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Desarrollo personal

La mayoría de las secciones que tiene este blog se refieren al desarrollo personal. Esto es, hablan de una serie de herramientas psicológicas para mejorar las habilidades en ciertas áreas. El desarrollo personal puede incluir distintas estrategias: va de hacer un curso de programación neurolingüística (PNL) o análisis transaccional (AT) hasta asistir a una sesión con un coach, pasando por terapia breve en psicología clínica o por la meditación en cualquiera de sus formas.

Hacer cosas normales

Sin embargo, cada vez estoy más convencida de que el verdadero crecimiento personal se da participando en actividades sociales y cotidianas. Ya he destacado varias veces cómo el teatro hace desarrollar el trabajo en equipo, la escucha, el estar presente y tener atención plena. Estas habilidades son especialmente relevantes en la improvisación teatral. Entiendo que se da el mismo tipo de aprendizaje en deportes de equipo como el ciclismo, el fútbol, el baloncesto e incluso en deportes individuales como el tenis.

Estos tíos parecen estar felices. Imagen de Keith Johnston en Pixabay.

¿Quiere esto decir que las herramientas de desarrollo no sirven para nada?

En realidad, las herramientas son eso, herramientas, ni más, ni menos. Sirven de mucha ayuda para enfrentar las dificultades de la vida y para conocer las propias reacciones ante ella: ansiedad, miedo, pereza, agresividad, angustia… En este sentido, igual que el teatro, ayudan a conocer las propias emociones.

En mi opinión, se confunde el dedo que señala la Luna con la misma Luna. Las herramientas son medios, no fines. Ayudan a la vida, no la sustituyen. El fin no es la herramienta, es lo que se consigue con ella.

De qué hablo cuando hablo de desarrollo personal

Para mí, el crecimiento personal es el camino que se transita desde el comportamiento automatizado, reactivo y basado en creencias (patrones del Niño y del Padre interiorizados), a la autonomía y desautomatización propias del estado Adulto del yo.

En otras palabras, se trata de ser consciente de la conducta y decidir, en cada circunstancia, una respuesta plenamente basada en lo que está ocurriendo, sin estar condicionada por creencias.

Muchas personas que se sienten «iluminadas» confunden su estado Padre con su estado Adulto. Siguen respondiendo a una reglas de cómo deberían ser las cosas y se sienten por encima de los demás. Y esto también me ha pasado y me pasa a mí, trato de ser consciente y quitarme importancia (si no lo hago, la vida lo hace por mí). Todo lo que escribo va encaminado a mostrar cómo pienso yo que se toma conciencia y se «crece».

¿Son mejores las personas que han hecho un trabajo personal? No lo creo, y es otra creencia en la que es fácil caer. El valor de la persona es el mismo siempre. No hay que emprender un camino de crecimiento personal ni de otro tipo para ser valorado como persona. De hecho, pienso que viviendo la vida y enfrentándose a sus desafíos también se produce un crecimiento personal.

Las dificultades estimulan la creatividad

Cada vez comprendo mejor la afirmación de Brigitte Champetier; en mis palabras: son las dificultades las que impulsan el crecimiento, el paso de un estado más infantil a otro más adulto. En este sentido, creo que se crece más cuando se enfrentan las dificultades que cuando se hace una actividad asociada al desarrollo personal, como pueda ser la meditación. En la vida, en la batalla diaria, en el encaje de bolillos que se hace para cumplir con cada responsabilidad, es cuando se crece.

Por eso, cada vez me motivan menos las conversaciones basadas en la queja. Y en estos tiempos y los que vienen, vamos a encontrar cada vez más motivos de queja. Desde luego, hablar de lo que no funciona permite un gran desahogo. Es una forma de confirmar la pertenencia a un grupo. Y puedes quejarte prácticamente de todo: del calor, del frío, de la política, de la economía, del ruido, del silencio… De todo. Mientras hablas y te quejas, no actúas, no haces nada por mejorar tu situación ni por adaptarte a ella.

Como expresaría Bert Hellinger, hay grandeza en abrazar las dificultades. Hay también aceptación (que no resignación), y una predisposición a actuar, a resolver, a vivir con lo que toca, aceptando que la perfección es una aspiración un tanto rígida, que afea lo logrado.

Las dificultades pueden ser de todo tipo: un jefe difícil, una mudanza, el dinero no llega a fin de mes, una enfermedad crónica, peleas con hermanos, no tener tiempo para descansar… Gracias a ese jefe, a ese cambio de casa, a esa falta de dinero, etc., se activan los recursos de estar despierto y responder de forma activa y desautomatizada al momento presente.


¿Cuál es tu caso? ¿Haces alguna actividad de crecimiento personal? ¿Cómo aplicas lo que aprendes de ella?

Muchas gracias por leer y por compartir.

La vida te lleva

Quizá has observado que en los últimos tiempos este blog ha cambiado. Y es así. Hay dos tipos de cambio: la forma de escribir y el contenido. En cuanto a la primera, algún lector avezado ya me ha comentado que alguna entrada no tiene el mismo nivel de maduración y desarrollo que las anteriores. Y tiene razón: tengo mucho menos tiempo para dedicar al blog. En cuanto a la segunda, me está pasando como con la primera época del covid: los acontecimientos actuales no me permiten seguir adelante con mi línea de escribir sobre lo atemporal y universal, sino que constantemente me piden escribir sobre lo que está pasando, sobre lo que estamos viviendo; sobre el destino colectivo. Y por eso me he enfocado en temas económicos, que de lo presente, es de lo que sé algo.

Esta podría ser yo escribiendo, reflexionando sobre esto. Imagen de StockSnap en Pixabay.

Vivir la vida…

Estoy viviendo al máximo lo que me propone la vida. ¿Y qué pide? Acción, acción, acción. Resolver, avanzar sin conocer el camino, solo atisbando el siguiente paso, con una idea general y poco definida del objetivo, que además cambia y se remodela a cada paso.

No hay una forma mejor de estar en el adulto que actuar. Y cada línea de actuación se abre en muchas otras líneas, muchos pasos que dar. Es cansado. Y motivador.

…con lo que toca

Creo que ahora mismo, el nivel de incertidumbre y ambigüedad es máximo. Escucho a unos, leo a otros, tomo nota con reserva. Un experto financiero que aconseja mantener dinero en efectivo (en casa, en el calcetín) como para cubrir un mes de gastos. Un gurú que cuelga en YouTube vídeos perturbadores sobre cómo nos están manipulando. Iker Jiménez y lo que va mostrando en Horizonte gracias a distintos expertos. Europa y mi sensación de que no saben controlar la situación ni reparan en las consecuencias de sus decisiones. Esos telediarios que dan por hecho que ya no nos llega el dinero.

Todo eso es lo que vivimos de forma global, mientras surgen ideas peregrinas de todo tipo porque ya no hay donde agarrarse y ya nada es verdad, ni la tierra es redonda, ni fuimos a la Luna, ni existe el covid. Pues con todo este escenario de confusión, de desinformación, la vida nos demanda (no solo a mí, claro) estar en la acción, en el presente, seguir adelante con todo tal y como es, imperfecto, mejorable.


Que no me vengan con expertos. Estos escenarios tan inciertos, impredecibles y extraordinarios no los hemos vivido. La humanidad sí, ha vivido de todo. Los que estamos aquí y ahora, Fulanito de Tal y Peranganita de Cual, no: no conocíamos una pandemia, las guerras siempre estaban muy lejos, en el espacio o en el tiempo, hemos vivido alguna que otra crisis, pero no tan grave como las que salen en los libros. También hemos leído sobre la caída del Imperio romano. Y evoca la sensación como de derrumbe de lo que hasta ahora funcionaba, de pérdida absoluta de las referencias «de siempre». Y esto no es malo. Normalmente, la despedida de lo viejo da lugar a algo nuevo. La vida siempre va hacia adelante, nos obliga a despedir el pasado casi a cada respiración. Solo que a veces cuesta seguirle el ritmo.

Gracias por leer. Gracias por compartir.

Egoísta y altruista

El ser humano es egoísta por naturaleza. El ser humano es altruista por naturaleza. Estas son dos realidades heredadas de la evolución que conviven en nosotros a pesar de ser contradictorias. Y cada una de ellas da lugar a un posicionamiento económico y, por ende, político: dar más valor al bien propio o dar más valor al bien ajeno (colectivo).

En El collar del neandertal, Juan Luis Arsuaga habla de cómo un grupo de neandertales nómadas llevaba consigo a un hombre deforme y que probablemente tenía dificultades para desplazarse. Todo apuntaba a que cuidaban de él, desplegando así el altruismo y la empatía propios del ser humano.

Adam Smith expresó la idea de la mano invisible: cada persona, persiguiendo sus propios intereses (egoístas), realiza una actividad que, sin pretenderlo, redunda en el bien de todos. Siendo cada cual altamente egoísta, es como si una mano invisible produjera un reparto equitativo entre todos mejor que si las personas hubiesen buscado conscientemente esta redistribución.

Imagen de Pexels en Pixabay.

Pero resulta que hay actividades que, en principio, nadie quiere hacer. Son actividades que suelen ser deficitarias, ya que su coste es mayor que el precio que pueden pagar los individuos por ellas. Por ejemplo, la sanidad, la educación o el transporte públicos. Si cada individuo tuviese que pagar por el coste de lo que consume en estas 3 áreas, mucha población se quedaría fuera. Por mucho que todo pareciese funcionar como si una mano invisible lo dirigiera, estos bienes no estarían incluidos en el juego.

Esta es la razón, según muchos economistas, por la que no existe una economía de libre mercado sin ninguna intervención estatal. Las economías capitalistas tienen una proporción mayor o menor de esta intervención, ya que se considera que estas actividades son «fallos del mercado» (el mercado no funciona con ellas). Se dice que solo la Bolsa opera como un libre mercado. Todo lo demás en la economía requiere de intervenciones del Estado para proporcionar esos elementos que tienen un coste mayor del que el ciudadano puede pagar.

A cambio, la existencia de determinados servicios públicos provoca una externalidad positiva. Es decir, sus beneficios llegan más allá de lo que su acción directa se propone.

¿Qué son las externalidades?

Este es otro concepto económico muy fácil de entender y que pienso que, conociéndolo, ayuda a comprender muchas políticas.

Las externalidades son costes o beneficios que no recaen sobre quien los produce, sino que van a un tercero.

Investopedia.

El ejemplo clásico de externalidad negativa es el de una empresa que, para producir, contamina el medioambiente. Esto supone un coste para la sociedad, porque provoca problemas de salud en los ciudadanos e implica un gasto en sanidad mayor, mientras que ese coste no está contemplado en las cuentas de la empresa. Así, el Estado puede intervenir imponiendo un impuesto por esa contaminación, tratando así de recuperar el coste social.

Por otro lado, el Estado, al ofrecer sanidad y educación públicas, proporciona a la empresa privada personal más sano y mejor preparado del que le ofrecería el mercado. En este caso, se produce una externalidad positiva, un beneficio del que se aprovecha la empresa sin haber contribuido a él. La combinación perfecta en el aspecto educativo es que el Estado proporcione una educación orientada a la producción y que permita a la empresa participar en la formación práctica de los individuos, de manera que el beneficio para la empresa y, por ende, para la sociedad, sea mayor. Este es por ejemplo el espíritu de la nueva normativa de la formación profesional.

¿Individualistas o colectivistas?

Cuando estuve en Austin hace unos 10 años, observé que la mayoría de la gente iba con su coche a todas partes y por ello tenían problemas de tráfico y de aparcamiento. Cuando pregunté si tenían tren, me contestaron que se había preguntado a los ciudadanos si estaban dispuestos a destinar una parte de su sueldo a impuestos para la construcción de las vías y demás. Y los ciudadanos habían contestado que no: preferían su dinero en el bolsillo.

La proporción de dinero de cada ciudadano que se destina al bien público (que consiste tanto en proporcionar externalidades positivas como en evitar las negativas) es variable en cada país. Esta proporción también cambia con partidos de distinto signo político.

Según Geert Hoftstede, existe una serie de dimensiones culturales que describen los valores de las personas en diferentes países. Una de estas dimensiones ayuda a comprender en qué grado están dispuestos los ciudadanos a preocuparse por el bien común, por lo colectivo. Hofstede llamó a esta dimensión individualismo-colectivismo. En los países individualistas, las personas prefieren enfocarse en su beneficio personal, están más orientadas al egoísmo y menos dispuestas a pagar impuestos. Su autoconcepto se formula en términos de «yo». En los países colectivistas, las personas son más altruistas, priorizan el bien común y se sacrifican por él. Su autoconcepto se formula en términos de «nosotros».

Lo curioso es que España como país da niveles altos de individualismo. Más altos, por ejemplo, que China:

Comparación de España y China en las 6 dimensiones de Hofstede. https://www.hofstede-insights.com/fi/product/compare-countries/.

Por cierto, el individualismo no es el valor más destacable que tenemos como país. Al ver esta comparativa, lo que más llama la atención es el valor que damos a la «evitación de la incertidumbre». Se ve que por eso muchas personas buscan ser funcionarios públicos y ser autónomo o emprendedor se ve como algo extremadamente arriesgado.


Lo que me propongo con posts como este es, por un lado, dar a conocer conceptos económicos fáciles de entender sin entrar en cálculos matemáticos o estadísticos. Por otro lado, creo que es fundamental comprender que la Economía es una ciencia social y que por tanto es relativa al individuo. En muchas ocasiones, se pueden demostrar una cosa y la contraria (somos egoístas, somos altruistas) porque ambas son ciertas. Por último, en esta entrada hemos visto que las economías capitalistas se diferencian entre sí por el grado de intervención del Estado, pero siempre hay una cierta intervención.

Muchas gracias por leer y por compartir.

Va viniendo

Hace poco me pasaron un vídeo de Marc Vidal alertando sobre las primeras consecuencias de la crisis: el recorte de libertades. No me convenció demasiado hasta que en el telediario escucho unos «consejos para ahorrar» que me escaman: comer solo un plato, rebajar la temperatura de la caldera (esto es, ducharse con agua fría) o bajar la calefacción a 15º cuando estás fuera de casa (siempre se había dicho que ahorra más energía mantener una temperatura constante todo el día).

A ver, a ver, a ver… ¿Comer solo un plato? ¿De qué estamos hablando realmente? Esto me parece llamativo, porque hace tan solo unos días, ya se habló de una cesta de 30 € ofrecida por una cadena de supermercados, en la que no había un solo producto fresco y sí muchas latas. ¿Calentar una lata, quizá? ¿Eso es lo que debemos hacer los ciudadanos para ahorrar energía?

Imagen de PublicDomainArchive en Pixabay.

La semana pasada os hablaba de la definición simple y clara de la inflación. La inflación de un 10 % significa que, de media, los productos que se contemplan para calcularla han subido el 10 % de su precio anterior. Y está claro que esta subida se notaría en los alquileres si el Gobierno no hubiese aprobado una medida por la que se limitó la subida del IPC (índice de precios al consumo, otra forma de llamar a la inflación) al 2 % este año. O en la compra de un coche. Pero en la cesta de la compra se habrá notado bastante menos. De manera quizá simplista: lo que antes te suponía 50 euros, ahora te supone 55. En nuestra mente, 50 y 55 se parecen mucho. Si son 4 compras de este importe al mes, pasamos de 200 a 220 euros. Sí, es más, pero no se nota hasta el punto de plantearse cocinar solo un plato, ducharse con agua fría o utilizar el anorak dentro de casa.

¿Ahorro o imposición?

Si os dais cuenta, de lo que hemos hablado arriba es de que los hogares puedan gastar menos gracias a estos consejos, así, sus facturas de la luz y del gas bajan y, de paso, la del supermercado al consumir menos comida.

Pero realmente no va de ahorro. En la misma noticia se dice, mezclado, que Europa nos hace a los hogares recortar el gasto de energía (de aquí las medidas apuntadas antes). Es decir, parece que se plantea lo bien que te va a ir a ti, para tu ahorro personal, seguir los «consejos». Se trata de un recorte que me recuerda a los cortes de agua cuando hay sequía. Los cortes de luz no son posibles, quizá se pueda reducir la potencia contratada o algo así. ¿Qué pasa con el teletrabajo? ¿Qué pasa con los productos congelados? Me gustaría comprender de qué manera Europa va a entrar en cada hogar a asegurarse de que recorta el gasto en un 10 % o el porcentaje que sea. ¿Cómo se va a controlar esto? La palabra clave aquí es controlar.

Ahora quizá encaja mejor por qué en verano se animó «al pueblo» a salir de vacaciones y tirar la casa por la ventana. Porque ya se anticipaba un control y un recorte del consumo.

Entonces, el vídeo de Marc Vidal comienza a cobrar sentido para mí: claro, evidente, aún no hemos notado demasiado en el bolsillo este aumento de precios, la dureza de la crisis está lejos, quizá no se vea hasta 2024. Mientras tanto, ya habrá personas que hayan tomado los «consejos» de la tele como nuevas normas a seguir, y empezarán a comer un plato y a ducharse con agua fría. Otras personas quizá nos veamos obligadas a recortar sin sentir la necesidad. Y esto es nuevo.

La mentalidad de la escasez está totalmente basada en creencias. Una persona puede sentir escasez a pesar de estar rodeada de abundancia. Cuando alguien siente escasez, se ponen en marcha muchas otras sensaciones: culpabilidad, pérdida de autoestima, aceptación de condiciones peores… Sería interesante comprobar si una persona con mentalidad de la abundancia, tras «tener que» tomar este tipo de medidas para ahorrar energía, puede ir perdiendo la sensación placentera de que todo está bien y tiene lo que necesita.


Sin más, reproduzco el vídeo de Marc Vidal que mencionaba.

Vídeo de Marc Vidal sobre la recesión que va viniendo… pero de lejos.

El valor del dinero en el tiempo

El test es una película basada en una obra de Jordi Vallejo y que plantea el siguiente dilema: ¿qué prefieres, 100 000 euros ahora o 1 millón de euros dentro de 10 años? Cuando oí esto, al principio lo confundí con un dilema aparentemente menos interesante: ¿qué prefieres, 100 000 euros ahora o 100 000 euros mañana? Y empecé a pensar en qué razonamientos e impulsos se ponen en juego al tomar una decisión económica.

La economía da mucho miedo, la gente espera fórmulas, muchas matemáticas y conceptos incomprensibles. Sin embargo, la economía en gran parte es psicología, cómo se comporta el ser humano ante una decisión económica. Y todas las decisiones son económicas, porque cuando optas por algo, dejas de optar por otra cosa.

El valor del dinero en el tiempo te dice algo muy sencillo: que el dinero hoy vale más que en el futuro, porque existe esa cosa llamada inflación.

Un dólar en el presente vale más que un dólar en el futuro debido a variables como la inflación y los tipos de interés.

Investopedia.

Realmente, merece la pena dedicar 1:14 minutos en ver la explicación en vídeo de Investopedia (en inglés).

En esta explicación se mencionan otros dos conceptos, la inflación y los tipos de interés.

La inflación es el alza persistente de los precios.

Y ya. Comprenderlo es tan fácil como fijarse en cómo los precios suben año tras año y has observado cómo el mismo dinero compraba cada vez menos cosas. Nada de matemáticas, solo algo que puede observar cualquiera.

Los tipos de interés son el precio del dinero.

Esto igual suena más raro. ¿El dinero tiene precio? Pues sí, si tú vas a un banco y pides un préstamo, no te sale gratis, sino que, al devolverlo, devuelves más dinero del que te prestaron. Eso que devuelves de más es el tipo de interés. Y está sujeto a variaciones.

Pero, si quieres, recurrimos al refranero español:

Más vale pájaro en mano que ciento volando.

Ahorro de dinero premiado con el tipo de interés. Imagen de Nattanan Kanchanaprat en Pixabay.

Con esta explicación, nos queda claro que, según el sentido común, mejor el dinero hoy que mañana. Cien mil euros hoy ya los tienes, sabes lo que puedes comprar con esa cantidad. Los puedes medir en términos de cuántas veces puedes adquirir algo, por ejemplo: 4 coches de 25 mil, media casa de 200 mil, etc.

El coste de oportunidad

Antes he mencionado que cuando optas por algo, dejas de optar por otra cosa. Esto es el coste de oportunidad. Este tipo de decisiones las hacemos constantemente: ¿ahorro este dinero o me lo gasto? ¿Me gasto este dinero en comida o en ropa? ¿Pido un crédito o no me voy de viaje? Las opciones que elijamos son todas decisiones económicas.

El coste de oportunidad es el beneficio perdido que se habría obtenido de una opción no elegida.

Investopedia.

Si te das cuenta, siempre hay un beneficio perdido, en todas las opciones no escogidas, aunque sea en términos de tiempo perdido. Volviendo a la película, si yo escojo cien mil euros hoy pierdo la opción del millón dentro de 10 años. Si hago al revés, pierdo los cien mil euros hoy. Y, claro, hay fórmulas para calcular lo que supone esta pérdida, llevando el valor de los cien mil de hoy a dentro de diez años o trayendo el valor del millón de euros de dentro de diez años a hoy (esto siempre será una estimación, pero sirve). Piensa en lo que valía 1 millón de euros hace 10 años: no ha variado mucho.

Dar y tomar

En este artículo de The Economist cuentan que, al fin y al cabo, la economía consiste en compensaciones: qué es lo que yo doy y qué es lo que yo recibo. Al final, existe una tendencia al equilibrio entre dar y recibir: si recibes algo, estás dando algo a cambio, de alguna manera. Según comenta el artículo:

No existe tal cosa como un almuerzo gratis, como dijo Milton Friedman. Cuando alguien recibe algo, casi siempre da algo a cambio. Si sales con tus amigos, no tendrás tiempo de ir al gimnasio.

The Economist.

Y este razonamiento es justo lo que comentábamos antes: el coste de oportunidad de salir con tus amigos es dejar de ir al gimnasio.

El artículo propone algunas lecturas básicas para comprender la economía, algunas de ellas clásicos en la literatura económica, como Capitalismo y libertad, de Milton Friedman. Yo no entraría mucho en la idea de que es necesario leerse uno de estos libros, igual que no he entrado en las matemáticas. Me quedaría con la visión global de cómo el ser humano decide sus opciones y descarta otras.

El ser humano toma decisiones irracionales

Tras toda esta lógica y sentido común, podríamos pensar que tenemos todo bajo control. Hasta aquí, sabemos que:

  • Es preferible quedarse con el dinero hoy si la cantidad es la misma (pájaro en mano).
  • Si pedimos un dinero que no tenemos, el dinero tiene un precio (tipos de interés).
  • Si tomo la decisión de hacer/comprar algo, la elección implica perder las otras opciones (coste de oportunidad).

Vale, pues hay algo más:

El ser humano toma decisiones irracionales.

Lo más difícil de la economía es que es una ciencia social. Por eso, la mayoría son modelos y teorías que se basan, eso sí, en los datos observados hasta la fecha en la que vivió el economista que hizo el modelo. Toda ciencia social se basa en comportamientos humanos que no siempre son racionales. Por ejemplo, podemos decir: si Juan prefiere las naranjas a las manzanas y las manzanas a las fresas, podemos deducir que Juan prefiere las naranjas a las fresas. Es una deducción lógica. Pero puede ocurrir perfectamente (y ocurre) que Juan un día se levanta con ganas de comer fresas y, aunque tiene en su casa las naranjas, se va al mercado a comprar fresas porque ese día las prefiere, que es lo misterioso.

Esto es bastante bonito. Nos saca del robot predecible y cuantificable. Es muy posible que alguien haya leído el razonamiento sobre la decisión de cien mil hoy o la misma cantidad mañana (o dentro de 10 años), haya comprendido perfectamente las implicaciones y, aun así, haya preferido que se la den mañana. Somos así.

Pero es que es 1 millón dentro de 10 años…

Aquí podemos enlazar la economía con los guiones de vida. No lo digo yo, lo dice Robert Kiyosaki en Padre rico, padre pobre. Este libro unifica la historia de las decisiones económicas que han tomado el padre rico y el padre pobre con sus respectivos guiones de vida, ganador y perdedor (sin especificarlo así, claro). Ya habíamos hablado de este libro en el blog, describiendo cómo estar muy ocupado puede llevarte, lenta y laboriosamente, a NO conseguir tus objetivos.

En este libro se expone un caso que es el mismo que el que plantea la película El test, pero, en lugar de recibir dinero, la cuestión es gastarlo. Y aquí las cosas se ponen más complicadas. Kiyosaki dice que si vas a comprar un coche hoy con dinero que luego puedes necesitar, no lo compres, sino que esperes. Al fin y al cabo, un coche es un gasto, al día siguiente de adquirirlo ya vale menos. Por tanto, lo mejor es tomar una decisión racional: comprar el coche solo en el caso en el que el dinero «nos sobre». No conozco a nadie a quien realmente le sobre el dinero por mucho que tenga. Pero sí conozco muchas personas que tienen sus necesidades ampliamente cubiertas y, aun así, ahorros: ese es el dinero «que sobra».

También es cierto que no sabes si dentro de diez años 1 millón de euros comprarán lo que compran hoy, de hecho, comprarán menos y podrían incluso valer menos que los cien mil euros de hoy. Todo depende del escenario que se plantee. Podría llegar el caso de que la moneda ni siquiera existiese, podrías haber muerto. Pero sin ponernos tan dramáticos, podría llegar el caso de que ese dinero valiese muy poco por una inflación galopante, como ocurre en Argentina. En agosto de 2022 (hace menos de 1 mes cuando escribo esto), leí que la inflación en Argentina alcanzaba el 71 % anual. Con ese alza persistente de los precios es como si el dinero fuese agua y se te fuese escurriendo de las manos. Hacen falta tantos billetes para comprar un coche que la gente los tiene que llevar escondidos bajo la ropa por todo el cuerpo.


Las decisiones racionales con el dinero son las mejores. Las compras por impulso, las peores. No pidas un crédito para comprar un bien de consumo inmediato (unas vacaciones). Sopesa en cada decisión qué otras opciones pierdes. Guarda el dinero para una opción mejor, a menos que estés en Argentina. Espero que estas cuatro pinceladas sobre la economía y sin matemáticas te sirvan. Como siempre, muchas gracias por leer y por compartir.

La mejor versión de ti mismo

He visto en el cine Todo a la vez en todas partes. La película plantea la conexión de las personas con diferentes versiones de ellas mismas en los diferentes universos (multiverso) que se han generado en cada toma de decisión, a partir del resto de opciones que en ese momento se descartaron. No hablaré mucho más del argumento para no hacer spoiler.

Universos paralelos con versiones distintas de cada persona. Imagen de Gerd Altmann en Pixabay.

Mucho de lo que expone esta película yo lo veo con otra perspectiva. Por ejemplo, la protagonista, para acceder a las habilidades que ha desarrollado en universos paralelos, tiene que hacer algo inusual (la mayoría de las veces absurdo) para «conectar» con esos otros universos y que el aprendizaje venga «de allí». Sin embargo, pienso que las capacidades están en cada persona aquí y ahora, no hay que traerlas de ningún sitio. Asumimos que la persona es la misma, por tanto, si tienes potencial para el canto, aunque no lo hayas desarrollado, el potencial sigue ahí y en cualquier momento que te dé la gana puedes trabajarlo. Pero solo lo puedes hacer aquí y ahora.

Cada uno de nosotros porta todas sus potenciales capacidades. Cada persona puede cambiar su guion de vida y ampliar sus horizontes. Existen muchas maneras, una de ellas es la programación neurolingüística o PNL. La PNL tiene una potencia demostrada para cambiar la trayectoria vital. La finalidad de muchos de sus ejercicios es abrir el ángulo con el que se está mirando la realidad. De hecho, algunos ejercicios se llaman «reencuadre» (reframing) y muchos otros buscan completar frases que ocultan creencias o mandatos, esos mismos mandatos de los que habla el A.T. Puedes leer un poco más sobre PNL en esta entrada: son lentejas.

Si la idea de actuar de forma inesperada es buena como base para introducir un cambio en la vida, no creo que esté bien planteada en la película y al final me ha resultado ridícula. En realidad, sí se necesita actuar distinto, hablar distinto, cambiar el enfoque, pero son formas de actuar relacionadas con la capacidad que se quiere poner en juego. Así, pienso que la película ha desperdiciado dar este mensaje: aquí y ahora desde luego que puedes actuar de una forma inesperada: puedes leer un periódico en inglés, puedes apuntarte a clases de chino, puedes coger una mochila y empezar a ir al gimnasio.

¿La mejor versión de ti mismo?

En la película, se habla de mejores y peores versiones de la protagonista. La que está viviendo en el momento de empezar a contactar con esos otros universos es «la peor». Pero eso ¿qué significa? ¿Por qué va a ser peor vivir una vida en la que no se han explotado ciertas habilidades o en la que se ha elegido como pareja a un hombre de lo más común? ¿Quién determina que esa vida es peor que las otras? ¿Qué significa eso de peor o mejor?

Quizá no significa nada. No es más que una creencia que las personas tengamos que desarrollar al máximo nuestros potenciales. Puede ser hasta un mandato del guion de vida.

No hay nada más liberador que decir:

Sí, así fue. Sí, así es: esta es mi vida.

Y luego con ella haces lo que te da la gana (lo que puedes, en el lugar y momento que te ha tocado vivir), que incluye no hacer nada, echarse la siesta, no apuntarse al gimnasio ni tomar clases de canto ni leer textos en inglés ni aprender chino. Eso en sí no es «peor» que las versiones de ti en las que sí haces todas estas actividades.

¿Tú estás en paz?

Yo creo que se trata más de estar en paz. Estar en paz conlleva mucha aceptación, mucho: «sí, así es; sí, así fue». Si una persona percibe que podría sentirse mejor explotando alguno de sus potenciales, pues genial, lo hace y entonces se siente mejor y más cerca de estar en paz. Recordemos que el guion de vida ganador no necesariamente es el de una persona rica, famosa o con alto estatus. El guion de vida ganador es el más parecido a los anhelos de la persona: si alguien se planteó que sería feliz en un piso humilde y con un trabajo normalito y lo alcanza, se siente en paz, su guion es ganador. Si alguien escala social y económicamente y se siente desgraciado, su guion es perdedor.

El destino colectivo

Algo que no aparece en la película ni en el curso de nuestros pensamientos habituales es el destino colectivo. No olvidemos que lo que hacemos se enmarca en un acontecer común, el destino colectivo, que es más grande que cada cual y ante el que solo se puede decir: «sí, así es».

Por ejemplo, independientemente de las capacidades propias que se trabajen, ocurren acontecimientos fuera de nuestro alcance y que nos influyen directamente: guerras, atentados, catástrofes naturales, crisis económicas… Estos «contextos» son destinos para cada uno de nosotros con los que no contamos, pero que pueden cambiar el curso de muchas vidas a la vez. Ante el destino colectivo solo nos podemos rendir, es decir, solo podemos aceptar lo que hay, las circunstancias que configuran la realidad. Eso sí, podemos actuar frente a ellas desde nuestra plena capacidad: el estado adulto.


Tus capacidades del multiverso están accesibles ya. Elegir y, sobre todo, dejar atrás, son potestades de tu estado adulto que puedes poner en práctica en cada decisión de la vida. Hay muchísimas variables que una persona no puede cambiar. Aun así, siempre puedes seguir actuando desde el adulto «pese a» este destino, esto que estamos todos viviendo. El adulto también se echa la siesta.

El pueblo

El pueblo es una de esas abstracciones que describen una gran cantidad de gente. También se dice el vulgo, el pueblo llano, la masa… Me he fijado en que, en la estructura de las noticias de un telediario, el pueblo siempre tiene su palabra. Primero, se da la noticia. Luego, se recaban declaraciones de distintas personas del pueblo que confirman la noticia. Si se han dado dos versiones o posibles opiniones, se muestran ambas en el vulgo. Después llegan «los expertos» (suele ser una sola persona, dos como máximo) que explican como a una clase del colegio la noticia desde el punto de vista «científico».

Don Benito (Pérez Galdós) sentía una apreciación sincera hacia el pueblo, ese pueblo que sufre las decisiones de los que mandan pero que no puede intervenir en ellas. Ese pueblo que se convierte en masa y es capaz de buscar a Godoy, sacarlo de su palacio y lincharlo, ese pueblo que se defiende de la invasión de los franceses con uñas y dientes, hombres y mujeres por igual, batallando para proteger lo que es suyo.

Sólo es verídico el pueblo en su ignorancia y candidez; por eso es el burro de las cargas. Él lo hace todo: él pelea, el paga los gastos de la campaña, él muere, él se pudre en la miseria, para que estos fantasmones vivan y satisfagan sus apetitos de mando y riquezas.

De Oñate a La Granja. Galdós.
Motín de Aranjuez. Grabado de Francisco de Paula Martí (1761-1827), dibujado por Zacarías Velázquez (1763-1834), dominio público, vía Wikimedia Commons.

El pueblo con carrera y dos másteres

El pueblo de ahora se parece poco al pueblo del S. XIX descrito por Galdós. La mayoría tiene ya una formación mínima y una buena proporción de personas tienen una titulación media o superior. Muchas personas tienen, además del Grado, uno o varios másteres de especialización (no voy a abrir el melón de la calidad de la enseñanza). Así, el pueblo es capaz de razonar y de ver las intenciones detrás de las opiniones, es capaz de producir piezas de arte y cultura de todo tipo, algunas de mucho valor.

Sin embargo, sorprende ver que en los telediarios, el pueblo que aparece es muy parecido al que describe Galdós, precisamente en su ignorancia y candidez.

Somos de Berganzo, y de allí nos ha echado el asoluto, después de quemarnos el pueblo. Asolación mayor no se ha visto.

Un viejo ladino en Vergara. Galdós.

Cuando don Benito pone palabras en boca del pueblo, siempre hay una forma de hablar tipo Gila, dando patadas al diccionario.

No se trata de que las opiniones de la gente con menos conocimientos sean menos válidas; no lo creo. Pero ¿es que no hay personas que puedan dar una opinión más informada, basada en sus conocimientos y experiencia? Ah, sí, que ese espacio está reservado a «los expertos». De manera que se envía un mensaje: estos son los expertos, los demás sois «ignorantes y cándidos».

La crisis

Muy cándido e ignorante hay que ser para no ver venir una crisis. Ya hace meses que subieron los precios de los combustibles y que empezaron a subir los precios de los alimentos. Ya hace hasta un año o así que empezaron a subir los precios de la luz y del gas. Tengo la sensación de que se nos ha lanzado el siguiente mensaje:

Tú vete de vacaciones, gástate mucho dinero para que las cifras de turismo no decaigan, y después te caerá la espada de Damocles, ya que la recesión va a ser fina. Pero nada, tú disfruta.

Este razonamiento es típico del guion después: yo disfruto ahora y luego las pago todas juntas. El pueblo informado no puede seguir este razonamiento y quedarse tan ancho, a menos que haya hecho el ejercicio de ahorrar para sus vacaciones y/o de recortar sus gastos para después. Sin embargo, la gente que sale por la tele, con todo el respeto, está buscada para confirmar el guion, dicen algo como: sí, sí, yo me he ido, he tirado la casa por la ventana, ya veremos después, pero ahora, disfruto. Quizá sea una forma de controlar la ira del pueblo cuando no llegue a fin de mes:

«Al menos te has ido de vacaciones y has disfrutado».

¿Y si lo bueno ya pasó?

Sergio Rozalén comentaba en un post reciente que tenemos unas 4.000 semanas para vivir y que algunos (como él o como yo misma) ya hemos vivido unas 2.000. Si hacemos un gráfico de lo que se nos contó en la época de la economía del bienestar, esas 4.000 semanas muestran una trayectoria ascendente en todos los sentidos: mejor trabajo, más dinero, mejor casa, mejor coche, mejores vacaciones, más familia… Esto es, precisamente, el aspecto que muestra en el largo plazo la representación del PIB de un país: va a más.

Pero, ¿y si lo mejor que podíamos vivir está ya detrás y las otras 2.000 semanas van a ser peores? ¿Y si el sistema actual está en clara decadencia y «nos van a invadir los bárbaros»?

A pesar de la mejor formación «del pueblo», a pesar de la muy superior capacidad del pueblo actual de darse cuenta de lo que realmente ocurre, la trayectoria de los acontecimientos depende de muchos factores, muchos de ellos impredecibles, y los posibles «escenarios» de la evolución de la economía son muchos y variados, la complejidad es tan alta que resulta complicado sacar conclusiones suficientemente válidas de lo que va a ocurrir. Esto no quita para que nos sigan saliendo expertos de turno que nos lo expliquen didácticamente, teniendo en cuenta nuestra candidez e ignorancia.

Yo tuve una conversación hace poco con un par de personas bastante cultas e informadas. Personas que leen artículos en The Economist o Bloomberg. En ambas conversaciones se trató de la economía. En ambas, se pintaron evoluciones futuras muy negativas. Lo cierto es que no somos un país muy competitivo, los gigantes como China e India nos dan mil vueltas en productividad, mientras que seguimos fiándolo todo a la baza del turismo.


El pueblo eres tú, soy yo. El pueblo tiene una gran fuerza. El pueblo puede reconducir las situaciones cuando toma conciencia y actúa. El pueblo puede despertar del letargo producido por las redes sociales y las plataformas de series y películas. Puede aplicar sus conocimientos de otras áreas a analizar lo que ocurre realmente. El pueblo puede. ¿El pueblo quiere?

La admiración de las personas famosas

Cuando era pequeña, las señoras hojeaban la revista ¡Hola! y veían a otras personas famosas que vivían mucho mejor. La principal actividad que observé era la crítica de esas personas famosas. Por ejemplo, recuerdo haber oído que una señora que limpiaba en casa de Isabel Preysler, o en la casa de una vecina suya, afirmaba que en persona y con ropa de estar por casa era muy poquita cosa. Como si ser famoso requiriese unos estándares mínimos. ¿O quizá sí? ¿Qué rol juegan las personas famosas en nuestras vidas? ¿Por qué sigue existiendo esta ad-miración por el famoseo, en la tele y en las redes sociales? ¿Cuál es la razón evolutiva de seguir las vidas de esas personas?

El caso es que, hoy día, al ver algún programa de estos de «prensa rosa», «corazón» o «sociedad», observo que el cupo de famosos que aparece está compuesto de estos tipos:

  • Persona descendiente de los que salían en aquella revista ¡Hola! de los 80.
  • Persona de la nobleza/realeza y allegados.
  • Persona del show business, es decir, del mundo del espectáculo, las artes escénicas, pero no todas. Aquí podemos añadir toreros.
  • Persona que ha estado tan cerca de los famosos que ha pasado a ser uno de ellos, como peluqueros, periodistas…
  • Alguna persona deportista; esto es puntual.
Foto de Andrea Piacquadio: https://www.pexels.com/es-es/foto/tierna-mujer-viajera-a-bordo-del-yate-de-vela-3756166/

El tipo de noticias al respecto de estas personas suele ser «del corazón», es decir: noviazgos, rupturas, bodas, divorcios, nacimientos, bautizos, muertes. Una especie de datos censales. Pero también se da bombo a problemas de esa persona con el Fisco u otros de orden monetario o penal. Si se ha sido famoso, también hay «datos censales» de entrada y salida de la cárcel.

Lo más interesante es que, si no sabes quiénes son, lo que te están contando no te aporta nada, por lo que la noticia se cuida de explicar qué hace famosa a esa persona. Por ejemplo: Agapito Ruipérez Garcinuño, nieto del hermano del conocido artista Juan Antonio Garcinuño Rey, bla, bla, bla…

Ahora todos famosos

La principal diferencia que observo entre la época actual y la de los 80 es que antes esas personas que posaban en las revistas o a las que se «robaba» su imagen eran unas pocas y el vulgo las observaba desde muy abajo, no pudiendo ni imaginar compartir sus ocios, lujos, estilo de vida o ropa: eran inalcanzables.

En cambio, ahora cualquiera parece una celebrity: estupendas fotos en las mismas calas, barcos y lugares «secretos» que aquellos famosos, ropa muy parecida o la misma, formas de posar profesionales y, de puertas adentro, pequeños lujos no antes soñados.

Si todos somos celebridades que exponen sus intimidades en las redes sociales, ¿qué distingue a las personas famosas? Supongo que ahora la conversación alrededor de los famosos no sería para derribar el mito de figuras como Isabel Preysler, sino que sería «yo también hago x, y, z, como Pepita Rodríguez, la famosa».

Vale, sí, pero si ahora todos pegamos carteles por las calles virtuales contando nuestro rollo, ¿qué sentido tienen los programas del corazón y la prensa rosa? ¿Por qué siguen existiendo? ¿Por qué se sigue la cuenta de personas famosas en redes sociales? ¿Acaso necesitamos aún modelos que nos digan cómo tenemos que vivir, a dónde tenemos que ir o qué ropa tenemos que llevar? Eso parece.

La necesidad de lo numinoso

Hace unos años escuché a una psicóloga decir que los seres humanos tenemos la necesidad de lo numinoso. Se trata de la necesidad de Dios, de algo superior a nosotros, más grande y divino. Quizá es un reflejo de la necesidad ancestral de los homínidos de que existan un macho y una hembra alfa que dirijan el cotarro. El caso es que puede haber una cierta traslación de «divinidad» a las personas famosas, que son «más grandes» en algún aspecto, aunque sea en número de seguidores o en dinero. Es ese estatus que, por más que sigamos sus pasos, no alcanzaremos, porque el número de hembras y machos alfa que puede haber es limitado. Quizá ya hay demasiados, por el mundo en el que vivimos, de manera que un famoso de los 80 era mucho «más grande y divino» que un famoso ahora; tenía mucho más reconocimiento, era más respetado y seguido, había mucha más distancia jerárquica con esa persona de la que pueda haber ahora.

En todo caso, un famoso siempre puede caer en desgracia y dejar de estar en el candelero, hasta el punto de vivir en la ruina. Algunos pueden agarrarse a aparecer en según qué programas para que se les siga viendo, mientras les sale un nuevo proyecto, mientras que otros dejan de gustar, dejan de estar de moda y se les aparta como si fuesen objetos. También hemos hablado aquí de la desgracia de personas con un guion perdedor que les ha llevado a morir en el Metro, a pesar de haber hecho sus pinitos en el mundo del espectáculo.

¿Y cómo era antes?

Con esta conexión con el siglo XIX que establezco a partir de los episodios nacionales de Galdós, los famosos de la época eran menos grandes que, digamos, en los 80. Por un lado, eran muchos menos, principalmente nobleza y realeza, estamento militar y algún intelectual. Por otro, eran más accesibles en persona, pero mucho menos en papel, lo que hacía que no se les pudiera idealizar tan fácilmente. Es decir, era fácil obtener una audiencia con el Rey o ver pasar a los reyes en sus carrozas, o incluso a caballo; ver en primera persona a los generales dirigiendo sus ejércitos y hospedándose en una fonda cualquiera. Pero no se imprimían sus vacaciones en su casa de verano en ningún medio. Y siempre quedaba el teatro para ver acudir a unos y a otras y cotillear de primera mano. No había prensa rosa (o eso creo), sí por supuesto el cotilleo y la crítica de aquellos famosos, a los que se ponían motes, como en los pueblos.


¿Merece la pena tener el distintivo de persona famosa? ¿Adónde nos puede llevar tener fama un día y al día siguiente no? ¿Cómo lo experimentan las personas que siempre van a ser «distinguidas» (distintas) por su cuna? [Es su estirpe de tan alta rama que, a fuerza de ser alta cual ninguna, más que cuna diríase que es cama].

Si fuera solo un cristal

La interpretación de cómo le va a cada cual depende de algo más del color del cristal con que se mira. Últimamente pienso en los espacios que se habitan, interiores y exteriores: han de tener una influencia directa en cómo se vive la realidad.

Para ilustrar el caso, el confinamiento de 2020. Durante el confinamiento, tuve una videollamada con amigos y conocidos. Mientras unos estaban en un piso con rejas y sin terraza, otros estaban en un chalet con parcela. Al margen de la compañía o no que tuviera cada cual, no puede ser la misma vivencia experimentar ese encierro en uno u otro espacio.

Es más que un cristal, más que cuatro paredes. Pienso en la gente que va a la playa con su toalla, su sombrilla y su bolsa y se busca un espacio en la arena y pienso en la gente que alquila las tumbonas necesarias, ya con sombrilla: la vivencia no puede ser la misma. Unas personas están alojadas en un apartamento y durante sus vacaciones se acercan al supermercado del barrio a por la comida, otras están en un hotel de lujo y comen y cenan en distintos restaurantes, probando platos desconocidos o que no podrían preparar por sí mismos. Pienso en quien está en su casa con un ventilador y quien está con el aire acondicionado, quien se asoma a su terraza y ve el mar y quien se asoma a su ventana y ve el bloque de enfrente, demasiado cercano.

Imagen de Didiwo en Pixabay.

¿Es posible que pasar la mayor parte del tiempo en un espacio u otro determine la visión que se tiene de la vida? ¿Es posible que el guion de vida de cada cual se transforme y vaya a más o a menos dependiendo del espacio que ocupe?

¿Rincón o celda?

Siempre, las grandes imaginaciones han ampliado pequeños espacios. Los poetas se han buscado rincones desde los que crear un universo, los inventores han imaginado y creado desde sucias y oscuras oficinas, muchos escritores han creado desde la cárcel, un espacio-tiempo desmotivador como pocos. Escribía Pablo de la Torriente Brau:

¡El Tiempo!… Ni el historiador ni el astrónomo saben lo que es el tiempo. Solo los que hayan naufragado en él, como los presos, pueden comprender lo terrible de su poder inalterable; su grandeza y límite…

Pablo de la Torriente Brau.

El 23 de noviembre de 2021 liberaron a Kevin Strickland, un hombre inocente que estuvo en la cárcel 43 años por un crimen que no cometió. Su mente está hecha a ese espacio, llama a su cama litera, a su habitación, celda. Al salir, comentó que solo aspiraba a estar alejado del mundo, ver un poco la tele y dejar de tener pesadillas.

Sin llegar al extremo de estar presos, ¿estamos determinados por el espacio que habitamos hasta el punto de limitar nuestra visión? ¿Qué está ocurriendo realmente en el mundo, fuera de nuestra burbuja? ¿Cómo se amplían horizontes? Creo que cada vez menos con lo que puedes «consumir» a través de la televisión, las redes sociales o Internet en general. Creo que nada sustituye a molestarse en explorar el mundo y conocer otras culturas, probar otras maneras, otros caminos.

Se dice que viajar amplía la mente. Si una persona sale de su «celda» y tiene que enfrentarse a situaciones nuevas o inesperadas, su mundo se ensancha. Si además necesita hablar con otras personas de otros países, se ponen en juego capacidades que no se utilizan en el sillón frente a la tele. La salida del pequeño espacio un tanto opresivo al espacio libre, inconmensurable, tiene que hacer funcionar las neuronas para salir del sota, caballo y rey.

¿Cuestión de dinero?

Es cierto que, parte de lo que he planteado antes, implica que el dinero o la posición pueden dar una visión más amplia de la vida. Muchas personas de alto nivel, además de viajar, se entrevistan con directivos de todo el mundo, se ven impulsadas a utilizar recursos como la diplomacia, a asistir a eventos con experiencias inusuales, a hablar de economía y por tanto estar al día de las tendencias globales, los informes Fortune 500 y cosas así. Sin embargo, cada cual desde su mundo puede hacer algo por ampliarlo, quizá comenzando por un abono transporte, que te lleva a exposiciones y museos de todo tipo, o por un carnet de biblioteca pública, que tiene ejemplares que merecen la pena. Incomodarse sigue estando en la base de esta exploración.

Se podría pensar lo contrario: si el espacio que habitas es lo suficientemente amplio, ya no te vas a molestar en ir más allá, mientras que, si estás en una vida estrecha, esta dificultad hará que explores el mundo de manera creativa. Estés donde estés, se necesita una cierta fuerza de voluntad y una esquinita, un hilito del que tirar para ir en busca de horizontes que no se queden estrechos.

Para acabar, comparto este meme que me llegó hace poco, no aparece el autor, si alguien lo sabe, que lo diga y lo añado.

Drowse vacacional

Drowse es una canción de Queen que menciona «los domingos por la tarde». Significa dormitar, estar amodorrado, quedarse medio dormido… Describe muy bien lo que he experimentado en mis vacaciones. Lejos de hacer siquiera una cuarta parte de lo que había proyectado, el «drowse» me ha invadido, junto con el calor, y ha matado mi fuerza de voluntad.

Imagen de Jess Foami en Pixabay.

Lo contrario del «drowse»: la constancia

Con la fuerza de voluntad, se han ido la constancia y la capacidad de concentración, elementos que, según Murakami, son fundamentales para la creación. Así, lo que se había proyectado como un espacio sin límites para la creatividad, «haz lo que quieras», que diría Michael Ende , se convierte por el calor y el cansancio en un espacio sin límites de aburrimiento, dormitar y ver la tele, interrumpido por vivificantes visitas a la piscina y otros ocios.

Por otro lado, José Luis Sampedro se levantaba a las 4 de la mañana para escribir. Lo hizo durante 40 años antes de lograr el éxito, compatibilizando su trabajo como economista con su trabajo como escritor. Eso, aunque Murakami diga que no, para mí se llama fuerza de voluntad, bueno, Sampedro lo llama perseverancia.

Y hay otro escritor que conozco desde hace poco, Sergio Rozalén, que religiosamente escribe en su blog una entrada al día. Son al menos de dos tipos: unas se parecen a las mías y otras son ficciones de futuros distópicos las más de las veces. Este prolífico escritor no ha parado con el calor, lo que para mí es admirable. Sobre la fuerza de voluntad, este bloguero me diría esto: «Tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes… tienes razón».

Me llama la atención que tanto Sergio Rozalén como yo reflexionemos con frecuencia sobre temas similares, unas veces estando muy de acuerdo y otras veces sacando conclusiones totalmente diferentes. Casi se podría establecer un carteo escritoril de mensajes y respuestas.

Por ejemplo, muchas veces he echado de menos los carretes de fotos antiguos. Solo se podían hacer 12, 24 o 36 fotos, varias de ellas salían mal y, aun así, o precisamente por ello, se conservaban como si fueran tesoros. Ahora se hacen miles de fotografías cada año, la mayoría selfies, hace poco vi una noticia en la que la gente esperaba cola para hacerse una foto en un lugar de costa y que pareciera que estaban solos allí. ¿Y realmente miramos esas fotos? Yo no. Desde mi punto de vista, las fotos de un álbum sí se revisan, había una o dos de cada persona, localizar ancestros o momentos vividos en ellas era como hacer arqueología. Ahora son tantas y tan repetitivas que rara vez acudo a mirarlas. Sin embargo, Sergio Rozalén piensa que está mucho mejor ahora en que las fotos están organizadas por fechas y puede ver cuándo y dónde ocurrió algo, mientras que las del pasado le crean un desequilibrio de los recuerdos porque parece que no pasaba casi nada y además cuesta reconstruir el recuerdo a partir de unas pocas imágenes…

Ya sabéis que reflexiono sobre los guiones de vida de forma recurrente, puesto que me parece un tema apasionante y pienso que conocerlo ayuda a desautomatizar una serie de creencias. Sergio Rozalén hace una aportación interesante cuando habla del guion trazado por el padre de las hermanas Williams y sobre aquellos otros guiones que resultan perdedores y de los que no se habla tanto.

Hasta aquí las similitudes. Sergio Rozalén se permite imaginar futuros y posibilidades ilógicas (Irreflexiones es el nombre de su blog), de manera que puede crear más allá de «lo que hay»; yo solo lo hago en libros de relatos. Muchas entradas de su blog abren opciones posibles. Por ejemplo, en un momento dado reflexiona sobre la creciente complejidad de nuestro mundo, que da lugar a perfiles cada vez más especializados. Pues bien, inventa la figura del gestor de complejidad, que serían:

…personas que controlen el nivel de abigarramiento de los sistemas, tratando de reducirlo cuando sea posible, asegurando que el conocimiento se mantiene, definiendo las reglas y capacidades organizativas necesarias para su funcionamiento, en un contexto de cambio y evolución permanente.

https://irreflexiones.com/2022/06/21/gestionar-la-complejidad/

Y va más allá, escribe pequeños relatos de ficción, normalmente en mundos futuros y distópicos.

Podéis leer esta historia sobre una app llamada Cyrano AR, bastante interesante y que da que pensar. Es una de esas entradas que evocan distopías tipo Black Mirror, solo que las de Sergio Rozalén suelen acabar bien.

También es interesante leer este relato en el que se plantea una situación parecida a la de Gattaca, una distopía del futuro en la que los niños se conciben in vitro y se eliminan las posibilidades de que padezcan enfermedades o sean físicamente desagradables. El texto de Rozalén invita a reflexionar qué es mejor, si vivir muchos años siendo un ser más o menos perfecto o vivir unos cuantos menos siendo un ser superior. Habría que plantearse aquí si el hecho de tener todas esas ventajas genéticas hace que se siga un guion ganador.

En Gattaca, uno de los últimos niños en nacer de forma natural y sin cribado genético es Vincent. Tiene una deficiencia cardiaca de nacimiento y una gran miopía, lo que le califica como “no válido” en un mundo de humanos genéticamente perfectos. Así, subsiste trabajando en los puestos más bajos. Sin embargo, más adelante consigue entrar en el mundo exclusivo de la gente guapa y perfecta utilizando la identidad y la huella genética de un deportista que quedó paralítico en un accidente, pero que en todo lo demás es perfecto. ¿Y cómo lo logra? ¿Con fuerza de voluntad, con constancia, con perseverancia? Desde luego, con una combinación de estas cualidades y seguramente no durante un caluroso verano en el que el «drowse» te arrastra a tu versión más parecida a nuestro primer ancestro: la ameba.