Costumbres de antaño

Leyendo los episodios nacionales me voy encontrando con menciones al estilo de vida que seguramente en esa época no llamaban la atención, pero que al leerlas ahora, resultan chocantes o curiosas. Voy a recoger algunas aquí, de forma no exhaustiva. Son las que más me han llamado la atención de los últimos episodios que he leído, pero hay muchas más: te invito a descubrirlas.

Que la fuerza bruta te acompañe

En el siglo XIX todavía se utilizaba mucho la fuerza física de personas y animales. En Luchana, Zoilo y su familia son herreros. Trabajan el metal como en el cuadro de La fragua de Vulcano, a mano, con la fuerza bruta y viril.

Sano y vigoroso, dotado de un temple acerado y de una naturaleza a prueba de inclemencias, no conocía el cansancio. A los veintidós años gustaba de mostrar su fuerza hercúlea en cuantas ocasiones se le presentaban (…). A su pujante vigor muscular correspondía su intachable conformación corpórea, de líneas estatutarias, y un rostro atezado, de serena expresión, toda lealtad y nobleza sin pulir (…). Tenía conciencia de su fuerza física (…), pero no sospechaba que era hermoso siempre, y más cuando tiznado y cubierto de sudor domaba la dureza de un metal menos consistente que su voluntad.

Descripción de Zoilo. Luchana.
La fragua de Vulcano. Dominio público.

Otro ejemplo de necesidad de fuerza física son los camilleros. Cuando Galdós habla de que se llevaban a los heridos en camillas, la imagen mental que me vino es una camilla con sus patas y sus ruedas. Pero no, las camillas las levantaban dos forzudos hombres, uno por cada lado, de manera que hacían falta dos hombres no heridos por cada camilla.

Huevos fritos con chorizo

En las novelas de don Benito sale muchas veces la comida. Diremos que Galdós no debía de ser muy fan de la dieta mediterránea. Lo que más comen sus personajes es queso con pan, de beber, siempre toman vino, si meriendan, pueden tomarse un chocolate con bollos, más raramente un café.

Eso sí, se desayunan unas sopas o unos huevos fritos con chorizo como si tal cosa. Cuando pasan hambre, los personajes comen sobras de lo que han comido otras personas. Es una imagen bastante impresionante. Cuando los precios suben por la guerra, pueden que tengan que comprar unos huevos muy pasados y a precio de oro.

Huso horario

Algo pasó en algún momento con el huso horario, porque en los episodios nacionales, cuando es verano, amanece y anochece a las 5 de la tarde. Repito: a las 5 de la tarde. Eso me recuerda a cuando estuve en el Mar Rojo en verano, precisamente: amanecía y anochecía a las 6, así que a esa hora había que levantarse/irse a dormir. He investigado sobre esto, lo que he encontrado son dos artículos (a su vez copiados a otras páginas) sobre que las horas en el s. XIX eran distintas en cada provincia.

Además, se comía y cenaba a otras horas. En Luchana, unas señoras de la nobleza comentan que:

…amiga mía, no puedo avenirme a esa novísima costumbre de comer a las tres y cenar a las once de la noche… costumbres napolitanas deben de ser éstas…

La «señora incógnita» en una carta a Fernando Calpena. Luchana.

Mira, ya sabemos por qué en España tendemos a comer y cenar más tarde que otros europeos. ¿Lo harán así los napolitanos, como dice esta mujer?

A pie

Verdaderamente, cuando los personajes de Galdós recorren varias provincias de la geografía española andando, llego a sentir su cansancio. No, no van en un carro, a veces unos sí tienen carro o burro, los más nobles, caballo, pero van todos a la vez, así que se entiende que van al ritmo de los que van a pie. Estos grandes viajes quijotescos se forman por distintos intereses. Por ejemplo, en una fonda coinciden dos personajes y hablan de la ruta que sigue cada uno. Uno de ellos puede estar encaminándose a donde dejó a su amada, el otro puede estar en misión oficial llevando unos legajos a un alto cargo. Y aún otro, puede estar de camino para volver a sus tierras y retirarse allí. Hablan entre ellos de los medios con los que cuentan y se acuerda emprender el viaje.

En el suelo

Pasan la noche en cualquier lado, por ejemplo, paran en una fonda y duermen varias personas todas en el suelo, cada cual haciéndose su lecho con lo que tenga a mano, o bien en los establos, durmiendo sobre el heno. Esto lo hacen hasta personas tan mayores como nuestro amigo don Beltrán de Urdaneta, que según referencias galdosianas, pasa de los 70 años.

También es posible que duerman en una iglesia, en un humilladero o, incluso, en una cueva, siempre con sus molidos huesos sobre duros suelos.

Prepararse para bien morir

Una de las cosas que más me costaba digerir en las novelas de Galdós son los fusilamientos y otros tipos de muertes cruentas. Los condenados pasan una noche con su conciencia, resignándose a su fatal destino y en comunión con Dios mismo. Es de notar con qué entereza asumen los personajes que van a morir. La muerte está mucho más cerca de ellos de lo que la sentimos ahora. No solo por las guerras, también porque la muerte era más probable, la esperanza de vida, menor.

También hay descripciones realistas y exactas de linchamientos, como el de Godoy. De la fuerza del pueblo y sus acciones hablaremos otro día; es admirable cómo Galdós presenta al pueblo en estos actos en masa.

Ancestros

Desde luego, la vida era más dura, o al menos, más cansada físicamente. Esta gente comía bastante menos, tenía que ganarse el pan con más esfuerzo, y no había un trato especial para personas mayores o con problemas de salud: tenían que superar los mismos avatares que el resto. Eso sí, se percibe en los personajes de don Benito una humanidad sin límite, cuando una persona requiere cuidados, los demás se vuelcan, la acogen, la acompañan.

En este contexto y otros peores si nos vamos más atrás en la historia, crecieron y vivieron nuestros ancestros. Nos ha llegado la vida de las personas que sobrevivieron al hambre, la enfermedad, la guerra. ¡Qué precio más alto! Se trata, como comenta Sergio Rozalén en un post, de 110 mil millones de historias.

5 respuestas a “Costumbres de antaño

  1. Juan Pedro Fernández

    Desde hace mucho tiempo sigo atentamente tus publicaciones y, sin embargo, es la primera vez (imperdonable) que te agradezco y felicito por lo que escribes.
    Me encanta.

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