La casa del ermitaño

Ya os he hablado de La poética del espacio, de Gaston Bachelard, un libro lleno de imágenes, tesoros, recovecos, secretos… En él, Bachelard muestra interés por los espacios en los que hemos estado en soledad, tanto si la hemos disfrutado como si la hemos sufrido.

El habitante del refugio, de la choza, es un ermitaño, un solitario que vive su casa como un nido en el que agazaparse.

La cabaña es la soledad centrada, la extrema soledad ante Dios.

De pronto, lo que era una simple caja superpuesta en un edificio impersonal, se convierte en la cabaña de un ermitaño en la que puede centrarse y ahondar en su soledad. De esta manera, quien se acurruca en ella puede preferir que haga frío fuera, que haya un «invierno ruso», para poder sentir el refugio que supone su hogar.

Tenemos calor porque hace frío fuera.

Es interesante que en inglés cabaña se dice cabin, que es también cabina, camarote, barraca… La cabina evoca imágenes de un espacio más reducido aún.

Cabaña con luz encendida en un bosque nevado al anochecer

Fósiles de duración

Dentro del espacio de la casa, el tiempo se para. Es un «tiempo suspenso» que invita al ahondamiento psicológico y a las narraciones cercanas al sueño.

Bachelard se pregunta por qué nos saciamos tan pronto de la dicha de habitar, por qué no hacemos durar las horas en la casa, por qué no nos levantamos cada día sintiéndonos Robinson Crusoe, reinventando la casa a través de sus objetos, conectando el pasado con el día a día. Es como una búsqueda del tesoro en la que, cada día, al mirar los mismos objetos, libros, adornos, relojes, cofres, fotos…, arrojamos sobre ellos una luz nueva y logramos verlos como por primera vez.

Estos objetos que vienen de tan atrás están engarzados en «bellos fósiles de duración», concretados por largas estancias. El inconsciente está felizmente instalado en este tiempo suspenso de horas infinitas, las que se adhieren a cada objeto convirtiendo la casa en una especie de museo arqueológico que vuelve a la vida cuando prestamos atención.

La ensoñación que da vida a los objetos

Y aquí entran los rincones de los que hablábamos anteriormente.

En un espacio como el rincón, podemos dejar pasar las horas sin hacer más que observar los objetos, tal vez imaginar sus vivencias, o incluso imaginar lo que el objeto pensaría de nosotros. Este es el campo que interesa a Bachelard, el de la ensoñación, el de la imagen creada por la mente en contraposición con la imagen real del espacio: ¿quién preferiría ver el plano real del cuarto de El cuervo a imaginarlo?

La vivencia desde el rincón es mucho más grande que el rincón mismo. Porque el rincón nos iguala: si nos situamos en esa esquina o «caja abierta», el espacio que ocupamos es el que define el refugio improvisado, que más parece un nido que una estancia completa.

La necesidad de contacto humano

A pesar de todos estos entretenimientos mentales, estas ensoñaciones que conllevan horas de ensimismamiento, el ermitaño vive en soledad, y a veces necesita ver a sus semejantes.

Hay muchas personas solas, dentro de su casa-como-celda. Ya escribí sobre ello cuando observaba a una vecina del barrio sentarse en un banco a diez pasos de su casa, vecina que ahora tendrá que permanecer sentada dentro. O cuando describí los eufemismos que giran en torno a los singles y sus actividades.

Muchos ermitaños ya vivían la mayor parte de sus días con «distancia social». Simplemente, no tenía nombre. Para trascenderla, hacían actividades en las que poder relacionarse, manteniendo grupos de amistades y tal vez teniendo pareja. Ahora esto no es posible, de manera que no se equilibra la vivencia fundamentalmente introvertida del ermitaño en su choza.

Así, cuando se habla de las medidas de desconfinamiento, pienso, no ya en el espacio que habitamos, sino en la forma en que lo hacemos, algunos en soledad, otros «excesivamente» acompañados.

No es posible no estar donde se está. Parece de perogrullo, pero es otra forma de decir que solo puedes estar aquí ahora. Aun así, si ocupas plenamente tu rincón y le das vida a los objetos que te acompañan, ampliarás tu experiencia y será menos dura.


¿Cuál es tu caso? ¿Tienes un rincón en el que te gusta acurrucarte? ¿Has reparado en los objetos que forman parte de tu vida?

Gracias por leer y por dejar comentarios 🙂

La casa como refugio, como celda

Cuando en el post anterior hablaba de la rutina, mencioné La poética del espacio, de Gaston Bachelard. Es un libro perfecto para leer en el refugio de una casa, porque es precisamente de lo que habla, de la propia casa y sus desvanes, sótanos, rincones, armarios, cofres… Como imágenes que perviven en nuestro inconsciente. La representación de una casa es una imagen que todos compartimos:

Logotipo de Quédate en casa del grupo A3, con el icono de una casa
Si nos piden dibujar una casa, pondremos tejado y chimenea, sin embargo, no se parecerá mucho a nuestra verdadera casa.

La casa como refugio

Cuando leí este libro por primera vez, vivía en un espacio en el que estaba a gusto. Mis sensaciones sobre aquel hogar iban en línea con las de Bachelard.

Cuando he retomado el libro ahora, lo que más me ha llamado la atención es que el autor habla de «espacio feliz«:

En este libro se examinan las imágenes del espacio feliz, espacios defendidos contra fuerzas adversas, espacios vividos, imágenes que atraen: la poética de la casa.

Según avanzaba en la lectura, el contraste entre mis sensaciones y las descritas por Bachelard iba en aumento. El autor describe la casa como un espacio de intimidad protegida, y el habitar como el germen de la felicidad central.

En contraste, fuera de la casa está el espacio de la hostilidad. Por tanto, la casa es un lugar de protección.

Yo soy el espacio donde estoy. – Noël Arnaud

En este espacio que somos porque lo ocupamos, podemos felizmente revivir un paseo por un camino, de tal manera que el recuerdo del sendero sirve de ejercicio. Esta forma de expresarse de Gaston Bachelard podría hacernos pensar que tampoco salía demasiado y que, cuando salía, su ejercicio físico se limitaba a dar largos paseos por el campo. Parece que aprecia más recordar haber paseado que dar el paseo mismo, hasta que dice:

El paseo es el símbolo de la vida activa y variada.

La libertad de movimiento que ahora nos falta es ese paseo de la vida activa, y puede compensarse con la vivencia de un hogar feliz y acogedor.

Espacio de trabajo reconvertido en gimnasio, al girar la pantalla del ordenador
Cómo reconvertir el espacio de trabajo en gimnasio en unos segundos.

La casa como celda

Llegué a otra explicación que en la primera lectura no me llamó la atención y que me ayudó a entender las descripciones de espacio confortable. Y es que, según Bachelard,

Los habitantes de la gran ciudad viven en cajas superpuestas, en una especie de lugar geométrico, un agujero convencional.

Todo me cuadró cuando vi «cajas superpuestas». Toda la explicación de la verticalidad de la casa en el eje sótano-desván no aplica cuando la casa no es más que una caja rodeada de otras cajas en un edificio, en la que probablemente nuestra intimidad se vea invadida por ruidos de los vecinos, que nos llegan quizá por la débil construcción de los muros.

Tampoco aplica la cosmicidad que rodea a una casa integrada en la naturaleza, que «conoce los dramas del universo».

Cuando se habla de las medidas de desconfinamiento, no dejo de pensar en los espacios que habitamos y cómo es más complicado ser paciente en un espacio angosto y oscuro.

Muchos habitamos el espacio que podemos, no el que queremos. Unas personas están en su chalet, con su jardín, su patio, zonas a las que pueden salir las horas que quieran a tomar el sol y el aire, jugar con sus hijos, leer… Otras personas están en un lugar muy reducido sin luz natural, teniendo que mover los muebles cada vez que quieren hacer un poco de ejercicio o, simplemente, teletrabajar. Y entre ambos casos, una amplia gama.

La casa se vive como celda cuando sentimos que en ella no está todo aquello que necesitamos, sea o no cierto. 


¿Y tú, cómo vives tu casa? En estos días en que suponemos que el virus está fuera, ¿sientes tu casa como un refugio, como un espacio feliz en que estás a salvo? O por el contrario, ¿sientes que estás atrapado/a entre sus paredes?

Gracias por leer y por comentar. 🙂

Homenaje a la rutina

La rutina, ¿recordáis?, es lo que siempre queríamos dejar atrás. La expresión utilizada era:

Escapa de la rutina.

Y luego nos vendían un coche. O cualquier otro producto.

Sin embargo, cuando nos han quitado la rutina, nos hemos desorientado por completo.

Ha habido largas semanas en las que tratábamos de adaptarnos a la nueva situación. El ¿quién se ha llevado mi queso? ha sido el motor de la búsqueda por los laberintos.

Después, poco a poco, hemos encontrado rutinas y citas diarias que nos han ayudado a estructurar el tiempo. Los expertos las aconsejan. Se nos dice que es mejor tener una rutina diaria y, curiosamente, nadie se plantea «escapar de la rutina», sino que la reacción ha sido buscar la rutina y mantenerla.

Esta es la enorme capacidad adaptativa del ser humano: parece que ahora hasta nos sentimos cómodos/as en la nueva situación, «inexperimentada» (tomo esta palabra de Emilio Lledó, perfecta para describir la situación).

Expertos en confinamiento

Antes he dicho que los expertos aconsejan las rutinas diarias. Me gustaría conocer la composición del grupo de expertos: quién lo dice, cuál es su experiencia, por qué lo contrario de la rutina no sería aconsejable…

Quizá los mejores expertos en cuanto a encierro son los presos, o las personas que tienen que vivir en aislamiento por algún motivo.

Fotograma de la película Cadena perpetua, en la que los presos parecen estar habituados a la rutina de la cárcel
Fuente: https://vandal.elespanol.com/noticia/r4749/cadena-perpetua-no-se-podria-haber-hecho-hoy-en-dia-dice-frank-darabont

La evocación de los presos me trae el recuerdo de frases de la película Cadena perpetua, como «lo único que tenemos es tiempo» o cuando dicen del que se ha adaptado por completo a la cárcel, hasta el punto de no poder vivir fuera de ella, «se ha institucionalizado«.

Otro ejemplo de aislamiento son los científicos que están a solas en una base en lugares remotos como el Polo Norte, o personas como Roberto Saviano, a quien Iñaki Gabilondo entrevistó el pasado jueves en Volver para ser otros. Roberto Saviano es un periodista perseguido por la camorra por haber revelado sus actividades en distintos libros y artículos. Está amenazado de muerte y va con escolta desde los 26 años; ahora tiene 40.

El propio Saviano afirma que ha aprendido de las personas encarceladas y de las que están postradas en una cama. Y sus conclusiones son que (parafraseando a Saviano):

Lo mejor para vivir confinado, aislado, es tener una rutina exactamente igual cada día, estar disciplinado a esa rutina como forma de medir el tiempo, de estructurarlo y de pasarlo.

Encuentra tu rincón

Roberto Saviano también nos recomienda encontrar nuestro propio rincón, hacer nuestro un espacio para vivir la casa de forma profunda, no como estando de vacaciones, sino buscando una comodidad que nos puede aportar paz. Esto me ha recordado a uno de los libros que he retomado estos días, La poética del espacio de Gaston Bachelard.

Según Bachelard, el rincón es ese espacio reducido donde nos gusta acurrucarnos, agazaparnos. Es como el germen de la habitación o de la casa. Nos dice:

El rincón «vivido» restringe la vida, la oculta, es una negación del universo.

Este refugio a modo de caparazón parece adaptarse a la restricción impuesta desde fuera: si tengo que permanecer en este espacio llamado casa, puedo a mi vez recogerme  en un espacio aún más restringido, más íntimo, que será mi rincón.

La libertad es movimiento

Siendo esta situación un «Atrapados en el espacio (de mi casa)», parece que las rutinas son las que ayudan a trascender ese espacio, especialmente cuando conllevan una relación con otras personas a través del teléfono y las distintas redes sociales, o bien cuando se trata de meditar y evadir la mente.

Sin embargo, Roberto Saviano comentaba en la entrevista antes citada que la libertad es movimiento. Deseamos salir y movernos libremente, esa es una esperanza lícita, que sin embargo mantenemos enfriada de todas las maneras posibles.

Gracias a la creación de nuestros pequeños rincones, la práctica de ejercicio que quepa en nuestro espacio, y el vivir con plenitud y confianza el momento presente, podemos aparcar el fuerte deseo de libertad a través del movimiento.

Gracias a la rutina

A pesar de que lo más creativo es responder a cada momento a lo que está sucediendo, y estar en la acción y en lo que se necesita, lo cierto es que tenemos que dar gracias a la rutina, que nos permite apoyarnos en ella y estar cómodos en nuestros rincones, en nuestros espacios, en nuestro día a día.

Así, sentimos que hay menos incertidumbres y que dejamos de ir a ciegas. Por ello, este homenaje a nuestra amiga la rutina.


Aquí puedes ver la entrevista completa a Roberto Saviano:

Aprendemos en casa

Hace poco comentaba que mi trabajo, tal como era, podía cambiar radicalmente, a pesar de basarse en las nuevas tecnologías. Pues bien, así ha sido al menos temporalmente y me gustaría hablaros del proyecto tan bonito que lo ha hecho posible.

Se trata de Aprendemos en casa, un programa que ha puesto en marcha el Ministerio de Educación y Formación Profesional en colaboración con RTVE y que se está emitiendo en Clan TV y en La 2. Training Wheels se ha ocupado de crear un hilo conductor de los contenidos de cada bloque por edades y que permitirán que niños y niñas repasen y, sobre todo, se vean acogidos si no tienen acceso a otras tecnologías.

Pues bien, yo he participado en las ediciones que se emiten entre el 13 de abril y el 22 de mayo.

Proyecto liderado por Training Wheels

Logotipo de la empresa Training Wheels, encargada de organizar los bloques de contenidos de Aprendemos en casa, de RTVE

Magdalena Martín Arbesú, co-fundadora de Training Wheels, ha liderado un equipo de profesionales excepcionales que han hecho posible producir en tiempo récord una gran cantidad de contenidos adaptados a cada bloque de edad:

Clan TV: Primaria

  • 9.00-10.00 – de 6 a 8 años.
  • 10.00-11.00 – de 8 a 10 años.
  • 11.00-12.00 – de 10 a 12 años.

La 2: Secundaria

Importante, porque las clases que se emiten para secundaria han cambiado los horarios de esta manera:

  • 9.30-10.30 – de 12 a 14 años.
  • 10.30-11.30 – de 14 a 16 años.

Asignaturas por día

  • Lunes: matemáticas.
  • Martes: ciencias sociales.
  • Miércoles: educación física y educación artística.
  • Jueves: lengua e idiomas.
  • Viernes: ciencias naturales.

Profesores y profesoras de todas las asignaturas han trabajado muy duro, con la ayuda de guionistas y editores, para crear estos contenidos con una buena calidad y poder tenerlos a tiempo.


Mientras el personal sanitario y de servicios básicos se dejaba la piel cada día, me preguntaba:

¿Qué puedo hacer yo para ser útil y estar al servicio durante esta gran crisis?

Porque no soy médico, no soy enfermera, no soy cajera, no soy transportista, no sé coser… anda, que ya me vale.

Lo que sí sé hacer es escribir contenidos de formación. Si podía aportar algo para que las cosas sigan adelante, ha sido esta colaboración con Training Wheels y un montón de profesionales muy especiales.

Así que en estas semanas (parece que han pasado meses tanto por la intensidad del trabajo como por la forma en que hemos aprovechado el tiempo) he podido conocer a personas maravillosas con las que me gustará seguir en contacto, he aprendido mucho sobre cómo comunica cada docente los temas fundamentales de su asignatura haciendo que resulte entretenida, he apreciado cómo se implicaba cada profesional en su parte del trabajo y en colaborar con el resto, he visto superadas mis expectativas sobre el resultado final de nuestro trabajo.

Ha sido de esas veces en que el trabajo en equipo lo es de verdad y de forma efectiva.

Lo más bonito de proyectos como este es que cualquier persona que encienda la tele esos días y en esas horas puede disfrutar de sus resultados. Otras veces he participado en proyectos muy grandes pero que solo iban a disfrutar los trabajadores de una determinada empresa. De hecho, es posible que este sea el proyecto con más difusión en el que he participado, por lo que, una vez más, solo puedo estar agradecida.

¿Por qué ver esta programación?

Pues si todavía no os he convencido con mi implicación personal y el orgullo de haber pertenecido a este proyecto, os doy algunas razones más:

  • Porque se ha hecho una selección de contenidos variados y se ha trabajado en crear un hilo argumental, no con el fin de que los niños y niñas salgan de estas semanas con todo aprendido, sino con el fin de que sigan repasando las distintas asignaturas y tengan un entretenimiento diario.
  • Porque se ha tenido en mente sobre todo a niños y niñas que no pueden acceder a otros recursos tecnológicos, de manera que siempre se han propuesto actividades que se pueden hacer sin utilizar ningún dispositivo.
  • Porque se ha seleccionado a profes que comunican muy bien, de forma cercana y amena, para presentar cada bloque y animar a permanecer atentos hasta el final.
  • Porque los docentes plantean un reto al final de cada bloque con el que los niños y niñas pueden poner en práctica lo que han aprendido, su creatividad, su razonamiento lógico, su capacidad de juego…
  • Porque esta programación recuerda las medidas básicas de seguridad, a qué día estamos y lo importante que es permanecer en casa aunque echemos de menos a los abuelos.
  • Porque anima a niños y niñas a seguir motivados por aprender, completar los retos y jugar.

Me encantará saber que recomendáis ver estos programas a vuestros hijos e hijas de estas edades, con profes guays y que les mantienen entretenidos y al día. 🙂

¡Gracias por compartir!

¿Esto nos hará cambiar?

Esta semana estoy observando un cambio de tendencia en las comunicaciones por WhatsApp. Diría que, en todos los grupos que tengo, la comunicación ha disminuido considerablemente. Incluso algunas personas han manifestado su deseo de estar apartados del móvil por un tiempo. Quizá se deba a que estamos más habituados al confinamiento, con lo que la ansiedad es menor.

Por otro lado, observo que la gran oportunidad de cambio que trae esta situación excepcional puede que no se aproveche tal como lo esperamos. Me refiero a todo lo relativo a la utilización de Internet para trabajar y estudiar.

Trabajar desde casa

Me llama la atención seguir leyendo ofertas de empleo del sector e-learning, es decir, un sector que se dedica a producir cursos 100% online, en las que se especifica que el trabajo se desarrollará desde sus oficinas en la ciudad X con el horario tal y cual.

Poco estamos aprendiendo de grandes empresas como Articulate, creadora del mejor software para desarrollo de cursos online, que trabajan a distancia desde el día 1.

He trabajado varias veces en equipos internacionales. Trabajo para Articulate desde 2017, y nunca he oído la voz de ningún compañero o supervisor. Porque no ha sido necesario (esto no significa que no sea deseable). Contactaron conmigo por email y después gestionamos los proyectos a través de Trello. El trabajo está perfectamente organizado, no hay duplicidad de tareas y cada un@ sabe qué tiene que hacer. Por supuesto, no ha sido necesario verse en persona, algo que, cuando era posible, se solía hacer «para ponernos cara» (y perder de 2 a 3 horas incluyendo transporte para mantener una reunión de ponerse cara).

Lo más importante no es ya haber avanzado en formas de organización del trabajo más eficientes, como los métodos ágiles, sino que un sistema de trabajo remoto se basa en la confianza. Voy a repetir esto porque creo que es fundamental:

Un sistema de teletrabajo se basa en la confianza en los profesionales.

Si los supervisores/coordinadores no se fían de los profesionales que colaboran con ell@s, establecerán sistemas de supervisión del tipo:

  • Recordatorios constantes de que hay que fichar.
  • Chat/llamadas constantes para comprobar que la persona está encadenada a su silla y no se levanta bajo ningún concepto.
  • Exceso de supervisión, ahogando la poca autonomía que podría mostrar el profesional.
  • Duplicidad de tareas, haciendo que el profesional acabe por no saber a qué atenerse.

Esta forma de trabajo se basa en un espejismo: creer que nada ha cambiado y que tenemos que seguir con los sistemas de organización obsoletos de la Primera Revolución Industrial, pero a través del ordenador.

Tengo la sensación de que, cuando se haya vuelto a la normalidad, también se habrá dejado atrás el enorme espacio de innovación, apertura y creatividad que se ha abierto ahora, recordando los tiempos del teletrabajo como algo molesto, incómodo y, sobre todo, temporal.

Aprender desde casa

En este apartado me voy a limitar a hablar de lo que conozco bien, que es la producción de cursos online para profesionales.

Cabía esperar un aumento de la demanda de formación online en esta situación extraordinaria. Y este aumento se ha dado. Sin embargo, mi sensación es que se están consumiendo cursos que ya existían y que se están produciendo muy pocos cursos nuevos. Está bien reutilizar lo que ya se había hecho, pero el sector no está creciendo ni, lo que es más importante, cambiando.

Ya decía en el post anterior que las personas preferimos las experiencias síncronas, no solo de aprendizaje, sino de cualquier tipo. Es decir, preferimos interactuar, intervenir, dialogar con el formador/a y los compañeros, recibir comentarios sobre lo que hacemos, etc. También preferimos interactuar con los expert@s, queremos que los tutores de los cursos sean formadores que conocen la materia y poder tener un debate interesante, quizá por grupos de trabajo.

Al igual que con la incomodidad del trabajo desde casa, me parece que la formación mediante sesiones en vivo se vive como otra incomodidad, a caballo entre la formación online y la formación presencial, en la que, «como no podemos vernos en un aula», «tenemos que» usar estos sistemas que nos son extraños.

De esta manera, se hace poca investigación de lo que funciona en los talleres en vivo y en línea. Lo que he detectado es que el ponente se pone a hablar, manteniendo una misma diapositiva durante varios minutos, y al poco rato, su tono monótono y el hecho de que nada cambia en la imagen hace que busquemos cualquier otro estímulo más motivador.

A diferencia de lo que ocurre en una clase, el no tener al formador/a delante hace que la experiencia sea automáticamente menos atractiva, por lo que es necesario introducir dinámicas, foros, trabajos de grupo, herramientas colaborativas, encuestas/votaciones… y huir de la idea de que una clase consiste en que una persona habla mucho y otras escuchan mucho, poco o nada.

De lo que tenemos ganas

Uso aquí el plural mayestático…

Una chica da un salto en una playa, ella está muy alegre, sonríe

Iñaki Gabiondo entrevistó a José María Álvarez-Pallete en su programa en Cero de Movistar que lleva el esperanzador título Volver para ser otros.

El presidente de Telefónica lanzó el mensaje que lleva ya unos años asociado a la marca:

La vida digital es la vida.

En efecto, gracias a la gran capacidad de las telecomunicaciones en España estamos pudiendo hacer muchas cosas que no habrían sido posibles hace un siglo:

  • Comunicarnos a diario con nuestros familiares y amigos.
  • Seguir trabajando, acceder a los sistemas de la organización, poder mantener reuniones con varias personas, incluso viendo sus caras.
  • Acceder a nuestras cuentas bancarias y hacer gestiones.
  • Presentar la declaración de la renta y similares.
  • Escuchar música y a músicos que crean piezas y nos las ofrecen en streaming.

Sin embargo, siento no poder estar de acuerdo con que la vida digital es la vida. Al contrario, creo que muchas personas estamos deseando que termine todo esto para volver a la vida tangible, analógica, en la que abrazos, olores, momentos, el sol en la piel, lo frío de la cerveza en el bar, la inmensidad de un paisaje… nos «comuniquen información» que desde luego no es digital ni tenemos ningún interés en que lo sea.

Y a la vuelta… ¿puedo seguir teletrabajando?

Otra de las personas que entrevistó Gabilondo en su programa es Pedro Alonso, director de la OMS en el Programa global de la malaria. Pedro Alonso comentó que era escéptico con respecto a un cambio de mentalidad o de hábitos cuando todo esto pase. Explicó cómo en otras ocasiones, tras emergencias muy importantes similares, se había vuelto a la «normalidad», es decir, a más de lo mismo de antes.

No estamos afirmando que vayamos a encontrar el mundo como estaba, como si nos hubiéramos ido de vacaciones. Es evidente que no. Y precisamente por esto, por la gran oportunidad que supone haber parado y haber podido contemplar y contemplarse, me parece interesante agarrar lo que se ha transformado, asirlo con fuerza, y no soltarlo.

Así, una persona que ha observado que prefiere el teletrabajo, tendría que poder teletrabajar, ya que se ha demostrado en este «periodo de prueba» tan extraordinario, que es posible.

Y una empresa de formación, sea presencial o en línea, tiene que poder seguir adentrándose en el interesante mundo de los vídeos en streaming y los webinar, en lugar de «volver atrás» hacia lo ya conocido.


Este es el reto, esta es la oportunidad. Me gustaría conocer vuestra opinión: ¿estáis teletrabajando? ¿Estáis haciendo cursos online? ¿Qué os parecen? Gracias por leer y por comentar 😉

Tienes una cita

Estos días cobra mucho valor «tener una cita», es decir, tener un acontecimiento o evento que se apunta en la agenda, empieza a una hora concreta y termina y, durante la sesión, permite interactuar con otras personas.

Por el contrario, puede que te apuntes a uno o varios cursos pero no tienes motivación para continuarlos. No hay nadie al otro lado a ninguna hora específica… y eso no motiva demasiado.

Tipos de citas durante el confinamiento

Durante el día, puedes tener varios tipos de citas que te ayudan a estructurar el tiempo, como pueden ser:

Seguir escuchando el programa de radio por las mañanas

El programa es en directo y con suerte tu llamada puede entrar en el aire, o tu mensaje de audio puede escucharse como respuesta a algo que han planteado. Muchas gracias a los que hacéis la radio, hacéis muchísima compañía.

Ver un programa educativo o de ejercicio en la tele

La tele como fuente de experiencias síncronas se había quedado en el telediario y algunos programas de corte informativo. Ahora se añaden programas educativos para niños o gimnasia para adultos que, sin ser en directo, sí agrupan personas frente al televisor durante el tiempo que se emiten.

Estos programas proporcionan una sensación de cohesión, especialmente a los colectivos que no disponen de medios de conexión a Internet, no son de calidad o no saben cómo utilizarlos.

Seguir un webinar o un taller que se imparte a una hora determinada

Por poner un ejemplo, ayer participé en un webinar (seminario web) de HEC Paris, impartido por Jeremy Ghez, un Economista con interesantes conclusiones de lo que está pasando con la globalización a raíz del coronavirus. Hubo tantas inscripciones que se realizó a través de YouTube en lugar de Zoom.

Ver una actuación por Instagram, YouTube, etc.

Hace un par de días vi una actuación del mago Kiko del Show, de A toda magia, englobado en el Festival #QuedateEnCasaConMagia organizado por la Fundación Abracadabra de Magos Solidarios.

También están los vídeos de Miguel Vigil en su canal de YouTube. Sus monólogos y canciones añaden un toque de humor y buen rollo a esta situación, y recomiendo altamente seguirle:

Quedar con los conocidos

Esto incluye dos tipos de citas, y son de las más valoradas:

  • Quedar con familiares o amig@s para hacer una videollamada y verse durante un rato, por ejemplo a través de WhatsApp. Esta cita puede incluir tomarse un vermut, una cervecita o el aperitivo, la idea es «emular aquellos tiempos».
  • Quedar con profes y compañer@s de actividades para tratar de continuar con ellas a través de Zoom, Skype o Hangouts.

El aplauso de las 20.00

Este aplauso trasciende su intención inicial. No solamente muestra el apoyo a todos los profesionales que están haciendo posible que esto salga adelante, sino que poco a poco ha tomado el tono de actividad social.

El aplauso, que se oye en la ciudad como una ovación en un estadio de fútbol, reconforta en pocos minutos de todo un día de aislamiento absoluto. Especialmente desde que cambiaron la hora, se ha hecho más fácil ver en las ventanas a los vecinos de edificios aledaños y con ello aumenta la sensación de conexión social.

En muchos barrios, algunos vecinos unen al aplauso alguna música motivadora como las que compartí cuando os hablaba de darnos ánimos unos a otros. Música que hace saltar, gritar y llorar, que sirve de desahogo y para compartir penas.

Características de estas citas

Podrían extraerse algunas características comunes de estas citas que no eran lo habitual en el consumo de productos virtuales o, en general, en las formas de relacionarnos fuera de un estado de confinamiento. Por ejemplo, veo que:

  1. Prima lo auditivo sobre lo visual. Incluso en las videollamadas, la calidad de la imagen es lo de menos, no digamos el diseño gráfico. Lo que importa es oír y entender. Los aplausos: oír a los vecinos, no verlos, es lo fundamental.
  2. Prima el contacto con el círculo más cercano sobre el contacto con personas desconocidas. Si bien podemos apuntarnos a seminarios y talleres «ajenos», mi sensación es que damos más importancia a poder continuar el contacto con personas más cercanas, tanto de la familia como de las actividades que hacíamos antes (teatro, creatividad, danza…).
  3. El aspecto casero es bueno. A diferencia de los productos profesionales que se entregaban hasta ahora, tipo charlas TED, estamos viendo productos audiovisuales con la calidad «que se puede». De hecho, producen una mayor sensación de cercanía y sobre todo de frescura, creatividad e improvisación.
  4. Prima el horario sobre el contenido. Esto rompería la tendencia que teníamos de consumir contenidos desde plataformas online, cada uno lo suyo cuando le da la gana. Si hay un horario en que siento que otros hacen lo mismo que yo, lo prefiero, ya que da la sensación de conexión y cercanía. Esto aplica tanto a películas y series como a los cursos online. Y hablando de los cursos…

Cómo afecta todo esto a la formación online

Llevo trabajando en el sector de la formación online desde 2010. Y algo que sé desde que me formé en la UNED sobre esto (Cátedra de Toledo, 2009), es que los alumn@s valoran mucho más tener tutores expertos y poder tener sesiones síncronas con ellos.

En otras palabras, el alto índice de abandono de los cursos online se debe a que el alumno se siente solo frente a una pantalla, con lo que no se engancha al contenido, más bien se aburre pronto de él.

Es algo que se está confirmando cada día con todas las iniciativas que surgen para aliviar el peso del confinamiento y de las que ya hemos hablado.

Por ello, quizá el panorama de la formación online deba cambiar, dando más recursos a posibilitar sesiones síncronas a las que se pueda acceder y menos a interminables cursos de hacer clic, cursos que suelen estar desesperadamente bloqueados, lo que da lugar a que los alumnos hagan clic sin leer, buscando «escapar».

Esto que estoy diciendo puede llevar a que mi trabajo actual cambie radicalmente o desaparezca, por lo que no es gratuito ni me resulta fácil afirmarlo.


Por último, quería compartir una cita con una meditación para esta pandemia, de Brigitte Champetier des Ribes. Es asíncrona, sin embargo, puedes seguir la indicación de hacerla a las 19.30: