La sabiduría de Ehrmantraut

¿Sigues siendo de moral flexible?

Mike Ehrmantraut a Jimmy McGill en Better Call Saul
Visto en https://www.wallpaperbetter.com/es/hd-wallpaper-urpzn

Si James McGill no fuese de moral flexible, la serie Better Call Saul no existiría. De hecho, el fundamento de la serie es esperar al momento en que el abogado James McGill se convierta en Jimmy Resbalones. Y eso ocurre cuando traspasa la línea de la moral rígida a la moral flexible, cuando se le ocurre una idea colorida fuera de las normas y que le expone a ser atrapado.

Muchas películas y series tienen este tema de fondo. Por ejemplo, Irma la dulce. El protagonista de esta película es un joven policía que quiere seguir las normas escritas, mientras que el resto de personajes, incluidos el sargento y resto de policías, siguen las normas no escritas. Es fundamental conocer estas para abrirse paso en el mundo descrito en esta película, que tiene muchas coincidencias con el mundo real.

Otro ejemplo de moral flexible es este:

Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.

Atribuida a Groucho Marx

Adaptarse al entorno es una de las características fundamentales de los seres que prevalecen, así que en un momento dado, cambiar de principios puede ser una forma de adaptación. En situaciones de ambigüedad, en las que no hay descrita una forma de proceder, puede justificarse con más facilidad este cambio de principios. En sistemas fuertemente jerárquicos como el ejército y similares, un soldado sigue las órdenes que se le dan, sean las que sean, y su conducta se justifica porque solo estaba cumpliendo órdenes.

Aquí y allá, cada persona se ve en situaciones en las que parece fácil dejar de seguir las normas. Ejemplos de normas que se rompen de forma muy habitual son:

  • Ir a más velocidad de la permitida en una carretera.
  • Conducir habiendo bebido alcohol.
  • Hacer cosas personales en el tiempo de trabajo (llamadas, visitar páginas web, entrar en redes sociales…).
  • Copiar contenidos ajenos.
  • Descargar películas o series de una fuente ilegal.
  • Instalar un software que es copia ilegal del genuino.
  • Defraudar a Hacienda.
  • Poner a nombre de otra persona propiedades que usas.
  • Llevarse algo de una tienda sin pagarlo.

Cuando rompemos la norma, buscamos siempre una justificación. Las más comunes:

  • Todo el mundo lo hace.
  • Tenía que hacerlo porque lo necesitaba para… (no llegar tarde, reservar las vacaciones, un trabajo del máster…).
  • A grandes males, grandes remedios.

Aquí vendría la frase:

Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Jesucristo

Alguien puede decir: «no es lo mismo entrar en negocios ilegales que estas pequeñas interpretaciones de la norma». Pero nuestro amigo Mike Ehrmantraut nos lo aclara. En una ocasión, este personaje es contratado para proteger a un hombre torpe que quiere vender de forma ilegal medicamentos que fabrica la empresa en la que trabaja. En una conversación, Ehrmantraut da a entender al hombre torpe que es un delincuente. El hombre protesta, pero Ehrmantraut lo sentencia:

Si haces una actividad ilegal, eres un delincuente: debes saberlo.

Mike Ehrmantraut

Es probable que no utilizase estas palabras, aunque sí parecidas. En todo caso, al hombre torpe le quedó claro, si bien se resistía a aceptar que había traspasado la línea y se había puesto del lado de aquellos a los que vendía los medicamentos.

¿Naturaleza humana?

Tendemos a pensar que ciertos «trucos» son propios de la picaresca española, pero al ver series como esta podemos constatar que más bien está en la naturaleza humana el reinterpretar la norma. Es cierto que esto es más frecuente en unos países que en otros. Según Geert Hofstede, un psicólogo social que se dedicó a estudiar y comparar las culturas de los países, hay una variable que define cuánto se ajusta un país a una norma. Se trata del espectro indulgencia frente a contención, y también se refleja en la distancia jerárquica.

La pregunta es si esta moral flexible es un rasgo que forma parte de la evolución. Y si vamos más allá e incluimos a otros animales en el recuento, podemos deducir que sí: cucos robando el nido a otros pájaros, animales adoptando la forma del alimento de otro para engañarlo, robo del alimento de una especie por otra, etc.

Jugar a policías y ladrones

Policías y ladrones es un juego descrito por nuestro amigo Eric Berne, dentro de una categoría que llamó «los bajos fondos». Berne explica que hay dos tipos de criminales: los que buscan el beneficio y los que buscan (inconscientemente) entrar en este juego (y ser atrapados). Los que buscan el beneficio son «profesionales» y rara vez son atrapados. En cambio, la persona que juega a policías y ladrones está jugando a una versión adulta del escondite, donde el no ser atrapado arruina el juego. Así, es interesante encontrar un lugar muy bueno para esconderse y que se tarde en descubrir, pero si no se descubre nunca, o si se descubre en unos segundos, de pronto es muy aburrido jugar.

El sobrenombre de «Jimmy Resbalones» ya nos hace pensar en una persona que mete la pata con facilidad y acaba siendo descubierta. De hecho, muchas de las «ideas felices» que tiene este personaje a lo largo de la serie ya nos dan a entender que solo es cuestión de tiempo que le atrapen.

En el caso del hombre torpe que vendía los medicamentos, igualmente comete un error garrafal gastando el dinero que le pagan los traficantes en un objeto grande y ostentoso, que parece una exclamación: «¡Soy un camello, atrapadme!».


Una última reflexión: Berne habla de esa «voz del diablo» que hace a una persona entrar en alguna dinámica de guion perdedor, algo como: «¡Venga, atrévete!». Esa voz se opone a la otra (el ángel), que te sugiere: «Me parece que esto no está bien, esto no es correcto». Entonces, cuando hacemos esas pequeñas (o no tan pequeñas) ilegalidades, ¿buscamos secretamente que nos descubran? Si te apetece, responde en comentarios. Como siempre, agradezco mucho que te tomes el tiempo de leer estas reflexiones. Espero que te sirvan.

Lucky Star

Una vieja maldición china dice:

Que vivas en tiempos interesantes (May you live in interesting times).

Maldición china

Igual pensabas, como yo, que no nos iba a tocar, pero ya ves…

Hace unos días tuve la suerte de ver la película Lucky Star en un centro cultural. Es una joya de 1929, una obra maestra. En el centro cultural la presentaron: «Esta película es muda y el primer minuto es en silencio». Bajón. Lo primero que pensé es: «Vaya fósil nos vamos a tragar». Y esta idea se mantuvo cuando apareció el primer plano, una casa en el campo al lado de un camino. Se veía como difuso, casi parecía un cuadro poco luminoso en escala de grises.

Comienzo de la película Lucky Star. Captura de pantalla.

Al tiempo que surgió esta difusa imagen, comenzó una música por momentos un tanto molesta. Pensé: «Así, 90 minutos. ¿Aguantaremos?».

Y pronto cambió totalmente mi percepción. Los actores se comportaban de una forma natural, no de la forma teatralizada del primer cine mudo: no hacían gestos exagerados ni se movían por espasmos. Varias veces me acordé de Florence Lawrence, la actriz inventora del intermitente. Supongo que ese sería el aspecto de las películas que hacía The biograph girl.

La historia era sencilla pero con fuerza, una historia que se comprende sin necesitar diálogos. En su lugar, aparecían de vez en cuando los intertítulos en inglés que se han recuperado, y es que esta película estuvo desaparecida durante años, y se pudo recuperar después. Además de su sencillez aparente, la película muestra un juego de planos muy moderno, dinámico, acompañados siempre por la música.

La historia es preciosa, es una historia de amor tierna, en la que el amor va creciendo con pequeños gestos románticos, partiendo de una situación hoy impensable. Esta historia es idea de Tristam Tupper, que ya había publicado partes de la vida del personaje principal, Tim Osborne. El guion es de Sonya Levien.

La vida en guerra

La época en la que se sitúa Lucky Star es la Primera Guerra Mundial, concretamente en 1917 (hace más de un siglo…); desde luego, en «tiempos interesantes». Una época de carencias que en la película no se perciben como tales: simplemente, la vida era así. Una viuda con cinco hijos vive de vender y repartir lo que produce en su pequeña granja familiar. Un hombre vuelve de la guerra y pasa la vida arreglando objetos antiguos en su casa, alejada del pueblo, donde no hay, claro, ni tele, ni radio, ni ningún elemento que le distraiga o le conecte con «los sucesos de actualidad». Destacaré una frase que dijo (a través de un intertítulo) este hombre, Tim Osborne, porque me llegó al alma:

Yo no había tenido en cuenta los objetos rotos hasta que yo mismo estuve roto (smashed up).

Tim Osborne

Me sorprendió la calidad de las escenas de guerra, escenas creíbles, modernas, que transcurren durante la noche: una noche mucho mejor lograda que la de bastantes películas de los años 60-70 en las que las escenas nocturnas estaban rodadas a la luz del día y luego filtradas.

Por cierto, cada vez que recuerdo el título de esta película, la banda sonora que me viene a la cabeza es la canción «You Are My Lucky Star», de Gene Kelly y Debbie Reynolds, en otra joya del cine, Cantando bajo la lluvia:

Pero volvamos a la película de 1929.

Mary, la pequeña y desaliñada Mary

Mary es la protagonista femenina, la hija mayor de esa viuda de cinco hijos. Su vida es muy dura: se levanta, ordeña la vaca, recoge los huevos de las gallinas, cuida a sus hermanos pequeños, vende estos productos llevándolos con su carromato… Lleva ropa raída y desaliñada, está sucia, es pícara, engaña.

Su madre es rígida y antipática, centrada en las ventajas económicas que pueda obtener. Su papel se justifica: «Lo hago por tu bien». Esa madre viuda con aspecto de Doña Rogelia debía de tener mi edad, si no era más joven…

Igual que el resto de personajes, Mary vive su vida como la única realidad que existe, simplemente actúa, hace lo que tiene que hacer y, si puede rapiñar algo más, mejor.

Es muy interesante la transformación que cada personaje provoca en el otro. Mary se transforma y crece.

Wenn, el burlador

Y luego está Martin Wenn, un donjuan en toda ocasión: antes de la guerra, durante la guerra y después de la guerra. Sabe que, pidiendo matrimonio a las mujeres, las va a «burlar». En el pueblo, todos saben como es Wenn («He’s not good»), saben que engaña a las mujeres y sus madres, es otro personaje que saca la ventaja que puede de las situaciones que se le plantean.


Creo que esta película me sirvió para atisbar cómo se vive en tiempos muy duros, en «tiempos interesantes», cómo se sale adelante y cómo lo más humano, lo más compasivo, se abre paso en medio de la dureza.

Tienes esta película en FilmAffinity y en YouTube, aquí. Sé que no es lo mismo que verla en la gran pantalla, pero te aseguro que no te dejará indiferente:

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. Si ves la película, ya contarás qué te parece.

¿De vuelta?

Hace 9 meses dejé de escribir este blog. ¿Por qué? Varios motivos, el principal, la carga de trabajo.

Ahora leo mi última entrada, del 2 de julio del 2021, y veo que lo dejé «en todo lo alto» (modestamente).

No es que no se me hayan ocurrido nuevas ideas para «arengar a las masas», sino que las he ido descartando, a veces a la vista de los titulares: ¿cómo ponerme a hablar sobre teorías psicológicas cuando hay un volcán en erupción, una nueva ola de Covid-19 o una guerra? Creo que alguna vez he explicado que este blog se propuso desde el principio (2008) ser atemporal, hablar de lo que no cambia, ser filosófico. Esto solo dejó de ser así durante el confinamiento duro.

Por otro lado, las ideas que se me iban ocurriendo estos meses daban vueltas sobre lo ya comentado en este blog. Hay ya muchísima información aquí sobre análisis transaccional, constelaciones familiares, desarrollo personal, aprendizaje… Debido a esa gran carga de trabajo, tampoco he leído demasiado, lo que influye en la tendencia a la repetición en las batallitas que cuento en este blog.

Mientras volvía sobre mis viejas ideas, que no transcribía, trabajaba con intensidad y disfrutando mucho creando contenidos. Al final, como dice un ex compañero guionista, Javier Ródenas, «yo soy un mercenario». Pues yo soy una mercenaria, escribo lo que el cliente necesita, buscando caminos a la creatividad entre los huecos de sus instrucciones, siempre con la mente en el «cliente final», que en mi caso es un alumn@.

Imagen de https://www.cinemascomics.com/rambo-5-imagen-sylvester-stallone/ (lo que me imagino con la palabra «mercenario»)

¿Y qué hay de nuevo, vieja?

En esos tiempos de mucho trabajo he leído poco, pero sí he visto series. A veces estás viendo un capítulo prestando una atención difusa, medio adormecida, con el sano objetivo de pasar el rato. Y entonces escuchas algo como:

La incomodidad de la incertidumbre es la parte más rica de la experiencia.

Un profesor en un capítulo de Dawson’s Creek

Y te quedas ahí, pensando que ese personaje te ha dado una respuesta a cómo llevar lo que estás viviendo en ese momento. Yo le di a la pausa y lo apunté. Es una frase que me acompaña desde ese día, hace unas semanas. Cuando percibo caos en mi vida, traigo a mi mente esta frase.

O bien, en otra serie, escuchas:

It’s not a bug; it’s a feature. (No es un error, es una característica).

James McGill citando una frase que parece ser de Silicon Valey, en Better Call Saul

Las implicaciones de esta frase pueden ser tan amplias como las de un océano. De pronto, tus errores son solo características: puedes respirar hondo. De pronto, en cualquier aspecto de la vida, «esto es así», no es que esté mal hecho, sino que es como es. De vez en cuando, cuando algo está lejos de ser perfecto, pero está «pasable» o «potable», traigo a mi mente esta frase: es solo una característica más de ese algo.

Son pequeñas perlas que tampoco pretendo que sirvan para toda circunstancia y ocasión, pero de vez en cuando parece que dan un cierto alivio. ¿Te servirán a ti, lector@?

¿Qué hago ahora?

Hace poco he emprendido un nuevo camino laboral, muy motivador, y me he embarcado en algún que otro curso. Pienso que este cambio en mi vida pueda traer aires renovados a este «antiguo blog», que es como un abuelete ya. Lo veremos con el tiempo.

En conclusión…

En resumen, no sé si estoy o no estoy de vuelta aquí. Sea como sea, muchas gracias por leer. Un blog sin lectores es una voz clamando en el desierto.