La próxima normalidad

Este artículo es una traducción de The next normal, escrito por el experto en e-learning Ryan Tracey y por otra serie de expertos de diferentes países.

He tratado de ser lo más fiel posible al texto y añadido notas aclaratorias cuando lo he visto necesario, si bien traduttore, traditore. He traducido Learning&Development como formación, el sinónimo más comprensible y utilizado en España.


La pandemia del COVID-19 marcó el comienzo de una nueva normalidad para los profesionales de formación, ya que se envió a millones de personas a sus casas a teletrabajar.

Si bien muchos de nosotros habíamos estado ofreciendo durante años cursos online y otras alternativas a la capacitación en persona, de repente nada se podía realizar en un aula tradicional; y, como colectivo, nos hemos visto obligados a trasladar la formación al entorno online.

Tuit que dice: "De pronto, la gerencia está interesada en el aprendizaje autodirigido digital"
[De pronto, la gerencia está interesada en el aprendizaje autodirigido digital]
Sin embargo, a pesar de mi tuit irónico, el aprendizaje autodirigido digital no se ha convertido en la norma. Por el contrario, la respuesta convencional a las circunstancias cambiantes parece haber sido convertir las clases presenciales en seminarios web (webinars). No soy anti-webinar per se, pero debo admitir que estoy un poco decepcionado por nuestra propensión a perpetuar ciegamente los viejos enfoques en otro medio.

Al igual que la capacitación presencial, los seminarios web tienen su lugar, pero me atreví a soñar que nuestro aislamiento masivo podría generar soluciones más creativas más allá del mismo hombre con un sombrero diferente.

O tal vez estoy siendo demasiado rápido en juzgar. Solo han pasado unos pocos meses desde el confinamiento, y todo el mundo ha estado luchando para mantener la continuidad del negocio. Quizás la “nueva normalidad” sea meramente a corto plazo; quizás con el tiempo nuestras soluciones se diversifiquen.

Mirando más hacia adelante, me pregunto qué sucederá cuando los gobiernos alivien las restricciones y regresemos a la oficina. ¿Volveremos a nuestras formas anteriores o el genio está fuera de la botella?

Por supuesto, nadie puede saberlo con certeza, así que hice lo siguiente mejor: inspirado por el experimento de las gominolas en el frasco [en el que invariablemente la estimación del grupo es superior a la gran mayoría de las conjeturas individuales], decidí someterlo a la sabiduría popular. Específicamente, invité a una lista restringida de profesionales de la formación de todo el mundo para responder la siguiente pregunta:

¿Cómo afectará la pandemia del COVID-19 a la formación a largo plazo?

Aquí están sus respuestas…

Una mano de un alumno mueve el ratón mientras deja su mascarila FFP2 sobre la mesa.

Taruna Goel (Canadá)

«Lo que despierta mi curiosidad es el impacto de la cuarentena, el distanciamiento social y el teletrabajo en la memoria, la cognición, el aprendizaje y el comportamiento. Por mucho que la tecnología nos esté ayudando a corto plazo, ya estamos viendo el impacto de demasiadas videollamadas sincrónicas en forma de “fatiga del Zoom”.

La formación necesitará explorar críticamente los desafíos del teletrabajo y el aprendizaje a distancia. La formación en el lugar de trabajo deberá guiarse por investigaciones basadas en la evidencia que consideren factores que incluyan la distracción en línea, la fatiga del portátil y la productividad laboral junto con la salud mental de los empleados, el bienestar emocional y los niveles de estrés en un mundo pospandémico impulsado por la tecnología.

Si trabajar de forma colaborativa, desde la distancia, es la nueva normalidad a largo plazo, requerirá de la adquisición de nuevas habilidades, actitudes y mentalidades para un rendimiento laboral óptimo. La formación necesitará tomar la iniciativa y permitir el desarrollo de estas habilidades, actitudes y mentalidades. La formación necesitará crear canales de aprendizaje, crecimiento, comunicación e intercambio y ayudar a los empleados a aprender nuevas formas de trabajar de manera eficiente y efectiva.

Esto no significa más e-learning (aprendizaje electrónico), seminarios web virtuales y videoconferencias. En su lugar, espero ver la formación intervenir como el curador del aprendizaje y el conector de experiencias compartidas, permitiendo a los empleados ser más autónomos y autodirigidos en sus viajes de aprendizaje continuo».

Mike Taylor (Estados Unidos)

«Después de pasar por la experiencia de esta pandemia, creo que uno de los aspectos positivos de la formación será que habremos intentado muchas nuevas formas de pensar. Realmente no hemos tenido otra opción, ¿verdad?

Uno de los cambios más importantes debería ser un cambio del enfoque tradicional en las existencias estáticas de conocimiento (una mentalidad de curso) a la consideración de los flujos de información. Los cursos requieren mucho tiempo, son caros y la mayoría de ellos comienzan a quedar obsoletos tan pronto como se crean.

Con la velocidad del mundo actual y la reducción de la vida útil del conocimiento, deberíamos permitir que nuestras organizaciones actualicen continuamente su conocimiento al participar en flujos relevantes de conocimiento nuevo. Para citar a Mark Britz, “la expectativa tiene que cambiar a donde muchas personas crean y consumen, aprendiendo juntos continuamente”.

Eso significa hacer más curación de contenidos por parte de expertos. Significa ayudar a los expertos a aprender formas eficientes de trabajar en voz alta (work out loud) y compartir lo que saben. Significa ayudar a todos a “aprender a aprender” y a apropiarse de su propio proceso de gestión del conocimiento.

Piensa en el conocimiento como en un virus. A diferencia del coronavirus, en realidad queremos que se propague rápidamente. Deberíamos ampliar los canales para ayudar a las personas a tener conversaciones sobre lo que están aprendiendo. ¿Cómo podemos usar la tecnología para poner a las personas en los mismos espacios digitales para ayudar a que el aprendizaje “se vuelva viral”?

En lugar de simplemente replicar las experiencias del aula en un entorno en línea, esta es una oportunidad para cambiar nuestro pensamiento y considerar un amplio espectro de alternativas. Nunca habrá una mejor oportunidad para aprovechar las herramientas sociales como Microsoft Teams, Yammer, Jive, etc. para desbloquear el conocimiento atrapado en las plataformas LMS (Learning Management System) y otros almacenes de información en toda la organización. Esa es solo una de las muchas posibilidades. Mira fuera de tu organización para ver lo que otros están haciendo. Lo importante es probar cosas nuevas… experimentar con ideas nuevas y mejores. Llámalo “piloto”, ¿no es todo ahora un piloto? Pide perdón en lugar de permiso. Simplemente hazlo.

En nuestro nuevo mundo, la habilidad de aprender se está volviendo más importante que nunca. Como dijo Jack Welch una vez, “la capacidad de una organización para aprender y traducir rápidamente ese aprendizaje en acción es la ventaja competitiva definitiva”».

Mayra Aixa Villar (Argentina)

«Soy una persona muy optimista y positiva, pero me temo que la COVID-19 se quedará con nosotros por mucho tiempo, desafortunadamente. Y esto afectará en gran medida a la formación y capacitación presencial.

El desafío para los profesionales de formación es comenzar a pensar en formas más creativas de ayudar a las organizaciones e instituciones a hacer que el aprendizaje digital no solo sea más atractivo sino también más accesible para todos a medida que nos adaptamos a esta nueva normalidad.

Sé que siempre hablamos de crear una experiencia en línea más atractiva, pero esta vez será más que un deseo. Piensa en todas las clases que solían ser cara a cara y estaban diseñadas de esa manera por una razón específica. Clases donde los alumnos necesitan hacer prácticas o clases donde la interacción cercana con un mentor o un tutor era absolutamente necesaria para que los alumnos completaran con éxito una tarea. Las organizaciones e instituciones ahora necesitan soluciones rápidas y creativas para poder ofrecer educación en línea y compensar de forma efectiva la falta de interacción entre los profesores y los alumnos.

Además, debemos comenzar a pensar más allá de los entornos de aprendizaje tradicionales y comenzar a considerar las condiciones y características de los alumnos en diferentes países. Cargar un documento en una plataforma o realizar un seminario web no es una solución. Los profesionales de la formación deben considerar, más que nunca antes, las restricciones que pueden enfrentar algunos alumnos. Hay personas que no tienen acceso a Internet, que no poseen una computadora, que no se sienten cómodas usando la tecnología. Aún así, debemos poder ofrecer recursos educativos a estos niños, adolescentes y adultos que no podrán asistir a clases presenciales.

Creo que los profesionales de formación tendrán que liderar el camino en términos de remodelar los métodos de difusión para hacer que la educación sea más efectiva, atractiva y accesible para todos».

Ger Driesen (Países Bajos)

«Creo que a la larga, no tanto. La crisis del COVID-19 será “solo un atípico” en la historia. Tendrá un gran impacto como un “marcador de generación” en la mente de aquellos que sí tienen la experiencia “dura” ahora. Será un gran evento “¿recuerdas 2020?” del que hablaremos durante muchos años. Pero desde un punto de vista práctico real tendrá un impacto menor en la formación.

Primero, habrá un “impulso” a todo el “aprendizaje en línea” como vemos ahora. Durante esta etapa de pánico, aceptaremos soluciones en línea que son lo suficientemente buenas por ahora, pero no a largo plazo. Los profesionales de la formación (incluidos los proveedores) que estaban “preparados” (ya pensaban y experimentaban con todo tipo de cosas en línea) se beneficiarán de la situación actual.

En parte, la formación que ya había pasado al entorno online, para temas y situaciones que tienen sentido, permanecerá online. Las empresas y los alumnos que dudaron ahora tendrán la experiencia de que puede funcionar “bien”, a veces incluso mejor, y se darán cuenta de que es más práctico y eficiente aprender en línea y querrán seguir haciéndolo de esa manera.

Pero también habrá una “recuperación”. Las personas eran, son y serán “animales sociales” y siempre apreciarán y valorarán los eventos cara a cara de la vida real relacionados con otros temas de aprendizaje. Mi predicción (que he compartido durante aproximadamente 2 años) de que la “formación tradicional en aula” será un tema “candente” en el futuro cercano podría recibir un impulso pronto.

Para recapitular: nos ayudará a lograr una distinción más clara y una elección deliberada sobre qué tipo de formación necesitamos/queremos hacer online y qué parte hacer presencial, y encontrar mejores y bien consideradas formaciones “mixtas” (blended) con el tiempo.

Hay una cosa más y de hecho un deseo que me gustaría añadir. Para muchas personas, la vida se ralentizó durante la crisis. Ir más despacio es genial para aprender. Espero que se aprecie más el ir más despacio de vez en cuando y también se convierta en un componente básico de las soluciones de aprendizaje. ¡Mantente saludable, cuídate, sigue aprendiendo!»

Belén Casado (España)

«Esa es una pregunta difícil, ya que nunca podemos decir cómo será el futuro. Pero creo que los profesionales tratarán de seguir trabajando desde casa y asistir a cursos a través de herramientas como Zoom.

Lo que he visto durante la pandemia del COVID-19 es que las personas valoran poder interactuar con los demás. Por lo tanto, los alumnos valoran la interacción tanto con sus profesores como con sus compañeros. Esto NO sucede en el típico curso de hacer clic y leer, es por eso que siempre tuvo una alta tasa de abandono.

Los alumnos también valoran mucho ver a sus profesores en vivo, incluso si la calidad de la imagen no es tan buena o si de fondo se ve su propia casa. Hemos gastado mucho dinero en el pasado creando vídeos profesionales que no eran tan atractivos, ya que estaban hechos con actores que solo leían un contenido.

No es solo que los cursos de hacer clic sean aburridos, o frustrantes si están bloqueados, es que los alumnos necesitan ver “personas” que estén “vivas” y se perciban como humanas, que los motiven a asistir a un curso. En cierto modo, ver a sus profesores los hace sentir “vistos”.

Entonces, si queremos tener éxito en el nuevo mundo del e-learning, creo que necesitamos añadir más interacción en vivo, especialmente poniendo a los alumnos en el centro de esta comunicación, es decir, con la entrega de tareas en vídeo o en forma de seminarios web. De esa manera, serán realmente vistos».

Gautam Ghosh (India)

«Hay dos aspectos: en el contexto empresarial más amplio, a medida que la mayoría de las empresas luchan por la supervivencia, muchas de las intervenciones tradicionales de aprendizaje a largo plazo quedarán en suspenso, especialmente aquellas que son presenciales y cuestan mucho dinero. Estas podrían desplazarse a una mayor oferta de contenido online, sin embargo, a corto plazo, esto podría llevar a una mala experiencia para el alumno, especialmente si el profesor es nuevo en la facilitación online y trata de replicar el modelo tradicional.

En segundo lugar, a largo plazo, espero que la función de la formación se transforme en una parte mucho más integrada del viaje de crecimiento del empleado y de la empresa. Muchos empleados están mejorando y elaborando sus viajes profesionales con sus propias manos y la formación necesita tener una conversación más profunda sobre cómo construir esta comunidad de alumnos dentro y fuera de los límites de la organización».

Ryan Tracey (Australia)

Y ahora volvemos a mí.

Estoy de acuerdo con mis colegas expertos en que la respuesta a corto plazo a la pandemia del COVID-19 ha sido una reacción instintiva. Pero eso es comprensible. El movimiento se demuestra andando(*), por lo que es perfectamente lógico que usemos las herramientas a nuestra disposición (como una plataforma de seminarios web) para satisfacer nuestras necesidades urgentes de formación.

También estoy de acuerdo con el consenso de mis colegas en que la sofisticación de nuestra oferta de servicios evolucionará. Para seguir siendo eficaces, nuestras soluciones deben ser más accesibles, mixtas (blended), seleccionadas (curadas), sociales, interactivas, reflexivas y auto navegables.

Y siento que es importante reconocer que los desafíos del aprendizaje a distancia no se disiparán cuando regresemos a la oficina. Habiendo detectado yo mismo el error de trabajar desde casa, estoy dispuesto a dividir mi semana más adelante, y estoy seguro de que no seré el único. Eso significa que, si bien volveremos a poner clases presenciales en la agenda, aún tendremos que atender a nuestro público objetivo desde la distancia.

Así, en medio de la tragedia humana, esta crisis puede generar un destello de bondad: una provocación para cambiar la formación para mejor.

La próxima normalidad.

(*) Benjamin Franklin dijo: “Bien hecho es mejor que bien dicho”. De ahí nace la expresión en inglés “Hecho es mejor que perfecto”, que hemos traducido como “el movimiento se demuestra andando”.

¿Y si hacemos como si…?

Hace poco leí un tuit del que me he venido acordando y que motiva este post:

Tuitero se pregunta qué pasaría si mañana salimos todos con la ropa sin planchar y hacemos como si siempre hubiera sido así

La cuestión es que la “nueva normalidad” parece conllevar únicamente aspectos negativos: formas de comprar más incómodas, formas de reunirse más frías, espacios exteriores e interiores más asépticos, organizaciones en la playa más robóticas… Todo como si de pronto viviéramos una situación de película, tipo La invasión de los ultracuerpos, en que los que todavía no han sido abducidos tienen que comportarse con frialdad para pasar desapercibidos entre “las vainas”.

Sin embargo, la nueva normalidad trae aspectos muy positivos y que pueden dar lugar a nuevas formas de organizarse que son más eficientes, más ecológicas y más lógicas. Ya habíamos hablado de los posibles aspectos positivos de la pandemia, y ahora hablaremos de cuáles podemos mantener porque han resultado funcionar (sorpresivamente).

Y no planchar la ropa podría ser un buen ejemplo…

Cuestionarse todo

Esta situación nos ha permitido cuestionarnos todo: la organización del trabajo, la educación, el ritmo de vida, la contribución diaria a la contaminación, la importancia de unas profesiones sobre otras, el significado de la imagen personal, el valor de la introspección…

Parece posible extraer conclusiones sobre el funcionamiento de casi todo y pensar en adaptaciones y mejoras en cada esfera.

Seguir teletrabajando

Este es, a mi juicio, el aprendizaje fundamental: se ha demostrado que se puede teletrabajar en miles de casos en los que la empresa había sido muy reticente a enviar a sus trabajadores a casa. Ahora que no era posible otra solución, se ha visto que los profesionales son responsables, se encargan de buscar el espacio físico y el hueco horario, se organizan como pueden para atender a los niños y continúan trabajando desde sus casas.

¿Y si hacemos como si el teletrabajo siempre hubiera existido? Recordemos brevemente algunas de sus ventajas por orden cronológico en un día de trabajo cualquiera:

  • Hay que madrugar menos. El descanso repercute positivamente en la productividad.
  • No hay que vestirse raro, es más, se puede estar con ropa cómoda, no plancharla (como dice el tuit) y, aun así, mantener una videollamada… porque el resto de los asistentes tienen el mismo aspecto.
  • No hay que tragarse un atasco que crispa los nervios y desgasta parte de la energía que teníamos para trabajar. Y esto incide, evidentemente, en la limpieza del aire de las grandes ciudades.
  • No hay ladrones de tiempo como: visitas imprevistas, ¿nos tomamos otro café?, el otro día me crucé con… y demás batallitas que dan mucha vida en el trabajo pero que, reconozcámoslo, quitan mucho tiempo. Esto no significa que no haya otros ladrones de tiempo en casa.
  • Hay mayores posibilidades de conciliar la vida personal con la laboral, ya que todo está “más a mano”. Evita ir a la carrera de un sitio a otro, durante todo el día. Es una organización que parece más lógica.
  • Facilita la entrada en el trabajo a personas con dificultades de movilidad y enfermedades crónicas para las que el desplazamiento resulta muy difícil, pero que pueden ser perfectamente productivas trabajando desde su casa. Esas personas con factores médicos no visibles de las que hablábamos en otro tuit.
  • Es más fácil también combinar la actividad pasiva y cerebral con el ejercicio físico, haciendo algunos estiramientos o paseos cortos, algo que no suele hacerse en una oficina porque te van a mirar como a un ser extraño.
  • Ahorra dinero en viajes y eventos de todo tipo, ya que también se ha demostrado que se pueden mantener reuniones internacionales desde casa y que se pueden realizar eventos de forma virtual.
  • No hay que volver a tragarse el atasco a la salida, con el cansancio de toda la jornada, y yendo con hora a los múltiples compromisos que van después del  trabajo.
  • Se llega antes a casa… Esto parece una tontería, pero si la jornada acaba a las 18.00, a las 18.01 estás en casa, con lo que tienes bastante más tiempo para hacer otras actividades. Volvemos, de nuevo, a una organización con más sentido común.

La imagen personal

Han corrido ríos de tinta virtual en los grupos de whatsapp sobre si teñirse ya las raíces o esperar a la reapertura de las peluquerías. Ha habido de todo, pero ciertamente hemos podido sobrevivir con las raíces sin teñir y el pelo sin cortar.

Al cuidado del pelo se añaden otros aspectos de estética, como la depilación, el uso de maquillaje o la ropa.

Me han hablado de reuniones por videollamada en multinacionales en las que el CEO se presenta en chándal ante la cámara, y no hace como si le hubieran pillado así, de improviso, sino que explica abiertamente que piensa que esta nueva forma de interactuar se va a imponer.

La ropa ha sido considerada como no esencial y durante las fases más crudas del confinamiento no ha sido posible comprarla, ni siquiera en un hipermercado que tuviera este producto además de la alimentación. No se ha tenido en cuenta que algunas prendas se van desgastando por el uso y hay que reponerlas con cierta frecuencia. Y, en todo caso, con el tiempo y el uso, toda la ropa acaba necesitando reposición.

La cuestión es qué tipo de ropa se utiliza y por qué. Y, siguiendo el tuit del comienzo, cuál es la necesidad de plancharla.

Si la gente estuviera cómoda con la ropa que lleva a la oficina, ¿no se la pondrían para estar en su casa?

Por último, un cambio que ha ido a más en vez de limitarse es la higiene personal, algo muy de agradecer.

Entonces, ¿y si hacemos como si los criterios de vestimenta siempre hubieran sido más relajados? Ya de paso, los criterios de más higiene también podemos hacer como si siempre hubiesen estado ahí.

Mirar hacia adentro

Este periodo que puede que se alargue o que se convierta en parte de la nueva normalidad ha permitido a muchas personas dejar de correr en la rueda de hámster y poder reflexionar sobre su propia vida.

Si se pudiera reactivar todo de golpe, como apretando un botón, esta introspección desaparecería. Es posible que mucha gente esté “deseando volver a…”.

Hay que recordar que no es posible volver atrás, eso es como retroceder en el tiempo. “Volver” no es posible, no hay “dónde”. La vida avanza hacia adelante, es lo único que se puede hacer, avanzar hacia lo nuevo y lo desconocido, lo cual incluye cambios drásticos en la forma de organizar la vida.

Siendo así, ¿y si hacemos como si la vida ya hubiese sido más lenta y relajada, más casera y personal desde antes? Quizá esto nos permita mantener esta reflexión sobre nosotros mismos/as.


¿Se te ocurren más cosas que podríamos hacer como si siempre hubieran sido así? ¿Qué aspectos te gustaría que volviesen a ser como antes? Gracias por leer y compartir 😉

La casa del ermitaño

Ya os he hablado de La poética del espacio, de Gaston Bachelard, un libro lleno de imágenes, tesoros, recovecos, secretos… En él, Bachelard muestra interés por los espacios en los que hemos estado en soledad, tanto si la hemos disfrutado como si la hemos sufrido.

El habitante del refugio, de la choza, es un ermitaño, un solitario que vive su casa como un nido en el que agazaparse.

La cabaña es la soledad centrada, la extrema soledad ante Dios.

De pronto, lo que era una simple caja superpuesta en un edificio impersonal, se convierte en la cabaña de un ermitaño en la que puede centrarse y ahondar en su soledad. De esta manera, quien se acurruca en ella puede preferir que haga frío fuera, que haya un “invierno ruso”, para poder sentir el refugio que supone su hogar.

Tenemos calor porque hace frío fuera.

Es interesante que en inglés cabaña se dice cabin, que es también cabina, camarote, barraca… La cabina evoca imágenes de un espacio más reducido aún.

Cabaña con luz encendida en un bosque nevado al anochecer

Fósiles de duración

Dentro del espacio de la casa, el tiempo se para. Es un “tiempo suspenso” que invita al ahondamiento psicológico y a las narraciones cercanas al sueño.

Bachelard se pregunta por qué nos saciamos tan pronto de la dicha de habitar, por qué no hacemos durar las horas en la casa, por qué no nos levantamos cada día sintiéndonos Robinson Crusoe, reinventando la casa a través de sus objetos, conectando el pasado con el día a día. Es como una búsqueda del tesoro en la que, cada día, al mirar los mismos objetos, libros, adornos, relojes, cofres, fotos…, arrojamos sobre ellos una luz nueva y logramos verlos como por primera vez.

Estos objetos que vienen de tan atrás están engarzados en “bellos fósiles de duración”, concretados por largas estancias. El inconsciente está felizmente instalado en este tiempo suspenso de horas infinitas, las que se adhieren a cada objeto convirtiendo la casa en una especie de museo arqueológico que vuelve a la vida cuando prestamos atención.

La ensoñación que da vida a los objetos

Y aquí entran los rincones de los que hablábamos anteriormente.

En un espacio como el rincón, podemos dejar pasar las horas sin hacer más que observar los objetos, tal vez imaginar sus vivencias, o incluso imaginar lo que el objeto pensaría de nosotros. Este es el campo que interesa a Bachelard, el de la ensoñación, el de la imagen creada por la mente en contraposición con la imagen real del espacio: ¿quién preferiría ver el plano real del cuarto de El cuervo a imaginarlo?

La vivencia desde el rincón es mucho más grande que el rincón mismo. Porque el rincón nos iguala: si nos situamos en esa esquina o “caja abierta”, el espacio que ocupamos es el que define el refugio improvisado, que más parece un nido que una estancia completa.

La necesidad de contacto humano

A pesar de todos estos entretenimientos mentales, estas ensoñaciones que conllevan horas de ensimismamiento, el ermitaño vive en soledad, y a veces necesita ver a sus semejantes.

Hay muchas personas solas, dentro de su casa-como-celda. Ya escribí sobre ello cuando observaba a una vecina del barrio sentarse en un banco a diez pasos de su casa, vecina que ahora tendrá que permanecer sentada dentro. O cuando describí los eufemismos que giran en torno a los singles y sus actividades.

Muchos ermitaños ya vivían la mayor parte de sus días con “distancia social”. Simplemente, no tenía nombre. Para trascenderla, hacían actividades en las que poder relacionarse, manteniendo grupos de amistades y tal vez teniendo pareja. Ahora esto no es posible, de manera que no se equilibra la vivencia fundamentalmente introvertida del ermitaño en su choza.

Así, cuando se habla de las medidas de desconfinamiento, pienso, no ya en el espacio que habitamos, sino en la forma en que lo hacemos, algunos en soledad, otros “excesivamente” acompañados.

No es posible no estar donde se está. Parece de perogrullo, pero es otra forma de decir que solo puedes estar aquí ahora. Aun así, si ocupas plenamente tu rincón y le das vida a los objetos que te acompañan, ampliarás tu experiencia y será menos dura.


¿Cuál es tu caso? ¿Tienes un rincón en el que te gusta acurrucarte? ¿Has reparado en los objetos que forman parte de tu vida?

Gracias por leer y por dejar comentarios 🙂

La casa como refugio, como celda

Cuando en el post anterior hablaba de la rutina, mencioné La poética del espacio, de Gaston Bachelard. Es un libro perfecto para leer en el refugio de una casa, porque es precisamente de lo que habla, de la propia casa y sus desvanes, sótanos, rincones, armarios, cofres… Como imágenes que perviven en nuestro inconsciente. La representación de una casa es una imagen que todos compartimos:

Logotipo de Quédate en casa del grupo A3, con el icono de una casa
Si nos piden dibujar una casa, pondremos tejado y chimenea, sin embargo, no se parecerá mucho a nuestra verdadera casa.

La casa como refugio

Cuando leí este libro por primera vez, vivía en un espacio en el que estaba a gusto. Mis sensaciones sobre aquel hogar iban en línea con las de Bachelard.

Cuando he retomado el libro ahora, lo que más me ha llamado la atención es que el autor habla de “espacio feliz“:

En este libro se examinan las imágenes del espacio feliz, espacios defendidos contra fuerzas adversas, espacios vividos, imágenes que atraen: la poética de la casa.

Según avanzaba en la lectura, el contraste entre mis sensaciones y las descritas por Bachelard iba en aumento. El autor describe la casa como un espacio de intimidad protegida, y el habitar como el germen de la felicidad central.

En contraste, fuera de la casa está el espacio de la hostilidad. Por tanto, la casa es un lugar de protección.

Yo soy el espacio donde estoy. – Noël Arnaud

En este espacio que somos porque lo ocupamos, podemos felizmente revivir un paseo por un camino, de tal manera que el recuerdo del sendero sirve de ejercicio. Esta forma de expresarse de Gaston Bachelard podría hacernos pensar que tampoco salía demasiado y que, cuando salía, su ejercicio físico se limitaba a dar largos paseos por el campo. Parece que aprecia más recordar haber paseado que dar el paseo mismo, hasta que dice:

El paseo es el símbolo de la vida activa y variada.

La libertad de movimiento que ahora nos falta es ese paseo de la vida activa, y puede compensarse con la vivencia de un hogar feliz y acogedor.

Espacio de trabajo reconvertido en gimnasio, al girar la pantalla del ordenador
Cómo reconvertir el espacio de trabajo en gimnasio en unos segundos.

La casa como celda

Llegué a otra explicación que en la primera lectura no me llamó la atención y que me ayudó a entender las descripciones de espacio confortable. Y es que, según Bachelard,

Los habitantes de la gran ciudad viven en cajas superpuestas, en una especie de lugar geométrico, un agujero convencional.

Todo me cuadró cuando vi “cajas superpuestas”. Toda la explicación de la verticalidad de la casa en el eje sótano-desván no aplica cuando la casa no es más que una caja rodeada de otras cajas en un edificio, en la que probablemente nuestra intimidad se vea invadida por ruidos de los vecinos, que nos llegan quizá por la débil construcción de los muros.

Tampoco aplica la cosmicidad que rodea a una casa integrada en la naturaleza, que “conoce los dramas del universo”.

Cuando se habla de las medidas de desconfinamiento, no dejo de pensar en los espacios que habitamos y cómo es más complicado ser paciente en un espacio angosto y oscuro.

Muchos habitamos el espacio que podemos, no el que queremos. Unas personas están en su chalet, con su jardín, su patio, zonas a las que pueden salir las horas que quieran a tomar el sol y el aire, jugar con sus hijos, leer… Otras personas están en un lugar muy reducido sin luz natural, teniendo que mover los muebles cada vez que quieren hacer un poco de ejercicio o, simplemente, teletrabajar. Y entre ambos casos, una amplia gama.

La casa se vive como celda cuando sentimos que en ella no está todo aquello que necesitamos, sea o no cierto. 


¿Y tú, cómo vives tu casa? En estos días en que suponemos que el virus está fuera, ¿sientes tu casa como un refugio, como un espacio feliz en que estás a salvo? O por el contrario, ¿sientes que estás atrapado/a entre sus paredes?

Gracias por leer y por comentar. 🙂

¿Esto nos hará cambiar?

Esta semana estoy observando un cambio de tendencia en las comunicaciones por WhatsApp. Diría que, en todos los grupos que tengo, la comunicación ha disminuido considerablemente. Incluso algunas personas han manifestado su deseo de estar apartados del móvil por un tiempo. Quizá se deba a que estamos más habituados al confinamiento, con lo que la ansiedad es menor.

Por otro lado, observo que la gran oportunidad de cambio que trae esta situación excepcional puede que no se aproveche tal como lo esperamos. Me refiero a todo lo relativo a la utilización de Internet para trabajar y estudiar.

Trabajar desde casa

Me llama la atención seguir leyendo ofertas de empleo del sector e-learning, es decir, un sector que se dedica a producir cursos 100% online, en las que se especifica que el trabajo se desarrollará desde sus oficinas en la ciudad X con el horario tal y cual.

Poco estamos aprendiendo de grandes empresas como Articulate, creadora del mejor software para desarrollo de cursos online, que trabajan a distancia desde el día 1.

He trabajado varias veces en equipos internacionales. Trabajo para Articulate desde 2017, y nunca he oído la voz de ningún compañero o supervisor. Porque no ha sido necesario (esto no significa que no sea deseable). Contactaron conmigo por email y después gestionamos los proyectos a través de Trello. El trabajo está perfectamente organizado, no hay duplicidad de tareas y cada un@ sabe qué tiene que hacer. Por supuesto, no ha sido necesario verse en persona, algo que, cuando era posible, se solía hacer “para ponernos cara” (y perder de 2 a 3 horas incluyendo transporte para mantener una reunión de ponerse cara).

Lo más importante no es ya haber avanzado en formas de organización del trabajo más eficientes, como los métodos ágiles, sino que un sistema de trabajo remoto se basa en la confianza. Voy a repetir esto porque creo que es fundamental:

Un sistema de teletrabajo se basa en la confianza en los profesionales.

Si los supervisores/coordinadores no se fían de los profesionales que colaboran con ell@s, establecerán sistemas de supervisión del tipo:

  • Recordatorios constantes de que hay que fichar.
  • Chat/llamadas constantes para comprobar que la persona está encadenada a su silla y no se levanta bajo ningún concepto.
  • Exceso de supervisión, ahogando la poca autonomía que podría mostrar el profesional.
  • Duplicidad de tareas, haciendo que el profesional acabe por no saber a qué atenerse.

Esta forma de trabajo se basa en un espejismo: creer que nada ha cambiado y que tenemos que seguir con los sistemas de organización obsoletos de la Primera Revolución Industrial, pero a través del ordenador.

Tengo la sensación de que, cuando se haya vuelto a la normalidad, también se habrá dejado atrás el enorme espacio de innovación, apertura y creatividad que se ha abierto ahora, recordando los tiempos del teletrabajo como algo molesto, incómodo y, sobre todo, temporal.

Aprender desde casa

En este apartado me voy a limitar a hablar de lo que conozco bien, que es la producción de cursos online para profesionales.

Cabía esperar un aumento de la demanda de formación online en esta situación extraordinaria. Y este aumento se ha dado. Sin embargo, mi sensación es que se están consumiendo cursos que ya existían y que se están produciendo muy pocos cursos nuevos. Está bien reutilizar lo que ya se había hecho, pero el sector no está creciendo ni, lo que es más importante, cambiando.

Ya decía en el post anterior que las personas preferimos las experiencias síncronas, no solo de aprendizaje, sino de cualquier tipo. Es decir, preferimos interactuar, intervenir, dialogar con el formador/a y los compañeros, recibir comentarios sobre lo que hacemos, etc. También preferimos interactuar con los expert@s, queremos que los tutores de los cursos sean formadores que conocen la materia y poder tener un debate interesante, quizá por grupos de trabajo.

Al igual que con la incomodidad del trabajo desde casa, me parece que la formación mediante sesiones en vivo se vive como otra incomodidad, a caballo entre la formación online y la formación presencial, en la que, “como no podemos vernos en un aula”, “tenemos que” usar estos sistemas que nos son extraños.

De esta manera, se hace poca investigación de lo que funciona en los talleres en vivo y en línea. Lo que he detectado es que el ponente se pone a hablar, manteniendo una misma diapositiva durante varios minutos, y al poco rato, su tono monótono y el hecho de que nada cambia en la imagen hace que busquemos cualquier otro estímulo más motivador.

A diferencia de lo que ocurre en una clase, el no tener al formador/a delante hace que la experiencia sea automáticamente menos atractiva, por lo que es necesario introducir dinámicas, foros, trabajos de grupo, herramientas colaborativas, encuestas/votaciones… y huir de la idea de que una clase consiste en que una persona habla mucho y otras escuchan mucho, poco o nada.

De lo que tenemos ganas

Uso aquí el plural mayestático…

Una chica da un salto en una playa, ella está muy alegre, sonríe

Iñaki Gabiondo entrevistó a José María Álvarez-Pallete en su programa en Cero de Movistar que lleva el esperanzador título Volver para ser otros.

El presidente de Telefónica lanzó el mensaje que lleva ya unos años asociado a la marca:

La vida digital es la vida.

En efecto, gracias a la gran capacidad de las telecomunicaciones en España estamos pudiendo hacer muchas cosas que no habrían sido posibles hace un siglo:

  • Comunicarnos a diario con nuestros familiares y amigos.
  • Seguir trabajando, acceder a los sistemas de la organización, poder mantener reuniones con varias personas, incluso viendo sus caras.
  • Acceder a nuestras cuentas bancarias y hacer gestiones.
  • Presentar la declaración de la renta y similares.
  • Escuchar música y a músicos que crean piezas y nos las ofrecen en streaming.

Sin embargo, siento no poder estar de acuerdo con que la vida digital es la vida. Al contrario, creo que muchas personas estamos deseando que termine todo esto para volver a la vida tangible, analógica, en la que abrazos, olores, momentos, el sol en la piel, lo frío de la cerveza en el bar, la inmensidad de un paisaje… nos “comuniquen información” que desde luego no es digital ni tenemos ningún interés en que lo sea.

Y a la vuelta… ¿puedo seguir teletrabajando?

Otra de las personas que entrevistó Gabilondo en su programa es Pedro Alonso, director de la OMS en el Programa global de la malaria. Pedro Alonso comentó que era escéptico con respecto a un cambio de mentalidad o de hábitos cuando todo esto pase. Explicó cómo en otras ocasiones, tras emergencias muy importantes similares, se había vuelto a la “normalidad”, es decir, a más de lo mismo de antes.

No estamos afirmando que vayamos a encontrar el mundo como estaba, como si nos hubiéramos ido de vacaciones. Es evidente que no. Y precisamente por esto, por la gran oportunidad que supone haber parado y haber podido contemplar y contemplarse, me parece interesante agarrar lo que se ha transformado, asirlo con fuerza, y no soltarlo.

Así, una persona que ha observado que prefiere el teletrabajo, tendría que poder teletrabajar, ya que se ha demostrado en este “periodo de prueba” tan extraordinario, que es posible.

Y una empresa de formación, sea presencial o en línea, tiene que poder seguir adentrándose en el interesante mundo de los vídeos en streaming y los webinar, en lugar de “volver atrás” hacia lo ya conocido.


Este es el reto, esta es la oportunidad. Me gustaría conocer vuestra opinión: ¿estáis teletrabajando? ¿Estáis haciendo cursos online? ¿Qué os parecen? Gracias por leer y por comentar 😉

Tienes una cita

Estos días cobra mucho valor “tener una cita”, es decir, tener un acontecimiento o evento que se apunta en la agenda, empieza a una hora concreta y termina y, durante la sesión, permite interactuar con otras personas.

Por el contrario, puede que te apuntes a uno o varios cursos pero no tienes motivación para continuarlos. No hay nadie al otro lado a ninguna hora específica… y eso no motiva demasiado.

Tipos de citas durante el confinamiento

Durante el día, puedes tener varios tipos de citas que te ayudan a estructurar el tiempo, como pueden ser:

Seguir escuchando el programa de radio por las mañanas

El programa es en directo y con suerte tu llamada puede entrar en el aire, o tu mensaje de audio puede escucharse como respuesta a algo que han planteado. Muchas gracias a los que hacéis la radio, hacéis muchísima compañía.

Ver un programa educativo o de ejercicio en la tele

La tele como fuente de experiencias síncronas se había quedado en el telediario y algunos programas de corte informativo. Ahora se añaden programas educativos para niños o gimnasia para adultos que, sin ser en directo, sí agrupan personas frente al televisor durante el tiempo que se emiten.

Estos programas proporcionan una sensación de cohesión, especialmente a los colectivos que no disponen de medios de conexión a Internet, no son de calidad o no saben cómo utilizarlos.

Seguir un webinar o un taller que se imparte a una hora determinada

Por poner un ejemplo, ayer participé en un webinar (seminario web) de HEC Paris, impartido por Jeremy Ghez, un Economista con interesantes conclusiones de lo que está pasando con la globalización a raíz del coronavirus. Hubo tantas inscripciones que se realizó a través de YouTube en lugar de Zoom.

Ver una actuación por Instagram, YouTube, etc.

Hace un par de días vi una actuación del mago Kiko del Show, de A toda magia, englobado en el Festival #QuedateEnCasaConMagia organizado por la Fundación Abracadabra de Magos Solidarios.

También están los vídeos de Miguel Vigil en su canal de YouTube. Sus monólogos y canciones añaden un toque de humor y buen rollo a esta situación, y recomiendo altamente seguirle:

Quedar con los conocidos

Esto incluye dos tipos de citas, y son de las más valoradas:

  • Quedar con familiares o amig@s para hacer una videollamada y verse durante un rato, por ejemplo a través de WhatsApp. Esta cita puede incluir tomarse un vermut, una cervecita o el aperitivo, la idea es “emular aquellos tiempos”.
  • Quedar con profes y compañer@s de actividades para tratar de continuar con ellas a través de Zoom, Skype o Hangouts.

El aplauso de las 20.00

Este aplauso trasciende su intención inicial. No solamente muestra el apoyo a todos los profesionales que están haciendo posible que esto salga adelante, sino que poco a poco ha tomado el tono de actividad social.

El aplauso, que se oye en la ciudad como una ovación en un estadio de fútbol, reconforta en pocos minutos de todo un día de aislamiento absoluto. Especialmente desde que cambiaron la hora, se ha hecho más fácil ver en las ventanas a los vecinos de edificios aledaños y con ello aumenta la sensación de conexión social.

En muchos barrios, algunos vecinos unen al aplauso alguna música motivadora como las que compartí cuando os hablaba de darnos ánimos unos a otros. Música que hace saltar, gritar y llorar, que sirve de desahogo y para compartir penas.

Características de estas citas

Podrían extraerse algunas características comunes de estas citas que no eran lo habitual en el consumo de productos virtuales o, en general, en las formas de relacionarnos fuera de un estado de confinamiento. Por ejemplo, veo que:

  1. Prima lo auditivo sobre lo visual. Incluso en las videollamadas, la calidad de la imagen es lo de menos, no digamos el diseño gráfico. Lo que importa es oír y entender. Los aplausos: oír a los vecinos, no verlos, es lo fundamental.
  2. Prima el contacto con el círculo más cercano sobre el contacto con personas desconocidas. Si bien podemos apuntarnos a seminarios y talleres “ajenos”, mi sensación es que damos más importancia a poder continuar el contacto con personas más cercanas, tanto de la familia como de las actividades que hacíamos antes (teatro, creatividad, danza…).
  3. El aspecto casero es bueno. A diferencia de los productos profesionales que se entregaban hasta ahora, tipo charlas TED, estamos viendo productos audiovisuales con la calidad “que se puede”. De hecho, producen una mayor sensación de cercanía y sobre todo de frescura, creatividad e improvisación.
  4. Prima el horario sobre el contenido. Esto rompería la tendencia que teníamos de consumir contenidos desde plataformas online, cada uno lo suyo cuando le da la gana. Si hay un horario en que siento que otros hacen lo mismo que yo, lo prefiero, ya que da la sensación de conexión y cercanía. Esto aplica tanto a películas y series como a los cursos online. Y hablando de los cursos…

Cómo afecta todo esto a la formación online

Llevo trabajando en el sector de la formación online desde 2010. Y algo que sé desde que me formé en la UNED sobre esto (Cátedra de Toledo, 2009), es que los alumn@s valoran mucho más tener tutores expertos y poder tener sesiones síncronas con ellos.

En otras palabras, el alto índice de abandono de los cursos online se debe a que el alumno se siente solo frente a una pantalla, con lo que no se engancha al contenido, más bien se aburre pronto de él.

Es algo que se está confirmando cada día con todas las iniciativas que surgen para aliviar el peso del confinamiento y de las que ya hemos hablado.

Por ello, quizá el panorama de la formación online deba cambiar, dando más recursos a posibilitar sesiones síncronas a las que se pueda acceder y menos a interminables cursos de hacer clic, cursos que suelen estar desesperadamente bloqueados, lo que da lugar a que los alumnos hagan clic sin leer, buscando “escapar”.

Esto que estoy diciendo puede llevar a que mi trabajo actual cambie radicalmente o desaparezca, por lo que no es gratuito ni me resulta fácil afirmarlo.


Por último, quería compartir una cita con una meditación para esta pandemia, de Brigitte Champetier des Ribes. Es asíncrona, sin embargo, puedes seguir la indicación de hacerla a las 19.30:

 

Duelo por la pérdida de tanto

Cada vez más, voy teniendo sensaciones de los veranos largos después del colegio, días en que el tiempo no estaba estructurado. O de temporadas en la casa del pueblo, en pleno invierno, en la que estábamos dentro la mayoría del tiempo. Momentos en que el aburrimiento daba paso a la creatividad. El momento presente se alarga hasta el infinito en la espera. Ahora puedo contemplar a los paseadores de perros y a los pájaros.

La creatividad primera ha podido ser compulsiva, ansiosa. Después, el inevitable vacío, un hueco cada vez más grande. Y este hueco da paso a la lectura reflexiva, en que se puede releer un párrafo, subrayarlo, apartar la vista del libro para dejar que las palabras se posen. Este espacio permite también escuchar una canción tras otra, prestando atención, sin otro fin que escucharlas, sin que sean el ruido de fondo de otra actividad. Permite ver películas de tres horas de duración.

Así, algunas personas hemos pasado de buscar frenéticamente llenar el tiempo con actividades online (cursos, conciertos, comprobación continua de tendencias y noticias y mensajes) a buscar la introspección.

Atrapados en un espacio

Al principio me acordaba de Atrapado en el tiempo, atrapada en el espacio de cuatro paredes que pueden albergar un mundo. Las similitudes son muchas, el protagonista no puede tampoco salir del espacio en que se encuentra, el pueblo de Punxsutawney. Solo puede explorar al máximo todo lo que hay disponible en ese espacio en ese tiempo.

También están las evocaciones a las historias de náufragos, Robinson Crusoe por antonomasia. Náufragos de islas y náufragos del espacio, esos astronautas que están solos en una nave gigante por la que se ejercitan corriendo.

Los escritores salen en la tele, dicen: “mi vida no ha cambiado tanto, hago más o menos lo mismo”. Los que ya pasábamos largo tiempo en casa y trabajábamos en ella, no notamos tanto la diferencia. Quizá nos hemos podido adaptar mejor. Quizá nuestras actividades introspectivas se han hecho más intensas. No dejan de estar descompensadas, falta lo social, el contacto con familia y amigos, los largos paseos que estimulan la conexión de ideas, las charlas con otros en los cafés.

Las personas extrovertidas, de acción, o cuyas vidas consistieran en viajar, hacer deporte, reunirse, etc. han debido de sentir un cambio doloroso, radical. Las personas que necesitan salir o hacer deporte para sentirse vivas, que tienen cierta claustrofobia, tendencias nómadas… ¿Qué pueden hacer ahora? Ahí hay un duelo.

Duelo por la pérdida de tanto

La gente llora. A pesar de que tratamos de tapar lo que hay, de vez en cuando no podemos sino dar paso al duelo por la pérdida de tanto en tan poco tiempo. Vi este tuit:

Captura de pantalla de un tuit que reza:

Hay mucha pérdida en todo esto, hay dolor, nuestros familiares nos dejan o enferman, o somos nosotros mismos/as. Y para frenarlo, perdemos otra cosa, la libertad, perdemos el contacto humano, perdemos la necesidad de mirarnos al espejo para luego mostrarnos al mundo y perdemos las rutinas de las que nos quejábamos, pero que nos resultaban cómodas.

Vemos cómo se cierra un negocio tras otro, o es el propio, intuimos las consecuencias económicas de la situación, las que ya se están dando y las que se darán después. Como comentaba Iñaki Gabilondo en Late Motiv, esto no se va a acabar un cierto día a las 7 de la tarde, hay un después de reinicio que no es automático.

Después, nada será igual. A pesar del intento por continuar, las circunstancias se han puesto en contra: no se puede continuar, se ha acabado, esto es un precipicio, un corte abrupto del terreno de la continuidad, toca dar un salto. ¿Qué habrá al otro lado? No se sabe, es un salto a ciegas.

Lo de atrás, quedó atrás. Lo que vivimos ahora es lo único que hay, una situación totalmente extraordinaria, inesperada, inconcebible antes de que sucediera (un Cisne negro, diría nuestro Taleb). Y lo que vendrá después habrá de ser construido con la acción. No se podrá enlazar con lo anterior como si no hubiera pasado nada. Porque mucho y muchos se caen por el precipicio y allí quedan.

Por eso, a veces, se necesita llorar la pérdida constante, se necesita aceptar profundamente lo que hay, sin desviar la mirada hacia ningún otro sitio.

El contraste entre las emociones y el “hay que”

Trato de huir del “hay que” relativo a cómo vivir esta situación: hay que mantener una rutina, hay que hacer ejercicio, hay que animarse, hay que recordar que esto es una situación pasajera,… Los consejos contrastan con la sensación de pérdida o la necesidad de introspección, de dejar que el aburrimiento estimule un pensamiento más profundo, un contacto real con uno mismo/a.

Una de las tendencias es mostrar la intimidad al mundo, de manera que el refugio de introspección deja de serlo.

Los programas de televisión han de hacerse desde casa, salvo los telediarios, y entonces los presentadores se muestran con ropa cómoda en el salón de su casa, y a mí esto me cuesta aceptarlo. Yo llevo ya cuatro años trabajando desde casa y, por temporadas, lo había hecho antes. Y no, no atendía las videollamadas en chándal. A lo sumo, mi gata se colaba por delante de la cámara. Quizá haya algo interesante en haber dejado de fingir un aspecto profesional o formal, si es que esta tendencia se queda.

Como conclusión, no pienso que sea “malo” dejarse llevar por lo que se está sintiendo, ni tampoco que sea malo dejar de estructurar el tiempo como antes. La estructura y las rutinas no permiten ver. Y ahora hace falta mirar.