Las edades del hombre

He visto la nueva película de Top Gun. Llama la atención lo bien que se conserva Tom Cruise, a pesar de que este año 2022 cumpla los 60 tacos. Aun así, el que «Maverick» sea como el abuelete de los nuevos pilotos, hace que su historia personal esté desleída (ocurrió en los 80, nada menos) y sin embargo roba el posible protagonismo a los nuevos, personajes totalmente planos y sin sustancia (desde mi punto de vista de espectadora palomitera).

Imagen tomada de https://www.infobae.com/historias/2022/05/26/top-gun-el-capitan-que-casi-arruina-la-mejor-escena-la-tragica-muerte-en-el-set-y-tom-cruise-banado-en-su-vomito/

Por Tom Cruise pasan los años también, aunque de forma diferente a como pasan por la mayoría. ¿Cómo sería Tom en el siglo XIX y con los avatares de aquella época? ¿Cómo serían él o cualquier actor o actriz sin acceso a los retoques? ¿Cómo seríamos cada uno de nosotros si no nos pudiéramos teñir el pelo y no existieran los gimnasios?

Me voy a mi fuente preferida: los episodios nacionales de Galdós. En ellos, hay varias referencias a la edad de los personajes y lo que estaban haciendo en ese momento. Llama la atención que el envejecimiento era bastante parecido al de ahora, por las descripciones que hace don Benito de los personajes. Por ejemplo:

Gay (…) era un hombre membrudo, como de cincuenta años, la cabeza blanqueada por canicie precoz (…)

Luchana.

Es decir, al escritor le parece prematuro tener canas a los cincuenta años. Yo diría que hoy en día nos parece lo más normal; estamos en el mismo caso.

En otra parte de Luchana, se habla de Aura y otras amigas suyas: tienen alrededor de 20 años y en varias ocasiones los otros personajes las llaman «niñas». Esto no quita para que estén en edad casadera y ya se empiecen a arreglar compromisos con esta o aquella familia.

Nuestro ya estimado don Beltrán de Urdaneta, cuando habla de su ceguera progresiva, comenta:

Hay días en que no veo tres sobre un burro, y si sigo así, pronto quedaré ciego. Esto me aflige, porque me he propuesto llegar a los noventa.

Don Beltrán de Urdaneta en Luchana.

Es decir, en el siglo XIX era normal que alguien se propusiera vivir hasta los noventa años.

Por otro lado, esto dice don Beltrán de su nieto:

Figúrate que tiene veintiséis años, y ya es calvo… sí, hijo mío: se le cae el pelo de tanto cavilar haciendo números, y enfilando largas baterías de reales y maravedises. Su calvicie procede también de la sordidez, de la sequedad del entendimiento, donde no han entrado más que los números.

Don Beltrán hablando de su nieto Rodrigo, Luchana.

De esta descripción se puede deducir que no era normal en esa época que a un chico joven se le empezase a caer el pelo tan pronto. También se puede inferir que no mucha gente se dedicaba a «cavilar haciendo números», y que semejante actividad parecía conducir a la calvicie, frente a otras de más acción física. Esto da que pensar.

Modos de vida

En aquella época, la actividad física era muy superior a la de la época actual. Las mujeres iban al mercado, o mantenían una casa, o tenían que atender una granja, etc. Los hombres estaban en el ejército, o trabajaban el metal, como vimos en el post anterior, o traían y llevaban mensajes. Es posible que la acción de los personajes de ficción sea mayor que la de las personas reales de la época. Eso también ocurre ahora: en las series y películas, casi siempre los personajes están de pie, recorren un pasillo, se suben a un coche, se bajan… Rara vez permanecen mucho tiempo frente a una pantalla o mirando su móvil en el sillón, porque es aburridísimo de ver. Haz el ejercicio de verte desde fuera en el transcurso de un día: casi todo el rato aparecerás en posición sentada mirando fijamente a algo.

Aun así, el narrador no califica como extraño que sus personajes estén en constante movimiento y acción física, que recorran largas distancias andando (largas es media España) o que paseen por la ciudad durante largo rato. Rara vez aparecen sillas en las descripciones de los espacios cerrados, salvo en los bares en los que los personajes se reúnen a hablar de política. Y las camas suelen ser camastros «más duros que la piedra», rara vez un personaje descansa en una cama confortable.

En resumidas cuentas, se podría deducir que las edades de la época eran similares a las actuales, y que en cambio, los signos de envejecimiento como la calvicie o las canas no se ponían de manifiesto tan pronto, quizá por una actividad física mayor.


Ya, ya sé que últimamente visitamos mucho el siglo XIX, quizá habría que escuchar este consejo que Galdós pone en boca de Sabino, padre de Zoilo:

(…) conviene que no mires tanto a lo pasado, pues el que mira mucho atrás, atrás se queda… y el que vive entre fantasmas en fantasma se convierte…

Sabino en Luchana.

Puede que en otro post hablemos de la inflación y tal y cual. Ya veremos. Mientras tanto, muchas gracias por leerme, por comentar y por compartir. 🙂

Última temporada: la más alta traición

En muchas de las series que he visto, sobra la última temporada, quizá las dos últimas. De pronto, la fórmula deja de funcionar, los capítulos se hacen pesados de ver, las historias que se cuentan no tienen la magia de las anteriores, casi se percibe el cansancio del equipo que lo ha producido. Y lo peor de todo: los personajes empiezan a actuar de una forma no coherente con quienes eran antes.

Esta falta de coherencia de un personaje era algo que molestaba mucho a Annie Wilkes, la enfermera psicópata fan de Paul Sheldon en Misery. No es que me guste tener algo en común con ella, sin embargo, creo que el propio Stephen King hablaba a través de ella: una vez se ha construido un personaje y conocemos sus valores, sus acciones y sus emociones, resulta muy incómodo verle actuar de una forma distinta, incoherente con lo anterior.

¿Por qué es tan importante que los personajes sean en todo momento coherentes, incluso si evolucionan a lo largo de la historia? Pensemos en historias como Enemigo público o la gran La invasión de los ultracuerpos: es muy inquietante que las personas en las que siempre has confiado comiencen a comportarse de una forma extraña, o empiecen a desconfiar de ti. De pronto, aquellos más cercanos se convierten en enemigos, en seres frente a los que te tienes que proteger.

Imagen vista en https://www.cinetecamadrid.com/programacion/la-invasion-de-los-ultracuerpos

Dawson’s Creek

He estado viendo «Dawson crece»; no la vi en su día. Me gustó su estilo desenfadado, puedes ver un capítulo de Dawson’s Creek y luego irte a dormir: no tendrás pesadillas.

Esta serie mantiene la coherencia de los personajes de Dawson Leery y de Joey (Josephine) Potter, pero traiciona por momentos al resto de personajes. Por ejemplo, uno de ellos, Pacey Witter, en una época es pareja de Joey y está profundamente enamorado de ella, se siente inferior a ella y muy agradecido de haber conseguido conquistarla. Pasan un verano en un barco velero sin mantener relaciones sexuales y luego sí lo hacen, es «su primera vez». Pues bien, se traiciona al espectador cuando Pacey, en una fiesta, empieza a gritar a Joey de forma agresiva y corta con ella. Eso no es coherente con lo anterior ni con lo posterior. Pacey nunca se comportaría así.

Otro personaje, Jen Lindley, la chica rubia y sexy que aparece y se interpone entre Dawson y Joey, es al principio la mujer explosiva con un pasado de vida «poco respetable», en el que ligaba con quien quería, tomaba drogas, iba a fiestas… Muy pronto, se recorta el personaje de Jen, quizá por criterios moralistas, y se convierte en una especie de joven-vieja sabia que está de vuelta de todo y que explica a los demás cómo es la vida. La transformación de Jen podría ser coherente, pero no lo es, y deja al personaje vacío de contenido.

Lionel: cuando el actor/actriz se va

Hay varias formas de resolver en guion el hecho de que el actor se canse de su papel y se vaya o le hagan irse. Normalmente, le matan. En Dawson’s Creek hay un caso claro, el padre de Dawson. Yo diría (sin saberlo) que también en Better Call Saul Charles McGill, el hermano del protagonista, muere porque el actor decide dejar la serie. En otros casos se retira al actor por su comportamiento, como se hizo con Charlie Sheen en Dos hombres y medio o Kevin Spacey en House of Cards. En mi humilde opinión, eso nunca funciona. En estos dos últimos casos, además, el alma de la serie era el actor al que se retira, de manera que la serie ya no se sostiene.

El extremo es cuando el personaje es sustituido directamente por otro actor. Creo que fue en la serie «Rituales», que veíamos mis hermanos y yo de pequeños, pero no estoy segura. Lo que sí recuerdo perfectamente es el nombre del personaje: de un capítulo a otro, un tal Lionel empieza a tener otro cuerpo y otra cara. Se hace muy, muy raro.

Construcción de personajes coherentes

Está claro que el personaje definido en un guion está sujeto a los avatares de la producción y del propio actor o actriz. Donde pueden crearse personajes con gran detalle y que puedan evolucionar y crecer, es en la novela. Ahí, el autor es como dios, hace lo que quiere con sus personajes (aunque luego se rebelen y quieran ir por otro lado).

Una de las razones por las que no soy novelista es que no sé construir personajes. Mi estilo de escritura es el de este blog, tira más a lo filosófico y al monólogo. Por eso me admira la gran capacidad de crear personajes de nuestro amigo don Benito, porque por momentos los estás viendo. Sus personajes históricos cobran vida y sus personajes de ficción están tan vivos y parecen tan reales como los conocidos por la historia. Hay personajes de Galdós que se pasean por distintas novelas suyas, incluso familias enteras, como la de Bringas. Su capacidad de reproducir las formas de hablar es extraordinaria, los personajes responden perfectamente a su origen geográfico y a su clase social.

Me gustaría hablar de cómo pinta don Benito en Luchana a un personaje real, Baldomero Espartero.

Baldomero Espartero aparece presentado por don Beltrán de Urdaneta, un noble ya entrado en años y al que le gusta campar a sus anchas. Así, un personaje de ficción presenta a uno real:

…la suerte de este hombre, que vino al mundo en el signo de Piscis, los Peces, por donde ha resultado que es un pescador formidable. Ya le tienes hecho un tenientazo general, y no por chiripa, sino ganando sus grados en acciones de guerra, batiéndose con arrojo y con éxito.

don Beltrán de Urdaneta describiendo a Espartero.

Al final de Luchana es donde vemos a Espartero en acción. Este es un final apoteósico, en el que la intervención del general rompe con el largo asedio de la ciudad de Bilbao por parte de los carlistas. Espartero estaba en cama, aquejado de una penosa cistitis. Pero al escuchar al general Oraa describir la apretada situación en la que estaba el ejército, dice:

Voy ahora mismo aunque me cueste la vida… ¡pues no faltaba más! Tomado el puente, ¿qué hemos de hacer más que uparnos arriba como fieras? ¿Qué hora es? Las once. ¡Bonita Noche Buena! Señores, hemos jurado perecer o salvar a Bilbao. Esta noche se cumplirá nuestro juramento.

Espartero en Luchana.

Dicho y hecho, Espartero sale de la cama, le ayudan a vestirse y sale a ponerse al frente del batallón, en un invierno crudo y nevado. Solo en este momento, Galdós nos describe al personaje, si bien se le había estado nombrando a lo largo de la novela. Digamos que es ahora cuando se hace un primer plano:

Brillaban sus ojos negros; bajo la piel de la mandíbula inferior, decorada con patillas cortas, se observaba la vibración del músculo; fruncía los labios con muequecillas reveladoras de impaciencia. Mal recortado el bigote, por el descuido propio de la enfermedad, ofrecía cerdosas puntas negras, y bajo el labio inferior la mosca se había extendido más de lo que consintiera la presunción. Aún no gastaba perilla.

Descripción de Espartero en Luchana.

Es una descripción tan viva que estás viendo a Espartero, pero no solo a Espartero como en una foto, sino a Espartero nervioso y enfermo, con aspecto descuidado.

Ya en la batalla, el general se pone al frente de una columna y se dirige a los soldados, en medio del estridor de la batalla:

Adelante todo el mundo, y arrollemos a esos descamisados… ¡Coraje, hijos, coraje!… Ahora verán lo que somos. Delante del que de vosotros avance más, va vuestro general, que quiere ser el primer soldado… ¡A la bayoneta… carguen! ¡Coraje, hijos!… Por delante va esta espada que quiere ser la primera bayoneta… Que mueran ahora mismo esos canallas, ¡coraje! o abandonen el campo, que es nuestro. ¡Viva la Reina, viva el Ejército, viva la Libertad!

Espartero dirigiéndose a las tropas en Luchana.

Ningún personaje de don Benito es incoherente. Es más, llegan a parecerte personas conocidas, especialmente sus protagonistas. No puedes evitar alegrarte de lo que logran y compartir sus desgracias. Ahora estamos con el tema de los episodios nacionales, pero muchas de las protagonistas de sus novelas son mujeres: Tormento, Marianela, Fortunata y Jacinta, Doña Perfecta… y están creadas con igual realismo.

¿Qué personaje te ha marcado? ¿Cuál crees que es el secreto para que una serie o una película te llegue por medio de sus personajes? Como siempre, agradezco mucho tu lectura, comparte libremente.