Nunca, nunca sucederá…

Cuando tu guion de vida consiste en no lograr nunca tus objetivos

¿Eres una de esas personas que no se dedica a lo que realmente le gusta? ¿Quieres aprender sobre algo pero nunca te apuntas al curso que has mirado tantas veces? ¿Hasta ahora has sentido que perdías todo lo que buscabas lograr?

Quizá sea porque inconscientemente te has creado un guion de vida “perdedor”, que consiste en ponerte zancadillas o autoboicotearte con el fin de confirmar el fracaso. Si te ocurre esto, es importante que sepas que es por muy buenas razones.

¿Qué es el guion de vida?

Siguiendo a Eric Berne, el creador de la teoría del guion de vida, cuando somos muy pequeños decidimos sobre una serie de “detalles” tales como si nos vamos a casar o no, si vamos a tener hijos, a qué edad nos vamos a morir… El guion se fija entre los 5 y los 7 años y después dedicamos la vida a ir buscando aquello que lo confirma. La razón por la que lo creamos es que sirve como estrategia para sobrevivir en el entorno que nos toca.

¿Cómo se estructura el guion de vida?

Esta historia inconsciente que tanto pesa está muy influida por los padres, sin embargo, cada persona hace frente a las circunstancias de forma muy diferente. Los mensajes que recibimos se estructuran en mandatos, contramandatos y  permisos. De forma muy resumida:

  • el mandato es una orden que se interioriza: “Desaparece”,
  • el contramandato es una “orden positiva” que puede compensar a un mandato o funcionar exactamente igual: “Esfuérzate” y
  • el permiso es también una orden positiva, pero que permite salir adelante y no sucumbir a los mandatos: “Sé tú misma”.

¿Qué significa tener un guion perdedor?

Eric Berne distinguió 6 patrones de guion en función de todas estas decisiones, mandatos y permisos. Varios de estos patrones son “perdedores” y uno de ellos es “nunca”, es decir, “nunca podré lograr lo que deseo”.

Si tu guion de vida consiste en no lograr nunca tus objetivos te has trazado un camino que busca fallar, que se juega todo a una carta de un futuro que nunca llega: “Si me toca la lotería…”.

Grabado del mito de Tántalo
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El guion “nunca” parece estar basado en el mito de Tántalo, del cual hay varias versiones. Tántalo es condenado por Zeus a permanecer en un lago del que no puede beber, y bajo un árbol del que no puede comer los frutos. La idea que Berne trata de sacar del mito es la constante sensación de tener a mano la solución al problema y sin embargo no lograr nunca alcanzarla. Por eso, las personas con el guion “nunca” suelen contar sus problemas cada día como si no hubiera posible avance ni solución factible.

Existe incluso un verbo en inglés, “tantalize”, que significa tentar sin esperanza.

¿Cómo salgo del guion perdedor?

Parece un fracaso absurdo no intentar siquiera avanzar, pero quizá no tenemos la llave para abandonar esta conducta. Y sin embargo, la forma más rápida de dejar de repetir un patrón es ser consciente. Ser consciente y actuar; desde el adulto que somos, tomar decisiones. Hoy he leído un cartel en una tienda:

“Los grandes problemas se deben a no tomar pequeñas decisiones”.

Prueba a dar un paso, permítete actuar, eso que estás pensando, eso a lo que siempre le das vueltas, hazlo. Ese es el camino.

 

Jamming!

En 2012 vi por primera vez un espectáculo de improvisación de teatro, y tuve la suerte de que fue Jamming.

Los espectadores teníamos que escribir un texto en una tarjeta, tarjeta que ellos podían leer y a partir de la cual harían una improvisación. Hicieron mucho más que eso: se leyeron muchas tarjetas a partir de las cuales surgieron muchísimas historias absurdas y divertidas, y los actores recordaban las tarjetas que habían leído al principio. Además, mezclaban las historias de las distintas tarjetas y con mucha elegancia dejaban de lado aspectos más soeces, sin dejar por ello de actuar la tarjeta que habían leído.

Tengo que decir que no fue la vez que más disfruté del espectáculo de Jamming, pienso que cada vez me ha ido gustando más. En aquel momento tomé nota de que tenían una escuela de improvisación de teatro.

La última vez que vi un espectáculo de Jamming fue La Golfa, con Alex O’Dogherty de invitado. img_20161207_232806

Era la unión en un solo espacio de varios grandes artistas: Joaquín Tejada, Lolo Diego, Juanma Díez, Alex O’Dogherty y dos buenos músicos tocando en directo. En esta ocasión no estaba Paula Galimberti, también fundadora.

¿Y qué hubo entre la primera vez que vi Jamming y la última?

Ha habido muchas risas, y ha habido un interés retomado.

El espectáculo es nuevo cada vez, surgen historias absurdas, personajes estrambóticos, equívocos hilarantes, y textos del público que hacen enrojecer a los más puritanos. Así que todas las veces que he asistido como espectadora, he disfrutado mucho.

Esto me animó a probar un primer intensivo de impro en noviembre de 2015, seguido del segundo nivel poco después, y de clases regulares que comencé este año, porque me di cuenta de que hacer cursos esporádicos no me era suficiente.

Me pareció que todos los ejercicios que se hacen son tan importantes que se deberían enseñar en el colegio: escucha activa, atención plena, estar presente. Solo en ese estado totalmente abierto a lo que sucede se puede lograr la genialidad que vemos cada viernes y sábado en el Teatro Maravillas.

Como alumna, casi que más que teatro me pareció terapia, porque en todos los casos, lo que te impide estar en ese estado de apertura en el presente es el miedo. ¿Miedo a qué? Miedo a hacer el ridículo, miedo a la crítica, miedo a ese abismo que se abre hacia lo desconocido. Reformulado se trata más bien de un auto-juicio negativo enorme, un «contrincante interno» que continuamente trata de cerrar las puertas para que no estemos expuestos.

Así que no dudo en afirmar que la impro de teatro es para valientes.

Pero, ¿qué es «la impro»?

Sucede una interacción entre dos o más personas en la que los improvisadores crean todo un mundo de la nada.

Lo crean con unas reglas específicas: siempre di que sí, siempre añade algo más. Piensa en cómo muchas personas nos relacionamos: escuchamos algo y a continuación decimos:

No, pero…

O lo que es peor, decimos:

Sí, pero…

Con el «pero» estamos negando la afirmación anterior. Y es un mecanismo de defensa que sale tan automático como cruzarse de brazos al escuchar algo que no cuadra con nuestras creencias. Obsérvalo a partir de ahora. ¿Cuántas veces niegas la historia que te está contando el otro?

En los ejercicios de impro se trata de establecer desde el primer momento quién es el otro, quién eres tú para el otro y en qué espacio estamos. Además, no se trata de ser bustos parlantes que se relacionan con un cuerpo rígido e inexpresivo, sino que la relación ocurre dentro de una acción, en la que el cuerpo interviene de forma muy activa.

Si además eres capaz de crear un conflicto y de crear una historia con su introducción, nudo y desenlace, es porque ya estás en un nivel avanzado.

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¿Por qué Jamming y no Improvisaciones a porrillo?

En este artículo se explica la razón del nombre, y se amplía la información sobre este espectáculo de éxito.

¿Nos vemos entonces en Jamming?

 

La vuelta a la vida sencilla

Hablo aquí del libro Medicina China Tradicional. Vivir sin enfermar de Liu Zheng.
Conocí a Liu Zheng por Facebook. Empecé a seguirle, y pronto me decidí a acudir a su centro de acupuntura. Estando dentro de una cabina, escuché la voz de Liu. Tardé un rato en darme cuenta de que la voz que oía era la suya, puesto que habla un español casi perfecto.

En efecto, fuera de la cabina vi a Liu y le escuché expresarse en perfecto español. No solo habla bien, sino que escribe correctamente, y prueba de ello es que el libro lo ha escrito en español y no en chino. Esto lo he deducido porque ciertas expresiones a lo largo del libro nos recuerdan más a otros compatriotas de Liu que no tienen tanto dominio de nuestro idioma. El hecho de encontrarse estas expresiones añade encanto al libro y nos acerca más a su autor.

He leído ya algunos libros de medicina china, e incluso he asistido a cursos introductorios, por lo que he podido comparar lo que ya conocía con lo que nos aporta Liu. Lo que destaco en este artículo son estas diferencias con otros contenidos sobre el tema.

Liu Zheng propone una vuelta a la vida sencilla

El libro de Liu nos trae de vuelta a la vida sencilla, al sentido común, al equilibrio en nuestras vidas que actualmente están descompensadas hacia lo rápido, el estrés, la inmediatez… hacia lo yang.

A lo largo de los nueve capítulos (que son tres veces tres, y tres es un número mágico en la cultura china; también en la nuestra), Liu procura acercar la medicina china tradicional y la medicina occidental, algo que le distingue de otros acupuntores chinos. Una anécdota: para explicar el yin y el yang, Liu hace un símil con Don Quijote/b> (el yang) y Sancho Panza (el yin), mostrando así un acercamiento de culturas.
Lo cierto es que Liu, como le estoy llamando amistosamente, no solo es licenciado en medicina china tradicional, sino que es diplomado en fisioterapia y acupuntura en España, máster en fisioterapia invasiva y máster en aspectos clínicos en el dolor. Lo pongo así por encima y como si tal cosa, podéis ver el currículo completo en el libro.

¿Qué valores nos transmite el libro?

A pesar de todo lo que Liu ha logrado hacer en nuestro país, es una persona muy humilde; de hecho, pienso que no habría cursado ninguna titulación de las mencionadas si no hubiera sido humilde. La humildad es uno de los valores clave que Liu ensalza en su libro.

Hablando de valores, muy importante también es el valor de vivir en armonía con la naturaleza. Liu nos dice:

“el origen fundamental de las enfermedades se encuentra cuando no vivimos en armonía con la Naturaleza”.

Acercarnos a la naturaleza es uno de los mejores consejos para restablecer la paz interior.

Otro de los valores fundamentales que nos transmite Liu es el respeto a lo que fue antes de nosotros, a la sabiduría de nuestros antepasados. En sistémica diríamos que los antiguos tienen prioridad, y nos han entregado un legado. Lo moderno y cómodo parece ser echar a un lado estas enseñanzas. La medicina tradicional china las rescata y las pone al servicio de lo nuevo.

En algún sentido, este es el libro de la abuela. Digamos que tiene tres (otra vez tres) componentes, a grandes rasgos: es un libro de medicina tradicional china, es un libro de medicina occidental y es el libro de consejos de la abuela. Pues bien, los consejos de la abuela son para mí la parte más importante del libro. Quizá un estudiante de medicina china recurrirá a un libro o varios más complejos sobre esta disciplina. Un estudiante de medicina occidental hará lo propio. Pero ninguno de ellos podrá encontrar fácilmente los consejos de la abuela que se destilan de miles de años de una cultura que a veces se desdeña porque no se acierta a entender, de un análisis sabio que realiza el autor al encontrar muchas similitudes entre la medicina que trae y la que encuentra aquí y de un sentido común que se agradece encontrar por no ser tan habitual.

A lo largo del libro, Liu cuenta historias para poner en evidencia alguna explicación, son cuentos que traen de muy lejos un mensaje milenario de la cultura china y que nos entregan una pequeña gran moraleja. Además, encontramos sus consejos entreverados en los capítulos que nos hablan de cada uno de los cinco elementos. En lugar de limitarse a describir las características de los elementos y sus meridianos asociados, Liu hace reflexiones sobre la vida diaria y actual que ilustran por qué cuidar cada meridiano es importante.

¿Cuál es la clave para no enfermar?

El estrés

Comencemos por el más importante. El estrés es el “caldo de cultivo de todas las enfermedades”. El estilo de vida en el que vamos constantemente más allá de nuestro límite, es contrario al estilo de vida que nos puede proporcionar salud. Lo que hacemos sin embargo es mantener tensión, recibir un exceso de estímulos, mal comer, mal dormir… mal vivir. Con esto se nos desajustan los ritmos de un cuerpo diseñado para funcionar correctamente, y permitimos que cualquier enfermedad pueda entrar, al debilitarse nuestro sistema inmunológico.

Llegar más lejos, y más aún

No tenemos límite. O sí. El ser humano puede concebir altos niveles de desempeño, de mejora, de crecimiento… puede imaginar lo inimaginable, y esto le ha ayudado a alcanzar mundos que no estaban hechos para nosotros: volar, viajar al espacio, bucear por el fondo marino… Sin embargo, el cuerpo sí tiene un límite. Se desgasta. Se agota. Potencialmente, y con una probabilidad del cien por cien, se muere. Es algo que no solemos tener en mente cuando jugamos a llegar más lejos, más lejos aún. En la naturaleza, nada crece sin parar, todo son ciclos de nacimiento, crecimiento y muerte. Lo mismo aplica a las empresas, aunque insistan en ganar siempre más que el año anterior, de forma indefinida. Bien, pues al menos 4 empresas en las que he trabajado a lo largo de mi vida ya no existen.

Tenemos una especie de batería que es el Chi almacenado en los riñones, con el que nacemos y que se va desgastando. En principio esta energía no puede reponerse, por lo que es interesante cuidarla. Además, es importante ser conscientes de cuánta energía tenemos de nacimiento, porque no todos tenemos la misma cantidad, y por ello, no todos podemos alcanzar las mismas metas, o no de la misma forma.
Liu nos lanza la pregunta: ¿hasta cuándo tensarás la cuerda?

Cualquier mínimo síntoma de malestar significa que tu cuerpo te está avisando de que se está acercando al límite. Por favor, hazle caso. Escúchale, reflexiona, no permitas que tu cuerda se rompa.

El victimismo

En occidente vamos al médico para que nos solucione los problemas, haciendo preguntas retóricas: “¿Por qué me viene todo a mí?” En muchas ocasiones, nos prescriben un ansiolítico y nos mandan a casa. También acudimos al médico de medicina china tradicional a lo mismo, pero entonces él/ella nos responde que para curarnos, tenemos que responsabilizarnos de nuestra salud y comprometernos a cambiar los hábitos. Es decir, no es el médico el que te cura, te curas tú y el médico te apoya y orienta para ello. El mejor médico es el que no tiene pacientes…

Lo que le viene a cada uno, lo que le toca vivir, es muchas veces consecuencia de una acción propia anterior, lo que en la sistémica se llama compensación. Puede que hayamos alimentado la ansiedad y ahora nos encontremos una enfermedad grave, o puede que hayamos provocado tiranteces en las relaciones. Solo recibimos la respuesta.

El agotamiento entra por los ojos

Frente a un conjunto de grandes empresas muy interesadas en que “nos hagamos digitales” (me imagino a una persona en un váter, muy digital todo), estamos los consumidores con la capacidad de elegir si nos hacemos o no digitales y cuándo. La realidad es que la mayoría de nosotros nos hemos convertido en un producto que suministra constantemente datos a estas grandes empresas, lo que a su vez les permite conocernos muy bien y aumentar nuestra adicción a las redes.

Liu hace una reflexión: si vemos desde fuera a una persona mirando fijamente a una pantalla, realmente nos parecerá que está castigada contra la pared. Así de triste es la imagen externa de una persona consumiendo información audiovisual. Cuanto más pequeña la pantalla, más ridículo parece. Esto me recuerda a este artículo que he leído hace poco.

La importancia del presente

Respiramos vida, aquí y ahora. Las personas que te quieren están en el presente. No solemos vivir en él, normalmente nos anclamos en el pasado o nos dedicamos a imaginar el futuro. Otras veces, estamos en un lugar pero mantenemos la mente ocupada en otro: en el trabajo pensamos en los hijos, en casa recordamos lo que quedó pendiente del trabajo, estamos en el sillón dándole vueltas a una meta que no conseguimos… mente y cuerpo van cada uno por un lado y esto nos mantiene disociados, lo que nos conduce a la enfermedad.

Es a través de la meditación como Liu nos propone volver al presente. La meditación se puede aprender y está demostrado que aporta muchos beneficios (hay muchos estudios sobre esto: busca en Google J). Con la meditación calmamos la respiración y calmamos la mente, poco a poco encontramos momentos en que la mente se queda en blanco, vaciamos el pensamiento, nos liberamos de las tensiones.

Algunas perlas

Finalmente, me gustaría terminar con algunas frases cortas que me han parecido importantes, pequeños regalos que nos hace el autor a lo largo del libro:

  • La prepotencia no ayuda al progreso; la humildad, sí.
  • No sirve de nada tratar el cuerpo mientras la mente sigue bloqueada.
  • Existe un principio innato en la vida: avanzar.
  • Con la cabeza baja no podemos mirar hacia adelante, la mente se queda retenida en el melancólico recuerdo del pasado.
  • Aprende a relajarte.
  • ¿Qué hora es? Mira al sol. El ritmo biológico está regido por la luz solar.
  • La cama más cara del mundo es la del hospital.
  • Mantén un corazón limpio y con pocos deseos.

Te recomiendo leer el libro, esto no es más que una crítica subjetiva y centrada en mis intereses. La edición es bastante bonita, con ilustraciones, y cómoda de leer. Puedes aprender muchas cosas del doctor Liu Zheng.

Mindfulness de una mosca en la pared de tu mente

Soy la mosca en la pared de mi mente.

(La Mosca, cortesía de https://quienfueraunamoscaentupared.wordpress.com/page/2/, diseñada por el Estudio Virgulilla)
(La Mosca, cortesía de https://quienfueraunamoscaentupared.wordpress.com/page/2/, diseñada por el Estudio Virgulilla)

Me he dado cuenta de que ser tan solo una mosca dentro de mi cerebro me permite observar detenidamente mis pensamientos, emociones y acciones de una manera desinteresada, con la actitud del que solo pasaba por allí y se queda a observar lo que ve.

Como mosca, tengo un pensamiento muy limitado, un recuerdo vago y una proyección al futuro nula. Y esto es genial, sencillamente. Vivo realmente bien en mi condición de mosca, en la que tengo tres actividades por día: frotarme las patas, comer y dormir.

El resto del tiempo, o incluso mientras froto mis patas o como, me pongo a observar lo que piensa, siente y hace la mente en la que me encuentro. Es bastante entretenido, como ir al cine.

A veces, se me pide que tome parte en lo que está ocurriendo, como si yo pudiera hacer esto. Lo que hago en estas ocasiones es vencer la balanza hacia un solo sitio, el único sitio que yo conozco: vivir el momento presente. Es decir, me preguntan que qué opino sobre esto, que cómo me hace sentir lo otro, que qué me parece esta acción o esta ausencia de acción. Y yo, que estaba en la pared tal cual, o que me frotaba una vez más las patas, me encojo de hombros, no tengo hombros, y respondo: yo respiro.

Me parece que lo que esperan es que tome partido por algo. Y no, simplemente estoy muy en contacto con lo que está pasando, estoy presenciando muy de cerca lo que se está sintiendo, estoy siguiendo con atención la acción que se desarrolla. Con hacer esto, ya estoy haciendo algo. Y mientras, respiro. Todo lo demás me suena como a viajar en el tiempo, ya que el pensamiento se conecta con el futuro, las emociones con el pasado, la acción no está siendo del todo limpia, está contaminada por esos otros momentos que no están aquí ahora.

No es que yo entienda mucho de esto, simplemente lo observo, lo veo y lo respiro. Como mosca en la pared, en concreto, la mosca en la pared de mi mente, me siento en calma. Estoy aquí, observando, y sé que podría responder con flexibilidad a los momentos que se presenten. Estoy totalmente en contacto con mis sensaciones, con mis sentidos.

Y es que ahora mismo la vida es un misterio trepidante e insondable. No entiendo cómo los humanos se dedican a evitar a toda cosa el momento de ahora, el presente. Quizá les da vértigo. Yo como mosca no lo sé. Para mí, todo es nuevo a cada momento, todo es extraordinario, ¡mágico!

Cada día, cada momento, todo está ahí, listo para cada uno de vosotros, los humanos. Y pasáis de largo. Sin saber, sin importaros. Tal vez por esto sentís esa amargura, esas emociones de ansiedad y frustración que yo presencio desde mi pared. Y sin embargo, no hay diferencia apreciable entre lo que valoráis como ordinario y lo que valoráis como extraordinario. Todo es extraordinario cuando lo veo con los ojos del momento presente.

https://player.vimeo.com/video/37153340
Seeing from Dietrich Ludwig on Vimeo.

Repito, aunque como mosca no me gusta repetirme, sino avanzar hacia adelante, hacia la vida: todo es extraordinario cuando lo veo con los ojos del momento presente.


Inspirado en este vídeo.

La Realidad de aquí y ahora

Los quesos prometidos

Disfrutar del aquí y ahora, incluso si es una buena comida

«Si un habitante de cualquier otro planeta visitara los Estados Unidos…»

Orison Swett Marden nos habla de nuestro enfoque vital en el futuro. Con una perspectiva curiosa de la vida cotidiana en EE.UU. en su época, imagina a un extraterrestre visitando ese país, y sorprendiéndose de cómo vive la gente en él. Y es que todos parecen haber parado en una estación de paso, pues en vez de aprovechar la vida que les llega tal y como es, tienen la vista continuamente centrada en el futuro, en lo bueno que habrá de llegar para sustituir lo de ahora, que es mediocre, malo o insoportable. Es tan intensa la visión que se tiene del futuro que se pierde la capacidad para disfrutar de lo que hoy, aquí y ahora, tenemos delante.

Vivir para el futuro

Vivir para mañana tiene la triste paradoja de que, cuando llega este mañana, seguirá habiendo otro mañana. En otras palabras, vivir para mañana es vivir en un mundo de crónica insatisfacción, de escasez, de necesidad: nunca nos sentiremos satisfechos así, porque nunca habremos alcanzado nuestra meta. Es una especie de carrera de ratas (como dicen los estadounidenses, «rat race«) por unos laberintos que no acabamos de adivinar, en busca de unos quesos prometidos que nunca llegamos a alcanzar.

Esta perentoria necesidad que tenemos de vivir en cualquier otro lugar menos aquí y ahora parece una ansiosa huida. Cuando estamos en la oficina, estamos deseando marcharnos de allí, o encontrar cualquier hueco para leer un chiste que nos envían por email. Pero si pasamos pocos meses sin ocupación, empezamos a echar de menos estas horas de oficina, ya que sólo recordamos lo bueno de ellas, y volvemos a fijar la vista en un futuro inexistente.

¿Qué pasa con el aquí y el ahora? ¿Por qué es tan insoportable?

Bien, por de pronto, es aburrido. Crear imágenes para el futuro es mucho más divertido y motiva más. Cuando la realidad que tenemos delante nos resulta desagradable, llenar la mente con imaginaciones sobre una futura casa, un futuro coche, un futuro trabajo o una futura familia nos alivia. Y el placer de la imaginación, que parece propio del ser humano (quizá algún animal de orden superior también la tiene), es algo positivo y agradable. El problema es cuando se convierte en esclavitud.

Es decir, el problema son nuestras expectativas de cómo debería ser, y no está siendo, nuestra vida.

«La mayoría estamos descontentos, inquietos y nerviosos y nos consideramos infelices», nos dice Marden.

Estas expectativas tienen algún fundamento en momentos que juzgamos como muy felices, como las vacaciones, los fines de semana, o momentos extraordinarios en nuestra vida. En cambio, con la vista puesta en lo que tenemos ya, dejamos de comparar nuestra situación con otra deseada y supuestamente superior, y empezamos a sentirnos más relajados y satisfechos.

Vivir en permanente insatisfacción

En las culturas orientales hay un profundo estudio de esta forma de ser en la que vivimos en permanente insatisfacción. Por ejemplo, Chogyam Trungpa, autor budista, nos compara a un ser que tiene un estómago muy muy grande y una boca muy pequeña, de manera que nunca logra llenar ese estómago y permanentemente tiene hambre.

Por otra parte, hay un cuento sufí sobre una vaca que vive en una isla, y pasa el día comiendo. Cuando llega la noche, se encuentra con la preocupación de no tener qué comer al día siguiente, de forma que todo lo que había engordado durante el día, lo pierde cada noche, al enflaquecer de ansiedad y desesperación.

El propio Marden nos cuenta la historia de los hijos de Israel y el maná. Cuando caminaban por el desierto, recibían cada día maná del que alimentarse, un manjar milagroso, enviado por Dios a modo de escarcha. Los que no tenían confianza en Dios trataron de guardar parte para el día siguiente, pero lo encontraron corrompido.

«De no atender al día de hoy provienen la miseria, flaqueza, desconsuelo e ineficacia de nuestras vidas, pues no concentramos nuestra energía, anhelo y entusiasmo en el día en que vivimos.»

La flor está viva hoy, hay que cogerla hoy, disfrutar de su aroma hoy. Carpe Diem significa esto.

Necesidad de disfrutar el presente

Como podemos ver, estas reflexiones sobre la necesidad de disfrutar el momento, y de tomarlo tal y como es, vienen de antiguo. El ser humano siempre ha vivido una fantasía en la que se proyecta hacia el futuro y desde el pasado. Pero lo único que tenemos en la mano, de lo único que tenemos certeza, es de hoy, del aquí y ahora.

Pienso que intelectualmente sabemos que lo que existe es el presente, que la visión de futuro es más bien cerebral, y que es en este momento cuando podemos promover cambios para estar mejor después, recordando que las dificultades nunca se resuelven por completo, y que aparecen nuevos desafíos. Y aunque sabemos todo esto, no lo hemos experimentado, no lo hemos vivido, de forma que no nos dice nada el conocimiento de que todo lo que hay es el ahora.

Parece ser que las personas que han alcanzado la iluminación o autorrealización sí tienen este conocimiento experiencial de la realidad. Nos lo cuentan con palabras atónitas, perplejos, formando imágenes que no comprendemos: hasta que no sea uno mismo/a quien se come ese filete, de poco le va a servir que otro le cuente a qué sabe.

«Voy a disfrutar el día de hoy»

Una forma que he encontrado de intentar disfrutar del día es la que propone el propio Marden. Se la recomiendo a todo el mundo, y creo que les está funcionando tan bien como a mí: se trata de levantarse cada mañana y decirse:

«VOY A DISFRUTAR EL DÍA DE HOY.»

Si pase lo que pase nos mantenemos firmes, si a pesar de lo que suceda nos proponemos ser felices, podremos gozar plenamente de todo cuanto tengamos delante. «No voy a intentar huir de la realidad, ni tampoco voy a luchar contra ella. La voy a aceptar, la voy a vivir con intensidad, y voy a vivir este día de principio a fin. Cuando llegue la noche, podré decir: «hoy he estado viva».»

En lugar de vegetar arrastrándose por la vida, si comenzamos cada día con este firme propósito, aunque luego se tuerzan las cosas, sacaremos fuerza y energía de lo que vaya sucediendo, entrenando así a nuestra mente a sacar el «juguillo» de lo que tenemos delante y a dejar de evitarlo montando fantasías sobre un futuro mejor.