Los otros extraños

Es la hora habitual. Vas en el metro junto con los otros extraños. A pesar de que está lleno de gente, cada persona procura no tocar al resto si puede evitarlo. La barra a la que te agarras tiene otras cinco manos a distintas alturas, manos de los otros extraños. En esa situación, evitas, como todos, cruzar la mirada con el resto. Para esto, los teléfonos inteligentes son de mucha ayuda.

De hecho, no solo haces como si allí no hubiera nadie. Mantienes en tu mente una vívida conversación con tus compañeros de trabajo sobre un proyecto que se ha complicado. En este momento, la conversación en tu mente es más real que la situación donde está tu cuerpo, las personas en tu mente son más reales que las personas que rodean tu cuerpo.

Hasta que ocurre algo.

Un vagón de metro lleno de personas

En medio de un túnel el tren descarrila y el vagón en el que viajas gira noventa grados, todo el mundo cae, unos encima de otros. Gracias a ello, las personas y palabras que había en tu mente desaparecen en el acto. A cambio, los otros extraños cobran una realidad tangible, se hacen evidentes, se les oye, se les ve. ¿Cómo evitar el roce con esos extraños, si has caído sobre algunos de ellos y algunos de ellos sobre ti? ¿Cómo dejar de notar el tacto de su ropa, su olor corporal, su presencia, todo aquello que un minuto antes hacías como si no existiera?

¿Tiene que haber un accidente para que percibas a esas personas a tu alrededor?

La situación que se produce en el metro siempre me ha parecido muy llamativa, más aún cuando los vagones van completamente llenos (de gente). Leí de algún autor que si fuéramos ratas, en esa situación nos pelearíamos hasta matarnos, pero la oxitocina logra que, en lugar de eso, nos ignoremos amablemente.

Este ignorar personas, los otros extraños, es al mismo tiempo una forma muy rápida de cosificarlas. No sientes que estés rodeado/a de personas en el metro, sino de objetos o de obstáculos: solo hay que ver la rudeza con la que a veces te abres paso hacia la puerta de salida en tu estación.

Y se convierten en personas en momentos de vivencia inusual. Se convierten en personas cuando algo rompe la rutina: un señor mayor se cae, un joven da un tirón al bolso de una señora, de pronto, alguien se pone a hablar alto (como actuando) o a cantar y tocar un instrumento.

En otras palabras, si te sucede algo en el vagón del metro, es por interacción con los otros extraños; son los otros extraños los que pueden ayudarte, no las personas con las que conversas en la mente.

Cuando conviertes a los otros en personas, es muy probable que los otros te conviertan también a ti en persona.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Resumen del año, como en la tele

2018 ha sido un año próspero para este blog: se han publicado 35 entradas (esta es la 36) de diversas temáticas, se ha superado por primera vez los 500 seguidores y las estadísticas de lectura han sido mayores que otros años.

Se muestra el número de visitas y de visitantes de este blog a lo largo de 2018

En este post quiero darte un resumen de los temas que hemos tratado y de las entradas más interesantes. Es una forma de cerrar el año, de agradecer a los atentos lectores que habéis visitado este blog y de despejar el camino para el año que entra en breve.

Se muestran las estadísticas de este blog del año 2018 por mes

La mayoría de las entradas que he escrito entran en la categoría “desarrollo personal”, es la que está puesta por defecto, y cuando un texto no entra en ninguna otra, se queda aquí. Además, es la categoría que define la “línea editorial” de este blog: la mayoría de lo que escribo proviene de mi modesto desarrollo personal, y lo ofrezco por si a alguien más le puede servir.

Hemos hecho juntos un experimento interesante a lo largo de una serie de posts, más o menos en verano, que ha consistido en hacer lo común. Se trata, en resumen, de vivir la vida sin más, de no darse importancia buscando destacar a costa de perder la intimidad, buscando una pareja corriente y aceptándose como un humano “normal y corriente” sea esto lo que signifique. Incluso hicimos un test final y dimos “feedback” a los que no lo aprobaron

También hemos hablado sobre las implicaciones de cumplir años, tanto en relación con el hilo anterior, cuando afirmamos que “por ti sí pasan los años“, como en otras ocasiones en que me ha dado por compartir cómo se vive esta cosa tan rara de ser “una chica” y al poco ser “una señora”, incluyendo aquí mi propio cumpleaños.

Sin embargo, ninguna de las entradas sobre estas temáticas ha entrado en la clasificación de artículos más visitados en el total de todos los tiempos desde que el mundo es mundo… digo no, desde que existe este blog:

Se muestra el total de visitas a este blog por cada entrada clasificadas de mayor a menor

Como se puede ver, el “greatest hit” de este año ha sido el artículo sobre el teletrabajo, y lo puedo entender: es algo que muchos trabajadores se preguntan. ¿Cómo es posible que no se haya impuesto? En una era en la que parece que los robots pueden tratarnos de tú a tú, las empresas siguen necesitando ver la cara de sus trabajadores, reunirse con ellos en persona y, en general, supervisar su trabajo a través de controlar su presencia física. Creo que es la naturaleza humana, en su particular evolución, un tanto alejada de la transformación digital, mucho más rápida y arrolladora.


Solo me queda daros las gracias de todo corazón por leerme, seguirme y enviar comentarios de cuando en cuando. El año 2019 seguiremos tratando estos temas que os interesan.

¡Feliz y próspero año nuevo!

La tele se mira a sí misma

Chance se maravilló de que la televisión pudiese representarse a sí misma; las cámaras se observaban a sí mismas y, al mirarse, televisaban el programa. Este autorretrato era transmitido a las pantallas de televisión colocadas frente al escenario y que el público del estudio observaba. De las incontables cosas que existían en el mundo –árboles, césped, flores, teléfonos, radios, ascensores– solo la televisión sostenía constantemente un espejo frente a su rostro, ni sólido ni fluido.

Portada de la película Being There
Imagen de http://canitbeallsosimple.com/2015/04/19/bienvenido-mr-chance-peter-sellers-y-la-grandeza-de-ser-pequeno/

Desde el jardín o Bienvenido Mr. Chance (Being There, por Jerzy Kosinski) es una obra muy curiosa: nos presenta a un personaje llamado Chance que ha vivido toda su vida cuidando de un jardín. Al parecer, no conoce nada más. Sin embargo, Chance será capaz de abrirse paso en la alta sociedad y entrará en política, gracias a una serie de circunstancias que solemos llamar estar en el lugar adecuado en el momento adecuado (“being there”…).

Ayer estuve en la grabación de un programa de televisión y vinieron a mi mente esas reflexiones de Chance (en un falso narrador en tercera persona).

La tele se observa a sí misma, se mira al espejo.

Como público me vi “jaleada”, más que animada, a mostrar un nivel muy alto de entusiasmo. He estado en la grabación de 4 programas en 4 cadenas distintas, a lo largo de muchos años. Cuanto más actual la grabación, más ha habido una “preparación previa” para que el público se muestre rendido ante lo que va a suceder después, te guste o no. Al acordarme de Chance, pensé que este personaje muestra una total independencia de sus interlocutores; el público no puede comportarse como Chance.

Por cierto, si te apetece ver la película en lugar de leer el libro, se llama igual, Bienvenido Mr. Chance, y está protagonizada por Peter Sellers. El hecho de haber visto la película antes, hizo que me fuese imposible poner a Chance otra cara; quizá me lo habría imaginado mucho más atractivo a juzgar por lo que describe el libro. Por lo demás, Sellers hace un Chance inolvidable.

Volviendo a la tele: Chance se comporta en ella y en todas partes como un adulto totalmente independiente, aunque no se trata realmente de esto. Quiero decir que Chance no es influenciable ni manipulable porque no entiende las intenciones de sus interlocutores. Cuando a Chance le preguntan si ha leído tal o cual artículo, dice claramente que no, luego admite con tranquilidad que no lee periódicos. Esta independencia total de las intenciones de las preguntas le hace ganar puntos ante personajes tan importantes como el mismo presidente de los Estados Unidos.

Si la sinceridad y la respuesta directa no a la intención sino a la pregunta o afirmación que oímos provocan admiración en el resto, ¿por qué la tele nos jalea para que mostremos otra cara? La tele, como espectadores, nos necesita niños. Los niños se ríen, aplauden, celebran, saltan, se ponen de pie… La “única” gran diferencia es que además, la tele pretende que toda esta “actuación” sea “espontánea”. Recordemos que no se puede obligar a nadie a ser espontáneo, es una contradicción.

Termino como empiezo. La tele se observa, se mira en múltiples espejos repetidos para comprobar cómo está quedando. La tele ha de ser mentira para parecer verdad, y todo lo que salga por ella ha de estar perfectamente orquestado (incluso las aparentemente espontáneas reacciones de los concursantes). Y esto no es más que un juego que llega a ser muy divertido… siempre que no tengas la sensación de que te “jalean” para que muestres “entusiasmo”.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Has estado en algún programa de televisión? ¿Qué te parece en general el tipo de diversión que ofrece?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

 

Hoy, anticiclón

Hoy hace más frío. Y el cielo ofrece de nuevo la misma respuesta: anticiclón. Vaya, que las danzas de la lluvia no están funcionando.

La temperatura oscila entre los 7 y los 18 grados, más o menos. El cielo está completamente despejado. La tierra, seca, crujiente. Los árboles están de otoño y primavera.

Nos quejamos de la sequía, no podemos evitarlo

Hay que quejarse.

Y si lloviera a mares y no viéramos un rayo de sol y el cielo estuviese encapotado y gris, habría que quejarse.

¿Cómo no quejarse? Al fin y al cabo, la crítica y la queja son la forma de conversación más habitual, ya sea en persona o en las redes sociales. Y esto no es ni una crítica ni una queja, tan solo una observación subjetiva.

Este eterno anticiclón aumenta la sensación de vivir en el día de la marmota, o de protagonizar el Show de Truman.

Cada día, al elegir la ropa que ponerte vuelves otra vez a lo mismo: la “ropa de entretiempo”, que nunca dio tiempo a utilizar. Cuando pasas delante de un escaparate con abrigos, te da un sarpullido, y ya no recuerdas dónde pusiste el paraguas. Alargas la “mid-season” y esperas.

Esperar se nos da fatal. El ser humano tiene dificultades para adaptarse al cambio, siempre se dice esto, pero más aún para adaptarse al no cambio. Aquí no se mueve una hoja, nunca mejor dicho, está todo como en suspenso, amanece otro anticiclón que es el mismo y la espera se alarga.

La espera desespera sobre todo porque los acontecimientos no se desarrollan según lo deseado, que es fruto de la costumbre en este caso: en otoño, llueve. Entonces, como es otoño, tiene que llover. Aplicamos la lógica racional a la naturaleza, que puede tener un funcionamiento que parece lógico, pero que no es tan predecible como aparenta, que de pronto se presenta con un huracán, o de pronto retira todas las aguas.

Mientras hay inconvenientes para unos, los que viven de la tierra, hay ventajas para otros, los que viven del sol. Y siendo domésticos, vemos la ventaja y la disfrutamos de los que ponen terrazas en verano, que ahora las ponen a finales de noviembre, y vemos la ventaja de los chiringuitos playeros, y de actividades al aire libre, no todas, la nieve no, claro.

El anticiclón es lo que hay ahora. Puede deberse a muchos factores, pero ya está aquí, ya llegó, no hay escapatoria. Quiero decir que es inútil quejarse sobre el anticiclón. Tan inútil como quejarse de la lluvia. Simplemente, sucede. Solo cabe aceptarlo, adaptarse, quizá contribuir a que la contaminación sea menor. Pero el anticiclón no se va a ir por ello. No va a empezar a llover por odiar la sequía.

Aquí podría encajar un refrán:

Si la vida te da limones, haz zumo con ellos.

Más sobre la queja

¿Criticas, sugieres o haces?

El triángulo del amor

Las palabras y el mundo que inventan

Hace años yo coleccionaba las columnas que escribía Daniel Samper Pizano, en una sección llamada “La madrastra patria”, dentro de un semanario de algún periódico.

Y creo que las coleccioné a raíz de una de ellas: “La Academia del Oído”.

En aquella columna, que todavía conservo, Samper Pizano decía que el español carece de algo tan importante como la Academia del Oído, que cuidaría que las palabras tuviesen un sonido, una música, acorde con su letra, con su significado.

No he necesitado releer ese artículo para recordar una con la que estaba muy de acuerdo: la palabra crepúsculo, por su sonido, parece más propia de una enfermedad eruptiva. Mientras que la palabra convólvulo, que designa una enredadera, podría referirse más bien a determinadas partes íntimas.

Por cierto, ¿de verdad que ósculo ha de significar beso?

Las palabras son rótulos que se superponen a la realidad

Las palabras son etiquetas que nos vienen de lejos

Las palabras no son más que etiquetas, rótulos, como dice Krishnamurti en El conocimiento de uno mismo, hastags, como decimos ahora. Esas etiquetas tienen un origen etimológico, que a veces se remonta a Grecia, otras a Roma, otras aún a Al-Andalus, y muchas otras, más que remontarse, cruzan el charco sin su debida traducción, y acabamos  hablando de marketing, e-learning y coaching y no nos convence ninguna traducción de estos términos. Esto también lo decía Samper Pizano en aquella misma columna, mencionando que miramos con algo de vergüenza la lengua que inventamos hace mil años.

Conocer el origen de una palabra es interesante para saber por qué el crepúsculo se llama así, y ahí está la RAE para decirnos que viene “Del lat. crepuscŭlum”. Pero no sirve para conocer el crepúsculo en sí, ni tampoco para comprender lo incómoda que nos puede sonar una palabra que designa algo en principio bello.

La palabra se superpone a la realidad que denota

La palabra se superpone sobre el hecho, sobre el objeto, y lo limita, lo acota y lo enlata, de manera que nos es mucho más fácil manejar estos rótulos que manejar los objetos reales que mencionan. Nuestro cerebro llega a creérselo: oímos o leemos o pensamos “pan” y vemos en nuestra mente el pan, casi lo olemos, lo oímos crujir, lo saboreamos. Por cierto, parece que la palabra pan no está mal puesta, es corta y simple, la decimos rápido y nos acerca un alimento de primera necesidad, no necesitamos decir algo más complicado como malvavisco o como vincapervinca, una palabra que descubrí hace poco porque en inglés la utilizan para designar un tono del azul.

Entonces, cada uno de nosotros se ve utilizando palabras que le provocan molestias e incomodidades a la altura de las cervicales, y se ve privado de utilizar palabras que le suenan mucho mejor pero que señalan y evocan objetos no tan agradables. Un ejemplo que pone Samper Pizano es el “lobanillo”, que acaso podría ser el cachorro de la loba.

Las reglas caprichosas

Por la calle escuchas a un niño pequeño decir a sus padres:

Ayer andamos por el patio del recreo.

Y el padre le corrige: “Se dice anduvimos”. ¿Y por qué, de dónde sale esa irregularidad? Ya hace tiempo que distintos grandes autores prescindieron de ciertas molestias en el lenguaje, por ejemplo Pablo Neruda en Confieso que he vivido prescinde del signo de interrogación y de exclamación que van delante de la pregunta o exclamación, y Juan Ramón Jiménez convierte en jota los sonidos de la jota.


Vuelvo a Krishnamurti: ¿qué son esos rótulos? ¿Por qué esos y no otros? ¿Cómo esos rótulos tienen el poder de formar una imagen mental similar a la real? ¿Son los rótulos los que nos guían, los que nos dominan, los que determinan la realidad? ¿Podemos expresar algo sin ellos?

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué te evocan las palabras? ¿Hay palabras cuyo sonido te horroriza? Al contrario, ¿hay palabras que te parece que tendrían que significar algo más bello? Como siempre, agradecida por los comentarios y opiniones. 🙂

Formación online vs. marketing digital

La formación online puede optimizar sus contenidos

Tengo la suerte de trabajar en dos sectores aparentemente similares: la creación de cursos online y la redacción y traducción de textos de marketing. Ambos consisten en buscar la mejor forma de comunicar algo a alguien. Es una comunicación por escrito y el destinatario está identificado con el nombre de “alumno” o de “potencial cliente”.

Hasta ahí las características en común.

La forma en la que se redactan los contenidos para cursos online es totalmente diferente, yo diría contraria, a la forma en que se redactan para marketing online.

Cómo es la redacción de cursos

La formación online puede optimizar sus contenidos

Aun hoy día, y después de haber conocido la gamificación, el aprendizaje informal y la necesidad de distinguir los cursos de desempeño de los cursos de información con el fin de producir resultados, lo cierto es que la redacción de los cursos online es generalmente ineficiente.

Ineficiente quiere decir desconocer al destinatario del mensaje, creando cursos “talla única” para todos los posibles alumnos, incurrir en verborrea escrita, dirigirse al alumno como si no fuese adulto adoptando un molesto tono paternalista, arengar y añadir un exceso de información innecesaria.

Yo en ocasiones también hago esto. Que me perdonen los alumnos presentes y futuros, siempre desconocidos. Trato de aliviar al máximo su pesar, reduciendo el número de pantallas en el típico curso pasapáginas, en que además se tortura al alumno mostrando cuántas pantallas le quedan por ver y bloqueando su avance. Sin embargo, muchos clientes piden esto, porque están todavía centrados en medir los resultados de una formación por el número de horas que dura y por el número de alumnos que la realizan (sufren).

Cómo es la redacción de marketing online

La redacción de marketing digital va al grano, se dirige a un posible cliente muy segmentado, por ejemplo, es una mujer de entre 25 y 34 años, con gusto por lo saludable y hábitos de compra en páginas de comercio electrónico, se descarga apps para estar en forma, etc.

Si sabemos a quién nos dirigimos, podemos adaptar el mensaje a ese destinatario al máximo, ofreciéndole algo que le puede interesar en base a sus hábitos y aficiones.

Quitamos toda la posible verborrea, minimizamos el mensaje, tiene que ser suficiente pero no largo ni pesado, y ha de entenderse con claridad. La economía de palabras es clave. El cliente es soberano, se le habla como a un adulto.

¿Cuál es la buena?

Evidentemente, por su sensibilidad a las necesidades del receptor, la buena es la comunicación de marketing online, optimización SEO, campañas de email…

Compartimentos estanco

A pesar de que sería extremadamente fácil aplicar toda la sabiduría del marketing digital a la formación online, lo cierto es que son compartimentos estanco.

Ahora existen registros del aprendizaje que permiten analíticas mucho más precisas sobre los alumnos. El seguimiento puede realizarse incluso offline y de actividades de aprendizaje informal.

Sería muy interesante que la formación online fuese bebiendo poco a poco de los avances del marketing digital y de la analítica.

Vasos comunicantes

Si en lugar de ser compartimentos estanco fuesen vasos comunicantes, la formación online se caracterizaría por afectar positivamente a la cuenta de resultados de la empresa donde se imparte.

Además, si se analizara lo que los alumnos necesitan saber hacer, se ahorraría mucho dinero en iniciativas de formación que solo se realizan para cubrir el expediente.

En palabras de Nassim N. Taleb:

Esta incapacidad para transferir de forma automática el conocimiento o la complejidad de una situación a otra, o de la teoría a la práctica, es un atributo muy inquietante de la naturaleza humana.


A mí me encanta la formación, yo hago varios MOOCs al año y he finalizado este año un máster, tengo dos carreras… Vamos, yo no puedo decir que no me guste la formación. Y sin embargo sí puedo decir que la he “sufrido” repetidas veces cuando departamentos de formación y compañeros, todos ellos bienintencionados, me han hecho llegar algunos cursos que son un compendio de lo que significa “comunicación ineficaz”.

Y como decía, a veces yo misma lo hago…

¿Qué piensas? ¿Has hecho recientemente alguno de estos cursos? ¿Eres tú mismo/a un artífice de cursos de estas características? Los comentarios, ya sabes, son siempre bienvenidos, ¡gracias!

Nuevos formatos Manuales CEP

Me complace anunciar que los manuales que he publicado con Editorial CEP no solo han sido reeditados, sino que ahora es más fácil adquirirlos. ¿Por qué? Se ha separado la parte teórica de la parte práctica; esta última en un cuaderno del alumno, de forma que ahora contamos con dos libros para cada temática.

¿Qué ventajas tiene esto?

  • Por un lado, quienes vayan a cursar estas temáticas, cuentan con unos cuadernos prácticos donde es más fácil localizar los ejercicios realizados.
  • Por otro lado, las personas interesadas solo en la parte teórica pueden encontrar ahora un manual que recoge de forma concreta los aspectos que les interesan.
  • Además, estos libros por separado son más asequibles.
  • Por otro lado, como libro físico son más manejables al ser más ligeros.

Te adjunto los enlaces a estos manuales por si estas interesada/o:

Coaching

  1. Manual
  2. Cuaderno

Comunicación eficaz

  1. Manual
  2. Cuaderno

Recuerda: nunca es tarde para aprender.