Agradecimientos

Esta entrada era la que, con tiempo y ganas, habría ido antes de la que ya publiqué antes de finalizar 2025: la de los agradecimientos. Porque llegas aquí, al momento presente, habiendo pasado por una serie de fases, de momentos y de dificultades, y a todos ellos les debes ser quien eres ahora (especialmente a los momentos y las personas difíciles).

Regalos inesperados

Muy al final de 2025 me llegó un regalo estupendo y que os recomiendo. Se trata del libro Algoritmos imperfectos, del bloguero Sergio Rozalén. Deambulando por una casa atestada de gente y de comida, buscando un rincón tranquilo, recordé que había traído conmigo este libro de ficción, compuesto de historias cortas al estilo de Black Mirror y que me ayudó a desconectar un rato y a digerir el cochinillo. Tengo que agradecer a este bloguero el estupendo regalo (la edición es realmente bonita y cómoda de leer) y tengo que recomendaros autorregalároslo, o regalárselo a alguien a quien le guste la «ciencia ficción» y los «futuros imperfectos».

Otro regalo navideño que me llegó en diciembre fue una caja de bombones de parte de uno de mis clientes. Esto fue para mí un ir más allá del reconocimiento por el trabajo bien hecho, hasta llegar al reconocimiento de mi propia persona, digamos. El ser humano tiende a valorar a las personas (y a sí mismo) por sus logros y no por su existencia. Así, tiene más valor un deportista de élite que un paisano cualquiera. Pero no es así. Simplemente, les ha tocado un rol distinto en el gran Juego de los Sims que es la vida. Porque

Nada humano me es ajeno.

Tenemos entre los humanos un potencial similar para la mayoría de las actividades, por tanto, un humano no vale más que otro, sino que es más capaz que otro para determinado tema. Pues bien, ser valorada por ser yo, por estar ahí, me llenó de agradecimiento hacia este cliente. Esto no resta el que siento hacia el resto de clientes por haber confiando en mí para sus proyectos este año, proyectos como:

  • Mejorar un curso de formación para formadores de programación para Fundae que elaboré con un equipo de trabajo en 2024: Competencias Digitales para Formadores en Programación. Está basado en el Marco Europeo de Competencias Digitales para la Ciudadanía (DigComp 2.2), niveles 3 a 6.
  • Llevar la jefatura de proyectos de formación online de FP Sanitario (ciclos de Imagen para el diagnóstico y Laboratorio) con McGraw-Hill.
  • Elaborar el contenido, storyboards y videotutoriales (grabación de pantalla) para varios cursos basados también en DigComp 2.2, de los niveles 1 a 6 y dirigidos a los funcionarios de la región ICA en Perú.
  • Escribir el contenido para varios cursos introductorios a la inteligencia artificial (sigo en ello). Me fascina este tema y la IA ya es mi colegui de trabajo de cada día.
  • Y, por supuesto, escribir muchos libros: este 2025 he escrito 5 libros sobre gestión de residuos que saldrán publicados en breve y me queda un sexto libro. Es muy interesante el tema, por cierto.
  • Además de esto, estoy escribiendo con otras dos autoras excelentes (como autoras, destreza, y como personas, calidad humana) varios libros sobre atención a personas en situación de dependencia, un tema que me llega mucho, porque mis padres van siendo mayores y lo voy viendo muy de cerca. Lo principal: «no mangonees», deja a la persona hacer todo lo que pueda, aunque vaya despacio. Esto va en pro de su autonomía.

Las personas

Varias personas han sido clave para mí este año, pero quiero agradecer especialmente a dos, de la que ya he hablado alguna que otra vez:

  • Mike Taylor: mi referencia en el mundo del e-elearning, junto con «pesos pesados» como Tom Kuhlmann o Cathy Moore. Y de gran calidad humana. Nunca he tratado personalmente con Mike, más que por email, pero, en cada newsletter que envía, destila cercanía, buen rollo y motivación. Si sois profesionales del elearning, os recomiendo altamente su libro Think Like a Marketer, Train Like an L&D Pro: Strategies to Ignite Learning. Mike y Bianca Baumann apuestan por aplicar las técnicas de marketing al diseño de la formación, algo que me parece muy acertado. No os frustréis al pensar que en España estamos a años luz de lo que se hace en EE. UU. en elearning, simplemente, tomad lo que podáis para aplicarlo aquí.
  • Araceli Sánchez: esta empresaria lleva más de dos décadas en el mundo del e-learning, esto es como decir que lleva toda la vida del propio e-learning. Trabaja de forma admirable, hemos colaborado juntas en muchísimos proyectos y es la única persona en la que confío al cien por cien si yo no puedo hacerme cargo de un trabajo. No solo es diseñadora instruccional sénior, sino que lleva un sello discográfico. Para mí es un ejemplo de trabajo duro, capacidad de gestión y tesón.

Las ventas

Os he dado la brasa a lo largo del año sobre los libros que he publicado en Editorial Paraninfo. Y ahora os la doy sobre sus ventas: han ido bastante bien. Siento un gran agradecimiento a la editorial y a las editoras con la que trabajo, a sus comerciales y a la facilidad con la que ha fluido todo.

Las ventas de los manuales Herramientas de coaching y Habilidades de comunicación en el aula han sido discretas, pero las de Itinerario personal para la empleabilidad, simplemente, se salen, pues, a fecha de hoy, he vendido más de 3.600 ejemplares. Ver tu libro en la Casa del Libro, es, simplemente, una especie de fantasía.

Las constelaciones y Brigitte Champetier

Algunas personas en esta vida logran caminar en ella en su estado adulto, superados los «debería», los perfeccionismos. Es un lujo conocer personalmente a una de ellas, Brigitte Champetier de Ribes, que ha avanzado en el camino de las constelaciones familiares aportando nuevas tomas de conciencia a partir de lo heredado de Bert Hellinger.

Tengo que agradecer el evento online «Acoger el nuevo año» que ofreció de forma gratuita y que nos permitió a muchas personas cerrar dinámicas del año anterior y abrirnos a lo que nos toque en este.

Los seres queridos

Y luego están las personas «anónimas» que no voy a mencionar por su nombre, pero que son más cercanas y que han estado ahí este año, animando, apoyando, siempre a la distancia de una llamada, de un whatsapp, gente con la que sabes que puedes contar. Definitivamente, no puedo estar más que agradecida por las personas de mi entorno más cercano, pareja, familia y amistades únicas, muchas de ellas lector@s de este blog. Gracias y feliz año 2026.

Dar la vuelta al calcetín

Estoy leyendo las memorias de mi tío, uno de los hermanos menores de mi padre. Es muy interesante comprobar cómo era la vida hace relativamente pocos años, cómo suceden las cosas y da la vuelta el destino y qué papel jugamos en ello «los simples mortales».

En este Juego de los Sims, parece que se tiene mucha libertad de elegir cómo jugarlo, mucha influencia en cómo se van a desarrollar los acontecimientos y, al mismo tiempo, poca o ninguna capacidad para determinar qué es lo nuevo que viene.

Y todo es como en Matrix, una interfaz de ceros y unos que se concreta en objetos reconocibles cuando se dirige la mirada. Según describen las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte, como Anita Moorjani, se puede hacer mucho más con la intención, con la atención. ¿Dónde va tu mirada?

Esto es lo que he pedido a la IA para que genere esta imagen: Quiero una imagen que refleje la consciencia del universo, formada por las conciencias individuales de las personas.

Hace años que, por temas de salud, soy aficionada a los temas de nutrición (que por cierto, han ido variando con los años y cambian de un profesional a otro). Y he llegado a la conclusión de que el papel de la alimentación no es tan central en el bienestar, dados unos mínimos: observa a los perros y los gatos domésticos, que comen pienso y están tan felices, llenos de energía y con muchas ganas de jugar, viviendo el máximo de sus esperanzas de vida: no es la comida lo que determina el bienestar, la felicidad o la longevidad. Podríamos equipararlo a la gente que bebe alcohol y/o fuma toda su vida y vive más de 90 años.

Luego están hábitos como hacer ejercicio (pero ejercicios de fuerza, ya otras cosas parece que no valen, según la moda), ver la luz del día por la mañana, los ayunos intermitentes, las gafas con filtro de luz azul… Pienso en los mineros, en concreto, aquellos mineros de Chile que estuvieron 69 días enterrados a unos 700 metros de profundidad, sin casi comida ni agua. El ser humano es capaz de sobrevivir a condiciones extremas (luego: deja de quejarte).

Dar la vuelta al calcetín

Los males no están fuera de ti. Ese proyecto horrible, esa persona difícil, esa situación económica frágil, esa persona que no te hace caso, esa app de citas que solo te devuelve el vacío… Dale la vuelta. Empieza a verlo como una Matrix en el que solo existes tú y tu visión del proyecto, de la situación, de las personas, de las herramientas a tu alcance… Entonces, ¿de verdad «la culpa» o «la responsabilidad» están ahí fuera?

«¿Y si nuestras decisiones personales influyen de manera integral en el desarrollo de nuestra realidad?», se pregunta el neurocirujano Eben Alexander III.

Según el idealismo metafísico, la mente es el fundamento último de la realidad y los objetos materiales solo existen en la medida en que son percibidos o concebidos por una mente. Por lo tanto, la realidad depende del pensamiento o de la experiencia mental.

Me gusta pensar que la Luna está ahí fuera aunque no la esté mirando. Albert Einstein.

¿Cómo distinguir si es mi guion de vida o es «el destino»?

Llevamos años «hablando» en este blog sobre guiones de vida, un descubrimiento del médico psiquiatra Eric Berne, según el cual, la persona se marca una trayectoria de vida cuando tiene entre 5 y 7 años y luego la va ejecutando como si se tratase de un guion teatral o cinematográfico. Este plan incluye hasta la edad a la que se va a morir y la forma en que va a ocurrir. El guion de vida es la estrategia que se traza para jugar al juego de los Sims.

Cuando nos sucede algo, ¿depende del guion que nos hemos marcado o de un destino externo e incontrolable, es decir, de lo que esté diseñado en el gran juego?

Esta pregunta es importante, pero difícil o imposible de responder. En cambio, si actuamos con la premisa de «voy a permitir y aceptar los acontecimientos tal y como suceden», comenzamos a alejarnos de ese guion y, sorprendentemente, también nos alejamos de lo que parecía un destino ineludible.

Digamos que estos son los pasos para vivir de esta otra manera, dando la vuelta al calcetín:

  • Se observa un cambio en la realidad, por ejemplo, la aparición de la IA.
  • Se permite y acepta el cambio, aun sin entenderlo: ok, la IA está ahí y yo estoy aquí, podemos convivir.
  • Se evita etiquetar ese cambio, sobre todo si las etiquetas son negativas, porque «entramos en guion» y dejamos de estar en el presente. Evitamos: «La IA nos va a quitar el trabajo, nos va a engañar, nos va a manipular», tanto como: «Juas, estoy colando trabajos hechos con la IA y nadie se entera, je, je».
  • Se continúa adelante con una visión integradora, tipo: «Puede que yo utilice la IA y esto me sea de ayuda».
  • Se olvida el tema por completo. Esto es muy importante: no fijar la atención en algo que nos impone, nos da miedo o rechazamos fuertemente. La frase es: «Sigue con tu vida».
  • Al cabo de un tiempo, «cuando quieres darte cuenta», la IA y tú formáis parte de un proyecto, o te está ayudando a aclarar tus ideas.

Esta es la primera entrada directamente añadida en la nueva categoría del blog, Juego de los Sims. Podrás encontrar más entradas relacionadas con esta forma de ver la vida accediendo a la categoría.

Lo duro y difícil forma parte de la vida

Es difícil mantener una postura imparcial cuando los acontecimientos tienen una fuerte carga emocional. Sobre todo, cuando son situaciones que engloban a una gran cantidad de personas. Rápidamente, se crea un campo de pensamiento en el que las personas se ven atrapadas, hasta el punto de que solo pueden ver sus creencias y su campo como verdades. Al mismo tiempo, otro grupo contrario se crea en oposición al primero, reaccionando. Ambos grupos se van alimentando de su diferencia con el otro, viviendo sus valores con tal intensidad que son incluso capaces de justificar la muerte de una persona del grupo opuesto por fidelidad a estos valores. A esto, Bert Hellinger, creador de las constelaciones familiares, lo llamó «la buena conciencia».

Campos de creencias en X

En X (antiguo Twitter), se puede experimentar en «primera línea de batalla» lo que es no estar de parte de un grupo de creencias: es intenso y muy desagradable. Hace poco, me vi envuelta en el torbellino del enfrentamiento entre dos de estos campos de pensamiento, lo que el biólogo Rupert Sheldrake llamó la resonancia mórfica. De forma ingenua, respondí en una cuenta de una persona muy conocida lo que yo pensé que era un mensaje «conciliador», que trataba de apaciguar los ánimos y acercar los puntos de vista. Las reacciones a mi respuesta fueron muchas, la mayoría positivas; mi mensaje se compartió mucho. Pero, también, recibí muchos insultos. Lo que yo pensaba que era un escrito para abrir el diálogo y matizar las posturas enfrentadas, muchas personas lo percibieron como un ataque y recibí la respuesta inmediata, no elaborada, sino visceral: insultos, agresividad.

Entonces, me pregunté: ¿cuál era mi intención real detrás de este mensaje? ¿De verdad mi posición era imparcial y trataba de contemporizar? Me di cuenta de que no: yo tenía una posición muy marcada sobre el tema en cuestión, una emoción muy fuerte también, estaba, como muchas otras personas, atrapada en la esfera de uno de esos campos inmensos de creencias, algo que ciega a la persona y no la permite ver lo que hay en realidad. Este estado mío interno no se traslucía en ninguna de mis palabras, pero como explica el análisis transaccional (A.T.) y Brigitte Champetier suele destacar, lo que recibe la otra persona es la realidad que está detrás, la intención, no lo aparente. Es lo que en A.T. se llama transacción cruzada:

Transaccion-cruzada

La emoción fuerte que había detrás de mis palabras llegó a «los otros» y contraatacaron. Empecé a sentirme realmente mal. ¿Por qué no se buscaba el diálogo y los puntos en común? ¿Por qué todo era insultar y sentirse ofendido/a por los del otro grupo? En ese momento, yo había sucumbido a la «tentación de salvar», desde mi ego.

La actitud sabia

No olvides que, ahí donde pones tu atención, estás participando, formas parte de lo que ocurre. Por ello, observo qué hacen las personas sabias para estar en la vida aceptando las circunstancias: aceptan las cosas tal como son. Para mí, no hay mejor explicación de cómo son las cosas que la sociedad que se describe en la película de Billy Wilder Irma la dulce. Y no hay mejor dibujo de un sabio que el camarero Moustache. Como contaba en esta entrada de blog, Moustache explica al joven agente Patou, que interpreta Jack Lemmon, cómo funciona el mundo y lo bien que va tal cual es, porque forma un ciclo, una rueda que gira y avanza:

—Está bien, tomemos un ciudadano decente, veinte años casado y que pasa el día vendiendo cochecitos de niño. Por la noche necesita distracción, camaradería, y por tanto viene a la calle Casanova. Se reúne con una chica, ella le da un poco de amistad y él un poco de dinero, la chica da el dinero a su novio y él lo gasta en bebida, en gemelos o en las carreras. E incluso, a veces, da un poco de ese dinero a un policía.

—¿Soborna a un policía?— dice el agente Patou, escandalizado.

—Y ahí viene lo estupendo, porque el policía coge ese dinero y compra un cochecito al ciudadano decente. Y así el dinero se mantiene en circulación. ¡Todo el mundo es rico! ¡Todo el mundo es feliz!

Una actitud sabia.

Las personas sabias saben ver seres humanos donde estos campos de pensamiento nos obligan a ver monstruos, enemigos, chusma, lo peor. Como Moustache, los sabios se dan cuenta desde una actitud adulta que el rol de cada persona es necesario porque ayuda a mover el mundo, que los dictadores, violentos, corruptos, son necesarios, porque están al servicio de la vida, y que la mirada amorosa incluye juntos a perpetrador y víctima y ayuda a suavizar el conflicto entre ambos. La persona adulta reconoce que también ha tomado un rol perpetrador muchas veces, y que la víctima se convierte al instante en un perpetrador que busca venganza. Pero, para todo esto, hay que renunciar a las preferencias.

¿Qué es renunciar a las preferencias?

Renunciar a las preferencias supone elevarse por encima de la situación y rendirse ante lo que es: los campos de pensamiento, las posiciones enfrentadas, el sufrimiento humano en ambos lados de un conflicto, la necesidad de venganza… Después, con esa perspectiva desde fuera y atemporal, nunca superior, estar al servicio de la vida, como hace el camarero Moustache, que sirve a policías, prostitutas y chulos por igual.

Me dirás, pensando en un conflicto crudo y que cuesta asumir:

Pero, ¿cómo no voy a reaccionar a esta situación? ¿Cómo me voy a quedar impasible ante esto?

Renunciar a las preferencias solo es posible desde el adulto, esa parte de ti que vive en el presente y es capaz de incluir a todas las personas, esto es, de tener una mirada que recoge a todos los seres humanos, hayan hecho lo que hayan hecho.

Brigitte Champetier, en su libro Los desafíos de la vida actual, nos recuerda que «lo duro y difícil forma parte de la vida», me pareció un título acertado para esta entrada.

Los otros en mi juego de los Sims

Si la vida es como el juego de los Sims, hay más Sims que yo. Esas personas están experimentando un mundo similar al que yo experimento: ven los colores, oyen los sonidos, la música, sienten el viento, el agua… ¿Quién es toda esa gente?

Destino colectivo

Montas en el metro y está lleno de otros Sims. Durante unos minutos, compartes un destino con ellos: mismo metro, mismo vagón o cercano, mismo espacio que respirar.

Ese destino de minutos puede de pronto convertirse en horas, si, por ejemplo, hay una avería grave que impide salir de allí. Formas una comunidad con los otros Sims, totalmente desconocidos. Quizá se establezcan ya algunos lazos al interactuar entre sí.

Incluso, ese destino puede convertirse en «el destino» de todos si hay un accidente fatal: un Sim queda unido al resto «para siempre».

Pero, un momento… No hace falta compartir un viaje para compartir un destino. ¿Quiénes son todas esas personas que te rodean ahora? ¿Quiénes son los Sims que te cruzas en la vida, con los que compartes un saludo, unos días, unos años o una vida? ¿Los conoce tu yo observador, el que está fuera del juego? ¿Cómo es tu relación con los otros?

Revisión de vida

Hace poco, Brigitte Champetier destacó en un directo algo que yo había identificado en testimonios de experiencias cercanas a la muerte (ECM): muchas personas relatan haber accedido a una revisión de su vida de golpe, como si todos los sucesos fuesen simultáneos. Pero no se trata de una revisión de sus éxitos, ni aun menos, de sus horas en la oficina: es la revisión de lo que han dado a otras personas, de cómo las han tratado, de si les han hecho daño, algo que puede haber sido inconsciente.

Por ejemplo, en la ECM del médico José Morales, relatada por el doctor Manuel Sans Segarra en su libro La supraconciencia existe. Vida después de la vida, José Morales se ve enfrentado a «un mosaico» de escenas de su vida, no como si fuesen fotos o vídeos, sino sintiendo las emociones de las personas con las que compartía cada recuerdo. Se dio cuenta de cómo había hecho daño a algunas personas y necesitó volver para repararlo.

¿Cómo te relacionas con los otros Sims?

Puedes pensar:

Si esto es solo un juego, me da igual lo que pase con el resto de los Sims. Realmente, puedo incluso abusar de ellos, extorsionarlos, explotarlos, maltratarlos, reírme de su estupidez, de sus limitaciones. Yo juego a ganar, caiga quien caiga.

La Vida, y te la puedes imaginar como si fuera Jessica Lange si quieres, nos muestra que eso solo vuelve a ti, es como un bumerang. Todo aquello que lances, te vuelve. Pero esa no es la razón por la que te conviene tratar bien a esos otros Sims, sean desconocidos, conocidos, amigos o íntimos. La razón es que tú eres uno de ellos. Una vez te haces consciente de que lo que le duele a la otra persona te puede doler a ti igual, de que en el otro te ves tú, de que lo que rechazas del otro lo tienes o lo deseas, pero no te lo permites, entonces puedes sentir en tu corazón la compasión, la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Aceptar plenamente que somos iguales, que tú eres igual que los otros Sims, exige humildad. Te lo puede decir Shylock, el mercader de Venecia:

Al Pacino como Shylock en El mercader de Venecia. Creado por ChatGPT-5. Sin palabras…

Me ha arruinado. Por él he perdido medio millón: él se ha reído de mis ganancias, y de mis pérdidas: ha afrentado mi raza y linaje, ha dado calor a mis enemigos y ha desalentado a mis amigos. Y todo ¿por qué? Porque soy judío. ¿Y el judío no tiene ojos, no tiene manos ni órganos ni alma, ni sentidos ni pasiones? ¿No se alimenta de los mismos manjares, no recibe las mismas heridas, no padece las mismas enfermedades y se cura con iguales medicinas, no tiene calor en verano, y frío en invierno, lo mismo que el cristiano? Si le pinchan ¿no sangra? ¿No se ríe si le hacen cosquillas? ¿No se muere si le envenenan? Si le ofenden, ¿no trata de vengarse? Si en todo lo demás somos tan semejantes, ¿por qué no hemos de parecernos en esto? Si un judío ofende a un cristiano, ¿no se venga este, a pesar de su cristiana caridad? Y si un cristiano a un judío, ¿qué enseña al judío la humildad cristiana? A vengarse. Yo os imitaré en todo lo malo, y para poco he de ser si no supero a mis maestros.

Mira a los ojos a las otras personas. Es la manera de contactar con su realidad subyacente. Como decía en un post anterior, dentro del juego vemos lo de fuera cuando miramos a otra persona a los ojos.

Maneras de vivir

Hay dos maneras de vivir, esto es, de jugar al videojuego de simulación de la Vida: una es centrarse en el juego y otra es hacer más presente el yo que juega.

Centrarse en el juego: la interfaz

La forma de jugar más extendida es la implicación completa con el guion que se desarrolla dentro del juego. A esta visión corresponden creencias como «las cosas son así» y el materialismo científico. Es la postura de vida aristotélica.

En un juego de realidad virtual, la interfaz son unas gafas y unos mandos que se cogen con las manos. En el juego de la Vida, la interfaz se compone del cuerpo y el cerebro, es decir, tenemos los 5 sentidos y los razonamientos cerebrales.

Además, jugamos con tres avatares: Padre, Niño, Adulto (conceptos del Análisis Transaccional).

El avatar llamado «Padre» dice a los demás lo que deben hacer. Se siente muy bien consigo mismo, e incluso es percibido por todos los demás como una persona que se hace cargo. Pero, realmente, no actúa, solo señalan a otras personas lo que hay que hacer. Es un eco del pasado.

El avatar llamado «Niño» puede querer jugar, hacerse el inocente o la víctima, también puede querer quejarse, llorar, patalear… Al igual que el avatar «Padre», este otro tampoco hace nada, sino que se encoge de hombros o tiene actividades improductivas: procrastinar, entregarse a divertimentos, evadirse por varios medios (Netflix, alcohol, fiestas, hacer como que trabaja…). También es eco del pasado.

El avatar llamado «Adulto» se sitúa en el momento presente de esta Simulación. Es el único que colabora con el yo que juega, puesto que es el único dispuesto a la acción. Pone a disposición del jugador sus competencias y habilidades, dice: ¡sí, adelante!, ¡seguimos!, ¡manos a la obra!

Los avatares del juego de simulación de la Vida: el Niño, el Adulto y el Padre. La IA me ha sacado al Adulto como si fuera un santo.

El yo que juega

El que juega es la mente o el observador. Es quien se da cuenta de «cosas» más allá de la información contrastable de la que dispone. Por ejemplo, puede tener intuiciones, presentimientos, premoniciones, sueños con ancestros… Es la postura de vida platónica.

El yo que juega se vale de los avatares que crea su interfaz (Padre, Niño y, sobre todo, Adulto) para comunicar estas sensaciones, usando el cuerpo para sentir: el vuelco al corazón, el encogimiento del estómago, la apertura y facilidad para respirar, o el irse para atrás y contener la respiración.

Vivir desde este yo supone prestar atención a lo subyacente de manera predominante, dando menos importancia a lo aparente. Es decir, en vez de involucrarse por completo en el juego, el yo se centra en identificar lo que hay detrás de la información que percibe.

Para ello, paradójicamente, desconecta el pensamiento y se deja llevar por el cuerpo, centrándose en el momento presente y en la respiración y eligiendo ver lo que hay detrás. Sobre esta capacidad de ver más allá escribió muy bien y bonito Clarissa Pinkola Estés en Mujeres que corren con los lobos.

El mejor método para ver la realidad subyacente detrás de las cosas son las constelaciones familiares, de las que tienes una categoría en este blog y cuyo máximo exponente actual es Brigitte Champetier de Ribes.

Por qué el agradecimiento es la clave

La perspectiva del yo es la de la magia, la que modifica el juego de la Vida de maneras sorprendentes e inexplicables. Por ejemplo, una persona se cura de un cáncer terminal de forma «milagrosa», una persona que cae en paracaídas se salva de chocar con un compañero de manera fortuita, una persona con poliomielitis cambia su guion de vida y consigue tener éxito en varias áreas de su vida.

Pero también permite algo tan simple y tan difícil como salirse del guion de vida, de esos movimientos automatizados que van hilando un guion con un final ya decidido en la infancia de manera inconsciente. Conseguir actuar respondiendo a lo que se presenta, con ayuda pero dejando a un lado a los avatares «Padre» y «Niño», es un gran logro solo posible desde fuera del juego.

Esto se alcanza poniendo en práctica dos simples actividades: permitir y aceptar. En eso consiste el agradecimiento, en abrazar lo que se va presentando, con la seguridad de que es lo que debe ocurrir. Esto es contraintuitivo y revolucionario: justo al aceptar lo que se percibe como negativo, se transforma, pierde fuerza o pasa a ir a nuestro favor.

Tampoco es muy intuitivo el que las cosas subyacentes sean, a menudo, lo contrario de las aparentes. Por ejemplo, con frecuencia las personas que se muestran como críticas o quejicas y que amargan la existencia a otras, no tienen ninguna fuerza, sino que la extraen de los demás. Personas que se llenan la boca con unos «valores y principios», por detrás hacen justo aquello que condenan. O personas que se muestran como víctimas, se comportan como perpetradores. Esto se amplía en este artículo sobre el triángulo de Karpman.

En resumen: puedes elegir vivir la vida identificándote con tus avatares y siguiendo tu guion preestablecido o puedes tomar las riendas desde «el observador», tu yo subyacente que, asociado con tu avatar «Adulto», es capaz de darle la vuelta a lo que estás viviendo.

Por su cara bonita

Trabajo en el sector de la formación online desde 2010. Y sigo con la misma sensación que tenía al principio, me parece que el aprendizaje electrónico no funciona y da igual que le añadas IA, simulaciones y efectos apabullantes, porque se debe a otra cosa: nadie te mira.

Hace un par de días, mi profesora de zumba no se encontraba bien y se dio una clase de zumba virtual. Consiste en proyectar un vídeo con unos profesores que bailan excepcionalmente. Sin embargo, la mitad de las alumnas se marcharon nada más iniciarse el vídeo y muy pocas quedaron hasta el final. ¿Por qué? Nadie te mira.

Antes veías el Tour de Francia o la Vuelta a España y reconocías perfectamente a los ciclistas: si intentas recordar una imagen de Perico Delgado, vas a verle con una cinta en el pelo, le ves perfectamente la cara; ni siquiera lleva gafas de sol. Después, en la etapa de Induráin, poco a poco se sustituyó la gorra por el casco y empezaron a llevar gafas de sol, poco a poco se nos alejaron. Ahora es muy difícil distinguir a un ciclista de otro. No ves a nadie.

Necesitamos caras

Hay estudios que menciona Juan Luis Arsuaga (el de Atapuerca) en sus libros sobre paleontología en los que se analiza cómo el ser humano ve caras donde no las hay, ve rostros y ojos en las formas cambiantes de las hojas de las plantas, en las piedras, en una cueva… Busca caras y las encuentra.

Como sabemos esto, en los cursos online se ponen vídeos de «busto parlante»: una persona habla, idealmente mirando a cámara, mientras a uno de sus lados aparecen textos relacionados con lo que dice. ¿Es suficiente? No, no funciona: sabes que no te está mirando, que puedes ponerte a hacer cualquier otra cosa mientras pasa el obligatorio vídeo, no se va a ofender, no te va a llamar la atención y, lo que es peor, no va a reformular su mensaje adaptándose al hecho claro de que es aburrido y poco motivador.

Entonces, vienen las videoconferencias: reuniones, seminarios web, masterclass, sesiones… Como diría Kurtz: el horror. Hay una diferencia fundamental entre mirar la figura de un formador mientras se mueve por la clase, mientras te debates entre la somnolencia y el interés, y tener tu careto a la vista de todos los participantes, incluida la tuya, un careto cuyas reacciones pueden ser analizadas de forma pormenorizada. O, peor aún, estás a contraluz y pareces un fantasma cuyos rasgos no se distinguen, y eso crea una sensación siniestra en los demás, inconscientemente. En cambio, en aquellas videollamadas en las que los asistentes apagan su cámara son absolutamente deprimentes para el profesorado: no puede atisbar las reacciones del alumnado, que es lo único que justifica la sincronicidad, es decir, que el evento sea en vivo.

Foto de Anna Shvets: https://www.pexels.com/es-es/foto/manos-gente-mujer-ordenador-portatil-4226140/.

Necesitamos almas

La cara es el espejo del alma. Esta frasecilla me ha venido muy a cuento: lo que buscamos en estas «acciones formativas» y de otro tipo, es ver un rostro humano vivo y en persona, que reacciona a lo que está sucediendo, que está ahí y puede prestar una ayuda solo posible en un humano. Se busca el alma.

Por ejemplo, hace poco se ha oído la noticia de un robot operando la vesícula biliar sin ayuda humana. Es un avance impresionante y positivo… mientras las personas no desaparezcan del todo de la ecuación. ¿Qué pasa si la operación va mal y la persona entra en parada cardiorrespiratoria? ¿Qué pasa si cae en coma y, tal como cuentan las personas que han experimentado una ECM ve desde arriba que ahí no hay nadie que se ocupe humanamente del paciente?

Las capacidades cerebrales humanas pueden ser perfectamente imitadas e, incluso, superadas por la inteligencia artificial. Las cualidades de la mente, como la intuición, la sabiduría, la percepción de algo más allá que no se identifica con los sentidos, no parecen reproducibles, ni creo que sea deseable. El «piloto», el «conductor» de la nave ha de ser siempre el ser humano.

Y si lo pongo en la metáfora del juego de los Sims: dentro del juego vemos lo de fuera cuando miramos a otra persona a los ojos.

No hay plan B

Si estamos jugando al juego de los Sims, conviene conocer sus reglas… si es que las tiene. Es un juego tan versátil que lo que es verdad para unas personas es mentira para otras y, sin embargo, todas estas verdades coexisten como parte de un todo poliédrico, vamos, que son todas verdad. Una cosa es clara: en este juego no faltan piezas, el puzle está completo.

Agárralo como puedas

No solo este título es el de una de mis películas preferidas, también se parece mucho a un post reciente: Agarra el problema como puedas. Es una de las reglas del juego de los Sims, porque:

No hay plan B.

Esto lo dijo Ainhoa Arteta en una reciente entrevista en televisión. En ella, compartía sus comprensiones a raíz de una experiencia cercana a la muerte. Vino a explicar que, cuando se presenta un problema, no hay plan B, solo plan A, solo enfrentar ese problema y seguir adelante, porque de él se puede aprender mucho.

¿Quiénes dominan el juego?

Hay muchas personas que juegan muy bien a esta simulación. Algunas de ellas utilizan su capacidad para ocupar cargos políticos o de poder y tener sensación de manejo. Otras logran exprimir los límites del cuerpo de diversas maneras, lo hacen deportistas, yoguis, faquires… Otras aún son capaces de jugar con sus emociones y corporalidad para crear personajes distintos a ellas mismas, como los actores y actrices. O bien, logran crear composiciones musicales extraordinarias que perduran por siglos. Y así.

Para mí, quienes tienen un dominio espectacular e integral son los monjes Shaolin, monjes guerreros que proceden de la época de una dinastía remota y cuya cúspide visible en occidente son los practicantes de kung fu Shaolin: estas personas tienen un absoluto control sobre su cuerpo y su mente, exactamente igual que un gran jugador de videojuegos maneja los mandos con soltura, como si fuesen extensiones de su cuerpo.

Otra historia de alguien que logra pasarse las pantallas sin mayor problema es el Siddhartha de Hermann Hesse, quien va aprendiendo las reglas de distintas agrupaciones humanas y descubriendo cada vez que «esto no es». Incluso llega a ser un gran comerciante, manejar el mundo de los negocios y defenderse en el amor, viendo al resto de seres humanos como niños, pero eso «tampoco es». Hasta que alcanza lo que es: supera a la máquina y se sale del juego.

Te ha tocado un avatar chungo

En general, la mayoría jugamos una versión de los Sims decente, pero apegada a esos mandatos heredados de «la pianola» de nuestro guion de vida. De vez en cuando, hacemos algo espectacular para nosotros mismos o nuestro entorno, y eso queda para los restos: es lo máximo que podemos lograr, no llegamos a dominar el juego.

En todo caso, ninguna persona es superior a otra por saber pasarse pantallas o vencer a la máquina en el juego de los Sims, porque el avatar te viene dado. Apareces en el juego con un avatar que no es del todo funcional, sino que nace y tiene que aprender un montón de cosas para poder subsistir por sí mismo. Y este avatar «trae cosas», trae ya algunas determinaciones genéticas, como enfermedades que se desarrollarán después, o viene ya chungo de serie, con características que hacen más difícil este juego. Del guion de vida de cada persona depende mucho cuánto le determina una característica negativa, porque recordad la historia de Milton Erickson: con su guion ganador, fue capaz de salir adelante de una polio que le tuvo en cama durante años, para luego triunfar en la vida. Pero otras personas que parecían tener todas las cartas ganadoras no lograron triunfar, o echaron abajo este triunfo, como Marilyn Monroe.

En la sección «avatar chungo» incluyo circunstancias de la vida que no se eligen, que «vienen», lo que llamamos destino. Por ejemplo, pasar la mayor parte de tu vida en una prisión por un delito que no has cometido, como le pasó a Kevin Strickland. Ahora que está libre, lo único que quiere es estar solo. ¿Qué experiencia del «juego» de los Sims tiene una persona como esta? ¿Cuál era su guion de vida?

Noticia sobre la liberación de Strickland en El País en papel, el 5 de diciembre de 2021.

Como veis, la mayoría de mis referencias son del análisis transaccional que creó Eric Berne, porque su teoría es sencillamente brillante, y muy útil para resolver aspectos psicológicos largamente enquistados. Y aquí vuelvo al inicio de este post: en este juego no faltan piezas, el puzle está completo. No se puede opinar tal cosa desde dentro del juego, desde el avatar. Solo se puede ver así elevándose por encima del juego, saliéndose de la matrix, con una perspectiva imparcial, renunciando a las preferencias: desde el adulto.

En la antesala (de la muerte)

Era una sala grande y decorada con un lujo un tanto plasticoso, como la planta baja de un hotel, a la altura de la recepción. Igualmente, tenía esos sillones que imitan piel, la tele encendida, mesas de centro, floreros, cortinajes, iluminación cálida. Por la ventana, se veía una especie de terraza cubierta con un suelo de madera y palmeras grandes, con mesas y sillas de mimbre. Quizá, cuanto más quería imitar una situación normal y cotidiana de cierto lujo y cierto relajo, más siniestra era la sala. ¿Qué era siniestro, la decoración? ¿Era siniestra la gente que la ocupaba, mirados uno a uno? ¿Era siniestro el programa de televisión que corría? No, eran los ecos de Alguien voló sobre el nido del cuco, los ecos de Despertares, los ecos de El show de Truman, los ecos de 1984, los ecos de… los Simpson: los hombres y mujeres muy mayores que la poblaban parecían zombis, estaban «aparcados», estaban «dejados», estaban esperando algo (la muerte) con la mirada perdida, sin hablar entre ellos.

La imagen era tan siniestra como esta, pero en un lugar más grande y con la gente sin mirarse entre sí.

Puede que visites a tus mayores en su casa y les veas en una actitud parecida: están sentados, tirados quizá, viendo la tele con total desinterés, sonriendo alguna vez, otras veces con la mirada perdida, mirando al suelo o directamente dormidos. Pero son a lo sumo dos, quizá alguno más si se juntan con sus amistades y otros familiares de la misma quinta y hablan entre ellos. En aquella sala grande y de lujo fingido, muchos de ellos formaban una legión de zombis que desgarraba el corazón al reparar en ella. Porque esa gente vivió la posguerra, esa gente trabajó duramente, sea en un trabajo, sea en casa, con hijos. Porque salieron adelante de las cartillas de racionamiento, del hambre, de la escasez y vieron el país subir y convertirse en democracia.

Y ahora están ahí: esperando (la muerte). ¿Eso tiene sentido?

Ellos quieren salir corriendo

Si el salón era tan «cuqui», ¿cómo es que yo vi a Jack Nicholson tratando de romper una ventana? No había rejas, sí una tele a la que nadie atendía, no era todo blanco, sí era todo aséptico. Pero, cuando quise salir un momento, resulta que las puertas no se abrían y la persona de recepción no estaba. Eso me dio un agobio importante, aumentado al comprobar que la persona a la que había ido a ver confirmaba que

No me dejan salir a andar sola, y salgo con vosotros porque tenéis autorización de mis hijos.

Ostia. Esa persona había revivido desde que estaba en ese lugar fingidamente agradable, dentro de su estado de dependencia, había empezado a encontrarse mejor, mucho mejor, como ocurre cuando te ingresan en el hospital y de pronto te entran unas ganas muy fuertes de salir corriendo de allí y vivir, esta vez sí, plenamente.

El propio escenario es repelente. Incluso, cuanto más quiere agradar y parecer de nivel, más repele, es como si al entrar oliera muy mal, por más que quieres fijarte en los detalles, no puedes soportar el olor. Y ahí viven todas esas personas en estado zombi y que esperan (la muerte).

En Momo, Michael Ende critica la agrupación de personas por edades, ya que nadie se enriquece de los que son iguales. Resulta más «natural» una mezcla de niños, jóvenes, adultos y mayores, cada cual aprendiendo algo de los otros. Si nadie quiere estar ahí, si ellos quieren salir corriendo y los visitantes también, ¿no hay una manera mejor de organizar esto? ¿Hay solución? ¿Alguna idea de cómo podrían ser las cosas?

Tú única tarea en la vida: vivir plenamente

En los documentales, vemos civilizaciones complejas que han desaparecido del mapa. El arqueólogo de turno investiga y descubre que se ha debido a una sequía prolongada, pero esa civilización trataba de resolverlo haciendo sacrificios humanos. O bien, el arqueólogo descubre que se ha debido a las consecuencias de una erupción volcánica, pero esa civilización estaba tan hundida en su propio problema que no eran capaces de buscar alternativas.

Yo siempre he creído (en plan agorero) que a nuestra civilización le quedaba poco: veía venir la decadencia de muchas maneras. Por ejemplo, cuando me pregunto dónde están las personas introvertidas, las que históricamente han guiado nuestros pasos por sus profundas reflexiones, veo que quedan ocultas por personas muy extrovertidas que además son capaces de crear un circo, pero no de elaborar teorías como la crítica de la razón pura, de Kant. Puedes encontrar aquí algunas reflexiones sobre las capacidades de las personas introvertidas, por parte de Andrés Pérez Ortega.

También veo que los trabajos que requieren de un grado alto de introversión y gusto por tareas con sistemas inertes, como la programación, el diseño instruccional, la traducción, la escritura, o la ciencia de datos están cada vez peor pagados, por la irrupción de la inteligencia artificial en las herramientas que se utilizan. Es paradójico, pero muchos puestos especializados tienen un precio hora cercano al de trabajos que no requieren ninguna cualificación (a excepción de trabajos de muy alto nivel que, entre otras tareas, están configurando esas inteligencias artificiales para que sean cada vez mejores).

Así, junto con «la caída del imperio», mucho trabajo introvertido está también entrando en decadencia: debido, precisamente, a la facilidad de las tecnologías, un trabajo que podía ser creativo, entretenido y motivador, como crear un programa, buscar los términos más adecuados para una traducción en lenguaje informal, extraer conclusiones de una base de datos, o buscar información y crear un informe, manual, o curso, se convierte en un trabajo «penoso», de «minería fina» (picar piedra), porque esa misma facilidad lo convierte en una revisión tediosa de lo que han arrojado los nuevos sistemas. Además, se carece del tiempo necesario para profundizar en cualquier proyecto, por lo que se justifica el «ir rápido» y terminar tareas, sin importar si están hechas con gusto/amor/calidad.

La IA hablando con la IA

En el sector en el que estoy, formación online, veo textos escritos por chats de inteligencia artificial expuestos a alumnado que responderá preguntando también a un chat de IA, de forma que una IA está hablando con otra mientras los humanos alrededor nos hacemos la ilusión de que estamos produciendo tareas y cursos brillantes muy rápido, pero siendo en realidad los facilitadores de ese estúpido juego, casi los esclavos de este.

Un buen ejemplo de que el esfuerzo por comprender una materia va a quedar atrás es esta sugerencia que hace Adobe Acrobat cuando un documento es «demasiado largo»:

En la imagen pone: Parece que el documento es largo. Ahorra tiempo leyendo un resumen. Aparece un botón de «Ver resumen».

Pues en este entorno de civilización en decadencia, en el que «no hacer nada es perder el tiempo», como dice Antonio Fornés en Reiníciate, pero, al mismo tiempo, en el que todo resulta cada vez más sencillo y, por tanto, cada vez menos motivador, ¿qué significa vivir plenamente?

¿Qué significa vivir plenamente?

Cuando pienso en esta expresión, me viene a la cabeza el vídeo de la canción «The Nights», de Avicii, que explica que «su padre le dijo que disfrutara de la vida», más o menos. Entonces, se dedica a hacer puenting, surfing, buceo, juergas…

Lo que pasa es que esto es cansado y caro: hay que ser rico (algo a lo que aspiran muchos jóvenes que quieren ser youtubers o influencers en general), tener tiempo libre y estar en forma. Al margen de esto, no es una forma de vida. Pese a que cuesta creerlo, el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, autor de Flow: una psicología de la felicidad, comentaba que lo que más motiva es realizar tareas que requieran un cierto esfuerzo, como trabajar.

Creo que lo más interesante es vivir plenamente según propone Thích Nhất Hạnh, un maestro budista que falleció en 2022 y del que hemos hablado algunas veces en este blog. En Lograr el milagro de estar atento plantea que la forma de vivir plenamente es tener la atención y los sentidos puestos en la actividad que se está haciendo en el momento presente, que puede ser una muy aburrida, penosa… o divertidísima, motivadora y llena de energía.

Lo que plantea el maestro es que, si estás esperando a que se acaben las actividades rutinarias para empezar a «vivir plenamente», vas a tener muy poco tiempo para ello. En cambio, si tu tiempo (tu vida) es todo lo que haces, si lo vives plenamente, incluso si vives ese aburrimiento con intensidad, entonces estás logrando el milagro de la atención plena.

¿Es esto una especie de conformismo con tareas y proyectos que ya no aportan la motivación de antaño? Puede. Pero también es una herramienta para disfrutar del tiempo que nos es dado en la vida.

Apagar y encender

Hace menos de una semana me compré un libro titulado Reiníciate, del filósofo Antonio Fornés. Supe de él a través de un programa de radio que escuché durante el trayecto de vuelta de Semana Santa, en el que tuve atascos varios que añadieron 2 horas a mi viaje. Pues bien: llevaba tiempo con la necesidad de reiniciar «el equipo».

Pero, para reiniciar, es necesario apagar y encender. Y resulta que la Vida, esa que toma el aspecto de Jessica Lange cuando habla con Bob Fosse, respondió con el apagón del siglo, el «gran apagón» del 28 de abril de 2025. Dijo algo como:

Esto es apagar. Esto es reiniciar. Disfrútalo.

Tuve la suerte de disfrutar del día, por el sencillo motivo de que no puedo trabajar sin una conexión a Internet. Incluso si la batería del portátil puede durar unas horas, las fuentes de información y muchas de las aplicaciones están en la web. Incluso utilizo el diccionario online de la RAE, o la resolución de dudas de Fundéu.

Enseguida encendí mi radio a pilas. Debo de ser de las pocas personas de mi generación que sigue escuchando la radio en un dispositivo como este, y lo hago, precisamente, para no depender de una conexión a Internet o de unos datos; simplemente, le das a la rueda, se enciende y suena. También tengo en el coche un mapa de carreteras de papel. Siempre puede darse el caso de perder el acceso a los datos en tiempo real. Si te pilla por la carretera, el mapa tiene las vías principales, aunque haya habido modificaciones.

Pude hacer deporte, pasear y ver gente por la calle, familias, niños jugando en instalaciones que suelen estar vacías, vecinos charlando alrededor de un banco en un parque… y pude ver las estrellas. Vivo en una zona en la que el cielo de noche se ve naranja, por la luz de las farolas. Así que pudo ser el único día en el que se vieron las estrellas en este lugar, ayudadas por la Luna Nueva. Por varias horas, recuperamos la sensibilidad «ante la maravillosa pluralidad de colores que el mundo nos ofrece», en palabras de Antonio Fornés.

Fue también como un breve bocado, comprimido, de lo que fue el confinamiento de 2020, con lineales de supermercado vacíos y la gente comprando lo que nunca, velas, latas de guisos imposibles, o pilas de un tamaño inusitado. También, se podía vivir plenamente aquello que sí se tenía o sí se podía hacer: el tiempo de pronto pasaba mucho más despacio. Es curioso: cuanto menos prisas, más da tiempo a hacer.

A través de esa radio a pilas, es como supe que no era un apagón en mi barrio, sino en toda España. Oía cómo muchas personas se habían quedado atrapadas en los trenes y metro, pero también en los ascensores, cómo el apagón sorprendía a cada persona en una situación distinta e impedía comunicarla con otras, pues perdimos incluso la posibilidad de establecer contacto telefónico. Además, después se ha sabido que algunas personas han fallecido por este suceso: es un tema serio y que da que pensar sobre dónde está España como país.

Las fechas de entrega ajustadas se iban al garete, los emails se quedaban en el limbo, de fondo, se podía sentir el alivio de no tener que trabajar a contrarreloj, de poder parar, junto con cierta ansiedad imaginando que, al día siguiente, se trataría (sin éxito) de recuperar el tiempo perdido en esos proyectos donde muchas personas estábamos ya haciendo un esfuerzo superior.

Solo quedaba volver a finales del S. XIX, primeros del S. XX, pero con menos medios: si en la casa no hay gas butano, no hay fuego y no puedes cocinar. Tampoco hay lámparas de aceite. Velas y linternas, incluida la del móvil, que quedó reducido a eso, a ser una linterna. Noticias a través de la radio, que permite prestar atención a la comida o a las otras personas, que no absorbe tanto como la tele. Y poco más; tal vez, recuperar la lectura de libros, el deporte, los paseos.

Qué perdura

Reflexionando sobre mi último libro, Itinerario personal para la empleabilidad, II, en el que la persona puede descubrir y trabajar sus competencias personales, emocionales, sociales y emprendedoras, en el que se crea un curriculum vitae y se prepara para lanzarse al mercado laboral, en el que constituye una empresa partiendo de una buena idea emprendedora que tenga solvencia, pensé que lo que perdura es lo humano: la parte más «moderna» del libro muestra herramientas y aplicaciones que se utilizan para todo esto, y, paradójicamente, es la que se queda obsoleta primero. En una situación como la del apagón, esa parte ya no es aplicable, claro.

En cambio, lo más humano, aquello que habla de las competencias, de conocerse muy bien y de crear una marca personal, eso no cambia. Es sobre lo que suelo escribir en este blog, como sabéis los lectores asiduos, pero también aquello sobre la que he tratado en los manuales Herramientas de coaching y Habilidades de comunicación en el aula.

En un mundo distópico en el que, inesperadamente, perdiéramos todo contacto con el mundo online, con internet, las aplicaciones, los buscadores, la inteligencia artificial… recuperaríamos parte de lo humano que ahora sentimos diluido, ajeno a sí mismo. Y buena parte de ello es el contacto real con otras personas, con la vecina, con los niños que están jugando en la calle.

¿Cómo fue el día del gran apagón en tu caso? ¿Cómo pasaste las horas de incertidumbre que vivimos? ¿De qué te diste cuenta? Me gustará leer sobre ello en la sección de comentarios. Muchas gracias por leer y por compartir.