Tú única tarea en la vida: vivir plenamente

En los documentales, vemos civilizaciones complejas que han desaparecido del mapa. El arqueólogo de turno investiga y descubre que se ha debido a una sequía prolongada, pero esa civilización trataba de resolverlo haciendo sacrificios humanos. O bien, el arqueólogo descubre que se ha debido a las consecuencias de una erupción volcánica, pero esa civilización estaba tan hundida en su propio problema que no eran capaces de buscar alternativas.

Yo siempre he creído (en plan agorero) que a nuestra civilización le quedaba poco: veía venir la decadencia de muchas maneras. Por ejemplo, cuando me pregunto dónde están las personas introvertidas, las que históricamente han guiado nuestros pasos por sus profundas reflexiones, veo que quedan ocultas por personas muy extrovertidas que además son capaces de crear un circo, pero no de elaborar teorías como la crítica de la razón pura, de Kant. Puedes encontrar aquí algunas reflexiones sobre las capacidades de las personas introvertidas, por parte de Andrés Pérez Ortega.

También veo que los trabajos que requieren de un grado alto de introversión y gusto por tareas con sistemas inertes, como la programación, el diseño instruccional, la traducción, la escritura, o la ciencia de datos están cada vez peor pagados, por la irrupción de la inteligencia artificial en las herramientas que se utilizan. Es paradójico, pero muchos puestos especializados tienen un precio hora cercano al de trabajos que no requieren ninguna cualificación (a excepción de trabajos de muy alto nivel que, entre otras tareas, están configurando esas inteligencias artificiales para que sean cada vez mejores).

Así, junto con «la caída del imperio», mucho trabajo introvertido está también entrando en decadencia: debido, precisamente, a la facilidad de las tecnologías, un trabajo que podía ser creativo, entretenido y motivador, como crear un programa, buscar los términos más adecuados para una traducción en lenguaje informal, extraer conclusiones de una base de datos, o buscar información y crear un informe, manual, o curso, se convierte en un trabajo «penoso», de «minería fina» (picar piedra), porque esa misma facilidad lo convierte en una revisión tediosa de lo que han arrojado los nuevos sistemas. Además, se carece del tiempo necesario para profundizar en cualquier proyecto, por lo que se justifica el «ir rápido» y terminar tareas, sin importar si están hechas con gusto/amor/calidad.

La IA hablando con la IA

En el sector en el que estoy, formación online, veo textos escritos por chats de inteligencia artificial expuestos a alumnado que responderá preguntando también a un chat de IA, de forma que una IA está hablando con otra mientras los humanos alrededor nos hacemos la ilusión de que estamos produciendo tareas y cursos brillantes muy rápido, pero siendo en realidad los facilitadores de ese estúpido juego, casi los esclavos de este.

Un buen ejemplo de que el esfuerzo por comprender una materia va a quedar atrás es esta sugerencia que hace Adobe Acrobat cuando un documento es «demasiado largo»:

En la imagen pone: Parece que el documento es largo. Ahorra tiempo leyendo un resumen. Aparece un botón de «Ver resumen».

Pues en este entorno de civilización en decadencia, en el que «no hacer nada es perder el tiempo», como dice Antonio Fornés en Reiníciate, pero, al mismo tiempo, en el que todo resulta cada vez más sencillo y, por tanto, cada vez menos motivador, ¿qué significa vivir plenamente?

¿Qué significa vivir plenamente?

Cuando pienso en esta expresión, me viene a la cabeza el vídeo de la canción «The Nights», de Avicii, que explica que «su padre le dijo que disfrutara de la vida», más o menos. Entonces, se dedica a hacer puenting, surfing, buceo, juergas…

Lo que pasa es que esto es cansado y caro: hay que ser rico (algo a lo que aspiran muchos jóvenes que quieren ser youtubers o influencers en general), tener tiempo libre y estar en forma. Al margen de esto, no es una forma de vida. Pese a que cuesta creerlo, el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, autor de Flow: una psicología de la felicidad, comentaba que lo que más motiva es realizar tareas que requieran un cierto esfuerzo, como trabajar.

Creo que lo más interesante es vivir plenamente según propone Thích Nhất Hạnh, un maestro budista que falleció en 2022 y del que hemos hablado algunas veces en este blog. En Lograr el milagro de estar atento plantea que la forma de vivir plenamente es tener la atención y los sentidos puestos en la actividad que se está haciendo en el momento presente, que puede ser una muy aburrida, penosa… o divertidísima, motivadora y llena de energía.

Lo que plantea el maestro es que, si estás esperando a que se acaben las actividades rutinarias para empezar a «vivir plenamente», vas a tener muy poco tiempo para ello. En cambio, si tu tiempo (tu vida) es todo lo que haces, si lo vives plenamente, incluso si vives ese aburrimiento con intensidad, entonces estás logrando el milagro de la atención plena.

¿Es esto una especie de conformismo con tareas y proyectos que ya no aportan la motivación de antaño? Puede. Pero también es una herramienta para disfrutar del tiempo que nos es dado en la vida.

Apagar y encender

Hace menos de una semana me compré un libro titulado Reiníciate, del filósofo Antonio Fornés. Supe de él a través de un programa de radio que escuché durante el trayecto de vuelta de Semana Santa, en el que tuve atascos varios que añadieron 2 horas a mi viaje. Pues bien: llevaba tiempo con la necesidad de reiniciar «el equipo».

Pero, para reiniciar, es necesario apagar y encender. Y resulta que la Vida, esa que toma el aspecto de Jessica Lange cuando habla con Bob Fosse, respondió con el apagón del siglo, el «gran apagón» del 28 de abril de 2025. Dijo algo como:

Esto es apagar. Esto es reiniciar. Disfrútalo.

Tuve la suerte de disfrutar del día, por el sencillo motivo de que no puedo trabajar sin una conexión a Internet. Incluso si la batería del portátil puede durar unas horas, las fuentes de información y muchas de las aplicaciones están en la web. Incluso utilizo el diccionario online de la RAE, o la resolución de dudas de Fundéu.

Enseguida encendí mi radio a pilas. Debo de ser de las pocas personas de mi generación que sigue escuchando la radio en un dispositivo como este, y lo hago, precisamente, para no depender de una conexión a Internet o de unos datos; simplemente, le das a la rueda, se enciende y suena. También tengo en el coche un mapa de carreteras de papel. Siempre puede darse el caso de perder el acceso a los datos en tiempo real. Si te pilla por la carretera, el mapa tiene las vías principales, aunque haya habido modificaciones.

Pude hacer deporte, pasear y ver gente por la calle, familias, niños jugando en instalaciones que suelen estar vacías, vecinos charlando alrededor de un banco en un parque… y pude ver las estrellas. Vivo en una zona en la que el cielo de noche se ve naranja, por la luz de las farolas. Así que pudo ser el único día en el que se vieron las estrellas en este lugar, ayudadas por la Luna Nueva. Por varias horas, recuperamos la sensibilidad «ante la maravillosa pluralidad de colores que el mundo nos ofrece», en palabras de Antonio Fornés.

Fue también como un breve bocado, comprimido, de lo que fue el confinamiento de 2020, con lineales de supermercado vacíos y la gente comprando lo que nunca, velas, latas de guisos imposibles, o pilas de un tamaño inusitado. También, se podía vivir plenamente aquello que sí se tenía o sí se podía hacer: el tiempo de pronto pasaba mucho más despacio. Es curioso: cuanto menos prisas, más da tiempo a hacer.

A través de esa radio a pilas, es como supe que no era un apagón en mi barrio, sino en toda España. Oía cómo muchas personas se habían quedado atrapadas en los trenes y metro, pero también en los ascensores, cómo el apagón sorprendía a cada persona en una situación distinta e impedía comunicarla con otras, pues perdimos incluso la posibilidad de establecer contacto telefónico. Además, después se ha sabido que algunas personas han fallecido por este suceso: es un tema serio y que da que pensar sobre dónde está España como país.

Las fechas de entrega ajustadas se iban al garete, los emails se quedaban en el limbo, de fondo, se podía sentir el alivio de no tener que trabajar a contrarreloj, de poder parar, junto con cierta ansiedad imaginando que, al día siguiente, se trataría (sin éxito) de recuperar el tiempo perdido en esos proyectos donde muchas personas estábamos ya haciendo un esfuerzo superior.

Solo quedaba volver a finales del S. XIX, primeros del S. XX, pero con menos medios: si en la casa no hay gas butano, no hay fuego y no puedes cocinar. Tampoco hay lámparas de aceite. Velas y linternas, incluida la del móvil, que quedó reducido a eso, a ser una linterna. Noticias a través de la radio, que permite prestar atención a la comida o a las otras personas, que no absorbe tanto como la tele. Y poco más; tal vez, recuperar la lectura de libros, el deporte, los paseos.

Qué perdura

Reflexionando sobre mi último libro, Itinerario personal para la empleabilidad, II, en el que la persona puede descubrir y trabajar sus competencias personales, emocionales, sociales y emprendedoras, en el que se crea un curriculum vitae y se prepara para lanzarse al mercado laboral, en el que constituye una empresa partiendo de una buena idea emprendedora que tenga solvencia, pensé que lo que perdura es lo humano: la parte más «moderna» del libro muestra herramientas y aplicaciones que se utilizan para todo esto, y, paradójicamente, es la que se queda obsoleta primero. En una situación como la del apagón, esa parte ya no es aplicable, claro.

En cambio, lo más humano, aquello que habla de las competencias, de conocerse muy bien y de crear una marca personal, eso no cambia. Es sobre lo que suelo escribir en este blog, como sabéis los lectores asiduos, pero también aquello sobre la que he tratado en los manuales Herramientas de coaching y Habilidades de comunicación en el aula.

En un mundo distópico en el que, inesperadamente, perdiéramos todo contacto con el mundo online, con internet, las aplicaciones, los buscadores, la inteligencia artificial… recuperaríamos parte de lo humano que ahora sentimos diluido, ajeno a sí mismo. Y buena parte de ello es el contacto real con otras personas, con la vecina, con los niños que están jugando en la calle.

¿Cómo fue el día del gran apagón en tu caso? ¿Cómo pasaste las horas de incertidumbre que vivimos? ¿De qué te diste cuenta? Me gustará leer sobre ello en la sección de comentarios. Muchas gracias por leer y por compartir.

Ya estamos todos obsoletos, tú también

¿Piensas que hay sectores de la economía anclados en el pasado? Yo también lo pensaba. Pero ahora pienso que lo están todos, que el mundo mismo, tú, cualquier persona o empresa de cualquier sector, estamos anclados en el pasado. Me explico.

En los últimos meses, estoy trabajando estrechamente con la editorial Paraninfo para la edición y publicación de varios libros de los que os vengo hablando. Puede que pienses que el mundo editorial está herido de muerte. Hace tiempo, cuando me dedicaba exclusivamente a la formación online, también lo pensaba, porque tenía la creencia de que los contenidos online, incluidos los libros en formato electrónico, arrasarían con el papel, que tendría un uso muy residual.

Pero ha ocurrido lo contrario: «el papel» está muy vivo, se editan libros de todo tipo (también conozco editoriales de otros cortes, como Ediciones Pàmies) y los libros se publican y se leen.

Así, he dejado de creer que el mundo editorial esté especialmente anclado en el pasado. Ahora pienso que este sector no difiere demasiado del resto. ¿Por qué? Porque actuamos conforme a como se actuó ayer, el año pasado, «se viene haciendo» o «se debe hacer».

Oímos a gurús de diversas disciplinas decir:

El momento presente es lo único que existe, la vida se renueva a cada momento.

Entonces, en el momento único y totalmente novedoso en el que estoy, estoy repitiendo el pasado porque «se ha establecido así», porque «ahora no vamos a reinventar la rueda» y porque es más cómodo, la verdad. Otra de las razones por las que se actúa según las reglas del pasado es por miedo: todo lo nuevo se mira con cierto temor, quizá porque se prefiere lo malo conocido. Recordad que estas son las dos razones que nos daba James Hollis para no actuar: letargo y miedo.

Por muy puntero que sea un sector, se queda atrás en un lapso asombrosamente corto. Ejemplos:

  • Las nuevas tecnologías: hombre, nuevas… Ya lo de «nuevas» lo deberíamos quitar de la expresión.
  • El aprendizaje electrónico: existe desde 1990, por lo menos (ya sabes, el CD que te enviaban a tu casa). Desde que existe el software, existe el e-learning, aunque en un primer momento fuese offline. La formación online también va teniendo unos añitos.
  • Las redes sociales: estudié un máster en Marketing digital en 2016. En ese momento, Facebook lo petaba, Instagram no se usaba para el marketing digital y TikTok ni existía. De hecho, hace muy poco X se llamaba Twitter y lo que ocurre con esta red social cambia con bastante frecuencia.

Por otro lado, sectores menos «innovadores», especialmente los de las relaciones personales (enseñanza, psicología, restauración, cuidado de personas) parece que cambian menos: es que el ser humano que hay detrás es el mismo.

¿Cuál es el caso de la IA?

La IA es probablemente el sector que más vive en el ahora. Va a tal velocidad que las sorpresas son semanales, casi diarias. Cuentes lo que cuentes sobre esto, queda obsoleto en muy poco tiempo. Por ejemplo, aquí hemos mencionado que ChatGPT escribe de cierta manera (eso ha cambiado poco), pero se ha hecho más listo. El becario ya tiene experiencia: tras darte el resultado de lo que pides, un resultado cada vez más ajustado y fiable, te pregunta si quieres que te ponga la información en un descargable, te cree una tabla o la oriente a tal o cual audiencia. Va siempre más allá. En la evaluación del desempeño, lo pondrían por las nubes. Quizá le asciendan.

Luego está el buscador de Google. ¿Por qué molestarse en preguntar a ChatGPT si el buscador de Google ya te da la respuesta en primer lugar? Por ejemplo: al escribir este artículo, me preguntaba cuándo surgió TikTok. Pues bien:

Respuesta generada por Google para que 1) no pienses más, 2) no haga falta que hagas clic en ningún enlace.

Sea como fuere, la dinámica del universo es el cambio constante, es un baile, subes y bajas y, como te despistes, sobre todo a partir de cierta edad, te quedas obsolet@ y luego tienes que enterarte de qué porras es el upskilling y el reskilling, sobre todo este último, que no es ni más ni menos que reciclarse.

Jessica Lange te lo diría con cariño

La Muerte mantiene una conversación con el alter ego de Bob Fosse en All that jazz, pero me ha dado por pensar que no es la Muerte a quien encarna la bella Jessica Lange, es la Vida.

Si has visto la película, dirás: «No, no es posible: la película sigue claramente las 5 fases del duelo definidas por Elisabeth Kübler-Ross: negación, ira, negociación, depresión y aceptación».

Jessica Lange como la Muerte en All that jazz. ¿La Muerte o la Vida?

Sin embargo, si lo analizas con detalle, puede que te convenza mi punto de vista. Te cuento. La Vida te habla con cariño, sonríe ante tus trastadas cuando más o menos llevas el rumbo que ella te marca: entonces, todo se hace fácil, va rodado, fluye, no pesa.

Cuando te vienes arriba y dices: «pues yo es que voy a ir por aquí, que es lo que me marca mi ilusión de la infancia, o mis padres, o ambas cosas», resulta que la Vida trata de reconducirte.

Al principio, lo hace dándote un leve toque, casi un susurro:

Belén, por aquí, no.

Y como es tan sutil, pasas y continúas la búsqueda de grandeza, reconocimiento, ser lo más. O esquivar de forma elegante el marrón que tienes delante, haciendo como que no lo ves, o pasándoselo a otra persona. O una combinación de ambas cosas, en las que ignoras los obstáculos mientras continúas con la mirada fija «más arriba».

Como ponía en el ascensor en el que he subido hoy: «Subes o bajas, pero no te quedas donde estás». En un ascensor, suena reconfortante, en la vida, cuando subes, bien, cuando bajas… entonces, la Jessica Lange se va poniendo macarra, ya no te sonríe tanto, y los toques que te da no son tan sutiles. Puede que se te estropee el coche, o el teléfono móvil, que las combinaciones de los transportes se te den mal… Algo pasa, pero no solemos entender el mensaje.

Y la cosa va a más y te puedes encontrar que enfermas, o que el motor del coche muere, o muere tu mascota, o te echan del trabajo… Jessica Lange se ha transformado en un ser horrible, tipo Freddy Krueger, o el fantasma de la señora de la biblioteca en Los cazafantasmas, un ser vengativo y que te ha cogido manía.

Cuando es lo que toca

Por ejemplo, vas conduciendo y en un paso de cebra te toca esperar a que se baje todo un autobús que cruza por delante de ti. O muy común, el atasco de cada día, esos momentos en los que compartes destino con cientos de personas que no conoces. O cuando pierdes el autobús y el siguiente no pasa hasta dentro de 20 largos minutos, que son un regalo para darse cuenta del día que hace. Todo eso «te toca», es un destino colectivo.

A veces, se nace ya con algo, un tema hereditario, o ese tema se revela mucho más adelante. A veces, el destino te trae vivencias completamente desagradables y solo te queda decir: sí. Hace poco salió en el programa Volando voy de Jesús Calleja un hombre que nació con glaucoma y acabó quedándose ciego. Pues ese hombre surfeaba de tal manera que nadie diría que lo era. Su lema era decir que sí a todo, como en la película Di que sí: apuntarse a un bombardeo, vivir a tope.

Porque la típica pregunta de «por qué a mí» no tiene una respuesta fácil, y, sobre todo, no te ayuda en absoluto a sobrellevar eso que te ha tocado, cuanto menos a solucionarlo (si es que tiene solución).

Jessica Lange te dice con cariño que la vida que tienes es la tuya, que la vivas, que la respires y la disfrutes como quieras y puedas, que tendrá momentos amargos y que será importante aceptar lo que te propone, porque hay algo más allá de ello que quizá se nos escapa a los simples mortales.

Tengo que reconocer que Jessica Lange me habló con calidez cuando propuse a Paraninfo la escritura de Herramientas de coaching y de Habilidades de comunicación en el aula. Hizo que las cosas fueran fáciles, rápidas y sin demasiados obstáculos. Así que siento un profundo agradecimiento.

Un proceso de transformación

Puede que los visitantes habituales de este blog hayan notado algunos cambios en él a lo largo del año pasado y, especialmente, este año 2025 (del que llevamos menos de un mes).

Han aparecido dos páginas nuevas, Servicios y Portafolio, y Servicios se ha convertido en la página de inicio. También, han desaparecido algunas páginas que seleccionaban categorías del blog, como Desarrollo personal, y otras dedicadas a cursos que he impartido y al coaching personal.

Y, sobre todo, hay menos frecuencia en las entradas del blog: casi no recibes mensajes.

Todo esto responde a un proceso de transformación muy intenso que estoy viviendo. Quizá me estoy transformando en mí misma. El caso es que, tras constatar que puedo ser de mucha más ayuda escribiendo que dando clase o siendo coach, tras darme cuenta de que a través de los libros puedo realmente ponerme al servicio de un alumnado potencial, he reorientado esta página web, que siempre fue un blog, y he añadido una información que nunca estuvo allí, la que coincide con la que ha sido mi profesión los últimos 15-20 años.

Imagen generada por IA directamente desde WordPress. Nótese que he pedido que esta mujer tuviera 45 años, pero me pega que tiene 10 más. O es que yo me veo más joven, je, je.

Honrar la profesión

Los últimos 15 años me he dedicado a la formación online y los últimos 20 a la formación y la escritura de contenidos formativos. La mayoría de mi trabajo está incluida en cursos de formación en los que no hay reconocimiento de autoría. Aun así, estoy agradecida de haber podido escribir contenidos en español y en inglés para clientes muy importantes, internacionales. Mis clientes han recurrido a mí cuando necesitaban una creación de contenidos de alto nivel (en este caso hablamos de escritura de materiales formativos).

Para honrar todo esto, cuando ahora me busquen potenciales clientes encontrarán algo de información, en lugar de encontrar la última entrada de blog, que puede tener relación con mi trabajo, pero normalmente no es así: ya sabéis que trato de abarcar conocimiento de muchas ramas, me apasiona conocer y aprender y, por extensión, enseñar.

Último proyecto retador

He estado escribiendo un manual de formación profesional muy importante, por su proyección. Solo puedo sentir agradecimiento por la editorial que ha confiado en mí para este gran proyecto y, en especial, por la editora de adquisiciones que contó conmigo para ello. En estos meses, he conocido a algunas personas muy interesantes de las que estoy aprendiendo mucho.

  • Por ejemplo, si quieres saber cómo crear tu marca personal y mantener una coherencia, sigue a Andrés Pérez Ortega.
  • Si quieres emprender, pero te faltan datos, o te faltan pistas, sigue a Jesús Alonso Gallo.
  • Si no logras contactar con tu audiencia ni tienes muy claro cómo publicitar tu marca, sigue a Isra Bravo.
  • Además de conocer a estas personas, he aprendido muchas cosas de temas variados, relacionados principalmente con dos campos: la empleabilidad y el emprendimiento.

¿Qué pasa con el desarrollo personal?

En cuanto al desarrollo personal, que motivó la apertura de este blog en 2008, estoy ahora releyendo Los desafíos de la vida actual, un libro visionario de Brigitte Champetier de Ribes, un libro de cabecera que en cada lectura ofrece una información nueva, que depende por entero de lo que la persona es capaz de ver y admitir. ¿Y cuáles son esos desafíos de la vida actual? Pues en este momento estoy leyendo sobre la existencia de perpetradores y víctimas al servicio de una reconciliación posterior, que es el amor mayor. Esto significa que tanto unos como otros no eligen el papel que les toca en esa dinámica, ese baile que permite avanzar la vida, y que demanda de las personas decir sí y confiar, sin tener la capacidad de comprender la profundidad de estos movimientos. Lo que ahora percibo al leer esta parte está transformado por las tomas de conciencia que he tenido al revisitar el libro Morir para ser yo, de Anita Moorjani y otros libros sobre experiencias cercanas a la muerte. No puedo decir mucho más sobre esto, porque las piezas aún están colocándose en mi mente.


¿Y tú? ¿Cómo ha comenzado tu año? ¿En qué estás? Como siempre, estoy agradecida de que leas este blog y que compartas las entradas con quien quieras.

Lo disruptivo

Me parece que este 2025 lo disruptivo va a ser lo presencial. Aquí estoy de acuerdo con Jesús Alonso Gallo, cuya newsletter leo religiosamente cada día.

Ya apunté algo en un post anterior: en la era de la IA y las posibilidades infinitas y flipantes, parece que la gente está cada vez más harta del online, y necesita ver a personas, ir a eventos con personas, participar en actividades presenciales.

La pandemia obligó a la reclusión y el «consumo de contenidos» en casa. Una vez liberados del corto pero limitante encierro, queremos ver gente. Hasta los introvertidos, que disfrutamos íntimamente de muchas horas con nosotros mismos, acabamos por tener ganas de participar en actividades con otras almas.

Ocurre algo curioso: tan difícil me es hoy explicar en pocas palabras a qué me dedico como lo era hace más de 10 años. El e-learning ha muerto en España antes de florecer, se ha convertido en un vehículo incómodo para enchufar contenidos de dudosa calidad a cientos de alumn@s. Mientras, la formación presencial, que quedó herida con esto del confinamiento, sigue muy viva, y a nadie tienes que explicar uno de los oficios más antiguos, que ya practicaba Sócrates.

Una mujer prefiere mantener la vista en una pantalla pequeña en lugar de fijarse en el atardecer. Imagen de Pexels en Pixabay.

Las alternativas al scroll

Hay muchas alternativas a hacer scrolling y a participar en un curso online o complementarlo:

  • Ir a eventos. Una persona con un cargo de vicepresidente senior en una multinacional del sector tecnológico, que es además mi hermano, me dijo que hay 3 claves para el éxito: diversidad de experiencias, resultados y relaciones. Las experiencias de consiguen trabajando en distintos tipos de proyectos y sectores. Los resultados se consiguen cuando se cumplen fechas y se alcanzan o superan las expectativas del cliente. Y el networking, hacer contactos, sigue siendo más efectivo en persona, porque es más fácil recordar a aquellos con los que se ha interactuado.
  • Hablar con personas. Ya sea en eventos o ya sea tomando café, ve a los sitios donde están las personas. Hay charlas muy interesantes que solo se producen en persona. Puedes verlo como una entrevista que haces a esa persona para aprender de ella, o como si asistieras a un programa de televisión o a un pódcast como público. Habla con la persona por el placer de hacerlo, de aprender un punto de vista distinto, por conocer una forma de vivir y actuar distinta a la tuya.
  • Leer un manual. Ten en cuenta que un curso online suele ser un resumen o esquematización de un contenido más grande. El ejercicio que más ayuda a comprender una materia, que es esta esquematización, este sacar de lo más grande el grano para desechar la paja, ya viene hecho en el curso. Lee el o los libros recomendados y aprenderás mucho más.
  • Leer ficción. Esta actividad parece una pérdida de tiempo, sin embargo, enriquece desde muchos puntos de vista. Por mi parte, resistiendo la tentación del «consumo» mediante scrolling infinito, he retomado al siempre fiable Galdós: don Benito te mete en la historia aunque hayas dejado una de sus novelas en la página 73, por decir. Leer aporta vocabulario, amplía la imaginación, permite vivir otras vidas, otros mundos…
  • Salir a la calle, sin más. Se trata de desconectar de la vista corta y el silloning y pisar la calle para pasear, comprobar en tus carnes el tiempo que hace, recibir la luz del día sin cristales que se interpongan, ver qué zapatillas lleva ahora la gente en el metro, o qué bolsos se llevan, acercarse a un pequeño comercio, a un bar del barrio, contemplar los árboles…

Y si no hay más remedio que hacer scroll…

Hay una iniciativa muy interesante en el mundo del e-learning, de mano del gran Mike Taylor, del que ya te he hablado más veces. Este experto aplica elementos de marketing a la formación online, con el fin de evitar que sea tan sumamente aburrida (mucha gente cree que la formación online consiste en 1) la transcripción de un libro, o 2) dar la chapa en un vídeo o por videollamada). El marketing ya tiene estudiado qué engancha, qué atrae y qué satisface a los consumidores. ¿Por qué no aplicar lo mismo en la formación, y enganchar, atraer y satisfacer al alumnado? ¿O es que hay que seguir con el «la letra con sangre entra»?

En conclusión, dentro de las pantallas hay contenido que te atonta, contenido entretenido (atonte o no), o que te enseña algo de forma motivadora, y contenido insoportable, que en ocasiones son cursos mal diseñados. Se puede aprovechar y disfrutar de contenido que te aporte algo, o que te entretenga de forma motivadora. Y fuera de las pantallas, hay todo un mundo, en el que puedes realmente conectar con la gente.


¿Cuál es tu caso? ¿Tiendes a hacer scroll infinito en las redes sociales? ¿Tratas de buscar contenido que te alimente en algún sentido? ¿Te has hartado de los móviles y has vuelto a lo analógico, los libros de papel y los cursos en persona? Ya sabes: puedes compartir con quien quieras este post. ¡Muchas gracias por leer!

El verdadero test

Crees que eres una persona muy elevada, que has tenido comprensiones importantes sobre la vida y, por tanto, eres más capaz de tomártela con filosofía.

Y luego llega la cena de Navidad con tu familia política, o con la propia. Entonces descubres, con humildad, pero también con cierta decepción, que no eres ese ser avanzado y un poco por encima de todo: te encuentras dolorosamente en un barro pegajoso y maloliente, el que describe tu total incapacidad para hacer frente al momento presente. Por más que lo intentas, no consigues descifrar los códigos que rigen, o, si lo haces, se hace patente que no son los tuyos, sino que están tan alejados que te preguntas cómo saldrás adelante. Precisamente el darte cuenta de que no encajas en esa otra familia, o en la tuya propia, como una pieza de juguete con forma circular no encaja en el hueco cuadrangular, por más que la quieras empujar, eso hace que se te ponga poco a poco, sin poder evitarlo, una cara de acelga, de desánimo, de absoluto cansancio, de dolor de muelas. Hasta puedes llegar a tener un buen dolor de cabeza, provocado por tu capacidad aumentada de escuchar los tonos disonantes que se pierde cuando estás integrado en una fiesta a tu gusto, es decir, dolor provocado por tu incapacidad para encajar tu circunferencia en ese hueco cuadrangular, de encajar en esa otra fiesta, la que realmente está teniendo lugar.

Soy fan de las imágenes generadas por IA con fallos, en este caso, esa doble mano izquierda de la chica de la derecha. Aquí, nadie se mira a los ojos, no hay comida sobre la mesa y la felicidad que muestran varios personajes parece no tener que ver con quienes tienen delante. La titularé «En la parra».

Las posibilidades de huida han aumentado desde que existe el teléfono móvil: una persona siempre puede fingir estar consultando algo o chateando con alguien, pero es todo inútil, si el ruido, la luz, o ambos, se imponen.

Así, puedo citar ahora las palabras de Brigitte Champetier:

La realidad es una gran maestra.

Y tanto: te baja de cualquier supuesta altura de un plumazo. Ningún mal, ningún dolor, ningún miedo se van ni se huyen, sino que toca atravesarlos, vivirlos, es cuando su fuerza se aplaca: ir hacia aquello que más desagrada es justo lo que lo apaga.

Mención especial merecen las personas introvertidas, para las que las fiestas son como los petardos para algunos perros y gatos. La persona introvertida, acostumbrada a pasar varias horas de su día a día dedicadas a digerir lo que ha vivido las otras horas, con silencio e iluminación suave que permiten sus reflexiones y diálogos consigo misma, de pronto no tiene escapatoria: todo el lugar está tomado por la música demasiado alta, la luz demasiado fuerte, las voces discordantes, la sensación de que se pide su punto de vista, cuando preferiría permanecer en absoluto silencio.

Esto también acabará.

Es lo que decía en un anillo de un gran rey en un cuento, pero vaya, se hace bien largo.

Tal vez entras en X tras visitar vomitivas felicitaciones de Instagram o buenos deseos de Facebook y entonces encuentras a otros en situaciones más difíciles: aquellas personas con un cuñado insoportable que se les sienta al lado, aquellas que pasan las fiestas en soledad, aquellas que no tienen con qué celebrar, aquellas que ni siquiera cuentan con un techo, aquellas que están inmersas en una guerra. Todo es relativo.

El test se repite al año siguiente, cada año, pillando mejor o peor a cada cual, y ¿hay evolución? ¿Dedica alguien su año a preparar técnicas para que las situaciones navideñas le afecten menos y para de verdad compartir estos momentos con esas personas que otros identificarían como «los suyos»? Normalmente, no. Porque es un periodo muy corto del año, rigurosamente, no pasa de 6 días no completos, puede alargarse a 2 semanas, pero eso es cada vez menos común.


El verdadero test se da cuando entras en contacto con las personas más cercanas. Ocurre especialmente en estas fiestas, pero también en cualquier otra situación familiar, en el día a día en la empresa, en un viaje con familia o amistades… Es muy fácil albergar sentimientos fraternales y compasivos por la especie humana cuando se la ve de lejos, idealmente por la tele, y es muy difícil ser empático y amoroso cuando se tienen cerca personas que nos resultan difíciles: esa es la prueba de fuego.

Que prosiga el baile

Hace poco, di en pensar que la vida es como un cuadro impresionista. Primero, que cada brochazo en sí mismo no significa nada, sino que hay que verlos en conjunto y a cierta distancia. Segundo, que hay manchas, zonas «feas» en el cuadro, que forman parte de él y tienen que estar ahí, son necesarias para el equilibrio y la armonía de la obra.

Imagen generada por ChatGPT 4o para mostrar la naturaleza en movimiento.

Algunas personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte (Anita Moorjani, Eben Alexander) han descrito su vida como un tapiz, en el que cada persona es solo uno de los hilos, entretejido con los hilos de todo aquello con lo que nos relacionamos: amistades, familiares, situaciones, lugares, etc.

Además, hablan de que han percibido claramente cómo todo está unido y todo es una sola cosa, no hay separación, como también mencionan las personas que hacen meditación profunda, tipo zen o budista. Han sentido que si hay que dar algún nombre a esa unión es «amor», amor incondicional.

Yo no llego a esos niveles de percepción, aunque la idea me resulte muy atrayente. Para yo entender la vida, además del símil del cuadro impresionista, he empezado a verla como un baile. Veo que la vida necesita movimiento constante. A veces, parece que una cosa que calificamos como «mala» ocurre solo para provocar otra «buena» a continuación. Es como un ciclo, como una onda. Este movimiento responde a unos ritmos de todo tipo: las estaciones del año, los ritmos circadianos, la traslación de la luna… Así que cada día podría empezar como el del personaje semibiográfico del coreógrafo Bob Fosse en All that jazz, diciendo:

¡Comienza el espectáculo! (Showtime, folks! en inglés)

¿La clave para el baile?

La vida parece querer avanzar, no se sabe si hacia arriba (a mejor), pero está claro que hacia adelante, hacia más vida. Yo que en esta semana de diciembre del 2024 doy la vuelta al jamón, cambio de prefijo y empiezo a contar del medio siglo para arriba, he llegado a la conclusión de que no comprendo nada, pero que no hace falta comprender para seguir adelante, avanzando. Solo hace falta una cosa fácil y difícil: decir que sí. Y luego, confiar.

Si quieres ver las consecuencias de decir sí de una forma divertida, te recomiendo la película del mismo nombre, Di que sí.

Así que la clave para ejecutar el baile, salga bien, regular o fatal, es el «sí». Una vez, cuando estaba aprendiendo a conducir, mi padre me dijo unas palabras liberadoras:

La conducción no tiene que quedar bonita.

Así, no se trataba de trazar curvas perfectas y siempre en el medio del carril, se trataba de ser funcional y avanzar, aunque no quedase especialmente bonito. Pues el baile a veces tampoco es especialmente bonito, incluso visto desde fuera es un tanto ridículo. Sólo se trata de avanzar, seguir los pasos: adelante.

Funciona

Llevarás un par de semanas sin recibir un nuevo post de este blog en tu bandeja de entrada. Y eso es porque estaba dedicando la mente a comprender unas cositas. El resultado se llama «funciona».

¿Por qué un trabajo hecho rápido y «mal» sale adelante? Porque funciona. ¿Cuál es la causa de que organizaciones imperfectas con baja productividad y alta desmotivación salgan adelante? Que funcionan. «Funciona» significa que, tal y como está, está bien, forma parte del todo, es así y su «ser así» lo hace suficiente, aunque sea perfectible: hay espacio para la mejora.

El árbol y el bosque

Creo que las personas perfeccionistas somos muy críticas cuando detectamos un fallo ajeno porque el árbol no nos deja ver el bosque. Cuando una persona se centra muy de cerca en una tarea, esto le provoca miopía. Sí, ahora conoce en detalle ese árbol, su corteza, sus ramas, sus hojas. ¿Está recto o un poco torcido? ¿Las ramas crecen hacia arriba o hacia abajo? ¿Hay que cortar algunas ramas? La obsesión por perfeccionar la forma del árbol puede llegar a límites insospechados.

Pero te estás perdiendo el bosque.

El bosque es el todo, es ese árbol y el conjunto, y cómo queda el árbol ahí. Y queda bien, «funciona», es un árbol como otro cualquiera y, en realidad, dan un poco igual sus características en tanto detalle. No deja de ser un árbol, tiene lo que todos, puede que tenga el tronco torcido, o ramas retorcidas o secas, que esté «descangallado», sin embargo, en el conjunto es una parte más del bosque y queda bien ahí.

Celebración

La perspectiva de la celebración, de la majestuosidad, es la que tienen esas personas que han tenido comprensiones fundamentales de la vida a raíz de una experiencia cercana a la muerte, una enfermedad importante, o un largo trabajo introspectivo o meditativo. Es ver el bosque y ser parte de él, asintiendo a la forma única de cada uno de sus árboles y celebrándola al comprender que todo es exactamente como tiene que ser.

Bastián sobre Fújur en la película de La historia interminable.

Ya cité la segunda parte de La historia interminable, la que no sale en la película, pero ahora me extiendo más sobre ello. Bastián deja de ser un sujeto pasivo que lee una historia que le es totalmente ajena y pasa a ser su protagonista. La princesa le da una medalla en la que pone un texto muy escueto que contiene un gran permiso:

Haz lo que quieras.

Y Bastián reconstruye el mundo de Fantasía de una forma totalmente distinta, con nuevos seres animados e inanimados, otra «realidad» igualmente válida, que funciona. La princesa le otorga el permitirse crear, imaginar y desplegar todo un mundo nuevo a partir de su imaginación, es decir, partiendo de cómo es Bastián mismo. En otras palabras, Bastián se permite hacer exactamente lo que en cada momento ve necesario, escuchar lo que la vida en Fantasía le va pidiendo, construir y salir hacia adelante.


Cuando observas que todo funciona, que de algo aparentemente negativo sale una solución novedosa que impulsa la vida hacia adelante, cuando ves que es suficiente tal como está, y que tú eres suficiente tal y como estás, ¡no veas qué peso te quitas de encima! De pronto, ves posibilidades donde antes veías motivos de queja, ves esfuerzos y desempeño donde antes veías fallos y mediocridad. Pues esta mirada te permite celebrar la vida como un baile, en el que todo está en movimiento.

El miedo y el letargo

James Holis nos habla de dos temibles figuras que nos esperan a los pies de la cama: el miedo y el letargo. Estos seres son los que impiden a la persona responder a las grandes preguntas de su alma, hacer más, llegar más lejos.

¿Qué prefieres, ansiedad o depresión?

Como hemos comentado varias veces y siguiendo a Bert Hellinger, en cada momento de la vida tenemos dos opciones: ir hacia más vida, o ir hacia la muerte. Pero, claro, ir hacia adelante y enfrentar lo que nos aguarda, puede dar miedo. En cambio, no tomar esa acción, evitar el siguiente paso, es como ir hacia atrás, hacia el letargo.

Así, la elección constante es entre la ansiedad, esa incómoda sensación de vértigo e incertidumbre del presente-futuro, y la depresión, la búsqueda de calma, aislamiento, refugio, pasividad, letargo.

El modo de vida que llevamos invita constantemente al letargo, a través del consumo pasivo de elementos que nos dan pequeñas dosis de dopamina. Es tan fácil relajarse en el sillón y «consumir contenido» que asombra que alguien pueda hacer otra cosa en su tiempo libre. El scroll es adictivo, invita a consumir pasivamente una información tras otra.

Es más, es fácil encontrar en esos contenidos aspectos que provocan miedo en la persona y la paralizan más. Por ejemplo, las series que se producen contienen muchos elementos siniestros y la sensación de constante inseguridad, de que el mundo es hostil, está lleno de personas muy peligrosas.

Entonces, ¿cuál es peor, el miedo o el letargo, la ansiedad o la depresión? James Holis lo tiene claro: la ansiedad lleva al desarrollo, a la proactividad, es un incómodo pero necesario compañero de viaje hacia más vida, hacia la madurez, hacia el estado adulto.

Imagen de @s8n en X. Dice: «A veces necesitas tumbarte en la cama y no hacer nada durante tres años».

¿Qué es lo que te ha traído hasta aquí? ¿Has elegido esta vida?

Probablemente, nadie elige: «Hoy voy a tener un día nefasto, en el que voy a repetir las rutinas que no funcionan, como si fuera un robot, teniendo la sensación de estar atrapada, pero sin saber muy bien cómo se sale de la trampa».

Incluso muchas personas ni siquiera son conscientes de la trampa, de la cárcel en la que viven: no hay una cárcel más eficiente que aquella en que el preso no sabe que está.

Pues bien, date cuenta de que la única persona que está en todas las escenas de tu vida eres tú. Y no he dicho «que está presente», porque solemos estar ausentes, funcionando con el piloto automático, de manera que muchísimos pasajes de nuestra propia vida nos pasan desapercibidos. Es como ver una película y cerrar los ojos durante varias escenas, o taparse los oídos.


¿Qué opinas? ¿Eres de dejarte paralizar por el miedo o eres más de entregarte al letargo? ¿Logras huir de estos dos malos consejeros y sigues adelante con tu vida? Me encantará saberlo. ¡Gracias por leer!