La ley del orden

En el post anterior os hablaba de la ley de pertenencia, pero hay una ley previa, que va antes incluso del amor: la ley sistémica del orden. 

«Aceptar la vida como es implica aceptarla con sus límites». Brigitte Champetier de Ribes

Uno de los límites de la vida es el orden: los elementos llegan a un sistema en un orden. Si hablamos de sistemas formados por personas, los abuelos fueron antes que los padres, los padres fueron antes que los hijos. Respetar este orden implica aceptar que los más antiguos tienen prioridad sobre los nuevos. ¿Por qué tienen prioridad? Porque los antiguos entregaron sus vidas para abrir camino a los siguientes.

La dimensión espaciotemporal

Entramos en nuestro sistema familiar al nacer. Nacemos en una época muy concreta, en un país determinado. No elegimos nada de esto. Esa es nuestra dimensión, nuestro único lugar, muy preciso. Limitado, ya que no podemos variar la fecha ni el lugar y, al mismo tiempo, infinito, una vez aceptamos por completo esta fecha y este lugar: es cuando realmente nos abrimos a ver lo que tenemos alrededor, a vivir el tiempo que nos toca.

Al respetar el orden, respetamos nuestro momento. En lugar de repetir el pasado, elegimos vivir plenamente conscientes en el presente. Esto exige darnos cuenta de que, cada día, todo es completamente nuevo, la incertidumbre nos acompaña, decimos sí sin saber a qué, con la confianza en que las cosas son como tienen que ser. Explico a continuación esta última frase.

Espacio tiempo

Cuando pensamos en el movimiento del universo y en sus leyes, no señalamos defectos y fallos de funcionamiento: parece una máquina bien engrasada, de la que entendemos algunas características e ignoramos muchas otras. ¿Por qué iba a tener defectos y fallos de funcionamiento lo que nos acontece a cada segundo? ¿Qué diferencia habría con el resto del universo? ¿Por qué iban a aplicarse otras leyes? Cuando vemos defectos, se trata más bien de nuestro juicio, siempre subjetivo, filtrado por creencias inconscientes, formas de pensar y actuar que se arrastran desde el pasado pero no se miran a la luz de la realidad.

El tiempo solo se mueve hacia adelante. Muchas veces, inconscientemente, elegimos vivir en el pasado. Cuando esto ocurre, nos estamos anclando, ya no vemos lo que tenemos delante. Y solo podemos dar dos tipos de paso: hacia adelante, con el flujo de todo lo que hay, o hacia atrás. Hacia más vida o hacia la muerte. Hacia la creación constante de lo nuevo, o hacia la repetición de rutinas.

Como comenta Bert Hellinger, el paso decisivo es mirar, pensar, vivir solo hacia delante y hacia la lejanía, hacia más vida, salud, placer, amor realizado.

La ley del orden en una organización

En una organización, igual que en una familia, cada profesional tiene un único lugar correcto. Cabe pensar que el orden en una organización deriva de la jerarquía, sin embargo, no es así: primero hay que tener en cuenta la antigüedad. Solo después se mira la contribución de una persona por su función. 

Cuando se incorpora a alguien en un puesto por encima de personas más antiguas, si el nuevo no respeta a los antiguos, le va a ir mal y va a provocar desorden e incomodidad. Es posible que incluso se trate de una persona más joven que, muy segura de sus conocimientos, va a despreciar por completo la experiencia de las personas que van a estar a su cargo teniendo más edad. El resultado de este tipo de situación hace perder energía al equipo: en lugar de centrarse en cumplir objetivos, sus integrantes están centrados en luchar para mantener su posición.

¿Cómo nos ponemos en consonancia con algo más grande? Con la mirada hacia delante al servicio de la vida. 

¿Cómo trabajar esta ley sistémica?

Es posible que esta ley sistémica del orden no esté bien en nuestras vidas y ni siquiera lo sepamos, solo estamos viviendo las consecuencias negativas que conlleva no aceptar las cosas como son, empezando por uno mismo/a. Sin orden, no es posible el amor. Esto significa que, sin respetar a los anteriores, ¿cómo vamos a amarlos o recibir amor de ellos? El amor implica ese respeto por el lugar que ocupa cada uno.

Una forma práctica y experiencial de tomar conciencia de esto y cambiarlo es asistir a nuestro próximo curso sobre Las fuerzas del amor, abierto a tod@s. Aquí dejo la información para apuntarte.

Cartel del curso online Las fuerzas del amor, 12 y 13 de diciembre.

Para saber más:

6 buenas razones para estar mejor que bien

Estar mejor que bien, libro de desarrollo personal escrito por Belén Casado

¿Qué es Estar Mejor que Bien?

Es un ensayo sobre la felicidad y cómo conseguirla. Libro de recetas para encontrarnos no solo bien, sino «mejor que bien». Ofrece una serie de recursos totalmente prácticos para el desarrollo personal.

1. ¿Cuál es su objetivo?

El objetivo es ayudar a la persona que lo lea a SER FELIZ, a reírse, a cambiar de paradigma, a ver las cosas de otra forma, a coger las riendas de su vida, a no dejarse caer en el estrés, en la depresión, en la desesperación.

2. ¿A quién va dirigido?

Este libro está dirigido a personas como tú, razonablemente satisfechas con su vida, que valoran su felicidad, y que quieren mimarla y cuidarla, porque la felicidad es buena no solo para nosotros mismos/as, sino también para aquellos que nos rodean.

Es un libro perfecto para regalar.

Cualquier asociación dedicada al desarrollo personal, así como los psicólogos, profesionales de RR.HH. y coaches pueden recomendar este libro. También asociaciones de mujeres, pues suelen ser temas de nuestro interés.

Está a la venta en formato papel y electrónico.

3. ¿Qué es lo más especial de este libro?

Se trata de un libro «circular», el lector puede elegir leerlo secuencialmente o puede jugar y elegir su propia aventura de desarrollo personal.

4. ¿Qué historia hay detrás?

La obra Estar mejor que bien comenzó hace cinco años como una serie de apuntes tomados de uno de los libros más importantes en la literatura empresarial. Un problema de salud que parecía puntual, pero que ha resultado ser crónico, hizo que buscara lecturas de motivación, positivismo y proactividad.

Un libro llevó a otro, y a otro, todos empezaron a conectarse entre sí, y observé que podía sacarse un extracto interesante de todos ellos, que fuese de ayuda, práctico, dirigido a los diferentes estilos de aprendizaje que se dan. En vez de tener que leer los al menos veinte libros con los que trabajé estos temas, el lector de Estar mejor que bien solo tiene que aprovechar su jugo, como un zumo de sabiduría de grandes autores.

Al mismo tiempo, las nuevas realidades que surgen de tener una enfermedad crónica con treinta y tantos años, pienso que ayudan a ver con más perspectiva y serenidad la vida, y a saber qué es lo realmente importante. Espero haber destilado también algo de este aprendizaje en el ensayo.

5. ¿Qué piensan sus primeros lectores?

Su primera lectora, una directora de recursos humanos con amplia experiencia en la formación, y buena amiga mía, me comentó que Estar mejor que bien es «de lectura muy ligera y aporta herramientas reales para conseguir estar “mejor que bien”».

6. Entonces, ¿estás mejor que bien?

Te invito a conocer el mundo de Estar Mejor Que Bien. El título pretende decir esto con una expresión alegre y desenfadada: no se trata solo de estar bien, sino de estar incluso mejor. Y no a toda costa, sino con prácticas fáciles de hacer y aplicables en el día a día.
Ahora puedes conseguir tanto en formato papel como digital el libro Estar Mejor Que Bien (EMQB).

14 de febrero, día de los que aman

No es necesario tener pareja para tener el corazón ocupado

Resulta difícil no enterarse de lo que se celebra el día 14 de febrero, San Valentín. Este fin de semana estuve comprando en un centro comercial. El caso es que, desde que entré hasta que salí, los altavoces nos recordaban continuamente las ofertas en la sección tal y cual para el regalo del día de los enamorados. Salí tan harta que estuve a punto de dedicar este escrito a cualquier otra cosa…

Lo cierto es que esto del 14 de febrero, San Valentín, provoca reacciones viscerales de todo tipo, desde aquellos que quieren celebrarlo románticamente con grandes festejos, como viajar o darse un homenaje (léase hotel, comilona, SPA, etc.) hasta aquellos que lo critican y se revuelven cuando alguien les pregunta si lo van a celebrar.

Es curioso, porque mi caso siempre ha sido bastante ambiguo: primero se habla y se decide que no, que esas cursiladas impuestas por los centros comerciales y la cultura norteamericana no se celebran, y al mismo tiempo, llega ese día y al menos uno de los dos tiene un detalle con el otro, o acabamos cenando por ahí.

¿Qué amor se celebra?

El 14 de febrero es tan bueno y tan malo como cualquier otro día para celebrar el amor. ¿Pero qué amor? Usualmente, el llamado “amor romántico”. Se dejan fuera otras formas de amor igualmente interesantes, quizá más satisfactorias, más plenas e incondicionales, y otras más de andar por casa, pero todas ellas ausentes de lo que hace al amor “romántico”: el sexo.

Sí, has leído bien. ¿Qué diferencia el amor romántico de la amistad, del amor materno-filial, del amor a los animales o del amor a dios? El sexo.

El deseo de unión, según nos indica Eduard Punset, nos nace de una impronta tan básica y profunda como la de las propias células, que quieren así no sólo perpetuar su código genético, sino también colaborar en una distribución de tareas y utilización de recursos que es sinérgica.

Según comentaban hace poco en el programa Sacalalengua de La 2, en algunas culturas no existe separación alguna entre “amor romántico” y sexo; son la misma cosa. En esas culturas, se vive de una forma más abierta la sexualidad, y la mujer tiene un papel más protagonista y liberado en comparación con culturas más influidas por convencionalismos rancios y heredados siglo tras siglo.

Se dice también que la palabra “amor” es hasta 10 veces más buscada en Internet que la palabra “sexo”. Y yo digo: ¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

¿Amor o enamoramiento?

Bromas aparte, creo que “el día de los enamorados” parece referirse a personas que están enamoradas, y no a personas que aman a otras. El enamoramiento, aunque muy valorado por la sociedad, se compara neurológicamente con un trastorno obsesivo compulsivo que lleva a la persona a obsesionarse con otra persona.

Podría decirse que en el enamoramiento el centro de atención es uno mismo/a, mientras que en el amor, el centro de atención es el otro.

Dile a cualquier enamorado que lo que está haciendo en realidad es mirar su ombligo: no te creerá. “Pero si no hago más que pensar en ella”. Pensar en ella desde tus referencias, desde la imagen idealizada que has hecho de ella, desde la pura fantasía que imaginas con ella. De hecho, el enamoramiento se va perdiendo cuando la fantasía creada choca una y otra vez con la realidad. La persona sigue siendo ella misma, quieras o no, y todas aquellas proyecciones y quimeras que construiste a su alrededor van cayendo sin piedad. Lo malo es que este proceso no tiene vuelta atrás. Lo bueno es que puede que debajo del trastorno obsesivo compulsivo por el otro haya surgido una forma de amor, ternura, cariño, respeto, etc. Es el amor a segunda vista.

¿Por qué no celebrar el día de los que aman?

Así que quizá sería más interesante celebrar el amor. De hecho, podría ser el “día de los que aman”; tendríamos que celebrar el “amar”, y no el amor, como plantea Stephen Covey. ¿No es interesante la diferencia? Amar es un verbo, una acción, es algo que se hace por otra persona, es el sacrificio de uno mismo por otro. No se trata de centrarnos en cómo nos sentimos. El verdadero amor llama a sacar el centro de atención de nuestras vidas hacia otro que nos necesita.

La celebración del amar, sea el 14 de febrero o sea cualquier otro día, puede hacerse se tenga o no se tenga con quién.

Hace pocos días encontré en el parabrisas de mi coche una publicidad bastante llamativa: una tarjeta con un corazón rojo. Pensaba que un restaurante me sugeriría celebrar allí San Valentín, pero leí:

“No es necesario tener pareja para tener el corazón ocupado”

Me gustó, y también la frase siguiente: “Escucha a tu cuerpo”.

En efecto, se trataba de la publicidad de un gimnasio, que nos invita a hacer ejercicio para así tener el corazón ocupado. Y me lo llevé, y lo podéis ver en la foto.

Creo que solo podemos amar y alimentar el ser de otros en la medida en que nos amamos a nosotros mismos/as. Creo que no puedes encontrar fuera lo que no llevas dentro.

¿Por qué no celebras tu San Valentín personal?

Te puedes autorregalar los bombones más chocolatosos del mercado, puedes ver tu película favorita, cenar en el restaurante que más te gusta; incluso convocar a tus amistades y quedar para celebrar un amor que no es romántico, pero sí es pleno.

En definitiva, estés en la situación que estés, el día 14 de febrero puedes permitirte celebrar el amar, el amor romántico, el sexo amoroso, el enamoramiento o lo que te apetezca… como cualquier otro día.

¡Que lo disfrutes!

La confusión que genera el lenguaje

La confusión en los mensajes depende de la percepción y de las creencias
Cuando estaba documentándome para escribir el manual de comunicación eficaz, descubrí a Paul Watzlawick, autor de ¿Es real la realidad?, La teoría de la comunicación humana y de El arte de amargarse la vida, entre otros.

La comunicación genera confusión

Lo que este experto en lingüística explica no se me olvida nunca: el lenguaje verbal lleva a la confusión y a la desinformación. Lo veo cada día en las conversaciones que se sostienen, veo cómo se pasan por alto las percepciones inconscientes del lenguaje paraverbal y del gestual, que están revelando mucha información que quizá contradice esas palabras no del todo verídicas.

Watzlawick nos dice que:

“la confusión es comunicación defectuosa, que deja sumido al receptor en un estado de incertidumbre o de falsa comprensión”.

De lo que alguien trata de decir a lo que dice hay un mundo, y hay otro mundo de lo que el receptor escucha a lo que entiende. Dos mundos que forman un mar de confusiones. Durante la conversación, ambos interlocutores mezclan las palabras que están escuchando no solo con sensaciones del momento, sino con emociones del pasado que quedaron ahí, sin ser digeridas. El resultado es nefasto, y más aún cuanto más estrecha sea la relación entre ambos.

Una de cal y otra de arena: el doble vínculo

En concreto, me interesa algo que se denomina “doble vínculo” y que es un arma de destrucción masiva de relaciones. Se trata algo así como de dar una de cal y otra de arena, de buscar inconscientemente la culpabilidad en el otro para ganar como sea la batalla verbal. Esto nos afecta de la siguiente forma:

1) Dudamos de nuestra propia percepción

Cuando personas de gran importancia nos reprimen por la forma en que vemos la realidad o en que nos vemos a nosotros mismos, tendemos a dudar precisamente de nuestra percepción. Acabamos desconfiando de nuestros sentidos, sintiéndonos inseguros/as por ser quienes somos. Por ejemplo, es relativamente fácil hacer que otra persona se sienta gorda o fea.

2) Dudamos de nuestros propios sentimientos

Si personas de vital importancia te echan en cara no tener los sentimientos que deberías tener, acabas por sentirte culpable por no ser capaz de tener los sentimientos “verdaderos”, válidos. Por ejemplo, hay personas que echan en cara a sus parejas no sentir el amor que consideran que deberían sentir por ellas.

3) Obedecemos normas desobedeciéndolas

Cuando recibes de personas de apego normas de comportamiento que exigen y a la vez impiden unas acciones, encuentras que sólo puedes seguir estas normas desobedeciéndolas. Por ejemplo, te dicen que es voluntario apuntarte a un plan y cuando dices que no te apuntas, te preguntan por qué te comportas así.

4) “Cariño, me gustaría que fueses espontáneo”

Cuando personas muy cercanas te piden que te comportes de forma espontánea. Una conducta espontánea deja de serlo cuando es exigida por otro. Se manipula mucho con este tipo de peticiones. Por ejemplo, cuando te piden que sonrías o te rías más, que te dejes llevar, que te excites, que tengas un detalle, que fluyas, que te relajes, o que te duermas, etc.


Por supuesto, estos 4 puntos se van forjando cuando somos pequeños/as (nuestros padres y educadores nos manipulan así), y después se convierten en mecanismos automáticos de comportamiento, de forma que es bastante probable que la gran mayoría los utilicemos sin darnos cuenta, provocando en otros dolor y sufrimiento (y alejamiento). Al mismo tiempo, es probable que otros los utilicen sobre nosotros/as y nos hagan sentir incómodos/as sin saberse muy bien por qué, pues todo esto bombardea la línea de flotación inconsciente.

¿Qué significado le das a cada palabra?

La confusión no se da solo cuando hay un intento consciente o inconsciente de manipulación. Por desgracia, se da en prácticamente toda conversación, desde el momento en que cada persona da unos valores diferentes a una misma palabra, derivados de sus experiencias previas.

Por esto es tan importante no dejarse calar por las palabras que se oyen, sino ir más allá de ellas, aclarar con la mejor intención posible qué quiso decir la otra persona, sobre todo cuando la conversación ha llevado a un estado de falta de entendimiento. ¿Y se hace esto? Pues no, no se hace, sino que se tiende a “leer el pensamiento” de la otra persona e inventarse lo que pasa por su mente, algo que no puede precisar ni la propia persona…


Amigo/a lector/a, ten esto en cuenta, escucha, y ve más allá de las palabras, busca lo que se esconde detrás. Ésta es la única forma de saber si hay alguien ahí fuera.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

 

La dejadez del “estoy muy ocupad@”

Robert Kiyosaki, el famoso autor de Padre rico, padre pobre, habla en un punto sobre la forma más común de pereza, yo diría de dejadez: estar ocupado/a.

Con frecuencia, las personas ocupadas son con frecuencia las más perezosas. Todos conocemos casos en los que un hombre trabaja muchas horas para ganar dinero, para poder así mantener a su mujer y a sus hijos. Este hombre actúa así basado en una serie de creencias: “es necesario trabajar duro para ganarse el pan”, ” sólo los que trabajan así llegan lejos”, “si no hago esto, entonces estaré con mi familia bajo un puente “. Pero ese hombre que se queda todos los días horas extra y que se trae trabajo a casa los fines de semana, resulta que un día regresa a un hogar vacío. Su mujer se ha marchado con sus hijos. Sí, reconoce en medio del dolor que tenían problemas de “comunicación” (¿Acaso había comunicación? se dice ella).

La pereza o dejadez de este tipo de persona está en ese saber que tenía problemas de relación, y en ese huir metiendo la cabeza dentro del “estoy muy ocupado”. Lo cierto es que las personas se mantienen ocupadas para evitar hacer frente a algo que no quieren ver. No es algo que les tengan que decir; ellos/as lo saben en lo más profundo. De hecho, si le dices esto a cualquiera de estas personas excesivamente ocupadas (que suelen ser hombres), responderán con ira. Esa verdad duele.

No me vale excusas como: “en la era cavernícola era lo que hacíamos, cazar y traer animales, traer el sustento”. ¿Cómo se pueden seguir apoyando algunos en esto? Es pura dejadez, es no tomar las riendas de tu vida, es no dar valor a lo que es importante en ella, hasta que lo pierdes, hasta que se te va de las manos, es confundir lo urgente con lo importante.

Abrir los ojos y estar alerta es algo que pocas personas hacen, porque en ocasiones duele. Crear excusas, razones, o aferrarse a creencias tales como: “El mundo es hostil”, “Todo el mundo lo hace”, “La vida es así de dura”, es no querer percibir la realidad tal cual es (si es que es posible. Pero al menos, podríamos acercarnos un poco a ella).

El tipo de dejadez de estar muy ocupado/a es el más común hoy en día. Pero esto no es tan moderno. Es el tipo de dejadez de dedicarse a ahorrar tiempo para disfrutarlo ¿cuándo? que describió Michael Ende en Momo. Es la dejadez de quedarse en la mediocridad, agarrándose a lo estable, lo cómodo, lo que parece seguro, hasta que un día “te roban el queso”. Y es que pocos hay que estén atentos a su queso, a si éste se va consumiendo y ya es hora de cambiar de ubicación. Pocos dejan los ojos abiertos, porque es mucho más cómodo cerrarlos y dejarse mecer por la cotidianeidad.

Kiyosaki opina que si abres los ojos, descubres que estabas sintiendo culpabilidad por tu avaricia. Es decir, te has dejado adormecer porque no soportas saber que te gustaría llegar más lejos, pero lejos de verdad, donde tu vida sea la que tú deseabas, no la que “te ha tocado” (otra falacia). Es posible que esto sea así.

En cualquier caso, ya que lo sabes, ¿qué te impide despertar, Neo?

Más información: http://www.richdad.com/