La obra inacabada

Wayne W. Dyer menciona mucho en Tus zonas erróneas el concepto de producto acabado, como aquel estado estático que parece que queremos alcanzar los seres humanos, y que se corresponde más con la muerte que con la vida. A partir de los 40, si no antes, muchas personas empiezan a verse a sí mismas como un producto terminado, se dicen:

Yo soy administrativa, estoy casada, tengo dos hijos, me gusta el pilates y suelo ver Canal Setenta.

Esto puede hasta estar escrito en piedra. En todo lo que hacemos, necesitamos ver el producto acabado. Es como la angustia que puede producir no ver nunca acabada La Sagrada Familia, siempre con grúas a su alrededor que impiden tener la sensación de final. Y buena parte de esta necesidad puede deberse a la forma en la que hemos aprendido a percibir el mundo.

Desde que éramos pequeñ@s, nos han dicho: esto es redondo, esto es cuadrado, esto es triangular. Esto es rojo, esto es amarillo, esto es verde. Esto es un árbol, esto es un gato, esto es una piedra. Y esa forma de identificar los estímulos se convierte, a lo largo del tiempo, en una necesidad de concretar, por tanto, de perder matices y quedarse sin nombres para lo que es intermedio, o tener que crearlos también.

Pero resulta que todo es una nube incierta de electrones que giran alrededor de un pequeño núcleo de protones y neutrones en medio de un inmenso espacio vacío. Al mirar alrededor, tendríamos que ver una nube de puntos cambiantes cuya posición no podríamos determinar. Y, entonces, nos daríamos cuenta de algo muy importante:

En cada momento, el puzle está completo. No falta nada.

Imagen de NASA and the European Space Agency. – http://hubblesite.org/newscenter/archive/releases/2004/07/image/a/warn/, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1499793.

Es un baile

Es un baile. Lo curioso es que la vida en el espacio-tiempo cartesiano cada vez se parece más a esa nube incierta a la que también se buscan nombres, como «entorno VUCA», y «la IA está revolucionando la forma en que… (completar con lo que se quiera)». Y, ante la falta de asideros, las personas sienten una gran ansiedad, porque ya nada es redondo, cuadrado o triangular, ni rojo, amarillo o verde, ni un árbol, ni un gato, ni una piedra. Esto es x, pero también es y, z y un montón de cosas, según se contemple desde las perspectivas a, b, c, o n.

A veces, la vida te da la oportunidad de levantar la cabeza de las concreciones que dabas por terminadas, empezando por ti mism@, y, cuando ves la enorme nube, una vez pasado el momento de ansiedad, te das cuenta de que el espacio está abierto y que puedes crear con él otro baile completamente distinto. De pronto, cuatro paredes te parecen un lugar muy estrecho, ya estés en tu casa o en una corporación internacional, porque no dejan de ser concreciones «acordadas» o «falsas», muy limitadas. Todo está en constante movimiento y vibración, de manera que, agarrarse a cualquier cosa o persona es bastante absurdo. Además, las concreciones de los objetos son una pesada carga: haz una mudanza y lo comprobarás rápidamente.

Libertad para asentir

Todo esto no significa que una persona sea «completamente libre» como para decidir qué forma va a tomar todo y cuál es su misión. Pero sí es muy libre de aceptar plenamente lo que va llegando a su vida, alineándose con aquello que le toca hacer, al servicio de un montón de «fuerzas o energías» que dirigen el cotarro.

El caso es que cada cual tiene su misión, una misión que va conociendo según avanza su vida y, sobre todo, cuando mira atrás y ve cómo todo encaja. También cada cual tiene su destino, algunos verdaderamente duros, como el hombre condenado a cadena perpetua por un delito que no cometió o como el joven que queda postrado en una silla de ruedas por un accidente. Ahora esto se ha puesto «plomizo», se nota la carga y lo que pesan estos destinos. Pero hay una buena noticia: cualquier misión de vida, cualquier destino, se aligera enormemente cuando se recuerda que esto es un baile en perpetuo movimiento y que el dibujo que forma es siempre perfecto, es «lo que es». El abrazar este destino, el alinearse con lo que va llegando, es lo que da la felicidad.


Descubre más desde Desarrollo personal a golpe de texto

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario