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Luego, cuando todo sea perfecto

La semana pasada hablábamos del guion «nunca», aquel que nunca comienza lo deseado y habla de ello cada día como si no pasase el tiempo.

Hasta que no acabe esto, no podré disfrutarOtro guion de vida perdedor es el que traemos esta semana: «hasta». La frase es más o menos: «hasta que no acabe con esta ardua tarea, no podré disfrutar». Las arduas tareas no acaban nunca, así que quien vive conforme al guion «hasta», no disfruta nunca.

Como vemos en la imagen, hay muchas personas que llevan la carga de semejante guion, esperando toda la semana para que llegue el viernes (San Viernes en mi argot), todo el año para 22 días de vacaciones, y toda la vida para que llegue el momento de descansar y ser feliz, por ejemplo en la jubilación.

Siempre recuerdo esa frase contundente de Stephen R. Covey:

Nadie en su lecho de muerte lamentaría no haber pasado más horas en la oficina.

Eric Berne basó el guion «hasta» en el mito de Hércules: debe llevar a cabo una serie de tareas imposibles, «los doce trabajos», para aplacar la ira de Hera. Y solo después será liberado.

El guion «hasta» nos es transmitido culturalmente, y tiene muy «buena prensa», es admirable comportarse según este guion. Me recuerda a esta canción de Los payasos de la tele:

Lunes antes de almorzar

una niña fue a jugar

pero no pudo jugar

porque tenía que planchar.

Así planchaba, así, así,

así planchaba, así, así,

así planchaba, así, así,

así planchaba que yo la vi.

La canción se completa con todos los días de la semana. La niña no puede jugar hasta que no planche, no limpie, no barra, no friegue… La niña nunca juega.

El mandato subyacente al guion «hasta» es «sé perfecto«. Nunca se alcanza la perfección, de manera que nunca se puede terminar ninguna tarea que preceda al descanso y al disfrute. Y si se termina, surge otra, y luego otra, quizá una lista de tareas inacabadas.

Este guion es el contrario al que veremos más adelante, el guion «después», el que posterga el deber eligiendo siempre el placer. Son dos actitudes de vida opuestas, que responden a unos mandatos, convertidos en creencias, y que saltan como resortes ante cada decisión de la vida, cada día. En el caso del guion «hasta»:

  • Hasta que no acabe este trabajo, no me relajo.
  • Cuando acabe los exámenes, salgo de marcha.
  • Hasta que no llegue el verano, no me voy de viaje.
  • Mi recompensa está en el otro mundo.
  • Hasta que los niños no crezcan, no podré descansar.
  • La vida comienza a los cuarenta.
  • Hasta que no me jubile, no viajaré.

No deja de ser la voz interiorizada de los padres:

  • «Hasta que no te comas las judías, no podrás tomar el postre».

¿Cómo se puede combatir esta manera de filtrar la vida? El primer paso es ser consciente de que se vive según este patrón. Y a continuación, consiste en darte permiso:

Ya eres lo suficientemente buen@ tal y como eres.

Sin más. ¿O es que lo dudas?

 

Clara y la penumbra – el arte amoral

Portada del libro Clara y la PenumbraClara y la penumbra fue escrita por José Carlos Somoza y publicada en Editorial Planeta en 2001. La novela fue ganadora del Premio de Novela Fernando Lara de 2001 y del Premio Internacional Hammett 2002 a la mejor novela policiaca del año.

Lo que más destaca de esta obra es la brillantez con la que se crea una atmósfera siniestra e inquietante, en la que encajan situaciones sórdidas de forma justificada.

¿Cómo es el universo de Clara y la penumbra?

Clara y la penumbra describe un mundo posible, alternativo al mundo real. La acción se desarrolla en un 2006 alternativo y futuro en el momento de escribir la obra, según un modelo ficcional verosímil. El lector colabora fácilmente con esta ficción desde el primer párrafo, que describe con detalle una obra hiperdramática o HD, en la que el lienzo es una persona.

La unidad básica es la investigación policiaca de un crimen. La trama trenza dos historias principales que convergen, la del universo de la Fundación Van Tysch y la de Clara Reyes, un lienzo hiperdramático. A su vez, el universo de la Fundación tiene algunos personajes principales, Lothar Bosch y la señorita Wood. La trama se divide en cuatro “pasos”, el último de los cuales es diferente en cuanto al tiempo, que se precipita hacia una resolución del caso.

Son las descripciones de las obras hiperdramáticas y de las acciones como los art-shocks y el arte manchado lo que llena a la obra de un tinte siniestro difícil de eludir.

¿Dónde transcurre Clara y la penumbra?

La historia transcurre principalmente en Amsterdam. La historia de Clara Reyes comienza en España, y después se traslada a Amsterdam para converger con la de la Fundación.

Los espacios más característicos son las dependencias de la Fundación Van Tysch, siendo el propio Bruno Van Tysch un espacio, casi un color de fondo, referenciado por el resto de personajes.

Los espacios más inquietantes son aquellos más exclusivos, decorados con adornos humanos, personas que trabajan como sillas, mesas, bandejas e incluso lámparas, al servicio de un mundo del arte sin consideraciones morales.

Únicamente uno de los personajes, Lothar Bosch, parece ser consciente de que los lienzos y adornos son personas con derechos y con necesidades, y su sensibilidad hacia ellos no será compartida en general por el resto de personajes, todos bailando al ritmo de un artista genial y terrible, Van Tysch.

Los personajes en Clara y la penumbra

Las acciones definen la naturaleza de cada personaje. Lothar Bosch, encargado de la seguridad de la Fundación Van Tysch y antiguo policía, parece el alter ego del propio Somoza, reflejando una cierta crítica a una parte del mundo del arte y del mundo de la imagen. Lothar es un héroe problemático en relación dialéctica con el universo Van Tysch.

Bruno Van Tysch es el personaje-espacio del que hablábamos, un personaje en la sombra que conocemos por referencias, la primera y más evidente su nombre, seguido de su ocupación, pintor-genio de arte hiperdramático. Este personaje solo aparece a mitad del libro en una intervención muy concreta e intensa, y desaparece de nuevo, sin dejar de ser mencionado de continuo. Van Tysch simboliza el arte moderno, el arte por el arte, el genio loco y temido.

Cita textual de Clara y la penumbra

Se acude a la psicología para dotar a los personajes de ciertas manías o miedos. Llama la atención que sea la figura del padre la que ha marcado a la mayoría de ellos, mientras que la madre de los personajes no se menciona, ni ningún personaje es padre o madre.

¿Cuál es el tiempo narrativo en la novela?

La acción transcurre en un mes del verano.

El tiempo es secuencial, sin embargo hay cierta simultaneidad al describir los acontecimientos que viven los personajes principales durante los días que transcurren desde la primera escena hasta el desenlace final.

El tiempo del “cuarto paso” de la obra, las cien últimas páginas, tiene una estructura mucho más ágil, que se mide por intervalos de horas de un mismo día.

El narrador en Clara y la penumbra

Se trata de un narrador omnisciente que conoce el mundo interior de los personajes principales y algunos de los secundarios. En otras ocasiones se mantiene al margen y describe las acciones, el tiempo y los escenarios. Los personajes están presentados a partir de la información que destilan en los diálogos y a través de las explicaciones del narrador.

 

Nunca, nunca sucederá…

Cuando tu guion de vida consiste en no lograr nunca tus objetivos

¿Eres una de esas personas que no se dedica a lo que realmente le gusta? ¿Quieres aprender sobre algo pero nunca te apuntas al curso que has mirado tantas veces? ¿Hasta ahora has sentido que perdías todo lo que buscabas lograr?

Quizá sea porque inconscientemente te has creado un guion de vida “perdedor”, que consiste en ponerte zancadillas o autoboicotearte con el fin de confirmar el fracaso. Si te ocurre esto, es importante que sepas que es por muy buenas razones.

¿Qué es el guion de vida?

Siguiendo a Eric Berne, el creador de la teoría del guion de vida, cuando somos muy pequeños decidimos sobre una serie de “detalles” tales como si nos vamos a casar o no, si vamos a tener hijos, a qué edad nos vamos a morir… El guion se fija entre los 5 y los 7 años y después dedicamos la vida a ir buscando aquello que lo confirma. La razón por la que lo creamos es que sirve como estrategia para sobrevivir en el entorno que nos toca.

¿Cómo se estructura el guion de vida?

Esta historia inconsciente que tanto pesa está muy influida por los padres, sin embargo, cada persona hace frente a las circunstancias de forma muy diferente. Los mensajes que recibimos se estructuran en mandatos, contramandatos y  permisos. De forma muy resumida:

  • el mandato es una orden que se interioriza: “Desaparece”,
  • el contramandato es una “orden positiva” que puede compensar a un mandato o funcionar exactamente igual: “Esfuérzate” y
  • el permiso es también una orden positiva, pero que permite salir adelante y no sucumbir a los mandatos: “Sé tú misma”.

¿Qué significa tener un guion perdedor?

Eric Berne distinguió 6 patrones de guion en función de todas estas decisiones, mandatos y permisos. Varios de estos patrones son “perdedores” y uno de ellos es “nunca”, es decir, “nunca podré lograr lo que deseo”.

Si tu guion de vida consiste en no lograr nunca tus objetivos te has trazado un camino que busca fallar, que se juega todo a una carta de un futuro que nunca llega: “Si me toca la lotería…”.

Grabado del mito de Tántalo
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El guion “nunca” parece estar basado en el mito de Tántalo, del cual hay varias versiones. Tántalo es condenado por Zeus a permanecer en un lago del que no puede beber, y bajo un árbol del que no puede comer los frutos. La idea que Berne trata de sacar del mito es la constante sensación de tener a mano la solución al problema y sin embargo no lograr nunca alcanzarla. Por eso, las personas con el guion “nunca” suelen contar sus problemas cada día como si no hubiera posible avance ni solución factible.

Existe incluso un verbo en inglés, “tantalize”, que significa tentar sin esperanza.

¿Cómo salgo del guion perdedor?

Parece un fracaso absurdo no intentar siquiera avanzar, pero quizá no tenemos la llave para abandonar esta conducta. Y sin embargo, la forma más rápida de dejar de repetir un patrón es ser consciente. Ser consciente y actuar; desde el adulto que somos, tomar decisiones. Hoy he leído un cartel en una tienda:

“Los grandes problemas se deben a no tomar pequeñas decisiones”.

Prueba a dar un paso, permítete actuar, eso que estás pensando, eso a lo que siempre le das vueltas, hazlo. Ese es el camino.

 

Tempus fugit, pero hay vida más allá de los cuarenta

En realidad el título podría ser: “Hay vida más allá de los cuarenta, por tanto, carpe diem”.

Sin embargo, mi reflexión sobre haber pasado con éxito (esto es, viva) los cuarenta, va más en línea con la noción de que el tiempo vuela, y las cosas no siempre van a estar ahí; las cosas desaparecen. Hace poco se destruyó un monumento natural llamado La Ventana Azul de Malta. Nunca he ido a Malta, pero ahora sé que, aunque vaya, nunca podré ver la Ventana Azul.

Otro ejemplo: la mayoría de las empresas para las que he trabajado ya no existen. Sí, has leído bien, la mayoría. Hay que decir que también la mayoría de ellas han desaparecido absorbidas por un holding o un grupo empresarial, y no se han hundido sin más (pero algunas sí).

Los famosos achaques de los cuarenta

Los cuarenta y la acumulación de musgo en tu vidaLos cuarenta te traen vivencias en las que no habías pensado. Por ejemplo, empiezas a tener problemas con la dentadura, con la vista, con el colesterol… y equivalentes. En mi caso, con la dentadura. Sí, han conseguido que vivamos hasta los cien años, perfecto, pero ¿sin piños? Cuando pienso en otros cuarenta años masticando, me vienen a la cabeza imágenes de los anuncios sobre dentaduras postizas que se mueven… ¿Postizas? Pero la gente que lleva dientes postizos es de la tercera edad… Sí, ciertamente el tiempo vuela y se lleva dientes y grados de visión, se lleva la frescura y se lleva energía vital.

Cómo se proyectan los cuarenta cuando se es pequeño/a

Cuando era pequeña, los cuarenta era la frontera entre ser pequeño y ser mayor. Cuando era pequeña para mí no había edades intermedias como “los jóvenes”, sencillamente, o se era pequeño, o se era mayor, y también se podía ser muy mayor: los abuelos. Así que no tenía ni la menor idea de lo que iba a ser de mí a partir de esta frontera tan marcada en mi imaginario.

Más adelante, pensaba que solo las personas a partir de los cuarenta pueden dedicarse a “cosas serias” como escribir literatura, ejercer un cargo político o ser médico. Así que diseñé un plan para rellenar el tiempo que quedaba hasta esa lejana frontera: hacer siempre cualquier otra cosa distinta a la que realmente deseaba hacer.

Yo pensaba que la vida iba a estar totalmente definida y cerrada a los cuarenta. Es como si se fuese a quedar impresa en un bonito cuadro: ya has llegado a todas las metas. Entonces, se supone que te has casado, que has tenido hijos, que has ido ascendiendo en tu carrera profesional y que ahora solo dejas que pasen otros cuarenta años, sin más. Así, puede que no tengas tanta energía (ni tantos dientes) pero parece como si diera un poco igual…

Cómo se vive realmente la vida a los cuarenta

Paseando a los cuarenta y captando detallesLo que he descubierto es que la vida vuelve a comenzar, no a los cuarenta, sino cada día. Nunca es tarde para comenzar algo nuevo, si bien el cuerpo te va avisando de nuevos límites. Pero el mayor límite es la creencia de lo que “no se puede” hacer a partir de cierta edad.

Gracias a este texto de Louis Hay, confirmé la idea de que pueden pasar aún muchas cosas en tu vida a partir de los cuarenta, e incluso algunas de ellas pueden ser las más importantes para ti y para tu misión. Puedes tener nuevas aficiones, puedes emprender un camino profesional distinto, puedes conocer a una persona especial, puedes tomar consciencia de la importancia de disfrutar el presente…

Además, hay premios. Uno de ellos responde al refrán:

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

Puedes coincidir con personas mucho más jóvenes (incluso algunas podrían ser tus hijos, por edad) en trabajos, cursos, actividades, etc. y observar que la experiencia de la vida es un grado. Puede que sobre esa actividad concreta sepas lo mismo que ellos/as, sin embargo, has vivido situaciones en empresas, en otras actividades, en diferentes momentos de tu vida, que hacen que te sea más fácil manejar la incertidumbre.

A los cuarenta, más que nunca, es importante abrirse a lo desconocido y a lo nuevo, empezar cada día de cero, observando el presente, abriendo la mente a todo lo que te rodea. También puedes encasillarte en el bonito cuadro que pintaste cuando eras pequeño/a, la foto perfecta de familia. Es otra forma de plantearse el resto de tu vida, tus otros cuarenta años o más.

Yo elijo vivir el presente intensamente, decir sí a lo que va llegando, abrirme a evoluciones inesperadas, a tomas de conciencia que no sabía que iban a darse. Elijo no sumar años a una foto estática. Elijo vivir años en una imagen siempre renovada.

¿Y tú? ¿Qué eliges?

Puro teatro: imitación de la vida

Vista de las ruinas del teatro de MéridaAnte las ruinas romanas del teatro de Mérida, el teatro se siente vivo y eterno, como si siempre hubiese estado ahí, como si siempre hubiese sido necesario, y como si no pudiese evitar revivir cada verano en el Festival de Mérida. El teatro de Mérida se construyó en el año 15 antes de Cristo, y unos años después, en el 7 a. C., el anfiteatro.

La guía del Consorcio de Mérida explica con detalle qué zona del graderío ocupaba cada clase social: patricios, plebeyos, esclavos… y mujeres. Había un espacio “VIP”, reservado justo frente a la orchesta, para las autoridades.

Teatro romano de Mérida, vista desde las gradasEl espacio de escena es enorme, tanto, que cabe imaginar a muchos artistas entrando y saliendo: actores, músicos, danzarines, mimos y pantomimos. Situarse en este espacio, ahora de arena pero en su día de tablas de madera, y mirar hacia las gradas, sentir cinco mil miradas sobre ti… La máscara te cubre, pero al tiempo te separa del público, obligándote a proyectar la voz más alto, más fuerte.

En el anfiteatro, la guía relata los juegos que llevaban a cabo los gladiadores luchando entre sí o con fieras, y comenta que eran esclavos, esclavos muy deseados e incluso envidiados por los plebeyos, que eran hombres libres pero con muy pocos medios.

Entonces, surge la pregunta: ¿también eran esclavos los actores del teatro?

En ocasiones, sí. Cuando había que matar a alguien en escena, se sustituía al actor por un preso condenado a muerte, ya que los actores que intervenían en las obras llevaban siempre una máscara, e incluso el mismo actor hacía varios personajes, masculinos y femeninos: las mujeres todavía no subían a escena, y posteriormente solo hacían pantomimas (no hablaban).

Relieve de escena teatral con máscarasDe pronto, puedo visualizar el desasosiego de ese “no actor” al que sacan a escena a la fuerza, enmascarado, del que todos saben que no es un actor, sino un condenado, y quien va a morir en directo, y en público. Hay excitación entre los asistentes, van a ver un espectáculo de realidad del que “produce la catarsis de las pasiones trágicas”.

Siempre es difícil manejar la muerte en escena: ¿qué se hace con el muerto, aunque sea fingido? ¿Se queda en el suelo el resto de la escena? Por eso las muertes se dan al final…

Estos juegos de escena me evocan el primer texto que describe por qué a los humanos nos es tan agradable ver representar escenas “como si” fuesen reales. Aristóteles nos dice que las actuaciones son imitaciones, mímesis de la vida real. Lo explica en la Poética (siglo IV a. C.), que ahora es un clásico de obligada referencia en la teoría de la Literatura.

Esos artistas romanos imitaban individuos en la acción, haciendo cosas, ante un público de más de cinco mil personas, que acudían de día y sin pagar precio para contemplar a otros imitar la vida.

¿Qué es lo que hace que viendo imitar la vida disfrutemos tanto?

Es una pregunta que también trató de contestar Aristóteles. Según él, dos causas han generado el arte poético:

  • La actividad imitativa es connatural al ser humano desde la infancia: aprendemos imitando.
  • Todos los seres humanos disfrutan de las imitaciones.

Es importante puntualizar que Aristóteles incluye en las imitaciones las que se realizan mediante el ritmo, el lenguaje y la música, incluyendo entonces danzarines y músicos.

Además, la tragedia produce la catarsis de las pasiones trágicas: compasión y miedo. Y la compasión surge de la conciencia de que los males que suceden a otros podrían sucederle a uno mismo/a, como en el caso de ese condenado que muere en escena ante un público sobrecogido.

Hay una pregunta que me interesa más, sobre todo desde que recibo clases de improvisación en la Escuela de Jamming:

¿Qué es lo que hace que disfrutemos imitando la vida? ¿Qué nos empuja a (ex)ponernos delante de un público, incluso (sin) con máscara?

Máscara del teatro en Augusta EméritaParte de la respuesta ya nos la ha dado Aristóteles arriba: todos los seres humanos disfrutan de las imitaciones, y esto incluye tanto a los que imitan como a los que ven las imitaciones.

Existe una magia en hacerse pasar por otra persona, en llevar una máscara que crea en sí misma un personaje siempre distinto a uno mismo, incluso si es muy parecido. La magia de ser otro, de vivir realidades que no podemos vivir siendo la persona real, pero sí siendo el personaje, la excitación de saberse observado y precisamente por ello crecer en el escenario y entregar algo de dentro que momentos antes no sabemos ni lo que es, ni si va a poder salir o va a quedar encerrado bajo la capa del miedo.

Ante las ruinas del teatro de Mérida, ante mí revivieron aquellos artistas con máscara, haciendo juegos de escena (ludi scaenici), jugando a ser otros siendo ellos mismos.

La lista de lo que nunca sucede

Una de mis listas de tareasArrastro una lista de tareas, de “buenas acciones” que sin embargo nunca suceden.

La mayoría de ellas son tareas que estaría bien o muy bien hacer, pero que no son cuestión de “vida o muerte”, o siendo menos exagerados, no impiden que siga viviendo cómodamente.

Sobre todo eso, estas tareas en muchas ocasiones se contraponen a la comodidad, lo cómodo parece atraerme como un imán, resultando lo más placentero que se puede hacer.

La lista de tareas se sitúa en un futuro incierto que nunca llega, y al tiempo nos saca continuamente del aquí y ahora.

Cabe preguntarse si es necesario realizar las tareas de la lista, o si es necesario si quiera mantener una lista. La mayoría de estas buenas acciones que nunca acaban de realizarse no parecen provenir de mi voluntad de hacer lo que mi misión me pide, sino más bien de un esfuerzo extra no justificado, una “fuerza de voluntad” de la que tira de riñones.

¿Qué contiene esta lista de tareas?

La lista contiene actividades y tareas variopintas. Un ejemplo: comprar el cartucho magenta de la impresora. Pues… no, no suelo imprimir en magenta, más bien, imprimo en negro sobre blanco. Resulta que la impresora que tengo es muy señorita, y no se digna a imprimir en negro si no tiene dentro de sí un cartucho de tinta magenta. ¿Mi solución hasta ahora? Me acerco a la copistería y hago unas copias. Sería más económico comprar el cartucho magenta, pero resulta mucho más cómodo acercarse a la copistería.

Otro ejemplo: leer un libro concreto. El libro está sobre la mesa, de hecho, hay varios libros sobre la mesa. Ha habido libros que, una vez abiertos, he leído tan rápido que han superado al que está sobre la mesa cogiendo polvo. Los libros “exitosos” van pasándole por encima al otro, literalmente, se apoyan sobre él y lo dejan en un segundo plano que hace el efecto de que el libro ha desaparecido. Pero resulta que leer este libro es una “buena acción” relacionada con unos estudios, o con un plan de carrera. Y por eso sigue sobre la mesa, ajeno a lo que le mantiene tan cerca y tan lejos de los libros que merece la pena leer.

Algunas tareas se caen por su propio peso, como lavar el coche. ¿Sirve de algo? Realmente tengo mis dudas. Sin embargo, cuando ofreces a las amigas que esta vez llevarás tú el coche para ir al gimnasio, por ejemplo, quizá realices esa tarea y consigas tacharla de la lista: al fin y al cabo, el coche lo lava una máquina o lo lava otra persona.

Sucede en casa, sucede en la oficina

Cuando estás en una oficina durante 8 horas al día como mínimo, haces muchísimas tareas de una lista de absurdeces. La empresa avanza “a pesar” de este tipo de tareas que no sirven para nada. Una de las tareas más absurdas suele ser leer y responder al correo. Puede parecer que envío a la papelera de lo absurdo algo muy importante, como es la comunicación. Pero no. La prueba está en que, cuando estás de baja unas dos semanas, a la vuelta la mayoría de correos estériles han dejado de llegarte, y curiosamente, las personas han conseguido solucionar sus propios problemas sin ti. O bien, revisas una conversación que comprende unos setenta correos y ves cómo en ese diálogo propio de Samuel Beckett, se van resolviendo unos temas, y otros van quedando dolorosamente atrás, formando parte de una lista de lo que nunca sucede similar a la que yo arrastro por casa.

¿Cuál es entonces el fin de las listas de tareas?

Pienso que se trata de acallar los sentimientos de culpabilidad por no estar haciendo lo realmente importante, que curiosamente no se logra realizar debido a estas listas…

A mi mente vienen dos referencias:

  • Primero lo primero, de Stephen R. Covey, algo que se ha trastocado hasta la náusea, porque con el razonamiento bienintencionado de que primero ha de hacerse lo que es importante, las organizaciones cuelan en este “primero” aquello que ni es importante ni lleva a ningún objetivo importante para la persona que tiene que realizarlo.
  • No estés ocupado, de Scott Young, que explica cómo en sus retos más importantes tenía la agenda de su día a día prácticamente vacía. Esto no significaba que no hiciese nada, podía estar doce horas haciendo lo mismo.

Entonces, lo realmente importante es lo que es crucial, básico, ineludible para ti. Para nadie más, para ninguna institución, ni para la sociedad, ni para las amigas que verán el coche sucio. No, para ti. Y ahí puedes darte cuenta de que lo que está en la lista de lo que nunca sucede no es en absoluto crucial, básico, ineludible para ti.

Busca tu voz interna, y encontrarás una lista muy corta, tal vez de un solo elemento, por lo que ya no necesitas una lista. Eso sí, necesitas enmarcar en algún sitio visible la frase o palabra que viene a tu mente, para no dejar de realizar lo que sí eres tú, para no perderte en listas de tareas que te mantienen ocupado/a y te hacen creer que eres productivo/a o que estás haciendo algo de valor.

Me gustaría conocer tu opinión, ¿te ocurre lo mismo? ¿Las listas de tareas te persiguen? ¿Tal vez se trata de miles de post-its? Deja un comentario.

Papeles – Pensar pintando

Joaquín Ureña, el artista humilde

Joaquín Ureña es uno de esos artistas humildes que escasean, pues casi parece un oxímoron esta combinación de palabras: artista y humilde.

De una forma muy generosa, el acuarelista explica cómo ideó sus obras, qué técnicas utilizó y qué es el número áureo: no en vano ha sido profesor de pintura durante años.

¿Dónde ver su obra?

Una de las esculturas a la entrada de la exposiciónConocerle en la exposición Papeles de la Sala Baluarte, en la Casa de la Cultura de Tres Cantos, ha sido gracias a una visita guiada por el propio autor organizada por la Universidad Popular de la misma ciudad.

Joaquín Ureña va transmitiendo su disfrute del arte mientras explica su trabajo. Así, dice que «piensa pintando», o que «juega con la luz y los colores». Se entusiasma al explicar cómo ha reflejado la iluminación en unas acuarelas gigantes (de 1,95 x 1,95): «lo divertido es que la luz de este foco se refleja aquí…».

La exposición está abierta hasta el 31 de marzo, de lunes a viernes de 17 a 21, sábados y domingos de 11 a 14 y de 17 a 20.

Lecciones para otros artistas

La generosidad

Además de la humildad, otro de los valores que reflejó varias veces Joaquín Ureña es la generosidad:

  • Permitió que se realizasen fotografías sobre su obra.
  • Prestó sus estructuras para medir las proporciones de cada cuadro según el punto de fuga, explicando cómo hacerlo. Cada asistente a la visita pudo comprobar cómo sus cuadros se adaptaban a las proporciones áureas.
  • Realizó un esbozo de un retrato en vivo, como los que colgaban en la segunda parte de la exposición, y siguió recordando que no pasa nada por estropear un lienzo, porque se puede volver a empezar en el siguiente.

Esbozos realizados por el artista en vivo

El arte como juego

Para Ureña la pintura es un juego. Cuando somos pequeños, disfrutamos haciendo trazos en un papel. Observamos un objeto y tratamos de reflejarlo. Él afirma: «los que seguimos pintando somos como los niños», porque el pintor no ha perdido ese disfrute, ese compromiso con la magia y con la observación.

Cometer errores

Detalle dentro de las grandes acuarelas de PapelesSe pueden aprender muchas lecciones de Ureña, y no solo la humildad. Este acuarelista no tiene miedo al error: «muchos lienzos te los cargas, tengo muchos lienzos estropeados en casa». De hecho, este es el origen de parte de la exposición Papeles, la sección llamada Photocall, esculturas de tamaño ligeramente mayor al natural realizadas a partir de papeles descartados. El error ha de considerarse como experimentación, y como parte natural del proceso de buscar.

Para pintar en el crepúsculo tienes 20 minutos al día, si no te das cuenta se te pasa la hora y lo destrozas, porque la luz cambia muy rápidamente.

Ser constante

Detalle en una de las acuarelas gigantesJoaquín Ureña, es además, constante.

Me levanto, pinto, como, pinto, ceno, pinto, veo todos los canales hasta la una y pico, leo novela negra y me voy a dormir.

Sin duda, otro rasgo de los grandes artistas que viven de su profesión es la constancia, el dedicar la mayoría de su tiempo a producir.

Acuarelas realizadas por el artista en verano

Las imágenes que aparecen en este artículo han sido tomadas en la exposición y con permiso de Joaquín Ureña.

 

Una leyenda de amor torturado

Si te cuentan una leyenda de amor torturado el día de San Valentín, piensas que merece la pena difundirla, recordarla, rescatarla del siglo en que ocurrió.

Es el caso de la relación de amor que hubo entre José Cadalso y María Ignacia Ibáñez, que debido a esto sería llamada «la musa del Romanticismo«.

José Cadalso y su amor torturado
José Cadalso

María Ignacia Ibáñez era actriz en el teatro de la Cruz, el único abierto en la época, pues el Conde de Aranda había ordenado cerrar el resto de teatros, considerando demasiado vulgar su existencia en un siglo de Ilustración.

José Cadalso la vio actuar y se enamoró «en el acto» (pobre juego de palabras que me ha salido). Testimonio del gran amor que sintió él por ella, pero también ella por él, son sus cartas.

El proyecto conjunto era casarse en la iglesia de San Sebastián (en Atocha). Ya vivían juntos, sin embargo, el matrimonio no pudo celebrarse porque ella murió antes, de tifus.

José Cadalso cayó en una fuerte depresión y locura absoluta, y así, cuenta la leyenda (una leyenda que él mismo pudo difundir) trató de desenterrar su cadáver, que yacía en el cementerio de esta misma iglesia, y que hoy es un bonito vivero que da a la Plaza del Ángel. El Conde de Aranda habría sabido de este proyecto y consiguió frustrar el intento de desenterrar a María Ignacia.

José Cadalso se trasladó a Salamanca, quizá por ver si dejaba de hacer locuras de amor siniestro, y a la vuelta escribe la obra Noches lúgubres, donde refleja toda esta historia tan maravillosa y espeluznante de la exhumación del cadáver de su amada, más propia del Romanticismo que de la época en que se escribió, el Neoclasicismo.

Iglesia de San Sebastián
Iglesia de San Sebastián

Así que cuando paseéis cerca del vivero de la iglesia de San Sebastián, recordad que allí estuvo enterrada aquella mujer madrileña, tan magnética que volvió loco a uno de nuestros grandes escritores.

Hoy Blanca Hernández, una gran conocedora de Madrid y guía turística en nuestra ciudad, nos ha contado varias de estas historias y leyendas en el curso de Mujeres de Madrid del de la Concejalía de la Mujer del Ayuntamiento de Tres Cantos. Yo me he quedado con esta, porque me ha parecido la más bella y torturada, pero ya os hablaré de alguna que otra más.

El triunfo de lo socorástico

Lo socorástico está ganando terreno en el mundo actual.

Cada vez más empresas, personalidades públicas y hasta personas de a pie están adoptando el código socorástico en su día a día.

Lo socorástico en las redes

Haciendo un análisis de las páginas web, podemos observar que la mayoría están incorporando, mensajes, estilos e imágenes socorásticas. Por ejemplo, si analizamos la página web del blogger Scott H. Young, posee varios elementos socorásticos en su diseño:

Un blog socorástico

Por poner algún contraejemplo, la página web del movimiento slow, tiene muy pocos elementos socorásticos, lo cual no deja de ser paradójico:

Una página no socorástica

Lo socorástico en las empresas

Como sabemos, en las empresas socorásticas no hay ningún horario, la mayoría de profesionales trabajan desde casa con equipo puntero que suministra la propia organización. Cuando visitan clientes, queda patente el estilo de alto nivel y exquisito diseño tanto en su aspecto personal como en las presentaciones que realizan, siempre desde una posición consciente y adulta.

La mayoría de las empresas realmente socorásticas son muy modernas, algunas de ellas son startups, otras son empresas de diseño, marketing o publicidad. En todo caso, se trata de un estilo de organización opuesto a las gigantes multinacionales, que tratan de imitarlo sin éxito, porque uno de los rasgos socorásticos más valorados es la simplicidad, la claridad.

Famosos socorásticos

Los famosos también se apuntan a la corriente socorástica, sin embargo, al igual que ocurre con las empresas, muchos de ellos no hacen sino imitar burdamente el nuevo estilo.

Las mujeres socorásticas casi no llevan maquillaje, llevan un estilo natural pero impecable, el pelo muy limpio, ropa floja de tejidos como la seda. Los hombres socorásticos llevan la barba perfectamente afeitada, el pelo corto pero sin ningún producto que lo fije, llevan ropa suave y suelta. Tanto unas como otros llevan usualmente calzado muy caro y extremadamente cómodo.

Las actrices socorásticas más mencionadas son Charlize TheronGwyneth Paltrow, mientras que los actores que adoptan esta corriente son George Clooney o Ryan Gosling, nominado al Oscar como mejor actor por La La Land. No solo hay personalidades socorásticas entre los actores y actrices de Hollywood, pero desde luego, no las hay entre los famosos de segunda, ya que un rasgo definitorio de lo socorástico es su clase y su exclusividad.

El placer de lo socorástico

Sin duda alguna, si lo socorástico está tan de moda es porque produce placer a los sentidos, a la manera en que lo expresaba Walt Whitman en Hojas de hierba.

Además, «los socorásticos», como ellos mismos se autodenominan ya, son esencialmente feministas, defienden vivir en un estado de consciencia elevado, practican el mindfulness, disfrutan de la naturaleza desde el punto de vista de la Unidad y del Todo y practican el amor a uno mismo a lo Louise Hay. El punto más criticado de lo socorástico es que los lazos personales que establecen son demasiado laxos, sin exigencias ni posesiones ni celos, lo cual está bien, pero rozando la indiferencia. No obstante, los socorásticos defienden la necesidad de relacionarse de adulto a adulto, y se sienten cómodos en este tipo de relación.

¿Te apuntas a la corriente socorástica?

Ser Autónomo es ser Adulto

¿Cómo ser autónomo y no morir en el intento?

Escribo este post para derribar algunos mitos sobre trabajar por cuenta propia, muchos de los cuales están explicados en posts y artículos escritos por personas que nunca han trabajado por cuenta propia. Al ser así, al desconocer de primera mano de qué se trata todo esto de ser freelance, se han creado una imagen del autónomo que no comparto.

Yo voy a hablar del autónomo que trabaja desde casa y cuyas herramientas de trabajo son un ordenador y a veces un teléfono.

¿Cuáles son los mitos de los que se habla?

El autónomo trabaja en pijama

El desayuno de un autónomoBien, habrá muchos que lo hagan, no es mi caso. La descripción habitual es que el autónomo prácticamente se arrastra como un ser invertebrado desde su cama a su escritorio, sin vestirse, sin ducharse y sin desayunar.

Esta creencia da por hecho que el que trabaja por cuenta propia no es capaz de concebir otra forma de vivir que «dormir más» y luego hacer como cualquier trabajador por cuenta ajena: sentarse en una silla.

Pero el autónomo puede: pasear a su perro, llevar a sus niños al colegio, trasladarse a un espacio de trabajo, trabajar documentándose en bibliotecas, trabajar desde una cafetería, si tiene un trabajo creativo, dar un paseo para inspirarse en busca de nuevas ideas.

La jornada del autónomo no tiene fin

La jornada del autónomo no es infinitaEn efecto, si seguimos considerando que el autónomo es ese ser que busca ante todo la comodidad (no se viste, no sale, duerme más), pues su jornada no tendrá fin porque se tratará de una persona incapaz de organizarse. Además, parece la única razón por la que se piensa que un autónomo no tiene horarios: hace falta «muchísima» disciplina. Algún autónomo incluso asegura que se pone horarios y que se viste como si fuese a la oficina.

Por suerte, hace muchos años que leí por primera vez a Ernie Zelinski, que afirma:

La moral del trabajo es la moral del esclavo

El esclavo piensa que hay que tener un horario porque si no, no se rinde, y hay que vestirse de pimpollo porque si no, no se trabaja.

Tengo dos objeciones al tema de la jornada del autónomo, una por defecto y otra por exceso:

  1. ¿De verdad, de verdad «hay que» trabajar 8 horas al día? ¿O diez, o doce? Me parece que esto arrastra un concepto de la era industrial. Lo importante es ser productivo, no estar sentado delante de un ordenador durante horas, como ocurre en una oficina. Si en países avanzados se defienden jornadas de 6-7 horas, es porque es posible, y probablemente más racional.
  2. ¿De verdad que es tan grave que un trabajo se viva como una pasión? Muchos autónomos «de ordenador» somos «creativos», es decir, trabajamos inventando, pensando, imaginando, fantaseando. Y esto mola hacerlo hasta las tantas, o los fines de semana. En mi caso no trabajo hasta tarde, pero sí los fines de semana: si la inspiración me encuentra un sábado por la mañana, la sigo. Eso de tener que poner barreras entre la vida personal y la laboral significa que lo laboral es malo, es algo que hay que mantener enjaulado.

El autónomo se pone a hacer tareas del hogar

El hogar de un autónomoEsto es muy gracioso. Las explicaciones habituales es que claro, teniendo tan cerca la cocina, pues te vas a ella, te pones a comer… O bien, te pones a limpiar, o te vas a comprar el pan… Como si estas tareas fuesen placeres preferibles al hecho de trabajar y ser útil. O como si en la oficina no comieras nada, ni atacases la máquina del vending.

Esto responde a la creencia de que los trabajadores somos como niños, y necesitamos por tanto un supervisor (padre) que nos vigile, no sea que nos distraigamos y nos pongamos a jugar. En cambio, «nunca» nos distraemos en una oficina, estamos «todo el rato» rindiendo al 100%…

En mi opinión, un Autónomo Adulto se distribuye el tiempo como quiere porque el que trabaja por cuenta propia es el responsable. Aquí otra palabra clave, la responsabilidad. En un trabajo por cuenta ajena, la responsabilidad es del empleador, nosotros somos niños tratando de escaquearnos, ¿verdad? Pues bien, si uno se escaquea de su propio negocio y no cumple fechas, lo más probable es que acabe «en la calle», con la diferencia de que no tendrá derecho a paro.

He trabajado con muchos freelance porque el sector e-learning se apoya mucho en ellos: diseñadores, productores de vídeo, informáticos, guionistas… Y suelen ser hiperresponsables, entregan sus trabajos con antelación, y con los estándares de calidad que se les marca. No creo que estas personas se pongan a hacer tareas del hogar, y si lo hacen, será para descansar, repartirse sus tiempos o porque consideran, como yo, que no es necesario autoexplotarse.

La soledad del autónomo

telefono-996-min¿La soledad del autónomo? Pensaba que solo existía la soledad del líder.

Bien, es cierto que el autónomo que trabaja desde casa frente a un ordenador no está viendo personas, a menos que conecte su webcam cuando mantiene conversaciones a través de Skype, por ejemplo. Lo que sí es probable es que «oiga» personas, ya que mantiene habitualmente conversaciones telefónicas con sus clientes. Además, el autónomo gusta de comer al menos tres veces al día, pudiendo ser algunas o todas ellas fuera de su casa: desayunos de empresa, comidas con clientes…

Es el freelance quien tiene en principio la disponibilidad de asistir a eventos que como trabajador por cuenta ajena están vetados, como son muchas ferias y exposiciones que se dan en «horario laboral».

Además, volvemos a la creencia de que somos niños, y por tanto necesitamos a nuestros amiguitos del cole. Un trabajador por cuenta ajena está igual de solo que un trabajador por cuenta propia, lo que pasa es que puede hacerse la ilusión de que está acompañado por sus colegas de trabajo, que en realidad no están ahí para mitigar su soledad, sino para trabajar también, cada uno en lo suyo. Hay ciertas conversaciones informales que se pierden trabajando desde casa, cierto. Pero también se gana algo que no tiene precio: la libertad.

Si aun no te convence esto, puedes escuchar este audio de Brigitte Champetier de Ribes sobre cómo el Adulto camina solo en su vida.

¿Cuál es tu experiencia? Me encantaría saber cómo te va trabajando desde casa por cuenta propia. Deja tus comentarios abajo.