco. En palabras de Berne,

Decir las cosas como son puede significar que el paciente está preparado para ponerse bien.

Eric Berne

Me parece importante parar aquí para decir: hablar con claridad no significa hablar de forma cruel a otras personas.

Sigamos. Berne pone algunos ejemplos de esta forma de hablar que oculta la realidad detrás de giros un tanto rimbombantes:

«Iniciamos la entrevista intercambiando saludos positivos. Luego el paciente explicó que había expresado su hostilidad llevando a cabo un acto de agresión física contra su compañero»

frente a

«El paciente me dijo hola y me contó que había pegado a su compañero».

Recapitulando

Parece ser que damos rodeos con el lenguaje en al menos tres casos:

  • Cuando evitamos un tema tabú.
  • Cuando estaba prohibido hablar del tema en nuestra familia de origen.
  • Cuando evitamos expresar emociones genuinas y su grado de intensidad.

A veces, las tres cosas pueden ser la misma: por ejemplo, en una familia puede estar prohibida la emoción de la ira, es por tanto un tema tabú y del que no se puede hablar. O puede ocurrir con la tristeza. O con la alegría.

Propuesta: escucha cómo hablas, lee lo que escribes y empieza a quitar paja. Vas eliminando los rodeos que utilizas y llegas a decir las cosas como son. Si te apetece, deja comentario sobre cómo te fue o cuáles son tus rodeos del lenguaje más habituales. ¡Gracias por leer!

Referencias

BERNE, E. (2014) Más allá de juegos y guiones. Editorial Jeder. Sevilla.

Artículos y conferencias de Bert Hellinger.

Estás haciendo el ridículo

¿Te han dicho alguna vez, siendo una persona adulta, que estás haciendo el ridículo? ¿Y cómo has reaccionado? ¿Te han dicho “haz lo que quieras, pero…”? ¿Y cómo te has sentido?

En este post vamos a identificar al crítico interno, que en lenguaje de análisis transaccional se llama Padre Crítico. Lo vamos a identificar y no, no vamos a luchar contra este estado del yo: vamos a desarmarlo viendo las cosas desde el estado que nos libera de todo: el Adulto. Si quieres recordar qué es esto de los estados, lee esta entrada: Padre – Adulto – Niño.

Darth Vader
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¿Por qué te afecta tanto la crítica?

Si te afecta la crítica de otra persona, probablemente tienes a un crítico interno que está de acuerdo con ella; el Padre Crítico. Sus expresiones verbales toman la forma de «debería/debo/se debe», es decir, de norma absoluta e indiscutible, que ha de cumplirse siempre. O también: «nunca», «siempre», «no olvides jamás», así como formas del tipo «¿Cuántas veces te lo he dicho?» «Yo lo que haría…».

Tu estado de Padre Crítico encuentra su eco en otras personas que influyen sobre ti. Existen varios juegos sociales en que los estados Padre de las personas que hablan se ponen de acuerdo en lo horrible que es algo, ya sea la juventud, la pérdida de valores, la política, el comportamiento de alguien…

Las mismas personas con las que podemos disfrutar mucho en estos juegos sociales son las que te criticarían si dejas de jugar desde el estado Padre y empiezas a actuar de otra manera. Sobre todo si te tomas las cosas con humor, ya que el humor es propio del Niño Libre.

¿Cómo escapar del crítico interno?

Claude Steiner defiende que podemos eliminar al Padre Crítico de la ecuación, porque no tiene ninguna ventaja. Esa voz es capaz de quitarnos la autoestima, de hundirnos, de mantenernos dentro de una jaula. Algunas personas viven en su propio infierno, como esclavas de su estado Padre.

Hay un par de herramientas muy potentes que nos da el análisis transaccional para escapar de esta figura interiorizada. Una de ellas son las caricias y la otra son los permisos.

Caricias

Aunque de caricias y descuentos ya hemos hablado anteriormente, podemos recordar ahora que la caricia es la unidad mínima de reconocimiento de una persona. Una caricia puede ser condicional o incondicional, positiva o negativa, pero siempre “alimenta la médula” de la persona porque implica que se la reconoce como tal.

  • Caricia incondicional: me gustas tal y como eres.
  • Caricia condicional: estás muy guapo cuando llevas ropa formal.
  • Caricia negativa: tus zapatos son horribles. Otro tipo de caricia negativa es la caricia positiva no deseada, por ejemplo, una alabanza que está fuera de lugar y que sientes que te humilla.

Pues bien, las caricias positivas, sobre todo las incondicionales, nos ayudan a escapar del crítico interno. Y estas caricias nos las podemos dar, no necesitamos que lo haga alguien desde fuera. A cada frase del Padre Crítico podemos responder con una caricia y con algo de humor, por ejemplo:

  • Estás haciendo el ridículo -> Es verdad, y así me lo estoy pasando muy bien
  • No te enteras de nada -> Es posible, también es posible que sea mi capacidad para seleccionar información importante
  • Eres idiota -> ¿De verdad? Bueno, también tengo otras virtudes

Permisos

A veces, una persona no es capaz de darse permiso a sí misma para hacer la cosa más sencilla: hablar en público, hacer el ridículo, descansar, ver la tele varias horas, salir a tomar el sol, vaguear, enfadarse, poner la calefacción a un nivel confortable… Las voces del Padre Crítico son tan duras y severas que le impiden actuar. Entonces puede necesitar ayuda de alguien externo. Los permisos hacen que una persona se sienta con derecho a disfrutar de algo. Por ejemplo:

Tengo permiso para dormir hasta tarde los fines de semana.

El trabajo es tan fácil y tan difícil como darse permiso y reconocerse derechos. Estos permisos y derechos tienen que ir en relación con esas voces categóricas que tenemos tan interiorizadas. Por ejemplo:

  • Estás haciendo el ridículo -> Me doy permiso para hacer el ridículo
  • No te enteras de nada -> Tengo derecho a no enterarme de nada
  • Eres idiota -> Me doy permiso para ser idiota de vez en cuando

Si buscas los derechos asertivos, verás que hay muchas más opciones que quizá antes no contemplabas, como tener derecho a equivocarte, a cambiar de opinión, a decir lo que piensas, a pedir lo que necesitas…


¿Reconoces a tu crítico interno? ¿Qué te sueles decir a ti mismo/a desde el estado Padre Crítico? ¿Qué permiso te vas a dar a partir de hoy?

Como siempre, agradezco que hayas leído esta entrada y que compartas libremente.

De sapos y princesas

En el cuento, el sapo besado se convierte en príncipe. En la realidad, el que tiene algo de sapo o de rana, tendrá pocas probabilidades de recibir el beso que lo transforme en príncipe o en princesa a menos que sea capaz de reconocerse como sapo.

Estos nombres, príncipes y ranas, son los que utiliza Eric Berne para hablar de los guiones ganadores y de todos los demás. El guion ganador es el del príncipe o princesa, el resto de guiones, ya sean no-ganadores o perdedores, tienen algo o mucho de rana, y la rana saldrá por algún lado antes o después.

Con esta primera descripción puede pensarse que el guion principesco es propio de familias adineradas, de la nobleza, sagas de grandes empresarios… y da lugar a vástagos rubios y de ojos azules. Sin embargo, personas con un destino de vida bastante duro y que físicamente distan mucho del príncipe azul pueden tener un guion ganador y llevarlo a cabo.

Rana con corona de príncipe en una roca al lado de un río

¿Qué puedes esperar?

Milton Erickson, el impulsor de la hipnosis terapéutica, nació con una serie de dificultades: era disléxico, daltónico y sordo. Estas limitaciones permitieron que desarrollara otras capacidades. Por ejemplo, se fijaba en el lenguaje no verbal de sus hermanas, lo que le permitió conocer aspectos de la comunicación que suelen pasar desapercibidos. Milton Erikson enfermó de polio a los 17 años y esta enfermedad lo dejó postrado durante un año. Pero no se conformó, sino que fue trabajando mentalmente con sus músculos y se fue recuperando, hasta el punto de que salió de la cama para embarcarse en una canoa en un viaje de mil millas que acabó de fortalecerlo. Durante este viaje escribió un diario que ahora está a la venta.

https://www.louiscauffman.com/louis-cauffman/the-canoe-diary-publication/

Este es el guion de un príncipe: se fija un objetivo, lo comunica y lo logra. Si por el contrario Erickson se hubiese agarrado a su discapacidad y a su enfermedad, podría haber jugado a “pata de palo” y haber vivido como un “tullido”.

Eric Berne habla del juego “pata de palo”, que se detecta a través de una simple pregunta que hace la persona que lo juega:

¿Qué puedes esperar de una persona con una pata de palo?

Sustitúyase pata de palo por cualquier tipo de limitación. ¿Qué esperas de una persona disléxica, daltónica y sorda? ¿Qué esperas de una persona que ha contraído la polio y se ha quedado totalmente paralizada?

La respuesta benevolente del Padre Nutricio es: “Claro, no espero nada”. Entonces la persona que juega a pata de palo tampoco espera nada y construye su vida en torno a su enfermedad o su discapacidad. Y no es necesario que la queja describa una limitación física, ni siquiera una limitación real. Puede también decirse: ¿Qué esperas de una persona que…

  • …vive en esta sociedad?
  • …tiene síntomas psicosomáticos?
  • …proviene de un hogar roto?

La respuesta de Berne para desafiar este juego y el guion de vida correspondiente es:

No espero nada. ¿Qué espera usted de sí mismo?

Eric Berne

Parece que Milton Erickson esperaba mucho de sí mismo, por lo que nada le impidió graduarse en medicina y psicología, casarse, tener ocho hijos y vivir 78 años.

No tienes que ser como Erickson. Lo más habitual es que el guion de vida contenga poco o mucho de rana, de manera que los objetivos se quiebran para poder cumplir con mandatos e impulsores transmitidos por los padres. Por ejemplo:

  • Esfuérzate… pero no lo consigas.
  • Puedes ser feliz, pero… ¿quién te crees que eres?
  • Está bien que tengas éxito… mientras no me superes.
  • Puedes existir… siempre que me complazcas.

La voz del demonio

¿Qué haces entonces cuando en tu guion hay algo o mucho de rana y poco de príncipe? ¿Obvias a tu rana? ¿Justificas tu vida porque tienes parte de rana? ¿Das voz a la rana?

Si te fijas, muchas de las comedias se basan en personas que tratan de ocultar su parte de rana. Aquella parte de su persona que es fea, débil, necesitada, miedosa, muy agresiva, sádica, viciosa, loca… esa parte se disimula hasta que surge en el peor momento y eso es gracioso (en la comedia). De hecho, esta parte es la que se utiliza para trabajar el payaso interior: el fracaso, la torpeza, la vulnerabilidad, lo irracional.

En la vida real, reprimir a la rana hace que se revuelva en la sombra, que explote de pronto con las peores consecuencias, que son las temidas. Muchas personas actúan socialmente como si fuesen príncipes y princesas, quizá más las personas que piensan que los demás no están bien pero ellas sí, ya que se sienten superiores. Hasta que de pronto se da el fracaso sorpresivo, que provoca rechazo, que muestra que en realidad eran unos inadaptados.

Eric Berne habla de “la voz del demonio”, esa voz que da el empujón decisivo hacia el abismo. Es esa voz que dice: “Apuesta todo al negro”, “Solo una copa”, “Atácale ahora”, “Di esa frase que estabas reprimiendo”, “Vuélvete loco”, “No acabes la carrera”…

Para enfrentar a esta voz, una persona necesita que se le den dos permisos:

  1. Permiso para escuchar sus voces interiores (así también se aprende a reconocer el estado Niño y el estado Padre)
  2. Permiso para no seguir las directrices que lleva en su estado Padre

Una alternativa

Como reprimir a la rana no funciona, una alternativa es mirarla a los ojos, escucharla, abrazarla. La rana está ahí y no se diluye. Es posible que con mucho trabajo terapéutico una persona logre que su rana, de verdad, se convierta en príncipe o en princesa. ¿Y cómo era eso? Pues era besándola.

Besa a tu rana.

Más de una vez, claro. Puedes reconocer a esta parte de tu personalidad cuando trabajas directamente con ella. Como ya hemos dicho, una forma es asistir a cursos de clown y teatro. Estos cursos permiten escuchar “la voz del diablo” en un espacio seguro: hacer el ridículo, fracasar, comportarse de manera irracional y mostrar la propia vulnerabilidad.

No esperes que otra persona identifique tu parte rana y la bese. Empieza tú besando a tu rana. Así serás capaz de besar la rana ajena. Precisamente esa es la caricia positiva incondicional: ser capaz de aceptar de una persona lo imperfecto, sus debilidades, su capacidad limitada de dar.

Cómo decir “Hola”

Foca saludando

[Imagen de Taken en Pixabay]

Eric Berne escribió un libro titulado ¿Qué dice usted después de decir “Hola”?

Esta es una pregunta muy rara. Y el médico psiquiatra que la formuló lo sabía. Por eso explica:

Esta pregunta pueril, aparentemente tan tonta y falta de profundidad que es de esperar en una investigación científica, en realidad contiene en sí misma todas las cuestiones básicas de la vida humana y todos los problemas fundamentales de las ciencias sociales.

Es más, después de decir “Hola”, las personas se involucran en distintas formas de comunicación que evitan toda intimidad: rituales, procedimientos y juegos.

Estas formas de comunicación se basan en algo que ya hemos visto en el blog: los estados del yo: Padre, Adulto y Niño. Solo la relación de Adulto a Adulto puede llegar a una comunicación real y a una intimidad. El resto sirve para justificar la posición existencial, una posición que se relaciona con el guion de vida que se representa y los personajes que se escogen para participar en él.

Pues bien, antes de entrar en todo este análisis que llevó al autor a la práctica clínica con grupos durante varios años, se comienza con algo tan sencillo como un “Hola”.

¿Cómo dices “Hola”?

En una época en la que hasta varias compañías grandes se apropian del “Hola” como “imagen de marca”, en la que la mayoría de las veces que decimos “Hola” a lo largo del día es a través de whatsapp, en la que el saludo en persona se ha vuelto incómodo porque hemos tenido que desautomatizar los besos, los abrazos y el darse la mano, este “Hola” debería ser sagrado.

La importancia que le damos es tan alta como la que damos a memorizar el nombre de una persona que nos presentan: normalmente ninguna.

No nos planteamos a quién estamos saludando. Si la persona es conocida, asumimos que “es la misma”. Pero las personas cambiamos a cada momento, nos suceden cosas, nos influyen acontecimientos externos e internos…

Decir “Hola” correctamente es ver a la otra persona, ser consciente de ella como fenómeno, hacérsele presente y estar dispuesto a que ella se te haga presente.

Una vez leemos esta descripción de lo que Eric Berne considera un “Hola” real, nos damos cuenta quizá de que, la mayoría de las veces, preferimos no ver a la otra persona, no ser consciente de ella y por tanto no hacernos presentes ni permitir que la persona se haga presente. Más bien es un trámite, una caricia de bajo nivel para saltar a continuación a dar al Play de nuestro disco-rollo que llevamos preparado.

Este “Hola” real se engloba en las experiencias de consciencia y espontaneidad sencillas, como ver los árboles o escuchar el canto de los pájaros.

Bueno, quizá no hay por qué abrirse a una experiencia real en cada “Hola” que se comparte. Pero si se quiere hacer en algún caso, pueden seguirse estos pasos:

Pasos para decir “Hola”

Creo que merece la pena citar de forma casi literal a Eric Berne en este punto. Lo que tienen estos genios es que han expresado cada idea de forma tan clara que reescribirla es empeorarla.

Paso 1

Primero, deshazte de toda la basura que se ha acumulado en tu cabeza y reconoce que este “Hola” en particular ya nunca volverá a darse.

Paso 2

Para devolver el “Hola”, deshazte de toda la basura que tienes en la cabeza y date cuenta de que ahí hay una persona esperando a que le devuelvas el “Hola”.

Paso 3

Después de decir “Hola”, deshazte de toda la basura que se está volviendo a meter en tu cabeza, en particular, los residuos de los agravios sufridos y los anticipos de los líos en que piensas meterte. Entonces te quedarás sin habla.

Nota: los pasos 1, 2 y 3 pueden llevar años. En el paso 3, una vez pasados estos años, es posible que se te ocurra algo ingenioso que añadir.

¿Qué es eso de la basura?

Esa basura consiste en todas las estrategias que hemos ido aprendiendo con el fin de confirmar una visión de la vida que hemos formado a partir de lo que los padres nos han transmitido y de lo que cada persona ha ido interiorizando como respuesta emocional. Es lo que la gente hace en lugar de decir “Hola”. Y de algo de ello hemos hablado varias veces en este blog. A modo de resumen:


¿Cómo dices tú “Hola”? ¿Qué dices después? 

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. Y estoy encantada de que te guste tanto este tema que te suscribas a mi blog. 🙂

Hay dos tipos de personas

Llevo un tiempo dándole vueltas a estas divisiones del ser humano en dos categorías totalmente antagónicas, estas clasificaciones que conducen al “conmigo o contra mí”.

Dos tipos de persona saltan con un fondo de un atardecer en la playa, de manera que se ve su silueta.

Comencemos por mi preferida:

Hay dos tipos de personas: extrovertidos e introvertidos.

El mundo se divide entonces entre los dos tipos de personas: aquellas sociales, habladoras, abiertas a nuevas experiencias, amantes del sonido y la conversación y que hacen actividades de relación. Y aquellas observadoras, que escuchan, que analizan desde la posición del espectador, amantes del silencio y que huyen de relaciones sociales.

Y ya está. No hay cabida para la escala de grises, es decir, para tonos más apagados de extroversión o introversión. Por tanto, no hay cabida para personas con rasgos de ambos estilos. ¿Es posible ser una persona extrovertida e introvertida a la vez? Pues sí.

Sigamos:

Hay dos tipos de personas: los que son como los gatos y los que son como los perros.

Así, hay personas que van por el mundo explicando que son como los gatos, por tanto vendrán a ti cuando les apetezca, necesitarán espacio y distancia, si te acercas cuando no les apetece te arañan… Mientras que otras personas se conducen como los perros (aunque no suelen presumir de ello) y van por el mundo complaciendo a todos, sonriendo aun cuando estén viviendo las peores circunstancias, buscando cercanía y alegrándose mucho de verte cada vez.

Se acabó. Nadie quizá se planteó que puede haber personas que son como los ornitorrincos… Es decir, las polaridades como perro-gato son demasiado simplistas y convierten en un espacio de 2 dimensiones una riqueza que no tiene cabida en él.

Hay más:

Hay dos tipos de personas: los que te hablan claramente y los que van por detrás/mosquitas muertas. Visto desde el otro lado, hay dos tipos de personas: los agresivos y los que rehuyen el conflicto.

Así, las personas con esta creencia se posicionan en uno de los dos extremos y ponen al otro lado a cualquiera que muestre un rasgo diferente al suyo. Se confunde la agresividad verbal con la sinceridad, o bien se confunde la pasividad y el miedo con la discreción.

Esta escala deja fuera de ella a las personas asertivas, que hablan con claridad cuidando de no hacer daño a la otra persona. ¿Será porque hay pocas personas asertivas en este mundo?

Otra más, una clasificación a partir del análisis transaccional que vas a comprender enseguida:

Hay dos tipos de personas: los que van de Niño (victimistas) y los que van de Padre (perseguidores/salvadores).

Hay personas que están la mayoría del tiempo en el estado Niño. Se les reconoce porque juegan, no asumen responsabilidades, no se comprometen, dejan tareas por hacer, buscan que otros les resuelvan sus asuntos, piden mucho más de lo que dan…

Otras personas están la mayoría del tiempo en el estado Padre. Se les identifica porque critican, juzgan o van de salvadores de los demás, hablan de normas, les encanta el “se debe”, “hay que”, buscan acaparar la responsabilidad de otros, dan y luego piden o exigen…

En varios artículos hemos hablado de la que sería la figura intermedia entre ambos estados, el estado Adulto, que asume responsabilidades pero sin juzgar a los demás, da y recibe en la misma proporción, huye de creencias y valores y vive en la autonomía.

Sin embargo, quiero recordaros que tod@s tenemos los tres estados, por lo que en determinadas situaciones me comportaré como el Niño, en otras como el Padre y en otras estaré centrada en el Adulto.


De momento, son estas las que me rondaban por la cabeza. ¿Se te ocurren otras clasificaciones de personas? ¿Hay alguna que te guste en particular? ¿Hay alguna que odies profundamente? Cuéntame, me gustaría conocer tu opinión.

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

¿Criticas, sugieres o haces?

Has podido leer en este blog unos cuantos artículos sobre Análisis Transaccional y sin embargo no hemos hablado de lo primero de todo: los estados del yo.

Lo primero que observó Eric Berne, y de donde nace el Análisis Transaccional, es que los pacientes le hablaban utilizando palabras, gestos y tonos muy distintos según lo que le estuviesen refiriendo. Observó que podían agruparse y aislarse claramente, es decir, cada grupo de lenguaje verbal, paraverbal y no verbal era característico de un estado distinto del yo. Estos estados son: el Padre, el Adulto y el Niño.

Los tres estados del yo: el P-A-N

El modelo P-A-N es la base del Análisis Transaccional

En esta ilustración vemos a la perfección los tres estados definidos por la forma de actuar de cada uno:

Niño

A la izquierda, la fila interminable para criticar. En esta fila también esperan los que se quieren quejar. La mayoría de ellos está en el estado Niño. A veces, también se critica desde el estado Padre, lo veremos a continuación.

Padre

En el centro, está la fila de los que les dicen a los demás lo que deben hacer. Los que se ponen esta fila se sienten muy bien consigo mismos, e incluso son percibidos por todos los demás como personas que hacen algo. No, no hacen nada, solo señalan a otros lo que hay que hacer. La mayoría de los de esta fila están en el estado Padre.

Adulto

Finalmente, en la fila para hacer pintaría yo la clásica mosca que pasaba volando en Mortadelo y Filemón cuando había un silencio. Hay menos de cuatro gatos ahí, dispuestos realmente a hacer, no a criticar desde la barrera ni a indicar lo que está bien o mal. Dispuestos a entrar en acción hay muy pocos, porque esto requiere estar en el momento presente. En la fila del hacer, están las personas en el estado Adulto.

Estos tres estados forman el modelo P-A-N (Padre-Adulto-Niño).

¿Entonces cada persona está en un solo estado del yo?

No. Cada persona adopta los tres estados a lo largo del día, teniendo preferencia por permanecer en uno u otro. Esto lo advertimos en la forma en que las personas se comunican, y también en su postura física (no es posible no comunicar). Lo que sí es cierto es que el lugar en el que es más difícil permanecer es en la tercera fila, la de la acción, en la que, desde el estado Adulto y en el presente, realizamos, trabajamos, sacamos algo adelante.

¿Por qué es tan difícil permanecer en el Adulto?

Aquí aplican todos estos posts que te mencionaba al principio: solemos caer en comportamientos que traen continuamente conflictos del pasado sin resolver o buscan anticiparse al futuro. Según el A.T., desde pequeños hemos ido confeccionando un guion (averigua cuál es tu guion) para enfrentarnos a la vida, y este guion está lleno de creencias que nos ciegan con respecto a la realidad. Es más, como ya vimos, en cada guion hemos interiorizado unos mandatos y permisos a partir de lo que nos dijeron nuestros padres y educadores, y esta es, precisamente, la voz del estado Padre. Nuestra reacción emocional a estas normas es el estado Niño. El Adulto solo responde al entorno presente, libre de cargas.

También hay una cierta relación entre los tres estados del yo y el triángulo de Karpman, ya que podemos identificar al victimista como el estado Niño, al perseguidor como el Padre Normativo y al salvador como el Padre Nutricio. Solo en el triángulo del amor podemos entrar en el estado Adulto.

¿Por qué es importante permanecer en el Adulto?

Solo desde tu Adulto vives el momento presente y reaccionas a él de forma proporcionada. Solo en el Adulto eres capaz de actuar, de ejecutar, realizar las acciones oportunas.

El Adulto no es cualquiera de nosotros mayor de 18 años. Tambien suele confundirse fácilmente con el estado Padre. Incluso muchos de los que se dedican a decir a otros qué deben hacer, creen estar en un estado Adulto.

El Adulto es todas tus capacidades puestas al servicio de lo que ocurre ahora, sea el trabajo, sea hacer tareas del hogar o sea distraerte y disfrutar de tus hobbies preferidos.


Esto solo es una breve introducción al tema, que tiene mucha más miga.

Me gustaría saber qué opinas sobre el modelo P-A-N. ¿Te identificas con estos estados? ¿Se te ocurre qué palabras utilizas en cada uno, qué posturas? ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Agradezco que te hayas tomado el tiempo para leerme, siéntete libre de dejar tu granito de arena en los comentarios.

 

Simbiosis, la base de la dependencia

Cuando escucho la palabra simbiosis, me viene a la mente esa relación entre dos organismos que se benefician mutuamente:

El musgo y los líquenes viven en simbiosis con las plantas

La simbiosis en el ser humano no es tan beneficiosa.

Dos mitades que se unen

En muchas parejas se da un tipo de relación basada en que “dos mitades” se unen, y por tanto, cada uno de los individuos era un ser incompleto antes de entrar en esa relación. Estas dos mitades han ido emitiendo señales verbales y no verbales sobre lo que tienen y lo que les falta. En general, uno de los dos es un niño/a que busca a una madre o padre que se haga cargo de él. Si ambos lucharan por el mismo puesto, por ejemplo el de padre/madre, uno de los dos acabaría por rendirse.

En Análisis Transaccional, esto se llama simbiosis, una relación de dependencia en la que uno de los miembros de la pareja solo se permite ser el Padre y en ocasiones el Adulto y el otro solo consigue ser el Niño, formando entre ambos un ser “completo”.

Cuando el niño crece

Conozco casos en que la persona que hacía de hijo “creció”, y entonces se buscó una igual, es decir, una nueva pareja. La que hacía de madre, despechada, me explicaba o bien que su ex pareja no sabe lo que es el amor, pero ella sí, o bien que no sabe lo que hace, o que no va a estar bien (fuera de su magnánima protección), o que ya volverá (pero no vuelve). Por supuesto, también existe lo contrario: niñas en busca de padres. Igualmente, una mujer se muestra desvalida, insegura, o bien se dedica a jugar y divertirse, mientras el hombre se responsabiliza por los dos, haciendo de padre protector o de padre crítico.

¡Doctor, doctor! ¿Qué tengo?

Otro caso habitual es el modelo doctor-enfermo. Uno de los dos en la pareja hace de médico: prescribe medicamentos y cambios en los hábitos, los supervisa, y los corrige si ve desviaciones. El enfermo se limita a pedir su medicamento, tomarlo o tratar de burlar al médico, seguir las órdenes y supervisiones, y seguir estando enfermo para poder disfrutar de este trato, a poder ser de por vida.

Ambas partes necesitan cambiar

Ocurre en estos binomios que ninguna de las dos personas está bien desarrollada. Por un lado, parece obvio que quien hace de hijo tiene que madurar y necesita responsabilizarse, crecer, ser autónomo, etc. Sin embargo, es menos evidente, pero igual de importante, el hecho de que, quien hace de padre o madre tiene totalmente reprimido su estado niño, es incapaz de disfrutar, reírse, aflojar, tener aficiones, ilusionarse. Ambas personas son “cojas” y buscan el apoyo complementario. Socialmente es maravilloso: “¡Oh, cómo se complementan!”. Lo ideal sería que cada uno de ellos fuese capaz de desarrollar sus tres estados del yo, y de mantenerse el mayor tiempo posible en el Adulto. Ni lo hace el que va de niño, ni lo hace el que va de padre.

¿Qué hacer entonces?

La solución siempre es la misma, aparentemente fácil, pero que lleva una vida:

  1. Tomar conciencia del rol que se está jugando.
  2. Dejar de jugarlo. Dos no juegan si uno no quiere.

Cuando esta toma de conciencia y renuncia al juego ocurre en una pareja de este tipo, se dan grandes inestabilidades, ambos tienen un miedo infantil a perder al otro. Pierden así el equilibrio que les proporciona no tener que desarrollar la parte de sí mismos que rechazan o que tanto les pesa. Es probable que la pareja se rompa.

A veces, no es posible mantenerse consciente mucho tiempo, y se acaba en una relación exactamente igual, con el mismo rol. Bueno, tampoco hay que dramatizar. Como en el final de Con faldas y a lo loco, te diría: “Nadie es perfecto”.

 

Descuentos: atajos para no solucionar problemas

En los últimos posts hemos hablado de caricias y de cómo a veces nos negamos a recibirlas, “descontando” o filtrando la información recibida. También hicimos una distinción entre una caricia negativa y un descuento: la caricia negativa es objetiva y constructiva, puedo hacer algo con la información que se me ofrece. Con el descuento no puedo hacer nada, ya que conlleva una distorsión de la realidad.

El descuento ignora la realidad y no resuelve problemas

¿Qué es un descuento?

Un descuento es ignorar inconscientemente parte de la realidad con el fin de no resolver un problema. Es una reacción de pasividad, tal como definieron los Schiffs (la familia Schiff desarrolló esta área de conocimiento del Análisis Transaccional).

¿Por qué ignoramos información relevante? Porque seguimos las decisiones tomadas en nuestro guion de vida, a muy temprana edad, por lo que son decisiones de “pensamiento mágico”, que no tienen en cuenta lo que está ocurriendo, pero sí nuestras creencias, los mandatos recibidos, etc.

La manera en la que se instrumenta un descuento es siempre la de darse un exceso de importancia, incluso de forma negativa: hacer una montaña de un grano de arena, viviéndonos con dramatismo (y egocentrismo).

Esta manera de no resolver problemas se instrumenta según alguna de las siguientes conductas pasivas:

No hacer nada

Se trata de evitar actuar. La persona no reacciona, simplemente se queda paralizada y en silencio, como si no pudiera pensar. Es como si su inconsciente bloquease toda la información que está recibiendo y que le puede permitir resolver la situación. Lo que se descuenta aquí es la propia capacidad de actuar.

Sobreadaptación

Es una reacción a lo que se cree que son los deseos de los demás, sin comprobarlos y sin valorar tampoco los propios deseos. Así, una respuesta de sobreadaptación es decir lo que se piensa que la otra persona quiere oír, sin valorar realmente la información que nos ha proporcionado. Otra opción es escuchar algo que no nos gusta y hacer como si no pasara nada, pero quedarse con un gran enfado que quedará apuntado para tomarse la revancha más adelante.

Una respuesta sobreadaptada es muy valorada en sociedad:

“Mira qué persona tan amable, qué complaciente, todo le va bien, es que no da una queja”.

Por ello, también es difícil de detectar y de modificar.

La persona que se sobreadapta descuenta sus propias opciones, asumiendo las de los demás.

Agitación

¿Eres de esas personas que mientras escuchan hablar no pueden parar de mover sus piernas o sus pies? ¿O de las que tamborilean con los dedos sobre una mesa, o de las que se muerden las uñas?

Con estas conductas, lo que hacemos es desviar la necesidad de actuar hacia una actividad improductiva, que es esa repetición compulsiva de un hábito. En lugar de decir a la persona lo que estamos pensando, o de pedirle que hable más despacio, más bajo o lo que sea que ha disparado la conducta, descontamos nuestra capacidad para responder.

Violencia

Se trata de un grado alto de agitación que resulta en una acción agresiva, pero que no soluciona el problema que se ha planteado. Por ejemplo, dos personas tienen una discusión, y una de ellas sale airada de la sala, da un portazo, y después encuentra un cubo de basura y lo vuelca, o se lía a palos con un coche, o rompe una ventana con una piedra.

Es una conducta “pasiva” porque ha desviado toda la energía a una salida que no solo no soluciona el problema original, sino que tal vez provoca otros.

Para saber más:

STEWART, I., JOINES, V. AT Hoy. Una nueva introducción al Análisis Transaccional. Editorial CCS

BERNE, E. ¿Qué dice usted después de decir hola? Editorial Mondadori

My time with Jacqui Lee Schiff

 

Sobrevivir en sociedad: más caricias

¿Pero te gusto o no te gusto?

La semana pasada hicimos una introducción al tema de las caricias, utilizando como ejemplo el uso de “Me gusta” en redes sociales.

Quedan pendientes algunas facetas interesantes de las caricias, así como ampliar otras que mencionamos solo de pasada.

"Me encanta", una caricia más intensa que "Me gusta"

 

Adaptando tu conducta a las caricias que recibes

Lo cierto es que las caricias refuerzan nuestras conductas: amoldamos nuestro comportamiento para recibir más caricias. Esto puede ser una trampa en varios sentidos:

  • No ser capaz de tener un comportamiento autónomo. Ser un Adulto autónomo es la meta de todo el desarrollo personal. Depender de las caricias puede llevarnos a una conducta del Niño adaptado.
  • Preferir la caricia ajena a la propia. Sobre todo es peligroso olvidar el propio juicio, la propia intuición, la personal manera de ver las cosas, para superponer la opinión ajena.
  • Buscar caricias negativas para justificar nuestro guion. Muchos comportamientos aparentemente autodestructivos buscan justificar unas decisiones inconscientes y desde el pensamiento mágico del niño, cuando por primera vez construimos nuestro guion de vida.

 

Caricias que no son tales

A veces recibimos un reconocimiento aparentemente positivo pero que encierra una trampa, y se convierte en negativo o no útil. Hay caricias falsas y caricias de plástico. Veamos en qué consisten:

Caricias falsas

Comienzan con un mensaje positivo y terminan con una picadura:

“¡Qué camisa más bonita! ¿La has comprado en el mercadillo?”

Caricias de plástico

Según Berne, es como dar un caramelo a un niño para luego quitárselo. Son personas que reparten caricias positivas no sinceras, muy exageradas, como una gran sonrisa, un fuerte abrazo y luego un:

“¡La sala se ha iluminado cuando has entrado! Es que todo lo que haces es perfecto, ¡es maravilloso! ¡Es ideal! ¡Es lo máximo!”

Caricias que ya no nos dicen nada

Ya mencionábamos en el anterior post que la calidad e intensidad de las caricias es variable. Podemos estar acostumbrados a recibir una serie de reconocimientos, y estos ya no nos dicen nada. Podemos además desear recibir otro tipo de caricias, pero no atrevernos a manifestarlo. Podemos incluso negarnos a nosotros mismos/as que deseamos un cierto tipo de caricias.

El banco de caricias

Las unidades mínimas de reconocimiento las vamos atesorando en un banco de caricias. Este banco puede mantenerse con “depósitos antiguos”, esto es, con recuerdos de caricias, y con auto caricias, pero no durante mucho tiempo. A la larga, los depósitos antiguos ya no nos dicen nada, y las auto caricias no son suficientes: necesitamos reponer provisiones en el entorno social. Por eso a veces, tras un aislamiento más o menos elegido, volvemos a la sociedad, al grupo. Necesitamos caricias tanto positivas como negativas, ambos tipos son una forma de aprendizaje.

Caricias negativas vs. descuentos

En el anterior post también apuntábamos la posibilidad de que una persona filtre las caricias que recibe porque no coinciden con lo que esperaba. Esto se llama hacer “descuentos”. Hay un matiz que diferencia los descuentos de las caricias negativas: el descuento conlleva una distorsión de la realidad. Veamos algunos ejemplos:

Caricia negativa: Has escrito mal esa palabra.

Descuento: No sabes escribir.

Caricia negativa: Me siento insegura cuando dices eso.

Descuento: Me haces sentir insegura diciendo eso.

Caricia negativa: No te soporto.

Descuento: Eres insoportable.

Como vemos, no podemos hacer nada con la información que recibimos de los descuentos, pero sí con la que nos dan las caricias negativas.

El peor descuento es el que nos hacemos a nosotros mismos/as:

Te dicen: “Has estado muy bien en tu presentación, ¡enhorabuena!”

Respondes: “Qué va, sólo he dicho chorradas”

En los siguientes posts veremos por qué “nos descontamos” las caricias de los demás.

 

“Me gusta”, caricia estándar en las redes

"Me gusta", la caricia estándar de las redes sociales

En este post analizamos las redes sociales desde el punto de vista del Análisis Transaccional, el campo que venimos trabajando en artículos como los de proceso de guion o los del triángulo dramático de Karpman.

Eric Berne definió el concepto de “caricia” como unidad mínima de reconocimiento que responde a nuestra hambre de estímulos. Necesitamos caricias, y si no las obtenemos, sentimos su carencia.

La palabra caricia proviene del tipo de reconocimiento que obtenemos en la etapa infantil, que es normalmente físico y no verbal: besos y abrazos. Pero también una sonrisa o un saludo con la mano son caricias, y también lo son las palabras que intercambiamos.

Trasladado a las redes sociales, una caricia es un “Me gusta”.

La ausencia de caricias puede llevar a tener dificultades de crecimiento y emocionales, se han realizado varios estudios en hogares infantiles sobre esto.

Así que todos los seres humanos preferimos tener caricias negativas a no tener ninguna: cuando somos niños, preferimos que los padres se enfaden con nosotros a que nos ignoren del todo.

Tipos de caricias

Hay varios tipos de caricias: verbales y no verbales, como hemos mencionado antes, y condicionales frente a incondicionales.

Las caricias condicionales son las que muestran reconocimiento positivo o negativo por lo que hacemos:

“No me gusta el cuadro que has pintado”

Las caricias incondicionales son las que reconocen lo que somos, sea de forma positiva o negativa:

“Me gusta tenerte a mi lado”

¿Qué tipo de caricias son las que damos y recibimos en las redes sociales? Los emoticonos son imitación de caricias no verbales (gestos), mientras que los comentarios serían las caricias verbales. De nuevo, cualquiera de nosotros prefiere recibir comentarios negativos o “No me gusta” a que nadie muestre haber visto o leído lo que publicamos.

La economía de las caricias

Claude Steiner hizo una aportación bastante interesante a la teoría sobre las caricias, y es que, por diferentes razones, vivimos una escasez de caricias basada en las creencias que nos transmiten de pequeños:

  1. No des caricias cuando tengas para dar.
  2. No pidas caricias cuando las necesites.
  3. No aceptes caricias si las quieres.
  4. No rechaces caricias cuando no las quieras.
  5. No te des caricias a ti mism@.

Observa la lista: ¿cuántas veces te guardas un elogio? ¿Por qué piensas que una caricia que has pedido vale menos que una que te dan sin pedirla?

Si seguimos las creencias de este listado, viviremos en la escasez cuando existe en realidad una abundancia de caricias.

Puedes darle la vuelta al listado y aplicarlo a las redes sociales:

La economía de caricias en las redes sociales

  1. Da “Me gusta” si algo te gusta, los “Me gusta”, “Me encanta”, etc. son gratis.
  2. Si quieres que tus amigos visiten tu blog, díselo, no dejes el enlace ralo esperando a que todos entiendan qué es lo que esperabas.
  3. Si buscas reconocimiento, acéptalo cuando llegue.
  4. Si no quieres caricias en la red, no publiques…
  5. Autocaricias: uno mism@ siempre puede darse caprichos y placeres sin tener que estar esperando el reconocimiento de los demás. Eso sí: esto no puede ocurrir online. Deja el dispositivo a un lado, y date un baño, o cómprate un bollo, o empieza con ese libro que querías leer.

Filtro de caricias

A veces, recibimos una caricia, incluso positiva, que no coincide con lo esperado. Entonces la filtramos, “descontándola”, es decir, no recibiéndola.

Por ejemplo, si lo que esperas en una publicación en Facebook es que tus amigos la comenten, no le darás tanto valor a los “Me gusta”.

O si en Twitter lo que esperas es que retuiteen una noticia que has publicado, tampoco le darás demasiado valor a los comentarios.

La riqueza está en dar valor a cada caricia recibida, ampliando el abanico de opciones que esperamos.

Hablaremos más adelante de los descuentos.

¿En cuánto valoras los “Me gusta”?

Probablemente hay caricias de mucha más calidad que recibir un “Me gusta” en las redes sociales.

Lo cierto es que damos más valor a unas caricias que a otras, según de quién vengan y cuál sea su contenido. La intensidad de las caricias es por tanto variable, tanto en su espectro positivo como en el negativo.

Para reflexionar

  1. Piensa en caricias de más calidad que las que puedas recibir en las redes sociales.
  2. Busca esas caricias, pídelas o proporciónatelas tú: esas siempre están disponibles.