Ser Autónomo es ser Adulto

¿Cómo ser autónomo y no morir en el intento?

Escribo este post para derribar algunos mitos sobre trabajar por cuenta propia, muchos de los cuales están explicados en posts y artículos escritos por personas que nunca han trabajado por cuenta propia. Al ser así, al desconocer de primera mano de qué se trata todo esto de ser freelance, se han creado una imagen del autónomo que no comparto.

Yo voy a hablar del autónomo que trabaja desde casa y cuyas herramientas de trabajo son un ordenador y a veces un teléfono.

¿Cuáles son los mitos de los que se habla?

El autónomo trabaja en pijama

El desayuno de un autónomoBien, habrá muchos que lo hagan, no es mi caso. La descripción habitual es que el autónomo prácticamente se arrastra como un ser invertebrado desde su cama a su escritorio, sin vestirse, sin ducharse y sin desayunar.

Esta creencia da por hecho que el que trabaja por cuenta propia no es capaz de concebir otra forma de vivir que “dormir más” y luego hacer como cualquier trabajador por cuenta ajena: sentarse en una silla.

Pero el autónomo puede: pasear a su perro, llevar a sus niños al colegio, trasladarse a un espacio de trabajo, trabajar documentándose en bibliotecas, trabajar desde una cafetería, si tiene un trabajo creativo, dar un paseo para inspirarse en busca de nuevas ideas.

La jornada del autónomo no tiene fin

La jornada del autónomo no es infinitaEn efecto, si seguimos considerando que el autónomo es ese ser que busca ante todo la comodidad (no se viste, no sale, duerme más), pues su jornada no tendrá fin porque se tratará de una persona incapaz de organizarse. Además, parece la única razón por la que se piensa que un autónomo no tiene horarios: hace falta “muchísima” disciplina. Algún autónomo incluso asegura que se pone horarios y que se viste como si fuese a la oficina.

Por suerte, hace muchos años que leí por primera vez a Ernie Zelinski, que afirma:

La moral del trabajo es la moral del esclavo

El esclavo piensa que hay que tener un horario porque si no, no se rinde, y hay que vestirse de pimpollo porque si no, no se trabaja.

Tengo dos objeciones al tema de la jornada del autónomo, una por defecto y otra por exceso:

  1. ¿De verdad, de verdad “hay que” trabajar 8 horas al día? ¿O diez, o doce? Me parece que esto arrastra un concepto de la era industrial. Lo importante es ser productivo, no estar sentado delante de un ordenador durante horas, como ocurre en una oficina. Si en países avanzados se defienden jornadas de 6-7 horas, es porque es posible, y probablemente más racional.
  2. ¿De verdad que es tan grave que un trabajo se viva como una pasión? Muchos autónomos “de ordenador” somos “creativos”, es decir, trabajamos inventando, pensando, imaginando, fantaseando. Y esto mola hacerlo hasta las tantas, o los fines de semana. En mi caso no trabajo hasta tarde, pero sí los fines de semana: si la inspiración me encuentra un sábado por la mañana, la sigo. Eso de tener que poner barreras entre la vida personal y la laboral significa que lo laboral es malo, es algo que hay que mantener enjaulado.

El autónomo se pone a hacer tareas del hogar

El hogar de un autónomoEsto es muy gracioso. Las explicaciones habituales es que claro, teniendo tan cerca la cocina, pues te vas a ella, te pones a comer… O bien, te pones a limpiar, o te vas a comprar el pan… Como si estas tareas fuesen placeres preferibles al hecho de trabajar y ser útil. O como si en la oficina no comieras nada, ni atacases la máquina del vending.

Esto responde a la creencia de que los trabajadores somos como niños, y necesitamos por tanto un supervisor (padre) que nos vigile, no sea que nos distraigamos y nos pongamos a jugar. En cambio, “nunca” nos distraemos en una oficina, estamos “todo el rato” rindiendo al 100%…

En mi opinión, un Autónomo Adulto se distribuye el tiempo como quiere porque el que trabaja por cuenta propia es el responsable. Aquí otra palabra clave, la responsabilidad. En un trabajo por cuenta ajena, la responsabilidad es del empleador, nosotros somos niños tratando de escaquearnos, ¿verdad? Pues bien, si uno se escaquea de su propio negocio y no cumple fechas, lo más probable es que acabe “en la calle”, con la diferencia de que no tendrá derecho a paro.

He trabajado con muchos freelance porque el sector e-learning se apoya mucho en ellos: diseñadores, productores de vídeo, informáticos, guionistas… Y suelen ser hiperresponsables, entregan sus trabajos con antelación, y con los estándares de calidad que se les marca. No creo que estas personas se pongan a hacer tareas del hogar, y si lo hacen, será para descansar, repartirse sus tiempos o porque consideran, como yo, que no es necesario autoexplotarse.

La soledad del autónomo

telefono-996-min¿La soledad del autónomo? Pensaba que solo existía la soledad del líder.

Bien, es cierto que el autónomo que trabaja desde casa frente a un ordenador no está viendo personas, a menos que conecte su webcam cuando mantiene conversaciones a través de Skype, por ejemplo. Lo que sí es probable es que “oiga” personas, ya que mantiene habitualmente conversaciones telefónicas con sus clientes. Además, el autónomo gusta de comer al menos tres veces al día, pudiendo ser algunas o todas ellas fuera de su casa: desayunos de empresa, comidas con clientes…

Es el freelance quien tiene en principio la disponibilidad de asistir a eventos que como trabajador por cuenta ajena están vetados, como son muchas ferias y exposiciones que se dan en “horario laboral”.

Además, volvemos a la creencia de que somos niños, y por tanto necesitamos a nuestros amiguitos del cole. Un trabajador por cuenta ajena está igual de solo que un trabajador por cuenta propia, lo que pasa es que puede hacerse la ilusión de que está acompañado por sus colegas de trabajo, que en realidad no están ahí para mitigar su soledad, sino para trabajar también, cada uno en lo suyo. Hay ciertas conversaciones informales que se pierden trabajando desde casa, cierto. Pero también se gana algo que no tiene precio: la libertad.

Si aun no te convence esto, puedes escuchar este audio de Brigitte Champetier de Ribes sobre cómo el Adulto camina solo en su vida.

¿Cuál es tu experiencia? Me encantaría saber cómo te va trabajando desde casa por cuenta propia. Deja tus comentarios abajo.

¿Cómo pasar de ser el agente Patou a ser el regente del bar Moustache?

Al observar cómo funciona el mundo, o cómo ver el mundo funcionar desde una cierta óptica, me acuerdo de la escena de “Irma la Dulce” en que el camarero Moustache explica este funcionamiento al decepcionado agente Patou. Es la primera escena en que estos dos personajes interactúan.

Escena de Irma la Douce
Imagen encontrada en http://www.jonathanrosenbaum.net/1995/01/irma-la-douce/

—Mi querido muchacho, su modo de pensar no solo es absurdo, es también antieconómico, y sé de lo que estoy hablando, fui profesor de Economía en La Sorbona durante 6 años, pero esa es otra historia.

—Convendrá conmigo en que los ciudadanos decentes deben estar protegidos contra eso.

—Está bien, tomemos un ciudadano decente, veinte años casado y que pasa el día vendiendo cochecitos de niño. Por la noche necesita distracción, camaradería, y por tanto viene a la calle Casanova. Se reúne con una chica, ella le da un poco de amistad y él un poco de dinero, la chica da el dinero a su novio, y él lo gasta en bebida, en gemelos o en las carreras. E incluso a veces, da un poco de ese dinero a un policía.

—¿Soborna a un policía?

—Y ahí viene lo estupendo, porque el policía coge ese dinero y compra un cochecito al ciudadano decente. Y así el dinero se mantiene en circulación. ¡Todo el mundo es rico! ¡Todo el mundo es feliz!


En ese momento el agente Patou no lo sabe, pero acabará pasando por todos los roles que un momento antes ha criticado: agente sobornado y chulo de putas. Aun así, no perderá su encantadora ingenuidad, y conseguirá salir del ciclo fatalista descrito por Moustache.

¿Te sientes como el agente Patou?

Puede que sientas lo mismo que Patou y te indignes a la vista de las injusticias a tu alrededor. Sin embargo, el mundo no tiene por qué ser justo. Según Wayne Dyer, la justicia no existe. Nunca ha existido y jamás existirá. Si observas la naturaleza, ves que no hay justicia en este mundo: los animales se comen unos a otros, hay grandes catástrofes cada día, y muchas veces afectan a los que menos pueden recuperarse de ellas. El mundo y los seres que viven en él, incluidos los humanos, son injustos todos los días.

“Los que tienen dinero no son condenados. A menudo, los jueces y policías se venden a los poderosos”, dice Dyer.

La preocupación por esta justicia tiene su origen en dejar que el comportamiento de los demás sea más importante que el tuyo propio. Es una búsqueda de comparaciones con la que se crea un listado, buscando que todo esté en equilibrio, que obtengas lo mismo que los demás.

Hazte cargo de tu propia vida

Lo contrario es hacerte cargo de tu propia vida, decidir lo que realmente quieres y buscar los medios para lograrlo, aceptando que la vida no es perfecta, o que es perfecta tal como es. Por tanto, si no te gusta ser el agente Patou y observar descorazonado cómo es la naturaleza humana, si tampoco te convence entrar a la rueda de roles que viven al margen de las normas, normas que tampoco tienen por qué ser justas como vemos, puedes elegir ser Moustache, el dueño del bar del mismo nombre.

Lo fundamental para salir de cualquier círculo vicioso es entender que se forma parte de él. Conozco muchas personas que critican despiadadamente a las grandes marcas de ropa por explotar trabajadores en el tercer mundo, pero después compran esta ropa e incluso alegan:

“Claro, es que no tengo dinero para hacer otra cosa”.

Entonces forman parte del ciclo y lo alimentan.

Una vez has comprendido que formas parte y que todo lo que ves y vives, lo veas como grandes injusticias o como la vida tal como es, el siguiente paso es buscarte un papel en el sistema con el que realmente te sientas cómodo, quizá el de Moustache.

¿Cómo es ser Moustache? ¿Qué características tiene este rol?

El camarero y dueño del negocio observa el funcionamiento del mundo y está al servicio de los que juegan los roles protagonistas. Trabaja para ellos, vive gracias a ellos y simplemente acepta las cosas tal cual son. El trabajo de Moustache ha de ser uno que no está dentro de los ciclos fatales, en los que solo se puede ir con la corriente o se te llena la boca de plumas. Es un trabajo que se queda fuera de ese ciclón. Pero no se aísla del ciclón, convive con él.

Se me ocurren trabajos similares: el propio del dueño del bar, un instructor de buceo, un freelance que trabaja como consultor, no como falso autónomo, el realizador que acompaña a una estrella de rock en los conciertos, David Attenborough, un actor/actriz…

  • Hace falta admitir en tu vida un cierto grado de caos, de desorden. Hace falta aceptar la incertidumbre, reconocer que no se tiene el control.
  • Aceptar el fracaso, los fallos y sobre todo, aceptar el vacío, esos momentos en que nada se mueve, en que todo es incógnita, en que parece que tu subsistencia peligra.
  • Y hay que aceptar la crítica, el exponerse, el que haya personas con otro guion que responden de formas sorpresivas, adaptarse entonces a ese guion y elaborar sobre él sumando, nunca restando, olvidando el famoso “sí, pero…”.
  • Aceptar que las cosas están por crear, que se crean según suceden y no según un listado que mantienes para tener sensación de seguridad.
  • Los que tienen éxito en esto están tranquilos en cualquier circunstancia, dicen sí a todo como es, están a gusto donde están, flexibles y abiertos a lo que venga.

¿Eres un@ de ell@s? Cuéntanos tu experiencia, ¡queremos saber más!

 

El policía que estaba en la parra

¿Nos está permitido estar en la parra?

Piénsalo bien. O para aclarar un poco: ¿nos está permitido estar en la parra cuando otros están mirando? ¿Nos lo permiten nuestra naturaleza, las normas sociales, las neuronas espejo?

Estoy en la cafetería del aeropuerto. Digo “la” porque solo hay una (es un aeropuerto muy pequeñito). Todos estamos esperando un avión. Muchos han acabado de comer, pero es pronto para acercarse al control.

¿Qué haces tú en una situación como esta para matar el tiempo?

Mucha gente, y yo puedo estar a veces en este grupo, abre sus portátiles y sigue trabajando, como si no fueran más de las ocho de la tarde. Están encorvados y miran hacia abajo, a sus pantallas. Son “los tristes“.

Los que tienen compañía, los menos, a veces charlan. Suelen ser personas que no viajan por motivos de trabajo, por lo que no portan un ordenador. Son “los familiares“.

Hay algún “lector” y algún “escribano“, ese que toma notas. A veces también soy de uno de estos dos tipos. Ahora mismo, claro, estoy siendo “el escribano”.

Hoy hay uno distinto: es policía. Es joven. Y es capaz de mantenerse en la parra con la mirada distraída en el infinito y ocasionalmente en otro de los comensales. Claramente, no está de servicio. Ese tío sí se siente libre.

Parece tan relajado que incluso se diría que va a dormirse. Este tío es un crack. Lleva por lo menos veinte minutos en estado meditativo. No estoy bromeando con él, realmente le envidio.

Como esa niña del artículo, yo tampoco puedo parar mis pensamientos, ni puedo dejar de hacer cosas “útiles”, “productivas”.

Por lo que de pronto levanto la cabeza del teléfono y el policía se ha ido. De verdad, ha desaparecido.

¿Darán cursos de meditación en la policía? ¿O bien trabajar de pie, en movimiento, sin tener que estar al menos 8 horas delante de una pantalla dará al policía la capacidad de quedarse en la parra?

  • Nota 1: la imagen del policía procede de este artículo, y es evidente que no he encontrado imágenes de policías en la parra.
  • Nota 2: he visto que la expresión “estar en la parra” puede no ser global, ¿cómo llamáis a este estado en que estás despistado, con la mirada perdida en el infinito?

El ateo que tuvo una visión divina

Ramiro Ortega era un hombre de unos cuarenta y cinco mal llevados o cincuenta estupendamente llevados. Era alto y tenía una complexión física grande, fuerte, pero no gruesa. Su pelo era tirando a rubio y sus ojos tirando a verdes. En conjunto, era un hombre que pasaba desapercibido, poco atractivo y además ateo.

Un día iba andando por la calle y de pronto se encontró con un hombre que llevaba el pelo largo, tenía la tez oscura y vestía una especie de sayo que le llegaba hasta los pies, en los que llevaba unas sandalias. La primera palabra que vino a la mente de Ramiro fue “hippie”, y después “árabe o judío”, y después aún pensó que ese mendigo debía de estar helado porque estábamos en febrero y el propio Ramiro llevaba una cazadora deportiva roja bastante calentita.

El hombre llegó hasta él y le dijo: “Vengo en nombre de mi padre, para predicar la paz en la tierra. Todos somos hermanos”. A las palabras que ya había pensado Ramiro se unieron “testigo de Jehová” y “cuidado, está pirado”, y su primer impulso fue sacar la cartera para ayudar al sin techo, y al mismo tiempo un segundo instinto le pedía protegerla de un posible robo. Por otro lado, lo que decía el hippie era tan extraño que quiso averiguar un poco más. Le preguntó si tenía qué comer, y el otro le dijo una cosa más extraña aún: “Puedo multiplicar panes y peces, y convertir el agua en vino, pero ahora necesito llevar mi mensaje a los hombres”. Definitivamente para Ramiro, este hombre no estaba bien de la cabeza. Le preguntó: “A ver, ¿tienes papeles?”. El otro parecía perplejo: “¿Papeles?”. Entonces Ramiro pensó que allí cerca había una comisaría de policía y podía acompañar al mendigo. Pero claro, igual le metían en prisión para luego deportarle. No le gustó esta idea, quiso un destino mejor para el tío del sayo, y recordó que por la zona había un comedor de Cáritas donde podía dejarle, casi depositarle, como si fuese un objeto perdido.

Se fijó más en él y le extrañaron varias cosas: no olía mal, estaba limpio, su mirada era muy profunda y le había hablado en perfecto español. “¿Llevas mucho tiempo en España? ¿Cómo te llamas?”, le dijo. Y el hippie del sayo le respondió: “¿España?”. Ante la perplejidad de su mirada, Ramiro se confirmó en la idea de llevar a este hombre al comedor de Cáritas y deshacerse de él, e irse él mismo a comer, pues le estaba entrando hambre. Así que le guió, el otro le seguía dócil, como un perrito, y le llevó a aquel comedor de ayuda social. “Bueno, macho, aquí te dan de comer y a lo mejor te ayudan con los papeles. Yo me voy, que he quedado. Toma cinco euros por si necesitas algo, coger el metro o algo”. Aquel hombre cogió el billete y lo miró con extrañeza, miró a su alrededor, y asintió con un gesto.

Unos días más tarde, Ramiro lee en el periódico: “Hombre de 33 años, sin papeles, de origen judío y que dice ser Jesucristo parece multiplicar la comida en el comedor social de Cáritas situado en la calle Hernani, 66”. Y se fija en la foto y sí, parece un Jesucristo el hombre. Ramiro se dice: “Qué pena de inmigrantes”.

(Puede que continúe…)

¿Sabías que Jesucristo es el meme más popular de la historia?

La atracción de lo sórdido

Ilustres vagabundos libres

En un capítulo de la serie Mad Men, cuando el protagonista (Don Draper) evoca parte de su infancia, aparece un vagabundo que se aloja en su casa familiar por un día. Los padres de Draper mencionan los prejuicios que les evoca esta persona sucia, de ropas viejas, errante, perdida. Y se los mencionan a él, atribuyéndole aspectos negativos, como la creencia de que les va a robar la paga que le prometen por ayudarles en la granja. Cuando el niño Draper habla con el vagabundo, la primera pregunta que le hace es:

Tú no eres vagabundo, ¿verdad?

Y el vagabundo le da la razón, le dice que él tuvo esa vida de oficina, mujer e hijos, casa y “seguridad”. Pero un día lo dejó todo y se fue, y entonces se sintió libre, entonces logró dormir, fuese bajo las estrellas, en un albergue o donde le sorprendiera la noche.  Esto deja al niño pensativo.

No hay ningún trabajo decente

El escritor Charles Bukowski prefería la libertadAyer en Página 2 se hablaba de autores que comenzaron a publicar tarde, más allá de los 40.

Uno de ellos, Charles Bukowski, había dicho que cuando tenía un trabajo de oficina tenía dinero, y que si se dedicaba a escribir no ingresaba nada. Pero que prefería esta situación, y que si tenía que volver a un trabajo de 8 horas de oficina, se suicidaría.

En concreto, en un diálogo de El incendio de un sueño, podemos leer:

 

“No hay ningún trabajo decente. Si un escritor abandona la creación, está muerto”.

Juan Nadie

Gary Cooper protagonizó una película de Frank Capra, Juan Nadie, en la que daba cuerpo a un vagabundo que se hace pasar por un hombre recién despedido y atormentado por ello,  inventado por una periodista a la que habían despedido realmente del periódico en que trabajaba.

Este Juan Nadie, o John Doe, decía en la carta creada por la periodista que se iba a suicidar porque no soporta este fracaso. Pero a mí el que me interesa es el personaje secundario, “el coronel” otro vagabundo que le recuerda continuamente a John que se está metiendo en un lío: la verdadera libertad está en ser un vagabundo que no tiene nada, y quien nada tiene, no está atado por nada.

Para el coronel, los “zapatos de tacón” son aquellos que se centran en sacar dinero a los demás, y de los cuales conviene apartarse para llevar una vida libre. Considera que John se va a acostumbrar a un montón de cosas que le van a llevar a hundirse. Como la periodista va a pagar dinero a John por hacerse pasar por el vagabundo y dar charlas, el coronel considera que este dinero va a corromper al vagabundo. Le dice que el dinero le va a llevar a entrar en restaurantes, comer cosas maravillosas y esto hace daño a la persona.

El dinero funciona como una droga: primero se quiere comer bien, luego dormir bien, en una habitación confortable con cortinas y alfombras y antes de darse cuenta, ya no le es posible al vagabundo dormir a menos que sea en una buena cama. Después te abres una cuenta bancaria y es entonces cuando los hombres de zapatos de tacón te han atrapado.

Sangonera

Blasco Ibáñez creó a Sangonera, un personaje libre

Sangonera es un personaje doble en la novela Cañas y Barro, primero sale su padre, y luego él toma el relevo, asegurando el avance generacional del relato.

Me fijo en el segundo Sangonera, el hijo, porque es quien mejor nos relata su filosofía de vida. Hablando con Tonet, el protagonista, Sangonera afirma una y otra vez que trabajar es insultar a Dios, porque es dar por hecho que Él no proveerá, que necesitamos más de lo que Él nos da. Para Sangonera, el fin del trabajo es atesorar “aunque sea miseria”, pensando a todas horas en el mañana. Y esto convierte a los hombres en bestias. El trabajo regular y monótono, tener una casa, una familia, tratar de asegurar el mañana; todo esto es no confiar en Dios.


Y es que me da la sensación de que todos estos vagabundos tienen “su razón”, tienen razón, lo que dicen es cierto desde un cierto punto de vista. ¿Quién puede juzgarlos?

Las posesiones te poseen, es algo que las filosofías orientales llevan miles de años explicando.

¿Qué significa realmente trabajar? ¿Cuál es el fin del trabajo? Ya he reflexionado otras veces en el blog sobre esto, porque, desde que el trabajo pierde la conexión con sus resultados directos (comer, tener dónde dormir, estatus), pierde el sentido.

Me imagino muchas veces que de pronto tenemos que vivir “en la selva”, sin ninguno de los medios que tenemos ahora en las oficinas; principalmente sin electricidad. Y creo que moriríamos muy rápidamente. Como decía el Coronel, nos acostumbramos a una buena cama y luego no podemos dormir.

(Dedicado a Daviss)

Un cantante que desaparece. Doble cisne negro

Cartel de la película Searching for Sugar Man

He tenido la suerte de ver recientemente el documental “Searching for Sugar Man“, que relata una búsqueda digna de thriller de un cantante que grabó un par de discos y al que después pareció tragársele la tierra. Este cantante se llamaba Rodríguez, así, sin más.

Desde el primer momento del documental, la música de Rodríguez lo envuelve y le dota de color, de vida. Es una música de calidad, comparable a la de John Dylan y otros grandes de finales de los 60. Y sin embargo, Rodríguez no aparece. Se rumorea que ha muerto durante un concierto, que se ha suicidado en el escenario de una forma bastante grotesca.

Aquí se produce el primer “cisne negro“, un término acuñado por Nassim Nicholas Taleb y que se refiere a fenómenos atípicos, que conllevan un gran impacto y de los que se buscan explicaciones a posteriori (porque son impredecibles). Y es el fenómeno de “no-éxito” no esperable ante la calidad de la música de Rodríguez. ¿Se debió a su apellido hispano? ¿Se debió a una mala gestión de la discográfica? Lo cierto es que las copias de los 2 discos de Rodríguez se perdieron en un piélago de mediocridad e ignorancia.

Sin embargo… Una copia pirata de uno de sus discos llega como regalo a Sudáfrica, en la época del Apartheid. Allí se produce el segundo “cisne negro“: el disco de Rodríguez llega al número uno de las listas de ventas y sus canciones se convierten en canciones protesta, con las que se identifican los jóvenes reprimidos por el régimen impuesto. Se reclaman más discos de Rodríguez, y se llega a hacer tan famoso como los Beatles, Elvis o el citado John Dylan; incluso más. Un fenómeno atípico donde los haya, que tuvo un gran impacto en Sudáfrica y que tratamos de explicarnos por las letras reivindicativas de Sixto Rodríguez, por la situación del país, por… porque sí.

Sixto Rodríguez

El propio documental de esta historia tan curiosa no tuvo mucha suerte al principio. Su director, Malik Bendjelloul ha realizado más documentales sobre músicos, y ha colaborado con Björk, Sting, Elton John, Rod Stewart, Madonna, U2… Sin embargo, le resultó muy difícil encontrar a productores que creyeran en su proyecto. A pesar de haber comprobado por sí mismo la calidad y profundidad de la música de Rodríguez (conoció su historia cuando buscaba en África y Sudamérica temas para su próximo documental), no conseguía convencer a nadie. Incluso enviando la película ya montada en un 90% a un famoso productor, le dijeron que el material no servía más que para un documental televisivo.

Y no, Searching for Sugar Man es un gran documental para ver en el cine, para escuchar y dejarse envolver por él en el cine, para seguir, intrigados y sin pestañear, la azarosa vida de los investigadores que buscaron a este Rodríguez del que solo se tenían las imágenes que aparecían en sus discos, Cold Fact y Coming From Reality.

¿Quieres comprobar lo que se perdió el mundo cuando a Rodríguez se lo tragó la tierra?
Puedes escuchar sus canciones y leer la letra aquí.

La cultura del presentismo

Un aplauso a las empresas que se han unido a la corriente de la racionalización del horario, impulsada por la Comisión Nacional de la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE).

Quizá la productividad no aumente en España porque se confunde con número de horas trabajadas. Sin embargo, falta un término en la ecuación. La productividad es la cantidad de producto por unidad de tiempo. Ocurre que, si aumentamos la cantidad de tiempo sin aumentar la cantidad de producto, la productividad disminuye. Es decir, alargar el número de horas no garantiza más cantidad de producto.

La productividad

Además, determinadas horas son altamente improductivas, como las que se trabajan después de comer. Acostumbrados a comidas copiosas, nos enfrentamos a tardes en las que la sangre está en el estómago, y lucha por intentar subir al cerebro.

Conciliar vida laboral y personal

Ya habíamos hablado en nuestro blog sobre la importancia de conciliar la vida laboral con la personal.

Esta conciliación supone un factor de motivación de primer orden, para cualquier trabajador, esté en la situación personal que esté. Poder mantener aficiones, amistades, descanso suficiente y hábitos saludables, es algo que repercute de forma directa y positiva en el rendimiento del profesional.

También habíamos mencionado la absurdez de tratar de ahorrar tiempo, porque es imposible por definición.

Qué se gana alargando el horario

¿Qué buscan en realidad las empresas españolas cuando alargan el horario de forma generosa o no conceden jornadas intensivas en verano? ¿Qué se gana? ¿Acaso han hecho el análisis de lo que supondría que esas jornadas se rigieran por el sentido común?

Carlos García-Mauriño, presidente de ASEFARMA, sí lo ha hecho. Es tan solo un ejemplo de empresa en que se han implantado medidas de flexibilización de horarios y conciliación. Esta empresa ofrece la posibilidad de que los profesionales trabajen desde su domicilio, la aplicación de un horario continuado o la reducción de jornada en la proporción adecuada a las necesidades de cada trabajador, entre otras medidas.
La cuenta de resultados de esta empresa ha reflejado un aumento de la rentabilidad del 30%, gracias a estas y otras medidas.


¿Cuál es tu caso? ¿Tu empresa fomenta la conciliación? ¿Qué opinas de los horarios partidos?

Para saber más

ARHOE

Racionalización de los horarios en las empresas españolas

Vacaciones de verano… ¿para ti?

Vacaciones es sinónimo de playa para muchosDentro de poco comienza el verano. Ya quien más quien menos, todos tenemos en mente las vacaciones. Quizá algunos (o muchos), desde hace unos meses, ya que el calendario laboral se ha secado de festivos hasta el 15 de agosto, al menos en Madrid.

Vayamos a cualquier playa

A pesar de la crisis, todos intentaremos irnos. Sí, ese “todos” generalizado que suele tener excepciones. La crisis ya no es solo la crisis; es una gran depresión. Pero “el pueblo de los padres” está ahí. Y los que no solemos ver la playa durante el año, queremos ver “cualquier” playa. Esto sí que es curioso, me comentó una persona de una zona de costa que aquí usamos la expresión “a la playa” para responder a “¿Dónde te vas de vacaciones?”. Y que en la costa eso es como decir: “al parque”. Ya pero ¿qué parque? ¿Dónde? A los de interior nos da igual qué parque, realmente.

Antes de irnos, sin embargo, ya estamos pensando en la vuelta
.

Conozco mucha gente que dice: “ya verás a la vuelta, el contraste, el choque”. Y todavía no se han ido. Esto lo nombra Osho en el Libro de la nada. Llevamos un cierto tiempo pensando en un futuro idílico, esas vacaciones en la playa, y al tiempo pensamos ya en la vuelta.

Y lo peor, estando allí, estando en el lugar soñado, deseado, y sabiendo que permaneceremos tan solo unos días, unas semanas el más afortunado, pensamos ya en volver. Quizá incluso empiezan las peleas familiares/conyugales, y se está “deseando” volver para recuperar la normalidad, lo que yo llamo el estado vegetativo.

Vamos que, teniendo una oportunidad de estar despiertos, de vivir la vida intensamente, de disfrutar de aquello que durante el año nos parece tan difícil (aire libre, sol, agua, excursiones, buceo, juegos, siestas interminables, salidas nocturnas al raso…) llegamos allí y no sabemos.

Parece que, al no tener entrenamiento en el ocio, se nos muere la capacidad de gozar. Y esto sí que me parece triste. Gozar, reír, sentir. De tanto tiempo en estado vegetativo se nos escurre la espontaneidad, se nos oxidan las ideas, y se nos acartona el cuerpo.

Bueno, pues este año, en lugar de permitir este desastre, ¿por qué no nos centramos en disfrutar de lo que podamos? Incluso aquellos que no tengan medios de ir a ningún sitio, ni playa ni pueblo ni dios que lo fundó, ¿por qué no aprovechan el tremendo calor para vivirlo a fondo, despertar, ser conscientes?

Ánimo, yo lo voy a probar.

¿Qué piensas? ¿Dónde te vas este verano? ¿Te quedas?

¡Cuenta, cuenta!