Clase presencial online

La falta de innovación en el sector e-learning

Lo nuevo es raro, lo nuevo toma cierto tiempo, lo nuevo por definición no reutiliza “esto que ya teníamos por aquí”. No buscar nuevos caminos, no pararse a pensar… suponen un claro peligro de obsolescencia en cualquier industria.

Pues bien, es bastante curioso que los intervinientes en el proceso de creación de un curso online sigan pidiendo “más de lo mismo” en un sector que pertenece al mundo digital, el de los avances y las innovaciones. A pesar de esto, los cursos no se trabajan demasiado en su concepción, no se aplican estrategias de pensamiento de diseño u otras estrategias creativas. Desde luego, no se tiene en cuenta al alumnado.

Circula la expresión:

…y luego añadimos el típico test.

Los habituales del blog ya sabéis que el test es, sin duda, el punto débil de la formación online. Creo que el motivo principal es que “hay que” poner un test a toda costa, porque si no, ¿cómo vamos a medir que los alumnos/as “han aprendido”?

Los que formamos parte del sector tenemos ya una serie de códigos en mente de lo que hay que hacer para crear un curso online, incluido ese test, lo que puede limitarnos a la hora de considerar otras opciones.

El saber muchas veces entorpece el cambio.

Bert Hellinger

Clase presencial online

Recordemos el artículo de Ryan Tracey, cuya versión original tuvo bastante repercusión: la mayoría de expertos preguntados por la evolución de la formación online a partir de la pandemia apuestan por más recursos e-learning y no por más recursos de adaptación del cara a cara al online.

Y sin embargo… esto último es lo que está ocurriendo, instrumentado en largas videoconferencias que resulta que funcionan. Y es lo nuevo, nos guste o no a los que creíamos conocer este sector. Pues bien, ese formato “pseudo presencial” no tiene contenidos o son lo de menos… Así que una de esas piezas que tan bien conocemos los del sector, el contenido, parece perder importancia frente a un intento por hacer como si una videoconferencia fuese una clase presencial.

Y es que algunos centros quieren ofrecer a toda costa una alternativa “presencial online” (oxímoron) a la clase magistral: si un alumno/a debe permanecer en cuarentena, puede ver la clase desde casa, como si estuviese participando en ella. Así, los profesores han de ser grabados y deben hablar por micrófono, teniendo en cuenta a esos alumnos que les ven gracias a una cámara. ¿Cómo participa ese alumno que se ha quedado en casa? ¿Realmente está siendo parte de lo mismo?

Tal vez funcione mejor que todos los alumnos estén en sus casas y que el profesor imparta una tutorización/facilitación online típica: no se trata de que el alumnado tenga que permanecer sentado delante de una pantalla cinco horas. Se trata de que el profesorado sepa manejar las herramientas que existen desde hace ya muchos años para crear grupos, generar debates en foros o por chat, proponer tareas que los alumnos suben y que pueden hacer en grupo…

¿Qué hace memorable una experiencia de aprendizaje?

Mi primera experiencia de aprendizaje online fue sin duda la mejor. Se trata del curso de Experto en e-Learning 2.0 de la Cátedra de Toledo, de la UNED. ¿Por qué fue la mejor experiencia? Los tutores eran y son profesionales universitarios reputados en este sector: Germán Ruipérez, Mª Dolores Castrillo, José Carlos García Cabrero, o Esperanza Román, entre otros. Estos tutores no nos impartieron ninguna clase por videoconferencia. Sin embargo, nos entregaron materiales muy bien documentados (el contenido) en PDF y en formato papel (no “virtualizados” ni en formato SCORM, por cierto). Y, principalmente, moderaron foros, prácticas y actividades de manera que se les sentía cercanos, se reconocía “su voz” y se disfrutaba de sus conocimientos.

Repito: ninguna clase por videoconferencia. Ningún contenido virtualizado.

Ventajas de la videoconferencia

Aun así, vuelvo al artículo de Ryan Tracey: en él, yo defendí la tendencia hacia lo síncrono y hacia la utilización de la videoconferencia. ¿Por qué? Porque durante el confinamiento ha demostrado tener unas ventajas que no tienen los consabidos recursos online:

  • Cercanía: la sensación de ver y ser visto, en contraste con la sensación de soledad frente a una pantalla. El curso tiene que ser muy bueno en su tutorización para que el alumnado a distancia no se sienta solo y no abandone por desmotivación.
  • Ver a otras personas: de nuevo, si las actividades online no fomentan el trabajo en grupos o el debate de todo el alumnado, son poco motivadoras, especialmente si el curso es masivo (MOOC) y el alumno/a no va a recibir una respuesta personalizada.
  • Participar de algo que se está creando en ese momento: la formación online necesita una planificación y una elaboración previas a la impartición. Por muy novedosa que sea, siempre tiene un regusto enlatado. Además, su preparación cada vez se acorta más, lo que lleva a cursos con errores y poco motivadores. En el caso de la sesión síncrona por videoconferencia, cada participante es parte de la creación en ese momento de algo nuevo, asiste a algo que ocurre “en directo”, lo cual tiene un potencial mayor de enganchar al alumnado.

Inconvenientes de la videoconferencia

No todo iban a ser ventajas. Como hablaba con otro experto del sector, el diseñador gráfico Iván Lezcano, el principal inconveniente de la videoconferencia es la falta de estructura. Además:

  • No se puede ir a un punto concreto del contenido, porque no está diferenciado ni por apartados, ni por secciones, ni por temas.
  • No se puede discernir entre información esencial e información adicional: no hay niveles de contenido.
  • Todo es lineal y secuencial, el alumno/a no puede navegar libremente por el contenido, tampoco se pueden diseñar caminos alternativos para distintos ritmos de aprendizaje o niveles de conocimiento.
  • Si el alumno/a atiende la sesión en directo, todavía es posible que resista una cierta duración, pero si no ha podido atenderla y tiene que ver la grabación, esto es bastante más desmotivador. Recordemos que los vídeos formativos no suelen durar más de 4-5 minutos.
  • Requiere dedicar mucho más tiempo: en las horas de videoconferencia, un curso online puede ofrecer distintos vídeos de prácticas, foros, tareas individuales, tareas en grupo, elaboración de wikis… Diversidad de actividades que involucran al alumnado y le permiten experimentar con el contenido de diversas formas y, sobre todo, cuando y donde deseen.

Conclusiones

Si los cursos no se hacen bien, si lo que importa es “que vean todas las pantallas” y cubrir unos expedientes, si el curso no se diseña con el alumnado en el centro de su diseño (que no se hace), si la retroalimentación se queda en “sí, es correcto”, “no, incorrecto”, pues es posible que la videoconferencia siga ganando puntos.

Lo que me lleva a pensar que el sector se tiene que reinventar. Dejemos atrás lo que creíamos conocer tan bien, vayamos hacia algo que no sabemos cómo va a ser y confiemos en que un cambio de enfoque dará lugar a una mayor adhesión a nuestros cursos.

Recursos adicionales

Estas son a grandes rasgos las herramientas que puede utilizar cualquier tutor online, incluso si basa su impartición principalmente en la “clase presencial online”:

(Fuente: adaptado de E-Learning by Design. William Horton. 2012)

Puedes saber más sobre e-learning leyendo a estos grandes:

¿Y si hacemos como si…?

Hace poco leí un tuit del que me he venido acordando y que motiva este post:

Tuitero se pregunta qué pasaría si mañana salimos todos con la ropa sin planchar y hacemos como si siempre hubiera sido así

La cuestión es que la “nueva normalidad” parece conllevar únicamente aspectos negativos: formas de comprar más incómodas, formas de reunirse más frías, espacios exteriores e interiores más asépticos, organizaciones en la playa más robóticas… Todo como si de pronto viviéramos una situación de película, tipo La invasión de los ultracuerpos, en que los que todavía no han sido abducidos tienen que comportarse con frialdad para pasar desapercibidos entre “las vainas”.

Sin embargo, la nueva normalidad trae aspectos muy positivos y que pueden dar lugar a nuevas formas de organizarse que son más eficientes, más ecológicas y más lógicas. Ya habíamos hablado de los posibles aspectos positivos de la pandemia, y ahora hablaremos de cuáles podemos mantener porque han resultado funcionar (sorpresivamente).

Y no planchar la ropa podría ser un buen ejemplo…

Cuestionarse todo

Esta situación nos ha permitido cuestionarnos todo: la organización del trabajo, la educación, el ritmo de vida, la contribución diaria a la contaminación, la importancia de unas profesiones sobre otras, el significado de la imagen personal, el valor de la introspección…

Parece posible extraer conclusiones sobre el funcionamiento de casi todo y pensar en adaptaciones y mejoras en cada esfera.

Seguir teletrabajando

Este es, a mi juicio, el aprendizaje fundamental: se ha demostrado que se puede teletrabajar en miles de casos en los que la empresa había sido muy reticente a enviar a sus trabajadores a casa. Ahora que no era posible otra solución, se ha visto que los profesionales son responsables, se encargan de buscar el espacio físico y el hueco horario, se organizan como pueden para atender a los niños y continúan trabajando desde sus casas.

¿Y si hacemos como si el teletrabajo siempre hubiera existido? Recordemos brevemente algunas de sus ventajas por orden cronológico en un día de trabajo cualquiera:

  • Hay que madrugar menos. El descanso repercute positivamente en la productividad.
  • No hay que vestirse raro, es más, se puede estar con ropa cómoda, no plancharla (como dice el tuit) y, aun así, mantener una videollamada… porque el resto de los asistentes tienen el mismo aspecto.
  • No hay que tragarse un atasco que crispa los nervios y desgasta parte de la energía que teníamos para trabajar. Y esto incide, evidentemente, en la limpieza del aire de las grandes ciudades.
  • No hay ladrones de tiempo como: visitas imprevistas, ¿nos tomamos otro café?, el otro día me crucé con… y demás batallitas que dan mucha vida en el trabajo pero que, reconozcámoslo, quitan mucho tiempo. Esto no significa que no haya otros ladrones de tiempo en casa.
  • Hay mayores posibilidades de conciliar la vida personal con la laboral, ya que todo está “más a mano”. Evita ir a la carrera de un sitio a otro, durante todo el día. Es una organización que parece más lógica.
  • Facilita la entrada en el trabajo a personas con dificultades de movilidad y enfermedades crónicas para las que el desplazamiento resulta muy difícil, pero que pueden ser perfectamente productivas trabajando desde su casa. Esas personas con factores médicos no visibles de las que hablábamos en otro tuit.
  • Es más fácil también combinar la actividad pasiva y cerebral con el ejercicio físico, haciendo algunos estiramientos o paseos cortos, algo que no suele hacerse en una oficina porque te van a mirar como a un ser extraño.
  • Ahorra dinero en viajes y eventos de todo tipo, ya que también se ha demostrado que se pueden mantener reuniones internacionales desde casa y que se pueden realizar eventos de forma virtual.
  • No hay que volver a tragarse el atasco a la salida, con el cansancio de toda la jornada, y yendo con hora a los múltiples compromisos que van después del  trabajo.
  • Se llega antes a casa… Esto parece una tontería, pero si la jornada acaba a las 18.00, a las 18.01 estás en casa, con lo que tienes bastante más tiempo para hacer otras actividades. Volvemos, de nuevo, a una organización con más sentido común.

La imagen personal

Han corrido ríos de tinta virtual en los grupos de whatsapp sobre si teñirse ya las raíces o esperar a la reapertura de las peluquerías. Ha habido de todo, pero ciertamente hemos podido sobrevivir con las raíces sin teñir y el pelo sin cortar.

Al cuidado del pelo se añaden otros aspectos de estética, como la depilación, el uso de maquillaje o la ropa.

Me han hablado de reuniones por videollamada en multinacionales en las que el CEO se presenta en chándal ante la cámara, y no hace como si le hubieran pillado así, de improviso, sino que explica abiertamente que piensa que esta nueva forma de interactuar se va a imponer.

La ropa ha sido considerada como no esencial y durante las fases más crudas del confinamiento no ha sido posible comprarla, ni siquiera en un hipermercado que tuviera este producto además de la alimentación. No se ha tenido en cuenta que algunas prendas se van desgastando por el uso y hay que reponerlas con cierta frecuencia. Y, en todo caso, con el tiempo y el uso, toda la ropa acaba necesitando reposición.

La cuestión es qué tipo de ropa se utiliza y por qué. Y, siguiendo el tuit del comienzo, cuál es la necesidad de plancharla.

Si la gente estuviera cómoda con la ropa que lleva a la oficina, ¿no se la pondrían para estar en su casa?

Por último, un cambio que ha ido a más en vez de limitarse es la higiene personal, algo muy de agradecer.

Entonces, ¿y si hacemos como si los criterios de vestimenta siempre hubieran sido más relajados? Ya de paso, los criterios de más higiene también podemos hacer como si siempre hubiesen estado ahí.

Mirar hacia adentro

Este periodo que puede que se alargue o que se convierta en parte de la nueva normalidad ha permitido a muchas personas dejar de correr en la rueda de hámster y poder reflexionar sobre su propia vida.

Si se pudiera reactivar todo de golpe, como apretando un botón, esta introspección desaparecería. Es posible que mucha gente esté “deseando volver a…”.

Hay que recordar que no es posible volver atrás, eso es como retroceder en el tiempo. “Volver” no es posible, no hay “dónde”. La vida avanza hacia adelante, es lo único que se puede hacer, avanzar hacia lo nuevo y lo desconocido, lo cual incluye cambios drásticos en la forma de organizar la vida.

Siendo así, ¿y si hacemos como si la vida ya hubiese sido más lenta y relajada, más casera y personal desde antes? Quizá esto nos permita mantener esta reflexión sobre nosotros mismos/as.


¿Se te ocurren más cosas que podríamos hacer como si siempre hubieran sido así? ¿Qué aspectos te gustaría que volviesen a ser como antes? Gracias por leer y compartir 😉