La casa del ermitaño

Ya os he hablado de La poética del espacio, de Gaston Bachelard, un libro lleno de imágenes, tesoros, recovecos, secretos… En él, Bachelard muestra interés por los espacios en los que hemos estado en soledad, tanto si la hemos disfrutado como si la hemos sufrido.

El habitante del refugio, de la choza, es un ermitaño, un solitario que vive su casa como un nido en el que agazaparse.

La cabaña es la soledad centrada, la extrema soledad ante Dios.

De pronto, lo que era una simple caja superpuesta en un edificio impersonal, se convierte en la cabaña de un ermitaño en la que puede centrarse y ahondar en su soledad. De esta manera, quien se acurruca en ella puede preferir que haga frío fuera, que haya un «invierno ruso», para poder sentir el refugio que supone su hogar.

Tenemos calor porque hace frío fuera.

Es interesante que en inglés cabaña se dice cabin, que es también cabina, camarote, barraca… La cabina evoca imágenes de un espacio más reducido aún.

Cabaña con luz encendida en un bosque nevado al anochecer

Fósiles de duración

Dentro del espacio de la casa, el tiempo se para. Es un «tiempo suspenso» que invita al ahondamiento psicológico y a las narraciones cercanas al sueño.

Bachelard se pregunta por qué nos saciamos tan pronto de la dicha de habitar, por qué no hacemos durar las horas en la casa, por qué no nos levantamos cada día sintiéndonos Robinson Crusoe, reinventando la casa a través de sus objetos, conectando el pasado con el día a día. Es como una búsqueda del tesoro en la que, cada día, al mirar los mismos objetos, libros, adornos, relojes, cofres, fotos…, arrojamos sobre ellos una luz nueva y logramos verlos como por primera vez.

Estos objetos que vienen de tan atrás están engarzados en «bellos fósiles de duración», concretados por largas estancias. El inconsciente está felizmente instalado en este tiempo suspenso de horas infinitas, las que se adhieren a cada objeto convirtiendo la casa en una especie de museo arqueológico que vuelve a la vida cuando prestamos atención.

La ensoñación que da vida a los objetos

Y aquí entran los rincones de los que hablábamos anteriormente.

En un espacio como el rincón, podemos dejar pasar las horas sin hacer más que observar los objetos, tal vez imaginar sus vivencias, o incluso imaginar lo que el objeto pensaría de nosotros. Este es el campo que interesa a Bachelard, el de la ensoñación, el de la imagen creada por la mente en contraposición con la imagen real del espacio: ¿quién preferiría ver el plano real del cuarto de El cuervo a imaginarlo?

La vivencia desde el rincón es mucho más grande que el rincón mismo. Porque el rincón nos iguala: si nos situamos en esa esquina o «caja abierta», el espacio que ocupamos es el que define el refugio improvisado, que más parece un nido que una estancia completa.

La necesidad de contacto humano

A pesar de todos estos entretenimientos mentales, estas ensoñaciones que conllevan horas de ensimismamiento, el ermitaño vive en soledad, y a veces necesita ver a sus semejantes.

Hay muchas personas solas, dentro de su casa-como-celda. Ya escribí sobre ello cuando observaba a una vecina del barrio sentarse en un banco a diez pasos de su casa, vecina que ahora tendrá que permanecer sentada dentro. O cuando describí los eufemismos que giran en torno a los singles y sus actividades.

Muchos ermitaños ya vivían la mayor parte de sus días con «distancia social». Simplemente, no tenía nombre. Para trascenderla, hacían actividades en las que poder relacionarse, manteniendo grupos de amistades y tal vez teniendo pareja. Ahora esto no es posible, de manera que no se equilibra la vivencia fundamentalmente introvertida del ermitaño en su choza.

Así, cuando se habla de las medidas de desconfinamiento, pienso, no ya en el espacio que habitamos, sino en la forma en que lo hacemos, algunos en soledad, otros «excesivamente» acompañados.

No es posible no estar donde se está. Parece de perogrullo, pero es otra forma de decir que solo puedes estar aquí ahora. Aun así, si ocupas plenamente tu rincón y le das vida a los objetos que te acompañan, ampliarás tu experiencia y será menos dura.


¿Cuál es tu caso? ¿Tienes un rincón en el que te gusta acurrucarte? ¿Has reparado en los objetos que forman parte de tu vida?

Gracias por leer y por dejar comentarios 🙂

La casa como refugio, como celda

Cuando en el post anterior hablaba de la rutina, mencioné La poética del espacio, de Gaston Bachelard. Es un libro perfecto para leer en el refugio de una casa, porque es precisamente de lo que habla, de la propia casa y sus desvanes, sótanos, rincones, armarios, cofres… Como imágenes que perviven en nuestro inconsciente. La representación de una casa es una imagen que todos compartimos:

Logotipo de Quédate en casa del grupo A3, con el icono de una casa
Si nos piden dibujar una casa, pondremos tejado y chimenea, sin embargo, no se parecerá mucho a nuestra verdadera casa.

La casa como refugio

Cuando leí este libro por primera vez, vivía en un espacio en el que estaba a gusto. Mis sensaciones sobre aquel hogar iban en línea con las de Bachelard.

Cuando he retomado el libro ahora, lo que más me ha llamado la atención es que el autor habla de «espacio feliz«:

En este libro se examinan las imágenes del espacio feliz, espacios defendidos contra fuerzas adversas, espacios vividos, imágenes que atraen: la poética de la casa.

Según avanzaba en la lectura, el contraste entre mis sensaciones y las descritas por Bachelard iba en aumento. El autor describe la casa como un espacio de intimidad protegida, y el habitar como el germen de la felicidad central.

En contraste, fuera de la casa está el espacio de la hostilidad. Por tanto, la casa es un lugar de protección.

Yo soy el espacio donde estoy. – Noël Arnaud

En este espacio que somos porque lo ocupamos, podemos felizmente revivir un paseo por un camino, de tal manera que el recuerdo del sendero sirve de ejercicio. Esta forma de expresarse de Gaston Bachelard podría hacernos pensar que tampoco salía demasiado y que, cuando salía, su ejercicio físico se limitaba a dar largos paseos por el campo. Parece que aprecia más recordar haber paseado que dar el paseo mismo, hasta que dice:

El paseo es el símbolo de la vida activa y variada.

La libertad de movimiento que ahora nos falta es ese paseo de la vida activa, y puede compensarse con la vivencia de un hogar feliz y acogedor.

Espacio de trabajo reconvertido en gimnasio, al girar la pantalla del ordenador
Cómo reconvertir el espacio de trabajo en gimnasio en unos segundos.

La casa como celda

Llegué a otra explicación que en la primera lectura no me llamó la atención y que me ayudó a entender las descripciones de espacio confortable. Y es que, según Bachelard,

Los habitantes de la gran ciudad viven en cajas superpuestas, en una especie de lugar geométrico, un agujero convencional.

Todo me cuadró cuando vi «cajas superpuestas». Toda la explicación de la verticalidad de la casa en el eje sótano-desván no aplica cuando la casa no es más que una caja rodeada de otras cajas en un edificio, en la que probablemente nuestra intimidad se vea invadida por ruidos de los vecinos, que nos llegan quizá por la débil construcción de los muros.

Tampoco aplica la cosmicidad que rodea a una casa integrada en la naturaleza, que «conoce los dramas del universo».

Cuando se habla de las medidas de desconfinamiento, no dejo de pensar en los espacios que habitamos y cómo es más complicado ser paciente en un espacio angosto y oscuro.

Muchos habitamos el espacio que podemos, no el que queremos. Unas personas están en su chalet, con su jardín, su patio, zonas a las que pueden salir las horas que quieran a tomar el sol y el aire, jugar con sus hijos, leer… Otras personas están en un lugar muy reducido sin luz natural, teniendo que mover los muebles cada vez que quieren hacer un poco de ejercicio o, simplemente, teletrabajar. Y entre ambos casos, una amplia gama.

La casa se vive como celda cuando sentimos que en ella no está todo aquello que necesitamos, sea o no cierto. 


¿Y tú, cómo vives tu casa? En estos días en que suponemos que el virus está fuera, ¿sientes tu casa como un refugio, como un espacio feliz en que estás a salvo? O por el contrario, ¿sientes que estás atrapado/a entre sus paredes?

Gracias por leer y por comentar. 🙂

Homenaje a la rutina

La rutina, ¿recordáis?, es lo que siempre queríamos dejar atrás. La expresión utilizada era:

Escapa de la rutina.

Y luego nos vendían un coche. O cualquier otro producto.

Sin embargo, cuando nos han quitado la rutina, nos hemos desorientado por completo.

Ha habido largas semanas en las que tratábamos de adaptarnos a la nueva situación. El ¿quién se ha llevado mi queso? ha sido el motor de la búsqueda por los laberintos.

Después, poco a poco, hemos encontrado rutinas y citas diarias que nos han ayudado a estructurar el tiempo. Los expertos las aconsejan. Se nos dice que es mejor tener una rutina diaria y, curiosamente, nadie se plantea «escapar de la rutina», sino que la reacción ha sido buscar la rutina y mantenerla.

Esta es la enorme capacidad adaptativa del ser humano: parece que ahora hasta nos sentimos cómodos/as en la nueva situación, «inexperimentada» (tomo esta palabra de Emilio Lledó, perfecta para describir la situación).

Expertos en confinamiento

Antes he dicho que los expertos aconsejan las rutinas diarias. Me gustaría conocer la composición del grupo de expertos: quién lo dice, cuál es su experiencia, por qué lo contrario de la rutina no sería aconsejable…

Quizá los mejores expertos en cuanto a encierro son los presos, o las personas que tienen que vivir en aislamiento por algún motivo.

Fotograma de la película Cadena perpetua, en la que los presos parecen estar habituados a la rutina de la cárcel
Fuente: https://vandal.elespanol.com/noticia/r4749/cadena-perpetua-no-se-podria-haber-hecho-hoy-en-dia-dice-frank-darabont

La evocación de los presos me trae el recuerdo de frases de la película Cadena perpetua, como «lo único que tenemos es tiempo» o cuando dicen del que se ha adaptado por completo a la cárcel, hasta el punto de no poder vivir fuera de ella, «se ha institucionalizado«.

Otro ejemplo de aislamiento son los científicos que están a solas en una base en lugares remotos como el Polo Norte, o personas como Roberto Saviano, a quien Iñaki Gabilondo entrevistó el pasado jueves en Volver para ser otros. Roberto Saviano es un periodista perseguido por la camorra por haber revelado sus actividades en distintos libros y artículos. Está amenazado de muerte y va con escolta desde los 26 años; ahora tiene 40.

El propio Saviano afirma que ha aprendido de las personas encarceladas y de las que están postradas en una cama. Y sus conclusiones son que (parafraseando a Saviano):

Lo mejor para vivir confinado, aislado, es tener una rutina exactamente igual cada día, estar disciplinado a esa rutina como forma de medir el tiempo, de estructurarlo y de pasarlo.

Encuentra tu rincón

Roberto Saviano también nos recomienda encontrar nuestro propio rincón, hacer nuestro un espacio para vivir la casa de forma profunda, no como estando de vacaciones, sino buscando una comodidad que nos puede aportar paz. Esto me ha recordado a uno de los libros que he retomado estos días, La poética del espacio de Gaston Bachelard.

Según Bachelard, el rincón es ese espacio reducido donde nos gusta acurrucarnos, agazaparnos. Es como el germen de la habitación o de la casa. Nos dice:

El rincón «vivido» restringe la vida, la oculta, es una negación del universo.

Este refugio a modo de caparazón parece adaptarse a la restricción impuesta desde fuera: si tengo que permanecer en este espacio llamado casa, puedo a mi vez recogerme  en un espacio aún más restringido, más íntimo, que será mi rincón.

La libertad es movimiento

Siendo esta situación un «Atrapados en el espacio (de mi casa)», parece que las rutinas son las que ayudan a trascender ese espacio, especialmente cuando conllevan una relación con otras personas a través del teléfono y las distintas redes sociales, o bien cuando se trata de meditar y evadir la mente.

Sin embargo, Roberto Saviano comentaba en la entrevista antes citada que la libertad es movimiento. Deseamos salir y movernos libremente, esa es una esperanza lícita, que sin embargo mantenemos enfriada de todas las maneras posibles.

Gracias a la creación de nuestros pequeños rincones, la práctica de ejercicio que quepa en nuestro espacio, y el vivir con plenitud y confianza el momento presente, podemos aparcar el fuerte deseo de libertad a través del movimiento.

Gracias a la rutina

A pesar de que lo más creativo es responder a cada momento a lo que está sucediendo, y estar en la acción y en lo que se necesita, lo cierto es que tenemos que dar gracias a la rutina, que nos permite apoyarnos en ella y estar cómodos en nuestros rincones, en nuestros espacios, en nuestro día a día.

Así, sentimos que hay menos incertidumbres y que dejamos de ir a ciegas. Por ello, este homenaje a nuestra amiga la rutina.


Aquí puedes ver la entrevista completa a Roberto Saviano:

En casa… separados se escribe junto

En casa, como la mayoría… Buscando formas de pasar el tiempo.

A cada uno de nosotros/as nos ha pillado esto de una forma: solos o acompañados, con trabajo o sin trabajo, o con cambios radicales en el ritmo de actividad hacia el exceso o hacia el defecto.

«Cualquier cosa» mejor que si lo que nos toca es pasar por el hospital o si las consecuencias son fatales, para nosotros o los más allegados.

Quería recoger aquí algunas iniciativas que me han ido llegando para pasar el tiempo y comunicarse con los demás.

Comparte tu canción preferida

Un compañero mío de teatro escribió hace dos días en el grupo de whatsapp el siguiente mensaje:

No sé si recordaréis el programa de radio, «peticiones del oyente». Se dedicaban canciones a amigos y familiares en fechas señaladas. ¿Qué os parece si seguimos el hilo y cuando tod@s hayamos puesto una canción, votamos y elegimos la canción del día? Es una pequeña aportación para hacer más llevadero el confinamiento.

Y compartió una primera canción. A partir de ese momento, he podido conocer muchos artistas, canciones y vídeos que ignoraba y paso un buen rato escuchando las canciones, algunas de ellas muy emocionantes. Al final del día votamos las 3 que más nos han gustado y al día siguiente se listan los 3 ganadores.

He pedido permiso a este compañero para compartir su iniciativa. Desde entonces, funciona con éxito en otros dos grupos numerosos. Os animo a replicarla en vuestros grupos de whatsapp de gente cercana. 🙂

Tocando música para los demás

Desde hace días, los artistas se han volcado con el «quédate en casa» y comparten música que graban en casa, incluso entre varios.

Quería compartir esta canción de mi amigo Miguel Vigil, un artista de la música y de la letra. Me quedo con su «separados se escribe junto» que tan intensamente se siente estos días:

También he recibido esta otra canción en grupo que me ha parecido muy chula:

Hacer ejercicio

Se han compartido muchos vídeos y herramientas para seguir haciendo ejercicio en casa. No podemos pasear ni correr, quizá no tenemos en casa una bici estática, pero podemos mantenernos en forma. Yo me decanto por el baile, un tipo de ejercicio que me sube el ánimo, ya que combina escuchar música con mover el esqueleto.

Por poner algún ejemplo, aquí va un vídeo con coreografía tipo zumba pero fácil:

Hacer un curso… o continuar las actividades

Una amiga mía tiene un negocio de Tai Chi, yoga, etc. Hemos hablado sobre cómo podía continuar la actividad. A la idea de grabarse en vídeo y de tener un canal en YouTube, se añadió que los alumnos/as se graben haciendo el nuevo movimiento que les enseñe, con el fin de poder corregirlo.

Otras amigas tienen una escuela de artes escénicas. También hemos hablado de formas de verse en grupos grandes, como Google Hangouts o Skype, y se han decidido por esta última. La idea es reunirse con los alumn@s, trabajar el personaje que tiene cada uno asignado, etc.

Si lo que te ha tocado es poca actividad laboral y/o soledad, puedes apuntarte a uno de los cientos de miles de cursos gratuitos que hay online. He recibido este enlace de Fundación Telefónica y me he matriculado en este curso de Telefónica Educación Digital que juraría que gestionó un antiguo compañero de trabajo en esta empresa que ahora está en venta.

El curso dura 8 semanas. Incluso si estudio 2 módulos por semana, tengo para un mes de curso. Y así puedes estar hasta el infinito. Ya digo: la oferta es muy amplia, hay cursos muy buenos (como este) y sirve para pasar el rato y desconectar un poco del teléfono.


¿Cuál es tu forma de pasar el rato? ¿Cómo prefieres comunicarte? Comentarios siempre bienvenidos, y más en esta época.

El éxito de los que fracasaron

Es bastante curioso: existen muchos libros que venden la fórmula del éxito. Incluso mucha formación está orientada a que tengamos éxito. En estos materiales, aparecen ejemplos de personas y empresas que han tenido éxito con ideas novedosas, con inversión en innovación, con su anticipación a los mercados, etc.

Sin embargo, parece que nadie se dedica a explicar el éxito de los que fracasaron en vida, a explicar por qué estudiamos las obras de los artistas que en vida eran casi vagabundos, llevando vidas sórdidas que acabaron en suicidio o sufriendo trastornos mentales que por momentos les incapacitaban.

Algunos de estos fracasados con éxito post mortem pertenecen al club de marcianos que inauguré en un post anterior, por ello les resultó especialmente difícil en vida vender sus ideas, vivir de su creatividad, hacer valer sus obras.

Otros fracasados no tuvieron el éxito suficiente como para que ahora se les recuerde, lo más probable es que se pierdan en el olvido, a menos que alguien muestre interés por contar sus vidas…

El loco del pelo rojo

Retrato de Vincent Van Gogh

Vincent van Gogh es uno de estos fracasados. A pesar de su forma inusual, novedosa y bella de expresión plástica, aquel loco apasionado no pudo ni imaginar lo que se valorarían sus pinturas más adelante.

Un hombre obsesionado con plasmar la luz del sol, la acción de trabajar en el campo, el movimiento del viento en los trigales, que trabajó intensamente cuadro tras cuadro. Recomendaría ver aquí la película El loco del pelo rojo, un gran homenaje a este pintor, estéticamente trabajada. ¿Alguien utiliza a van Gogh como ejemplo de éxito? Parece que no. Lo que hizo en vida no le sirvió de mucho.

Vincent llevaba el nombre de un hermano que nació un año antes que él y murió de forma prematura. Tal como dice el tomo «Vincent van Gogh y la melancolía» de la colección This is Art  de El País,

…el segundo Vincent llegó al mundo con esa lápida sobre el pecho, la piedra de su melancolía. Los padres no se lo pusieron fácil: le hicieron sentir que era una copia y no el original, un sustituto imperfecto.

SIVAINVI (VALIS)

Fotografía de Philip K. Dick

Philip K. Dick tuvo reconocimiento en vida: fue admirado tanto por autores coetáneos de ciencia ficción (por ejemplo, Robert A. Heinlein) como premiado numerosas veces y publicado en distintas revistas. Su producción fue vasta, tanto en novelas como en relatos cortos.

Sin embargo, no conseguía salir adelante, vivió con dificultades económicas y necesitando ayuda toda su vida. Además, comparte con Van Gogh el caminar por el filo entre la cordura y la locura, tenía visiones y posiblemente brotes psicóticos. Como podéis leer en el completo artículo de Wikipedia:

Dick aceptó estas visiones como reales, buscando otras explicaciones racionales y religiosas, creyendo que había establecido contacto con una entidad divina de algún tipo, a la que se refería como Cebra, Dios, o más frecuentemente SIVAINVI. SIVAINVI es el acrónimo de SIstema de VAsta INteligencia VIva (en inglés VALIS: Vast Active Living Intelligence System).

Ahora, todos conocemos sus historias por las adaptaciones cinematográficas que se han hecho de ellas, por ejemplo, Blade Runner, adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? o Desafío total, adaptación de Podemos recordarlo por usted al por mayor, por citar las más conocidas.

¿Se sabe si en alguna escuela de negocios o en algún libro sobre el éxito se pone como ejemplo a Philip K. Dick? Parece dudoso.

Este escritor comparte con van Gogh la carga de un hermano muerto, en este caso, el fallecimiento de su hermana melliza a las pocas semanas de nacer.

The Biograph Girl

Florence Lawrence en su coche

Florence Lawrence fue una actriz de cine mudo que comenzó su vida artística de niña, actuando junto a su madre. Tuvo mucho éxito y se la conoce como la primera actriz de la que se supo su nombre (hasta entonces, los actores no aparecían en los títulos de crédito).

Fue una mujer entusiasmada con la mecánica. En 1912 se compró un automóvil, algo bastante peculiar para una mujer de esa época. Florence inventó un mecanismo que funcionaba como una señal de intermitente. Al apretar un botón, se levantaba o bajaba una bandera en el parachoques trasero, indicando la dirección. Además, también desarrolló un invento para avisar a los motoristas de un stop próximo. Al pisar el freno, aparecía una pequeña señal que decía “Stop” en la parte trasera del coche. Además de esto, inventó el primer limpiaparabrisas eléctrico, que se comercializó en 1917. No fue hasta 1925 que se patentó algo parecido al invento de Florence.

Si ahora sabemos esto es porque se ha escrito sobre ello, pero es probable que en su época el hecho del invento pasase bastante desapercibido.

Su historia no acabó bien… Tras un accidente de trabajo, quedó desfigurada y con la espalda rota. Le empezó a ser más difícil trabajar, ya no le daban papeles protagonistas. En su vida personal, fue enlazando matrimonios desastrosos y empezó a sufrir de una enfermedad de los huesos. Acabó suicidándose.

El caso 112

Fotografía de Rosa Pérez Lema, también fue conocida como Rosita Lerma

En 1991 vi un documental sobre una vagabunda que había muerto al caer por las escaleras del metro y que había sido actriz cuando era joven. La historia me dejó muy impactada. He logrado localizar este documental sobre Rosa Pérez Lema y recomiendo encarecidamente que lo veáis, porque ilustra a la perfección la vida de una persona que parece triunfar y que luego se hunde en el fracaso más absoluto.

Rosa Pérez Lema comparte algunos hechos biográficos con Florence Lawrence. Como ella, procede de una familia artística, en este caso, acróbatas de circo, por lo que muy temprano aparece ya en espectáculos.

Si ves el documental, observarás que ella lo intentó una y otra vez, como actriz y después como rejoneadora, ella quiere triunfar, se lo cuenta a todo el mundo, llega a compartir foto con Francisco Rabal o con El Cordobés

112 es el número de la tumba de persona no identificada en la que fue enterrada hasta que aquel equipo de televisión se interesó en saber más sobre ella, en una investigación ardua y profunda.

¿Cuántos de estos fracasados con éxito habrá a nuestro alrededor?

No sabemos nada. Están ocultos. Puede que tengan un cierto éxito, no vamos a negar que van Gogh vendió algunos cuadros, que Phillip K. Dick ganó varios premios y publicaba regularmente, que Florence Lawrence hizo más de 300 películas y llegó a tener mucho dinero, que Rosita Lerma destacó como rejoneadora…

Pero, ¿quién sabe dónde están ahora las personas como ellos? ¿Saben ellos/ellas que podrían ser especiales para generaciones futuras? ¿Cómo vivirán el fracaso? ¿Intuirán la genialidad de su obra, de sus inventos, y verán cómo no les es posible persuadir a casi nadie de su importancia?

Si siguen estas trayectorias atormentadas y horribles, seguiremos sin saber nada, solo algunos privilegiados estarán cerca de sus capacidades, y serán otras generaciones las que los descubran. Son como los cisnes negros, fenómenos atípicos que no se pueden predecir…

Los ricos también lloran

Se ven dos embarcaciones de recreo, probablemente de ricos... que también lloran

Siempre puede haber alguien a quien le vaya peor que a ti. Se tenga el problema que se tenga, no estamos solos, los que nos rodean tienen problemas iguales o mucho peores. A esto lo llamo yo «los ricos también lloran», que para mí significa que no importa lo bien que te vaya en la vida (salud, dinero, amor, trabajo), algo te puede caer en cualquier momento que empañe tu felicidad.

Relativizar

Lo mejor: relativizar, desdramatizar, quitar hierro al asunto. Lo que nos pasa a cada uno de nosotros es común a lo que le pasa a otros. Cuando nos ensimismamos en nuestro propio ombligo se nos olvida el sufrimiento ajeno. Conocerlo y tener compasión por los demás ayuda bastante a relativizar nuestros propios problemas, que al final resulta que no son tan graves… O que, si lo son, tienen cierto consuelo en compartirlos.

Cuando te apetece quejarte

Si lo que necesitas es quejarte, plantea tu problema en un grupo. Espera las respuestas. Seguramente escucharás muchas desgracias que harán tu problema mucho más pequeño y te ayudarán a olvidar la queja por un tiempo.

Lo cierto es que, sea lo que sea aquello de lo que te quieras quejar, siempre encontrarás a alguien al que le ocurre algo mucho peor. Los lugares habituales para encontrar quejas peores que las tuyas son la oficina, la puerta del colegio, el gimnasio o las actividades de ocio.

Es como el mus

Lo cierto es que compartir quejas puede convertirse en un juego al que juega la gente adulta, que quizá esté descrito por Eric Berne.

Parece el mus.

Tras la ronda de descarte, se empieza a envidar a la grande. La grande son por ejemplo enfermedades crónicas, no tener trabajo, perder a la pareja, estar en quiebra.

Luego se envida a la chica. La chica es tener una uña rota o un padrastro, tener un constipado, haberse tenido que duchar con agua fría porque no había gas, etc.

Pares puede ser un juego de padres: cuántos hijos tienes (pareja, trío…), qué problemas tienes con cada uno, con sus colegios, con sus profesores, con sus actividades…

Y el órdago es cuando uno de los jugadores de pronto suelta una bomba. Están todos jugando a grande, o a chica, y de pronto un jugador dice: «con metástasis». O dice «y se murió». O peor aún: «se mató».

Por si hay dudas, este es el espíritu

 

O este:


Fuera ya de la descripción del juego, en la que he querido ser un poco irónica a la manera de Berne, lo cierto es que compartir nuestros problemas ayuda a ponerlos en su sitio, a conocer y comprender problemas mayores y a sentirse escuchado/a y acogido/a.

(*)Me ha faltado encontrar un símil para «juego» en el mus, para sumar 31 con las cartas. Sería algo que acumule puntos… O quizá las cosas que se me han ocurrido son oscuras y he decidido no compartirlas.

Misión: vivir tu vida

Esa es la misión, parece simple: vivir tu vida.

Pero ojo, no pone «vivir la vida» sino «vivir tu vida». ¿Por qué?

Por que de «vivir la vida» se pasa fácilmente a «disfrutar de la vida» y de ahí a «divertirse en la vida».

No es que vivir tu vida no implique disfrutar y divertirse.

Es que en tu vida hay situaciones y personas que no tienen nada que ver con disfrutar y divertirse porque son difíciles y no te gustan.

Vivir tu vida plenamente es ir experimentando todo lo que te va llegando, o «te toca», o «aparece en tu camino», todo es lo bueno y lo malo. ¿Bueno y malo? Muchas veces no son más que etiquetas, ¿cómo determinamos que algo es bueno o algo es malo?

En cualquier caso, la misión es bastante más difícil de lo que a priori parecía, aunque no imposible.

Un camino en un bosque que implica cruzar un puente

¿Qué ocurre cuando no quieres vivir lo que te toca?

Por ejemplo, no quieres ni ver a una persona con la que te toca interactuar, sea tu jefe o jefa, sea un familiar, sea alguien en un grupo de amistades o de aficiones… Y lo que observas es que esa persona es demasiado visible, siempre está ahí, cuando menos la soportas más la ves, más chocas con ella.

Incluso si la persona es un personaje público con quien no interactúas pero que aparece en la tele, es posible que te dé la sensación de que «no hace más que salir», «con lo que odio yo su cara, ¿de qué se está riendo?», etc.

O si no quieres pasar por una situación, por ejemplo un pico de trabajo, te resistes a quedarte más horas, te resistes a hacerte cargo, y da la sensación de que cada vez tienes más trabajo, que cada vez es más difícil, que el trabajo te asfixia, te derrumba.

Es decir, que cuando no lo quieres vivir, aquello que no quieres vivir parece hacerse más grande. Y es posible que se deba a que le prestas más atención de la que merece, lo magnificas, le das un espacio que le quitas a otras cosas de tu vida que sí te apetece vivir.

¿Qué ocurre cuando confundes vivir tu vida con divertirte?

Propio de los escapistas profesionales. Se dicen:

Vale, voy a vivir mi vida por todo lo alto, a tope.

Esto significa salir de juerga, beber, trasnochar, o significa gastar el dinero que no se tiene, o incluso no parar quieto/a entre unas aficiones y otras, casi con la obligación de divertirse y disfrutar, huyendo de todo lo demás.

Es un modo de vida de la juventud, si estás entre los 18 y 23 años, más o menos, cuadra bastante: vives con tus padres, quieres quemarlo todo, darlo todo, recibirlo todo.

Cuanto más alejado de esas edades, más posible es que con este comportamiento te ocultes aspectos «negativos» de tu vida, que quieras hacer como si no tuvieras achaques, que quieras salir con gente más joven para creer que tú eres más joven o que te dé la sensación de que los de tu edad están amuermados.

Vale, puede que lo estén…

Pero te está faltando mirar de frente «la otra parte», la cara oscura de tu vida, lo que tapas a base de actividad. Puede que la otra parte sea simplemente que has pasado de los 40 (o de los 50, etc.) y no puedes tolerar envejecer. Puede que sea una dolencia. Puede que sea una situación familiar difícil. Sea lo que sea, no lo estás viviendo y sin embargo permanece.

Entonces, ¿qué pasa? Hemos dicho antes que si prestábamos mucha atención a lo difícil lo hacíamos crecer y ahora decimos que si no le prestamos atención, lo difícil permanece ahí como si nada.

¿Cómo vivir lo difícil?

Pues realmente un poco de atención hay que darle: la suficiente para vivirlo, experimentarlo, darle paso y dejar que pase. Esto me recuerda a la escena de El club de la lucha en que Tyler Durden quema con ácido la mano del protagonista mientras le conmina a vivir el dolor, no apartarlo con imágenes mentales (a partir del minuto 0:50 más o menos):

 


En conclusión, ¿vives tu vida? Me gustaría conocer tu opinión.

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

De belleza y de dolor

Lo que embellece a una persona es la grandeza con la que asume sus cargas

Cuando era adolescente tenía fotos de Tom Cruise y de Michael J. Fox en la pared y en la carpeta. ¡Cómo no! ¡Qué guapos! En esa época y durante muchos años no tenía ninguna duda de que la belleza es algo físico y que enamorarse de la belleza es solo cuestión de mirarla. En comparación, yo no me sentía muy bella y para mí era totalmente imposible que un tío con ese aspecto se fijase en mí.

Una vez, por esa época, Cristina Almeida dijo en la tele que te das cuenta de que el hombre de tu vida no es uno de esos guapos, sino un señor normal, quizá calvo, quizá con barriga, quizá no muy alto, digamos Pepe Pérez, con un aspecto que habrías rechazado sin duda antes de madurar.

Y yo recordaba esto y decía: «eso es tirar la toalla».

Y vas caminando por la vida y, sin darte cuenta, notas que el guapo aquél resulta que por dentro no es nada guapo, que sigue siendo un niño porque no ha tenido que enfrentarse a dificultades. Y ves a aquel otro, guapo o no, que lleva una carga muy dura, que asume con grandeza, que tiene un destino difícil, y lo abraza. Y de ese te enamoras.

Una mujer y un hombre se abrazan y sonríen

Lo repito porque esto es un hallazgo:

Lo que embellece a una persona es la grandeza con la que asume sus cargas.

Lo que quita luz a una persona es la manera en que lleva sus miedos

El miedo paraliza, encoge, congela, oprime, encierra, encarcela a la persona.

Lo miras y ves a su alrededor un muro impenetrable, te chocas con él, notas una distancia que te hace alejarte. No puede ser de otra manera: por más que una persona llena de miedo esté deseando ser vista, tocada y querida, muestra todo lo contrario.

Es una carga también, sin duda: algo hay en la trayectoria personal de quien tiene mucho miedo, algo o muchas cosas, que le han llevado a construir un muro defensivo del que a veces no es consciente pero que desde fuera se ve con claridad. Como no es consciente, es una carga no asumida. Un trauma no superado. Un bloqueo que se va a deshacer cuando haya alguien tan valiente como para tocar a la puerta.

El trabajo que da el miedo es grande. Para cultivarlo hay que tener un listado de reglas que se saca cuando surge una situación que dispara las alarmas. Hay que echarle horas a espantar fantasmas:

  • Llevando un aspecto impecable, no sea que alguien vea alguna imperfección.
  • Pasando la noche a base de zumos, no sea que alguien me vea borracha y empiece yo a hacer cosas de las que luego podría arrepentirme.
  • Midiendo las palabras y los gestos, no sea que en un descuido toque a otra persona u otra persona me toque a mí.
  • Instalando alarmas reales y figuradas en todas partes: la casa y el cuerpo.
  • Desinfectando todo para alejar «bichos», ya sean bacterias, insectos o personas.

Y lo contrario de todo esto es volver al punto 1: asumir el propio destino, los propios traumas, entrar en «las cloacas» propias a ver lo que realmente hay, saberlo y moverse entre la gente con ello puesto, trabajando con uno mismo/a para ir soltando lastre, comprendiendo que tocar el alma de otro solo es posible a través de la rendición ante quien se es, con todo, especialmente con aquello de lo que quisiéramos huir.


Tal vez la carga y el miedo sean dos caras de una misma moneda: hubo dolor, hubo sufrimiento, ahora me construyo el parapeto del miedo para no volver a sufrir. Lo que pasa es que si no vuelves a sufrir, no vuelves a vivir, nada te llega, no estás aquí.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

 

Soltera se dice single

Se va marcando la diferencia entre lo que se supone que era la solución esperada y tradicional (familia con hijos) y lo que está siendo la solución inesperada y novedosa (todo lo demás).

En particular me refiero al número creciente de personas solteras o divorciadas que llevan un estilo de vida que hasta hace muy poco era accesible únicamente a los hombres y, aun así, tampoco muy apetecible.

Estar soltero sigue siendo caso aparte

La sociedad no se acaba de adaptar a este nuevo estilo de vida a la velocidad necesaria. Hace ya muchos años que existen familias monoparentales y tanto mujeres como hombres que permanecen solteros o divorciados a edades en las que hace bien poco se estaba «felizmente» casado con hijos.

¿A qué me refiero con la falta de adaptación?

  • Por ejemplo, no se edifican viviendas para esta realidad, se siguen construyendo pisos de 2-4 dormitorios, como si el objetivo de todos tuviese que ser formar una familia numerosa.
  • O por ejemplo, no se destina ninguna política social que contemple las necesidades de estas personas, a menos que sean de la tercera edad. La soledad de los solteros se piensa que es buscada, como se puede deducir de lo que cuenta Judith Duportail en este artículo sobre ligar en la era Tinder de Beatriz Serrano.

Antes también había solteros y solteras, y aquí hago la separación de géneros porque antes no era lo mismo un soltero que una solter(on)a: un soltero vivía solo y hacía una vida de crápula (se supone, se espera o se atribuye) y una solter(on)a vivía con la familia y ayudaba al cuidado de los hijos de otras. Había hasta un refrán:

El buey suelto, bien se lame [porque no tiene yugo…].

Pero no quiero volver atrás en el tiempo, más bien describir lo que sucede ahora pero no se acaba de digerir, el creciente número de personas que viven solas y que son como calcetines desparejados, que permanecen al margen de lo que hacen «las familias» (todo aquello que gira en torno a los niños), que se van buscando la vida y la van inventando, porque no estaba descrita en ninguna tradición.

Soltera se dice single

Para eliminar la carga de la palabra soltera, ahora se usa la palabra single.

Los singles son gente que principalmente se divierte en actividades para singles, en las que pueden conocer a otros singles y potencialmente ligar con ellos para dejar de ser singles.

Un velero en el agua con muchos singles abordo

En esto sí hay una adaptación del ocio: hay viajes para singles, salidas para singles, encuentros para singles… Porque se entiende que los singles no tienen nada que ver con «las familias», son entes que «han elegido» estar solos en su vida aunque bien pudieran en cualquier momento llevar una vida «tradicional», solo que no quieren (no pueden).

La descripción de un single suele conllevar un comentario que en el fondo parece describir las obligaciones de este tipo de vida:

No te creas que se queda en casa: sale, se divierte, viaja… ¡no para!

Antes (el antes de la época de mis padres y abuelos) las familias eran versiones extendidas: en una casa se juntaban los padres y los hijos, pero también los abuelos y un tío abuelo que andaba por ahí, o una hermanastra de la madre, etc.

Ahora, las familias son versiones exiguas de la familia nuclear: uno o dos de los padres y el hijo, o los dos hijos. Y por supuesto, muchas variaciones sobre el tema.

Antes entonces en la familia estaban incluidos todos aquellos miembros que, por la razón que fuese, se habían quedado solteros o eran viudos. Si había que ir a algún sitio, iban todos juntos. Era un grupo variopinto y tenían que trabajar por llevarse bien porque compartían espacios reducidos.

Y ahora, de «las familias» estamos excluidos todos los que no tenemos nuestra propia familia, idealmente formada por dos adultos que son pareja y uno o dos niños. Y todos los demás, fuera, que se las apañen.

Así, lo que antes se resolvía con una casa no muy grande pero con varias «estancias» o literas o sofás-cama, ahora se resuelve con varias casas, a veces una por persona. Y esto hay que responderlo en el mercado inmobiliario, pero sospecho que no con esas cápsulas de procedencia japonesa, sino con un estudio realista de cómo se distribuyen ahora las familias extendidas y qué soluciones se les pueden ofrecer.

No se tiene en cuenta en ningún momento la carga económica de ser soltero, fundamentalmente compuesta por los gastos de vivir en soledad,

…porque tú lo has elegido.

Soltera de soledad

Esto no va exactamente de casas, tampoco va de actividades de ocio, no va siquiera de lo caro que puede resultar no seguir el modelo de «las familias». Esto va de soledad, la misma soledad que se revelaba en esa mujer que sale a sentarse al banco frente a su casa para poder ver gente. La soledad del que se ve obligado a crear un escaparate virtual en Instagram tras el que parapetarse. La soledad de la que insta vehementemente a sus amigas a acudir a fiestas en terrazas de moda. La soledad de la que se alimentan entonces las redes sociales y muchas de las soluciones de ocio, y si se alimentan de ella la tienen que potenciar, como también explicaba Judith Duportail en el artículo mencionado.

No importa que estés sola mientras demuestres que lo has elegido y que eres muy feliz así. Mejor usemos palabras en inglés para alejar connotaciones y cargas de significado de viejas épocas:

No importa que seas single mientras que muestres llevar una vida muy cool.

¿La puerta está abierta?

A veces [los seres humanos] son metidos en jaulas y tratados como ratas, manipulados y sacrificados a voluntad por sus amos. Pero muchas veces la jaula tiene una puerta abierta, y un hombre no tiene más que salir si lo desea. Si no lo hace, normalmente es su guion el que le mantiene allí.

Eric Berne

La historia

Una mujer mayor sentada en un jardín con hortensias

Hay una vecina mayor a la que veo muchos días sentada en un banco en la acera de enfrente de su casa. Debe de haber unos 5 o 10 metros entre el banco y la casa. Desde ahí ve pasar gentes y coches a la sombra de unos árboles.

Desde fuera, veo una cadena invisible que ata a la señora a la casa, como si fuese un perro, como si fuese un pájaro dentro de una jaula abierta.

Quizá hay otra vecina mayor que no consigue ni eso: está siempre dentro de su casa y no la vemos. Está totalmente sola y engaña al silencio con la tele y la radio. No tiene ninguna dolencia grave pero no es capaz de salir.

¿Cuál es la historia de estas mujeres?

Los límites

Siempre que afirmes que no eres capaz de hacer algo, habrá una persona que te dirá que alguien con tu mismo límite (enfermedad física, enfermedad mental, edad, condición, situación económica…) lo ha logrado y ha hecho muchísimo más. Se lo pueden contar a esa señora a menos de diez metros de su casa y también a la otra, a la que solo mira al exterior corriendo un poco el visillo.

¿Hay o no hay límites? Parece ser que muchos seres humanos son capaces de lograr lo extraordinario y también parece ser que muchos otros encuentran límites tan duros como paredes y, cuando tratan de empujarlos y ampliarlos, lo único que consiguen son golpes. Y aun otros que no encuentran esos límites porque no los buscan.

No tengo claro si los límites son impuestos desde fuera o desde dentro, si se nace con ellos o si surgen como respuesta a un acontecimiento traumático. Si seguimos la cita de Berne, pensaremos que los hemos forjado entre los 5 y los 7 años como un guion de vida.

En cualquier caso, no tengo claro si hay que «luchar» contra los límites que se perciben.

La mejora continua

En particular, pienso en todos aquellos trabajos de crecimiento o «mejora». ¿Mejora? Cuando se piensa en mejorar algo se piensa que no está bien tal cual está.

Ya, ya, me diréis: pero si una gran sección de tu blog trata sobre el desarrollo personal. Pues es así. Quizá el matiz sea que pienso que una persona puede desarrollarse y seguir siendo tal y como es.

Por ejemplo, seguir teniendo un guion «hasta» (hasta no terminar las obligaciones no puedes disfrutar) pero que este guion sea más amable, menos dramático.

O por ejemplo, desarrollar una nueva habilidad y trabajarla «creciendo», pero sin dejar de ser quien se es; es más, aceptando, apreciando y llevando con dignidad aquellas características que nos hacen ser personas únicas.

Aceptar la diferencia

Pienso que las «ayudas» a «mejorar» que no funcionan son aquellas que se basan en lo siguiente: identifican los límites de una persona y a continuación buscan que desaparezcan a partir de «nuevos hábitos» que la persona abandonará pronto, porque no los ha podido integrar y porque son un ataque directo a esa persona tal cual es.

La ayuda que acepta la diferencia comienza por uno mism@. Primero dices: yo soy así, incluso aunque no le guste a los demás, incluso si me dicen x (que soy aburrida, autoindulgente, dependiente, procrastinadora, que tengo un trastorno, que debería salir y divertirme y viajar e irme lejos…).

A esas mujeres, la que no puede avanzar más allá del banco frente a su casa, la que no puede si quiera pisar la calle, les podemos reconocer su diferencia, comprender su dolor con compasión, quizá decir: si algún día te animas a dar un paso, yo te acompaño.