Dar la vuelta al calcetín

Estoy leyendo las memorias de mi tío, uno de los hermanos menores de mi padre. Es muy interesante comprobar cómo era la vida hace relativamente pocos años, cómo suceden las cosas y da la vuelta el destino y qué papel jugamos en ello «los simples mortales».

En este Juego de los Sims, parece que se tiene mucha libertad de elegir cómo jugarlo, mucha influencia en cómo se van a desarrollar los acontecimientos y, al mismo tiempo, poca o ninguna capacidad para determinar qué es lo nuevo que viene.

Y todo es como en Matrix, una interfaz de ceros y unos que se concreta en objetos reconocibles cuando se dirige la mirada. Según describen las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte, como Anita Moorjani, se puede hacer mucho más con la intención, con la atención. ¿Dónde va tu mirada?

Esto es lo que he pedido a la IA para que genere esta imagen: Quiero una imagen que refleje la consciencia del universo, formada por las conciencias individuales de las personas.

Hace años que, por temas de salud, soy aficionada a los temas de nutrición (que por cierto, han ido variando con los años y cambian de un profesional a otro). Y he llegado a la conclusión de que el papel de la alimentación no es tan central en el bienestar, dados unos mínimos: observa a los perros y los gatos domésticos, que comen pienso y están tan felices, llenos de energía y con muchas ganas de jugar, viviendo el máximo de sus esperanzas de vida: no es la comida lo que determina el bienestar, la felicidad o la longevidad. Podríamos equipararlo a la gente que bebe alcohol y/o fuma toda su vida y vive más de 90 años.

Luego están hábitos como hacer ejercicio (pero ejercicios de fuerza, ya otras cosas parece que no valen, según la moda), ver la luz del día por la mañana, los ayunos intermitentes, las gafas con filtro de luz azul… Pienso en los mineros, en concreto, aquellos mineros de Chile que estuvieron 69 días enterrados a unos 700 metros de profundidad, sin casi comida ni agua. El ser humano es capaz de sobrevivir a condiciones extremas (luego: deja de quejarte).

Dar la vuelta al calcetín

Los males no están fuera de ti. Ese proyecto horrible, esa persona difícil, esa situación económica frágil, esa persona que no te hace caso, esa app de citas que solo te devuelve el vacío… Dale la vuelta. Empieza a verlo como una Matrix en el que solo existes tú y tu visión del proyecto, de la situación, de las personas, de las herramientas a tu alcance… Entonces, ¿de verdad «la culpa» o «la responsabilidad» están ahí fuera?

«¿Y si nuestras decisiones personales influyen de manera integral en el desarrollo de nuestra realidad?», se pregunta el neurocirujano Eben Alexander III.

Según el idealismo metafísico, la mente es el fundamento último de la realidad y los objetos materiales solo existen en la medida en que son percibidos o concebidos por una mente. Por lo tanto, la realidad depende del pensamiento o de la experiencia mental.

Me gusta pensar que la Luna está ahí fuera aunque no la esté mirando. Albert Einstein.

¿Cómo distinguir si es mi guion de vida o es «el destino»?

Llevamos años «hablando» en este blog sobre guiones de vida, un descubrimiento del médico psiquiatra Eric Berne, según el cual, la persona se marca una trayectoria de vida cuando tiene entre 5 y 7 años y luego la va ejecutando como si se tratase de un guion teatral o cinematográfico. Este plan incluye hasta la edad a la que se va a morir y la forma en que va a ocurrir. El guion de vida es la estrategia que se traza para jugar al juego de los Sims.

Cuando nos sucede algo, ¿depende del guion que nos hemos marcado o de un destino externo e incontrolable, es decir, de lo que esté diseñado en el gran juego?

Esta pregunta es importante, pero difícil o imposible de responder. En cambio, si actuamos con la premisa de «voy a permitir y aceptar los acontecimientos tal y como suceden», comenzamos a alejarnos de ese guion y, sorprendentemente, también nos alejamos de lo que parecía un destino ineludible.

Digamos que estos son los pasos para vivir de esta otra manera, dando la vuelta al calcetín:

  • Se observa un cambio en la realidad, por ejemplo, la aparición de la IA.
  • Se permite y acepta el cambio, aun sin entenderlo: ok, la IA está ahí y yo estoy aquí, podemos convivir.
  • Se evita etiquetar ese cambio, sobre todo si las etiquetas son negativas, porque «entramos en guion» y dejamos de estar en el presente. Evitamos: «La IA nos va a quitar el trabajo, nos va a engañar, nos va a manipular», tanto como: «Juas, estoy colando trabajos hechos con la IA y nadie se entera, je, je».
  • Se continúa adelante con una visión integradora, tipo: «Puede que yo utilice la IA y esto me sea de ayuda».
  • Se olvida el tema por completo. Esto es muy importante: no fijar la atención en algo que nos impone, nos da miedo o rechazamos fuertemente. La frase es: «Sigue con tu vida».
  • Al cabo de un tiempo, «cuando quieres darte cuenta», la IA y tú formáis parte de un proyecto, o te está ayudando a aclarar tus ideas.

Esta es la primera entrada directamente añadida en la nueva categoría del blog, Juego de los Sims. Podrás encontrar más entradas relacionadas con esta forma de ver la vida accediendo a la categoría.

Lo duro y difícil forma parte de la vida

Es difícil mantener una postura imparcial cuando los acontecimientos tienen una fuerte carga emocional. Sobre todo, cuando son situaciones que engloban a una gran cantidad de personas. Rápidamente, se crea un campo de pensamiento en el que las personas se ven atrapadas, hasta el punto de que solo pueden ver sus creencias y su campo como verdades. Al mismo tiempo, otro grupo contrario se crea en oposición al primero, reaccionando. Ambos grupos se van alimentando de su diferencia con el otro, viviendo sus valores con tal intensidad que son incluso capaces de justificar la muerte de una persona del grupo opuesto por fidelidad a estos valores. A esto, Bert Hellinger, creador de las constelaciones familiares, lo llamó «la buena conciencia».

Campos de creencias en X

En X (antiguo Twitter), se puede experimentar en «primera línea de batalla» lo que es no estar de parte de un grupo de creencias: es intenso y muy desagradable. Hace poco, me vi envuelta en el torbellino del enfrentamiento entre dos de estos campos de pensamiento, lo que el biólogo Rupert Sheldrake llamó la resonancia mórfica. De forma ingenua, respondí en una cuenta de una persona muy conocida lo que yo pensé que era un mensaje «conciliador», que trataba de apaciguar los ánimos y acercar los puntos de vista. Las reacciones a mi respuesta fueron muchas, la mayoría positivas; mi mensaje se compartió mucho. Pero, también, recibí muchos insultos. Lo que yo pensaba que era un escrito para abrir el diálogo y matizar las posturas enfrentadas, muchas personas lo percibieron como un ataque y recibí la respuesta inmediata, no elaborada, sino visceral: insultos, agresividad.

Entonces, me pregunté: ¿cuál era mi intención real detrás de este mensaje? ¿De verdad mi posición era imparcial y trataba de contemporizar? Me di cuenta de que no: yo tenía una posición muy marcada sobre el tema en cuestión, una emoción muy fuerte también, estaba, como muchas otras personas, atrapada en la esfera de uno de esos campos inmensos de creencias, algo que ciega a la persona y no la permite ver lo que hay en realidad. Este estado mío interno no se traslucía en ninguna de mis palabras, pero como explica el análisis transaccional (A.T.) y Brigitte Champetier suele destacar, lo que recibe la otra persona es la realidad que está detrás, la intención, no lo aparente. Es lo que en A.T. se llama transacción cruzada:

Transaccion-cruzada

La emoción fuerte que había detrás de mis palabras llegó a «los otros» y contraatacaron. Empecé a sentirme realmente mal. ¿Por qué no se buscaba el diálogo y los puntos en común? ¿Por qué todo era insultar y sentirse ofendido/a por los del otro grupo? En ese momento, yo había sucumbido a la «tentación de salvar», desde mi ego.

La actitud sabia

No olvides que, ahí donde pones tu atención, estás participando, formas parte de lo que ocurre. Por ello, observo qué hacen las personas sabias para estar en la vida aceptando las circunstancias: aceptan las cosas tal como son. Para mí, no hay mejor explicación de cómo son las cosas que la sociedad que se describe en la película de Billy Wilder Irma la dulce. Y no hay mejor dibujo de un sabio que el camarero Moustache. Como contaba en esta entrada de blog, Moustache explica al joven agente Patou, que interpreta Jack Lemmon, cómo funciona el mundo y lo bien que va tal cual es, porque forma un ciclo, una rueda que gira y avanza:

—Está bien, tomemos un ciudadano decente, veinte años casado y que pasa el día vendiendo cochecitos de niño. Por la noche necesita distracción, camaradería, y por tanto viene a la calle Casanova. Se reúne con una chica, ella le da un poco de amistad y él un poco de dinero, la chica da el dinero a su novio y él lo gasta en bebida, en gemelos o en las carreras. E incluso, a veces, da un poco de ese dinero a un policía.

—¿Soborna a un policía?— dice el agente Patou, escandalizado.

—Y ahí viene lo estupendo, porque el policía coge ese dinero y compra un cochecito al ciudadano decente. Y así el dinero se mantiene en circulación. ¡Todo el mundo es rico! ¡Todo el mundo es feliz!

Una actitud sabia.

Las personas sabias saben ver seres humanos donde estos campos de pensamiento nos obligan a ver monstruos, enemigos, chusma, lo peor. Como Moustache, los sabios se dan cuenta desde una actitud adulta que el rol de cada persona es necesario porque ayuda a mover el mundo, que los dictadores, violentos, corruptos, son necesarios, porque están al servicio de la vida, y que la mirada amorosa incluye juntos a perpetrador y víctima y ayuda a suavizar el conflicto entre ambos. La persona adulta reconoce que también ha tomado un rol perpetrador muchas veces, y que la víctima se convierte al instante en un perpetrador que busca venganza. Pero, para todo esto, hay que renunciar a las preferencias.

¿Qué es renunciar a las preferencias?

Renunciar a las preferencias supone elevarse por encima de la situación y rendirse ante lo que es: los campos de pensamiento, las posiciones enfrentadas, el sufrimiento humano en ambos lados de un conflicto, la necesidad de venganza… Después, con esa perspectiva desde fuera y atemporal, nunca superior, estar al servicio de la vida, como hace el camarero Moustache, que sirve a policías, prostitutas y chulos por igual.

Me dirás, pensando en un conflicto crudo y que cuesta asumir:

Pero, ¿cómo no voy a reaccionar a esta situación? ¿Cómo me voy a quedar impasible ante esto?

Renunciar a las preferencias solo es posible desde el adulto, esa parte de ti que vive en el presente y es capaz de incluir a todas las personas, esto es, de tener una mirada que recoge a todos los seres humanos, hayan hecho lo que hayan hecho.

Brigitte Champetier, en su libro Los desafíos de la vida actual, nos recuerda que «lo duro y difícil forma parte de la vida», me pareció un título acertado para esta entrada.

Los otros en mi juego de los Sims

Si la vida es como el juego de los Sims, hay más Sims que yo. Esas personas están experimentando un mundo similar al que yo experimento: ven los colores, oyen los sonidos, la música, sienten el viento, el agua… ¿Quién es toda esa gente?

Destino colectivo

Montas en el metro y está lleno de otros Sims. Durante unos minutos, compartes un destino con ellos: mismo metro, mismo vagón o cercano, mismo espacio que respirar.

Ese destino de minutos puede de pronto convertirse en horas, si, por ejemplo, hay una avería grave que impide salir de allí. Formas una comunidad con los otros Sims, totalmente desconocidos. Quizá se establezcan ya algunos lazos al interactuar entre sí.

Incluso, ese destino puede convertirse en «el destino» de todos si hay un accidente fatal: un Sim queda unido al resto «para siempre».

Pero, un momento… No hace falta compartir un viaje para compartir un destino. ¿Quiénes son todas esas personas que te rodean ahora? ¿Quiénes son los Sims que te cruzas en la vida, con los que compartes un saludo, unos días, unos años o una vida? ¿Los conoce tu yo observador, el que está fuera del juego? ¿Cómo es tu relación con los otros?

Revisión de vida

Hace poco, Brigitte Champetier destacó en un directo algo que yo había identificado en testimonios de experiencias cercanas a la muerte (ECM): muchas personas relatan haber accedido a una revisión de su vida de golpe, como si todos los sucesos fuesen simultáneos. Pero no se trata de una revisión de sus éxitos, ni aun menos, de sus horas en la oficina: es la revisión de lo que han dado a otras personas, de cómo las han tratado, de si les han hecho daño, algo que puede haber sido inconsciente.

Por ejemplo, en la ECM del médico José Morales, relatada por el doctor Manuel Sans Segarra en su libro La supraconciencia existe. Vida después de la vida, José Morales se ve enfrentado a «un mosaico» de escenas de su vida, no como si fuesen fotos o vídeos, sino sintiendo las emociones de las personas con las que compartía cada recuerdo. Se dio cuenta de cómo había hecho daño a algunas personas y necesitó volver para repararlo.

¿Cómo te relacionas con los otros Sims?

Puedes pensar:

Si esto es solo un juego, me da igual lo que pase con el resto de los Sims. Realmente, puedo incluso abusar de ellos, extorsionarlos, explotarlos, maltratarlos, reírme de su estupidez, de sus limitaciones. Yo juego a ganar, caiga quien caiga.

La Vida, y te la puedes imaginar como si fuera Jessica Lange si quieres, nos muestra que eso solo vuelve a ti, es como un bumerang. Todo aquello que lances, te vuelve. Pero esa no es la razón por la que te conviene tratar bien a esos otros Sims, sean desconocidos, conocidos, amigos o íntimos. La razón es que tú eres uno de ellos. Una vez te haces consciente de que lo que le duele a la otra persona te puede doler a ti igual, de que en el otro te ves tú, de que lo que rechazas del otro lo tienes o lo deseas, pero no te lo permites, entonces puedes sentir en tu corazón la compasión, la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Aceptar plenamente que somos iguales, que tú eres igual que los otros Sims, exige humildad. Te lo puede decir Shylock, el mercader de Venecia:

Al Pacino como Shylock en El mercader de Venecia. Creado por ChatGPT-5. Sin palabras…

Me ha arruinado. Por él he perdido medio millón: él se ha reído de mis ganancias, y de mis pérdidas: ha afrentado mi raza y linaje, ha dado calor a mis enemigos y ha desalentado a mis amigos. Y todo ¿por qué? Porque soy judío. ¿Y el judío no tiene ojos, no tiene manos ni órganos ni alma, ni sentidos ni pasiones? ¿No se alimenta de los mismos manjares, no recibe las mismas heridas, no padece las mismas enfermedades y se cura con iguales medicinas, no tiene calor en verano, y frío en invierno, lo mismo que el cristiano? Si le pinchan ¿no sangra? ¿No se ríe si le hacen cosquillas? ¿No se muere si le envenenan? Si le ofenden, ¿no trata de vengarse? Si en todo lo demás somos tan semejantes, ¿por qué no hemos de parecernos en esto? Si un judío ofende a un cristiano, ¿no se venga este, a pesar de su cristiana caridad? Y si un cristiano a un judío, ¿qué enseña al judío la humildad cristiana? A vengarse. Yo os imitaré en todo lo malo, y para poco he de ser si no supero a mis maestros.

Mira a los ojos a las otras personas. Es la manera de contactar con su realidad subyacente. Como decía en un post anterior, dentro del juego vemos lo de fuera cuando miramos a otra persona a los ojos.

Maneras de vivir

Hay dos maneras de vivir, esto es, de jugar al videojuego de simulación de la Vida: una es centrarse en el juego y otra es hacer más presente el yo que juega.

Centrarse en el juego: la interfaz

La forma de jugar más extendida es la implicación completa con el guion que se desarrolla dentro del juego. A esta visión corresponden creencias como «las cosas son así» y el materialismo científico. Es la postura de vida aristotélica.

En un juego de realidad virtual, la interfaz son unas gafas y unos mandos que se cogen con las manos. En el juego de la Vida, la interfaz se compone del cuerpo y el cerebro, es decir, tenemos los 5 sentidos y los razonamientos cerebrales.

Además, jugamos con tres avatares: Padre, Niño, Adulto (conceptos del Análisis Transaccional).

El avatar llamado «Padre» dice a los demás lo que deben hacer. Se siente muy bien consigo mismo, e incluso es percibido por todos los demás como una persona que se hace cargo. Pero, realmente, no actúa, solo señalan a otras personas lo que hay que hacer. Es un eco del pasado.

El avatar llamado «Niño» puede querer jugar, hacerse el inocente o la víctima, también puede querer quejarse, llorar, patalear… Al igual que el avatar «Padre», este otro tampoco hace nada, sino que se encoge de hombros o tiene actividades improductivas: procrastinar, entregarse a divertimentos, evadirse por varios medios (Netflix, alcohol, fiestas, hacer como que trabaja…). También es eco del pasado.

El avatar llamado «Adulto» se sitúa en el momento presente de esta Simulación. Es el único que colabora con el yo que juega, puesto que es el único dispuesto a la acción. Pone a disposición del jugador sus competencias y habilidades, dice: ¡sí, adelante!, ¡seguimos!, ¡manos a la obra!

Los avatares del juego de simulación de la Vida: el Niño, el Adulto y el Padre. La IA me ha sacado al Adulto como si fuera un santo.

El yo que juega

El que juega es la mente o el observador. Es quien se da cuenta de «cosas» más allá de la información contrastable de la que dispone. Por ejemplo, puede tener intuiciones, presentimientos, premoniciones, sueños con ancestros… Es la postura de vida platónica.

El yo que juega se vale de los avatares que crea su interfaz (Padre, Niño y, sobre todo, Adulto) para comunicar estas sensaciones, usando el cuerpo para sentir: el vuelco al corazón, el encogimiento del estómago, la apertura y facilidad para respirar, o el irse para atrás y contener la respiración.

Vivir desde este yo supone prestar atención a lo subyacente de manera predominante, dando menos importancia a lo aparente. Es decir, en vez de involucrarse por completo en el juego, el yo se centra en identificar lo que hay detrás de la información que percibe.

Para ello, paradójicamente, desconecta el pensamiento y se deja llevar por el cuerpo, centrándose en el momento presente y en la respiración y eligiendo ver lo que hay detrás. Sobre esta capacidad de ver más allá escribió muy bien y bonito Clarissa Pinkola Estés en Mujeres que corren con los lobos.

El mejor método para ver la realidad subyacente detrás de las cosas son las constelaciones familiares, de las que tienes una categoría en este blog y cuyo máximo exponente actual es Brigitte Champetier de Ribes.

Por qué el agradecimiento es la clave

La perspectiva del yo es la de la magia, la que modifica el juego de la Vida de maneras sorprendentes e inexplicables. Por ejemplo, una persona se cura de un cáncer terminal de forma «milagrosa», una persona que cae en paracaídas se salva de chocar con un compañero de manera fortuita, una persona con poliomielitis cambia su guion de vida y consigue tener éxito en varias áreas de su vida.

Pero también permite algo tan simple y tan difícil como salirse del guion de vida, de esos movimientos automatizados que van hilando un guion con un final ya decidido en la infancia de manera inconsciente. Conseguir actuar respondiendo a lo que se presenta, con ayuda pero dejando a un lado a los avatares «Padre» y «Niño», es un gran logro solo posible desde fuera del juego.

Esto se alcanza poniendo en práctica dos simples actividades: permitir y aceptar. En eso consiste el agradecimiento, en abrazar lo que se va presentando, con la seguridad de que es lo que debe ocurrir. Esto es contraintuitivo y revolucionario: justo al aceptar lo que se percibe como negativo, se transforma, pierde fuerza o pasa a ir a nuestro favor.

Tampoco es muy intuitivo el que las cosas subyacentes sean, a menudo, lo contrario de las aparentes. Por ejemplo, con frecuencia las personas que se muestran como críticas o quejicas y que amargan la existencia a otras, no tienen ninguna fuerza, sino que la extraen de los demás. Personas que se llenan la boca con unos «valores y principios», por detrás hacen justo aquello que condenan. O personas que se muestran como víctimas, se comportan como perpetradores. Esto se amplía en este artículo sobre el triángulo de Karpman.

En resumen: puedes elegir vivir la vida identificándote con tus avatares y siguiendo tu guion preestablecido o puedes tomar las riendas desde «el observador», tu yo subyacente que, asociado con tu avatar «Adulto», es capaz de darle la vuelta a lo que estás viviendo.

Lev Tolstói descubrió los Sims

Tolstói tuvo una gran crisis existencial a los cincuenta años. Al leer a este célebre escritor hablar de cómo vivió su crisis, siento que puedo entenderle, puedo seguir sus razonamientos: un hombre de éxito en su época, que lo tenía todo, y que de pronto se dijo:

La vida no tiene ningún sentido, es todo absurdo.

Él distingue a su grupo social (gente con éxito, dinero y mucho tiempo ocioso) del resto de humanos, que, en un principio, le parecían poco menos que animales. Y observa que la gente de su nivel encuentra cuatro formas de seguir viviendo: 1) ignorar el tema de la falta de sentido, 2) distraerse disfrutando de lo que se nos ofrece (epicureísmo), 3) matarse o 4) ser un cobarde.

Tan absurdo le pareció todo, que decidió la opción 3, quitarse la vida, pero no actuó «por debilidad» (se pasó a la opción 4) y porque realmente quería averiguar si había alguna respuesta al interrogante: ¿Qué es la vida? ¿Cuál es el sentido de mi vida?

El materialismo científico

En su época, la ciencia estaba inundada del concepto de materialismo, que se ha extendido hasta nuestros días. Así, se consideraba que la materia es la base fundamental de la realidad y que todos los fenómenos, incluyendo la mente y la conciencia, pueden ser explicados a través de procesos materiales y leyes naturales. Pero, ¿qué es la materia? Esta concepción científica no permite darse cuenta de que la vida es como el juego de los Sims. Y eso es lo que mantenía al orgulloso Tolstói paralizado, angustiado y con pensamientos suicidas.

No hacía más que escarbar en distintas fuentes del conocimiento y chocaba con dos realidades: que las ciencias exactas no se ocupaban de responder a su pregunta existencial y que las ciencias no exactas solo se dedicaban a hacerse esa pregunta, pero no a dar una respuesta que pareciera válida.

Lev, un señor muy inteligente y un escritor muy brillante, no conocía el concepto de juego de simulación y, de hecho, se asqueaba de juegos y prácticas lúdicas, por considerarlas una manera de distraerse del conocimiento de la dura realidad, del sinsentido del sufrimiento (lo que es la opción 2). Se puede jugar al juego sin ser consciente, ignorándolo, pero si se sabe que es una simulación, entonces, todo cambia, porque el valor que se da al «sinsentido del sufrimiento» es completamente distinto: el sufrimiento forma parte del juego.

Lev Tolstói se encuentra con Álex Gómez-Marín

Álex Gómez-Marín es Licenciado en física, Máster en biofísica, y Doctor en física teórica por la Universidad de Barcelona. Y le puede decir a Tolstói que tuvo razón y mucho instinto cuando se dio cuenta de que estaba planteando mal el problema: en efecto, no se podía responder a la pregunta de la disonancia entre lo finito y lo infinito en el marco de lo finito. Lo que hacía falta era «una solución para la contradicción entre lo finito y lo infinito», de forma parecida a como falta en la Física una relación entre la física cuántica y la física mecánica. Así, al observar a los miles de millones de personas que no pertenecían a su exclusivo grupo social, Tolstói vio que podían vivir porque respondían a las preguntas de lo finito con un concepto de lo infinito: fe.

La palabra fe, como la palabra dios, tiene una carga de significado que lastra las posibilidades de comprensión y se vuelve exclusiva a un conjunto de creencias y tradiciones determinadas. Fue un intenso trabajo para el atormentado escritor comprobar cómo la mentira y la vedad estaban entrelazadas en los principales sistemas de creencias, que estaban de acuerdo en «la unión de todos los hombres a través del amor», pero peleados en los rituales que supuestamente facilitan esta unión, hasta el punto de que justificaban la violencia contra las otras creencias (la conciencia moral de Hellinger).

Si Tolstói pudiera hablar con Álex Gómez-Marín, este le contaría que existe una manera de explicar científicamente la conciencia, esto es, de establecer ese puente entre lo finito y lo infinito, y que se están haciendo estudios serios sobre ello. Digamos que este físico teórico es un experto en el juego de los Sims, sabe cómo está montado, sabe identificar lo que hay detrás. Esto habría ayudado mucho a Tolstói.

Hipotética conversación entre el científico y Tolstói. Me alucina lo que es capaz de hacer ChatGPT con un prompt muy sencillo.

A partir de su crisis existencial, Lev Tolstói fue desgranando en varios libros sus deducciones, el más interesante es Confesión, en el que cuenta cómo es posible que un hombre que lo tiene todo, un gran escritor, con dinero, salud, familia y amistades sienta una necesidad imperiosa de acabar con lo absurdo, incluso con su vida. Y cómo algo en su interior le guía hasta el amor.

No hay plan B

Si estamos jugando al juego de los Sims, conviene conocer sus reglas… si es que las tiene. Es un juego tan versátil que lo que es verdad para unas personas es mentira para otras y, sin embargo, todas estas verdades coexisten como parte de un todo poliédrico, vamos, que son todas verdad. Una cosa es clara: en este juego no faltan piezas, el puzle está completo.

Agárralo como puedas

No solo este título es el de una de mis películas preferidas, también se parece mucho a un post reciente: Agarra el problema como puedas. Es una de las reglas del juego de los Sims, porque:

No hay plan B.

Esto lo dijo Ainhoa Arteta en una reciente entrevista en televisión. En ella, compartía sus comprensiones a raíz de una experiencia cercana a la muerte. Vino a explicar que, cuando se presenta un problema, no hay plan B, solo plan A, solo enfrentar ese problema y seguir adelante, porque de él se puede aprender mucho.

¿Quiénes dominan el juego?

Hay muchas personas que juegan muy bien a esta simulación. Algunas de ellas utilizan su capacidad para ocupar cargos políticos o de poder y tener sensación de manejo. Otras logran exprimir los límites del cuerpo de diversas maneras, lo hacen deportistas, yoguis, faquires… Otras aún son capaces de jugar con sus emociones y corporalidad para crear personajes distintos a ellas mismas, como los actores y actrices. O bien, logran crear composiciones musicales extraordinarias que perduran por siglos. Y así.

Para mí, quienes tienen un dominio espectacular e integral son los monjes Shaolin, monjes guerreros que proceden de la época de una dinastía remota y cuya cúspide visible en occidente son los practicantes de kung fu Shaolin: estas personas tienen un absoluto control sobre su cuerpo y su mente, exactamente igual que un gran jugador de videojuegos maneja los mandos con soltura, como si fuesen extensiones de su cuerpo.

Otra historia de alguien que logra pasarse las pantallas sin mayor problema es el Siddhartha de Hermann Hesse, quien va aprendiendo las reglas de distintas agrupaciones humanas y descubriendo cada vez que «esto no es». Incluso llega a ser un gran comerciante, manejar el mundo de los negocios y defenderse en el amor, viendo al resto de seres humanos como niños, pero eso «tampoco es». Hasta que alcanza lo que es: supera a la máquina y se sale del juego.

Te ha tocado un avatar chungo

En general, la mayoría jugamos una versión de los Sims decente, pero apegada a esos mandatos heredados de «la pianola» de nuestro guion de vida. De vez en cuando, hacemos algo espectacular para nosotros mismos o nuestro entorno, y eso queda para los restos: es lo máximo que podemos lograr, no llegamos a dominar el juego.

En todo caso, ninguna persona es superior a otra por saber pasarse pantallas o vencer a la máquina en el juego de los Sims, porque el avatar te viene dado. Apareces en el juego con un avatar que no es del todo funcional, sino que nace y tiene que aprender un montón de cosas para poder subsistir por sí mismo. Y este avatar «trae cosas», trae ya algunas determinaciones genéticas, como enfermedades que se desarrollarán después, o viene ya chungo de serie, con características que hacen más difícil este juego. Del guion de vida de cada persona depende mucho cuánto le determina una característica negativa, porque recordad la historia de Milton Erickson: con su guion ganador, fue capaz de salir adelante de una polio que le tuvo en cama durante años, para luego triunfar en la vida. Pero otras personas que parecían tener todas las cartas ganadoras no lograron triunfar, o echaron abajo este triunfo, como Marilyn Monroe.

En la sección «avatar chungo» incluyo circunstancias de la vida que no se eligen, que «vienen», lo que llamamos destino. Por ejemplo, pasar la mayor parte de tu vida en una prisión por un delito que no has cometido, como le pasó a Kevin Strickland. Ahora que está libre, lo único que quiere es estar solo. ¿Qué experiencia del «juego» de los Sims tiene una persona como esta? ¿Cuál era su guion de vida?

Noticia sobre la liberación de Strickland en El País en papel, el 5 de diciembre de 2021.

Como veis, la mayoría de mis referencias son del análisis transaccional que creó Eric Berne, porque su teoría es sencillamente brillante, y muy útil para resolver aspectos psicológicos largamente enquistados. Y aquí vuelvo al inicio de este post: en este juego no faltan piezas, el puzle está completo. No se puede opinar tal cosa desde dentro del juego, desde el avatar. Solo se puede ver así elevándose por encima del juego, saliéndose de la matrix, con una perspectiva imparcial, renunciando a las preferencias: desde el adulto.

Tú única tarea en la vida: vivir plenamente

En los documentales, vemos civilizaciones complejas que han desaparecido del mapa. El arqueólogo de turno investiga y descubre que se ha debido a una sequía prolongada, pero esa civilización trataba de resolverlo haciendo sacrificios humanos. O bien, el arqueólogo descubre que se ha debido a las consecuencias de una erupción volcánica, pero esa civilización estaba tan hundida en su propio problema que no eran capaces de buscar alternativas.

Yo siempre he creído (en plan agorero) que a nuestra civilización le quedaba poco: veía venir la decadencia de muchas maneras. Por ejemplo, cuando me pregunto dónde están las personas introvertidas, las que históricamente han guiado nuestros pasos por sus profundas reflexiones, veo que quedan ocultas por personas muy extrovertidas que además son capaces de crear un circo, pero no de elaborar teorías como la crítica de la razón pura, de Kant. Puedes encontrar aquí algunas reflexiones sobre las capacidades de las personas introvertidas, por parte de Andrés Pérez Ortega.

También veo que los trabajos que requieren de un grado alto de introversión y gusto por tareas con sistemas inertes, como la programación, el diseño instruccional, la traducción, la escritura, o la ciencia de datos están cada vez peor pagados, por la irrupción de la inteligencia artificial en las herramientas que se utilizan. Es paradójico, pero muchos puestos especializados tienen un precio hora cercano al de trabajos que no requieren ninguna cualificación (a excepción de trabajos de muy alto nivel que, entre otras tareas, están configurando esas inteligencias artificiales para que sean cada vez mejores).

Así, junto con «la caída del imperio», mucho trabajo introvertido está también entrando en decadencia: debido, precisamente, a la facilidad de las tecnologías, un trabajo que podía ser creativo, entretenido y motivador, como crear un programa, buscar los términos más adecuados para una traducción en lenguaje informal, extraer conclusiones de una base de datos, o buscar información y crear un informe, manual, o curso, se convierte en un trabajo «penoso», de «minería fina» (picar piedra), porque esa misma facilidad lo convierte en una revisión tediosa de lo que han arrojado los nuevos sistemas. Además, se carece del tiempo necesario para profundizar en cualquier proyecto, por lo que se justifica el «ir rápido» y terminar tareas, sin importar si están hechas con gusto/amor/calidad.

La IA hablando con la IA

En el sector en el que estoy, formación online, veo textos escritos por chats de inteligencia artificial expuestos a alumnado que responderá preguntando también a un chat de IA, de forma que una IA está hablando con otra mientras los humanos alrededor nos hacemos la ilusión de que estamos produciendo tareas y cursos brillantes muy rápido, pero siendo en realidad los facilitadores de ese estúpido juego, casi los esclavos de este.

Un buen ejemplo de que el esfuerzo por comprender una materia va a quedar atrás es esta sugerencia que hace Adobe Acrobat cuando un documento es «demasiado largo»:

En la imagen pone: Parece que el documento es largo. Ahorra tiempo leyendo un resumen. Aparece un botón de «Ver resumen».

Pues en este entorno de civilización en decadencia, en el que «no hacer nada es perder el tiempo», como dice Antonio Fornés en Reiníciate, pero, al mismo tiempo, en el que todo resulta cada vez más sencillo y, por tanto, cada vez menos motivador, ¿qué significa vivir plenamente?

¿Qué significa vivir plenamente?

Cuando pienso en esta expresión, me viene a la cabeza el vídeo de la canción «The Nights», de Avicii, que explica que «su padre le dijo que disfrutara de la vida», más o menos. Entonces, se dedica a hacer puenting, surfing, buceo, juergas…

Lo que pasa es que esto es cansado y caro: hay que ser rico (algo a lo que aspiran muchos jóvenes que quieren ser youtubers o influencers en general), tener tiempo libre y estar en forma. Al margen de esto, no es una forma de vida. Pese a que cuesta creerlo, el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, autor de Flow: una psicología de la felicidad, comentaba que lo que más motiva es realizar tareas que requieran un cierto esfuerzo, como trabajar.

Creo que lo más interesante es vivir plenamente según propone Thích Nhất Hạnh, un maestro budista que falleció en 2022 y del que hemos hablado algunas veces en este blog. En Lograr el milagro de estar atento plantea que la forma de vivir plenamente es tener la atención y los sentidos puestos en la actividad que se está haciendo en el momento presente, que puede ser una muy aburrida, penosa… o divertidísima, motivadora y llena de energía.

Lo que plantea el maestro es que, si estás esperando a que se acaben las actividades rutinarias para empezar a «vivir plenamente», vas a tener muy poco tiempo para ello. En cambio, si tu tiempo (tu vida) es todo lo que haces, si lo vives plenamente, incluso si vives ese aburrimiento con intensidad, entonces estás logrando el milagro de la atención plena.

¿Es esto una especie de conformismo con tareas y proyectos que ya no aportan la motivación de antaño? Puede. Pero también es una herramienta para disfrutar del tiempo que nos es dado en la vida.

Apagar y encender

Hace menos de una semana me compré un libro titulado Reiníciate, del filósofo Antonio Fornés. Supe de él a través de un programa de radio que escuché durante el trayecto de vuelta de Semana Santa, en el que tuve atascos varios que añadieron 2 horas a mi viaje. Pues bien: llevaba tiempo con la necesidad de reiniciar «el equipo».

Pero, para reiniciar, es necesario apagar y encender. Y resulta que la Vida, esa que toma el aspecto de Jessica Lange cuando habla con Bob Fosse, respondió con el apagón del siglo, el «gran apagón» del 28 de abril de 2025. Dijo algo como:

Esto es apagar. Esto es reiniciar. Disfrútalo.

Tuve la suerte de disfrutar del día, por el sencillo motivo de que no puedo trabajar sin una conexión a Internet. Incluso si la batería del portátil puede durar unas horas, las fuentes de información y muchas de las aplicaciones están en la web. Incluso utilizo el diccionario online de la RAE, o la resolución de dudas de Fundéu.

Enseguida encendí mi radio a pilas. Debo de ser de las pocas personas de mi generación que sigue escuchando la radio en un dispositivo como este, y lo hago, precisamente, para no depender de una conexión a Internet o de unos datos; simplemente, le das a la rueda, se enciende y suena. También tengo en el coche un mapa de carreteras de papel. Siempre puede darse el caso de perder el acceso a los datos en tiempo real. Si te pilla por la carretera, el mapa tiene las vías principales, aunque haya habido modificaciones.

Pude hacer deporte, pasear y ver gente por la calle, familias, niños jugando en instalaciones que suelen estar vacías, vecinos charlando alrededor de un banco en un parque… y pude ver las estrellas. Vivo en una zona en la que el cielo de noche se ve naranja, por la luz de las farolas. Así que pudo ser el único día en el que se vieron las estrellas en este lugar, ayudadas por la Luna Nueva. Por varias horas, recuperamos la sensibilidad «ante la maravillosa pluralidad de colores que el mundo nos ofrece», en palabras de Antonio Fornés.

Fue también como un breve bocado, comprimido, de lo que fue el confinamiento de 2020, con lineales de supermercado vacíos y la gente comprando lo que nunca, velas, latas de guisos imposibles, o pilas de un tamaño inusitado. También, se podía vivir plenamente aquello que sí se tenía o sí se podía hacer: el tiempo de pronto pasaba mucho más despacio. Es curioso: cuanto menos prisas, más da tiempo a hacer.

A través de esa radio a pilas, es como supe que no era un apagón en mi barrio, sino en toda España. Oía cómo muchas personas se habían quedado atrapadas en los trenes y metro, pero también en los ascensores, cómo el apagón sorprendía a cada persona en una situación distinta e impedía comunicarla con otras, pues perdimos incluso la posibilidad de establecer contacto telefónico. Además, después se ha sabido que algunas personas han fallecido por este suceso: es un tema serio y que da que pensar sobre dónde está España como país.

Las fechas de entrega ajustadas se iban al garete, los emails se quedaban en el limbo, de fondo, se podía sentir el alivio de no tener que trabajar a contrarreloj, de poder parar, junto con cierta ansiedad imaginando que, al día siguiente, se trataría (sin éxito) de recuperar el tiempo perdido en esos proyectos donde muchas personas estábamos ya haciendo un esfuerzo superior.

Solo quedaba volver a finales del S. XIX, primeros del S. XX, pero con menos medios: si en la casa no hay gas butano, no hay fuego y no puedes cocinar. Tampoco hay lámparas de aceite. Velas y linternas, incluida la del móvil, que quedó reducido a eso, a ser una linterna. Noticias a través de la radio, que permite prestar atención a la comida o a las otras personas, que no absorbe tanto como la tele. Y poco más; tal vez, recuperar la lectura de libros, el deporte, los paseos.

Qué perdura

Reflexionando sobre mi último libro, Itinerario personal para la empleabilidad, II, en el que la persona puede descubrir y trabajar sus competencias personales, emocionales, sociales y emprendedoras, en el que se crea un curriculum vitae y se prepara para lanzarse al mercado laboral, en el que constituye una empresa partiendo de una buena idea emprendedora que tenga solvencia, pensé que lo que perdura es lo humano: la parte más «moderna» del libro muestra herramientas y aplicaciones que se utilizan para todo esto, y, paradójicamente, es la que se queda obsoleta primero. En una situación como la del apagón, esa parte ya no es aplicable, claro.

En cambio, lo más humano, aquello que habla de las competencias, de conocerse muy bien y de crear una marca personal, eso no cambia. Es sobre lo que suelo escribir en este blog, como sabéis los lectores asiduos, pero también aquello sobre la que he tratado en los manuales Herramientas de coaching y Habilidades de comunicación en el aula.

En un mundo distópico en el que, inesperadamente, perdiéramos todo contacto con el mundo online, con internet, las aplicaciones, los buscadores, la inteligencia artificial… recuperaríamos parte de lo humano que ahora sentimos diluido, ajeno a sí mismo. Y buena parte de ello es el contacto real con otras personas, con la vecina, con los niños que están jugando en la calle.

¿Cómo fue el día del gran apagón en tu caso? ¿Cómo pasaste las horas de incertidumbre que vivimos? ¿De qué te diste cuenta? Me gustará leer sobre ello en la sección de comentarios. Muchas gracias por leer y por compartir.

El mazacote

Explicaba hace pocos días Marian Rojas Estapé la necesidad de mantener niveles altos de dopamina que nos generan las redes sociales y otras apps con notificaciones o cambios. También habla de ello un clásico de nuestro blog, Andrew Huberman, que explica cómo en cada parte de satisfacción del deseo hay un dolor asociado a necesitar más de lo mismo la próxima vez. Lo hace al hablar de la motivación, pues la dopamina está detrás de ella:

Es probable que la mayoría de la sociedad en edad de estudiar o trabajar esté drogada con altos niveles de dopamina que anulan el córtex prefrontal. Competir con esa constante fuente de gratificación tan adictiva es un reto para quienes nos dedicamos a generar contenidos. Si además se trata de «contenidos pedagógicos», la probabilidad de que el usuario abandone esa información en pro de algo mucho más motivador, atractivo y que enganche es muy alta.

Lo que se nos pide desde las editoriales y otros proveedores de materiales formativos es «cortar el rollo» a través de:

  • Simplificar.
  • Trocear.
  • Favorecer la claridad frente a la precisión.
  • Añadir elementos gráficos siempre que sea posible.
  • Agregar interactividad por doquier.

He observado que nuestro lenguaje se va haciendo más superficial, a base de evitar ser demasiado retórico, demasiado oscuro por buscar la precisión, o demasiado «intenso». Por otro lado, yo siempre he defendido un lenguaje llano y el uso de frases cortas (lee cualquier entrada de este blog), porque facilita la comprensión del mensaje y lo acerca al receptor. Pero…

Pero, ¿qué habría sido de nosotros en la época de Galdós?

Acabo de terminar de leer un episodio nacional de don Benito, Bodas reales, que tiene como trasfondo las bodas simultáneas de Isabel II y su hermana Luisa Fernanda. He de decir que no es de las mejores novelas de Galdós. También tengo que decir que, como nos está pasando con esto de la dopamina, me cuesta más mantener la atención en un texto con este aspecto:

Página aleatoria de un episodio nacional de Galdós especialmente denso.

Obsérvese que hay que llegar muy abajo en la página para encontrar un punto y aparte. Este episodio tenía la mayoría de las páginas como esta, lo que en sí no es bueno ni malo (hay que valorar el contenido de cada una), pero sí lo hace un mazacote más difícil de digerir que cuando se ofrecen diálogos, frases más cortas o capítulos más sintéticos. Lo cierto es que he podido con ello, sigue dibujando personajes con maestría, emocionando con las ideas y venidas de personajes anónimos que tienen cierta relación con los personajes históricos, pero, cada vez que pasaba la página y veía de nuevo tantas letras juntas, confieso que me generaba una cierta frustración.

Las ventajas de estar en el siglo XXI

Creo que la simplificación del idioma, de los mensajes y de los materiales formativos ha ayudado a acercarlos al alumnado y a llegar a una audiencia mayor. Si comparo los manuales de formación que publiqué en 2010 con los que he publicado en 2025, Herramientas de coaching y Habilidades de comunicación en el aula, los nuevos son menos retóricos, tienen muchos más ejemplos, actividades y casos prácticos, gráficos mejor elaborados y un saber situarse en el lugar del lector /profesorado /alumnado que no podía tener cuando carecía de la experiencia que tengo hoy.

Para mí es fundamental el respeto al alumnado. No suele ser el que paga la formación, por tanto, no es el cliente final, pero sí es el destinatario, a quien se dirigen los esfuerzos por hacer comprender unos conceptos y ayudar a aplicarlos. Su experiencia ha de ser de calidad, y esto mejora los productos formativos. Respetar al alumnado cambia el material educativo, lo acerca, le quita un corsé. Y lo que más mejora son los test, porque no se busca «pillar» ni «ser gracioso», sino ayudar al alumnado a detectar qué partes no ha comprendido bien o no le han quedado del todo claras.

Un proceso de transformación

Puede que los visitantes habituales de este blog hayan notado algunos cambios en él a lo largo del año pasado y, especialmente, este año 2025 (del que llevamos menos de un mes).

Han aparecido dos páginas nuevas, Servicios y Portafolio, y Servicios se ha convertido en la página de inicio. También, han desaparecido algunas páginas que seleccionaban categorías del blog, como Desarrollo personal, y otras dedicadas a cursos que he impartido y al coaching personal.

Y, sobre todo, hay menos frecuencia en las entradas del blog: casi no recibes mensajes.

Todo esto responde a un proceso de transformación muy intenso que estoy viviendo. Quizá me estoy transformando en mí misma. El caso es que, tras constatar que puedo ser de mucha más ayuda escribiendo que dando clase o siendo coach, tras darme cuenta de que a través de los libros puedo realmente ponerme al servicio de un alumnado potencial, he reorientado esta página web, que siempre fue un blog, y he añadido una información que nunca estuvo allí, la que coincide con la que ha sido mi profesión los últimos 15-20 años.

Imagen generada por IA directamente desde WordPress. Nótese que he pedido que esta mujer tuviera 45 años, pero me pega que tiene 10 más. O es que yo me veo más joven, je, je.

Honrar la profesión

Los últimos 15 años me he dedicado a la formación online y los últimos 20 a la formación y la escritura de contenidos formativos. La mayoría de mi trabajo está incluida en cursos de formación en los que no hay reconocimiento de autoría. Aun así, estoy agradecida de haber podido escribir contenidos en español y en inglés para clientes muy importantes, internacionales. Mis clientes han recurrido a mí cuando necesitaban una creación de contenidos de alto nivel (en este caso hablamos de escritura de materiales formativos).

Para honrar todo esto, cuando ahora me busquen potenciales clientes encontrarán algo de información, en lugar de encontrar la última entrada de blog, que puede tener relación con mi trabajo, pero normalmente no es así: ya sabéis que trato de abarcar conocimiento de muchas ramas, me apasiona conocer y aprender y, por extensión, enseñar.

Último proyecto retador

He estado escribiendo un manual de formación profesional muy importante, por su proyección. Solo puedo sentir agradecimiento por la editorial que ha confiado en mí para este gran proyecto y, en especial, por la editora de adquisiciones que contó conmigo para ello. En estos meses, he conocido a algunas personas muy interesantes de las que estoy aprendiendo mucho.

  • Por ejemplo, si quieres saber cómo crear tu marca personal y mantener una coherencia, sigue a Andrés Pérez Ortega.
  • Si quieres emprender, pero te faltan datos, o te faltan pistas, sigue a Jesús Alonso Gallo.
  • Si no logras contactar con tu audiencia ni tienes muy claro cómo publicitar tu marca, sigue a Isra Bravo.
  • Además de conocer a estas personas, he aprendido muchas cosas de temas variados, relacionados principalmente con dos campos: la empleabilidad y el emprendimiento.

¿Qué pasa con el desarrollo personal?

En cuanto al desarrollo personal, que motivó la apertura de este blog en 2008, estoy ahora releyendo Los desafíos de la vida actual, un libro visionario de Brigitte Champetier de Ribes, un libro de cabecera que en cada lectura ofrece una información nueva, que depende por entero de lo que la persona es capaz de ver y admitir. ¿Y cuáles son esos desafíos de la vida actual? Pues en este momento estoy leyendo sobre la existencia de perpetradores y víctimas al servicio de una reconciliación posterior, que es el amor mayor. Esto significa que tanto unos como otros no eligen el papel que les toca en esa dinámica, ese baile que permite avanzar la vida, y que demanda de las personas decir sí y confiar, sin tener la capacidad de comprender la profundidad de estos movimientos. Lo que ahora percibo al leer esta parte está transformado por las tomas de conciencia que he tenido al revisitar el libro Morir para ser yo, de Anita Moorjani y otros libros sobre experiencias cercanas a la muerte. No puedo decir mucho más sobre esto, porque las piezas aún están colocándose en mi mente.


¿Y tú? ¿Cómo ha comenzado tu año? ¿En qué estás? Como siempre, estoy agradecida de que leas este blog y que compartas las entradas con quien quieras.