El robot fontanero

Hoy he llamado para pedir cita para revisar el coche. Me ha saltado el típico asistente automático, pero «he mantenido» la conversación con «él». ¿Por qué? Porque era un poco como Joseba, de Carglass. Hablaba como un señor del taller que se trabara un poco de vez en cuando. Tenía un acento como de Arguiñano explicándote una receta. Solo por ciertos lapsos, sobre todo en el tiempo entre mis respuestas y su siguiente pregunta, podía darme cuenta de que no era una persona. Pero dentro de poco, esos tiempos se acortarán y acabarán siendo «tiempos humanos». Habrá un momento en el que no sabremos si hablamos con una persona o con una máquina. Creo que eso está muy cerca.

Hace unos tres años, me hacía gracia pensar en robots que bailaran flamenco, como uno de los claros reductos en los que las máquinas no podrían entrar. Pero en el año nuevo chino este 2026 vi esa exhibición de robots haciendo movimientos perfectos y el reducto se redujo aún más, hasta un nivel en el que no tengo claro que haya nada, absolutamente nada de lo que llamamos humano que no pueda llegar a hacer una máquina.

Ofertas de trabajos de risa… muy tristes

El que daba en llamar «mi sector», que es la formación online o «e-learning», ya lo doy por muerto. Todo empezó cuando traducía los textos y las aplicaciones de la principal herramienta de autor del mercado. Cada vez más, los textos de marketing decían que no hacía falta saber hacer mi trabajo (el de experta en formación online), porque «cualquier persona» podía copiar y pegar en esa herramienta un texto plano y te devolvía una interactividad de botones, tarjetas, acordeón, pestañas… la que fuera la más adecuada a tu texto. Lo mismo con la creación de las temidas preguntas de test (temidas tanto por quien las redacta como por quien las sufre, el alumnado).

Las ofertas de proyectos de este sector son de risa, es decir, dan muchas ganas de llorar. Ya no se busca que las personas expertas en formación diseñen cursos espectaculares basados en la detección de necesidades del alumnado. Básicamente, muchas empresas extranjeras están buscando desde hace pocos meses (y durante pocos meses también) personas expertas en x, y, z que revisen lo que genera una IA, para ver si es adecuado. Hay ofertas para validar todo tipo de materiales: revisar test, revisar la adaptación pedagógica a un nivel educativo, revisar actividades de ampliación… Por lo que el papel del experto queda hacer una revisión, lo que, además de aburrido, está pagado muy por debajo de la creación de estos materiales.

En la siguiente oferta real de un proyecto, se busca a profesorado acreditado en dar clases a alumnado de 11 a 18 años para revisar contenido creado por la IA. No solo tiene que estar acreditado y tener experiencia de al menos 3 años, sino que tiene que estar dispuesto a cobrar unos 19,92 € brutos/hora por ese proyecto.

Oferta de un proyecto.

Hace un par de meses me quejaba de que la IA no hiciera los formatos en los documentos tipo Word, que es una parte del trabajo «penosa» con relación a la motivación de escribir, de investigar sobre un tema, de crear una actividad interesante. Pues bien: ahora sí lo hace. Las numeraciones y niveles de títulos las lleva regular, pero lo hace bastante decente. Mejor que muchísimas personas.

Tengo que reconocer que llevo unos meses trabajando en un proyecto que hace la IA en un 80 %. La IA genera una serie de actividades relacionadas con la educación, las cuales se trasladan a un revisor experto en esa materia para que las valide. Las actividades salen directamente en un formato con estilos, listo para enviar al alumnado o para subirlo a una plataforma. Estas actividades pueden tener 10, 20 páginas y están perfectamente planteadas, son variadas y podríamos decir que imaginativas.

Futuros imperfectos

Desde luego, tengo en mente al bloguero Sergio Rozalén y los futuros imperfectos que refleja en su blog, así que me permito el lujo de titular esta sección como se llama su primer libro. En cualquier momento, podría empezar a haber robots fontaneros. Al principio, generarían rechazo y desconfianza. La gente mayor seguiría recurriendo a Pepe Gotera y Otilio. Lo mismo con pintores, electricistas, peluqueros… «los oficios».

Pero en las siguientes generaciones, contratar a esos nuevos robots fontaneros sería lo normal, totalmente aceptado. La gente joven sería reacia a que una persona real entrase en su casa a reparar algo, ya que es mucho más «confiable» un robot.


Yo me percibo a mí misma como «alguien (que está) mayor» al leer lo que estoy escribiendo aquí. Esto se parece mucho a cuando mi padre tuvo que tirar a la basura maquinaria que costó millones (de pesetas) porque la tecnología de la información la había hecho inútil al poco de comprarla. Traté con poco éxito de reconducir a mi padre al diseño de páginas web, en una época en la que ese campo estaba abierto y accesible (finales de los años 90). Pero a él le sonaba a chino, así que no le dio mucha importancia.

No me resisto a este nuevo campo que es la IA, de hecho, muchos trabajos que me han encargado en los últimos tiempos han tenido relación con la formación básica sobre IA, robótica, big data, blockchain, ciberseguridad… Lo que sí ocurre es que no me está dando tiempo a «hacer el duelo», porque va tan rápido que, cuando te estás familiarizando con una nueva forma de trabajo, ya no sirve. Curiosamente, otros sectores más tradicionales siguen funcionando como antes, un poco al margen de la IA o usándola puntualmente. Y de esos otros sectores también tengo proyectos, algunos tan curiosos como conocer el pastoreo rotacional y cómo se forma a nuevas generaciones en tecnologías que hacen el trabajo ganadero mucho más agradable y eficiente.

Sea como sea, encontrar tesoros como la siguiente captura de pantalla me hace sonreír y recordar una noticia que oí hace poco, sobre una cafetería en japón totalmente regentada por robots en la que las cucarachas campaban a sus anchas. Esos pequeños fallos, aún…

Texto generado por la IA en el que pone: «Fragmento Reescribido» en lugar de «Fragmento reescrito».


Descubre más desde Desarrollo personal a golpe de texto

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario