My name is Kunta

En línea con el artículo anterior, a veces no es posible mantener la autonomía:

Es necesario claudicar para sobrevivir.

Esto me vino a la cabeza mientras veía la miniserie Raíces, la famosa historia de Kunta Kinte y su descendencia.

Se muestra la carátula de la serie Raíces, en la que aparece Kunta Kinte con una frase sobre su rostro: I am Kunta.

Sin ánimo de hacer spoiler, podemos explicar que la tribu de los Mandika pone el nombre a los recién nacidos con un ritual ceremonioso, pues «tu nombre es tu escudo«. Así, cuando Kunta Kinte, entrenado para ser guerrero en su tribu, es llevado como esclavo a los Estados Unidos, no es capaz de renunciar a su propio nombre. 

En varias escenas, algunas realmente duras, se le repite: «Tu nombre es Toby». Ha entrado como esclavo en una casa donde lo primero que hacen es cambiarle el nombre por uno muy manejable, como de perro.

Pero le hemos visto antes en su tribu, en sus orígenes, en sus raíces, siguiendo una vida «libre» dentro de otras convenciones.

Siento un enorme respeto por los que tuvieron que ser esclavos y sus descendientes, al ver de qué manera tan fácil se puede tratar de reducir a un ser humano a un objeto, comenzando por cambiar su nombre y borrar así sus raíces. Su grandeza no es vista. Incluso el más avispado, capaz de tocar el violín, tiene que hacer un papel como de bufón ante esos blancos.

Pues bien, después de todo esto…

No seas Kunta Kinte

No. Es el momento de comer ajo, te siente como te siente. En determinadas situaciones que no tienen una fácil vuelta atrás (a ver cómo se va Kunta Kinte de Estados Unidos sin tener ningún medio ni autonomía) es mejor decir: «Me llamo Toby».

Doloroso.

Humillante.

Contrario a las propias raíces.

Decir «Me llamo Toby» (el equivalente a comer ajo del artículo anterior) es la estrategia de supervivencia necesaria en muchos casos. Por muy alto que les digas a todos «My name is Kunta», no solo no es apreciado que reveles tu esencia interior, sino que puedes llegar a morir por ello.

No confundas tu esencia con tus valores

Es importante aclarar esta diferencia. Y es difícil reconocer el límite entre la propia esencia y los valores que tenemos insertados en ella. La esencia no se puede cambiar, pero los valores sí. Creencias y valores se pueden actualizar para adaptarse al momento y lugar presentes, ya que fueron adoptados de forma inconsciente en momentos y lugares diferentes.

«Me llamo Kunta Kinte» es tu esencia.

«Mi nombre es mi escudo» es tu creencia.

Los valores de Kunta Kinte son los de la tribu Mandika. Serían igual de incómodos para un blanco que se hubiera esclavizado y llevado a la tribu.

Vale, volvamos al occidente del siglo XXI y digamos de qué estamos hablando: en determinadas situaciones es necesario sacrificar tus valores para conservar un bien mayor (un trabajo, la libertad). Recuerda que tu esencia quedará intacta.

Ejemplos donde más vale ser «Toby»

  • Sabes más que tus jefes. Sabes que algo se podría hacer mucho mejor. Cuando lo has expuesto, esto ha chocado con la cultura corporativa. De hecho, desde entonces te miran «raro». Algunos de tus superiores pueden sentirse amenazados. Si no tienes un plan claro de salida, una alternativa, puedes tener que decir: «Me llamo Toby».
  • No aceptas una norma arbitraria. Eres capaz de señalar de forma inteligente por qué es absurdo seguir cierta norma, cierto proceso, cumplimentar cierta información… Esta habilidad tuya puede ser lo peor para la organización en la que te encuentras: puede que estés identificando tareas innecesarias que dan trabajo a mucha gente, sin las cuales habría que reconocer que sobra personal. En estas ocasiones, te puede convenir reconocer: «Me llamo Toby».
  • Todos se ponen de acuerdo sobre algo. Desde el principio te parece que el «algo» es falso o no está basado en datos o evidencias. Observas que el grupo es feliz elaborando sobre ese algo que no es cierto. Cuando planteas tus opiniones al respecto el grupo entiende que estás en contra de ellos y no de la afirmación falsa. Es el momento de decir: «Me llamo Toby».
  • Las cosas se hacían de una manera. Cambia el signo de la dirección. De pronto, las cosas se hacen de otra. Tú recuerdas perfectamente que antes se hacían de forma más eficiente. Al exponerlo, te das cuenta de que defender el antiguo modelo te puede poner en el grupo de los que van a ser despedidos. Necesitas afirmar: «Me llamo Toby».

¿Te llamas Toby? ¿Se te ocurren más ejemplos en los que defender tus valores puede salirte muy caro? Se admiten comentarios y sugerencias. ¡Gracias por leer!

Cuestión de estómago

¿Tienes ardor? Tómate este antiácido. ¿Tienes gases? Tómate este comprimido de simeticona. ¿Te sienta mal el ajo? Tómate una sal de frutas después de comer.

El mensaje es:

¿No eres capaz de tragar con esto? Pues tienes que tragar, así que te tomas esto otro para poder comer lo mismo que los demás y ser uno de los nuestros.

El mensaje no es: ¿no te entra esto? Pues no lo comas, busca aquello que sí te sienta bien y come de eso. ¿Por qué? Porque si cambias de alimento te vas por otro camino.

Un hombre se pone las manos sobre la zona abdominal en señal de que le duele el estómago

Tienes que ser uno más

Todo esto es un símil para hablar de los mensajes que recibimos continuamente, en especial en entornos corporativos. Estos mensajes toman un formato de “tienes que”, “debes”, “procura”…

Tienes que ser exactamente como los demás, debes abandonar tus diferencias, procura no dar la nota, tienes que destacar pero siendo igual al resto.

Por ejemplo, los criterios de clasificación de tipos de líder, estilos de aprendizaje o tipos de personalidad primero etiquetan a los individuos a través de un cuestionario para después señalar sus “flaquezas”, que son los rasgos que aparecen destacados en ese cuestionario y que distinguen a esa persona de otras con otros rasgos. Estos criterios dicen a la persona:

Según tus respuestas, eres color amarillo, procura dejar de ser tan amarillo y parecerte un poco más al rojo, el estilo opuesto al tuyo.

Es lo mismo que lo del estómago: no importa cuáles son tus rasgos, tienes que cambiarlos (al rojo le están diciendo que se tiene que parecer un poco más al amarillo).

El objetivo final de no diferenciarse es favorecer la pertenencia (sumisa) al grupo, lo que se llama alinear los objetivos personales con los de la corporación que sea.

No estás bien

La mayoría de las personas, al recibir un bombardeo constante de mensajes “no estás bien” acaba por creerlo. Acaba por justificarse: “Es que a mí no me sienta muy bien el ajo, no debería comerlo, pero bueno, haré una excepción, luego me tomo un antiácido”. Esta justificación es muy bien acogida por el resto.

Nadie que se salga de los criterios comunes de un grupo “está bien” para ese grupo.

Los mensajes “no estás bien” los recibimos desde la infancia y aseguran la pertenencia al grupo. Dejar de pertenecer siendo un niño equivale a la muerte: un niño abandonado en medio de la jungla. Entonces, las intenciones de grupo al señalar “no estás bien” ante conductas no aprobadas son buenas. El resultado es como esa frase:

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

De manera que “Mira Juanito cómo hace caso a su madre y come ajo” acaba por interiorizarse y convertirse en una creencia propia “es bueno comer ajo… y el que no come ajo no es bueno”. A partir de ahí, y hasta que consigamos ser conscientes de cuáles son estas creencias, este mantra forma parte de la persona y le parece lo más razonable.

¿Y quiénes son esos del grupo?

Cuando hablamos del grupo que come ajo parece que hablamos de una personalidad colectiva, global e indistinta. Pues algo así. Cada individuo por separado puede tener sus estar o no estar bien, sus opiniones con respecto al ajo, y al mismo tiempo formar parte de cualquier colectivo.

Este colectivo se comporta como un individuo adicional, englobando en él al resto, un poco arrastrándolos a unos valores y creencias que suelen estar por debajo del nivel consciente. Es casi como una tribu con sus rituales. De pronto los ves ahí, haciendo la fogata, bailando en torno al fuego con unas máscaras.

Los que se dan cuenta

Aunque el grupo se comporte como una sola masa inconsciente, podemos distinguir varios personajes en él.

  • Hay personas a las que el ajo les sienta estupendamente, pueden comerse una cabeza de ajos crudos y quedarse tan a gusto. Estas personas son ejemplo para todos los demás: son los héroes del grupo. Se debate si ser comedor de ajo se nace o se hace, aun así, se estudian las conductas del comedor nato de ajo para extenderlas al resto.
  • Otras personas no tienen tanta suerte, el ajo no les sienta muy bien, pero se esfuerzan. Los que se esfuerzan mucho para encajar en el grupo come ajos suelen ser los que imponen a las nuevas incorporaciones (generaciones) el comer ajo. El esfuerzo está premiado y también se pone como ejemplo a los demás: aunque no te siente bien, debes esforzarte.
  • Por otro lado, hay una serie de personas que se dan cuenta de todo esto y deciden abandonar el grupo para poder “estar bien” fuera de él. Esto es un camino de crecimiento: siempre que te apartas de una tendencia común estás caminando hacia tu propia autonomía, y puede que hacia tu propia soledad.
  • Otras personas también se dan cuenta pero deciden permanecer en el grupo a costa de fingir que les sienta bien el ajo. Saben que no les sienta bien, procuran evitarlo, pero si hay una prueba o ritual de grupo en la que hay que comer ajo, son capaces de comerlo crudo con tal de no mostrar una distonía con el resto. Ya se tomarán después lo que haga falta. Ya son conscientes, pero no son capaces de salir o no les compensa perder los beneficios secundarios de la pertenencia.
  • Finalmente, otro grupo de personas se dan cuenta de cómo son, deciden honrarlo y continúan en el grupo ¡sin comer ajo! ¿Cómo lo hacen? Son capaces de defender su autonomía y permanecer en el grupo, respetando al grupo y al tiempo ganándose el respeto de los demás, que acaba por admitir que “Pepita no come ajo. Sí, es una rareza, pero no la tenemos en cuenta porque… (coopera, colabora, está muy metida en el grupo…)”.

¿Cuál es el camino?

1) Ser consciente

El primer paso para cualquier cambio es ser consciente. Esta conciencia puede nacer al ver una película o leer un libro, puede surgir al reflexionar sobre algo de nuestra vida que no funciona, puede aparecer como una chispa en una conversación con una amiga… Ser consciente es como despertar, es como quitarse unas gafas de sol muy oscuras.

2) Elegir estar bien

Después de ser consciente, es necesario hacer una elección. Elegir que “estás bien”. Que, a pesar de todos los mensajes que recibes y seguirás recibiendo, resulta que tu estómago funciona a la perfección y que simplemente no toleras el ajo y no lo vas a comer, y eso está bien. Para que la elección sea firme, es necesario tener una cierta autoestima, con el fin de que la elección prevalezca sobre cualquier nuevo comentario con respecto a comer ajo.

3) El enfrentamiento

Una vez respetas tu propia elección de “estar bien” llega una fase de batalla campal, sobre todo si has sido una persona que comía ajo sin rechistar. Ahora, de pronto, no quieres. De pronto, decides que estás bien así, sin comer ajo, y que incluso prefieres (¡qué osadía!) tomar jengibre, qué sé yo. Sorprendente. Puede que te echen de algún grupo, sin esperar al siguiente paso por tu parte. A veces, el precio de la propia autonomía puede ser alto.

4) Decidir tu camino

El siguiente paso es volver a decidir; esta vez decides si te quedas en el grupo al tiempo que te haces autónomo o si te vas porque una persona autónoma no puede permanecer en ese grupo.

Si se hace desde la apertura y total aceptación de los demás, estén en la fase que estén, incluso de aquellos que defienden la bondad de comer ajo por encima de todas las cosas, es posible que te permitan continuar en el grupo.

Si se hace desde la negación del resto o la superioridad, surgirá el conflicto y podrán expulsarte sin miramientos.

En cualquier caso, la novedad es la decisión consciente, adulta y autónoma de estar bien en el grupo o fuera de él a pesar de no comer ajo.


Existe una versión algo más larga de este artículo en el boletín en papel de la Asociación Española de Taichi Xin Yi.

¿Y tú? ¿Comes ajos?

Mis cuarenta y cuatro: 2 patitos x 2

Esta semana he cumplido los 2 patitos… 2 veces. Es decir, 44.

Una bañera con cuatro patitos de goma que simbolizan el número 44 = 22 por 2

 

Es posible que me encuentre en la mitad de mi vida, es posible que me queden por vivir tantos años como he vivido, lo cual parece muchísimo, ¡y puede que hasta más!

Las tendencias “abuela Cebolleta” aumentan cuando se es más vieja que la Constitución española del 78. ¿Tanto? Yesssss…

Por otro lado, este blog cumple ya 10 años, y pienso que continuará adelante, es ya como una agradable rutina.

Y mi perra Kira cumple 12, que en términos humanos corresponde a 84: ella sí que es una abuela, con su osteoartritis y con una motivación por la vida que se contagia.

Un golden retriever color canela olisqueando la nieve
Kira en la nieve

Tener o no tener un plan de vida: esa es la cuestión

Cuando era pequeña, para mí existían tres tipos de personas: niños y niñas, señoras y señores y viejos y viejas. Es decir, iguales a mí, iguales a mis padres, iguales a mis abuelos. Por mucho que uno proyecte su vida cuando es pequeño, “de mayor quiero ser…”, no puede imaginarse la cantidad de años para los que no tenía ningún plan y ningún vislumbre. De hecho, parte de mi crisis de los 40 comenzó con la sensación de que ya estaba todo hecho y de que a partir de ahí todo iba a ser una aburrida repetición.

Ahora tengo que decir que cada vez estoy mejor. No cambiaría mi vida de ahora por ninguna etapa de mi pasado. Como decía sobre cumplir años, cada vez estoy más segura de mí misma y de lo que hago, y cada vez están más igualadas mis actividades reales con mis aspiraciones.

Conocerse a sí misma: sabiduría superior (puede que dijera o no Confucio)

Me he quitado un gran peso de encima desde que no trato de demostrar cuánto sé al redactar artículos para este blog. Esto se debe a que cada vez me parece más interesante el conocimiento personal, subjetivo, la verdadera comprensión y toma de conciencia al ir avanzando en la vida que la opinión también personal y subjetiva que puedan tener ciertos autores y que no deja de ser ajena a lo que una misma vive. Aquí estoy de acuerdo con Kris Gage.

Así que también he descubierto que, si bien puede parecerte interesante lo que lees aquí, nada va a transformar tu vida como tu propia experiencia real.

Lo que sí espero es que los lectores aprecien esta escritura más centrada: más sosegada, más fluida, menos forzada.

Todo esto ilustra un punto fundamental que he nombrado: igualar las actividades reales con las aspiraciones. Me preguntaron hace poco qué haría si me tocara el gordo de Navidad. En ese momento me di cuenta de que no tenía ni idea, y de que, cuando trabajaba en oficinas ajenas sí que me dedicaba a fantasear con lo que haría con mucho dinero, tipo dejar todo e irme a viajar, o a vivir cerca de la playa, etc.

Viviendo el día a día, sin más

No se trata de que ya no tenga ilusiones, sino que me siento a gusto con mi vida, suelo pensar a muy corto plazo, porque estoy convencida, como Nassim Taleb, de que no se puede predecir el futuro y de que se pierde un tiempo precioso al proyectar sobre aquello que está fuera de nuestro alcance. Así que disfruto de las pequeñas cosas y a veces se me olvidan los grandes anhelos de antaño.

Tampoco estoy diciendo que haya alcanzado algún estado de iluminación que me ponga por encima de esto; todo lo contrario. De hecho, hay muchas cosas que me molestan, que critico, de las que me quejo. Esas mismas que suelo omitir en este blog porque pienso que no aportan mucho, a pesar de que suelen ser buenas para conseguir seguidores que se quejan de lo mismo.

Felicitaciones varias

Ha sido interesante, como cada año, que me felicite Google. Si además una empresa se toma la molestia de crear un vídeo que te hace sonreír, pues es un gusto compartirlo:

Carátula del vídeo con que ING felicita a sus clientes

Ver vídeo de felicitación

Y quizá lo que he echado de menos han sido las llamadas de felicitación: cercanos, amigos y conocidos me han felicitado por Whatsapp y otras redes sociales, y la única llamada, claro, ha sido de mis padres, cantando el Cumpleaños feliz, porque ellos también son de la generación analógica.

En todo caso, me alegro mucho de celebrar virtual y asíncronamente mi cumpleaños con vosotros/as, y de contar con tantos sufridos lectores. 🙂

¡Gracias por leer!

 

Otro camino para solucionar problemas

He observado que para resolver un problema existen dos caminos:

  1. Mirar al problema, verlo, estudiarlo, reflexionar sobre él, hablar a la gente del problema, describir y detallar el problema, etc.
  2. Hacer otra cosa, en otra área que no tiene relación aparente, y que curiosamente resuelve o minimiza el problema.

Y he llegado a la conclusión de que el número 2 suele ser más eficiente, aunque aparentemente sea una distracción o una pérdida de tiempo.

Una mujer joven reflexiona sobre sus problemas mientras mira unas flores

Ejemplo 1: una persona se queja de su trabajo y lo soluciona ampliando su círculo de amistades

Cuando la persona quiere resolver el problema a la antigua usanza, puede describirlo y detallarlo hasta un nivel alto de complejidad: factores que influyen (jefe, sueldo, contenido del trabajo…) , en qué medida (mucho, poco, nada), por qué este problema también se daría en otro trabajo, qué soluciones están al alcance de la persona y cuáles no…

Cuando la misma persona decide invertir su energía en otra cosa, alguien le habla de una página web donde se unen grupos de personas con intereses comunes. Se apunta, empieza a salir con un grupo de fotografía, que es lo que más le gusta hacer en su tiempo libre, y la carga de atención que tenía en su trabajo disminuye progresivamente, mientras que su tiempo libre es cada vez más enriquecedor.

Ejemplo 2: una persona siente un vacío interior y lo resuelve apuntándose a teatro

La persona de nuestro ejemplo trata primero de resolver el problema de la forma que la lógica le dicta: acude a un grupo de meditación, se apunta a un curso de mindfulness, comienza a estudiar asignaturas de psicología, se compra varios libros de diferentes psicólogos influyentes… En todas estas actividades, reflexiona sobre su vacío interior, lo describe, conecta este vacío con la actividad realizada, encuentra la descripción del vacío interior de otras personas…

Mientras tanto, en su escaso tiempo libre decide apuntarse a teatro o a improvisación. Esta persona se sorprende mucho cuando ve que, mucho de lo que ha trabajado con gran esfuerzo en las otras actividades que ha probado, se trabaja también en esta actividad, y además se divierte bastante más.

Ejemplo 3: una persona piensa que los demás no reparan en ella y se olvida de esta idea bailando

Esta persona tiene una amplia información sobre la multitud de formas en que los demás no reparan en ella: no le escuchan cuando habla, no le responden a los whatsapps, no le devuelven las llamadas, los dependientes parecen querer deshacerse de ella, por la calle nadie la mira…

En su tiempo libre, va a clases de flamenco, y luego lo practica en casa. Y cuando está bailando, le importa muy poco si alguien repara o no en ella, sin embargo, todavía no se ha dado cuenta de este hecho. Solo sabe que cuando baila se siente más grande y más «ella misma».


 

Al final, parece que el secreto es dejar de poner tanta atención en lo que hemos llamado «problema» y empezar a ponerla en actividades enriquecedoras que parecen reducir la importancia y el dramatismo que hemos dado antes a un tema.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Sientes que cuando te dedicas a otra cosa, tus problemas son menores? ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías esta entrada?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

La Mujer Salvaje

Hoy traemos a la Mujer Salvaje, esa parte instintiva animal y femenina que se esconde “allá abajo”, que nace de los ovarios y que, cuando está sana, nos permite vivir la vida con profundidad, sirviéndonos de lo intuitivo, lo sexual y lo cíclico. Es la voz que dice «¡por aquí, por aquí!», o más bien, lo canta.

También se la conoce con otros nombres: La Loba, la que sabe, la huesera, la vieja…

(Seguimos en todo caso a Clarissa Pinkola Estés)

En la imagen aparece una loba, uno de los nombres alternativos de la Mujer Salvaje

No identifico a la Mujer Salvaje en mí

Es posible que tu acceso a esta potencia creativa se haya perdido, pero la Mujer Salvaje nunca muere, simplemente puede estar apartada, arrinconada, escondida en una cueva… esperando a su oportunidad para volver a cantar con su canción única: algo como “decir cuatro verdades”.

El nombre que Clarissa Pinkola Estés ha elegido, “Mujer Salvaje”, busca llamar a la puerta de estas profundidades que se han ido quedando enterradas cuando no las visitamos.

Otra experta en estos temas es Miranda Gray, a quien ya hemos tenido de invitada en este blog hablando de los tabúes alrededor del ciclo menstrual.

En su libro Luna roja, Miranda Gray ahonda en el arquetipo de la Mujer Salvaje describiendo cuáles son sus riquezas en cada fase del ciclo menstrual, un ciclo de Vida/Muerte/Vida que conlleva una serie de sensaciones, vivencias y comportamientos si se deja que nos influya y nos lleve.

Luna roja comienza de una forma muy significativa:

En la sociedad moderna, el ciclo menstrual se experimenta como un fenómeno pasivo del que solo se admite su “aparición”, ya que todo el proceso restante se ignora o bien se oculta.

Cuando se pierden los instintos, cuando nos separamos de nuestros ciclos, ocupan su lugar el trabajo intelectual excesivo, la agresividad, la domesticidad, la inercia o el aburrimiento. Todos ellos son indicadores de que La Loba se ha retirado a su cueva y se nos ha hecho más inaccesible.

Esto puede ocurrir cuando nos enfrentamos a las rigideces de una sociedad demasiado civilizadora, cuando nos dejamos llevar por prohibiciones heredadas en lugar de por permisos que nos abren a más vida o cuando nos acomodamos en la rutina al precio de perder el contacto con lo más espontáneo que llevamos dentro.

La potencia de la Mujer Salvaje

En cambio, cuando una mujer está en la salud y en la vida, es robusta, poderosa, consciente de su propio territorio, plena en su propio cuerpo, con acceso a su creatividad y a sus instintos, en constante movimiento para adaptarse a los cambios constantes.

La Mujer Salvaje es la vida, incluso esa vida que en algunas mujeres es secreta, y que corre como un “río bajo el río” de pensamientos y sentimientos lujuriosos y salvajes.

Uno de los nombres de la Mujer Salvaje es la huesera: ella reúne los huesos que han ido quedando aquí y allá hasta formar un todo, un esqueleto, y entonces canta la canción que lo devolverá a la vida. Los huesos representan la fuerza indestructible. Es una imagen potente: por perdida que esté una facultad, por desconectadas que estemos del arquetipo que mora en nuestro interior, existe una manera de reunir los huesos y devolverles la vida.

La Mujer Salvaje está en contacto con la tierra, le gusta hundir sus manos en la tierra para plantar semillas o trasplantar cepas, o bien para crear una figura; a muchas les gusta pisar la tierra descalzas, en contacto con la Madre Tierra.

El camino hacia la Mujer Salvaje

¿Cuándo se está manifestando la Mujer Salvaje en nosotras? Existen tres caminos para encontrarla:

Creación

Todas las tareas de creación de algo nuevo, especialmente la de tener hijos, son de la Mujer Salvaje. La creación se extiende a las tareas que yo llamo “desestructuradas” por tener componentes descontrolados, de improvisación o inesperados, como bailar, escribir, leer, dibujar, pintar, hacer collage, hacer teatro, cantar, tocar un instrumento, hacer cerámica…

Introspección

Clarissa Pinkola Estés propone una serie de preguntas de reflexión que pueden conducir hacia su poderosa fuerza instintiva a una mujer que se siente como desdibujada. Son estas:

  • ¿Qué ha ocurrido con la voz de mi alma?
  • ¿Cuáles son los huesos enterrados de mi vida?
  • ¿Cuál es mi relación con el Yo instintivo?
  • ¿Cuándo fue la última vez que corrí libremente?
  • ¿Cómo conseguiré que la vida vuelva a cobrar vida?
  • ¿Adónde se fue La Loba?

Relatos

Además, un camino muy rico de información está en los relatos. Los cuentos y relatos que más nos han influido de pequeñas pueden ser muy significativos para explicar la historia “de los huesos” que nos hemos ido dejando enterrados más atrás.

Algunos de los cuentos más estudiados en este sentido son Barba Azul, Las zapatillas rojas, El patito feo, Cenicienta, Blancanieves, Hansel y Grettel… por citar tan solo algunos.

¿Cuál es el tuyo?


Miranda Gray organiza meditaciones del útero con frecuencia. Aquí tienes una página en español sobre el tema.

Una versión más extendida de este artículo se va a publicar en el boletín de la Asociación Española de Taichí Xin Yi.

Normalizar la locura

Hace poco volví a ver Misery, y ahora estoy releyendo este best-seller de Stephen King. Si no conoces la historia (alguien habrá) te aviso de que esto es en parte un spoiler.

Libro Misery de Stephen King sobre una máquina de escribir "Royal", sin la letra N en su teclado.

Bien, estoy como a mitad del libro, cuando el escritor Paul Sheldon se ha adaptado a la vida con Annie Wilkes… Es decir, el escritor, que está preso y sin posibilidad de huida en casa de una paranoica, lo que parece ser que ahora se llama tener un «trastorno delirante«, se ha acostumbrado a vivir con ella. Y la pregunta es: ¿cuántas veces nos acostumbramos a vivir situaciones inadmisibles y nos hacemos a ellas? 

Esto es lo que describe la novela al respecto:

A las cinco, ella le servía una cena ligera y veían M*A*S*H y WKRP en Cincinnati. Cuando terminaban, Paul escribía. Luego, rodaba la silla lentamente hasta la cama. Podía ir más deprisa, pero era mejor que Annie no lo supiera. Ella le oía, entraba y le ayudaba a acostarse. Más medicina y puf, apagado como una luz. Al día siguiente, lo mismo. Y al otro igual. Y al otro.

Parece describir la cotidianidad de un matrimonio que lleva unos cuantos años de pacífica convivencia…

¿Cómo se mide si una situación es normal o no?

Por otro lado, ¿dónde está la franja de lo que deja de ser normal? Cualquiera que conozca la estadística, te dirá: «allá donde se sitúan los fenómenos raros en la campana de Gauss, es decir, a los lados». Y el que no la conozca, te dirá: lo que se aleja demasiado de lo que es «normal».

Esto, que está perfectamente estudiado, puede resultar sin embargo un poco subjetivo, delicado o sujeto a modas…

Si buscas la definición de «delirio«, lees:

En psicopatología se define delirio como una creencia que se vive con una profunda convicción a pesar de que la evidencia demuestra lo contrario.

Es una definición especial: ¿una creencia que se vive con una profunda convicción? ¿Una creencia que no pasa el filtro de la evidencia? Si le damos la vuelta a esto, podríamos pensar que ninguna creencia firme pasa el filtro de la evidencia. Las creencias son casi lo contrario a la realidad, son lo que elegimos ver para protegernos de lo que realmente está sucediendo, son la forma de codificar lo que experimentamos… ¿Quién entonces está libre del delirio?

Personas raras

Un poco más adelante en la novela, lo que podían ser sospechas del escritor secuestrado por su fan número uno se convierte en evidencias, en manifestaciones homicidas del trastorno de Annie Wilkes. Hasta ese momento, podrías pensar que se trata de una persona «rara», o «muy rara», o incluso «realmente rara», sin que llegase a la descripción de un trastorno mental.

Y podrías, como Paul Sheldon, acostumbrarte a sus especiales rutinas, tacos inventados para no decir palabras malsonantes, exigencias, intromisión, maltrato…

Parece del todo posible acostumbrarse a vivir situaciones inadmisibles con «personas raras» y adaptarse a ellas. Me viene a la mente la historia de la rana que está en un recipiente con agua, agua que se va calentando poco a poco y sin que la rana lo perciba, de manera que la rana puede morir cocida sin darse cuenta.

Estas «personas raras» pueden ser tus compañer@s de trabajo, tus jef@s, tus proveedores, tus clientes… Puede ser, sí. ¿Y entonces qué haces?

Pues escribes un novelorrio, El retorno de Misery, de casi 1.000 páginas, aprovechando que esa situación especial te permite bastante tiempo de calma, tranquilidad… y ninguna otra opción. Es como Einstein escribiendo la Teoría de la relatividad en una oficina de patentes. Desde luego, la dificultad agudiza el ingenio.


¿Has leído Misery? ¿Has visto la película? ¿Qué te parece esta historia? ¿Crees que hay «personas raras» a tu alrededor? ¿Te sientes tú mism@ una persona rara? 🙂

No te prepararon para envejecer

Por mucho que te hayan contado, por mucho que hayas visto a tus propios padres envejecer, lo cierto es que no te prepararon para recorrer ese camino. Un buen día te miras al espejo y ves a una señora o a un señor, en lugar de verte a ti. Es impactante.

La forma del cuerpo cambia al envejecer, el abdomen se expande

Hay otras señales más allá del espejo que te van haciendo sospechar: por ejemplo, la edad de los protagonistas de la mayoría de películas clásicas es menor que la tuya. Piénsalo, recuerda Gilda, Irma la dulce, o también Regreso al futuro, Superman… Todos los protagonistas tienen unos veintitantos años, y de pronto te parecen demasiado jóvenes, incluso para resultarte atractivos: lo peor de todo es tener la sensación de que podrían ser tus hijos.

Vas por la calle, y te das cuenta de que los hombres o mujeres que se fijan en ti te parecen muy mayores… y quizá tienen tu misma edad. Ves en ellos lo que quizá no veías tan claro en ti: canas, arrugas, barriguita, lentitud de movimientos…

Quedas con tus amigas y las conversaciones han cambiado de forma radical. Antes eran picantes, graciosas, variadas, y de pronto te haces consciente de que habláis sobre dolencias y achaques, o sobre operaciones de estética, todo es un poco más serio y apagado, y el encuentro acaba mucho antes.

Cambios físicos

Hay muchos elementos que te hacen reconocer que no eres la misma persona. Es como si algunas cosas se superpusieran sobre tu yo real, o bien, como si tu yo real se descolgase o churripringase hacia abajo.

Zara lo sabe muy bien: cuando buscas ropa en su página web, te hacen algunas preguntas que te hacen comprender por qué midiendo y pesando lo mismo ya no te sirve la misma ropa:

La edad influye en la forma del cuerpo

Recuerdo a una profesora de gym jazz que rondaba los 40 y lo decía:

Mi cuerpo ya no es el mismo. Entreno las mismas horas, hago muchísimo ejercicio, pero ya se me descuelga “el músculo de la sal” y noto que mi cuerpo es otro.

Por esto es tan difícil envejecer, por la sensación tipo invasión de los ultracuerpos de estar metido o abducido en un cuerpo que no es el tuyo.

Cambios mentales

Si todo acabara en el cuerpo… Lo cierto es que algo que tampoco te contaron es que tu capacidad mental no va a ser la misma. Es un conocimiento menos extendido, porque estamos acostumbrados a ver intelectuales brillantes en edades más allá de la madurez, como Eduard Punset, Marguerite Duras, José Luis Sampedro o Ana María Matute, por citar algunos.

Con la edad notas más dificultades para realizar cálculos o deducciones lógicas y matemáticas. Además, el alejamiento definitivo de las aulas hace que comprender cualquier información (o simplemente leerla) lleve más tiempo, incluso sin tener en cuenta la presbicia, algo que imaginabas que tendrías a partir de los 55 y que sin embargo aparece a partir de los 40…

Las ventajas de la madurez

A pesar de todo esto, si hablas con personas que hemos pasado de los 40, la mayoría te dirán que prefieren su vida actual a su vida de juventud. ¿Por qué?

Algunas respuestas:

  • Cumplir años, sin más, es positivo. Imagina la alternativa…
  • Tu autoestima es mayor.
  • Tienes una vida más estable, más asentada.
  • Sientes mayor tranquilidad, menos desasosiego.
  • No te dejas llevar tan fácilmente por las pasiones.
  • Tus ambiciones están más alineadas con la realidad y menos con las ilusiones.
  • Dejas de tener que mostrar tus títulos y formación, y tu experiencia habla por ti.
  • Ya no tienes que tomar decisiones vitales sobre tu carrera.
  • En tu vida hay más elementos que merecen la pena, en general tu nueva familia (pareja, hijos/as…).
  • Tus decisiones son más sopesadas y racionales, los riesgos que tomas son más calculados.
  • Tienes una mayor resistencia a circunstancias adversas, porque ya has vivido muchas situaciones de todo tipo.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Cómo llevas tú la madurez? ¿Qué otras ventajas encuentras a cumplir años?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

¿De qué te quejas?

Hace más de un mes leí un tuit de Justin Tarte, y todavía me acuerdo.

El hecho de que recuerde un tuit me hace pensar que es importante y puede servirle a más gente. Este director ejecutivo de recursos humanos escribió:

Las dos cosas de las que la gente se queja más:

  1. De cómo son las cosas.
  2. Del cambio.

(Anónimo)

Podríamos añadir una combinación de ambas: quejarse de que las cosas estén en continuo cambio.

Justin Tarte destaca que la gente se queja de cómo son las cosas y del cambio.

Algunos ejemplos

Nos quejamos de cómo son las cosas:

  • Hace calor, hace más calor, no llueve, ¡qué calor! (en verano).
  • Hace frío, qué frío hace, no soporto el viento, no aguanto la lluvia (en invierno).
  • No quiero madrugar.
  • No me gusta este trabajo.
  • No aguanto a X (X = mi jefe, mi madre/padre, mi hermano/a, la compañera de al lado…)
  • No aguanto a Y (Y = político/a en el poder o en la oposición, artista, famoso/a).

Nos quejamos de los cambios:

  • ¡Con lo a gusto que se está en invierno! (cuando llega el verano).
  • Cambiar la frase de arriba invirtiendo invierno por verano.
  • Con el nuevo horario no puedo ir a la clase de zumba del jueves.
  • Me gusta menos el nuevo trabajo que el anterior, que ya es decir.
  • Ahora, en vez de a X, tengo que aguantar a Z, ¡imagínate!
  • Vaya, así que cambia el partido en el poder… ¡Pues no los puedo ni ver!

De luchar contra a convivir con

Tanto si una persona se queja de cómo son las cosas como si se queja de que las cosas cambien, su actitud es de lucha contra eso que no le guste. Una lucha pasiva, quizá, porque quejarse es no estar en la acción, sino señalando pasivamente algo que no se acepta.

Últimamente me estoy dando cuenta de que es más fácil y agradable vivir si, en lugar de luchar contra lo que no me gusta, me dedico a convivir con ello. Esto puede realizarse cómodamente de la siguiente manera:

  • Hace calor, sí, es verdad, convivo con el calor. Además, tiene una ventaja: puedo ir a la piscina.
  • Hace frío, sí, y normalmente no lo soporto. Al convivir con el frío, estoy usando unos guantes y una bufanda que me encantan.
  • No me gusta madrugar ni el horario. Voy a dar menos importancia a estos factores que vienen dados por el trabajo que hago.
  • He decido convivir con la existencia de X, Y y Z. Estas personas tienen sus propios problemas, quizá les ha tocado vivir a su vez cosas que no soportan o cambios para los que no estaban preparadas. ¿Qué hay en X, Y y Z que me molesta tanto? Quizá me parezco más a ellos de lo que me gustaría… O quizá me gustaría parecerme a ellos y… ¿les tengo cierta envidia? Puede ser. He decidido convivir también con ello.

¿Qué es lo que más te molesta de cómo son las cosas? ¿Qué es lo que más te molesta que cambie? Me encantaría conocer vuestros puntos de vista. ¡Muchas gracias por leer!

Quitarse importancia

Nuestro curso sobre hacer lo común y ser una persona normal y corriente está llegando a su fin, pero aún quedan un par de temas en el tintero. Por si no lo habías notado, el objetivo global del curso «haz lo común» es «quitarse importancia«, primo hermano de «desdramatizar». Estos son los temas que ya hemos tratado:

Es posible que tú seas más como don Quijote que como Sancho Panza. No te preocupes, para eso precisamente tenemos aquí este post.

Portada del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha

Yo soy diferente

Hay seres que sin saber bien por qué se sienten sin raíces en este mundo. Lo que los demás llaman realidad les parece un espejismo, un sueño confuso y a menudo angustioso. Se sienten condenados a vivir en este mundo como si se tratara de un exilio en tierra hostil. Con nostalgia incurable añoran otra realidad que creen recordar como una patria lejana, sin poder formular nada concreto sobre ella.

¿Te sientes identificado/a? Este texto es del cuento La leyenda de Indicavía, dentro del libro de cuentos La prisión de la libertad, de Michael Ende.

Puede que, como a Jerónimo en este cuento, te parezca que estás en un mundo extraño, ajeno a ti, y que deberías estar en otro, que es el real. La mayoría de las personas se sienten diferentes (y mejores) y la mayoría de las personas son muy iguales entre sí. Podemos sacar estadísticas de todo tipo en las que hay unos valores medios, unas desviaciones respecto a esos valores y unos atípicos, que son los casos fuera de lo común.

Por muy especial que sea una persona, no deja de ser una persona. No hay una persona tan especial tan especial tan especial que sea un dios. Como mucho, podemos decir que es un héroe o una heroína, según sus hazañas.

Quitarse importancia

La modestia es una virtud del ya nombrado en este curso Rafa Nadal, una persona de la que podemos aprender cómo quitarse importancia. Él valora sus grandes hazañas en su justa medida o por debajo de lo que debería.

Es cierto que la autoestima es muy importante para salir adelante en este mundo, y también es cierto que cada vez hay más personas en él, con más acceso a los recursos y a la educación, lo que da como resultado más personas más o menos brillantes, que a su vez lleva a menos personas que destaquen por encima de los demás. En otras palabras, la autoestima no te salva de la dura comparación con los otros miles de millones de humanos.

A los grandes autores, artistas, etc. de antes les habría costado mucho abrirse paso en el mundo actual, donde no es que el de al lado sepa leer y escribir, es que tiene dos másteres y habla tres idiomas. A veces me imagino algunas de las grandes obras universales de los griegos, o de las que tuvimos que leer en el instituto, ahogada en este maremágnum de personas tratando de destacar con sus propias creaciones.

Yo soy como todo el mundo

Tal vez tu caso sea el contrario, en lugar de sentirte como Jerónimo, el niño del cuento que se sentía en tierra hostil, te sientes como pez en el agua siguiendo la corriente. Entonces, es probable que dediques tu tiempo a, como todo el mundo, tratar de recibir caricias (likes) virtuales al publicar auto fotos (selfies) muy semejantes a las de la mayoría. Acaso lo fundamental sea no sentirse obligado/a a publicar fotos semejantes a las de la mayoría, o visitar las redes sociales que visita la mayoría, para seguir siendo igual que la mayoría.

Desdramatizar

Por último, quitar hierro a nuestros propios asuntos es un reto que proponemos desde el curso «haz lo común». Lo cierto es que el drama está a la orden del día: es una buena forma de hacer que nuestro tema destaque un poco por encima del resto. Estamos deseando compartir dramas de todo tipo. Cuanto más nos obsesionamos con estos dramas, más grandes se hacen. Es curioso, pero si una persona afirma que cuando va por la calle le miran mal y con odio, por alguna razón acaba recibiendo ese tipo de miradas.


En conclusión, cada uno sale adelante como puede, va haciendo aquello que considera que toca, y a veces logra unos «likes» de aliento para continuar su camino. El mundo de hoy día no permite mucho más, y elevarse sobre la media te convierte en un atípico, cada vez menos probable, un bicho raro de la estadística, y que sigue siendo una persona más, como decíamos.

Haz lo común

«Haz lo común» no es el mensaje que recibes desde que tienes uso de razón. El mensaje que recibes es:

Haz lo extraordinario

Se trata de destacar. Hay mucha competencia ahí fuera, ¿qué es lo que te distingue de los demás? ¿Por qué te vamos a contratar a ti y no a otra persona?

Bien, pues hacer lo extraordinario es fuente de todo tipo de desdichas.

Estos mensajes empiezan realmente antes de tener que incorporarte al mercado laboral, empiezan de pequeños. Puede que de pequeño entrases en competición con los de tu clase, con tus hermanos o con el mundo.

Si además eres como yo, con un tipo de personalidad menos frecuente de lo habitual, en mi caso INFJ, tienes más papeletas para pensar que estás destinado a ser alguien especial en el mundo.

La mentalidad de la escasez

La competitividad se enmarca en una mentalidad de la escasez: no hay para todos, por lo que has de luchar. En las empresas, el mensaje es el mismo, o te diferencias por calidad o te diferencias por precio. Y ahora que cada uno de nosotros es una empresa (un emprendedor), pues necesitamos que algo nos haga extraordinarios.

Otro mensaje que se mueve en la sociedad y en línea con el anterior es que debemos estar en mejora continua, por siempre, no hay final. Las empresas siempre tienen que crecer, los individuos siempre tienen que perfeccionarse, ya no te puedes relajar ni acomodar a ninguna edad, simplemente debes tratar de ser mejor (no eres lo suficientemente bueno).

Foto de Rafael Nadal
«Foto de DAVID ILIFF. Licencia: CC-BY-SA 3.0»

El ejemplo clásico, y toda mi admiración para él, es Rafa Nadal. No en pocos cursos sobre liderazgo para directivos se pone como ejemplo a Nadal. Lo que pasa es que Nadal es una persona extraordinaria, fuera de lo común, fuera de «la normal» estadística. Por eso es el número uno y por eso solo hay un Nadal. En términos estadísticos, es un atípico.

¿Demasiado talento?

Existe un problema hoy en día: el mundo se ha hecho muy grande, está muy lleno de gente muy extraordinaria, y como el talento rebosa por todas partes, destacar (ser un atípico) es todavía más difícil. Esto hace que tu gota de originalidad, creatividad, ingenio y diferenciación caiga en el piélago del mundo digital y desaparezca. ¿Y entonces qué haces?

Hay dos opciones: aceptar que tu «yoidad» (como decían en una película) es tan exótica como la de cualquier otro y seguir con tu vida, o bien seguir dándole vueltas y buscando las formas de ser diferente.

En El centro se distingue por su levedad, Bert Hellinger cuenta la historia del gran Orfeo, famoso y desdichado, y el pequeño Orfeo, desconocido, con una vida corriente pero que murió «viejo y saciado de vida». Ambos se dedicaban a la música, el gran Orfeo atrayendo masas y el pequeño Orfeo cantando con su guitarra en pequeños bares. Algo así.

Hay más historias en este mismo libro, todas ilustran la idea de que la felicidad es paradójica, y a veces está en un sitio diferente a aquél en que estamos buscando.


Te deseo un fin de semana común, en el que no necesites crear una imagen de éxito para las redes sociales y las aplicaciones de ligar, en la que tengas que aparecer escalando, esquiando, buceando, en Nepal, en la muralla china, en un bazar árabe, sobre un camello, en fin, algo un poco más ordinario.