La IA no es como el atajo de la señora Todd

La IA generativa es un atajo que permite generar un contenido textual en la mitad de tiempo o menos, pero el resultado no tiene alma, huele a muerto, o a inerte, como esa comida de juguete, o esos racimos de uvas de plástico que se usaban para decorar la mesa.

Uvas artificiales en Joom.

Estas vacaciones estuve en el pueblo. A la vuelta, hice uso del GPS en lugar de ir por el camino habitual. Entonces, empecé a descubrir pueblos y paisajes, un embalse, explotaciones de tamaño familiar, carreteras anaranjadas, antiguas. El camino añadió media hora de viaje, pero fue mucho más interesante.

Usar la IA como apoyo cuando escribo mis cursos y libros es como coger autopistas: más rápido, más aburrido (y sin alma). Cada resultado, por mucho que se relea, reescriba y reformule, mantiene una esencia plastificada de la que carecen los textos redactados por humanos. Y a veces se cuela algún «garantiza», «esencial», «especialmente», «no solo, sino también», «accionable» (accionable es esto: «dicho de un mecanismo, que se puede accionar») o enumeraciones de 3 elementos, como en: «Este caso ilustra cómo la IA puede analizar datos de habilidades en masa, identificar brechas relevantes y ofrecer recomendaciones accionables».

El atajo de la señora Todd es una historia corta de Stephen King: la señora Todd trata de encontrar siempre el camino más corto al conducir. Va acortando sus recorridos hasta que se le ocurre algo: «¿Y si doblo el mapa por aquí? Entonces me salto todo esto». Lo prueba y lo logra, omite parte del recorrido de una forma imposible. Así que lo vuelve a intentar, doblando el mapa cada vez más. Lo que ocurre es que empieza a encontrar seres extraños, mundos no conocidos, lugares siniestros. Porque está pasando por sitios que «no existen».

Usar la IA en lugar de redactar por uno mismo equivale a doblar el mapa saltándose pasos, pero el resultado es exactamente el contrario: en lugar de encontrar mundos fantásticos, encuentras más aburrimiento y una labor mucho menos motivadora. Y esto repercute directamente en el destinatario de esos contenidos, en su propio aburrimiento y desmotivación. Por ello, recomiendo usarla para hacer comparaciones, tablas completas, transcribir pantallazos o solicitar referencias, incluso para tener un primer borrador de cómo quedaría un texto, pero nunca para redactar el texto definitivo.

Ralph Waldo Emerson escribió:

Los hombres muelen y muelen en el molino de un axioma y lo único que sale es lo que allí se puso. Pero en el momento mismo que abandonan la tradición por un pensamiento espontáneo, entonces la poesía, el ingenio, la esperanza, la virtud, la anécdota ilustrativa, todo se precipita en su ayuda.

Quiero que la IA haga lo aburrido, no lo divertido

Imagina que estás trabajando un contenido en Word (sea un curso, un capítulo de un libro o una serie de recetas). Puede que Copilot, ChatGPT, Gemini o Claude te den brillantes ideas, listados y perspectivas. Supón que quieres utilizar algunos de ellos. Pues bien, lo que es realmente molesto es aplicar putoformatos. Los formatos son el talón de Aquiles de los procesadores de texto, especialmente cuando se supone que te están ayudando, pero, en realidad, están entorpeciendo tu trabajo. ¿Por qué no se puede pedir a Copilot que formatee la información con títulos, negritas en conceptos importantes o listados? No, eso lo tiene que hacer el humano, mientras que una máquina está haciendo lo divertido, que es proponer ideas, puntos de vista, estilos de comunicación…

Sí, la IA te da algunos contenidos en formato de tabla o te pone negrita (demasiada y no donde debe ir), Gemini te pone viñetas o bullets y referencias en formato de superíndice… Pero se trata de algo más. Se trata de poder elaborar un contenido «en bruto» o en texto plano a la IA y decir: «Venga, ponme esto bonito» o darle un checklist de lo que se quiere y recibir el documento con sus formatos, porque es en lo que más tiempo se pierde y lo que más amarga al personal, junto con retrabajar.

Sea como sea: no te pierdas en los putoformatos. No merece la pena. El formato, en cuestión de contenidos, es lo último, lo menos importante. Sí, el mundo está inundado de cursos y presentaciones cada vez más profesionales, con un aspecto estético impecable. Pasa un poco como en las películas: técnicamente son únicas. Pero, ¿qué pasa con el guion? Pues esto es lo mismo. Coge el atajo para reducir el tiempo que dedicas a hacer tablas comparativas, para obtener ideas sobre cómo enfocar un temario, pero no lo cojas para que un ser inanimado te prive de abrir las puertas a la poesía, el ingenio, la esperanza, la virtud, la anécdota ilustrativa.


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