Nos están preparando para una vida peor

¿Quiénes son los que nos están preparando para una vida peor? Quizá nadie en particular y todos en general(*)… Lo que sí me parece es que se va normalizando esperar una progresión hacia abajo en vez de hacia arriba, en la que las generaciones siguientes van a vivir peor que las anteriores, pese a los avances tecnológicos.

De nada sirve que un milenial mantenga “conversaciones” con una inteligencia artificial como Alexa, que le lee los emails y le organiza la agenda (ejemplo tomado del curso Futures Thinking), cuando ese milenial no tiene trabajo y, si lo encuentra, está pagado a la mitad de lo que lo estaba hace diez años.

El otro día vino un pintor a rematar una pequeña obra que afectó al techo. Y estuvimos hablando. Vicente, de 64 años, se había dado perfecta cuenta de muchas cosas en su trayectoria de vida:

  • Antes, en una obra, se trabajaba por una cantidad decente de dinero. No se trabajaba por menos, ni se trabajaba los festivos. Los trabajadores hablaban entre ellos y enseguida hacían piña para defender sus derechos.
  • Antes, en una obra, había personal, y siempre pasaban por ella el jefe de obra, el ingeniero, el arquitecto. Ahora no se ve a casi nadie, hay cuatro, son normalmente de otro país (sin que esto signifique nada negativo, simplemente, no reclaman los derechos que habían ganado los otros).
  • Antes, cuando pasaban el ingeniero y el arquitecto revisaban la obra, señalaban lo que estaba mal, lo hacían repetir si era necesario. Ahora, según relataba Vicente, las obras nuevas se caen a pedazos y producen derramas casi inasumibles para los propietarios.

Plano de una obra para edificar una vivienda

Esto de las obras es extensible a lo que vengo observando en mi sector. Tengo 10 años menos que Vicente, el pintor, y aun así tengo clara percepción del empeoramiento de la calidad del trabajo y de lo que se paga por él.

Calidad significa tiempo y recursos

Ahora, en los proyectos se busca una calidad efectista, es decir, una apariencia de calidad y alto nivel, como la de las obras que mencionaba Vicente. No se busca una calidad fruto de dedicar tiempo y recursos a un proyecto. ¿Por qué? Porque se quiere ganar el dinero antes, supongo. Y se quiere ganar más.

¿Qué ocurre? “Que si pagamos por la calidad a los últimos de la cadena de producción, los de arriba ganamos menos”, diría alguno que se atreviera a afirmar lo que está haciendo.

Según Nicholas Nassim Taleb, las empresas grandes están en quiebra, lo sepan o no. Se están autoengañando y engañando a la sociedad con ello.

Es razonable que gane más dinero quien puede planificar de forma estratégica,  organizar el trabajo y generar negocio como para pagarlo. Es razonable que su visión de negocio y sus contactos estén pagados. Lo que ocurre, sin embargo, es que arriba el dinero se cuenta por millones o por miles de millones. Esto es muy goloso y nubla la vista. “Amasemos dinero, luego ya se verá”, parecen decir.

En el siguiente nivel están los trabajadores cualificados de la empresa y los mandos intermedios, los que meten los datos en un Excel y hacen un gráfico para presentarlo en la próxima reunión, incrustado en un PowerPoint. Por sus ojos pasan los millones, pero no los amasan, claro. Amasan los miles, quizá. Pero lo que más les llama la atención es observar que su trabajo se subcontrata mientras ellos marean el mismo Excel porque no tienen mucho que hacer. Se dicen:

“Un día peta todo esto y nos echan a la calle, cuando se den cuenta de que no aportamos nada.”

Pero la rueda sigue girando.

El subcontratista a su vez, al comprobar que puede amasar los miles, busca a una serie de autónomos que podrán amasar los cientos. El trabajo que una gran corporación vende a otra gran corporación lo realizan autónomos que reciben cientos de euros por ello. Estos lo hacen con la máxima calidad que pueden. ¿Es consciente la empresa cliente de que lo que recibe lo ha realizado una sola persona en su chamizo? ¿Es consciente de que los miles que está pagando se los podría estar ahorrando? Diría que no. Es más, diría que a ninguno de los que intervienen en el proceso le importa todo esto:

  • el autónomo consigue trabajar… (además, tod@s sabemos que un autónomo nunca enferma, somos el pilar de la economía),
  • el intermediario consigue trabajar con grandes empresas, “clientes estratégicos” con los que “pierde” pero puede seguir funcionando,
  • la gran empresa consigue que se haga lo que necesita, se financia con proveedores y además, resta de su cuenta de resultados el gasto en ese personal que marea hojas Excel y presentaciones en PowerPoint.

Aún hay más…

El pintor y yo también estuvimos hablando de las amenazas del cambio climático y de las decrecientes reservas de agua. Convenimos en un aspecto: nadie quiere rebajar su nivel de vida para “luchar” contra el cambio climático. Nadie va a cerrar su grifo, nadie va a bajar la temperatura de su termostato. Nadie va a dejar su coche aparcado para irse en transporte público. Este “nadie” puede ser “la mayoría” o puede ser:

Después de estar puteado trabajando por cientos cuando sé que el trabajo que hago vale miles, no voy a recortar mi calidad de vida más, ya tengo suficiente carga con pagar un alquiler casi inasumible y demás gastos para vivir…

Las teles ya nos van preparando para lo peor, nos van poco a poco concienciando de que “las consecuencias van a ser desastrosas” o lo están siendo ya.

Por tanto, si vuelvo a este curso de Coursera sobre pensamiento del futuro, en el que te invitan a imaginar un futuro a 10 años desde hoy, lo cierto es que los indicadores de cambio que ellos destacan (todos basados en la transformación digital) no me parecen tan llamativos como el hecho de asumir el empeoramiento de la calidad de vida, sin más.

Esta forma de asumirlo invita a tomarlo como cierto y a hacerlo real…

(*)Por cierto, Vicente sabía perfectamente quiénes son los que nos están preparando para una vida peor: somos nosotros. Cada uno de nosotros/as es quien toma la decisión de trabajar o no a ese precio, de aceptar o no que se implanten unas normas; cada uno es responsable.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post? ¿Has observado un empeoramiento de la calidad de vida? ¿Crees que puede ir a peor?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Lo que no se ve

Ahora está de moda que los dispositivos te digan cómo estás: miden tus pasos, miden tus pulsaciones, te dicen que tienes que parar o que moverte… Incluso hay una serie de dispositivos ponibles (wearables) que se incorporan a nuestro cuerpo en forma de prendas, relojes, gafas, brazaletes, marcapasos…

De alguna manera miden lo que no se ve y nos lo comunican, a nosotr@s o al médico.

Imagen de un reloj inteligente en la muñeca de una persona: la tecnología ponible o wearable

Pero, ¿y si los wearables indicaran a los demás nuestras necesidades?

Viajando en metro (muchas cosas se me ocurren viajando en metro) se me ha ocurrido que debería existir una forma “justa” de determinar quién tiene más necesidad de sentarse en los asientos libres. He observado que, al margen de discapacidades o necesidades evidentes (embarazadas, personas muy mayores), los que se sientan son gente rápida y avezada que se lanza al asiento, con lo que podrían ser justo los que menos lo necesitan.

Me gustaría que existieran prendas ponibles que indicasen por ejemplo mediante una escala de colores quién necesita realmente sentarse en el metro, tren o bus y quién puede permanecer de pie.

El algoritmo podría tener en cuenta distintos factores.

Factores de tipo “logístico”

  • El número de paradas que le quedan a la persona.
  • Las horas que lleva esa persona de pie (por ejemplo, porque trabaja de pie o de noche).
  • Los minutos/horas que lleva una persona en los transportes hasta su destino.
  • El tipo de actividad que le espera o de la que procede.

Factores de tipo médico

  • El dolor que pueda estar sintiendo una persona.
  • La incontinencia.
  • La falta de equilibrio.
  • La tensión muy baja.
  • El cansancio extremo por dolencias como fatiga crónica, esclerosis múltiple o hipotiroidismo.

Y no digamos si se combinan factores de tipo logístico con factores de tipo médico.

Todos estos factores son invisibles, no se aprecian, la persona “los sufre en silencio” mientras observa cómo alguien joven, aparentemente sano, se da mucha prisa en sentarse en el asiento al que se dirigía torpemente.

Ingenier@s, esto es un llamamiento, hay que fabricar este dispositivo.

Pero…

Sí, es cierto, ¿cómo se miden el dolor, el cansancio?

Resulta que los médicos reconocen que el dolor o el cansancio son experiencias subjetivas, que es el individuo el que marca las intensidades y que, ante el mismo dolor, hay umbrales distintos, por lo que cada persona puede estar experimentando un grado muy distinto de incomodidad. ¿Podría un dispositivo detectar o deducir estos condicionantes?

Por otro lado, el dispositivo podría llevar incorporada toda esa información “de categoría especial” que no queremos que nadie sepa. A ver, que nadie quiere llevar un cartel que diga “soy un enfermo”; quien ya no lo puede ocultar no se siente bien con las miradas compasivas de los demás.

Por último, el dispositivo podría llevar cargada la información del viaje que va a realizar la persona según los billetes que ha adquirido, o bien el histórico de su ubicación en Google o información similar.


Mientras no se invente el dispositivo ponible que indique a los demás quién necesita más sentarse en un transporte, por favor, joven, san@ y sobradamente preparad@, mira a tu alrededor antes de correr a sentarte para seguir consultando tu móvil. Puede haber personas que lo necesiten mucho más que tú. Mucho más. Gracias.

Estar cómodos en la incomodidad

De esto ya he hablado, ¿verdad? Es una de esas ideas que se me quedan en la cabeza por tiempo, voy viendo ejemplos de cómo aplicarla, voy entendiendo su importancia.

Lo cierto es que, desde que Will Smith dijo esta expresión en el Hormiguero, algo que ya hemos citado en este blog, se me han ocurrido muchas situaciones donde merece la pena probar a estar cómodo/a en la incomodidad.

Haciendo frente a los miedos cotidianos

No hay nada más incómodo que enfrentarse “desamparado” a miedos cotidianos como:

  • No llevar suficiente abrigo y pasar frío.
  • Pasar calor y sudar.
  • Ir por la calle y tener la sensación de ser mirado de forma insistente y juzgadora.
  • No llevar paraguas y mojarse.
  • Que los zapatos aprieten.
  • Observar que nuestro whatsapp no ha sido leído.
  • Quedarse con el bañador mojado.
  • Observar que nuestro whatsap ha sido leído hace horas y no contestado.
  • Tener que seguir andando con una ampolla en un pie.
  • Esperar una llamada que no llega.
  • Estar en el atasco de cada mañana.

En todas estas situaciones y similares, lo que interesa es aprender a estar cómodo en esa incomodidad, esa pequeña ansiedad que estamos sintiendo porque algo no encaja con nuestra definición de la comodidad y el confort.

Una vez se logra esto, una vez se es capaz de afirmar: “Aunque me esté mojando porque no llevo paraguas y esto me molesta, soy capaz de seguir andando o de esperar a que escampe”.

Quitar hierro al asunto

No se trata más que de quitar hierro al asunto, de dejar de dar importancia a pequeñas molestias que, si miramos fijamente, parece que las hacemos crecer, que poco a poco van siendo más grandes hasta convertirse en insoportables.

Lo contrario es dramatizar, crear una gran montaña del pequeño grano de arena que se nos metió en el zapato. Y luego contárselo a otras personas, señalando lo desgraciados que nos sentimos por tener esta piedrecita en el zapato. En ocasiones, movemos a la compasión. En la mayoría, el otro puede estar pensando:

“Yo también tengo una piedra en un zapato y otras cosas peores que se ve que no te puedo contar, porque no pareces capaz de soportarlas…”

De quitar hierro al asunto y prestar atención a otras cosas se va formando callo, y de esto trata la vida, quizá, de ir haciendo callo e ir siendo capaz de vivir en entornos incómodos; lo que se llama crecer.

¿A qué prestas atención?

Aquello a lo que prestas atención es lo que está en tu conciencia. No es sabiduría oriental ni esotérica, es sentido común y funcionamiento del cerebro: nuestra atención es bastante limitada, podemos atender a un número de estímulos y no más, y durante un cierto tiempo (minutos) y no más.

¿Cómo es posible que esta pequeña atención se la estén llevando esas situaciones que subjetivamente nos parecen incómodas?

Eduard Punset, en uno de sus programas, habló de cómo nos habituamos a una sensación hasta dejar de sentirla. Por ejemplo, nos ponemos unos calcetines que al principio presionan en la parte de la goma elástica que llevan arriba. Al poco rato, dejamos de sentir esta leve presión. Si en cambio nos dedicáramos a “mantener viva” la sensación de presión, estaríamos añadiendo ruido a cómo percibimos el mundo.


Por tanto, estar cómodos en la incomodidad supone dos cosas: hacer frente a las sensaciones “negativas” que tenemos y ponerlas en su lugar para poder prestar atención a lo que de verdad nos interesa que componga nuestra vida.

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

 

Recuerda

Mujer tumbada sobre hojas secas en un parque recordando el pasado

¿Recuerdas haber estudiado un montón de información de diverso tipo cuando estabas en el colegio? ¿Recuerdas el detalle de alguna de esta información ahora? Se suele poner como ejemplo resolver raíces cuadradas: ¿quién puede recordar semejante cosa si no la utiliza?

Otro ejemplo son las fechas: ¿alguien recuerda las fecha de nacimiento y muerte de, digamos, Quevedo? Salvo fechas muy notorias como el descubrimiento de América, ¿qué fechas de las que estudiaste recuerdas ahora?

¿Recordar es bueno o es malo?

Recordar es bueno

En nuestra historia académica se nos ha premiado por recordar. Lamentablemente, no solo en el colegio: casi toda la formación de adultos basa sus evaluaciones en que el alumno haya memorizado partes del curso, más que en que sepa utilizar la información que recibe (porque en la mayoría de los casos no se le enseña a ello). En todo caso, recordar sería “bueno”.

Además, se dice que quien no conoce su historia, está condenado a repetirla. En este caso, recordar también es “bueno”, no solo recordar lo que hemos vivido, sino también lo que ocurrió antes y nos han contado, a ser posible recordando también fechas, nombres y lugares, porque si no, esa información ya no tiene el mismo valor.

Antes todo esto era campo

Por otro lado, recordar calles o edificios que ya no existen, puentes que se han tirado, campos que se han convertido en bloques de pisos… Esto parece nostálgico y supuestamente no sirve para nada más que para anclarse en el pasado. Es un pasado que habría que meter en cajas de mudanza y llevar discretamente a la basura.

Además, no sabemos hasta qué punto reinventamos un recuerdo cada vez que lo traemos a la mente, de manera que podemos magnificar o minimizar objetos, emociones o acciones que no fueron así.

En estos casos, recordar es “malo”.

Recordar haber tenido más derechos laborales, recordar que antes de la crisis de 2008 se ganaba lo mismo en términos absolutos que en 2019, recordar que de pequeños parecíamos tener talento y observar que no dio lugar al éxito… eso no es bueno, porque nos convierte en el ratón que se queda atrapado en una zona del laberinto donde antes obtenía queso y ya no.

Así, recordar también es “malo”.

El recuerdo de normas, creencias y saberes

El “peor” recuerdo es el de normas, creencias y saberes que en la época actual están prohibidos, censurados o altamente criticados. Eso hay que borrarlo, tacharlo, eliminarlo y, a ser posible, reescribirlo.

No hay que tener una historia vital muy larga para recordar creencias y saberes demostrados científicamente hace unos años que ahora no se pueden mencionar sin alterar los ánimos. Muchas de estas creencias y saberes llevaban consigo una serie de publicaciones serias, cursos, carreras universitarias, negocios y puestos de trabajo.

Todo eso se tiene que ir a la basura y recordarlo es “lamentable”.

Una oveja en primer plano y al fondo un rebaño

Es un poco como los Mandamientos que se inscriben en la pared en Rebelión en la granja. Al principio, siete mandamientos bienintencionados, claramente redactados.

Después, estos mandamientos se van transformando: mientras que las ovejas repiten las nuevas consignas borrando automáticamente de sus mentes las anteriores, el caballo (o yegua, no recuerdo) cree recordar que “ahí antes ponía otra cosa”. Este es un recuerdo no solo lamentable, sino “peligroso”.

El único mandamiento que queda al final en la obra de Orwell vuelve a traerme a la mente esta frase que digo yo mucho por aquí:

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Se ve que el olvido de creencias, saberes y normas anteriores es bienintencionado, que sirve para “avanzar”. El avance en Rebelión en la granja es circular: se acaba en el mismo sitio del que se partió/huyó.

Lo que me ha dado el teatro

Poned sobre los campos
un carbonero, un sabio y un poeta.
Veréis cómo el poeta admira y calla,
el sabio mira y piensa…
Seguramente, el carbonero busca
las moras o las setas.
Llevadlos al teatro
y sólo el carbonero no bosteza.
Quien prefiere lo vivo a lo pintado
es el hombre que piensa, canta o sueña.
El carbonero tiene
llena de fantasías la cabeza

Machado. Proverbios y cantares. Campos de Castilla.

Puedes encontrar el poema aquí. ¡Gracias Juanje!

Ya hemos hablado en varias ocasiones del teatro en este blog y, probablemente, hablemos muchas más:

  • Hemos tocado la improvisación hablando de sus orígenes y de Jamming.
  • Hemos repasado su historia desde Mérida recordando las claves de Aristóteles: disfrutamos viendo imitar la vida y disfrutamos imitando la vida.
  • Hemos trabajado una obra concreta, La cantante calva, analizándola desde el punto de vista del análisis transaccional.
  • Incluso hemos apuntado ya algunas razones por las que vivir el teatro desde dentro, con motivo del día mundial del teatro.

Con el teatro se crece

Me gustaría describir con más detalle qué es lo que aporta el mundo del teatro, un mundo en el que nunca llegas a la meta porque siempre puedes ir más allá.

Un mundo en el que hay un trabajo previo que no es posible imaginar a partir de lo que ves en una representación en el escenario. Este trabajo incluye dinámicas con las que se juega, se ríe, se sale de la zona de confort, se entra en contacto físico con los compañeros, se viven emociones intensas…

El objetivo de todo este trabajo es doble: por un lado, dar salida a lo que se tiene dentro, de manera que puedes conocerte muy profundamente. Por otro, conectar con los compañeros a un nivel muy profundo de escucha y empatía.

Vamos a ver más detalles:

Dejar salir lo que llevas dentro

Trabajas en una oficina. Los rituales de relación están definidos, descritos y constreñidos a una serie de “pasos” de los que es mejor no salir. Luego ves a la familia extendida y política y tienes que seguir otra serie de rituales aparentemente más cercanos. Si tienes alguna necesidad de contacto real fuera de los rituales de relación, la tienes que reprimir.

El teatro, a través de dinámicas sobre todo corporales, permite desinhibir lo que antes se ha inhibido, silenciado, guardado tras una especie de cinturón de seguridad. Todo eso que se guarda en el cuerpo en forma de contracturas se libera para dejar salir al Niño libre (concepto del análisis transaccional).

El resultado es la autenticidad: por fin puedes ser tú mism@, explorar posturas y gestos que no tienen cabida en el serio mundo de “los adultos” (en realidad, del estado Padre que se representa en muchas oficinas).

Conectar, escuchar, empatizar

Una vez has conectado con tu esencia, puedes abrir la mirada y dirigirla a tus compañeros, conectando con ellos de una manera que solo es posible en relaciones de intimidad: familiares, de amistad, de pareja.

Esta conexión es la que permite una escucha profunda, que en los juegos permite continuar en el juego en un estado de atención, y en el escenario sirve para sacar a un compañero de un charco cuando ves que no recuerda el texto, por ejemplo.

Todo ello conlleva empatía, la capacidad de ponerse en la piel de los otros. Es el disfrute de la diferencia: cada persona es diferente y el teatro potencia las diferencias que tenemos y que solemos rechazar u ocultar para no dar la nota discordante, las que nos hacen un personaje único, las que nos ayudan a crear un personaje distinto o un payaso interior.

Trabajar distintas técnicas

El teatro es en sí un género literario y además comprende dentro de sí técnicas de todo tipo: se puede representar una misma obra en tono de humor, cabaret, bufón, musical, clown, dramático, absurdo…

Para cada género existe una serie de técnicas que ayudan a trabajarlo y crecer, siempre ampliando la zona de confort, siempre teniendo momentos en los que te dices:

¿Pero quién me mete a mí en este lío? ¿Pero qué hago yo aquí, qué necesidad tengo de pasarlo mal?

Porque fuera de la zona de confort siempre se pasa un poco mal: es lo que tiene crecer.

Y luego está la representación

Escenario de un teatro con las cortinas echadas

Después de todo el trabajo realizado, de conocerte mejor y comprender hasta qué punto sueles evitar intimar con la gente o simplemente escucharla y entenderla mejor, hay una representación que vuelve a tener dos partes: todo lo que ocurre dentro y todo lo que ocurre fuera.

Esa representación está viva: es única.

No se va a volver a ver una igual, aunque los mismos actores la repitan unas horas después o la semana siguiente. El espectador, en un nivel de activación mucho más bajo que el de los actores, no puede llegar a experimentar la vida que se destila de representar una obra.

Por dentro, entre bambalinas, los actores están nerviosos, repasan el texto, se cambian de ropa, se dan suerte, toman la postura de su personaje para meterse en él, pierden y recuperan objetos, entran sonriendo porque la escena ha salido bien…

La representación permite trabajar el hablar en público, pero es mucho más que eso: compañerismo, gestión consciente de las emociones, apertura, trabajo de la memoria mental, memoria espacial…


Todo esto lo estoy viviendo en una escuela muy especial, Arteluna teatro, donde he encontrado a grandes profesionales del teatro y de la enseñanza (que no tiene por qué ir parejo) y a un grupo de personas con las que podría ir al fin del mundo porque sé que nos apoyaríamos mutuamente y hasta el final.

Pero, ¿es saludable?

He observado que en los tiempos que corren ya no se trata de disfrutar de comer ni del placer de hacer ejercicio, tanto como de la utilidad, del ser “sano y saludable”.

La comida y el ejercicio son dos elementos que se engloban en los “hábitos de vida saludables”. Es decir, ahora se hace hincapié en que los alimentos alimentan y en que el ejercicio ejercita… Lo que importa es que todo sirva para algo y arroje utilidad, una utilidad siempre relacionada con la salud.

La imagen muestra una bolsa con nueces, uno de los alimentos sanos y saludables

Alimentación sana y saludable

Se distribuyen a través de las redes sociales informaciones sobre las propiedades de los alimentos, tanto de los que se anuncian (alimentos procesados y/o que tienen una marca) como de los que no (alimentos frescos y genéricos).

Te prometo que hoy, teniendo el artículo escrito, he recibido unas cuantas:

Aparece una serie de frutas con sus propiedades saludables
Desconozco la fuente de estas imágenes.

Por ejemplo, es fácil encontrarse con un mensaje que destaca las propiedades del dátil, los beneficios de tomar un yogur al día o las razones por las que debes comer pescado. Además, la publicidad de los alimentos se asimila a la de los fármacos, explicando cuántas dosis al día hay que tomar de algo para tener una vida más saludable, sin contemplar la posibilidad de que no lo tomes en absoluto.

Así, el alimento alimenta, y es más, te ayuda “a ser mejor”.

Ejercicio sano y saludable

Ya no basta con que practiques un deporte que te guste. A nadie le importa si disfrutas nadando, si te lo pasas pipa haciendo zumba o si estás deseando que llegue el fin de semana para tu partido de tenis o tu ecstatic dance.

Lo que importa es que los beneficios para tu cuerpo estén listados apropiadamente y demostrados científicamente, por lo que dirás:

Practico running porque está comprobado que mejora la capacidad pulmonar, aumenta la capacidad cardio-respiratoria y es un antidepresivo natural.

Te será entonces imprescindible que un aparato externo a ti te indique si tu corazón late demasiado deprisa o si te has cansado.

La carrera del consumidor

Alguien tan prestigioso como Zygmunt Bauman, un habitual de nuestras páginas, ya describió esto en su libro Modernidad líquida, cuando hablaba de la “carrera del consumidor”:

«Es un estado de perpetuo autoescrutinio, autorreproche y autodesaprobación y, por tanto, de ansiedad constante.»

Según explica Bauman, la definición tradicional de salud era la de ausencia de enfermedad, mientras que ahora, la idea de estar en forma y llevar una vida de hábitos sanos y saludables no tiene medida ni límites: “Estar en forma ha de ser un esfuerzo constante”.

No importa si es cierto… Ya lo será

Un aspecto interesante de todo esto es que no importa demasiado el tipo de argumento “sano y saludable” que se nos ofrezca, especialmente en los alimentos procesados.

Por oleadas incomprensibles, a veces unos alimentos son satánicos mientras que en otras ocasiones son imprescindibles para tener unos hábitos saludables. Por ejemplo:

  • Durante muchos años los huevos estuvieron condenados por contribuir al colesterol “malo”, así como las sardinas y todos los pescados azules. Ahora es todo lo contrario.
  • Antiguamente, la margarina era lo bueno, ya que era una grasa obtenida de los vegetales, frente a la perniciosa mantequilla, de origen animal. Ahora es al contrario, ya que la margarina es el producto de solidificar aceites vegetales, un proceso que lo convierte en grasa “trans”.
  • Otro ejemplo es que los lácteos van alternativamente encontrando argumentos de “sano y saludable” y estudios y ejemplos que recomiendan disminuir su consumo.

En lo que respecta al ejercicio, oleadas similares han recomendado distintos tipos de ejercicio o los han desaconsejado. Aquí lo tengo menos claro, pero creo recordar que:

  • El tenis se ha visto alternativamente como un deporte muy completo en que se ejercita todo el cuerpo y un deporte perjudicial porque provoca muchas lesiones.
  • Correr se ve como un ejercicio natural porque los músculos de nuestras piernas están preparados para ello, o bien como un ejercicio perjudicial porque “machaca” las rodillas.

Conclusiones

En definitiva, pienso que si algo lleva el nombre de “alimento” es porque cumple su función de “alimentar”, y que es interesante conocer las propiedades de lo que comemos, sin llegar a la ansiedad de no comer nunca lo suficientemente bien. Estoy de acuerdo con hacer una dieta rica y variada, es además mucho más divertido.

Y por otro lado, también pienso que es interesante hacer ejercicio porque se disfruta, sin tener que estar midiendo cómo repercute en las constantes vitales, el peso, las calorías… De manera que simplemente dejarse llevar por la actividad y su disfrute sean el objetivo.


¿Qué opinas? ¿Cómo vives esto? ¿Te parece que estos hábitos son una especie de obligación o te sirven para apoyarte en ellos y llevar una vida que te gusta más?

Ya sabes que me encanta que me leáis y que dejéis comentarios si os apetece. 🙂

Cuando tu enemigo eres tú

Siguiendo con la idea de que albergamos dentro a un verdugo capaz de tratarnos como el peor Torquemada, este artículo trata de aquell@s que encuentran fuera de sí mismos/as la confirmación de un pensamiento interno bastante destructivo:

Yo no soy capaz.

Timothy Galwey, entrenador deportivo y antecesor del coaching, descubrió que es más importante vencer al contrincante interno que al externo. El contrincante interno es el depredador natural de la psique, y vamos a tomar para su descripción al depredador que describe Clarissa Pinkola Estés en relación al cuento de Barba Azul.

Recordemos el cuento:

Barba Azul se casa con la menor de cuatro hermanas, una jovencita que se siente atraída por esa extraña barba azul, que al mismo tiempo le da cierto reparo. La condición única para la recién casada es que jamás utilice una de las llaves de la casa, que corresponde a una habitación siempre cerrada. Pero ella, movida por la curiosidad, consigue encontrar esa habitación, y descubre con horror que contiene los cadáveres de las anteriores esposas de Barba Azul.

La imagen muestra un hombre con barba en tonos azuladosEs interesante destacar la fuerza del depredador natural en nuestra mente, dado que es innato, es inherente a todos los seres humanos desde que nacemos. Tanto fuera de nosotros/as (en forma de personas críticas y reprobadoras) como dentro, existe una fuerza negativa que se contrapone a nuestro yo, al deseo de alcanzar metas, de llegar lejos, de crecer como personas. Para frenar al contrincante interno es necesario conservar las facultades instintivas: perspicacia, intuición, resistencia, percepción, etc.

Lo primero es reconocer la figura de este saboteador de nuestros proyectos. Es común saber identificarla fuera de nosotros/as en personas que nos limitan, nos imponen restricciones, nos recuerdan de continuo nuestros puntos débiles. Lo importante es tomar consciencia de que, si hemos asumido a estas personas como jueces o autoridades sobre nuestra persona, es que algo dentro de nuestra mente, el depredador, se alinea con esas voces y les da la razón, echando por tierra nuestro poder.

¿Qué es lo que nos convierte en vulnerables a esta figura negativa?

Según Clarissa Pinkola Estés, son elementos clave la falta de consciencia junto con cierto hábito adquirido de no ver aquello que nos es perjudicial. Si en nuestro aprendizaje de niños/as se nos enseñó a no estar alerta ante figuras que nos saboteaban, e incluso se nos enseñó a respetarlas y a verlas «bonitas», es muy posible que de adultos desarrollemos una indefensión ante la vida. Es una pauta destructiva, puesto que buscamos fuera estar en consonancia con personas, creencias e ideologías que están de acuerdo con nuestro contrincante interno.

¿Cómo mantenemos al depredador a raya?

Siguiendo a Pinkola Estés:

Formular la pregunta adecuada constituye la acción central de la transformación. (…) La pregunta clave da lugar a la germinación de la consciencia. La pregunta debidamente formulada siempre emana de una curiosidad esencial acerca de lo que hay detrás. Las preguntas son las llaves que permiten abrir las puertas secretas de la psique.

Esta pregunta, en el cuento de Barba Azul, hace referencia a la habitación a la que la nueva esposa del depredador tiene prohibida la entrada. «¿Dónde crees que está la puerta y qué crees que habrá detrás de ella?». De la misma forma, necesitamos preguntarnos por la puerta que está encerrando la evidencia del autosabotaje, de la indefensión, de la incapacidad psicológica, del miedo. Otras preguntas en esta misma línea son:

  • «¿Qué hay detrás? ¿Qué es lo que no parece?»
  • «¿Qué sé en lo más hondo de mí y no quiero saber?»
  • «¿Qué parte de mí ha sido “asesinada” o yace moribunda?»

Responder a estas preguntas puede ser doloroso. Supone el acceso a aquello que ha sido descartado, reprimido o eliminado de la propia vida por el saboteador. Supone tomar consciencia de lo perdido, de las oportunidades dejadas atrás, y tal vez de estar viviendo un presente acorde con los instintos del depredador. Sin embargo, si no nos enfrentamos a nuestro contrincante interno (y al externo), es seguro que no alcanzaremos nuestros objetivos, abandonaremos ante el primer obstáculo, nos convenceremos de lo que creemos que es una limitación.

Se puede destruir al depredador replicando sus afirmaciones, que siempre serán distorsiones:

DEPREDADOR: «Nunca terminas lo que empiezas»

YO POSITIVO: «Eso es falso. A veces lo termino, y a veces no»


DEPREDADOR: «No tienes talento, no tienes tiempo, no vales para nada, no sabes cómo se hace…»

YO POSITIVO: «Encontremos la manera. Tengo mucha fuerza interior, yo puedo con ello. ¿Por qué no?»

Por tanto, no busques a quien confirme tus debilidades, a quien te haga ser menos, a quien limite tu capacidad infinita. Empieza a buscar el amor con tu parte positiva, con tu parte creativa y consciente. En otro sitio no podrás hallar amor, sino dependencia, y muy insana.


¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Este artículo es un extracto del originalmente publicado en el Boletín de la Asociación Española de Tai Chi Xin Yi en marzo de 2010.

Cuando te excluyes de tu propia bondad

En el artículo anterior comenté que los autónomos pueden estar sufriendo inconscientemente la dualidad de ser al mismo tiempo el jefe y el empleado.

Sin embargo, pienso que muchas más personas se excluyen de su propia bondad, llevan dentro una lucha entre un torturador inquisitorial y una víctima desamparada que está privada de sueño, descanso, comida… y bondad.

Un verdugo con una espada amenaza con decapitar a un ángel arrodillado.

¿Cómo detectar que te excluyes de tu propia bondad?

Un empleado/a puede estar identificando los rasgos más sádicos de su verdugo interno en su propio jefe/a, por lo que le es mucho más difícil darse cuenta de que, si esa figura de autoridad tiene tanto poder, es porque secretamente una parte interna suya está de acuerdo con ella.

Ejemplo 1: “yo trabajo más que nadie”

Sin que te lo pidan, eres el primero en llegar a la oficina y el último en salir, te responsabilizas de más temas de los que te corresponden y puedes llegar a hacer más trabajo que tu propio jefe/a.

Ejemplo 2: “yo soy perfecta”

Cuando se hacen varias versiones de un documento en cuya elaboración intervienen distintas personas, hay quien “se ve obligado” a tachar con saña lo escrito, a corregir en rojo, o incluso a corregir lo ya corregido escribiendo lo mismo. Detrás, dentro, se puede adivinar la figura de un Torquemada de “la lengua con sangre entra” que va a machacar a su víctima con correcciones, y esta a su vez a los que trabajan con ella.

También ocurre fuera de la oficina

Identificar fuera al torturador que se lleva por dentro también puede ocurrir con relaciones no laborales: se puede caer en el influjo de la dominación de la madre, el padre, el marido o la mujer, o incluso de los propios hijos: basta con que una parte inconsciente de la persona opine que la otra parte se merece el despotismo con el que ese tercero le trata.

En todo caso, si aislamos nuestros comportamientos “autoesclavizantes”, podemos detectar mejor nuestra tendencia, en lugar de centrarnos sobre quien la proyectamos. Algunos ejemplos:

Ejemplo 1: “mi casa es la más limpia y ordenada”

Puedes observar a una persona tratar la limpieza y el orden de su hogar como si en vez de ser quien vive allí fuese una persona “del servicio” que puede recibir una gran bronca o el despido si hay una sola cosa fuera de su sitio o si “no se puede comer en el suelo” de su cocina.

Ejemplo 2: “soy la mejor madre”

Puedes ser una madre agotada con complejo de mala madre que aun así: asiste a todas las reuniones, confecciona los disfraces de sus hijos, acude a todos los cumpleaños, está al tanto de los últimos cambios en el currículum, etc. Desde fuera se ve a esta persona totalmente agotada, sobresaturada, estresada, y se percibe que no está disfrutando en absoluto de la fiesta.

¿Qué es lo que tu verdugo te prohíbe hacer?

Es conocido que, cuando alguien planta cara a otra persona muy dominante, las relaciones entre ambas cambian, y normalmente mejoran. La persona no dominante descubre que “no es tan fiero el león como lo pintan” y se empieza a relajar, respira hondo y toma las riendas. ¿Cómo? Desde el adulto, sin reaccionar a lo que la otra persona dice o hace, respondiendo a la propia dignidad.

Se trata de plantar cara, precisamente, a este perpetrador interiorizado e inconsciente. Se detecta su inquietud cuando se rompe la norma a propósito: no seguir un horario previamente planificado, pisar un suelo recién fregado, irse del trabajo a la hora, no barrer una pelusa que se ve en el suelo…


Me encantaría conocer vuestras opiniones: ¿cómo tratarías tú a otra persona? ¿Qué libertades le permitirías que tú no te permites? ¿Puede salir a fumar durante su jornada laboral? ¿Puede estar cinco o diez minutos “en la parra”, mirando al infinito? ¿Puede ir a un spa? ¿Puede permitirse la imperfección? ¿Puedes tú?

¿Miras o te miran?

Si hacemos esto de dividir el mundo en dos, hay dos tipos de personas, las que miran y las que son miradas: introvertidos y extrovertidos. Es como si muy pronto en la vida se tomase una decisión:

“Yo miro”

“Yo soy mirado”

Yo miro

El que mira es un observador. Se posiciona frente al mundo como un espectador, toma nota de lo que sucede, se interesa por los cambios en lo que observa, sean personas, animales, objetos… o ideas. Por tanto, suele estar fuera de la acción, como si sucediese incluso si él/ella no estuviera ahí.

También podemos hablar de una mirada de dentro afuera, la persona toma nota del medio ambiente y lo clasifica.

 

Yo soy mirado

Yo soy mirado incluye: “Yo soy admirado”. Es un perfil que se da cuenta de que otras personas reaccionan a su aspecto, sus gestos y a lo que dice. Se motiva entonces por mostrar una imagen. Es uno de los personajes de la película, forma parte de la acción.

En este caso, la mirada va de fuera a dentro: el medio ambiente reconoce a la persona, que clasifica sus propias reacciones (gestos, mirada, etc.) frente a lo que recibe.

Una mujer se mira en el espejo, de forma que es al mismo tiempo quien mira y quien es mirada

Nota: al elegir esta imagen, me doy cuenta de que, cuando te miras al espejo, eres al mismo tiempo de los que miran y de los que son mirados…

Yo miro y soy mirado: sabiduría superior

Algunas personas no tienen una tendencia tan marcada, y otras aprenden a ver el mundo desde el otro punto de vista.

La persona que mira y es mirada, es capaz de apreciar los detalles a su alrededor, de tener en cuenta personas, animales, objetos y conceptos y al mismo tiempo se sabe un personaje dentro de la acción, por lo que interactúa con otras personas mostrando una imagen.

De esta manera, se mantiene un equilibrio entre el mundo exterior y el interior que es enriquecedor.

 

¿Cómo alcanzar la sabiduría superior?

Paso 1:

Conócete a ti mismo.

Esto lo dijo Confucio. Parece muy simple, pero no lo es, porque la mayoría tendemos a conocernos de una manera amable, pasando por alto los aspectos negativos que no queremos admitir.

Para saber si eres de los que miran o de los que son mirados, puedes hacer un test de personalidad que recoja el rasgo de introversión/extroversión.

 

Paso 2:

Emprende el camino hacia el equilibrio. Si resultas ser una persona muy introvertida o muy extrovertida, tendrás que hacer un esfuerzo mayor para incorporar a tu personalidad los rasgos del tipo que no eres.

Otra opción muy loable es quedarte como estás, al fin y al cabo, tu perfil tiene en sí muchos rasgos positivos.

 

Paso 3a: pruebas para introvertidos

Pon a prueba tu aprendizaje. Si por ejemplo eres de las personas a las que les gusta mirar, prueba a:

  • Llamar la atención sobre ti en un grupo.
  • Ensayar gestos en el espejo.
  • Elegir con cuidado la ropa según la imagen que quieras proyectar.
  • Acércate a hablar con alguien.

 

Paso 3b: pruebas para extrovertidos

Si eres una persona a la que le gusta ser mirada, incluso admirada, prueba a:

  • Observar las plantas de tu entorno, o la forma de los edificios.
  • Escuchar plenamente a alguien sin fijarte en tus reacciones.
  • Mirar lo que está ocurriendo con cierto distanciamiento.
  • Sacar conclusiones sobre los datos observados.

 


¿Y tú? ¿Cuál es tu tipo? ¿Eres capaz de tener un equilibrio entre ambos tipos de mirada? Ya sabes que tus comentarios son muy valorados. 🙂

Suspendiste el examen

Lo reconozco, era una prueba difícil. El test de normalidad comenzaba con 7 preguntas que podías más o menos ir pasando, pero al llegar a las pruebas de fuego te viniste abajo… sobre todo con la última.

Sara Carbonero, Mozart, Penélope Cruz

Sara Carbonero

Se ha hecho viral la carta de una periodista que estudió con Sara Carbonero. No sé si ya se nota la comparación odiosa: “una periodista” frente a “Sara Carbonero”. Entiendo que esta periodista es María Jiménez, por una etiqueta que aparece al pie del artículo. Pero ya el texto es anónimo y solo refleja la fama y el éxito de Sara Carbonero.

La periodista se pregunta qué ha hecho mal. Nosotr@s, en la escuela de lo común, pensamos que no has hecho nada mal. Pensamos que eres única, y pensamos que no eres Sara Carbonero ni tienes por qué serlo.

Por razones que se escapan a nuestro entendimiento, Sara Carbonero fue por el camino de la fama y la periodista anónima no.

Ningún famoso ni héroe ni ser extraordinario pasaría las pruebas de la normalidad: ellos y ellas se ven obligados a hacerse muchas fotos, a publicarlas, a ir de vacaciones a sitios especiales, a controlar de continuo sus tiempos, a describir en ocasiones su trabajo con términos en inglés, a no cometer errores, a saberlo todo, a tener una pareja también extra-ordinaria y a no pasar de la franja de 30 a 40 años, si es que han llegado a ella. Por eso tantas operaciones de estética…

¿No parece una esclavitud vivir así?

Nuestra periodista, los que habéis suspendido y yo misma compartimos algo con Antonio Salieri: no hemos superado la prueba de fuego 4: batalla final, que consiste en aceptar los límites propios y entender por dónde va en realidad nuestra vida, alejándose a marchas forzadas de la fama.

Mozart

Mozart era un ser extraordinario, un verdadero genio.

 

Wolfgang Amadeus Mozart, un genio extraordinario

Si bien la película Amadeus parece no ser fiel a la realidad, es probable que a todo genio como Mozart le rodeen varios personajes no tan brillantes, como Antonio Salieri. El genio parece producir de forma natural su rasgo atípico, su diferencia, su originalidad, mientras que el resto a su alrededor hace grandes esfuerzos por poder si quiera compararse a él.

Es mucho más duro ver triunfar a un genio en el área en el que nos encantaría destacar que observar el triunfo sin tener ninguna cualidad comparable.

Alguien como el Antonio Salieri que magistralmente retrata la película se retuerce de dolor al ver a otro triunfar con tanta facilidad en su mismo elemento.

(Hemos de decir en el descargo de Mozart que se tomaba muy en serio su música y que no era un personaje tan frívolo como se muestra en la película).

Penélope Cruz

Penélope Cruz es mi Sara Carbonero en cierto sentido.

Yo hacía ballet clásico en una academia en Alcobendas, y a los diez años irrumpió en ella Penélope Cruz (tenemos la misma edad). Reconozco que a esa edad todavía creía que podía ser bailarina, pero no era consciente de que no tenía la capacidad para ello. Aparece Penélope (es cierto que cuando conoces a alguien le llamas por su nombre de pila) y de pronto la presentan al conservatorio y se lleva papeles importantes en el festival de fin de curso, ¿por qué?

Al igual que cuenta la periodista sobre Sara Carbonero, Penélope atraía la atención. Ya a esa edad llenaba el escenario. Su carisma hacía que en el vestuario se hiciese con la atención en unos segundos, era como un imán irresistible de espontaneidad y fuerza que ya despertaba ciertas envidias. Si la veías por la calle te llamaba la atención, parecía haber un halo a su alrededor, un halo de distinción, de estilo, de originalidad.

No sentí nunca una sensación de rivalidad con ella, en muy pocos años fui plenamente consciente de que no iba a ser bailarina, y lo dejé (a los 14). Ella por entonces estaba en 3º de conservatorio, creo recordar. Penélope fue a veces mi pareja de baile, por altura. Y una vez me maquilló cuando hicimos un espectáculo en una plaza de la ciudad. Ya está, esa es toda la relación.

Ya que ella estaba triunfando por todo lo alto (en esa época siendo modelo de catálogo y muy pronto haciendo el vídeo de Mecano La fuerza del destino, del álbum Descanso dominical), muchas otras adolescentes se apuntaron a la agencia de modelos en que estaba ella. Chicas más guapas. Chicas con mejor cuerpo. Daba igual: lo que tenía Penélope no lo tenía ninguna otra a su alrededor.

Y esto, amig@s míos, creo que es algo que escapa a nuestro control. Por eso nadie da con la fórmula de por qué Penélope sí y la chica de al lado no: porque no hay fórmula.


¿Cómo te fue a ti? ¿Conoces a algún famos@ que creció a tu lado como uno más? ¿O a alguno que ya apuntaba maneras del éxito absoluto? ¿Eres tú mismo un famos@ al que le gustaría dar su punto de vista? (Esto nos ayudaría mucho en la escuela de la normalidad). ¡Gracias por compartir!