Tú única tarea en la vida: vivir plenamente

En los documentales, vemos civilizaciones complejas que han desaparecido del mapa. El arqueólogo de turno investiga y descubre que se ha debido a una sequía prolongada, pero esa civilización trataba de resolverlo haciendo sacrificios humanos. O bien, el arqueólogo descubre que se ha debido a las consecuencias de una erupción volcánica, pero esa civilización estaba tan hundida en su propio problema que no eran capaces de buscar alternativas.

Yo siempre he creído (en plan agorero) que a nuestra civilización le quedaba poco: veía venir la decadencia de muchas maneras. Por ejemplo, cuando me pregunto dónde están las personas introvertidas, las que históricamente han guiado nuestros pasos por sus profundas reflexiones, veo que quedan ocultas por personas muy extrovertidas que además son capaces de crear un circo, pero no de elaborar teorías como la crítica de la razón pura, de Kant. Puedes encontrar aquí algunas reflexiones sobre las capacidades de las personas introvertidas, por parte de Andrés Pérez Ortega.

También veo que los trabajos que requieren de un grado alto de introversión y gusto por tareas con sistemas inertes, como la programación, el diseño instruccional, la traducción, la escritura, o la ciencia de datos están cada vez peor pagados, por la irrupción de la inteligencia artificial en las herramientas que se utilizan. Es paradójico, pero muchos puestos especializados tienen un precio hora cercano al de trabajos que no requieren ninguna cualificación (a excepción de trabajos de muy alto nivel que, entre otras tareas, están configurando esas inteligencias artificiales para que sean cada vez mejores).

Así, junto con «la caída del imperio», mucho trabajo introvertido está también entrando en decadencia: debido, precisamente, a la facilidad de las tecnologías, un trabajo que podía ser creativo, entretenido y motivador, como crear un programa, buscar los términos más adecuados para una traducción en lenguaje informal, extraer conclusiones de una base de datos, o buscar información y crear un informe, manual, o curso, se convierte en un trabajo «penoso», de «minería fina» (picar piedra), porque esa misma facilidad lo convierte en una revisión tediosa de lo que han arrojado los nuevos sistemas. Además, se carece del tiempo necesario para profundizar en cualquier proyecto, por lo que se justifica el «ir rápido» y terminar tareas, sin importar si están hechas con gusto/amor/calidad.

La IA hablando con la IA

En el sector en el que estoy, formación online, veo textos escritos por chats de inteligencia artificial expuestos a alumnado que responderá preguntando también a un chat de IA, de forma que una IA está hablando con otra mientras los humanos alrededor nos hacemos la ilusión de que estamos produciendo tareas y cursos brillantes muy rápido, pero siendo en realidad los facilitadores de ese estúpido juego, casi los esclavos de este.

Un buen ejemplo de que el esfuerzo por comprender una materia va a quedar atrás es esta sugerencia que hace Adobe Acrobat cuando un documento es «demasiado largo»:

En la imagen pone: Parece que el documento es largo. Ahorra tiempo leyendo un resumen. Aparece un botón de «Ver resumen».

Pues en este entorno de civilización en decadencia, en el que «no hacer nada es perder el tiempo», como dice Antonio Fornés en Reiníciate, pero, al mismo tiempo, en el que todo resulta cada vez más sencillo y, por tanto, cada vez menos motivador, ¿qué significa vivir plenamente?

¿Qué significa vivir plenamente?

Cuando pienso en esta expresión, me viene a la cabeza el vídeo de la canción «The Nights», de Avicii, que explica que «su padre le dijo que disfrutara de la vida», más o menos. Entonces, se dedica a hacer puenting, surfing, buceo, juergas…

Lo que pasa es que esto es cansado y caro: hay que ser rico (algo a lo que aspiran muchos jóvenes que quieren ser youtubers o influencers en general), tener tiempo libre y estar en forma. Al margen de esto, no es una forma de vida. Pese a que cuesta creerlo, el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, autor de Flow: una psicología de la felicidad, comentaba que lo que más motiva es realizar tareas que requieran un cierto esfuerzo, como trabajar.

Creo que lo más interesante es vivir plenamente según propone Thích Nhất Hạnh, un maestro budista que falleció en 2022 y del que hemos hablado algunas veces en este blog. En Lograr el milagro de estar atento plantea que la forma de vivir plenamente es tener la atención y los sentidos puestos en la actividad que se está haciendo en el momento presente, que puede ser una muy aburrida, penosa… o divertidísima, motivadora y llena de energía.

Lo que plantea el maestro es que, si estás esperando a que se acaben las actividades rutinarias para empezar a «vivir plenamente», vas a tener muy poco tiempo para ello. En cambio, si tu tiempo (tu vida) es todo lo que haces, si lo vives plenamente, incluso si vives ese aburrimiento con intensidad, entonces estás logrando el milagro de la atención plena.

¿Es esto una especie de conformismo con tareas y proyectos que ya no aportan la motivación de antaño? Puede. Pero también es una herramienta para disfrutar del tiempo que nos es dado en la vida.

Apagar y encender

Hace menos de una semana me compré un libro titulado Reiníciate, del filósofo Antonio Fornés. Supe de él a través de un programa de radio que escuché durante el trayecto de vuelta de Semana Santa, en el que tuve atascos varios que añadieron 2 horas a mi viaje. Pues bien: llevaba tiempo con la necesidad de reiniciar «el equipo».

Pero, para reiniciar, es necesario apagar y encender. Y resulta que la Vida, esa que toma el aspecto de Jessica Lange cuando habla con Bob Fosse, respondió con el apagón del siglo, el «gran apagón» del 28 de abril de 2025. Dijo algo como:

Esto es apagar. Esto es reiniciar. Disfrútalo.

Tuve la suerte de disfrutar del día, por el sencillo motivo de que no puedo trabajar sin una conexión a Internet. Incluso si la batería del portátil puede durar unas horas, las fuentes de información y muchas de las aplicaciones están en la web. Incluso utilizo el diccionario online de la RAE, o la resolución de dudas de Fundéu.

Enseguida encendí mi radio a pilas. Debo de ser de las pocas personas de mi generación que sigue escuchando la radio en un dispositivo como este, y lo hago, precisamente, para no depender de una conexión a Internet o de unos datos; simplemente, le das a la rueda, se enciende y suena. También tengo en el coche un mapa de carreteras de papel. Siempre puede darse el caso de perder el acceso a los datos en tiempo real. Si te pilla por la carretera, el mapa tiene las vías principales, aunque haya habido modificaciones.

Pude hacer deporte, pasear y ver gente por la calle, familias, niños jugando en instalaciones que suelen estar vacías, vecinos charlando alrededor de un banco en un parque… y pude ver las estrellas. Vivo en una zona en la que el cielo de noche se ve naranja, por la luz de las farolas. Así que pudo ser el único día en el que se vieron las estrellas en este lugar, ayudadas por la Luna Nueva. Por varias horas, recuperamos la sensibilidad «ante la maravillosa pluralidad de colores que el mundo nos ofrece», en palabras de Antonio Fornés.

Fue también como un breve bocado, comprimido, de lo que fue el confinamiento de 2020, con lineales de supermercado vacíos y la gente comprando lo que nunca, velas, latas de guisos imposibles, o pilas de un tamaño inusitado. También, se podía vivir plenamente aquello que sí se tenía o sí se podía hacer: el tiempo de pronto pasaba mucho más despacio. Es curioso: cuanto menos prisas, más da tiempo a hacer.

A través de esa radio a pilas, es como supe que no era un apagón en mi barrio, sino en toda España. Oía cómo muchas personas se habían quedado atrapadas en los trenes y metro, pero también en los ascensores, cómo el apagón sorprendía a cada persona en una situación distinta e impedía comunicarla con otras, pues perdimos incluso la posibilidad de establecer contacto telefónico. Además, después se ha sabido que algunas personas han fallecido por este suceso: es un tema serio y que da que pensar sobre dónde está España como país.

Las fechas de entrega ajustadas se iban al garete, los emails se quedaban en el limbo, de fondo, se podía sentir el alivio de no tener que trabajar a contrarreloj, de poder parar, junto con cierta ansiedad imaginando que, al día siguiente, se trataría (sin éxito) de recuperar el tiempo perdido en esos proyectos donde muchas personas estábamos ya haciendo un esfuerzo superior.

Solo quedaba volver a finales del S. XIX, primeros del S. XX, pero con menos medios: si en la casa no hay gas butano, no hay fuego y no puedes cocinar. Tampoco hay lámparas de aceite. Velas y linternas, incluida la del móvil, que quedó reducido a eso, a ser una linterna. Noticias a través de la radio, que permite prestar atención a la comida o a las otras personas, que no absorbe tanto como la tele. Y poco más; tal vez, recuperar la lectura de libros, el deporte, los paseos.

Qué perdura

Reflexionando sobre mi último libro, Itinerario personal para la empleabilidad, II, en el que la persona puede descubrir y trabajar sus competencias personales, emocionales, sociales y emprendedoras, en el que se crea un curriculum vitae y se prepara para lanzarse al mercado laboral, en el que constituye una empresa partiendo de una buena idea emprendedora que tenga solvencia, pensé que lo que perdura es lo humano: la parte más «moderna» del libro muestra herramientas y aplicaciones que se utilizan para todo esto, y, paradójicamente, es la que se queda obsoleta primero. En una situación como la del apagón, esa parte ya no es aplicable, claro.

En cambio, lo más humano, aquello que habla de las competencias, de conocerse muy bien y de crear una marca personal, eso no cambia. Es sobre lo que suelo escribir en este blog, como sabéis los lectores asiduos, pero también aquello sobre la que he tratado en los manuales Herramientas de coaching y Habilidades de comunicación en el aula.

En un mundo distópico en el que, inesperadamente, perdiéramos todo contacto con el mundo online, con internet, las aplicaciones, los buscadores, la inteligencia artificial… recuperaríamos parte de lo humano que ahora sentimos diluido, ajeno a sí mismo. Y buena parte de ello es el contacto real con otras personas, con la vecina, con los niños que están jugando en la calle.

¿Cómo fue el día del gran apagón en tu caso? ¿Cómo pasaste las horas de incertidumbre que vivimos? ¿De qué te diste cuenta? Me gustará leer sobre ello en la sección de comentarios. Muchas gracias por leer y por compartir.

El mazacote

Explicaba hace pocos días Marian Rojas Estapé la necesidad de mantener niveles altos de dopamina que nos generan las redes sociales y otras apps con notificaciones o cambios. También habla de ello un clásico de nuestro blog, Andrew Huberman, que explica cómo en cada parte de satisfacción del deseo hay un dolor asociado a necesitar más de lo mismo la próxima vez. Lo hace al hablar de la motivación, pues la dopamina está detrás de ella:

Es probable que la mayoría de la sociedad en edad de estudiar o trabajar esté drogada con altos niveles de dopamina que anulan el córtex prefrontal. Competir con esa constante fuente de gratificación tan adictiva es un reto para quienes nos dedicamos a generar contenidos. Si además se trata de «contenidos pedagógicos», la probabilidad de que el usuario abandone esa información en pro de algo mucho más motivador, atractivo y que enganche es muy alta.

Lo que se nos pide desde las editoriales y otros proveedores de materiales formativos es «cortar el rollo» a través de:

  • Simplificar.
  • Trocear.
  • Favorecer la claridad frente a la precisión.
  • Añadir elementos gráficos siempre que sea posible.
  • Agregar interactividad por doquier.

He observado que nuestro lenguaje se va haciendo más superficial, a base de evitar ser demasiado retórico, demasiado oscuro por buscar la precisión, o demasiado «intenso». Por otro lado, yo siempre he defendido un lenguaje llano y el uso de frases cortas (lee cualquier entrada de este blog), porque facilita la comprensión del mensaje y lo acerca al receptor. Pero…

Pero, ¿qué habría sido de nosotros en la época de Galdós?

Acabo de terminar de leer un episodio nacional de don Benito, Bodas reales, que tiene como trasfondo las bodas simultáneas de Isabel II y su hermana Luisa Fernanda. He de decir que no es de las mejores novelas de Galdós. También tengo que decir que, como nos está pasando con esto de la dopamina, me cuesta más mantener la atención en un texto con este aspecto:

Página aleatoria de un episodio nacional de Galdós especialmente denso.

Obsérvese que hay que llegar muy abajo en la página para encontrar un punto y aparte. Este episodio tenía la mayoría de las páginas como esta, lo que en sí no es bueno ni malo (hay que valorar el contenido de cada una), pero sí lo hace un mazacote más difícil de digerir que cuando se ofrecen diálogos, frases más cortas o capítulos más sintéticos. Lo cierto es que he podido con ello, sigue dibujando personajes con maestría, emocionando con las ideas y venidas de personajes anónimos que tienen cierta relación con los personajes históricos, pero, cada vez que pasaba la página y veía de nuevo tantas letras juntas, confieso que me generaba una cierta frustración.

Las ventajas de estar en el siglo XXI

Creo que la simplificación del idioma, de los mensajes y de los materiales formativos ha ayudado a acercarlos al alumnado y a llegar a una audiencia mayor. Si comparo los manuales de formación que publiqué en 2010 con los que he publicado en 2025, Herramientas de coaching y Habilidades de comunicación en el aula, los nuevos son menos retóricos, tienen muchos más ejemplos, actividades y casos prácticos, gráficos mejor elaborados y un saber situarse en el lugar del lector /profesorado /alumnado que no podía tener cuando carecía de la experiencia que tengo hoy.

Para mí es fundamental el respeto al alumnado. No suele ser el que paga la formación, por tanto, no es el cliente final, pero sí es el destinatario, a quien se dirigen los esfuerzos por hacer comprender unos conceptos y ayudar a aplicarlos. Su experiencia ha de ser de calidad, y esto mejora los productos formativos. Respetar al alumnado cambia el material educativo, lo acerca, le quita un corsé. Y lo que más mejora son los test, porque no se busca «pillar» ni «ser gracioso», sino ayudar al alumnado a detectar qué partes no ha comprendido bien o no le han quedado del todo claras.

Un proceso de transformación

Puede que los visitantes habituales de este blog hayan notado algunos cambios en él a lo largo del año pasado y, especialmente, este año 2025 (del que llevamos menos de un mes).

Han aparecido dos páginas nuevas, Servicios y Portafolio, y Servicios se ha convertido en la página de inicio. También, han desaparecido algunas páginas que seleccionaban categorías del blog, como Desarrollo personal, y otras dedicadas a cursos que he impartido y al coaching personal.

Y, sobre todo, hay menos frecuencia en las entradas del blog: casi no recibes mensajes.

Todo esto responde a un proceso de transformación muy intenso que estoy viviendo. Quizá me estoy transformando en mí misma. El caso es que, tras constatar que puedo ser de mucha más ayuda escribiendo que dando clase o siendo coach, tras darme cuenta de que a través de los libros puedo realmente ponerme al servicio de un alumnado potencial, he reorientado esta página web, que siempre fue un blog, y he añadido una información que nunca estuvo allí, la que coincide con la que ha sido mi profesión los últimos 15-20 años.

Imagen generada por IA directamente desde WordPress. Nótese que he pedido que esta mujer tuviera 45 años, pero me pega que tiene 10 más. O es que yo me veo más joven, je, je.

Honrar la profesión

Los últimos 15 años me he dedicado a la formación online y los últimos 20 a la formación y la escritura de contenidos formativos. La mayoría de mi trabajo está incluida en cursos de formación en los que no hay reconocimiento de autoría. Aun así, estoy agradecida de haber podido escribir contenidos en español y en inglés para clientes muy importantes, internacionales. Mis clientes han recurrido a mí cuando necesitaban una creación de contenidos de alto nivel (en este caso hablamos de escritura de materiales formativos).

Para honrar todo esto, cuando ahora me busquen potenciales clientes encontrarán algo de información, en lugar de encontrar la última entrada de blog, que puede tener relación con mi trabajo, pero normalmente no es así: ya sabéis que trato de abarcar conocimiento de muchas ramas, me apasiona conocer y aprender y, por extensión, enseñar.

Último proyecto retador

He estado escribiendo un manual de formación profesional muy importante, por su proyección. Solo puedo sentir agradecimiento por la editorial que ha confiado en mí para este gran proyecto y, en especial, por la editora de adquisiciones que contó conmigo para ello. En estos meses, he conocido a algunas personas muy interesantes de las que estoy aprendiendo mucho.

  • Por ejemplo, si quieres saber cómo crear tu marca personal y mantener una coherencia, sigue a Andrés Pérez Ortega.
  • Si quieres emprender, pero te faltan datos, o te faltan pistas, sigue a Jesús Alonso Gallo.
  • Si no logras contactar con tu audiencia ni tienes muy claro cómo publicitar tu marca, sigue a Isra Bravo.
  • Además de conocer a estas personas, he aprendido muchas cosas de temas variados, relacionados principalmente con dos campos: la empleabilidad y el emprendimiento.

¿Qué pasa con el desarrollo personal?

En cuanto al desarrollo personal, que motivó la apertura de este blog en 2008, estoy ahora releyendo Los desafíos de la vida actual, un libro visionario de Brigitte Champetier de Ribes, un libro de cabecera que en cada lectura ofrece una información nueva, que depende por entero de lo que la persona es capaz de ver y admitir. ¿Y cuáles son esos desafíos de la vida actual? Pues en este momento estoy leyendo sobre la existencia de perpetradores y víctimas al servicio de una reconciliación posterior, que es el amor mayor. Esto significa que tanto unos como otros no eligen el papel que les toca en esa dinámica, ese baile que permite avanzar la vida, y que demanda de las personas decir sí y confiar, sin tener la capacidad de comprender la profundidad de estos movimientos. Lo que ahora percibo al leer esta parte está transformado por las tomas de conciencia que he tenido al revisitar el libro Morir para ser yo, de Anita Moorjani y otros libros sobre experiencias cercanas a la muerte. No puedo decir mucho más sobre esto, porque las piezas aún están colocándose en mi mente.


¿Y tú? ¿Cómo ha comenzado tu año? ¿En qué estás? Como siempre, estoy agradecida de que leas este blog y que compartas las entradas con quien quieras.

El verdadero test

Crees que eres una persona muy elevada, que has tenido comprensiones importantes sobre la vida y, por tanto, eres más capaz de tomártela con filosofía.

Y luego llega la cena de Navidad con tu familia política, o con la propia. Entonces descubres, con humildad, pero también con cierta decepción, que no eres ese ser avanzado y un poco por encima de todo: te encuentras dolorosamente en un barro pegajoso y maloliente, el que describe tu total incapacidad para hacer frente al momento presente. Por más que lo intentas, no consigues descifrar los códigos que rigen, o, si lo haces, se hace patente que no son los tuyos, sino que están tan alejados que te preguntas cómo saldrás adelante. Precisamente el darte cuenta de que no encajas en esa otra familia, o en la tuya propia, como una pieza de juguete con forma circular no encaja en el hueco cuadrangular, por más que la quieras empujar, eso hace que se te ponga poco a poco, sin poder evitarlo, una cara de acelga, de desánimo, de absoluto cansancio, de dolor de muelas. Hasta puedes llegar a tener un buen dolor de cabeza, provocado por tu capacidad aumentada de escuchar los tonos disonantes que se pierde cuando estás integrado en una fiesta a tu gusto, es decir, dolor provocado por tu incapacidad para encajar tu circunferencia en ese hueco cuadrangular, de encajar en esa otra fiesta, la que realmente está teniendo lugar.

Soy fan de las imágenes generadas por IA con fallos, en este caso, esa doble mano izquierda de la chica de la derecha. Aquí, nadie se mira a los ojos, no hay comida sobre la mesa y la felicidad que muestran varios personajes parece no tener que ver con quienes tienen delante. La titularé «En la parra».

Las posibilidades de huida han aumentado desde que existe el teléfono móvil: una persona siempre puede fingir estar consultando algo o chateando con alguien, pero es todo inútil, si el ruido, la luz, o ambos, se imponen.

Así, puedo citar ahora las palabras de Brigitte Champetier:

La realidad es una gran maestra.

Y tanto: te baja de cualquier supuesta altura de un plumazo. Ningún mal, ningún dolor, ningún miedo se van ni se huyen, sino que toca atravesarlos, vivirlos, es cuando su fuerza se aplaca: ir hacia aquello que más desagrada es justo lo que lo apaga.

Mención especial merecen las personas introvertidas, para las que las fiestas son como los petardos para algunos perros y gatos. La persona introvertida, acostumbrada a pasar varias horas de su día a día dedicadas a digerir lo que ha vivido las otras horas, con silencio e iluminación suave que permiten sus reflexiones y diálogos consigo misma, de pronto no tiene escapatoria: todo el lugar está tomado por la música demasiado alta, la luz demasiado fuerte, las voces discordantes, la sensación de que se pide su punto de vista, cuando preferiría permanecer en absoluto silencio.

Esto también acabará.

Es lo que decía en un anillo de un gran rey en un cuento, pero vaya, se hace bien largo.

Tal vez entras en X tras visitar vomitivas felicitaciones de Instagram o buenos deseos de Facebook y entonces encuentras a otros en situaciones más difíciles: aquellas personas con un cuñado insoportable que se les sienta al lado, aquellas que pasan las fiestas en soledad, aquellas que no tienen con qué celebrar, aquellas que ni siquiera cuentan con un techo, aquellas que están inmersas en una guerra. Todo es relativo.

El test se repite al año siguiente, cada año, pillando mejor o peor a cada cual, y ¿hay evolución? ¿Dedica alguien su año a preparar técnicas para que las situaciones navideñas le afecten menos y para de verdad compartir estos momentos con esas personas que otros identificarían como «los suyos»? Normalmente, no. Porque es un periodo muy corto del año, rigurosamente, no pasa de 6 días no completos, puede alargarse a 2 semanas, pero eso es cada vez menos común.


El verdadero test se da cuando entras en contacto con las personas más cercanas. Ocurre especialmente en estas fiestas, pero también en cualquier otra situación familiar, en el día a día en la empresa, en un viaje con familia o amistades… Es muy fácil albergar sentimientos fraternales y compasivos por la especie humana cuando se la ve de lejos, idealmente por la tele, y es muy difícil ser empático y amoroso cuando se tienen cerca personas que nos resultan difíciles: esa es la prueba de fuego.

Que prosiga el baile

Hace poco, di en pensar que la vida es como un cuadro impresionista. Primero, que cada brochazo en sí mismo no significa nada, sino que hay que verlos en conjunto y a cierta distancia. Segundo, que hay manchas, zonas «feas» en el cuadro, que forman parte de él y tienen que estar ahí, son necesarias para el equilibrio y la armonía de la obra.

Imagen generada por ChatGPT 4o para mostrar la naturaleza en movimiento.

Algunas personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte (Anita Moorjani, Eben Alexander) han descrito su vida como un tapiz, en el que cada persona es solo uno de los hilos, entretejido con los hilos de todo aquello con lo que nos relacionamos: amistades, familiares, situaciones, lugares, etc.

Además, hablan de que han percibido claramente cómo todo está unido y todo es una sola cosa, no hay separación, como también mencionan las personas que hacen meditación profunda, tipo zen o budista. Han sentido que si hay que dar algún nombre a esa unión es «amor», amor incondicional.

Yo no llego a esos niveles de percepción, aunque la idea me resulte muy atrayente. Para yo entender la vida, además del símil del cuadro impresionista, he empezado a verla como un baile. Veo que la vida necesita movimiento constante. A veces, parece que una cosa que calificamos como «mala» ocurre solo para provocar otra «buena» a continuación. Es como un ciclo, como una onda. Este movimiento responde a unos ritmos de todo tipo: las estaciones del año, los ritmos circadianos, la traslación de la luna… Así que cada día podría empezar como el del personaje semibiográfico del coreógrafo Bob Fosse en All that jazz, diciendo:

¡Comienza el espectáculo! (Showtime, folks! en inglés)

¿La clave para el baile?

La vida parece querer avanzar, no se sabe si hacia arriba (a mejor), pero está claro que hacia adelante, hacia más vida. Yo que en esta semana de diciembre del 2024 doy la vuelta al jamón, cambio de prefijo y empiezo a contar del medio siglo para arriba, he llegado a la conclusión de que no comprendo nada, pero que no hace falta comprender para seguir adelante, avanzando. Solo hace falta una cosa fácil y difícil: decir que sí. Y luego, confiar.

Si quieres ver las consecuencias de decir sí de una forma divertida, te recomiendo la película del mismo nombre, Di que sí.

Así que la clave para ejecutar el baile, salga bien, regular o fatal, es el «sí». Una vez, cuando estaba aprendiendo a conducir, mi padre me dijo unas palabras liberadoras:

La conducción no tiene que quedar bonita.

Así, no se trataba de trazar curvas perfectas y siempre en el medio del carril, se trataba de ser funcional y avanzar, aunque no quedase especialmente bonito. Pues el baile a veces tampoco es especialmente bonito, incluso visto desde fuera es un tanto ridículo. Sólo se trata de avanzar, seguir los pasos: adelante.

El miedo y el letargo

James Holis nos habla de dos temibles figuras que nos esperan a los pies de la cama: el miedo y el letargo. Estos seres son los que impiden a la persona responder a las grandes preguntas de su alma, hacer más, llegar más lejos.

¿Qué prefieres, ansiedad o depresión?

Como hemos comentado varias veces y siguiendo a Bert Hellinger, en cada momento de la vida tenemos dos opciones: ir hacia más vida, o ir hacia la muerte. Pero, claro, ir hacia adelante y enfrentar lo que nos aguarda, puede dar miedo. En cambio, no tomar esa acción, evitar el siguiente paso, es como ir hacia atrás, hacia el letargo.

Así, la elección constante es entre la ansiedad, esa incómoda sensación de vértigo e incertidumbre del presente-futuro, y la depresión, la búsqueda de calma, aislamiento, refugio, pasividad, letargo.

El modo de vida que llevamos invita constantemente al letargo, a través del consumo pasivo de elementos que nos dan pequeñas dosis de dopamina. Es tan fácil relajarse en el sillón y «consumir contenido» que asombra que alguien pueda hacer otra cosa en su tiempo libre. El scroll es adictivo, invita a consumir pasivamente una información tras otra.

Es más, es fácil encontrar en esos contenidos aspectos que provocan miedo en la persona y la paralizan más. Por ejemplo, las series que se producen contienen muchos elementos siniestros y la sensación de constante inseguridad, de que el mundo es hostil, está lleno de personas muy peligrosas.

Entonces, ¿cuál es peor, el miedo o el letargo, la ansiedad o la depresión? James Holis lo tiene claro: la ansiedad lleva al desarrollo, a la proactividad, es un incómodo pero necesario compañero de viaje hacia más vida, hacia la madurez, hacia el estado adulto.

Imagen de @s8n en X. Dice: «A veces necesitas tumbarte en la cama y no hacer nada durante tres años».

¿Qué es lo que te ha traído hasta aquí? ¿Has elegido esta vida?

Probablemente, nadie elige: «Hoy voy a tener un día nefasto, en el que voy a repetir las rutinas que no funcionan, como si fuera un robot, teniendo la sensación de estar atrapada, pero sin saber muy bien cómo se sale de la trampa».

Incluso muchas personas ni siquiera son conscientes de la trampa, de la cárcel en la que viven: no hay una cárcel más eficiente que aquella en que el preso no sabe que está.

Pues bien, date cuenta de que la única persona que está en todas las escenas de tu vida eres tú. Y no he dicho «que está presente», porque solemos estar ausentes, funcionando con el piloto automático, de manera que muchísimos pasajes de nuestra propia vida nos pasan desapercibidos. Es como ver una película y cerrar los ojos durante varias escenas, o taparse los oídos.


¿Qué opinas? ¿Eres de dejarte paralizar por el miedo o eres más de entregarte al letargo? ¿Logras huir de estos dos malos consejeros y sigues adelante con tu vida? Me encantará saberlo. ¡Gracias por leer!

Más cómodo que el presente

«Una de las formas en las que somos capaces de funcionar sin tener que reinventarnos una y otra vez es imponer de forma automática la experiencia pasada, los planes y los entendimientos sobre cada nueva persona o situación».

Esto nos dice James Hollis, explicando el concepto de proyección psicológica.

Imagen de https://www.pexels.com/@cottonbro/.

Cinco etapas de las proyecciones

Si en otro post veíamos las seis formas que tenemos de reaccionar ante la vida, hoy vemos las cinco etapas por las que pasan las proyecciones.

  1. Al principio parecen mágicas, alteran nuestro sentido de la realidad y tienen poder sobre nosotros. Vemos partes no conocidas de nosotros mismos en el exterior. Por ejemplo, vemos a una persona que nos resulta poderosamente atractiva o nos provoca un fuerte rechazo.
  2. Desilusión: la otra persona, o la situación, no se comporta según lo esperado. Por ejemplo, hemos entrado en un trabajo prometedor y, poco a poco, vamos descubriendo que no cumple nuestras expectativas. «No es lo que parecía», decimos.
  3. Hacemos lo que podemos para reforzar la proyección, redoblamos esfuerzos presionando la realidad para que responda al modelo. Esto lleva a más conflicto. Por ejemplo, una actividad que nos hacía ilusión practicar nos ha decepcionado, pero aún no vemos cuál es su realidad, sino que tratamos de que satisfaga aquello que buscábamos en ella.
  4. Retiramos la proyección cuando la realidad del otro no se ajusta a nuestros planes de fantasía. Sólo ocurre cuando la discrepancia se hace dolorosamente evidente, es decir, no siempre se da. Por ejemplo, dejamos de esperar que la otra persona se comporte de una forma que no se corresponde con su naturaleza.
  5. Nos hacemos conscientes de la proyección, asintiendo a la realidad tal y como es, no tal y como quisieras que fuera. Esto no suele ocurrir, más bien, renovamos las proyecciones. Por ejemplo, si un trabajo no cumplía con nuestras exigencias, preferimos saltar a otro sobre el cual proyectar nuestras expectativas (otra vez). Y volvemos a iniciar un recorrido por las etapas de las proyecciones.

Los siguientes pasos

Cuando se toma consciencia de una situación y de cómo nuestras expectativas diferían de la realidad, puede seguirse un esquema sencillo y muy profundo que se destila de las enseñanzas de Brigitte Champetier de Ribes:

  • Soltar lo que creía entender: como el mismo James Hollis explica, nos cuesta admitir que la realidad es mucho más compleja, ambigua e incomprensible de lo que parece. Preferimos imponer estas proyecciones sobre ella, pues la alternativa es el vacío. Sin embargo, sólo soltando aquello que creíamos entender, dejamos atrás las proyecciones y nuestras antiguas conclusiones de cómo actuar.
  • Decir sí sin saber a qué, a ciegas: nos hemos hecho conscientes de que esta persona no es quien yo creía que era, este trabajo no es como yo quería que fuera, el mundo no funciona como yo espero que funcione. El asentimiento a ciegas a esta realidad desconcertante y que se renueva a cada instante es lo único que nos permite vivir plenamente.
  • Vivir el presente con confianza: tras dejar atrás los filtros de la realidad, esas proyecciones de algo oculto en cada persona hacia fuera de sí misma, el vacío que queda puede resultar aterrador. Vivir con confianza, dando solo un paso cada vez, reconociendo que el vacío es creador, es la condición para que algo que no estaba antes allí pueda surgir.

Aquí lo dejo, te dejo reflexionar sobre lo que acabas de leer. ¿Reconoces cómo proyectas tus expectativas sobre el mundo exterior, sobre las personas, sobre las situaciones? ¿Has dejado atrás trabajos, personas o regalos de la vida porque no casaban con lo que tenías en mente? Me encantará saberlo. Como siempre, gracias por leer y por compartir.

Seis formas de reaccionar ante la vida

Se acerca mi momento de «dar la vuelta al jamón», como suele decirse, esto es, llegar a los 50 tacos. Es un pequeño cambio incremental, pero parece un abismo: nadie con cincuenta años es considerado joven desde ningún punto de vista. Así, me he agenciado el libro Finding Meaning in the Second Half o Life (Encontrar significado en la segunda mitad de la vida) del psicoanalista James Hollis, a quien conocí en el pódcast de Andrew Huberman.

El subtítulo de este libro aclara aún más sus intenciones:

Cómo, finalmente, realmente, crecer.

En otras palabras, cómo dejar atrás los mecanismos aprendidos en la infancia con el pensamiento mágico para realmente comportarse como un adulto que reacciona a la realidad aquí y ahora, en tiempo real.

Aprendemos mucho de los padres y abuelos, interiorizando mandatos e impulsores. Imagen de https://www.pexels.com/@cottonbro/.

James Hollis explica que, realmente, todas las personas arrastramos heridas de la niñez, sean más o menos graves. Esto nos iguala a todos, es más, revela el secreto de historias de éxito que esconden las debilidades que realmente hubo que ocultar, si no superar, para seguir adelante. Estas heridas son las siguientes:

Tres formas de impotencia

El primer tipo de herida de la infancia es la impotencia, la experiencia de lo abrumador del ambiente. La vivencia que se experimenta en la niñez es la incapacidad de alterar el curso del mundo exterior. Ante esta incapacidad, podemos responder de tres formas:

  • Evitación: se trata de retirarse, evitar, negar o huir de las situaciones, incluso disociarse de ellas, para no experimentarlas. Si se mantiene en la edad adulta, puede convertirse en un patrón de aversión a las grandes demandas de la vida. Este patrón usurpa la consciencia y su mayor rango de alternativas.
  • Controlar: se trata de atacar antes de que te ataquen. Ante la sensación de impotencia interior, la persona busca tener un gran control sobre los demás y sobre lo exterior. Esto también incluye los comportamientos pasivo-agresivos.
  • Conformidad: la respuesta es «darles lo que quieren». Es decir, la persona, en vez de defender sus deseos, viola su propia integridad personal siendo dulce, amable, sociable y maja. Esta adaptación lleva a tener relaciones de dependencia.

Tres formas de escasez

La herida de la escasez nos hace pensar que no podemos confiar en que el mundo vaya a satisfacer nuestras necesidades. En la niñez, esto se siente como un deseo no satisfecho de ser alimentados, confortados y acogidos por otra persona, que, potencialmente, lleva a la muerte. Ante la escasez, se dan estos tres tipos de respuesta:

  • Soy tal como me tratan: esta categoría responde a la creencia de que «no merezco la pena». Así, la persona evita el riesgo y disminuye sus alternativas, incluso tomando decisiones de autosabotaje, buscando siempre la opción segura.
  • Sobreadaptación: se trata de compensar esa sensación permanente de pobreza con lo contrario: poder, riqueza, una pareja ideal, fama o cualquier otra forma de soberanía sobre otras personas. Es el complejo de superioridad.
  • Búsqueda de reafirmación: la persona busca la reafirmación de otras personas de forma ansiosa y obsesiva. No es raro que esa misma persona se relacione con otras que le van a defraudar, o bien, las fuerce a hacerlo por su constante necesidad de reafirmación, de manera que recupera «la reconfortante miseria de lo familiar».

Algunas verdades

Para superar todas estas heridas de la niñez y entrar en la edad adulta de verdad, es necesario recordar que la necesidad de realización que tenemos durante toda la vida no la puede satisfacer ninguna persona, pero tampoco ningún trabajo, ningún proyecto. Esta insuficiencia es la naturaleza misma de la vida, no es un fallo de los que nos rodean o de las profesiones que ejercemos.

James Hollis nos recuerda que no hay magia, que la herida nos persigue y que cada persona es la única con la responsabilidad de llenar su propio vacío de formas más duraderas. Para este psicoanalista, es importante que cada cual entre en sus propias profundidades para comprender sus mecanismos de impotencia y escasez y sanar las propias heridas. Este es un trabajo fundamental que el alma pide y que, si no se lleva a cabo, va reclamando cada vez más atención a través de síntomas y malestares.

Tal como también indica Bert Hellinger, ante cada decisión de la vida sólo hay dos caminos, hacia la vida y hacia la muerte. O, en palabras de James Hollis:

El nacimiento de la vida es también el nacimiento de la neurosis, por así decirlo, porque desde ese momento estamos al servicio de dos planes gemelos: el impulso biológico y espiritual de desarrollarnos, de avanzar, y el anhelo arcaico de volver a caer en el sueño cósmico de la subsistencia instintiva.

Y es que, frente al impulso de avanzar, siempre hay dos personajes que pueden tirar de nosotros para atrás: el miedo y el letargo. El ego desea confort, seguridad, saciedad; el alma necesita significado, lucha, llegar a ser. Cualquier respuesta automática al estrés y la ansiedad es una forma de adicción.

Aquí puedes ver el pódcast de Andrew Huberman con James Hollis:


¿Te has reconocido en alguna de estas seis formas de herida? El psicoanalista de hoy, James Hollis, nos dice que todos tenemos algo de cada una. Piensa en cuáles son las necesidades más grandes que alberga tu alma y si las estás satisfaciendo en tu vida. ¿Qué puedes hacer si no es así? Os leo en Comentarios.

¡Muchas gracias por leer!

¿Qué es el análisis transaccional y para qué sirve?

Lo primero que observó el psiquiatra Eric Berne, y de donde nace el Análisis Transaccional, es que los pacientes le hablaban utilizando palabras, gestos y tonos muy distintos según lo que le estuviesen refiriendo. Observó que podían agruparse y aislarse claramente, es decir, cada grupo de lenguaje verbal, paraverbal y no verbal era característico de un estado distinto del yo. Estos estados son: el Padre, el Adulto y el Niño.

Los tres estados del yo: el P-A-N

El modelo P-A-N es la base del Análisis Transaccional
No tengo registro de la fuente de esta imagen. Si localizáis al autor/a, por favor, decidme. ¡Gracias!

En esta ilustración vemos a la perfección los tres estados definidos por la forma de actuar de cada uno:

Niño

A la izquierda, la fila interminable para criticar. En esta fila también esperan los que se quieren quejar. La mayoría de ellos está en el estado Niño. A veces, también se critica desde el estado Padre, lo veremos a continuación.

Padre

En el centro, está la fila de los que les dicen a los demás lo que deben hacer. Los que se ponen esta fila se sienten muy bien consigo mismos, e incluso son percibidos por los demás como personas que hacen algo. No, no hacen nada, sólo señalan a otras personas lo que hay que hacer. La mayoría de los de esta fila están en el estado Padre.

Adulto

Finalmente, en la fila para hacer pintaría yo la clásica mosca que pasaba volando en Mortadelo y Filemón cuando había un silencio. Hay menos de cuatro gatos ahí, dispuestos realmente a hacer, no a criticar desde la barrera ni a indicar lo que está bien o mal. Dispuestos a entrar en acción hay muy pocos, porque esto requiere estar en el momento presente. En la fila del hacer, están las personas en el estado Adulto.

Estos tres estados forman el modelo P-A-N (Padre-Adulto-Niño).

¿Entonces cada persona está en un solo estado del yo?

No. Cada persona adopta los tres estados a lo largo del día, teniendo preferencia por permanecer en uno u otro. Esto lo advertimos en la forma en que las personas se comunican, y también en su postura física (no es posible no comunicar, según el axioma de Paul Watzlawick). Lo que sí es cierto es que el lugar en el que es más difícil permanecer es en el estado adulto y en el presente, donde realizamos, trabajamos, sacamos algo adelante.

Guion de vida

Otro aspecto revolucionario que definió Eric Berne son los seis tipos de proceso de guion de vida. El guion de vida es una trama que construimos con el pensamiento mágico de pequeños, y con mucho detalle, por cierto. Estos son los seis tipos de guion:

Tipos de guion de vida definidos por Eric Berne
Imagen compuesta a partir de distintas imágenes libres.

¿No sabes cuál es tu guion?

En mayor o menor medida, cada uno de nosotros/as tenemos los seis patrones de conducta, pero la mayoría tiene uno que es predominante, o bien uno principal y otro que se combina con el primero. Veamos cómo pueden ser algunas de estas combinaciones:

Guion “hasta” + guion “nunca”. Su lema de base sería:

No me puedo divertir hasta que no acabe el trabajo. Pero el trabajo no se acaba nunca, por lo que nunca puedo divertirme.

Guion “hasta” + guion “casi tipo 2”. Esta persona se dirá a sí misma:

No puedo descansar hasta que no llegue a la cima. Realmente, no puedo llegar a la cima: siempre encuentro una más alta. Por ello, nunca puedo descansar.

Guion “siempre” + guion “nunca”. Su creencia será:

Siempre me pasa lo mismo: conozco a una persona que me parece especial y diferente, pero al final es lo contrario a lo que yo busco. Nunca podré encontrar a alguien afín a mí.

¿Cómo salgo de mi guion?

Siguiendo a Brigitte Champetier, en una palabra: «desautomatiza«. Es decir, deja de actuar conforme a unas creencias muy arraigadas, inconscientes. ¿Y cómo se hace en la práctica? Dándote permiso:

  1. Guion “hasta”: monta en el pony antes de haber limpiado los establos. Es una frase de Daniel Casriel, explicando cómo darse permiso para disfrutar incluso con las tareas “obligatorias” a medio hacer.
  2. Guion “después”: dosifica tu disfrute, no es necesario quemar hoy todas las naves, el disfrute puede continuar mañana.
  3. Guion “nunca”: decide qué es lo que puedes hacer para lograr tus objetivos y entonces hazlo. Da el paso. No hables de “lo que pudo ser y no fue”, habla de lo que vas a hacer, de acciones.
  4. Guion “siempre”: no necesitas repetir los patrones, ni continuar en una situación insatisfactoria. Puedes darte permiso para abandonar lo que no te gusta, y sobre todo, para buscar lo que sí deseas.
  5. Guion “casi tipo 1”: acaba lo que has empezado, no saltes a otra tarea. En vez de ser multitarea, escoge una y acábala, llega hasta el final.
  6. Guion “casi tipo 2”: cuando alcanzas un objetivo, felicítate por ello, regálate algo, descansa y disfruta. Celebra tus éxitos antes de buscar nuevos objetivos.
  7. Guion “final abierto”: una vez llegas al final de una etapa, puedes llenar el vacío haciendo lo que te plazca: viajar, aprender fotografía, ir a exposiciones, bucear…

Beneficios del análisis transaccional

Podemos resumir estos beneficios en una frase: «se puede salir del guion de vida elegido en la infancia«. Lo fundamental del concepto de guion de vida creado por Eric Berne es que se puede salir de él. Para ello:

  1. El primer paso es darse cuenta de que el guion es como una pianola automatizada, en que la música que se ejecuta está previamente escrita.
  2. El segundo paso es ser consciente de que «la música» la hemos escrito cada uno de nosotr@s a partir de los mandatos y contramandatos (creencias) recibidos en nuestra infancia.
  3. El tercero es reescribir. Y, tal como de una forma muy visual comenta Eric Berne, reescribir implica salir de la jaula una vez nos abren la puerta. No siempre es fácil. El guion conocido, incluso si es perdedor, es más cómodo de vivir que un guion nuevo, lleno de incertidumbre.

Coaching transaccional: actuar desde el estado adulto

Como hemos visto, en cada guion hemos interiorizado unos mandatos y permisos a partir de lo que nos dijeron nuestros padres y educadores, y esta es, precisamente, la voz del estado Padre. Nuestra reacción emocional a estas normas es desde el estado Niño. El Adulto solo responde al entorno presente, libre de cargas. Así, en un proceso de coaching transaccional, lo primero que hacemos es identificar estos mandatos, cuál es tu tipo de guion.

¿Por qué es importante permanecer en el Adulto?

Solo desde tu Adulto vives el momento presente y reaccionas a él de forma proporcionada. Solo en el Adulto eres capaz de actuar, de ejecutar, realizar las acciones oportunas. Permíteme que lo repita:

Solo desde tu Adulto vives el momento presente.

Por tanto, el estado Adulto en el análisis transaccional no es cualquiera de nosotros mayor de 18 años. También suele confundirse fácilmente con el estado Padre. Incluso muchos de los que se dedican a decir a otros qué deben hacer, creen estar en un estado Adulto.

El Adulto es la suma de todas tus capacidades puestas al servicio de lo que ocurre ahora, sea el trabajo, sea hacer tareas del hogar o sea distraerte y disfrutar de tus hobbies preferidos.


¿Qué, te animas a tomar las riendas de tu vida y dejar de responder a un guion inconsciente y limitado? Si es así, puedes apuntarte a uno de mis cursos o pedir una sesión de coaching. Como siempre, gracias por leer y por compartir.