El mazacote

Explicaba hace pocos días Marian Rojas Estapé la necesidad de mantener niveles altos de dopamina que nos generan las redes sociales y otras apps con notificaciones o cambios. También habla de ello un clásico de nuestro blog, Andrew Huberman, que explica cómo en cada parte de satisfacción del deseo hay un dolor asociado a necesitar más de lo mismo la próxima vez. Lo hace al hablar de la motivación, pues la dopamina está detrás de ella:

Es probable que la mayoría de la sociedad en edad de estudiar o trabajar esté drogada con altos niveles de dopamina que anulan el córtex prefrontal. Competir con esa constante fuente de gratificación tan adictiva es un reto para quienes nos dedicamos a generar contenidos. Si además se trata de «contenidos pedagógicos», la probabilidad de que el usuario abandone esa información en pro de algo mucho más motivador, atractivo y que enganche es muy alta.

Lo que se nos pide desde las editoriales y otros proveedores de materiales formativos es «cortar el rollo» a través de:

  • Simplificar.
  • Trocear.
  • Favorecer la claridad frente a la precisión.
  • Añadir elementos gráficos siempre que sea posible.
  • Agregar interactividad por doquier.

He observado que nuestro lenguaje se va haciendo más superficial, a base de evitar ser demasiado retórico, demasiado oscuro por buscar la precisión, o demasiado «intenso». Por otro lado, yo siempre he defendido un lenguaje llano y el uso de frases cortas (lee cualquier entrada de este blog), porque facilita la comprensión del mensaje y lo acerca al receptor. Pero…

Pero, ¿qué habría sido de nosotros en la época de Galdós?

Acabo de terminar de leer un episodio nacional de don Benito, Bodas reales, que tiene como trasfondo las bodas simultáneas de Isabel II y su hermana Luisa Fernanda. He de decir que no es de las mejores novelas de Galdós. También tengo que decir que, como nos está pasando con esto de la dopamina, me cuesta más mantener la atención en un texto con este aspecto:

Página aleatoria de un episodio nacional de Galdós especialmente denso.

Obsérvese que hay que llegar muy abajo en la página para encontrar un punto y aparte. Este episodio tenía la mayoría de las páginas como esta, lo que en sí no es bueno ni malo (hay que valorar el contenido de cada una), pero sí lo hace un mazacote más difícil de digerir que cuando se ofrecen diálogos, frases más cortas o capítulos más sintéticos. Lo cierto es que he podido con ello, sigue dibujando personajes con maestría, emocionando con las ideas y venidas de personajes anónimos que tienen cierta relación con los personajes históricos, pero, cada vez que pasaba la página y veía de nuevo tantas letras juntas, confieso que me generaba una cierta frustración.

Las ventajas de estar en el siglo XXI

Creo que la simplificación del idioma, de los mensajes y de los materiales formativos ha ayudado a acercarlos al alumnado y a llegar a una audiencia mayor. Si comparo los manuales de formación que publiqué en 2010 con los que he publicado en 2025, Herramientas de coaching y Habilidades de comunicación en el aula, los nuevos son menos retóricos, tienen muchos más ejemplos, actividades y casos prácticos, gráficos mejor elaborados y un saber situarse en el lugar del lector /profesorado /alumnado que no podía tener cuando carecía de la experiencia que tengo hoy.

Para mí es fundamental el respeto al alumnado. No suele ser el que paga la formación, por tanto, no es el cliente final, pero sí es el destinatario, a quien se dirigen los esfuerzos por hacer comprender unos conceptos y ayudar a aplicarlos. Su experiencia ha de ser de calidad, y esto mejora los productos formativos. Respetar al alumnado cambia el material educativo, lo acerca, le quita un corsé. Y lo que más mejora son los test, porque no se busca «pillar» ni «ser gracioso», sino ayudar al alumnado a detectar qué partes no ha comprendido bien o no le han quedado del todo claras.

Un proceso de transformación

Puede que los visitantes habituales de este blog hayan notado algunos cambios en él a lo largo del año pasado y, especialmente, este año 2025 (del que llevamos menos de un mes).

Han aparecido dos páginas nuevas, Servicios y Portafolio, y Servicios se ha convertido en la página de inicio. También, han desaparecido algunas páginas que seleccionaban categorías del blog, como Desarrollo personal, y otras dedicadas a cursos que he impartido y al coaching personal.

Y, sobre todo, hay menos frecuencia en las entradas del blog: casi no recibes mensajes.

Todo esto responde a un proceso de transformación muy intenso que estoy viviendo. Quizá me estoy transformando en mí misma. El caso es que, tras constatar que puedo ser de mucha más ayuda escribiendo que dando clase o siendo coach, tras darme cuenta de que a través de los libros puedo realmente ponerme al servicio de un alumnado potencial, he reorientado esta página web, que siempre fue un blog, y he añadido una información que nunca estuvo allí, la que coincide con la que ha sido mi profesión los últimos 15-20 años.

Imagen generada por IA directamente desde WordPress. Nótese que he pedido que esta mujer tuviera 45 años, pero me pega que tiene 10 más. O es que yo me veo más joven, je, je.

Honrar la profesión

Los últimos 15 años me he dedicado a la formación online y los últimos 20 a la formación y la escritura de contenidos formativos. La mayoría de mi trabajo está incluida en cursos de formación en los que no hay reconocimiento de autoría. Aun así, estoy agradecida de haber podido escribir contenidos en español y en inglés para clientes muy importantes, internacionales. Mis clientes han recurrido a mí cuando necesitaban una creación de contenidos de alto nivel (en este caso hablamos de escritura de materiales formativos).

Para honrar todo esto, cuando ahora me busquen potenciales clientes encontrarán algo de información, en lugar de encontrar la última entrada de blog, que puede tener relación con mi trabajo, pero normalmente no es así: ya sabéis que trato de abarcar conocimiento de muchas ramas, me apasiona conocer y aprender y, por extensión, enseñar.

Último proyecto retador

He estado escribiendo un manual de formación profesional muy importante, por su proyección. Solo puedo sentir agradecimiento por la editorial que ha confiado en mí para este gran proyecto y, en especial, por la editora de adquisiciones que contó conmigo para ello. En estos meses, he conocido a algunas personas muy interesantes de las que estoy aprendiendo mucho.

  • Por ejemplo, si quieres saber cómo crear tu marca personal y mantener una coherencia, sigue a Andrés Pérez Ortega.
  • Si quieres emprender, pero te faltan datos, o te faltan pistas, sigue a Jesús Alonso Gallo.
  • Si no logras contactar con tu audiencia ni tienes muy claro cómo publicitar tu marca, sigue a Isra Bravo.
  • Además de conocer a estas personas, he aprendido muchas cosas de temas variados, relacionados principalmente con dos campos: la empleabilidad y el emprendimiento.

¿Qué pasa con el desarrollo personal?

En cuanto al desarrollo personal, que motivó la apertura de este blog en 2008, estoy ahora releyendo Los desafíos de la vida actual, un libro visionario de Brigitte Champetier de Ribes, un libro de cabecera que en cada lectura ofrece una información nueva, que depende por entero de lo que la persona es capaz de ver y admitir. ¿Y cuáles son esos desafíos de la vida actual? Pues en este momento estoy leyendo sobre la existencia de perpetradores y víctimas al servicio de una reconciliación posterior, que es el amor mayor. Esto significa que tanto unos como otros no eligen el papel que les toca en esa dinámica, ese baile que permite avanzar la vida, y que demanda de las personas decir sí y confiar, sin tener la capacidad de comprender la profundidad de estos movimientos. Lo que ahora percibo al leer esta parte está transformado por las tomas de conciencia que he tenido al revisitar el libro Morir para ser yo, de Anita Moorjani y otros libros sobre experiencias cercanas a la muerte. No puedo decir mucho más sobre esto, porque las piezas aún están colocándose en mi mente.


¿Y tú? ¿Cómo ha comenzado tu año? ¿En qué estás? Como siempre, estoy agradecida de que leas este blog y que compartas las entradas con quien quieras.

El verdadero test

Crees que eres una persona muy elevada, que has tenido comprensiones importantes sobre la vida y, por tanto, eres más capaz de tomártela con filosofía.

Y luego llega la cena de Navidad con tu familia política, o con la propia. Entonces descubres, con humildad, pero también con cierta decepción, que no eres ese ser avanzado y un poco por encima de todo: te encuentras dolorosamente en un barro pegajoso y maloliente, el que describe tu total incapacidad para hacer frente al momento presente. Por más que lo intentas, no consigues descifrar los códigos que rigen, o, si lo haces, se hace patente que no son los tuyos, sino que están tan alejados que te preguntas cómo saldrás adelante. Precisamente el darte cuenta de que no encajas en esa otra familia, o en la tuya propia, como una pieza de juguete con forma circular no encaja en el hueco cuadrangular, por más que la quieras empujar, eso hace que se te ponga poco a poco, sin poder evitarlo, una cara de acelga, de desánimo, de absoluto cansancio, de dolor de muelas. Hasta puedes llegar a tener un buen dolor de cabeza, provocado por tu capacidad aumentada de escuchar los tonos disonantes que se pierde cuando estás integrado en una fiesta a tu gusto, es decir, dolor provocado por tu incapacidad para encajar tu circunferencia en ese hueco cuadrangular, de encajar en esa otra fiesta, la que realmente está teniendo lugar.

Soy fan de las imágenes generadas por IA con fallos, en este caso, esa doble mano izquierda de la chica de la derecha. Aquí, nadie se mira a los ojos, no hay comida sobre la mesa y la felicidad que muestran varios personajes parece no tener que ver con quienes tienen delante. La titularé «En la parra».

Las posibilidades de huida han aumentado desde que existe el teléfono móvil: una persona siempre puede fingir estar consultando algo o chateando con alguien, pero es todo inútil, si el ruido, la luz, o ambos, se imponen.

Así, puedo citar ahora las palabras de Brigitte Champetier:

La realidad es una gran maestra.

Y tanto: te baja de cualquier supuesta altura de un plumazo. Ningún mal, ningún dolor, ningún miedo se van ni se huyen, sino que toca atravesarlos, vivirlos, es cuando su fuerza se aplaca: ir hacia aquello que más desagrada es justo lo que lo apaga.

Mención especial merecen las personas introvertidas, para las que las fiestas son como los petardos para algunos perros y gatos. La persona introvertida, acostumbrada a pasar varias horas de su día a día dedicadas a digerir lo que ha vivido las otras horas, con silencio e iluminación suave que permiten sus reflexiones y diálogos consigo misma, de pronto no tiene escapatoria: todo el lugar está tomado por la música demasiado alta, la luz demasiado fuerte, las voces discordantes, la sensación de que se pide su punto de vista, cuando preferiría permanecer en absoluto silencio.

Esto también acabará.

Es lo que decía en un anillo de un gran rey en un cuento, pero vaya, se hace bien largo.

Tal vez entras en X tras visitar vomitivas felicitaciones de Instagram o buenos deseos de Facebook y entonces encuentras a otros en situaciones más difíciles: aquellas personas con un cuñado insoportable que se les sienta al lado, aquellas que pasan las fiestas en soledad, aquellas que no tienen con qué celebrar, aquellas que ni siquiera cuentan con un techo, aquellas que están inmersas en una guerra. Todo es relativo.

El test se repite al año siguiente, cada año, pillando mejor o peor a cada cual, y ¿hay evolución? ¿Dedica alguien su año a preparar técnicas para que las situaciones navideñas le afecten menos y para de verdad compartir estos momentos con esas personas que otros identificarían como «los suyos»? Normalmente, no. Porque es un periodo muy corto del año, rigurosamente, no pasa de 6 días no completos, puede alargarse a 2 semanas, pero eso es cada vez menos común.


El verdadero test se da cuando entras en contacto con las personas más cercanas. Ocurre especialmente en estas fiestas, pero también en cualquier otra situación familiar, en el día a día en la empresa, en un viaje con familia o amistades… Es muy fácil albergar sentimientos fraternales y compasivos por la especie humana cuando se la ve de lejos, idealmente por la tele, y es muy difícil ser empático y amoroso cuando se tienen cerca personas que nos resultan difíciles: esa es la prueba de fuego.

Que prosiga el baile

Hace poco, di en pensar que la vida es como un cuadro impresionista. Primero, que cada brochazo en sí mismo no significa nada, sino que hay que verlos en conjunto y a cierta distancia. Segundo, que hay manchas, zonas «feas» en el cuadro, que forman parte de él y tienen que estar ahí, son necesarias para el equilibrio y la armonía de la obra.

Imagen generada por ChatGPT 4o para mostrar la naturaleza en movimiento.

Algunas personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte (Anita Moorjani, Eben Alexander) han descrito su vida como un tapiz, en el que cada persona es solo uno de los hilos, entretejido con los hilos de todo aquello con lo que nos relacionamos: amistades, familiares, situaciones, lugares, etc.

Además, hablan de que han percibido claramente cómo todo está unido y todo es una sola cosa, no hay separación, como también mencionan las personas que hacen meditación profunda, tipo zen o budista. Han sentido que si hay que dar algún nombre a esa unión es «amor», amor incondicional.

Yo no llego a esos niveles de percepción, aunque la idea me resulte muy atrayente. Para yo entender la vida, además del símil del cuadro impresionista, he empezado a verla como un baile. Veo que la vida necesita movimiento constante. A veces, parece que una cosa que calificamos como «mala» ocurre solo para provocar otra «buena» a continuación. Es como un ciclo, como una onda. Este movimiento responde a unos ritmos de todo tipo: las estaciones del año, los ritmos circadianos, la traslación de la luna… Así que cada día podría empezar como el del personaje semibiográfico del coreógrafo Bob Fosse en All that jazz, diciendo:

¡Comienza el espectáculo! (Showtime, folks! en inglés)

¿La clave para el baile?

La vida parece querer avanzar, no se sabe si hacia arriba (a mejor), pero está claro que hacia adelante, hacia más vida. Yo que en esta semana de diciembre del 2024 doy la vuelta al jamón, cambio de prefijo y empiezo a contar del medio siglo para arriba, he llegado a la conclusión de que no comprendo nada, pero que no hace falta comprender para seguir adelante, avanzando. Solo hace falta una cosa fácil y difícil: decir que sí. Y luego, confiar.

Si quieres ver las consecuencias de decir sí de una forma divertida, te recomiendo la película del mismo nombre, Di que sí.

Así que la clave para ejecutar el baile, salga bien, regular o fatal, es el «sí». Una vez, cuando estaba aprendiendo a conducir, mi padre me dijo unas palabras liberadoras:

La conducción no tiene que quedar bonita.

Así, no se trataba de trazar curvas perfectas y siempre en el medio del carril, se trataba de ser funcional y avanzar, aunque no quedase especialmente bonito. Pues el baile a veces tampoco es especialmente bonito, incluso visto desde fuera es un tanto ridículo. Sólo se trata de avanzar, seguir los pasos: adelante.

El miedo y el letargo

James Holis nos habla de dos temibles figuras que nos esperan a los pies de la cama: el miedo y el letargo. Estos seres son los que impiden a la persona responder a las grandes preguntas de su alma, hacer más, llegar más lejos.

¿Qué prefieres, ansiedad o depresión?

Como hemos comentado varias veces y siguiendo a Bert Hellinger, en cada momento de la vida tenemos dos opciones: ir hacia más vida, o ir hacia la muerte. Pero, claro, ir hacia adelante y enfrentar lo que nos aguarda, puede dar miedo. En cambio, no tomar esa acción, evitar el siguiente paso, es como ir hacia atrás, hacia el letargo.

Así, la elección constante es entre la ansiedad, esa incómoda sensación de vértigo e incertidumbre del presente-futuro, y la depresión, la búsqueda de calma, aislamiento, refugio, pasividad, letargo.

El modo de vida que llevamos invita constantemente al letargo, a través del consumo pasivo de elementos que nos dan pequeñas dosis de dopamina. Es tan fácil relajarse en el sillón y «consumir contenido» que asombra que alguien pueda hacer otra cosa en su tiempo libre. El scroll es adictivo, invita a consumir pasivamente una información tras otra.

Es más, es fácil encontrar en esos contenidos aspectos que provocan miedo en la persona y la paralizan más. Por ejemplo, las series que se producen contienen muchos elementos siniestros y la sensación de constante inseguridad, de que el mundo es hostil, está lleno de personas muy peligrosas.

Entonces, ¿cuál es peor, el miedo o el letargo, la ansiedad o la depresión? James Holis lo tiene claro: la ansiedad lleva al desarrollo, a la proactividad, es un incómodo pero necesario compañero de viaje hacia más vida, hacia la madurez, hacia el estado adulto.

Imagen de @s8n en X. Dice: «A veces necesitas tumbarte en la cama y no hacer nada durante tres años».

¿Qué es lo que te ha traído hasta aquí? ¿Has elegido esta vida?

Probablemente, nadie elige: «Hoy voy a tener un día nefasto, en el que voy a repetir las rutinas que no funcionan, como si fuera un robot, teniendo la sensación de estar atrapada, pero sin saber muy bien cómo se sale de la trampa».

Incluso muchas personas ni siquiera son conscientes de la trampa, de la cárcel en la que viven: no hay una cárcel más eficiente que aquella en que el preso no sabe que está.

Pues bien, date cuenta de que la única persona que está en todas las escenas de tu vida eres tú. Y no he dicho «que está presente», porque solemos estar ausentes, funcionando con el piloto automático, de manera que muchísimos pasajes de nuestra propia vida nos pasan desapercibidos. Es como ver una película y cerrar los ojos durante varias escenas, o taparse los oídos.


¿Qué opinas? ¿Eres de dejarte paralizar por el miedo o eres más de entregarte al letargo? ¿Logras huir de estos dos malos consejeros y sigues adelante con tu vida? Me encantará saberlo. ¡Gracias por leer!

Más cómodo que el presente

«Una de las formas en las que somos capaces de funcionar sin tener que reinventarnos una y otra vez es imponer de forma automática la experiencia pasada, los planes y los entendimientos sobre cada nueva persona o situación».

Esto nos dice James Hollis, explicando el concepto de proyección psicológica.

Imagen de https://www.pexels.com/@cottonbro/.

Cinco etapas de las proyecciones

Si en otro post veíamos las seis formas que tenemos de reaccionar ante la vida, hoy vemos las cinco etapas por las que pasan las proyecciones.

  1. Al principio parecen mágicas, alteran nuestro sentido de la realidad y tienen poder sobre nosotros. Vemos partes no conocidas de nosotros mismos en el exterior. Por ejemplo, vemos a una persona que nos resulta poderosamente atractiva o nos provoca un fuerte rechazo.
  2. Desilusión: la otra persona, o la situación, no se comporta según lo esperado. Por ejemplo, hemos entrado en un trabajo prometedor y, poco a poco, vamos descubriendo que no cumple nuestras expectativas. «No es lo que parecía», decimos.
  3. Hacemos lo que podemos para reforzar la proyección, redoblamos esfuerzos presionando la realidad para que responda al modelo. Esto lleva a más conflicto. Por ejemplo, una actividad que nos hacía ilusión practicar nos ha decepcionado, pero aún no vemos cuál es su realidad, sino que tratamos de que satisfaga aquello que buscábamos en ella.
  4. Retiramos la proyección cuando la realidad del otro no se ajusta a nuestros planes de fantasía. Sólo ocurre cuando la discrepancia se hace dolorosamente evidente, es decir, no siempre se da. Por ejemplo, dejamos de esperar que la otra persona se comporte de una forma que no se corresponde con su naturaleza.
  5. Nos hacemos conscientes de la proyección, asintiendo a la realidad tal y como es, no tal y como quisieras que fuera. Esto no suele ocurrir, más bien, renovamos las proyecciones. Por ejemplo, si un trabajo no cumplía con nuestras exigencias, preferimos saltar a otro sobre el cual proyectar nuestras expectativas (otra vez). Y volvemos a iniciar un recorrido por las etapas de las proyecciones.

Los siguientes pasos

Cuando se toma consciencia de una situación y de cómo nuestras expectativas diferían de la realidad, puede seguirse un esquema sencillo y muy profundo que se destila de las enseñanzas de Brigitte Champetier de Ribes:

  • Soltar lo que creía entender: como el mismo James Hollis explica, nos cuesta admitir que la realidad es mucho más compleja, ambigua e incomprensible de lo que parece. Preferimos imponer estas proyecciones sobre ella, pues la alternativa es el vacío. Sin embargo, sólo soltando aquello que creíamos entender, dejamos atrás las proyecciones y nuestras antiguas conclusiones de cómo actuar.
  • Decir sí sin saber a qué, a ciegas: nos hemos hecho conscientes de que esta persona no es quien yo creía que era, este trabajo no es como yo quería que fuera, el mundo no funciona como yo espero que funcione. El asentimiento a ciegas a esta realidad desconcertante y que se renueva a cada instante es lo único que nos permite vivir plenamente.
  • Vivir el presente con confianza: tras dejar atrás los filtros de la realidad, esas proyecciones de algo oculto en cada persona hacia fuera de sí misma, el vacío que queda puede resultar aterrador. Vivir con confianza, dando solo un paso cada vez, reconociendo que el vacío es creador, es la condición para que algo que no estaba antes allí pueda surgir.

Aquí lo dejo, te dejo reflexionar sobre lo que acabas de leer. ¿Reconoces cómo proyectas tus expectativas sobre el mundo exterior, sobre las personas, sobre las situaciones? ¿Has dejado atrás trabajos, personas o regalos de la vida porque no casaban con lo que tenías en mente? Me encantará saberlo. Como siempre, gracias por leer y por compartir.

Seis formas de reaccionar ante la vida

Se acerca mi momento de «dar la vuelta al jamón», como suele decirse, esto es, llegar a los 50 tacos. Es un pequeño cambio incremental, pero parece un abismo: nadie con cincuenta años es considerado joven desde ningún punto de vista. Así, me he agenciado el libro Finding Meaning in the Second Half o Life (Encontrar significado en la segunda mitad de la vida) del psicoanalista James Hollis, a quien conocí en el pódcast de Andrew Huberman.

El subtítulo de este libro aclara aún más sus intenciones:

Cómo, finalmente, realmente, crecer.

En otras palabras, cómo dejar atrás los mecanismos aprendidos en la infancia con el pensamiento mágico para realmente comportarse como un adulto que reacciona a la realidad aquí y ahora, en tiempo real.

Aprendemos mucho de los padres y abuelos, interiorizando mandatos e impulsores. Imagen de https://www.pexels.com/@cottonbro/.

James Hollis explica que, realmente, todas las personas arrastramos heridas de la niñez, sean más o menos graves. Esto nos iguala a todos, es más, revela el secreto de historias de éxito que esconden las debilidades que realmente hubo que ocultar, si no superar, para seguir adelante. Estas heridas son las siguientes:

Tres formas de impotencia

El primer tipo de herida de la infancia es la impotencia, la experiencia de lo abrumador del ambiente. La vivencia que se experimenta en la niñez es la incapacidad de alterar el curso del mundo exterior. Ante esta incapacidad, podemos responder de tres formas:

  • Evitación: se trata de retirarse, evitar, negar o huir de las situaciones, incluso disociarse de ellas, para no experimentarlas. Si se mantiene en la edad adulta, puede convertirse en un patrón de aversión a las grandes demandas de la vida. Este patrón usurpa la consciencia y su mayor rango de alternativas.
  • Controlar: se trata de atacar antes de que te ataquen. Ante la sensación de impotencia interior, la persona busca tener un gran control sobre los demás y sobre lo exterior. Esto también incluye los comportamientos pasivo-agresivos.
  • Conformidad: la respuesta es «darles lo que quieren». Es decir, la persona, en vez de defender sus deseos, viola su propia integridad personal siendo dulce, amable, sociable y maja. Esta adaptación lleva a tener relaciones de dependencia.

Tres formas de escasez

La herida de la escasez nos hace pensar que no podemos confiar en que el mundo vaya a satisfacer nuestras necesidades. En la niñez, esto se siente como un deseo no satisfecho de ser alimentados, confortados y acogidos por otra persona, que, potencialmente, lleva a la muerte. Ante la escasez, se dan estos tres tipos de respuesta:

  • Soy tal como me tratan: esta categoría responde a la creencia de que «no merezco la pena». Así, la persona evita el riesgo y disminuye sus alternativas, incluso tomando decisiones de autosabotaje, buscando siempre la opción segura.
  • Sobreadaptación: se trata de compensar esa sensación permanente de pobreza con lo contrario: poder, riqueza, una pareja ideal, fama o cualquier otra forma de soberanía sobre otras personas. Es el complejo de superioridad.
  • Búsqueda de reafirmación: la persona busca la reafirmación de otras personas de forma ansiosa y obsesiva. No es raro que esa misma persona se relacione con otras que le van a defraudar, o bien, las fuerce a hacerlo por su constante necesidad de reafirmación, de manera que recupera «la reconfortante miseria de lo familiar».

Algunas verdades

Para superar todas estas heridas de la niñez y entrar en la edad adulta de verdad, es necesario recordar que la necesidad de realización que tenemos durante toda la vida no la puede satisfacer ninguna persona, pero tampoco ningún trabajo, ningún proyecto. Esta insuficiencia es la naturaleza misma de la vida, no es un fallo de los que nos rodean o de las profesiones que ejercemos.

James Hollis nos recuerda que no hay magia, que la herida nos persigue y que cada persona es la única con la responsabilidad de llenar su propio vacío de formas más duraderas. Para este psicoanalista, es importante que cada cual entre en sus propias profundidades para comprender sus mecanismos de impotencia y escasez y sanar las propias heridas. Este es un trabajo fundamental que el alma pide y que, si no se lleva a cabo, va reclamando cada vez más atención a través de síntomas y malestares.

Tal como también indica Bert Hellinger, ante cada decisión de la vida sólo hay dos caminos, hacia la vida y hacia la muerte. O, en palabras de James Hollis:

El nacimiento de la vida es también el nacimiento de la neurosis, por así decirlo, porque desde ese momento estamos al servicio de dos planes gemelos: el impulso biológico y espiritual de desarrollarnos, de avanzar, y el anhelo arcaico de volver a caer en el sueño cósmico de la subsistencia instintiva.

Y es que, frente al impulso de avanzar, siempre hay dos personajes que pueden tirar de nosotros para atrás: el miedo y el letargo. El ego desea confort, seguridad, saciedad; el alma necesita significado, lucha, llegar a ser. Cualquier respuesta automática al estrés y la ansiedad es una forma de adicción.

Aquí puedes ver el pódcast de Andrew Huberman con James Hollis:


¿Te has reconocido en alguna de estas seis formas de herida? El psicoanalista de hoy, James Hollis, nos dice que todos tenemos algo de cada una. Piensa en cuáles son las necesidades más grandes que alberga tu alma y si las estás satisfaciendo en tu vida. ¿Qué puedes hacer si no es así? Os leo en Comentarios.

¡Muchas gracias por leer!

¿Qué es el análisis transaccional y para qué sirve?

Lo primero que observó el psiquiatra Eric Berne, y de donde nace el Análisis Transaccional, es que los pacientes le hablaban utilizando palabras, gestos y tonos muy distintos según lo que le estuviesen refiriendo. Observó que podían agruparse y aislarse claramente, es decir, cada grupo de lenguaje verbal, paraverbal y no verbal era característico de un estado distinto del yo. Estos estados son: el Padre, el Adulto y el Niño.

Los tres estados del yo: el P-A-N

El modelo P-A-N es la base del Análisis Transaccional
No tengo registro de la fuente de esta imagen. Si localizáis al autor/a, por favor, decidme. ¡Gracias!

En esta ilustración vemos a la perfección los tres estados definidos por la forma de actuar de cada uno:

Niño

A la izquierda, la fila interminable para criticar. En esta fila también esperan los que se quieren quejar. La mayoría de ellos está en el estado Niño. A veces, también se critica desde el estado Padre, lo veremos a continuación.

Padre

En el centro, está la fila de los que les dicen a los demás lo que deben hacer. Los que se ponen esta fila se sienten muy bien consigo mismos, e incluso son percibidos por los demás como personas que hacen algo. No, no hacen nada, sólo señalan a otras personas lo que hay que hacer. La mayoría de los de esta fila están en el estado Padre.

Adulto

Finalmente, en la fila para hacer pintaría yo la clásica mosca que pasaba volando en Mortadelo y Filemón cuando había un silencio. Hay menos de cuatro gatos ahí, dispuestos realmente a hacer, no a criticar desde la barrera ni a indicar lo que está bien o mal. Dispuestos a entrar en acción hay muy pocos, porque esto requiere estar en el momento presente. En la fila del hacer, están las personas en el estado Adulto.

Estos tres estados forman el modelo P-A-N (Padre-Adulto-Niño).

¿Entonces cada persona está en un solo estado del yo?

No. Cada persona adopta los tres estados a lo largo del día, teniendo preferencia por permanecer en uno u otro. Esto lo advertimos en la forma en que las personas se comunican, y también en su postura física (no es posible no comunicar, según el axioma de Paul Watzlawick). Lo que sí es cierto es que el lugar en el que es más difícil permanecer es en el estado adulto y en el presente, donde realizamos, trabajamos, sacamos algo adelante.

Guion de vida

Otro aspecto revolucionario que definió Eric Berne son los seis tipos de proceso de guion de vida. El guion de vida es una trama que construimos con el pensamiento mágico de pequeños, y con mucho detalle, por cierto. Estos son los seis tipos de guion:

Tipos de guion de vida definidos por Eric Berne
Imagen compuesta a partir de distintas imágenes libres.

¿No sabes cuál es tu guion?

En mayor o menor medida, cada uno de nosotros/as tenemos los seis patrones de conducta, pero la mayoría tiene uno que es predominante, o bien uno principal y otro que se combina con el primero. Veamos cómo pueden ser algunas de estas combinaciones:

Guion “hasta” + guion “nunca”. Su lema de base sería:

No me puedo divertir hasta que no acabe el trabajo. Pero el trabajo no se acaba nunca, por lo que nunca puedo divertirme.

Guion “hasta” + guion “casi tipo 2”. Esta persona se dirá a sí misma:

No puedo descansar hasta que no llegue a la cima. Realmente, no puedo llegar a la cima: siempre encuentro una más alta. Por ello, nunca puedo descansar.

Guion “siempre” + guion “nunca”. Su creencia será:

Siempre me pasa lo mismo: conozco a una persona que me parece especial y diferente, pero al final es lo contrario a lo que yo busco. Nunca podré encontrar a alguien afín a mí.

¿Cómo salgo de mi guion?

Siguiendo a Brigitte Champetier, en una palabra: «desautomatiza«. Es decir, deja de actuar conforme a unas creencias muy arraigadas, inconscientes. ¿Y cómo se hace en la práctica? Dándote permiso:

  1. Guion “hasta”: monta en el pony antes de haber limpiado los establos. Es una frase de Daniel Casriel, explicando cómo darse permiso para disfrutar incluso con las tareas “obligatorias” a medio hacer.
  2. Guion “después”: dosifica tu disfrute, no es necesario quemar hoy todas las naves, el disfrute puede continuar mañana.
  3. Guion “nunca”: decide qué es lo que puedes hacer para lograr tus objetivos y entonces hazlo. Da el paso. No hables de “lo que pudo ser y no fue”, habla de lo que vas a hacer, de acciones.
  4. Guion “siempre”: no necesitas repetir los patrones, ni continuar en una situación insatisfactoria. Puedes darte permiso para abandonar lo que no te gusta, y sobre todo, para buscar lo que sí deseas.
  5. Guion “casi tipo 1”: acaba lo que has empezado, no saltes a otra tarea. En vez de ser multitarea, escoge una y acábala, llega hasta el final.
  6. Guion “casi tipo 2”: cuando alcanzas un objetivo, felicítate por ello, regálate algo, descansa y disfruta. Celebra tus éxitos antes de buscar nuevos objetivos.
  7. Guion “final abierto”: una vez llegas al final de una etapa, puedes llenar el vacío haciendo lo que te plazca: viajar, aprender fotografía, ir a exposiciones, bucear…

Beneficios del análisis transaccional

Podemos resumir estos beneficios en una frase: «se puede salir del guion de vida elegido en la infancia«. Lo fundamental del concepto de guion de vida creado por Eric Berne es que se puede salir de él. Para ello:

  1. El primer paso es darse cuenta de que el guion es como una pianola automatizada, en que la música que se ejecuta está previamente escrita.
  2. El segundo paso es ser consciente de que «la música» la hemos escrito cada uno de nosotr@s a partir de los mandatos y contramandatos (creencias) recibidos en nuestra infancia.
  3. El tercero es reescribir. Y, tal como de una forma muy visual comenta Eric Berne, reescribir implica salir de la jaula una vez nos abren la puerta. No siempre es fácil. El guion conocido, incluso si es perdedor, es más cómodo de vivir que un guion nuevo, lleno de incertidumbre.

Coaching transaccional: actuar desde el estado adulto

Como hemos visto, en cada guion hemos interiorizado unos mandatos y permisos a partir de lo que nos dijeron nuestros padres y educadores, y esta es, precisamente, la voz del estado Padre. Nuestra reacción emocional a estas normas es desde el estado Niño. El Adulto solo responde al entorno presente, libre de cargas. Así, en un proceso de coaching transaccional, lo primero que hacemos es identificar estos mandatos, cuál es tu tipo de guion.

¿Por qué es importante permanecer en el Adulto?

Solo desde tu Adulto vives el momento presente y reaccionas a él de forma proporcionada. Solo en el Adulto eres capaz de actuar, de ejecutar, realizar las acciones oportunas. Permíteme que lo repita:

Solo desde tu Adulto vives el momento presente.

Por tanto, el estado Adulto en el análisis transaccional no es cualquiera de nosotros mayor de 18 años. También suele confundirse fácilmente con el estado Padre. Incluso muchos de los que se dedican a decir a otros qué deben hacer, creen estar en un estado Adulto.

El Adulto es la suma de todas tus capacidades puestas al servicio de lo que ocurre ahora, sea el trabajo, sea hacer tareas del hogar o sea distraerte y disfrutar de tus hobbies preferidos.


¿Qué, te animas a tomar las riendas de tu vida y dejar de responder a un guion inconsciente y limitado? Si es así, puedes apuntarte a uno de mis cursos o pedir una sesión de coaching. Como siempre, gracias por leer y por compartir.

¿Qué son las emociones y cómo influyen en el logro de tus metas?

Las emociones son mecanismos de defensa instalados en el sistema límbico, con el objetivo de asegurar la supervivencia y el bienestar.

El sistema límbico es el llamado cerebro animal, compuesto entre otros del hipotálamo y la amígdala, y común a los mamíferos.

De forma sencilla, a cada emoción le corresponde un estado físico. Así, las emociones las siente el cuerpo y después se razonan, cuando la información llega al cerebro consciente. Esta información vuelve al sistema límbico y la intensidad de la emoción se intensifica o se apaga.

En otras palabras, en el principio de la emoción está la acción, es decir, la respuesta ante el estímulo. Todos los seres vivos tratan de preservarse.

Cuando sentimos una emoción, lidiamos con ella de tres posibles formas ancestrales:

  • Huida.
  • Enfrentamiento.
  • Bloqueo.

¿Qué son las emociones primarias o auténticas?

Las emociones primarias se reconocen de forma universal tan sólo por los gestos que las acompañan, como ya apuntó Charles Darwin. Incluso, como comenta Antonio Damasio, se reconocen en especies no humanas. Son:

Foto de Domingo Alvarez E en Unsplash.
  • La alegría
  • El miedo
  • La tristeza
  • La ira
  • El asco
  • La sorpresa

¿Qué emociones son secundarias o no auténticas?

Son aquellos sentimientos que se experimentan con la misma intensidad que una emoción primaria, pero que no responden a la situación presente ni la resuelven. Siguiendo el análisis transaccional, se llaman sentimientos parásitos.

El sentimiento parásito es tu «sentimiento malo favorito»: esa emoción que aparece cada vez que surgen dificultades, como si tuviéramos preferencia por experimentarlo. Y es el que se fijó en nuestra infancia. Es probable que viésemos a nuestros progenitores reaccionando de la misma manera. Es más: si respondíamos de forma diferente, nuestra reacción o emoción no era premiada, más bien era ignorada.

Las familias suelen tener emociones prohibidas y emociones alentadas. Se suele premiar una «emoción incómoda» y se suelen dejar de lado las emociones genuinas, las que realmente permiten solucionar problemas. Por ejemplo, en una familia puede estar prohibida la alegría. O puede estar prohibida la tristeza. O bien, los hombres de la familia deben mostrar mucha ira, pero las mujeres deben permanecer con una sonrisa y la mente en blanco.

Por ejemplo, Vanesa se pone a la cola para esperar al autobús. De pronto, una señora con un carro se cuela varios puestos. Su primera reacción es la ira, pero enseguida la tapa con una sonrisa y dejando la mente en blanco. Puede que sonría a la señora que le había provocado la emoción genuina de la ira.

Tener sentimientos parásitos nos hace avanzar en nuestro guion de vida, justificando decisiones que nos llevan a donde no queremos ir.

¿Qué diferencia hay entre emociones y sentimientos?

Las emociones son los mecanismos biológicos de defensa que acabamos de ver. Los sentimientos son mezcla de emociones, normalmente secundarias, y pensamientos, que dan lugar a una miríada de sensaciones, como: celos, frustración, melancolía, sensación de vacío, angustia, rechazo…

Según afirma Hendrie Weisinger, nuestros pensamientos, además de nuestros cambios corporales, desencadenan respuestas emocionales. Al centrar nuestra atención en ellos, libramos de esta responsabilidad al suceso externo. Si nos molesta el comentario de un compañero, no es él el que provoca que apretemos los puños y sintamos cólera, son nuestros pensamientos, nuestras emociones. Y podemos gestionarlos.

Los pensamientos que surgen espontáneamente son pensamientos automáticos, y se producen cuando surge alguna disonancia entre lo que esperábamos de la realidad y lo que ésta nos da. Las diferencias con el diálogo interior son:

  • Tienden a ser irracionales: «Le mataría». Su intensidad responde a la intensidad de la emoción que estamos sintiendo.
  • Tendemos a darles crédito por la rapidez con la que se producen: los aceptamos como una verdad, no los cuestionamos.
  • A menudo son crípticos, se expresan como una especie de taquigrafía: «Imbécil». «Mentiroso».
  • Suelen desencadenar otros pensamientos automáticos: «Es un egoísta. No me respeta. Ojalá le despidan». Un pensamiento actúa como catalizador de otro, con lo que se prolonga la intensidad de la emoción, y esto hace más difícil desactivarlos.
  • Pueden conducir a un razonamiento distorsionado: el hecho de que los propios pensamientos sean irracionales lleva a una lógica distorsionada, a valoraciones erróneas y sesgadas.

¿Cómo influyen las emociones en el logro de nuestras metas?

Sólo las emociones auténticas solucionan problemas, mientras que los sentimientos malos favoritos prolongan el guion de vida, el definido por tu posición existencial. Si buscas la culpa, lo que está mal, el problema, lo que te provoca rechazo, celos, frustración… entonces no vas a estar en el presente y en la acción, sino respondiendo a recuerdos pasados. Si en cambio pones el foco en lo que sucede ahora, las emociones auténticas te sacarán de tu equilibrio para que actúes:

  • El miedo auténtico es el que nos permite huir del depredador en la jungla. También nos puede paralizar por completo si lo necesario es ocultarse. El miedo evita un peligro futuro (si bien inminente).
  • La ira genuina provoca que el corazón bombee más sangre a nuestras extremidades, nos permite responder físicamente, golpeando o apartando la amenaza, o huyendo.
  • La tristeza auténtica es la que nos permite hacer el duelo para superar un hecho doloroso que sucedió en el pasado. Este hecho significa la pérdida de una situación (cambio de casa, de trabajo, de condiciones económicas) o de un ser querido.
  • La sensación de alegría auténtica nos permite relajarnos y sentir que todo está bien a nuestro alrededor. Esta felicidad genuina nos facilita disfrutar de lo que está ocurriendo en el momento presente, respirando con calma.

Monográfico de emociones

En Centro Tai San estamos impartiendo la segunda edición del Monográfico de emociones, presencial y online. ¡Y estamos de celebración! Es por el éxito que ha tenido nuestra propuesta de impartir el monográfico de emociones para las mujeres de Tres Cantos: hemos cubierto el cupo de las 20 plazas disponibles. Y no solo eso: ¡tenemos a otras 20 mujeres en la lista de espera!

Pero, ¿qué es tan especial del monográfico de emociones que todas lo quieren hacer? Todo esto:

  • Aprendes a gestionar tus emociones unificando cuerpo y mente.
  • Mejora tu respiración y descansas mejor.
  • Adquieres una mayor consciencia corporal.
  • Tu mente se alinea con tu cuerpo para conseguir esos objetivos que se te resistían.
  • Por fin ves clara tu posición de vida, comprendes tus emociones y eliges cambiarlas… ¡si te apetece!

Las profes estamos encantadas de ayudarte a alcanzar todo esto. Nos dedicamos al taichí, el Chi Kung, la kinesiología, la reflexología facial, la respiración funcional, el análisis transaccional, el coaching… Y lo hacemos con rigor, apoyándonos en los descubrimientos de la neurociencia. Vamos, que somos fans de Nazareth Castellanos y de Andrew Huberman.

Si te apetece hacer uno de nuestros cursos y te has quedado sin plaza o no eres de Tres Cantos, escríbenos a taichi3cantos@gmail.com o al whatsapp 620158865. ¡Recuerda que lo puedes hacer online!

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¿Cuál es tu caso? ¿Consigues gestionar tus emociones, observar y después actuar? ¿Tiendes en cambio a reaccionar ante la situación, sin reparar en si se ha disparado una emoción que responde a lo presente o un sentimiento del pasado? Puedes dejar tus comentarios sobre ello. Y como siempre, siéntete libre de compartir. ¡Gracias por leer!

¿Qué es el coaching y para qué sirve?

Seguro que has oído hablar de coaching, sobre todo en las empresas, pero muchas personas no saben exactamente de qué se trata. El problema empieza en la propia palabra. Coaching es una palabra de difícil pronunciación en nuestro idioma. A diferencia de marketing, que ya es reconocida por los diccionarios, coaching no se pronuncia como se escribe, es relativamente reciente, y por ello crea cierta resistencia.

¿Qué es el coaching?

Coaching es un servicio profesional que consiste en ayudar a personas a definir metas claras y establecer un marco temporal específico para alcanzarlas.

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Podemos concretar más su definición en base a sus características:

  • El coaching es un proceso de entrenamiento individual a través de la comunicación. Se trata de recorrer el camino que une la situación actual de un individuo con su meta deseada.
  • El método del coaching es socrático, es decir, por medio de preguntas y de una escucha basada en el absoluto respeto, el coach trata de que el cliente se conozca a sí mism@, comprenda sus motivaciones personales y supere sus limitaciones, tanto para alcanzar un objetivo como para aceptar la realidad tal cual es (que también es un objetivo).
  • No hay coaching si no hay acción por parte del individuo. El coach ofrece mucho más que una conversación interesante, puesto que el proceso se va completando con la realización de distintos hitos que ayudan a la persona a avanzar por su camino. El coaching consiste en ayudar a manejar los problemas por sí mismo/a. 
  • Se trata de un proceso de cambio, a lo largo de una serie de sesiones que se prolongan algunas semanas para permitir que el cambio se realice. Entre sesiones, ocurre que todo aquello que el cliente ha hecho consciente, lo convierte en importantes cambios en su vida.
  • Es muy importante que se establezca una relación agradable entre coach y cliente para que el proceso sea un catalizador del cambio.
  • El coach desempeña el rol de hincha, apoyo, socio en el proceso, que al tiempo es responsabilidad del cliente llevar a cabo.

¿Para qué sirve el coaching?

El proceso de coaching permite que una persona vaya del lugar en el que está al lugar en el que quiere estar, adquiriendo y potenciando sus recursos internos y logrando recursos externos. Es decir, el coach acompaña al cliente en el camino que recorre para lograr una meta. ¿Así de fácil? Bueno, es un acompañamiento muy especializado. El profesional del coaching debe tener en cuenta muchos factores, con el fin de impulsar a la persona y empoderarla, hasta el punto de que logre alcanzar mucho más de lo que en un principio le permitía sus sistema de creencias.

El coach se atiene a normas éticas y deontológicas de las asociaciones internacionales, como ICF o IAC. Desde estas, realiza preguntas poderosas a la persona, busca revelar a la persona a sí misma, haciendo una labor de espejo para que la persona se dé cuenta de qué creencias ha adoptado como verdades absolutas, qué aumenta su energía y qué le frena.

El coach impulsa a la persona a llegar más lejos: es una habilidad clave, que observamos en coaches como Tony Robbins. Pero con el impulso no es suficiente, el coach pide acciones al cliente que le hagan avanzar hacia sus objetivos. Al fin y al cabo, el coaching busca que la persona esté en su estado Adulto la mayoría del tiempo.

Además, a un coach profesional le gusta la gente: es una profesión caracterizada por la ayuda, en la que es fundamental una escucha profunda que permita al coach disfrutar inmensamente del cliente tal como es, y no tal como debería ser. Así, la persona se siente aceptada por completo y, en ese entorno, puede desplegar sus habilidades y recursos. Igual que el coach acepta a su cliente, acepta la perfección de cada situación. Es el «sí a todo como es, gracias a todo como es», la aceptación y el agradecimiento que son la base de aceptar activamente las verdades en la vida del cliente y dejando que la conversación fluya hacia nuevos territorios, nuevas soluciones, nuevas situaciones.

El coach es un profesional experto en la comunicación. Y parte de ella es comunicar con claridad. La misma claridad que se busca en el objetivo del cliente la tiene que mostrar el coach en su comunicación, contando abiertamente lo que percibe.

En resumen

En resumen, el coaching es un proceso breve y poderoso de acompañamiento en el que un cliente puede esperar que el profesional del coaching le impulse a alcanzar sus metas, llegando incluso más allá de lo que en un principio se había planteado: más lejos, o antes, o a una meta mayor.

¿Qué es el coaching transaccional?

Se trata de aplicar principios y fundamentos del análisis transaccional al coaching. El análisis transaccional, creado por Eric Berne, es el estudio de las transacciones (relaciones) entre las personas, que se realizan desde tres estados del yo: el Padre, el Adulto y el Niño. Es como si el yo estuviese dividido en partes que se manifiestan con determinadas formas verbales y no verbales.

Los estados del yo no son personajes que uno interpreta en un lugar concreto, como el rol de jefe cuando vas a la oficina. Son conductas que se reflejan en la actividad gestual, el tono de la voz y las palabras que se utilizan. Vienen heredadas de las posturas y gestos aprendidos durante la niñez.

Además, el análisis transaccional estudia el guion de vida: parte de establecer cómo se siente la persona consigo misma y con relación a los demás. Desde pequeña y a partir de esta posición existencial básica, la persona irá elaborando un guion con la trayectoria que tendrá su vida. Por cierto: el guion de vida se puede cambiar.

Considero que el coaching se enriquece con una profundización en cuál es la postura que la persona mantiene ante la vida, fundamentada en una serie de creencias. En todo guion, hay mandatos, permisos y prohibiciones, juegos con desenlace «incómodo», formas todas de mantener un guion automatizado.

Como habrás visto en las páginas del blog, recientemente he recuperado la práctica del coaching. Ha sido una coincidencia de factores: estoy colaborando con Centro Tai San en formación, coaching y análisis transaccional, me estoy formando en PNL Practitioner para reciclar mis competencias en coaching y estoy impulsando de nuevo mis cursos de desarrollo personal y mis manuales de coaching y de comunicación eficaz.

Sea conmigo o con otro profesional, busca una persona que tenga experiencia de varios años en la formación y el desarrollo personal, tenga titulación relacionada con el coaching, la PNL, el A.T. o las constelaciones familiares y, sobre todo, con quien conectes.