Yo tuve una granja en África

«Yo tuve una granja en África» es el arranque en voz en off de la película Memorias de África. En una simple frase se resume toda la historia que nos va a contar la narradora y protagonista. La frase tiene más miga de la que parece: está en pasado, lo que significa que ya no tiene esa granja. Está dicha en un idioma, el danés o el inglés, que en principio hace suponer que la persona que tuvo la granja no era africana. Y la granja en África en sí es algo totalmente exótico, no es que tuviera un pisito en África, o una granja en Ávila. Tenía una granja en África, lo que ya evoca animales salvajes, la sabana, dificultades logísticas y de todo tipo… y quizá un aviador atractivo que se deja caer de vez en cuando y escucha música clásica junto a Karen, entre otras cosas.

Pues bien, es una de las frases en las que pienso a veces. Cuando empiezo a recordar el pasado, lo que se fue y no volverá, acabo diciéndome: «yo tuve una granja en África».

Hay un momento en la vida en el que lo que queda por vivir es más o menos igual de largo que lo ya vivido (dios mediante), y sin embargo, ya no está disponible esa rosa para ser cosechada. Atrás quedó lo que en su momento se rechazó pensando que llegaría algo mejor. Solo después se descubre que eso era lo mejor que iba a llegar.

Estas melancolías de lo pasado también contribuyen a que sea más difícil identificarse con el presente, vivirlo, estar plenamente en él. Empiezo a tener la sensación de que las épocas vividas fueron mejores que la época actual. Y no es fácil separar quién se era en esas épocas, con qué juventud e inocencia se vivieron, de cómo eran esos tiempos realmente

Yo tuve un novio a finales de los noventa al que le entusiasmaba la tecnología. Gracias a él, tuve mi primer teléfono móvil, mi primera tarjeta de crédito, mi primer usuario para chatear por internet en el icq (que parece ser que sigue vivo). En ese momento, parecía que Internet iba a ser un instrumento democrático que nos permitiría comunicarnos con cualquier persona del mundo. Así que abría puertas; las posibilidades eran infinitas.

Ahora me parece que estamos inmersos en una distopía, tan inmersos que no la vemos. El «consumo de contenidos», una expresión que ya dice que se trata de ser consumidores de todo, hasta de textos e imágenes, lleva muchas veces a llevar una vida cómoda, fácil, en posición sentada, ante una pantalla, en la que el individuo cree estar comunicándose mientras está totalmente aislado. Lo difícil ahora es salir a encontrarse con otras personas, porque ¿dónde están?

¿Dónde está la gente?

Parece que en sus propias casas, también «consumiendo contenidos». Y como hemos contado hace tiempo en este blog, de manos de nuestro amigo Zelinski, cuando estás cómodamente en la vida fácil, la realidad acaba siendo difícil, porque la zona de confort cada vez es más pequeña.

Los lugares de reunión de los seres humanos han sido comúnmente «plazas del pueblo», sitios donde se podía coincidir con el resto de convecinos e interactuar con ellos. La comunicación era fácil. Las personas también se reunían en las zonas comunes de una casa, como el portal, la corrala o el patio, y también se veían en bares y en el mercado. Le dedicaban a esto mucho tiempo, las conversaciones eran largas y pausadas, eran la vía principal para enterarse de «las noticias». También para agruparse y reaccionar ante situaciones vividas como injustas.

En mis tiempos, cuando no había teléfono móvil, solo había que dejarse caer por la plaza en cuestión para encontrarse con amigos. Si se habían ido de allí, bastaba con entrar en alguno de los bares frecuentados por el grupo.

Y ahora, la distopía: la plaza está vacía. La gente va a los centros comerciales, donde el único sentido de la acción es consumir, donde muchas veces, los únicos asientos disponibles son los que obligan a tomar una consumición. La plaza es ahora un lugar que hay que recorrer a toda prisa, porque está expuesto: no tiene árboles, está fuertemente iluminada por la noche, no hay bancos para sentarse y no hay un rincón para refugiarse, no sea que hagas el vago y maleante. Esto de la plaza no es mío, lo cuenta otro de nuestros amigos, Zygmunt Bauman, en Modernidad líquida (1995).

Plaza de España en Madrid, imagen de https://www.esmadrid.com/informacion-turistica/plaza-de-espana

Por todo esto, pertenece al tiempo pasado poder coincidir con las personas por casualidad, «hacerse el encontradizo», acudir a un lugar donde es muy probable que estén los demás. Cada cual tiene ya su orgasmatrón en casa, o más de uno, por lo que pídele tú ahora a alguien que se arranque de su sillón y que se aventure a las calles vacías no para consumir, sino para encontrarse con otras personas. No lo va a hacer: hay que incomodarse para explorar el mundo, y esa incomodidad se rehúye cada vez más.

Yo tuve una granja en África

Yo tuve una vida mejor, varias vidas mejores. Yo encontré tesoros que no supe reconocer. Yo estuve donde ahora me encantaría estar. Yo fui testigo de un mundo, no sé si objetiva o subjetivamente, más libre, más igualitario y mejor (para mí). «Yo he visto cosas que vosotros no creeríais».

Aquí vuelvo a recordar a un personaje de Galdós, don Beltrán de Urdaneta, insistiendo en que, cuando la vida (dios) te trae un buen árbol donde cobijarte, has de quedarte disfrutando de ese regalo en lugar de correr tras fantasmas de tu imaginación. Como dijo este personaje:

Yo desobedecí a mi destino, y por aquella desobediencia no he tenido paz en mi larga vida. Créalo: donde no hay raíces, no hay paz.

Don Beltrán de Urdaneta en Luchana

Dice Bert Hellinger que, cuando te desvías del que era tu camino, llega un momento en el que no puedes volver atrás, en el que ya te has perdido. A veces he tenido esa sensación.

De vuelta al optimismo

Vale, pues ya basta de amargar al personal, volvamos al optimismo. Bert Hellinger también dice que, en cada decisión, solo hay dos opciones: ir hacia más vida e ir hacia menos vida (muerte). De manera que, estés donde estés, siempre puedes elegir la vida, decir sí a lo que tienes delante, a lo que te toca, a las circunstancias.

Creo que de esta manera se puede recuperar el camino hacia el que se dirigía tu vida, o al menos reconducirlo. Solo hay que volver a conectar con «la semilla», con tu máximo potencial, y aplicarlo a las circunstancias actuales y reales, que son las únicas en las que puedes intervenir. Este meme lo expresa muy acertadamente:

Un regalo que recibí de una persona muy querida y que ha vivido mucho, mucho más que yo.

Yo tuve una granja en África y esa granja no volverá. Puede que jamás vuelva a África salvo en mis sueños y evocaciones. Pero prometo que viviré a tope aquello con lo que me vaya encontrando, lo que la vida me traiga y lo que ya me ha dado, en un mundo distópico o no y asumiendo lo que haya. ¿Qué harás tú? Cuéntame, ¿cómo llevas dejar atrás el pasado? ¿Cómo vives los tiempos presentes? Como siempre, te agradezco mucho que me leas, sin ti, este blog no existiría.

Un día en el gimnasio

Voy al gimnasio dos veces a la semana por recomendación de la fisio. Así, hace más o menos un año me lancé a visitar la parte del gimnasio que tiene máquinas, espalderas, bolas de pilates, gomas elásticas, pesas… Esa parte que viene a la cabeza cuando te preguntan: «¿Vas al gimnasio?». Y es que yo antes de eso había ido en general a la otra parte, la de clases colectivas, normalmente a algo de baile: gym jazz, danza contemporánea, zumba, baile activo…

Imagen de Scott Webb en Pixabay, esta, definitivamente, no soy yo.

El caso es que en la parte de los aparatos, parte que llamaremos «gym», no me siento del todo como pez en el agua después de este tiempo. Me siento más bien como en un universo paralelo: un universo que existe a la vez que el nuestro pero al que normalmente no accedemos… hasta atravesar la puerta, los tornos y la «sala de musculación».

Donde fueres, haz lo que vieres

Con este panorama como de visitar tierras extranjeras, me adentro allí cada vez con bastante curiosidad y sigilo, imitando las conductas observadas, las entienda o no. Hay varios elementos que no había visto en épocas de juventud y que me llaman la atención.

Por ejemplo, la mayoría de la gente en cualquiera de los espacios del gym tiene constantemente a mano su teléfono móvil. Creo que les sirve para contar tiempo, pero también se les ve chatear.

Otra conducta extendida es poner cara de póker. Es una expresión neutra, nadie mira a nadie, es una cara como de concentración e indiferencia a la vez, dirigiendo la mirada preferentemente hacia el suelo o al móvil. Se hace cualquier actividad «con dignidad», como haciendo algo muy profesional o que requiere mucha seriedad. Cada persona da así a entender que sabe utilizar la máquina en cuestión y que no duda en que su postura, el peso añadido y el número de repeticiones son los correctos. Así que yo leo disimuladamente las escasas instrucciones en el lateral del aparato, imito al resto en ese gesto de dignidad y expertise y a continuación bajo el peso al mínimo.

Imagen de karabulakastan en Pixabay. Nótese la cara de absoluta indiferencia. «¡No hay dolor!»

Aquí es interesante percatarse de cómo se enfrenta cada persona a esos aparatos en los que la postura adoptada sería ridícula y risible en cualquier otro entorno, por ejemplo, a cuatro patas. Se hace, por supuesto, con ese gesto indiferente y de dominio absoluto de la situación. Yo hago en la esterilla un par de ejercicios un tanto ridículos que me recomendó uno de los monitores.

Imagen de karabulakastan en Pixabay. Una de estas podría ser yo.

Hay también unas reglas no escritas sobre la posesión temporal del aparato. Y es que estos profesionales del gym dedican distintos días a trabajar distintos grupos de músculos, de manera que si les toca brazos, van a tomar posesión de la máquina correspondiente, sentándose en ella y/o poniendo su toalla, y quedándose en ella entre ciclos de repetición, mirando el whatsapp. Esto significa que esa máquina está tomada y no se puede osar usarla durante la posesión temporal.

Luego están las «ligas»: la liga profesional y la liga amateur, que es la mía. A ver, yo voy allí, hago siempre los mismos ejercicios de todos los grupos musculares y mis series no duran en total más de 30-40 minutos. No levanto mucho peso y la mayoría de los ejercicios que hago los podría hacer en mi casa. Los y las de la liga profesional hacen ejercicios por partes del cuerpo, levantan muchísimo peso (de hecho, cuando lo dejan caer retumba el suelo de todo el gym) y se esfuerzan mucho. La mayoría de lo que hacen requiere de uno u otro aparato, además de un «octógono» que son unas columnas de hierro con unas barras que las atraviesan y de las que se cuelgan llevando grandes pesas colgando de la cintura, y cosas así.

Pues bien, en todo momento, hay unas reglas no escritas de dónde se pone la liga amateur para no estorbar a la liga profesional. Hay unos espacios donde las cabezas de la gente ya presentan canas en los que tranquilamente puedes poner tu esterilla y empezar a hacer el indio. Pero hay otros en los que esas miradas bajas e indiferentes de pronto notas que van a ti, y es porque te estás poniendo donde no es, o bien, estás utilizando un aparato o espacio que estaba «tomado temporalmente» pero tú no te habías enterado.

En el gimnasio al que voy, la zona amateur está separada de la profesional por una fila interminable de cintas de correr, bicis estáticas, elípticas y unas escaleras mecánicas. Las personas que usan esto son normalmente otras, las que buscan un ejercicio aeróbico.

Un espectáculo para los sentidos

Como ya vamos teniendo una edad, me es llamativo comprobar que hay más mujeres en el área de musculación de las que había en la época en la que yo tenía su edad. Además, levantan grandes pesos y hacen ejercicios a un nivel similar al de los hombres. Ahora, las chicas se arreglan bastante para ir al gym, con los ojos perfectamente pintados, la ropa ajustada y atractiva y el pelo normalmente recogido en una o dos trenzas. En mi época no nos pintábamos para ir al gimnasio, llevábamos camisetas anchas y «cualquier cosa» que anduviera por el armario. A mí particularmente me agrada ver tanto a chicas como a chicos más cuidados, con una imagen más sexy y cultivando su cuerpo. Yo, siguiendo la regla anteriormente citada de «donde fueres haz lo que vieres», me arreglo también y trato de actualizar mi ropa de gym con cierta frecuencia.

De fondo, se oye una música machacona. Un día es heavy, al otro es reguetón, al otro, los más, es música disco, pero siempre machacando, pienso que porque ayuda a hacer las repeticiones a un ritmo más bien vivo, además de levantar el ánimo. Esta música no impide escuchar los gemidos de esfuerzo, que en todo caso son asépticos.

En cuanto a lo kinestésico, las sensaciones de cómo trabajan los músculos se intensifican. También se siente lo mullido o no de la esterilla o del banco del aparato en cuestión, la frialdad del metal de las barras, la suavidad resbalosa de la bola de Pilates… Lo que ya no hay es «olores» diversos, los espacios están bastante bien ventilados y la gente tiene más higiene.


Después de todo lo descrito, se podrá dudar que guste este espacio. A mí sí me gusta. Yo vivo los ejercicios de gimnasia como una especie de meditación o mindfulness, es decir, me permiten estar presente, ya que estoy contando las repeticiones de cada serie, estoy consciente de la respiración para acompasarla al ejercicio y estoy pendiente de tener una postura correcta en cada ejercicio. Me gusta también la sensación de soledad acompañada, mucha gente sola compartiendo un espacio, cada uno haciendo lo suyo pero todos juntos. Y como decía, me gusta ver cuerpos cultivados. Además, los instructores siempre ayudan y proponen ejercicios adaptados a cualquier estado físico o de salud.

Así que… ¿te animas a ir al gym? ¿Ya lo haces habitualmente? Cuéntame lo que te apetezca en comentarios. Una vez más, muchas gracias por leer y compartir.

Lucky Star

Una vieja maldición china dice:

Que vivas en tiempos interesantes (May you live in interesting times).

Maldición china

Igual pensabas, como yo, que no nos iba a tocar, pero ya ves…

Hace unos días tuve la suerte de ver la película Lucky Star en un centro cultural. Es una joya de 1929, una obra maestra. En el centro cultural la presentaron: «Esta película es muda y el primer minuto es en silencio». Bajón. Lo primero que pensé es: «Vaya fósil nos vamos a tragar». Y esta idea se mantuvo cuando apareció el primer plano, una casa en el campo al lado de un camino. Se veía como difuso, casi parecía un cuadro poco luminoso en escala de grises.

Comienzo de la película Lucky Star. Captura de pantalla.

Al tiempo que surgió esta difusa imagen, comenzó una música por momentos un tanto molesta. Pensé: «Así, 90 minutos. ¿Aguantaremos?».

Y pronto cambió totalmente mi percepción. Los actores se comportaban de una forma natural, no de la forma teatralizada del primer cine mudo: no hacían gestos exagerados ni se movían por espasmos. Varias veces me acordé de Florence Lawrence, la actriz inventora del intermitente. Supongo que ese sería el aspecto de las películas que hacía The biograph girl.

La historia era sencilla pero con fuerza, una historia que se comprende sin necesitar diálogos. En su lugar, aparecían de vez en cuando los intertítulos en inglés que se han recuperado, y es que esta película estuvo desaparecida durante años, y se pudo recuperar después. Además de su sencillez aparente, la película muestra un juego de planos muy moderno, dinámico, acompañados siempre por la música.

La historia es preciosa, es una historia de amor tierna, en la que el amor va creciendo con pequeños gestos románticos, partiendo de una situación hoy impensable. Esta historia es idea de Tristam Tupper, que ya había publicado partes de la vida del personaje principal, Tim Osborne. El guion es de Sonya Levien.

La vida en guerra

La época en la que se sitúa Lucky Star es la Primera Guerra Mundial, concretamente en 1917 (hace más de un siglo…); desde luego, en «tiempos interesantes». Una época de carencias que en la película no se perciben como tales: simplemente, la vida era así. Una viuda con cinco hijos vive de vender y repartir lo que produce en su pequeña granja familiar. Un hombre vuelve de la guerra y pasa la vida arreglando objetos antiguos en su casa, alejada del pueblo, donde no hay, claro, ni tele, ni radio, ni ningún elemento que le distraiga o le conecte con «los sucesos de actualidad». Destacaré una frase que dijo (a través de un intertítulo) este hombre, Tim Osborne, porque me llegó al alma:

Yo no había tenido en cuenta los objetos rotos hasta que yo mismo estuve roto (smashed up).

Tim Osborne

Me sorprendió la calidad de las escenas de guerra, escenas creíbles, modernas, que transcurren durante la noche: una noche mucho mejor lograda que la de bastantes películas de los años 60-70 en las que las escenas nocturnas estaban rodadas a la luz del día y luego filtradas.

Por cierto, cada vez que recuerdo el título de esta película, la banda sonora que me viene a la cabeza es la canción «You Are My Lucky Star», de Gene Kelly y Debbie Reynolds, en otra joya del cine, Cantando bajo la lluvia:

Pero volvamos a la película de 1929.

Mary, la pequeña y desaliñada Mary

Mary es la protagonista femenina, la hija mayor de esa viuda de cinco hijos. Su vida es muy dura: se levanta, ordeña la vaca, recoge los huevos de las gallinas, cuida a sus hermanos pequeños, vende estos productos llevándolos con su carromato… Lleva ropa raída y desaliñada, está sucia, es pícara, engaña.

Su madre es rígida y antipática, centrada en las ventajas económicas que pueda obtener. Su papel se justifica: «Lo hago por tu bien». Esa madre viuda con aspecto de Doña Rogelia debía de tener mi edad, si no era más joven…

Igual que el resto de personajes, Mary vive su vida como la única realidad que existe, simplemente actúa, hace lo que tiene que hacer y, si puede rapiñar algo más, mejor.

Es muy interesante la transformación que cada personaje provoca en el otro. Mary se transforma y crece.

Wenn, el burlador

Y luego está Martin Wenn, un donjuan en toda ocasión: antes de la guerra, durante la guerra y después de la guerra. Sabe que, pidiendo matrimonio a las mujeres, las va a «burlar». En el pueblo, todos saben como es Wenn («He’s not good»), saben que engaña a las mujeres y sus madres, es otro personaje que saca la ventaja que puede de las situaciones que se le plantean.


Creo que esta película me sirvió para atisbar cómo se vive en tiempos muy duros, en «tiempos interesantes», cómo se sale adelante y cómo lo más humano, lo más compasivo, se abre paso en medio de la dureza.

Tienes esta película en FilmAffinity y en YouTube, aquí. Sé que no es lo mismo que verla en la gran pantalla, pero te aseguro que no te dejará indiferente:

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. Si ves la película, ya contarás qué te parece.

¿De vuelta?

Hace 9 meses dejé de escribir este blog. ¿Por qué? Varios motivos, el principal, la carga de trabajo.

Ahora leo mi última entrada, del 2 de julio del 2021, y veo que lo dejé «en todo lo alto» (modestamente).

No es que no se me hayan ocurrido nuevas ideas para «arengar a las masas», sino que las he ido descartando, a veces a la vista de los titulares: ¿cómo ponerme a hablar sobre teorías psicológicas cuando hay un volcán en erupción, una nueva ola de Covid-19 o una guerra? Creo que alguna vez he explicado que este blog se propuso desde el principio (2008) ser atemporal, hablar de lo que no cambia, ser filosófico. Esto solo dejó de ser así durante el confinamiento duro.

Por otro lado, las ideas que se me iban ocurriendo estos meses daban vueltas sobre lo ya comentado en este blog. Hay ya muchísima información aquí sobre análisis transaccional, constelaciones familiares, desarrollo personal, aprendizaje… Debido a esa gran carga de trabajo, tampoco he leído demasiado, lo que influye en la tendencia a la repetición en las batallitas que cuento en este blog.

Mientras volvía sobre mis viejas ideas, que no transcribía, trabajaba con intensidad y disfrutando mucho creando contenidos. Al final, como dice un ex compañero guionista, Javier Ródenas, «yo soy un mercenario». Pues yo soy una mercenaria, escribo lo que el cliente necesita, buscando caminos a la creatividad entre los huecos de sus instrucciones, siempre con la mente en el «cliente final», que en mi caso es un alumn@.

Imagen de https://www.cinemascomics.com/rambo-5-imagen-sylvester-stallone/ (lo que me imagino con la palabra «mercenario»)

¿Y qué hay de nuevo, vieja?

En esos tiempos de mucho trabajo he leído poco, pero sí he visto series. A veces estás viendo un capítulo prestando una atención difusa, medio adormecida, con el sano objetivo de pasar el rato. Y entonces escuchas algo como:

La incomodidad de la incertidumbre es la parte más rica de la experiencia.

Un profesor en un capítulo de Dawson’s Creek

Y te quedas ahí, pensando que ese personaje te ha dado una respuesta a cómo llevar lo que estás viviendo en ese momento. Yo le di a la pausa y lo apunté. Es una frase que me acompaña desde ese día, hace unas semanas. Cuando percibo caos en mi vida, traigo a mi mente esta frase.

O bien, en otra serie, escuchas:

It’s not a bug; it’s a feature. (No es un error, es una característica).

James McGill citando una frase que parece ser de Silicon Valey, en Better Call Saul

Las implicaciones de esta frase pueden ser tan amplias como las de un océano. De pronto, tus errores son solo características: puedes respirar hondo. De pronto, en cualquier aspecto de la vida, «esto es así», no es que esté mal hecho, sino que es como es. De vez en cuando, cuando algo está lejos de ser perfecto, pero está «pasable» o «potable», traigo a mi mente esta frase: es solo una característica más de ese algo.

Son pequeñas perlas que tampoco pretendo que sirvan para toda circunstancia y ocasión, pero de vez en cuando parece que dan un cierto alivio. ¿Te servirán a ti, lector@?

¿Qué hago ahora?

Hace poco he emprendido un nuevo camino laboral, muy motivador, y me he embarcado en algún que otro curso. Pienso que este cambio en mi vida pueda traer aires renovados a este «antiguo blog», que es como un abuelete ya. Lo veremos con el tiempo.

En conclusión…

En resumen, no sé si estoy o no estoy de vuelta aquí. Sea como sea, muchas gracias por leer. Un blog sin lectores es una voz clamando en el desierto.

No todo el oro reluce

¿Cómo valoramos a una persona? ¿En qué nos fijamos? ¿Qué es lo que nos abre puertas? Comenzamos con una frase de una canción de Manu Chao, «Me gustas tú»: no todo el oro reluce.

Que se mueran los feos

Seguimos con otra canción, «Que se mueran los feos», de Los Sirex.

Vamos a fijarnos en los autores que habitualmente cito en este blog. Desde Eric Berne hasta los Monty Python, lo cierto es que no son ejemplos de belleza áurea.

Eric Berne en 1969, autor desconocido.

Sin embargo, pronto nos olvidamos de esto ante su ingenio. Pero entonces, ¿hace falta ser ingenioso, muy brillante o con una personalidad arrolladora cuando no se es agraciado? ¿Quién determina esto de ser agraciado? ¿Y cuál es nuestra percepción de los demás cuando sus imperfecciones destacan?

Como el mismo Berne explica, cuando somos pequeños miramos libre y abiertamente a otras personas, en especial a las que tienen defectos o características llamativas. Después, rápidamente aprendemos que «ver no está bien visto». El análisis rápido que hacemos de una persona lo tenemos que hacer disimuladamente, porque la mirada fija es o puede verse como ofensiva.

El problema de dejar de mirar abiertamente, sobre todo aquello que no nos cuadra, es que puede llevarnos a dar por bueno algo que potencialmente puede ser un peligro. Voy a rescatar esta parte del post sobre Barba Azul:

Barba Azul se casa con la menor de cuatro hermanas, una jovencita que se siente atraída por esa extraña barba azul, que al mismo tiempo le da cierto reparo.

Clarissa Pinkola Estés

El aprendizaje consiste en ignorar las señales de alarma que provoca eso que nos da cierto reparo y que suele ser una mezcla de rasgos físicos y de personalidad.

Me duele la cara de ser tan guapo

Seguimos con otra canción, «Me duele la cara de ser tan guapo», con una letra aguda y un vídeo muy divertido:

Los guapos también nos pueden dar reparos. Una persona muy guapa puede provocar rechazo por muchas razones, la más habitual es la envidia, pero también puede deberse a leer en su rostro gestos de superioridad, de falta de empatía o de estar encantado/a de conocerse. Por tanto, ser una persona bella no es un carnet que nos coloque por encima del resto. Lo que sí es cierto es que hay estudios que demuestran que a la gente físicamente agradable le es más fácil conseguir puestos de trabajo y tener éxito, ya que llegan a obtener una «prima de belleza».

Además de la guapura innata, vivimos en una época donde hasta la clase política viste de forma elegante y atractiva, tipo Reservoir dogs, cuando no son dechados de belleza. Cuando era pequeña parecía existir una elección: «o eres guapa o eres inteligente». Ahora se dan mezclas interesantes de ambas cosas, gente agradable físicamente y que además es un portento en su campo. ¿Es esto más exigente? Porque antes, cuando te decantabas por uno de estos caminos a la vista de la información que recibías del exterior, podías descartar cómodamente el otro.

Pero estamos hablando de gente guapa y no estamos aclarando qué es ser una persona bella. Y esto lo rescato de un documental muy bueno que vi una vez y me dejó impactada: creando una máscara con las proporciones áureas, esta máscara se aplica a la cara de todas esas personas consideradas guapas y no a la cara de las que se considera menos guapas. Lo puedes ver entero aquí:

Uno de estos guapos es, por supuesto, Tom Cruise. En el documental también se dice que una cierta imperfección añade atractivo a estas caras. Podríamos pensar que Tom Cruise, con su nariz o sus dientes grandes, no es tan guapo, sin embargo, su cara encaja en la máscara áurea y puede permitirse sus pequeñas imperfecciones, que lo hacen más ¿humano? Utilizo esta palabra porque las caras generadas por inteligencia artificial crean una cierta tensión cuando se comparan con una cara humana real. Son tan perfectas que son siniestras.

Por el contrario, resulta imposible distinguir el deepfake de Tom Cruise del actor real. De lo siniestro pasamos a lo escalofriante:

Jeder se mira al espejo

Entonces, ¿hay que ser Tom Cruise y tener las proporciones áureas o generarlas con inteligencia artificial? Si es así, ¿cómo nos explicamos que la gente «fea» logre posiciones de éxito en la vida? Pienso que no se trata tanto de belleza objetiva como de irradiar autoestima. Y esto Eric Berne lo sabía muy bien.

Para referirse a una persona cualquiera, Berne inventó el nombre «Jeder». En varios textos de Berne he leído que Jeder ignora lo feo que se pone cuando se pasa la lengua por los dientes. Para Jeder, es un gesto inofensivo y, sobre todo, muy disimulado. Para un observador externo, Jeder se afea mucho haciendo este gesto. La propuesta revolucionaria para la época de Berne es que la persona se grabe en vídeo y se vea haciendo distintos gestos.

En una época en la que, además de vestir mejor y pintarnos más, nos vemos constantemente en fotos y vídeos, puede pensarse que este ejercicio ha perdido su sentido. Sin embargo, puede que sea al contrario: la imagen que publicamos está filtrada, alisada, photoshopeada, seleccionada de entre varias… hasta el punto de que podemos llegar a pensar que tenemos una cara distinta a la que tenemos. Al principio, el Photoshop quedaba al alcance de los famosos en revistas y anuncios. Ahora, hay que decirle al móvil que no te filtre para poder ver la realidad.

El otro día tuve la suerte de asistir como público a una clase magistral de Antonio Canales. Él explicó que lee en el cuerpo de un bailarín si es diestro o zurdo, sus años de experiencia, si tiene hijos… Realmente, lo que transmitimos con la postura, el tono físico, la mirada, la posición de la cabeza… es casi todo. Y se puede entrenar. Por eso suelo insistir en lo bien que viene hacer teatro, o en general artes escénicas.

Volviendo al tema de la guapura y sumándolo a una postura que denote autoestima, recuerdo un detalle del documental Love, Marilyn. Norma Jeane va andando por la calle con una amiga. De pronto, le dice: «voy a transformarme en «ella»». Cambiando la postura, la forma de andar y la mirada, de pronto la gente a su alrededor se da cuenta de que Marilyn Monroe está ahí, surgida como de la nada. Hasta un símbolo sexual como «ella» cambia la percepción de los que la rodean cambiando la actitud. Lo que puede dar para otro post futuro… o no.


¿Qué opinas? ¿Piensas que en general le va mejor a la gente guapa? ¿Piensas que la autoestima está asociada con la belleza? Ya sabes, deja un comentario, comparte libremente y gracias por leer. 🙂

Solo personas

Cuando empiezas a trabajar con una organización o institución muy grande, o multinacional, puede que te sobrecoja por su tamaño e importancia. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que al final, hasta la organización más grande está formada por personas. Son personas normales y corrientes, se trata de tener enfrente a otro ser humano.

Mujer joven negra mirando a cámara
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En muchos talleres de habilidades hay un ejercicio en el que los participantes caminan por la sala y buscan a alguien. Entonces, ambas personas se miran a los ojos durante tres minutos. Cuando se experimenta esto, se da una comunicación no verbal con el otro que permite comprobar algo de sentido común:

Somos iguales.

Esto es algo que destaca frecuentemente Brigitte Champetier des Ribes en sus talleres.

Pues eso mismo puede hacerse con las personas de las grandes instituciones. En realidad no te relacionas con todas las personas de la organización, eso no sería manejable; te relacionas con una o varias personas, no demasiadas. Y se descubre que, mirándose a los ojos, la naturaleza humana de ambas se revela.

Como esto no siempre es posible, podemos hacerlo internamente, imaginando a esa persona delante.

Esto ayuda enormemente a varias cosas: a darse cuenta de que el tipo de males que nos asolan son similares, que los ricos también lloran, que tenemos frustraciones parecidas y el mismo tipo de sueños, que el malo no es tan malo ni el bueno es tan bueno. Al fin y al cabo, solo somos dos personas, dos seres humanos imperfectos, que se relacionan.

Cuando el otro es igual que tú

Verse igual a otra persona permite:

  • Dejar de lado el exceso de importancia que cada persona trata de darse
  • Dejar de creer ser el ombligo del mundo
  • Sentir compasión por las circunstancias del otro, que podrían ser las propias
  • Relativizar los errores que comete la persona a la que miro: yo también podría cometerlos, yo también soy imperfecta

Eric Berne señala cómo en un primer momento dos personas se ven con claridad, en los primeros diez segundos, para después hacer una actuación de Oscar superponiendo una careta sobre la propia esencia. Cada persona hace lo mismo: primero ve al otro y se deja ver, después se oculta y se olvida de lo que ha sabido sobre la otra persona. Por eso el ejercicio que se hace en los talleres es sin hablar, solo mirada, porque ahí no hay careta posible, salvo en algunos grandes artistas de la Academia.

El protocolo y la tele

Quizá lo que más me impone a mí es el protocolo. Veo estas series como The Crown o House of Cards y es el protocolo, las formas y los uniformes lo que establece las relaciones y jerarquías entre las personas en ese contexto, de manera que el ejercicio de mirar a los ojos es difícil o está prohibido. Y puede que incluso si se pudiera hacer con personas como la Reina de Inglaterra, ahí estaríamos ante una persona tan entrenada en ocultarse que no la podríamos ver. En todo caso, no dejaríamos de estar ante un semejante, otro ser humano, otra persona.

Otra cosa que puede pasar es que el aura o carisma de una persona muy famosa nos impida verla como persona. Los grandes famosos que vemos siempre en pantallas también son personas, son seres humanos muy parecidos a cualquiera. Pero si los vemos fuera de las pantallas, si nos los cruzamos por la calle, su aura nos puede obnubilar, su carisma nos puede impresionar tanto como si fuesen seres superiores. Ya he contado alguna vez que yo he conocido a una persona muy famosa cuando no lo era y luego lo empezó a ser. Ya tenía ese carisma que atraía las miradas sobre ella, ya era un poco diferente al resto. Pero no dejaba de ser otra persona más, otro ser humano.


En definitiva, sea por pertenecer a una gran institución o de mucho prestigio, sea por tener una jerarquía muy alta que obliga a un protocolo o sea por ser «famosa», una persona nos puede parecer «otra cosa» mientras no hagamos o visualicemos el ejercicio de mirarla a los ojos, hasta poder ver, simplemente a «uno cualquiera».

¿Qué opinas? ¿Hay personas o situaciones que te imponen mucho? ¿Cómo te sientes ante grandes organizaciones o instituciones? Como siempre, te agradezco mucho que leas y compartas libremente.

Pequeños trucos

El otro día leí un tuit que me gustó y me dio que pensar:

Tuit de Bea (@bvlba) que dice: La vida es como usar excel, crees que sabes pero no.

Después de muchos años aprendiendo sobre habilidades, empatía, asertividad, emociones, Tai Chi y Chi Kung, gestión del estrés, mindfulness, constelaciones familiares, análisis transaccional… no puedo estar más de acuerdo con el tuit de Bea: crees que sabes sobre la vida, pero no.

Incluso a veces escucho en mi pensamiento eso de:

Solo sé que no sé nada.

Sócrates

Es un efecto curioso, ¿verdad? Es como la biblioteca de libros no leídos de Umberto Eco que menciona Nassim Taleb: es claramente mayor que la de libros leídos y, cuanto más se sabe de un tema, más títulos sin leer se encuentran sobre él. Sobre esta «antibiblioteca» podéis leer un artículo muy bueno de Cristian Vázquez aquí.

A los 25-30 años pensaba que tenía todo muy claro. Impartía formación presencial en habilidades de todo tipo, e incluso impartía taichí, y me parecía que comprendía de qué va la vida y qué teclas apretar para que todo fuese bien.

Titulación frente a experiencia

Después, a partir de los 31 y debido a una crisis vital importante, o mejor lo llamamos por su nombre, a una enfermedad crónica importante, fui dándome cuenta de que no sabía lo suficiente. Empecé a prepararme más en las áreas que he citado, principalmente en constelaciones familiares y gracias a Insconsfa. Fui descubriendo mucho sobre mí, aquello que obvias porque parece estar escrito en un lenguaje ajeno, pero que un observador externo agudo puede ver.

Y ahora que ando por los 46, veo que gran parte de la preparación teórica sirve de muy poco, que lo que ha contado realmente ha sido lo experiencial, tanto en constelaciones, sí, como en actividades «lúdicas» de las que también se aprende sobre la vida, y sobre todo viviendo, enfrentándose a lo que la vida propone. Experiencial y preverbal: mucha «sabiduría» no está verbalizada, no son frases y sentencias grandilocuentes, es un saber que está ahí, una especie de intuición sin palabras.

Se sigue valorando la titulación, puede que cada vez más. Y también es verdad que se valora la experiencia: es la única que realmente demuestra que una persona puede hacer una tarea concreta con destreza. Seguramente, la persona que ha ascendido por su experiencia conoce la teoría de su sector, sin embargo, no necesariamente ha tenido que leerla en cientos de libros, sino que la ha ido adquiriendo a través de su acción.

En la vida me ha sorprendido encontrarme con personas que saben mucho de lo que he estudiado, pero lo saben porque lo han observado en la realidad: yo me inclino ante eso. Son personas prácticas, que tienen los ojos abiertos, que ante las incógnitas de la vida lo que hacen es tomar el presente y seguir adelante, sin preocuparse demasiado por no saber las teorías que pueden estar detrás, pero sacando conclusiones que solo pueden derivarse de vivir el presente intensamente.

Un ejemplo cinematográfico es el personaje de Moustache en Irma la dulce, del que ya hemos hablado antes. Moustache observa la realidad desde detrás de la barra de su bar, conoce cómo funciona la vida, no juzga, simplemente comprende que el mundo es imperfecto y tiene un saber intuitivo sobre lo que va a funcionar y lo que no. Es verdad que este personaje tiene mucho bagaje, constantemente pone ejemplos de lo que experimentó en distintas profesiones, algunas de mucho prestigio: son esos pequeños trucos que se aprenden por estar ahí.

Camarero Moustache, personaje de la película Irma la dulce

Pequeños atajos

No sabemos Excel, pero sí conocemos pequeños atajos, trucos que sirven para manejar este software y conseguir lo que necesitamos de él, en ocasiones con grandes esfuerzos intelectuales. No sé si esto nos permite hacer tablas dinámicas, pero al menos nos defendemos.

Con la vida creo que pasa lo mismo, que aprendemos trucos o pequeños saberes, humildes, que incluso pueden aplicarse en varias áreas distintas. Así, nos damos cuenta de que los grandes y transformadores eventos de nuestra vida nos marcan temporalmente. Con el tiempo, nos adaptamos a la nueva realidad y volvemos a los viejos hábitos. Pero por ese duro camino hemos adquirido algunas herramientas que podemos utilizar para situaciones distintas.

Aquí algunos consejos de Moustache (el vídeo está en inglés): el mundo está lleno de oportunidades.

Cuestión de tiempo

La semana pasada hablábamos de lo que se experimenta en el momento presente, el ahora. Y recibí un vídeo relacionado con ello, está más abajo. El vídeo añade la variable del espacio, describiendo el continuo espacio-tiempo, el «ahora y aquí». Introduce la teoría de la relatividad dando distintos ejemplos. También muestra cómo el cerebro trata de anticiparse a lo que va a suceder, pero no siempre acierta.

Os recomiendo ver el vídeo, es interesante y está muy bien contado. Además, utiliza el humor, algo que valoro mucho porque no es necesario ser mortalmente aburrido para explicar un concepto (de hecho, es contraproducente):

Una de las cosas con las que no estoy de acuerdo con el vídeo es que el momento presente, el «ahora», sea poco importante en relación con otros momentos anteriores o posteriores. Según vemos en el vídeo, el ahora de cada persona es ligeramente distinto según su punto de referencia. Además, el cerebro crea un «ahora» a partir de los estímulos recibidos y por tanto en realidad es un ahora pasado. Vale, esto es física, esto es neurociencia, no se puede cambiar.

Además de lo anterior, también es verdad que si una persona quiere hacer cualquier cosa, es decir, quiere actuar sobre su vida, solo puede hacerlo en el momento presente, incluso si es un presente con retardo. Desde luego, no puede actuar sobre su pasado: puede que la información del pasado esté intacta en el universo, pero el humilde mortal no accede a ella. ¿O sí puede? Una persona puede actuar sobre su pasado desde el presente, por ejemplo, deshaciéndose de mandatos inscritos en su guion de vida a una edad muy temprana. Tampoco puede actuar sobre el futuro. Puede proyectar, desear o planear, pero la acción solo se puede producir ahora.

Distintas percepciones del tiempo

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El vídeo habla de cómo percibe el tiempo el cerebro humano, pero no compara percepciones subjetivas del tiempo. Esto me interesa más. Los ritmos de cada persona son distintos, no solo hay personas más diurnas o más nocturnas, sino que hay personas que se mueven más lento y personas que se mueven más rápido por la vida. Hay personas que necesitan reposar, otras personas necesitan desconectar del mundo viendo la tele durante horas, otras personas se involucran en una actividad intensa tras otra y otras se lo pasan bien haciendo varias cosas a la vez… Unas personas duermen mucho, otras duermen poco. Para unas personas, los días se pasan muy lento, para otras, demasiado rápido.

Conozco personas que afirman que nunca se acostumbrarán a madrugar para ir a trabajar, tras años y años de hacerlo, mientras que otras personas «no son nadie» a partir de las 4 de la tarde.

El estado de flujo

El aspecto que más me ha atraído siempre sobre la percepción del tiempo es la vivencia subjetiva de la repetición. Hemos hablado más de una vez del día de la marmota, por ejemplo. O de la urgencia del tiempo con la que viven algunas personas, como vivía Punset.

En realidad, el ser humano oscila entre la tensión y el aburrimiento. A la estrecha franja entre ambos le han llamado flow, estado de flujo, o fluir. ¿Puede provocarse la vivencia de estas experiencias en las que todo parece fluir? ¿De qué depende? El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi ha estudiado la composición de estas experiencias autotélicas o de flujo (flow).

«Son situaciones en las que la atención puede emplearse libremente para lograr las metas de una persona, porque no hay ningún desorden que corregir ni ninguna amenaza para la personalidad de la que haya que defenderse».

Mihály Csíkszentmihályi

Estas experiencias de flujo se dan cuatro veces más cuando se está trabajando que en actividades pasivas de ocio, ya que el flujo es el resultado de combinar habilidades y desafíos de forma proporcionada. Otro ejemplo es que es más fácil entrar en estado de flujo cantando o bailando que solo escuchando una música. En otras palabras: el estado de flujo se produce en el momento presente (aquí y ahora) y en la acción (no en la pasividad).

Si los desafíos son desproporcionados, surge la ansiedad. Si por el contrario las habilidades superan a los desafíos, surgirá el aburrimiento. En medio de ambos está el canal de flujo, que para Csikszentmihalyi refleja el disfrute, y por ende la felicidad.

¿Cuáles son los elementos que caracterizan el estado de flujo?

Los individuos que lo han experimentado lo describen de la siguiente forma:

  • Tienen metas claras durante la actividad, saben qué tienen que hacer en cada momento. Y saben si lo están haciendo bien, reciben información o feedback de forma continua.
  • Ni fácil ni difícil: no existe ansiedad por desconocer la tarea o encontrarla difícil, y sin embargo no es lo suficientemente fácil como para resultarnos aburrida.
  • Tienen toda la atención en la tarea, por lo que su consciencia está dedicada únicamente a esta actividad. Así, disminuye la autoconsciencia, es decir, son menos conscientes de la propia existencia, de su yo. De alguna manera el yo se hace más universal al diluirse en la actividad. Además, existen pocas posibilidades de ser distraídos, ya que, al estar concentrados en el presente, en el aquí y ahora, el cerebro funciona al máximo con un mínimo de energía, de forma eficiente.
  • No tienen miedo al fracaso. La preocupación por fracasar en la tarea nos sacaría de forma inmediata del estado de flujo. Centrados en la tarea, no cabe pensar en que salga mal.
  • La actividad es un fin en sí misma, es decir, tiene sentido en sí, aunque luego pueda utilizarse su fruto para otras actividades. Si conseguimos que todas las actividades que realizamos tengan sentido por sí mismas, podremos sentir que merece la pena el tiempo que les dedicamos.
  • Se distorsiona su sentido del tiempo. ¿Cuántas veces nos ha parecido que el tiempo pasaba volando, justo cuando mejor lo estamos pasando? En el estado de experiencia óptima, el tiempo deja de ser el del reloj para cobrar una dimensión subjetiva en la que se percibe un transcurso del tiempo más rápido del habitual. En ocasiones, también se describe en el estado de flujo lo contrario: una acción que dura segundos parece hacerse eterna. Por ejemplo, le ocurre a un bailarín que realiza una pirueta.

De nuevo el tiempo… No solo cada persona percibe el tiempo de una forma distinta y esto se puede medir, sino que la misma persona puede percibir el tiempo de forma distinta según la actividad que esté realizando.

Entonces, ¿fue real?

Si analizo desde el punto de vista del estado de flujo mi encuentro con Darth Vader en la RV (realidad virtual), diría que la experiencia cumplió todas las características del estado de flujo. ¿Fue real? ¿Qué opinas?


Agradezco a mi hermano que me enviase el vídeo sobre «¿Cuándo es ahora?» y, como hoy es su cumpleaños, le regalo esta reflexión. ¡Felicidades, Luis!

¿Es real la realidad?

Voy a utilizar el agudo título de una de las obras de Paul Watzlawick para hablar de esto: qué es «real» y qué no lo es. En concreto, me gustaría contraponer la experiencia directa con las experiencias «no directas»: imaginadas, soñadas o vividas en un mundo virtual.

Varios maestros espirituales, autores de mindfulness y gurús ponen el mismo ejemplo: si eres capaz de imaginar vívidamente cómo chupas o muerdes un limón, salivarás a pesar de que no hay un limón real. La experiencia es imaginada pero tu cuerpo responde a ella como si fuese real. Pues bien, lo que dicen los místicos es que esta forma de vivencia nos aleja de despertar a la realidad, a la experiencia directa de lo que es.

Por poner un ejemplo, Osho dice que para caminar hacia la iluminación has de empezar a estar más alerta de tus acciones, tus relaciones, tus movimientos y tu respiración. Observar la respiración puede ayudar a entender la confianza: confías en que vas a continuar respirando, recibiendo vida al inspirar. La confianza es parte de la vida, del amor, está en cada una de tus células. Al estar más alerta, te haces consciente del hecho de que solo hay una cosa que puedas llamar tuya, y es el hecho de observar, el observador. Cuando te haces consciente del observador, desaparece el “yo” y solo queda el hecho de observar. Esa observación es la meta del camino de iluminación.

Imagen de 4144132 en Pixabay

Por otro lado, en el post anterior hablábamos de cómo Milton Erickson se había estimulado a sí mismo por medio de autohipnosis para trabajar sus músculos cuando quedó paralizado por la poliomielitis. Lo que hizo fue evocar recuerdos de la actividad muscular de su cuerpo. De esta manera, poco a poco ajustó sus músculos y fue recuperando el control de partes de su cuerpo, hasta que pudo hablar y usar sus brazos (puedes leer esto en la página de Wikipedia sobre Erickson en inglés). Estos recuerdos eran de experiencias reales, pero evocar un recuerdo no es lo mismo que tener la experiencia en el momento presente. Aun así, vemos que este trabajo funcionó.

Por tanto, cabe preguntarse por qué la experiencia directa es superior o más deseable que la «indirecta» para el conocimiento de la realidad. Es más, ¿es posible tener una experiencia directa de la realidad?

Percepciones

¿Percibimos las cosas tal y como son? ¿Por qué algunas cosas llaman nuestra atención y otras no? ¿Percibe el ser humano solo lo que es necesario para su supervivencia?

La percepción es algo muy diferente a un fenómeno pasivo en que nuestros sentidos captan elementos de la realidad que después se procesan en la mente. Al contrario, las características de cada persona harán que perciba unos estímulos u otros, que preste más atención a determinados estímulos, o que minimice otros.

En este sentido, la percepción es un proceso activo, en que la mente realiza un trabajo que va más allá del papel de espectador. Para el neurólogo Antonio Damasio, cuando llegamos a la edad adulta todos los estímulos provocan alguna emoción (estímulos emocionalmente competentes).

Así, más que percibir la realidad, creamos en la mente copias de ella acordes con la agudeza de nuestros sentidos. Cabe aquí uno de los pilares básicos de la programación neurolingüística (PNL), que afirma que «el mapa no es el territorio», puesto que recoger en un mapa todos los accidentes del terreno, nos llevaría a usar un mapa de escala 1:1, o al menos tan grande que resultaría inservible.

Percibir es un proceso de supervivencia: percibimos porque esto ha servido evolutivamente para asegurarse la supervivencia. El hecho de que lo percibido sea filtrado de forma inevitable por nuestras estructuras cerebrales es algo que también es adaptativo. Los seres vivos más simples también perciben, pues cuentan con dispositivos para encontrar fuentes de energía, mantener su equilibrio químico, conservar su organismo o reparar los daños físicos.

Además, percibir es un proceso selectivo, no solo por la limitación de nuestros sentidos o por la subjetividad de cada individuo, sino porque realizamos una selección activa de determinados estímulos por medio de la atención. Prestamos atención a unos estímulos e inhibimos otros en función de factores externos, como la cercanía al estímulo, su tamaño, color, o movimiento, y factores internos, como el interés o la motivación que tenemos en él.

Creencias y prejuicios

Hace poco decíamos aquí que nos aferramos a las creencias para seguir explicando la realidad de manera que responda a ellas. Estas creencias están instauradas en nuestra mente como si fuesen programas de ordenador. Limitan lo que se percibe o hacen que se interprete de una forma concreta. Desde este punto de vista, lo que entendemos de la realidad con unas creencias puede ser exactamente lo contrario de lo que entiende otra persona con otras creencias. ¿Quién tiene razón? Tiendo a pensar que ambas tienen parte de razón y ambas están equivocadas. Es como mirar un cilindro desde dos perspectivas distintas y no tener la habilidad de ver en 3 dimensiones. Proyectado en el plano, un cilindro es un círculo o es un rectángulo: ambas cosas son parcialmente ciertas para explicar la realidad del cilindro.

Realidad virtual

Hace unos días me puse por primera vez unas gafas de realidad virtual. Y me quedé impresionada. Porque estaba en otro mundo que yo sabía perfectamente que no era «real», sin embargo, no podía evitar reaccionar a él como si lo fuese. En particular, «pude volar». Estaba de pie, pero la sensación de estar sobrevolando una ciudad era muy intensa. De hecho, cuando me choqué un par de veces contra los edificios, eso también fue bastante real.

También vi a Darth Vader. De pronto apareció a lo lejos y se fue acercando, se acercaba y yo retrocedía: Darth Vader, ese señor oscuro, altísimo, grande y con un casco que tapa su cara. Ese señor se acercaba y me habló, creo, me alargó una caja y yo con unas manos virtuales que se veían en este mundo alternativo cogí esa caja. En ese momento estaba tan absorbida por la situación que Darth Vader mismo me habría podido tirar al suelo sin empujarme. Otros personajes de ese juego también estaban demasiado cerca, en un espacio cerrado tipo nave, y empecé a sentir claustrofobia. La principal diferencia con el cine en 3D era que me miraban, me hablaban a mí y respondían a lo que yo hacía en ese entorno.

¿Eso era real? Estaba ocurriendo en el presente, un presente alternativo, una especie de sueño vívido. Como también apuntamos hace poco, la realidad virtual se utiliza para hacer simulaciones y aprender a reaccionar en situaciones que es muy caro o complicado producir. En este sentido, el cerebro no solamente responde a los estímulos que proceden de un entorno simulado, sino que las redes neuronales refuerzan aprendizajes prácticos a partir de estas situaciones.


Yo concluiría que, si la experiencia sirve, se englobe dentro de las herramientas tan variadas que tiene nuestra mente. Si sirve para relajarse, para visualizar una meta, para jugar o para entrenarse en una habilidad, esta experiencia merece ser vivida. Si la experiencia nos aleja de los demás, nos impide tener contacto con «la otra realidad del cilindro», entonces la podemos modificar. Por último, si realmente buscamos tomar la pastilla roja, como en Matrix, es otro camino para el que lo mejor es hacer nada, tal como reflejó San Juan de la Cruz en la subida del Monte Carmelo.

Y los sueños ¿sueños son?

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Las ruinas circulares. Borges

Alguien me sugirió que escribiese sobre los sueños en este blog. No había pensado que pudiera formar parte de lo que estoy tratando últimamente, pero de pronto recibí un regalo: Fundación Telefónica daba una conferencia sobre los sueños como parte de su ciclo Repensando el mañana: ¿Para qué soñamos?

Mujer durmiendo en la cama, tal vez soñando
Imagen de Claudio_Scott en Pixabay

Sidarta Ribeiro y Mariano Sigman mantuvieron una charla con la periodista Pampa García Molina sobre el tema, tomando como base el libro El oráculo de la noche, de Sidarta Ribeiro. Y lo que hablaron en ella los neurocientíficos invitados me acabó de convencer de tratar sobre los sueños ahora.

Comienzo por el final: me sorprendió positivamente cómo el autor del libro, un neurocientífico, daba valor a toda la tradición ancestral, esotérica y psicoanalítica del análisis de los sueños.

Recuerdos y proyección de futuro: los dos componentes de los sueños

Los sueños son producto de la actividad de las neuronas. No son solo recuerdos, sino que se involucra al sistema de recompensa del cerebro (deseos y miedos). Sirven para forjar lo que somos y preparar el día siguiente. De esta manera, se podría decir que quien sueña menos es menos sí mismo (en palabras de Mario Sigman).

La actividad eléctrica del cerebro durante la noche es tan alta como durante el día. Es, sin embargo «otra fiesta». Una de las explicaciones de la necesidad de soñar es que nos permite ordenar «en silencio» y asimilar lo que se vive en el día. Tiene una parte de reactivación de memorias y consolidación de lo importante, descartando el resto.

Además de ese «revivir el día», tiene el componente de tratar de ensayar o adivinar lo que va a pasar al día siguiente, es decir, en el futuro. Esto lleva a Sidarta Ribeiro a llamarlo «oráculo probabilístico»: con el ayer imaginamos el mañana. Por tanto, hay algo de premonitorio en los sueños, se generan nuevas ideas y se juega con distintos futuros.

Vadim Zeland va más allá, afirma que los sueños reflejan acontecimientos reales que podrían suceder en el pasado o en el futuro. Así, las imágenes que vemos parecen pertenecer a un mundo aparte, lo que descartaría que los sueños imiten la realidad. En ese caso, la mente no inventaría sueños, los «vería».

Volviendo a la conferencia, el sueño es una parte importante de la vida y su origen se remonta millones de años atrás. No le damos el valor que tiene, no lo ponemos al nivel de la vigilia. Aquí, Mariano Sigman mencionó Las ruinas circulares, de Borges: un hombre se propone crear a otro hombre durante el sueño, por lo que se consagra a dormir y soñar, mientras que en la vigilia tan solo se alimenta frugalmente.

Sidarta Ribeiro no olvidó mencionar a Freud y Jung, que ya trabajaron sobre los sueños.

El sueño prepara al soñador para el día siguiente. Carl Jung

Estos estudios se abandonaron por tener el enfoque subjetivo del psicoanálisis, mientras que ahora es posible retomar el tema desde el punto de vista neurocientífico.

Soñar… jugar

Los patrones cerebrales del sueño se pueden analizar, y estamos en el camino de poder ver y grabar las imágenes que se producen en la corteza visual del soñador.

Por otro lado, en el sueño, el cuerpo se separa de la cognición. Podemos volar, saltar, respirar bajo el agua, morir… Es en muchos sentidos como un juego, como una realidad virtual en la que ensayamos mientras el cuerpo se queda quieto.

Personal de la armada de los Estados Unidos usando un sistema de realidad virtual para entrenarse
021115-N-5862D-001 NAS PENSACOLA–«Virtual Reality» Navy and Marine Corps aviators receive state of the art training at the Naval Survival Training Institute aboard NAS Pensacola Fla. (Photo by PHC(NAO) Chris Desmond COMNAVCRUITCOM)

En este sentido, los sueños lúcidos son un interesante campo de ensayo: el soñador controla el sueño, es su guionista. De esta manera, tiene una actitud activa hacia el sueño, va a cazar sueños, no a ser cazado.

Pensamientos y sueños están alojados en una «malla» de neuronas. Uno de los experimentos que se han realizado es evocar un aprendizaje a partir de un olor. Primero, la persona durante la vigilia aprende una información y se relaciona con un olor, por ejemplo a rosas. Después, durante el sueño, ese olor a rosas hará que la persona trabaje sobre esa información y al día siguiente recuerde más que antes del sueño.

Interpretación de los sueños

En cuanto a la interpretación de los sueños, de nuevo Sidarta Ribeiro nos indica que no hemos de desdeñar la interpretación que se viene haciendo de forma ancestral. Lo cierto es que un catálogo de significados no resulta útil, sino que el sueño solo puede ser interpretado por la propia persona, alguien cercano o su psicoanalista. Aunque esto también se abandonó por no tener base científica, ahora se sabe que hay neuronas especializadas en personajes o entidades imaginarias, que se activan cuando los evocamos o soñamos con ellos.

Desde el punto de vista de las constelaciones familiares, el sueño utiliza símbolos, la metáfora es su lenguaje. Por tanto, solo se interpretan aquellos símbolos que piden ser escuchados, por ejemplo, sueños repetitivos o desagradables. El resto de sueños hacen un trabajo sin nuestra intervención consciente. También es interesante el análisis del insomnio, cuya causa estaría en una culpa no asumida, propia o que puede venir de muy lejos.

Puede ser interesante crear un «sueñario» para conocernos mejor. Cuando tenía 15 años pasé un verano en Irlanda. Tuve unos sueños muy extraños, y se me ocurrió llevar un diario de los sueños; no sabía que se podía llamar sueñario. Lo que sí sé desde entonces es que, cuando se experimentan circunstancias novedosas, los sueños cambian y se vuelven más creativos y apartados de la realidad. Yo los llamo «sueños siniestros«. Y esto lo estamos viviendo también en esta época.

Sueños Covid

¿Recuerdas haber soñado con las mascarillas, con las restricciones, con las personas que han enfermado, las que han muerto?

Se han hecho varios estudios sobre los sueños a partir del confinamiento del año pasado y de la situación que continúa. Lo que se ve es que se tarda un tiempo en incorporar a los sueños algo que nos resulta desagradable: se llama «represión de memorias».

Es posible que colectivamente estemos teniendo sueños siniestros o pesadillas, esas que también reflejan el síndrome de estrés post traumático. Los sueños colectivos buscan predecir un futuro impredecible. Tal vez podamos resolver, también colectivamente, el significado de lo que soñamos, devolviendo a los sueños su importante estatus. Es justo la pretensión de Sidarta Ribeiro.


Se nos quedan muchos temas en el tintero: ¿Cuándo se sueña? ¿Cuánto dura un sueño? ¿Qué tipo de patologías pueden revelar las disfunciones en los sueños?

La visión humanística, integradora y respetuosa de este neurocientífico sobre la historia de los sueños en la humanidad me lleva a indagar más. Es posible que sigamos tratando este tema más adelante.