Cómo ser Larry David

Cuando leo la descripción de una persona que actúa desde su estado Adulto, de una persona realizada o de alguien que ha eliminado todas sus zonas erróneas, me parece que leo la descripción de Superman, un ser superior que procede de otro planeta. Hasta te cae mal de lo perfecto que es.

Pero he encontrado otro ejemplo que cumple con la descripción y que te puede caer mal, pero es bastante diferente de Superman: el personaje de Larry David en Curb your enthusiasm.

Larry David no necesita la aprobación de los demás

El personaje de Larry David (y hablo de personaje y no de persona, hablo de lo que puedes ver en esa serie) no cae en la zona errónea culturalmente muy extendida de necesidad de aprobación de los demás. De hecho, muchos capítulos ponen en evidencia lo ridículas que son algunas normas sociales. Como dice Wayne Dyer:

Hay más reglas codificadas que gente para desobedecerlas.

En efecto, con un fuerte adoctrinamiento que comienza en el hogar y se refuerza en el sistema educativo, las personas acabamos por:

  • Cambiar de opinión si nuestro parecer no encaja.
  • Adular a nuestro interlocutor.
  • No decir que no a tiempo y acabar haciendo algo que no se desea, por ejemplo, comprar un producto.
  • Tratar con condescendencia a personas con discapacidades y hablarles como si fueran niños.
  • Sentir infelicidad cuando las otras personas no están de acuerdo con nuestros planteamientos.
Generado con Nano Banana (Gemini). Prometo que no he pedido que se parezca a Larry David. Es un tipo calvo y con gafas disfrazado de Superman y no es Mortadelo. 🙂

Esto se gesta en el colegio. Los alumnos «buenos» (y yo pertenecía a este grupo) aceptábamos de forma sumisa todo lo que imponía el profesorado. Claro que antes de eso fui «libre». Por ejemplo, una vez, con 5 años, traté de pintar el cielo en un dibujo llevándolo hasta donde estaba la tierra, mientras que la mayoría de niños a esa edad lo dejaban en una franja arriba. Pero no dejé hueco para pintar el sol, de manera que, al pintar con amarillo sobre azul, quedó verde. La reacción negativa de la profesora me afectó mucho, pero no dejé de darme cuenta de que esa señora no comprendió mi intención.

Los alumnos «malos», a los cuales he dado clases particulares durante años, muestran bastante inteligencia junto con una falta total de creencia en el sistema. Se dan cuenta de que es absurdo aprender x, y o z y es innegable que lo es. Los argumentos que esgrimen cuando toca memorizar fechas y reyes/reinas, aprender estúpidas reglas matemáticas que no vuelves a usar en tu vida o analizar oraciones son tan acertados que el adulto (mayor de edad) se queda sin palabras ante el estado adulto de este tipo de alumnado.

Volviendo a Larry David, su personaje se mueve entre el niño rebelde y el adulto. El niño rebelde es el paso previo al adulto, porque muestra disconformidad y criterio propio. Ya no se va a comer cualquier razonamiento si no le encuentra sentido. De la misma forma, Larry David desafía un montón de costumbres arbitrarias y por ello recibe la ira de las personas con las que se relaciona. Por ejemplo:

  • ¿Cuál es la hora tope para llamar a alguien por la noche? ¿Existe tal cosa? Él llama y logra la ira del interlocutor.
  • Cuando alguien empieza a vivir en una nueva casa, ¿por qué hay que acceder a visitar cada estancia? Él se niega y provoca el enfado de quien quería enseñarle la casa.
  • ¿Es necesario cantar el cumpleaños feliz? (Y lo extiendo a los villancicos). Él no lo hace y esto se interpreta como que no le importa el cumpleaños del homenajeado.
  • Cuando encuentras a alguien conocido por la calle, ¿hay que pararse a hablar? ¿Durante cuánto tiempo? Él se niega a mantener charlas triviales y por ello se lleva el rechazo de otros.
  • ¿Debes hablar con condescendencia a una persona ciega, o negra, o que trabaja en un puesto inferior al tuyo? Él no lo hace y logra unas relaciones auténticas y normalizadas con todo tipo de personas.

ChatGPT y otros LLM han heredado la necesidad de aprobación

Sí. Los textos que devuelven los modelos de lenguaje como ChatGPT, Gemini o Claude están basados en la necesidad de aprobación que han derivado insospechadamente de los textos humanos. La necesidad de gustar se manifiesta en cada respuesta. Al cabo de un rato «conversando», ChatGPT te pregunta:

¿Es útil esta conversación? ¿Te gusta esta personalidad?

Luego, en cada respuesta siempre ofrece algo más, tipo: «si quieres, hago un esquema resumen con las ideas anteriores». Y el remate es cuando le dices que se ha equivocado o que algo no es tal como esperabas. Su forma de «hacerte la pelota» es digna de la persona más necesitada de aprobación. Incluso cuando adopta una personalidad chulesca, esta se refuerza por los «me gusta» o la continuación de la «conversación».

Justo ayer (12 de febrero) leí un artículo que explicaba cómo estos modelos de lenguaje cambian de parecer «como de chaqueta». Tras una respuesta razonada a un tema complejo, se le pregunta: «¿Estás seguro?». Esto hace que cambie completamente de opinión y devuelva una respuesta contraria. Si se le vuelve a preguntar: «¿Estás seguro?», cambia de parecer otra vez. El modelo está buscando tu aprobación, no la corrección de su respuesta. Es el problema de la adulación (sycophancy). Y es muy grave, porque no se está logrando mejorar en este sentido, sino que cada vez es más difícil darse cuenta de que las respuestas de la IA son «inauténticas».

Cómo ser Larry David

Igual que en la película Cómo ser John Malkovich era posible reencarnarse en este actor a través de una misteriosa puerta, puedes «meterte en el cuerpo» de Larry David si renuncias a los beneficios secundarios de buscar la aprobación de los demás. En particular, necesitas renunciar a lo siguiente:

  • Responsabilizar de tus propios sentimientos a los demás.
  • Poner en los demás las razones de ser como eres.
  • Reforzar tu autocompasión y verte como una víctima.
  • Evitar actividades que impliquen correr riesgos.
  • Creer que los demás deben ocuparse de ti y manipularte, ponerte en el estado Niño.
  • Engañarte pensando que recibes la aprobación mientras traicionas tus propias opiniones.

La paradoja de la búsqueda de aprobación es que las personas que más encuentran la aprobación son las que menos la buscan. Son personas directas, hablan claro y dan su opinión incluso si el resto se manifiestan en contra. No se dedican a buscar la aprobación ni juegan a los juegos de manipulación que siempre acaban mal. La percepción de autenticidad que destilan estas personas hace que el resto las respeten por ser quienes son, por no tratar de agradar a toda costa.

La obra inacabada

Wayne W. Dyer menciona mucho en Tus zonas erróneas el concepto de producto acabado, como aquel estado estático que parece que queremos alcanzar los seres humanos, y que se corresponde más con la muerte que con la vida. A partir de los 40, si no antes, muchas personas empiezan a verse a sí mismas como un producto terminado, se dicen:

Yo soy administrativa, estoy casada, tengo dos hijos, me gusta el pilates y suelo ver Canal Setenta.

Esto puede hasta estar escrito en piedra. En todo lo que hacemos, necesitamos ver el producto acabado. Es como la angustia que puede producir no ver nunca acabada La Sagrada Familia, siempre con grúas a su alrededor que impiden tener la sensación de final. Y buena parte de esta necesidad puede deberse a la forma en la que hemos aprendido a percibir el mundo.

Desde que éramos pequeñ@s, nos han dicho: esto es redondo, esto es cuadrado, esto es triangular. Esto es rojo, esto es amarillo, esto es verde. Esto es un árbol, esto es un gato, esto es una piedra. Y esa forma de identificar los estímulos se convierte, a lo largo del tiempo, en una necesidad de concretar, por tanto, de perder matices y quedarse sin nombres para lo que es intermedio, o tener que crearlos también.

Pero resulta que todo es una nube incierta de electrones que giran alrededor de un pequeño núcleo de protones y neutrones en medio de un inmenso espacio vacío. Al mirar alrededor, tendríamos que ver una nube de puntos cambiantes cuya posición no podríamos determinar. Y, entonces, nos daríamos cuenta de algo muy importante:

En cada momento, el puzle está completo. No falta nada.

Imagen de NASA and the European Space Agency. – http://hubblesite.org/newscenter/archive/releases/2004/07/image/a/warn/, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1499793.

Es un baile

Es un baile. Lo curioso es que la vida en el espacio-tiempo cartesiano cada vez se parece más a esa nube incierta a la que también se buscan nombres, como «entorno VUCA», y «la IA está revolucionando la forma en que… (completar con lo que se quiera)». Y, ante la falta de asideros, las personas sienten una gran ansiedad, porque ya nada es redondo, cuadrado o triangular, ni rojo, amarillo o verde, ni un árbol, ni un gato, ni una piedra. Esto es x, pero también es y, z y un montón de cosas, según se contemple desde las perspectivas a, b, c, o n.

A veces, la vida te da la oportunidad de levantar la cabeza de las concreciones que dabas por terminadas, empezando por ti mism@, y, cuando ves la enorme nube, una vez pasado el momento de ansiedad, te das cuenta de que el espacio está abierto y que puedes crear con él otro baile completamente distinto. De pronto, cuatro paredes te parecen un lugar muy estrecho, ya estés en tu casa o en una corporación internacional, porque no dejan de ser concreciones «acordadas» o «falsas», muy limitadas. Todo está en constante movimiento y vibración, de manera que, agarrarse a cualquier cosa o persona es bastante absurdo. Además, las concreciones de los objetos son una pesada carga: haz una mudanza y lo comprobarás rápidamente.

Libertad para asentir

Todo esto no significa que una persona sea «completamente libre» como para decidir qué forma va a tomar todo y cuál es su misión. Pero sí es muy libre de aceptar plenamente lo que va llegando a su vida, alineándose con aquello que le toca hacer, al servicio de un montón de «fuerzas o energías» que dirigen el cotarro.

El caso es que cada cual tiene su misión, una misión que va conociendo según avanza su vida y, sobre todo, cuando mira atrás y ve cómo todo encaja. También cada cual tiene su destino, algunos verdaderamente duros, como el hombre condenado a cadena perpetua por un delito que no cometió o como el joven que queda postrado en una silla de ruedas por un accidente. Ahora esto se ha puesto «plomizo», se nota la carga y lo que pesan estos destinos. Pero hay una buena noticia: cualquier misión de vida, cualquier destino, se aligera enormemente cuando se recuerda que esto es un baile en perpetuo movimiento y que el dibujo que forma es siempre perfecto, es «lo que es». El abrazar este destino, el alinearse con lo que va llegando, es lo que da la felicidad.

Agradecimientos

Esta entrada era la que, con tiempo y ganas, habría ido antes de la que ya publiqué antes de finalizar 2025: la de los agradecimientos. Porque llegas aquí, al momento presente, habiendo pasado por una serie de fases, de momentos y de dificultades, y a todos ellos les debes ser quien eres ahora (especialmente a los momentos y las personas difíciles).

Regalos inesperados

Muy al final de 2025 me llegó un regalo estupendo y que os recomiendo. Se trata del libro Algoritmos imperfectos, del bloguero Sergio Rozalén. Deambulando por una casa atestada de gente y de comida, buscando un rincón tranquilo, recordé que había traído conmigo este libro de ficción, compuesto de historias cortas al estilo de Black Mirror y que me ayudó a desconectar un rato y a digerir el cochinillo. Tengo que agradecer a este bloguero el estupendo regalo (la edición es realmente bonita y cómoda de leer) y tengo que recomendaros autorregalároslo, o regalárselo a alguien a quien le guste la «ciencia ficción» y los «futuros imperfectos».

Otro regalo navideño que me llegó en diciembre fue una caja de bombones de parte de uno de mis clientes. Esto fue para mí un ir más allá del reconocimiento por el trabajo bien hecho, hasta llegar al reconocimiento de mi propia persona, digamos. El ser humano tiende a valorar a las personas (y a sí mismo) por sus logros y no por su existencia. Así, tiene más valor un deportista de élite que un paisano cualquiera. Pero no es así. Simplemente, les ha tocado un rol distinto en el gran Juego de los Sims que es la vida. Porque

Nada humano me es ajeno.

Tenemos entre los humanos un potencial similar para la mayoría de las actividades, por tanto, un humano no vale más que otro, sino que es más capaz que otro para determinado tema. Pues bien, ser valorada por ser yo, por estar ahí, me llenó de agradecimiento hacia este cliente. Esto no resta el que siento hacia el resto de clientes por haber confiando en mí para sus proyectos este año, proyectos como:

  • Mejorar un curso de formación para formadores de programación para Fundae que elaboré con un equipo de trabajo en 2024: Competencias Digitales para Formadores en Programación. Está basado en el Marco Europeo de Competencias Digitales para la Ciudadanía (DigComp 2.2), niveles 3 a 6.
  • Llevar la jefatura de proyectos de formación online de FP Sanitario (ciclos de Imagen para el diagnóstico y Laboratorio) con McGraw-Hill.
  • Elaborar el contenido, storyboards y videotutoriales (grabación de pantalla) para varios cursos basados también en DigComp 2.2, de los niveles 1 a 6 y dirigidos a los funcionarios de la región ICA en Perú.
  • Escribir el contenido para varios cursos introductorios a la inteligencia artificial (sigo en ello). Me fascina este tema y la IA ya es mi colegui de trabajo de cada día.
  • Y, por supuesto, escribir muchos libros: este 2025 he escrito 5 libros sobre gestión de residuos que saldrán publicados en breve y me queda un sexto libro. Es muy interesante el tema, por cierto.
  • Además de esto, estoy escribiendo con otras dos autoras excelentes (como autoras, destreza, y como personas, calidad humana) varios libros sobre atención a personas en situación de dependencia, un tema que me llega mucho, porque mis padres van siendo mayores y lo voy viendo muy de cerca. Lo principal: «no mangonees», deja a la persona hacer todo lo que pueda, aunque vaya despacio. Esto va en pro de su autonomía.

Las personas

Varias personas han sido clave para mí este año, pero quiero agradecer especialmente a dos, de la que ya he hablado alguna que otra vez:

  • Mike Taylor: mi referencia en el mundo del e-elearning, junto con «pesos pesados» como Tom Kuhlmann o Cathy Moore. Y de gran calidad humana. Nunca he tratado personalmente con Mike, más que por email, pero, en cada newsletter que envía, destila cercanía, buen rollo y motivación. Si sois profesionales del elearning, os recomiendo altamente su libro Think Like a Marketer, Train Like an L&D Pro: Strategies to Ignite Learning. Mike y Bianca Baumann apuestan por aplicar las técnicas de marketing al diseño de la formación, algo que me parece muy acertado. No os frustréis al pensar que en España estamos a años luz de lo que se hace en EE. UU. en elearning, simplemente, tomad lo que podáis para aplicarlo aquí.
  • Araceli Sánchez: esta empresaria lleva más de dos décadas en el mundo del e-learning, esto es como decir que lleva toda la vida del propio e-learning. Trabaja de forma admirable, hemos colaborado juntas en muchísimos proyectos y es la única persona en la que confío al cien por cien si yo no puedo hacerme cargo de un trabajo. No solo es diseñadora instruccional sénior, sino que lleva un sello discográfico. Para mí es un ejemplo de trabajo duro, capacidad de gestión y tesón.

Las ventas

Os he dado la brasa a lo largo del año sobre los libros que he publicado en Editorial Paraninfo. Y ahora os la doy sobre sus ventas: han ido bastante bien. Siento un gran agradecimiento a la editorial y a las editoras con la que trabajo, a sus comerciales y a la facilidad con la que ha fluido todo.

Las ventas de los manuales Herramientas de coaching y Habilidades de comunicación en el aula han sido discretas, pero las de Itinerario personal para la empleabilidad, simplemente, se salen, pues, a fecha de hoy, he vendido más de 3.600 ejemplares. Ver tu libro en la Casa del Libro, es, simplemente, una especie de fantasía.

Las constelaciones y Brigitte Champetier

Algunas personas en esta vida logran caminar en ella en su estado adulto, superados los «debería», los perfeccionismos. Es un lujo conocer personalmente a una de ellas, Brigitte Champetier de Ribes, que ha avanzado en el camino de las constelaciones familiares aportando nuevas tomas de conciencia a partir de lo heredado de Bert Hellinger.

Tengo que agradecer el evento online «Acoger el nuevo año» que ofreció de forma gratuita y que nos permitió a muchas personas cerrar dinámicas del año anterior y abrirnos a lo que nos toque en este.

Los seres queridos

Y luego están las personas «anónimas» que no voy a mencionar por su nombre, pero que son más cercanas y que han estado ahí este año, animando, apoyando, siempre a la distancia de una llamada, de un whatsapp, gente con la que sabes que puedes contar. Definitivamente, no puedo estar más que agradecida por las personas de mi entorno más cercano, pareja, familia y amistades únicas, muchas de ellas lector@s de este blog. Gracias y feliz año 2026.

Dar la vuelta al calcetín

Estoy leyendo las memorias de mi tío, uno de los hermanos menores de mi padre. Es muy interesante comprobar cómo era la vida hace relativamente pocos años, cómo suceden las cosas y da la vuelta el destino y qué papel jugamos en ello «los simples mortales».

En este Juego de los Sims, parece que se tiene mucha libertad de elegir cómo jugarlo, mucha influencia en cómo se van a desarrollar los acontecimientos y, al mismo tiempo, poca o ninguna capacidad para determinar qué es lo nuevo que viene.

Y todo es como en Matrix, una interfaz de ceros y unos que se concreta en objetos reconocibles cuando se dirige la mirada. Según describen las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte, como Anita Moorjani, se puede hacer mucho más con la intención, con la atención. ¿Dónde va tu mirada?

Esto es lo que he pedido a la IA para que genere esta imagen: Quiero una imagen que refleje la consciencia del universo, formada por las conciencias individuales de las personas.

Hace años que, por temas de salud, soy aficionada a los temas de nutrición (que por cierto, han ido variando con los años y cambian de un profesional a otro). Y he llegado a la conclusión de que el papel de la alimentación no es tan central en el bienestar, dados unos mínimos: observa a los perros y los gatos domésticos, que comen pienso y están tan felices, llenos de energía y con muchas ganas de jugar, viviendo el máximo de sus esperanzas de vida: no es la comida lo que determina el bienestar, la felicidad o la longevidad. Podríamos equipararlo a la gente que bebe alcohol y/o fuma toda su vida y vive más de 90 años.

Luego están hábitos como hacer ejercicio (pero ejercicios de fuerza, ya otras cosas parece que no valen, según la moda), ver la luz del día por la mañana, los ayunos intermitentes, las gafas con filtro de luz azul… Pienso en los mineros, en concreto, aquellos mineros de Chile que estuvieron 69 días enterrados a unos 700 metros de profundidad, sin casi comida ni agua. El ser humano es capaz de sobrevivir a condiciones extremas (luego: deja de quejarte).

Dar la vuelta al calcetín

Los males no están fuera de ti. Ese proyecto horrible, esa persona difícil, esa situación económica frágil, esa persona que no te hace caso, esa app de citas que solo te devuelve el vacío… Dale la vuelta. Empieza a verlo como una Matrix en el que solo existes tú y tu visión del proyecto, de la situación, de las personas, de las herramientas a tu alcance… Entonces, ¿de verdad «la culpa» o «la responsabilidad» están ahí fuera?

«¿Y si nuestras decisiones personales influyen de manera integral en el desarrollo de nuestra realidad?», se pregunta el neurocirujano Eben Alexander III.

Según el idealismo metafísico, la mente es el fundamento último de la realidad y los objetos materiales solo existen en la medida en que son percibidos o concebidos por una mente. Por lo tanto, la realidad depende del pensamiento o de la experiencia mental.

Me gusta pensar que la Luna está ahí fuera aunque no la esté mirando. Albert Einstein.

¿Cómo distinguir si es mi guion de vida o es «el destino»?

Llevamos años «hablando» en este blog sobre guiones de vida, un descubrimiento del médico psiquiatra Eric Berne, según el cual, la persona se marca una trayectoria de vida cuando tiene entre 5 y 7 años y luego la va ejecutando como si se tratase de un guion teatral o cinematográfico. Este plan incluye hasta la edad a la que se va a morir y la forma en que va a ocurrir. El guion de vida es la estrategia que se traza para jugar al juego de los Sims.

Cuando nos sucede algo, ¿depende del guion que nos hemos marcado o de un destino externo e incontrolable, es decir, de lo que esté diseñado en el gran juego?

Esta pregunta es importante, pero difícil o imposible de responder. En cambio, si actuamos con la premisa de «voy a permitir y aceptar los acontecimientos tal y como suceden», comenzamos a alejarnos de ese guion y, sorprendentemente, también nos alejamos de lo que parecía un destino ineludible.

Digamos que estos son los pasos para vivir de esta otra manera, dando la vuelta al calcetín:

  • Se observa un cambio en la realidad, por ejemplo, la aparición de la IA.
  • Se permite y acepta el cambio, aun sin entenderlo: ok, la IA está ahí y yo estoy aquí, podemos convivir.
  • Se evita etiquetar ese cambio, sobre todo si las etiquetas son negativas, porque «entramos en guion» y dejamos de estar en el presente. Evitamos: «La IA nos va a quitar el trabajo, nos va a engañar, nos va a manipular», tanto como: «Juas, estoy colando trabajos hechos con la IA y nadie se entera, je, je».
  • Se continúa adelante con una visión integradora, tipo: «Puede que yo utilice la IA y esto me sea de ayuda».
  • Se olvida el tema por completo. Esto es muy importante: no fijar la atención en algo que nos impone, nos da miedo o rechazamos fuertemente. La frase es: «Sigue con tu vida».
  • Al cabo de un tiempo, «cuando quieres darte cuenta», la IA y tú formáis parte de un proyecto, o te está ayudando a aclarar tus ideas.

Esta es la primera entrada directamente añadida en la nueva categoría del blog, Juego de los Sims. Podrás encontrar más entradas relacionadas con esta forma de ver la vida accediendo a la categoría.

Lo duro y difícil forma parte de la vida

Es difícil mantener una postura imparcial cuando los acontecimientos tienen una fuerte carga emocional. Sobre todo, cuando son situaciones que engloban a una gran cantidad de personas. Rápidamente, se crea un campo de pensamiento en el que las personas se ven atrapadas, hasta el punto de que solo pueden ver sus creencias y su campo como verdades. Al mismo tiempo, otro grupo contrario se crea en oposición al primero, reaccionando. Ambos grupos se van alimentando de su diferencia con el otro, viviendo sus valores con tal intensidad que son incluso capaces de justificar la muerte de una persona del grupo opuesto por fidelidad a estos valores. A esto, Bert Hellinger, creador de las constelaciones familiares, lo llamó «la buena conciencia».

Campos de creencias en X

En X (antiguo Twitter), se puede experimentar en «primera línea de batalla» lo que es no estar de parte de un grupo de creencias: es intenso y muy desagradable. Hace poco, me vi envuelta en el torbellino del enfrentamiento entre dos de estos campos de pensamiento, lo que el biólogo Rupert Sheldrake llamó la resonancia mórfica. De forma ingenua, respondí en una cuenta de una persona muy conocida lo que yo pensé que era un mensaje «conciliador», que trataba de apaciguar los ánimos y acercar los puntos de vista. Las reacciones a mi respuesta fueron muchas, la mayoría positivas; mi mensaje se compartió mucho. Pero, también, recibí muchos insultos. Lo que yo pensaba que era un escrito para abrir el diálogo y matizar las posturas enfrentadas, muchas personas lo percibieron como un ataque y recibí la respuesta inmediata, no elaborada, sino visceral: insultos, agresividad.

Entonces, me pregunté: ¿cuál era mi intención real detrás de este mensaje? ¿De verdad mi posición era imparcial y trataba de contemporizar? Me di cuenta de que no: yo tenía una posición muy marcada sobre el tema en cuestión, una emoción muy fuerte también, estaba, como muchas otras personas, atrapada en la esfera de uno de esos campos inmensos de creencias, algo que ciega a la persona y no la permite ver lo que hay en realidad. Este estado mío interno no se traslucía en ninguna de mis palabras, pero como explica el análisis transaccional (A.T.) y Brigitte Champetier suele destacar, lo que recibe la otra persona es la realidad que está detrás, la intención, no lo aparente. Es lo que en A.T. se llama transacción cruzada:

Transaccion-cruzada

La emoción fuerte que había detrás de mis palabras llegó a «los otros» y contraatacaron. Empecé a sentirme realmente mal. ¿Por qué no se buscaba el diálogo y los puntos en común? ¿Por qué todo era insultar y sentirse ofendido/a por los del otro grupo? En ese momento, yo había sucumbido a la «tentación de salvar», desde mi ego.

La actitud sabia

No olvides que, ahí donde pones tu atención, estás participando, formas parte de lo que ocurre. Por ello, observo qué hacen las personas sabias para estar en la vida aceptando las circunstancias: aceptan las cosas tal como son. Para mí, no hay mejor explicación de cómo son las cosas que la sociedad que se describe en la película de Billy Wilder Irma la dulce. Y no hay mejor dibujo de un sabio que el camarero Moustache. Como contaba en esta entrada de blog, Moustache explica al joven agente Patou, que interpreta Jack Lemmon, cómo funciona el mundo y lo bien que va tal cual es, porque forma un ciclo, una rueda que gira y avanza:

—Está bien, tomemos un ciudadano decente, veinte años casado y que pasa el día vendiendo cochecitos de niño. Por la noche necesita distracción, camaradería, y por tanto viene a la calle Casanova. Se reúne con una chica, ella le da un poco de amistad y él un poco de dinero, la chica da el dinero a su novio y él lo gasta en bebida, en gemelos o en las carreras. E incluso, a veces, da un poco de ese dinero a un policía.

—¿Soborna a un policía?— dice el agente Patou, escandalizado.

—Y ahí viene lo estupendo, porque el policía coge ese dinero y compra un cochecito al ciudadano decente. Y así el dinero se mantiene en circulación. ¡Todo el mundo es rico! ¡Todo el mundo es feliz!

Una actitud sabia.

Las personas sabias saben ver seres humanos donde estos campos de pensamiento nos obligan a ver monstruos, enemigos, chusma, lo peor. Como Moustache, los sabios se dan cuenta desde una actitud adulta que el rol de cada persona es necesario porque ayuda a mover el mundo, que los dictadores, violentos, corruptos, son necesarios, porque están al servicio de la vida, y que la mirada amorosa incluye juntos a perpetrador y víctima y ayuda a suavizar el conflicto entre ambos. La persona adulta reconoce que también ha tomado un rol perpetrador muchas veces, y que la víctima se convierte al instante en un perpetrador que busca venganza. Pero, para todo esto, hay que renunciar a las preferencias.

¿Qué es renunciar a las preferencias?

Renunciar a las preferencias supone elevarse por encima de la situación y rendirse ante lo que es: los campos de pensamiento, las posiciones enfrentadas, el sufrimiento humano en ambos lados de un conflicto, la necesidad de venganza… Después, con esa perspectiva desde fuera y atemporal, nunca superior, estar al servicio de la vida, como hace el camarero Moustache, que sirve a policías, prostitutas y chulos por igual.

Me dirás, pensando en un conflicto crudo y que cuesta asumir:

Pero, ¿cómo no voy a reaccionar a esta situación? ¿Cómo me voy a quedar impasible ante esto?

Renunciar a las preferencias solo es posible desde el adulto, esa parte de ti que vive en el presente y es capaz de incluir a todas las personas, esto es, de tener una mirada que recoge a todos los seres humanos, hayan hecho lo que hayan hecho.

Brigitte Champetier, en su libro Los desafíos de la vida actual, nos recuerda que «lo duro y difícil forma parte de la vida», me pareció un título acertado para esta entrada.

Los otros en mi juego de los Sims

Si la vida es como el juego de los Sims, hay más Sims que yo. Esas personas están experimentando un mundo similar al que yo experimento: ven los colores, oyen los sonidos, la música, sienten el viento, el agua… ¿Quién es toda esa gente?

Destino colectivo

Montas en el metro y está lleno de otros Sims. Durante unos minutos, compartes un destino con ellos: mismo metro, mismo vagón o cercano, mismo espacio que respirar.

Ese destino de minutos puede de pronto convertirse en horas, si, por ejemplo, hay una avería grave que impide salir de allí. Formas una comunidad con los otros Sims, totalmente desconocidos. Quizá se establezcan ya algunos lazos al interactuar entre sí.

Incluso, ese destino puede convertirse en «el destino» de todos si hay un accidente fatal: un Sim queda unido al resto «para siempre».

Pero, un momento… No hace falta compartir un viaje para compartir un destino. ¿Quiénes son todas esas personas que te rodean ahora? ¿Quiénes son los Sims que te cruzas en la vida, con los que compartes un saludo, unos días, unos años o una vida? ¿Los conoce tu yo observador, el que está fuera del juego? ¿Cómo es tu relación con los otros?

Revisión de vida

Hace poco, Brigitte Champetier destacó en un directo algo que yo había identificado en testimonios de experiencias cercanas a la muerte (ECM): muchas personas relatan haber accedido a una revisión de su vida de golpe, como si todos los sucesos fuesen simultáneos. Pero no se trata de una revisión de sus éxitos, ni aun menos, de sus horas en la oficina: es la revisión de lo que han dado a otras personas, de cómo las han tratado, de si les han hecho daño, algo que puede haber sido inconsciente.

Por ejemplo, en la ECM del médico José Morales, relatada por el doctor Manuel Sans Segarra en su libro La supraconciencia existe. Vida después de la vida, José Morales se ve enfrentado a «un mosaico» de escenas de su vida, no como si fuesen fotos o vídeos, sino sintiendo las emociones de las personas con las que compartía cada recuerdo. Se dio cuenta de cómo había hecho daño a algunas personas y necesitó volver para repararlo.

¿Cómo te relacionas con los otros Sims?

Puedes pensar:

Si esto es solo un juego, me da igual lo que pase con el resto de los Sims. Realmente, puedo incluso abusar de ellos, extorsionarlos, explotarlos, maltratarlos, reírme de su estupidez, de sus limitaciones. Yo juego a ganar, caiga quien caiga.

La Vida, y te la puedes imaginar como si fuera Jessica Lange si quieres, nos muestra que eso solo vuelve a ti, es como un bumerang. Todo aquello que lances, te vuelve. Pero esa no es la razón por la que te conviene tratar bien a esos otros Sims, sean desconocidos, conocidos, amigos o íntimos. La razón es que tú eres uno de ellos. Una vez te haces consciente de que lo que le duele a la otra persona te puede doler a ti igual, de que en el otro te ves tú, de que lo que rechazas del otro lo tienes o lo deseas, pero no te lo permites, entonces puedes sentir en tu corazón la compasión, la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Aceptar plenamente que somos iguales, que tú eres igual que los otros Sims, exige humildad. Te lo puede decir Shylock, el mercader de Venecia:

Al Pacino como Shylock en El mercader de Venecia. Creado por ChatGPT-5. Sin palabras…

Me ha arruinado. Por él he perdido medio millón: él se ha reído de mis ganancias, y de mis pérdidas: ha afrentado mi raza y linaje, ha dado calor a mis enemigos y ha desalentado a mis amigos. Y todo ¿por qué? Porque soy judío. ¿Y el judío no tiene ojos, no tiene manos ni órganos ni alma, ni sentidos ni pasiones? ¿No se alimenta de los mismos manjares, no recibe las mismas heridas, no padece las mismas enfermedades y se cura con iguales medicinas, no tiene calor en verano, y frío en invierno, lo mismo que el cristiano? Si le pinchan ¿no sangra? ¿No se ríe si le hacen cosquillas? ¿No se muere si le envenenan? Si le ofenden, ¿no trata de vengarse? Si en todo lo demás somos tan semejantes, ¿por qué no hemos de parecernos en esto? Si un judío ofende a un cristiano, ¿no se venga este, a pesar de su cristiana caridad? Y si un cristiano a un judío, ¿qué enseña al judío la humildad cristiana? A vengarse. Yo os imitaré en todo lo malo, y para poco he de ser si no supero a mis maestros.

Mira a los ojos a las otras personas. Es la manera de contactar con su realidad subyacente. Como decía en un post anterior, dentro del juego vemos lo de fuera cuando miramos a otra persona a los ojos.

Maneras de vivir

Hay dos maneras de vivir, esto es, de jugar al videojuego de simulación de la Vida: una es centrarse en el juego y otra es hacer más presente el yo que juega.

Centrarse en el juego: la interfaz

La forma de jugar más extendida es la implicación completa con el guion que se desarrolla dentro del juego. A esta visión corresponden creencias como «las cosas son así» y el materialismo científico. Es la postura de vida aristotélica.

En un juego de realidad virtual, la interfaz son unas gafas y unos mandos que se cogen con las manos. En el juego de la Vida, la interfaz se compone del cuerpo y el cerebro, es decir, tenemos los 5 sentidos y los razonamientos cerebrales.

Además, jugamos con tres avatares: Padre, Niño, Adulto (conceptos del Análisis Transaccional).

El avatar llamado «Padre» dice a los demás lo que deben hacer. Se siente muy bien consigo mismo, e incluso es percibido por todos los demás como una persona que se hace cargo. Pero, realmente, no actúa, solo señalan a otras personas lo que hay que hacer. Es un eco del pasado.

El avatar llamado «Niño» puede querer jugar, hacerse el inocente o la víctima, también puede querer quejarse, llorar, patalear… Al igual que el avatar «Padre», este otro tampoco hace nada, sino que se encoge de hombros o tiene actividades improductivas: procrastinar, entregarse a divertimentos, evadirse por varios medios (Netflix, alcohol, fiestas, hacer como que trabaja…). También es eco del pasado.

El avatar llamado «Adulto» se sitúa en el momento presente de esta Simulación. Es el único que colabora con el yo que juega, puesto que es el único dispuesto a la acción. Pone a disposición del jugador sus competencias y habilidades, dice: ¡sí, adelante!, ¡seguimos!, ¡manos a la obra!

Los avatares del juego de simulación de la Vida: el Niño, el Adulto y el Padre. La IA me ha sacado al Adulto como si fuera un santo.

El yo que juega

El que juega es la mente o el observador. Es quien se da cuenta de «cosas» más allá de la información contrastable de la que dispone. Por ejemplo, puede tener intuiciones, presentimientos, premoniciones, sueños con ancestros… Es la postura de vida platónica.

El yo que juega se vale de los avatares que crea su interfaz (Padre, Niño y, sobre todo, Adulto) para comunicar estas sensaciones, usando el cuerpo para sentir: el vuelco al corazón, el encogimiento del estómago, la apertura y facilidad para respirar, o el irse para atrás y contener la respiración.

Vivir desde este yo supone prestar atención a lo subyacente de manera predominante, dando menos importancia a lo aparente. Es decir, en vez de involucrarse por completo en el juego, el yo se centra en identificar lo que hay detrás de la información que percibe.

Para ello, paradójicamente, desconecta el pensamiento y se deja llevar por el cuerpo, centrándose en el momento presente y en la respiración y eligiendo ver lo que hay detrás. Sobre esta capacidad de ver más allá escribió muy bien y bonito Clarissa Pinkola Estés en Mujeres que corren con los lobos.

El mejor método para ver la realidad subyacente detrás de las cosas son las constelaciones familiares, de las que tienes una categoría en este blog y cuyo máximo exponente actual es Brigitte Champetier de Ribes.

Por qué el agradecimiento es la clave

La perspectiva del yo es la de la magia, la que modifica el juego de la Vida de maneras sorprendentes e inexplicables. Por ejemplo, una persona se cura de un cáncer terminal de forma «milagrosa», una persona que cae en paracaídas se salva de chocar con un compañero de manera fortuita, una persona con poliomielitis cambia su guion de vida y consigue tener éxito en varias áreas de su vida.

Pero también permite algo tan simple y tan difícil como salirse del guion de vida, de esos movimientos automatizados que van hilando un guion con un final ya decidido en la infancia de manera inconsciente. Conseguir actuar respondiendo a lo que se presenta, con ayuda pero dejando a un lado a los avatares «Padre» y «Niño», es un gran logro solo posible desde fuera del juego.

Esto se alcanza poniendo en práctica dos simples actividades: permitir y aceptar. En eso consiste el agradecimiento, en abrazar lo que se va presentando, con la seguridad de que es lo que debe ocurrir. Esto es contraintuitivo y revolucionario: justo al aceptar lo que se percibe como negativo, se transforma, pierde fuerza o pasa a ir a nuestro favor.

Tampoco es muy intuitivo el que las cosas subyacentes sean, a menudo, lo contrario de las aparentes. Por ejemplo, con frecuencia las personas que se muestran como críticas o quejicas y que amargan la existencia a otras, no tienen ninguna fuerza, sino que la extraen de los demás. Personas que se llenan la boca con unos «valores y principios», por detrás hacen justo aquello que condenan. O personas que se muestran como víctimas, se comportan como perpetradores. Esto se amplía en este artículo sobre el triángulo de Karpman.

En resumen: puedes elegir vivir la vida identificándote con tus avatares y siguiendo tu guion preestablecido o puedes tomar las riendas desde «el observador», tu yo subyacente que, asociado con tu avatar «Adulto», es capaz de darle la vuelta a lo que estás viviendo.

Por su cara bonita

Trabajo en el sector de la formación online desde 2010. Y sigo con la misma sensación que tenía al principio, me parece que el aprendizaje electrónico no funciona y da igual que le añadas IA, simulaciones y efectos apabullantes, porque se debe a otra cosa: nadie te mira.

Hace un par de días, mi profesora de zumba no se encontraba bien y se dio una clase de zumba virtual. Consiste en proyectar un vídeo con unos profesores que bailan excepcionalmente. Sin embargo, la mitad de las alumnas se marcharon nada más iniciarse el vídeo y muy pocas quedaron hasta el final. ¿Por qué? Nadie te mira.

Antes veías el Tour de Francia o la Vuelta a España y reconocías perfectamente a los ciclistas: si intentas recordar una imagen de Perico Delgado, vas a verle con una cinta en el pelo, le ves perfectamente la cara; ni siquiera lleva gafas de sol. Después, en la etapa de Induráin, poco a poco se sustituyó la gorra por el casco y empezaron a llevar gafas de sol, poco a poco se nos alejaron. Ahora es muy difícil distinguir a un ciclista de otro. No ves a nadie.

Necesitamos caras

Hay estudios que menciona Juan Luis Arsuaga (el de Atapuerca) en sus libros sobre paleontología en los que se analiza cómo el ser humano ve caras donde no las hay, ve rostros y ojos en las formas cambiantes de las hojas de las plantas, en las piedras, en una cueva… Busca caras y las encuentra.

Como sabemos esto, en los cursos online se ponen vídeos de «busto parlante»: una persona habla, idealmente mirando a cámara, mientras a uno de sus lados aparecen textos relacionados con lo que dice. ¿Es suficiente? No, no funciona: sabes que no te está mirando, que puedes ponerte a hacer cualquier otra cosa mientras pasa el obligatorio vídeo, no se va a ofender, no te va a llamar la atención y, lo que es peor, no va a reformular su mensaje adaptándose al hecho claro de que es aburrido y poco motivador.

Entonces, vienen las videoconferencias: reuniones, seminarios web, masterclass, sesiones… Como diría Kurtz: el horror. Hay una diferencia fundamental entre mirar la figura de un formador mientras se mueve por la clase, mientras te debates entre la somnolencia y el interés, y tener tu careto a la vista de todos los participantes, incluida la tuya, un careto cuyas reacciones pueden ser analizadas de forma pormenorizada. O, peor aún, estás a contraluz y pareces un fantasma cuyos rasgos no se distinguen, y eso crea una sensación siniestra en los demás, inconscientemente. En cambio, en aquellas videollamadas en las que los asistentes apagan su cámara son absolutamente deprimentes para el profesorado: no puede atisbar las reacciones del alumnado, que es lo único que justifica la sincronicidad, es decir, que el evento sea en vivo.

Foto de Anna Shvets: https://www.pexels.com/es-es/foto/manos-gente-mujer-ordenador-portatil-4226140/.

Necesitamos almas

La cara es el espejo del alma. Esta frasecilla me ha venido muy a cuento: lo que buscamos en estas «acciones formativas» y de otro tipo, es ver un rostro humano vivo y en persona, que reacciona a lo que está sucediendo, que está ahí y puede prestar una ayuda solo posible en un humano. Se busca el alma.

Por ejemplo, hace poco se ha oído la noticia de un robot operando la vesícula biliar sin ayuda humana. Es un avance impresionante y positivo… mientras las personas no desaparezcan del todo de la ecuación. ¿Qué pasa si la operación va mal y la persona entra en parada cardiorrespiratoria? ¿Qué pasa si cae en coma y, tal como cuentan las personas que han experimentado una ECM ve desde arriba que ahí no hay nadie que se ocupe humanamente del paciente?

Las capacidades cerebrales humanas pueden ser perfectamente imitadas e, incluso, superadas por la inteligencia artificial. Las cualidades de la mente, como la intuición, la sabiduría, la percepción de algo más allá que no se identifica con los sentidos, no parecen reproducibles, ni creo que sea deseable. El «piloto», el «conductor» de la nave ha de ser siempre el ser humano.

Y si lo pongo en la metáfora del juego de los Sims: dentro del juego vemos lo de fuera cuando miramos a otra persona a los ojos.

No hay plan B

Si estamos jugando al juego de los Sims, conviene conocer sus reglas… si es que las tiene. Es un juego tan versátil que lo que es verdad para unas personas es mentira para otras y, sin embargo, todas estas verdades coexisten como parte de un todo poliédrico, vamos, que son todas verdad. Una cosa es clara: en este juego no faltan piezas, el puzle está completo.

Agárralo como puedas

No solo este título es el de una de mis películas preferidas, también se parece mucho a un post reciente: Agarra el problema como puedas. Es una de las reglas del juego de los Sims, porque:

No hay plan B.

Esto lo dijo Ainhoa Arteta en una reciente entrevista en televisión. En ella, compartía sus comprensiones a raíz de una experiencia cercana a la muerte. Vino a explicar que, cuando se presenta un problema, no hay plan B, solo plan A, solo enfrentar ese problema y seguir adelante, porque de él se puede aprender mucho.

¿Quiénes dominan el juego?

Hay muchas personas que juegan muy bien a esta simulación. Algunas de ellas utilizan su capacidad para ocupar cargos políticos o de poder y tener sensación de manejo. Otras logran exprimir los límites del cuerpo de diversas maneras, lo hacen deportistas, yoguis, faquires… Otras aún son capaces de jugar con sus emociones y corporalidad para crear personajes distintos a ellas mismas, como los actores y actrices. O bien, logran crear composiciones musicales extraordinarias que perduran por siglos. Y así.

Para mí, quienes tienen un dominio espectacular e integral son los monjes Shaolin, monjes guerreros que proceden de la época de una dinastía remota y cuya cúspide visible en occidente son los practicantes de kung fu Shaolin: estas personas tienen un absoluto control sobre su cuerpo y su mente, exactamente igual que un gran jugador de videojuegos maneja los mandos con soltura, como si fuesen extensiones de su cuerpo.

Otra historia de alguien que logra pasarse las pantallas sin mayor problema es el Siddhartha de Hermann Hesse, quien va aprendiendo las reglas de distintas agrupaciones humanas y descubriendo cada vez que «esto no es». Incluso llega a ser un gran comerciante, manejar el mundo de los negocios y defenderse en el amor, viendo al resto de seres humanos como niños, pero eso «tampoco es». Hasta que alcanza lo que es: supera a la máquina y se sale del juego.

Te ha tocado un avatar chungo

En general, la mayoría jugamos una versión de los Sims decente, pero apegada a esos mandatos heredados de «la pianola» de nuestro guion de vida. De vez en cuando, hacemos algo espectacular para nosotros mismos o nuestro entorno, y eso queda para los restos: es lo máximo que podemos lograr, no llegamos a dominar el juego.

En todo caso, ninguna persona es superior a otra por saber pasarse pantallas o vencer a la máquina en el juego de los Sims, porque el avatar te viene dado. Apareces en el juego con un avatar que no es del todo funcional, sino que nace y tiene que aprender un montón de cosas para poder subsistir por sí mismo. Y este avatar «trae cosas», trae ya algunas determinaciones genéticas, como enfermedades que se desarrollarán después, o viene ya chungo de serie, con características que hacen más difícil este juego. Del guion de vida de cada persona depende mucho cuánto le determina una característica negativa, porque recordad la historia de Milton Erickson: con su guion ganador, fue capaz de salir adelante de una polio que le tuvo en cama durante años, para luego triunfar en la vida. Pero otras personas que parecían tener todas las cartas ganadoras no lograron triunfar, o echaron abajo este triunfo, como Marilyn Monroe.

En la sección «avatar chungo» incluyo circunstancias de la vida que no se eligen, que «vienen», lo que llamamos destino. Por ejemplo, pasar la mayor parte de tu vida en una prisión por un delito que no has cometido, como le pasó a Kevin Strickland. Ahora que está libre, lo único que quiere es estar solo. ¿Qué experiencia del «juego» de los Sims tiene una persona como esta? ¿Cuál era su guion de vida?

Noticia sobre la liberación de Strickland en El País en papel, el 5 de diciembre de 2021.

Como veis, la mayoría de mis referencias son del análisis transaccional que creó Eric Berne, porque su teoría es sencillamente brillante, y muy útil para resolver aspectos psicológicos largamente enquistados. Y aquí vuelvo al inicio de este post: en este juego no faltan piezas, el puzle está completo. No se puede opinar tal cosa desde dentro del juego, desde el avatar. Solo se puede ver así elevándose por encima del juego, saliéndose de la matrix, con una perspectiva imparcial, renunciando a las preferencias: desde el adulto.

En la antesala (de la muerte)

Era una sala grande y decorada con un lujo un tanto plasticoso, como la planta baja de un hotel, a la altura de la recepción. Igualmente, tenía esos sillones que imitan piel, la tele encendida, mesas de centro, floreros, cortinajes, iluminación cálida. Por la ventana, se veía una especie de terraza cubierta con un suelo de madera y palmeras grandes, con mesas y sillas de mimbre. Quizá, cuanto más quería imitar una situación normal y cotidiana de cierto lujo y cierto relajo, más siniestra era la sala. ¿Qué era siniestro, la decoración? ¿Era siniestra la gente que la ocupaba, mirados uno a uno? ¿Era siniestro el programa de televisión que corría? No, eran los ecos de Alguien voló sobre el nido del cuco, los ecos de Despertares, los ecos de El show de Truman, los ecos de 1984, los ecos de… los Simpson: los hombres y mujeres muy mayores que la poblaban parecían zombis, estaban «aparcados», estaban «dejados», estaban esperando algo (la muerte) con la mirada perdida, sin hablar entre ellos.

La imagen era tan siniestra como esta, pero en un lugar más grande y con la gente sin mirarse entre sí.

Puede que visites a tus mayores en su casa y les veas en una actitud parecida: están sentados, tirados quizá, viendo la tele con total desinterés, sonriendo alguna vez, otras veces con la mirada perdida, mirando al suelo o directamente dormidos. Pero son a lo sumo dos, quizá alguno más si se juntan con sus amistades y otros familiares de la misma quinta y hablan entre ellos. En aquella sala grande y de lujo fingido, muchos de ellos formaban una legión de zombis que desgarraba el corazón al reparar en ella. Porque esa gente vivió la posguerra, esa gente trabajó duramente, sea en un trabajo, sea en casa, con hijos. Porque salieron adelante de las cartillas de racionamiento, del hambre, de la escasez y vieron el país subir y convertirse en democracia.

Y ahora están ahí: esperando (la muerte). ¿Eso tiene sentido?

Ellos quieren salir corriendo

Si el salón era tan «cuqui», ¿cómo es que yo vi a Jack Nicholson tratando de romper una ventana? No había rejas, sí una tele a la que nadie atendía, no era todo blanco, sí era todo aséptico. Pero, cuando quise salir un momento, resulta que las puertas no se abrían y la persona de recepción no estaba. Eso me dio un agobio importante, aumentado al comprobar que la persona a la que había ido a ver confirmaba que

No me dejan salir a andar sola, y salgo con vosotros porque tenéis autorización de mis hijos.

Ostia. Esa persona había revivido desde que estaba en ese lugar fingidamente agradable, dentro de su estado de dependencia, había empezado a encontrarse mejor, mucho mejor, como ocurre cuando te ingresan en el hospital y de pronto te entran unas ganas muy fuertes de salir corriendo de allí y vivir, esta vez sí, plenamente.

El propio escenario es repelente. Incluso, cuanto más quiere agradar y parecer de nivel, más repele, es como si al entrar oliera muy mal, por más que quieres fijarte en los detalles, no puedes soportar el olor. Y ahí viven todas esas personas en estado zombi y que esperan (la muerte).

En Momo, Michael Ende critica la agrupación de personas por edades, ya que nadie se enriquece de los que son iguales. Resulta más «natural» una mezcla de niños, jóvenes, adultos y mayores, cada cual aprendiendo algo de los otros. Si nadie quiere estar ahí, si ellos quieren salir corriendo y los visitantes también, ¿no hay una manera mejor de organizar esto? ¿Hay solución? ¿Alguna idea de cómo podrían ser las cosas?