Haz lo común

«Haz lo común» no es el mensaje que recibes desde que tienes uso de razón. El mensaje que recibes es:

Haz lo extraordinario

Se trata de destacar. Hay mucha competencia ahí fuera, ¿qué es lo que te distingue de los demás? ¿Por qué te vamos a contratar a ti y no a otra persona?

Bien, pues hacer lo extraordinario es fuente de todo tipo de desdichas.

Estos mensajes empiezan realmente antes de tener que incorporarte al mercado laboral, empiezan de pequeños. Puede que de pequeño entrases en competición con los de tu clase, con tus hermanos o con el mundo.

Si además eres como yo, con un tipo de personalidad menos frecuente de lo habitual, en mi caso INFJ, tienes más papeletas para pensar que estás destinado a ser alguien especial en el mundo.

La mentalidad de la escasez

La competitividad se enmarca en una mentalidad de la escasez: no hay para todos, por lo que has de luchar. En las empresas, el mensaje es el mismo, o te diferencias por calidad o te diferencias por precio. Y ahora que cada uno de nosotros es una empresa (un emprendedor), pues necesitamos que algo nos haga extraordinarios.

Otro mensaje que se mueve en la sociedad y en línea con el anterior es que debemos estar en mejora continua, por siempre, no hay final. Las empresas siempre tienen que crecer, los individuos siempre tienen que perfeccionarse, ya no te puedes relajar ni acomodar a ninguna edad, simplemente debes tratar de ser mejor (no eres lo suficientemente bueno).

Foto de Rafael Nadal
«Foto de DAVID ILIFF. Licencia: CC-BY-SA 3.0»

El ejemplo clásico, y toda mi admiración para él, es Rafa Nadal. No en pocos cursos sobre liderazgo para directivos se pone como ejemplo a Nadal. Lo que pasa es que Nadal es una persona extraordinaria, fuera de lo común, fuera de «la normal» estadística. Por eso es el número uno y por eso solo hay un Nadal. En términos estadísticos, es un atípico.

¿Demasiado talento?

Existe un problema hoy en día: el mundo se ha hecho muy grande, está muy lleno de gente muy extraordinaria, y como el talento rebosa por todas partes, destacar (ser un atípico) es todavía más difícil. Esto hace que tu gota de originalidad, creatividad, ingenio y diferenciación caiga en el piélago del mundo digital y desaparezca. ¿Y entonces qué haces?

Hay dos opciones: aceptar que tu «yoidad» (como decían en una película) es tan exótica como la de cualquier otro y seguir con tu vida, o bien seguir dándole vueltas y buscando las formas de ser diferente.

En El centro se distingue por su levedad, Bert Hellinger cuenta la historia del gran Orfeo, famoso y desdichado, y el pequeño Orfeo, desconocido, con una vida corriente pero que murió «viejo y saciado de vida». Ambos se dedicaban a la música, el gran Orfeo atrayendo masas y el pequeño Orfeo cantando con su guitarra en pequeños bares. Algo así.

Hay más historias en este mismo libro, todas ilustran la idea de que la felicidad es paradójica, y a veces está en un sitio diferente a aquél en que estamos buscando.


Te deseo un fin de semana común, en el que no necesites crear una imagen de éxito para las redes sociales y las aplicaciones de ligar, en la que tengas que aparecer escalando, esquiando, buceando, en Nepal, en la muralla china, en un bazar árabe, sobre un camello, en fin, algo un poco más ordinario.

Wild Wild Osho

¿Has oído hablar del documental en seis capítulos Wild Wild Country, emitido en Netflix?

Osho pasa con su Cadillac saludando a cientos de sanyasins

Yo lo he visto, y he leído varios artículos sobre él. El documental desgrana la creación de una gran comuna en Oregón, Rajneeshpuram, y los crecientes conflictos con los lugareños. Esta comuna estaba aparentemente liderada por Bhagwan Shree Rajneesh, posteriormente rebautizado como Osho.

El sueño de Osho, tal como transmiten algunos de los entrevistados para el documental, era crear otro tipo de sociedad y un nuevo ser humano.

Mi objetivo es hablar de los gurús como Osho y de la trascendencia de su mensaje, aspectos en los que quizá he cambiado de opinión a raíz de ver el documental: mi alarma saltó cuando vi a esos sanyasins (discípulos de Osho) portando fusiles AK-47. La propia líder real del grupo, Ma Anand Sheela, llevaba una pistolera como si fuera un sheriff.

Bhagwan Shree Rajneesh: Osho

Yo había leído varios libros de Osho y además le he citado varias veces en mis artículos del blog. Conocía la polémica que rodeaba a su figura y la atribuía a su forma valiente y provocadora de hablar sobre todo: el dinero, el amor, el sexo… Sobre todo del sexo. Además, se criticaba a Osho por su gran colección de Rolls Royces, su reloj de diamantes, su gusto general por el lujo…

En todo caso, por lo que decía y cómo lo decía yo le tenía por un maestro iluminado.

Los contenidos de sus charlas y libros son lugares comunes entre los que llamamos iluminados: aceptación, dejar ir, presencia aquí y ahora, gozo continuo, observación directa de la realidad, o más bien, ausencia del observador…

Tras ver la serie documental completa tengo que decir que no solo dudo abiertamente de que Osho fuera un iluminado, sino que estoy dejando de creer en el concepto mismo de iluminación.

Maestros iluminados

La RAE define iluminación como:

“Esclarecimiento interior místico experimental o racional” y también “conocimiento intuitivo de algo”.

Ahora que la práctica de mindfulness está a la orden del día y que se nos esclarecen cada vez más conocimientos interiores místicos, ¿hay más iluminados?

Iluminados son o eran para mí hasta ahora: San Juan de la Cruz, Buda, también se dice de Jesucristo y Mahoma, también se dice de Krishnamurti, Gurdjieff… A veces se cita a Santa Teresa. ¿No hay muchas mujeres iluminadas? Tal vez se deba a que estaban ocupadas en otra cosa. O bien las hay, pero no “saltaron a la fama”. Y luego está la serie de conocidos budistas, desde el Dalai Lama hasta Matthieu Ricard (el francés que además es biólogo molecular y el hombre más feliz del mundo) o Pema Chödrön (que sí es mujer).

Iluminados ¿imperfectos?

¿El que un individuo haya alcanzado este “esclarecimiento” le deja fuera de cometer ciertos “errores”?

Pondré algunos ejemplos que se muestran en el documental que citaba al principio: dejar la comuna en manos de una psicópata (Ma Anand Sheela) que intoxica a un pueblo entero con salmonela, dejar que en la comuna se entrene a los sanyasins para disparar rifles contra personas, dejar que se planee el asesinato de un político… mientras se está en silencio y retiro.

No creo que Osho sea el único “maestro iluminado” que haya cometido errores basados en sus creencias de cómo debe ser el mundo.

Lo que sí creo es que ese estado de “esclarecimiento” no puede ser compatible con determinadas conductas. Es esto lo que me ha animado a escribir este artículo.

¿Qué decía Osho?

Si bien el documental entra pormenorizadamente en todos los detalles al respecto de la comuna de Oregón, Osho se presenta como un personaje no ya secundario, sino anecdótico. De los seis capítulos, aparece hablando en el primero algunas frases y en el quinto sale en programas de televisión criticando abiertamente a Ma Anand Sheela y sus actuaciones. Lo que ocurre en el sexto no os lo cuento: es mejor verlo.

De sus libros y charlas había deducido que era un personaje muy elocuente, sin embargo, en el documental no se accede a su elocuencia, quizá porque en aquellos años eligió ese silencio y aislamiento. Tampoco se intenta explicar en qué consistía pertenecer a esa comuna, cuáles eran los beneficios para los sanyasins.

Por ello, y para ilustrar de qué manera el documental contrasta con los mensajes de Osho, copio aquí algunos de ellos:

Una vida seguirá es peor que la muerte.

Responde a las situaciones con todo tu corazón.

Para estar totalmente libre, has de estar despierto.

Valentía es adentrarse en lo desconocido a pesar de todos los miedos.

La vida no escucha tus razonamientos; tú tienes que escuchar a la vida.

Escucha atentamente, muy conscientemente, y nunca te equivocarás.

Estar en un estado de no-saber es inteligencia y no es acumulativo. Lo que sucede desaparece y no deja rastro.

No intentes comprender la vida. ¡Vívela!

Lo conocido es lo muerto, lo desconocido es lo vivo. Agarrarse a lo conocido es agarrarse a un cadáver.

El miedo a equivocarse mantiene a la gente maniatada, imposibilitada para lo nuevo. Solo se puede vivir la vida peligrosamente.

Reconfortante en grado máximo… y altamente chocante si evoco de nuevo la imagen de dos sanyasins vestidos de rojo escoltando a Osho con esos rifles AK-47 o si le recuerdo tirándose los trastos con Sheela en la tele como en un Sálvame cualquiera.

La última frase, “Solo se puede vivir la vida peligrosamente” resonaba en mi mente mientras veía a Osho ocultarse tras la parafernalia y dejándose ver únicamente dentro de uno de sus Cadillacs. No me pareció que hiciese honor a sus propios mensajes.

En todo caso, ¿beneficia a alguien?

También he reflexionado sobre por qué todos esos sanyasins accedían a vestirse únicamente de rojo o colores rojizos, por qué dejaban en la puerta su sentido común y cómo era tan fácil convencerlos para hacer casi cualquier cosa.

Incluso si no hubiera habido ningún tipo de “lavado de cerebro”, ¿qué es lo que los seguidores de un maestro obtienen de él? ¿Los seguidores de un maestro pueden alcanzar la iluminación?

Esta reflexión también incluye a los cientos de miles de personas que han leído y leen a Osho después de su muerte. ¿Pueden sus palabras beneficiar a alguien incluso si realmente no alcanzó ese nivel de “entendimiento”?

En distintos misticismos se reconoce que la mayoría de discípulos se quedan mirando el dedo del maestro mientras este trata de señalar inútilmente a la luna. No parece fácil que los discípulos se iluminen (si tal cosa existe) siguiendo tan de cerca a un maestro.

Conclusión

Mi conclusión principal es que cuando etiquetamos a alguien de maestro, gurú o iluminado, le sobreponemos características sobrehumanas. Dicha persona no deja de ser igual que nosotros, uno más, otro humano (otro homínido) con sus imperfecciones.

Creo que si somos capaces de aprovechar la inspiración que pueden producir sus palabras, sus prácticas y en algunos casos su modo de vida, hay beneficio. El resto, la adoración, el no filtrar, y el deducir que el maestro es perfecto en todo, quizá eso es lo que no beneficia a nadie.

¿Cómo lo ves?


Si quieres saber más sobre el documental:

Si quieres saber más sobre Osho:

 

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones

Si solo hubiera aprendido esta frase cuando hice la carrera de Económicas, habría sido suficiente:

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Esta es una frase que pronunció al menos una vez Fernando Esteve Mora, profesor que tuve de Macro y Microeconomía. No solo la pronunció, claro, la ilustró con la comparación entre dar a un pobre del tercer mundo pescado o enseñarle a pescar. Darle pescado es bien intencionado pero no resuelve el problema de su hambre; quizá lo agrava porque convierte al pobre en un dependiente.

Esta frase se me viene a la cabeza siempre que se habla de “ayuda”, “compasión”, “bondad” y “perdón”. Parece ser que parte del aprendizaje de mindfulness, directamente heredada del budismo, es la “compasión bondadosa” por los demás. Me temo que en la mayoría de los casos lleve al infierno.

¿De dónde parte la ayuda?

No hemos puesto en duda que el ser humano ha evolucionado a partir de la cooperación, se ha nutrido de la empatía, ha avanzado gracias al apoyo de otros. El ser humano es compasivo por naturaleza.

Quizá el matiz sea encontrar desde dónde se ayuda, qué empuja a ayudar, cuál es ese sentimiento y cuál es el resultado de la “transacción” de dar algo sin recibir nada a cambio.

  • Puede que estés caminando por la calle y veas que a la persona que está delante se le ha caído algo. En un impulso no pensado, te agachas a recogerlo y se lo ofreces. Ni siquiera ha mediado el pensamiento.
  • Puede que sientas culpa al ver que grandes grupos de personas sufren, puede que te parezca intolerable esta desigualdad en que tú estás tan bien y ellos están tan mal. Entonces has pensado que te sentirías mucho mejor contig@ mism@ si les enviases ayuda.
  • Puede que observes uno o muchos casos de algo que no te gusta y veas muy clara la solución, puede que sientas que sabes lo que las personas que están en ese caso necesitan. Por ejemplo, alguien pidiendo en la calle, alguien pidiendo en la puerta de un supermercado, alguien que está en el mundo de las drogas.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué sientes ante cada caso? ¿Es compasión? ¿Es pena? ¿Es culpabilidad? ¿Es amor?

La subida al Monte Carmelo: nada

Todo este tema, y en especial la frase “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones” me evoca la imagen de la subida al Monte Carmelo que San Juan de la Cruz ilustró. Tomamos esta y recomendamos visitar la página por la explicación tan pormenorizada de la imagen:

La subida al Monte Carmelo de San Juan de la Cruz
Imagen vista en: http://oratoriocarmelitano.blogspot.com.es/2017/10/explicacion-de-la-subida-al-monte.html

Las buenas intenciones pueden muy bien ser el pavimento de uno de los caminos torcidos, aparentemente acertados, que parecen ascender pero que terminan perdidos.

El único camino cierto es el vacío de estar centrado “en el centro de tu humildad”, la nada, ni esto ni esto otro. ¿Cómo sería esto? Viendo realmente al que tenemos delante. Viéndolo sin interponer creencias, juicios ni esquemas culturales. Viéndolo de tú a tú, como un igual. Siendo capaz de decirle: “yo soy como tú”. Y después de eso, valorando si realmente necesita nuestra ayuda.


Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo de leerme y compartir tus pensamientos en comentarios.

 

Si supieras lo que he vivido, te admiraría lo que soy capaz de hacer

En una clase de zumba, unas veinte o treinta mujeres se sitúan en diferentes zonas del espacio. Unas buscan verse en el espejo, otras buscan ver bien al profesor, otras buscan ocultarse del espejo y del profesor, etc.

Hay pasos más suaves, pasos más rítmicos. Algunas mujeres realizan los movimientos con mucha fidelidad con respecto a lo que marca el profesor, tienen incluso una gracia especial. Otras mujeres no levantan casi los pies del suelo o los brazos por el aire, parece que estuvieran muy cansadas o que les pesase mucho el cuerpo. Hacen lo que se llama “marcar” el movimiento, siguiéndolo de forma muy básica pero sin dar grandes saltos o grandes pasos.

Algunos movimientos solo los consigue hacer de forma excelente el profesor, aunque alguna que otra mujer se acerca a ese nivel en el movimiento de sus caderas.

Bien.


Estamos acostumbrados a valorar a las personas por lo que son capaces de hacer, por tanto nos parecerá que las mujeres más gráciles lo hacen mejor, se esfuerzan más, y hay que ser como ellas. Piensa en cualquier deportista reconocido: es el mismo ejemplo. Ese deportista tiene una combinación de factores que lo hacen único, es preciso, es poderoso, se adelanta a su contrincante, sabe centrarse y dominar sus emociones.

Bien.


Si supieras lo que he vivido, te admiraría lo que soy capaz de hacer.

Si supiéramos lo que algunas personas han sufrido o están sufriendo, si supiéramos la edad exacta que tienen, si supiéramos cómo es su carga genética, si supiéramos la enfermedad con la que conviven… Entonces quizá nos admiraría ver cómo son capaces de marcar los pasos en una clase de zumba, mientras al lado una mujer se mueve grácilmente porque no tiene todos estos condicionantes.

¿Qué es lo que admiramos? ¿La lotería genética?

Phineas Gage sufrió un accidente que cambió su comportamiento.
Photograph by Jack and Beverly Wilgus of daguerreotype originally from their collection, and now in the Warren Anatomical Museum, Center for the History of Medicine, Francis A. Countway Library of Medicine, Harvard Medical School. – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=7436957

En un comportamiento físico hay condicionantes que no están directamente en el cuerpo (brazos, piernas…) sino en el cerebro. ¿Qué hay de aquello que se ha sabido, eso de que la estructura del cerebro puede conllevar comportamientos antisociales, o que un accidente que daña parte del cerebro puede provocar la pérdida de la voluntad como el famoso caso de Phineas Gage?

Y pienso también que esto se aplica no solo a la forma física, sino también a la capacidad intelectual, a la capacidad para emprender, a las actitudes frente a la vida. Entonces igual deja de tener sentido calificar a las personas con un mismo baremo. Yo tenía una profesora que decía que valoraba más el esfuerzo de un alumno que obtenía un 6 que el del alumno que siempre sacaba 10. Bueno, a mí su comentario me molestó (era de las del 10), porque si yo no me esforzaba, el diez dejaba de ser un diez y se convertía en un 8. Más adelante, en la carrera, pude ver a esas personas del 6, cómo se esfuerzan, cómo trabajan, hasta obtener la misma calificación que otra persona con más capacidad de partida.

Si supieras lo que he vivido, te admiraría lo que soy capaz de hacer.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Cómo lo percibes tú? ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Incomodarse

Dice Krishnamurti en El conocimiento de uno mismo que

…para aquello que continúa no hay ciertamente renacimiento, renovación. Solo en morir está la renovación; y, por lo tanto, es importante morir cada minuto, no esperar morir de vejez y enfermedad. Eso significa morir para todas nuestras acumulaciones e identificaciones, para nuestras experiencias acumuladas.

Krishnamurti invita a vivir con atención plena instante a instante. Esto es incomodarse

Se trata de desautomatizar la vivencia instante a instante, algo que también explica Walter Riso en su libro Amar y depender: es necesario que haya una exploración, un “incomodarse” para ampliar el mundo en que vivimos y de esta forma deshacerse de la dependencia, del que nos lleven de la mano.

Las dificultades son precisamente las que originan una nueva búsqueda de equilibrio y por tanto son las que desatan la creatividad, son la oportunidad de darse cuenta de algo y de crecer. Entonces, ¡bienvenidas las dificultades!

Esto es algo que nos explicó Manuel Cordero en el curso Aproximaciones al Universo del Clown, impartido en la Escuela Jamming: en cuestión de minutos estamos en la zona de confort otra vez, repitiendo un patrón como robots.

Incomodarse frente a hacer de robot

Lo cierto es que en la mayoría de trabajos no especialmente creativos, e incluso en los creativos también, hay un componente “robótico” de repetición de unas rutinas. Ese componente nos fastidia porque es alienante: “todos los días son iguales”, “esto parece el día de la marmota”, “esto lo puede hacer cualquiera”. Y al mismo tiempo, en cuanto nos empujan fuera de esta rutina, nos fastidia incluso más: “¡y ahora me mandan a un viaje!”, “yo controlaba mis proyectos y me meten a esto, y yo de esto no tengo ni idea”, “no pienso aprender a usar la nueva aplicación, ¿cuántas aplicaciones nuevas van ya?”

Lo cierto es que la automatización de rutinas, que es lo contrario de incomodarse, “ahorra tiempo” y permite utilizar atajos creados por las conexiones neuronales.  Ahorra también un trabajo o esfuerzo extra por dejar de lado estas rutinas, las creencias y los mapas mentales y experimentar directamente lo que es lo nuevo.

Ahora que se nos puede sustituir por robots alienados de fábrica, y que parece que se retira al ser humano de la producción rutinaria y robótica, ¿qué le queda? Porque resulta que hace el robot se nos da muy bien.

Incomodarse, ¡qué incómodo!

La mayoría de nosotros no lleva dentro a un Jesús Calleja o un Fran de la Jungla, por lo que renovarnos a cada minuto nos parece estresante y desestabilizador.

De hecho, se ha hablado de que este tipo de perfiles lleva en sí genes predispuestos al riesgo, frente a los que no nos enfrentamos a vivencias extremas por aversión al riesgo (no recuerdo la fuente).

Y sin embargo, ver a cualquiera de estos personajes, incluso a David Attenborough observando las hormigas durante horas, nos hace sentir una cierta envidia, un deseo de abandonarlo todo y llevar una vida más “salvaje”, menos estructurada, en que cada día es diferente. Pero para eso hay que desautomatizar, enfrentarse al instante siguiente vacío de creencias y prejuicios, arriesgarse a experimentar algo diferente. Y esto es incomodarse.

Entonces se pierde la sensación de seguridad, la persona se expone a experiencias desagradables, por ejemplo, probando una comida que nunca ha tomado o que siempre ha rechazado. Entonces igual se sale de casa sin paraguas y la persona que experimenta se cala hasta los huesos. ¡Qué incómodo!

Para saber más

Estos son algunos artículos relacionados con el tema que han ido apareciendo en este blog:

La cultura del presentismo

Talento, creatividad y éxito: cómo ahuyentarlos de tu empresa

 

Los adornos: lo más difícil de “dejar ir”

¿Te cuesta deshacerte de los adornos?

Se muestran varios adornos de los que cuesta dejar ir

Los adornos de la abuela

Podemos recordar las costumbres de organización de nuestros abuelos, quizá alguno de los bisabuelos. Y ahí ya existía la acumulación, a pesar de que vivieron en una época muy diferente a la actual.

La abuela de muchos de nosotros/as ya acumulaba un montón de objetos, principalmente adornos.

¿Qué son los adornos?

Los hay de varios tipos:

  • Objetos útiles que no se utilizan porque se prima su belleza, su valor o ambos, como son jarras y jarrones, juegos de tazas, juegos de té, soperas, ensaladeras, copas (de vino, de champán, etc.) velas, almireces y resto de regalos típicos de boda, o herencias de algún familiar.
  • Objetos creados con el único fin de adornar, como figuritas de Lladró (o no), del roscón, bailarinas y toreros, esferas de madera o cristal, candelabros, máscaras venecianas, higrómetros… De estos, los adornos “horizontales” requieren de muchas superficies planas donde depositarlos, y de mucha paciencia para limpiar el polvo.
  • Adornos “verticales”: se cuelgan o se sitúan en vertical, como cuadros, calendarios, imanes del frigorífico, máscaras venecianas, carteles, mapas…
  • ¿Las plantas son adornos vivos? Si es así, trabajan 24×7 por un poco de agua a cambio, y de fertilizante o abono las que tienen suerte. Esto me recuerda a los adornos humanos en Clara y la penumbra. Quien no tiene una planta asalariada, la tiene en forma de flores de tela o bien tiene ramos de flores frescas que ya no hay que volver a regar.
  • Recuerdos, como marcos con su foto correspondiente, bufandas de un equipo de fútbol, copas y medallas que se ganaron tiempo ha y aparatos electrónicos de poca utilidad.
  • Colecciones: la perdición. Las colecciones de cualquier objeto requieren mucho espacio y mantenimiento, y no suelen ser estéticas. Muchas colecciones parecen sacadas de museos. ¿Tu casa es un museo? (Pregunta para reflexionar)

¿Cómo sería el asunto de la basura en el cazador-recolector?

En una sociedad cazadora-recolectora, deshacerse de algo no sería tan común, solo se tendría lo necesario, por lo que tampoco sería común acumular. Los espacios en que habitan las tribus no son muy grandes. Tienen poca ropa y ningún libro ni documento. Ni ningún aparato electrónico.

Sin embargo, lo cierto es que solo hay que ir a un museo para constatar que sí había adornos en las épocas antiguas: las figuritas no han evolucionado mucho desde la era prehistórica. ¿Había adornos en todos los hogares o solo en los de la gente con dinero?


Me gustaría conocer vuestras opiniones. ¿Cuál es el adorno de tu casa que más detestas? ¿Por qué? ¿Cuál es el adorno que nunca dejarías ir?

Como siempre, agradezco profundamente a mis lectores por tomarse el tiempo para leer este post y unirse a esta reflexión.

Método KonMari: deja ir lo que no te hace feliz

¿No te has ido de vacaciones en agosto? Ordena tu casa

La mesa del salón antes de leer sobre el método KonMari

Es posible que te preguntes qué hacemos hablando de organizar el hogar en un blog sobre desarrollo personal. No, no he cambiado de tercio, simplemente el método KonMari ha llegado a mis manos gracias a una gran amiga (gracias, Beatriz) y me gustaría compartir lo que he encontrado en él que puede servir para crecer.

Y es que la clave no está en ordenar, está en dejar ir. Tengo la sensación de que dejar ir objetos vacía el apego al pasado y quizá también la mente, al tiempo que permite que entre lo nuevo, esencialmente lo que aquí y ahora importa.

Agosto es un mes estupendo para realizar este ejercicio si no estás de vacaciones: se ha ido todo el mundo, tú sigues trabajando, y es el momento idóneo para cerrar una etapa (de años quizá) y abrir otra nueva.

¿Cuál es el criterio?

Simplemente uno: “Me gusta y me da alegría”. Si es así, el objeto se queda. Me parece un criterio fulminante.

Hay dos sencillas preguntas:

  1. ¿Esto me hace feliz? ¿Lo conservo o lo dejo ir?
  2. Si lo conservo, ¿cuál es su sitio?

Otros métodos

Había oído hablar de otros métodos, como tirar lo que llevas 1 o 2 años sin usar, tirar una cosa un día, al día siguiente dos, luego tres, y así hasta completar el mes o tirar en función de la utilidad y lo que es razonable. Creo que lo que falla de estos métodos es que no hacen distinción entre objetos, o no al menos esta distinción fundamental de “me gusta y me hace feliz”.

Además, ordenar de golpe, de una vez y de forma drástica no es algo que se suela sugerir, más bien parecía que había que ordenar cada cierto tiempo o siempre que la ley de la entropía se cumple.

Con la palma de la mano

La clave está en el cuerpo: la reacción ante los objetos que nos encantan no es igual que la que tenemos ante los objetos que nos son indiferentes o no nos gustan.

El ejercicio que propone Marie Kondo es tocar cada prenda, cada libro, cada adorno, sopesar el objeto, sentir “qué te dice”, cómo te hace sentir, en un proceso que puede prolongarse hasta seis meses.

“Guarda las cosas que hablan a tu corazón. Luego da el siguiente paso y desecha todo lo demás”.

¿En qué orden se hace?

Para Marie Kondo, el orden es fundamental: primero dejar ir, después ordenar.

Solo cuando se ha eliminado todo se ordena lo restante. Por eso el matiz no está en guardar las cosas mejor, es decir, no se trata de hábiles métodos de almacenamiento o de tener una casa más grande.

De hecho, el que todo esté perfectamente guardado no significa que necesitemos todo lo almacenado. ¿Acaso hemos construido un búnker?

Ordenar por categorías me parece otro acierto de este método. Es la forma de detectar cuánto de lo mismo acumulamos. Podemos tener ropa en varios armarios, y podemos tener libros en varias habitaciones. Si no lo vemos todo junto, no nos damos cuenta de la cantidad de objetos que hemos podido acumular. Es necesario enfrentarse a toda la ropa a la vez, o a todos los libros, no a las ubicaciones (salón, dormitorio…) donde se encuentran.

El orden que propone Marie Kondo es de las categorías que suponen menor apego a las que más, dejando para el final los objetos sentimentales. Por eso sí pienso que este orden se puede alterar en los casos en que se es especialista en un área muy concreta, por ejemplo en moda (ropa) o investigando, dando clase, etc. (libros y apuntes). Este es el orden propuesto:

  1. Ropa.
  2. Libros (yo añado aquí el material de estudio, que ella añade en el siguiente punto).
  3. Papeles.
  4. Komono. Lo que yo llamo barrusilla (palabra que no existe). Incluye algunos electrodomésticos y sus cajas.
  5. Objetos sentimentales y fotos.

Visualizar el objetivo

Tampoco había oído que la organización pudiera tener un fin distinto a la propia organización. Sin embargo, el método nos invita a imaginar con el máximo detalle cómo es el resultado que esperamos. “La pregunta de qué quieres poseer es la pregunta de cómo quieres vivir tu vida”.

Por eso, Marie Kondo nos habla de un “clic”, un momento en que sientes claramente que ya no necesitas desechar más, y que las cosas que se han quedado son las que necesitas para vivir. En el libro nos da varios ejemplos de cómo las personas a las que ayuda se dieron cuenta de cuál era su verdadera vocación o de cómo imaginaban que sería su casa tras ordenarla.

Mejora tu toma de decisiones

El no poder deshacerse del pasado te dificulta ver lo que de verdad necesitas en tu vida ahora.

Otro aspecto de crecimiento personal es saber elegir. Si tiendes a acumular objetos es porque te cuesta elegir con cuáles te quedas, o lo quieres todo, o sientes pena o culpa por deshacerte de cada uno de ellos.

Pienso que el método KonMari ayuda a afinar la toma de decisiones, a entender qué te gusta y cuándo algo ha dejado de servirte, aunque en el pasado fuese algo muy importante o útil.

Como dice repetidamente la autora, “algún día significa nunca”, y mucho de lo que acumulas por si lo utilizas alguna vez, seguirá sin ser utilizado. Si es verdad que llega ese “algún día”, siempre puedes volver a adquirir el objeto, quizá de tecnología más avanzada, o más barato, o más a tu gusto.

“Desecha todo lo que no te inspire alegría.”

Un lugar para cada cosa

Al leer esta expresión, un lugar para cada cosa, me vino a la mente el perfeccionismo cargante de Mary Poppins.

Creo que se pueden relajar los criterios que propone el método KonMari y adaptarlos a una vida cómoda. Es verdad que muchos objetos rondan por la casa porque no sabes dónde ponerlos, y en este sentido la ordenación por categorías ayuda. Pero también es verdad que algunas propuestas rayan lo obsesivo, y en mi caso no me convencen.

El mensaje global, tener un sitio donde guardar cada cosa, sí me parece necesario.

Puntos a tener en cuenta

Encuentro en este método algunos puntos que hay que tener en cuenta:

  1. Acabar obsesionado/a por el orden.
  2. Ponerte a organizar cosas que no son tuyas, sino de tu familia, lo que muestra una gran falta de respeto.
  3. Creer que si tienes un espacio grande, no importa que acumules objetos.
  4. Esperar que tu vida se transforme radicalmente.
  5. Centrarse tanto en la basura y en la cantidad de bolsas que sacas que acabes viviendo para detectar basura.
  6. No tener en cuenta la necesidad de reciclar o de buscar que los objetos puedan reutilizarse (libros a la biblioteca, ropa a la iglesia, etc.) o incluso venderse.

 


Me gustaría saber qué opinas sobre el orden. ¿Crees que influye en cómo te sientes en tu vida? ¿Compartes el significado de dejar ir el pasado? Me encantaría continuar la conversación en los comentarios. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, agradezco profundamente a mis lectores que se tomen el tiempo para leer el blog y unirse a la reflexión.

 

Tempus fugit, pero hay vida más allá de los cuarenta

En realidad el título podría ser: “Hay vida más allá de los cuarenta, por tanto, carpe diem”.

Sin embargo, mi reflexión sobre haber pasado con éxito (esto es, viva) los cuarenta, va más en línea con la noción de que el tiempo vuela, y las cosas no siempre van a estar ahí; las cosas desaparecen. Hace poco se destruyó un monumento natural llamado La Ventana Azul de Malta. Nunca he ido a Malta, pero ahora sé que, aunque vaya, nunca podré ver la Ventana Azul.

Otro ejemplo: la mayoría de las empresas para las que he trabajado ya no existen. Sí, has leído bien, la mayoría. Hay que decir que también la mayoría de ellas han desaparecido absorbidas por un holding o un grupo empresarial, y no se han hundido sin más (pero algunas sí).

Los famosos achaques de los cuarenta

Los cuarenta y la acumulación de musgo en tu vidaLos cuarenta te traen vivencias en las que no habías pensado. Por ejemplo, empiezas a tener problemas con la dentadura, con la vista, con el colesterol… y equivalentes. En mi caso, con la dentadura. Sí, han conseguido que vivamos hasta los cien años, perfecto, pero ¿sin piños? Cuando pienso en otros cuarenta años masticando, me vienen a la cabeza imágenes de los anuncios sobre dentaduras postizas que se mueven… ¿Postizas? Pero la gente que lleva dientes postizos es de la tercera edad… Sí, ciertamente el tiempo vuela y se lleva dientes y grados de visión, se lleva la frescura y se lleva energía vital.

Cómo se proyectan los cuarenta cuando se es pequeño/a

Cuando era pequeña, los cuarenta era la frontera entre ser pequeño y ser mayor. Cuando era pequeña para mí no había edades intermedias como “los jóvenes”, sencillamente, o se era pequeño, o se era mayor, y también se podía ser muy mayor: los abuelos. Así que no tenía ni la menor idea de lo que iba a ser de mí a partir de esta frontera tan marcada en mi imaginario.

Más adelante, pensaba que solo las personas a partir de los cuarenta pueden dedicarse a “cosas serias” como escribir literatura, ejercer un cargo político o ser médico. Así que diseñé un plan para rellenar el tiempo que quedaba hasta esa lejana frontera: hacer siempre cualquier otra cosa distinta a la que realmente deseaba hacer.

Yo pensaba que la vida iba a estar totalmente definida y cerrada a los cuarenta. Es como si se fuese a quedar impresa en un bonito cuadro: ya has llegado a todas las metas. Entonces, se supone que te has casado, que has tenido hijos, que has ido ascendiendo en tu carrera profesional y que ahora solo dejas que pasen otros cuarenta años, sin más. Así, puede que no tengas tanta energía (ni tantos dientes) pero parece como si diera un poco igual…

Cómo se vive realmente la vida a los cuarenta

Paseando a los cuarenta y captando detallesLo que he descubierto es que la vida vuelve a comenzar, no a los cuarenta, sino cada día. Nunca es tarde para comenzar algo nuevo, si bien el cuerpo te va avisando de nuevos límites. Pero el mayor límite es la creencia de lo que “no se puede” hacer a partir de cierta edad.

Gracias a este texto de Louis Hay, confirmé la idea de que pueden pasar aún muchas cosas en tu vida a partir de los cuarenta, e incluso algunas de ellas pueden ser las más importantes para ti y para tu misión. Puedes tener nuevas aficiones, puedes emprender un camino profesional distinto, puedes conocer a una persona especial, puedes tomar consciencia de la importancia de disfrutar el presente…

Además, hay premios. Uno de ellos responde al refrán:

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

Puedes coincidir con personas mucho más jóvenes (incluso algunas podrían ser tus hijos, por edad) en trabajos, cursos, actividades, etc. y observar que la experiencia de la vida es un grado. Puede que sobre esa actividad concreta sepas lo mismo que ellos/as, sin embargo, has vivido situaciones en empresas, en otras actividades, en diferentes momentos de tu vida, que hacen que te sea más fácil manejar la incertidumbre.

A los cuarenta, más que nunca, es importante abrirse a lo desconocido y a lo nuevo, empezar cada día de cero, observando el presente, abriendo la mente a todo lo que te rodea. También puedes encasillarte en el bonito cuadro que pintaste cuando eras pequeño/a, la foto perfecta de familia. Es otra forma de plantearse el resto de tu vida, tus otros cuarenta años o más.

Yo elijo vivir el presente intensamente, decir sí a lo que va llegando, abrirme a evoluciones inesperadas, a tomas de conciencia que no sabía que iban a darse. Elijo no sumar años a una foto estática. Elijo vivir años en una imagen siempre renovada.

¿Y tú? ¿Qué eliges?

Robinson Crusoe: lectura de mudanza


Este verano, Robinson Crusoe me ha acompañado en uno de esos momentos vitales difíciles: la mudanza. El relato de Defoe lo proyecté como una distracción ligera y un recurso para hacer un ejercicio de literatura comparada con otras obras.

La primera que me vino a la mente es la película Náufrago (Cast Away, 2000). Las similitudes son muchas, si bien la película es más creíble y más parecida al relato original en que Defoe se basó, el del naufragio de Pedro Serrano.

Después recordé Marte (The Martian, 2015), y la suspensión de la incredulidad que pide el cultivo de patatas en el espacio, no tan exigente como la que pide Defoe al pedir que creamos que Robinson pudo cultivar cereales y hacer pan.

También me vino a la cabeza la película Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993), toda la reflexión sobre el tiempo, la repetición de los días, casi indistinguibles, y sobre hacer tareas que llevan mucho tiempo porque en realidad es un recurso que sobra, el tiempo se ha alargado, se ha convertido en un infinito presente.

Además de estas comparaciones, acabé recopilando las similitudes del relato con mi propia mudanza.

La mudanza, encontrarte de pronto en un espacio ajeno con objetos que son tuyos, que parece que trae la marea como los restos del naufragio, caja tras caja, no sabiendo si lo que contienen lo necesitarás ahora, no sabiendo si el contenido de la caja estará dañado.

No valoramos el verdadero estado de nuestra situación hasta que lo vemos ilustrado por una circunstancia más desfavorable, ni sabemos apreciar lo que disfrutamos hasta que lo perdemos.

Resulta que de pronto te das cuenta de que tienes perro y gato, y recuerdas entonces que los rescataste del barco antes de que se hundiera. Sí, pese a tu soledad y a tu sensación incómoda, no eres capaz de recordar a estos animales hasta veinte páginas después de haber naufragado.

Y no debo olvidar que en el barco teníamos un perro y dos gatos, de cuya eminente historia me ocuparé eventualmente en su momento, ya que me llevé los dos gatos; y en cuanto al perro, saltó del barco por su cuenta y nadó hasta la costa para reencontrarme en tierra al día siguiente de mi desembarco con el primer cargamento.

Las penurias. Son las que te hacen añorar la comodidad anterior, esa que escasamente valorabas. Porque, ¿cómo puedes vivir sin una mesa y una silla?

Entonces comencé a dedicarme a la fabricación de las cosas que consideraba más necesarias, particularmente una silla y una mesa. Sin ellas no me era posible disfrutar de las escasas comodidades que tenía en el mundo. No podía escribir, ni comer, ni hacer muchas otras cosas sin una mesa.

Durante el periodo de mudanza pierdes el sentido del tiempo. ¿Ya estamos en agosto? No te lo puedes explicar, y es que, desde que naufragaste en la casa nueva, no sabes dónde está metida tu agenda, y olvidas comprobar en el teléfono a qué día estamos, y si es laborable o festivo.

Al cabo de diez o doce días me di cuenta de que perdería mi noción del tiempo por falta de libros, pluma y tinta, y que terminaría confundiendo los días laborables con los sabáticos. Para evitarlo, clavé sobre la playa un gran poste al que di forma de cruz, y allí grabé con letras mayúsculas la siguiente inscripción: «Aquí llegué a tierra el día 30 de septiembre de 1659».

Las incursiones que haces desde el sitio en el que has aparecido, “la casa”, hacia terrenos desconocidos alrededor del barrio, poco a poco cada vez más lejos, buscando recursos básicos y la forma de obtenerlos y explotarlos.

Y como la naturaleza, que al proporcionar alimento a todas las criaturas les enseña también naturalmente cómo hacer uso de ellos, yo, que jamás había ordeñado una vaca y mucho menos una cabra, ni había visto hacer mantequilla ni queso, logré hacer ambas cosas con fluidez y presteza, después de varios ensayos y fracasos, y en adelante nunca me faltaron.

No darse demasiada cuenta de que la casa solo está habitada por ti hasta que ya no quedan cajas: todo está en su sitio, ya has explorado la zona, empiezas a encontrarte en tu terreno, ya no te cuesta decir “esta es mi casa”, “esta es mi calle”.

No tenía nada que envidiar, puesto que poseía todo aquello de lo que podía disfrutar y era el señor de toda la finca: podía, si esto me complacía, llamarme rey o emperador de esta tierra, de la que era poseedor.

Y sin embargo, no eres capaz de permitirte a ti mismo ir desnudo por tu isla, incluso aunque no haya ningún observador.

(…) y aunque el clima en verdad era tan caluroso que no tenía necesidad de ropas, no podía andar totalmente desnudo. No, aun cuando me hubiese sentido inclinado a hacerlo, lo que no era así, porque no podía tolerar la idea siquiera de pensarlo, aunque estuviese solo.

Cuando lo puedes llamar hogar es cuando puedes admitir la existencia de personas ajenas en tu isla, de la que te sientes el gobernador. Y es cuando se da el desembarco de varias canoas llenas de amigos que vienen a tu isla a darse un festín, pero cuidado, serás tú quien determine qué es lo que se va a comer. Decretas libertad de credo, sin embargo, no vas a admitir ciertos rituales caníbales como fumar, a menos que se salgan a la terraza, esa que ya has conseguido llenar de plantas, sillas y una mesa.

Gracias al acompañamiento de Robinson, y mucho más adelante de Viernes y al final toda una tropa de hombres, he querido pasar por alto las incongruencias del relato, de las que el mismo autor se excusa diciendo que en realidad no son tales:

Todos los intentos envidiosos por recriminarle no ser más que una novela, por buscar errores geográficos, incongruencias en el relato y contradicciones en los hechos, han fracasado y han resultado tan impotentes como malignos.

Solo queda mencionar una gran diferencia, y es que Robinson sueña con salir de su isla algún día, algo que logra, mientras que tú sueñas con no tener que volver a mudarte de nuevo a ninguna otra isla.

Y así fue como abandoné la isla, el 19 de diciembre del año 1686 (…), después de haber vivido en ella veintiocho años, dos meses y diecinueve días.

 

El animal moral

(Artículo originalmente publicado en Blogger en noviembre de 2012).

La lectura de un libro interesantísimo, The moral animal (el animal moral), me trae a estas páginas, en particular, la expresión «o virgen o puta».

Hasta ahora pensaba que esto de «o virgen o puta» venía de algún fragmento del refranero español. No suponía que en realidad los antropólogos estudian esta dicotomía, lo llaman «the Madonna-whore dichotomy«. Dicho en inglés parece que se suaviza.

Orígenes evolutivos

Pero no, en realidad se hace todavía más duro, porque parece ser que tener en mente en esta polaridad puede tener orígenes evolutivos. En un entorno de cazador-recolector, el hecho de que una mujer se aventure libre y alegremente en el terreno sexual, la lleva rápidamente al extremo opuesto de la polaridad, y esto hace que le sea más difícil encontrar una pareja estable.

Se observa en tribus de todo tipo que los hombres colocan a las mujeres en uno de estos dos cestos con el fin de distinguir claramente si merece la pena para él hacer una «inversión parental» como padre de las criaturas de esta mujer. Incluso con la existencia de anticonceptivos, el mecanismo heredado de la evolución sigue ahí, y se enfrenta a un córtex más elevado pero con menos peso evolutivo.

No somos esclavos de la selección natural

No porque la selección natural nos haya creado significa que tengamos que seguir sus planes de forma esclavizada.  Pero sí es necesario saber qué puede haber detrás de elecciones de pareja en ambos sexos. De la misma forma que las mujeres se plantearán en general reservarse para un compañero que les asegure apoyo para su descendencia, los hombres se plantearán probar «con todo lo que se mueva» (y está así escrito en el libro de Robert Wright), a menos que decidan hacer una inversión parental y se queden al lado de una de esas «Madonnas».

A pesar de lo libres que nos podamos sentir en el S. XXI, lo cierto es que las mujeres no mostramos el mismo comportamiento que los hombres, de acuerdo con el libro.

En un experimento, tres cuartas partes de los hombres a los que se aproximó una mujer desconocida de la universidad en que estaban, aceptaron tener sexo con ella, mientras que ninguna de las mujeres a las que se acercó un hombre desconocido aceptó el trato.

En conclusión, parece ser que cierto libertinaje en los hombres y cierta reserva en las mujeres son innatos en alguna medida. Aquellas mujeres que no se comportan con reserva, pueden también conseguir una buena descendencia, si bien parece ser que la descendencia de parejas estables es más fuerte y sale mejor adelante que la de mujeres sin pareja.

Hechos para las relaciones largas

Lo que sí acaban haciendo ambos sexos es engañar. Los hombres engañan a las mujeres buscando una más joven, que les va a dar la oportunidad de tener descendencia durante más años. Las mujeres engañan a los hombres cuando consiguen que uno les provea de recursos y aparece otro por el horizonte que les puede proveer de genes fuertes. A los hombres les duele y resulta casi imposible tolerar el engaño físico, mientras que lo que no pueden superar las mujeres es el engaño emocional, el pensar que su hombre pueda querer a otra mujer.

En cualquier caso, a diferencia de otros primates como los chimpancés o los gorilas, nuestra especie parece estar hecha para las relaciones de larga duración, que aseguran el desarrollo óptimo de la descendencia. Por ello, tampoco el modelo de Don Juan es adaptativo desde el punto de vista de la evolución. Conquistar a una mujer cada semana y dejarla abandonada no asegura que la descendencia vaya a salir adelante.

En resumen, ni virgen ni puta, ni Don Juan ni cornudo; somos animales venidos a más gracias a la adaptación de nuestros rasgos evolutivos.


¿Qué opinas de estas ideas? ¿Te parece que son políticamente correctas? ¿Sabías que lo que expone Robert Wright en este libro está totalmente alineado con la teoría de la evolución de Darwin?

Agradeceré cualquier comentario sobre el tema. ¡Y gracias por leer!