Luego, cuando todo sea perfecto

La semana pasada hablábamos del guion “nunca”, aquel que nunca comienza lo deseado y habla de ello cada día como si no pasase el tiempo.

Hasta que no acabe esto, no podré disfrutarOtro guion de vida perdedor es el que traemos esta semana: “hasta”. La frase es más o menos: “hasta que no acabe con esta ardua tarea, no podré disfrutar”. Las arduas tareas no acaban nunca, así que quien vive conforme al guion “hasta”, no disfruta nunca.

Como vemos en la imagen, hay muchas personas que llevan la carga de semejante guion, esperando toda la semana para que llegue el viernes (San Viernes en mi argot), todo el año para 22 días de vacaciones, y toda la vida para que llegue el momento de descansar y ser feliz, por ejemplo en la jubilación.

Siempre recuerdo esa frase contundente de Stephen R. Covey:

Nadie en su lecho de muerte lamentaría no haber pasado más horas en la oficina.

Eric Berne basó el guion “hasta” en el mito de Hércules: debe llevar a cabo una serie de tareas imposibles, “los doce trabajos”, para aplacar la ira de Hera. Y solo después será liberado.

El guion “hasta” nos es transmitido culturalmente, y tiene muy “buena prensa”, es admirable comportarse según este guion. Me recuerda a esta canción de Los payasos de la tele:

Lunes antes de almorzar

una niña fue a jugar

pero no pudo jugar

porque tenía que planchar.

Así planchaba, así, así,

así planchaba, así, así,

así planchaba, así, así,

así planchaba que yo la vi.

La canción se completa con todos los días de la semana. La niña no puede jugar hasta que no planche, no limpie, no barra, no friegue… La niña nunca juega.

El mandato subyacente al guion “hasta” es “sé perfecto“. Nunca se alcanza la perfección, de manera que nunca se puede terminar ninguna tarea que preceda al descanso y al disfrute. Y si se termina, surge otra, y luego otra, quizá una lista de tareas inacabadas.

Este guion es el contrario al que veremos más adelante, el guion “después”, el que posterga el deber eligiendo siempre el placer. Son dos actitudes de vida opuestas, que responden a unos mandatos, convertidos en creencias, y que saltan como resortes ante cada decisión de la vida, cada día. En el caso del guion “hasta”:

  • Hasta que no acabe este trabajo, no me relajo.
  • Cuando acabe los exámenes, salgo de marcha.
  • Hasta que no llegue el verano, no me voy de viaje.
  • Mi recompensa está en el otro mundo.
  • Hasta que los niños no crezcan, no podré descansar.
  • La vida comienza a los cuarenta.
  • Hasta que no me jubile, no viajaré.

No deja de ser la voz interiorizada de los padres:

  • “Hasta que no te comas las judías, no podrás tomar el postre”.

¿Cómo se puede combatir esta manera de filtrar la vida? El primer paso es ser consciente de que se vive según este patrón. Y a continuación, consiste en darte permiso:

Ya eres lo suficientemente buen@ tal y como eres.

Sin más. ¿O es que lo dudas?

 

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Nunca, nunca sucederá…

Cuando tu guion de vida consiste en no lograr nunca tus objetivos

¿Eres una de esas personas que no se dedica a lo que realmente le gusta? ¿Quieres aprender sobre algo pero nunca te apuntas al curso que has mirado tantas veces? ¿Hasta ahora has sentido que perdías todo lo que buscabas lograr?

Quizá sea porque inconscientemente te has creado un guion de vida “perdedor”, que consiste en ponerte zancadillas o autoboicotearte con el fin de confirmar el fracaso. Si te ocurre esto, es importante que sepas que es por muy buenas razones.

¿Qué es el guion de vida?

Siguiendo a Eric Berne, el creador de la teoría del guion de vida, cuando somos muy pequeños decidimos sobre una serie de “detalles” tales como si nos vamos a casar o no, si vamos a tener hijos, a qué edad nos vamos a morir… El guion se fija entre los 5 y los 7 años y después dedicamos la vida a ir buscando aquello que lo confirma. La razón por la que lo creamos es que sirve como estrategia para sobrevivir en el entorno que nos toca.

¿Cómo se estructura el guion de vida?

Esta historia inconsciente que tanto pesa está muy influida por los padres, sin embargo, cada persona hace frente a las circunstancias de forma muy diferente. Los mensajes que recibimos se estructuran en mandatos, contramandatos y  permisos. De forma muy resumida:

  • el mandato es una orden que se interioriza: “Desaparece”,
  • el contramandato es una “orden positiva” que puede compensar a un mandato o funcionar exactamente igual: “Esfuérzate” y
  • el permiso es también una orden positiva, pero que permite salir adelante y no sucumbir a los mandatos: “Sé tú misma”.

¿Qué significa tener un guion perdedor?

Eric Berne distinguió 6 patrones de guion en función de todas estas decisiones, mandatos y permisos. Varios de estos patrones son “perdedores” y uno de ellos es “nunca”, es decir, “nunca podré lograr lo que deseo”.

Si tu guion de vida consiste en no lograr nunca tus objetivos te has trazado un camino que busca fallar, que se juega todo a una carta de un futuro que nunca llega: “Si me toca la lotería…”.

Grabado del mito de Tántalo
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El guion “nunca” parece estar basado en el mito de Tántalo, del cual hay varias versiones. Tántalo es condenado por Zeus a permanecer en un lago del que no puede beber, y bajo un árbol del que no puede comer los frutos. La idea que Berne trata de sacar del mito es la constante sensación de tener a mano la solución al problema y sin embargo no lograr nunca alcanzarla. Por eso, las personas con el guion “nunca” suelen contar sus problemas cada día como si no hubiera posible avance ni solución factible.

Existe incluso un verbo en inglés, “tantalize”, que significa tentar sin esperanza.

¿Cómo salgo del guion perdedor?

Parece un fracaso absurdo no intentar siquiera avanzar, pero quizá no tenemos la llave para abandonar esta conducta. Y sin embargo, la forma más rápida de dejar de repetir un patrón es ser consciente. Ser consciente y actuar; desde el adulto que somos, tomar decisiones. Hoy he leído un cartel en una tienda:

“Los grandes problemas se deben a no tomar pequeñas decisiones”.

Prueba a dar un paso, permítete actuar, eso que estás pensando, eso a lo que siempre le das vueltas, hazlo. Ese es el camino.

 

Tempus fugit, pero hay vida más allá de los cuarenta

En realidad el título podría ser: “Hay vida más allá de los cuarenta, por tanto, carpe diem”.

Sin embargo, mi reflexión sobre haber pasado con éxito (esto es, viva) los cuarenta, va más en línea con la noción de que el tiempo vuela, y las cosas no siempre van a estar ahí; las cosas desaparecen. Hace poco se destruyó un monumento natural llamado La Ventana Azul de Malta. Nunca he ido a Malta, pero ahora sé que, aunque vaya, nunca podré ver la Ventana Azul.

Otro ejemplo: la mayoría de las empresas para las que he trabajado ya no existen. Sí, has leído bien, la mayoría. Hay que decir que también la mayoría de ellas han desaparecido absorbidas por un holding o un grupo empresarial, y no se han hundido sin más (pero algunas sí).

Los famosos achaques de los cuarenta

Los cuarenta y la acumulación de musgo en tu vidaLos cuarenta te traen vivencias en las que no habías pensado. Por ejemplo, empiezas a tener problemas con la dentadura, con la vista, con el colesterol… y equivalentes. En mi caso, con la dentadura. Sí, han conseguido que vivamos hasta los cien años, perfecto, pero ¿sin piños? Cuando pienso en otros cuarenta años masticando, me vienen a la cabeza imágenes de los anuncios sobre dentaduras postizas que se mueven… ¿Postizas? Pero la gente que lleva dientes postizos es de la tercera edad… Sí, ciertamente el tiempo vuela y se lleva dientes y grados de visión, se lleva la frescura y se lleva energía vital.

Cómo se proyectan los cuarenta cuando se es pequeño/a

Cuando era pequeña, los cuarenta era la frontera entre ser pequeño y ser mayor. Cuando era pequeña para mí no había edades intermedias como “los jóvenes”, sencillamente, o se era pequeño, o se era mayor, y también se podía ser muy mayor: los abuelos. Así que no tenía ni la menor idea de lo que iba a ser de mí a partir de esta frontera tan marcada en mi imaginario.

Más adelante, pensaba que solo las personas a partir de los cuarenta pueden dedicarse a “cosas serias” como escribir literatura, ejercer un cargo político o ser médico. Así que diseñé un plan para rellenar el tiempo que quedaba hasta esa lejana frontera: hacer siempre cualquier otra cosa distinta  a la que realmente deseaba hacer.

Yo pensaba que la vida iba a estar totalmente definida y cerrada a los cuarenta. Es como si se fuese a quedar impresa en un bonito cuadro: ya has llegado a todas las metas. Entonces, se supone que te has casado, que has tenido hijos, que has ido ascendiendo en tu carrera profesional y que ahora solo dejas que pasen otros cuarenta años, sin más. Así, puede que no tengas tanta energía (ni tantos dientes) pero parece como si diera un poco igual…

Cómo se vive realmente la vida a los cuarenta

Paseando a los cuarenta y captando detallesLo que he descubierto es que la vida vuelve a comenzar, no a los cuarenta, sino cada día. Nunca es tarde para comenzar algo nuevo, si bien el cuerpo te va avisando de nuevos límites. Pero el mayor límite es la creencia de lo que “no se puede” hacer a partir de cierta edad.

Gracias a este texto de Louis Hay, confirmé la idea de que pueden pasar aún muchas cosas en tu vida a partir de los cuarenta, e incluso algunas de ellas pueden ser las más importantes para ti y para tu misión. Puedes tener nuevas aficiones, puedes emprender un camino profesional distinto, puedes conocer a una persona especial, puedes tomar consciencia de la importancia de disfrutar el presente…

Además, hay premios. Uno de ellos responde al refrán:

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

Puedes coincidir con personas mucho más jóvenes (incluso algunas podrían ser tus hijos, por edad) en trabajos, cursos, actividades, etc. y observar que la experiencia de la vida es un grado. Puede que sobre esa actividad concreta sepas lo mismo que ellos/as, sin embargo, has vivido situaciones en empresas, en otras actividades, en diferentes momentos de tu vida, que hacen que te sea más fácil manejar la incertidumbre.

A los cuarenta, más que nunca, es importante abrirse a lo desconocido y a lo nuevo, empezar cada día de cero, observando el presente, abriendo la mente a todo lo que te rodea. También puedes encasillarte en el bonito cuadro que pintaste cuando eras pequeño/a, la foto perfecta de familia. Es otra forma de plantearse el resto de tu vida, tus otros cuarenta años o más.

Yo elijo vivir el presente intensamente, decir sí a lo que va llegando, abrirme a evoluciones inesperadas, a tomas de conciencia que no sabía que iban a darse. Elijo no sumar años a una foto estática. Elijo vivir años en una imagen siempre renovada.

¿Y tú? ¿Qué eliges?

La atracción de lo sórdido

Ilustres vagabundos libres

En un capítulo de la serie Mad Men, cuando el protagonista (Don Draper) evoca parte de su infancia, aparece un vagabundo que se aloja en su casa familiar por un día. Los padres de Draper mencionan los prejuicios que les evoca esta persona sucia, de ropas viejas, errante, perdida. Y se los mencionan a él, atribuyéndole aspectos negativos, como la creencia de que les va a robar la paga que le prometen por ayudarles en la granja.  Cuando el niño Draper habla con el vagabundo, la primera pregunta que le hace es:

Tú no eres vagabundo, ¿verdad?

Y el vagabundo le da la razón, le dice que él tuvo esa vida de oficina, mujer e hijos, casa y “seguridad”. Pero un día lo dejó todo y se fue, y entonces se sintió libre, entonces logró dormir, fuese bajo las estrellas, en un albergue o donde le sorprendiera la noche.  Esto deja al niño pensativo.

No hay ningún trabajo decente

El escritor Charles Bukowski prefería la libertadAyer en Página 2 se hablaba de autores que comenzaron a publicar tarde, más allá de los 40.

Uno de ellos, Charles Bukowski, había dicho que cuando tenía un trabajo de oficina tenía dinero, y que si se dedicaba a escribir no ingresaba nada. Pero que prefería esta situación, y que si tenía que volver a un trabajo de 8 horas de oficina, se suicidaría.

En concreto, en un diálogo de El incendio de un sueño, podemos leer:

 

“No hay ningún trabajo decente. Si un escritor abandona la creación, está muerto”.

Juan Nadie

Gary Cooper protagonizó una película de Frank Capra, Juan Nadie, en la que daba cuerpo a un vagabundo que se hace pasar por un hombre recién despedido y atormentado por ello,  inventado por una periodista a la que habían despedido realmente del periódico en que trabajaba.

Este Juan Nadie, o John Doe, decía en la carta creada por la periodista que se iba a suicidar porque no soporta este fracaso. Pero a mí el que me interesa es el personaje secundario, “el coronel” otro vagabundo que le recuerda continuamente a John que se está metiendo en un lío: la verdadera libertad está en ser un vagabundo que no tiene nada, y quien nada tiene, no está atado por nada.

Para el coronel, los “zapatos de tacón” son aquellos que se centran en sacar dinero a los demás, y de los cuales conviene apartarse para llevar una vida libre. Considera que John se va a acostumbrar a un montón de cosas que le van a llevar a hundirse. Como la periodista va a pagar dinero a John por hacerse pasar por el vagabundo y dar charlas, el coronel considera que este dinero va a corromper al vagabundo. Le dice que el dinero le va a llevar a entrar en restaurantes, comer cosas maravillosas y esto hace daño a la persona.

El dinero funciona como una droga: primero se quiere comer bien, luego dormir bien, en una habitación confortable con cortinas y alfombras y antes de darse cuenta, ya no le es posible al vagabundo dormir a menos que sea en una buena cama. Después te abres una cuenta bancaria y es entonces cuando los hombres de zapatos de tacón te han atrapado.

Sangonera

Blasco Ibáñez creó a Sangonera, un personaje libre

Sangonera es un personaje doble en la novela Cañas y Barro, primero sale su padre, y luego él toma el relevo, asegurando el avance generacional del relato.

Me fijo en el segundo Sangonera, el hijo, porque es quien mejor nos relata su filosofía de vida. Hablando con Tonet, el protagonista, Sangonera afirma una y otra vez que trabajar es insultar a Dios, porque es dar por hecho que Él no proveerá, que necesitamos más de lo que Él nos da. Para Sangonera, el fin del trabajo es atesorar “aunque sea miseria”, pensando a todas horas en el mañana. Y esto convierte a los hombres en bestias. El trabajo regular y monótono, tener una casa, una familia, tratar de asegurar el mañana; todo esto es no confiar en Dios.


Y es que me da la sensación de que todos estos vagabundos tienen “su razón”, tienen razón, lo que dicen es cierto desde un cierto punto de vista. ¿Quién puede juzgarlos?

Las posesiones te poseen, es algo que las filosofías orientales llevan miles de año explicando.

¿Qué significa realmente trabajar? ¿Cuál es el fin del trabajo? Ya he reflexionado otras veces en el blog sobre esto, porque, desde que el trabajo pierde la conexión con sus resultados directos (comer, tener dónde dormir, estatus), pierde el sentido.

Me imagino muchas veces que de pronto tenemos que vivir “en la selva”, sin ninguno de los medios que tenemos ahora en las oficinas; principalmente sin electricidad. Y creo que moriríamos muy rápidamente. Como decía el Coronel, nos acostumbramos a una buena cama y luego no podemos dormir.

Dedicado a Daviss.