Seis formas de reaccionar ante la vida

Se acerca mi momento de «dar la vuelta al jamón», como suele decirse, esto es, llegar a los 50 tacos. Es un pequeño cambio incremental, pero parece un abismo: nadie con cincuenta años es considerado joven desde ningún punto de vista. Así, me he agenciado el libro Finding Meaning in the Second Half o Life (Encontrar significado en la segunda mitad de la vida) del psicoanalista James Hollis, a quien conocí en el pódcast de Andrew Huberman.

El subtítulo de este libro aclara aún más sus intenciones:

Cómo, finalmente, realmente, crecer.

En otras palabras, cómo dejar atrás los mecanismos aprendidos en la infancia con el pensamiento mágico para realmente comportarse como un adulto que reacciona a la realidad aquí y ahora, en tiempo real.

Aprendemos mucho de los padres y abuelos, interiorizando mandatos e impulsores. Imagen de https://www.pexels.com/@cottonbro/.

James Hollis explica que, realmente, todas las personas arrastramos heridas de la niñez, sean más o menos graves. Esto nos iguala a todos, es más, revela el secreto de historias de éxito que esconden las debilidades que realmente hubo que ocultar, si no superar, para seguir adelante. Estas heridas son las siguientes:

Tres formas de impotencia

El primer tipo de herida de la infancia es la impotencia, la experiencia de lo abrumador del ambiente. La vivencia que se experimenta en la niñez es la incapacidad de alterar el curso del mundo exterior. Ante esta incapacidad, podemos responder de tres formas:

  • Evitación: se trata de retirarse, evitar, negar o huir de las situaciones, incluso disociarse de ellas, para no experimentarlas. Si se mantiene en la edad adulta, puede convertirse en un patrón de aversión a las grandes demandas de la vida. Este patrón usurpa la consciencia y su mayor rango de alternativas.
  • Controlar: se trata de atacar antes de que te ataquen. Ante la sensación de impotencia interior, la persona busca tener un gran control sobre los demás y sobre lo exterior. Esto también incluye los comportamientos pasivo-agresivos.
  • Conformidad: la respuesta es «darles lo que quieren». Es decir, la persona, en vez de defender sus deseos, viola su propia integridad personal siendo dulce, amable, sociable y maja. Esta adaptación lleva a tener relaciones de dependencia.

Tres formas de escasez

La herida de la escasez nos hace pensar que no podemos confiar en que el mundo vaya a satisfacer nuestras necesidades. En la niñez, esto se siente como un deseo no satisfecho de ser alimentados, confortados y acogidos por otra persona, que, potencialmente, lleva a la muerte. Ante la escasez, se dan estos tres tipos de respuesta:

  • Soy tal como me tratan: esta categoría responde a la creencia de que «no merezco la pena». Así, la persona evita el riesgo y disminuye sus alternativas, incluso tomando decisiones de autosabotaje, buscando siempre la opción segura.
  • Sobreadaptación: se trata de compensar esa sensación permanente de pobreza con lo contrario: poder, riqueza, una pareja ideal, fama o cualquier otra forma de soberanía sobre otras personas. Es el complejo de superioridad.
  • Búsqueda de reafirmación: la persona busca la reafirmación de otras personas de forma ansiosa y obsesiva. No es raro que esa misma persona se relacione con otras que le van a defraudar, o bien, las fuerce a hacerlo por su constante necesidad de reafirmación, de manera que recupera «la reconfortante miseria de lo familiar».

Algunas verdades

Para superar todas estas heridas de la niñez y entrar en la edad adulta de verdad, es necesario recordar que la necesidad de realización que tenemos durante toda la vida no la puede satisfacer ninguna persona, pero tampoco ningún trabajo, ningún proyecto. Esta insuficiencia es la naturaleza misma de la vida, no es un fallo de los que nos rodean o de las profesiones que ejercemos.

James Hollis nos recuerda que no hay magia, que la herida nos persigue y que cada persona es la única con la responsabilidad de llenar su propio vacío de formas más duraderas. Para este psicoanalista, es importante que cada cual entre en sus propias profundidades para comprender sus mecanismos de impotencia y escasez y sanar las propias heridas. Este es un trabajo fundamental que el alma pide y que, si no se lleva a cabo, va reclamando cada vez más atención a través de síntomas y malestares.

Tal como también indica Bert Hellinger, ante cada decisión de la vida sólo hay dos caminos, hacia la vida y hacia la muerte. O, en palabras de James Hollis:

El nacimiento de la vida es también el nacimiento de la neurosis, por así decirlo, porque desde ese momento estamos al servicio de dos planes gemelos: el impulso biológico y espiritual de desarrollarnos, de avanzar, y el anhelo arcaico de volver a caer en el sueño cósmico de la subsistencia instintiva.

Y es que, frente al impulso de avanzar, siempre hay dos personajes que pueden tirar de nosotros para atrás: el miedo y el letargo. El ego desea confort, seguridad, saciedad; el alma necesita significado, lucha, llegar a ser. Cualquier respuesta automática al estrés y la ansiedad es una forma de adicción.

Aquí puedes ver el pódcast de Andrew Huberman con James Hollis:


¿Te has reconocido en alguna de estas seis formas de herida? El psicoanalista de hoy, James Hollis, nos dice que todos tenemos algo de cada una. Piensa en cuáles son las necesidades más grandes que alberga tu alma y si las estás satisfaciendo en tu vida. ¿Qué puedes hacer si no es así? Os leo en Comentarios.

¡Muchas gracias por leer!

¿Qué es el análisis transaccional y para qué sirve?

Lo primero que observó el psiquiatra Eric Berne, y de donde nace el Análisis Transaccional, es que los pacientes le hablaban utilizando palabras, gestos y tonos muy distintos según lo que le estuviesen refiriendo. Observó que podían agruparse y aislarse claramente, es decir, cada grupo de lenguaje verbal, paraverbal y no verbal era característico de un estado distinto del yo. Estos estados son: el Padre, el Adulto y el Niño.

Los tres estados del yo: el P-A-N

El modelo P-A-N es la base del Análisis Transaccional
No tengo registro de la fuente de esta imagen. Si localizáis al autor/a, por favor, decidme. ¡Gracias!

En esta ilustración vemos a la perfección los tres estados definidos por la forma de actuar de cada uno:

Niño

A la izquierda, la fila interminable para criticar. En esta fila también esperan los que se quieren quejar. La mayoría de ellos está en el estado Niño. A veces, también se critica desde el estado Padre, lo veremos a continuación.

Padre

En el centro, está la fila de los que les dicen a los demás lo que deben hacer. Los que se ponen esta fila se sienten muy bien consigo mismos, e incluso son percibidos por los demás como personas que hacen algo. No, no hacen nada, sólo señalan a otras personas lo que hay que hacer. La mayoría de los de esta fila están en el estado Padre.

Adulto

Finalmente, en la fila para hacer pintaría yo la clásica mosca que pasaba volando en Mortadelo y Filemón cuando había un silencio. Hay menos de cuatro gatos ahí, dispuestos realmente a hacer, no a criticar desde la barrera ni a indicar lo que está bien o mal. Dispuestos a entrar en acción hay muy pocos, porque esto requiere estar en el momento presente. En la fila del hacer, están las personas en el estado Adulto.

Estos tres estados forman el modelo P-A-N (Padre-Adulto-Niño).

¿Entonces cada persona está en un solo estado del yo?

No. Cada persona adopta los tres estados a lo largo del día, teniendo preferencia por permanecer en uno u otro. Esto lo advertimos en la forma en que las personas se comunican, y también en su postura física (no es posible no comunicar, según el axioma de Paul Watzlawick). Lo que sí es cierto es que el lugar en el que es más difícil permanecer es en el estado adulto y en el presente, donde realizamos, trabajamos, sacamos algo adelante.

Guion de vida

Otro aspecto revolucionario que definió Eric Berne son los seis tipos de proceso de guion de vida. El guion de vida es una trama que construimos con el pensamiento mágico de pequeños, y con mucho detalle, por cierto. Estos son los seis tipos de guion:

Tipos de guion de vida definidos por Eric Berne
Imagen compuesta a partir de distintas imágenes libres.

¿No sabes cuál es tu guion?

En mayor o menor medida, cada uno de nosotros/as tenemos los seis patrones de conducta, pero la mayoría tiene uno que es predominante, o bien uno principal y otro que se combina con el primero. Veamos cómo pueden ser algunas de estas combinaciones:

Guion “hasta” + guion “nunca”. Su lema de base sería:

No me puedo divertir hasta que no acabe el trabajo. Pero el trabajo no se acaba nunca, por lo que nunca puedo divertirme.

Guion “hasta” + guion “casi tipo 2”. Esta persona se dirá a sí misma:

No puedo descansar hasta que no llegue a la cima. Realmente, no puedo llegar a la cima: siempre encuentro una más alta. Por ello, nunca puedo descansar.

Guion “siempre” + guion “nunca”. Su creencia será:

Siempre me pasa lo mismo: conozco a una persona que me parece especial y diferente, pero al final es lo contrario a lo que yo busco. Nunca podré encontrar a alguien afín a mí.

¿Cómo salgo de mi guion?

Siguiendo a Brigitte Champetier, en una palabra: «desautomatiza«. Es decir, deja de actuar conforme a unas creencias muy arraigadas, inconscientes. ¿Y cómo se hace en la práctica? Dándote permiso:

  1. Guion “hasta”: monta en el pony antes de haber limpiado los establos. Es una frase de Daniel Casriel, explicando cómo darse permiso para disfrutar incluso con las tareas “obligatorias” a medio hacer.
  2. Guion “después”: dosifica tu disfrute, no es necesario quemar hoy todas las naves, el disfrute puede continuar mañana.
  3. Guion “nunca”: decide qué es lo que puedes hacer para lograr tus objetivos y entonces hazlo. Da el paso. No hables de “lo que pudo ser y no fue”, habla de lo que vas a hacer, de acciones.
  4. Guion “siempre”: no necesitas repetir los patrones, ni continuar en una situación insatisfactoria. Puedes darte permiso para abandonar lo que no te gusta, y sobre todo, para buscar lo que sí deseas.
  5. Guion “casi tipo 1”: acaba lo que has empezado, no saltes a otra tarea. En vez de ser multitarea, escoge una y acábala, llega hasta el final.
  6. Guion “casi tipo 2”: cuando alcanzas un objetivo, felicítate por ello, regálate algo, descansa y disfruta. Celebra tus éxitos antes de buscar nuevos objetivos.
  7. Guion “final abierto”: una vez llegas al final de una etapa, puedes llenar el vacío haciendo lo que te plazca: viajar, aprender fotografía, ir a exposiciones, bucear…

Beneficios del análisis transaccional

Podemos resumir estos beneficios en una frase: «se puede salir del guion de vida elegido en la infancia«. Lo fundamental del concepto de guion de vida creado por Eric Berne es que se puede salir de él. Para ello:

  1. El primer paso es darse cuenta de que el guion es como una pianola automatizada, en que la música que se ejecuta está previamente escrita.
  2. El segundo paso es ser consciente de que «la música» la hemos escrito cada uno de nosotr@s a partir de los mandatos y contramandatos (creencias) recibidos en nuestra infancia.
  3. El tercero es reescribir. Y, tal como de una forma muy visual comenta Eric Berne, reescribir implica salir de la jaula una vez nos abren la puerta. No siempre es fácil. El guion conocido, incluso si es perdedor, es más cómodo de vivir que un guion nuevo, lleno de incertidumbre.

Coaching transaccional: actuar desde el estado adulto

Como hemos visto, en cada guion hemos interiorizado unos mandatos y permisos a partir de lo que nos dijeron nuestros padres y educadores, y esta es, precisamente, la voz del estado Padre. Nuestra reacción emocional a estas normas es desde el estado Niño. El Adulto solo responde al entorno presente, libre de cargas. Así, en un proceso de coaching transaccional, lo primero que hacemos es identificar estos mandatos, cuál es tu tipo de guion.

¿Por qué es importante permanecer en el Adulto?

Solo desde tu Adulto vives el momento presente y reaccionas a él de forma proporcionada. Solo en el Adulto eres capaz de actuar, de ejecutar, realizar las acciones oportunas. Permíteme que lo repita:

Solo desde tu Adulto vives el momento presente.

Por tanto, el estado Adulto en el análisis transaccional no es cualquiera de nosotros mayor de 18 años. También suele confundirse fácilmente con el estado Padre. Incluso muchos de los que se dedican a decir a otros qué deben hacer, creen estar en un estado Adulto.

El Adulto es la suma de todas tus capacidades puestas al servicio de lo que ocurre ahora, sea el trabajo, sea hacer tareas del hogar o sea distraerte y disfrutar de tus hobbies preferidos.


¿Qué, te animas a tomar las riendas de tu vida y dejar de responder a un guion inconsciente y limitado? Si es así, puedes apuntarte a uno de mis cursos o pedir una sesión de coaching. Como siempre, gracias por leer y por compartir.

¿Qué son las emociones y cómo influyen en el logro de tus metas?

Las emociones son mecanismos de defensa instalados en el sistema límbico, con el objetivo de asegurar la supervivencia y el bienestar.

El sistema límbico es el llamado cerebro animal, compuesto entre otros del hipotálamo y la amígdala, y común a los mamíferos.

De forma sencilla, a cada emoción le corresponde un estado físico. Así, las emociones las siente el cuerpo y después se razonan, cuando la información llega al cerebro consciente. Esta información vuelve al sistema límbico y la intensidad de la emoción se intensifica o se apaga.

En otras palabras, en el principio de la emoción está la acción, es decir, la respuesta ante el estímulo. Todos los seres vivos tratan de preservarse.

Cuando sentimos una emoción, lidiamos con ella de tres posibles formas ancestrales:

  • Huida.
  • Enfrentamiento.
  • Bloqueo.

¿Qué son las emociones primarias o auténticas?

Las emociones primarias se reconocen de forma universal tan sólo por los gestos que las acompañan, como ya apuntó Charles Darwin. Incluso, como comenta Antonio Damasio, se reconocen en especies no humanas. Son:

Foto de Domingo Alvarez E en Unsplash.
  • La alegría
  • El miedo
  • La tristeza
  • La ira
  • El asco
  • La sorpresa

¿Qué emociones son secundarias o no auténticas?

Son aquellos sentimientos que se experimentan con la misma intensidad que una emoción primaria, pero que no responden a la situación presente ni la resuelven. Siguiendo el análisis transaccional, se llaman sentimientos parásitos.

El sentimiento parásito es tu «sentimiento malo favorito»: esa emoción que aparece cada vez que surgen dificultades, como si tuviéramos preferencia por experimentarlo. Y es el que se fijó en nuestra infancia. Es probable que viésemos a nuestros progenitores reaccionando de la misma manera. Es más: si respondíamos de forma diferente, nuestra reacción o emoción no era premiada, más bien era ignorada.

Las familias suelen tener emociones prohibidas y emociones alentadas. Se suele premiar una «emoción incómoda» y se suelen dejar de lado las emociones genuinas, las que realmente permiten solucionar problemas. Por ejemplo, en una familia puede estar prohibida la alegría. O puede estar prohibida la tristeza. O bien, los hombres de la familia deben mostrar mucha ira, pero las mujeres deben permanecer con una sonrisa y la mente en blanco.

Por ejemplo, Vanesa se pone a la cola para esperar al autobús. De pronto, una señora con un carro se cuela varios puestos. Su primera reacción es la ira, pero enseguida la tapa con una sonrisa y dejando la mente en blanco. Puede que sonría a la señora que le había provocado la emoción genuina de la ira.

Tener sentimientos parásitos nos hace avanzar en nuestro guion de vida, justificando decisiones que nos llevan a donde no queremos ir.

¿Qué diferencia hay entre emociones y sentimientos?

Las emociones son los mecanismos biológicos de defensa que acabamos de ver. Los sentimientos son mezcla de emociones, normalmente secundarias, y pensamientos, que dan lugar a una miríada de sensaciones, como: celos, frustración, melancolía, sensación de vacío, angustia, rechazo…

Según afirma Hendrie Weisinger, nuestros pensamientos, además de nuestros cambios corporales, desencadenan respuestas emocionales. Al centrar nuestra atención en ellos, libramos de esta responsabilidad al suceso externo. Si nos molesta el comentario de un compañero, no es él el que provoca que apretemos los puños y sintamos cólera, son nuestros pensamientos, nuestras emociones. Y podemos gestionarlos.

Los pensamientos que surgen espontáneamente son pensamientos automáticos, y se producen cuando surge alguna disonancia entre lo que esperábamos de la realidad y lo que ésta nos da. Las diferencias con el diálogo interior son:

  • Tienden a ser irracionales: «Le mataría». Su intensidad responde a la intensidad de la emoción que estamos sintiendo.
  • Tendemos a darles crédito por la rapidez con la que se producen: los aceptamos como una verdad, no los cuestionamos.
  • A menudo son crípticos, se expresan como una especie de taquigrafía: «Imbécil». «Mentiroso».
  • Suelen desencadenar otros pensamientos automáticos: «Es un egoísta. No me respeta. Ojalá le despidan». Un pensamiento actúa como catalizador de otro, con lo que se prolonga la intensidad de la emoción, y esto hace más difícil desactivarlos.
  • Pueden conducir a un razonamiento distorsionado: el hecho de que los propios pensamientos sean irracionales lleva a una lógica distorsionada, a valoraciones erróneas y sesgadas.

¿Cómo influyen las emociones en el logro de nuestras metas?

Sólo las emociones auténticas solucionan problemas, mientras que los sentimientos malos favoritos prolongan el guion de vida, el definido por tu posición existencial. Si buscas la culpa, lo que está mal, el problema, lo que te provoca rechazo, celos, frustración… entonces no vas a estar en el presente y en la acción, sino respondiendo a recuerdos pasados. Si en cambio pones el foco en lo que sucede ahora, las emociones auténticas te sacarán de tu equilibrio para que actúes:

  • El miedo auténtico es el que nos permite huir del depredador en la jungla. También nos puede paralizar por completo si lo necesario es ocultarse. El miedo evita un peligro futuro (si bien inminente).
  • La ira genuina provoca que el corazón bombee más sangre a nuestras extremidades, nos permite responder físicamente, golpeando o apartando la amenaza, o huyendo.
  • La tristeza auténtica es la que nos permite hacer el duelo para superar un hecho doloroso que sucedió en el pasado. Este hecho significa la pérdida de una situación (cambio de casa, de trabajo, de condiciones económicas) o de un ser querido.
  • La sensación de alegría auténtica nos permite relajarnos y sentir que todo está bien a nuestro alrededor. Esta felicidad genuina nos facilita disfrutar de lo que está ocurriendo en el momento presente, respirando con calma.

Monográfico de emociones

En Centro Tai San estamos impartiendo la segunda edición del Monográfico de emociones, presencial y online. ¡Y estamos de celebración! Es por el éxito que ha tenido nuestra propuesta de impartir el monográfico de emociones para las mujeres de Tres Cantos: hemos cubierto el cupo de las 20 plazas disponibles. Y no solo eso: ¡tenemos a otras 20 mujeres en la lista de espera!

Pero, ¿qué es tan especial del monográfico de emociones que todas lo quieren hacer? Todo esto:

  • Aprendes a gestionar tus emociones unificando cuerpo y mente.
  • Mejora tu respiración y descansas mejor.
  • Adquieres una mayor consciencia corporal.
  • Tu mente se alinea con tu cuerpo para conseguir esos objetivos que se te resistían.
  • Por fin ves clara tu posición de vida, comprendes tus emociones y eliges cambiarlas… ¡si te apetece!

Las profes estamos encantadas de ayudarte a alcanzar todo esto. Nos dedicamos al taichí, el Chi Kung, la kinesiología, la reflexología facial, la respiración funcional, el análisis transaccional, el coaching… Y lo hacemos con rigor, apoyándonos en los descubrimientos de la neurociencia. Vamos, que somos fans de Nazareth Castellanos y de Andrew Huberman.

Si te apetece hacer uno de nuestros cursos y te has quedado sin plaza o no eres de Tres Cantos, escríbenos a taichi3cantos@gmail.com o al whatsapp 620158865. ¡Recuerda que lo puedes hacer online!

En la página Cursos tienes toda la información sobre precios y fechas.


¿Cuál es tu caso? ¿Consigues gestionar tus emociones, observar y después actuar? ¿Tiendes en cambio a reaccionar ante la situación, sin reparar en si se ha disparado una emoción que responde a lo presente o un sentimiento del pasado? Puedes dejar tus comentarios sobre ello. Y como siempre, siéntete libre de compartir. ¡Gracias por leer!

Tal el tiempo, tal el tiento

Doña Leandra, manchega ella, lo tiene claro:

Tal el tiempo, tal el tiento.

Doña Leandra.

Esto le dijo a su marido don Bruno cuando el otro se planteaba renunciar a un cambio de bando porque los moderados le ofrecían todo aquello que había estado pidiendo a los progresistas.

Doña Leandra y don Bruno son personajes de Bodas reales, el Episodio Nacional número 30 de Galdós.

Imagen de JUAN PABLO GONZALES DELGADO en Pixabay. Este podría ser don Bruno arando sus campos.

¿Y qué significa este refrán?

Según nos cuentan en el Centro Virtual Cervantes, se refiere a la necesidad de adaptarse a los cambios, en la sociedad y en la vida. Pero, ojo, este refrán es muy antiguo, está en desuso; lo utilizó Cervantes en El Quijote y lo reprodujo su fiel admirador don Benito en la novela ambientada en el siglo XIX.

¿No es interesante comprobar que los cambios y la inestabilidad ya existían antes de los tiempos que vivimos? Y lo cierto es que el siglo XIX en España fue, como mínimo, turbulento. Así, doña Leandra también nos dice que

A quien se muda, Dios le ayuda.

Doña Leandra.

No lo dice en el sentido de cambiarse de ropa o de población, sino, de nuevo, en el de adaptarse a los cambios que se están viviendo.

Cómo aplicar el cambio en tu día a día

Cada segundo que se vive es distinto al anterior. Cada presente es nuevo, la vida se renueva constantemente. Pero nuestro cerebro está diseñado para automatizar procesos, crear e identificar categorías, de manera que tenemos la sensación de que cada día es el día de la marmota.

Por otro lado, observamos que el mundo a nuestro alrededor «se desmorona» y lo viejo conocido da lugar a novedades que vivimos con extrañeza, cuando no con desprecio o miedo. Doña Leandra nos dice que Dios ayuda a quien se muda. Y esto se puede hacer de varias formas:

  • Aprende algo nuevo: vivimos una época fascinante en cuanto a cambios tecnológicos. ¿No te interesa saber mejor qué es eso de la IA y cómo se usa? O bien, puede que, precisamente por estos cambios, ahora más que nunca quieras aprender un oficio artesano, como el de alfarero. O una técnica de ayuda, como la arteterapia. Lo bueno es que las oportunidades son más accesibles que nunca.
  • Reaprende algo en lo que te formaste hace muchos años. ¿Recuerdas la fecha de tus últimos estudios oficiales? Yo he tenido que pedir mi certificado de notas de la Licenciatura y me comentaron que, por la fecha en la que terminé, tenían que «elaborarlo a mano a partir de unos cartoncillos». Realmente, al repasar algunos de mis certificados, casi me parecen pergaminos.
  • Presta atención a tu respiración. Puedes reservar momentos en los que sólo hagas esto, como la práctica de mindfulness, o puedes observar cómo respiras (o contienes la respiración) mientras trabajas, en un momento de estrés o en uno de calma total. La respiración une la mente y el cuerpo y es un fenómeno que te trae al presente. El cambio ocurre en el presente. O más bien: el presente es permanente cambio.
  • Haz alguna actividad que te motive mucho. Ya sea caminar por el campo, ir al teatro o bailar zumba, si practicas las actividades que más te motivan te es más fácil apreciar los cambios en ellas: cambio en el follaje de los árboles, ver una obra de teatro que desconoces, aprender nuevos pasos de baile… Incluso si ves la misma obra, cada representación es única. Y cada ejecución de un baile.
  • Abraza el cambio. Di sí a todo como es. A veces, el cambio viene de fuera, por tanto, no lo hemos decidido y nos resistimos a asumirlo. Muchas veces es un fenómeno triste, negativo, o que nos enfada. Frente a la dureza de un destino, siempre está la opción adulta de decir sí a todo como es, sí a todos como son.

¿Cómo te adaptas a los cambios? ¿Produces cambios en tu vida que te permiten vivir experiencias más ricas? ¿Estás aprendiendo algo nuevo o reaprendiendo algo antiguo? Me gustaría conocer tu opinión: siéntete libre de dejar un comentario o escribirme. Y por supuesto, comparte con quien quieras esta publicación. Muchas gracias por leer.

Es hora de…

«Es hora de…» ¿qué significa esta expresión? ¿Por qué es hora de comer, de emitir un telediario o de ir a algún sitio?

Muchas personas miramos el reloj antes de responder a una pregunta de la vida: «¿Te vienes a…?». Depende de si es pronto para eso, tarde para eso. Otra cosa es si «eso» está cerrado.

Vivir con horarios

Hay personas esclavas de su reloj. Su vida está cronometrada. «No puedo, tengo que cenar a las nueve». ¿No puedes cenar a las 21.15 ese día, o a las 21.30? ¿Qué ocurre si te sales del horario establecido?

Recientemente, cambió la hora. Y se decía: «dormiremos una hora menos». Bueno, o las mismas. Si no cambias ningún reloj, puedes seguir haciendo la misma vida. Claro que, están los horarios externos, eso que tanto nos restringe.

Conocí a una azafata de vuelo experimentada que no sufría de jet lag. ¿Por qué? No cambiaba la hora de su reloj de pulsera. Seguía los horarios de aquí, estuviera donde estuviera, y sus vuelos eran todos transoceánicos, por lo que la diferencia horaria era amplia. Ella podía seguir sus propios ritmos, mientras esperaba al siguiente vuelo.

Así que el enemigo de vivir el propio tiempo al margen del reloj son los horarios: jornada laboral, horario de las tiendas, horarios de atención al público, festivos… Desde luego, hay que agradecer a los horarios que nos permiten organizarnos y poder coincidir con otras personas. Pero, si a todos los horarios que nos constriñen añadimos uno propio, entonces la persona pasa a ser presa de estos: tiene hora para todo, no cabe la improvisación. Por tanto, en el momento en que se pone en peligro el cumplimiento de alguno de sus horarios, le invade un fuerte estado de ansiedad. Y es posible que trate de descargar su frustración con otras personas que no comparten ese horario tan restrictivo.

La forma de vivir el tiempo depende por completo de nuestra posición existencial, es decir, de cómo nos sentimos con nosotros mismos y con respecto al mundo, lo que al fin y al cabo conforma nuestro guion de vida. Incluso hay un impulsor específico que reza:

Date prisa.

Impulsor primario.

Vivir despacio

El permiso que sirve como antídoto al «date prisa» es: «tómate tu tiempo».

Voy a tomarme mi tiempo. La vida es demasiado corta como para apresurarse. Voy a bajar el ritmo y disfrutar. No quiero perderme las pequeñas cosas por tener prisa.

Tony Robbins.

Lo espontáneo, lo que surge a cada momento, no entiende de horarios: se presenta. Si una persona está lo suficientemente libre como para actuar desde el presente, puede acoger mucho mejor todo aquello que no estaba planificado (la mayoría de la vida).

En circunstancias excepcionales, como tener un familiar enfermo, una persona es capaz de trastocar todos sus horarios y seguir adelante, incluso olvidándolos por completo. La hora de comer se convierte en «tengo hambre», la de dormir en «tengo sueño», y así.

Hace muchos años, Stephen R. Covey, en su libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, establecía que en nuestra vida debemos colocar primero las «grandes rocas», aquellos elementos importantes para la persona, los que sí o sí hay que realizar. Todo lo demás irá ubicándose en los huecos que queden. Puedes ver este vídeo para entender por qué lo llama «big rocks»:

Vídeo de explicación de por qué colocar primero las «grandes piedras».

Es un consejo que también sigue Tony Robbins: establece al principio del año uno o dos objetivos de aprendizaje o mejora y les asigna su tiempo, su hueco. Por ejemplo, decide aprender sobre diseño gráfico o a hacer ganchillo. También se puede reservar tiempo para «hacer nada», pasear sin rumbo, mirar a la parra… De hecho, esos tiempos «muertos» están bastante vivos, porque permiten a la mente entrar en un estado de calma en el que es posible crear.


Las personas que logran sus objetivos y se sienten realizadas con ello no suelen atarse a los horarios más que para garantizar estos éxitos. Es decir, fijan primero el tiempo de las «grandes rocas» y luego colocan todo lo demás. Se aseguran de que van a tener el tiempo suficiente para trabajar en aquello en lo que ponen atención. La próxima vez que digas: «no tengo tiempo para…» o «ya es hora de…», párate un momento y piensa que las personas que realizaron grandes logros tuvieron exactamente el mismo tiempo que tú: 24 horas al día.

¿Sientes que eres esclavo del reloj? ¿Te gustaría encontrar más tiempo para lo importante y que nunca realizas? Sé libre de dejar aquí tus comentarios y de compartir. Muchas gracias por leer.

De pie

Hagamos un experimento: ponte de pie. En serio: lee este post estando de pie, incluso andando un poco. ¡Veamos si funciona!

Imagen de Unsplash.

Hace unos años fui a Estados Unidos porque trabajaba en una empresa norteamericana. Allí vi que mis compañeros de trabajo tenían mesas elevables; varios de ellos estaban trabajando de pie. Pensé para mis adentros que era mejor, simplemente, separarse del escritorio y darse una vuelta, incluso salir a la calle. Pero estar de pie en tu puesto de trabajo es mejor que nada.

Siguiendo a la médico Sari Arponen, en su «¡Es la microbiota, idiota!«:

Haz tus reuniones de pie 30 minutos antes de la hora de comer. Verás cómo todo el mundo se esfuerza por ser eficiente en la reunión.

Sari Arponen.

Esto me hizo sonreír, porque, a pesar de la antigüedad del famoso vídeo de John Cleese «Meetings, Bloody Meetings» (Reuniones, malditas reuniones), se siguen manteniendo largas reuniones sin objetivo claro, en las que se improvisa el trabajo en lugar de traerlo hecho y en las que no se establece ningún plan de acción posterior.

El famoso vídeo de Meetings, Bloody Meetings.

Solemos escuchar lo malo que es estar mucho tiempo en posición sentada, pero, tras 8 horas de jornada laboral, el silloning es el deporte más practicado: sentimos cansancio, agotamiento. El sofá tiene una especie de imán que nos atrapa, ayudado por la facilidad de acceder a películas y series que nos enganchan.

Sin embargo, siguiendo a la médico internista Sari Arponen, si puedes estar sentado en vez de tumbado, mejor. Y si puedes estar de pie, estupendo. Si te llaman por teléfono, camina durante la llamada. Aprovecha cada oportunidad para activar tu cuerpo. Es verdad que ahora se habla mucho de la diferencia entre ejercicio físico (un plan pautado con ejercicios y repeticiones) y actividad física (moverse, no apoltronarse). Pero pienso que la actividad física es, de nuevo, mejor que nada. Si además es en el exterior, viendo la luz solar, mejor (aquí sigo al neurocientífico Andrew Huberman).

Unleash the Power Within

La semana pasada asistí al gran evento digital Unleash the Power Within (Libera el poder que hay en ti) de Tony Robbins. Eran 12 horas al día en streaming (retransmisión en directo) durante 4 días seguidos. Y gran parte del evento ponía en práctica una de sus recomendaciones: sube tu nivel de energía. En este evento, la forma de subir la energía era con música animada y bailes coreografiados, pero cada cual podía saltar y bailar como quisiera. Se decía varias veces algo que está demostrado científicamente: hacer ejercicio permite fijar mejor el aprendizaje. De hecho, como afirma la profesora Barbara Oakley, hacer ejercicio genera nuevas neuronas. En otras palabras:

Puede ser más rentable una hora de ejercicio que una hora de estudio.

Siguiendo a Barbara Oakley.

Si quieres saber más sobre estrategias de aprendizaje y cómo hacer ejercicio influye en él, puedes leer Aprender a aprender. En cualquier caso, no te quedes ahí, diciéndote: «Sí, sí, es muy interesante». Olvidarás esta información a los pocos minutos. En cambio, puedes hacer un compromiso contigo mismo y decir: «a partir de ahora voy a adoptar este hábito, voy a hacer una parada cada hora en la que voy a ir a subir escaleras», o «voy a echarme un baile o moverme al ritmo de la música ahora mismo, y cada día».

El Niño sostenido por la silla

Si, en lugar de estar en una posición activa, de pie o en posición sentada pero con la espalda separada del asiento, estamos en una posición pasiva, apoltronados, seguramente vivamos el aprendizaje o la experiencia desde el estado Niño del yo. En este estado, la persona no se sostiene por sí misma, sino que busca un apoyo externo (la silla) para sostenerse.

Recapitulemos: ocho horas al día en el estado Niño, inducido por la comodidad de una silla de oficina y por el tipo de relación que se establece de jefatura a colaboradores, relación Padre-Niño. Después, 3 o 4 horas de televisión o smartphone, caídos como fardos en el sofá, incomprensiblemente cansados, sin la capacidad para leer, reflexionar o hacer ejercicio intenso, como si esas ocho horas más transporte nos hubieran absorbido toda la energía. Pero

La energía es un hábito.

Tony Robbins.

Se puede adquirir el hábito de subir el nivel de energía activando el cuerpo al menos cada hora de estar sentado (siempre que las normas de la empresa no sean tan obtusas como para evitar esto). Se puede subir el nivel de energía sonriendo, con frases afirmativas, trayendo a la mente a tus seres queridos, sintiendo gratitud, bailando, dándote autorreconocimiento (autocaricias). Es decir, hay miles de formas de pasar de un estado pasivo a uno activo, que abre la mente, permitiendo el aprendizaje y la acción.

En conclusión, estar de pie hace que sea más fácil estar en el estado Adulto, sosteniéndonos a nosotros mismos y actuando en lugar de observar desde fuera o quejarse. Subir el nivel de energía y sentir alegría y gratitud permiten sentir autoconfianza, la sensación de que nuestras acciones tendrán los resultados esperados. Además, hace más fácil integrar cualquier aprendizaje. Merece la pena experimentar el estado Adulto las veces que puedas, respirando en el presente, en movimiento, lejos del estado pasivo y conformista o resignado.


Soy consciente de que muchas personas no pueden ponerse de pie, o, si logran hacerlo, pueden estar muy poco tiempo en esta posición. Este post va orientado a aumentar la actividad física, sea cual sea el estado en que se encuentre cada cual. Si no puedes levantarte, puedes moverte al ritmo de la música igualmente, puedes hacer estiramientos, ejercicios de fuerza. La idea es activar la energía en el cuerpo.

Gracias como siempre por leer y por compartir.

Monográfico de emociones

Este domingo 17 de marzo (2024) termina el monográfico de emociones que he estado impartiendo junto con Elena Frías y Rosa Molina en el Centro Tai San de Tres Cantos. Lo hace con un último taller de En Movimiento, en el que se explorará cómo mover el cuerpo de forma consciente hace que la mente se predisponga para alcanzar objetivos. Estos talleres se imparten de forma presencial y online.

Ver más información sobre este taller.

Ha sido un recorrido a lo largo de seis sesiones en el que hemos tocado temas como la respiración consciente, la gimnasia para el cerebro, la posición de vida o las emociones genuinas. Las tres profesoras llevamos muchos años de aprendizaje e impartición en el desarrollo personal y vimos necesario crear un itinerario que ayudara a la gente a vivir el momento presente, sintiéndose con fuerza y con calma para dar cada paso con seguridad.

Debido a cómo ha funcionado, hemos decidido hacer una segunda edición, que comienza en abril.

¿Qué es el monográfico de emociones?

Es un itinerario formativo que se desarrolla a lo largo de un trimestre, en 6 sesiones exclusivas de 3 horas de duración cada una. Consideramos que las sesiones son complementarias entre sí, si bien, se pueden cursar los talleres de forma independiente. Es un curso abierto a todo tipo de personas y circunstancias.

El monográfico incluye 3 disciplinas, como comentaba:

  • Respiración funcional (Oxygen Advantage): métodos de respiración y descanso muy sencillos y eficaces, apoyados por la sabiduría milenaria del tai chi y el chi kung. Lo imparte Elena Frías.
  • En Movimiento: integra gimnasia para el cerebro, kinesiología, gimnasia visual, reflexología facial y chi kung. Lo imparte Rosa Molina.
  • Análisis transaccional: se centra en la comprensión de la posición de vida y las emociones primarias y secundarias que se tienen con apoyo en el guía interior. Lo imparto yo.

Las tres profesoras sabemos que trabajar las emociones desde diferentes metodologías ayuda a liberar muchos bloqueos. Esto permite experimentar las emociones genuinas cuando se sienten, en el momento presente, respirarlas, aunarlas a nuestros objetivos, contar con ellas en lugar de obviarlas…

Las emociones nos dejan huella en los tres niveles: mental, emocional (valga la redundancia) y físico. Además, alteran el funcionamiento de nuestros órganos y determinan una visión del mundo, en el que la persona se siente bien o mal y siente que el mundo está bien o está mal. Si no las gestionamos, impiden que alcancemos nuestros objetivos, acompañados de emociones negativas, sentimientos parásitos, creencias de la infancia… Por todo esto, al trabajar las emociones en los talleres de En Movimiento, con la Respiración funcional y apoyándose en el Análisis transaccional, la persona se siente mejor consigo misma.

Photo by Wendy Hero on Pexels.com.

Información práctica del taller

Fechas y títulos de los talleres:

Los talleres se imparten en domingo, de 10 a 13 horas, con un breve descanso intermedio. Las fechas que se ofrecen son:

  • 7 de abril: “Respiración, postura corporal y emociones”
  • 21 de abril: “En Movimiento. Fija tu objetivo y muévete hacia él contando con tus emociones”
  • 12 de mayo: “A. T. Postura ante la vida: estoy bien, no estoy bien”
  • 26 de mayo: “En Movimiento. Conecta con lo que sientes y decide tu reacción desde el equilibrio”
  • 9 de junio: “A. T. Emociones auténticas y parásitas. Chantaje emocional”
  • 22 de junio: “Respiración y sueño reparador”

Precio:

  • Monográfico completo: 215 € – incluye un descuento del 10 %
  • Talleres sueltos: 40 € cada uno

Agradecimiento

Es un lujo poder impartir estos talleres. Estoy muy agradecida a Elena Frías por facilitar no sólo el espacio, sino también el contacto con las personas que participan. Y la colaboración tanto con ella como con Rosa Molina es siempre fluida, constructiva y orientada a la acción. Por supuesto, estoy agradecida a las personas que han participado, que han producido momentos de especial profundidad y toma de conciencia para todos.

Menciono el agradecimiento porque es «la emoción clave«, aquella que las tres instructoras consideramos clave para todo lo demás: las gracias abren las puertas a la aceptación de la vida tal y como es, de las personas que nos rodean tal y como son y, al fin y al cabo, de uno mismo, una misma. Por tanto, si hay algo que destacamos en cada uno de los talleres, son los beneficios de sentir agradecimiento.


Espero que esta información sea de tu interés. No dudes en contactar conmigo si quieres saber más. ¿Tienes alguna duda o pregunta que quieras hacer? Sin problema, deja un comentario. Si quieres apuntarte a estos cursos, puedes escribir a Elena Frías por whatsapp al 620 15 88 65.

Chantaje emocional

El chantaje emocional es la forma en la que nos comunicamos para obtener caricias al mostrar un sentimiento parásito. Si quieres recordar qué era esto de los sentimientos parásitos, puedes echar un vistazo a la entrada del blog de la semana pasada. En resumen, tenemos «sentimientos malos favoritos» que encubren las emociones genuinas. Y los tenemos porque los hemos aprendido de la infancia, hasta el punto de que están automatizados.

Por ejemplo, un hombre escuchó de pequeño que:

Los niños no lloran.

Imagen de Pexels en Pixabay.

Lo oyó tantas veces que sustituyó su tristeza genuina por un bloqueo mental y un endurecimiento de su expresión, apretando los dientes. Quizá su estilo de chantaje emocional sea ahora el «mandón», ocultando su tristeza incluso a sí mismo.

Hay cuatro tipos de chantaje emocional, dos de ellos se juegan desde el estado Niño y los otros dos desde el estado Padre. Si quieres recordar qué es esto de los estados, echa un vistazo a este artículo. Estos cuatro tipos se pueden asimilar a los tres que forman el Triángulo de Karpman.

Encajan con las posiciones existenciales de esta manera:

Elaborado a partir de la información en STEWART, I., JOINES, V. AT Hoy. Una nueva introducción al Análisis Transaccional. Editorial CCS.

Al leer los siguientes tipos, imagina a alguien en redes sociales buscando caricias de cada una de estas formas. Ten en cuenta que el “chantajista” siempre es quien inicia la conversación:

Tipo 1: indefenso

Es la persona que trata de sonar indefensa y desamparada, va de víctima. Habla desde el estado Niño al Padre Nutricio de la otra persona, con el fin de recibir caricias por su «lamentable estado»:

—Hoy estoy otra vez de bajón.

—Vaya, cariño, siento escucharlo.

—Y encima el jefe me empezó a atacar ¡otra vez!

—Vaya, vaya, eso está mal.

Tipo 2: mimado

También es un «chantajista» que actúa como victimista, desde el Niño. La diferencia es que se muestra quejica, poniendo en el otro la solución del problema:

—No has sido de mucha ayuda.

—¿No lo puedes hacer tú solo?

—¿Qué pretendes que haga?

—¿Por qué no te quejas al sindicato?

Tipo 3: útil

El tipo 3 se comporta como el salvador de la otra persona, lo que es una «ayuda falsa». Trata de sacar caricias de las necesidades ajenas, desde el Padre Protector y llamando al estado Niño en el otro:

—¿Te has quedado bien? ¿No tienes más hambre?

—No, ya me he llenado.

—Venga, seguro que te cabe un poquito más. ¿Por qué no te acabas la tarta?

—Gracias, estaba muy buena pero ya no me entra.

Tipo 4: mandón

El mandón es el tipo 4, se comporta como un perseguidor. Busca disculpas del otro mostrándose como Padre Crítico y dirigiéndose al Niño en la otra persona. Estas justificaciones son «caricias» para este perfil de chantajista:

—¡Llegas tarde! ¡Y no es la primera vez!

—¡Lo siento!

—¿Crees que te vale con decir “lo siento”?

—Bueno, es que he perdido el autobús…

Todos somos «el chantajista»

Tener estos «sentimientos malos favoritos», refuerza nuestro guion de vida y lo conduce a su desenlace. Por eso, podemos decir que todos, en mayor o menor medida, somos chantajistas cuando necesitamos compensar el malestar que nos provocan esos sentimientos. Quizá tenemos muy interiorizada una forma de solicitar caricias de la que ni siquiera somos conscientes. Puede que alguien que vaya de victimista no entienda por qué los demás le rechazan cuando juega a obtener caricias. Podéis ver algunas soluciones en este artículo sobre el triángulo del amor.


Piensa en la última semana. ¿Has mantenido alguna conversación que te haya recordado a las que hemos visto? ¿Estabas en el lado del chantajista o en el de la otra persona? ¿Cómo respondiste? Gracias como cada semana por leer y por compartir.

Emociones genuinas, emociones parásitas

Recuerda la última situación en la que experimentaste cierto estrés.

Te doy un ejemplo: fuiste a la compra y, una vez dejados los productos del carro en la cinta, en el momento de pagar, no llevabas la cartera. Te tocó quitar todo de allí, retroceder, irte sin la compra. Piensa en cómo reaccionaste: quizá te enfadaste contigo mismo, o sentiste pánico, vergüenza, o bien sentiste tristeza; quizá se te quedó la mente en blanco. ¿Qué palabras te decías en esa situación? Da un nombre a la emoción que sentías.

Foto de Julien L en Unsplash.

Pues bien, seguramente sientes algo parecido cada vez que experimentas estrés. Es una emoción que no te permite solucionar el problema, que te hace sentir peor, añadiendo esa sensación incómoda al suceso en sí, en este caso, a no poder llevarte la compra. Esa sensación es un sentimiento parásito. Es posible que pienses:

Todo el mundo reacciona igual cuando le pasa esto.

Pero no es así: cada persona responde de una manera distinta en situaciones de estrés.

Mi sentimiento malo favorito

El sentimiento parásito es tu «sentimiento malo favorito»: esa emoción que aparece cada vez que surgen dificultades, como si tuviéramos preferencia por experimentarlo. Y es el que, según el análisis transaccional (A. T.) se fijó en nuestra infancia. Es probable que viésemos a nuestros progenitores reaccionando de la misma manera.

Las familias suelen tener emociones prohibidas y emociones alentadas. Se suele premiar una «emoción incómoda» y se suelen dejar de lado las emociones genuinas, las que realmente permiten solucionar problemas. Por ejemplo, en una familia puede estar prohibida la alegría. O puede estar prohibida la tristeza. O bien, los hombres de la familia deben mostrar mucha ira, pero las mujeres deben permanecer con una sonrisa y la mente en blanco.

Otro ejemplo: Vanesa se pone a la cola para esperar al autobús. De pronto, una señora con un carro se cuela varios puestos. Su primera reacción es la ira, pero enseguida la tapa con una sonrisa y dejando la mente en blanco. Puede que sonría a la señora que le había provocado la emoción genuina de la ira.

Tener sentimientos parásitos nos hace avanzar en nuestro guion de vida, justificando decisiones que nos llevan a donde no queremos ir conscientemente, pero habíamos proyectado llegar desde el pensamiento mágico del niño.

El elástico me lleva al pasado

De pequeños, obtener caricias de los progenitores es cuestión de vida o muerte. Por tanto, iremos modelando distintas conductas hasta dar con aquellas que provoquen caricias (positivas o negativas). Ser ignorado es percibido por un niño pequeño como el paso previo a ser abandonado o morir de inanición, es decir, las consecuencias son muy importantes.

Así, cuando siendo personas adultas nos encontramos con una situación de estrés, puede que conecte de golpe con una situación de estrés del pasado, como un elástico que te lleva de un salto a tu infancia. Entonces, ya no estás en la cola del supermercado teniendo que quitar todo de la cinta mientras el cajero te mira fijamente: eres tú en tu infancia, sin recursos, cegado por un sentimiento parásito, quien se encuentra en esa situación. Tu reacción no sólo no te permite solucionar el problema, sino que te lleva a manipular el entorno tal como tratabas de hacer con tus progenitores buscando la emoción que les satisficiera.

Las emociones genuinas solucionan problemas

Según el A. T., hay 4 emociones auténticas:

  • Ira
  • Tristeza
  • Miedo
  • Alegría

La mayoría de autores suman otras dos:

  • Sorpresa
  • Asco/aversión

Todo lo demás, la miríada de nombres que le podemos dar a los sentimientos, son emociones parásitas: frustración, decepción, angustia, indignación, melancolía, desolación mente en blanco, sensación de vacío, vértigo ante la vida…

Pero las emociones que hemos heredado de miles de años de evolución, las que están en la amígdala y se manifiestan en el cuerpo, son las genuinas, las que están preparadas para evitar un peligro o permanecer más tiempo en una situación.

Veamos cómo.

Miedo: evitar un peligro futuro

El miedo auténtico es el que nos permite huir del depredador en la jungla. También nos puede paralizar por completo si lo necesario es ocultarse. En la vida actual, nos permite por ejemplo dar un salto cuando un coche no disminuye la marcha al acercarse al paso de cebra por el que estamos cruzando. El miedo evita un peligro futuro (si bien inminente).

Ira: solucionar una situación presente

La ira genuina provoca que el corazón bombee más sangre a nuestras extremidades, nos permite responder físicamente, golpeando o apartando la amenaza, o huyendo. Si estamos en el metro y alguien nos empuja, la respuesta adecuada es un empujón de igual intensidad. Esto nos deja en equilibrio con la otra persona. También podemos escabullirnos si el contrincante es más grande o es peligroso. En cambio, si reprimimos la respuesta, acumulamos el resentimiento para usarlo otro momento en el que ya no tiene sentido.

Tristeza: superar el pasado

La tristeza auténtica es la que nos permite hacer el duelo para superar un hecho doloroso que sucedió en el pasado. Este hecho significa la pérdida de una situación (cambio de casa, de trabajo, de condiciones económicas) o de un ser querido.

Felicidad

La sensación de alegría auténtica nos permite relajarnos y sentir que todo está bien a nuestro alrededor. No hay amenazas, la situación está bien como está, podemos respirar profundamente, con calma. Esta felicidad genuina nos facilita disfrutar de lo que está ocurriendo en el momento presente.


Con lo que has leído, ¿identificas tus sentimientos parásitos? ¿Eres capaz de darte cuenta de cuándo tu respuesta a una situación no se corresponde con lo que está sucediendo? ¿Qué preguntas te han surgido al leer esta entrada? No dudes en dejar tus impresiones en comentarios. ¡Gracias por leer y por compartir!

Comunicación genuina: qué hay detrás

¿Cómo te comunicas? ¿Reaccionas a lo que escuchas? ¿Lanzas mensajes no verbales y paraverbales que se contradicen con las palabras que pronuncias? Veamos cómo mejorar las relaciones con los demás detectando desde qué estado hablas y te hablan.

Los tres estados del yo

El análisis transaccional es el estudio de tres estados del yo: el Padre, el Adulto y el Niño. Es como si el yo estuviese dividido en partes que se manifiestan con determinadas formas verbales y no verbales. Los estados del yo no son personajes que uno interpreta en un lugar concreto, como el rol de jefe cuando vas a la oficina. Son realidades conductuales directamente relacionadas con la actividad gestual, el tono de la voz y las palabras que se utilizan. Vienen heredadas de las posturas y gestos aprendidos durante la niñez.

Pues bien, cuando hablamos con otra persona, nos dirigimos a ella desde alguno de estos estados. Si la persona reacciona sin pensar, lo más probable es que responda desde el estado desde el que estamos provocando su respuesta. Si, por el contrario, no acepta esta «provocación», responderá desde un estado que rompe la comunicación.

Transacción complementaria

La primera regla de comunicación en el análisis transaccional afirma que las conversaciones «en paralelo» suponen una transacción complementaria que puede prolongarse de manera indefinida. Veamos un ejemplo:


—El Gobierno siempre está igual: ahora quieren subir los impuestos, ya lo decía yo. Nunca hacen nada bien –con voz fuerte.
—Tiene usted toda la razón, nunca tienen en cuenta a la tercera edad, ¿cuántas veces lo habré dicho yo? –frunciendo el ceño y con el dedo índice señalando al aire–. Son todos unos ladrones.

Diagrama de la transacción complementaria.

En esta conversación, ambas personas están en el estado Padre, toman una postura sentenciosa, sin tomar datos de la realidad, criticando algo o a alguien y encontrando satisfacción en que los dos están de acuerdo en la crítica.

Veamos otro ejemplo en el que cada persona habla desde un estado distinto pero complementario al otro:


—El Gobierno siempre está igual: ahora quieren subir los impuestos, ya lo decía yo. Nunca hacen nada bien –con los brazos en jarras y un tono de voz alto e iracundo.
—¡Ay, madre mía! Me van a hacer polvo esos señores. ¿Qué puedo hacer? ¿Tú que harías? – con voz lastimera y gesticulación exagerada.

Transacción complementaria Padre-Niño.

Aquí, la primera persona que habla está en el estado Padre y la otra persona le responde desde el estado Niño. En esta conciliación ninguno de los dos extrae datos de la realidad.

Transacción cruzada

La segunda regla del análisis transaccional dice que cuando el estímulo y la respuesta se cruzan en el diagrama conciliatorio, se interrumpe la comunicación. Uno habla al otro apelando a un estado del yo, mientras que el otro responde desde un estado diferente. Veamos un ejemplo:


—¿Dónde está el cuchillo de cortar pan? –dice el marido desde el estado de Adulto.
—¡Tú sabrás dónde lo has dejado! –responde la mujer desde el estado de Padre – Siempre estamos igual: como tú no haces nada y lo hago yo todo, pues claro, no encuentras las cosas.

Transacción cruzada: Adulto a Adulto, pero respuesta de Padre a Niño.

En este tipo de transacciones, una de las partes está interpretando la información de manera errónea, escuchando algo que en realidad no se ha dicho, y aprovechando el momento para liberar alguna tensión que guardaba, propia del «yo no estoy bien».

Otro ejemplo de conciliación cruzada es cuando uno de los interlocutores toma el estado de Padre, hablando al otro como si fuera un niño, pero a su vez, el otro interlocutor también habla de Padre a Niño. La conversación sería así:


—Lo que tienes que hacer es pagar tus impuestos, como todos. Es nuestra obligación.
—Tú no eres quién para decirme lo que tengo que hacer, siempre tengo que estarte recordando que este Gobierno es el culpable. ¡Nunca hacen nada bien!

Transacción cruzada Padre-Niño, Padre-Niño.

Transacción cruzada doble

El ser humano riza el rizo en este último tipo de transacción. En ella, parece que se está jugando a un juego, pero lleva oculto un mensaje velado a otro nivel. Es decisión del estado de Adulto hacer caso omiso del mensaje velado, y permanecer en una posición equilibrada. Veamos un ejemplo:


—¿Dónde has escondido el cuchillo de cortar pan?


Esta pregunta contiene un componente Adulto, que es la petición de información, pero a diferencia de la pregunta “¿Dónde está el cuchillo de cortar pan?” lleva implícita una insinuación de que la otra persona ha escondido el cuchillo, y se le solicita esta información de manera imperativa. Puede haber múltiples respuestas. Si el interlocutor ha desarrollado un buen estado del Adulto, podría responder, con tono neutro y tranquilo:


—Lo he escondido en el cajón de los cubiertos.

Transacción cruzada doble.

Esto haría ver al otro que no se ha dado por aludido con la insinuación, y que además ha captado el matiz de la palabra escondido, y lo ha devuelto sin más.


Sea como sea tu comunicación, sé sensible al Niño que hay en los demás, puesto que responde a un sentimiento depresivo de «yo no estoy bien». En cualquier conversación, atender de forma compasiva al Niño del otro le acoge y le ayuda a crecer como persona.