Traduttore, traditore

La traducción es un trabajo difícil, porque no basta con traducir palabras de un idioma a otro. La traducción literal puede traer frases como estas de un manual de instrucciones de un ventilador:

Saque el tanque de agua de la parte inferior de la parte posterior (enfriador de aire) y escape un tercio del tanque de agua mientras inyecta agua corriente en él.

Las cajas de hielo congelado (o helados) se colocan en el tanque de agua cuando el cliente desea obtener el viento más frío.

De la traducción automática como esta a las traducciones de obras de literatura clásica que consiguen una calidad literaria similar a la del texto original, va un mundo, como la Odisea de José Manuel Pabón para la editorial Gredos.

Por muy buena que sea una traducción, siempre se van a perder matices, como explica este artículo para traductores: muchos términos de un idioma no tienen una traducción que suene bien en otro idioma.

Traducción en el cine

Adaptación del guion

Los guiones de las películas necesitan de muchas adaptaciones para ajustarlos a nuestra cultura manteniendo la fidelidad al significado original.

Un ejemplo: muchas películas norteamericanas hacen alusión a personajes célebres que aquí desconocemos. En la traducción se sustituyen por personajes más conocidos, como en Top secret, que se habla de “Julito Iglesias”.

Hablando de películas del humor absurdo, su traducción es realmente difícil y un trabajo muy respetable. Salvo los gags visuales, la mayoría de lo que se dice hay que reinventarlo con referencias equivalentes a las del chiste original. Por ejemplo, en la segunda y tercera películas de Austin Powers, el doblaje de Mike Myers lo hace Florentino Fernández, y se añaden en él incluso imitaciones de Chiquito de la Calzada.

Invención de los títulos

Mención aparte merecen las traducciones de títulos de películas. Algunas de ellas ciertamente responden a la expresión “traductor: traidor”, como es el caso de “La semilla del diablo”, gran spoiler que consigue desvelar el final de la película ya en el título. El título original, “El bebé de Rosemary”, es más conservador con respecto al contenido de la película.

Cartel de La semilla del diablo, que en inglés se titula Rosemary's Baby

A veces, la inventiva no está muy justificada. Por ejemplo, en “La invasión de los ultracuerpos”, la palabra ultracuerpos es inventada y sustituye a “ladrones de cuerpos”, una expresión perfectamente utilizable. Hay una película magnífica de Billy Wilder que en inglés se titula “El fin de semana perdido”, un título perfecto para lo que ocurre en la película, y que en español se titula “Días sin huella”.

Otro ejemplo es una película francesa que se titula “Tout por plaire” (Todo para complacer) traducido como “¿Por qué las mujeres siempre queremos más?”. Quizá se piensa que así es más vendible, sin embargo, el mensaje de la película no solo es el contrario al que da a entender el título en español, sino que cuadra perfectamente con el título en francés.

El doblaje de las películas

En el doblaje de películas, se añade una dificultad a la traducción: el texto tiene que coincidir más o menos con el movimiento de los labios de los actores. Por lo que a veces la traducción está lejos de la frase original, aunque el sentido sea el mismo.

En Terminator 2, en un momento dado en que se arma una explosiva escena de acción en una fábrica, uno de los trabajadores dice:

Get the hell out of here!

Lo que en subtítulos aparece como:

Evacuad la fábrica.

Sí, el sentido es el mismo, pero creo que se han perdido ciertos matices… La traducción literal no es posible, pero una traducción más aproximada podría ser:

¡Salid a la puta calle ya!

El doblaje tapa por completo no solo lo que los actores dicen, sino su tono de voz, inflexiones,… y el sonido ambiente, ese reverberar de las palabras en una catedral, el eco en una nave industrial, el sonido quedo de una sala muy pequeña…

Al ver una película doblada, ¿estamos disfrutando de la obra original? ¿O estamos disfrutando de una obra derivada? ¿El guion es equivalente? ¿El trabajo del actor de doblaje es equivalente?

Se suele decir que el doblaje en España es muy bueno. Lo cierto es que las voces de doblaje son muy profesionales y experimentadas, y como decíamos antes, nos acercan la película al adaptarla a nuestra cultura.

Aun así, me parece un error que un mismo actor/actriz doble a más de un actor original. ¿Por qué? Cuando es el asesino, lo sabes por la voz, cuando no estás mirando, sabes que está hablando Al Pacino, Stallone o Robert De Niro, entre muchos otros. O si es una mujer, estás oyendo a Diane Keaton, Kim Basinger o Kate Capshaw entre muchísimas otras. Leonardo Di Caprio  tiene la voz de Jim Carrey, que a su vez dobló al primer Austin Powers pero no a los siguientes, Harrison Ford habla como George Clooney, y cuando De Niro y Pacino se encuentran en una película, uno de los dos tiene que perder su voz por otra.

Alteración de la obra de arte

Al margen de que la traducción sea más o menos fiel al original, está la consideración de si altera la obra de arte.

Si leo un libro traducido, ¿estoy leyendo el libro que escribió su autor? ¿O se trata de otro libro?

Las versiones bilingües de los libros nos muestran el fino trabajo que se ha realizado en su traducción, que no puede evitar perder matices por el camino. Sin embargo, también se añaden matices que provienen de las palabras escogidas por el traductor. Podemos hablar de obra derivada, o podemos hablar de la creación de una obra “nueva” a partir de una obra existente, con un mérito que tiene escaso reconocimiento.

En definitiva, tengo sensaciones encontradas con la traducción y el doblaje, porque pienso que la traducción es imprescindible para la difusión de las obras escritas (incluyendo los guiones cinematográficos) y al mismo tiempo pienso que se pierde parte del trabajo tanto del escritor/guionista como de los actores e incluso director en el caso del cine.


¿Qué opinas? ¿Hay películas que prefieres ver dobladas? ¿Eres de los amantes de la V.O.? ¿Consideras que la traducción de un libro equivale al original? Cuenta, cuenta.

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

 

 

Quien no recuerda nombres

¿Existen las cosas si no tienen nombre?

Es un tipo de reflexión a la que se dedican los lingüistas, existe un amplio campo para el estudio de los significados, la semiótica, la semiología, los límites de la interpretación, etc.

Algunas personas tenemos dificultades en recordar nombres propios. Al mismo tiempo, nos cuesta poner un nombre distinto a algo que ya llevaba una etiqueta, una marca.

No recordar nombres propios

Cuando alguien que no recuerda nombres propios quiere hablar de una película, no recuerda su título. Prueba a hablar de sus actores, pero no recuerda cómo se llaman. Acaba haciendo frases muy largas que provocan pérdida de interés:

Sí, esa película en la que aparece el actor que también salía en otra película en la que son presos y les empiezan a perseguir porque se han escapado de un furgón que ha tenido un accidente y…

Cuando se habla de música, el que no recuerda los nombres pierde el prestigio con rapidez. Si afirma: “Me gusta la música heavy”, le pueden preguntar: “¿Qué grupos, qué canciones?” Aquí las referencias son más difíciles de encontrar, haciendo un esfuerzo se consigue recordar algún grupo, los más nombrados: Iron Maiden, Guns N’ Roses… Y los títulos de las canciones quizá los adivina por el estribillo.

Cuando quien no recuerda los nombres viaja, lo hace cada vez por primera vez. Sabe que en una ciudad concreta había un restaurante muy bueno que… Pero no recuerda cómo se llama, por lo que no lo puede buscar ni reservar. Quizá alguno sabe orientarse y lo encuentra deambulando por las calles de esa ciudad. Puede describir en detalle ese restaurante, pero el nombre no ha quedado registrado en su memoria.

Recordar etiquetas y marcas

Curiosamente, quien no recuerda los nombres propios sí suele quedarse con nombres de etiquetas y marcas comerciales, hasta el punto de olvidar o desconocer el nombre genérico.

Cuando quiere hablar de esa crema de chocolate que se unta, tiene que decir Nocilla y, los menos antiguos, Nutella. Necesita decir la marca para estar seguro/a de que habla de lo mismo.

Para decir café de sobre, dice Nescafé.

En un bar, pide una Coca-Cola. Cuando le responden: “Solo tenemos Pepsi”, vive unos microsegundos de perplejidad, pues en su mente responde: “Es lo mismo, Coca-cola es el refresco marrón”. Además, en España este refresco no ha conseguido un nombre genérico rápido de decir.

En la farmacia, pide Gelocatil, de vez en cuando recuerda decir el nombre “más barato”, paracetamol.

Y no sabe qué hacer con las denominaciones sucesivas del corona virus, coronavirus, el covid-19, la covid-10, la covid sin más…

Hablando en indio

Forma parte del discurso de autoridad la capacidad de mencionar los nombres propios y específicos de aquello de lo que se está hablando.

Los que no recuerdan los nombres propios, hablan parecido a los indios americanos en las películas y parecen menos capaces:

  • El que vive cerca del parque grande.
  • La que va muy arreglada y es mayor y simpática.
  • El señor mayor que anda como cojeando.
  • La hija de la señora que vende el pan (“panadera” a veces no viene a la mente).
  • Un pueblo que está en la provincia de Badajoz, que es pequeño.
  • Un grupo heavy que su cantante es rubio y tiene el pelo largo.
  • Un programa para recortar imágenes y hacer una edición sencilla.

Lo que dijo Dale Carnegie

Fotografía retrato de Dale Carnegie

En Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, Dale Carnegie dedica muchas páginas a destacar la importancia de recordar el nombre de la persona con la que estás hablando.

Para cada uno de nosotros/as, nuestro propio nombre es el más importante de la tierra. Para influir en una persona, debemos al menos recordar su nombre, como signo de que nos interesa.

Una vez que llamamos a otro por su nombre, si queremos mostrarle interés, hablemos de lo que le interesa. La mayoría intentamos interesar a otra persona contándole lo que nos sucede y nos ha sucedido. Sin embargo, lo más aburrido para una persona es que otra le cuente su vida.

Mostrar interés genuino es reconocer la importancia del otro, reconocer que somos iguales, que tenemos muchas cosas en común. Y reconocer quizá que nos parecemos más de lo que querríamos reconocer, o incluso que nos gustaría ser como la otra persona pero no nos lo permitimos.

En Estrella doble, Robert Heinlein habla de cómo el político Bonforte recuerda los datos de cada persona con la que se entrevista, comenzando por su nombre, a través de los ficheros Farley.

Un mundo más pequeño

Las palabras crean el mundo en el que vivimos. Sin palabras, el mundo se limita a aquello que podemos señalar, pero no podemos elaborar discursos complejos, abstractos, específicos…

Cuando una persona empieza a olvidar palabras, parece estar perdida y tener menos conocimientos, parece desubicada, en un mundo impreciso y vago. Cuando no somos capaces de recordar nombres propios, en nuestro pensamiento todo parece bastante claro, pero su construcción se viene abajo cuando queremos comunicarlo a otra persona.


Las cosas que no tienen nombre o que no puedo mencionar parecen no existir. Parece que la existencia de algo, aun si no es tangible, viene en nuestro mundo humano a través de su nombre.

 

Tienes una cita

Estos días cobra mucho valor “tener una cita”, es decir, tener un acontecimiento o evento que se apunta en la agenda, empieza a una hora concreta y termina y, durante la sesión, permite interactuar con otras personas.

Por el contrario, puede que te apuntes a uno o varios cursos pero no tienes motivación para continuarlos. No hay nadie al otro lado a ninguna hora específica… y eso no motiva demasiado.

Tipos de citas durante el confinamiento

Durante el día, puedes tener varios tipos de citas que te ayudan a estructurar el tiempo, como pueden ser:

Seguir escuchando el programa de radio por las mañanas

El programa es en directo y con suerte tu llamada puede entrar en el aire, o tu mensaje de audio puede escucharse como respuesta a algo que han planteado. Muchas gracias a los que hacéis la radio, hacéis muchísima compañía.

Ver un programa educativo o de ejercicio en la tele

La tele como fuente de experiencias síncronas se había quedado en el telediario y algunos programas de corte informativo. Ahora se añaden programas educativos para niños o gimnasia para adultos que, sin ser en directo, sí agrupan personas frente al televisor durante el tiempo que se emiten.

Estos programas proporcionan una sensación de cohesión, especialmente a los colectivos que no disponen de medios de conexión a Internet, no son de calidad o no saben cómo utilizarlos.

Seguir un webinar o un taller que se imparte a una hora determinada

Por poner un ejemplo, ayer participé en un webinar (seminario web) de HEC Paris, impartido por Jeremy Ghez, un Economista con interesantes conclusiones de lo que está pasando con la globalización a raíz del coronavirus. Hubo tantas inscripciones que se realizó a través de YouTube en lugar de Zoom.

Ver una actuación por Instagram, YouTube, etc.

Hace un par de días vi una actuación del mago Kiko del Show, de A toda magia, englobado en el Festival #QuedateEnCasaConMagia organizado por la Fundación Abracadabra de Magos Solidarios.

También están los vídeos de Miguel Vigil en su canal de YouTube. Sus monólogos y canciones añaden un toque de humor y buen rollo a esta situación, y recomiendo altamente seguirle:

Quedar con los conocidos

Esto incluye dos tipos de citas, y son de las más valoradas:

  • Quedar con familiares o amig@s para hacer una videollamada y verse durante un rato, por ejemplo a través de WhatsApp. Esta cita puede incluir tomarse un vermut, una cervecita o el aperitivo, la idea es “emular aquellos tiempos”.
  • Quedar con profes y compañer@s de actividades para tratar de continuar con ellas a través de Zoom, Skype o Hangouts.

El aplauso de las 20.00

Este aplauso trasciende su intención inicial. No solamente muestra el apoyo a todos los profesionales que están haciendo posible que esto salga adelante, sino que poco a poco ha tomado el tono de actividad social.

El aplauso, que se oye en la ciudad como una ovación en un estadio de fútbol, reconforta en pocos minutos de todo un día de aislamiento absoluto. Especialmente desde que cambiaron la hora, se ha hecho más fácil ver en las ventanas a los vecinos de edificios aledaños y con ello aumenta la sensación de conexión social.

En muchos barrios, algunos vecinos unen al aplauso alguna música motivadora como las que compartí cuando os hablaba de darnos ánimos unos a otros. Música que hace saltar, gritar y llorar, que sirve de desahogo y para compartir penas.

Características de estas citas

Podrían extraerse algunas características comunes de estas citas que no eran lo habitual en el consumo de productos virtuales o, en general, en las formas de relacionarnos fuera de un estado de confinamiento. Por ejemplo, veo que:

  1. Prima lo auditivo sobre lo visual. Incluso en las videollamadas, la calidad de la imagen es lo de menos, no digamos el diseño gráfico. Lo que importa es oír y entender. Los aplausos: oír a los vecinos, no verlos, es lo fundamental.
  2. Prima el contacto con el círculo más cercano sobre el contacto con personas desconocidas. Si bien podemos apuntarnos a seminarios y talleres “ajenos”, mi sensación es que damos más importancia a poder continuar el contacto con personas más cercanas, tanto de la familia como de las actividades que hacíamos antes (teatro, creatividad, danza…).
  3. El aspecto casero es bueno. A diferencia de los productos profesionales que se entregaban hasta ahora, tipo charlas TED, estamos viendo productos audiovisuales con la calidad “que se puede”. De hecho, producen una mayor sensación de cercanía y sobre todo de frescura, creatividad e improvisación.
  4. Prima el horario sobre el contenido. Esto rompería la tendencia que teníamos de consumir contenidos desde plataformas online, cada uno lo suyo cuando le da la gana. Si hay un horario en que siento que otros hacen lo mismo que yo, lo prefiero, ya que da la sensación de conexión y cercanía. Esto aplica tanto a películas y series como a los cursos online. Y hablando de los cursos…

Cómo afecta todo esto a la formación online

Llevo trabajando en el sector de la formación online desde 2010. Y algo que sé desde que me formé en la UNED sobre esto (Cátedra de Toledo, 2009), es que los alumn@s valoran mucho más tener tutores expertos y poder tener sesiones síncronas con ellos.

En otras palabras, el alto índice de abandono de los cursos online se debe a que el alumno se siente solo frente a una pantalla, con lo que no se engancha al contenido, más bien se aburre pronto de él.

Es algo que se está confirmando cada día con todas las iniciativas que surgen para aliviar el peso del confinamiento y de las que ya hemos hablado.

Por ello, quizá el panorama de la formación online deba cambiar, dando más recursos a posibilitar sesiones síncronas a las que se pueda acceder y menos a interminables cursos de hacer clic, cursos que suelen estar desesperadamente bloqueados, lo que da lugar a que los alumnos hagan clic sin leer, buscando “escapar”.

Esto que estoy diciendo puede llevar a que mi trabajo actual cambie radicalmente o desaparezca, por lo que no es gratuito ni me resulta fácil afirmarlo.


Por último, quería compartir una cita con una meditación para esta pandemia, de Brigitte Champetier des Ribes. Es asíncrona, sin embargo, puedes seguir la indicación de hacerla a las 19.30:

 

Dándonos ánimos unos a otros

El coronavirus cada vez está más cerca, cada vez me provoca más respeto, cada vez siento más el dolor de los que dan positivo, de los muertos. Dedico por ello un tiempo a enterarme de las últimas noticias. Después, procuro compensarlo con las múltiples manifestaciones de creatividad y humor que produce una situación como esta.

Así, mi actividad social principal se ha convertido en escuchar y compartir canciones en grupos de whatsapp. Como os contaba en el post anterior, un compañero de teatro tuvo la iniciativa de proponer este juego: dedicar cada uno/a una canción al resto en el grupo. He replicado la iniciativa en otros dos grupos, así que paso bastante tiempo escuchando estas canciones que nos dedicamos unos a otros y dejándome llevar por las emociones que despiertan.

Una serie de discos de vinilo y unos auriculares, que dan la idea de la importancia de escuchar música durante el confinamiento

En este post os paso las que más me han gustado, de entre unas 60 canciones, en tres categorías:

Canciones para levantar el ánimo, bailar, reír…

Seguro que os han llegado unas cuantas, que incluso se han puesto en ventanas y balcones para darnos ánimos entre todos/as. Yo os dejo aquí las que más me han cambiado el estado de ánimo de la resignación a la sensación de alegría:

Sobreviviré, de Mónica Naranjo, gracias a mi madre:

Party Rock Anthem, LMFAO, gracias a Jorge:

La magonesa, una parodia de Harry Potter, de Trazzto, gracias a Laura:

Todos los días sale el sol, de Bongo Botrako, gracias a Bea:

 

Canciones para reflexionar

La mala costumbre, Pastora Soler, gracias a Ana:

A tu lado en casa, Los secretos, gracias a Antonio, el impulsor de esta idea:

Quédate junto a mí, Playing for Change, gracias a Alberto:

You’ve got a Friend, de Carole King, gracias a Javier:

 

Canciones con vídeos curiosos

La Revolución Sexual, de La casa azul, gracias a María:

Hoy toca ser feliz, Mago de Oz, gracias a Ceci:

Think, de Aretha Frankin, gracias a Alberto:

Tiny Desk Concert de Monsieur periné: NPR Music, gracias a Susana:

 

Y un poquito de ruido blanco

Es posible que estos días estés escuchando demasiado silencio, que te desveles como yo a las 4 o 5 de la mañana o que cualquier ruido de los vecinos empiece a quitarte el sueño. Para ello, recomiendo un poquito de ruido blanco. Este vídeo dura 10 horas, así que lo podrías tener puesto toda la noche. A mí me basta con un rato, no sé si llega a una hora, hasta que de repente lo apago entre sueños:


Tengo que admitir que no habría escuchado la mayoría de estas canciones en “otros tiempos”. De hecho, no veía vídeos que durasen más de 3 minutos, ni soportaba canciones de estilos musicales muy ajenos al rock o a la música de baile. Pues mira, “chúpate esa”, estoy descubriendo todo un mundo y ampliando mis estrechos horizontes musicales…

Gracias por leer.

Los otros extraños

Es la hora habitual. Vas en el metro junto con los otros extraños. A pesar de que está lleno de gente, cada persona procura no tocar al resto si puede evitarlo. La barra a la que te agarras tiene otras cinco manos a distintas alturas, manos de los otros extraños. En esa situación, evitas, como todos, cruzar la mirada con el resto. Para esto, los teléfonos inteligentes son de mucha ayuda.

De hecho, no solo haces como si allí no hubiera nadie. Mantienes en tu mente una vívida conversación con tus compañeros de trabajo sobre un proyecto que se ha complicado. En este momento, la conversación en tu mente es más real que la situación donde está tu cuerpo, las personas en tu mente son más reales que las personas que rodean tu cuerpo.

Hasta que ocurre algo.

Un vagón de metro lleno de personas

En medio de un túnel el tren descarrila y el vagón en el que viajas gira noventa grados, todo el mundo cae, unos encima de otros. Gracias a ello, las personas y palabras que había en tu mente desaparecen en el acto. A cambio, los otros extraños cobran una realidad tangible, se hacen evidentes, se les oye, se les ve. ¿Cómo evitar el roce con esos extraños, si has caído sobre algunos de ellos y algunos de ellos sobre ti? ¿Cómo dejar de notar el tacto de su ropa, su olor corporal, su presencia, todo aquello que un minuto antes hacías como si no existiera?

¿Tiene que haber un accidente para que percibas a esas personas a tu alrededor?

La situación que se produce en el metro siempre me ha parecido muy llamativa, más aún cuando los vagones van completamente llenos (de gente). Leí de algún autor que si fuéramos ratas, en esa situación nos pelearíamos hasta matarnos, pero la oxitocina logra que, en lugar de eso, nos ignoremos amablemente.

Este ignorar personas, los otros extraños, es al mismo tiempo una forma muy rápida de cosificarlas. No sientes que estés rodeado/a de personas en el metro, sino de objetos o de obstáculos: solo hay que ver la rudeza con la que a veces te abres paso hacia la puerta de salida en tu estación.

Y se convierten en personas en momentos de vivencia inusual. Se convierten en personas cuando algo rompe la rutina: un señor mayor se cae, un joven da un tirón al bolso de una señora, de pronto, alguien se pone a hablar alto (como actuando) o a cantar y tocar un instrumento.

En otras palabras, si te sucede algo en el vagón del metro, es por interacción con los otros extraños; son los otros extraños los que pueden ayudarte, no las personas con las que conversas en la mente.

Cuando conviertes a los otros en personas, es muy probable que los otros te conviertan también a ti en persona.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

Resumen del año, como en la tele

2018 ha sido un año próspero para este blog: se han publicado 35 entradas (esta es la 36) de diversas temáticas, se ha superado por primera vez los 500 seguidores y las estadísticas de lectura han sido mayores que otros años.

Se muestra el número de visitas y de visitantes de este blog a lo largo de 2018

En este post quiero darte un resumen de los temas que hemos tratado y de las entradas más interesantes. Es una forma de cerrar el año, de agradecer a los atentos lectores que habéis visitado este blog y de despejar el camino para el año que entra en breve.

Se muestran las estadísticas de este blog del año 2018 por mes

La mayoría de las entradas que he escrito entran en la categoría “desarrollo personal”, es la que está puesta por defecto, y cuando un texto no entra en ninguna otra, se queda aquí. Además, es la categoría que define la “línea editorial” de este blog: la mayoría de lo que escribo proviene de mi modesto desarrollo personal, y lo ofrezco por si a alguien más le puede servir.

Hemos hecho juntos un experimento interesante a lo largo de una serie de posts, más o menos en verano, que ha consistido en hacer lo común. Se trata, en resumen, de vivir la vida sin más, de no darse importancia buscando destacar a costa de perder la intimidad, buscando una pareja corriente y aceptándose como un humano “normal y corriente” sea esto lo que signifique. Incluso hicimos un test final y dimos “feedback” a los que no lo aprobaron

También hemos hablado sobre las implicaciones de cumplir años, tanto en relación con el hilo anterior, cuando afirmamos que “por ti sí pasan los años“, como en otras ocasiones en que me ha dado por compartir cómo se vive esta cosa tan rara de ser “una chica” y al poco ser “una señora”, incluyendo aquí mi propio cumpleaños.

Sin embargo, ninguna de las entradas sobre estas temáticas ha entrado en la clasificación de artículos más visitados en el total de todos los tiempos desde que el mundo es mundo… digo no, desde que existe este blog:

Se muestra el total de visitas a este blog por cada entrada clasificadas de mayor a menor

Como se puede ver, el “greatest hit” de este año ha sido el artículo sobre el teletrabajo, y lo puedo entender: es algo que muchos trabajadores se preguntan. ¿Cómo es posible que no se haya impuesto? En una era en la que parece que los robots pueden tratarnos de tú a tú, las empresas siguen necesitando ver la cara de sus trabajadores, reunirse con ellos en persona y, en general, supervisar su trabajo a través de controlar su presencia física. Creo que es la naturaleza humana, en su particular evolución, un tanto alejada de la transformación digital, mucho más rápida y arrolladora.


Solo me queda daros las gracias de todo corazón por leerme, seguirme y enviar comentarios de cuando en cuando. El año 2019 seguiremos tratando estos temas que os interesan.

¡Feliz y próspero año nuevo!

La tele se mira a sí misma

Chance se maravilló de que la televisión pudiese representarse a sí misma; las cámaras se observaban a sí mismas y, al mirarse, televisaban el programa. Este autorretrato era transmitido a las pantallas de televisión colocadas frente al escenario y que el público del estudio observaba. De las incontables cosas que existían en el mundo –árboles, césped, flores, teléfonos, radios, ascensores– solo la televisión sostenía constantemente un espejo frente a su rostro, ni sólido ni fluido.

Portada de la película Being There
Imagen de http://canitbeallsosimple.com/2015/04/19/bienvenido-mr-chance-peter-sellers-y-la-grandeza-de-ser-pequeno/

Desde el jardín o Bienvenido Mr. Chance (Being There, por Jerzy Kosinski) es una obra muy curiosa: nos presenta a un personaje llamado Chance que ha vivido toda su vida cuidando de un jardín. Al parecer, no conoce nada más. Sin embargo, Chance será capaz de abrirse paso en la alta sociedad y entrará en política, gracias a una serie de circunstancias que solemos llamar estar en el lugar adecuado en el momento adecuado (“being there”…).

Ayer estuve en la grabación de un programa de televisión y vinieron a mi mente esas reflexiones de Chance (en un falso narrador en tercera persona).

La tele se observa a sí misma, se mira al espejo.

Como público me vi “jaleada”, más que animada, a mostrar un nivel muy alto de entusiasmo. He estado en la grabación de 4 programas en 4 cadenas distintas, a lo largo de muchos años. Cuanto más actual la grabación, más ha habido una “preparación previa” para que el público se muestre rendido ante lo que va a suceder después, te guste o no. Al acordarme de Chance, pensé que este personaje muestra una total independencia de sus interlocutores; el público no puede comportarse como Chance.

Por cierto, si te apetece ver la película en lugar de leer el libro, se llama igual, Bienvenido Mr. Chance, y está protagonizada por Peter Sellers. El hecho de haber visto la película antes, hizo que me fuese imposible poner a Chance otra cara; quizá me lo habría imaginado mucho más atractivo a juzgar por lo que describe el libro. Por lo demás, Sellers hace un Chance inolvidable.

Volviendo a la tele: Chance se comporta en ella y en todas partes como un adulto totalmente independiente, aunque no se trata realmente de esto. Quiero decir que Chance no es influenciable ni manipulable porque no entiende las intenciones de sus interlocutores. Cuando a Chance le preguntan si ha leído tal o cual artículo, dice claramente que no, luego admite con tranquilidad que no lee periódicos. Esta independencia total de las intenciones de las preguntas le hace ganar puntos ante personajes tan importantes como el mismo presidente de los Estados Unidos.

Si la sinceridad y la respuesta directa no a la intención sino a la pregunta o afirmación que oímos provocan admiración en el resto, ¿por qué la tele nos jalea para que mostremos otra cara? La tele, como espectadores, nos necesita niños. Los niños se ríen, aplauden, celebran, saltan, se ponen de pie… La “única” gran diferencia es que además, la tele pretende que toda esta “actuación” sea “espontánea”. Recordemos que no se puede obligar a nadie a ser espontáneo, es una contradicción.

Termino como empiezo. La tele se observa, se mira en múltiples espejos repetidos para comprobar cómo está quedando. La tele ha de ser mentira para parecer verdad, y todo lo que salga por ella ha de estar perfectamente orquestado (incluso las aparentemente espontáneas reacciones de los concursantes). Y esto no es más que un juego que llega a ser muy divertido… siempre que no tengas la sensación de que te “jalean” para que muestres “entusiasmo”.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Has estado en algún programa de televisión? ¿Qué te parece en general el tipo de diversión que ofrece?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios. 🙂

 

Hoy, anticiclón

Hoy hace más frío. Y el cielo ofrece de nuevo la misma respuesta: anticiclón. Vaya, que las danzas de la lluvia no están funcionando.

La temperatura oscila entre los 7 y los 18 grados, más o menos. El cielo está completamente despejado. La tierra, seca, crujiente. Los árboles están de otoño y primavera.

Nos quejamos de la sequía, no podemos evitarlo

Hay que quejarse.

Y si lloviera a mares y no viéramos un rayo de sol y el cielo estuviese encapotado y gris, habría que quejarse.

¿Cómo no quejarse? Al fin y al cabo, la crítica y la queja son la forma de conversación más habitual, ya sea en persona o en las redes sociales. Y esto no es ni una crítica ni una queja, tan solo una observación subjetiva.

Este eterno anticiclón aumenta la sensación de vivir en el día de la marmota, o de protagonizar el Show de Truman.

Cada día, al elegir la ropa que ponerte vuelves otra vez a lo mismo: la “ropa de entretiempo”, que nunca dio tiempo a utilizar. Cuando pasas delante de un escaparate con abrigos, te da un sarpullido, y ya no recuerdas dónde pusiste el paraguas. Alargas la “mid-season” y esperas.

Esperar se nos da fatal. El ser humano tiene dificultades para adaptarse al cambio, siempre se dice esto, pero más aún para adaptarse al no cambio. Aquí no se mueve una hoja, nunca mejor dicho, está todo como en suspenso, amanece otro anticiclón que es el mismo y la espera se alarga.

La espera desespera sobre todo porque los acontecimientos no se desarrollan según lo deseado, que es fruto de la costumbre en este caso: en otoño, llueve. Entonces, como es otoño, tiene que llover. Aplicamos la lógica racional a la naturaleza, que puede tener un funcionamiento que parece lógico, pero que no es tan predecible como aparenta, que de pronto se presenta con un huracán, o de pronto retira todas las aguas.

Mientras hay inconvenientes para unos, los que viven de la tierra, hay ventajas para otros, los que viven del sol. Y siendo domésticos, vemos la ventaja y la disfrutamos de los que ponen terrazas en verano, que ahora las ponen a finales de noviembre, y vemos la ventaja de los chiringuitos playeros, y de actividades al aire libre, no todas, la nieve no, claro.

El anticiclón es lo que hay ahora. Puede deberse a muchos factores, pero ya está aquí, ya llegó, no hay escapatoria. Quiero decir que es inútil quejarse sobre el anticiclón. Tan inútil como quejarse de la lluvia. Simplemente, sucede. Solo cabe aceptarlo, adaptarse, quizá contribuir a que la contaminación sea menor. Pero el anticiclón no se va a ir por ello. No va a empezar a llover por odiar la sequía.

Aquí podría encajar un refrán:

Si la vida te da limones, haz zumo con ellos.

Más sobre la queja

¿Criticas, sugieres o haces?

El triángulo del amor

Las palabras y el mundo que inventan

Hace años yo coleccionaba las columnas que escribía Daniel Samper Pizano, en una sección llamada “La madrastra patria”, dentro de un semanario de algún periódico.

Y creo que las coleccioné a raíz de una de ellas: “La Academia del Oído”.

En aquella columna, que todavía conservo, Samper Pizano decía que el español carece de algo tan importante como la Academia del Oído, que cuidaría que las palabras tuviesen un sonido, una música, acorde con su letra, con su significado.

No he necesitado releer ese artículo para recordar una con la que estaba muy de acuerdo: la palabra crepúsculo, por su sonido, parece más propia de una enfermedad eruptiva. Mientras que la palabra convólvulo, que designa una enredadera, podría referirse más bien a determinadas partes íntimas.

Por cierto, ¿de verdad que ósculo ha de significar beso?

Las palabras son rótulos que se superponen a la realidad

Las palabras son etiquetas que nos vienen de lejos

Las palabras no son más que etiquetas, rótulos, como dice Krishnamurti en El conocimiento de uno mismo, hastags, como decimos ahora. Esas etiquetas tienen un origen etimológico, que a veces se remonta a Grecia, otras a Roma, otras aún a Al-Andalus, y muchas otras, más que remontarse, cruzan el charco sin su debida traducción, y acabamos  hablando de marketing, e-learning y coaching y no nos convence ninguna traducción de estos términos. Esto también lo decía Samper Pizano en aquella misma columna, mencionando que miramos con algo de vergüenza la lengua que inventamos hace mil años.

Conocer el origen de una palabra es interesante para saber por qué el crepúsculo se llama así, y ahí está la RAE para decirnos que viene “Del lat. crepuscŭlum”. Pero no sirve para conocer el crepúsculo en sí, ni tampoco para comprender lo incómoda que nos puede sonar una palabra que designa algo en principio bello.

La palabra se superpone a la realidad que denota

La palabra se superpone sobre el hecho, sobre el objeto, y lo limita, lo acota y lo enlata, de manera que nos es mucho más fácil manejar estos rótulos que manejar los objetos reales que mencionan. Nuestro cerebro llega a creérselo: oímos o leemos o pensamos “pan” y vemos en nuestra mente el pan, casi lo olemos, lo oímos crujir, lo saboreamos. Por cierto, parece que la palabra pan no está mal puesta, es corta y simple, la decimos rápido y nos acerca un alimento de primera necesidad, no necesitamos decir algo más complicado como malvavisco o como vincapervinca, una palabra que descubrí hace poco porque en inglés la utilizan para designar un tono del azul.

Entonces, cada uno de nosotros se ve utilizando palabras que le provocan molestias e incomodidades a la altura de las cervicales, y se ve privado de utilizar palabras que le suenan mucho mejor pero que señalan y evocan objetos no tan agradables. Un ejemplo que pone Samper Pizano es el “lobanillo”, que acaso podría ser el cachorro de la loba.

Las reglas caprichosas

Por la calle escuchas a un niño pequeño decir a sus padres:

Ayer andamos por el patio del recreo.

Y el padre le corrige: “Se dice anduvimos”. ¿Y por qué, de dónde sale esa irregularidad? Ya hace tiempo que distintos grandes autores prescindieron de ciertas molestias en el lenguaje, por ejemplo Pablo Neruda en Confieso que he vivido prescinde del signo de interrogación y de exclamación que van delante de la pregunta o exclamación, y Juan Ramón Jiménez convierte en jota los sonidos de la jota.


Vuelvo a Krishnamurti: ¿qué son esos rótulos? ¿Por qué esos y no otros? ¿Cómo esos rótulos tienen el poder de formar una imagen mental similar a la real? ¿Son los rótulos los que nos guían, los que nos dominan, los que determinan la realidad? ¿Podemos expresar algo sin ellos?

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué te evocan las palabras? ¿Hay palabras cuyo sonido te horroriza? Al contrario, ¿hay palabras que te parece que tendrían que significar algo más bello? Como siempre, agradecida por los comentarios y opiniones. 🙂

Formación online vs. marketing digital

La formación online puede optimizar sus contenidos

Tengo la suerte de trabajar en dos sectores aparentemente similares: la creación de cursos online y la redacción y traducción de textos de marketing. Ambos consisten en buscar la mejor forma de comunicar algo a alguien. Es una comunicación por escrito y el destinatario está identificado con el nombre de “alumno” o de “potencial cliente”.

Hasta ahí las características en común.

La forma en la que se redactan los contenidos para cursos online es totalmente diferente, yo diría contraria, a la forma en que se redactan para marketing online.

Cómo es la redacción de cursos

La formación online puede optimizar sus contenidos

Aun hoy día, y después de haber conocido la gamificación, el aprendizaje informal y la necesidad de distinguir los cursos de desempeño de los cursos de información con el fin de producir resultados, lo cierto es que la redacción de los cursos online es generalmente ineficiente.

Ineficiente quiere decir desconocer al destinatario del mensaje, creando cursos “talla única” para todos los posibles alumnos, incurrir en verborrea escrita, dirigirse al alumno como si no fuese adulto adoptando un molesto tono paternalista, arengar y añadir un exceso de información innecesaria.

Yo en ocasiones también hago esto. Que me perdonen los alumnos presentes y futuros, siempre desconocidos. Trato de aliviar al máximo su pesar, reduciendo el número de pantallas en el típico curso pasapáginas, en que además se tortura al alumno mostrando cuántas pantallas le quedan por ver y bloqueando su avance. Sin embargo, muchos clientes piden esto, porque están todavía centrados en medir los resultados de una formación por el número de horas que dura y por el número de alumnos que la realizan (sufren).

Cómo es la redacción de marketing online

La redacción de marketing digital va al grano, se dirige a un posible cliente muy segmentado, por ejemplo, es una mujer de entre 25 y 34 años, con gusto por lo saludable y hábitos de compra en páginas de comercio electrónico, se descarga apps para estar en forma, etc.

Si sabemos a quién nos dirigimos, podemos adaptar el mensaje a ese destinatario al máximo, ofreciéndole algo que le puede interesar en base a sus hábitos y aficiones.

Quitamos toda la posible verborrea, minimizamos el mensaje, tiene que ser suficiente pero no largo ni pesado, y ha de entenderse con claridad. La economía de palabras es clave. El cliente es soberano, se le habla como a un adulto.

¿Cuál es la buena?

Evidentemente, por su sensibilidad a las necesidades del receptor, la buena es la comunicación de marketing online, optimización SEO, campañas de email…

Compartimentos estanco

A pesar de que sería extremadamente fácil aplicar toda la sabiduría del marketing digital a la formación online, lo cierto es que son compartimentos estanco.

Ahora existen registros del aprendizaje que permiten analíticas mucho más precisas sobre los alumnos. El seguimiento puede realizarse incluso offline y de actividades de aprendizaje informal.

Sería muy interesante que la formación online fuese bebiendo poco a poco de los avances del marketing digital y de la analítica.

Vasos comunicantes

Si en lugar de ser compartimentos estanco fuesen vasos comunicantes, la formación online se caracterizaría por afectar positivamente a la cuenta de resultados de la empresa donde se imparte.

Además, si se analizara lo que los alumnos necesitan saber hacer, se ahorraría mucho dinero en iniciativas de formación que solo se realizan para cubrir el expediente.

En palabras de Nassim N. Taleb:

Esta incapacidad para transferir de forma automática el conocimiento o la complejidad de una situación a otra, o de la teoría a la práctica, es un atributo muy inquietante de la naturaleza humana.


A mí me encanta la formación, yo hago varios MOOCs al año y he finalizado este año un máster, tengo dos carreras… Vamos, yo no puedo decir que no me guste la formación. Y sin embargo sí puedo decir que la he “sufrido” repetidas veces cuando departamentos de formación y compañeros, todos ellos bienintencionados, me han hecho llegar algunos cursos que son un compendio de lo que significa “comunicación ineficaz”.

Y como decía, a veces yo misma lo hago…

¿Qué piensas? ¿Has hecho recientemente alguno de estos cursos? ¿Eres tú mismo/a un artífice de cursos de estas características? Los comentarios, ya sabes, son siempre bienvenidos, ¡gracias!