En este episodio nacional de Galdós, cobra protagonismo el personaje estimable de don Beltrán de Urdaneta, del que ya os he habladoun par de veces. Este personaje es un señor de unos setenta años. Le ha gustado disfrutar de la vida y sigue queriendo hacerlo. Pero se está quedando ciego y se va sintiendo cansado de ir de un lado para otro. Que esté acercándose a la última costa no significa que no pueda estar sometido a las circunstancias del destino, del azar. Como decía Francisco Brines, somos hijos del azar: cuando llega, hay que agarrarlo, aunque nos aparte de un golpe.
El paso del tiempo, con la propia observación de un cuerpo que «el tiempo ha empezado a corroer», es doloroso cuando se atisba la muerte, el final, la otra cara de la moneda de la vida. Don Beltrán de Urdaneta se siente cercano a la muerte, por edad, pero cuando se ve apresado por un regimiento de facciosos (soldados carlistas) liderado por Cabrera, y es sometido a todo tipo de trabajos duros, se prepara aún más para este final: en cualquier momento puede ser fusilado por orden del general Cabrera, personaje histórico, apodado «el tigre del Maestrazgo».
La historia es dura: los liberales fusilan a la madre de Cabrera, María Griñó. Desde ese momento, Cabrera promete que la sangre de los liberales llenará los valles y subirá por las montañas. Y fusila a todo el que encuentra, sean mujeres, sean niños, o sean personas que pasaban por ahí, como el propio Urdaneta, que es capturado y llevado como preso a través de montes y valles, la mayor parte del tiempo a pie.
A pesar de su edad y su nobleza (el primer noble de Aragón), a Urdaneta le encargan talar árboles (con un hacha) para despejar una zona, o enterrar a los fusilados, a los que se desnudaba antes.
Terrible duelo y consternación produjo a don Beltrán la vista de los dieciséis cadáveres ya desnudos, rígidos en sus violentas contorsiones (…). Eran jóvenes, lozanas existencias destruidas bárbaramente en la plenitud del vigor (…). [Pensó:] «¡Pobres muchachos! ¿Por qué se les ha quitado la vida? España se desangra, España se aniquila. Asisto al suicidio de una nación. Sepultémosla en su propia tierra…»
La campaña del Maestrazgo
Hecho de Burjasot. M. Molina. Biblioteca Nacional. Madrid.
Contrasta la edad de los cuerpos con el rigor de la muerte. Contrasta la vejez de Urdaneta con la juventud de los muertos a los que se ve obligado a enterrar. Galdós no omite la dureza de la guerra, más bien crea imágenes claras de aquellos sucesos. En la época que escribió esta tercera serie, Galdós tenía entre 55 y 57 años. Aún había de vivir unos 20 más, pero ya era sensible a los achaques de la edad, especialmente el que le tocaría a él: la progresiva pérdida de la visión.
Os traigo tres textos muy distintos, tres «inscripciones» que nos pueden ayudar a explicar el mundo… o al menos, a tener visos de él.
Cuando la traducción automática es traidora
Se dice que «traductor, traidor» y en el caso que os traigo es exactamente así. El traductor ya no está en soledad ante el texto. Ahora (lo sé porque he traducido contenidos técnicos durante 10 años) el traductor debe trabajar con herramientas de traducción automática y ajustar el resultado. Esto significa que encuentra líneas de texto traducidas por inteligencia artificial y debe revisarlas y comprobar que son adecuadas. En ocasiones, se considera que el coste de esta revisión experta no interesa porque no añade demasiado valor, y nos topamos con páginas como la siguiente:
Encontrado en una página web explicativa de Windows, donde pone: Cómo restaurar una copia de seguridad? ¡Nosotros te damos la espalda!
Con optimismo y motivación, esta página web celebra que «te da la espalda». Todo viene de que en inglés copia de seguridad es backup (respaldo), por lo que se intuye que se alegran de darte respaldo.
No te rindas
En ocasiones, los azucarillos o las servilletas de bar compiten con Mr. Wonderful y quieren desearte cosas muy buenas. A veces, me llevo el sobre de azúcar, porque, cortando un poco el texto, sí me resulta motivador y simpático. Estos textos están escritos en papel, algo en principio más duradero que una página web del ciberespacio, pero es un papel de usar y tirar, está destinado a identificar el producto (azúcar) o el lugar (Bar Pepe).
El sobre reza: «Aunque te sientas perdido y sin fuerzas, recuerda que cada día puede ser el comienzo de algo maravilloso. No te rindas».
Por mi parte, extracto el texto y leo la primera línea y la última:
Aunque te sientas perdido y sin fuerzas, no te rindas.
Me parece un mensaje con más energía, que tampoco llega muy lejos, pero quita la parte menos creíble del mensaje original.
La última palabra
La última palabra puede que sea la que escriben sobre tu lápida. Lo escrito en piedra se torna sagrado: jeroglíficos egipcios, piedra Rosetta, estelas romanas… Aquí no hay lugar para la rectificación, ya no podemos traducir alegremente ni emitir un texto al que le sobran partes, o que tiene erratas. Lo escrito en piedra queda.
Tras unos 30 años queriendo rendir mis respetos, por fin encuentro la tumba de don Benito Pérez Galdós, cuyo Episodio Nacional El abrazo de Vergara, inspiró uno de los post más leídos de este blog. La tumba de Galdós pasa totalmente desapercibida en el cementerio de la Almudena, en Madrid. Es una tumba más, sin nada destacado y, además, es una tumba de muchas personas, donde él es «uno más».
Tumba de Galdós en el cementerio de la Almudena, donde hay otras siete personas enterradas.
Pensaba que, al ver la tumba del escritor que más admiro y desde hace más años (desde que a los quince años leí Doña perfecta), me vendría abajo de la tristeza por su pérdida, por tener delante la prueba de que el admirado se fue hace mucho, no está presente y no se le puede conocer. Pero no sentí absolutamente nada. La lápida era fría y expedita. Ni siquiera había una breve mención, tipo «escritor», o «autor de los Episodios Nacionales» o «gran autor español», etc.
Me pregunto, como este escritor, si es esta la tumba que merece Galdós. Si entráis en el enlace, veréis que en la foto que he tomado yo la tumba está limpia, lo que muestra un mantenimiento, y además trae un QR acompañando un clavel fresco. El QR da acceso a este otro enlace sobre el autor. Por cierto, ¿qué pensaría don Benito sobre esto del QR?
La impermanencia
Quizá en el futuro, cuando otras civilizaciones excaven en busca de evidencias de los avances de nuestra civilización, no encuentren demasiado. Quizá saquen conclusiones equivocadas, porque no tendrán evidencia del alcance de aquello que se inscribió en el espacio digital. Tal vez, los servidores ya no funcionen, internet no exista y la IA quede en el olvido. Entonces, aquella gente ¿repetirá lo que ya se ha hecho?
Hay algunas entradas de este blog que han tenido un éxito inesperado para mí. Normalmente, cuando los blogueros estamos en proceso de transformación o en barbecho, reutilizamos y reciclamos entradas de blog anteriores. Un mecanismo muy socorrido es enlazar las entradas con más éxito. Pero me propongo lo contrario: rescatar entradas del blog que no han tenido demasiadas lecturas y que a mí me parecen interesantes para ti, lector, lectora.
Aquí llega el rescate, la reutilización, el reciclaje y la recuperación de materiales. Los artículos que selecciono a continuación pienso que son interesantes, pero que, quizá por su título, momento de publicación, o «la vida misma» en su movimiento, quedaron relegados al desconocimiento.
El primero, trata, precisamente, de los residuos: durante años me he preguntado ¿Cuándo algo empieza a ser basura? y, de forma intuitiva, me lo respondí, porque ahora sé que residuo es cualquier sustancia u objeto que su poseedor deseche o tenga la intención o la obligación de desechar. Ojo al subrayado: al poner cualquier objeto sobre el plato de comida en el restaurante (una servilleta de papel o cruzar los cubiertos), al dejar de usar una prenda, al observar con resignación la obsolescencia programada de los aparatos eléctricos, empezamos a tener la intención de desecharlos.
El segundo es importante: El sonido más dulce que puedes escuchares tu propio nombre. Así, en los negocios, ¡qué importante es llamar a la otra persona por su nombre! Los que tenemos dificultades para traer a la memoria nombres propios tenemos que esforzarnos en esto, porque marca la diferencia, no solo para mostrar cercanía con un cliente, sino por ejemplo para recordar antiguos contactos y sus conexiones. Si te pasa esto, mantén un fichero Farley con los contactos. En el artículo explico lo que es.
Ahora viene un 2 x 1: dos mujeres injustamente tratadas por la historia, por las circunstancias de su época, dos grandes mujeres con finales muy tristes. La primera por importancia y cronológicamente es Juana I de Castilla (la que conocemos como Juana la Loca). Esta mujer sufría graves depresiones y era muy apasionada, pero no estaba loca. Os animo a leer ese artículo y, si os parece interesante, el libro del historiador Manuel Fernández Álvarez. La otra mujer fue Florence Lawrence. ¿Quién? Claro, ahora ha quedado en el olvido, pero esta mujer fue una de las primeras actrices de Hollywood en aparecer en títulos de crédito. Además, inventó el intermitente. Me documenté bastante para escribir un relato sobre ella en primera persona. Los finales de la vida de estas mujeres: en los artículos te lo cuento.
Los más leídos
A fecha de hoy, El abrazo de Vergara es el post más leído en este blog. Sorprende porque es un tema histórico, el abrazo entre Espartero y Maroto que puso fin a la primera guerra carlista, el 31 de agosto de 1839. Me temo que este «exceso de interés» se debe a que el alumnado de algún periodo formativo tiene este tema en su currículo.
Tras este, le sigue Bandersnatch en la formación online. Con este curioso título, hablo de un capítulo de Black Mirror titulado Bandersnatch en el que se propone que el espectador elija la continuación de la historia, y lo enlazo con los árboles de decisiones de la formación en línea.
Y el tercer artículo leído es ¿Qué es lo que hace que un texto sea literario?. Es posible que se deba a que, de nuevo, alguien en sus estudios necesite conocer este dato de primera mano. Determinar la poeticidad de un texto no es fácil, porque todos los elementos del lenguaje que se dan cita en un texto literario tienen su correspondencia en el lenguaje común. Pero en este artículo se explica bien de qué manera detectamos que un texto es poético.
Ya tienes lectura para rato, fiel lector. Es curioso, pero se tarda unas tres veces más en seleccionar los artículos y resumir de qué tratan (sin usar IA) que en escribir un artículo de cero. ¿Qué artículo te ha interesado más? Me encantará leer tus comentarios. ¡Comparte libremente!
Ya desde la portada, vemos dos versiones que chocan y dialogan entre sí de esta manera:
El clásico libro con la imagen de un cuadro de Isabel II frente a una aséptica portada de negro sobre blanco con frases impactantes en mayúsculas.
Ambas portadas nos cuentan qué hay dentro, pero de formas muy distintas. Diría que es más sugerente la de Isabel II. ¿De qué va, exactamente, Las tormentas del 48? Tengo que abrirlo y leer para saberlo. En la portada de 300 palabras se me describe muy bien qué voy a encontrar: un método de cómo escribir esas 300 palabras para tener todos los éxitos.
Vamos a abrir el libro
Abrimos ambos libros, encontramos las solapas interiores que nos hablan del libro y del autor:
Solapas de ambos libros, que de nuevo se relacionan en la forma en la que presentan al autor y al libro.
Isra Bravo lanza un mensaje muy poderoso, de autoridad. Nos remite a su página web, asegurando que no necesita utilizar las redes sociales: tiene otras técnicas. A Galdós me lo ha pintado Sorolla (nada menos), y el episodio lo presenta Manuel Salcedo Olid, escritor.
Pero, vayamos a la imagen en sí de cada autor. Isra Bravo muestra una imagen en blanco y negro con un look moderno y casual, el pelo rapado y la camiseta negra, un aspecto sólido y neto, como sus palabras en la portada. Don Benito muestra elegancia en su vestimenta y su postura, un cigarro con boquilla en la mano derecha, un bastón en la izquierda, un lazo en el cuello y su característico bigote.
Atención a las miradas: Isra Bravo mira a cámara, es decir, mira al lector, aumentando esa sensación de desafío, de «aquí estoy yo, ¿qué pasa?», pero Sorolla pintó a Galdós con la mirada desviada, pensativa, melancólica. Quizá don Benito transmite: «Tú lee, luego me cuentas, yo ya estoy concibiendo la siguiente historia».
Lo de dentro
Pasamos a ver cómo arrancan estos dos libros, tan diferentes, cómo siguen su conversación, mostrando cada cual qué tipo de libro es, qué tipo de autor, qué se puede esperar.
Primeras páginas de ambos libros.
Ya vemos lo que os comentaba en el post anterior sobre la densidad de los episodios nacionales: en el libro de Isra Bravo las palabras respiran, bailan con una coreografía neta, como la de la foto del autor, esperando que lleguen mejor al lector gracias a esta holgura. A la izquierda, el autor nos regala un vídeo.
Don Benito entra de lleno en el personaje, que habla en primera persona, nos sitúa en la época «Hoy 13 de octubre de 1847» y en el lugar. La numeración del capítulo nos hace ver otro detalle que no comparte con Isra Bravo: no hay títulos en los capítulos de los episodios nacionales, solo números romanos correlativos, que suelen llegar al XXX o sobrepasarlo ligeramente.
Pero Galdós hace algo más: ese primer capítulo hace simpático y cercano al nuevo personaje, que se presenta como «José García Fajardo, que vengo de Italia», lo que crea una sensación de familiaridad y calidez en el lector, invitándolo a saber más: ¿por qué viene de Italia? Claramente, por el nombre, no es italiano, luego, ¿qué le llevó allí? ¿Y por qué vuelve?
El personaje de Isra Bravo es el propio Isra Bravo, y no genera esta calidez o cercanía, no: lo que quiere es hacer reaccionar al lector. Empieza a contarle cómo viaja por primera vez en la clase business y qué diferente es esto a viajar (como tú) en clase turista: establece un discurso de autoridad y te dice «reacciona y podrás hacer lo mismo».
El final
No os puedo hablar más de ambos libros, pues acabo de empezar a leerlos. Es mi sistema: un libro de ficción para disfrutar de la literatura y un libro de no ficción para aprender. En realidad, subrayo ambos, aprendo de ambos, disfruto de ambos.
Sí os puedo decir que, al final, cada autor mantiene su particular estilo de esta manera:
Última página de Las tormentas del 48 y última página de 300 palabras.
Galdós siempre cierra los episodios de manera escueta: «Fin de [nombre del episodio]», después de haber leído un desenlace que normalmente no deja indiferente: las últimas páginas de cualquier novela de don Benito son trepidantes, los finales a veces son muy emotivos, como quizá sea este que termina con una carta de una madre.
No sigo; no puedo seguir: los lagrimones han mojado todo el papel. Recibe con ellos para ti y para María Ignacia el amantísimo corazón de tu madre, Librada.
Isra Bravo cierra apelando de nuevo a la acción del lector, con un «call to action»:
Entonces, ¿qué? ¿Empezamos? Empezamos. Con nuestras 300 palabras al infinito.
Las contraportadas
De nuevo, encontramos un diálogo interesante entre ambas contraportadas. La del libro de Galdós, más clásica, muestra un resumen de los dos episodios nacionales incluidos en el volumen, con una imagen que procede de una de las infografías del interior (la edición que hizo El Mundo en su día está muy cuidada; es excelente). La de Isra Bravo sigue transmitiendo información, sigue añadiendo valor, porque sabe que el lector puede convencerse de la compra leyendo lo de fuera.
Contraportadas de ambos libros, una más clásica, con la sinopsis, y otra más atrevida, entregando otras 300 palabras que respiran aire.
Un resumen frente a un contenido nuevo, otro más que apela al lector y termina «este libro te interesa».
Ahora es el turno de la actividad introspectiva de leer ambos, de aprender y disfrutar de ellos. Quizá este choque que parecía haber entre las obras se suaviza en un todo común, al menos en el mínimo de toda obra: el de un autor que cuenta algo a un lector.
Explicaba hace pocos días Marian Rojas Estapé la necesidad de mantener niveles altos de dopamina que nos generan las redes sociales y otras apps con notificaciones o cambios. También habla de ello un clásico de nuestro blog, Andrew Huberman, que explica cómo en cada parte de satisfacción del deseo hay un dolor asociado a necesitar más de lo mismo la próxima vez. Lo hace al hablar de la motivación, pues la dopamina está detrás de ella:
Es probable que la mayoría de la sociedad en edad de estudiar o trabajar esté drogada con altos niveles de dopamina que anulan el córtex prefrontal. Competir con esa constante fuente de gratificación tan adictiva es un reto para quienes nos dedicamos a generar contenidos. Si además se trata de «contenidos pedagógicos», la probabilidad de que el usuario abandone esa información en pro de algo mucho más motivador, atractivo y que enganche es muy alta.
Lo que se nos pide desde las editoriales y otros proveedores de materiales formativos es «cortar el rollo» a través de:
Simplificar.
Trocear.
Favorecer la claridad frente a la precisión.
Añadir elementos gráficos siempre que sea posible.
Agregar interactividad por doquier.
He observado que nuestro lenguaje se va haciendo más superficial, a base de evitar ser demasiado retórico, demasiado oscuro por buscar la precisión, o demasiado «intenso». Por otro lado, yo siempre he defendido un lenguaje llano y el uso de frases cortas (lee cualquier entrada de este blog), porque facilita la comprensión del mensaje y lo acerca al receptor. Pero…
Pero, ¿qué habría sido de nosotros en la época de Galdós?
Acabo de terminar de leer un episodio nacional de don Benito, Bodas reales, que tiene como trasfondo las bodas simultáneas de Isabel II y su hermana Luisa Fernanda. He de decir que no es de las mejores novelas de Galdós. También tengo que decir que, como nos está pasando con esto de la dopamina, me cuesta más mantener la atención en un texto con este aspecto:
Página aleatoria de un episodio nacional de Galdós especialmente denso.
Obsérvese que hay que llegar muy abajo en la página para encontrar un punto y aparte. Este episodio tenía la mayoría de las páginas como esta, lo que en sí no es bueno ni malo (hay que valorar el contenido de cada una), pero sí lo hace un mazacote más difícil de digerir que cuando se ofrecen diálogos, frases más cortas o capítulos más sintéticos. Lo cierto es que he podido con ello, sigue dibujando personajes con maestría, emocionando con las ideas y venidas de personajes anónimos que tienen cierta relación con los personajes históricos, pero, cada vez que pasaba la página y veía de nuevo tantas letras juntas, confieso que me generaba una cierta frustración.
Las ventajas de estar en el siglo XXI
Creo que la simplificación del idioma, de los mensajes y de los materiales formativos ha ayudado a acercarlos al alumnado y a llegar a una audiencia mayor. Si comparo los manuales de formación que publiqué en 2010 con los que he publicado en 2025, Herramientas de coaching y Habilidades de comunicación en el aula, los nuevos son menos retóricos, tienen muchos más ejemplos, actividades y casos prácticos, gráficos mejor elaborados y un saber situarse en el lugar del lector /profesorado /alumnado que no podía tener cuando carecía de la experiencia que tengo hoy.
Para mí es fundamental el respeto al alumnado. No suele ser el que paga la formación, por tanto, no es el cliente final, pero sí es el destinatario, a quien se dirigen los esfuerzos por hacer comprender unos conceptos y ayudar a aplicarlos. Su experiencia ha de ser de calidad, y esto mejora los productos formativos. Respetar al alumnado cambia el material educativo, lo acerca, le quita un corsé. Y lo que más mejora son los test, porque no se busca «pillar» ni «ser gracioso», sino ayudar al alumnado a detectar qué partes no ha comprendido bien o no le han quedado del todo claras.
Esto le dijo a su marido don Bruno cuando el otro se planteaba renunciar a un cambio de bando porque los moderados le ofrecían todo aquello que había estado pidiendo a los progresistas.
Doña Leandra y don Bruno son personajes de Bodas reales, el Episodio Nacional número 30 de Galdós.
Según nos cuentan en el Centro Virtual Cervantes, se refiere a la necesidad de adaptarse a los cambios, en la sociedad y en la vida. Pero, ojo, este refrán es muy antiguo, está en desuso; lo utilizó Cervantes en El Quijote y lo reprodujo su fiel admirador don Benito en la novela ambientada en el siglo XIX.
¿No es interesante comprobar que los cambios y la inestabilidad ya existían antes de los tiempos que vivimos? Y lo cierto es que el siglo XIX en España fue, como mínimo, turbulento. Así, doña Leandra también nos dice que
A quien se muda, Dios le ayuda.
Doña Leandra.
No lo dice en el sentido de cambiarse de ropa o de población, sino, de nuevo, en el de adaptarse a los cambios que se están viviendo.
Cómo aplicar el cambio en tu día a día
Cada segundo que se vive es distinto al anterior. Cada presente es nuevo, la vida se renueva constantemente. Pero nuestro cerebro está diseñado para automatizar procesos, crear e identificar categorías, de manera que tenemos la sensación de que cada día es el día de la marmota.
Por otro lado, observamos que el mundo a nuestro alrededor «se desmorona» y lo viejo conocido da lugar a novedades que vivimos con extrañeza, cuando no con desprecio o miedo. Doña Leandra nos dice que Dios ayuda a quien se muda. Y esto se puede hacer de varias formas:
Aprende algo nuevo: vivimos una época fascinante en cuanto a cambios tecnológicos. ¿No te interesa saber mejor qué es eso de la IA y cómo se usa? O bien, puede que, precisamente por estos cambios, ahora más que nunca quieras aprender un oficio artesano, como el de alfarero. O una técnica de ayuda, como la arteterapia. Lo bueno es que las oportunidades son más accesibles que nunca.
Reaprende algo en lo que te formaste hace muchos años. ¿Recuerdas la fecha de tus últimos estudios oficiales? Yo he tenido que pedir mi certificado de notas de la Licenciatura y me comentaron que, por la fecha en la que terminé, tenían que «elaborarlo a mano a partir de unos cartoncillos». Realmente, al repasar algunos de mis certificados, casi me parecen pergaminos.
Presta atención a tu respiración. Puedes reservar momentos en los que sólo hagas esto, como la práctica de mindfulness, o puedes observar cómo respiras (o contienes la respiración) mientras trabajas, en un momento de estrés o en uno de calma total. La respiración une la mente y el cuerpo y es un fenómeno que te trae al presente. El cambio ocurre en el presente. O más bien: el presente es permanente cambio.
Haz alguna actividad que te motive mucho. Ya sea caminar por el campo, ir al teatro o bailar zumba, si practicas las actividades que más te motivan te es más fácil apreciar los cambios en ellas: cambio en el follaje de los árboles, ver una obra de teatro que desconoces, aprender nuevos pasos de baile… Incluso si ves la misma obra, cada representación es única. Y cada ejecución de un baile.
Abraza el cambio. Di sí a todo como es. A veces, el cambio viene de fuera, por tanto, no lo hemos decidido y nos resistimos a asumirlo. Muchas veces es un fenómeno triste, negativo, o que nos enfada. Frente a la dureza de un destino, siempre está la opción adulta de decir sí a todo como es, sí a todos como son.
¿Cómo te adaptas a los cambios? ¿Produces cambios en tu vida que te permiten vivir experiencias más ricas? ¿Estás aprendiendo algo nuevo o reaprendiendo algo antiguo? Me gustaría conocer tu opinión: siéntete libre de dejar un comentario o escribirme. Y por supuesto, comparte con quien quieras esta publicación. Muchas gracias por leer.
La semana pasada os hablaba de chatGPT para la creación de contenidos. Se ha pasado de verlo como una herramienta para pasar el rato a una herramienta que ahorra tiempo en distintos procesos y trabajos, dependiendo del entrenamiento que tenga esa inteligencia. Como simple usuaria, compruebo que los resultados son suficientemente buenos para apoyar el trabajo de redactores y revisores, con la alta posibilidad de sustituir a algunos de ellos en poco tiempo. La redacción de los textos es correcta ortográficamente y «neutra», algo que se pide mucho: sin ningún sesgo o tono especial. Por cierto, también se puede pedir que añada el tono o enfoque que queramos.
Empecé a preguntarme si la inteligencia artificial sería capaz de elaborar un texto literario de cierta calidad. Para comprobarlo, le pedí un poema al estilo de Francisco Brines, sin añadir mucho contexto. Este es el resultado:
Como se puede apreciar, es un poema bastante malo, muy alejado de la capacidad de este gran escritor. Eso sí, si se le pide a un alumno de Secundaria que escriba un poema y entrega este, se podría pensar que es bastante correcto, si bien hay alumnado de esta edad que ya despunta y escribe mejor. Un profesor puede darse cuenta de que un texto no se corresponde a la forma habitual de escritura de un alumno, pero quizá no tanto de que el texto lo ha generado un «no-humano».
En la misma línea, hice otra prueba muy breve, le pedí una descripción de un personaje famoso al estilo de Galdós. Este es el resultado:
Esta última explicación como excusándose es la que me resulta llamativa, no tanto la descripción. Puedo añadir que mi pregunta era desde el estado Adulto, pero su respuesta es desde el estado Niño: es la típica forma de excusarse de una persona. Un poco siniestro.
Por último, le pedí escribir un diálogo entre una persona introvertida y una extrovertida, este es el resultado:
De nuevo, es un contenido bastante plano, «neutro» y que dice poco, pero con un poco más de contexto, chatGPT podría crear un diálogo más complejo y que se podría reutilizar para un guion.
Y es que se hicieron varias pruebas alimentando a una IA con textos de Cervantes, creo recordar que con El Quijote. En otra experiencia, realizada por Chema Alonso (director digital de Telefónica), se alimentó a la inteligencia artificial con varias obras de Arturo Pérez-Reverte, y se le pidió elaborar un relato con su estilo. En ambos casos, parece ser que se obtuvo un texto que coincidía plenamente con el estilo del autor y que podía pasar por suyo.
Cuando se inventa cosas
De todo lo que he podido experimentar, lo que más me ha impactado es que la inteligencia artificial se haya inventado partes de la información, algo de lo que advertían varios artículos que compartí en el post anterior. Por ejemplo, le pregunté por unas siglas que aparecían en un contenido de Informática. Entonces, me «contestó» que eran acrónimos de dos empresas, con las palabras que los formaban. Cuando quise ampliar esta información buscando las páginas web, solo existía la primera empresa, la segunda se la había inventado. Es decir, había utilizado un acrónimo que era el nombre de un comité creado por la empresa real y había puesto las palabras «que le había parecido» para cada inicial. Esto me pareció siniestro.
Porque puede llegar un momento en el que las noticias que leamos «en Google» sean todas inventadas y sea imposible contrastarlas. Sé que a los niños en primaria les explican ya cómo distinguir una noticia real de una falsa. Sin embargo, cada vez es más difícil este ejercicio, personas formadas e informadas encuentran grandes dificultades en distinguir información de desinformación. Imaginemos ahora un futuro cercano en el que las inteligencias artificiales generan la mayoría del contenido al que podemos acceder por Internet, hasta el punto de que se convierten en la primera fuente de información. Me pregunto: ¿cómo vamos a poder contrastar sus invenciones?
Es difícil evitar la fascinación por la inteligencia artificial, porque produce rostros, voces y textos que son muy difíciles de distinguir de los producidos por un humano. Son bastante conocidos el anuncio de Cruzcampo con el rostro de Lola Flores sobre una actriz o los vídeos deep fake en TikTok de Tom Cruise, realizados sobre otro actor, tan convincentes que realmente parece que estamos viendo y oyendo al verdadero Tom. En un ámbito más modesto, he visto que se pueden generar voces a partir de un texto y suenan del todo «naturales», «orgánicas», un poco como la voz de Google Maps, cada vez más «humana». ¿Dónde está el límite? ¿Hay límite?
«En los cuarenta andaba el siglo [1840] cuando se inauguró (calle de la Abada, número tantos) el comedor o comedero público de Perote y Lopresti, con el rótulo de Fonda Española». Así comienza Montes de Oca, un Episodio Nacional de Galdós que menciona muchas costumbres curiosas de la época. Aquí, la adopción de los hábitos franceses en el comer. Más adelante sigue:
La exótica palabra restaurant no era todavía vocablo corriente en bocas españolas: se decía fonda y comer de fonda, y fondas eran los alojamientos con manutención y asistencia.
Narrador de Montes de Oca.
Como puede verse, en los libros se encuentra cómo se origina el uso de vocablos que en un principio suenan muy extraños y que después se adoptan y son de lo más común. La fonda entonces era similar a los orígenes del pub inglés o irlandés: un lugar en el que se puede comer pero también dormir.
Los italianos Perote y Lopresti también contribuyeron a sustituir la lista verbal (tengo gambas, tengo chopitos, tengo croquetas, tengo jamón…) por el menú, que empezó llamándose «ordubre», por adaptación fónica de hors d’oeuvre (aperitivos). Otra novedad de estos italianos es que pusieron un precio fijo a un buen número de platos, «por el módico estipendio de 12 reales», adaptado a la pobreza nacional.
Anuncio de la ONCE con la canción que se popularizó.
Para continuar con las novedades, el narrador menciona que Genieys (otra fonda similar) había dado a conocer las croquetas, pero Lopresti las puso al alcance de los bolsillos flacos. Cuesta imaginar una España en la que las croquetas no fueran plato habitual de un restaurant, pero ocurrió hace menos de dos siglos. Y es que se importaron de Francia. Además de croquetas, Genieys servía asados un poquito crudos, chuletas a la papillote y otras cosillas.
Luego estaban los caldos:
…el poco pelo de la clientela limitaba el consumo a los tintos de Arganda o Valdepeñas para pasto, y un Jerez familiar y baratito para los libertinos domingueros, y para los que iban de jolgorio, con mujerío o sin él, a horas avanzadas de la noche.
Montes de Oca.
Como vemos, el tema de salir «de jolgorio» por la noche es más antiguo que las croquetas.
No solo se bebía vino, también agua. Recordemos que en esta época no había agua corriente. Así, la que se ofrecía «se anunciaba como de la Fuente del Berro; mas era de la Academia o de la Escalinata».
Fonda de la calle Toledo. Grabado de época. Colección particular.
Perote y Lopresti adoptaron el horario francés, dando la comida fuerte por la noche, con supresión de cocido. Cuesta pensar cómo cambian costumbres tan arraigadas como el horario de la «comida fuerte», pues este cambio no ha resistido el paso del tiempo. El caso es que en esta Fonda Española daban almuerzos de seis y ocho reales al medio día, con huevos fritos y uno o dos platos, junto con «el invariable postre de pasas y almendras con añadidura de un bollito de tahona» y, atención:
…régimen que las casas de huéspedes han perpetuado como una institución hasta nuestros días, y será preciso un golpe de revolución para destruirlo.
Narrador de Montes de Oca sobre el invariable postre.
Pues algo debió de ocurrir entre 1898, la fecha en la que don Benito escribe esta novela, y nuestros días, porque el postre no ha resistido el paso del tiempo.
Lo que afortunadamente sí cambió fue la iluminación de las calles. La Fonda Española estaba bien iluminada a primera hora de la noche con «un farolón de dos mecheros», pero era oscura y expuesta a tropezones a última hora de la noche,
…sin contar el desagradable «quién vive» de las humedades mingitorias.
Narrador de Montes de Oca.
Matrimonio indisoluble
Ese mujerío que a veces acompañaba a los hombres era «bulliciosa trinca de mozas alegres». Pero la mayoría de mujeres de la época estaban atadas a costumbres muy conservadoras y férreas.
En esta novela aparece un personaje femenino fuerte, Rafaela del Milagro, hija del anteriormente citado, una mujer joven «separada de su marido por la mala vida que éste le daba». A través de este personaje, Galdós denuncia cómo una mujer en estas condiciones está en un estado indefinido, «ni casada, ni soltera, ni viuda». El destino de una mujer separada era vivir como una monja en el hogar de sus padres. La propia Rafaela defiende el divorcio:
Tanto hablar de libertad, y no nos traen el divorcio. Que mi padre no me oiga decir la herejía de que no tendremos una buena Constitución hasta que no traigan las reglas de descasar…
Rafaela en Montes de Oca.
Pues Rafaela no llegó, desde luego, a la Segunda República, cuando por primera vez se instauró el divorcio (1932), casi un siglo después del momento en el que se sitúa la novela. Galdós era muy sensible a los derechos de las mujeres, y esto nos da personajes femeninos fuertes y decididos en sus novelas.
En definitiva, aquellas costumbres quedaron atrás, los cambios finalmente se producen y, después, parece que las cosas siempre fueron así.
La guerra, como la imitación, es connatural al ser humano. Siempre ha habido guerras. Cuando empecé a leer los Episodios Nacionales de Galdós, lo que más me aburría era la guerra. No solo eso, no quería saber nada del tema. Además, el primer episodio, Trafalgar, tiene una fuerte curva de aprendizaje con el vocabulario naval. Sin importar la maestría con la que don Benito describe la guerra, incluida la intervención de las mujeres en ella, no era un tema que me interesara.
Honrando la guerra
Pues bien, me he dado cuenta de que cada vez me interesa más entender la guerra. La guerra como estrategia y táctica, como organización de batallones, como objetivos de conquista. Galdós mezcla admirablemente este punto de vista propio de los altos mandos con el punto de vista del soldado raso y del pueblo, que se ve envuelto en el conflicto, luchando, defendiéndose, sufriendo ataques, estados de sitio, hambrunas; muriendo o quedando lisiado.
Ahora en algunos programas vemos coroneles, generales, dando su punto de vista. Cuentan, por ejemplo, cómo los submarinos están ubicados en zonas estratégicas, dónde están los objetivos clave, los radares, cuáles son las tácticas defensivas, etc. Lo que más me llama la atención de los militares es que se duelen del dolor ajeno, de las atrocidades cometidas en civiles, del dolor gratuito. Por tanto, ser una «persona de la guerra» no implica ser insensible al dolor ajeno, ni mucho menos.
España es un país que se pasó en guerra la mayoría del siglo XIX. Así, los Episodios Nacionales solo pueden relatar esto: combate, tregua, inestabilidad del gobierno, nuevos conflictos… Hasta sus personajes llegan a confesar que les gusta la guerra, como un estado vivo, de acción, de movimiento hacia algo. Sigue sorprendiéndome cómo se relata la vida de los civiles en medio de la guerra, siguiendo sus actividades cotidianas en la medida de lo posible, interesados en el amor, en el trabajo, en la familia, amistades.
El arte de la guerra de Sun Tzu es uno de esos libros, como la Poética de Aristóteles o el propio Tao Te Ching, de Lao Tse, que contiene verdades imperecederas. Son el «primer manual» sobre distintos temas, al que se recurre una y otra vez. Este librito es el tratado sobre la guerra más antiguo del que tenemos conocimiento. Tiene mucha información sobre las batallas «de la época» (hace más de 2.000 años), por ejemplo, en términos de distancias recorridas, caballos necesarios, condiciones atmosféricas, terreno…
También contiene mucha otra información más generalista y que se utiliza incluso en ámbitos de estrategia empresarial. Así, algunas perlas como:
Todo el arte de la guerra está basado en el engaño.
Sun Tzu
La perspectiva general de este tratado es la del estratega, del general. Se analiza la batalla en detalle, pero siempre con una visión global, desde arriba. Se ataca al enemigo cuando está desprevenido, cuando no es claramente más fuerte, cuando está desorganizado. Sin embargo, se conserva la compasión hacia los prisioneros. No en vano, menciona el Tao como filosofía de base. Esta compasión no impide saquear al enemigo y aprovecharse de sus víveres.
Algunos temas generales que se pueden extraer de este manual son:
Mejor que las batallas no sean muy prolongadas, desgastan a los soldados y no son muy productivas. Lo aplicaría a cualquier proyecto.
El refinamiento en la guerra es atacar los planes del enemigo, evitar la batalla, desmontar su estrategia.
Es vital conocer las fuerzas que se tienen y actuar en cada caso conforme a ellas.
El general debe actuar según se presenten las circunstancias, incluso en contra del soberano bajo el que actúa.
No se puede controlar que el enemigo sea vulnerable, pero sí se puede potenciar la propia invencibilidad.
El punto de vista
De pequeña, jugaba con mi hermano a la guerra. Era un juego de mesa en el que se iban conquistando países, sobre un mapa. Yo siempre perdía, por varias razones: mi hermano era 3 años mayor, más avispado y más interesado en el tema. Pues bien, el punto de vista era el del general. El tablero era un gran mapa con los países, y había unas fichas con forma de tanques o similar. Desde arriba, la batalla se planifica según contaba Sun Tzu y según cuentan ahora militares de alto rango en distintos programas de la tele. Desde abajo, la batalla se parece a las películas que vienen a la mente, como El cazador, Apocalypse Now, Platoon, La chaqueta metálica y tantas otras.
La clave, quizá, es esto que comenta Sun Tzu:
En términos generales, mandar a muchas personas es como mandar a unas pocas. Es cuestión de organización.
Sun Tzu
En el momento en el que agrupamos personas, las personas dejan de ser tales. Así, un batallón visto desde el aire es un objeto, una especie de arma viva. Ya no es cada persona que lo compone. Rescato de nuevo la forma magistral de ver la guerra que tiene Galdós: constantemente ve la estrategia de cada general y constantemente muestra las consecuencias en personajes con los que el lector ya se ha identificado, personajes que asisten a fusilamientos, que caminan durante largas jornadas, que se empapan con la lluvia o que comen un mendrugo de pan y otras sobras. No olvidar al soldado ni al civil podría ser lo que pusiese la guerra en su justa medida. No dejar fuera la visión de cerca mientras se mantiene la visión global.
Si tienes curiosidad sobre el tema, el general Rafael Dávila ha escrito recientemente un libro llamado El nuevo arte de la guerra. Puede ser interesante leerlo, ver lo que ha cambiado y lo que sigue estando ahí.
Dos militares recios a caballo acercan sus monturas, inclinan el cuerpo uno hacia el otro y se abrazan. Este abrazo histórico entre Espartero y Maroto pone fin a la primera guerra carlista, el 31 de agosto de 1839. Realmente, la batalla continúa casi un año más, pero el abrazo es su fin simbólico. Fue posible que se abrazaran un liberal, es decir, un hombre amante de su patria y convencido del derecho a gobernar de la reina Isabel II (entonces una niña) y un carlista, es decir, un hombre amante de su patria y convencido del derecho a gobernar de Carlos Isidro, hermano de Fernando VII. Así de pequeña era su diferencia y así de grande se hizo y se tiñó de la sangre de patriotas durante muchos años.
Abrazo de Vergara. Grabado del S. XIX. Museo Histórico Militar. San Sebastián.
Abrazaos, hijos míos, como yo abrazo al general de los que fueron contrarios nuestros.
Espartero citado en Vergara, episodio nacional de Galdós.
Así, se abrazaron los soldados de ambos ejércitos. Es una escena que ocurre en un descampado a la salida de la villa de Vergara. En palabras de don Benito:
En las filas, de punta a punta, resonó un alarido, que parecía explosión de llanto. No eran palabras ya, sino un lamento (…). La guerra parecía un sueño, una estúpida pesadilla.
Vergara. Galdós.
Se acababa una guerra que hasta ese momento había durado 6 años, ya digo que duró incluso un año más, y volvían a abrazarse hermanos con hermanos, que defendían lo que consideraban mejor para España, con unos resultados sangrientos y desastrosos, por el ensañamiento contra el enemigo que habían tenido ambos bandos.
Este abrazo justifica un episodio nacional en el que Galdós se implica menos, se mantiene más alejado de la primera fila. Da la sensación de que había que cubrir este último periodo de la primera guerra carlista para hacer avanzar la historia hasta lo siguiente. Atrás quedaban Luchana y La campaña del maestrazgo, donde Galdós había presentado retratos vivísimos de Espartero y del general más temible de los facciosos, Cabrera. Incluso otro episodio de transición precede a este del que hablo, La estafeta romántica.
Ya hemos mencionado el final de Luchana, un episodio intenso con un final sangriento, en el que se describe vívidamente la batalla final en Luchana, la sangre sobre la nieve, el frío, los cadáveres entre las rocas, y el batallón avanzando arengado por un Espartero con una voz «incomparable, que poseía la virtud de encender en los corazones la bravura, el amor, el entusiasmo y un noble espíritu de disciplina».
De Cabrera no hemos hablado mucho, pero daría para bastante. Con el intento de ecuanimidad que caracteriza a don Benito, se retrata al general como un hombre de la guerra, recio, que actúa respondiendo a una lógica. El generalísimo borraba la humildad de su origen con gran instinto. Al mismo tiempo, «no era hombre que se resignara a perder el tiempo: los minutos eran para él preciosos, y aborrecía las vanas palabras». Así, «la guerra no es más que el arte de la oportunidad, y éste lo posee don Ramón [Cabrera] como nadie, y lo completa con su diligencia y conocimiento del terreno». No extraña entonces que el llamado «Tigre del Maestrazgo» no dudase en ordenar ejecutar a cuatro mujeres presas del otro bando cuando le llegó la noticia de que habían fusilado a su propia madre. Además, el fusilamiento de su madre, María Griñó, fue ordenado por el Gobierno: esta orden recayó sobre el militar Agustín Nogueras. Después, el Gobierno y las Cortes se retractaron y dejaron a Nogueras como chivo expiatorio. Cabrera montó en cólera y su sed de sangre parecía no tener fin, asesinando sin piedad a todos los del bando cristino que se le cruzaban. Parece ser que dictó un bando diciendo que vengaría la muerte de su madre matando a veinte liberales por cada carlista muerto.
Cabe asegurar que Cabrera nunca habría abrazado a Espartero: no se habría dado el abrazo de Vergara, la historia sería otra. El dolor de este hombre por la muerte de su madre no lo iba a permitir. De manera que la historia, el destino, puso a un carlista más moderado en esa posición, un hombre que no estaba de acuerdo con el carlismo más furibundo. De hecho, la credibilidad de Maroto era ya floja entre los carlistas más extremos, incluido el propio Carlos Isidro, que lo temía. Maroto veía claro que había que poner fin, llegar a un acuerdo, aunque costó mucha diplomacia y esfuerzo llegar a redactar un Convenio de paz con el que ambas partes estuviesen de acuerdo. Así, muchos batallones del ejército carlista eran reacios a este acuerdo y fueron convencidos o medio arrastrados al abrazo famoso.
Pero Vergara fue escrito después de que ocurrieran los acontecimientos y, evidentemente, sus personajes protagonistas no sienten que haya llegado el fin, sino que ese abrazo es solo una tregua en la división que caracteriza al país desde, al menos, la llegada de los franceses en 1808.
Sea como fuere, ese abrazo demuestra que la reconciliación es posible hasta entre dos recios hombres de guerra, capaces de rendirse al sentido común para detener una sangría justificada solo por la lucha de poder en la esfera de la realeza. A mí me da que pensar.