Más cómodo que el presente

«Una de las formas en las que somos capaces de funcionar sin tener que reinventarnos una y otra vez es imponer de forma automática la experiencia pasada, los planes y los entendimientos sobre cada nueva persona o situación».

Esto nos dice James Hollis, explicando el concepto de proyección psicológica.

Imagen de https://www.pexels.com/@cottonbro/.

Cinco etapas de las proyecciones

Si en otro post veíamos las seis formas que tenemos de reaccionar ante la vida, hoy vemos las cinco etapas por las que pasan las proyecciones.

  1. Al principio parecen mágicas, alteran nuestro sentido de la realidad y tienen poder sobre nosotros. Vemos partes no conocidas de nosotros mismos en el exterior. Por ejemplo, vemos a una persona que nos resulta poderosamente atractiva o nos provoca un fuerte rechazo.
  2. Desilusión: la otra persona, o la situación, no se comporta según lo esperado. Por ejemplo, hemos entrado en un trabajo prometedor y, poco a poco, vamos descubriendo que no cumple nuestras expectativas. «No es lo que parecía», decimos.
  3. Hacemos lo que podemos para reforzar la proyección, redoblamos esfuerzos presionando la realidad para que responda al modelo. Esto lleva a más conflicto. Por ejemplo, una actividad que nos hacía ilusión practicar nos ha decepcionado, pero aún no vemos cuál es su realidad, sino que tratamos de que satisfaga aquello que buscábamos en ella.
  4. Retiramos la proyección cuando la realidad del otro no se ajusta a nuestros planes de fantasía. Sólo ocurre cuando la discrepancia se hace dolorosamente evidente, es decir, no siempre se da. Por ejemplo, dejamos de esperar que la otra persona se comporte de una forma que no se corresponde con su naturaleza.
  5. Nos hacemos conscientes de la proyección, asintiendo a la realidad tal y como es, no tal y como quisieras que fuera. Esto no suele ocurrir, más bien, renovamos las proyecciones. Por ejemplo, si un trabajo no cumplía con nuestras exigencias, preferimos saltar a otro sobre el cual proyectar nuestras expectativas (otra vez). Y volvemos a iniciar un recorrido por las etapas de las proyecciones.

Los siguientes pasos

Cuando se toma consciencia de una situación y de cómo nuestras expectativas diferían de la realidad, puede seguirse un esquema sencillo y muy profundo que se destila de las enseñanzas de Brigitte Champetier de Ribes:

  • Soltar lo que creía entender: como el mismo James Hollis explica, nos cuesta admitir que la realidad es mucho más compleja, ambigua e incomprensible de lo que parece. Preferimos imponer estas proyecciones sobre ella, pues la alternativa es el vacío. Sin embargo, sólo soltando aquello que creíamos entender, dejamos atrás las proyecciones y nuestras antiguas conclusiones de cómo actuar.
  • Decir sí sin saber a qué, a ciegas: nos hemos hecho conscientes de que esta persona no es quien yo creía que era, este trabajo no es como yo quería que fuera, el mundo no funciona como yo espero que funcione. El asentimiento a ciegas a esta realidad desconcertante y que se renueva a cada instante es lo único que nos permite vivir plenamente.
  • Vivir el presente con confianza: tras dejar atrás los filtros de la realidad, esas proyecciones de algo oculto en cada persona hacia fuera de sí misma, el vacío que queda puede resultar aterrador. Vivir con confianza, dando solo un paso cada vez, reconociendo que el vacío es creador, es la condición para que algo que no estaba antes allí pueda surgir.

Aquí lo dejo, te dejo reflexionar sobre lo que acabas de leer. ¿Reconoces cómo proyectas tus expectativas sobre el mundo exterior, sobre las personas, sobre las situaciones? ¿Has dejado atrás trabajos, personas o regalos de la vida porque no casaban con lo que tenías en mente? Me encantará saberlo. Como siempre, gracias por leer y por compartir.

Seis formas de reaccionar ante la vida

Se acerca mi momento de «dar la vuelta al jamón», como suele decirse, esto es, llegar a los 50 tacos. Es un pequeño cambio incremental, pero parece un abismo: nadie con cincuenta años es considerado joven desde ningún punto de vista. Así, me he agenciado el libro Finding Meaning in the Second Half o Life (Encontrar significado en la segunda mitad de la vida) del psicoanalista James Hollis, a quien conocí en el pódcast de Andrew Huberman.

El subtítulo de este libro aclara aún más sus intenciones:

Cómo, finalmente, realmente, crecer.

En otras palabras, cómo dejar atrás los mecanismos aprendidos en la infancia con el pensamiento mágico para realmente comportarse como un adulto que reacciona a la realidad aquí y ahora, en tiempo real.

Aprendemos mucho de los padres y abuelos, interiorizando mandatos e impulsores. Imagen de https://www.pexels.com/@cottonbro/.

James Hollis explica que, realmente, todas las personas arrastramos heridas de la niñez, sean más o menos graves. Esto nos iguala a todos, es más, revela el secreto de historias de éxito que esconden las debilidades que realmente hubo que ocultar, si no superar, para seguir adelante. Estas heridas son las siguientes:

Tres formas de impotencia

El primer tipo de herida de la infancia es la impotencia, la experiencia de lo abrumador del ambiente. La vivencia que se experimenta en la niñez es la incapacidad de alterar el curso del mundo exterior. Ante esta incapacidad, podemos responder de tres formas:

  • Evitación: se trata de retirarse, evitar, negar o huir de las situaciones, incluso disociarse de ellas, para no experimentarlas. Si se mantiene en la edad adulta, puede convertirse en un patrón de aversión a las grandes demandas de la vida. Este patrón usurpa la consciencia y su mayor rango de alternativas.
  • Controlar: se trata de atacar antes de que te ataquen. Ante la sensación de impotencia interior, la persona busca tener un gran control sobre los demás y sobre lo exterior. Esto también incluye los comportamientos pasivo-agresivos.
  • Conformidad: la respuesta es «darles lo que quieren». Es decir, la persona, en vez de defender sus deseos, viola su propia integridad personal siendo dulce, amable, sociable y maja. Esta adaptación lleva a tener relaciones de dependencia.

Tres formas de escasez

La herida de la escasez nos hace pensar que no podemos confiar en que el mundo vaya a satisfacer nuestras necesidades. En la niñez, esto se siente como un deseo no satisfecho de ser alimentados, confortados y acogidos por otra persona, que, potencialmente, lleva a la muerte. Ante la escasez, se dan estos tres tipos de respuesta:

  • Soy tal como me tratan: esta categoría responde a la creencia de que «no merezco la pena». Así, la persona evita el riesgo y disminuye sus alternativas, incluso tomando decisiones de autosabotaje, buscando siempre la opción segura.
  • Sobreadaptación: se trata de compensar esa sensación permanente de pobreza con lo contrario: poder, riqueza, una pareja ideal, fama o cualquier otra forma de soberanía sobre otras personas. Es el complejo de superioridad.
  • Búsqueda de reafirmación: la persona busca la reafirmación de otras personas de forma ansiosa y obsesiva. No es raro que esa misma persona se relacione con otras que le van a defraudar, o bien, las fuerce a hacerlo por su constante necesidad de reafirmación, de manera que recupera «la reconfortante miseria de lo familiar».

Algunas verdades

Para superar todas estas heridas de la niñez y entrar en la edad adulta de verdad, es necesario recordar que la necesidad de realización que tenemos durante toda la vida no la puede satisfacer ninguna persona, pero tampoco ningún trabajo, ningún proyecto. Esta insuficiencia es la naturaleza misma de la vida, no es un fallo de los que nos rodean o de las profesiones que ejercemos.

James Hollis nos recuerda que no hay magia, que la herida nos persigue y que cada persona es la única con la responsabilidad de llenar su propio vacío de formas más duraderas. Para este psicoanalista, es importante que cada cual entre en sus propias profundidades para comprender sus mecanismos de impotencia y escasez y sanar las propias heridas. Este es un trabajo fundamental que el alma pide y que, si no se lleva a cabo, va reclamando cada vez más atención a través de síntomas y malestares.

Tal como también indica Bert Hellinger, ante cada decisión de la vida sólo hay dos caminos, hacia la vida y hacia la muerte. O, en palabras de James Hollis:

El nacimiento de la vida es también el nacimiento de la neurosis, por así decirlo, porque desde ese momento estamos al servicio de dos planes gemelos: el impulso biológico y espiritual de desarrollarnos, de avanzar, y el anhelo arcaico de volver a caer en el sueño cósmico de la subsistencia instintiva.

Y es que, frente al impulso de avanzar, siempre hay dos personajes que pueden tirar de nosotros para atrás: el miedo y el letargo. El ego desea confort, seguridad, saciedad; el alma necesita significado, lucha, llegar a ser. Cualquier respuesta automática al estrés y la ansiedad es una forma de adicción.

Aquí puedes ver el pódcast de Andrew Huberman con James Hollis:


¿Te has reconocido en alguna de estas seis formas de herida? El psicoanalista de hoy, James Hollis, nos dice que todos tenemos algo de cada una. Piensa en cuáles son las necesidades más grandes que alberga tu alma y si las estás satisfaciendo en tu vida. ¿Qué puedes hacer si no es así? Os leo en Comentarios.

¡Muchas gracias por leer!

¿Qué es el análisis transaccional y para qué sirve?

Lo primero que observó el psiquiatra Eric Berne, y de donde nace el Análisis Transaccional, es que los pacientes le hablaban utilizando palabras, gestos y tonos muy distintos según lo que le estuviesen refiriendo. Observó que podían agruparse y aislarse claramente, es decir, cada grupo de lenguaje verbal, paraverbal y no verbal era característico de un estado distinto del yo. Estos estados son: el Padre, el Adulto y el Niño.

Los tres estados del yo: el P-A-N

El modelo P-A-N es la base del Análisis Transaccional
No tengo registro de la fuente de esta imagen. Si localizáis al autor/a, por favor, decidme. ¡Gracias!

En esta ilustración vemos a la perfección los tres estados definidos por la forma de actuar de cada uno:

Niño

A la izquierda, la fila interminable para criticar. En esta fila también esperan los que se quieren quejar. La mayoría de ellos está en el estado Niño. A veces, también se critica desde el estado Padre, lo veremos a continuación.

Padre

En el centro, está la fila de los que les dicen a los demás lo que deben hacer. Los que se ponen esta fila se sienten muy bien consigo mismos, e incluso son percibidos por los demás como personas que hacen algo. No, no hacen nada, sólo señalan a otras personas lo que hay que hacer. La mayoría de los de esta fila están en el estado Padre.

Adulto

Finalmente, en la fila para hacer pintaría yo la clásica mosca que pasaba volando en Mortadelo y Filemón cuando había un silencio. Hay menos de cuatro gatos ahí, dispuestos realmente a hacer, no a criticar desde la barrera ni a indicar lo que está bien o mal. Dispuestos a entrar en acción hay muy pocos, porque esto requiere estar en el momento presente. En la fila del hacer, están las personas en el estado Adulto.

Estos tres estados forman el modelo P-A-N (Padre-Adulto-Niño).

¿Entonces cada persona está en un solo estado del yo?

No. Cada persona adopta los tres estados a lo largo del día, teniendo preferencia por permanecer en uno u otro. Esto lo advertimos en la forma en que las personas se comunican, y también en su postura física (no es posible no comunicar, según el axioma de Paul Watzlawick). Lo que sí es cierto es que el lugar en el que es más difícil permanecer es en el estado adulto y en el presente, donde realizamos, trabajamos, sacamos algo adelante.

Guion de vida

Otro aspecto revolucionario que definió Eric Berne son los seis tipos de proceso de guion de vida. El guion de vida es una trama que construimos con el pensamiento mágico de pequeños, y con mucho detalle, por cierto. Estos son los seis tipos de guion:

Tipos de guion de vida definidos por Eric Berne
Imagen compuesta a partir de distintas imágenes libres.

¿No sabes cuál es tu guion?

En mayor o menor medida, cada uno de nosotros/as tenemos los seis patrones de conducta, pero la mayoría tiene uno que es predominante, o bien uno principal y otro que se combina con el primero. Veamos cómo pueden ser algunas de estas combinaciones:

Guion “hasta” + guion “nunca”. Su lema de base sería:

No me puedo divertir hasta que no acabe el trabajo. Pero el trabajo no se acaba nunca, por lo que nunca puedo divertirme.

Guion “hasta” + guion “casi tipo 2”. Esta persona se dirá a sí misma:

No puedo descansar hasta que no llegue a la cima. Realmente, no puedo llegar a la cima: siempre encuentro una más alta. Por ello, nunca puedo descansar.

Guion “siempre” + guion “nunca”. Su creencia será:

Siempre me pasa lo mismo: conozco a una persona que me parece especial y diferente, pero al final es lo contrario a lo que yo busco. Nunca podré encontrar a alguien afín a mí.

¿Cómo salgo de mi guion?

Siguiendo a Brigitte Champetier, en una palabra: «desautomatiza«. Es decir, deja de actuar conforme a unas creencias muy arraigadas, inconscientes. ¿Y cómo se hace en la práctica? Dándote permiso:

  1. Guion “hasta”: monta en el pony antes de haber limpiado los establos. Es una frase de Daniel Casriel, explicando cómo darse permiso para disfrutar incluso con las tareas “obligatorias” a medio hacer.
  2. Guion “después”: dosifica tu disfrute, no es necesario quemar hoy todas las naves, el disfrute puede continuar mañana.
  3. Guion “nunca”: decide qué es lo que puedes hacer para lograr tus objetivos y entonces hazlo. Da el paso. No hables de “lo que pudo ser y no fue”, habla de lo que vas a hacer, de acciones.
  4. Guion “siempre”: no necesitas repetir los patrones, ni continuar en una situación insatisfactoria. Puedes darte permiso para abandonar lo que no te gusta, y sobre todo, para buscar lo que sí deseas.
  5. Guion “casi tipo 1”: acaba lo que has empezado, no saltes a otra tarea. En vez de ser multitarea, escoge una y acábala, llega hasta el final.
  6. Guion “casi tipo 2”: cuando alcanzas un objetivo, felicítate por ello, regálate algo, descansa y disfruta. Celebra tus éxitos antes de buscar nuevos objetivos.
  7. Guion “final abierto”: una vez llegas al final de una etapa, puedes llenar el vacío haciendo lo que te plazca: viajar, aprender fotografía, ir a exposiciones, bucear…

Beneficios del análisis transaccional

Podemos resumir estos beneficios en una frase: «se puede salir del guion de vida elegido en la infancia«. Lo fundamental del concepto de guion de vida creado por Eric Berne es que se puede salir de él. Para ello:

  1. El primer paso es darse cuenta de que el guion es como una pianola automatizada, en que la música que se ejecuta está previamente escrita.
  2. El segundo paso es ser consciente de que «la música» la hemos escrito cada uno de nosotr@s a partir de los mandatos y contramandatos (creencias) recibidos en nuestra infancia.
  3. El tercero es reescribir. Y, tal como de una forma muy visual comenta Eric Berne, reescribir implica salir de la jaula una vez nos abren la puerta. No siempre es fácil. El guion conocido, incluso si es perdedor, es más cómodo de vivir que un guion nuevo, lleno de incertidumbre.

Coaching transaccional: actuar desde el estado adulto

Como hemos visto, en cada guion hemos interiorizado unos mandatos y permisos a partir de lo que nos dijeron nuestros padres y educadores, y esta es, precisamente, la voz del estado Padre. Nuestra reacción emocional a estas normas es desde el estado Niño. El Adulto solo responde al entorno presente, libre de cargas. Así, en un proceso de coaching transaccional, lo primero que hacemos es identificar estos mandatos, cuál es tu tipo de guion.

¿Por qué es importante permanecer en el Adulto?

Solo desde tu Adulto vives el momento presente y reaccionas a él de forma proporcionada. Solo en el Adulto eres capaz de actuar, de ejecutar, realizar las acciones oportunas. Permíteme que lo repita:

Solo desde tu Adulto vives el momento presente.

Por tanto, el estado Adulto en el análisis transaccional no es cualquiera de nosotros mayor de 18 años. También suele confundirse fácilmente con el estado Padre. Incluso muchos de los que se dedican a decir a otros qué deben hacer, creen estar en un estado Adulto.

El Adulto es la suma de todas tus capacidades puestas al servicio de lo que ocurre ahora, sea el trabajo, sea hacer tareas del hogar o sea distraerte y disfrutar de tus hobbies preferidos.


¿Qué, te animas a tomar las riendas de tu vida y dejar de responder a un guion inconsciente y limitado? Si es así, puedes apuntarte a uno de mis cursos o pedir una sesión de coaching. Como siempre, gracias por leer y por compartir.

¿Qué son las emociones y cómo influyen en el logro de tus metas?

Las emociones son mecanismos de defensa instalados en el sistema límbico, con el objetivo de asegurar la supervivencia y el bienestar.

El sistema límbico es el llamado cerebro animal, compuesto entre otros del hipotálamo y la amígdala, y común a los mamíferos.

De forma sencilla, a cada emoción le corresponde un estado físico. Así, las emociones las siente el cuerpo y después se razonan, cuando la información llega al cerebro consciente. Esta información vuelve al sistema límbico y la intensidad de la emoción se intensifica o se apaga.

En otras palabras, en el principio de la emoción está la acción, es decir, la respuesta ante el estímulo. Todos los seres vivos tratan de preservarse.

Cuando sentimos una emoción, lidiamos con ella de tres posibles formas ancestrales:

  • Huida.
  • Enfrentamiento.
  • Bloqueo.

¿Qué son las emociones primarias o auténticas?

Las emociones primarias se reconocen de forma universal tan sólo por los gestos que las acompañan, como ya apuntó Charles Darwin. Incluso, como comenta Antonio Damasio, se reconocen en especies no humanas. Son:

Foto de Domingo Alvarez E en Unsplash.
  • La alegría
  • El miedo
  • La tristeza
  • La ira
  • El asco
  • La sorpresa

¿Qué emociones son secundarias o no auténticas?

Son aquellos sentimientos que se experimentan con la misma intensidad que una emoción primaria, pero que no responden a la situación presente ni la resuelven. Siguiendo el análisis transaccional, se llaman sentimientos parásitos.

El sentimiento parásito es tu «sentimiento malo favorito»: esa emoción que aparece cada vez que surgen dificultades, como si tuviéramos preferencia por experimentarlo. Y es el que se fijó en nuestra infancia. Es probable que viésemos a nuestros progenitores reaccionando de la misma manera. Es más: si respondíamos de forma diferente, nuestra reacción o emoción no era premiada, más bien era ignorada.

Las familias suelen tener emociones prohibidas y emociones alentadas. Se suele premiar una «emoción incómoda» y se suelen dejar de lado las emociones genuinas, las que realmente permiten solucionar problemas. Por ejemplo, en una familia puede estar prohibida la alegría. O puede estar prohibida la tristeza. O bien, los hombres de la familia deben mostrar mucha ira, pero las mujeres deben permanecer con una sonrisa y la mente en blanco.

Por ejemplo, Vanesa se pone a la cola para esperar al autobús. De pronto, una señora con un carro se cuela varios puestos. Su primera reacción es la ira, pero enseguida la tapa con una sonrisa y dejando la mente en blanco. Puede que sonría a la señora que le había provocado la emoción genuina de la ira.

Tener sentimientos parásitos nos hace avanzar en nuestro guion de vida, justificando decisiones que nos llevan a donde no queremos ir.

¿Qué diferencia hay entre emociones y sentimientos?

Las emociones son los mecanismos biológicos de defensa que acabamos de ver. Los sentimientos son mezcla de emociones, normalmente secundarias, y pensamientos, que dan lugar a una miríada de sensaciones, como: celos, frustración, melancolía, sensación de vacío, angustia, rechazo…

Según afirma Hendrie Weisinger, nuestros pensamientos, además de nuestros cambios corporales, desencadenan respuestas emocionales. Al centrar nuestra atención en ellos, libramos de esta responsabilidad al suceso externo. Si nos molesta el comentario de un compañero, no es él el que provoca que apretemos los puños y sintamos cólera, son nuestros pensamientos, nuestras emociones. Y podemos gestionarlos.

Los pensamientos que surgen espontáneamente son pensamientos automáticos, y se producen cuando surge alguna disonancia entre lo que esperábamos de la realidad y lo que ésta nos da. Las diferencias con el diálogo interior son:

  • Tienden a ser irracionales: «Le mataría». Su intensidad responde a la intensidad de la emoción que estamos sintiendo.
  • Tendemos a darles crédito por la rapidez con la que se producen: los aceptamos como una verdad, no los cuestionamos.
  • A menudo son crípticos, se expresan como una especie de taquigrafía: «Imbécil». «Mentiroso».
  • Suelen desencadenar otros pensamientos automáticos: «Es un egoísta. No me respeta. Ojalá le despidan». Un pensamiento actúa como catalizador de otro, con lo que se prolonga la intensidad de la emoción, y esto hace más difícil desactivarlos.
  • Pueden conducir a un razonamiento distorsionado: el hecho de que los propios pensamientos sean irracionales lleva a una lógica distorsionada, a valoraciones erróneas y sesgadas.

¿Cómo influyen las emociones en el logro de nuestras metas?

Sólo las emociones auténticas solucionan problemas, mientras que los sentimientos malos favoritos prolongan el guion de vida, el definido por tu posición existencial. Si buscas la culpa, lo que está mal, el problema, lo que te provoca rechazo, celos, frustración… entonces no vas a estar en el presente y en la acción, sino respondiendo a recuerdos pasados. Si en cambio pones el foco en lo que sucede ahora, las emociones auténticas te sacarán de tu equilibrio para que actúes:

  • El miedo auténtico es el que nos permite huir del depredador en la jungla. También nos puede paralizar por completo si lo necesario es ocultarse. El miedo evita un peligro futuro (si bien inminente).
  • La ira genuina provoca que el corazón bombee más sangre a nuestras extremidades, nos permite responder físicamente, golpeando o apartando la amenaza, o huyendo.
  • La tristeza auténtica es la que nos permite hacer el duelo para superar un hecho doloroso que sucedió en el pasado. Este hecho significa la pérdida de una situación (cambio de casa, de trabajo, de condiciones económicas) o de un ser querido.
  • La sensación de alegría auténtica nos permite relajarnos y sentir que todo está bien a nuestro alrededor. Esta felicidad genuina nos facilita disfrutar de lo que está ocurriendo en el momento presente, respirando con calma.

Monográfico de emociones

En Centro Tai San estamos impartiendo la segunda edición del Monográfico de emociones, presencial y online. ¡Y estamos de celebración! Es por el éxito que ha tenido nuestra propuesta de impartir el monográfico de emociones para las mujeres de Tres Cantos: hemos cubierto el cupo de las 20 plazas disponibles. Y no solo eso: ¡tenemos a otras 20 mujeres en la lista de espera!

Pero, ¿qué es tan especial del monográfico de emociones que todas lo quieren hacer? Todo esto:

  • Aprendes a gestionar tus emociones unificando cuerpo y mente.
  • Mejora tu respiración y descansas mejor.
  • Adquieres una mayor consciencia corporal.
  • Tu mente se alinea con tu cuerpo para conseguir esos objetivos que se te resistían.
  • Por fin ves clara tu posición de vida, comprendes tus emociones y eliges cambiarlas… ¡si te apetece!

Las profes estamos encantadas de ayudarte a alcanzar todo esto. Nos dedicamos al taichí, el Chi Kung, la kinesiología, la reflexología facial, la respiración funcional, el análisis transaccional, el coaching… Y lo hacemos con rigor, apoyándonos en los descubrimientos de la neurociencia. Vamos, que somos fans de Nazareth Castellanos y de Andrew Huberman.

Si te apetece hacer uno de nuestros cursos y te has quedado sin plaza o no eres de Tres Cantos, escríbenos a taichi3cantos@gmail.com o al whatsapp 620158865. ¡Recuerda que lo puedes hacer online!

En la página Cursos tienes toda la información sobre precios y fechas.


¿Cuál es tu caso? ¿Consigues gestionar tus emociones, observar y después actuar? ¿Tiendes en cambio a reaccionar ante la situación, sin reparar en si se ha disparado una emoción que responde a lo presente o un sentimiento del pasado? Puedes dejar tus comentarios sobre ello. Y como siempre, siéntete libre de compartir. ¡Gracias por leer!

¿Qué es el coaching y para qué sirve?

Seguro que has oído hablar de coaching, sobre todo en las empresas, pero muchas personas no saben exactamente de qué se trata. El problema empieza en la propia palabra. Coaching es una palabra de difícil pronunciación en nuestro idioma. A diferencia de marketing, que ya es reconocida por los diccionarios, coaching no se pronuncia como se escribe, es relativamente reciente, y por ello crea cierta resistencia.

¿Qué es el coaching?

Coaching es un servicio profesional que consiste en ayudar a personas a definir metas claras y establecer un marco temporal específico para alcanzarlas.

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Podemos concretar más su definición en base a sus características:

  • El coaching es un proceso de entrenamiento individual a través de la comunicación. Se trata de recorrer el camino que une la situación actual de un individuo con su meta deseada.
  • El método del coaching es socrático, es decir, por medio de preguntas y de una escucha basada en el absoluto respeto, el coach trata de que el cliente se conozca a sí mism@, comprenda sus motivaciones personales y supere sus limitaciones, tanto para alcanzar un objetivo como para aceptar la realidad tal cual es (que también es un objetivo).
  • No hay coaching si no hay acción por parte del individuo. El coach ofrece mucho más que una conversación interesante, puesto que el proceso se va completando con la realización de distintos hitos que ayudan a la persona a avanzar por su camino. El coaching consiste en ayudar a manejar los problemas por sí mismo/a. 
  • Se trata de un proceso de cambio, a lo largo de una serie de sesiones que se prolongan algunas semanas para permitir que el cambio se realice. Entre sesiones, ocurre que todo aquello que el cliente ha hecho consciente, lo convierte en importantes cambios en su vida.
  • Es muy importante que se establezca una relación agradable entre coach y cliente para que el proceso sea un catalizador del cambio.
  • El coach desempeña el rol de hincha, apoyo, socio en el proceso, que al tiempo es responsabilidad del cliente llevar a cabo.

¿Para qué sirve el coaching?

El proceso de coaching permite que una persona vaya del lugar en el que está al lugar en el que quiere estar, adquiriendo y potenciando sus recursos internos y logrando recursos externos. Es decir, el coach acompaña al cliente en el camino que recorre para lograr una meta. ¿Así de fácil? Bueno, es un acompañamiento muy especializado. El profesional del coaching debe tener en cuenta muchos factores, con el fin de impulsar a la persona y empoderarla, hasta el punto de que logre alcanzar mucho más de lo que en un principio le permitía sus sistema de creencias.

El coach se atiene a normas éticas y deontológicas de las asociaciones internacionales, como ICF o IAC. Desde estas, realiza preguntas poderosas a la persona, busca revelar a la persona a sí misma, haciendo una labor de espejo para que la persona se dé cuenta de qué creencias ha adoptado como verdades absolutas, qué aumenta su energía y qué le frena.

El coach impulsa a la persona a llegar más lejos: es una habilidad clave, que observamos en coaches como Tony Robbins. Pero con el impulso no es suficiente, el coach pide acciones al cliente que le hagan avanzar hacia sus objetivos. Al fin y al cabo, el coaching busca que la persona esté en su estado Adulto la mayoría del tiempo.

Además, a un coach profesional le gusta la gente: es una profesión caracterizada por la ayuda, en la que es fundamental una escucha profunda que permita al coach disfrutar inmensamente del cliente tal como es, y no tal como debería ser. Así, la persona se siente aceptada por completo y, en ese entorno, puede desplegar sus habilidades y recursos. Igual que el coach acepta a su cliente, acepta la perfección de cada situación. Es el «sí a todo como es, gracias a todo como es», la aceptación y el agradecimiento que son la base de aceptar activamente las verdades en la vida del cliente y dejando que la conversación fluya hacia nuevos territorios, nuevas soluciones, nuevas situaciones.

El coach es un profesional experto en la comunicación. Y parte de ella es comunicar con claridad. La misma claridad que se busca en el objetivo del cliente la tiene que mostrar el coach en su comunicación, contando abiertamente lo que percibe.

En resumen

En resumen, el coaching es un proceso breve y poderoso de acompañamiento en el que un cliente puede esperar que el profesional del coaching le impulse a alcanzar sus metas, llegando incluso más allá de lo que en un principio se había planteado: más lejos, o antes, o a una meta mayor.

¿Qué es el coaching transaccional?

Se trata de aplicar principios y fundamentos del análisis transaccional al coaching. El análisis transaccional, creado por Eric Berne, es el estudio de las transacciones (relaciones) entre las personas, que se realizan desde tres estados del yo: el Padre, el Adulto y el Niño. Es como si el yo estuviese dividido en partes que se manifiestan con determinadas formas verbales y no verbales.

Los estados del yo no son personajes que uno interpreta en un lugar concreto, como el rol de jefe cuando vas a la oficina. Son conductas que se reflejan en la actividad gestual, el tono de la voz y las palabras que se utilizan. Vienen heredadas de las posturas y gestos aprendidos durante la niñez.

Además, el análisis transaccional estudia el guion de vida: parte de establecer cómo se siente la persona consigo misma y con relación a los demás. Desde pequeña y a partir de esta posición existencial básica, la persona irá elaborando un guion con la trayectoria que tendrá su vida. Por cierto: el guion de vida se puede cambiar.

Considero que el coaching se enriquece con una profundización en cuál es la postura que la persona mantiene ante la vida, fundamentada en una serie de creencias. En todo guion, hay mandatos, permisos y prohibiciones, juegos con desenlace «incómodo», formas todas de mantener un guion automatizado.

Como habrás visto en las páginas del blog, recientemente he recuperado la práctica del coaching. Ha sido una coincidencia de factores: estoy colaborando con Centro Tai San en formación, coaching y análisis transaccional, me estoy formando en PNL Practitioner para reciclar mis competencias en coaching y estoy impulsando de nuevo mis cursos de desarrollo personal y mis manuales de coaching y de comunicación eficaz.

Sea conmigo o con otro profesional, busca una persona que tenga experiencia de varios años en la formación y el desarrollo personal, tenga titulación relacionada con el coaching, la PNL, el A.T. o las constelaciones familiares y, sobre todo, con quien conectes.

Tal el tiempo, tal el tiento

Doña Leandra, manchega ella, lo tiene claro:

Tal el tiempo, tal el tiento.

Doña Leandra.

Esto le dijo a su marido don Bruno cuando el otro se planteaba renunciar a un cambio de bando porque los moderados le ofrecían todo aquello que había estado pidiendo a los progresistas.

Doña Leandra y don Bruno son personajes de Bodas reales, el Episodio Nacional número 30 de Galdós.

Imagen de JUAN PABLO GONZALES DELGADO en Pixabay. Este podría ser don Bruno arando sus campos.

¿Y qué significa este refrán?

Según nos cuentan en el Centro Virtual Cervantes, se refiere a la necesidad de adaptarse a los cambios, en la sociedad y en la vida. Pero, ojo, este refrán es muy antiguo, está en desuso; lo utilizó Cervantes en El Quijote y lo reprodujo su fiel admirador don Benito en la novela ambientada en el siglo XIX.

¿No es interesante comprobar que los cambios y la inestabilidad ya existían antes de los tiempos que vivimos? Y lo cierto es que el siglo XIX en España fue, como mínimo, turbulento. Así, doña Leandra también nos dice que

A quien se muda, Dios le ayuda.

Doña Leandra.

No lo dice en el sentido de cambiarse de ropa o de población, sino, de nuevo, en el de adaptarse a los cambios que se están viviendo.

Cómo aplicar el cambio en tu día a día

Cada segundo que se vive es distinto al anterior. Cada presente es nuevo, la vida se renueva constantemente. Pero nuestro cerebro está diseñado para automatizar procesos, crear e identificar categorías, de manera que tenemos la sensación de que cada día es el día de la marmota.

Por otro lado, observamos que el mundo a nuestro alrededor «se desmorona» y lo viejo conocido da lugar a novedades que vivimos con extrañeza, cuando no con desprecio o miedo. Doña Leandra nos dice que Dios ayuda a quien se muda. Y esto se puede hacer de varias formas:

  • Aprende algo nuevo: vivimos una época fascinante en cuanto a cambios tecnológicos. ¿No te interesa saber mejor qué es eso de la IA y cómo se usa? O bien, puede que, precisamente por estos cambios, ahora más que nunca quieras aprender un oficio artesano, como el de alfarero. O una técnica de ayuda, como la arteterapia. Lo bueno es que las oportunidades son más accesibles que nunca.
  • Reaprende algo en lo que te formaste hace muchos años. ¿Recuerdas la fecha de tus últimos estudios oficiales? Yo he tenido que pedir mi certificado de notas de la Licenciatura y me comentaron que, por la fecha en la que terminé, tenían que «elaborarlo a mano a partir de unos cartoncillos». Realmente, al repasar algunos de mis certificados, casi me parecen pergaminos.
  • Presta atención a tu respiración. Puedes reservar momentos en los que sólo hagas esto, como la práctica de mindfulness, o puedes observar cómo respiras (o contienes la respiración) mientras trabajas, en un momento de estrés o en uno de calma total. La respiración une la mente y el cuerpo y es un fenómeno que te trae al presente. El cambio ocurre en el presente. O más bien: el presente es permanente cambio.
  • Haz alguna actividad que te motive mucho. Ya sea caminar por el campo, ir al teatro o bailar zumba, si practicas las actividades que más te motivan te es más fácil apreciar los cambios en ellas: cambio en el follaje de los árboles, ver una obra de teatro que desconoces, aprender nuevos pasos de baile… Incluso si ves la misma obra, cada representación es única. Y cada ejecución de un baile.
  • Abraza el cambio. Di sí a todo como es. A veces, el cambio viene de fuera, por tanto, no lo hemos decidido y nos resistimos a asumirlo. Muchas veces es un fenómeno triste, negativo, o que nos enfada. Frente a la dureza de un destino, siempre está la opción adulta de decir sí a todo como es, sí a todos como son.

¿Cómo te adaptas a los cambios? ¿Produces cambios en tu vida que te permiten vivir experiencias más ricas? ¿Estás aprendiendo algo nuevo o reaprendiendo algo antiguo? Me gustaría conocer tu opinión: siéntete libre de dejar un comentario o escribirme. Y por supuesto, comparte con quien quieras esta publicación. Muchas gracias por leer.

De pie

Hagamos un experimento: ponte de pie. En serio: lee este post estando de pie, incluso andando un poco. ¡Veamos si funciona!

Imagen de Unsplash.

Hace unos años fui a Estados Unidos porque trabajaba en una empresa norteamericana. Allí vi que mis compañeros de trabajo tenían mesas elevables; varios de ellos estaban trabajando de pie. Pensé para mis adentros que era mejor, simplemente, separarse del escritorio y darse una vuelta, incluso salir a la calle. Pero estar de pie en tu puesto de trabajo es mejor que nada.

Siguiendo a la médico Sari Arponen, en su «¡Es la microbiota, idiota!«:

Haz tus reuniones de pie 30 minutos antes de la hora de comer. Verás cómo todo el mundo se esfuerza por ser eficiente en la reunión.

Sari Arponen.

Esto me hizo sonreír, porque, a pesar de la antigüedad del famoso vídeo de John Cleese «Meetings, Bloody Meetings» (Reuniones, malditas reuniones), se siguen manteniendo largas reuniones sin objetivo claro, en las que se improvisa el trabajo en lugar de traerlo hecho y en las que no se establece ningún plan de acción posterior.

El famoso vídeo de Meetings, Bloody Meetings.

Solemos escuchar lo malo que es estar mucho tiempo en posición sentada, pero, tras 8 horas de jornada laboral, el silloning es el deporte más practicado: sentimos cansancio, agotamiento. El sofá tiene una especie de imán que nos atrapa, ayudado por la facilidad de acceder a películas y series que nos enganchan.

Sin embargo, siguiendo a la médico internista Sari Arponen, si puedes estar sentado en vez de tumbado, mejor. Y si puedes estar de pie, estupendo. Si te llaman por teléfono, camina durante la llamada. Aprovecha cada oportunidad para activar tu cuerpo. Es verdad que ahora se habla mucho de la diferencia entre ejercicio físico (un plan pautado con ejercicios y repeticiones) y actividad física (moverse, no apoltronarse). Pero pienso que la actividad física es, de nuevo, mejor que nada. Si además es en el exterior, viendo la luz solar, mejor (aquí sigo al neurocientífico Andrew Huberman).

Unleash the Power Within

La semana pasada asistí al gran evento digital Unleash the Power Within (Libera el poder que hay en ti) de Tony Robbins. Eran 12 horas al día en streaming (retransmisión en directo) durante 4 días seguidos. Y gran parte del evento ponía en práctica una de sus recomendaciones: sube tu nivel de energía. En este evento, la forma de subir la energía era con música animada y bailes coreografiados, pero cada cual podía saltar y bailar como quisiera. Se decía varias veces algo que está demostrado científicamente: hacer ejercicio permite fijar mejor el aprendizaje. De hecho, como afirma la profesora Barbara Oakley, hacer ejercicio genera nuevas neuronas. En otras palabras:

Puede ser más rentable una hora de ejercicio que una hora de estudio.

Siguiendo a Barbara Oakley.

Si quieres saber más sobre estrategias de aprendizaje y cómo hacer ejercicio influye en él, puedes leer Aprender a aprender. En cualquier caso, no te quedes ahí, diciéndote: «Sí, sí, es muy interesante». Olvidarás esta información a los pocos minutos. En cambio, puedes hacer un compromiso contigo mismo y decir: «a partir de ahora voy a adoptar este hábito, voy a hacer una parada cada hora en la que voy a ir a subir escaleras», o «voy a echarme un baile o moverme al ritmo de la música ahora mismo, y cada día».

El Niño sostenido por la silla

Si, en lugar de estar en una posición activa, de pie o en posición sentada pero con la espalda separada del asiento, estamos en una posición pasiva, apoltronados, seguramente vivamos el aprendizaje o la experiencia desde el estado Niño del yo. En este estado, la persona no se sostiene por sí misma, sino que busca un apoyo externo (la silla) para sostenerse.

Recapitulemos: ocho horas al día en el estado Niño, inducido por la comodidad de una silla de oficina y por el tipo de relación que se establece de jefatura a colaboradores, relación Padre-Niño. Después, 3 o 4 horas de televisión o smartphone, caídos como fardos en el sofá, incomprensiblemente cansados, sin la capacidad para leer, reflexionar o hacer ejercicio intenso, como si esas ocho horas más transporte nos hubieran absorbido toda la energía. Pero

La energía es un hábito.

Tony Robbins.

Se puede adquirir el hábito de subir el nivel de energía activando el cuerpo al menos cada hora de estar sentado (siempre que las normas de la empresa no sean tan obtusas como para evitar esto). Se puede subir el nivel de energía sonriendo, con frases afirmativas, trayendo a la mente a tus seres queridos, sintiendo gratitud, bailando, dándote autorreconocimiento (autocaricias). Es decir, hay miles de formas de pasar de un estado pasivo a uno activo, que abre la mente, permitiendo el aprendizaje y la acción.

En conclusión, estar de pie hace que sea más fácil estar en el estado Adulto, sosteniéndonos a nosotros mismos y actuando en lugar de observar desde fuera o quejarse. Subir el nivel de energía y sentir alegría y gratitud permiten sentir autoconfianza, la sensación de que nuestras acciones tendrán los resultados esperados. Además, hace más fácil integrar cualquier aprendizaje. Merece la pena experimentar el estado Adulto las veces que puedas, respirando en el presente, en movimiento, lejos del estado pasivo y conformista o resignado.


Soy consciente de que muchas personas no pueden ponerse de pie, o, si logran hacerlo, pueden estar muy poco tiempo en esta posición. Este post va orientado a aumentar la actividad física, sea cual sea el estado en que se encuentre cada cual. Si no puedes levantarte, puedes moverte al ritmo de la música igualmente, puedes hacer estiramientos, ejercicios de fuerza. La idea es activar la energía en el cuerpo.

Gracias como siempre por leer y por compartir.

Monográfico de emociones

Este domingo 17 de marzo (2024) termina el monográfico de emociones que he estado impartiendo junto con Elena Frías y Rosa Molina en el Centro Tai San de Tres Cantos. Lo hace con un último taller de En Movimiento, en el que se explorará cómo mover el cuerpo de forma consciente hace que la mente se predisponga para alcanzar objetivos. Estos talleres se imparten de forma presencial y online.

Ver más información sobre este taller.

Ha sido un recorrido a lo largo de seis sesiones en el que hemos tocado temas como la respiración consciente, la gimnasia para el cerebro, la posición de vida o las emociones genuinas. Las tres profesoras llevamos muchos años de aprendizaje e impartición en el desarrollo personal y vimos necesario crear un itinerario que ayudara a la gente a vivir el momento presente, sintiéndose con fuerza y con calma para dar cada paso con seguridad.

Debido a cómo ha funcionado, hemos decidido hacer una segunda edición, que comienza en abril.

¿Qué es el monográfico de emociones?

Es un itinerario formativo que se desarrolla a lo largo de un trimestre, en 6 sesiones exclusivas de 3 horas de duración cada una. Consideramos que las sesiones son complementarias entre sí, si bien, se pueden cursar los talleres de forma independiente. Es un curso abierto a todo tipo de personas y circunstancias.

El monográfico incluye 3 disciplinas, como comentaba:

  • Respiración funcional (Oxygen Advantage): métodos de respiración y descanso muy sencillos y eficaces, apoyados por la sabiduría milenaria del tai chi y el chi kung. Lo imparte Elena Frías.
  • En Movimiento: integra gimnasia para el cerebro, kinesiología, gimnasia visual, reflexología facial y chi kung. Lo imparte Rosa Molina.
  • Análisis transaccional: se centra en la comprensión de la posición de vida y las emociones primarias y secundarias que se tienen con apoyo en el guía interior. Lo imparto yo.

Las tres profesoras sabemos que trabajar las emociones desde diferentes metodologías ayuda a liberar muchos bloqueos. Esto permite experimentar las emociones genuinas cuando se sienten, en el momento presente, respirarlas, aunarlas a nuestros objetivos, contar con ellas en lugar de obviarlas…

Las emociones nos dejan huella en los tres niveles: mental, emocional (valga la redundancia) y físico. Además, alteran el funcionamiento de nuestros órganos y determinan una visión del mundo, en el que la persona se siente bien o mal y siente que el mundo está bien o está mal. Si no las gestionamos, impiden que alcancemos nuestros objetivos, acompañados de emociones negativas, sentimientos parásitos, creencias de la infancia… Por todo esto, al trabajar las emociones en los talleres de En Movimiento, con la Respiración funcional y apoyándose en el Análisis transaccional, la persona se siente mejor consigo misma.

Photo by Wendy Hero on Pexels.com.

Información práctica del taller

Fechas y títulos de los talleres:

Los talleres se imparten en domingo, de 10 a 13 horas, con un breve descanso intermedio. Las fechas que se ofrecen son:

  • 7 de abril: “Respiración, postura corporal y emociones”
  • 21 de abril: “En Movimiento. Fija tu objetivo y muévete hacia él contando con tus emociones”
  • 12 de mayo: “A. T. Postura ante la vida: estoy bien, no estoy bien”
  • 26 de mayo: “En Movimiento. Conecta con lo que sientes y decide tu reacción desde el equilibrio”
  • 9 de junio: “A. T. Emociones auténticas y parásitas. Chantaje emocional”
  • 22 de junio: “Respiración y sueño reparador”

Precio:

  • Monográfico completo: 215 € – incluye un descuento del 10 %
  • Talleres sueltos: 40 € cada uno

Agradecimiento

Es un lujo poder impartir estos talleres. Estoy muy agradecida a Elena Frías por facilitar no sólo el espacio, sino también el contacto con las personas que participan. Y la colaboración tanto con ella como con Rosa Molina es siempre fluida, constructiva y orientada a la acción. Por supuesto, estoy agradecida a las personas que han participado, que han producido momentos de especial profundidad y toma de conciencia para todos.

Menciono el agradecimiento porque es «la emoción clave«, aquella que las tres instructoras consideramos clave para todo lo demás: las gracias abren las puertas a la aceptación de la vida tal y como es, de las personas que nos rodean tal y como son y, al fin y al cabo, de uno mismo, una misma. Por tanto, si hay algo que destacamos en cada uno de los talleres, son los beneficios de sentir agradecimiento.


Espero que esta información sea de tu interés. No dudes en contactar conmigo si quieres saber más. ¿Tienes alguna duda o pregunta que quieras hacer? Sin problema, deja un comentario. Si quieres apuntarte a estos cursos, puedes escribir a Elena Frías por whatsapp al 620 15 88 65.

Emociones genuinas, emociones parásitas

Recuerda la última situación en la que experimentaste cierto estrés.

Te doy un ejemplo: fuiste a la compra y, una vez dejados los productos del carro en la cinta, en el momento de pagar, no llevabas la cartera. Te tocó quitar todo de allí, retroceder, irte sin la compra. Piensa en cómo reaccionaste: quizá te enfadaste contigo mismo, o sentiste pánico, vergüenza, o bien sentiste tristeza; quizá se te quedó la mente en blanco. ¿Qué palabras te decías en esa situación? Da un nombre a la emoción que sentías.

Foto de Julien L en Unsplash.

Pues bien, seguramente sientes algo parecido cada vez que experimentas estrés. Es una emoción que no te permite solucionar el problema, que te hace sentir peor, añadiendo esa sensación incómoda al suceso en sí, en este caso, a no poder llevarte la compra. Esa sensación es un sentimiento parásito. Es posible que pienses:

Todo el mundo reacciona igual cuando le pasa esto.

Pero no es así: cada persona responde de una manera distinta en situaciones de estrés.

Mi sentimiento malo favorito

El sentimiento parásito es tu «sentimiento malo favorito»: esa emoción que aparece cada vez que surgen dificultades, como si tuviéramos preferencia por experimentarlo. Y es el que, según el análisis transaccional (A. T.) se fijó en nuestra infancia. Es probable que viésemos a nuestros progenitores reaccionando de la misma manera.

Las familias suelen tener emociones prohibidas y emociones alentadas. Se suele premiar una «emoción incómoda» y se suelen dejar de lado las emociones genuinas, las que realmente permiten solucionar problemas. Por ejemplo, en una familia puede estar prohibida la alegría. O puede estar prohibida la tristeza. O bien, los hombres de la familia deben mostrar mucha ira, pero las mujeres deben permanecer con una sonrisa y la mente en blanco.

Otro ejemplo: Vanesa se pone a la cola para esperar al autobús. De pronto, una señora con un carro se cuela varios puestos. Su primera reacción es la ira, pero enseguida la tapa con una sonrisa y dejando la mente en blanco. Puede que sonría a la señora que le había provocado la emoción genuina de la ira.

Tener sentimientos parásitos nos hace avanzar en nuestro guion de vida, justificando decisiones que nos llevan a donde no queremos ir conscientemente, pero habíamos proyectado llegar desde el pensamiento mágico del niño.

El elástico me lleva al pasado

De pequeños, obtener caricias de los progenitores es cuestión de vida o muerte. Por tanto, iremos modelando distintas conductas hasta dar con aquellas que provoquen caricias (positivas o negativas). Ser ignorado es percibido por un niño pequeño como el paso previo a ser abandonado o morir de inanición, es decir, las consecuencias son muy importantes.

Así, cuando siendo personas adultas nos encontramos con una situación de estrés, puede que conecte de golpe con una situación de estrés del pasado, como un elástico que te lleva de un salto a tu infancia. Entonces, ya no estás en la cola del supermercado teniendo que quitar todo de la cinta mientras el cajero te mira fijamente: eres tú en tu infancia, sin recursos, cegado por un sentimiento parásito, quien se encuentra en esa situación. Tu reacción no sólo no te permite solucionar el problema, sino que te lleva a manipular el entorno tal como tratabas de hacer con tus progenitores buscando la emoción que les satisficiera.

Las emociones genuinas solucionan problemas

Según el A. T., hay 4 emociones auténticas:

  • Ira
  • Tristeza
  • Miedo
  • Alegría

La mayoría de autores suman otras dos:

  • Sorpresa
  • Asco/aversión

Todo lo demás, la miríada de nombres que le podemos dar a los sentimientos, son emociones parásitas: frustración, decepción, angustia, indignación, melancolía, desolación mente en blanco, sensación de vacío, vértigo ante la vida…

Pero las emociones que hemos heredado de miles de años de evolución, las que están en la amígdala y se manifiestan en el cuerpo, son las genuinas, las que están preparadas para evitar un peligro o permanecer más tiempo en una situación.

Veamos cómo.

Miedo: evitar un peligro futuro

El miedo auténtico es el que nos permite huir del depredador en la jungla. También nos puede paralizar por completo si lo necesario es ocultarse. En la vida actual, nos permite por ejemplo dar un salto cuando un coche no disminuye la marcha al acercarse al paso de cebra por el que estamos cruzando. El miedo evita un peligro futuro (si bien inminente).

Ira: solucionar una situación presente

La ira genuina provoca que el corazón bombee más sangre a nuestras extremidades, nos permite responder físicamente, golpeando o apartando la amenaza, o huyendo. Si estamos en el metro y alguien nos empuja, la respuesta adecuada es un empujón de igual intensidad. Esto nos deja en equilibrio con la otra persona. También podemos escabullirnos si el contrincante es más grande o es peligroso. En cambio, si reprimimos la respuesta, acumulamos el resentimiento para usarlo otro momento en el que ya no tiene sentido.

Tristeza: superar el pasado

La tristeza auténtica es la que nos permite hacer el duelo para superar un hecho doloroso que sucedió en el pasado. Este hecho significa la pérdida de una situación (cambio de casa, de trabajo, de condiciones económicas) o de un ser querido.

Felicidad

La sensación de alegría auténtica nos permite relajarnos y sentir que todo está bien a nuestro alrededor. No hay amenazas, la situación está bien como está, podemos respirar profundamente, con calma. Esta felicidad genuina nos facilita disfrutar de lo que está ocurriendo en el momento presente.


Con lo que has leído, ¿identificas tus sentimientos parásitos? ¿Eres capaz de darte cuenta de cuándo tu respuesta a una situación no se corresponde con lo que está sucediendo? ¿Qué preguntas te han surgido al leer esta entrada? No dudes en dejar tus impresiones en comentarios. ¡Gracias por leer y por compartir!

El primer paso

Un camino de mil millas comienza con un primer paso.

Lao Tse.

Para alcanzar lo que quieres lograr, necesitas dar el primer paso. Y lo podrás dar cuando te deshagas de la creencia de que tu objetivo es una enorme bola que lo incluye todo. Cualquier proyecto se puede desgranar en piezas. Algunos de ellos son idóneos para esto, cuando se componen de unidades similares y cada pieza se repite una y otra vez. Es como construir con piezas Lego.

Imagen de Karin Henseler en Pixabay.

¿Cuál es tu pieza Lego?

De nuevo, recurro a Bent Flyvbjerg para explicar cómo se logran resultados, sea en lo personal o en lo profesional. Llevo gestionando proyectos de formación online desde 2010, y veo que las dificultades que surgen en su ejecución son muy parecidas a las que describe este profesor experto en megaproyectos. Y lo mismo ocurre con los proyectos personales.

Una de las formas de hacer que el camino de mil millas se nos haga más llevadero es identificar qué supone un paso en él, sobre todo, el primer paso. El camino se completará con pasos semejantes entre sí, por tanto, es importante saber por dónde empezar.

Por ejemplo, si tu objetivo es leer más, se puede concretar este logro cuantificando qué es «más». Puede que el año pasado leyeras 5 libros y este año quieres leer 10, 20 o 50. Siendo realistas, es decir, ateniéndonos a los datos de las lecturas de años anteriores, tiene más sentido un objetivo modesto de 10 libros, porque ya es el doble de lo logrado el año anterior. Si pensamos que vamos a leer 50 libros, el esfuerzo es cinco veces mayor. Quizá no se logre y derive en frustración.

En este ejemplo, el primer paso es coger el libro, abrirlo, leer. Ese paso puede estar mucho más detallado: elegir un libro concreto por el que se siente una motivación para leerlo, elegir una franja horaria en la que le podamos dedicar tiempo a la lectura y acotarla, por ejemplo, media hora, elegir unos días de lectura compatibles con el resto del horario y disfrutar a tope.

Puede que parezca muy engorroso, ¿tantas elecciones? El problema es que, si no se hacen, el primer paso de abrir el libro y leerlo puede quedarse en el único. Después, el libro estará rondando por distintas superficies, con el marcapáginas señalando dónde te quedaste, de dónde no pasaste. Y si es un libro electrónico, el hecho de que esté apagado y que no muestre el avance es suficiente para olvidar la lectura por completo.

¿Cuándo entrar en acción?

En el post anterior veíamos la importancia de planificar despacio cualquier proyecto que vayamos a emprender. También vimos cómo Tony Robbins recomienda entrar en acción masiva YA, cuanto antes. Pues bien, ambas cosas son ciertas. En un proyecto que requiere poca inversión, como el de la lectura, podemos lanzarnos a dar el primer paso, esto es, leer, sin comprometer recursos. Simplemente, abrimos el libro y nos sumergimos en otra realidad. Quizá una vez experimentado esto, sin cronometrar el tiempo que dedicamos, saquemos conclusiones. Por ejemplo, puede que prefiera leer una hora cada dos días que media hora todos los días. O puede que un libro me enganche tanto que lo lea de una sentada, mientras que otros requieren ir digiriendo la información poco a poco.

Lanzarnos a la acción nos da una información que no podemos tener cuando sólo estamos pensando en lo que vamos a hacer.

Pensar en la acción no es actuar.

Al ponernos manos a la obra, descubrimos un montón de factores que no habíamos tenido en cuenta. Por ejemplo, puedes darte cuenta de que la luz que tienes es insuficiente para la lectura, o que el asiento que has elegido es incómodo, etc. Precisamente, «fallar pronto» es una de las leyes de la gestión de proyectos ágiles: encontremos cuanto antes qué es lo que no funciona para actuar sobre ello.

Lo esencial para ti

A veces, en proyectos más grandes que el leer más, como pueda ser un cambio de carrera profesional, podemos quedar paralizados por las creencias, el exceso de análisis, el miedo o la sensación interna de que nos estamos equivocando. En este tipo de proyectos personales, es fundamentar pensar despacio e indagar la verdadera razón por la que quieres lograr tu objetivo.

Puede servir encontrar qué es lo esencial para ti, algo que recomienda Brigitte Champetier. Es posible que tus expectativas sobre el cambio de carrera profesional estén basadas en ilusiones del Niño (estado del Niño del A. T.), no en lo que necesitas como persona adulta. Por ello, quizá lo esencial difiera bastante de tus expectativas. Si no encuentras la motivación última, el porqué, vas a avanzar por un camino equivocado. Para dar el primer paso, puedes realizar este ejercicio de Insconsfa, que te permite centrarte y ver más allá.

Cuando entras en acción, cuando empiezas a caminar, cada paso te da información nueva que desconocías. Algunos son «saltos mortales», como el cambio de carrera. Sin embargo, ese gran salto también se compone de pequeñas piezas: crear o renovar tu imagen de marca, crear y mantener contactos, aprender algo nuevo, entrenarte en una habilidad concreta… Y dentro de cada pieza, hay más piezas. Por ejemplo, para crear tu imagen de marca tendrás que elegir cómo la comunicas, qué te define, por qué eres el candidato perfecto, etc. Pequeños pasos. Pasos importantes.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Cómo te enfrentas a nuevos proyectos? ¿Consigues aislar ese «primer paso», esa pieza que luego simplemente se va a repetir? Muchas gracias por leer y por compartir.