De pie

Hagamos un experimento: ponte de pie. En serio: lee este post estando de pie, incluso andando un poco. ¡Veamos si funciona!

Imagen de Unsplash.

Hace unos años fui a Estados Unidos porque trabajaba en una empresa norteamericana. Allí vi que mis compañeros de trabajo tenían mesas elevables; varios de ellos estaban trabajando de pie. Pensé para mis adentros que era mejor, simplemente, separarse del escritorio y darse una vuelta, incluso salir a la calle. Pero estar de pie en tu puesto de trabajo es mejor que nada.

Siguiendo a la médico Sari Arponen, en su «¡Es la microbiota, idiota!«:

Haz tus reuniones de pie 30 minutos antes de la hora de comer. Verás cómo todo el mundo se esfuerza por ser eficiente en la reunión.

Sari Arponen.

Esto me hizo sonreír, porque, a pesar de la antigüedad del famoso vídeo de John Cleese «Meetings, Bloody Meetings» (Reuniones, malditas reuniones), se siguen manteniendo largas reuniones sin objetivo claro, en las que se improvisa el trabajo en lugar de traerlo hecho y en las que no se establece ningún plan de acción posterior.

El famoso vídeo de Meetings, Bloody Meetings.

Solemos escuchar lo malo que es estar mucho tiempo en posición sentada, pero, tras 8 horas de jornada laboral, el silloning es el deporte más practicado: sentimos cansancio, agotamiento. El sofá tiene una especie de imán que nos atrapa, ayudado por la facilidad de acceder a películas y series que nos enganchan.

Sin embargo, siguiendo a la médico internista Sari Arponen, si puedes estar sentado en vez de tumbado, mejor. Y si puedes estar de pie, estupendo. Si te llaman por teléfono, camina durante la llamada. Aprovecha cada oportunidad para activar tu cuerpo. Es verdad que ahora se habla mucho de la diferencia entre ejercicio físico (un plan pautado con ejercicios y repeticiones) y actividad física (moverse, no apoltronarse). Pero pienso que la actividad física es, de nuevo, mejor que nada. Si además es en el exterior, viendo la luz solar, mejor (aquí sigo al neurocientífico Andrew Huberman).

Unleash the Power Within

La semana pasada asistí al gran evento digital Unleash the Power Within (Libera el poder que hay en ti) de Tony Robbins. Eran 12 horas al día en streaming (retransmisión en directo) durante 4 días seguidos. Y gran parte del evento ponía en práctica una de sus recomendaciones: sube tu nivel de energía. En este evento, la forma de subir la energía era con música animada y bailes coreografiados, pero cada cual podía saltar y bailar como quisiera. Se decía varias veces algo que está demostrado científicamente: hacer ejercicio permite fijar mejor el aprendizaje. De hecho, como afirma la profesora Barbara Oakley, hacer ejercicio genera nuevas neuronas. En otras palabras:

Puede ser más rentable una hora de ejercicio que una hora de estudio.

Siguiendo a Barbara Oakley.

Si quieres saber más sobre estrategias de aprendizaje y cómo hacer ejercicio influye en él, puedes leer Aprender a aprender. En cualquier caso, no te quedes ahí, diciéndote: «Sí, sí, es muy interesante». Olvidarás esta información a los pocos minutos. En cambio, puedes hacer un compromiso contigo mismo y decir: «a partir de ahora voy a adoptar este hábito, voy a hacer una parada cada hora en la que voy a ir a subir escaleras», o «voy a echarme un baile o moverme al ritmo de la música ahora mismo, y cada día».

El Niño sostenido por la silla

Si, en lugar de estar en una posición activa, de pie o en posición sentada pero con la espalda separada del asiento, estamos en una posición pasiva, apoltronados, seguramente vivamos el aprendizaje o la experiencia desde el estado Niño del yo. En este estado, la persona no se sostiene por sí misma, sino que busca un apoyo externo (la silla) para sostenerse.

Recapitulemos: ocho horas al día en el estado Niño, inducido por la comodidad de una silla de oficina y por el tipo de relación que se establece de jefatura a colaboradores, relación Padre-Niño. Después, 3 o 4 horas de televisión o smartphone, caídos como fardos en el sofá, incomprensiblemente cansados, sin la capacidad para leer, reflexionar o hacer ejercicio intenso, como si esas ocho horas más transporte nos hubieran absorbido toda la energía. Pero

La energía es un hábito.

Tony Robbins.

Se puede adquirir el hábito de subir el nivel de energía activando el cuerpo al menos cada hora de estar sentado (siempre que las normas de la empresa no sean tan obtusas como para evitar esto). Se puede subir el nivel de energía sonriendo, con frases afirmativas, trayendo a la mente a tus seres queridos, sintiendo gratitud, bailando, dándote autorreconocimiento (autocaricias). Es decir, hay miles de formas de pasar de un estado pasivo a uno activo, que abre la mente, permitiendo el aprendizaje y la acción.

En conclusión, estar de pie hace que sea más fácil estar en el estado Adulto, sosteniéndonos a nosotros mismos y actuando en lugar de observar desde fuera o quejarse. Subir el nivel de energía y sentir alegría y gratitud permiten sentir autoconfianza, la sensación de que nuestras acciones tendrán los resultados esperados. Además, hace más fácil integrar cualquier aprendizaje. Merece la pena experimentar el estado Adulto las veces que puedas, respirando en el presente, en movimiento, lejos del estado pasivo y conformista o resignado.


Soy consciente de que muchas personas no pueden ponerse de pie, o, si logran hacerlo, pueden estar muy poco tiempo en esta posición. Este post va orientado a aumentar la actividad física, sea cual sea el estado en que se encuentre cada cual. Si no puedes levantarte, puedes moverte al ritmo de la música igualmente, puedes hacer estiramientos, ejercicios de fuerza. La idea es activar la energía en el cuerpo.

Gracias como siempre por leer y por compartir.

Monográfico de emociones

Este domingo 17 de marzo (2024) termina el monográfico de emociones que he estado impartiendo junto con Elena Frías y Rosa Molina en el Centro Tai San de Tres Cantos. Lo hace con un último taller de En Movimiento, en el que se explorará cómo mover el cuerpo de forma consciente hace que la mente se predisponga para alcanzar objetivos. Estos talleres se imparten de forma presencial y online.

Ver más información sobre este taller.

Ha sido un recorrido a lo largo de seis sesiones en el que hemos tocado temas como la respiración consciente, la gimnasia para el cerebro, la posición de vida o las emociones genuinas. Las tres profesoras llevamos muchos años de aprendizaje e impartición en el desarrollo personal y vimos necesario crear un itinerario que ayudara a la gente a vivir el momento presente, sintiéndose con fuerza y con calma para dar cada paso con seguridad.

Debido a cómo ha funcionado, hemos decidido hacer una segunda edición, que comienza en abril.

¿Qué es el monográfico de emociones?

Es un itinerario formativo que se desarrolla a lo largo de un trimestre, en 6 sesiones exclusivas de 3 horas de duración cada una. Consideramos que las sesiones son complementarias entre sí, si bien, se pueden cursar los talleres de forma independiente. Es un curso abierto a todo tipo de personas y circunstancias.

El monográfico incluye 3 disciplinas, como comentaba:

  • Respiración funcional (Oxygen Advantage): métodos de respiración y descanso muy sencillos y eficaces, apoyados por la sabiduría milenaria del tai chi y el chi kung. Lo imparte Elena Frías.
  • En Movimiento: integra gimnasia para el cerebro, kinesiología, gimnasia visual, reflexología facial y chi kung. Lo imparte Rosa Molina.
  • Análisis transaccional: se centra en la comprensión de la posición de vida y las emociones primarias y secundarias que se tienen con apoyo en el guía interior. Lo imparto yo.

Las tres profesoras sabemos que trabajar las emociones desde diferentes metodologías ayuda a liberar muchos bloqueos. Esto permite experimentar las emociones genuinas cuando se sienten, en el momento presente, respirarlas, aunarlas a nuestros objetivos, contar con ellas en lugar de obviarlas…

Las emociones nos dejan huella en los tres niveles: mental, emocional (valga la redundancia) y físico. Además, alteran el funcionamiento de nuestros órganos y determinan una visión del mundo, en el que la persona se siente bien o mal y siente que el mundo está bien o está mal. Si no las gestionamos, impiden que alcancemos nuestros objetivos, acompañados de emociones negativas, sentimientos parásitos, creencias de la infancia… Por todo esto, al trabajar las emociones en los talleres de En Movimiento, con la Respiración funcional y apoyándose en el Análisis transaccional, la persona se siente mejor consigo misma.

Photo by Wendy Hero on Pexels.com.

Información práctica del taller

Fechas y títulos de los talleres:

Los talleres se imparten en domingo, de 10 a 13 horas, con un breve descanso intermedio. Las fechas que se ofrecen son:

  • 7 de abril: “Respiración, postura corporal y emociones”
  • 21 de abril: “En Movimiento. Fija tu objetivo y muévete hacia él contando con tus emociones”
  • 12 de mayo: “A. T. Postura ante la vida: estoy bien, no estoy bien”
  • 26 de mayo: “En Movimiento. Conecta con lo que sientes y decide tu reacción desde el equilibrio”
  • 9 de junio: “A. T. Emociones auténticas y parásitas. Chantaje emocional”
  • 22 de junio: “Respiración y sueño reparador”

Precio:

  • Monográfico completo: 215 € – incluye un descuento del 10 %
  • Talleres sueltos: 40 € cada uno

Agradecimiento

Es un lujo poder impartir estos talleres. Estoy muy agradecida a Elena Frías por facilitar no sólo el espacio, sino también el contacto con las personas que participan. Y la colaboración tanto con ella como con Rosa Molina es siempre fluida, constructiva y orientada a la acción. Por supuesto, estoy agradecida a las personas que han participado, que han producido momentos de especial profundidad y toma de conciencia para todos.

Menciono el agradecimiento porque es «la emoción clave«, aquella que las tres instructoras consideramos clave para todo lo demás: las gracias abren las puertas a la aceptación de la vida tal y como es, de las personas que nos rodean tal y como son y, al fin y al cabo, de uno mismo, una misma. Por tanto, si hay algo que destacamos en cada uno de los talleres, son los beneficios de sentir agradecimiento.


Espero que esta información sea de tu interés. No dudes en contactar conmigo si quieres saber más. ¿Tienes alguna duda o pregunta que quieras hacer? Sin problema, deja un comentario. Si quieres apuntarte a estos cursos, puedes escribir a Elena Frías por whatsapp al 620 15 88 65.

Chantaje emocional

El chantaje emocional es la forma en la que nos comunicamos para obtener caricias al mostrar un sentimiento parásito. Si quieres recordar qué era esto de los sentimientos parásitos, puedes echar un vistazo a la entrada del blog de la semana pasada. En resumen, tenemos «sentimientos malos favoritos» que encubren las emociones genuinas. Y los tenemos porque los hemos aprendido de la infancia, hasta el punto de que están automatizados.

Por ejemplo, un hombre escuchó de pequeño que:

Los niños no lloran.

Imagen de Pexels en Pixabay.

Lo oyó tantas veces que sustituyó su tristeza genuina por un bloqueo mental y un endurecimiento de su expresión, apretando los dientes. Quizá su estilo de chantaje emocional sea ahora el «mandón», ocultando su tristeza incluso a sí mismo.

Hay cuatro tipos de chantaje emocional, dos de ellos se juegan desde el estado Niño y los otros dos desde el estado Padre. Si quieres recordar qué es esto de los estados, echa un vistazo a este artículo. Estos cuatro tipos se pueden asimilar a los tres que forman el Triángulo de Karpman.

Encajan con las posiciones existenciales de esta manera:

Elaborado a partir de la información en STEWART, I., JOINES, V. AT Hoy. Una nueva introducción al Análisis Transaccional. Editorial CCS.

Al leer los siguientes tipos, imagina a alguien en redes sociales buscando caricias de cada una de estas formas. Ten en cuenta que el “chantajista” siempre es quien inicia la conversación:

Tipo 1: indefenso

Es la persona que trata de sonar indefensa y desamparada, va de víctima. Habla desde el estado Niño al Padre Nutricio de la otra persona, con el fin de recibir caricias por su «lamentable estado»:

—Hoy estoy otra vez de bajón.

—Vaya, cariño, siento escucharlo.

—Y encima el jefe me empezó a atacar ¡otra vez!

—Vaya, vaya, eso está mal.

Tipo 2: mimado

También es un «chantajista» que actúa como victimista, desde el Niño. La diferencia es que se muestra quejica, poniendo en el otro la solución del problema:

—No has sido de mucha ayuda.

—¿No lo puedes hacer tú solo?

—¿Qué pretendes que haga?

—¿Por qué no te quejas al sindicato?

Tipo 3: útil

El tipo 3 se comporta como el salvador de la otra persona, lo que es una «ayuda falsa». Trata de sacar caricias de las necesidades ajenas, desde el Padre Protector y llamando al estado Niño en el otro:

—¿Te has quedado bien? ¿No tienes más hambre?

—No, ya me he llenado.

—Venga, seguro que te cabe un poquito más. ¿Por qué no te acabas la tarta?

—Gracias, estaba muy buena pero ya no me entra.

Tipo 4: mandón

El mandón es el tipo 4, se comporta como un perseguidor. Busca disculpas del otro mostrándose como Padre Crítico y dirigiéndose al Niño en la otra persona. Estas justificaciones son «caricias» para este perfil de chantajista:

—¡Llegas tarde! ¡Y no es la primera vez!

—¡Lo siento!

—¿Crees que te vale con decir “lo siento”?

—Bueno, es que he perdido el autobús…

Todos somos «el chantajista»

Tener estos «sentimientos malos favoritos», refuerza nuestro guion de vida y lo conduce a su desenlace. Por eso, podemos decir que todos, en mayor o menor medida, somos chantajistas cuando necesitamos compensar el malestar que nos provocan esos sentimientos. Quizá tenemos muy interiorizada una forma de solicitar caricias de la que ni siquiera somos conscientes. Puede que alguien que vaya de victimista no entienda por qué los demás le rechazan cuando juega a obtener caricias. Podéis ver algunas soluciones en este artículo sobre el triángulo del amor.


Piensa en la última semana. ¿Has mantenido alguna conversación que te haya recordado a las que hemos visto? ¿Estabas en el lado del chantajista o en el de la otra persona? ¿Cómo respondiste? Gracias como cada semana por leer y por compartir.

Emociones genuinas, emociones parásitas

Recuerda la última situación en la que experimentaste cierto estrés.

Te doy un ejemplo: fuiste a la compra y, una vez dejados los productos del carro en la cinta, en el momento de pagar, no llevabas la cartera. Te tocó quitar todo de allí, retroceder, irte sin la compra. Piensa en cómo reaccionaste: quizá te enfadaste contigo mismo, o sentiste pánico, vergüenza, o bien sentiste tristeza; quizá se te quedó la mente en blanco. ¿Qué palabras te decías en esa situación? Da un nombre a la emoción que sentías.

Foto de Julien L en Unsplash.

Pues bien, seguramente sientes algo parecido cada vez que experimentas estrés. Es una emoción que no te permite solucionar el problema, que te hace sentir peor, añadiendo esa sensación incómoda al suceso en sí, en este caso, a no poder llevarte la compra. Esa sensación es un sentimiento parásito. Es posible que pienses:

Todo el mundo reacciona igual cuando le pasa esto.

Pero no es así: cada persona responde de una manera distinta en situaciones de estrés.

Mi sentimiento malo favorito

El sentimiento parásito es tu «sentimiento malo favorito»: esa emoción que aparece cada vez que surgen dificultades, como si tuviéramos preferencia por experimentarlo. Y es el que, según el análisis transaccional (A. T.) se fijó en nuestra infancia. Es probable que viésemos a nuestros progenitores reaccionando de la misma manera.

Las familias suelen tener emociones prohibidas y emociones alentadas. Se suele premiar una «emoción incómoda» y se suelen dejar de lado las emociones genuinas, las que realmente permiten solucionar problemas. Por ejemplo, en una familia puede estar prohibida la alegría. O puede estar prohibida la tristeza. O bien, los hombres de la familia deben mostrar mucha ira, pero las mujeres deben permanecer con una sonrisa y la mente en blanco.

Otro ejemplo: Vanesa se pone a la cola para esperar al autobús. De pronto, una señora con un carro se cuela varios puestos. Su primera reacción es la ira, pero enseguida la tapa con una sonrisa y dejando la mente en blanco. Puede que sonría a la señora que le había provocado la emoción genuina de la ira.

Tener sentimientos parásitos nos hace avanzar en nuestro guion de vida, justificando decisiones que nos llevan a donde no queremos ir conscientemente, pero habíamos proyectado llegar desde el pensamiento mágico del niño.

El elástico me lleva al pasado

De pequeños, obtener caricias de los progenitores es cuestión de vida o muerte. Por tanto, iremos modelando distintas conductas hasta dar con aquellas que provoquen caricias (positivas o negativas). Ser ignorado es percibido por un niño pequeño como el paso previo a ser abandonado o morir de inanición, es decir, las consecuencias son muy importantes.

Así, cuando siendo personas adultas nos encontramos con una situación de estrés, puede que conecte de golpe con una situación de estrés del pasado, como un elástico que te lleva de un salto a tu infancia. Entonces, ya no estás en la cola del supermercado teniendo que quitar todo de la cinta mientras el cajero te mira fijamente: eres tú en tu infancia, sin recursos, cegado por un sentimiento parásito, quien se encuentra en esa situación. Tu reacción no sólo no te permite solucionar el problema, sino que te lleva a manipular el entorno tal como tratabas de hacer con tus progenitores buscando la emoción que les satisficiera.

Las emociones genuinas solucionan problemas

Según el A. T., hay 4 emociones auténticas:

  • Ira
  • Tristeza
  • Miedo
  • Alegría

La mayoría de autores suman otras dos:

  • Sorpresa
  • Asco/aversión

Todo lo demás, la miríada de nombres que le podemos dar a los sentimientos, son emociones parásitas: frustración, decepción, angustia, indignación, melancolía, desolación mente en blanco, sensación de vacío, vértigo ante la vida…

Pero las emociones que hemos heredado de miles de años de evolución, las que están en la amígdala y se manifiestan en el cuerpo, son las genuinas, las que están preparadas para evitar un peligro o permanecer más tiempo en una situación.

Veamos cómo.

Miedo: evitar un peligro futuro

El miedo auténtico es el que nos permite huir del depredador en la jungla. También nos puede paralizar por completo si lo necesario es ocultarse. En la vida actual, nos permite por ejemplo dar un salto cuando un coche no disminuye la marcha al acercarse al paso de cebra por el que estamos cruzando. El miedo evita un peligro futuro (si bien inminente).

Ira: solucionar una situación presente

La ira genuina provoca que el corazón bombee más sangre a nuestras extremidades, nos permite responder físicamente, golpeando o apartando la amenaza, o huyendo. Si estamos en el metro y alguien nos empuja, la respuesta adecuada es un empujón de igual intensidad. Esto nos deja en equilibrio con la otra persona. También podemos escabullirnos si el contrincante es más grande o es peligroso. En cambio, si reprimimos la respuesta, acumulamos el resentimiento para usarlo otro momento en el que ya no tiene sentido.

Tristeza: superar el pasado

La tristeza auténtica es la que nos permite hacer el duelo para superar un hecho doloroso que sucedió en el pasado. Este hecho significa la pérdida de una situación (cambio de casa, de trabajo, de condiciones económicas) o de un ser querido.

Felicidad

La sensación de alegría auténtica nos permite relajarnos y sentir que todo está bien a nuestro alrededor. No hay amenazas, la situación está bien como está, podemos respirar profundamente, con calma. Esta felicidad genuina nos facilita disfrutar de lo que está ocurriendo en el momento presente.


Con lo que has leído, ¿identificas tus sentimientos parásitos? ¿Eres capaz de darte cuenta de cuándo tu respuesta a una situación no se corresponde con lo que está sucediendo? ¿Qué preguntas te han surgido al leer esta entrada? No dudes en dejar tus impresiones en comentarios. ¡Gracias por leer y por compartir!

Comunicación genuina: qué hay detrás

¿Cómo te comunicas? ¿Reaccionas a lo que escuchas? ¿Lanzas mensajes no verbales y paraverbales que se contradicen con las palabras que pronuncias? Veamos cómo mejorar las relaciones con los demás detectando desde qué estado hablas y te hablan.

Los tres estados del yo

El análisis transaccional es el estudio de tres estados del yo: el Padre, el Adulto y el Niño. Es como si el yo estuviese dividido en partes que se manifiestan con determinadas formas verbales y no verbales. Los estados del yo no son personajes que uno interpreta en un lugar concreto, como el rol de jefe cuando vas a la oficina. Son realidades conductuales directamente relacionadas con la actividad gestual, el tono de la voz y las palabras que se utilizan. Vienen heredadas de las posturas y gestos aprendidos durante la niñez.

Pues bien, cuando hablamos con otra persona, nos dirigimos a ella desde alguno de estos estados. Si la persona reacciona sin pensar, lo más probable es que responda desde el estado desde el que estamos provocando su respuesta. Si, por el contrario, no acepta esta «provocación», responderá desde un estado que rompe la comunicación.

Transacción complementaria

La primera regla de comunicación en el análisis transaccional afirma que las conversaciones «en paralelo» suponen una transacción complementaria que puede prolongarse de manera indefinida. Veamos un ejemplo:


—El Gobierno siempre está igual: ahora quieren subir los impuestos, ya lo decía yo. Nunca hacen nada bien –con voz fuerte.
—Tiene usted toda la razón, nunca tienen en cuenta a la tercera edad, ¿cuántas veces lo habré dicho yo? –frunciendo el ceño y con el dedo índice señalando al aire–. Son todos unos ladrones.

Diagrama de la transacción complementaria.

En esta conversación, ambas personas están en el estado Padre, toman una postura sentenciosa, sin tomar datos de la realidad, criticando algo o a alguien y encontrando satisfacción en que los dos están de acuerdo en la crítica.

Veamos otro ejemplo en el que cada persona habla desde un estado distinto pero complementario al otro:


—El Gobierno siempre está igual: ahora quieren subir los impuestos, ya lo decía yo. Nunca hacen nada bien –con los brazos en jarras y un tono de voz alto e iracundo.
—¡Ay, madre mía! Me van a hacer polvo esos señores. ¿Qué puedo hacer? ¿Tú que harías? – con voz lastimera y gesticulación exagerada.

Transacción complementaria Padre-Niño.

Aquí, la primera persona que habla está en el estado Padre y la otra persona le responde desde el estado Niño. En esta conciliación ninguno de los dos extrae datos de la realidad.

Transacción cruzada

La segunda regla del análisis transaccional dice que cuando el estímulo y la respuesta se cruzan en el diagrama conciliatorio, se interrumpe la comunicación. Uno habla al otro apelando a un estado del yo, mientras que el otro responde desde un estado diferente. Veamos un ejemplo:


—¿Dónde está el cuchillo de cortar pan? –dice el marido desde el estado de Adulto.
—¡Tú sabrás dónde lo has dejado! –responde la mujer desde el estado de Padre – Siempre estamos igual: como tú no haces nada y lo hago yo todo, pues claro, no encuentras las cosas.

Transacción cruzada: Adulto a Adulto, pero respuesta de Padre a Niño.

En este tipo de transacciones, una de las partes está interpretando la información de manera errónea, escuchando algo que en realidad no se ha dicho, y aprovechando el momento para liberar alguna tensión que guardaba, propia del «yo no estoy bien».

Otro ejemplo de conciliación cruzada es cuando uno de los interlocutores toma el estado de Padre, hablando al otro como si fuera un niño, pero a su vez, el otro interlocutor también habla de Padre a Niño. La conversación sería así:


—Lo que tienes que hacer es pagar tus impuestos, como todos. Es nuestra obligación.
—Tú no eres quién para decirme lo que tengo que hacer, siempre tengo que estarte recordando que este Gobierno es el culpable. ¡Nunca hacen nada bien!

Transacción cruzada Padre-Niño, Padre-Niño.

Transacción cruzada doble

El ser humano riza el rizo en este último tipo de transacción. En ella, parece que se está jugando a un juego, pero lleva oculto un mensaje velado a otro nivel. Es decisión del estado de Adulto hacer caso omiso del mensaje velado, y permanecer en una posición equilibrada. Veamos un ejemplo:


—¿Dónde has escondido el cuchillo de cortar pan?


Esta pregunta contiene un componente Adulto, que es la petición de información, pero a diferencia de la pregunta “¿Dónde está el cuchillo de cortar pan?” lleva implícita una insinuación de que la otra persona ha escondido el cuchillo, y se le solicita esta información de manera imperativa. Puede haber múltiples respuestas. Si el interlocutor ha desarrollado un buen estado del Adulto, podría responder, con tono neutro y tranquilo:


—Lo he escondido en el cajón de los cubiertos.

Transacción cruzada doble.

Esto haría ver al otro que no se ha dado por aludido con la insinuación, y que además ha captado el matiz de la palabra escondido, y lo ha devuelto sin más.


Sea como sea tu comunicación, sé sensible al Niño que hay en los demás, puesto que responde a un sentimiento depresivo de «yo no estoy bien». En cualquier conversación, atender de forma compasiva al Niño del otro le acoge y le ayuda a crecer como persona.

Un monje budista que friega los platos para fregar los platos

¿A qué prestas atención?

Recupero un libro que leí hace algunos años, Lograr el milagro de estar atento, de Thich Nhat Hanh. Este libro destila vitalidad, la voz suena joven y con energía. Sin embargo, este monje debía de tener unos 83 años cuando lo escribió. El objetivo del libro es prestar atención al momento presente, lo mismo que se practica en mindfulness. Y se logra de la misma manera: atendiendo a la respiración. A pesar de que se puede resumir el título a «Presta atención» y el texto a «Atiende a tu respiración», estos dos consejos parecen no casar con la vida moderna: «ya lo haré después». Por lo que voy a extraer algunas de las enseñanzas del monje budista zen que parecía tan vital a esa edad.

Fregar los platos para fregar los platos

El libro está escrito dirigido a Quang, un discípulo: el lector es Quang. Y Thich Nhat Hanh le habla de encontrar para cada tarea el fin en sí misma: friega los platos para fregar los platos. De aquí que el autor no comprenda el uso de lavavajillas, porque para él resulta placentera esta actividad de fregar los platos (y de lavar su ropa). Te imaginas al monje en un sitio muy agreste, lleno de árboles, sin los avances de la vida moderna, fregando en una fuente, sintiendo el agua fría en sus manos. Pero lo escribe en 2009. Tratas de trasladar esa realidad a la tuya, porque claro, no vas a dejar de usar el lavavajillas ni la lavadora. ¿Qué vida arrastrada llevaríamos si tuviéramos que fregar todo a mano?

Imágenes generadas en MidJourney. Pedí que el monje estuviera fregando, pero en realidad están cocinando. Aún aprendiendo a usar esta app espectacular de IA.

Por tanto, no miremos fijamente al dedo cuando el maestro señala la luna. La luna es la atención plena. Es inspirar y espirar con consciencia, prestando atención a cómo el aire entra y sale del cuerpo, permitiendo la conexión entre cuerpo y mente a través del mecanismo automático de la respiración, que sin embargo podemos ralentizar a voluntad.

Nuestro aliento es el puente entre nuestro cuerpo y nuestra mente, el elemento que los reconcilia y que hace posible la unidad cuerpo-mente. (….) Pero de lo que quiero hablarte, Quang, es de cómo la respiración es un instrumento y cómo la respiración es en sí misma atención mental.

Thich Nhat Hanh, El milagro de estar atento.

En cualquier actividad que se realice, incluida cualquier tarea del trabajo, «fregar los platos para fregar los platos» significa volcar la atención únicamente en esa tarea, siendo consciente de los movimientos que se realizan, consciente de la respiración que la acompaña, siendo uno con la tarea. Cuando surgen pensamientos o emociones, se trata de reconocer lo que ha surgido y seguir respirando hasta que se recupere la atención plena. Lo importante es darse cuenta.

Un día a la semana para ti

La vida es una vorágine. Curioso el origen etimológico de esta palabra: viene de devorar, tragar. Tendemos a pensar que es solo ahora, pero yo creo que ha sido siempre: la vida siempre nos requiere acción, está en movimiento, nos lleva y nos trae, nos presenta obstáculos. Por tanto, siempre es complicado buscar un tiempo de meditación. Tras muchos años en contacto con distintas técnicas de meditación, he llegado a la conclusión de que hay que integrar esta práctica como parte del resto de la vida. En lugar de necesitar reservar media hora para sentarse en silencio a observar cómo entra y sale el aire del cuerpo, la atención plena tiene que darse aquí y ahora, en cada actividad que se hace, a cada paso.

Esto también lo comenta el autor del libro, pero él añade no solo el hábito de sentarse a meditar un rato cada día, sino el buscar un día completo para uno mismo en el que hacer todas las tareas con consciencia. Ese trabajo de un día a la semana hará que el resto de los días sea más fácil tomar consciencia y prestar atención.

Ese día, Thich Nhat Hanh propone que todo sea consciencia plena desde el acto de levantarse: ser consciente de la postura, de la respiración, de cómo nos levantamos, nos vestimos, nos duchamos, desayunamos, nos lavamos los dientes… Todas las tareas observadas por el placer mismo de la observación, que esto es la meditación, respirando en cada una de ellas. Se trata también de cocinar con atención plena, de limpiar la casa o, claro, de fregar los platos. Estas actividades, realizadas de forma consciente, procuran un cierto bienestar que despierta una sonrisa interior, esa media sonrisa que surge de estar en paz o en calma.

Seamos realistas: según el tipo de vida de cada cual, lograr pasar un día entero así a la semana es poco menos que una fantasía. Sin embargo, se pueden reservar unas horas del domingo para practicar la atención plena, o bien un día al mes. También se puede distribuir a qué se presta atención cada día de la semana: un día a cómo te lavas los dientes, otro día a cómo comes, otro día a cómo barres, etc.

La mente se observa a sí misma

En esta atención, somos tanto el observador como el objeto observado. No se trata de la objetividad de un observador científico, se trata de la subjetividad de un observador que es sujeto y objeto de observación. Aquí entramos en el terreno filosófico de lo que sucede en la meditación. La mente no es diferente de los pensamientos y emociones que puedan surgir en ella. La mente es la misma cosa esté ajetreada o esté calmada. Pero el asunto va más allá:

Cuando el objeto de conocimiento (el algo) no está presente, no puede haber sujeto que reciba el conocimiento.

Thich Nhat Hanh.

Al leer esta frase del monje, de pronto la información me parece nueva. A pesar de llevar años escuchando hablar de esta disolución entre sujeto y objeto, de este desaparecer del sujeto en el mar de lo observado, ahora leo algo nuevo aquí. Me viene a la mente esa paradoja del árbol que se cae en medio de un bosque, pero que nadie oye caer. Si nadie lo oye, ¿ha hecho ruido? La frase del monje me parece lo contrario: sin árbol, sin mundo exterior, no hay sujeto, no hay mente. La mente es el árbol, la mente es el sonido, la luz, es las sensaciones internas. Esto es bastante complicado de aprehender. Se disuelve la diferencia entre el que bebe una taza de té y el té que está siendo bebido.

Así, no hay división, no hay objetos, no hay categorías. No podemos aislar una mesa de las personas y materiales que han contribuido a su creación: la mesa no existe sin el carpintero, sin el árbol del que sale la madera, sin los metales que componen los clavos, sin la tienda que la vende…

Esto también es científico

Afortunadamente, hay neurocientíficos dedicados a validar estas prácticas ancestrales y a darles el barniz científico que hoy día se reclama. Ya he mencionado alguna vez a Andrew D. Huberman, profesor de neurobiología en Stanford. Este neurocientífico es un youtuber bastante activo, tiene varias meditaciones en su canal y evidencias de cómo la meditación mejora la salud. Comparto aquí este vídeo sobre cómo respirar correctamente y lo que aporta a la salud:

https://hubermanlab.com/how-to-breathe-correctly-for-optimal-health-mood-learning-and-performance/.

Sin querer quitar peso al gran trabajo de este autor, si comparamos a Huberman con Nhat Hanh, este último destila una felicidad que permanece, una calma y una paz interior que se transmite en sus palabras vigorosas: es como ver luz a través de sus palabras, de tal manera que, de forma casi inmediata, consigue del lector que se adhiera a sus prácticas. Huberman es más un hombre de nuestros tiempos, práctico y prolífico, quizá otras personas se inspiren más con él. La meta en todo caso es la misma: a través de la respiración consciente, además de calmar la mente, tenemos acceso directo a la realidad, contacto directo con nuestras sensaciones, experiencias plenas.


¿Qué opinas? ¿Practicas la meditación? ¿Llegas a sentir que eres uno con el objeto observado? Como siempre, agradezco mucho que leas este blog y compartas libremente.

Un viaje en Taxi a Vilcabamba

En mi último viaje en taxi, una taxista me recogió en el aeropuerto para llevarme a donde vivo. Ella comentó que había vivido muchos años de su vida cerca de mi zona. Me fijé en ella. Me llamó la atención que era una mujer elegante y muy correcta. Casi parecía una directiva de un entorno empresarial. Mi curiosidad me animó a conocerla todo lo posible en un viaje de media hora.

Le queda un año para pagar la licencia del taxi. Yo miré a mi alrededor: un Prius. La licencia cuesta como un piso. Después, su sueño es montar un negocio de terapia asistida con caballos para trabajar con niños con dificultades. Se está sacando el máster. Mi interés iba en aumento. Había trabajado anteriormente en una gran empresa en el área de contabilidad. Le pregunté su edad, es dos años más joven que yo. Al comentarle que parecía muy joven, me dijo que sus ancestros provienen de un pequeño pueblo de Ecuador, Vilcabamba, famoso por la longevidad de sus habitantes. Su propio abuelo había vivido 120 años y había montado a caballo hasta poco antes de morir.

Esta pudo ser la taxista. Pero es una imagen generada en MidJourney.

Percibí en la taxista la fuerza, el empuje, la lozanía de su abuelo. Su motivación por la vida se enriquecía como reacción a momentos muy duros que le había tocado vivir. Llevaba un rosario colgando del espejo retrovisor en memoria de su hermana mayor, que había fallecido de cáncer. Su hermana había tenido un hijo estando ya enferma y había aguantado la vida hasta que estuvo criado (3 años). Y ella lo manifestó: «Ahora me puedo morir». Y se murió. Y este niño fue un regalo para la mujer taxista y entrenadora de caballos. El niño lo sabe: «Tengo tres madres, una en el cielo, una regañona (la hermana menor) y una regalona (la taxista)».

Creo que la taxista vive su vida con consciencia y la toma como un regalo. Creo que esta mujer sale adelante en todo lo que se proponga por este empuje que le viene de sus genes y por cómo ella toma de forma incondicional su vida. Creo que por eso pude prestar atención plena a comunicarme con ella, muy lejos de la «amenaza robótica» del mundo digital.

Tocar el alma de otro ser humano es caminar por tierra sagrada.

Stephen R. Covey

Máximo potencial

En la película Sin límites, el protagonista descubre una droga que permite que el cerebro trabaje hasta su máximo potencial. Así, un escritor pelagatos que no consigue redactar una línea pasa a ser un escritor muy productivo, ordenado y elegante que ve que escribir se le queda corto y empieza a invertir en bolsa. Hay personas que parecen llevar esa droga ya incorporada, lo pensé mientras hablaba con la taxista: tiene un plan de vida muy claro, un guion ganador, sabe el sacrificio que cuesta el camino elegido y transita por él con determinación. Para otras personas, hace falta un apoyo, un impulsor. Vengo a pensar que las inteligencias artificiales son ahora para muchos trabajos ese impulsor que nos va a convertir en muy productivos, ordenados y elegantes (mientras consigamos extraer su potencial y mantengamos los puestos para explotarlo).

¿Cuáles son los productos de nuestras actividades? ¿Cómo elegimos trascender? El producto que quiere lograr la taxista es la ayuda a niños con dificultades. Pienso que el ser humano tiene la necesidad de trascender, que no se agota con tener descendencia. Es la necesidad de hacer algo que llegue más allá que nuestra propia vida. ¿Podemos trascender creando productos apoyados en las inteligencias artificiales? ¿Los sentiremos como nuestros?

Siendo realistas, la mayoría de las veces, una persona llega a su máximo potencial y sin embargo no trasciende. Vi hace poco la película Un americano en París, en la que aparecen varios bailarines en distintas coreografías. Me imaginé a una de esas personas diciendo: «Mamá, fíjate bien en el baile en el que sale un decorado con dibujos, ahí se me ve». Cada uno de aquellos bailarines que acompañan a Gene Kelly en los bailes es perfecto, casi tan bueno como el propio Gene Kelly. Cada bailarina es casi tan buena, casi indistinguible de Leslie Caron. Sin embargo, la cara del resto de bailarines anónimos aparece en pantalla unos segundos. Es imposible retenerla. En su casa, dijeron: «Mamá, salgo en una película de Hollywood». Sin embargo, no quedó la huella de esto, no sabemos quiénes son esos bailarines casi perfectos seleccionados de entre miles.

La taxista de Vilcabamba no está pensando en esto cuando dirige su carrera hacia donde quiere ir. Está centrada en su objetivo y en la ayuda que puede ofrecer estando al servicio de la vida. Seguramente no esté pensando en que los productos de su actividad trasciendan. Así, no se apega a un hipotético resultado dirigido por los avatares de la vida, sino que se apega a su objetivo y a cómo puede beneficiar a otras personas.


Si vamos a vivir 120 años, si vamos a estar ayudados por robots e inteligencias artificiales que van a hacer aún menos original, creativo y trascendente nuestro trabajo, si nos queda por delante ver lo nunca visto, busquemos al menos una manera de entregar lo mejor al servicio de la vida, aquí y ahora, en cada momento presente. Si nos desligamos de la presión de trascender, nos podemos centrar en llevar a una pasajera desde el aeropuerto hasta su casa y vivir esa experiencia como la única posible del momento; una experiencia de calidad.

Si solo queda el recuerdo

Una mujer joven regresa al hogar familiar con su hermano y su madre, a la vuelta de una estancia en Suecia. Decide emprender el proyecto de convertir ese hogar caótico, anárquico y lleno de trastos en un espacio minimalista que acoja su propia oficina. Este es el argumento de Feliz año pasado, una película tailandesa que vi recientemente en una iniciativa cultural: Cine invisible V.O. Al principio, la protagonista hace lo fácil: qué mejor forma de dejar ir el pasado que meter rápidamente todo en bolsas, cerrarlas y desecharlas. Ella misma lo dice:

Ojos que no ven, corazón que no siente.

Conocido refrán.

En un momento dado, estando con su amiga Pink, que es quien va a ejecutar la reforma, decide tirar a la basura un CD porque ya no hay dónde escucharlo. Su amiga abre la caja del CD y le muestra la nota que hay dentro: una dedicatoria de la propia Pink. Ver cómo quiere tirar el regalo como si fuese basura ofende a su amiga y despierta en la protagonista aquello que deseaba evitar:

Antes de deshacerte del pasado, debes mirarlo y despedirte de él.

A partir de ahí, reabrir las bolsas de basura y mirar dentro, objeto por objeto, se convierte en un proceso doloroso en el que la protagonista tiene que enfrentarse a su propio dolor, cuando encuentra objetos que pertenecen a distintas personas. Entre ellos, están las fotos que se hizo con su exnovio, a quien dejó sin ninguna explicación al irse a Suecia. Y está el gran piano, la evidencia de la ausencia de su padre, el piano al que su madre se aferra porque es la última prueba, el último recuerdo tangible, de un pasado mejor, de un hogar feliz.

Por momentos, se superponen imágenes del resultado final, el espacio blanco, aséptico y minimalista, a imágenes del estado actual, sucio, desordenado, incómodo… pero cercano y conocido. Qué duda cabe: el salón sin el piano queda mucho más despejado que con el piano, el piano «no pega» con el nuevo estilo minimalista; hay que deshacerse de él.

El hermano de la protagonista (cuyo nombre no recuerdo, todo eran nombres muy cortos, como Nim, Nao, Aim…) ve unos vídeos de Marie Kondo, y se fija en la frase que más repite:

Deja ir aquello que no despierta tu alegría (doesn’t spark joy).

Marie Kondo.

Pero para el hermano, todos los objetos que ve despiertan su alegría. En ese momento, muestra a su hermana una foto en la que se ve a la familia feliz que fueron, o que al menos fueron en el momento de la foto: el padre al piano, la madre cantando, los niños felices. Era el cumpleaños de la protagonista, pero ella no lo recuerda, se ha ocupado de ocultarse ese recuerdo que ahora es doloroso.

Cuando hay más pasado que futuro

El proceso que a la chica y a su hermano les es necesario, dejar ir el pasado y abrirse al presente, a la luz y a lo funcional, es perjudicial para su madre, porque ya solo le queda eso. Pasa los días cantando con un viejo karaoke al lado del piano que solo sabía tocar su exmarido, anclada en un pasado sin presente ni futuro. Cuando las personas alcanzamos ese momento de la vida en que empieza a haber más pasado que presente, ¿qué culpa podemos tener en tratar de aferrar aquello que fue, lo viejo conocido? Cada vez es más difícil abrirse a lo nuevo, acoger la incertidumbre, cada vez nos encuentra con un cuerpo más cansado, con una mente más saturada, con una sensación mayor de extrañeza ante lo desconocido. Quizá a esa mujer solo le quedaba ese piano. Quizá a otra mujer, que se calienta en su casa con una estufa de butano, solo le quedan las fotos en blanco y negro de muertos, junto con unos adornos anacrónicos y heterogéneos de los que no puede deshacerse, porque entonces corre el riesgo de olvidar quién era y qué hacía.

https://www.insconsfa.com/

Cada día, dejar ir

El pasado no solo está en los objetos que nos rodean, en los recuerdos que aún despiertan sentimientos. El pasado está, sobre todo, en nuestra mente. El pasado nos permite comprender el presente: sería imposible reconocer lo que nos rodea si el cerebro no estuviese preparado para registrar memorias. Por tanto, el pasado es un gran guía. Pero también es lo que nos impide acoger lo que cambia, lo nuevo. La sensación de incertidumbre es frecuentemente desagradable. Es mucho más incómodo, cansado y duro estar en una situación constante de desconocimiento sobre el siguiente paso a dar; es mucho más estresante. Pero esto empeora y se convierte en inasumible cuando, consciente o inconscientemente, dejamos de mirar la realidad para acomodarnos en lo viejo conocido. Es una colección de pensamientos y recuerdos, que, al decidir soltarlos, serían equivalentes a llenar cientos de bolsas de basura física. Por tanto, es mucho más fácil, cada día, ir mirando a lo que fue pero ya no es, dándole las gracias (a lo Marie Kondo) y dejándolo ir. Son pequeñas despedidas, un pequeño trabajo diario: se va el tiempo, se van las oportunidades, se van personas, se van formas de hacer una tarea. En su lugar, tiempo nuevo, nuevas oportunidades, otras personas, formas distintas de trabajar. Sean mejores o peores, se acaban imponiendo. Tratar de permanecer en una ceguera elegida es un esfuerzo adicional.


De nuevo, cada persona es libre de elegir a qué se aferra. En ocasiones, los cambios chocan tanto con la propia forma de ver la vida que no se consiguen digerir. Y se puede seguir adelante en una especie de realidad paralela, apoyada en esos objetos de antaño. Por ejemplo, yo sigo teniendo muchos CD que no tengo dónde escuchar, incluso algunas cintas. Tengo libros que sé que no volveré a leer. Y tengo esos adornos inservibles que me siguen acompañando, cuyo valor es solo sentimental. ¿A ti también te pasa? ¿Te rodeas de pasado? ¿O eres de las personas a las que les es muy fácil dejar ir? ¿Estás a gusto en espacios minimalistas? Me encantaría leerte en comentarios. Comparte libremente. Muchas gracias por leer.

El eslabón más débil

Sigo a vueltas con el guion de vida. Otro tema del que he cobrado conciencia es que el guion de vida puede ser ganador, banal o perdedor en distintas facetas de la vida que son como eslabones de una cadena, y será el eslabón más débil el que determine la trayectoria vital. Por ejemplo, una persona puede tener un guion ganador en el trabajo, llegar muy lejos, ascender, asumir riesgos, ser reconocida… y, mientras, tener un guion perdedor en las relaciones de pareja, no logrando mantener una relación estable con vínculos seguros. Es la misma persona y sin embargo no es capaz de trasladar sus estrategias ganadoras en un área a otra en la que las cosas no funcionan tan bien.

Este devenir tan distinto en las distintas áreas vitales puede explicar esos guiones aparentemente ganadores que luego acaban perdiendo de la peor forma. Es interesante analizar esto. ¿Cómo es posible que una persona no sea capaz de utilizar sus fortalezas de un área en otra?

Cómo fortalecer el eslabón más débil

La buena noticia es que existen formas de trasladar las habilidades a otra faceta de la vida. Por ejemplo, la programación neurolingüística (PNL) tiene ejercicios en los que se visualiza una experiencia ganadora, se ancla en una parte del cuerpo con un gesto que normalmente no se realice y se entrena a la mente para recurrir a las capacidades de esa experiencia ganadora siempre que se repite el gesto de anclaje.

Por otro lado, técnicas como el coaching permiten ampliar el campo de visión con el fin de detectar hábitos y creencias que limitan las capacidades en un área concreta. Por ejemplo, una persona quiere ir al gimnasio, se apunta pero no consigue ir nunca: siente que no tiene tiempo. Con ayuda de un coach puede detectar que el entorno no facilita que acuda al gimnasio. Si se prepara una mochila con todo lo necesario, solo tendrá que cogerla y salir, o meterla en el maletero y sacarla cuando la necesite. Así, el objetivo grande (hacer ejercicio) se trocea en al menos 2, preparar la bolsa y acudir al gimnasio.

Imagen de Jarda Šma en Pixabay.

La detección de creencias es fundamental para aplicar habilidades y capacidades de un área que funciona a otra que no. Una forma de hacerlo es analizar el propio lenguaje, algo a lo que la PNL dedica mucho tiempo: generalizaciones, eliminaciones, suposiciones… Por ejemplo, se puede tener la creencia de que toda la gente con dinero roba o que el dinero es sucio. Se puede creer que todos los hombres son unos cerdos, o que tratan siempre de engañarte. Tanto la PNL como el análisis transaccional (AT) ayudan a detectar este tipo de creencia, desafiándola.

El AT va más allá: describe la conducta automatizada que hace que una persona represente su guion de vida en secciones cortas. Creo que Eric Berne llega a la excelencia con la descripción de los juegos a los que jugamos para evitar una verdadera intimidad. En estos juegos, el protagonista busca a las personas que pueden representar los papeles, comienza la escenificación y logra su objetivo: una sensación de pérdida para todos los jugadores, incluido el protagonista. Una vez detectada la representación, se puede cambiar por otra que no reproduzca el comportamiento perdedor en el área «más débil». Uno de los juegos más fáciles de describir es «sí, pero…»:

El protagonista plantea un problema aparentemente irresoluble. El resto de jugadores se ponen en el papel del padre nutricio y empiezan a dar soluciones al problema. La respuesta del protagonista siempre será: «sí, pero…» echando por tierra cada solución. Al final «gana» (perdiendo) porque demuestra que su problema no tiene solución.

Juegos que la gente juega.

Por último, las constelaciones familiares permiten liberar temas que provienen de generaciones anteriores y que se reproducen de forma inconsciente. Buena parte son estas creencias y conductas automatizadas que comentaba. Por eso se da tanta importancia a estar en el estado adulto del yo y a tomar conciencia de lo que se hace, de lo que no se hace, y de las consecuencias que tiene cada decisión.

¿Y si paso del tema?

No existe ninguna necesidad de «mejorar» la parte más débil de nuestra personalidad, ni de «arreglar» algo que se presupone roto. Cada persona sentirá qué es lo que le conviene en cada momento. Y hay momentos en los que, por mucho que se sepa que se tiene esa parte más débil, ese ángulo muerto por el que vienen los golpes de la vida, no es posible invertir la energía suficiente en cambiarla, o no merece la pena.

Precisamente, de esto va actuar desde el estado adulto: tomar conciencia de las acciones y de sus consecuencias. Nada más. Nada menos. No se trata de torturarse o excluirse de la propia bondad.

De hecho, pasar del problema que te inquieta estando aquí y ahora, consciente de lo que se hace y no se hace, sin automatizar conductas, es una forma como otra cualquiera de llevarlo, rindiéndose a lo que es, sin más.

Más sobre el estado adulto

En el estado adulto es mucho más difícil que otra persona te involucre en sus juegos. También es más difícil iniciarlos tú, porque enseguida te das cuenta de que se trata de una conducta automatizada que no te lleva a ninguna parte.

Si quieres leer más sobre esta parte de tu personalidad con la que estar a gusto siendo tú, visita estas otras entradas del blog:


¿Cuál es tu caso? ¿Sientes que todas las áreas de tu vida están más o menos igual? ¿Sientes por el contrario que un aspecto te resulta más difícil y es el que te frena? Como siempre, muchas gracias por leer y por compartir.

La mejor versión de ti mismo

He visto en el cine Todo a la vez en todas partes. La película plantea la conexión de las personas con diferentes versiones de ellas mismas en los diferentes universos (multiverso) que se han generado en cada toma de decisión, a partir del resto de opciones que en ese momento se descartaron. No hablaré mucho más del argumento para no hacer spoiler.

Universos paralelos con versiones distintas de cada persona. Imagen de Gerd Altmann en Pixabay.

Mucho de lo que expone esta película yo lo veo con otra perspectiva. Por ejemplo, la protagonista, para acceder a las habilidades que ha desarrollado en universos paralelos, tiene que hacer algo inusual (la mayoría de las veces absurdo) para «conectar» con esos otros universos y que el aprendizaje venga «de allí». Sin embargo, pienso que las capacidades están en cada persona aquí y ahora, no hay que traerlas de ningún sitio. Asumimos que la persona es la misma, por tanto, si tienes potencial para el canto, aunque no lo hayas desarrollado, el potencial sigue ahí y en cualquier momento que te dé la gana puedes trabajarlo. Pero solo lo puedes hacer aquí y ahora.

Cada uno de nosotros porta todas sus potenciales capacidades. Cada persona puede cambiar su guion de vida y ampliar sus horizontes. Existen muchas maneras, una de ellas es la programación neurolingüística o PNL. La PNL tiene una potencia demostrada para cambiar la trayectoria vital. La finalidad de muchos de sus ejercicios es abrir el ángulo con el que se está mirando la realidad. De hecho, algunos ejercicios se llaman «reencuadre» (reframing) y muchos otros buscan completar frases que ocultan creencias o mandatos, esos mismos mandatos de los que habla el A.T. Puedes leer un poco más sobre PNL en esta entrada: son lentejas.

Si la idea de actuar de forma inesperada es buena como base para introducir un cambio en la vida, no creo que esté bien planteada en la película y al final me ha resultado ridícula. En realidad, sí se necesita actuar distinto, hablar distinto, cambiar el enfoque, pero son formas de actuar relacionadas con la capacidad que se quiere poner en juego. Así, pienso que la película ha desperdiciado dar este mensaje: aquí y ahora desde luego que puedes actuar de una forma inesperada: puedes leer un periódico en inglés, puedes apuntarte a clases de chino, puedes coger una mochila y empezar a ir al gimnasio.

¿La mejor versión de ti mismo?

En la película, se habla de mejores y peores versiones de la protagonista. La que está viviendo en el momento de empezar a contactar con esos otros universos es «la peor». Pero eso ¿qué significa? ¿Por qué va a ser peor vivir una vida en la que no se han explotado ciertas habilidades o en la que se ha elegido como pareja a un hombre de lo más común? ¿Quién determina que esa vida es peor que las otras? ¿Qué significa eso de peor o mejor?

Quizá no significa nada. No es más que una creencia que las personas tengamos que desarrollar al máximo nuestros potenciales. Puede ser hasta un mandato del guion de vida.

No hay nada más liberador que decir:

Sí, así fue. Sí, así es: esta es mi vida.

Y luego con ella haces lo que te da la gana (lo que puedes, en el lugar y momento que te ha tocado vivir), que incluye no hacer nada, echarse la siesta, no apuntarse al gimnasio ni tomar clases de canto ni leer textos en inglés ni aprender chino. Eso en sí no es «peor» que las versiones de ti en las que sí haces todas estas actividades.

¿Tú estás en paz?

Yo creo que se trata más de estar en paz. Estar en paz conlleva mucha aceptación, mucho: «sí, así es; sí, así fue». Si una persona percibe que podría sentirse mejor explotando alguno de sus potenciales, pues genial, lo hace y entonces se siente mejor y más cerca de estar en paz. Recordemos que el guion de vida ganador no necesariamente es el de una persona rica, famosa o con alto estatus. El guion de vida ganador es el más parecido a los anhelos de la persona: si alguien se planteó que sería feliz en un piso humilde y con un trabajo normalito y lo alcanza, se siente en paz, su guion es ganador. Si alguien escala social y económicamente y se siente desgraciado, su guion es perdedor.

El destino colectivo

Algo que no aparece en la película ni en el curso de nuestros pensamientos habituales es el destino colectivo. No olvidemos que lo que hacemos se enmarca en un acontecer común, el destino colectivo, que es más grande que cada cual y ante el que solo se puede decir: «sí, así es».

Por ejemplo, independientemente de las capacidades propias que se trabajen, ocurren acontecimientos fuera de nuestro alcance y que nos influyen directamente: guerras, atentados, catástrofes naturales, crisis económicas… Estos «contextos» son destinos para cada uno de nosotros con los que no contamos, pero que pueden cambiar el curso de muchas vidas a la vez. Ante el destino colectivo solo nos podemos rendir, es decir, solo podemos aceptar lo que hay, las circunstancias que configuran la realidad. Eso sí, podemos actuar frente a ellas desde nuestra plena capacidad: el estado adulto.


Tus capacidades del multiverso están accesibles ya. Elegir y, sobre todo, dejar atrás, son potestades de tu estado adulto que puedes poner en práctica en cada decisión de la vida. Hay muchísimas variables que una persona no puede cambiar. Aun así, siempre puedes seguir actuando desde el adulto «pese a» este destino, esto que estamos todos viviendo. El adulto también se echa la siesta.