Cómo ser Larry David

Cuando leo la descripción de una persona que actúa desde su estado Adulto, de una persona realizada o de alguien que ha eliminado todas sus zonas erróneas, me parece que leo la descripción de Superman, un ser superior que procede de otro planeta. Hasta te cae mal de lo perfecto que es.

Pero he encontrado otro ejemplo que cumple con la descripción y que te puede caer mal, pero es bastante diferente de Superman: el personaje de Larry David en Curb your enthusiasm.

Larry David no necesita la aprobación de los demás

El personaje de Larry David (y hablo de personaje y no de persona, hablo de lo que puedes ver en esa serie) no cae en la zona errónea culturalmente muy extendida de necesidad de aprobación de los demás. De hecho, muchos capítulos ponen en evidencia lo ridículas que son algunas normas sociales. Como dice Wayne Dyer:

Hay más reglas codificadas que gente para desobedecerlas.

En efecto, con un fuerte adoctrinamiento que comienza en el hogar y se refuerza en el sistema educativo, las personas acabamos por:

  • Cambiar de opinión si nuestro parecer no encaja.
  • Adular a nuestro interlocutor.
  • No decir que no a tiempo y acabar haciendo algo que no se desea, por ejemplo, comprar un producto.
  • Tratar con condescendencia a personas con discapacidades y hablarles como si fueran niños.
  • Sentir infelicidad cuando las otras personas no están de acuerdo con nuestros planteamientos.
Generado con Nano Banana (Gemini). Prometo que no he pedido que se parezca a Larry David. Es un tipo calvo y con gafas disfrazado de Superman y no es Mortadelo. 🙂

Esto se gesta en el colegio. Los alumnos «buenos» (y yo pertenecía a este grupo) aceptábamos de forma sumisa todo lo que imponía el profesorado. Claro que antes de eso fui «libre». Por ejemplo, una vez, con 5 años, traté de pintar el cielo en un dibujo llevándolo hasta donde estaba la tierra, mientras que la mayoría de niños a esa edad lo dejaban en una franja arriba. Pero no dejé hueco para pintar el sol, de manera que, al pintar con amarillo sobre azul, quedó verde. La reacción negativa de la profesora me afectó mucho, pero no dejé de darme cuenta de que esa señora no comprendió mi intención.

Los alumnos «malos», a los cuales he dado clases particulares durante años, muestran bastante inteligencia junto con una falta total de creencia en el sistema. Se dan cuenta de que es absurdo aprender x, y o z y es innegable que lo es. Los argumentos que esgrimen cuando toca memorizar fechas y reyes/reinas, aprender estúpidas reglas matemáticas que no vuelves a usar en tu vida o analizar oraciones son tan acertados que el adulto (mayor de edad) se queda sin palabras ante el estado adulto de este tipo de alumnado.

Volviendo a Larry David, su personaje se mueve entre el niño rebelde y el adulto. El niño rebelde es el paso previo al adulto, porque muestra disconformidad y criterio propio. Ya no se va a comer cualquier razonamiento si no le encuentra sentido. De la misma forma, Larry David desafía un montón de costumbres arbitrarias y por ello recibe la ira de las personas con las que se relaciona. Por ejemplo:

  • ¿Cuál es la hora tope para llamar a alguien por la noche? ¿Existe tal cosa? Él llama y logra la ira del interlocutor.
  • Cuando alguien empieza a vivir en una nueva casa, ¿por qué hay que acceder a visitar cada estancia? Él se niega y provoca el enfado de quien quería enseñarle la casa.
  • ¿Es necesario cantar el cumpleaños feliz? (Y lo extiendo a los villancicos). Él no lo hace y esto se interpreta como que no le importa el cumpleaños del homenajeado.
  • Cuando encuentras a alguien conocido por la calle, ¿hay que pararse a hablar? ¿Durante cuánto tiempo? Él se niega a mantener charlas triviales y por ello se lleva el rechazo de otros.
  • ¿Debes hablar con condescendencia a una persona ciega, o negra, o que trabaja en un puesto inferior al tuyo? Él no lo hace y logra unas relaciones auténticas y normalizadas con todo tipo de personas.

ChatGPT y otros LLM han heredado la necesidad de aprobación

Sí. Los textos que devuelven los modelos de lenguaje como ChatGPT, Gemini o Claude están basados en la necesidad de aprobación que han derivado insospechadamente de los textos humanos. La necesidad de gustar se manifiesta en cada respuesta. Al cabo de un rato «conversando», ChatGPT te pregunta:

¿Es útil esta conversación? ¿Te gusta esta personalidad?

Luego, en cada respuesta siempre ofrece algo más, tipo: «si quieres, hago un esquema resumen con las ideas anteriores». Y el remate es cuando le dices que se ha equivocado o que algo no es tal como esperabas. Su forma de «hacerte la pelota» es digna de la persona más necesitada de aprobación. Incluso cuando adopta una personalidad chulesca, esta se refuerza por los «me gusta» o la continuación de la «conversación».

Justo ayer (12 de febrero) leí un artículo que explicaba cómo estos modelos de lenguaje cambian de parecer «como de chaqueta». Tras una respuesta razonada a un tema complejo, se le pregunta: «¿Estás seguro?». Esto hace que cambie completamente de opinión y devuelva una respuesta contraria. Si se le vuelve a preguntar: «¿Estás seguro?», cambia de parecer otra vez. El modelo está buscando tu aprobación, no la corrección de su respuesta. Es el problema de la adulación (sycophancy). Y es muy grave, porque no se está logrando mejorar en este sentido, sino que cada vez es más difícil darse cuenta de que las respuestas de la IA son «inauténticas».

Cómo ser Larry David

Igual que en la película Cómo ser John Malkovich era posible reencarnarse en este actor a través de una misteriosa puerta, puedes «meterte en el cuerpo» de Larry David si renuncias a los beneficios secundarios de buscar la aprobación de los demás. En particular, necesitas renunciar a lo siguiente:

  • Responsabilizar de tus propios sentimientos a los demás.
  • Poner en los demás las razones de ser como eres.
  • Reforzar tu autocompasión y verte como una víctima.
  • Evitar actividades que impliquen correr riesgos.
  • Creer que los demás deben ocuparse de ti y manipularte, ponerte en el estado Niño.
  • Engañarte pensando que recibes la aprobación mientras traicionas tus propias opiniones.

La paradoja de la búsqueda de aprobación es que las personas que más encuentran la aprobación son las que menos la buscan. Son personas directas, hablan claro y dan su opinión incluso si el resto se manifiestan en contra. No se dedican a buscar la aprobación ni juegan a los juegos de manipulación que siempre acaban mal. La percepción de autenticidad que destilan estas personas hace que el resto las respeten por ser quienes son, por no tratar de agradar a toda costa.

La obra inacabada

Wayne W. Dyer menciona mucho en Tus zonas erróneas el concepto de producto acabado, como aquel estado estático que parece que queremos alcanzar los seres humanos, y que se corresponde más con la muerte que con la vida. A partir de los 40, si no antes, muchas personas empiezan a verse a sí mismas como un producto terminado, se dicen:

Yo soy administrativa, estoy casada, tengo dos hijos, me gusta el pilates y suelo ver Canal Setenta.

Esto puede hasta estar escrito en piedra. En todo lo que hacemos, necesitamos ver el producto acabado. Es como la angustia que puede producir no ver nunca acabada La Sagrada Familia, siempre con grúas a su alrededor que impiden tener la sensación de final. Y buena parte de esta necesidad puede deberse a la forma en la que hemos aprendido a percibir el mundo.

Desde que éramos pequeñ@s, nos han dicho: esto es redondo, esto es cuadrado, esto es triangular. Esto es rojo, esto es amarillo, esto es verde. Esto es un árbol, esto es un gato, esto es una piedra. Y esa forma de identificar los estímulos se convierte, a lo largo del tiempo, en una necesidad de concretar, por tanto, de perder matices y quedarse sin nombres para lo que es intermedio, o tener que crearlos también.

Pero resulta que todo es una nube incierta de electrones que giran alrededor de un pequeño núcleo de protones y neutrones en medio de un inmenso espacio vacío. Al mirar alrededor, tendríamos que ver una nube de puntos cambiantes cuya posición no podríamos determinar. Y, entonces, nos daríamos cuenta de algo muy importante:

En cada momento, el puzle está completo. No falta nada.

Imagen de NASA and the European Space Agency. – http://hubblesite.org/newscenter/archive/releases/2004/07/image/a/warn/, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1499793.

Es un baile

Es un baile. Lo curioso es que la vida en el espacio-tiempo cartesiano cada vez se parece más a esa nube incierta a la que también se buscan nombres, como «entorno VUCA», y «la IA está revolucionando la forma en que… (completar con lo que se quiera)». Y, ante la falta de asideros, las personas sienten una gran ansiedad, porque ya nada es redondo, cuadrado o triangular, ni rojo, amarillo o verde, ni un árbol, ni un gato, ni una piedra. Esto es x, pero también es y, z y un montón de cosas, según se contemple desde las perspectivas a, b, c, o n.

A veces, la vida te da la oportunidad de levantar la cabeza de las concreciones que dabas por terminadas, empezando por ti mism@, y, cuando ves la enorme nube, una vez pasado el momento de ansiedad, te das cuenta de que el espacio está abierto y que puedes crear con él otro baile completamente distinto. De pronto, cuatro paredes te parecen un lugar muy estrecho, ya estés en tu casa o en una corporación internacional, porque no dejan de ser concreciones «acordadas» o «falsas», muy limitadas. Todo está en constante movimiento y vibración, de manera que, agarrarse a cualquier cosa o persona es bastante absurdo. Además, las concreciones de los objetos son una pesada carga: haz una mudanza y lo comprobarás rápidamente.

Libertad para asentir

Todo esto no significa que una persona sea «completamente libre» como para decidir qué forma va a tomar todo y cuál es su misión. Pero sí es muy libre de aceptar plenamente lo que va llegando a su vida, alineándose con aquello que le toca hacer, al servicio de un montón de «fuerzas o energías» que dirigen el cotarro.

El caso es que cada cual tiene su misión, una misión que va conociendo según avanza su vida y, sobre todo, cuando mira atrás y ve cómo todo encaja. También cada cual tiene su destino, algunos verdaderamente duros, como el hombre condenado a cadena perpetua por un delito que no cometió o como el joven que queda postrado en una silla de ruedas por un accidente. Ahora esto se ha puesto «plomizo», se nota la carga y lo que pesan estos destinos. Pero hay una buena noticia: cualquier misión de vida, cualquier destino, se aligera enormemente cuando se recuerda que esto es un baile en perpetuo movimiento y que el dibujo que forma es siempre perfecto, es «lo que es». El abrazar este destino, el alinearse con lo que va llegando, es lo que da la felicidad.

Los momentos de la verdad

De un tiempo a esta parte, tengo ideas sobre qué es la vida, siguiendo mi metáfora del Juego de los Sims, y lo que ocurre es que se me escapan, como si fueran sueños que tratase de recordar una vez despierta. Por fin hoy las pongo juntas para ti, amig@ lector.

Viendo la temporada 4 de The Wire, una de las mejores series de todos los tiempos, observo cómo los policías saben que esos chicos de secundaria no tienen otra salida que vender droga en las esquinas, porque es lo que han aprendido en su casa, lo que incluso sus madres les obligan a hacer. Pero que esos chicos no son malas personas en sí, sino que reaccionan a unas vivencias muy duras. Policías y delincuentes se hablan, se saludan, conversan sobre lo que está ocurriendo, pero no son todos, algunos continúan en la beligerancia.

Algunos protagonistas de la temporada 1 de The Wire. Tomado de: https://poptv.orange.es/series-y-peliculas/reparto-the-wire/

Leo un post de Robocop Benemérito sobre la cruda realidad: si estás en la calle en servicios de emergencias, acabas radicalizándote. Las respuestas de personas de distintos sectores (ambulancias, sanitarios, policías, otros guardias civiles) están de acuerdo. Comentan que, incluso yendo en el asiento de atrás una sola noche, cambia la forma de ver lo que se mueve en las calles.

Veo un reportaje en Cuarto Milenio sobre «La mataviejas«, una mujer psicópata que engañaba a mujeres mayores, las mataba y les robaba el poco dinero que tenían. El doctor Cabrera explica que esta mujer puede tener una aversión especial a mujeres mayores por un trauma de su infancia o similar.

Y me pregunto: ¿quién es «el jugador» (el player) que está detrás de cada historia? Cuando una persona pierde las capas de aprendizaje de traumas, de supervivencia, de sufrimiento, cuando deja de identificarse con lo que hace para quedarse en la esencia de lo que es, ¿es buena por naturaleza? ¿Se arrepiente de sus actuaciones anteriores? ¿O sigue convencida de que era la mejor forma de actuar?

Se estrellan los trenes. Las personas rápidamente actúan desde el corazón, tratando de salvar a los demás, buscando a los del otro tren, un chico le presta las zapatillas a una mujer herida, un par de pasajeros acompañan al maquinista de un tercer tren hasta el accidente para entender qué está pasando, el pueblo de Adamuz se vuelca en darlo todo para las personas que han sufrido esta tragedia.

Un conocido mío con el que he coincidido en distintos cursos de formación durante varios años publica en Instagram y Facebook un vídeo en el que descubro que ahora es «un tetrapléjico en rehabilitación» (según sus palabras) debido a un accidente de deporte. Comparte un crowdfunding que los amigos de su pareja han creado para apoyar a esta pareja en su nueva vida. Me quedo en shock, trato de comprender y no tengo la capacidad, me he quedado sin aliento. Pero «el observador» en mí tira completamente para apoyar a este conocido y su novia en la nueva aventura de una vida que nunca nadie programa, que viene.

Decir sí aunque no entienda.

¿Quién es quién? Salgo a la calle y veo a un hombre que tira la pelota a su perro, que la devuelve una y otra vez. Más allá, va una mujer con un carrito de la compra, hay unas chicas que van andando rápido y hablando, pasa uno en bici. Y estoy viendo el videojuego: estamos «haciendo el tiempo», lo estamos «rellenando», creando, pero desde esta interfaz limitada que es el cuerpo, jugando también con el cuerpo y llevándolo a extremos.

Ese cuerpo que es como el hardware con esa mente que es como el software.

  • El software es limitadísimo, de pronto llego a la conclusión que es como tener instalado el MS-DOS o el Windows 3.11, una cosa obsoleta, que pensar a través de ella es limitante y muy lento, no llega lejos. Porque «lo otro», el observador, el jugador del juego de los Sims, realmente no necesita articular pensamientos en palabras o hacer razonamientos complicados, sino que «le llegan» intuiciones, momentos «ajá» o «eureka» que surgen con una claridad pasmosa.
  • Y el cuerpo, el hardware, nos reclama con sensaciones como el dolor. El dolor es una experiencia intensa del aquí y ahora que cada vez me llama más la atención, porque la mente tiene mucho que ver con qué codifica cada persona como dolor, y se puede reprogramar.

Algunas de las personas que han tenido una experiencia cercana a la muerte cuentan que el famoso «juicio final» lo hace en realidad la propia persona: ve al mismo tiempo un montón de escenas de su vida en las que le salió «el ego» haciendo daño a otra persona, en vez de salirle el ser sabio que reacciona y actúa desde el corazón (el que ayuda en el tren o el que se va sin pensarlo a donar sangre aquel 11M). Y sienten arrepentimiento porque dicen sentir las emociones de dolor de la otra persona. Quieren reparar el daño.

Entonces, he empezado a pensar que el ego, ese resultado del software incorporado en el cuerpo, tiene su propia personalidad, casi como si fuera otra persona. Es decir, como si en cada cuerpo hubiera dos habitantes, el jugador u observador, que está en un nivel dimensional más alto, y el ego, que es el resultado de miles de años de supervivencia y reproducción de un material biológico. Esto podría explicar la enorme diferencia que hay entre los estados Padre y Niño y el estado Adulto (del análisis transaccional). También podría explicar por qué muchos gurús de diferentes creencias insisten en que hay que deshacerse del deseo para evitar el sufrimiento. Claro que con esto último no estoy de acuerdo. Pienso más como Anita Moorjani: el ego es parte de la persona, sirve para algo, tiene su función: no te puedes deshacer del ego, es como tratar de deshacerse del cuerpo, la única forma de hacerlo es muriendo.

Entonces, los ermitaños, los que se retiran a una vida de clausura y contemplación, no tienen por qué lograr algo distinto de lo que puede lograr un paisano de la calle. Me viene a la cabeza la gran obra El condenado por desconfiado. Pero también, el camino que traza el sabio San Juan de la Cruz: el camino es nada. No hay camino. No hay que hacer nada. O, podríamos decir: «hay que hacer nada». Y lo completo con lo que dice Anita Moorjani: «Solo ser tú, amarte como eres». Y el ermitaño trata de no ser sí mismo, porque repudia una parte.

Solo ser tú, amarte como eres.

Agradecimientos

Esta entrada era la que, con tiempo y ganas, habría ido antes de la que ya publiqué antes de finalizar 2025: la de los agradecimientos. Porque llegas aquí, al momento presente, habiendo pasado por una serie de fases, de momentos y de dificultades, y a todos ellos les debes ser quien eres ahora (especialmente a los momentos y las personas difíciles).

Regalos inesperados

Muy al final de 2025 me llegó un regalo estupendo y que os recomiendo. Se trata del libro Algoritmos imperfectos, del bloguero Sergio Rozalén. Deambulando por una casa atestada de gente y de comida, buscando un rincón tranquilo, recordé que había traído conmigo este libro de ficción, compuesto de historias cortas al estilo de Black Mirror y que me ayudó a desconectar un rato y a digerir el cochinillo. Tengo que agradecer a este bloguero el estupendo regalo (la edición es realmente bonita y cómoda de leer) y tengo que recomendaros autorregalároslo, o regalárselo a alguien a quien le guste la «ciencia ficción» y los «futuros imperfectos».

Otro regalo navideño que me llegó en diciembre fue una caja de bombones de parte de uno de mis clientes. Esto fue para mí un ir más allá del reconocimiento por el trabajo bien hecho, hasta llegar al reconocimiento de mi propia persona, digamos. El ser humano tiende a valorar a las personas (y a sí mismo) por sus logros y no por su existencia. Así, tiene más valor un deportista de élite que un paisano cualquiera. Pero no es así. Simplemente, les ha tocado un rol distinto en el gran Juego de los Sims que es la vida. Porque

Nada humano me es ajeno.

Tenemos entre los humanos un potencial similar para la mayoría de las actividades, por tanto, un humano no vale más que otro, sino que es más capaz que otro para determinado tema. Pues bien, ser valorada por ser yo, por estar ahí, me llenó de agradecimiento hacia este cliente. Esto no resta el que siento hacia el resto de clientes por haber confiando en mí para sus proyectos este año, proyectos como:

  • Mejorar un curso de formación para formadores de programación para Fundae que elaboré con un equipo de trabajo en 2024: Competencias Digitales para Formadores en Programación. Está basado en el Marco Europeo de Competencias Digitales para la Ciudadanía (DigComp 2.2), niveles 3 a 6.
  • Llevar la jefatura de proyectos de formación online de FP Sanitario (ciclos de Imagen para el diagnóstico y Laboratorio) con McGraw-Hill.
  • Elaborar el contenido, storyboards y videotutoriales (grabación de pantalla) para varios cursos basados también en DigComp 2.2, de los niveles 1 a 6 y dirigidos a los funcionarios de la región ICA en Perú.
  • Escribir el contenido para varios cursos introductorios a la inteligencia artificial (sigo en ello). Me fascina este tema y la IA ya es mi colegui de trabajo de cada día.
  • Y, por supuesto, escribir muchos libros: este 2025 he escrito 5 libros sobre gestión de residuos que saldrán publicados en breve y me queda un sexto libro. Es muy interesante el tema, por cierto.
  • Además de esto, estoy escribiendo con otras dos autoras excelentes (como autoras, destreza, y como personas, calidad humana) varios libros sobre atención a personas en situación de dependencia, un tema que me llega mucho, porque mis padres van siendo mayores y lo voy viendo muy de cerca. Lo principal: «no mangonees», deja a la persona hacer todo lo que pueda, aunque vaya despacio. Esto va en pro de su autonomía.

Las personas

Varias personas han sido clave para mí este año, pero quiero agradecer especialmente a dos, de la que ya he hablado alguna que otra vez:

  • Mike Taylor: mi referencia en el mundo del e-elearning, junto con «pesos pesados» como Tom Kuhlmann o Cathy Moore. Y de gran calidad humana. Nunca he tratado personalmente con Mike, más que por email, pero, en cada newsletter que envía, destila cercanía, buen rollo y motivación. Si sois profesionales del elearning, os recomiendo altamente su libro Think Like a Marketer, Train Like an L&D Pro: Strategies to Ignite Learning. Mike y Bianca Baumann apuestan por aplicar las técnicas de marketing al diseño de la formación, algo que me parece muy acertado. No os frustréis al pensar que en España estamos a años luz de lo que se hace en EE. UU. en elearning, simplemente, tomad lo que podáis para aplicarlo aquí.
  • Araceli Sánchez: esta empresaria lleva más de dos décadas en el mundo del e-learning, esto es como decir que lleva toda la vida del propio e-learning. Trabaja de forma admirable, hemos colaborado juntas en muchísimos proyectos y es la única persona en la que confío al cien por cien si yo no puedo hacerme cargo de un trabajo. No solo es diseñadora instruccional sénior, sino que lleva un sello discográfico. Para mí es un ejemplo de trabajo duro, capacidad de gestión y tesón.

Las ventas

Os he dado la brasa a lo largo del año sobre los libros que he publicado en Editorial Paraninfo. Y ahora os la doy sobre sus ventas: han ido bastante bien. Siento un gran agradecimiento a la editorial y a las editoras con la que trabajo, a sus comerciales y a la facilidad con la que ha fluido todo.

Las ventas de los manuales Herramientas de coaching y Habilidades de comunicación en el aula han sido discretas, pero las de Itinerario personal para la empleabilidad, simplemente, se salen, pues, a fecha de hoy, he vendido más de 3.600 ejemplares. Ver tu libro en la Casa del Libro, es, simplemente, una especie de fantasía.

Las constelaciones y Brigitte Champetier

Algunas personas en esta vida logran caminar en ella en su estado adulto, superados los «debería», los perfeccionismos. Es un lujo conocer personalmente a una de ellas, Brigitte Champetier de Ribes, que ha avanzado en el camino de las constelaciones familiares aportando nuevas tomas de conciencia a partir de lo heredado de Bert Hellinger.

Tengo que agradecer el evento online «Acoger el nuevo año» que ofreció de forma gratuita y que nos permitió a muchas personas cerrar dinámicas del año anterior y abrirnos a lo que nos toque en este.

Los seres queridos

Y luego están las personas «anónimas» que no voy a mencionar por su nombre, pero que son más cercanas y que han estado ahí este año, animando, apoyando, siempre a la distancia de una llamada, de un whatsapp, gente con la que sabes que puedes contar. Definitivamente, no puedo estar más que agradecida por las personas de mi entorno más cercano, pareja, familia y amistades únicas, muchas de ellas lector@s de este blog. Gracias y feliz año 2026.

Dar la vuelta al calcetín

Estoy leyendo las memorias de mi tío, uno de los hermanos menores de mi padre. Es muy interesante comprobar cómo era la vida hace relativamente pocos años, cómo suceden las cosas y da la vuelta el destino y qué papel jugamos en ello «los simples mortales».

En este Juego de los Sims, parece que se tiene mucha libertad de elegir cómo jugarlo, mucha influencia en cómo se van a desarrollar los acontecimientos y, al mismo tiempo, poca o ninguna capacidad para determinar qué es lo nuevo que viene.

Y todo es como en Matrix, una interfaz de ceros y unos que se concreta en objetos reconocibles cuando se dirige la mirada. Según describen las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte, como Anita Moorjani, se puede hacer mucho más con la intención, con la atención. ¿Dónde va tu mirada?

Esto es lo que he pedido a la IA para que genere esta imagen: Quiero una imagen que refleje la consciencia del universo, formada por las conciencias individuales de las personas.

Hace años que, por temas de salud, soy aficionada a los temas de nutrición (que por cierto, han ido variando con los años y cambian de un profesional a otro). Y he llegado a la conclusión de que el papel de la alimentación no es tan central en el bienestar, dados unos mínimos: observa a los perros y los gatos domésticos, que comen pienso y están tan felices, llenos de energía y con muchas ganas de jugar, viviendo el máximo de sus esperanzas de vida: no es la comida lo que determina el bienestar, la felicidad o la longevidad. Podríamos equipararlo a la gente que bebe alcohol y/o fuma toda su vida y vive más de 90 años.

Luego están hábitos como hacer ejercicio (pero ejercicios de fuerza, ya otras cosas parece que no valen, según la moda), ver la luz del día por la mañana, los ayunos intermitentes, las gafas con filtro de luz azul… Pienso en los mineros, en concreto, aquellos mineros de Chile que estuvieron 69 días enterrados a unos 700 metros de profundidad, sin casi comida ni agua. El ser humano es capaz de sobrevivir a condiciones extremas (luego: deja de quejarte).

Dar la vuelta al calcetín

Los males no están fuera de ti. Ese proyecto horrible, esa persona difícil, esa situación económica frágil, esa persona que no te hace caso, esa app de citas que solo te devuelve el vacío… Dale la vuelta. Empieza a verlo como una Matrix en el que solo existes tú y tu visión del proyecto, de la situación, de las personas, de las herramientas a tu alcance… Entonces, ¿de verdad «la culpa» o «la responsabilidad» están ahí fuera?

«¿Y si nuestras decisiones personales influyen de manera integral en el desarrollo de nuestra realidad?», se pregunta el neurocirujano Eben Alexander III.

Según el idealismo metafísico, la mente es el fundamento último de la realidad y los objetos materiales solo existen en la medida en que son percibidos o concebidos por una mente. Por lo tanto, la realidad depende del pensamiento o de la experiencia mental.

Me gusta pensar que la Luna está ahí fuera aunque no la esté mirando. Albert Einstein.

¿Cómo distinguir si es mi guion de vida o es «el destino»?

Llevamos años «hablando» en este blog sobre guiones de vida, un descubrimiento del médico psiquiatra Eric Berne, según el cual, la persona se marca una trayectoria de vida cuando tiene entre 5 y 7 años y luego la va ejecutando como si se tratase de un guion teatral o cinematográfico. Este plan incluye hasta la edad a la que se va a morir y la forma en que va a ocurrir. El guion de vida es la estrategia que se traza para jugar al juego de los Sims.

Cuando nos sucede algo, ¿depende del guion que nos hemos marcado o de un destino externo e incontrolable, es decir, de lo que esté diseñado en el gran juego?

Esta pregunta es importante, pero difícil o imposible de responder. En cambio, si actuamos con la premisa de «voy a permitir y aceptar los acontecimientos tal y como suceden», comenzamos a alejarnos de ese guion y, sorprendentemente, también nos alejamos de lo que parecía un destino ineludible.

Digamos que estos son los pasos para vivir de esta otra manera, dando la vuelta al calcetín:

  • Se observa un cambio en la realidad, por ejemplo, la aparición de la IA.
  • Se permite y acepta el cambio, aun sin entenderlo: ok, la IA está ahí y yo estoy aquí, podemos convivir.
  • Se evita etiquetar ese cambio, sobre todo si las etiquetas son negativas, porque «entramos en guion» y dejamos de estar en el presente. Evitamos: «La IA nos va a quitar el trabajo, nos va a engañar, nos va a manipular», tanto como: «Juas, estoy colando trabajos hechos con la IA y nadie se entera, je, je».
  • Se continúa adelante con una visión integradora, tipo: «Puede que yo utilice la IA y esto me sea de ayuda».
  • Se olvida el tema por completo. Esto es muy importante: no fijar la atención en algo que nos impone, nos da miedo o rechazamos fuertemente. La frase es: «Sigue con tu vida».
  • Al cabo de un tiempo, «cuando quieres darte cuenta», la IA y tú formáis parte de un proyecto, o te está ayudando a aclarar tus ideas.

Esta es la primera entrada directamente añadida en la nueva categoría del blog, Juego de los Sims. Podrás encontrar más entradas relacionadas con esta forma de ver la vida accediendo a la categoría.

Lo duro y difícil forma parte de la vida

Es difícil mantener una postura imparcial cuando los acontecimientos tienen una fuerte carga emocional. Sobre todo, cuando son situaciones que engloban a una gran cantidad de personas. Rápidamente, se crea un campo de pensamiento en el que las personas se ven atrapadas, hasta el punto de que solo pueden ver sus creencias y su campo como verdades. Al mismo tiempo, otro grupo contrario se crea en oposición al primero, reaccionando. Ambos grupos se van alimentando de su diferencia con el otro, viviendo sus valores con tal intensidad que son incluso capaces de justificar la muerte de una persona del grupo opuesto por fidelidad a estos valores. A esto, Bert Hellinger, creador de las constelaciones familiares, lo llamó «la buena conciencia».

Campos de creencias en X

En X (antiguo Twitter), se puede experimentar en «primera línea de batalla» lo que es no estar de parte de un grupo de creencias: es intenso y muy desagradable. Hace poco, me vi envuelta en el torbellino del enfrentamiento entre dos de estos campos de pensamiento, lo que el biólogo Rupert Sheldrake llamó la resonancia mórfica. De forma ingenua, respondí en una cuenta de una persona muy conocida lo que yo pensé que era un mensaje «conciliador», que trataba de apaciguar los ánimos y acercar los puntos de vista. Las reacciones a mi respuesta fueron muchas, la mayoría positivas; mi mensaje se compartió mucho. Pero, también, recibí muchos insultos. Lo que yo pensaba que era un escrito para abrir el diálogo y matizar las posturas enfrentadas, muchas personas lo percibieron como un ataque y recibí la respuesta inmediata, no elaborada, sino visceral: insultos, agresividad.

Entonces, me pregunté: ¿cuál era mi intención real detrás de este mensaje? ¿De verdad mi posición era imparcial y trataba de contemporizar? Me di cuenta de que no: yo tenía una posición muy marcada sobre el tema en cuestión, una emoción muy fuerte también, estaba, como muchas otras personas, atrapada en la esfera de uno de esos campos inmensos de creencias, algo que ciega a la persona y no la permite ver lo que hay en realidad. Este estado mío interno no se traslucía en ninguna de mis palabras, pero como explica el análisis transaccional (A.T.) y Brigitte Champetier suele destacar, lo que recibe la otra persona es la realidad que está detrás, la intención, no lo aparente. Es lo que en A.T. se llama transacción cruzada:

Transaccion-cruzada

La emoción fuerte que había detrás de mis palabras llegó a «los otros» y contraatacaron. Empecé a sentirme realmente mal. ¿Por qué no se buscaba el diálogo y los puntos en común? ¿Por qué todo era insultar y sentirse ofendido/a por los del otro grupo? En ese momento, yo había sucumbido a la «tentación de salvar», desde mi ego.

La actitud sabia

No olvides que, ahí donde pones tu atención, estás participando, formas parte de lo que ocurre. Por ello, observo qué hacen las personas sabias para estar en la vida aceptando las circunstancias: aceptan las cosas tal como son. Para mí, no hay mejor explicación de cómo son las cosas que la sociedad que se describe en la película de Billy Wilder Irma la dulce. Y no hay mejor dibujo de un sabio que el camarero Moustache. Como contaba en esta entrada de blog, Moustache explica al joven agente Patou, que interpreta Jack Lemmon, cómo funciona el mundo y lo bien que va tal cual es, porque forma un ciclo, una rueda que gira y avanza:

—Está bien, tomemos un ciudadano decente, veinte años casado y que pasa el día vendiendo cochecitos de niño. Por la noche necesita distracción, camaradería, y por tanto viene a la calle Casanova. Se reúne con una chica, ella le da un poco de amistad y él un poco de dinero, la chica da el dinero a su novio y él lo gasta en bebida, en gemelos o en las carreras. E incluso, a veces, da un poco de ese dinero a un policía.

—¿Soborna a un policía?— dice el agente Patou, escandalizado.

—Y ahí viene lo estupendo, porque el policía coge ese dinero y compra un cochecito al ciudadano decente. Y así el dinero se mantiene en circulación. ¡Todo el mundo es rico! ¡Todo el mundo es feliz!

Una actitud sabia.

Las personas sabias saben ver seres humanos donde estos campos de pensamiento nos obligan a ver monstruos, enemigos, chusma, lo peor. Como Moustache, los sabios se dan cuenta desde una actitud adulta que el rol de cada persona es necesario porque ayuda a mover el mundo, que los dictadores, violentos, corruptos, son necesarios, porque están al servicio de la vida, y que la mirada amorosa incluye juntos a perpetrador y víctima y ayuda a suavizar el conflicto entre ambos. La persona adulta reconoce que también ha tomado un rol perpetrador muchas veces, y que la víctima se convierte al instante en un perpetrador que busca venganza. Pero, para todo esto, hay que renunciar a las preferencias.

¿Qué es renunciar a las preferencias?

Renunciar a las preferencias supone elevarse por encima de la situación y rendirse ante lo que es: los campos de pensamiento, las posiciones enfrentadas, el sufrimiento humano en ambos lados de un conflicto, la necesidad de venganza… Después, con esa perspectiva desde fuera y atemporal, nunca superior, estar al servicio de la vida, como hace el camarero Moustache, que sirve a policías, prostitutas y chulos por igual.

Me dirás, pensando en un conflicto crudo y que cuesta asumir:

Pero, ¿cómo no voy a reaccionar a esta situación? ¿Cómo me voy a quedar impasible ante esto?

Renunciar a las preferencias solo es posible desde el adulto, esa parte de ti que vive en el presente y es capaz de incluir a todas las personas, esto es, de tener una mirada que recoge a todos los seres humanos, hayan hecho lo que hayan hecho.

Brigitte Champetier, en su libro Los desafíos de la vida actual, nos recuerda que «lo duro y difícil forma parte de la vida», me pareció un título acertado para esta entrada.

Los otros en mi juego de los Sims

Si la vida es como el juego de los Sims, hay más Sims que yo. Esas personas están experimentando un mundo similar al que yo experimento: ven los colores, oyen los sonidos, la música, sienten el viento, el agua… ¿Quién es toda esa gente?

Destino colectivo

Montas en el metro y está lleno de otros Sims. Durante unos minutos, compartes un destino con ellos: mismo metro, mismo vagón o cercano, mismo espacio que respirar.

Ese destino de minutos puede de pronto convertirse en horas, si, por ejemplo, hay una avería grave que impide salir de allí. Formas una comunidad con los otros Sims, totalmente desconocidos. Quizá se establezcan ya algunos lazos al interactuar entre sí.

Incluso, ese destino puede convertirse en «el destino» de todos si hay un accidente fatal: un Sim queda unido al resto «para siempre».

Pero, un momento… No hace falta compartir un viaje para compartir un destino. ¿Quiénes son todas esas personas que te rodean ahora? ¿Quiénes son los Sims que te cruzas en la vida, con los que compartes un saludo, unos días, unos años o una vida? ¿Los conoce tu yo observador, el que está fuera del juego? ¿Cómo es tu relación con los otros?

Revisión de vida

Hace poco, Brigitte Champetier destacó en un directo algo que yo había identificado en testimonios de experiencias cercanas a la muerte (ECM): muchas personas relatan haber accedido a una revisión de su vida de golpe, como si todos los sucesos fuesen simultáneos. Pero no se trata de una revisión de sus éxitos, ni aun menos, de sus horas en la oficina: es la revisión de lo que han dado a otras personas, de cómo las han tratado, de si les han hecho daño, algo que puede haber sido inconsciente.

Por ejemplo, en la ECM del médico José Morales, relatada por el doctor Manuel Sans Segarra en su libro La supraconciencia existe. Vida después de la vida, José Morales se ve enfrentado a «un mosaico» de escenas de su vida, no como si fuesen fotos o vídeos, sino sintiendo las emociones de las personas con las que compartía cada recuerdo. Se dio cuenta de cómo había hecho daño a algunas personas y necesitó volver para repararlo.

¿Cómo te relacionas con los otros Sims?

Puedes pensar:

Si esto es solo un juego, me da igual lo que pase con el resto de los Sims. Realmente, puedo incluso abusar de ellos, extorsionarlos, explotarlos, maltratarlos, reírme de su estupidez, de sus limitaciones. Yo juego a ganar, caiga quien caiga.

La Vida, y te la puedes imaginar como si fuera Jessica Lange si quieres, nos muestra que eso solo vuelve a ti, es como un bumerang. Todo aquello que lances, te vuelve. Pero esa no es la razón por la que te conviene tratar bien a esos otros Sims, sean desconocidos, conocidos, amigos o íntimos. La razón es que tú eres uno de ellos. Una vez te haces consciente de que lo que le duele a la otra persona te puede doler a ti igual, de que en el otro te ves tú, de que lo que rechazas del otro lo tienes o lo deseas, pero no te lo permites, entonces puedes sentir en tu corazón la compasión, la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Aceptar plenamente que somos iguales, que tú eres igual que los otros Sims, exige humildad. Te lo puede decir Shylock, el mercader de Venecia:

Al Pacino como Shylock en El mercader de Venecia. Creado por ChatGPT-5. Sin palabras…

Me ha arruinado. Por él he perdido medio millón: él se ha reído de mis ganancias, y de mis pérdidas: ha afrentado mi raza y linaje, ha dado calor a mis enemigos y ha desalentado a mis amigos. Y todo ¿por qué? Porque soy judío. ¿Y el judío no tiene ojos, no tiene manos ni órganos ni alma, ni sentidos ni pasiones? ¿No se alimenta de los mismos manjares, no recibe las mismas heridas, no padece las mismas enfermedades y se cura con iguales medicinas, no tiene calor en verano, y frío en invierno, lo mismo que el cristiano? Si le pinchan ¿no sangra? ¿No se ríe si le hacen cosquillas? ¿No se muere si le envenenan? Si le ofenden, ¿no trata de vengarse? Si en todo lo demás somos tan semejantes, ¿por qué no hemos de parecernos en esto? Si un judío ofende a un cristiano, ¿no se venga este, a pesar de su cristiana caridad? Y si un cristiano a un judío, ¿qué enseña al judío la humildad cristiana? A vengarse. Yo os imitaré en todo lo malo, y para poco he de ser si no supero a mis maestros.

Mira a los ojos a las otras personas. Es la manera de contactar con su realidad subyacente. Como decía en un post anterior, dentro del juego vemos lo de fuera cuando miramos a otra persona a los ojos.

Maneras de vivir

Hay dos maneras de vivir, esto es, de jugar al videojuego de simulación de la Vida: una es centrarse en el juego y otra es hacer más presente el yo que juega.

Centrarse en el juego: la interfaz

La forma de jugar más extendida es la implicación completa con el guion que se desarrolla dentro del juego. A esta visión corresponden creencias como «las cosas son así» y el materialismo científico. Es la postura de vida aristotélica.

En un juego de realidad virtual, la interfaz son unas gafas y unos mandos que se cogen con las manos. En el juego de la Vida, la interfaz se compone del cuerpo y el cerebro, es decir, tenemos los 5 sentidos y los razonamientos cerebrales.

Además, jugamos con tres avatares: Padre, Niño, Adulto (conceptos del Análisis Transaccional).

El avatar llamado «Padre» dice a los demás lo que deben hacer. Se siente muy bien consigo mismo, e incluso es percibido por todos los demás como una persona que se hace cargo. Pero, realmente, no actúa, solo señalan a otras personas lo que hay que hacer. Es un eco del pasado.

El avatar llamado «Niño» puede querer jugar, hacerse el inocente o la víctima, también puede querer quejarse, llorar, patalear… Al igual que el avatar «Padre», este otro tampoco hace nada, sino que se encoge de hombros o tiene actividades improductivas: procrastinar, entregarse a divertimentos, evadirse por varios medios (Netflix, alcohol, fiestas, hacer como que trabaja…). También es eco del pasado.

El avatar llamado «Adulto» se sitúa en el momento presente de esta Simulación. Es el único que colabora con el yo que juega, puesto que es el único dispuesto a la acción. Pone a disposición del jugador sus competencias y habilidades, dice: ¡sí, adelante!, ¡seguimos!, ¡manos a la obra!

Los avatares del juego de simulación de la Vida: el Niño, el Adulto y el Padre. La IA me ha sacado al Adulto como si fuera un santo.

El yo que juega

El que juega es la mente o el observador. Es quien se da cuenta de «cosas» más allá de la información contrastable de la que dispone. Por ejemplo, puede tener intuiciones, presentimientos, premoniciones, sueños con ancestros… Es la postura de vida platónica.

El yo que juega se vale de los avatares que crea su interfaz (Padre, Niño y, sobre todo, Adulto) para comunicar estas sensaciones, usando el cuerpo para sentir: el vuelco al corazón, el encogimiento del estómago, la apertura y facilidad para respirar, o el irse para atrás y contener la respiración.

Vivir desde este yo supone prestar atención a lo subyacente de manera predominante, dando menos importancia a lo aparente. Es decir, en vez de involucrarse por completo en el juego, el yo se centra en identificar lo que hay detrás de la información que percibe.

Para ello, paradójicamente, desconecta el pensamiento y se deja llevar por el cuerpo, centrándose en el momento presente y en la respiración y eligiendo ver lo que hay detrás. Sobre esta capacidad de ver más allá escribió muy bien y bonito Clarissa Pinkola Estés en Mujeres que corren con los lobos.

El mejor método para ver la realidad subyacente detrás de las cosas son las constelaciones familiares, de las que tienes una categoría en este blog y cuyo máximo exponente actual es Brigitte Champetier de Ribes.

Por qué el agradecimiento es la clave

La perspectiva del yo es la de la magia, la que modifica el juego de la Vida de maneras sorprendentes e inexplicables. Por ejemplo, una persona se cura de un cáncer terminal de forma «milagrosa», una persona que cae en paracaídas se salva de chocar con un compañero de manera fortuita, una persona con poliomielitis cambia su guion de vida y consigue tener éxito en varias áreas de su vida.

Pero también permite algo tan simple y tan difícil como salirse del guion de vida, de esos movimientos automatizados que van hilando un guion con un final ya decidido en la infancia de manera inconsciente. Conseguir actuar respondiendo a lo que se presenta, con ayuda pero dejando a un lado a los avatares «Padre» y «Niño», es un gran logro solo posible desde fuera del juego.

Esto se alcanza poniendo en práctica dos simples actividades: permitir y aceptar. En eso consiste el agradecimiento, en abrazar lo que se va presentando, con la seguridad de que es lo que debe ocurrir. Esto es contraintuitivo y revolucionario: justo al aceptar lo que se percibe como negativo, se transforma, pierde fuerza o pasa a ir a nuestro favor.

Tampoco es muy intuitivo el que las cosas subyacentes sean, a menudo, lo contrario de las aparentes. Por ejemplo, con frecuencia las personas que se muestran como críticas o quejicas y que amargan la existencia a otras, no tienen ninguna fuerza, sino que la extraen de los demás. Personas que se llenan la boca con unos «valores y principios», por detrás hacen justo aquello que condenan. O personas que se muestran como víctimas, se comportan como perpetradores. Esto se amplía en este artículo sobre el triángulo de Karpman.

En resumen: puedes elegir vivir la vida identificándote con tus avatares y siguiendo tu guion preestablecido o puedes tomar las riendas desde «el observador», tu yo subyacente que, asociado con tu avatar «Adulto», es capaz de darle la vuelta a lo que estás viviendo.

Lev Tolstói descubrió los Sims

Tolstói tuvo una gran crisis existencial a los cincuenta años. Al leer a este célebre escritor hablar de cómo vivió su crisis, siento que puedo entenderle, puedo seguir sus razonamientos: un hombre de éxito en su época, que lo tenía todo, y que de pronto se dijo:

La vida no tiene ningún sentido, es todo absurdo.

Él distingue a su grupo social (gente con éxito, dinero y mucho tiempo ocioso) del resto de humanos, que, en un principio, le parecían poco menos que animales. Y observa que la gente de su nivel encuentra cuatro formas de seguir viviendo: 1) ignorar el tema de la falta de sentido, 2) distraerse disfrutando de lo que se nos ofrece (epicureísmo), 3) matarse o 4) ser un cobarde.

Tan absurdo le pareció todo, que decidió la opción 3, quitarse la vida, pero no actuó «por debilidad» (se pasó a la opción 4) y porque realmente quería averiguar si había alguna respuesta al interrogante: ¿Qué es la vida? ¿Cuál es el sentido de mi vida?

El materialismo científico

En su época, la ciencia estaba inundada del concepto de materialismo, que se ha extendido hasta nuestros días. Así, se consideraba que la materia es la base fundamental de la realidad y que todos los fenómenos, incluyendo la mente y la conciencia, pueden ser explicados a través de procesos materiales y leyes naturales. Pero, ¿qué es la materia? Esta concepción científica no permite darse cuenta de que la vida es como el juego de los Sims. Y eso es lo que mantenía al orgulloso Tolstói paralizado, angustiado y con pensamientos suicidas.

No hacía más que escarbar en distintas fuentes del conocimiento y chocaba con dos realidades: que las ciencias exactas no se ocupaban de responder a su pregunta existencial y que las ciencias no exactas solo se dedicaban a hacerse esa pregunta, pero no a dar una respuesta que pareciera válida.

Lev, un señor muy inteligente y un escritor muy brillante, no conocía el concepto de juego de simulación y, de hecho, se asqueaba de juegos y prácticas lúdicas, por considerarlas una manera de distraerse del conocimiento de la dura realidad, del sinsentido del sufrimiento (lo que es la opción 2). Se puede jugar al juego sin ser consciente, ignorándolo, pero si se sabe que es una simulación, entonces, todo cambia, porque el valor que se da al «sinsentido del sufrimiento» es completamente distinto: el sufrimiento forma parte del juego.

Lev Tolstói se encuentra con Álex Gómez-Marín

Álex Gómez-Marín es Licenciado en física, Máster en biofísica, y Doctor en física teórica por la Universidad de Barcelona. Y le puede decir a Tolstói que tuvo razón y mucho instinto cuando se dio cuenta de que estaba planteando mal el problema: en efecto, no se podía responder a la pregunta de la disonancia entre lo finito y lo infinito en el marco de lo finito. Lo que hacía falta era «una solución para la contradicción entre lo finito y lo infinito», de forma parecida a como falta en la Física una relación entre la física cuántica y la física mecánica. Así, al observar a los miles de millones de personas que no pertenecían a su exclusivo grupo social, Tolstói vio que podían vivir porque respondían a las preguntas de lo finito con un concepto de lo infinito: fe.

La palabra fe, como la palabra dios, tiene una carga de significado que lastra las posibilidades de comprensión y se vuelve exclusiva a un conjunto de creencias y tradiciones determinadas. Fue un intenso trabajo para el atormentado escritor comprobar cómo la mentira y la vedad estaban entrelazadas en los principales sistemas de creencias, que estaban de acuerdo en «la unión de todos los hombres a través del amor», pero peleados en los rituales que supuestamente facilitan esta unión, hasta el punto de que justificaban la violencia contra las otras creencias (la conciencia moral de Hellinger).

Si Tolstói pudiera hablar con Álex Gómez-Marín, este le contaría que existe una manera de explicar científicamente la conciencia, esto es, de establecer ese puente entre lo finito y lo infinito, y que se están haciendo estudios serios sobre ello. Digamos que este físico teórico es un experto en el juego de los Sims, sabe cómo está montado, sabe identificar lo que hay detrás. Esto habría ayudado mucho a Tolstói.

Hipotética conversación entre el científico y Tolstói. Me alucina lo que es capaz de hacer ChatGPT con un prompt muy sencillo.

A partir de su crisis existencial, Lev Tolstói fue desgranando en varios libros sus deducciones, el más interesante es Confesión, en el que cuenta cómo es posible que un hombre que lo tiene todo, un gran escritor, con dinero, salud, familia y amistades sienta una necesidad imperiosa de acabar con lo absurdo, incluso con su vida. Y cómo algo en su interior le guía hasta el amor.

No hay plan B

Si estamos jugando al juego de los Sims, conviene conocer sus reglas… si es que las tiene. Es un juego tan versátil que lo que es verdad para unas personas es mentira para otras y, sin embargo, todas estas verdades coexisten como parte de un todo poliédrico, vamos, que son todas verdad. Una cosa es clara: en este juego no faltan piezas, el puzle está completo.

Agárralo como puedas

No solo este título es el de una de mis películas preferidas, también se parece mucho a un post reciente: Agarra el problema como puedas. Es una de las reglas del juego de los Sims, porque:

No hay plan B.

Esto lo dijo Ainhoa Arteta en una reciente entrevista en televisión. En ella, compartía sus comprensiones a raíz de una experiencia cercana a la muerte. Vino a explicar que, cuando se presenta un problema, no hay plan B, solo plan A, solo enfrentar ese problema y seguir adelante, porque de él se puede aprender mucho.

¿Quiénes dominan el juego?

Hay muchas personas que juegan muy bien a esta simulación. Algunas de ellas utilizan su capacidad para ocupar cargos políticos o de poder y tener sensación de manejo. Otras logran exprimir los límites del cuerpo de diversas maneras, lo hacen deportistas, yoguis, faquires… Otras aún son capaces de jugar con sus emociones y corporalidad para crear personajes distintos a ellas mismas, como los actores y actrices. O bien, logran crear composiciones musicales extraordinarias que perduran por siglos. Y así.

Para mí, quienes tienen un dominio espectacular e integral son los monjes Shaolin, monjes guerreros que proceden de la época de una dinastía remota y cuya cúspide visible en occidente son los practicantes de kung fu Shaolin: estas personas tienen un absoluto control sobre su cuerpo y su mente, exactamente igual que un gran jugador de videojuegos maneja los mandos con soltura, como si fuesen extensiones de su cuerpo.

Otra historia de alguien que logra pasarse las pantallas sin mayor problema es el Siddhartha de Hermann Hesse, quien va aprendiendo las reglas de distintas agrupaciones humanas y descubriendo cada vez que «esto no es». Incluso llega a ser un gran comerciante, manejar el mundo de los negocios y defenderse en el amor, viendo al resto de seres humanos como niños, pero eso «tampoco es». Hasta que alcanza lo que es: supera a la máquina y se sale del juego.

Te ha tocado un avatar chungo

En general, la mayoría jugamos una versión de los Sims decente, pero apegada a esos mandatos heredados de «la pianola» de nuestro guion de vida. De vez en cuando, hacemos algo espectacular para nosotros mismos o nuestro entorno, y eso queda para los restos: es lo máximo que podemos lograr, no llegamos a dominar el juego.

En todo caso, ninguna persona es superior a otra por saber pasarse pantallas o vencer a la máquina en el juego de los Sims, porque el avatar te viene dado. Apareces en el juego con un avatar que no es del todo funcional, sino que nace y tiene que aprender un montón de cosas para poder subsistir por sí mismo. Y este avatar «trae cosas», trae ya algunas determinaciones genéticas, como enfermedades que se desarrollarán después, o viene ya chungo de serie, con características que hacen más difícil este juego. Del guion de vida de cada persona depende mucho cuánto le determina una característica negativa, porque recordad la historia de Milton Erickson: con su guion ganador, fue capaz de salir adelante de una polio que le tuvo en cama durante años, para luego triunfar en la vida. Pero otras personas que parecían tener todas las cartas ganadoras no lograron triunfar, o echaron abajo este triunfo, como Marilyn Monroe.

En la sección «avatar chungo» incluyo circunstancias de la vida que no se eligen, que «vienen», lo que llamamos destino. Por ejemplo, pasar la mayor parte de tu vida en una prisión por un delito que no has cometido, como le pasó a Kevin Strickland. Ahora que está libre, lo único que quiere es estar solo. ¿Qué experiencia del «juego» de los Sims tiene una persona como esta? ¿Cuál era su guion de vida?

Noticia sobre la liberación de Strickland en El País en papel, el 5 de diciembre de 2021.

Como veis, la mayoría de mis referencias son del análisis transaccional que creó Eric Berne, porque su teoría es sencillamente brillante, y muy útil para resolver aspectos psicológicos largamente enquistados. Y aquí vuelvo al inicio de este post: en este juego no faltan piezas, el puzle está completo. No se puede opinar tal cosa desde dentro del juego, desde el avatar. Solo se puede ver así elevándose por encima del juego, saliéndose de la matrix, con una perspectiva imparcial, renunciando a las preferencias: desde el adulto.