¿Y si hacemos como si…?

Hace poco leí un tuit del que me he venido acordando y que motiva este post:

Tuitero se pregunta qué pasaría si mañana salimos todos con la ropa sin planchar y hacemos como si siempre hubiera sido así

La cuestión es que la “nueva normalidad” parece conllevar únicamente aspectos negativos: formas de comprar más incómodas, formas de reunirse más frías, espacios exteriores e interiores más asépticos, organizaciones en la playa más robóticas… Todo como si de pronto viviéramos una situación de película, tipo La invasión de los ultracuerpos, en que los que todavía no han sido abducidos tienen que comportarse con frialdad para pasar desapercibidos entre “las vainas”.

Sin embargo, la nueva normalidad trae aspectos muy positivos y que pueden dar lugar a nuevas formas de organizarse que son más eficientes, más ecológicas y más lógicas. Ya habíamos hablado de los posibles aspectos positivos de la pandemia, y ahora hablaremos de cuáles podemos mantener porque han resultado funcionar (sorpresivamente).

Y no planchar la ropa podría ser un buen ejemplo…

Cuestionarse todo

Esta situación nos ha permitido cuestionarnos todo: la organización del trabajo, la educación, el ritmo de vida, la contribución diaria a la contaminación, la importancia de unas profesiones sobre otras, el significado de la imagen personal, el valor de la introspección…

Parece posible extraer conclusiones sobre el funcionamiento de casi todo y pensar en adaptaciones y mejoras en cada esfera.

Seguir teletrabajando

Este es, a mi juicio, el aprendizaje fundamental: se ha demostrado que se puede teletrabajar en miles de casos en los que la empresa había sido muy reticente a enviar a sus trabajadores a casa. Ahora que no era posible otra solución, se ha visto que los profesionales son responsables, se encargan de buscar el espacio físico y el hueco horario, se organizan como pueden para atender a los niños y continúan trabajando desde sus casas.

¿Y si hacemos como si el teletrabajo siempre hubiera existido? Recordemos brevemente algunas de sus ventajas por orden cronológico en un día de trabajo cualquiera:

  • Hay que madrugar menos. El descanso repercute positivamente en la productividad.
  • No hay que vestirse raro, es más, se puede estar con ropa cómoda, no plancharla (como dice el tuit) y, aun así, mantener una videollamada… porque el resto de los asistentes tienen el mismo aspecto.
  • No hay que tragarse un atasco que crispa los nervios y desgasta parte de la energía que teníamos para trabajar. Y esto incide, evidentemente, en la limpieza del aire de las grandes ciudades.
  • No hay ladrones de tiempo como: visitas imprevistas, ¿nos tomamos otro café?, el otro día me crucé con… y demás batallitas que dan mucha vida en el trabajo pero que, reconozcámoslo, quitan mucho tiempo. Esto no significa que no haya otros ladrones de tiempo en casa.
  • Hay mayores posibilidades de conciliar la vida personal con la laboral, ya que todo está “más a mano”. Evita ir a la carrera de un sitio a otro, durante todo el día. Es una organización que parece más lógica.
  • Facilita la entrada en el trabajo a personas con dificultades de movilidad y enfermedades crónicas para las que el desplazamiento resulta muy difícil, pero que pueden ser perfectamente productivas trabajando desde su casa. Esas personas con factores médicos no visibles de las que hablábamos en otro tuit.
  • Es más fácil también combinar la actividad pasiva y cerebral con el ejercicio físico, haciendo algunos estiramientos o paseos cortos, algo que no suele hacerse en una oficina porque te van a mirar como a un ser extraño.
  • Ahorra dinero en viajes y eventos de todo tipo, ya que también se ha demostrado que se pueden mantener reuniones internacionales desde casa y que se pueden realizar eventos de forma virtual.
  • No hay que volver a tragarse el atasco a la salida, con el cansancio de toda la jornada, y yendo con hora a los múltiples compromisos que van después del  trabajo.
  • Se llega antes a casa… Esto parece una tontería, pero si la jornada acaba a las 18.00, a las 18.01 estás en casa, con lo que tienes bastante más tiempo para hacer otras actividades. Volvemos, de nuevo, a una organización con más sentido común.

La imagen personal

Han corrido ríos de tinta virtual en los grupos de whatsapp sobre si teñirse ya las raíces o esperar a la reapertura de las peluquerías. Ha habido de todo, pero ciertamente hemos podido sobrevivir con las raíces sin teñir y el pelo sin cortar.

Al cuidado del pelo se añaden otros aspectos de estética, como la depilación, el uso de maquillaje o la ropa.

Me han hablado de reuniones por videollamada en multinacionales en las que el CEO se presenta en chándal ante la cámara, y no hace como si le hubieran pillado así, de improviso, sino que explica abiertamente que piensa que esta nueva forma de interactuar se va a imponer.

La ropa ha sido considerada como no esencial y durante las fases más crudas del confinamiento no ha sido posible comprarla, ni siquiera en un hipermercado que tuviera este producto además de la alimentación. No se ha tenido en cuenta que algunas prendas se van desgastando por el uso y hay que reponerlas con cierta frecuencia. Y, en todo caso, con el tiempo y el uso, toda la ropa acaba necesitando reposición.

La cuestión es qué tipo de ropa se utiliza y por qué. Y, siguiendo el tuit del comienzo, cuál es la necesidad de plancharla.

Si la gente estuviera cómoda con la ropa que lleva a la oficina, ¿no se la pondrían para estar en su casa?

Por último, un cambio que ha ido a más en vez de limitarse es la higiene personal, algo muy de agradecer.

Entonces, ¿y si hacemos como si los criterios de vestimenta siempre hubieran sido más relajados? Ya de paso, los criterios de más higiene también podemos hacer como si siempre hubiesen estado ahí.

Mirar hacia adentro

Este periodo que puede que se alargue o que se convierta en parte de la nueva normalidad ha permitido a muchas personas dejar de correr en la rueda de hámster y poder reflexionar sobre su propia vida.

Si se pudiera reactivar todo de golpe, como apretando un botón, esta introspección desaparecería. Es posible que mucha gente esté “deseando volver a…”.

Hay que recordar que no es posible volver atrás, eso es como retroceder en el tiempo. “Volver” no es posible, no hay “dónde”. La vida avanza hacia adelante, es lo único que se puede hacer, avanzar hacia lo nuevo y lo desconocido, lo cual incluye cambios drásticos en la forma de organizar la vida.

Siendo así, ¿y si hacemos como si la vida ya hubiese sido más lenta y relajada, más casera y personal desde antes? Quizá esto nos permita mantener esta reflexión sobre nosotros mismos/as.


¿Se te ocurren más cosas que podríamos hacer como si siempre hubieran sido así? ¿Qué aspectos te gustaría que volviesen a ser como antes? Gracias por leer y compartir 😉