¿Qué es el coaching y para qué sirve?

Seguro que has oído hablar de coaching, sobre todo en las empresas, pero muchas personas no saben exactamente de qué se trata. El problema empieza en la propia palabra. Coaching es una palabra de difícil pronunciación en nuestro idioma. A diferencia de marketing, que ya es reconocida por los diccionarios, coaching no se pronuncia como se escribe, es relativamente reciente, y por ello crea cierta resistencia.

¿Qué es el coaching?

Coaching es un servicio profesional que consiste en ayudar a personas a definir metas claras y establecer un marco temporal específico para alcanzarlas.

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Podemos concretar más su definición en base a sus características:

  • El coaching es un proceso de entrenamiento individual a través de la comunicación. Se trata de recorrer el camino que une la situación actual de un individuo con su meta deseada.
  • El método del coaching es socrático, es decir, por medio de preguntas y de una escucha basada en el absoluto respeto, el coach trata de que el cliente se conozca a sí mism@, comprenda sus motivaciones personales y supere sus limitaciones, tanto para alcanzar un objetivo como para aceptar la realidad tal cual es (que también es un objetivo).
  • No hay coaching si no hay acción por parte del individuo. El coach ofrece mucho más que una conversación interesante, puesto que el proceso se va completando con la realización de distintos hitos que ayudan a la persona a avanzar por su camino. El coaching consiste en ayudar a manejar los problemas por sí mismo/a. 
  • Se trata de un proceso de cambio, a lo largo de una serie de sesiones que se prolongan algunas semanas para permitir que el cambio se realice. Entre sesiones, ocurre que todo aquello que el cliente ha hecho consciente, lo convierte en importantes cambios en su vida.
  • Es muy importante que se establezca una relación agradable entre coach y cliente para que el proceso sea un catalizador del cambio.
  • El coach desempeña el rol de hincha, apoyo, socio en el proceso, que al tiempo es responsabilidad del cliente llevar a cabo.

¿Para qué sirve el coaching?

El proceso de coaching permite que una persona vaya del lugar en el que está al lugar en el que quiere estar, adquiriendo y potenciando sus recursos internos y logrando recursos externos. Es decir, el coach acompaña al cliente en el camino que recorre para lograr una meta. ¿Así de fácil? Bueno, es un acompañamiento muy especializado. El profesional del coaching debe tener en cuenta muchos factores, con el fin de impulsar a la persona y empoderarla, hasta el punto de que logre alcanzar mucho más de lo que en un principio le permitía sus sistema de creencias.

El coach se atiene a normas éticas y deontológicas de las asociaciones internacionales, como ICF o IAC. Desde estas, realiza preguntas poderosas a la persona, busca revelar a la persona a sí misma, haciendo una labor de espejo para que la persona se dé cuenta de qué creencias ha adoptado como verdades absolutas, qué aumenta su energía y qué le frena.

El coach impulsa a la persona a llegar más lejos: es una habilidad clave, que observamos en coaches como Tony Robbins. Pero con el impulso no es suficiente, el coach pide acciones al cliente que le hagan avanzar hacia sus objetivos. Al fin y al cabo, el coaching busca que la persona esté en su estado Adulto la mayoría del tiempo.

Además, a un coach profesional le gusta la gente: es una profesión caracterizada por la ayuda, en la que es fundamental una escucha profunda que permita al coach disfrutar inmensamente del cliente tal como es, y no tal como debería ser. Así, la persona se siente aceptada por completo y, en ese entorno, puede desplegar sus habilidades y recursos. Igual que el coach acepta a su cliente, acepta la perfección de cada situación. Es el «sí a todo como es, gracias a todo como es», la aceptación y el agradecimiento que son la base de aceptar activamente las verdades en la vida del cliente y dejando que la conversación fluya hacia nuevos territorios, nuevas soluciones, nuevas situaciones.

El coach es un profesional experto en la comunicación. Y parte de ella es comunicar con claridad. La misma claridad que se busca en el objetivo del cliente la tiene que mostrar el coach en su comunicación, contando abiertamente lo que percibe.

En resumen

En resumen, el coaching es un proceso breve y poderoso de acompañamiento en el que un cliente puede esperar que el profesional del coaching le impulse a alcanzar sus metas, llegando incluso más allá de lo que en un principio se había planteado: más lejos, o antes, o a una meta mayor.

¿Qué es el coaching transaccional?

Se trata de aplicar principios y fundamentos del análisis transaccional al coaching. El análisis transaccional, creado por Eric Berne, es el estudio de las transacciones (relaciones) entre las personas, que se realizan desde tres estados del yo: el Padre, el Adulto y el Niño. Es como si el yo estuviese dividido en partes que se manifiestan con determinadas formas verbales y no verbales.

Los estados del yo no son personajes que uno interpreta en un lugar concreto, como el rol de jefe cuando vas a la oficina. Son conductas que se reflejan en la actividad gestual, el tono de la voz y las palabras que se utilizan. Vienen heredadas de las posturas y gestos aprendidos durante la niñez.

Además, el análisis transaccional estudia el guion de vida: parte de establecer cómo se siente la persona consigo misma y con relación a los demás. Desde pequeña y a partir de esta posición existencial básica, la persona irá elaborando un guion con la trayectoria que tendrá su vida. Por cierto: el guion de vida se puede cambiar.

Considero que el coaching se enriquece con una profundización en cuál es la postura que la persona mantiene ante la vida, fundamentada en una serie de creencias. En todo guion, hay mandatos, permisos y prohibiciones, juegos con desenlace «incómodo», formas todas de mantener un guion automatizado.

Como habrás visto en las páginas del blog, recientemente he recuperado la práctica del coaching. Ha sido una coincidencia de factores: estoy colaborando con Centro Tai San en formación, coaching y análisis transaccional, me estoy formando en PNL Practitioner para reciclar mis competencias en coaching y estoy impulsando de nuevo mis cursos de desarrollo personal y mis manuales de coaching y de comunicación eficaz.

Sea conmigo o con otro profesional, busca una persona que tenga experiencia de varios años en la formación y el desarrollo personal, tenga titulación relacionada con el coaching, la PNL, el A.T. o las constelaciones familiares y, sobre todo, con quien conectes.

Tal el tiempo, tal el tiento

Doña Leandra, manchega ella, lo tiene claro:

Tal el tiempo, tal el tiento.

Doña Leandra.

Esto le dijo a su marido don Bruno cuando el otro se planteaba renunciar a un cambio de bando porque los moderados le ofrecían todo aquello que había estado pidiendo a los progresistas.

Doña Leandra y don Bruno son personajes de Bodas reales, el Episodio Nacional número 30 de Galdós.

Imagen de JUAN PABLO GONZALES DELGADO en Pixabay. Este podría ser don Bruno arando sus campos.

¿Y qué significa este refrán?

Según nos cuentan en el Centro Virtual Cervantes, se refiere a la necesidad de adaptarse a los cambios, en la sociedad y en la vida. Pero, ojo, este refrán es muy antiguo, está en desuso; lo utilizó Cervantes en El Quijote y lo reprodujo su fiel admirador don Benito en la novela ambientada en el siglo XIX.

¿No es interesante comprobar que los cambios y la inestabilidad ya existían antes de los tiempos que vivimos? Y lo cierto es que el siglo XIX en España fue, como mínimo, turbulento. Así, doña Leandra también nos dice que

A quien se muda, Dios le ayuda.

Doña Leandra.

No lo dice en el sentido de cambiarse de ropa o de población, sino, de nuevo, en el de adaptarse a los cambios que se están viviendo.

Cómo aplicar el cambio en tu día a día

Cada segundo que se vive es distinto al anterior. Cada presente es nuevo, la vida se renueva constantemente. Pero nuestro cerebro está diseñado para automatizar procesos, crear e identificar categorías, de manera que tenemos la sensación de que cada día es el día de la marmota.

Por otro lado, observamos que el mundo a nuestro alrededor «se desmorona» y lo viejo conocido da lugar a novedades que vivimos con extrañeza, cuando no con desprecio o miedo. Doña Leandra nos dice que Dios ayuda a quien se muda. Y esto se puede hacer de varias formas:

  • Aprende algo nuevo: vivimos una época fascinante en cuanto a cambios tecnológicos. ¿No te interesa saber mejor qué es eso de la IA y cómo se usa? O bien, puede que, precisamente por estos cambios, ahora más que nunca quieras aprender un oficio artesano, como el de alfarero. O una técnica de ayuda, como la arteterapia. Lo bueno es que las oportunidades son más accesibles que nunca.
  • Reaprende algo en lo que te formaste hace muchos años. ¿Recuerdas la fecha de tus últimos estudios oficiales? Yo he tenido que pedir mi certificado de notas de la Licenciatura y me comentaron que, por la fecha en la que terminé, tenían que «elaborarlo a mano a partir de unos cartoncillos». Realmente, al repasar algunos de mis certificados, casi me parecen pergaminos.
  • Presta atención a tu respiración. Puedes reservar momentos en los que sólo hagas esto, como la práctica de mindfulness, o puedes observar cómo respiras (o contienes la respiración) mientras trabajas, en un momento de estrés o en uno de calma total. La respiración une la mente y el cuerpo y es un fenómeno que te trae al presente. El cambio ocurre en el presente. O más bien: el presente es permanente cambio.
  • Haz alguna actividad que te motive mucho. Ya sea caminar por el campo, ir al teatro o bailar zumba, si practicas las actividades que más te motivan te es más fácil apreciar los cambios en ellas: cambio en el follaje de los árboles, ver una obra de teatro que desconoces, aprender nuevos pasos de baile… Incluso si ves la misma obra, cada representación es única. Y cada ejecución de un baile.
  • Abraza el cambio. Di sí a todo como es. A veces, el cambio viene de fuera, por tanto, no lo hemos decidido y nos resistimos a asumirlo. Muchas veces es un fenómeno triste, negativo, o que nos enfada. Frente a la dureza de un destino, siempre está la opción adulta de decir sí a todo como es, sí a todos como son.

¿Cómo te adaptas a los cambios? ¿Produces cambios en tu vida que te permiten vivir experiencias más ricas? ¿Estás aprendiendo algo nuevo o reaprendiendo algo antiguo? Me gustaría conocer tu opinión: siéntete libre de dejar un comentario o escribirme. Y por supuesto, comparte con quien quieras esta publicación. Muchas gracias por leer.

De pie

Hagamos un experimento: ponte de pie. En serio: lee este post estando de pie, incluso andando un poco. ¡Veamos si funciona!

Imagen de Unsplash.

Hace unos años fui a Estados Unidos porque trabajaba en una empresa norteamericana. Allí vi que mis compañeros de trabajo tenían mesas elevables; varios de ellos estaban trabajando de pie. Pensé para mis adentros que era mejor, simplemente, separarse del escritorio y darse una vuelta, incluso salir a la calle. Pero estar de pie en tu puesto de trabajo es mejor que nada.

Siguiendo a la médico Sari Arponen, en su «¡Es la microbiota, idiota!«:

Haz tus reuniones de pie 30 minutos antes de la hora de comer. Verás cómo todo el mundo se esfuerza por ser eficiente en la reunión.

Sari Arponen.

Esto me hizo sonreír, porque, a pesar de la antigüedad del famoso vídeo de John Cleese «Meetings, Bloody Meetings» (Reuniones, malditas reuniones), se siguen manteniendo largas reuniones sin objetivo claro, en las que se improvisa el trabajo en lugar de traerlo hecho y en las que no se establece ningún plan de acción posterior.

El famoso vídeo de Meetings, Bloody Meetings.

Solemos escuchar lo malo que es estar mucho tiempo en posición sentada, pero, tras 8 horas de jornada laboral, el silloning es el deporte más practicado: sentimos cansancio, agotamiento. El sofá tiene una especie de imán que nos atrapa, ayudado por la facilidad de acceder a películas y series que nos enganchan.

Sin embargo, siguiendo a la médico internista Sari Arponen, si puedes estar sentado en vez de tumbado, mejor. Y si puedes estar de pie, estupendo. Si te llaman por teléfono, camina durante la llamada. Aprovecha cada oportunidad para activar tu cuerpo. Es verdad que ahora se habla mucho de la diferencia entre ejercicio físico (un plan pautado con ejercicios y repeticiones) y actividad física (moverse, no apoltronarse). Pero pienso que la actividad física es, de nuevo, mejor que nada. Si además es en el exterior, viendo la luz solar, mejor (aquí sigo al neurocientífico Andrew Huberman).

Unleash the Power Within

La semana pasada asistí al gran evento digital Unleash the Power Within (Libera el poder que hay en ti) de Tony Robbins. Eran 12 horas al día en streaming (retransmisión en directo) durante 4 días seguidos. Y gran parte del evento ponía en práctica una de sus recomendaciones: sube tu nivel de energía. En este evento, la forma de subir la energía era con música animada y bailes coreografiados, pero cada cual podía saltar y bailar como quisiera. Se decía varias veces algo que está demostrado científicamente: hacer ejercicio permite fijar mejor el aprendizaje. De hecho, como afirma la profesora Barbara Oakley, hacer ejercicio genera nuevas neuronas. En otras palabras:

Puede ser más rentable una hora de ejercicio que una hora de estudio.

Siguiendo a Barbara Oakley.

Si quieres saber más sobre estrategias de aprendizaje y cómo hacer ejercicio influye en él, puedes leer Aprender a aprender. En cualquier caso, no te quedes ahí, diciéndote: «Sí, sí, es muy interesante». Olvidarás esta información a los pocos minutos. En cambio, puedes hacer un compromiso contigo mismo y decir: «a partir de ahora voy a adoptar este hábito, voy a hacer una parada cada hora en la que voy a ir a subir escaleras», o «voy a echarme un baile o moverme al ritmo de la música ahora mismo, y cada día».

El Niño sostenido por la silla

Si, en lugar de estar en una posición activa, de pie o en posición sentada pero con la espalda separada del asiento, estamos en una posición pasiva, apoltronados, seguramente vivamos el aprendizaje o la experiencia desde el estado Niño del yo. En este estado, la persona no se sostiene por sí misma, sino que busca un apoyo externo (la silla) para sostenerse.

Recapitulemos: ocho horas al día en el estado Niño, inducido por la comodidad de una silla de oficina y por el tipo de relación que se establece de jefatura a colaboradores, relación Padre-Niño. Después, 3 o 4 horas de televisión o smartphone, caídos como fardos en el sofá, incomprensiblemente cansados, sin la capacidad para leer, reflexionar o hacer ejercicio intenso, como si esas ocho horas más transporte nos hubieran absorbido toda la energía. Pero

La energía es un hábito.

Tony Robbins.

Se puede adquirir el hábito de subir el nivel de energía activando el cuerpo al menos cada hora de estar sentado (siempre que las normas de la empresa no sean tan obtusas como para evitar esto). Se puede subir el nivel de energía sonriendo, con frases afirmativas, trayendo a la mente a tus seres queridos, sintiendo gratitud, bailando, dándote autorreconocimiento (autocaricias). Es decir, hay miles de formas de pasar de un estado pasivo a uno activo, que abre la mente, permitiendo el aprendizaje y la acción.

En conclusión, estar de pie hace que sea más fácil estar en el estado Adulto, sosteniéndonos a nosotros mismos y actuando en lugar de observar desde fuera o quejarse. Subir el nivel de energía y sentir alegría y gratitud permiten sentir autoconfianza, la sensación de que nuestras acciones tendrán los resultados esperados. Además, hace más fácil integrar cualquier aprendizaje. Merece la pena experimentar el estado Adulto las veces que puedas, respirando en el presente, en movimiento, lejos del estado pasivo y conformista o resignado.


Soy consciente de que muchas personas no pueden ponerse de pie, o, si logran hacerlo, pueden estar muy poco tiempo en esta posición. Este post va orientado a aumentar la actividad física, sea cual sea el estado en que se encuentre cada cual. Si no puedes levantarte, puedes moverte al ritmo de la música igualmente, puedes hacer estiramientos, ejercicios de fuerza. La idea es activar la energía en el cuerpo.

Gracias como siempre por leer y por compartir.

Monográfico de emociones

Este domingo 17 de marzo (2024) termina el monográfico de emociones que he estado impartiendo junto con Elena Frías y Rosa Molina en el Centro Tai San de Tres Cantos. Lo hace con un último taller de En Movimiento, en el que se explorará cómo mover el cuerpo de forma consciente hace que la mente se predisponga para alcanzar objetivos. Estos talleres se imparten de forma presencial y online.

Ver más información sobre este taller.

Ha sido un recorrido a lo largo de seis sesiones en el que hemos tocado temas como la respiración consciente, la gimnasia para el cerebro, la posición de vida o las emociones genuinas. Las tres profesoras llevamos muchos años de aprendizaje e impartición en el desarrollo personal y vimos necesario crear un itinerario que ayudara a la gente a vivir el momento presente, sintiéndose con fuerza y con calma para dar cada paso con seguridad.

Debido a cómo ha funcionado, hemos decidido hacer una segunda edición, que comienza en abril.

¿Qué es el monográfico de emociones?

Es un itinerario formativo que se desarrolla a lo largo de un trimestre, en 6 sesiones exclusivas de 3 horas de duración cada una. Consideramos que las sesiones son complementarias entre sí, si bien, se pueden cursar los talleres de forma independiente. Es un curso abierto a todo tipo de personas y circunstancias.

El monográfico incluye 3 disciplinas, como comentaba:

  • Respiración funcional (Oxygen Advantage): métodos de respiración y descanso muy sencillos y eficaces, apoyados por la sabiduría milenaria del tai chi y el chi kung. Lo imparte Elena Frías.
  • En Movimiento: integra gimnasia para el cerebro, kinesiología, gimnasia visual, reflexología facial y chi kung. Lo imparte Rosa Molina.
  • Análisis transaccional: se centra en la comprensión de la posición de vida y las emociones primarias y secundarias que se tienen con apoyo en el guía interior. Lo imparto yo.

Las tres profesoras sabemos que trabajar las emociones desde diferentes metodologías ayuda a liberar muchos bloqueos. Esto permite experimentar las emociones genuinas cuando se sienten, en el momento presente, respirarlas, aunarlas a nuestros objetivos, contar con ellas en lugar de obviarlas…

Las emociones nos dejan huella en los tres niveles: mental, emocional (valga la redundancia) y físico. Además, alteran el funcionamiento de nuestros órganos y determinan una visión del mundo, en el que la persona se siente bien o mal y siente que el mundo está bien o está mal. Si no las gestionamos, impiden que alcancemos nuestros objetivos, acompañados de emociones negativas, sentimientos parásitos, creencias de la infancia… Por todo esto, al trabajar las emociones en los talleres de En Movimiento, con la Respiración funcional y apoyándose en el Análisis transaccional, la persona se siente mejor consigo misma.

Photo by Wendy Hero on Pexels.com.

Información práctica del taller

Fechas y títulos de los talleres:

Los talleres se imparten en domingo, de 10 a 13 horas, con un breve descanso intermedio. Las fechas que se ofrecen son:

  • 7 de abril: “Respiración, postura corporal y emociones”
  • 21 de abril: “En Movimiento. Fija tu objetivo y muévete hacia él contando con tus emociones”
  • 12 de mayo: “A. T. Postura ante la vida: estoy bien, no estoy bien”
  • 26 de mayo: “En Movimiento. Conecta con lo que sientes y decide tu reacción desde el equilibrio”
  • 9 de junio: “A. T. Emociones auténticas y parásitas. Chantaje emocional”
  • 22 de junio: “Respiración y sueño reparador”

Precio:

  • Monográfico completo: 215 € – incluye un descuento del 10 %
  • Talleres sueltos: 40 € cada uno

Agradecimiento

Es un lujo poder impartir estos talleres. Estoy muy agradecida a Elena Frías por facilitar no sólo el espacio, sino también el contacto con las personas que participan. Y la colaboración tanto con ella como con Rosa Molina es siempre fluida, constructiva y orientada a la acción. Por supuesto, estoy agradecida a las personas que han participado, que han producido momentos de especial profundidad y toma de conciencia para todos.

Menciono el agradecimiento porque es «la emoción clave«, aquella que las tres instructoras consideramos clave para todo lo demás: las gracias abren las puertas a la aceptación de la vida tal y como es, de las personas que nos rodean tal y como son y, al fin y al cabo, de uno mismo, una misma. Por tanto, si hay algo que destacamos en cada uno de los talleres, son los beneficios de sentir agradecimiento.


Espero que esta información sea de tu interés. No dudes en contactar conmigo si quieres saber más. ¿Tienes alguna duda o pregunta que quieras hacer? Sin problema, deja un comentario. Si quieres apuntarte a estos cursos, puedes escribir a Elena Frías por whatsapp al 620 15 88 65.

Emociones genuinas, emociones parásitas

Recuerda la última situación en la que experimentaste cierto estrés.

Te doy un ejemplo: fuiste a la compra y, una vez dejados los productos del carro en la cinta, en el momento de pagar, no llevabas la cartera. Te tocó quitar todo de allí, retroceder, irte sin la compra. Piensa en cómo reaccionaste: quizá te enfadaste contigo mismo, o sentiste pánico, vergüenza, o bien sentiste tristeza; quizá se te quedó la mente en blanco. ¿Qué palabras te decías en esa situación? Da un nombre a la emoción que sentías.

Foto de Julien L en Unsplash.

Pues bien, seguramente sientes algo parecido cada vez que experimentas estrés. Es una emoción que no te permite solucionar el problema, que te hace sentir peor, añadiendo esa sensación incómoda al suceso en sí, en este caso, a no poder llevarte la compra. Esa sensación es un sentimiento parásito. Es posible que pienses:

Todo el mundo reacciona igual cuando le pasa esto.

Pero no es así: cada persona responde de una manera distinta en situaciones de estrés.

Mi sentimiento malo favorito

El sentimiento parásito es tu «sentimiento malo favorito»: esa emoción que aparece cada vez que surgen dificultades, como si tuviéramos preferencia por experimentarlo. Y es el que, según el análisis transaccional (A. T.) se fijó en nuestra infancia. Es probable que viésemos a nuestros progenitores reaccionando de la misma manera.

Las familias suelen tener emociones prohibidas y emociones alentadas. Se suele premiar una «emoción incómoda» y se suelen dejar de lado las emociones genuinas, las que realmente permiten solucionar problemas. Por ejemplo, en una familia puede estar prohibida la alegría. O puede estar prohibida la tristeza. O bien, los hombres de la familia deben mostrar mucha ira, pero las mujeres deben permanecer con una sonrisa y la mente en blanco.

Otro ejemplo: Vanesa se pone a la cola para esperar al autobús. De pronto, una señora con un carro se cuela varios puestos. Su primera reacción es la ira, pero enseguida la tapa con una sonrisa y dejando la mente en blanco. Puede que sonría a la señora que le había provocado la emoción genuina de la ira.

Tener sentimientos parásitos nos hace avanzar en nuestro guion de vida, justificando decisiones que nos llevan a donde no queremos ir conscientemente, pero habíamos proyectado llegar desde el pensamiento mágico del niño.

El elástico me lleva al pasado

De pequeños, obtener caricias de los progenitores es cuestión de vida o muerte. Por tanto, iremos modelando distintas conductas hasta dar con aquellas que provoquen caricias (positivas o negativas). Ser ignorado es percibido por un niño pequeño como el paso previo a ser abandonado o morir de inanición, es decir, las consecuencias son muy importantes.

Así, cuando siendo personas adultas nos encontramos con una situación de estrés, puede que conecte de golpe con una situación de estrés del pasado, como un elástico que te lleva de un salto a tu infancia. Entonces, ya no estás en la cola del supermercado teniendo que quitar todo de la cinta mientras el cajero te mira fijamente: eres tú en tu infancia, sin recursos, cegado por un sentimiento parásito, quien se encuentra en esa situación. Tu reacción no sólo no te permite solucionar el problema, sino que te lleva a manipular el entorno tal como tratabas de hacer con tus progenitores buscando la emoción que les satisficiera.

Las emociones genuinas solucionan problemas

Según el A. T., hay 4 emociones auténticas:

  • Ira
  • Tristeza
  • Miedo
  • Alegría

La mayoría de autores suman otras dos:

  • Sorpresa
  • Asco/aversión

Todo lo demás, la miríada de nombres que le podemos dar a los sentimientos, son emociones parásitas: frustración, decepción, angustia, indignación, melancolía, desolación mente en blanco, sensación de vacío, vértigo ante la vida…

Pero las emociones que hemos heredado de miles de años de evolución, las que están en la amígdala y se manifiestan en el cuerpo, son las genuinas, las que están preparadas para evitar un peligro o permanecer más tiempo en una situación.

Veamos cómo.

Miedo: evitar un peligro futuro

El miedo auténtico es el que nos permite huir del depredador en la jungla. También nos puede paralizar por completo si lo necesario es ocultarse. En la vida actual, nos permite por ejemplo dar un salto cuando un coche no disminuye la marcha al acercarse al paso de cebra por el que estamos cruzando. El miedo evita un peligro futuro (si bien inminente).

Ira: solucionar una situación presente

La ira genuina provoca que el corazón bombee más sangre a nuestras extremidades, nos permite responder físicamente, golpeando o apartando la amenaza, o huyendo. Si estamos en el metro y alguien nos empuja, la respuesta adecuada es un empujón de igual intensidad. Esto nos deja en equilibrio con la otra persona. También podemos escabullirnos si el contrincante es más grande o es peligroso. En cambio, si reprimimos la respuesta, acumulamos el resentimiento para usarlo otro momento en el que ya no tiene sentido.

Tristeza: superar el pasado

La tristeza auténtica es la que nos permite hacer el duelo para superar un hecho doloroso que sucedió en el pasado. Este hecho significa la pérdida de una situación (cambio de casa, de trabajo, de condiciones económicas) o de un ser querido.

Felicidad

La sensación de alegría auténtica nos permite relajarnos y sentir que todo está bien a nuestro alrededor. No hay amenazas, la situación está bien como está, podemos respirar profundamente, con calma. Esta felicidad genuina nos facilita disfrutar de lo que está ocurriendo en el momento presente.


Con lo que has leído, ¿identificas tus sentimientos parásitos? ¿Eres capaz de darte cuenta de cuándo tu respuesta a una situación no se corresponde con lo que está sucediendo? ¿Qué preguntas te han surgido al leer esta entrada? No dudes en dejar tus impresiones en comentarios. ¡Gracias por leer y por compartir!

El primer paso

Un camino de mil millas comienza con un primer paso.

Lao Tse.

Para alcanzar lo que quieres lograr, necesitas dar el primer paso. Y lo podrás dar cuando te deshagas de la creencia de que tu objetivo es una enorme bola que lo incluye todo. Cualquier proyecto se puede desgranar en piezas. Algunos de ellos son idóneos para esto, cuando se componen de unidades similares y cada pieza se repite una y otra vez. Es como construir con piezas Lego.

Imagen de Karin Henseler en Pixabay.

¿Cuál es tu pieza Lego?

De nuevo, recurro a Bent Flyvbjerg para explicar cómo se logran resultados, sea en lo personal o en lo profesional. Llevo gestionando proyectos de formación online desde 2010, y veo que las dificultades que surgen en su ejecución son muy parecidas a las que describe este profesor experto en megaproyectos. Y lo mismo ocurre con los proyectos personales.

Una de las formas de hacer que el camino de mil millas se nos haga más llevadero es identificar qué supone un paso en él, sobre todo, el primer paso. El camino se completará con pasos semejantes entre sí, por tanto, es importante saber por dónde empezar.

Por ejemplo, si tu objetivo es leer más, se puede concretar este logro cuantificando qué es «más». Puede que el año pasado leyeras 5 libros y este año quieres leer 10, 20 o 50. Siendo realistas, es decir, ateniéndonos a los datos de las lecturas de años anteriores, tiene más sentido un objetivo modesto de 10 libros, porque ya es el doble de lo logrado el año anterior. Si pensamos que vamos a leer 50 libros, el esfuerzo es cinco veces mayor. Quizá no se logre y derive en frustración.

En este ejemplo, el primer paso es coger el libro, abrirlo, leer. Ese paso puede estar mucho más detallado: elegir un libro concreto por el que se siente una motivación para leerlo, elegir una franja horaria en la que le podamos dedicar tiempo a la lectura y acotarla, por ejemplo, media hora, elegir unos días de lectura compatibles con el resto del horario y disfrutar a tope.

Puede que parezca muy engorroso, ¿tantas elecciones? El problema es que, si no se hacen, el primer paso de abrir el libro y leerlo puede quedarse en el único. Después, el libro estará rondando por distintas superficies, con el marcapáginas señalando dónde te quedaste, de dónde no pasaste. Y si es un libro electrónico, el hecho de que esté apagado y que no muestre el avance es suficiente para olvidar la lectura por completo.

¿Cuándo entrar en acción?

En el post anterior veíamos la importancia de planificar despacio cualquier proyecto que vayamos a emprender. También vimos cómo Tony Robbins recomienda entrar en acción masiva YA, cuanto antes. Pues bien, ambas cosas son ciertas. En un proyecto que requiere poca inversión, como el de la lectura, podemos lanzarnos a dar el primer paso, esto es, leer, sin comprometer recursos. Simplemente, abrimos el libro y nos sumergimos en otra realidad. Quizá una vez experimentado esto, sin cronometrar el tiempo que dedicamos, saquemos conclusiones. Por ejemplo, puede que prefiera leer una hora cada dos días que media hora todos los días. O puede que un libro me enganche tanto que lo lea de una sentada, mientras que otros requieren ir digiriendo la información poco a poco.

Lanzarnos a la acción nos da una información que no podemos tener cuando sólo estamos pensando en lo que vamos a hacer.

Pensar en la acción no es actuar.

Al ponernos manos a la obra, descubrimos un montón de factores que no habíamos tenido en cuenta. Por ejemplo, puedes darte cuenta de que la luz que tienes es insuficiente para la lectura, o que el asiento que has elegido es incómodo, etc. Precisamente, «fallar pronto» es una de las leyes de la gestión de proyectos ágiles: encontremos cuanto antes qué es lo que no funciona para actuar sobre ello.

Lo esencial para ti

A veces, en proyectos más grandes que el leer más, como pueda ser un cambio de carrera profesional, podemos quedar paralizados por las creencias, el exceso de análisis, el miedo o la sensación interna de que nos estamos equivocando. En este tipo de proyectos personales, es fundamentar pensar despacio e indagar la verdadera razón por la que quieres lograr tu objetivo.

Puede servir encontrar qué es lo esencial para ti, algo que recomienda Brigitte Champetier. Es posible que tus expectativas sobre el cambio de carrera profesional estén basadas en ilusiones del Niño (estado del Niño del A. T.), no en lo que necesitas como persona adulta. Por ello, quizá lo esencial difiera bastante de tus expectativas. Si no encuentras la motivación última, el porqué, vas a avanzar por un camino equivocado. Para dar el primer paso, puedes realizar este ejercicio de Insconsfa, que te permite centrarte y ver más allá.

Cuando entras en acción, cuando empiezas a caminar, cada paso te da información nueva que desconocías. Algunos son «saltos mortales», como el cambio de carrera. Sin embargo, ese gran salto también se compone de pequeñas piezas: crear o renovar tu imagen de marca, crear y mantener contactos, aprender algo nuevo, entrenarte en una habilidad concreta… Y dentro de cada pieza, hay más piezas. Por ejemplo, para crear tu imagen de marca tendrás que elegir cómo la comunicas, qué te define, por qué eres el candidato perfecto, etc. Pequeños pasos. Pasos importantes.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Cómo te enfrentas a nuevos proyectos? ¿Consigues aislar ese «primer paso», esa pieza que luego simplemente se va a repetir? Muchas gracias por leer y por compartir.

El «observamiento»

Ayer, paseando distraídamente por una exposición de pintura, una amiga me dijo que su padre había tenido mucho talento para la pintura, talento que ella no había heredado, por lo que admiraba la capacidad de algunas personas de plasmar imágenes realistas en cuadros. Describió cómo pintaba su padre:

Como en esa época no tenían tele, escuchaba la radio de fondo y se dedicaba a pintar.

Mi amiga hablando de su padre.

Entonces me imaginé una escena plácida y calmada: el hombre dibujando sus bocetos, su mujer leyendo una revista, cosiendo o dormitando, la radio emitiendo una música de antaño. Se podían pasar horas así, la mesa camilla entre medias, acompañados y solos, disfrutando de esos ratos de paz. Y me pregunté si alguien de nuestros tiempos que no supere los 70 años vive escenas tranquilas y agradables como estas. Porque yo no.

Hombre pintando. Imagen generada por LexicaAperture, la mano derecha en el valle inquietante.

No hay un impedimento de apagar la tele, poner el móvil en modo avión, encender una radio (si aún se tiene tal objeto) y, relajadamente, comenzar a deslizar un lápiz por un papel. Es más, probablemente la mayoría puede permitirse unos cuantos rotuladores, témperas o carboncillos, papel específico para cada tipo de pintura, un caballete… Lo que la mayoría quizá no puede permitirse es dejar de mirar el reloj, de comprobar el móvil, de estar permanentemente atento a las novedades y cambios de los tiempos tumultuosos, reaccionando a todo sin tiempo para sopesar qué acciones tomar.

Otra imagen: la gente de los pueblos sentada a la puerta de su casa, fuera. Unos en un poyete, otros en unas sillas que han sacado. Salen, se sientan, miran al infinito. O bien, hablan entre ellos. La actividad no puede ser más barata. Pero ya no la vemos en pueblos más grandes o en ciudades, porque «estar» no es suficiente, tienes que estar por alguna razón, hacer algo. La mayoría justifican su «estar fuera» observando a sus hijos o nietos jugando en los columpios: «¡Ah, qué bien!, ya tengo una excusa para estar apaciblemente sentado fuera de casa». Si no, es posible que pensemos que la persona que está como una seta es «rara». O aún peor: un vago o un maleante.

El «observamiento»

Hace poco he oído hablar de Jorge Rey, un chaval de 16 años que predice el tiempo de forma «tradicional», acientífica, fijándose en la naturaleza, si bien también está al corriente de los modelos meteorológicos. Es el que en su día predijo la Filomena. Vi la entrevista que le hizo Iker Jiménez, en la que este chico cuenta que ha acuñado el término «observamiento», mezcla de observación y pensamiento. JR, como él se llama a sí mismo, combina varias técnicas para sus predicciones: por un lado, observa la naturaleza a su alrededor y saca conclusiones sobre ella. Por otro, escucha los refranes de los mayores, pregunta a unos y a otros sobre métodos tradicionales como las cabañuelas o las témporas, y saca conclusiones.

Por ejemplo, en el vídeo a continuación, comienza con un refrán:

De San Quilicio a Santa Lucía, lo más fresco, la sandía.

Refranero español.

La parte que más me interesa de lo que cuenta este chico es la observación de la naturaleza. Ese vivir un poco más contemplativo, sosegado, en el que se puede parar a analizar el comportamiento de las hormigas, o las aves. Es un modo de conducirse por la vida ajeno al ajetreo, a la distracción constante, a la búsqueda de notificaciones y «me gusta», si bien no es incompatible con vivir en el mundo actual: como veis, el propio JR es youtuber y es activo en redes sociales.

La niña que sobrevive a la jungla

La hermana mayor de los 4 niños perdidos 40 días en la jungla es otro ejemplo de cuidadoso «observamiento» de la naturaleza y de los peligros y amenazas que pueden presentarse, incluidos, o especialmente, otros humanos. Estos niños son indígenas y tenían un conocimiento previo de la jungla: sus condiciones, qué se puede comer, cómo ocultarse y cómo permanecer en absoluto silencio. La hermana mayor añade a esta sabiduría tomas de decisiones muy maduras, propias de un adulto, para actuar con calma, calculando, sopesando. Indudablemente, sabe observar la naturaleza a su alrededor y piensa sobre lo observado, saca conclusiones y actúa.

Podemos pensar dos cosas: quizá estos niños en la gran ciudad no habrían sobrevivido: sus conocimientos se circunscriben a la selva. O podemos pensar que cualquiera de los que vivimos en la gran ciudad sí saldríamos adelante 40 días en ella por nuestro gran conocimiento, nuestro «observamiento» de… ¿de qué? ¿Del tráfico? ¿De que todo tiene un precio? ¿De que da la sensación de que a nadie le importan las penurias de otro cuando lo tiene «demasiado cerca»?

Desde que los hombres grises nos robaron el tiempo, nos conducimos como zombis por la vida: muertos vivientes. Es claramente una generalización, pero seguramente mucha gente se sienta identificada con esta sensación: no le da tiempo a pararse, respirar, observar, conducirse con tranquilidad, «perder el tiempo». Paradójicamente, cuanto más lento nos conducimos, cuanto más nos aburrimos, cuanto más nos dedicamos a esbozar figuras en un papel mientras suena la radio, más lento parece ir el tiempo y más completa se siente la experiencia.


¿Cuál es tu caso? ¿Consigues la paz necesaria para simplemente «estar»? ¿»Pierdes el tiempo» felizmente charlando con alguien o mirando cómo una hormiga arrastra una miga de pan? Me encantará leer tu punto de vista en Comentarios. ¡Gracias por leer!

Un monje budista que friega los platos para fregar los platos

¿A qué prestas atención?

Recupero un libro que leí hace algunos años, Lograr el milagro de estar atento, de Thich Nhat Hanh. Este libro destila vitalidad, la voz suena joven y con energía. Sin embargo, este monje debía de tener unos 83 años cuando lo escribió. El objetivo del libro es prestar atención al momento presente, lo mismo que se practica en mindfulness. Y se logra de la misma manera: atendiendo a la respiración. A pesar de que se puede resumir el título a «Presta atención» y el texto a «Atiende a tu respiración», estos dos consejos parecen no casar con la vida moderna: «ya lo haré después». Por lo que voy a extraer algunas de las enseñanzas del monje budista zen que parecía tan vital a esa edad.

Fregar los platos para fregar los platos

El libro está escrito dirigido a Quang, un discípulo: el lector es Quang. Y Thich Nhat Hanh le habla de encontrar para cada tarea el fin en sí misma: friega los platos para fregar los platos. De aquí que el autor no comprenda el uso de lavavajillas, porque para él resulta placentera esta actividad de fregar los platos (y de lavar su ropa). Te imaginas al monje en un sitio muy agreste, lleno de árboles, sin los avances de la vida moderna, fregando en una fuente, sintiendo el agua fría en sus manos. Pero lo escribe en 2009. Tratas de trasladar esa realidad a la tuya, porque claro, no vas a dejar de usar el lavavajillas ni la lavadora. ¿Qué vida arrastrada llevaríamos si tuviéramos que fregar todo a mano?

Imágenes generadas en MidJourney. Pedí que el monje estuviera fregando, pero en realidad están cocinando. Aún aprendiendo a usar esta app espectacular de IA.

Por tanto, no miremos fijamente al dedo cuando el maestro señala la luna. La luna es la atención plena. Es inspirar y espirar con consciencia, prestando atención a cómo el aire entra y sale del cuerpo, permitiendo la conexión entre cuerpo y mente a través del mecanismo automático de la respiración, que sin embargo podemos ralentizar a voluntad.

Nuestro aliento es el puente entre nuestro cuerpo y nuestra mente, el elemento que los reconcilia y que hace posible la unidad cuerpo-mente. (….) Pero de lo que quiero hablarte, Quang, es de cómo la respiración es un instrumento y cómo la respiración es en sí misma atención mental.

Thich Nhat Hanh, El milagro de estar atento.

En cualquier actividad que se realice, incluida cualquier tarea del trabajo, «fregar los platos para fregar los platos» significa volcar la atención únicamente en esa tarea, siendo consciente de los movimientos que se realizan, consciente de la respiración que la acompaña, siendo uno con la tarea. Cuando surgen pensamientos o emociones, se trata de reconocer lo que ha surgido y seguir respirando hasta que se recupere la atención plena. Lo importante es darse cuenta.

Un día a la semana para ti

La vida es una vorágine. Curioso el origen etimológico de esta palabra: viene de devorar, tragar. Tendemos a pensar que es solo ahora, pero yo creo que ha sido siempre: la vida siempre nos requiere acción, está en movimiento, nos lleva y nos trae, nos presenta obstáculos. Por tanto, siempre es complicado buscar un tiempo de meditación. Tras muchos años en contacto con distintas técnicas de meditación, he llegado a la conclusión de que hay que integrar esta práctica como parte del resto de la vida. En lugar de necesitar reservar media hora para sentarse en silencio a observar cómo entra y sale el aire del cuerpo, la atención plena tiene que darse aquí y ahora, en cada actividad que se hace, a cada paso.

Esto también lo comenta el autor del libro, pero él añade no solo el hábito de sentarse a meditar un rato cada día, sino el buscar un día completo para uno mismo en el que hacer todas las tareas con consciencia. Ese trabajo de un día a la semana hará que el resto de los días sea más fácil tomar consciencia y prestar atención.

Ese día, Thich Nhat Hanh propone que todo sea consciencia plena desde el acto de levantarse: ser consciente de la postura, de la respiración, de cómo nos levantamos, nos vestimos, nos duchamos, desayunamos, nos lavamos los dientes… Todas las tareas observadas por el placer mismo de la observación, que esto es la meditación, respirando en cada una de ellas. Se trata también de cocinar con atención plena, de limpiar la casa o, claro, de fregar los platos. Estas actividades, realizadas de forma consciente, procuran un cierto bienestar que despierta una sonrisa interior, esa media sonrisa que surge de estar en paz o en calma.

Seamos realistas: según el tipo de vida de cada cual, lograr pasar un día entero así a la semana es poco menos que una fantasía. Sin embargo, se pueden reservar unas horas del domingo para practicar la atención plena, o bien un día al mes. También se puede distribuir a qué se presta atención cada día de la semana: un día a cómo te lavas los dientes, otro día a cómo comes, otro día a cómo barres, etc.

La mente se observa a sí misma

En esta atención, somos tanto el observador como el objeto observado. No se trata de la objetividad de un observador científico, se trata de la subjetividad de un observador que es sujeto y objeto de observación. Aquí entramos en el terreno filosófico de lo que sucede en la meditación. La mente no es diferente de los pensamientos y emociones que puedan surgir en ella. La mente es la misma cosa esté ajetreada o esté calmada. Pero el asunto va más allá:

Cuando el objeto de conocimiento (el algo) no está presente, no puede haber sujeto que reciba el conocimiento.

Thich Nhat Hanh.

Al leer esta frase del monje, de pronto la información me parece nueva. A pesar de llevar años escuchando hablar de esta disolución entre sujeto y objeto, de este desaparecer del sujeto en el mar de lo observado, ahora leo algo nuevo aquí. Me viene a la mente esa paradoja del árbol que se cae en medio de un bosque, pero que nadie oye caer. Si nadie lo oye, ¿ha hecho ruido? La frase del monje me parece lo contrario: sin árbol, sin mundo exterior, no hay sujeto, no hay mente. La mente es el árbol, la mente es el sonido, la luz, es las sensaciones internas. Esto es bastante complicado de aprehender. Se disuelve la diferencia entre el que bebe una taza de té y el té que está siendo bebido.

Así, no hay división, no hay objetos, no hay categorías. No podemos aislar una mesa de las personas y materiales que han contribuido a su creación: la mesa no existe sin el carpintero, sin el árbol del que sale la madera, sin los metales que componen los clavos, sin la tienda que la vende…

Esto también es científico

Afortunadamente, hay neurocientíficos dedicados a validar estas prácticas ancestrales y a darles el barniz científico que hoy día se reclama. Ya he mencionado alguna vez a Andrew D. Huberman, profesor de neurobiología en Stanford. Este neurocientífico es un youtuber bastante activo, tiene varias meditaciones en su canal y evidencias de cómo la meditación mejora la salud. Comparto aquí este vídeo sobre cómo respirar correctamente y lo que aporta a la salud:

https://hubermanlab.com/how-to-breathe-correctly-for-optimal-health-mood-learning-and-performance/.

Sin querer quitar peso al gran trabajo de este autor, si comparamos a Huberman con Nhat Hanh, este último destila una felicidad que permanece, una calma y una paz interior que se transmite en sus palabras vigorosas: es como ver luz a través de sus palabras, de tal manera que, de forma casi inmediata, consigue del lector que se adhiera a sus prácticas. Huberman es más un hombre de nuestros tiempos, práctico y prolífico, quizá otras personas se inspiren más con él. La meta en todo caso es la misma: a través de la respiración consciente, además de calmar la mente, tenemos acceso directo a la realidad, contacto directo con nuestras sensaciones, experiencias plenas.


¿Qué opinas? ¿Practicas la meditación? ¿Llegas a sentir que eres uno con el objeto observado? Como siempre, agradezco mucho que leas este blog y compartas libremente.

Un viaje en Taxi a Vilcabamba

En mi último viaje en taxi, una taxista me recogió en el aeropuerto para llevarme a donde vivo. Ella comentó que había vivido muchos años de su vida cerca de mi zona. Me fijé en ella. Me llamó la atención que era una mujer elegante y muy correcta. Casi parecía una directiva de un entorno empresarial. Mi curiosidad me animó a conocerla todo lo posible en un viaje de media hora.

Le queda un año para pagar la licencia del taxi. Yo miré a mi alrededor: un Prius. La licencia cuesta como un piso. Después, su sueño es montar un negocio de terapia asistida con caballos para trabajar con niños con dificultades. Se está sacando el máster. Mi interés iba en aumento. Había trabajado anteriormente en una gran empresa en el área de contabilidad. Le pregunté su edad, es dos años más joven que yo. Al comentarle que parecía muy joven, me dijo que sus ancestros provienen de un pequeño pueblo de Ecuador, Vilcabamba, famoso por la longevidad de sus habitantes. Su propio abuelo había vivido 120 años y había montado a caballo hasta poco antes de morir.

Esta pudo ser la taxista. Pero es una imagen generada en MidJourney.

Percibí en la taxista la fuerza, el empuje, la lozanía de su abuelo. Su motivación por la vida se enriquecía como reacción a momentos muy duros que le había tocado vivir. Llevaba un rosario colgando del espejo retrovisor en memoria de su hermana mayor, que había fallecido de cáncer. Su hermana había tenido un hijo estando ya enferma y había aguantado la vida hasta que estuvo criado (3 años). Y ella lo manifestó: «Ahora me puedo morir». Y se murió. Y este niño fue un regalo para la mujer taxista y entrenadora de caballos. El niño lo sabe: «Tengo tres madres, una en el cielo, una regañona (la hermana menor) y una regalona (la taxista)».

Creo que la taxista vive su vida con consciencia y la toma como un regalo. Creo que esta mujer sale adelante en todo lo que se proponga por este empuje que le viene de sus genes y por cómo ella toma de forma incondicional su vida. Creo que por eso pude prestar atención plena a comunicarme con ella, muy lejos de la «amenaza robótica» del mundo digital.

Tocar el alma de otro ser humano es caminar por tierra sagrada.

Stephen R. Covey

Máximo potencial

En la película Sin límites, el protagonista descubre una droga que permite que el cerebro trabaje hasta su máximo potencial. Así, un escritor pelagatos que no consigue redactar una línea pasa a ser un escritor muy productivo, ordenado y elegante que ve que escribir se le queda corto y empieza a invertir en bolsa. Hay personas que parecen llevar esa droga ya incorporada, lo pensé mientras hablaba con la taxista: tiene un plan de vida muy claro, un guion ganador, sabe el sacrificio que cuesta el camino elegido y transita por él con determinación. Para otras personas, hace falta un apoyo, un impulsor. Vengo a pensar que las inteligencias artificiales son ahora para muchos trabajos ese impulsor que nos va a convertir en muy productivos, ordenados y elegantes (mientras consigamos extraer su potencial y mantengamos los puestos para explotarlo).

¿Cuáles son los productos de nuestras actividades? ¿Cómo elegimos trascender? El producto que quiere lograr la taxista es la ayuda a niños con dificultades. Pienso que el ser humano tiene la necesidad de trascender, que no se agota con tener descendencia. Es la necesidad de hacer algo que llegue más allá que nuestra propia vida. ¿Podemos trascender creando productos apoyados en las inteligencias artificiales? ¿Los sentiremos como nuestros?

Siendo realistas, la mayoría de las veces, una persona llega a su máximo potencial y sin embargo no trasciende. Vi hace poco la película Un americano en París, en la que aparecen varios bailarines en distintas coreografías. Me imaginé a una de esas personas diciendo: «Mamá, fíjate bien en el baile en el que sale un decorado con dibujos, ahí se me ve». Cada uno de aquellos bailarines que acompañan a Gene Kelly en los bailes es perfecto, casi tan bueno como el propio Gene Kelly. Cada bailarina es casi tan buena, casi indistinguible de Leslie Caron. Sin embargo, la cara del resto de bailarines anónimos aparece en pantalla unos segundos. Es imposible retenerla. En su casa, dijeron: «Mamá, salgo en una película de Hollywood». Sin embargo, no quedó la huella de esto, no sabemos quiénes son esos bailarines casi perfectos seleccionados de entre miles.

La taxista de Vilcabamba no está pensando en esto cuando dirige su carrera hacia donde quiere ir. Está centrada en su objetivo y en la ayuda que puede ofrecer estando al servicio de la vida. Seguramente no esté pensando en que los productos de su actividad trasciendan. Así, no se apega a un hipotético resultado dirigido por los avatares de la vida, sino que se apega a su objetivo y a cómo puede beneficiar a otras personas.


Si vamos a vivir 120 años, si vamos a estar ayudados por robots e inteligencias artificiales que van a hacer aún menos original, creativo y trascendente nuestro trabajo, si nos queda por delante ver lo nunca visto, busquemos al menos una manera de entregar lo mejor al servicio de la vida, aquí y ahora, en cada momento presente. Si nos desligamos de la presión de trascender, nos podemos centrar en llevar a una pasajera desde el aeropuerto hasta su casa y vivir esa experiencia como la única posible del momento; una experiencia de calidad.

Si solo queda el recuerdo

Una mujer joven regresa al hogar familiar con su hermano y su madre, a la vuelta de una estancia en Suecia. Decide emprender el proyecto de convertir ese hogar caótico, anárquico y lleno de trastos en un espacio minimalista que acoja su propia oficina. Este es el argumento de Feliz año pasado, una película tailandesa que vi recientemente en una iniciativa cultural: Cine invisible V.O. Al principio, la protagonista hace lo fácil: qué mejor forma de dejar ir el pasado que meter rápidamente todo en bolsas, cerrarlas y desecharlas. Ella misma lo dice:

Ojos que no ven, corazón que no siente.

Conocido refrán.

En un momento dado, estando con su amiga Pink, que es quien va a ejecutar la reforma, decide tirar a la basura un CD porque ya no hay dónde escucharlo. Su amiga abre la caja del CD y le muestra la nota que hay dentro: una dedicatoria de la propia Pink. Ver cómo quiere tirar el regalo como si fuese basura ofende a su amiga y despierta en la protagonista aquello que deseaba evitar:

Antes de deshacerte del pasado, debes mirarlo y despedirte de él.

A partir de ahí, reabrir las bolsas de basura y mirar dentro, objeto por objeto, se convierte en un proceso doloroso en el que la protagonista tiene que enfrentarse a su propio dolor, cuando encuentra objetos que pertenecen a distintas personas. Entre ellos, están las fotos que se hizo con su exnovio, a quien dejó sin ninguna explicación al irse a Suecia. Y está el gran piano, la evidencia de la ausencia de su padre, el piano al que su madre se aferra porque es la última prueba, el último recuerdo tangible, de un pasado mejor, de un hogar feliz.

Por momentos, se superponen imágenes del resultado final, el espacio blanco, aséptico y minimalista, a imágenes del estado actual, sucio, desordenado, incómodo… pero cercano y conocido. Qué duda cabe: el salón sin el piano queda mucho más despejado que con el piano, el piano «no pega» con el nuevo estilo minimalista; hay que deshacerse de él.

El hermano de la protagonista (cuyo nombre no recuerdo, todo eran nombres muy cortos, como Nim, Nao, Aim…) ve unos vídeos de Marie Kondo, y se fija en la frase que más repite:

Deja ir aquello que no despierta tu alegría (doesn’t spark joy).

Marie Kondo.

Pero para el hermano, todos los objetos que ve despiertan su alegría. En ese momento, muestra a su hermana una foto en la que se ve a la familia feliz que fueron, o que al menos fueron en el momento de la foto: el padre al piano, la madre cantando, los niños felices. Era el cumpleaños de la protagonista, pero ella no lo recuerda, se ha ocupado de ocultarse ese recuerdo que ahora es doloroso.

Cuando hay más pasado que futuro

El proceso que a la chica y a su hermano les es necesario, dejar ir el pasado y abrirse al presente, a la luz y a lo funcional, es perjudicial para su madre, porque ya solo le queda eso. Pasa los días cantando con un viejo karaoke al lado del piano que solo sabía tocar su exmarido, anclada en un pasado sin presente ni futuro. Cuando las personas alcanzamos ese momento de la vida en que empieza a haber más pasado que presente, ¿qué culpa podemos tener en tratar de aferrar aquello que fue, lo viejo conocido? Cada vez es más difícil abrirse a lo nuevo, acoger la incertidumbre, cada vez nos encuentra con un cuerpo más cansado, con una mente más saturada, con una sensación mayor de extrañeza ante lo desconocido. Quizá a esa mujer solo le quedaba ese piano. Quizá a otra mujer, que se calienta en su casa con una estufa de butano, solo le quedan las fotos en blanco y negro de muertos, junto con unos adornos anacrónicos y heterogéneos de los que no puede deshacerse, porque entonces corre el riesgo de olvidar quién era y qué hacía.

https://www.insconsfa.com/

Cada día, dejar ir

El pasado no solo está en los objetos que nos rodean, en los recuerdos que aún despiertan sentimientos. El pasado está, sobre todo, en nuestra mente. El pasado nos permite comprender el presente: sería imposible reconocer lo que nos rodea si el cerebro no estuviese preparado para registrar memorias. Por tanto, el pasado es un gran guía. Pero también es lo que nos impide acoger lo que cambia, lo nuevo. La sensación de incertidumbre es frecuentemente desagradable. Es mucho más incómodo, cansado y duro estar en una situación constante de desconocimiento sobre el siguiente paso a dar; es mucho más estresante. Pero esto empeora y se convierte en inasumible cuando, consciente o inconscientemente, dejamos de mirar la realidad para acomodarnos en lo viejo conocido. Es una colección de pensamientos y recuerdos, que, al decidir soltarlos, serían equivalentes a llenar cientos de bolsas de basura física. Por tanto, es mucho más fácil, cada día, ir mirando a lo que fue pero ya no es, dándole las gracias (a lo Marie Kondo) y dejándolo ir. Son pequeñas despedidas, un pequeño trabajo diario: se va el tiempo, se van las oportunidades, se van personas, se van formas de hacer una tarea. En su lugar, tiempo nuevo, nuevas oportunidades, otras personas, formas distintas de trabajar. Sean mejores o peores, se acaban imponiendo. Tratar de permanecer en una ceguera elegida es un esfuerzo adicional.


De nuevo, cada persona es libre de elegir a qué se aferra. En ocasiones, los cambios chocan tanto con la propia forma de ver la vida que no se consiguen digerir. Y se puede seguir adelante en una especie de realidad paralela, apoyada en esos objetos de antaño. Por ejemplo, yo sigo teniendo muchos CD que no tengo dónde escuchar, incluso algunas cintas. Tengo libros que sé que no volveré a leer. Y tengo esos adornos inservibles que me siguen acompañando, cuyo valor es solo sentimental. ¿A ti también te pasa? ¿Te rodeas de pasado? ¿O eres de las personas a las que les es muy fácil dejar ir? ¿Estás a gusto en espacios minimalistas? Me encantaría leerte en comentarios. Comparte libremente. Muchas gracias por leer.