Hay estudios científicos sobre un sistema neuronal situado en el corazón, capaz de enviar información al cerebro y de tomar decisiones. Y los hay desde los años 90, en que se creó el HeartMath Institute, una organización sin ánimo de lucro dedicada a este tipo de estudios. Sin embargo, este conocimiento no parece haberse extendido más allá de ámbitos esotéricos o alternativos. Se sigue hablando mayoritariamente del cerebro como sede de la mente y lugar de interés para comprender la psique. Y creo que se debe a que los autores que tratan este tema suelen dar un salto entre conclusiones científicas y lo que pueden ser deseos o deducciones no científicas. Pasan de la explicación racional a la explicación esotérica. Y eso perjudica su idea inicial. Pero, al escribir este post, me he dado cuenta de que no hay manera de evitar este salto. Si se quieren ver aspectos de la ciencia desde un punto de vista nuevo, es necesario romper los huevos (para hacer la tortilla).
Otros especialistas, como el doctor José Ángel Cabrera, jefe del Servicio de Cardiología Hospital Universitario Quirón Madrid, entrevistado el 3 de mayo en Cuarto Milenio, no dan este salto porque no lo ven seguro, sino que se atienen a resultados de estudios más conservadores. Pues bien, incluso estos defienden la relación clara entre emociones y salud cardiovascular, reconociendo un papel del corazón que va más allá de ser el músculo que bombea la sangre.
Y otras personas, aún, nos seguimos remitiendo a saberes ancestrales, como la medicina china. En la época actual, la medicina china tradicional está denostada, a pesar de que hay también numerosos estudios científicos que la validan. De hecho, ha habido clases de medicina china en facultades de medicina occidental, y una combinación de ambas podría ser de mucha ayuda. Sea como sea, es interesante comprobar cómo esta medicina ya tenía resuelto el tema de la mente en el corazón de una manera que se deriva naturalmente de otra forma de ver el cuerpo humano y su funcionamiento: siguiendo esta corriente, la mente está en el corazón y el cerebro no es más que un ordenador que la mente utiliza.

El diagnóstico
Wong Kiew Kit, en El gran libro de la medicina china, explica que, en la medicina china tradicional
Los trastornos neurológicos y psiquiátricos se conocen en general como «enfermedades del corazón», ya que en el corazón (…) residen tanto la mente como la emoción.
Siempre me pareció llamativo que los profesionales sanitarios que tratan lo neurológico fuesen distintos a los que tratan lo psiquiátrico. ¿No son dos aspectos de lo mismo? Sea el cerebro o sea el corazón donde reside todo esto, parecen dos caras de la misma moneda. No hay otro órgano o sistema que sea tratado de dos formas diferentes por profesionales completamente distintos.
En la medicina china no hay separación entre el cuerpo y la mente, forman una unidad inseparable: «el cuerpo está vivo por la mente y la mente funciona a través del cuerpo». En esta unidad, el corazón es la sede de la mente y de la emoción. En cualquier caso, está demostrado que la mente influye de forma directa en los procesos de recuperación de una enfermedad. El tan denostado efecto placebo debería estar muy ensalzado: la sola creencia de que algo va a funcionar potencia su acción.
También hace muchos años que autores como Daniel Goleman o David Servan-Schreiber destacaron la importancia de la coherencia del corazón como estado óptimo para el funcionamiento de la mente. Se hablaba de estos estudios en los que la persona está con su mascota y proyecta sentimientos de agradecimiento y amor hacia el animal, cosa que crea un estado de coherencia cardiaca en ambos. Igual, eso se perdió poco a poco en los prometedores años 90 y ahora despunta aquí y allá en medio del ruido.
También, el doctor José Ángel Cabrera destacó el síndrome de Tako-Tsubo, o síndrome del corazón roto, una miocardiopatía provocada por un golpe emocional severo, como la noticia de la muerte de un hijo, causando un abombamiento en la punta del corazón. En otras palabras: un shock emocional intenso puede deformar físicamente el corazón, el órgano de las emociones.
El tratamiento
Cómo se curen estos síndromes o enfermedades tendrá en consideración su origen. Si el origen es uno y si la mente reside en el corazón, su curación tiene relación con las emociones. Este es el programa que se propone desde la medicina china para curar la mente (en su doble dimensión psicológica y neurológica):
- Tranquilizar la mente: se cultiva la mente a través de la meditación, de manera que el paciente pueda aceptar los problemas que antes no era capaz de asumir.
- Abrir el corazón: se trata de que el paciente sienta alegría, de levantar su ánimo. Y para esto viene muy bien la coherencia cardiaca que se observa al estar en contacto con una mascota o tener sentimientos de profundo agradecimiento o de amor.
- Superar la desconfianza: se ayuda al paciente a confiar más en las personas que le rodean y en sí mism@ (vivir el presente con confianza).
- Centrarse en otra cosa: se trata de cambiar el centro de atención del paciente a cualquier otra cosa. Cuando se está pasando por una enfermedad, la situación puede vivirse con dramatismo y victimismo. Pero, si se cambia la atención, se añaden otros estímulos a la vida. Esto incluye ver la enfermedad de otra manera, pensando en la recuperación y no en la gravedad del asunto.
Por otro lado, el cardiólogo José Ángel Cabrera mencionó varias veces la importancia de vivir sin estrés (o solo con una cierta cantidad de estrés, el llamado «eustrés»). Parece que las medidas que acabamos de revisar pueden apoyar a un menor estrés, dando a la persona herramientas emocionales para gestionar su estrés.
Sea como sea, la cooperación entre ambos tipos de medicinas llevaría a apoyar un tratamiento convencional y probado con técnicas que contemplan la dimensión emocional del paciente y su enfermedad.
La interconexión
Si antes hablábamos de la relación entre cerebro y corazón, otros científicos están estudiando la relación entre el cerebro y el intestino, el eje intestino-cerebro. ¿A ver si es que todo va a estar interconectado en nuestro cuerpo? (pregunta retórica).
Diego Bohórquez, neurocientífico de la Universidad Duke, descubrió que el intestino se comunica con el cerebro en milisegundos a través de células neurópodo (neuropod cells). Estas células sensoriales actúan como «pies neuronales», formando sinapsis con el nervio vago y convirtiendo señales químicas de nutrientes en impulsos eléctricos. Esta «conexión directa» explica cómo el intestino detecta alimentos y guía el comportamiento alimentario.
En un estudio, él y su equipo se preguntan qué significa estar vivo, observando que la ciencia mecanicista o materialista, aunque ha ayudado a descubrimientos de gran importancia, se queda corta para explicar muchos fenómenos. Se puede entender cómo se elige un alimento gracias a los circuitos neuronales, pero no la importancia de tomar una tarta de cumpleaños alrededor de una mesa. Investigando la «muerte por vudú», observaron hasta qué punto las creencias de la persona (miedo extremo y angustia emocional) pueden llegar a provocar su muerte. De nuevo, el efecto placebo.
Cómo acceder a la sabiduría del corazón
Aquí es donde creo que Annie Marquier y otras corrientes de tipo espiritual se equivocan en plantear muchas condiciones complejas para crear estados meditativos que por fin permitan acceder a ese conocimiento o sabiduría alternativa del corazón. Parece que hay que seguir un camino arduo y lleno de obstáculos, haciendo un esfuerzo titánico, para lograr un estado «más avanzado», más cercano a la «iluminación». Pero aquí siempre nos topamos con la sencillez de San Juan de la Cruz: hacer nada. Eso es todo lo que hay que hacer. Conecta directamente con la idea siempre defendida por Anita Moorjani de que ya somos seres espirituales y no hay que cumplir con rituales absurdos para ganarnos lo que ya somos.
Sea como sea, en momentos de estrés o dolor emocional, puede servir conocer alguna técnica que ayude a recuperar la coherencia cardiaca, para, al tiempo, recuperar la claridad mental. La más sencilla es la técnica Heart Lock-In de HeartMath, que consiste en:
- Sentir que se respira desde la zona del corazón
- Evocar un sentimiento de cariño, gratitud o compasión
- Irradiar esta sensación a todo el cuerpo y a las demás personas
Los sentimientos de gratitud están entre los que provocan mayor coherencia cardiaca, un estado que permite volver la atención al momento presente, apagando la alarma que ha encendido la amígdala al detectar un peligro potencial. Por eso, se recomienda llevar diarios de gratitud. Cómo describes tu día a día influye mucho en cómo ves tu vida. Y no se trata de tener «pensamientos positivos», yo tuve esa creencia durante años y llegué a escribir un libro basado en ella, Estar mejor que bien. Se trata de identificar en tu vida real, presente y adulta, qué puedes agradecer. Veamos dos ejemplos del mismo día:
- Hoy amanece lloviendo, otra vez. Estoy harta del coche y del tráfico. En el trabajo, no he recibido respuesta del cliente estrella, y encima me ha tocado resolver otras mierdas de los clientes que casi no dejan dinero. Ramón no me contesta al WhatsApp, ¿por qué será, se habrá enfadado? Y esta tarde, me toca llevar al niño a piano. Pero ¡si ni siquiera le gusta!
- Agradezco ver la luz de un nuevo día, una luz diferente. Cuando estoy en el atasco, puedo escuchar más tiempo mi programa de radio favorito. También me entretengo en ver nuevos modelos de coche. Voy a aprovechar que el cliente estrella no ha respondido para tomarme la mañana con más calma y servir bien al resto de clientes. Ramón no me contesta, voy a pasar un poco del móvil y a centrarme en lo que estoy haciendo ahora. Estoy agradecida de tener a Ramón a mi lado. Daniel es un poco desastre con el piano, esto me hace sonreír: ¡qué suerte tengo de tener un hijo así! ¡Le quiero mucho!
Desprenderse del resultado
Quizá parezca que lo que digo aquí es una panacea para las enfermedades psiquiátricas, neurólogicas o cualquier otra. Pero no.
Todo esto sirve para sentirse mejor dentro del destino que te ha tocado vivir. A veces, puede aliviarse un poco ese destino, pesa menos. A veces, no. Se trata de adoptar prácticas que hagan que la persona se sienta mejor y más conectada con su naturaleza interna, su yo observador, y viva la vida desde ahí, sabiendo que la vida es injusta e incomprensible y que va a ir por su camino, no por el tuyo.
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