No quiero puré de verduras

Para entender el sentido de este post, sustituye puré de verduras por la comida que más odies, puede ser brócoli, lentejas, filete de hígado, sesos, merluza…

Es esa comida que tu madre te ponía encima de la mesa a la hora de comer y tú te negabas a tomar, luego te la ponía a la hora de cenar y también te negabas a tomar hasta que no quedaba más remedio. También es esa comida que tú a tu vez pones a tus hij@s a la hora de comer y se la vuelves a poner a la hora de cenar, hasta que al final tienes que acceder y ponerles otra cosa.

Y, a lo que vamos, es esa comida que ahora tú le pones a tus padres ya mayores a la hora de comer, a la hora de cenar y, si no se la toman, tienes que claudicar y cambiarla por otra cosa.

¿Puedes obligar a alguien a comer algo que no le gusta? Imagínate que esto se produce en un entorno de institucionalización, es decir, dentro de una residencia o de un hospital.

De pronto, podemos evocar imágenes de películas como Alguien voló sobre el nido del cuco, o El balneario de Battle Creek. Ese tipo de películas en las que una persona es obligada a tener ciertas conductas pasando por encima de su criterio adulto y autónomo.

El valle de lágrimas

Cuando elaboré toda mi metáfora del juego de los Sims, nunca pensé que tendría que enfrentarme a su lado más oscuro. Al fin y al cabo, cuando alguien juega a un juego, es para divertirse. Así que mi metáfora se queda corta o no funciona cuando el juego se convierte en algo sumamente desagradable por tiempo indefinido o hasta la muerte. En particular, algo que no puedo comprender es el dolor físico, pero tampoco la consciencia del sufrimiento, de estar limitado, de no poder valerse por uno mismo/a.

Quizá la vida sea algo parecido a la física cuántica: cuando crees que la entiendes, es que no entiendes nada.

¿Por qué? ¿Porque, Señor, por qué me haces esto y no me dejas ir? Cuál es el sentido de este sufrimiento, Señor? ¡Las calderas de Pedro Botero!

Esto gritaba una compañera de habitación cuando estuve ingresada. Era una mujer muy mayor, llamémosla Ana María, que había sido autónoma hasta que empezó con el Parkinson, que fue avanzando poco a poco hasta el punto de que llegó a estar en un grado de dependencia 3, que es el máximo. Este grado se otorga cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades básicas de la vida diaria varias veces al día y, por su pérdida total de autonomía física, mental, intelectual y/o sensorial, necesita el apoyo indispensable y continuo de otra persona o tiene necesidades de apoyo generalizado para su autonomía personal.

En la práctica, Ana María no podía moverse de la postura en que la dejaran y no se sostenía sentada, no podía comer por sí misma, ni ir al baño. Pero era plenamente consciente.

Esta pudo ser la cama donde yacía Ana María en el hospital.

En las corrientes místicas se dice que no debemos preguntar a dios sobre el cómo o el porqué. Justo son las preguntas que más nos apetece hacer.

¿Cuál es el motivo por el que esta mujer estaba sufriendo semejante tormento? Si esto es una especie de videojuego, ¿por qué tenemos que salir o entrar del con tanto dolor? ¿Por qué algunas personas se pasan años en la cárcel o son ejecutadas por un delito que no han cometido?

Yo tuve la ocasión de mirar a Ana María a los ojos y conseguir que me mirase cuando me acerqué a darle un poco de agua. Y vi la luz de su alma, del yo observador, que estaba dentro de ella atrapado en un cuerpo que no podía moverse. Su mirada era inteligente, aguda, amable… muy consciente. Sentí una conexión intensa, un momento de la verdad, desnudo de palabras.

Respuestas al límite de la vida

Algunas personas que han tenido una experiencia cercana a la muerte, como Anita Moorjani, encuentran sentido a su enfermedad previa, la que les ha conducido a pisar el otro lado, mientras que otras no llegan a descubrir la razón, por ejemplo, el neurocirujano Eben Alexander, cuya experiencia cercana a la muerte es excepcional porque no recordaba a nada de sí mismo ni de sus familiares.

Cuando Eben Alexander se recuperó por completo, buscó formas de revivir su experiencia y, como ya hemos comentado en alguna ocasión en este blog, lo más parecido era el estado de consciencia que se alcanza al escuchar sonidos binaurales con auriculares. En el siguiente vídeo, puedes escuchar estos sonidos:

De esta manera, Eben podía experimentar una serie de viajes y de situaciones similares o cercanas, pero nunca con la intensidad de la experiencia que él tuvo, que es de las más ricas que he leído (en su libro La prueba del cielo). Este neurocirujano se recuperó totalmente de una encefalitis muy grave debido a que la bacteria E. Coli se coló en su cerebro. Esta recuperación es inexplicable desde el punto de vista de la ciencia.

Quizá no nos es dado conocer los motivos de lo que nos va ocurriendo, solamente nos es permitido aceptarlo o rechazarlo. Esto para la mente, y más en el siglo XXI, es un ejercicio bastante difícil.

El puré de verdura

Volvamos al puré de verdura. Ana María no quería comer puré de verdura por una razón muy sencilla: era el único aspecto de su vida actual que podía controlar. Claro que ella había obligado a sus hijo a comerlo, al igual que le habían obligado a ella de pequeña. Pero ahora, totalmente incapaz de valerse por sí misma, solo tenía la potestad de decir: «No quiero puré de verdura y no lo voy a comer».

Y de la misma manera, por eso nuestros mayores ven programas horrorosos en la tele y no van a hacer otra cosa. Es muy fácil decir que la tele es poco motivadora, que te posiciona en una actitud pasiva, que no estimula tu desarrollo cognitivo, ni tampoco te ayuda a hacer ejercicio, precisamente. Pero ¿qué haces tú cuando llegas a casa agotado y sin ganas de nada? Pues ellos llegaron al final de su vida de esa misma manera. Y solo les queda una cosa fácilmente controlable sin esfuerzo: el mando de la tele.


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