Teletrabajo: ¿por qué no ha triunfado?

Según todas las corrientes, modas y olas nos encontramos en la era de la transformación digital o la digitalización: no hay empresa que no esté dedicando sus esfuerzos (recursos en tiempo y dinero) a “digitalizarse” de una forma u otra.

Ahora es posible que cada trabajador acceda a todas las aplicaciones y recursos que necesite desde cualquier dispositivo y cualquier ubicación. Entonces, ¿por qué no se teletrabaja?

¿Cuál es la situación?

En algunas empresas, el teletrabajo ha entrado tímidamente en consideración. Se permite teletrabajar uno o dos días a la semana, con restricciones.

En otras, se permite sobre el papel, sin embargo, de forma no oficial y tal vez no consciente, se considera que quien trabaja desde casa está en realidad vagueando, levantándose tarde y haciendo cualquier otra cosa excepto trabajar. Por ello, se permite pero no se permite. Es como la máxima que parte de la época de Felipe II:

Se obedece, pero no se cumple.

Y en muchas otras, la idea es directamente imposible, incluso en empresas cuyos trabajadores tienen ordenadores portátiles y teléfonos móviles de empresa, pero en las que no se puede si quiera plantear la idea.

Una mujer teletrabaja en casa con su ordenador portátil y su teléfono móvil de empresa.

Ventajas del teletrabajo

Si el teletrabajo se convirtiera en una práctica habitual, tendríamos muchas ventajas como sociedad:

  • Muchos menos atascos. Esta es quizá la principal ventaja, porque conlleva a su vez muchas otras como:
    • Menos contaminación. En una era en la que se está prohibiendo el acceso a las grandes ciudades y en la que cada vez hay más vehículos circulando, el facilitar el teletrabajo disminuiría directamente las emisiones de CO2.
    • Menos accidentes, ligados a la cantidad de tráfico y velocidad de circulación.
    • Menos problemas de estructura de las carreteras, al tener menor afluencia y menor desgaste.
    • Evitar al trabajador/a pérdida de tiempo y riesgo de accidente cada vez que se desplaza al trabajo. Este aspecto influye directamente en la motivación.
  • Mejor conciliación de la vida personal, al disponer de más tiempo para atender temas personales. Esto es lo que suele confundirse con dedicar el tiempo del trabajo a la vida privada: en realidad, las más de 2 horas de transporte que usan algunas personas para ir y volver del trabajo, las pueden invertir en su propia vida.
  • Menor necesidad de espacio en oficinas.
  • Mayor motivación personal, al transmitir a los trabajadores que se confía en ellos y en su responsabilidad como personas adultas.

Inconvenientes del teletrabajo

Es cierto que también hay algunos inconvenientes del teletrabajo, como por ejemplo:

  • Necesidad de contar con un espacio en el hogar para desarrollar la tarea. Si bien puede bastar con situar el portátil sobre la mesa del salón, en realidad es más fácil concentrarse en un espacio aparte. Algunas personas pueden preferir trabajar desde una cafetería, por cierto.
  • Aumentan los gastos de luz y gas en el lado del trabajador, si bien puede verse si compensan con la reducción de gastos en transporte y en comida.
  • Menor calidad en el contacto humano, ya que las conversaciones, incluso en videoconferencia, son de menor calidad (imagen defectuosa, voz enlatada…). Además, se pierde parte de la comunicación informal y las “caricias” que se reciben. Para paliar esta desventaja, se puede establecer días de reuniones presenciales.
  • Dificultades logísticas: no todos los trabajos pueden realizarse desde casa, o no todas las tareas. En ese caso, se pueden establecer días en los que se trabaje en la oficina en aquellas tareas que no pueden realizarse en casa.

Qué se necesita para aplicar el teletrabajo

A pesar de que existen inconvenientes, pienso que las ventajas del teletrabajo son muy superiores y que realmente conducirían a un modelo social más sostenible y conciliador.

Para establecer el teletrabajo en una organización, lo primero que se necesita es un cambio en la cultura de empresa. Es fundamental confiar en los profesionales que se ha contratado, establecer objetivos de trabajo y comprobar que se cumplen. Ya no se trata de calentar una silla de 9 a 6, sino de demostrar el rendimiento al realizar distintas tareas asignadas.

Además, debe cambiar la mentalidad tanto de los trabajadores como de sus jefes(*): el hecho de que una persona no esté presente en una oficina no significa que no se la pueda llamar, convocar a reuniones o tener en cuenta para todo. Existen muchísimas herramientas que lo permiten, algunas tan antiguas como el teléfono.

La digitalización sería de ayuda aquí para garantizar que el acceso a cualquier aplicación o documento pueda realizarse desde otro lugar.

Como sucede con casi todos los avances tecnológicos, el cambio de mentalidad y de cultura es mucho más lento: solemos olvidar que lo que tiene que avanzar y adaptarse es nuestra forma de pensar. Mientras algunos informáticos son felices desarrollando máquinas de inteligencia artificial que cambiarían el mundo, la mayoría de los homo sapiens seguimos con nuestras dificultades para confiar en lo que no vemos. Y a un teletrabajador no lo vemos…


¿Cómo ves el teletrabajo? ¿Tú teletrabajas? ¿Cuál es la política en tu empresa? Me encantaría conocer vuestras opiniones y abrir debate sobre este tema tan interesante. Como siempre, ¡muchas gracias por leer!

(*) Yo sigo prefiriendo las palabras jefe y trabajador a las palabras supervisor y colaborador. Creo que describen mejor la realidad.

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Cuando te excluyes de tu propia bondad

En el artículo anterior comenté que los autónomos pueden estar sufriendo inconscientemente la dualidad de ser al mismo tiempo el jefe y el empleado.

Sin embargo, pienso que muchas más personas se excluyen de su propia bondad, llevan dentro una lucha entre un torturador inquisitorial y una víctima desamparada que está privada de sueño, descanso, comida… y bondad.

Un verdugo con una espada amenaza con decapitar a un ángel arrodillado.

¿Cómo detectar que te excluyes de tu propia bondad?

Un empleado/a puede estar identificando los rasgos más sádicos de su verdugo interno en su propio jefe/a, por lo que le es mucho más difícil darse cuenta de que, si esa figura de autoridad tiene tanto poder, es porque secretamente una parte interna suya está de acuerdo con ella.

Ejemplo 1: “yo trabajo más que nadie”

Sin que te lo pidan, eres el primero en llegar a la oficina y el último en salir, te responsabilizas de más temas de los que te corresponden y puedes llegar a hacer más trabajo que tu propio jefe/a.

Ejemplo 2: “yo soy perfecta”

Cuando se hacen varias versiones de un documento en cuya elaboración intervienen distintas personas, hay quien “se ve obligado” a tachar con saña lo escrito, a corregir en rojo, o incluso a corregir lo ya corregido escribiendo lo mismo. Detrás, dentro, se puede adivinar la figura de un Torquemada de “la lengua con sangre entra” que va a machacar a su víctima con correcciones, y esta a su vez a los que trabajan con ella.

También ocurre fuera de la oficina

Identificar fuera al torturador que se lleva por dentro también puede ocurrir con relaciones no laborales: se puede caer en el influjo de la dominación de la madre, el padre, el marido o la mujer, o incluso de los propios hijos: basta con que una parte inconsciente de la persona opine que la otra parte se merece el despotismo con el que ese tercero le trata.

En todo caso, si aislamos nuestros comportamientos “autoesclavizantes”, podemos detectar mejor nuestra tendencia, en lugar de centrarnos sobre quien la proyectamos. Algunos ejemplos:

Ejemplo 1: “mi casa es la más limpia y ordenada”

Puedes observar a una persona tratar la limpieza y el orden de su hogar como si en vez de ser quien vive allí fuese una persona “del servicio” que puede recibir una gran bronca o el despido si hay una sola cosa fuera de su sitio o si “no se puede comer en el suelo” de su cocina.

Ejemplo 2: “soy la mejor madre”

Puedes ser una madre agotada con complejo de mala madre que aun así: asiste a todas las reuniones, confecciona los disfraces de sus hijos, acude a todos los cumpleaños, está al tanto de los últimos cambios en el currículum, etc. Desde fuera se ve a esta persona totalmente agotada, sobresaturada, estresada, y se percibe que no está disfrutando en absoluto de la fiesta.

¿Qué es lo que tu verdugo te prohíbe hacer?

Es conocido que, cuando alguien planta cara a otra persona muy dominante, las relaciones entre ambas cambian, y normalmente mejoran. La persona no dominante descubre que “no es tan fiero el león como lo pintan” y se empieza a relajar, respira hondo y toma las riendas. ¿Cómo? Desde el adulto, sin reaccionar a lo que la otra persona dice o hace, respondiendo a la propia dignidad.

Se trata de plantar cara, precisamente, a este perpetrador interiorizado e inconsciente. Se detecta su inquietud cuando se rompe la norma a propósito: no seguir un horario previamente planificado, pisar un suelo recién fregado, irse del trabajo a la hora, no barrer una pelusa que se ve en el suelo…


Me encantaría conocer vuestras opiniones: ¿cómo tratarías tú a otra persona? ¿Qué libertades le permitirías que tú no te permites? ¿Puede salir a fumar durante su jornada laboral? ¿Puede estar cinco o diez minutos “en la parra”, mirando al infinito? ¿Puede ir a un spa? ¿Puede permitirse la imperfección? ¿Puedes tú?

Autónomo, ¿eres tu propio esclavo?

Si eres un trabajador autónomo sin trabajadores a cargo como yo, ya sabrás que el autónomo/a integra dentro de sí al jefe y al empleado.

Cómo eres como jefe y cómo eres como empleado definen tu día a día como autónomo.

Es una posición extraña: integrar dos perfiles que tradicionalmente han sido “opuestos” puede llevar a tensiones que ni siquiera se perciben claramente, mientras que es mucho más fácil y cómodo ser simplemente uno de los dos.

Como autónomo, puedes observarte y percibir que tienes palpitaciones, tics nerviosos, ansiedad, insomnio… Puedes a veces tener un atisbo de consciencia al darte cuenta de que te estás atando a unos horarios demasiado rígidos, extensos o exigentes, y puedes convencerte a ti mismo/a de que esto es mejor que trabajar por cuenta ajena.

Un verdugo con una espada amenaza con decapitar a un ángel arrodillado.

Cosas de las que un autónomo es capaz

En contra de la opinión popular de que el autónomo se levanta tarde, trabaja en pijama y se distrae haciendo labores del hogar, yo he conocido autónomas que:

  • Se levantan a las seis de la mañana, salen de casa y no vuelven hasta las ocho o diez de la noche.
  • Se conectan y completan tareas desde remotos países en los que están trabajando además en otros proyectos.
  • Ofrecen una calidad excelente a un precio en ocasiones demasiado bajo.
  • Se van de vacaciones a la playa con sus hijos y su ordenador portátil, y se turnan con su marido y los abuelos de los niños para poder darles unas vacaciones mientras trabajan al mismo ritmo.
  • Nunca enferman.
  • Siguen adelante con sus proyectos aun con muchas dificultades para cobrarlos.
  • Comen delante del ordenador, incluso en Navidad.

Así que los titulares de El Mundo Today son para tomárselos en serio…

Llevar dentro la lucha jefe-empleado

Dice Watzlawick: “hay personas que se excluyen de su propia bondad”.

En su libro Lo malo de lo bueno se habla de la historia de un hombre que, al cumplir los 55 años, comienza a repasar su vida y de pronto se siente insatisfecho consigo mismo.

“Desde fuera” (…) quizá hubiese dado la impresión de que se trataba de un conflicto perverso entre dos personas: entre un potentado medieval cruel y su víctima desamparada, a la que el potentado mantiene prendida, amenazada de continuo, le hace padecer hambre y le quita el sueño.

“Desde dentro”, el hecho de que se sintiese amenazado de un modo impreciso, que adelgazase y padeciese insomnio, no eran más que efectos concomitantes sin explicación para él. En todo caso, su médico no halló causa física alguna.

A pesar de la necesidad de ser productivo, lo cierto es que un autónomo/a puede estar excluyéndose de su propia bondad como si tuviese dentro a este verdugo esclavista que tortura a la víctima indefensa haciéndole llevar una vida bastante peor que la que se tiene en un trabajo por cuenta ajena, con un “jefe” interiorizado que es un esclavista, y con unos horarios que hacen palidecer a las habituales horas extra no pagadas (estas tampoco están pagadas, por cierto).

¿Cómo podemos solucionar esto?

Si te identificas con esta situación, puedes pensar que lo mejor es “luchar contra” ese verdugo medieval. Lo que pasa es que no puedes eliminarlo porque forma parte de ti.

Es quizá mejor solución “convivir con” tu propia tendencia inconsciente a autoesclavizarte, integrando a ambos (verdugo y víctima) desde una posición más consciente y adulta.

Precisamente ser autónomo permite algo que muy pocos trabajos por cuenta ajena permiten: ser un adulto. Se puede dejar atrás el juego paternalista en que los jefes y la empresa son los padres y los empleados son los niños; se puede tomar las riendas e integrar ambas posturas.

El camino es dejar de lado esos juegos, estar en la acción, percibirte como una sola persona adulta que es al tiempo responsable y quien trabaja, quien se compromete con el cliente y factura, quien organiza y sigue o ajusta su propia planificación, quien aporta valor y paga impuestos.

Puedes comenzar hoy: permítete no trabajar durante el puente. 🙂


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Te identificas con esta dualidad? ¿Cómo haces para organizarte y “no excluirte de tu propia bondad”?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

El método KonMari un año después

Llevo un tiempo queriendo contar cómo me fue con el método KonMari que comencé el año pasado por estas fechas.

La lectura del libro Las cosas, de Georges Perec, me ha recordado este proceso y me he animado a contaros que, en realidad, no pude acabarlo, porque “las cosas” tienen vida propia y han decidido quedarse.

Portada del libro Las cosas, de Georges Perec

Si recuerdas, el criterio del método KonMari era el siguiente:

Quédate lo que te hace feliz.

Esta máxima se ha encontrado en mi caso con varios problemas:

Problemas de armario

Lo cierto es que, si realmente solo te quedas con la ropa que te hace feliz, no puedes ir al trabajo. Quien dice trabajo, dice a ver a un cliente estratégico, o a una feria empresarial, etc. En mi caso concreto, que tiendo a priorizar la comodidad de la ropa sobre su aspecto, he descartado en el cubo de Cáritas un montón de ropa en perfectas condiciones para ir a todos estos sitios mencionados, si bien no exactamente cómoda.

Por otro lado, si te deshaces de la ropa que no te hace feliz, pronto vas a necesitar hacer un gasto muy grande en nueva ropa que quizá tampoco te haga feliz, sino que te hace falta.

Además, pienso que con la ropa pasa algo parecido a lo que ocurre con el eslabón más débil de una cadena: la prenda más raída, esa que solo llevas en casa o para pasear al perro de noche, es la que define la calidad de tu ropero… Y lo mismo, si te deshaces de esas prendas, sustituirlas requiere un gasto no esperado.

Los protagonistas de Las cosas (escrita y ambientada en los 60) sueñan con ropa de mucha calidad, con tener varios zapatos, con ser ricos… sin hacer nada para lograrlo porque lo ven como un sueño imposible. Ellos también tienen problemas de armario.

Problemas de apego hacia los objetos

En el primer capítulo de Las cosas, Perec nos introduce en un hogar para ricos, en cómo sería ese hogar para Sylvie y Jérôme, los protagonistas siempre borrosos, como vistos de lejos, de la novela. El hogar para ricos, sin duda, está lleno de cosas. Son cosas vistosas, bellas y de mucho valor. Y es que la primera frase lo dice todo:

Les habría gustado ser ricos.

Ya es algo imposible, es la tercera condicional, la de “Si hubiera… habría…”, la que no tiene vuelta atrás.

Pues bien, en mi caso lo que descubrí es que, tanto los libros que no pensaba volver a leer como los objetos de adorno que en su día no eran más que baratijas, se resistían a irse porque habían adquirido un valor, el que les atribuían los años. Los años habían convertido a estos objetos en cosas valiosas, en compañeros de piso, en un apéndice irrenunciable. De alguna manera, el valor que adquieren es como un “peso” (se nota mucho en las mudanzas, por cierto), pero no es intercambiable por dinero: es como si todos estos objetos y libros, si salen por la puerta, se fuesen a deshacer en polvo.

Era casi de rigor desear siempre más

Esta es otra de las frases de Las cosas, y una frase que quizá defina cada vez más nuestras vidas. Cuando las cosas son efímeras porque están fabricadas para serlo, resulta que conseguir renovarlas con cierto ritmo es lo que diferencia a los ricos de los pobres. La conservación de las cosas de calidad ya no distingue una buena vida, sino la renovación constante hacia el último modelo, la moda de esta semana, la moda del año que viene por estas fechas.

En este estado de la realidad, quizá no cuente tanto deshacerte de lo que no te hace feliz como extraer felicidad de esa constante renovación que es casi imposible de evitar. La alegría ya no se deriva de estar rodeado de objetos que te hacen sentir feliz, sino más bien de poder sustituir estos objetos…


¿Cómo lo ves tú? ¿Dedicas tiempo y dinero a la renovación constante de “las cosas” que posees? ¿Crees que esto debería cambiar? Me encantaría continuar la conversación en los comentarios. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, agradezco profundamente a mis lectores que se tomen el tiempo para leer el blog y unirse a la reflexión.

Si quieres saber más del método KonMari, lee este post.

Pájaro en mano: la recompensa inmediata

Más vale pájaro en mano que ciento volando

Esto dice el refrán, y no solo se trata de la “sabiduría popular”, sino que realmente nuestro cerebro está estructurado para pensar así y tomar decisiones en ese escenario.

Pájaro en mano: la recompensa inmediata

El pájaro (la recompensa) es mío ahora

La forma de expresarlo desde un punto de vista financiero se llama valor del dinero en el tiempo: un euro hoy siempre vale más que un euro en una fecha futura. Esto se debe a dos efectos: los intereses que dejan de obtenerse por ese euro invertido entre hoy y esa fecha futura y la posible inflación, que hará que en el futuro un euro tenga menos valor real.

Si lo tomamos desde este punto de vista, la aplicación de esta idea en el Libro del Buen Amor es más aproximada a este concepto: “No dejes lo ganado por lo que has de ganar (Libro de Buen Amor 994)”.

Recompensa inmediata frente a recompensa pospuesta

Desde el punto de vista de las decisiones racionales frente a las emocionales, nuestro sistema de recompensa hormonal necesita resultados tangibles y regulares. La neurología habla de la tensión que existe entre la idea de una recompensa inmediata y otra pospuesta: resulta un gran esfuerzo para nuestra parte consciente retrasar la recompensa, manteniendo al cerebro animal bajo control.

Tal como nos explica Taleb en El Cisne Negro, nuestro sistema de recompensa necesita un flujo constante de pequeñas recompensas, por lo que puede ser peor ganar diez millones para luego perder nueve que no ganar nada.

Taleb nos remite al artículo de la revista Science por Samuel M. McClure y otros: este grupo de investigadores descubrió que los sistemas cerebrales que evalúan recompensas económicas inmediatas y diferidas en el tiempo son distintos: las decisiones inmediatas involucran al sistema límbico, emocional, y las decisiones pospuestas en el tiempo al córtex (el córtex prefrontal lateral y estructuras asociadas).

La cigarra y la hormiga

Este mismo artículo de Science cita la fábula de Esopo de la cigarra y la hormiga para ilustrar los dos tipos de decisiones.

 

Es interesante que, mientras que el refrán popular nos anima a agarrar ese pájaro seguro hoy, la moraleja del cuento es retardar la recompensa a base de comportarnos más como la hormiga. (Por cierto, el esquema mental de la hormiga de dejar el placer para mañana es el “guion hasta” que vimos, mientras que el esquema mental de la cigarra es el “guion después”).

Las investigaciones como la citada confirman la idea de que los consumidores se comportan de forma impaciente hoy pero prefieren planificar pacientemente para el futuro.

La recompensa futura se nos desdibuja

A partir de un horizonte temporal, el futuro se nos desdibuja, por lo que nuestro sistema emocional ya no se involucra en decisiones tan lejanas. Los autores citados nos dicen que:

Por ejemplo, si a alguien le ofrecen elegir entre 10€ hoy y 11€ mañana, estará tentado a elegir la opción inmediata. Pero si se le pide hoy elegir entre 10€ en un año y 11€ en un año y un día, la misma persona probablemente preferirá la cantidad algo mayor y ligeramente pospuesta.

Al fin y al cabo, no somos sino primates superiores, los único capaces de retrasar tanto el disfrute de una recompensa como para hacer planes de ahorro, pensiones, pagar hipotecas… Y ciertamente no es lo que mejor se nos da.


¿Qué opinas sobre esto? ¿Prefieres retrasar la recompensa pero que sea mayor? ¿O más vale disfrutar el día de hoy? Puedes dar tu punto de vista en comentarios.

Gracias por tu atención al leer este artículo. ¡Eres libre de compartirlo!

Los adornos: lo más difícil de “dejar ir”

¿Te cuesta deshacerte de los adornos?

Se muestran varios adornos de los que cuesta dejar ir

Los adornos de la abuela

Podemos recordar las costumbres de organización de nuestros abuelos, quizá alguno de los bisabuelos. Y ahí ya existía la acumulación, a pesar de que vivieron en una época muy diferente a la actual.

La abuela de muchos de nosotros/as ya acumulaba un montón de objetos, principalmente adornos.

¿Qué son los adornos?

Los hay de varios tipos:

  • Objetos útiles que no se utilizan porque se prima su belleza, su valor o ambos, como son jarras y jarrones, juegos de tazas, juegos de té, soperas, ensaladeras, copas (de vino, de champán, etc.) velas, almireces y resto de regalos típicos de boda, o herencias de algún familiar.
  • Objetos creados con el único fin de adornar, como figuritas de Lladró (o no), del roscón, bailarinas y toreros, esferas de madera o cristal, candelabros, máscaras venecianas, higrómetros… De estos, los adornos “horizontales” requieren de muchas superficies planas donde depositarlos, y de mucha paciencia para limpiar el polvo.
  • Adornos “verticales”: se cuelgan o se sitúan en vertical, como cuadros, calendarios, imanes del frigorífico, máscaras venecianas, carteles, mapas…
  • ¿Las plantas son adornos vivos? Si es así, trabajan 24×7 por un poco de agua a cambio, y de fertilizante o abono las que tienen suerte. Esto me recuerda a los adornos humanos en Clara y la penumbra. Quien no tiene una planta asalariada, la tiene en forma de flores de tela o bien tiene ramos de flores frescas que ya no hay que volver a regar.
  • Recuerdos, como marcos con su foto correspondiente, bufandas de un equipo de fútbol, copas y medallas que se ganaron tiempo ha y aparatos electrónicos de poca utilidad.
  • Colecciones: la perdición. Las colecciones de cualquier objeto requieren mucho espacio y mantenimiento, y no suelen ser estéticas. Muchas colecciones parecen sacadas de museos. ¿Tu casa es un museo? (Pregunta para reflexionar)

¿Cómo sería el asunto de la basura en el cazador-recolector?

En una sociedad cazadora-recolectora, deshacerse de algo no sería tan común, solo se tendría lo necesario, por lo que tampoco sería común acumular. Los espacios en que habitan las tribus no son muy grandes. Tienen poca ropa y ningún libro ni documento. Ni ningún aparato electrónico.

Sin embargo, lo cierto es que solo hay que ir a un museo para constatar que sí había adornos en las épocas antiguas: las figuritas no han evolucionado mucho desde la era prehistórica. ¿Había adornos en todos los hogares o solo en los de la gente con dinero?


Me gustaría conocer vuestras opiniones. ¿Cuál es el adorno de tu casa que más detestas? ¿Por qué? ¿Cuál es el adorno que nunca dejarías ir?

Como siempre, agradezco profundamente a mis lectores por tomarse el tiempo para leer este post y unirse a esta reflexión.

Basura tecnológica

En el post anterior sobre cuándo algo empieza a ser basura reflexionábamos sobre las categorías del método KonMari y algunas otras más inquietantes, como el hecho de que depositar cualquier elemento sobre un plato de comida la convierte en basura.

La mejor opción según las políticas de reciclaje es la prevención: evitar generar residuos al fabricar, lo que trasladado a la persona de la calle es evitar comprar lo que no vamos a consumir o vamos a desechar pronto.

¿Qué ocurre cuando no prevemos que vamos a desechar lo que compramos? ¿Qué ocurre cuando los cambios tecnológicos son tan rápidos que nuestras amadas posesiones dejan de ser útiles sin darnos tiempo a disfrutarlas?

Las cintas son ahora basura tecnológica

Las antiguallas: basura tecnológica

Hay una serie de objetos en las casas de aquellos que no somos nativos digitales que quizá nos resistamos a “dejar ir” porque no se pueden reciclar y porque se han convertido en pocos años en auténticas piezas de museo. Repasemos algunas, con aires de abuela cebolleta:

Los discos de vinilo

Los que fuimos adolescentes en los ochenta, acumulábamos los discos de vinilo (LP y singles) de nuestros artistas favoritos. Lo que hacíamos era grabar una vez el disco a una cinta y escuchar la cinta para que el disco no se rayara. Si la cinta se estropeaba (lo que ocurría cuando se enganchaba y se salía de su carcasa) volvíamos a grabar el disco. Los discos de vinilo se sacaban de su funda con aire reverencial y con muchísimo cuidado. Se limpiaba el polvo del disco con delicadeza y se situaba, con la liviandad de una bailarina de ballet, la aguja de diamante del tocadiscos sobre los primeros surcos grabados.

Entonces aparecieron poco a poco los CDs. Los discos y las cintas, como hemos visto, cooperaban entre sí, no eran sustitutos perfectos: se prefería el disco, tenía más glamour, era más grande, a veces se abría en dos y dentro contenía las letras, mientras que la cinta era demasiado pequeña y si contenía las letras era en un papel que parecía un acordeón o un pai-pai.

Al principio creímos que los CDs no se rayaban. Creímos que eran “perdurables”. Y muchos fuimos pasando penosamente la colección del artista favorito a CD, a un precio similar al del disco de vinilo, pero con la ingenua creencia de que perdurarían por siempre. Creo que los CDs son mucho menos resistentes que los vinilos.

¿Qué hacemos ahora con estas colecciones de discos de vinilo y de cintas? Hay quien dice que los discos de vinilo se oyen mejor, que tienen otra calidad de sonido, etc.

Pero no podemos comprobarlo fácilmente: apuesto a que en la mayoría de las casas donde todavía hay discos de vinilo ya no hay dónde escucharlos, porque los tocadiscos se estropearon antes.

Las cintas de vídeo

Algo parecido pasa con las cintas de vídeo. Al principio había un sistema, el vídeo 2000, después el Betamax y después el VHS. Quien no acumulaba películas en un formato lo hacía en dos o tres de estos. Al igual que pasaba con las casetes, las cintas de vídeo podían grabarse, con lo cual quien más quien menos grababa todas las películas de la tele que quería, cortando manualmente los anuncios, etc.

¿Qué ha pasado con estas colecciones de cintas de vídeo? Pues que los vídeos reproductores se fueron estropeando, los cabezales dejaban de funcionar, pero las cintas siguieron ahí, con un mensaje indescifrable ahora.

Hay quien no consigue dejar ir su gran colección de cintas de vídeo, en la que invirtió mucho tiempo y dinero.

CDs y DVDs, la nueva vieja basura

En efecto, muchos creímos que el DVD era el sustituto duradero de la cinta de vídeo. Y también pronto descubrimos que se rayaban con facilidad. Las carcasas de las cintas de vídeo les daban un empaque, un aspecto de ser productos de cierto nivel. Las carcasas de DVD empezaron ya siendo más finas y blanduchas, fueron enflaqueciendo y ahora es fácil que los DVDs tengan carcasas como las de un CD.

La erosión del envoltorio fue pareja con la erosión del valor que le dábamos al contenido. Antes, lograr alquilar el VHS de una película era un gran reto, ahora, lograr bajar una película es tan sencillo que la gente las colecciona por miles. Y no las ve.

Vemos ya un indicador interesante: antes, la música y las películas entraban en el concepto de escasez, no estaban disponibles, había que grabarlas de la radio o de la tele o pagar un precio por su versión original, fuese alquilada o comprada.

En cuanto a los libros y su supuesto sucesor electrónico, la conversión no ha tenido lugar: se siguen vendiendo libros de papel, y muchos lectores argumentan que prefieren pasar páginas, notar su tacto, su olor, tener una guía visual del avance en su lectura, poder subrayar… Placeres que desaparecen con el libro electrónico. Por otra parte, hay quien acumula miles de libros incluso en su teléfono móvil, pero, ¿los lee? ¿Y tú, te has pasado al libro electrónico?

Cámaras de fotos… con carrete

Cuando una tecnología cambia, no se sabe el arraigo que va a tener. Al principio, hay adoptantes tempranos que se pasan pronto a esta tecnología, y cuando se abandona sin que alcance la masa crítica, se dan cuenta de que han adquirido piezas de museo a un alto precio. Ocurrió con el mini-disc o con unos “maxi-discs” que aparecieron y duraron muy  poco.

Esto creí yo que pasaría cuando aparecieron las primeras cámaras de fotos digitales, que no durarían. Desde luego, como adivina del futuro no tengo precio. Me regalaron una cámara de fotos con carrete, que yo pedí, y que muy pronto tuvo que quedar relegada a este apartado de piezas de museo precisamente por lo contrario: lo digital se impuso a gran velocidad y, junto con los carretes, desaparecieron miles de negocios basados en el revelado fotográfico.

Las cámaras de vídeo, otro tanto. Durante años existió el súper-8, después, durante otros muchos años, aparecieron cámaras de vídeo de cinta (una cinta pequeña) en las que las familias grababan sus vacaciones, luego las cámaras de vídeo digitales, y luego los teléfonos móviles, que arrasaron con las cámaras de fotos, las de vídeo, los walkman, los discman, los contadores de pasos y todo lo demás que podías portar contigo.

La inversión en basura

Y ahora, el contraste es saber que, compres lo que compres en cuanto a tecnología se refiere, se quedará obsoleto tan rápido que no podrás amortizarlo, no podrás haber disfrutado de su vida útil. Ya es costumbre que un teléfono móvil dure dos años, pero es que un teléfono móvil cuesta mucho dinero como para tener una vida útil tan corta. Es como si estuviésemos invirtiendo en basura.

Los nostálgicos guardan sus Nokia, aquellos que no se rompen de ninguna manera y cuya batería sorprendentemente sigue funcionando y sigue durando.

También están las impresoras. Un histórico tan nostálgico como hemos hecho con los discos o las cintas lo podríamos hacer con las impresoras, porque una impresora con escáner, impresión a color y fotocopias a doble cara podía costar 6.000 euros, y ahora cuesta 60. ¿Cómo has podido amortizar algo así? En los últimos veinte años hemos asistido al abaratamiento progresivo de la tecnología, hasta el punto en que llega a ser Gratis. Y si es gratis, las inversiones se han trasladado a otra parte.

Lo cierto es que llevamos años invirtiendo en una “basura” que nunca habíamos considerado así: los coches. Un coche es un gasto, no es una inversión. Al día siguiente de comprarlo, su valor se deprecia hasta casi la mitad. Sin embargo, seguimos comprando coches…


Volviendo al principio, lo cierto es que veo complicado no invertir en basura tecnológica cuando no sabes qué es lo que se va a convertir en basura. No generar basura es fácil cuando controlas lo que gastas en alimentos perecederos o cuando eres consciente de lo que no necesitas. Lo que pasa es que a veces necesitas algo (una impresora) y al poco tiempo, el objeto se ha transformado en residuo sin darte tiempo a pensar… ¿Te ha ocurrido? ¿Qué “basura tecnológica” acumulas en casa?