Los momentos de la verdad

De un tiempo a esta parte, tengo ideas sobre qué es la vida, siguiendo mi metáfora del Juego de los Sims, y lo que ocurre es que se me escapan, como si fueran sueños que tratase de recordar una vez despierta. Por fin hoy las pongo juntas para ti, amig@ lector.

Viendo la temporada 4 de The Wire, una de las mejores series de todos los tiempos, observo cómo los policías saben que esos chicos de secundaria no tienen otra salida que vender droga en las esquinas, porque es lo que han aprendido en su casa, lo que incluso sus madres les obligan a hacer. Pero que esos chicos no son malas personas en sí, sino que reaccionan a unas vivencias muy duras. Policías y delincuentes se hablan, se saludan, conversan sobre lo que está ocurriendo, pero no son todos, algunos continúan en la beligerancia.

Algunos protagonistas de la temporada 1 de The Wire. Tomado de: https://poptv.orange.es/series-y-peliculas/reparto-the-wire/

Leo un post de Robocop Benemérito sobre la cruda realidad: si estás en la calle en servicios de emergencias, acabas radicalizándote. Las respuestas de personas de distintos sectores (ambulancias, sanitarios, policías, otros guardias civiles) están de acuerdo. Comentan que, incluso yendo en el asiento de atrás una sola noche, cambia la forma de ver lo que se mueve en las calles.

Veo un reportaje en Cuarto Milenio sobre «La mataviejas«, una mujer psicópata que engañaba a mujeres mayores, las mataba y les robaba el poco dinero que tenían. El doctor Cabrera explica que esta mujer puede tener una aversión especial a mujeres mayores por un trauma de su infancia o similar.

Y me pregunto: ¿quién es «el jugador» (el player) que está detrás de cada historia? Cuando una persona pierde las capas de aprendizaje de traumas, de supervivencia, de sufrimiento, cuando deja de identificarse con lo que hace para quedarse en la esencia de lo que es, ¿es buena por naturaleza? ¿Se arrepiente de sus actuaciones anteriores? ¿O sigue convencida de que era la mejor forma de actuar?

Se estrellan los trenes. Las personas rápidamente actúan desde el corazón, tratando de salvar a los demás, buscando a los del otro tren, un chico le presta las zapatillas a una mujer herida, un par de pasajeros acompañan al maquinista de un tercer tren hasta el accidente para entender qué está pasando, el pueblo de Adamuz se vuelca en darlo todo para las personas que han sufrido esta tragedia.

Un conocido mío con el que he coincidido en distintos cursos de formación durante varios años publica en Instagram y Facebook un vídeo en el que descubro que ahora es «un tetrapléjico en rehabilitación» (según sus palabras) debido a un accidente de deporte. Comparte un crowdfunding que los amigos de su pareja han creado para apoyar a esta pareja en su nueva vida. Me quedo en shock, trato de comprender y no tengo la capacidad, me he quedado sin aliento. Pero «el observador» en mí tira completamente para apoyar a este conocido y su novia en la nueva aventura de una vida que nunca nadie programa, que viene.

Decir sí aunque no entienda.

¿Quién es quién? Salgo a la calle y veo a un hombre que tira la pelota a su perro, que la devuelve una y otra vez. Más allá, va una mujer con un carrito de la compra, hay unas chicas que van andando rápido y hablando, pasa uno en bici. Y estoy viendo el videojuego: estamos «haciendo el tiempo», lo estamos «rellenando», creando, pero desde esta interfaz limitada que es el cuerpo, jugando también con el cuerpo y llevándolo a extremos.

Ese cuerpo que es como el hardware con esa mente que es como el software.

  • El software es limitadísimo, de pronto llego a la conclusión que es como tener instalado el MS-DOS o el Windows 3.11, una cosa obsoleta, que pensar a través de ella es limitante y muy lento, no llega lejos. Porque «lo otro», el observador, el jugador del juego de los Sims, realmente no necesita articular pensamientos en palabras o hacer razonamientos complicados, sino que «le llegan» intuiciones, momentos «ajá» o «eureka» que surgen con una claridad pasmosa.
  • Y el cuerpo, el hardware, nos reclama con sensaciones como el dolor. El dolor es una experiencia intensa del aquí y ahora que cada vez me llama más la atención, porque la mente tiene mucho que ver con qué codifica cada persona como dolor, y se puede reprogramar.

Algunas de las personas que han tenido una experiencia cercana a la muerte cuentan que el famoso «juicio final» lo hace en realidad la propia persona: ve al mismo tiempo un montón de escenas de su vida en las que le salió «el ego» haciendo daño a otra persona, en vez de salirle el ser sabio que reacciona y actúa desde el corazón (el que ayuda en el tren o el que se va sin pensarlo a donar sangre aquel 11M). Y sienten arrepentimiento porque dicen sentir las emociones de dolor de la otra persona. Quieren reparar el daño.

Entonces, he empezado a pensar que el ego, ese resultado del software incorporado en el cuerpo, tiene su propia personalidad, casi como si fuera otra persona. Es decir, como si en cada cuerpo hubiera dos habitantes, el jugador u observador, que está en un nivel dimensional más alto, y el ego, que es el resultado de miles de años de supervivencia y reproducción de un material biológico. Esto podría explicar la enorme diferencia que hay entre los estados Padre y Niño y el estado Adulto (del análisis transaccional). También podría explicar por qué muchos gurús de diferentes creencias insisten en que hay que deshacerse del deseo para evitar el sufrimiento. Claro que con esto último no estoy de acuerdo. Pienso más como Anita Moorjani: el ego es parte de la persona, sirve para algo, tiene su función: no te puedes deshacer del ego, es como tratar de deshacerse del cuerpo, la única forma de hacerlo es muriendo.

Entonces, los ermitaños, los que se retiran a una vida de clausura y contemplación, no tienen por qué lograr algo distinto de lo que puede lograr un paisano de la calle. Me viene a la cabeza la gran obra El condenado por desconfiado. Pero también, el camino que traza el sabio San Juan de la Cruz: el camino es nada. No hay camino. No hay que hacer nada. O, podríamos decir: «hay que hacer nada». Y lo completo con lo que dice Anita Moorjani: «Solo ser tú, amarte como eres». Y el ermitaño trata de no ser sí mismo, porque repudia una parte.

Solo ser tú, amarte como eres.

Dar la vuelta al calcetín

Estoy leyendo las memorias de mi tío, uno de los hermanos menores de mi padre. Es muy interesante comprobar cómo era la vida hace relativamente pocos años, cómo suceden las cosas y da la vuelta el destino y qué papel jugamos en ello «los simples mortales».

En este Juego de los Sims, parece que se tiene mucha libertad de elegir cómo jugarlo, mucha influencia en cómo se van a desarrollar los acontecimientos y, al mismo tiempo, poca o ninguna capacidad para determinar qué es lo nuevo que viene.

Y todo es como en Matrix, una interfaz de ceros y unos que se concreta en objetos reconocibles cuando se dirige la mirada. Según describen las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte, como Anita Moorjani, se puede hacer mucho más con la intención, con la atención. ¿Dónde va tu mirada?

Esto es lo que he pedido a la IA para que genere esta imagen: Quiero una imagen que refleje la consciencia del universo, formada por las conciencias individuales de las personas.

Hace años que, por temas de salud, soy aficionada a los temas de nutrición (que por cierto, han ido variando con los años y cambian de un profesional a otro). Y he llegado a la conclusión de que el papel de la alimentación no es tan central en el bienestar, dados unos mínimos: observa a los perros y los gatos domésticos, que comen pienso y están tan felices, llenos de energía y con muchas ganas de jugar, viviendo el máximo de sus esperanzas de vida: no es la comida lo que determina el bienestar, la felicidad o la longevidad. Podríamos equipararlo a la gente que bebe alcohol y/o fuma toda su vida y vive más de 90 años.

Luego están hábitos como hacer ejercicio (pero ejercicios de fuerza, ya otras cosas parece que no valen, según la moda), ver la luz del día por la mañana, los ayunos intermitentes, las gafas con filtro de luz azul… Pienso en los mineros, en concreto, aquellos mineros de Chile que estuvieron 69 días enterrados a unos 700 metros de profundidad, sin casi comida ni agua. El ser humano es capaz de sobrevivir a condiciones extremas (luego: deja de quejarte).

Dar la vuelta al calcetín

Los males no están fuera de ti. Ese proyecto horrible, esa persona difícil, esa situación económica frágil, esa persona que no te hace caso, esa app de citas que solo te devuelve el vacío… Dale la vuelta. Empieza a verlo como una Matrix en el que solo existes tú y tu visión del proyecto, de la situación, de las personas, de las herramientas a tu alcance… Entonces, ¿de verdad «la culpa» o «la responsabilidad» están ahí fuera?

«¿Y si nuestras decisiones personales influyen de manera integral en el desarrollo de nuestra realidad?», se pregunta el neurocirujano Eben Alexander III.

Según el idealismo metafísico, la mente es el fundamento último de la realidad y los objetos materiales solo existen en la medida en que son percibidos o concebidos por una mente. Por lo tanto, la realidad depende del pensamiento o de la experiencia mental.

Me gusta pensar que la Luna está ahí fuera aunque no la esté mirando. Albert Einstein.

¿Cómo distinguir si es mi guion de vida o es «el destino»?

Llevamos años «hablando» en este blog sobre guiones de vida, un descubrimiento del médico psiquiatra Eric Berne, según el cual, la persona se marca una trayectoria de vida cuando tiene entre 5 y 7 años y luego la va ejecutando como si se tratase de un guion teatral o cinematográfico. Este plan incluye hasta la edad a la que se va a morir y la forma en que va a ocurrir. El guion de vida es la estrategia que se traza para jugar al juego de los Sims.

Cuando nos sucede algo, ¿depende del guion que nos hemos marcado o de un destino externo e incontrolable, es decir, de lo que esté diseñado en el gran juego?

Esta pregunta es importante, pero difícil o imposible de responder. En cambio, si actuamos con la premisa de «voy a permitir y aceptar los acontecimientos tal y como suceden», comenzamos a alejarnos de ese guion y, sorprendentemente, también nos alejamos de lo que parecía un destino ineludible.

Digamos que estos son los pasos para vivir de esta otra manera, dando la vuelta al calcetín:

  • Se observa un cambio en la realidad, por ejemplo, la aparición de la IA.
  • Se permite y acepta el cambio, aun sin entenderlo: ok, la IA está ahí y yo estoy aquí, podemos convivir.
  • Se evita etiquetar ese cambio, sobre todo si las etiquetas son negativas, porque «entramos en guion» y dejamos de estar en el presente. Evitamos: «La IA nos va a quitar el trabajo, nos va a engañar, nos va a manipular», tanto como: «Juas, estoy colando trabajos hechos con la IA y nadie se entera, je, je».
  • Se continúa adelante con una visión integradora, tipo: «Puede que yo utilice la IA y esto me sea de ayuda».
  • Se olvida el tema por completo. Esto es muy importante: no fijar la atención en algo que nos impone, nos da miedo o rechazamos fuertemente. La frase es: «Sigue con tu vida».
  • Al cabo de un tiempo, «cuando quieres darte cuenta», la IA y tú formáis parte de un proyecto, o te está ayudando a aclarar tus ideas.

Esta es la primera entrada directamente añadida en la nueva categoría del blog, Juego de los Sims. Podrás encontrar más entradas relacionadas con esta forma de ver la vida accediendo a la categoría.

Los otros en mi juego de los Sims

Si la vida es como el juego de los Sims, hay más Sims que yo. Esas personas están experimentando un mundo similar al que yo experimento: ven los colores, oyen los sonidos, la música, sienten el viento, el agua… ¿Quién es toda esa gente?

Destino colectivo

Montas en el metro y está lleno de otros Sims. Durante unos minutos, compartes un destino con ellos: mismo metro, mismo vagón o cercano, mismo espacio que respirar.

Ese destino de minutos puede de pronto convertirse en horas, si, por ejemplo, hay una avería grave que impide salir de allí. Formas una comunidad con los otros Sims, totalmente desconocidos. Quizá se establezcan ya algunos lazos al interactuar entre sí.

Incluso, ese destino puede convertirse en «el destino» de todos si hay un accidente fatal: un Sim queda unido al resto «para siempre».

Pero, un momento… No hace falta compartir un viaje para compartir un destino. ¿Quiénes son todas esas personas que te rodean ahora? ¿Quiénes son los Sims que te cruzas en la vida, con los que compartes un saludo, unos días, unos años o una vida? ¿Los conoce tu yo observador, el que está fuera del juego? ¿Cómo es tu relación con los otros?

Revisión de vida

Hace poco, Brigitte Champetier destacó en un directo algo que yo había identificado en testimonios de experiencias cercanas a la muerte (ECM): muchas personas relatan haber accedido a una revisión de su vida de golpe, como si todos los sucesos fuesen simultáneos. Pero no se trata de una revisión de sus éxitos, ni aun menos, de sus horas en la oficina: es la revisión de lo que han dado a otras personas, de cómo las han tratado, de si les han hecho daño, algo que puede haber sido inconsciente.

Por ejemplo, en la ECM del médico José Morales, relatada por el doctor Manuel Sans Segarra en su libro La supraconciencia existe. Vida después de la vida, José Morales se ve enfrentado a «un mosaico» de escenas de su vida, no como si fuesen fotos o vídeos, sino sintiendo las emociones de las personas con las que compartía cada recuerdo. Se dio cuenta de cómo había hecho daño a algunas personas y necesitó volver para repararlo.

¿Cómo te relacionas con los otros Sims?

Puedes pensar:

Si esto es solo un juego, me da igual lo que pase con el resto de los Sims. Realmente, puedo incluso abusar de ellos, extorsionarlos, explotarlos, maltratarlos, reírme de su estupidez, de sus limitaciones. Yo juego a ganar, caiga quien caiga.

La Vida, y te la puedes imaginar como si fuera Jessica Lange si quieres, nos muestra que eso solo vuelve a ti, es como un bumerang. Todo aquello que lances, te vuelve. Pero esa no es la razón por la que te conviene tratar bien a esos otros Sims, sean desconocidos, conocidos, amigos o íntimos. La razón es que tú eres uno de ellos. Una vez te haces consciente de que lo que le duele a la otra persona te puede doler a ti igual, de que en el otro te ves tú, de que lo que rechazas del otro lo tienes o lo deseas, pero no te lo permites, entonces puedes sentir en tu corazón la compasión, la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Aceptar plenamente que somos iguales, que tú eres igual que los otros Sims, exige humildad. Te lo puede decir Shylock, el mercader de Venecia:

Al Pacino como Shylock en El mercader de Venecia. Creado por ChatGPT-5. Sin palabras…

Me ha arruinado. Por él he perdido medio millón: él se ha reído de mis ganancias, y de mis pérdidas: ha afrentado mi raza y linaje, ha dado calor a mis enemigos y ha desalentado a mis amigos. Y todo ¿por qué? Porque soy judío. ¿Y el judío no tiene ojos, no tiene manos ni órganos ni alma, ni sentidos ni pasiones? ¿No se alimenta de los mismos manjares, no recibe las mismas heridas, no padece las mismas enfermedades y se cura con iguales medicinas, no tiene calor en verano, y frío en invierno, lo mismo que el cristiano? Si le pinchan ¿no sangra? ¿No se ríe si le hacen cosquillas? ¿No se muere si le envenenan? Si le ofenden, ¿no trata de vengarse? Si en todo lo demás somos tan semejantes, ¿por qué no hemos de parecernos en esto? Si un judío ofende a un cristiano, ¿no se venga este, a pesar de su cristiana caridad? Y si un cristiano a un judío, ¿qué enseña al judío la humildad cristiana? A vengarse. Yo os imitaré en todo lo malo, y para poco he de ser si no supero a mis maestros.

Mira a los ojos a las otras personas. Es la manera de contactar con su realidad subyacente. Como decía en un post anterior, dentro del juego vemos lo de fuera cuando miramos a otra persona a los ojos.

Maneras de vivir

Hay dos maneras de vivir, esto es, de jugar al videojuego de simulación de la Vida: una es centrarse en el juego y otra es hacer más presente el yo que juega.

Centrarse en el juego: la interfaz

La forma de jugar más extendida es la implicación completa con el guion que se desarrolla dentro del juego. A esta visión corresponden creencias como «las cosas son así» y el materialismo científico. Es la postura de vida aristotélica.

En un juego de realidad virtual, la interfaz son unas gafas y unos mandos que se cogen con las manos. En el juego de la Vida, la interfaz se compone del cuerpo y el cerebro, es decir, tenemos los 5 sentidos y los razonamientos cerebrales.

Además, jugamos con tres avatares: Padre, Niño, Adulto (conceptos del Análisis Transaccional).

El avatar llamado «Padre» dice a los demás lo que deben hacer. Se siente muy bien consigo mismo, e incluso es percibido por todos los demás como una persona que se hace cargo. Pero, realmente, no actúa, solo señalan a otras personas lo que hay que hacer. Es un eco del pasado.

El avatar llamado «Niño» puede querer jugar, hacerse el inocente o la víctima, también puede querer quejarse, llorar, patalear… Al igual que el avatar «Padre», este otro tampoco hace nada, sino que se encoge de hombros o tiene actividades improductivas: procrastinar, entregarse a divertimentos, evadirse por varios medios (Netflix, alcohol, fiestas, hacer como que trabaja…). También es eco del pasado.

El avatar llamado «Adulto» se sitúa en el momento presente de esta Simulación. Es el único que colabora con el yo que juega, puesto que es el único dispuesto a la acción. Pone a disposición del jugador sus competencias y habilidades, dice: ¡sí, adelante!, ¡seguimos!, ¡manos a la obra!

Los avatares del juego de simulación de la Vida: el Niño, el Adulto y el Padre. La IA me ha sacado al Adulto como si fuera un santo.

El yo que juega

El que juega es la mente o el observador. Es quien se da cuenta de «cosas» más allá de la información contrastable de la que dispone. Por ejemplo, puede tener intuiciones, presentimientos, premoniciones, sueños con ancestros… Es la postura de vida platónica.

El yo que juega se vale de los avatares que crea su interfaz (Padre, Niño y, sobre todo, Adulto) para comunicar estas sensaciones, usando el cuerpo para sentir: el vuelco al corazón, el encogimiento del estómago, la apertura y facilidad para respirar, o el irse para atrás y contener la respiración.

Vivir desde este yo supone prestar atención a lo subyacente de manera predominante, dando menos importancia a lo aparente. Es decir, en vez de involucrarse por completo en el juego, el yo se centra en identificar lo que hay detrás de la información que percibe.

Para ello, paradójicamente, desconecta el pensamiento y se deja llevar por el cuerpo, centrándose en el momento presente y en la respiración y eligiendo ver lo que hay detrás. Sobre esta capacidad de ver más allá escribió muy bien y bonito Clarissa Pinkola Estés en Mujeres que corren con los lobos.

El mejor método para ver la realidad subyacente detrás de las cosas son las constelaciones familiares, de las que tienes una categoría en este blog y cuyo máximo exponente actual es Brigitte Champetier de Ribes.

Por qué el agradecimiento es la clave

La perspectiva del yo es la de la magia, la que modifica el juego de la Vida de maneras sorprendentes e inexplicables. Por ejemplo, una persona se cura de un cáncer terminal de forma «milagrosa», una persona que cae en paracaídas se salva de chocar con un compañero de manera fortuita, una persona con poliomielitis cambia su guion de vida y consigue tener éxito en varias áreas de su vida.

Pero también permite algo tan simple y tan difícil como salirse del guion de vida, de esos movimientos automatizados que van hilando un guion con un final ya decidido en la infancia de manera inconsciente. Conseguir actuar respondiendo a lo que se presenta, con ayuda pero dejando a un lado a los avatares «Padre» y «Niño», es un gran logro solo posible desde fuera del juego.

Esto se alcanza poniendo en práctica dos simples actividades: permitir y aceptar. En eso consiste el agradecimiento, en abrazar lo que se va presentando, con la seguridad de que es lo que debe ocurrir. Esto es contraintuitivo y revolucionario: justo al aceptar lo que se percibe como negativo, se transforma, pierde fuerza o pasa a ir a nuestro favor.

Tampoco es muy intuitivo el que las cosas subyacentes sean, a menudo, lo contrario de las aparentes. Por ejemplo, con frecuencia las personas que se muestran como críticas o quejicas y que amargan la existencia a otras, no tienen ninguna fuerza, sino que la extraen de los demás. Personas que se llenan la boca con unos «valores y principios», por detrás hacen justo aquello que condenan. O personas que se muestran como víctimas, se comportan como perpetradores. Esto se amplía en este artículo sobre el triángulo de Karpman.

En resumen: puedes elegir vivir la vida identificándote con tus avatares y siguiendo tu guion preestablecido o puedes tomar las riendas desde «el observador», tu yo subyacente que, asociado con tu avatar «Adulto», es capaz de darle la vuelta a lo que estás viviendo.

Lev Tolstói descubrió los Sims

Tolstói tuvo una gran crisis existencial a los cincuenta años. Al leer a este célebre escritor hablar de cómo vivió su crisis, siento que puedo entenderle, puedo seguir sus razonamientos: un hombre de éxito en su época, que lo tenía todo, y que de pronto se dijo:

La vida no tiene ningún sentido, es todo absurdo.

Él distingue a su grupo social (gente con éxito, dinero y mucho tiempo ocioso) del resto de humanos, que, en un principio, le parecían poco menos que animales. Y observa que la gente de su nivel encuentra cuatro formas de seguir viviendo: 1) ignorar el tema de la falta de sentido, 2) distraerse disfrutando de lo que se nos ofrece (epicureísmo), 3) matarse o 4) ser un cobarde.

Tan absurdo le pareció todo, que decidió la opción 3, quitarse la vida, pero no actuó «por debilidad» (se pasó a la opción 4) y porque realmente quería averiguar si había alguna respuesta al interrogante: ¿Qué es la vida? ¿Cuál es el sentido de mi vida?

El materialismo científico

En su época, la ciencia estaba inundada del concepto de materialismo, que se ha extendido hasta nuestros días. Así, se consideraba que la materia es la base fundamental de la realidad y que todos los fenómenos, incluyendo la mente y la conciencia, pueden ser explicados a través de procesos materiales y leyes naturales. Pero, ¿qué es la materia? Esta concepción científica no permite darse cuenta de que la vida es como el juego de los Sims. Y eso es lo que mantenía al orgulloso Tolstói paralizado, angustiado y con pensamientos suicidas.

No hacía más que escarbar en distintas fuentes del conocimiento y chocaba con dos realidades: que las ciencias exactas no se ocupaban de responder a su pregunta existencial y que las ciencias no exactas solo se dedicaban a hacerse esa pregunta, pero no a dar una respuesta que pareciera válida.

Lev, un señor muy inteligente y un escritor muy brillante, no conocía el concepto de juego de simulación y, de hecho, se asqueaba de juegos y prácticas lúdicas, por considerarlas una manera de distraerse del conocimiento de la dura realidad, del sinsentido del sufrimiento (lo que es la opción 2). Se puede jugar al juego sin ser consciente, ignorándolo, pero si se sabe que es una simulación, entonces, todo cambia, porque el valor que se da al «sinsentido del sufrimiento» es completamente distinto: el sufrimiento forma parte del juego.

Lev Tolstói se encuentra con Álex Gómez-Marín

Álex Gómez-Marín es Licenciado en física, Máster en biofísica, y Doctor en física teórica por la Universidad de Barcelona. Y le puede decir a Tolstói que tuvo razón y mucho instinto cuando se dio cuenta de que estaba planteando mal el problema: en efecto, no se podía responder a la pregunta de la disonancia entre lo finito y lo infinito en el marco de lo finito. Lo que hacía falta era «una solución para la contradicción entre lo finito y lo infinito», de forma parecida a como falta en la Física una relación entre la física cuántica y la física mecánica. Así, al observar a los miles de millones de personas que no pertenecían a su exclusivo grupo social, Tolstói vio que podían vivir porque respondían a las preguntas de lo finito con un concepto de lo infinito: fe.

La palabra fe, como la palabra dios, tiene una carga de significado que lastra las posibilidades de comprensión y se vuelve exclusiva a un conjunto de creencias y tradiciones determinadas. Fue un intenso trabajo para el atormentado escritor comprobar cómo la mentira y la vedad estaban entrelazadas en los principales sistemas de creencias, que estaban de acuerdo en «la unión de todos los hombres a través del amor», pero peleados en los rituales que supuestamente facilitan esta unión, hasta el punto de que justificaban la violencia contra las otras creencias (la conciencia moral de Hellinger).

Si Tolstói pudiera hablar con Álex Gómez-Marín, este le contaría que existe una manera de explicar científicamente la conciencia, esto es, de establecer ese puente entre lo finito y lo infinito, y que se están haciendo estudios serios sobre ello. Digamos que este físico teórico es un experto en el juego de los Sims, sabe cómo está montado, sabe identificar lo que hay detrás. Esto habría ayudado mucho a Tolstói.

Hipotética conversación entre el científico y Tolstói. Me alucina lo que es capaz de hacer ChatGPT con un prompt muy sencillo.

A partir de su crisis existencial, Lev Tolstói fue desgranando en varios libros sus deducciones, el más interesante es Confesión, en el que cuenta cómo es posible que un hombre que lo tiene todo, un gran escritor, con dinero, salud, familia y amistades sienta una necesidad imperiosa de acabar con lo absurdo, incluso con su vida. Y cómo algo en su interior le guía hasta el amor.

«Las cosas son así» es una creencia

Según cuenta Antonio Fornés en Reiníciate, en uno de los Pensamientos de Blaise Pascal se plantea la metáfora de una isla que funciona como un campo de concentración. Allí, los humanos somos obligados a trabajar de sol a sol. Los carceleros irán ejecutando cada día a algunos de ellos ante la vista de los demás. Si tienen algún tiempo de descanso, se les sugieren diversiones y juegos que hagan que siempre estén ocupados: así, no podrán hacer ningún tipo de introspección.

Esta parece una posible descripción de la vida como juego de los Sims, excepto por un detalle: somos más libres de lo que parece.

Elige tu propia aventura

Si tienes más o menos mi edad, habrás tenido libros de la colección Elige tu propia aventura, en la que el lector se iba encontrando con opciones que hacían que saltara a distintas alternativas de la historia, un árbol de decisiones con algunas opciones que modificaban el curso del relato. Era interesante, pero era limitado: una vez detectado cuándo la historia conducía al fracaso, ibas por el camino del éxito.

Pues bien, me da la sensación de que la Vida es más como esa parte de La historia interminable (libro, no película), en la que la princesa de Fantasía le da a Bastian plenos poderes a través de un talismán en el que pone:

Haz lo que quieras.

Esto es lo que me ha generado la IA.

Y Eric Berne te dirá: hay gente que descubre que estaba en una jaula, ve de pronto la puerta abierta, atisba incluso algo del exterior y después se vuelve a la seguridad de su prisión formada por creencias, con el dicho: «más vale lo malo conocido».

Tienes elecciones, «las cosas son así» es una creencia. Y la forma de cambiarla es modificar tu perspectiva, alejarte del detalle del problema o dejar de definirlo (como recomienda Bert Hellinger). Puedes irte a tu «espacio de calma» (sea ir a la montaña, al cine, a la piscina o sentarte a hacer nada) y ampliar la visión, reconectar con la totalidad. No tienes que comerte el miedo y el estrés como formas de vida, ni comprarlos de los programas de televisión o de los vídeos de YouTube.

Esto significa que este juego de los Sims tiene unas reglas mucho menos rígidas de las que podemos creer. Y de ello se dio cuenta Kandy García, la famosa «Abuelita Mochilera», que, al momento de escribir este blog, tiene ya 90 años. Su lema habla por sí mismo:

Los humanos también tenemos alas.

Se ha entrevistado muchas veces a Kandy García, yo la descubrí en una entrevista de Risto Mejide a Jesús Calleja, en la que trajeron a la abuela, con entonces 83 años, para hablar de cómo, al jubilarse, tuvo esa importante toma de conciencia. Se dijo también: «prefiero cansarme que oxidarme». Aquí la puedes ver en una entrevista más actual:

Come chocolate

Otra persona muy interesante que salió de la jaula para no volver a entrar es Anita Moorjani, una mujer que volvió a la vida y se recuperó de forma milagrosa de un cáncer terminal. Según sus propias palabras:

…[antes] practicaba una dieta muy sana, pero lo hacía por miedo. Ahora me alimento de todo lo que me apetece. Lo único que hago es asegurarme de pasar un buen rato disfrutando de la comida y de la vida.

A Anita Moorjani le encanta el chocolate, y ahora es capaz de disfrutarlo, pues está libre de la jaula de «solo hay que comer comida saludable». Quizá sea más beneficioso comer relajadamente y disfrutar a tope de cualquier alimento que comer con restricciones y con aprensión.

El denominador común de las creencias que limitan tu juego de simulación es el miedo: es el impulsor de cualquier práctica absurda que parece llevarte a algún sitio, cuando en realidad te enjaula aún más. Ya nos lo había contado James Hollis en otro post: el miedo y el letargo te alejan de tu sensación de sentido y de servicio. Construyen a tu alrededor un parapeto que parece de protección, pero es una prisión. De pronto, son necesarias muchas cosas (posesiones materiales la mayoría) y muchas creencias (limitantes) para tener (la sensación de) seguridad.

«Las cosas son así» te limita hasta un grado que no te imaginas. Recuerda que esto es el mundo de los Sims: el secreto es confiar. El Universo guarda tus espaldas.

No hay plan B

Si estamos jugando al juego de los Sims, conviene conocer sus reglas… si es que las tiene. Es un juego tan versátil que lo que es verdad para unas personas es mentira para otras y, sin embargo, todas estas verdades coexisten como parte de un todo poliédrico, vamos, que son todas verdad. Una cosa es clara: en este juego no faltan piezas, el puzle está completo.

Agárralo como puedas

No solo este título es el de una de mis películas preferidas, también se parece mucho a un post reciente: Agarra el problema como puedas. Es una de las reglas del juego de los Sims, porque:

No hay plan B.

Esto lo dijo Ainhoa Arteta en una reciente entrevista en televisión. En ella, compartía sus comprensiones a raíz de una experiencia cercana a la muerte. Vino a explicar que, cuando se presenta un problema, no hay plan B, solo plan A, solo enfrentar ese problema y seguir adelante, porque de él se puede aprender mucho.

¿Quiénes dominan el juego?

Hay muchas personas que juegan muy bien a esta simulación. Algunas de ellas utilizan su capacidad para ocupar cargos políticos o de poder y tener sensación de manejo. Otras logran exprimir los límites del cuerpo de diversas maneras, lo hacen deportistas, yoguis, faquires… Otras aún son capaces de jugar con sus emociones y corporalidad para crear personajes distintos a ellas mismas, como los actores y actrices. O bien, logran crear composiciones musicales extraordinarias que perduran por siglos. Y así.

Para mí, quienes tienen un dominio espectacular e integral son los monjes Shaolin, monjes guerreros que proceden de la época de una dinastía remota y cuya cúspide visible en occidente son los practicantes de kung fu Shaolin: estas personas tienen un absoluto control sobre su cuerpo y su mente, exactamente igual que un gran jugador de videojuegos maneja los mandos con soltura, como si fuesen extensiones de su cuerpo.

Otra historia de alguien que logra pasarse las pantallas sin mayor problema es el Siddhartha de Hermann Hesse, quien va aprendiendo las reglas de distintas agrupaciones humanas y descubriendo cada vez que «esto no es». Incluso llega a ser un gran comerciante, manejar el mundo de los negocios y defenderse en el amor, viendo al resto de seres humanos como niños, pero eso «tampoco es». Hasta que alcanza lo que es: supera a la máquina y se sale del juego.

Te ha tocado un avatar chungo

En general, la mayoría jugamos una versión de los Sims decente, pero apegada a esos mandatos heredados de «la pianola» de nuestro guion de vida. De vez en cuando, hacemos algo espectacular para nosotros mismos o nuestro entorno, y eso queda para los restos: es lo máximo que podemos lograr, no llegamos a dominar el juego.

En todo caso, ninguna persona es superior a otra por saber pasarse pantallas o vencer a la máquina en el juego de los Sims, porque el avatar te viene dado. Apareces en el juego con un avatar que no es del todo funcional, sino que nace y tiene que aprender un montón de cosas para poder subsistir por sí mismo. Y este avatar «trae cosas», trae ya algunas determinaciones genéticas, como enfermedades que se desarrollarán después, o viene ya chungo de serie, con características que hacen más difícil este juego. Del guion de vida de cada persona depende mucho cuánto le determina una característica negativa, porque recordad la historia de Milton Erickson: con su guion ganador, fue capaz de salir adelante de una polio que le tuvo en cama durante años, para luego triunfar en la vida. Pero otras personas que parecían tener todas las cartas ganadoras no lograron triunfar, o echaron abajo este triunfo, como Marilyn Monroe.

En la sección «avatar chungo» incluyo circunstancias de la vida que no se eligen, que «vienen», lo que llamamos destino. Por ejemplo, pasar la mayor parte de tu vida en una prisión por un delito que no has cometido, como le pasó a Kevin Strickland. Ahora que está libre, lo único que quiere es estar solo. ¿Qué experiencia del «juego» de los Sims tiene una persona como esta? ¿Cuál era su guion de vida?

Noticia sobre la liberación de Strickland en El País en papel, el 5 de diciembre de 2021.

Como veis, la mayoría de mis referencias son del análisis transaccional que creó Eric Berne, porque su teoría es sencillamente brillante, y muy útil para resolver aspectos psicológicos largamente enquistados. Y aquí vuelvo al inicio de este post: en este juego no faltan piezas, el puzle está completo. No se puede opinar tal cosa desde dentro del juego, desde el avatar. Solo se puede ver así elevándose por encima del juego, saliéndose de la matrix, con una perspectiva imparcial, renunciando a las preferencias: desde el adulto.

El miedo y el letargo

James Holis nos habla de dos temibles figuras que nos esperan a los pies de la cama: el miedo y el letargo. Estos seres son los que impiden a la persona responder a las grandes preguntas de su alma, hacer más, llegar más lejos.

¿Qué prefieres, ansiedad o depresión?

Como hemos comentado varias veces y siguiendo a Bert Hellinger, en cada momento de la vida tenemos dos opciones: ir hacia más vida, o ir hacia la muerte. Pero, claro, ir hacia adelante y enfrentar lo que nos aguarda, puede dar miedo. En cambio, no tomar esa acción, evitar el siguiente paso, es como ir hacia atrás, hacia el letargo.

Así, la elección constante es entre la ansiedad, esa incómoda sensación de vértigo e incertidumbre del presente-futuro, y la depresión, la búsqueda de calma, aislamiento, refugio, pasividad, letargo.

El modo de vida que llevamos invita constantemente al letargo, a través del consumo pasivo de elementos que nos dan pequeñas dosis de dopamina. Es tan fácil relajarse en el sillón y «consumir contenido» que asombra que alguien pueda hacer otra cosa en su tiempo libre. El scroll es adictivo, invita a consumir pasivamente una información tras otra.

Es más, es fácil encontrar en esos contenidos aspectos que provocan miedo en la persona y la paralizan más. Por ejemplo, las series que se producen contienen muchos elementos siniestros y la sensación de constante inseguridad, de que el mundo es hostil, está lleno de personas muy peligrosas.

Entonces, ¿cuál es peor, el miedo o el letargo, la ansiedad o la depresión? James Holis lo tiene claro: la ansiedad lleva al desarrollo, a la proactividad, es un incómodo pero necesario compañero de viaje hacia más vida, hacia la madurez, hacia el estado adulto.

Imagen de @s8n en X. Dice: «A veces necesitas tumbarte en la cama y no hacer nada durante tres años».

¿Qué es lo que te ha traído hasta aquí? ¿Has elegido esta vida?

Probablemente, nadie elige: «Hoy voy a tener un día nefasto, en el que voy a repetir las rutinas que no funcionan, como si fuera un robot, teniendo la sensación de estar atrapada, pero sin saber muy bien cómo se sale de la trampa».

Incluso muchas personas ni siquiera son conscientes de la trampa, de la cárcel en la que viven: no hay una cárcel más eficiente que aquella en que el preso no sabe que está.

Pues bien, date cuenta de que la única persona que está en todas las escenas de tu vida eres tú. Y no he dicho «que está presente», porque solemos estar ausentes, funcionando con el piloto automático, de manera que muchísimos pasajes de nuestra propia vida nos pasan desapercibidos. Es como ver una película y cerrar los ojos durante varias escenas, o taparse los oídos.


¿Qué opinas? ¿Eres de dejarte paralizar por el miedo o eres más de entregarte al letargo? ¿Logras huir de estos dos malos consejeros y sigues adelante con tu vida? Me encantará saberlo. ¡Gracias por leer!

¿Qué es el análisis transaccional y para qué sirve?

Lo primero que observó el psiquiatra Eric Berne, y de donde nace el Análisis Transaccional, es que los pacientes le hablaban utilizando palabras, gestos y tonos muy distintos según lo que le estuviesen refiriendo. Observó que podían agruparse y aislarse claramente, es decir, cada grupo de lenguaje verbal, paraverbal y no verbal era característico de un estado distinto del yo. Estos estados son: el Padre, el Adulto y el Niño.

Los tres estados del yo: el P-A-N

El modelo P-A-N es la base del Análisis Transaccional
No tengo registro de la fuente de esta imagen. Si localizáis al autor/a, por favor, decidme. ¡Gracias!

En esta ilustración vemos a la perfección los tres estados definidos por la forma de actuar de cada uno:

Niño

A la izquierda, la fila interminable para criticar. En esta fila también esperan los que se quieren quejar. La mayoría de ellos está en el estado Niño. A veces, también se critica desde el estado Padre, lo veremos a continuación.

Padre

En el centro, está la fila de los que les dicen a los demás lo que deben hacer. Los que se ponen esta fila se sienten muy bien consigo mismos, e incluso son percibidos por los demás como personas que hacen algo. No, no hacen nada, sólo señalan a otras personas lo que hay que hacer. La mayoría de los de esta fila están en el estado Padre.

Adulto

Finalmente, en la fila para hacer pintaría yo la clásica mosca que pasaba volando en Mortadelo y Filemón cuando había un silencio. Hay menos de cuatro gatos ahí, dispuestos realmente a hacer, no a criticar desde la barrera ni a indicar lo que está bien o mal. Dispuestos a entrar en acción hay muy pocos, porque esto requiere estar en el momento presente. En la fila del hacer, están las personas en el estado Adulto.

Estos tres estados forman el modelo P-A-N (Padre-Adulto-Niño).

¿Entonces cada persona está en un solo estado del yo?

No. Cada persona adopta los tres estados a lo largo del día, teniendo preferencia por permanecer en uno u otro. Esto lo advertimos en la forma en que las personas se comunican, y también en su postura física (no es posible no comunicar, según el axioma de Paul Watzlawick). Lo que sí es cierto es que el lugar en el que es más difícil permanecer es en el estado adulto y en el presente, donde realizamos, trabajamos, sacamos algo adelante.

Guion de vida

Otro aspecto revolucionario que definió Eric Berne son los seis tipos de proceso de guion de vida. El guion de vida es una trama que construimos con el pensamiento mágico de pequeños, y con mucho detalle, por cierto. Estos son los seis tipos de guion:

Tipos de guion de vida definidos por Eric Berne
Imagen compuesta a partir de distintas imágenes libres.

¿No sabes cuál es tu guion?

En mayor o menor medida, cada uno de nosotros/as tenemos los seis patrones de conducta, pero la mayoría tiene uno que es predominante, o bien uno principal y otro que se combina con el primero. Veamos cómo pueden ser algunas de estas combinaciones:

Guion “hasta” + guion “nunca”. Su lema de base sería:

No me puedo divertir hasta que no acabe el trabajo. Pero el trabajo no se acaba nunca, por lo que nunca puedo divertirme.

Guion “hasta” + guion “casi tipo 2”. Esta persona se dirá a sí misma:

No puedo descansar hasta que no llegue a la cima. Realmente, no puedo llegar a la cima: siempre encuentro una más alta. Por ello, nunca puedo descansar.

Guion “siempre” + guion “nunca”. Su creencia será:

Siempre me pasa lo mismo: conozco a una persona que me parece especial y diferente, pero al final es lo contrario a lo que yo busco. Nunca podré encontrar a alguien afín a mí.

¿Cómo salgo de mi guion?

Siguiendo a Brigitte Champetier, en una palabra: «desautomatiza«. Es decir, deja de actuar conforme a unas creencias muy arraigadas, inconscientes. ¿Y cómo se hace en la práctica? Dándote permiso:

  1. Guion “hasta”: monta en el pony antes de haber limpiado los establos. Es una frase de Daniel Casriel, explicando cómo darse permiso para disfrutar incluso con las tareas “obligatorias” a medio hacer.
  2. Guion “después”: dosifica tu disfrute, no es necesario quemar hoy todas las naves, el disfrute puede continuar mañana.
  3. Guion “nunca”: decide qué es lo que puedes hacer para lograr tus objetivos y entonces hazlo. Da el paso. No hables de “lo que pudo ser y no fue”, habla de lo que vas a hacer, de acciones.
  4. Guion “siempre”: no necesitas repetir los patrones, ni continuar en una situación insatisfactoria. Puedes darte permiso para abandonar lo que no te gusta, y sobre todo, para buscar lo que sí deseas.
  5. Guion “casi tipo 1”: acaba lo que has empezado, no saltes a otra tarea. En vez de ser multitarea, escoge una y acábala, llega hasta el final.
  6. Guion “casi tipo 2”: cuando alcanzas un objetivo, felicítate por ello, regálate algo, descansa y disfruta. Celebra tus éxitos antes de buscar nuevos objetivos.
  7. Guion “final abierto”: una vez llegas al final de una etapa, puedes llenar el vacío haciendo lo que te plazca: viajar, aprender fotografía, ir a exposiciones, bucear…

Beneficios del análisis transaccional

Podemos resumir estos beneficios en una frase: «se puede salir del guion de vida elegido en la infancia«. Lo fundamental del concepto de guion de vida creado por Eric Berne es que se puede salir de él. Para ello:

  1. El primer paso es darse cuenta de que el guion es como una pianola automatizada, en que la música que se ejecuta está previamente escrita.
  2. El segundo paso es ser consciente de que «la música» la hemos escrito cada uno de nosotr@s a partir de los mandatos y contramandatos (creencias) recibidos en nuestra infancia.
  3. El tercero es reescribir. Y, tal como de una forma muy visual comenta Eric Berne, reescribir implica salir de la jaula una vez nos abren la puerta. No siempre es fácil. El guion conocido, incluso si es perdedor, es más cómodo de vivir que un guion nuevo, lleno de incertidumbre.

Coaching transaccional: actuar desde el estado adulto

Como hemos visto, en cada guion hemos interiorizado unos mandatos y permisos a partir de lo que nos dijeron nuestros padres y educadores, y esta es, precisamente, la voz del estado Padre. Nuestra reacción emocional a estas normas es desde el estado Niño. El Adulto solo responde al entorno presente, libre de cargas. Así, en un proceso de coaching transaccional, lo primero que hacemos es identificar estos mandatos, cuál es tu tipo de guion.

¿Por qué es importante permanecer en el Adulto?

Solo desde tu Adulto vives el momento presente y reaccionas a él de forma proporcionada. Solo en el Adulto eres capaz de actuar, de ejecutar, realizar las acciones oportunas. Permíteme que lo repita:

Solo desde tu Adulto vives el momento presente.

Por tanto, el estado Adulto en el análisis transaccional no es cualquiera de nosotros mayor de 18 años. También suele confundirse fácilmente con el estado Padre. Incluso muchos de los que se dedican a decir a otros qué deben hacer, creen estar en un estado Adulto.

El Adulto es la suma de todas tus capacidades puestas al servicio de lo que ocurre ahora, sea el trabajo, sea hacer tareas del hogar o sea distraerte y disfrutar de tus hobbies preferidos.


¿Qué, te animas a tomar las riendas de tu vida y dejar de responder a un guion inconsciente y limitado? Si es así, puedes apuntarte a uno de mis cursos o pedir una sesión de coaching. Como siempre, gracias por leer y por compartir.

¿Qué es el coaching y para qué sirve?

Seguro que has oído hablar de coaching, sobre todo en las empresas, pero muchas personas no saben exactamente de qué se trata. El problema empieza en la propia palabra. Coaching es una palabra de difícil pronunciación en nuestro idioma. A diferencia de marketing, que ya es reconocida por los diccionarios, coaching no se pronuncia como se escribe, es relativamente reciente, y por ello crea cierta resistencia.

¿Qué es el coaching?

Coaching es un servicio profesional que consiste en ayudar a personas a definir metas claras y establecer un marco temporal específico para alcanzarlas.

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Podemos concretar más su definición en base a sus características:

  • El coaching es un proceso de entrenamiento individual a través de la comunicación. Se trata de recorrer el camino que une la situación actual de un individuo con su meta deseada.
  • El método del coaching es socrático, es decir, por medio de preguntas y de una escucha basada en el absoluto respeto, el coach trata de que el cliente se conozca a sí mism@, comprenda sus motivaciones personales y supere sus limitaciones, tanto para alcanzar un objetivo como para aceptar la realidad tal cual es (que también es un objetivo).
  • No hay coaching si no hay acción por parte del individuo. El coach ofrece mucho más que una conversación interesante, puesto que el proceso se va completando con la realización de distintos hitos que ayudan a la persona a avanzar por su camino. El coaching consiste en ayudar a manejar los problemas por sí mismo/a. 
  • Se trata de un proceso de cambio, a lo largo de una serie de sesiones que se prolongan algunas semanas para permitir que el cambio se realice. Entre sesiones, ocurre que todo aquello que el cliente ha hecho consciente, lo convierte en importantes cambios en su vida.
  • Es muy importante que se establezca una relación agradable entre coach y cliente para que el proceso sea un catalizador del cambio.
  • El coach desempeña el rol de hincha, apoyo, socio en el proceso, que al tiempo es responsabilidad del cliente llevar a cabo.

¿Para qué sirve el coaching?

El proceso de coaching permite que una persona vaya del lugar en el que está al lugar en el que quiere estar, adquiriendo y potenciando sus recursos internos y logrando recursos externos. Es decir, el coach acompaña al cliente en el camino que recorre para lograr una meta. ¿Así de fácil? Bueno, es un acompañamiento muy especializado. El profesional del coaching debe tener en cuenta muchos factores, con el fin de impulsar a la persona y empoderarla, hasta el punto de que logre alcanzar mucho más de lo que en un principio le permitía sus sistema de creencias.

El coach se atiene a normas éticas y deontológicas de las asociaciones internacionales, como ICF o IAC. Desde estas, realiza preguntas poderosas a la persona, busca revelar a la persona a sí misma, haciendo una labor de espejo para que la persona se dé cuenta de qué creencias ha adoptado como verdades absolutas, qué aumenta su energía y qué le frena.

El coach impulsa a la persona a llegar más lejos: es una habilidad clave, que observamos en coaches como Tony Robbins. Pero con el impulso no es suficiente, el coach pide acciones al cliente que le hagan avanzar hacia sus objetivos. Al fin y al cabo, el coaching busca que la persona esté en su estado Adulto la mayoría del tiempo.

Además, a un coach profesional le gusta la gente: es una profesión caracterizada por la ayuda, en la que es fundamental una escucha profunda que permita al coach disfrutar inmensamente del cliente tal como es, y no tal como debería ser. Así, la persona se siente aceptada por completo y, en ese entorno, puede desplegar sus habilidades y recursos. Igual que el coach acepta a su cliente, acepta la perfección de cada situación. Es el «sí a todo como es, gracias a todo como es», la aceptación y el agradecimiento que son la base de aceptar activamente las verdades en la vida del cliente y dejando que la conversación fluya hacia nuevos territorios, nuevas soluciones, nuevas situaciones.

El coach es un profesional experto en la comunicación. Y parte de ella es comunicar con claridad. La misma claridad que se busca en el objetivo del cliente la tiene que mostrar el coach en su comunicación, contando abiertamente lo que percibe.

En resumen

En resumen, el coaching es un proceso breve y poderoso de acompañamiento en el que un cliente puede esperar que el profesional del coaching le impulse a alcanzar sus metas, llegando incluso más allá de lo que en un principio se había planteado: más lejos, o antes, o a una meta mayor.

¿Qué es el coaching transaccional?

Se trata de aplicar principios y fundamentos del análisis transaccional al coaching. El análisis transaccional, creado por Eric Berne, es el estudio de las transacciones (relaciones) entre las personas, que se realizan desde tres estados del yo: el Padre, el Adulto y el Niño. Es como si el yo estuviese dividido en partes que se manifiestan con determinadas formas verbales y no verbales.

Los estados del yo no son personajes que uno interpreta en un lugar concreto, como el rol de jefe cuando vas a la oficina. Son conductas que se reflejan en la actividad gestual, el tono de la voz y las palabras que se utilizan. Vienen heredadas de las posturas y gestos aprendidos durante la niñez.

Además, el análisis transaccional estudia el guion de vida: parte de establecer cómo se siente la persona consigo misma y con relación a los demás. Desde pequeña y a partir de esta posición existencial básica, la persona irá elaborando un guion con la trayectoria que tendrá su vida. Por cierto: el guion de vida se puede cambiar.

Considero que el coaching se enriquece con una profundización en cuál es la postura que la persona mantiene ante la vida, fundamentada en una serie de creencias. En todo guion, hay mandatos, permisos y prohibiciones, juegos con desenlace «incómodo», formas todas de mantener un guion automatizado.

Como habrás visto en las páginas del blog, recientemente he recuperado la práctica del coaching. Ha sido una coincidencia de factores: estoy colaborando con Centro Tai San en formación, coaching y análisis transaccional, me estoy formando en PNL Practitioner para reciclar mis competencias en coaching y estoy impulsando de nuevo mis cursos de desarrollo personal y mis manuales de coaching y de comunicación eficaz.

Sea conmigo o con otro profesional, busca una persona que tenga experiencia de varios años en la formación y el desarrollo personal, tenga titulación relacionada con el coaching, la PNL, el A.T. o las constelaciones familiares y, sobre todo, con quien conectes.